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                    <text>�IZQUIERDA
COMISION
DE
PRENSA

CARLOS SANCHEZ VIAMONTE
BENITO MARIANETTI
BARTOLOME A. FIORINI
URBANO EYRAS

LIBROS -----------Correspondencia de Redacción y Ad­
ministración: 25 DE MAYO 67 5.0 piso
Escritorio 54, 55.

de B. MARIANETTI
recientemente aparecidos

LA L U C H A POR EL
S O C I A L I S MO
DE LA MUNICIPALIDAD
A LA COMUNA
Pedidos a la Administración de
“IZQUIERDA” adjuntando el importe
de UN PESO POR CADA UNO.

de EMANUEL SUDA

EL PARTIDO SOCIALISTA
FRENTE A LA REALIDAD
ARGENTINA
PRECIO DE VENTA PESO 020

�/ f u n d a c ió n " ESPfGA

Año I - No. 3

■ tica y A cción So c ia l is t a

Buenos Aires, Diciembre-Enero de 1935

La próxima elección
★

El Partido acaba de designar su candidato a senador por la Capital Federal.
Este candidato saldrá triunfante, sin duda. Por unos cuantos años más, si no
media ningún nuevo golpe de estado, si otro general no se decide a desfilar desde Cam­
po de Mayo a la Avenida, para la salvación de la patria, tendremos al lado de la banca
que subsiste al segundo senador socialista.
Se beneficiará con esto la clase trabbajadora? Habrá dado un paso más hacía su
emancipación? Si o no, según la intención que ponga cada elector al depositar su su­
fragio. Si o nó, según las directivas con que la campaña electoral se realice. Si o nó, se­
gún lo que diga y haga el senador socialista.
Si el candidato del partido fuera ungido a la representación por el auténtico pro­
letariado de la capital que exterioriza momentáneamente su decisión de transformar
la sociedad capitalista en la socialista por el voto dado a un hombre de su seno, y si
este proletariado va a la elección apoyado por los sectores de las capas medias de la
población que han perdido su mentalidad reaccionaria de pequeña burguesía, y se han
convencido de que solamente la clase actualmente oprimida es capaz de realizar una
organización social libre de explotación, habremos adelantado un paso en el camino del
Socialismo.
Pero si el electorado se recluta entre trabajadores que solo aspiran a vegetar en
el taller del patrón trabajando media hora menos o ganando medio peso más, o en­
tre empleados ambiciosos de prolongar durante una semana las vacaciones pagas y si
a este proletariado sin conciencia de clase se agregan los sectores de la pequeña bur­
guesía que no han perdido un ápice de sus pretensiones de subsistencia: comerciantes
que quieren liberarse de impuestos, patroncillos que quieren ampliar su taller, intelec­
tuales que protestan porque no se hace bastante justicia a sus enormes méritos y que
votan a un socialista como el mal menor, porque les representa la máxima garantía
de estabilizar el régimen actual en provecho de sus absurdas ilusiones particularistas,
como manana votarían a un radical o como ayer votaron a un “socialista independien­
te”, entonces el sufragio emitido será un engaño peligroso para nosotros mismos.
Si las directivas de la campaña electoral fueran la de atraer hacia el partido al
proletariado conciente de sus intereses de clase y la de convencer a las capas interme­
dias de que no se puede fomentar ficticiamente su crecimiento, la acción electoral
podría contribuir a la lucha por el socialismo.

�Pero si la prédica se dirige con pretendida habilidad hacia cada uno de los secto­
res prometiéndole apoyar sus aspiraciones como tal; si a los médicos se les promete
que el socialismo contribuirá a aumentar su clientela, y a los comerciantes a aumentar
sus ventas e instalar quizás una pequeña sucursal, si a los patrones chicos se les hace
criar alas de patrones grandes, siempre que “respeten el derecho al trabajo de sus asa­
lariados”, si a los militares se les explica que los socialistas no somos enemigos del
ejército y a los curas que no somos de la religión, y a los “fieles sinceros” que respe­
tamos esa estúpida “sinceridad”, si a los intelecutales les prometemos rendir pleite­
sía a sus inmensos méritos de pensar como conviene a los que gobiernan, si mendiga­
mos los votos de los almaceneros y de los “buenos capitalistas”, habremos debilitado
aún más al socialismo y alejado las soluciones fundamentales.
Y finalmente, si el senador socialista tomara la tribuna del Senado piara exponer
desde ella la solución marxista dé los problemas económicos, si se sentara frente a los
representantes de la burguesía, no como un adversario leal, conciliador y “caballeresco”
puesto que nuestra lealtad solo puede existir para los compañeros de clase oprimida, la
conciliación de estas clases es imposible y la caballerosidad es patrimonio de los distin­
guidos explotadores del pueblo; si el senador socialista hiciera el proceso de la fascistización del Estado liberal y de la ignominiosa represión de la policía y de los jueces
contra los obreros organizados, si explicara en el Senado que los trabajadores argenti­
nos “no tienen patria” y que están más cerca del proletariado de cualquier otra región
del globo que del más virtuoso compatriota de la burguesía, si la actividad legislativa
no sirviera para perfeccionar el aparato de explotación capitalista sino para reclamar
la libertad de opinión del pensamiento revolucionario, si todo eso sucediera, la elec­
ción nos habría hecho adelantar un trecho en la lucha.
Pero si el Senador Socialista no hace esto, su labor parlamentaria, más que in­
terpretar las aspiraciones del proletariado políticamente organizado en su marcha as­
cendente hacia la conquista del poder, servirá para consolidar el sistema capitalista.

Grabado de Chelo

�COMENTARIOS
naturaleza conservadora de la mujer a cual­
ENUDEAN los atentados fascistas, contra quier
clase social que ella pertenezca. Mienten
los locales socialistas. A nte la im punidad los que
relacionan su indiferencia social con
que disfruta, se envalentona día a día la m ucha­
su
misión
biológica. Si es verdad que el papel
chada del fascio argentino. N uestra clase dirigen­
primordial
de la mujer es .el de madre, contra
te incluso su gobierno, mira com placida lias pa­
esa verdad se levanta el hecho inicuo de que
trióticas hazañas de sus r e to ñ o s...
En vano proclaman los parlam entarios socialis­ en la sociedad capitalista la inmensa mayoría
tas en las cámaras, los oradores socialistas desde de las madres echan hijos al mundo de ante­
las tribunas públicas, los redactores socialistas mano condenados a ser presas de la miseria
desde su prensa, en vano afirm an sus efusividades o pasto del cañón. Nada pues tiene que con­
patrióticas; en vano ubican a la gloriosa A rgen­ servar la madre obrera, y la madre pobre en
tina en la cumbre de la grandeza, en vano se general, nada tiene que perder. En cambio
constituyen com0 continuadores de Moreno, de Al- con la transformación social que realizan las
berdi.
falanges proletarias, tienen todo -un mundo
Todo inútil. N adie íes cree. El socialism o que ganar, según la bella expresión de Marx.
lleva mala fama desde que aquel picaro de Car­
Conservadora por necesidad es la mujer ri­
los Marx lanzó para el proletariado la innoble ca, la que tiene privilegios que conservar.
patraña del internacionalism o. Y aunque m ás
El interés de la mujer pobre es de esencia
tarde vinieron hombres sensatos com o Bernstein
revolucionaria,
y no puede ser otra su acción
y sus discípulos que abogaron por un .socialism o
social.
Si
ella
se
deja seducir todavía por va­
juicioso, amante de la tradición y del nacionalis­
nas
esperanzas,
es porque carece de con­
mo, nada pudo borrar la fam a a q u e lla ...
ciencia
de
clase
y las más pueriles ilusiones
Por eso) llegó un m om ento en que la burguesía
encuentran
el
camino
de su corazón.
junker de Alem ania arrasó bonitam ente con los
socialdemócratas alem anes, sin cuidarse de su
Destruir esas ilusiones perniciosas, más que
mil veces pregonado patriotism o.
perniciosas, suicidas; despertar esas concien­
Y por eso también nuestra burguesía criolla cias, conquistarlas para la lucha, hé aquí la
comienza a premiar con la m ás negra de las in­ obra magnífica que nos espera.
gratitudes las conm ovedoras profesiones de fe
La conciencia de la mujer obrera en la A r­
ar,gentinista y patriótica de los esforzados lucha­ gentina es un terreno virgen todavía, apto pa­
dores socialistas... O, témpora, o m o r e s...
ra todas las semillas: para la reformista, como

M

S hora ya de reaccionar. Frente a la acción reaccionaria de las mujeres argenti­
nas burguesas que en ceñida colaboración con
el clero pretenden avasallar a las mujeres de
trabajo y convertirlas en ciegos instrumentos,
llegó el momento de organizar la acción revo­
lucionaria de las mujeres del pueblo.
Mienten los que afirman la condición, la

para la revolucionaria. Desechada queda la
primera a través de una cruel experiencia pro­
letaria. Queda la segunda, la purpurina se­
milla de la revolución proletaria. Solo de ella
saldrá ,el mundo nuevo en su verdadero senti­
do* m arxista.
Familiarizar el oído de la mujer argentina
con esa profunda verdad histórica, iniciarla
en la belleza de las grandiosas perspectivas, es
echar los cimientos de una cercana acción so­
cial revolucionaria de la que reclama para la
mujer nuestra hora candente.

�CARTAS A UN
CAMARADA

Estimado Juan Sintierra:
Te había prometido en mi anterior una contestación sobre la “influencia del
medio”, y lo hago iconvencido de que tú sabrás distinguir a quienes aludo, pues
no citaré nombres a fin de no herir susceptibilidades y 'evitar equívocos.
i
Es un hecho consumado, que he observado en mi ya larga vida de militante
obrero el que muchos compañeros, mientras están en el “llano”, es decir: militanda en los sindicatos obreros y como soldados rasos en las filas del partido,'
gritan y se esfuerzan por hacernos comprender que el movimiento obrero y so­
cialista es acción, y que cualquier medio es “lícito” para derrumbar al capitalis­
mo, para luego darnos el bochornoso espectáculo de decir lo contrario una vez
“electos directores’', vale' decir: dirigentes u ocupando un cargo en un cuerpo
colegiado. ¿Y a qué es debido eso?, me preguntas. Eso es debido a la “influencia
del medio”. Mientras se está abajo, se ven las cosas con la lente de las necesida­
des de la masa explotada, y una vez arriba la lente tiene reflejos que hacen sufrir
espejismos, y un subido daltonismo los invade.
Así es cómo hay muchos camaradas que una vez en los cuerpos colegiados,
se desdicen de todo lo que dijeron la víspera. El medio en que actúan, las como­
didades que brinda un puesto rentado, hacen que se convierta en un Sancho, y el
quijotismo de sus años mozos sea puro lacura. . . Es necesario entonces defender
el puesto y hacer “carrera”. ¡Para algo me sacrifiqué, amigo! me decía uno da
estos compañeros.
i i •4¡f
Tú dices bien : el puesto que el partido nos dá en un cuerpo colegiado, es un
puesto de avanzada y de sacrificio, y desde allí se debe estigmatizar a las clases
dirigente, al capitalismo, exactamente como lo hacemos desde la tribuna calleje­
ra o desde el folleto o el periódico. ¡Pero esto está resultando una pura utopía,
amigo Juan! ¿De qué nos valen los cuarenta y tantos diputados, etc., etc., si se
descuida totalmente la parte doctrinaria y tres o cuatro solamente hablan y lo ha­
cen en sentido reformista?, preguntas tú, Yo creo que con los cuarenta y pico o,
sin ellos las leyes “protectoras” del obrero pasan o van al fondo det canasto. A mi
juicio el Socialismo tiene un solo caminos.' derribar al régimen capitalista, y todo
lo demás son fuegos de artificio. Las tribunas parlamentarias deben ser foco de
divulgación socialista.
Recuerdo Juan&gt;que alguien, antes de ir a esos puestos, decía que “los graves
problemas sociales se resuelven o con el fusil y el cañón, o con el voto popular”,
y ahora, cuando nosotros repetimos esa lección, se nos llama “comunistas”, y me­
recemos las pullas del periodismo oficial.
“La izquierda está demás en el partido”, se grita a todas direcciones, en lugar
de abrir las columnas para que se expongan las razones de su existencia. La iz­
quierda no puede existir dentro del partido. No hay ni puede haber en el socia­
lismo un ala “derecha” y una “izquierda". ¿Por qué? Porque el partido es iz­
quierdista considerando a los demás partidos que actúan en el escenario político.
Así razonan algunos compañeros atrapados por el “medio". Pero los que así
"razonan”, o ignoran lo que es el Socialismo, lo que ocurre en todos los partidos
socialistas y obremos, o lo afirman sin saber lo que dicen validos algunos de éllos
de la autoridad que tienen sus nombres. ¡Lo que realmente Juan no tiene raigóni
de existir en ningún partido socialista, es la “derecha”! El socialismo, tal cual es
su principio fundamental, la lucha de clases y por ella la abolición de la propie­
dad privada, no admite en su seno términos medios: o se es socialista o se está,
consciente o inconscientemente, apuntal ando a la burguesía.
Continúa en la pág. 40.

�S O C IA L IS M O

Y

N A C IO N A L IS M O
Asistimos, en nuestro país y en el mundo a un
reverdecer del nacionalism o en sus form as m ás
agresivas. Y como quiera que esta reacción, cuya
existencia no necesita aquí ser demostrada, ha in ­
fluido no poco sobre los puntos de v ista de m as de
un militante del m ovim iento socialista, no resulta
inoportuno recordar ante propios y extraños,
.puntos de vista sobre esta im portante cuestión, que
creíamos suficientem ente esclarecida, desde los
primeros momentos de la estructuración teórica
del socialismo científico.
' Sin ánimo de definir, podríamos decir que N a ­
cionalismo es el conjunto de ideas y sentim ientos
de quienes ven en la colectividad a que pertenecen,
' en el propio país, en la propia nación, un ente m etafísico, permanente e inm utable, superior y an te­
rior al individuo y en el cual este se integra.
A este ser místico, Nación, debe el hombre acata­
miento y amor, y su grandeza, su prosperidad o su
hegemonía deben ser su constante y principal preo
cupación con abstracción y sobre toda otra idea
de moral, de justicia o de derecho. E l nacionalista,
el patriota, ama a su país en prim er término, no
porque lo considere el m ás grande, el m ás justo, el
que asegure a sus súbditos una vida mejor, sino
exclusivamente porque es el propio país, reflejo de
su propia personalidad y asiento natural de la m is­
ma. Mas, por la m ism a razón, de que todos tende­
mos, por amor propio, por orgullo o por a u to-va­
loración, a considerarnos a nosotros m ism os co­
mo superiores de lo que en realidad som os, el p a ­
triota que quiere primero a su país ingenuam en­
te, simplemente porque es el suyo, em ­
pieza a supervalorarlo, a adornarlo de cualidades
y condiciones que en la realidad no posee, cualida
des y condiciones que se niegan a los dem ás paí­
ses de la tierra. Se pasa así del sim ple am or ai
propio país, a la idolatría del m ism o, el mejor en ­
tre todos, y al desprecio o al odio por el extran­
jero a quien se le niegan sistem áticam ente condi­
ciones y con cuyo som etim iento se sueña y se a ca ­
ba por sentir como necesario e im prescindible, co­
mo impuesto por la historia, para el m ejor desarro­
llo del progreso humano. H em os llegado a la for­
ma hipertrofiada del nacionalism o, a la- form a im ­
perialista, a la fe en el destino m esiánico del propio
pueblo. Hay otro elem ento que integra al par que
los indicados el complejo sentim ental del patriota.
Es el convencimiento de que la propia felicidad so­
lo puede ser lograda en el seno de una patria fuerte
y vencedora, de que la grandeza nacional es la
propia grandeza personal, de que la organización
humana que es su patria es absoluta y perm anen­
temente útil para todos los hom bres que la in te­
gran, en todo tiempo y en todo lugar. D esde este
aspecto el patriotismo es así sentim iento de am or
propio, instinto de conservación, egoísm o que se
refunde y se fortifica con el egoísm o de los de­

más. Juan Jaurés mism o, en ‘El N uevo Ejército”,
dice que la patria absorbe y exalta los egoísm os
individúales en un gran egoísm o colectivo.
H ay pues en la form ación del complejo sentim en
tal nacionalista, dos conceptos traídos por la evo­
lución histórica y hoy hechos carne en la concien­
cia popular. La N ación es un ente perm anente e in ­
m utable, anterior al hombre, y que reúne todas las
condiciones necesarias para despertar en sus sub­
ditos los m ás altos sentim ientos. La división
en P atrias constituye la form a óptim a de la orga­
nización hum ana, pues es la que m ejor sirve los in ­
tereses generales, siendo perm anente y absolutam en
te útil al mayor bienestar y al m ejor desenvolvi­
miento de todos y cada uno de sus miembros. Con­
ceptos am bos que se apoyan en una base, falsa,
que tratarem os de esclarecer en la form a sin téti­
ca a que nos obliga la índole de esta revista, y ei
poco espacio de que disponemos.
CO NCEPTO

DE

N A C IO N

—

Qué es la N ación? N o hay dos tratadistas que
hayan coincidido en una definición precisa al res­
pecto. En líneas generales, rodos están de acuerdo
en afirm ar que la N ación reside en la comunidad
territorial, lingüistica, religiosa, racial y de cultura
que vincula a un determ inado núcleo humano, or­
ganizado en estado las m ás de las veces, y que se
siente depositario de un pasado común, solidario en
el presente y fuertem ente unido frente al porvenir.
Sin entrar a hacer un análisis m inucioso de los
elem entos que com ponen esta definición, fácil nos
será com prender que en ninguna de las naciones
que la realidad contem poránea nos ofrece se dá esa
unidad lingüística, racial, religiosa o de cultura
que se nos señala como base m aterial de la Nación.
N ada adelantarem os tam poco al referirm e al terri­
torio, que si es patrim onio nacional, de la nación,
no es la nación m ism a que perm anece inm utable
m ientras aquel cam bia al azar de los aconteci­
m ientos guerrreros o de las com binaciones políticas'
N o ha señalado tam poco la naturaleza sobre la
superficie del globo, aquellas zonas que han de co­
rresponder a determ inadas naciones. Será acaso la
nación un conjunto de hom bres organizados en es­
tado? Podrem os definir la N ación por la com uni­
dad política, o hallaf en la form a estatal'el núcleo
de la Nación, el asiento físico de su existencia?
U na breve revista histórica nos m ostraría m ulti­
tud de estados abrazando pueblos d nacionalida­
des diferentes y antagónicas por una parte y por
la otra nacionalidades som etidas que no constitu­
yen estado. Pero es indiscutible sin embargo, que
todas nacionalidades tienden a organizarse en es­
tados, que la gran m ayoría de las naciones están
organizadas en estados y que todos los es
tados aspiran a am algam ar sus poblaciones
para form ar con ellas naciones. De tal ma_

�ñera que si nos es im posible encontrar la
base real de la Nación, si del breve aná­
lisis realizado se desprende que la nación carece
de existencia real si se nos ha desm enuzado en­
tre las m anos hasta desaparecer al intentar anali­
zarla esa idea de nación, nos hem os encontrado
en su base con este otro ser. esta vez sí de ex is­
tencia real que es el estado y el cual constante­
m ente se ha encargado de crear en sus subditos
la m istica de la N ación. T, si como esperam os
probarlo, en las líneas que siguen, el estado es
una creación artificial del hombre, hija de sus in ­
tereses y constantem ente variable, es indiscuti­
ble que no podrá ser la expresión o la causa, se­
gún sea el punto de v ista del observador, de n in ­
gún ser m etafísico perm anente y superior al hom ­
bre.
En pasados tiem pos el hombre no conoce m ás or­
ganización política que su clan o tribu, su patria
es ese clan, esa tribu, que luego va a unirse por
el interés común, para la defensa m utua, para la
m ejor práctica del comercio, con otras tribus, for­
m ando así unidades políticas m ayores, aldeas o
ciudades, que luego, por los m ism os m otivos o por
la conquista de otras unidades m ás fuertes o m ás
civilizadas, van a aglutinarse en estados m ás
vastos, algunos de los cuales tuvieron aspiracio­
nes de estado U niversal. El inm enso Im perio R o­
mano, que abrazó a todo o casi todo el mundo c i­
vilizado, nos ofrece el ejem plo típico de un estado
organizado por la conquista de ciudades y nacio­
nes enteras, por otra que representaba un grado
de civilización mayor. Desm em brado el Imperio
por la Invasión de los bárbaros, vuelve Occidente
a encontrarse dividido en m ultitud de pequeños
estados feudales, que m uchas veces no contienen
m ás de una aldea, m ás de un castillo. Para el
cam pesino M edioeval, vinculado a la tierra,, de
propiedad del señor, como una prolongación de
la m ism a, su patria es ese pedazo de tierra, esa
aldea o ese castillo, y el extranjero, el enem igo,
el aldeano que habita en la aldea próxim a o se re­
fu gia en el castillo que m uchas veces está al a l­
cance de la vista, en la otra vertiente de la coli­
na, del otro lado del río. M as inm ediatam ente, a
sem ejanza de lo ocurrido en la antigüedad, cau­
sas económ icas diversas vienen a trabajar la en ­
traña m ism a de la sociedad, para superar este
caos con la aparición de unidades políticas m ás
vastas. La burguesía que em pieza a nacer traba­
josam ente en las m íseras ciudades m edioevales,
se vé trabada por el capricho de los señores, por
la m ultitud de fronteras que, con su s m últiples
im puestos y su legislación contradictoria, dificulta
hasta hacerla im posible la libre circulación de las
cosas y de los hom bres; el com ercio del cual la'
burguesía necesita com o del aire, para desarro­
llarse. N ace así entre los burgueses de las ciuda­
des la aspiración hacia organizaciones hum anas
m ás vastas, hacia estados m ás com plejos. La liga
de las ciudades del H ansa G erm ánica v a a estru c­
turar la N ación alem ana, m ientras en Francia
los ensueños de dom inación de algún señor feudal
m ás fuerte que los otros, se encuentran rápida­
m ente apoyados por las com unidades de las ciu­
dades. En sus luchas con los Señores feudales, los
reyes de Francia son eficazm ente sostenidos per
la burguesía de las ciudades que ven en la conso­
lidación del poder real el nacim iento de una uni­
dad m ás vasta, el estado francés, que hará desa­
parecer la m ultitud de pequeños estados feudales.
Quiere decir pues que las naciones son produc­

tos artificiales, creados por el hombre a través de
su evolución histórica, para servir determinados
intereses, y que los estados contem poráneos son»
concretam ente, creaciones o productos engendra­
dos por las m ism as fuerzas que im pulsaron la
constitución de la clase burguesa contemporánea.
Adm itiendo que ellas representan frente a la or­
ganización feudal anterior un positivo progreso»
tanto m ás m ensurable, cuanto han sido factores
decisivos en el com pleto desarrollo de una clase
cuyo aporte al avance económ ico del mundo ha
sido superior a todo lo traído por todas las clases
dom inantes en las etaipas anteriores del desenvol­
vim iento hum ano, cabe preguntarse sin embargo,
que beneficios representan las m ism as hoy para
la clase trabajadora en m archa hacia el poder, y
si su prolongación estática en el tiem po, no viene
a cortar la lín ea de la evolución hacia organiza­
ciones hum anas m ás vastas.
D IV O R jC IO

DE CLASES —

Escribiendo para socialistas, no es necesario que
repitam os que la sociedad contem poránea está
fundam entalm ente dividida en dos clases enem i­
gas y antagónicas, cuyo divorcio v á adquiriendo
en los tiem pos que vivim os carácter de verdadera
guerra. B urgueses y proletarios se disputan hoy
el dom inio del mundo, y si la consolidación defini­
tiv a de los prim eros solo podrá lograrse por el
m antenim iento y agravación de la esclavitud de
los segundos, el triunfo de ios trabajadores, solo
podrá lograrse definitivam ente a costa de la d es­
aparición de los propietarios com o clase.- E sta
antitesis sin sintésis, que se da en la totalidad
de la sociedad contem poránea, se repite lógicam en
te en cada una de su s partes. En todos los países,
bajo la m ism a bandera, som etidos al m ism o poder
estatal luchan como enem igos, inspirados por in ­
tereses irreconciliables, burgueses, y proletarios.
Los prim eros tienen com o condición de su e x is­
tencia la pauperización constante de la clase tra ­
bajadora, la dim inución de la m asa de sus sala­
rios, para poder así disponer de un m ayor m árgen de utilidades que les perm ita afrontar con
probabilidades de éxito la lucha con los dem ás
grupos capitalistas de la tierra. E sta en su interés
m antener un cierto núm ero de desocupados que
perm anezca com o ejército de reserva, para depri­
m ir constantem ente el precio de la mano de obra"
y entrar en acción en cada conflicto obrero para
romper las huelgas. La clase trabajadora exige
constantem ente a su vez, m ejores salarios, m ás
seguridad en el trabajo, reform as y m ejoras y lu­
cha y brega por su em ancipación integral como
d ase, que solo logrará por el aplastam iento defi­
nitivo de la burguesía. N o se ha dem ostrado hasta
ahora, qué cosa son los llam ados intereses genera,
les que refunden en una síntesis superior a estos
intereses particulares, antagónicos, y para nosotros
irreconciliables. Y m ientras tal dem ostración no
sea lograda, y no ha de lograrse nunca, ningún s i­
gnificado tendrá el hablar de “pueblo”, entendiendo
por tal el conjunto de todas las clases, ni de unidad
nacional, ni de solidaridad nacional. Porque la L e­
gislación Obrera y de previsión social en que
algunos han querido ver la expresión de esos in ­
tereses generales, por cuanto ha sido sancionada
por cuerpos integrados por representantes de Ja
burguesía, no es en últim o análisis sino el resu l­
tado de largas luchas sostenidas por la clase tra ­
bajadora, o la expresión de concesiones hechas

t

�por la burguesía por razones tácticas, para ev i­
tarse daños mayores, concesiones dictadas por el
terror, en momentos de grandes conm ociones
obreras. Es pues, la legislación del trabajo, no el
resultado de la coordinación de los intereses par­
ticulares en un vasto interés solidario, sino el pro­
ducto del choque cruento o incruento de esos
intereses en lucha. Y es indicutible que el estado,
producto social que sufre iás influencias recí­
procas de las fuerzas en lucha, tiene fatalm ente
que acabar por inclinarse hacia el lado de la co­
rriente actualmente m ás vigorosa, m ás enérgica,
con más medios presentes para im ponerse. E l es­
tado sigue siendo para nosotros en la teoría y para
todos en la ruda realidad contem poránea, instru­
mento de dominación, de opresión de una clase
sobre las otras. Y esta afirm ación que se hace
evidente para los ojos m ás m iopes, en cuanto se
aplican a la contem plación de las num erosas d ic­
taduras, todas de clase, que hoy oprim en a los tra­
bajadores del centro de Europa, es absolutam ente
verdadera, aún para los países m ás dem ocráticos
y liberales de la tierra. En la dem ocracia m ás per­
fecta de la tierra, aquella que m ejor asegure a la
clase trabajadora sus derechos, aquella en la cual
su burguesía mejor respete la C onstitución e s ­
crita y las libertades públicas, es incuestionable
que toda su legislación, al par de lo que sucede
en los países más despóticam ente gobernados, e s ­
tará inspirada por un sólo principio tendrá un
propósito central y dom inante: la consagración y
la defensa de la propiedad privada de los m edios
de producción. T como quiera que está en el i’
terés de la clase trabajadora, la abolición total
de una propiedad que ella no goza, y com o quiera
que la conservación del régim en de la propiedad
privada asegura a la burguesía no solo el poder
económico, sino los m edios para dom inar y co ­
rromper las consciencias de los trabajadores m is­
mos, parece innegable que el estado que sanciona
sostiene e inspira tal legislación es un estado que,
en último análisis está al servicio de la clase ca ­
pitalista. De tal manera, para nosotros tiene aún
hoy valor actual la afirm ación rotunda del m ani­
fiesto de 1848: “Los trabajadores no tienen pa­
tria”, porque ni sus riquezas ni sus instituciones
les pertenecen, los b e n eficia n ... Y , si la organi­
zación en naciones, creada por los intereses de
clases agenas, puede ser en sí m ism a indiferente
a los proletarios, o hasta ser m irada con cierta
simpatía por lo que representa de progreso frente
a anteriores organizaciones sociales: desde el m o­
mento en que ella dificulta el libre entendim ien­
to de los trabajadores de todo el m undo para la
lucha contra la burguesía: desde que ella ador­
mece el espíritu de lucha de cada grupo nacional
del proletariado, narcotizando su conciencia de
clase, con la ilusión y la esperanza de una m en ti­
da solidaridad nacional; desde que ella perm ite
reemplazar, en una palabra, la solidaridad in ter­
nacional de los trabajadores para la lucha de cla ­
ses por la solidaridad nacional de las clases para
la lucha internacional, ella debe ser superada
por los trabajadores. Y esta necesidad se hará
más fuerte, más evidente a poco que, desprendi­
éndonos de todo puntó de v ista clasista, com pren­
damos que la existencia de las fronteras actu ales
mantiene separados a los hom bres con recelos y
rencores inverosím iles, m anteniendo perm anente­
mente y en forma latente el peligro de la guerra,
y deteniendo la evolución hum ana hacia una or­
ganización continental prim ero y universal d es­

pués, que haga m ás estrecha la colaboración y la
solidaridad entre todos los hom bres y lleve por
tanto, y por la sum a de todos los esfuerzos hu m a­
nos, el progreso técnico cultural y m oral de la
especie, a extrem os que apenas nos atrevem os
hoy a soñar. Por la em ancipación integral de los
trabajadores y por el m ayor y m ejor desenvolvi­
m iento de ,1a especie, es y a un im perativo de núes
tra época, superar las actuales organizaciones n a ­
cionales.
D ice Jaurés (E l N uevo E jército) que no hay
m ás que tres m aneras de huir de las patrias: o
disolviendo cada grupo histórico en grupos m inús­
culos sin vínculo alguno entre sí, lo cual sería
una reacción inepta e im posible, o realizando la
unidad hum ana m ediante la subordinación de to ­
das las patrias a una sola, lo que sería un cesarism o m onstruoso, un im perialism o espantable y
opresor, o abarcando todas las naciones autónom as
en una v asta federación, en una v asta unidad ju ­
rídica.
M ás m ientras cada nación sea la organización
de una clase con intereses en com petencia con los
de las dem ás naciones y m ientras en cada pueblo
subsista la idea, consecuencia de esa organización,
alcanzam os a com prender com o podrán con­
ciliar se en una organización de derecho, los in te­
reses antagónicos de los grandes países im peria­
listas del mundo, ni como podrán adm itir una
institución superior a la N ación quienes ven en
sus respectivas patrias resum idas todas las bue­
nas condiciones hum anas, quienes sueñan con una
A lem ania dom inando al mundo para salvarlo,
quienes aún gritan: R igh t or w rong m y country!
H A C IA U N O R D E N
IN T E R N A C IO N A L

J U R ID IC O

E s pues im prescindible, si auténticam ente se
desea trabajar por la paz del mundo, si a u tén ti­
cam ente se desea trabajar por la integración de
un orden jurídico internacional y por la em an ci­
pación de los trabajadores, bregar por la tran sfor­
m ación de cada una de las actuales organizacio­
nes nacionales, com batiendo en prim er lugar sen ­
tim ientos e ideas que las m ism as provocan y que
sirven luego de dique espiritual que contiene el
fervor revolucionario de las m asas, que desvía y
adorm ece su conciencia de clase y aue a la p os­
tre se convierten en las m ejores defensas del e s­
tado de cosas que los engendrará. D ebem os com ­
prender, nosotros los socialistas, de una buena
vez por todas, que m ientras no hayam os logrado
barrer de la conciencia de las m asas el prejuicio
nacionalista, m ientras la clase trabajadora no en­
tienda claram ente que nada tiene que conservar
en las actu ales naciones, que ningún interés tiene
en los países burgueses, que la defensa de los e s ­
tados capitalistas le es absolutam ente indiferen­
te, la clase trabajadora tendrá dehtro de si fr e ­
nos que le im pidan toda labor de fondo, porque
siem pre será fácil hacerle deponer su fiereza, en
nom bre de la solidaridad nacional. T los hom bres
que creyendo com o nosotros, adoptan posturas
nacionalistas o patriotas, pensando a sí poder des­
viar los ataques de una burguesía que, al batirse
en retirada, vuelve a despertar y fom entar en las
m asas el furor nacionalista para defenderse m e­
jor, crean y estim ulan en las conciencias proleta­
rias los com plejos sentim entales que luego, serán
utilizados por nuestros adversarios, para fascistizar

�a las m asas y arrastrarlas cantando a los cam pos
de batalla.
N o vam os a caer nosotros en la posición torpe
de quienes en nom bre de un internacionalism o m al
entendido, encuentran malo todo lo propio y glo­
rifican lo extranjero. N o vam os a negar nosotros
tam poco el sentim iento casi fisiológico, anim al,
que nos une al pedazo de tierra que nos sustenta,
pero sí, en nombre del progreso hum ano y de la
estructuración jurídica integral de la especie, n e­
gam os rotundam ente el valor actual de las patrias
y com batim os sin descanso los sentim ientos que
ellas alim entan.
A ctuam os por ahora dentro de las naciones,
porque ellas se nos im ponen desde afuera con una
fuerza inexorable, porque así debem os hacerlo, por

E

N

R

I

Q

U

E

G.

elem entales razones de división del trabajo, por­
que com prendem os m ejor los problem as que estánm ás cerca nuestro y porque nos entendem os y
podem os servir m ás eficazm ente a los trabaja­
dores que están con nosotros en contacto directo;
actuam os en fin dentro de los cuadros nacionales,
porque la conquista del poder político, y la trans­
form ación de fondo de cada una de las naciones
existentes, es previa, a la estructuración de la
Gran P atria Hum ana.
Pero es ese fin últim o el que debe estar presente
y condicionar todas las pequeñas labores cuotidia­
nas en que se descom pone la gran tarea revolu­
cionaria. Y a ese fin últim o debem os m archar sin
desfallecim ientos, no rehuyendo obstáculos sino
venciéndolos. Y, entre esos obstáculos no es el
m enor el que constitu ye el prejuicio nacional.

B

R

O

Q

U

E

N

L a R e f o r m a s d e l E s ta tu to P a r tid a r io
(C o n tin u a c ió n

del n ú m e ro

D e haberse llevado adelante el voto general,
seguro estoy que el nuevo estatuto se habría
aprobado tal com o 10 redactó la Com isión esp e­
cial. La discusión en el diario ya sabem os cóm o
se hace; no se puede decir todo lo que se quiere
y se debe decir; el espacio lim itado y los artícu­
los seleccionados”, etc. Luego en el voto hay que
expedirse por sí o por n ó. N o se puede agregar,
quitar, cam biar ni m odificar nada.
Si es cierto aquello de que “para m uestra bas­
ta un botóií”, ahí v a :
La gran m ayoría de los afiliados, lo afirm o
porque está en el am biente, no solo es contraria
a que se elim ine la cláusula actual referente al
m atrim onio religioso, sino que es partidaria de
que se am plíe. Y es lógico; si se expulsa al que
se casa por la iglesia, no hay razón alguna para
no aplicar la m ism a m edida al que bautiza sus
hijos o participa en cualquier otra cerem onia
religiosa.
Sin embargo de haberse realizado las cosas co­
mo querían nuestros dirigentes, esta cláusula
quedaría de hecho elim inada por las razones que
he expuesto anteriorm ente; no figurando en el
despacho no se puede votar ni a favor ni en
contra.
A fortunadam ente no todos los dirigentes son
contrarios a la elim inación de este artículo del
estatu to. H ay uno, por lo m enos, que aunque no
pertenezca ya a este mundo, vive siem pre en
nuestro corazón y en nuestra m en te. Y este esrtá
con nosotros. El Dr. J. B. Justo, a quien m u­
cho se cita pero poco se im ita, en el últim o con­
greso del Partido a que asistió, al pronunciar el
discurso inaugural el día 9 de Octubre de 1927,
refiriéndose a esta cuestión, hizo las m an ifesta­
ciones siguientes que transcribo de la revista
“A cción Socialista” (núm ero extraordinario 3e
hom enaje a su rnem oria-Febrero de 1928).
“'Personalm ente ha sido en esta m ateria tan
tolerante, que m is opiniones habían sido gratas
y citadas por algunos afiliados .que se casaron

J

O

S

E

P♦

a n te r io r )

por la iglesia” .
“ P e ro los hechos h sn v e n id o a d e m o s tr a r que
la ig le s ia c a tó lic a ha m e tid o la d is c o rd ia d e n ­
tr o de las fila s s o c ia lis ta s . D e a h í q u e sea n e ­
c e s a rio p o n e r té r m in o a este c o n flic to , y re s o l­
v e r con c a r á c te r g e n e ra l, com o lo p ro p o n en n u ­
m e ro sa s a g ru p a c io n e s , la e x p u ls ió n de to d o s los
a filia d o s q u e c o n tra ig a n m a tr im o n io re lig io s o P o rq u e , com o b ien lo e s ta b le c e la p ro p o s ic ió n
de un c e n tro , e x is te u n a v e rd a d e r a in c o m p a ti­
b ilid a d e n tre el s o c ia lis m o ” y los rito s y d o g ­
m a s de c u a lq u ie r se c ta re lig io s a .”

Y los hechos siguen dem ostrando que esta cláu­
sula no está dem ás en el estatuto.
En el X X I Congreso Ordinario fué el com pa­
ñero A. D ickm ann e¡ que fundó en nom bre de la
séptim a com isión, el despacho por el que se
aconsejaba el nom bram iento de una com isión re­
form adora dei estatu to. Sus prim eras palabras,
que tom o de “La V anguardia” del 30 de M ayo de
19:32, fueron é sta s:
E xpresa “que a m edida que transcurren los
años ya adquiriendo el convencim iento de qued eb em o s se r p arc o s en lo que se refiere a la re­
form a de los esta tu tos. Los nuestros han sido
estructurados hace cuarenta años por Justo y a
pesar de las su cesivas reform as persiste en éllos
el espíritu inicial que le diera el M aestro. E s
necesario no sacrificar ese espíritu” .
La “ p a rq u e d a d ” de la Com isión reform adora,
de la cual A. D ickm ann fué su secretario, ya h e­
m os visto en qué ha quedado. N o se ha dejado
títere con cabeza.
Y en cuanto al “ e s p ír itu in ic ia l que le d ie ra e l
M a e s tr o ” , habría desaparecido con el viejo esta ­
tuto, de haberse aprobado el de la Com isión re­
form adora .
H e sido delegado al X X II Congreso y he v o ta ­
do en favor del nom bram iento de esa com isión.
D espués del trabajo realizado por la m ism a, de­
claro que en el futuro seré m ás “parco” en el
otorgam iento de poderes en blan co.

L

O

P

E

Z

�i

Los Principios de la Moral Cristiana
en la Escuela y los Socialistas
La convención constituyente bonaerense incluyó un artículo estableciendo la obliga­
toriedad de la enseñanza escolar de la moral c ristiana. El texto es el siguiente : “La edu­
cación común tendrá entre sus fines principales el de formar el carácter de los niños en el
culto de las instituciones pátrias y en los pr incipios de la moral cristiana, respetando la
libertad de conciencia”.
Es un texto de redacción conf usa, propia de jesuítas. La burguesía internacional —
así la inglesa como la argentina — es hipócrita por necesidad acaso más que por tempera­
mento o es que siguiendo las leyes psicológicas del hábito, la necesidad plasmó su tempe­
ramento jesuíta. Proclama el sufragio universal y practica el fraude; siendo así que el frau­
de acompaña al sufra
gio desde su nacimien­
to. Establece leyes de g a w ja BM M M W M —
impuestos y es la pri­
mera en violarlas con
la misma naturalidad
que se consagra a prac
ticas formales de una
moni ritual y pública
que simula acatar y es,
privadamente, sensual
y amoral según sus dog
mas.
La burguesía criolla
con la sanción reciente
ratifica su clásica con
duda pública de hipocresta oficial. Ya cons
tituyó, en sus orígenes
una hipocresía la pro
pia convención: ¿qué
traño es que en una
simple sanción no logre
superar la naturaleza
de quién la engendró?
Se habla allí de respeto de la libertad de
conciencia y se antecede el imperativo con la
obligación de una en­
señanza- parcial que ala libertad de concientente, precisamente, a
cía.
La libertad de con
ciencia — en régimen
se social sobre otra —
de dominio de una cía
afirmación teórica. En
no pasa de una simple
predominio de la burel riáis argentino, con el
bertad; en Rusia, con el
guesía, no existe esa li
trabajadora, tampoco
predominio de la clase
tintos y con métodos
existe. Para fines dis
libertad de conciencia
distintos, en Rusia la
formación de una con­
está supeditada a la
ciencia revolucionaria de dase que tiende a eliminar las clases sociales e implantar un ré­
gimen de justicia social, basado en la igualdad de las posibilidades económicas. En la Ar­
gentina y el resto de los países capitalistas, la libertad está supeditada a una conciencia
estática de clase, que tiende a asegurar el predominio económico, político y social de la cla­
se propietaria sobre el resto de la población. Tiene, pués, su lógica histórica la sanción
de referencia.

Huelgan algunas palabras que se han dicho objetándola. A sí por ejem plo, se ha invocado la
tradición liberal del país. La tradición, com o objetivo teórico e instrum ento m ental, es peligrosa y
antitética del socialism o. La tradición burguesa liberal, por supuesto.

�La tradición argentina es toda élla opuesta al socialism o, aunque alguién diga sin explicarlo,
que el país es de esencia socialista. La tradición d el país tiene por base angular el despojo sistem ático
de una clase en perjuicio de otra clase y el usufructo de todo el poder del E stado en provecho de
los propietarios. A ún la tradición como idea, es opuesta al socialism o; conjunto general de ideas y
método de acción que aspira y realiza la destrucción de un sistem a tradicional y la creación de
otro mejor.
La tradición burguesa se convierte para nosotros, en una expresión regresiva. N osotros consti­
tuim os lo m ejor del presente, la concreción de un futuro inm ediato, superior a lo pasado y a lo
actual.
Para atacar la sanción se ha hablado de la escuela laica. Com partim os la defensa de la e s ­
cuela laica en la m edida en que ella sign ifica una conquista sobre la escu ela clerical, pero en la
defensa del laicism o, ponem os, a su lado, los fines esenciales del socialism o. Si la escu ela laica es un
progreso actual, en régim en socialista habrá de ser superada, porque la escuela estará dirigida, in s­
pirada y m ovida por el principio de una educación revolucionaria de clase, que sign ifica la elim i­
nación de todo rastro de neutralidad del Estado en m ateria religiosa y la tendencia de form ar una
m entalidad determ inada, con fines concretos de dominio de una clase para superar las clases.
A fuer de ser un lenguaje socialista •— que es lenguaje de diferenciación de las clases y catego­
rías que actúan en el com plejo social — se hace necesario hablar así porque en virtud de errores
sustanciales, se ha venido proclam ando las excelencias de los principios liberales. Los principios li­
berales significan, en com paración con los principios socialistas, un atraso en la escala del pro­
greso histórico. “La V anguardia” del 6 de Diciem bre, haciendo crónica de un acto socialista de pro­
testa por la sanción que com entam os, afirm ó que el acto fué, “en verdad, la expresión de la opinión
liberal y progresista de la capital”. Como so cia lista, afirm o que no me interesa representar ni in ­
terpretar la opinión liberal, sino la opinión socia lista, que es bien distinta de aquella y reivindico
para mi partido el derecho de interpretar su propia opinión, sus propias ideas y sus propios se n ti­
m ientos.
E l liberalism o en las leyes argentinas fué una consecuencia del liberalism o económ ico. L a im ­
portación de capitales y las corrientes inm igratorias, con la m estización de la población del país,
la construcción de sus v ías de com unicación y la explotación capitalista en v a sta escala, obliga­
ron a una burguesía inteligente que conocía el rol que en la sociedad desem peñan las fuerzas eco­
nóm icas, a dictar y practicar leyes liberales e im pregnar a la escuela del liberalism o filosófico. Si
en econom ía el liberalism o es dejar hacer, dejar pasar, en enseñ.anza es ser neutral en cuanto a la
actitud de tom ar partido en religión.
Tocó a la generación del 80 — espectadora y actora del coqaienzo de la colonización capitalista
del país —• com prender el proceso económ ico y ajustar las instituciones burguesas argentinas den­
tro de los lineam ientos del mism o. Por otra parte necesario es decir que el m érito consiste en la
com prensión, en no haber obstaculizado el desarrollo del capitalism o, porqué de haberlo hecho o in ­
tentado, las fuerzas económ icas hubieran arrollado los obstáculos.
A ésta generación del 80 y en oportunidad a que algunos afiliados socialistas em itieron opinión
en el debate sobre la reform a a que nos referimos, se le ha ensalzado en térm inos ditirám bicos, que
y a suenan un poco a hueco, influenciados, evidentem ente, con la poesía del pasado que los espíritus
m isionistas — y los tenem os ev nuestro propio Partido —• cultivan con preferencias de tradicionalistas incorregibles.

L a e s c u e la : ¿ q u é es en I ré g im e n p o lític o a rg e n tin o ? L a es cu ela es u n a d e p e n d e n c ia del E s ta d o .
A c as o sin d a rle u n a s ig n ific a c ió n m a y o r, cu an d o el h o m b re de la c a lle d is tin g u e a la es q u e la o fic ia l
d e n o m in á n d o la co m o es cu ela del E s ta d o , o to rg a lá c la s ific a c ió n v e rd a d e r a , r e a liz a , m e n ta lm e n te , el
hecho co n cre to de u n a u b ic a c ió n p re c is a .
A l s e r escu ela d e l E s ta d o es u n a escu ela al s e rv ic io de los fin e s de ése E s ta d o y en ré g im e n
c a p ita lis ta el E s ta d o es el in s tru m e n to p o lític o de d ire c c ió n , a d m in is tra c ió n y co erció n de la clase
p ro p ie ta r ia . E n la A r g e n tin a lib e r a l, la escu ela es u n a in s titu c ió n al s e rv ic io de la cla se q u e d o m in a .
E s te hecho es ta n c la ro y ta n s im p le , q u e com o e le m e n to de a p re c ia c ió n in te le c tu a l tie n e to d o e l p o ­
d e r de un es q u e m a y to d a la fu e r z a de u n a v e rd a d e x p e r im e n ta lm e n te d e m o s tra d a .
P a r a los m e d io s y los fin e s s o c ia lis ta s es sie m p re m ás ú til h a b la r así q ue no r e it e r a r el so n so n e­
te de la tra d ic ió n lib e r a l b u rg u e s a del p aís, ni c it a r q un sím b o lo com o la le y e n d a de Jesús, m á s p r o ­
p io p a ra m u ltitu d e s a r re b a ñ a d a s y e s p ír itu s d o m e s tic a d o s , q u e p a ra h o m b re s con p e n s a m ie n to p r o ­
pio, con v o lu n ta d p ro p ia y con e n é rg ic a s a m b ic io n e s de c o n s tr u ir un m u n d o n u e vo .
Jesús es u n a le y e n d a , un p e rs o n a je m ito ló g ic o del p r im it iv o c r is tia n is m o . S u f ig u r a ir r e a l s u ­
f r i ó u n a in v o lu c ió n desde el s ím b o lo de la h u m ild a d , la re s ig n a c ió n y la p o b re za a s ím b o lo de un'a
c a s ta de s irv ie n te s de los poderosos y d e los poderosos m ism o s . S i Jesús c o n s titu y e u n a fic c ió n le ­
g e n d a ria de c a r á c te r u n iv e rs a l, la h is to r ia m i l it a r a r g e n tin a , p o r e je m p lo , c o n tie n e , ta m b ié n , a lg u n a s
cre a c io n e s le g e n d a ria s : F a lu c h o , p o r e je m p lo , que c o n s titu y e un sím b o lo de la a b n e g a c ió n del s o ld a ­
do, crea d o p o r M itr e . E s ta c ita in te n c io n a l q u e h acem o s tie n e su e x p lic a c ió n en el m is m o te x t o de la
re fo r m a c o n s titu c io n a l: a llí se m e z c la el c u lto de las in s titu c io n e s p a tr ia s con el c u lto de la m o ra l
c r is tia n a : dos fa c to r e s in te le c tu a le s a lia d o s , en m an o s de la b u rg u e s ía , p a ra s e rv ic io de e s ta clase.
L a b u rg u e s ía tie n e sq, p e rs p ic a c ia y su in te lig e n c ia de la rg o a lc a n c e : c re a los m ito s q u e s im b o ­
liz a n la e x c e ls itu d d e los v a lo re s m o ra le s , p ero los u t iliz a p a ra d ifu n d ir lo s en la m a s a y e n s e ñ a r con
el e je m p lo de esos m ito s , el e je rc ic io d e v ir tu d e s que é lla desconoce y
d e s p re c ia .
N e c e s ita
eres»-

�fuentes
m o ra le s e in te lic tu a le s de
su m is ió n c o le c tiv a . E lla se co m p lac e con el goce de los b ie ­
nes m a te ria le s . S u m o ra l ra d ic a en el
d in e ro . P a ga, con sus d in ero s , la re v e rs ió n de sus pecados, la
infección de sus la c ra s , los excesos de
su s e n s u a 'is m o . Lo que no p a g a rá a buen seguro, con su d i ­
nero, son sus c rím e n e s , sus abusos, c u a n d o la cla se o b r e ra re v o lu c io n a ria a p liq u e , en el es ce n a rio
in te rn a c io n a l, com o a p lic ó en R u s ia , la
m e d id a de suju s tic ia con la e lim in a c ió n de la b u rg u e s ía .
E ste h a b la r re ite ra d o de Jesús en boca de m ilita n te s s o c ia lis ta s p uede d a r o rig e n a que en la
masa se d ifu n d a — en la p a rte m ás a tr a s a d a , p o r su p uesto — un s e n tim ie n to p ro p ic io p a ra un so ­
cialism o c r is tia n o o un s o c ia lis m o b e a tífic o , a n tin ó m ic o y a n tité tic o del so cia lism o s o c ia lis ta q ue
reconoce en el proceso de la lu c h a de clases, la d in á m ic a so cia l. C o n tr a ello debem os e s ta r en g u a r ­
dia y d is p o n ern o s a l a ta q u e p o r s e m e ja n te re g re s ió n in te le c tu a l.

E l sistem a económ ico capitalista está en crisis y con él, el estado político que form a su super­
estructura. Los teóricas de la econom ía capitalista culpan al liberalism o económ ico y creen hallar
el origen del remedio en un sistem a que sin alterar las bases que sustentan el predom inio capita­
lista, varía superficialm ente las form as.
El capitalism o se basa en la propiedad privad a, en todas sus form as. El liberalism o económico
consiste en dejar librado al juego regular de las propias fuerzas económ icas capitalistas el desarro­
llo de la producción. E s una escuela dentro del sistem a angular. Ahora los teóricos burgueses abo­
gan por una econom ía dirigida que interviene en la producción, la regula, sin solucionar a fondo la
gravedad del problema. A la vez que éstos cam biossuperficiales económ icos, se ensayan cam bios su ­
perficiales en la superestructura política: el fascism o es hijastro de la econom ía dirigida, así como
el sistem a de la dem ocracia burguesa con el predom inio del parlam entarism o, es hijastro del libera­
lismo.
Al hallarse en crisis el sistem a económ ico y el Estado capitalista, los com ponentes de éste no es­
capan a sus consecuencias. La escuela está involucrada en éste proceso. Y cuál es la m archa de és­
te proceso? En el día de hoy es una resultante del juego de la lucha social, del entrechocar de las
dos fuerzas sociales antagónicas con el predominio actual de la clase propietaria. E sta clase domina?
en el país, en su econom ía, en su política, en su escuela. El proceso es así, en general, un com puesto
de las directivas que le im prim e esa m ism a clase propietaria en la m edida que lo perm iten sus pro­
pias fuerzas y la capacidad de resistencia de la clase opuesta.
Frente a ésta crisis profunda que afecta a la totalidad del sistem a, la clase propietaria se re­
pliega en una actitud defensiva. La política de econom ía dirigida — tan bien calificada com o de so ­
cialización de las pérdidas — caracteriza la orientación económ ica de la burguesía argentina, que
arroja, como un lastre contradictorio y desgastado, el principio de la libre com petencia: el dejar
hacer, dejar pasar. A sí como en política “ es decir — en el uso de los resortes del Estado í&gt;ara be
neficio de la clase propietaria argentina y extranjera que explotan el país, introduce procedim ien­
tos que elim inan la participación del parlam ento, en m ateria de educación busca el concurso activo
de la iglesia católica, que en nuestro país siem pre ha sido, con Jesús o sin Jesús, una em inente m e­
retriz al servicio de la clase rica.
Reconoce la clase propietaria — y el sector m ás audaz, y m ás aferrado a sus privile­
gios de clase reinicia ésa política — la necesidad actual de agregar a su enseñanza, de suyo parcial e
interesada, el lastre de la religiosidad. A los niños a/rgentinos — a los hijos de la clase desposeída,
que es para quién v a dirigida la saeta — se le han de inculcar, en la provincia de Buenos Aires, por
ahora, una serie de nociones teológicas que tiendan a im becilizarlo y a form arle una conciencia
propicia para el m antenim iento de] sistem a social de la propiedad privada. A ¡as m entiras y m isti­
ficaciones de la enseñanza patriotera, se agregarán las m entiras y m istificaciones m ísticas burguesas.
El partido político que introdujo esta reform a es quien representa m ás auténticam ente el in te­
rés de los latifundistas rurales y del im perialism o financiero. Y la persona del político de que se v a ­
lieron para proponerla, es la m ism a que en el senado nacional proyectó concederle categoría de deli­
to a toda m anifestación intelectual que propiciará la abolición de la propiedad privada.
La clase obrera, a éstas regresiones justificadas y lógicas desde el punto de vista de la defen­
sa de los intereses del privilegio económ ico, no tiene otro recurso que oponerle que la resistencia de
su organización de clase. Por supuesto que todos entendem os que ésta resistencia está m ás allá de los
discursos parlam entarios o extraparlam entarios; q u e los elogios a la tradición, las citas de Jesús y
las referencias del baquiano criollo, que si oteaba, por instinto, la dirección de los ruidos fué incapaz,
por ineptitud orgánica, de oponerse a form as de convivencia superiores a las suyas, prim itivas y
anárquicas.

�R O SA S C H E IN E R

ACCION SOCIAL DE LA MUJER
EN LA ARGENTINA
SU
■

C O N T E N ID O

■ ENTRO
del ré g im e n
ca, no se p u e d e h a b la r
a n ta g o n is m o de cla ses en
reses de la o tr a ,
se h ace

R E V O L U C IO N A R IO

b u rg u é s ,
c im e n ta d o so b re la m á s e x a c e rb a d a d e s ig u a ld a d e c o n ó m i.
de a c c ió n s o c ia l e n , a b s tr a c to . A t e n d i e n d o
la r e a l i d a d h is tó r ic a del
c u y a v ir t u d los in te re s e s de u n a cla se e s tá n en p u g n a con los in t e ­
d if íc il, p o r no d e c ir im p o s ib le , a c e p ta r la p r e m is a de u n a so la a c c ió n

s o c ia l.
Si a d m itim o s q u e el c o n c e p to de a c c ió n so cia l es a n te to d o la e x p re s ió n de s o l i d a r i d a d , h a b r á
n e c e s a ria m e n te q u e d iv id ir la en dos c a te g o r ía s : la A C C IO N S O C I A L C O N S E R V A D O R A y la A C ­
C IO N S O C I A L R E V O L U C I O N A R I A .
U n h o m b re
o
d e te r m in a d o lím it e ,

una
m u je r
p u d ie n te d a r á e x p re s ió n a su in q u ie tu d s o c ia l s ie m p re h a s ta un
pasando
el c u a l p u d ie ra n le s io n a rs e sus in te re s e s de c la s e , sus p r iv ile g io s

fu n d a m e n ta le s .

i

.

Se d e d ic a r á n a la f i la n t r o p í a en g ra n e s c a la , d e s a r r o lla r á n
u n a c o n s id e ra b le a c c ió n c u lt u r a l,
p r o fe r ir á n b e lla s y s e n tid a s p a la b ra s s o b re los m a le s so c ia le s .... Su a c c ió n s o c ia l s e rá sin m b a r_
go s ie m p re c o n s e rv a d o ra ; su e m o c ió n p u r a m e n te e p id é r m ic a ;
es q u e su in te r é s de cla s e c o n s is te
e n “ no to c a r p a r a n a d a la ca u s a
p o rq u e es e lla la q u e c o n d ic io n a

o r ig in a r ia de los m a le s s o c ia le s , o sea la p ro p ie d a d p r iv a d a ” ,
la h a r t u r a , el c o n fo r t y el p la c e r de la s cla ses a c o m o d a d a s .

P a r e c ie r a
que
con sus
ru id o s o s a la rd e s , fila n tr ó p ic o s a lg u n o s s e ñ o re s m illo n a r io s q u is ie ­
ra n h a c e rs e p e rd o n a r su v e n e ra c ió n a l d io s -o ra en c u y o a l t a r s a c r ific a n a m illo n e s de a s a la ­
ria d o s — m u je re s , h o m b re s y n iñ o s .— U n a v e z p a g a d o ese p e q u e ñ o t r ib u t o , a l s u a v e re c la m o
d e la c o n c ie n c ia ,
los f ilá n tr o p o s
se e n tre g a n a sus a n c h a s a los p r iv ile g io s de su s u e r te , co m o
el h o m b re p ia d o so , q u e v u e lv e a p e c a r con c e n tu p lic a d o s b río s , u n a v e z o b te n id a la a b s o lu c ió n
s a c e rd o ta l d esp u és de c o n fe s a r los p eca d o s c o m e t id o s . ..

&amp;

Id é n tic a a c c ió n ¡social c o n s e rv a d o ra d e s a r r o lla n c ie rto s e le m e n to s de la b u r g u e s ía m e n o r, f i ­
lá n tro p o s en p e q u e ñ a e s c a la . A s í, la d a m a c o m p a s iv a q u e tie n e “ sus p o b re s ” a las q u e p ro v é e p e­
rió d ic a m e n te de a lg ú n d in e ro o ro p a ; o la s e ñ o rita q u e e n s e ñ a a le e r a los o b re ro s . T a n t o los g r a n ­
des filá n tr o p o s , co m o Jos p eq u e ñ o s no h ace n m ás q u e d a r un poco de |o q u e les s o b ra . C o n s id e ra n
la d e s ig u a ld a d e c o n ó m ic a co m o un m a l n e c e s a rio e in e v ita b le , y m itig á n d o lo
un poco se s ie n te n
b ie n h e c h o re s de la s o c ie d a d .

La acción social revolucionaria no puede ser
desarrollada sino por la m asa popular, y en pri­
mer térm ino por la clase trabajadora.
El proletariado soporta un régim en social que
le ofrece com o ún ica seguridad la de no salir
nunca de la estrechez y de la m iseria, y com o
única libertad, ja de m orirse de ham bre. Cuando
la gran parte de la m asa proletaria lo haya com ­
prendido en todo su profundo significado, habrá
llegado el fin de su servidum bre — y desde lue­
go el fin del bandidaje capitalista. La acción so­
cial revolucionaria tien e la m isión de acelerar ese
proceso histórico, y en ella está em peñado hoy lo
m ás responsable de las avanzadas sociales.

M uy difícil e s entre nosotros la acción social de
espíritu revolucionario, y si ello se ex p lica por el
grado m ism o de evolución del país, hay adem ás
otro factor im p o rta n te' que determ inó el hecho.
E se factor es la desnaturalización del im perativo
específico determ inado por su propia existencia,
por parte de nuestro partido. Si un partido so­
cialista no está llam ado a im pulsar y activar la
acción revolucionaria de los trabajadores — y de
los que sim p atizan con su causa, — no concebim os
para qué ex iste. E s su m isión específica, que n in ­
gún otro partido político puede realizar. B ajo el
plácido m urm ullo bernsteniano nos hem os olvida­
do de esa gran verdad. H em os hecho política y la
clase trabajadora argentina, su parte m ás con­

�cíente, sin una directiva revolucionaria, se ha de­
tenido en el m ejor de los casos en un grem ialismo estrecho, cerrado, ex clu siv ista y estéril siem ­
pre.

*

¿Qué hay de extraño pues que a través de tan ­
tos desaciertos y desvíos, tengam os com o triste
balance, un atraso inverosím il en m ateria de a c ­
ción social de la m ujer obrera y de la m ujer de
las capas pobres de la pequeña clase m edia?
Quien haya observado de cerca a obreras de la
fábrica o taller, a em pleadas, a m aestras, o a las
llam adas am as de casa^ quien las haya observado
con criterio socialista, se queda sencillam ente
desconsolado. Parecen figuras estancad as en el
siglo X IX por lo m en os. P sicológicam en te se d is­
tinguen apenas de n u estras bisabuelas, y eso al
lado de su independencia económ ica aparece es­
pecialm ente ridículo, absurdo hasta lo inconcebi­
ble, hasta lo fa n tá s tic o ...
Todos los convencionalism os, idiotas que el co­
loniaje ha m antenido para la m ujer de su tiem po,
siguen dom inando sobre todas las decenas de m i­
llares de m ujeres cuya vida e s com pletam ente d is­
tinta, que participan quieran o no quieran de la
lucha férrea por la existencia, a la que solo esca ­
pan algunas p o ca s.
Cuando se piensa que m ás de sietecien tas m il
m ujeres de nuestro país se bastan a sí m ism as
económ icam ente, desem peñándose en las m ás di­
versas esferas del trabajo, y que de esas sete­
cientas m il m ujeres quizás no alcancen al m illar
las que tengan alguna personalidad, no se puede
m enos de horrorizarse an te el form idable poder
de la costum bre, poder anulador desde luego.

&gt;1=
En pleno Buenos Aires, la prim era ciudad
de América del Sur y que se compara con
orgullo excesivo con las grandes capitales
europeas, la inercia social de sus mujeres
es algo que choca por lo anacrónico. Esa

“resistencia evolutiva del cerebro” de que
habla Ramón y Cajal refiriéndose a la hu­
manidad, tiene su asidero predilecto en el
millón y medio de mujeres que pueblan la
ciudad luz de Latino América, sin contar a
las que viven en todo el territorio argentino.

*

P e ro h a y m á s. N i s iq u ie r a d e n tro del ra d io so­
c ia lis ta se ha p ro d u c id o
una
re n o v a c ió n de la
m e n ta lid a d fe m e n in a .
E n m e d io de los h o g a re s
s o c ia lis ta s ha p esad o y pesa a ú n , s o b re la s m u je ­
res

la

re s is te n c ia

m a s c u lin a

b e rta d

in d iv id u a l,

el

ta n te o

p la c e r

a
de

c o n c e d e rle s
la

la

li­

in ic ia t iv a ,

el

p e rs o n a l p o r n u e v a s r u t a s . . .

E s q u e el p á n ic o p e q u e ñ o b u rg u é s a l “ q u é d i ­
r á n ” t o r t u r a a ú n a l p a d re y a| m a r id o s o c ia lis ta .
Y ese p r e ju ic io lu g a re ñ o p u e d e m á s en su p s ic o lo ­
g ía q u e to d a s la s d e c la ra c io n e s de su p r o g r a m a
p a r t id a r io so b re la ig u a ld a d d e los s e x o s . . .
E l re s u lta d o ? C u á l p u e d e se r s in o el de c a r e n ­
c ia e n tr e n o s o tro s de m u je re s lu c h a d o ra s ? P o rq u e
s e r s o c ia lis ta p re s u p o n e a n te to d o a r r o j a r a un
la d o la m a r a ñ a de p r e ju ic io s
con q u e la r u t in a
nos ha e n re d a d o . C o r t a r la , a ú n d e s g a rrá n d o s e las
c a rn e s , si fu e r a n e c e s a rio , p ero r e c u p e r a r la p e r­
s o n a lid a d , s e n tirs e re s p o n s a b le
y d u e ñ a d e sus
acto s.
E n lu g a r de eso, n u e s tra s m u je re s , las m u je re s
del m e d io s o c ia lis ta to d a v ía s ig u e n la r u t in a co ­
lo n ia l de no s a lir d e
n oche
s in o a c o m p a ñ a d a s ,
co m o la m á s t i m o r a t a y a p o c a d a de n u e s tra s b i­
s a b u e la s en sus añ o s de j u v e n t u d . . . C o m o c u a l­
q u ie r “ m is ia P a n c h it a ” de a n ta ñ o ...
S i las m u je re s s o c ia lis ta s d e la R u s ia a b s o lu ­
t is t a o la s m u je re s s o c ia lis ta s de la E s p a ñ a c a tó ­
lic a h u b ie ra n u sad o de s e m e ja n te s e s c rú p u lo s , ni
la re v o lu c ió n ru s a del 17, ni la re c ie n te e s p a ñ o la
h u b ie ra n e n c o n tra d o en e lla s las a d m ir a b le s c o m ­
p a ñ e ra s de lu c h a , de
te m p le
h e ro ic o
que
han
p re p a r a d o

el t r i u n f o

b u ir á n

d u d a a la v ic to r ia

sin

de la p r im e r a , y

q u e c o n t r i­

p r o le t a r ia

de é s ta .

Com pañero:
Coopere con nosotros, suscríbase llenando el talón adjunto
N om bre...................................................................................................................
Dirección: . . . .....................................................................................................
C iudad ........................................................................ F. C..............................
Giros a nombre de E. RODO, 25 de Mayo 67, Escritorio 54 — BUENOS AIRES

Suscripción a 6 núm eros
99

12

$ 1.—
2 .—
99

�Un i a a J J

a c c i o ru
/

P r o ayuda a las víctimas del terror fascista ,
P ro libertad de L a rg o C aballero ~ Tbaelm ann
y todos los perseguidos p o r la reacción fascista.
A iniciativa de caracterizados antifascistas y con el apoyo de casi toda
la prensa izquierdista, se ha constituido un COMITE PRO LIBERTAD
de Largo Caballero y Thaelman.
Esta justiciera campaña que une a ciudadanos de todos los sectores
en que se divide la opinión antifascista del país, tendrá vastas proporciones
si se da al Comité una dirección que refleje la fuerza real con que cuen­
tan los diversos organismos que a él se adhieran.
El principio y las intenciones nos consta excelentes.
Publicamos continuación el manifiesto redactado por dicho Comité,
firmado ya por miles de obreros, intelectuales, estudiantes y profesionales,
entre los cuales figuran'. Carlos Sánchez Viamonte; Augusto Bunge; Se­
bastián Marotta; Manuel Palcos; Luciano Catalano; Benito Marianetti;
Elias Castelnuovo; Angélica Mendoza; Bartolomé Fuorini; Sixto Pondal
Ríos; Clemente Gutiérrez; Horacio Trejo; Rosa Scheiner; José Gabriel;
Rodolfo Aráoz Alfaro; Luis Koifman y Raúl González Timón.
Una corriente retrógrada amenaza en varios
países abolir las elementales libertades demo­
cráticas y las diversas manifestaciones del in­
telecto. La reacción terrorista se ensaña con
los movimientos obreros y se desconocen los
derechos políticos de los sectores populares de
la sociedad y se persigue y se encarcela a sus
más prestigiosos representantes.
El gran movimiento emprendido en España
para ofrecer una valla a los intentos reaccio­
narios de las corrientes facistas ha sido repri­
mido sangrienta y ferozmente por los legiona­
rios extranjeros y mediante bombardeo de ciu­
dades y de la población civil. Escenas de terror,
de fusilamiento en masa, de violaciones y de­
predaciones. han sido denunciados por el dipu­
tado republicano radical Galarza ante el Pro­
curador Fiscal en abundancia de pruebas. Mi­
les de españoles antifascistas han sido deteni­

dos y jefes de grandes organizaciones tortura­
dos, fusilados o detenidos. Entre estos últimos,
así LARGO CABALLERO, SIMON DIAZ y
GONZALEZ PEÑA, para citar los más des­
tacados, han sido encarcelados.
Millares de familias humildes se encuentran
en una situación afligente que mueve a la so­
lidaridad mundial y despierta los sentimientos
humanitarios en todos los países.
Hechos, como los acontecidos en Alemania,
Austria, España e Italia, contra los represen­
tantes de grandes organizaciones populares, las
afrentas a creaciones de la inteligencia huma­
na, entre ellas la quema de obras científicas y
literarias de renombre mundial, fusilamiento
en masa y sin juicio previo, encarcelamiento de
antifascistas sin la mediación de ningún deli­
to común, persecución de índole racial y reli­
giosa, en fin, el gran paso hacia atrás que para

�la sociedad significa toda la represión de tipo
medioeval, dogmática y fascista, nos mueve a
reclamar la libertad de las víctimas encarcela­
das y a promover un movimiento por encima
de toda diferencia ideológica, en favor de las
libertades conculcadas.
THAELMANN, el jefe de un partido popular
en Alemania, encarcelado por el nazismo, se
ba convertido en la encarnación de todo el mo­
vimiento de oposición en su país y quizás por
eso mismo se pretende prolongar su prisión lle­
vándole a un tribunal especial sobre el cual se
cierne el hacha de los verdugos.
El encarcelamiento de Thaelmann ha susci­
tado en el resto del mnndo la simpatía de todos
los qne lachan en defensa de las elementales
libertades populares.
PAULINA WALLISCH, heroica mujer que
cumplió un deber humanitario en la cruz roja
de los rebeldes austríacos, yace en una prisión
de su país.
GRAMSI, ex diputado italiano, lleva ya va­
rios años de encierro y no son escuchados los
clamores qne se elevan en los países diversos,
ante por el estado precario de su salud.
Persecuciones como la antisemita y como el
fusilamiento del sacerdote católico Klausner en

&amp;

Alemania, muerto sin juicio y después incine­
rado contra sus creencias,, limitaciones que lle­
gan a anular el derecho de reunión y libertades
de prensa y de palabra, son hechos suficiente­
mente alarmantes que nos mueven a unirnos a
la mundial protesta en una gran cruzada por
las libertades democráticas. Unimos nuestra voz
a la de sabios como Prenant, Langevin y LevyBruchl, a la de escritores como Romain Ro
lland, H. Wells, Andró Gide, Henry Barbusse,
Sinclair Lewis, Teodoro Dreisser, Waldo Frank,
Heinrich Mann y tantos otros, de políticos co­
mo Branting y Lord Marley, de juristas como
Jiménez de Azúa, Moro-Giafferi, Ciampini, Vic­
toria Kent y otras pléyades que reclaman en
toda la extensión del mundo la libertad de los
antifascistas y el restablecimiento de los de­
rechos elementales.
Hacemos un caluroso llamado a todas las or­
ganizaciones culturales, científicas, obreras,
estudiantiles, etc., a los trabajadores de la in­
teligencia, a todos los hombres y mujeres de
pensamientos libres, a todo el pueblo antifas­
cista en general, para que aúnen sus esfuerzos
al de este Comité Pro Víctimas del Terror Fas­
cista, ayudando materialmente y ayudando a
encauzar la lucha por su libertad.

�AUTO-CRITICA

DARDO CUNEO

E l O ctuh re

spaño

★

para consolidar la república, se apresura
| NSISTIM OS en ocuparnos nuevamente de mial
a pactar la colaboración con los sectores libe­

la reciente experiencia del proletariado es­
pañol persiguiendo el propósito de ejercer la
autocrítica, a la que suponemos herramienta de
conveniente utilidad para la precisa formación
ideológica de nuestro movimiento. Ausentes
los elementos qúe faciliten el juicio alrededor
de la revolución en su aspecto insurreccional,
será tarea nuestra pasar revista al proceso pre
revolucionario ensayando el examen de la,
conducta que hizo suya el partido socialista.
Confesamos en primer término que no
aceptamos la tesis fundamentada hace dos
años en su libro “Nosotros los marxistas. Lenín contra Marx” por Antonio Ramos Oliveira, quien, hoy, ha abandonado — nos lo revela
así sus últimas publicaciones — muchas de sus
afirmaciones de entonces. De acuerdo a ella,
el socialismo español hallóse en toda oportu­
nidad informado del oportunismo revolucio­
nario que orientara a Lenírfhasta los días de
Octubre y que éste abandonara al fijar los
veintiún puntos de la nueva internacional en
marzo del 19 . Por el contrario, suponemos
nosotros, que el socialismo español marchó en
común con los otros sectores europeos de la
segunda internacional por las rutas de la uto­
pía bernsteiniana, Idéntico contenido ideoló­
gico y paralela función se había asignado, aún
cuando en relación a la social-democracia de
los obreros alemanes hallábase situado más
próximo al marxismo, manteniéndose empe­
ro alejado de él. Su contenido revisionista no
lo niega Largo Caballero, posteriormente a su
conversión, al reconocer que las ilusiones de­
mocráticas habían presidido sus afanes hasta
la colaboración en los bancos azules del gabi­
nete republicano.
La revolución del 14 de abril sorprende al
socialismo español informado en las concep­
ciones revisionistas, siendo propia de sus hom ­
bres la psicología del social-demócrata. El
cambio de régimen que se operaba debía inte­
resar necesariamente' a un marxiste. Cuanto
más, al socialismo reformista español que
apartando las fuerzas de su organización gre­

rales que propugnaban la instauración de ésta.
Hace de su causa la de la república burguesa.
Su republicanismo es sincero. Poco tiempo
después Largo Caballero manifestaba en Gi­
nebra : “Los socialistas no reeditarán el comu­
nismo ruso, sino que darán pruebas de que
para fundir a las clases tradicionales en una
síntesis superior, el nuevo derecho no necesita
ser impuesto por la fuerza, ni en lo que se re­
fiere a las relaciones internas de los ciudada­
nos, ni en lo que se refiere a las relaciones ex­
teriores del Estado. Por lo tanto no quere­
mos oligarquía histórica y menos, dictadura,
sea ésta de derecha o de izquierda. Queremos
la democracia integral, la democratización del
poder”.
Afirma Ramos Oliveira en su libro citado
que la tarea del socialismo consiste en “cami­
nar despacio y aprovechar, si llega el momen­
to, esa hora decisiva en la historia de Un pue­
blo : la hora que dejaron pasar los socialistas
italianos, la hora que van a dejar pasar los
socialistas alemanes, la hora que captó Lenín
en Rusia”. Debió haberse interrogado Ramos
Oliveira si esa hora no había pasado en I932
asimismo para el proletariado español. Supo­
nemos que sí. Otra debió ser por consecuen­
cia la posición socialista frente a la república
burguesa que se inauguraba. Se vivía un pro­
ceso revolucionario que los mismos socialistas
se interesaron en clausurar persiguiendo 1 la
consolidación del régimen burgués. Existían
condiciones objetivas que ante la incapacidad
generada en la ausencia de condiciones subje­
tivas no pudieron ser aprovechadas. ¿Cual
debió haber sido la conducta observada por el
socialismo en esa hora? “La república estaba
en la calle” afirmaba “El Socialista” en los
días de abril del 30. Pues bien, recoger la re­
pública burguesa para el socialismo con el fin
de completar la revolución orientándola hacia
la dictadura del proletariado. Después de ha­
ber logrado la primer etapa intensificar la lu­
cha directa por el socialismo, aconseja Lenín
en las “Dos tácticas”. Admite Ramos Oliveira

�la similitud del primer período de la revolu­
ción rusa con el cambio de régimen del 14 de
abril. Media, a pesar, una diferencia de con­
siderable importancia. Rusia participaba en la
guerra. España no, y este hecho es genera­
dor de condiciones objetivas, necesarias. Mas
la caída estrepitosa del régimen había creado
a éstas. Pero el socialismo español no reedita
el ejemplo ruso. Detiénese en la república
burguesa. Hizo estación terminal lo que debió
haber sido una etapa', la primera. No podía
ser de otra manera. No estaba preparado
para otros destinos.
La colaboración en la hora de la conspira­
ción victoriosa se prolonga en el gobierno.
Durante ese período la Unión General de Tra­
bajadores engrosa sus contingentes, no por
•consultar el espíritu revolucionario de la cla­
se trabajadora española, sino por ser los ór­
ganos sindicales que cuentan con el apoyo del
gobierno republicano. De esa manera llegan
a sus filas elementos heterogéneos en procura
de conservar o proveerse de ocupaciones. Re­
cordemos Casas Viejas. Llegan los días en
que los ministros socialistas son forzados a
abandonar el gabinete de coalición. La vista
dirigida hacia Alemania presencia la caída de
la democracia de Weimar y la deserción del
socialismo reformista. El 21 de mayo de 1932
“‘El Socialista” afirmaba: ‘E‘l mundo anun­
cia, en su actual drama terrible, la muerte de
la libertad. Está muerta, de cuerpo presente,
en Italia, Hungría y Rusia. Y bien. Si no hay
posibilidades de que los hombres tuerzan la
inexorable sentencia del destino, si es fatal
que en España se produzca ese sacrificio —■ y
en tanto no sea posible conservar la esperanza
contraria — si es fatal, repetimos, nuestra pa­
labra está dicha: Dictadura por dictadura, la
nuestra. . .”
El revisionismo hacía una concesión a la
realidad a la que no reconocía sino como un
hecho fatal. Nuevas rutas empero para el pro­
letariado español y a medida que los días co­
rren. y abundan nuevos ejemplos españoles e
internacionales, se fija con mayor precisión el
concepto revolucionario informado de un sen­

tido marxista. En las masas elaborábase la
mística de la revolución y en un proceso ace- •
lerado e inteligente improvisación créanse las
condiciones subjetivas y tiéndese a provocar
a las objectivas. La proclama de “Todo el
poder para los socialistas” reedita la consigna
bolchevique de “Todo el poder para los So­
viets” . La unidad de acción del proletariado
es concertada a través de las Alianzas Obre­
ras que como órganos de la revolución tien­
den a suplir ¡a los soviets. La preparación re­
volucionaria. se efectúa con idéntica facilidad
con que desarrollaron sus actividades insu­
rreccionales los bolcheviques en los meses an­
teriores a Octubre. Las juventudes socialis­
tas constituyen milicias. El proletariado ocupa
la ofensiva, pues, advierte que ella es la po­
sición del triunfo y el ataque la anticipación
de la victoria. La revolución tiene su progra­
ma. Lo integran doce púneos fijados de acuer­
do a las realidades españolas y a la línea mar­
xista. Reducida minoría los comunistas, y sin
la participación decidida de los anarquistas,
los socialistas tiene a su cargo el ejercicio de
la dirección del movimiento. En esas condi­
ciones permanece el proletariado al acecho de
la oportunidad. Se aproxima octubre y la as­
tucia de la burguesía española provoca el al­
zamiento situando al proletariado en la defen­
siva ocasional. Alzamiento, combates en Astu­
rias y tiroteos en Madrid. Toma de ciudades
y entorpecimiento de la acción proletaria de
parte de los sectores liberales y de la anárqui­
ca actitud de la Generalidad. Heroísmo y de­
rrota circunstancial. La revolución no se de­
tiene.
La conducta durante la jornada insurrec­
cional no podrá ser examinada sin los elemen­
tos de que aún hoy carecemos. Mas, nos adelan
tamos en el sentido de afirmar que faltó pre­
cisión en la ejecución del plan en reconocer
deficiente su técnica y en asignar una parte de
la responsabilidad de la derrota a la actitud
observada con los socialistas revisionistas que
mientras los mineros de Asturias se batían,
aceptaban homenajes de las instituciones del
régimen.

�B* S U D A

NOTAS INTERNACIONALES
☆
"Derrotas" de ejércitos rojos en la China
De Shanghai llegan periódicam ente telegram as
que anuncian supuestas derrotas de los ejércitos
rojos. Según los despachos, se trataría de seve­
ros reveses que habrían sufrido las tropas com u­
nistas en extensas regiones de Fukien y Yünan.
La verdad aproxim ada sobre estas “derrotas”
es la siguiente. D espués que Eugenio Chen, uno
de los políticos de la izquierda del K uom intang
(¡Partido N acional) se había levantado a com ien­
zos del presente año contra las autoridades de
N ankin y proclam ó en Fukien una “república so­
cialista”, creyeron los generales de las regiones
sovietizadas qu e había llegado el m om ento de
forzar la salida hacia el Pacífico. Todo el verano
se había caracterizado, efectivam ente, por un en ­
sanche de influencia com unista que llegaba por
m om entos hasta las m ism as m urallas del puerto
de F ukien. A llí tropezaron con la concentración
de las flotas im perialistas, so pretexto de que de­
bían proteger a los connacionales, aun cuando
los extranjeros radicados en Fukien no pasan de
un centenar.
Ya se sabe lo que es eso de la protección de los
connacionales. Se trata de evitar en primer lugar
que las repúblicas soviéticas chinas tom en pié
en la costa y rompan el em botellam iento en que
se hallan ahora.
M ientras los distritos sovietizados de Fukien y
Shansi-C hekiang no puedan establecer un contac­
to directo con el exterior, será su situación siem ­
pre precaria. En varias oportunidades han efec­
tuado los ejércitos cam pesinos intentos de con­
quistar Fuchow, Swatow, Fukien 0 alguno de los

puertos menores, pero hasta ahora resultaron Iosesfuerzos estériles; m ás por las flotas británicas,,
niponas y norteam ericanas que por los ejército?:
de Chiang K ai.shek.
Por lo general se extiende el m ovim iento revo­
lucionario durante los m eses de verano y se re­
trae en los de invierno.
D espués de las tres grandes cam pakas que
contra los áreas sovietizados dirigió Chiang K aishek— una de ellas personalm ente — se encon­
traba la acción anticom unista a cargo del ejér­
cito 19o., que se. había batido en Shanghai y que
fué m ás tarde la base del m ovim iento antinan.
kinista, encabezado por Eugenio Chen.
La caída de N ang-sha, capital de una de las
regiones sovietizadas, es el resultado m ás visible
de la cam paña contra los ejércitos cam pesinos.
Pero N han g-sh a fué siem pre un punto m uy vu l­
nerable de la revolución. Se halla en una planicie
de fácil acceso y había caído con anterioridad dos
o tres veces en m anos de fuerzas nankinistas.
N ada de extraño sería, pues, que la próxim a pri­
m avera m arcara una nueva reconquista del m en­
cionado punto por los ejércitos rojos.
La revolución de los obreros y cam pesinos chi­
nos podrá tener esos altibajos en las cam pañas
m ilitares; pero eso no quita que el régim en se
afianza y que en la actualidad controla los desti­
nos de noventa m illones de habitantes, ensan­
chándose cada vez m ás hacia Sze-tchuan y K uantungt A la larga hay en la China una sola solu­
ción: la creación de la gran República S ocialista
de los Soviets.

★

Nueva influencia en los EE. UU.
Los adm iradores de la N R A estadounidense,
tendrán otro m otivo nuevo para regocijarse. D en­
tro de breves días se entablará una lucha abierta
entre inflacionistas directos e indirectos. Entre los
primeros se hallan los funcionarios del D eparta­
mento del Tesoro y del Banco Federal de R eser­
vas. La opinión parlam entaria está dividida en
dos m itades muy equilibradas, pero el solo anun­
cio de los debates ya se refleja en la oscilación
del dólar.

H abrá pues un nuevo intento de sanear la eco­
nom ía nacional yankee con el fictivo recurso de
1 adesvalorización de la moneda. Como es natural,,
recibirán las relaciones económ icas internaciona­
les una nueva sacudida. N o faltarán de inm edia­
to las represalias en los otros países y la conse­
cuencia final será: m enos intercam bio, m enos
trabajo y salarios m ás m iserables.
B ellezas de la Econom ía D ir ig id a .... dirigida
por explotadores y buitres de la s altas finanzas!

�ESPERANZAS
B U R G U E S IA

DE

LA

Con motivo de la iniciación de
otro año se han vuelto a reeditar
las consabidas tiradas de la pren­
sa burguesa sobre las probables
perspectivas de 1935. N atural­
mente encuentran los defensores
de la presente organización so­
cial C;ue ¡por fin! se ha tocado
el fondo de la trem enda depre­
sión, y que de aquí en adelante
encarrilará el sistem a capitalista
de producción nuevam ente por
los rieles de la prosperidad.
Hace m uchos años que con ca­
da primero de Enero se repiten
entre los econom istas de la bur­
guesía idénticas convicciones so­
bre el supuesto fin de la crisis;
apenas term ina uno, em piezan a
bucear en las estadísticas a la
pesca de algún indicio de la de­
seada reacción. Ahora creen h a ­
berlo encontrado en una ligera
mejora de las cifras de la pro­
ducción y una cierta dism inución
del número de los desocupados.
La burguesía tiene pues sus es­
peranzas.
L A R A Z O N D E C IE R T O S A U ­
M E N T O S E N L A S E S T A D IS ­
T IC A S
N a d ie p uede n e g a r q u e h a y d e ­
te r m in a d a s m o d ific a c io n e s e n las
e s ta d ís tic a s . E n A le m a n ia se ha
d u p lic a d o la p ro d u cc ió n del h ie ­
r r o y a u m e n ta ro n los
r e n d im ie n ­
to s in d u s tria le s del 1. G . F a rb e n
T r u s t . T a m b ié n d is m in u y e ro n en
c o n s id e ra b le n ú m e ro los q u e v i ­
ve n del m is e ra b le su b sid io a los
desocupados. E s to s d ato s h a n de
s e r b a s ta n te e x a c to s ; n osotros no
lo s ponem os en d u d a .
Sólo nos
p e r m itim o s
a g re g a rle s Itfna p e ­
q u e ñ a a c la ra c ió n : en la in d u s tria
s id e r ú r g ic a se t r a b a ja
p a ra t e ­
n e r el n ece sa rio
ac ero con qué
a m e t r a lla r a los
p ro le ta rio s
de
a lle n d e las fro n te ra s , y en el “ I.
G . F .” se p re p a ra la g u e rra q u í­
m ic a , a co n secu en cia de la c u a l
tos pueblos
se rá n
e x te rm in a d o s
com o ra ta s .
P o r lo que se re fie re a la m e ­
n o r c a n tid a d de g e n te q u e re c ib e
e l seguro a la deso cup ació n , nos
im a g in a m o s fá c ilm e n te lo que h a ­
b rá pasado a c e n te n a re s de m ile s
de o brero s ju d ío s ,
s o c ia lis ta s o
c o m u n is ta s q u e después del t r i u n ­
fo de H i t l e r se p re s e n ta ro n a las
v e n ta n illa s , en que la b e s tia p a r ­
d a a d m in is tra b a el segu ro so cial
c o n tra el paro.

P E R O H A Y T A M B IE N
SEPULTUREROS

O TROS

V e n d r á la g ig a n te s c a h e c a to m ­
be, con sus m illo n e s de m u e rto s
y con el in c o n m e n s u ra b le h a m b re
de la clase
o b re ra .
P e ro ju n to
con e lla v e n d rá u n a cosa que en
1918 se h a b ía d e ja d o sin a p r o v e ­
c h a r. V e n d rá la
d e b ilita c ió n del
a p a r a to o preso r, q u e en fo r m a de
e jé rc ito , p o lic ía , ju s tic ia v b u r o ­
c ra c ia usa la clase d o m in a n te en
d esm ed ro de
los
o p rim id o s . Y
cu an d o se p re s e n te el d ía en que
los p ro le ta rio s se cansen o tra v e z
del fa n g o en las tr in c h e ra s , h a b rá
p o r e l m u n d o m illo n e s de s e p u l­
tu re ro s que con el fu s il a l h o m ­
b ro y con la c o c a rd a ro ja en la
g o rra se e n c a rg a rá n de h a c e r a l ­
go m ás a u e u n a C o n s titu c ió n de
W e im a r o R e p ú b lic a s d e m o c r á ti­
cas. E n 1918 se escuchó a los q u e
a b ría n cauces “ de o rd e n " a la i n ­
d ig n a c ió n de la m asa tr a b a ja d o r a
q u e se d e s a n g ra b a en los cam p os
de b a ta lla . N o es m u y
p ro b a b le
que p uedan H acerlo o tr a v e z. Y
si, no o b s ta n te , h u b ie ra q u ie n lo
in te n ta r a , p uede se r q u e el p ro ­
le ta r ia d o en a rm a s a ju s ta r á c u e n ­
ta s p o r p a rtid a doble.

0
EL VALO R DE
ESPERANZAS

LAS

DOS

A m bas ilusiones se com ple­
m entan. ¿Qué sería de la bur­
guesía si hubiere de rendirse a
la evidencia de que su m isión ha
term inado? ¿Qué sería de los
candorosos m encheviquis si hu­
bieren de convencerse que el
mundo capitalista se derrumba y
que entram os en un período de
violentas convulsiones? La prim e­
ra vive de la esperanza de que
se pueda encontrar algún parche
para las resquebrajaduras; y los
otros piensan con horror en la
posibilidad de que un caos eco­
nóm ico aún m ayor pueda dar al
traste con los últim os restos de
una dem ocracia falsificada. E n el
balance de am bas esperanzas la
ventaja está evidentem ente de
parte de la burguesía; ella tiene
la salida del fascism o, m ientras
que los reform istas no tienen
m ás rem edio que fabricar m ule­
tas al sistem a explotador de hoy.
Salvo, que de intrépidos bernsteinianos lleguen a tím idos fa scis­
tas; tal, por ejem plo, como el
dignísim o m inistro socialdem ócrata Severing a quien le parece
lo m ás natural que la m asa obre­
ra sarrense vote por H itler y se
reintegre al Tercer R eich.

LOS S E P U L T U R E R O S D E L
P R O L E T A R IA D O C A V A N
FOSAS

Todos los E stados capitalistas
del mundo, pero con especialidad
los de Europa, se han em barca­
do en una carrera alocada de
arm am entism o. Tam bién h a re­
sucitado la era de los tratados
secretos, con vista evidente h a ­
cia la inevitable guerra.
A dem ás de las arm as, de los
gases y de las bacterias, se pro­
veen las potencias tam bién apre­
suradam ente de otros artículos,
que en apariencia son m enos
ofensivos, pero en cuya precipita­
da adquisición se nota por igual
la inm inencia de la gran ca tá s­
trofe. Checoeslovaquia, Italia, P o ­
lonia, Francia están haciendo
alarm antes adquisiciones de con­
servas en el Canadá y nuestro
país; lo m ism o hace el Japón.
Por otra parte tratan de colocar­
se todos en la m ayor independen­
cia posible del extranjero. M ussolini dió la definición clara al
decir que en caso de guerra el
trigo plantado en el país tenía
tanta im portancia como los pro­
yectiles de las arm as m ortífe­
ras.
N o puede haber dudas sobre el
resultado de estos trágicos absur­
dos que m ueven los gobiernos
capitalistas del mundo entero.
Cada una de sus acciones condu­
ce en definitiva a un solo fin: el
estallido de una m asacre de pue­
blos aún m ayor de la que se des­
encadenó en 1914.
•
LAS ESPER A N ZA S
R E F O R M IS M O

DEL

T a m b ié n
el
re fo rm is m o tie n e
sus e s p e ra n za s . Y , hecho cu rio s o ,
e lla s a r ra n c a n del m is m o m o t iv
q u e los de la
b u rg u e s ía . E l
“ D a ily H e r a ld ” , v o c e ro del la b o ­
ris m o b ritá n ic o , c o n s ta ta con s a ­
tis fa c c ió n q u e “ se ha p asa d o lo
p eo r” y q ue la
e c o n o m ía m u n ­
d ia l tie n d e a sa n e arse . E l n o m b re
del “ D a ily H e r a ld ” p o d ría e s ta r,
com o es n a tu r a l,
s u s titu id o p o r
c u a lq u ie r a de los o¡tros ó rg a n o s
que en el m u n d o a g ita n con c a n ­
d orosa fe la b a n d e rita de la so ­
c ia l - d e m o c ra c ia . .¿ N o h a y t a m ­
b ién e n tre n osotros g e n te q u e e s ­
c u d riñ a a n s io s a m e n te el c ie lo i n ­
te r n a c io n a l y los m a m o tre to s de
las e s ta d ís tic a s o fic ia le s p a ra r e ­
g o c ija rs e q u e e¡n A le m a n ia h a y
m enos
desocupados,
q u e en los
E s ta d o s U n id o s t r a b a ja m e jo r la
in d u s tria
m e ta lú r g ic a y
q u e el
Ja p ó n ha a u m e n ta d o sus e x p o r ­
tac io n e s ?

�Las medidas de opresión del Estado bur­
gués se han acentuado extraordinariamen­
te en nuestro país. La clase trabajadora or­
ganizada, especialmente en su sector revo­
lucionario, sufre en la actualidad una perse­
cución sistemática de tal magnitud, que de­
beríamos remontarnos a los primeros años
de la agitación socialista para encontrar un
período semejante.
Vivimos en los hechos bajo un constante
estado de sitio. Para el obrero que lucha por
conseguir una mejora en sus condiciones de
trabajo, para el estudiante o el profesional
que hace causa común con estas reinvidicaciones proletarias, no existe bajo el gobier­
no del General Justo, ni una sola de las ga­
rantías individuales proclamadas por la
Constitución liberal del 53.
Todo sindicato que dé muestras de acti­
vidad en la defensa de sus intereses y que
llegue hasta declarar unahuelga para miti­
gar la explotación patronal que la crisis y
la desocupación favorecen, es inmediata­
mente puesto en la ilegalidad por la policía,
que clausura sus locales, encarcela y tortu­
ra a sus dirigentes, prohíbe las asambleas
gremiales y fomenta en cambio las reunio­
nes ficticias de supuestos sindicatos forma­
dos y alimentados por los patrones, que­
brando el movimiento hulguista. La justi­
cia burguesa colabora en estos procedi­
mientos, dando curso a los procesos pOr su­
puesta asociación ilícita contra los organis­
mos obreros que se destacan por su firme­
za, y ya por imperio de decretos judiciales
decenas de dirigentes obreros son encerra­
dos en la Cárcel de Villa Devoto, durante
el transcurso de una causa que suele durar
uno, dos y hasta tres años. Si a la postre
son absueltos, la absolución de nada sirve
puesto que han estado detenidos durante un
tiempo mayor que el de la condena que hu­
biera recaído. Tal es el caso de los miem­
bros de la Unión Chauffeurs.
La monstruosa ley de residencia, cuya
aplicación diaria se preocupa de hacer el
gobierno, ha sido convertida, por imperio de
una jurisprudencia cómplice, en la “suma del
Poder público” otorgada al Jefe de Policía y
a sus secuaces. Obreros con treinta años de
labor en el país y sin otros antecedentes que
los que la propia policía ha urdido, son de­
portados a países fascistas de Europa, en
violación de los más elementales derechos
de asilo que consagra la legislación de todos
los pueblos civilizados; o permanecen, sin

PRISIONES, DEPORTACIONES

LA REPRESION OBRERA
proceso ni acusación, años enteros presos
porque su documentación no es bastante
perfecta para que las cárceles fascistas de
Italia, Yugoeslavia o Polonia se dignen
abrirse para ellos.
La prensa burguesa ro­
dea todos estos atentados
de un muro de silencio. En
parte por propio interés de
clase, en parte porque la
policía ejerce en los hechos
funciones de censora.
Tal es el cuadro en que
sedesenvuelve la clase obre­

para nada influyen en la uniformidad con
que todos ellos aplauden y alientan la re­
presión obrera y la violación de todas las
más cacareadas garantías constitucionales.
Podemos decir sin temor a exagerar que
para la clase trabajadora, el tránsito del Es­
tado democrático al fascista ha sido recorri­
do en su mayor parte por el conglomerado
de generales, ex-socialistas y terratenientes
que están en la Casa Rosada.
Frente a todo esto, cuáles son las direc­
tivas que dan los orientadores oficiales dél
? Cuál la función que desempeña la
prensa oficial del partido? Cuál la tarea

ra organizada en nuestro país. Y las pers­
que realiza el bloque parlamentario ?
pectivas para el futuro no son mejores.
Frente a la actividad ilegal de la enorme
Podrá el gobierno estarse acercando a los
máquina del estado que se mueve para aplasdirigentes del radicalismo y enfriándose un RODOLFO *ar a 1® dase trabajadora, las organizaciotanto de los de la concordancia. Estas lige­ A R A 0 Z nes dirigentes del partido no han tomado
ras escaramuzas de los sectores burgueses A LFARO una s°la resolución ni organizado un solo

acto de agitación o de protesta. Recién
ahora, tardíamente y a requerimiento dé los
centros, la Federación de la Capital anuncia
algunos actos públicos en ruero. La pren­
sa oficial socialista ha informado sobre los
sucesos con menos extensión y se ha ma­
nifestado con menos vigor que cualquiera
de los periódicos de la llamada “prensa ama­
rilla”. El bloque parlamentario no ha toma­
do una sola iniciativa a pesar de que en sus
comisiones dormita un pedido de investiga­
ción por las tropelías policiales.
¡Qué distinta actitud, de la de aquellos
tiempos en que los dirigentes socialista en­
cabezaban, empuñando la bandera roja, las
manifestaciones proletarias que terminaban
a menudo bajo el sable del escuadrón! ¡Qué
distinto, de la época del Coronel Falcón en
que se masacraba obreros, y de la promul­
gación de la ley de residencia!
Y eso que entre los sindicatos más perse­
guidos militan afiliados del partido, ocu­
pando cargos de importancia en la dirección.
La Comisión Administrativa del Sindicato
de Obreros Pintores ha sido detenida en
pleno; lo fué también el comité de huelga
dél Sindicato Metalúrgico; el Sindicato Uni­
tario de la Madera no puede instalar una
sola filial en ningún barrio de la Capital,
porque la Jefatura de Policía se lo prohí­
be. Solo le tolera, como condescendencia ex­
trema, la sede de la calle Parral, donde está
instalado a todas horas un agente de inves­
tigaciones que no permite la permanencia
de más de tres personas en el interior, lo
que imposibilita toda reunión de la Comisión
Administrativa y el funcionamiento de la
bolsa de trabajo. Uno de los miembros del
sindicato, el obrero Jalfin fué detenido en el
propio local por el delito de querer enviar
una nota al bloque Socialista haciéndole sa­
ber que se prohibía la realización de una
reunión efectuada por consejo de un parla­
mentario del partido. El obrero Jalfin lleva
ya más de un mes detenido por supuesta
‘portación de armas”, y el mismo camino
han seguido numerosos miembros de la
Unión Ferroviaria.
Se calcula en unos 200 los actuales dete­
nidos por orden de la Sección Especial: ob­
reros, estudiantes, intelectuales de izquier­
da.
El obrero Bazanta fué deportado en an­
gustioso estado de salud ocasionado por ia
huelga dehambre. Según denuncias perfec­
tamente documentadas todos los detenidos
Continúa en la pág. 32

�POLEMICA DOCTRINARIA

DOS CARTAS
L a s c a rta s de p o lé m ic a d o c tr in a r ia , donde se a n a liz a n p ro b le m a s q u e a ta ñ e n a la e m a n c ip a c ió n
del p ro le ta ria d o d e ja n de p e rte n e c e r a l q u e las e s c rib ió en el m o m e n to en q u e son re m itid a s . I n t e ­
re sa n a la c o le c tiv id a d . H a s ta el m ás d e s c o lo rid o p a r tid a r io de la C o n s titu c ió n de W e im a r , a c e p ­
t a r á sin o b je ta r e s ta e x p ro p ia c ió n de un bien p r iv a d o “ p a ra uso p ú b lic o ”.
Es p o r eso que la co m is ió n re d a c to ra de Iz q u ie r d a h a re s u e lto , p o r u n a n im id a d , p u b lic a r la c a r ­
t a e n v ia d a p o r el d ip u ta d o M a n u e l P a la c in a n u e s tro c o m p a ñ e ro M a r ia n e t t i a p e s a r de los e s c rú ­
pulos de éste y de la in e x p lic a b le n e g a tiv a de a q u é l a q u e se la d ie ra a co n ocer. Y d ecim o s in e x p li­
c a b le , p o rq u e no c o m p re n d e m o s com o el d ip u ta d o P a la c in puede re s e rv a r p a ra un sólo c o rre s p o n s a l,
u n a ex p o s ic ió n en la q u e p re te n d e r e b a t ir te ó ric a m e n te la o rie n ta c ió n de un e x te n s o s e c to r de la
o p in ió n s o c ia lis ta .
M á x im e c u an d o es ló g ico s u p o n e r q u e las id e a s fu n d a m e n ta le s q u e in fo rm a n su tr a b a jo s o e s ­
tu d io han de s e r s e g u ra m e n te tr a n s c r ip ta s p o r él e n a lg u n a o tra p u b lic a c ió n .
N o s h u b ie ra p a re c id o m enos leal p u b lic a r ta n sólo la re s p u e s ta de n u e s tro c a m a ra d a M a r ia n e t t i,
im p id ie n d o al le c to r s o c ia lis ta el c o te jo de a m b a s expo sicio n es, fo r m a in d is p e n s a b le p a ra q u e p u e d a
s a c a r su p ro p io c r ite r io .

Carta del diputado M anuel Palacin
BU E N O S AIR ES, diciem bre 16 de 1934. — D oc­
tor Benito M arianetti, — M endoza. — Estim ado
com pañero: H ace algunos dias he recibido dos
nuevos libros suyos, “doctrinarios” com o todo lo
que sale de su plum a desde el año 1932 hasta la
fech a. Como soy un hom bre que por sobre todas
las doctrinas cultivo la de la lealtad, frente a
am igos y adversarios, quiero aprovechar esta oca.
sión para aclarar definitivam ente mi posición —
no “postura”, térm ino que a mi juicio Ud. em plea
con bastante im propiedad — socialista y^am istosa,
frente a Ud. P ara comenzar, le recordaré que
guardé discreto silencio frente a su libro ‘‘La con­
quista del poder”, que tuvo la gentileza de enviar­
me oportunam ente, y que aproveché la ocasión de
un viaje a ésa para expresarle de viva voz mi pa­
recer: E se libro no era otra cosa qúe la edición
a cargo de un socialista de M endoza de pensa­
m ientos m ás o m enos originales de la literatura
com unista, tal com o se pueden obtener en los li­
bros que editan algunas bibliotecas españolas a
base de traduciones en m uchos casos anónim as.
Libro de una gran ingenuidad, por otra parte, por
cuanto m ás sirve para prevenir al adversario, en
caso de existir un sincero propósito de poner en
práctica sus “doctrinas”, que para “adoctrinar” a
socialistas. En ese libro, ya Vd. tom aba como
grandes teóricos del socialism o a una serie de
oscuros autores de diversas tendencias (com unis­
tas, sindicalistas, etc.) algunos a sueldo, m ientras
trataba en form a realm ente soberbia a hom bres
como K autsky y se las arreglaba com o podía para
ser considerado con Justo. E s claro! D espués que
Lenín llam ó “renegado” a K autsky, y sobre todo,
después que ese gran artífice de la reclam e y co­
laborador de publicaciones burguesas que se lla ­
ma o hace llam ar León Trotzky, para hacerse gra­
to a Lenín. lo llam ó “perro” cualquiera de nos­
otros, m odestos socialistas del m ás m odesto lugar
de Sudam érica podem os treparnos al alam brado y
-considerar a Kautsky... ; discípulo de Bernstein!

Yo creí que ese libro suyo sería un pecado de ju­
ventud; pero parece que me equivoqué.
¿Por qué yo m e hice ese juicio de aquel su li­
bro? Mi estim ado doctor: Pertenezco a un grupo
de hom bres que lleva m uchos años (Ud. habla de
15, yo he pasado de los 20) en el m ovim iento so­
cialista. E ntré a él por la puerta grem ial. He
sido obrero m anual. Me incorporé a su acción
cultural y económ ica. Quiero con esto decir que
conozco este m ovim iento bajo sus varios aspectos.
En esos 20 y tantos años de acción, hem os leído y
subrayado ai rojo a Marx, a E ngels, a D eville, a
Jaurés, a L afargue; hem os leído a K autsky, a
B ernstein, a Turati, a Iglesias; conocem os algo de
Axelrod, de Piejanov. de Trolestra, de Vandervelde, De Brouckere y Guesde, a sí com o de Lafargue.
H em os leído a autores que tam bién he visto con
asom bro que hay “m aestros” socialistas que cali­
fican de “grandes teóricos” com o G rave y Stirner,
e infinidad de autores y autorcillos de todas las
tendencias conocidas dentro del m ovim iento obre­
ro. Conocem os un poco a B akunin y a los anar­
q u istas. Sin em bargo, nunca hem os querido ser,
a nuestra vez, grandes teóricos, y hem os soportado
con paciencia solo com parable a Job las tiradas
“doctrinarias” de m ocitos com o Sierra, que luego
fueron a parar donde Ud. sabe bien, y de muchos
otros. En una palabra, nos g u sta m ás aprender
que enseñar, sobre todo si nos percatam os de lo
m ucho que no sabem os aún.
Quien estas líneas ile escribe, perm ítam e que le
diga con toda m odestia pero con toda verdad, se
ha dado la pena, que no es poca, de hacerse de
los instrum entos necesarios para conocer directa­
m ente el pensam iento y la acción de los socialis­
tas de los países m ás evolucionados del mundo.
H a seguido con interés, durante años, la acción
de los socialistas alem anes, a través de sus órga­
nos oficiales, ingleses, am ericanos, franceses y
checos, adem ás de los italianos y españoles. Y han
caído en sus m anos innúm eras publicaciones ins­

�piradas por M oscú, editadas en esos países. P ues
bien! En estas publicaciones es donde yo pude
conocer, no la traducción de los pensam ientos que
inspiran su interpretación de las teorías socialis­
tas, sino los originales de esos pensam ientos. Y yo
le digo ahora a Ud: lo que Ud. escribe es lo que
escriben y m andan escribir en M oscú para pene­
trar el m ovim iento socialista m undial! N o son
ustedes s o c ia lis ta s in tré p id o s , sin o c o m u n is ta s t í ­
m id os. Y esta es una posición m ental que yo
no
puedo soportar para m í. Si yo no fuera socialis­
ta, sería com unista.
Las “doctrinas” que inspiran sus libros, abu­
san del térm ino “socialism o científico”, que sue­
len escribir con m ayúsculas; pero se resuelven
en un mar de frases, jam ás exhiben una estadís­
tica, nunca operan sobre hechos, como no sea pa­
ra clasificarlos o definirlos “doctrinariam ente” .
No hay nada m ás anticien tífico. Si negaran la
ciencia en la historia, entonces estarían bien, pro­
clam ando que lo que opera en ella es la fuerza.
¿Qué otra cosa es la “doctrina” de la “conquista
del poder” (interpretada a través del “leninism o”,
interpretado a su v ez por los exégetas del leni­
nism o y vertida al español por algún miem bro
a sueldo del Instituto M arx-Lenín? ¿Qué quiere
decir en ciencia “m aterialism o histórico” ? En
ciencia no hay m aterialism o ni idealism o; esos
son térm inos escolásticos. Todo ese “socialism o
científico” se reduce a fórm ulas verbales: “bur­
guesía”, “pequeña burguesía”, “capitalism o im pe­
rialista”, “capital financiero”, “pequeño-burgués”,
“capitalism o m onopolista” . Y com o esta ciencia
necesita, para adornarse, de cierto “snobism o”,
está siem pre a la espera de nuevas “doctrinas”
que le den razón de ser. A sí, por ejem plo, que el
señor M ussolini bautizará de “fascism o” a su vul­
gar dictadura, fu é todo una “trouvaille” para los
adoctrinantes de M oscú: H e ahí la bestia del
A pocalipsis prevista por M arx para veinticuatro
horas antes de la revolución social. ¡M uchachos,
contra el fascism o, contra la guerra, contra el
im perialism o, contra la m entalidad “pequeño-burguesa”, c o n tr a ...! Y, cosa curiosa! A sí com o por
una aberración de la historia habría de haber sido
el país m enos capitalista de la tierra el que re­
matara antes que otro alguno, las etapas “cientí­
ficam ente previstas” por la “doctrina” — Rusia,i—
así hubo de ser el pueblo sem i analfabeto, cuasi
agrícola, m enos financiero, m enos trustificado —
Italia —• donde apareció y triunfó esa etapa fatal
—el fascism o — de la evolución capitalista! E n ­
tre tanto, Inglaterra, el país del capitalism o típico
de Marx, y E stados U nidos, el p aís tipo de las
grandes com binaciones de capital, son aún... libe­
rales! ¡Ah, e&lt;s cierto que R oosevelt aplicó ya la
“economía dirigida”, tam bién prevista por "la
doctrina”! . . .
Mi estim ado am igo M arianetti. Si yo no estu ­
viera tan cansado de oír estas doctrinas de labios
que invariablem ente afirm an que todo esto lo di­
jo “Carlomars y Federico E n gel”, así, “ C a rlo m a r s
y Fed erico E n g e l” , cosas son estas de refocilarse.
Pero, ¿dónde dijo eso “Carlom ars y Federico E ngel”? ¿Dónde, en qué libro ha desarrollado M arx
la “doctrina” de la “dictadura del proletariado”
— que sería la versión original de “la conquista
del poder”? •— H e leído y releído “E l C apital”,
"Crítica de la econom ía política”, : :M iseria de la
filosofía”, etc., etc. En esos libros, especialm ente
científicos los primeros, no está . En ellos se ana­
liza la econom ía capitalista. N o sé que M arx ha­
ya escrito nada donde diga cóm o será la sociedad
futura, — cosa que Ud. hace en su librito "De la
municipalidad a la com una”. C ientíficam ente, no
se puede escribir eso, pues la ciencia, que puede
trazar, como las trazó Marx, las leyes de la evo­

lución de un sistem a social dado, sabe m uy bien:
que si ese proceso fuera interrum pido por una
causa externa, se m alogra ese proceso. La ciencia
puede calcular el desarrollo o evolución de un or­
ganism o o planta pero sabe que si se dá m uerte a
ese organism o o se hacha esa planta, no habrá ta l
proceso. E sto es lo que parece ignorar la ‘doctrina’
com unista. N o hay nada fatal. Todo se puede in­
terrum pir y desviar. Yo me he preguntado m ás
de una vez si el “fascism o” no ha sido una con­
secuencia de la doctrina de la fuerza, cuya gloria
cabe a los com unistas rusos, y si ese fenóm eno nc
ha sido una interrupción, no fatal, del proceso
dem ocrático de preguerra. Donde entra a jugar
la fuerza, la ciencia no tiene nada que hacer en
m ateria histórica, y m ás me parece una hipocre­
sía que una necesidad el m eterla de por m edio.
El sistem a capitalista de producción no es una
fatalidad hum ana. La hum anidad pudo vivir sin
él com o ha continuado viviendo donde él no sur­
gió o sé desarrolló. Su expresión no há sido una.
fatalidad tam poco, sino la consecuencia de su ca­
pacidad. Lo contrario sería lo m ism o que decir
que la expansión helénica o rom ana fueron una
fatalidad. P ara mí, el socialism o tam poco es una,
fatalidad; si alguna vez ha de imperar, precisa­
m ente, no lo concibo sino como un producto de la
cultura, de la conciencia de los pueblos, de pueblos,
ilustrados. E s claro que la cultura necesaria pa­
ra el socialism o surge m ás fácilm ente de la téc­
nica capitalista que de la técn ica rudim entaria de­
una tribu del C ongo. Pero creo que una nueva,
conflagración podría destruir la civilización ca­
pitalista, y sé que de sem ejante cataclism o podría
surgir un m undo no sospechado por nosotros,
pues el s o c ia lis m o fu é co n ceb id o p o r sus fu n d a d o ­
re s com o un té r m in o de la e v o lu c ió n del sis te m a ,
c a p ita lis ta de p ro d u c c ió n ,

como el térm ino nece­
sario y conveniente, lógico, científico. Pero ¿y si
ese proceso es interrum pido?
A hora voy a las consecuencias políticas de esas
“doctrinas”. A ntes de todo, perm ítam e que le di­
g a una cosa. P ara m í esas “doctrinas” se definen
por sí solas com o m eras construcciones m entales,
por el sólo hecho de llam arse “doctrinas”. Yo d is­
tingo entre “teoría” y “doctrina”. D istingo por­
que en ciencia los térm inos adquieren precisión.
Y teoría quiere decir producto de la observación,,
que es el fundam ento de la ciencia — de las cien­
cias experim entales, que son la ciencia, — algo,
objetivo; m ientras que “doctrina” quiere decir a l­
go que se enseña, un precepto m ás que un prin­
cipio. D octrinas son los dogm as; teorías son lashipótesis de las ciencias. La doctrina deriva de
las enseñanzas de un m aestro; la teoría es la re­
sultante de un trabajo individual o colectivo, pe­
ro objetivo.
Yo creo que no podem os tolerar m ás un procesoque se ha venido desarrollando dentro de nues­
tro partido al favor de nuestra indiferencia. Digode nuestra indiferencia, porque yo m ism o no he
querido, hasta ahora, discutir con doctrinarios.
M enos aún si esos doctrinarios m e m erecieron el'
concepto de leales socialistas, com pañeros y am i­
gos. N o he querido que nos dividieran conceptos
abstractos con perjuicio de una lucha positiva y
de fines concretos. Con Justo, creo que debem os;
unirnos por lo que tenem os de común, y no se ­
pararnos por lo que tenem os de extraño. Pero,,
confieso que conform e a lo previsto por mí, los
resultades de esa indiferencia ya se hacen notarcon síntom as alarm antes de descom posición par­
tidaria y de caos ideológico,
Ud. ha sido tom ado como bandera de un m ovi­
m iento de prestigio de ciertos principios jr

�hombres de nuestro partido, pues se confunden
unos y otros, a los que Vd. afirm a que ni diez
congresos del partido serían suficientes para m o­
dificar. Vd. ha aceptado ser esa bandera, o su
portador. H ace tiem po que se le banquetea — con
todo derecho — por elem entos incorporados al
partido m uchos de ellos después de la revolución
de septiem bre. En el congreso de Santa Fe Vd.
recibió el bautism o de fuego en esa lucha contra
principios y hom bres que; según sus propias pa­
labras, tienen una tradición de 40 años en nu es­
tra agrupación política. Qué de extraño puede ha­
ber en ello, si Vd. se expresa con el m ayor des­
precio de todos los socialistas del mundo — a le­
m anes, italianos, austríacos, y conform e vayan
cayendo, Vd. podrá enriquecer la lista —, es se-,
guro que los nuestros no le m erecerán mejor
concepto. Me llam a la atención que Vd. no ten ­
ga el m ism o recuerdo para los com unistas de
Bela Kun, de Thaelm ann, para los m axim alistas
italianos de Serratti, pues yo no sé por qué toda
la responsabilidad de las desgracias del proleta­
riado deben recaer sobre los 7 m illones, por ejem ­
plo, de socialistas alem anes, “socialdem ócratas”,
y nada sobre los 6 m illones de com unistas, que es­
taban ofreciendo su receta a “las m asas”, como
los prim eros la suya. E sta es otra de las caracte­
rísticas de la literatura com unista, es decir, “doc­
trinaria”, en el mundo entero. Parto, pues, del
principio que Vd. acepta con agrado esa bandera.
Cuando llegam os a Santa Fe los desaprensivos
“reform istas” y “discípulos'’ de De Mann, nos
encontram os con que Vd. debía ser, o había dado
ya, una conferencia que está incorporada a su librito “La lucha por el socialism o”, que ha tenido
la gentileza de enviarm e. Yo creo que todo eso es
una lucha contra el socialism o, a favor del com u­
nism o, salvo una posición m ental realm ente in sos­
tenible. E sa lucha se realiza ahora con toda viru­
lencia, pero sin lucha! E s decir, no ha sido hasta
ahora lucha, sino trabajo de zapa, día tras día
caé la com isión de un nuevo centro en m anos de
hom bres, ' m uchas veces recien venidos, o de jovéncitos que andan sin sombrero, algunos estu ­
diantes”, otros “periodistas”, m uchos sin un tra­
bajo dem asiado absorbente. E stos hombres, socia­
listas intrépidos o com unistas tim oratos, hacen la
vida im posible a hom bres que desde décadas han
sido los puntales inconm ovibles del partido en esos
centros, hom bres que resistieron la tem pestad de
los “socialistas argentinos”, de los “tartufos” (com unizantes del año 1917), de los “libertinos” de
1927. A h!, m e olvidaba de los “terceristas” de
1921. E n í?«,nta Fe, según se m e inform ó de m uy
buena fuente, había un delegado que era repórter
o cronista de un diario en cuyas colum nas se h a ­
ce la propaganda al señor M ussolini, que estaba
con el grupo de delegados “doctrinarios”. Otro
“leader” era un joven egresado al partido en el
año 1931, que tengo entendido que ya se definió.
Form aban parte del grupo, como delegados o co­
mo “hinchas”, abogados de abolengo, pero no so­
cialista. E se grupo pretendió postergar la discu­
sión del inform e del grupo de diputados naciona­
les, y yo tuve el dolor de verlo a Vd. participar
de ese propósito, pues el inform e no era distinto
del que Vd. se había hecho aprobar en Mendoza,
es decir, nuestra actuación no era, distinta de la
suya.
En esa conferencia Vd. se presentó como el
portaestandarte de una causa del socialism o m endocino, que sería la que inform a su conferencia,
es decir, la de una revisión de m étodos, la de una
adopción del program a m áxim o. Debo hacerle no­
tar algunos hechos. Prim ero, que yo no puedo
comprender cómo se puede actuar en un cuerpo
como esa legislatura, ajustándose, como Vd. lo h a ­
ce, a norm as de convivencia dem ocrática y luego

decir fuera de ella las cosas que Vd. dice. Su
librito “De la m unicipalidad a la com una”, me in ­
form a de cóm o Vd. creyó que una carta orgánica
de las m unicipalidades debía discutirse con la pre­
sencia de todos los partidos políticos y debía ha­
ber sido el resultado de una verdadera conjuga­
ción dem ocrática — expresión legítim a de “opinión
pública”, que es la negación de esa doctrina de la
conquista del poder; — pero, a poco andar, Vd.
cree, con la indiscutible opinión socialista del Dr.
Sánchez Viam onte, que idéntico deseo del partido
en la provincia de Buenos Aires, ha sido un error!
Todas estas contradicciones son la resultante de
una “postura” doctrinaria no clara, a mi juicio. Si
som os dem ócratas socialistas, nunca caem os en
estas contradicciones, si som os com unistas, tam ­
poco. Segundo. Yo tengo la m ayor sim patía por
el socialism o de M endoza. Precisam ente, esta sim ­
patía me viene de atrás. Cuando el socialism o de
M endoza votaba com o un sólo hombre con Morey, en los congresos nacionales, yo lo compren­
día, y cuando vota casi como un sólo hombre
con M arianetti, lo sigo com prendiendo. Y quien
comprende, sim patiza. Pero, m i querido amigo,
aquí, en Buenos Aires, no sólo tenem os en mucho
las causas del socialism o de M endoza; también
consideram os las del socialism o en otros puntos
del país, y del extranjero. H ablo de socialism o.
Bueno. Yo creí que después de aquel episodio
final del congreso de Santa F e y de su sinceram iento eri el tren, de regreso a Buenos Aires, todos
estaríam os de acuerdo. Pero pronto “E l socialista”
de M endoza me llam ó a la realidad Ud. trató de
dem ostrar en él que no nos entendíam os.
Hoy, se nos rom pe los oídos con una revista
“Izquierda”, en la Casa del Pueblo, en los actos
que organiza el partido, en todas partes procla­
mando los artículos que para salvación del socia­
lism o han escrito Vd. y otros ciudadanos. N oso­
tros, los desaprensivos “discípulos” de D e Mann
(le advierto que yo he leído a D e Mann, pero que
soy tan discípulo de él como de W iclef), escribi­
m os a diario y desde hace años, pero jam ás, hemos
tenido la ocurrencia la perseguir a golpes de ar­
tículos a los inocentes “izquierdistas”. Compré
la revista, pues en su m esa de redacción estaba
un am igo mío «■ « Vd. — y pude notar que allí ha­
bía para todos, para todos nosotros, los socialistas
a secas. En la peor form a en que se puede comba­
tir a las personas, es decir, con hipocresía, allí se
las com bate, porque, com pañero, yo no soy hom­
bre de pam plinas: según esa revista nosotros no
som os socialistas, o por m alvados, o por zonzos.
Y no otra cosa quiere dar a entender la revista,
naturalm ente: hay que licenciar. Qué ocurriría si
nsotros nos convirtiéram os codos a las “doctri­
nas” de “Izquierda” ? N os darían Vds. un ban­
quete?
U n miembro del C. E., reviviendo un procedi­
m iento que creo que no tiene m ás antecedente
que el del diputado Carballo, acaba de dirigirse
al partido, a propósito de un conflictillo de centro,
discrim inando dentro del C. E. una “mayoría”,
contra la cual pone en guardia a los de abajo. Es
la anarquía que apunta como resultado de las ca­
m arillas innovadoras, de las doctrinas de corrillo,
de la acción de hom bres que pasan por encima
de los sacrificios sin cuento de los cam aradas de
m uchos países del mundo, cuya gesta ignoran o
conocen a m edias, a quienes gratan — ; qué au­
dacia! de cobardes, de traidores, de babiecas..
(Compañero M arianetti: Ya v é que lo difícil no
es escribir. Ahora Vd. conoce m i interior sobre es­
tos problem as. Podem os ser am igos. Yo creo toda­
vía en Vd. Pero yo puedo ser. am igo de un co­
m unista, no de un socialista, intrépido, que no al­
canza la tem eridad del com unista para sentar
cam pam ento aparte, pero sí para demoler una

�obra, que no me pertenece, o e! prestigio de hom ­
bres cuya honradez, sinceridad y sabiduría son
para mi indiscutibles. H oy al partido está m inado
y habrá que salvarlo, de la ignorancia presuntuo­
sa más que del error sincero, a m i juicio. Tengo
el orgullo, si ello puede ser, de no haber tenido
jam ás am biciones políticas. Créam e que no tem o
por posiciones personales, sino por que creo fir ­

m em ente que si el m al avanza, ello no será sino
en perjuicio de la clase trabajadora, a cuyo dolor
no so y insensible. Para mí, sus doctrinas no son
otra cosa que el ataque m undial del com unism o,
con los resultados conocidos, contra el so cia lis­
mo, sin adjetivos. Reciba Vd. m is saludos cordia­
les, M anuel Palacin.

Respuesta del com pañero M arianetti
E s tim a d o c o m p a ñ e ro :
A cuso re c ib o de su c a r ta de fe c h a 16 del a c tu a l, las q u e me a p re s u ro a c o n te s ta r p o r
c u a n to pasad o m a ñ a n a salgo p a ra ésa.
M e d ice en su c a r ta q u e hace a lg u n o s d ía s ha re c ib id o dos n u evo s lib ro s o lib rito s
m íos, “ d o c tr in a r io s ” (e n tr e c o m illa s ), com o to d o lo q u e sale de m i p lu m a desde 1932 a
la fe c h a . E n re a lid a d , no to do lo q u e sale de m i p lu m a
tie n e
ese c a rá c te r , a u n q u e lo
d e s e a ría in m e n s a m e n te . M is m ú ltip le s a c tiv id a d e s m e im p id e n d e d ic a rm e com o yo lo
q u is ie ra a lo q u e c o n s titu y e el c e n tro fu n d a m e n ta l de m is p re o c u p a c io n e s .
Debo r e c tific a r , ta m b ié n , lo de la fe c h a . A n te s de
1932 he te n id o o p o rtu n id a d de
e s c r ib ir a lg u n a s o tra s cosas del m is m o c a r á c te r : p o r e je m p lo , en 1928.
R econozco q u e en su c a r ta usted e x p re s a casi to d o lo q u e p ie n s a de m í, de m is m o­
destos tr a b a jo s y de la “ iz q u ie r d a ” . Y a es u n a v e n t a ja . S ie m p r e c o n v ie n e h a b la r c la ro
y ésta es la o p o rtu n id a d p a ra q u e se ex p res en a lg u n a s cosas.

“LA CONQUISTA DEL PODER,y
Veo que usted aprovecha el acuse de recibo de
m is dos últim as publicaciones para hacerm e co­
nocer — a dos años largos de distancia —i su opi­
nión sobre “La conquista del poder” . A unque ya
conocía, por referencias, su juicio, le agradezco
que me lo haya hecho conocer, ahora, directam en­
te. A lgo m e había dicho ya, usted, sobre ese tra­
bajo. P ara usted, ese libro no ha sido otra cosa
que “la edición a cargo de un socialista de M endoza_ de pensam ientos m ás o m enos originales ele
la literatura com unista, tal com o se pueden obte­
ner en los libros que editan algunas bibliotecas
españolas, a base de traducciones m uchas veces
anónim as” .
Si usted ha leído el libro, habrá podido advertir
que, en el prólogo, he significado en qué condi­
ciones se hizo ese trabajo, cuáles han sido m is
propósitos al publicarlo, y cómo no he perseguido,
al hacerlo, ningún fin de originalidad. N unca he
tenido la pretensión de convertirm e en inventor
de teorías. E l único propósito que m e ha guiado
ha sido el de conocer m ás o m enos bien las ideas
que inform an nuestro m ovim iento y exponerlas
en la form a m ás clara posible. E s decir, que m e
he colocado voluntaria y conscientem ente en el
papel de un propagandista y agitador socialista,
creyendo que con ello podía ser útil a la organi­
zación a qué pertenezco, y, en consecuencia, a la
clase trabajadora.' Me he convencido, después de
varios años, que conocer nuestra teoría y nues­
tra doctrina( acepto su distingo), es una tarea
mucho m ás difícil y m ucho m ás im portante de lo

que se cree. Me he convencido, asim ism o, que la
tarea de los que ocupam os ciertas posiciones en
el Partido, consiste, entre otras cosas, en tratar
de aprender y de enseñar a aprender.
“La conquista del poder” pudo ser un libro en
que yo, m odestia aparte, pude decir con otras pa­
labras, lo m ism o que dicen los autores que des­
filan por sus páginas. Pude abstenerm e de ha­
cer citas o de hacerlas en gran cantidad. Pero
he preferido respaldar una posición en la obra
m aestra de nuestros guías insuperados. Quizás
haya citado yo dos o tres autores (de los sesen­
ta y tantos que m enciono) que no han alcanza­
do una gran resonancia internacional, pero lo he
hecho porque sus opiniones me parecieron m uy
buenas y porque —' en definitiva — esto es lo que
interesa. Tam bién he citado a autores social­
dem ócratas com o V íctor Adler, que, a pesar de
ello, han com prendido con alguna claridad ciertas
cu estion es. A l pasar, debo advertir que no todas
las citas son de las recientes ediciones españolas.
Las hay en francés y en italiano, y las hay de li­
bros que poseo y que leí desde la época que cur­
saba m is estudios en la F acultad de Derecho de
Buenos Aires, cuando aún no habían aparecido
en E spaña las editoriales que tanto le disgustan
a usted.
En este libro, he preferido reverdecer las v ie­
jas y gloriosas páginas de nuestro pasado teóri­
co, porque me ha parecido que para un socialista
ello era m ás im portante que reverdecer los lau­
reles de C aaguazü. ,

�REVOLUCION Y GOLPE DE ESTADO

Usted, acusa de ingenuo el libro. No me alcanza el cargo. Que lo recojan los “inge­
nuos” como Lenín, Marx, Engels y otros. Para un criterio pequeño burgués, “El Mani­
fiesto Comunista” constituye una torpeza y una gran ingenuidad de parte de quien lo ha
escrito, por cuanto es una tontería hablar o escribir de la revolución... “La revolución
hay que hacerla”!. . . . Es la misma tontería que ha cometido Largo Caballero, por ejem­
plo.. O la que cometió Lenín. “Escribir en esa forma, significa prevenir al adversario”.
Entonces, lo que corresponde, es callarse taboca para que el adversario no se intranqui­
lice o preparar algún golpe de estado en secreto. Sin embargo, hay, que admitir, por
las buenas o por las malas, que la revolución no será posible si antes no existen las con­
diciones objetivas que la justifiquen y también las condiciones subjetivas. Y las condiciones
subjetivas se crean con la agitación y la propaganda.
Por eso Marx, en el prefacio de su “Critica de la Economía Política”, ha dicho que
no basta que se produzcan cambios en las relaciones de producción para que se produzcan
cambios en lo social, mientras no se tenga conciencia revolucionaria de esos cambios.
“La tarea ingenua” consiste, pues, en formar conciencia sobre esos cambios. Para usted
ha sido un gran pecado de mi juventud divulgar las ideas de Marx, pues sostengo que to­
do lo que tengo dicho sobre el Estado, la Democracia, las clases, la insurreción armada, la
dictadura del proletariado y la construcción del Socialismo desde el Poder, lo ha dicho
Marx. Si el libro no me pertenece, admita por lo menos, que me pertenece una actitud, y
que usted es un tanto contradictorio cuando me atribuye como “pecado de juventud” la
divulgación de las ideas marxistas... que pertenecen, en consecuencia, a otros. Para lo.
burguesía, también fueron pecados de juventud, acaso, los escritos de Engels o de Marx.
Para la clase trabajadora, no Y esto es lo que debe interesar a un socialista.

LA CRITICA EN NOMBRE DE LA CLASE TRABAJADORA

C u a n d o yo c r itic o a K a u t z k y , co m o te n g o el d ere ch o de c r it ic a r a c u a lq u ie r a , no lo h ag o por
la v a n a p re te n s ió n de “ h a c e rm e c a r te l” a sus e s p a ld a s . iP e rs o n a lm e n te , yo puedo no s e r n ad a en
c o m p a ra c ió n de e llo s
o de u s te d , p ero co m o en s ta s cosas no se a c tú a
p e rs o n a lm e n te , sin o
en
fu n c ió n de ideas, no in te re s a en a b s o lu to q u e la s deas las e x p o n g a
M a r ia n e t t i o P a la c ín , sin o
el
v a lo r in trín s e c o de esas id e a s .
L a c r ít ic a a s u m e e n to n c e s los c a ra c te r e s de u n a c r ít ic a en n o m b re
de los in te re s e s de la cla se o b r e r a . Y tie n e ra z ó n .q u ie n m e jo r d e fie n d e esos in te re s e s .

AUTORES “A SUELDO”
A lg u n o s
a u to re s ,
p a ra
u s te d ,
son a u to re s a s u e ld o .
¿ A s u e ld o de q u ié n
y p ara
q u ié n ? E s to es Jo q u e es p rec iso a v e r ig u a r . C re o q u e n o s o tro s hem o s te n id o d ire c to re s de “ L a V a n ­
g u a r d ia ” a su eld o . Y creo q u e te n e m o s in s p e c to re s de n u e s tro s c e n tro s “ a s u e ld o ” . T a m b ié n e s tu v ie ­
ro n a su eld o y lo e s tá n ,
n u e s tro s
c o n c e ja le s y losotros, los d ip u ta d o s .
S i m a ñ a n a , p o r c u a lq u ie r c ir c u n s ta n c ia , nos e c h a ra n del p a ís , si no p re fie r e n h a c e r o tra cosa
con n o so tro s, los q u e no te n e m o s re c u rs o s , q u iz á s te n d re m o s q u e e s ta r a su eld o , y o ja lá lo consiga­
m o s. M a r x e s tu v o “ a s u e ld o ” de E n g e ls . L e n ín y los e m ig ra d o s e s tu v ie ro n ta m b ié n a sueldo y hu­
bo q u e r o b a r a lg u n o s b an co s p a ra m a n te n e r, en I e x te r io r , d u r a n te ta n to s añ o s, a los revo lu cio ­
n a rio s . S o lo a s í se pudo lo g r a r la c o n tin u id a d y a e fic a c ia de u n a a c c ió n q u e de o tr a m a n e ra no
h a b r ía sid o p o s ib le . Y o no s ie n to , en to n c e s , re p u g n a n c ia p o r los a g ita d o r e s “ a s u e ld o ” de la causa
s o c ia lis ta . S í la s ie n to p o r los a g ita d o r e s a sueldode la b u rg u e s ía . S í la s ie n to , p o r c ie rto s b u ró c ra­
t a s . S i el P a r tid o t u v ie r a re c u rs o s s u fic ie n te s , yo p ro p o n d r ía q u e tu v ié r a m o * m u ch o s a g ita d o re s a
su eld o p a ra q u e lle v a r a n n u e s tra s id e a s a to d o s los lu g a re s de| p a ís , p a ra q u e e s c rib ie ra n y para
q u e h a b la r a n . In c lu s o , y o no te n d r ía el e s c rú p u lo b u rg u é s de no a d m i t i r el ro b o de un banco o I»
fa ls ific a c ió n de m o n e d a o el “ ro b o ” de a r m a s si to d o e llo e s tu v ie ra
d e s tin a d o
a n u e s tra
causa
e m a n c ip a d o r a . Lo q u e no p o d ría a d m i t i r s e ría q u e to d o eso se h ic ie ra p a ra m i uso p e rs o n a l.
N o a c e p to su re n c o ro s o d esp re cio p o r T r o t z k y , “ a r t íf i c e de la re c la m e ” y c o la b o ra d o r de “ las
p u b lic a c io n e s b u rg u e s a s , q u e se lla m a
o se h ace l la m a r L eó n T r o t z k y ” .
L a re c la m e de T ro tz k y
no es sin o el re s u lta d o de su e x tr a o r d in a r io y b r illa n te t a le n to y su h is tó r ic o t r a b a jo p o r la causa
del p r o le ta r ia d o . E n c u a n to a sus c o la b o ra c io n e s en la s p u b lic a c io n e s b u rg u e s a s ,
y o d esearía que
todos los d ia rio s y re v is ta s b u rg u e s a s d el m u n d o p u b lic a ra n sus a r tíc u lo s . Q u e lo d e ja ra n hablar
en to d a s las u n iv e rs id a d e s y que re g a la r a n a to d o el m u n d o sus lib r o s . U s te d te n d r á que a d m itir
co n m ig o q u e c u a n d o T r o t z k y c o la b o ra en u n a p u b lic a c ió n b u rg u e s a no lo h ace p a ra e lo g ia r a Roos e v e lt, p o r e je m p lo y q u e sus lib ro s tie n e n m á s im p o r ta n c ia y tra s c e n d e n c ia p a ra el p roletariado
in te rn a c io n a l q u e la re c o p ila c ió n de m is d is cu rs o s p a r la m e n ta r io s , o los de to d o s nosotros jun to s.
T r o t z k y no se lla m a o se h a c e l la m a r a s í, com o un n iñ o b ien se h a c e lla m a r “ P iru c h o ” . T ra b a ja n ­
do en la ile g a lid a d , los re v o lu c io n a rio s rusos tu v ie r o n q u e v a le rs e de p seu d ó n im o s. Esos pseudón;.

�mos a la la rg a , re e m p la z a ro n
sus v e rd a d e ro s n o m b res, y los s ig u ie ro n usando p o rq u e los t r a ­
b a ja d o re s y a no los co n ocían sino p o r esos p seu d ó n im o s. E s ta , q u e re s u lta e x p lic a b le p a ra un r e ­
v o lu c io n a rio , s e ría rid íc u lo p a ra nosotros.

NO BASTA LEER CIERTOS AUTORES
Me dice usted, compañero Palacín, que en sus
-veinte años de vida y de acción socialista, ha leído
y subrayado en rojo a los autores que yo m encio­
no. No tengo por qué dudarlo, pero la referencia
ni me conm ueve ni me interesa. Si usted los ha.
leído —i en los ratos que le dejaron libres sus pre­
ocupaciones por la cultura burguesa clásica •— y
no los usa para nada, ni tiene sim patía a.'guna
por ellos, y los repudia, en realidad, está en una
situación diam etralm ente opuesta a la m ía. Yo

los he leído y sigo sus enseñanzas. Ellos no fu n­
daron el m ovim iento socialista contem poráneo pa­
ra que cada uno hiciera lo que le viniera en ga­
na sino que dieron las directivas sobre las que es
necesario trabajar. De lo contrario no hay dere­
cho para creerse socialista o hablar y escribir en
nombre del Socialism o.
D lam ém osnos cualquier cosa pero no usem os
una denom inación que está en abierta pugna con
nuestra m anera de pensar y de proceder.

“LOS QUE NOS MANDAN ESCRIBIR”
Me revela usted una gran prim icia: “a través de los instrum entos necesarios para conocer
directam ente el pensam iento y la acción de los socialistas m ás evolucionados del mundo”5 ha des­
cubierto por publicaciones de M oscú que lo que yo escribo es lo que m andan escribir de M oscú pa­
ra penetrar el m ovim iento socialista mundial....
Supongo que esos valiosos instrum entos consisten en el conocim iento que usted tiene de
algunos idiom as. Al respecto, debo sign ificarle que no adm ito que en este país, la única gente que
tiene derecho para hablar de lo que ha escrito Marx son los que saben alem án, pues creo que ha
habido otra gente que sabiendo tam bién el alem án y el castellano, nos han hecho conocer debida­
m ente “el pensam iento original”. Entre ellos, Ju sto. Salvo que usted crea que todos los traducto­
res son unos falsificadores.
A mí no me han mandado ninguna instrucción desde M oscú, aunque usted no lo crea. Tam ­
poco me han “m andado” escribir nada. Y me extraña que en esta parte, su prosa y sus expresio­
nes no se diferencien fundam entalm ente de cierta cam paña reaccionaria. Le voy a hacer, a mi vez,
otra revelación: todo lo que yo he escrito o la m ayor parte de lo que yo he escrito, se pudo h a .
ber escrito antes de la R evolución R usa y antes de que los bolcheviques asum ieran el Poder. Se
escribió antes de 1917. U sted debe saberlo, y me extraña que no lo haya advertido a pesar de h a ­
ber subrayado con lápiz rojo los escritos de Marx^ de Engels, de P lejanof y otros. Y suponiendo
que no fuera así, faltaría saber, no de dónde vienen las consignas, sino el valor de las m ism as. A
mí n0 me espanta la “penetración”, siem pre que esa penetración sea en beneficio de los intereses
de la clase trabajadora. Yo no creo que el Partido es una cosa nuestra. E s y debe ser un instru­
m ento al servicio de la clase trabajadora. N o joncibo que la clase trabajadora tenga que estar
al servicio de ningún partido, incluso el nuestro. S i los com unistas tienen razón, históricam ente,
representaran las vanguardias de la clase trabajajora y la llevaran a la victoria. N osotros nos
quedarem os donde se quedó K erensky. Yo reconozco que gran parte de sus criticas contra nosotros
son absolutam ente exactas y por eso trabajo para que nuestro m ovim iento mejore. En esta tarea
no me interesan los ataques o los disgustos de algunos com pañeros. Me interesa el juicio que de
m is actos tendrá que venir después. Me interesa saber si perjudico o, por el contrario, hago al­
go bueno para la causa de los trabajadores.

“SOCIALISTAS INTREPIDOS”
Dice usted , P a la c ín , q ue nosotros los de la opo­
sición de iz q u ie rd a no som os s o c ia lis ta s in tré p id o s
sino c o m u n is ta s tím id o s . A m i ve z, debo s ig n ifi­
c a rle que h a y g en te que ni es c o m u n is ta t ím id a
ni so c ia lis ta in tr é p id a , y que en la lu c h a p o r el
socialism o s ie m p re re s u lta m ás re s p e ta b le y m ás
efic ie n te una posición de c o m u n is ta tib io que de
so cialista “ fr a p p é ” . “ Si yo no fu e r a s o c ia lis ta se­
ría c o m u n is ta ”, dice u s te d . P e rs o n a lm e n te , no lo

c re o . Si usted no fu e ra
s o c ia lis ta s e ría lib e r a l.
P o r |o
d em ás, h o y p o r hoy,
los p a rtid o s y los
h o m b res que a ú n se s ie n te n s o c ia lis ta s , a v a n z a n
desde el p u n to de v is ta id e o ló g ico , y el m o v im ie n ­
to o b re ro y s o c ia lis ta in te r n a c io n a l, se e n c a m in a
p o r la r u ta de la u n id a d , de m a n e ra q u e — en
este se n tid o — ni desde el p u n to de v is ta d o c tr i­
n a rio , puede e x is tir un a b is m o e n tre u n a cosa y
o tra .

MATERIALISMO DIALECTICO
Sostiene usted que las “ d o c trin a s ” de m is lib ro s
(a d v ié rto le n u e v a m e n te
q u e no ten g o d o c trin a s
personales) ab u san del té r m in o “ so c ia lis m o c ie n ­
tífic o ”, pero que no re c u rro a las e s ta d ís tic a s .

P a r a usted p a re c e que donde no h a y e s ta d ís ti­
cas no h a y c ie n c ia . E s tá en un e r r o r . P a r a co­
n o c e r y a p r e c ia r las e s ta d ís tic a s h a y q u e poseer
p re v ia m e n te a lg u n a s id e a s . Y 0 no sé cóm o m »

�las a r re g la r ía p a ra h a b la r del concepto del E s ta ­
do a base de e s ta d ís tic a s . T a m p o c o soy ca p a z de
im a g in a rm e cóm o p o d ría h a b la r de clases so cia­
les a base de e s ta d ís tic a s
y qué necesidad
h ay
p a ra ello, cuando el te m a puede
ser e n ten d id o
ig u a lm e n te . T a m p o c o p o d ría h a b la r de la d ic ta d u ­
ra del p ro le ta ria d o a base de e s ta d ís tic a s . Y h ay
m u ch as cosas que se resu elven y se e n tien d e n sin
e s ta d ís tic a s . E s tá to d a la filo s o fía y puede e s ta rlo
la so cio lo g ía . T a m b ié n la H is to r ia . U s ted se p re ­
g u n ta qué q u ie re d e c ir en c ie n c ia “ m a te ria lis m o
h is tó ric o ” . Le re co m ien d o que lea o relea la con­
fe re n c ia de J u s to : “ L a te o ría c ie n tífic a de la h is­
to r ia y la p o lític a a r g e n tin a ” . Q u izá s en c u e n tre
a llí u n a e x p lic a c ió n . “ En c ie n c ia no h a y m a te r ia ­
lism o ni id e a lis m o ; esos son té rm in o s es c o lá s ti­
cos’^ dice usted. T ie n e cazón. Pero o lv id a q u e el
“ so cia lism o c ie n tífic o ” lo es, p re c is a m e n te , porque
ha re p u d ia d o e l m a te ria lis m o y el id e alis m o esco­
lás tic o s .
P o rq u e usted no debe ig n o ra r que
el
m a te ria lis m o h is tó ric o no tie n e n ad a que v e r con

el m a te ria lis m o ni con el id e a lis m o . E l m a te r ia ­
lism o h is tó ric o es el m a te ria lis m o d ia lé c tic o . Se
d ife re n c ia del m a te ria lis m o m ecánico en que to ­
m a en cu e n ta p o r p rim e r a v e z el fa c to r h o m b re
y fa c to r v o lu n ta d . Se d ife re n c ia del m a te ria lis m o
m ecánico en que m ie n tra s
éste so stiene que el
h om bre es p ro d u cto del m edio,
el m a te r ia lis m o
d ia lé c tic o , a d m itie n d o la im p o rta n c ia del m edio,
sostiene la in te rv e n c ió n
v o lu n ta r ia
del h o m b re
sobre la n a tu ra le z a
y el proceso h is tó ric o .
En
“ T e o ría y P rá c tic a de la H is to r ia ” Ju sto
no lo
desconoció. E s ta es la base fu n d a m e n ta l del S o ­
c ia lis m o . Si el h o m b re fu e ra un s im p le p ro d u cto
del m edio y no fu e ra ca p a z de in te r v e n ir sobre él,
no h a b ría p o s ib ilid a d de acció n s o c ia lis ta . H a b r ía ­
mos caído en el fa ta lis m o del que usted nos a c u ­
sa e q u iv o c a d a m e n te . El aspecto re v o lu c io n a rio
y
c ie n tífic o

del S o c ia lis m o

a h o ra , me p e rm ito

es ese, p re c is a m e n te

re c o rd a rle

Y,

n u e v a m e n te el p re ­

fa c io de la “ C r ític a de la E co n o m ía P o lític a ” .

“FORMULAS VERBALES”
Para usted son fórm ulas verbales: “burguesía”, “pequeña burguesía”, “capitalism o im peria­
lista’^ “capitalism o financiero”, “pequeño burgués”, “capitalism o m onopolista”, etc., etc. Me asom ­
bra esta afirm ación.
“Burguesía”, para los obreros y para los socialistas, quiere decir algo. Tiene un sentido
preciso. Lo mismo ocurre con el térm ino “pequeña burguesía”. “Capitalism o im perialista” tam bién
significa algo. Para un econom ista no es lo m ism o el capital aplicado a la instalación de una
bodega, que el capital que va m ás allá de las fronteras a disputarse los mercados. El capital de
la CHADOPIF, por ejemplo, tiene alguna diferencia, en su aspecto económico, político y social,
que el usado por el alm acenero de la esquina de su casa o del Banco de la N ación. Lenín ha es­
crito un libro muy interesante sobre este asunto. Sobre el capital m onopolista, Justo tam bién lo
distinguió en alguna form a en “Teoría y Práctica de la H istoria”. En cuanto al capital financiero
H ilferding tiene todo un libro (escrito en 1900) para definirlo. Los bancos tam bién saben algo al
respecto. Ya vé usted que no se trata de sim ples cuestiones verbales sino de categorías económ icas.

LAS DICTADURAS
U sted está en un error cuando cree que la dictadura de M ussolini es una vulgar dictadura,
como podría ser la del bisonte Gómez H ay m uchas dictaduras en el mundo, pero hay diferencias
entre éllas. Y usted debe admitir que el fascism o tiene una personería indiscutible y que puede
ser perfectam ente catalogado. El fascism o, políticam ente, significa el aplastam iento de la econo­
mía (y, en consecuencia), de la política liberal y el triunfo del capital financiero e im perialista.
En los países que como Estados Unidos solo existe hasta ahora una dictadura económica, es por
que, políticam ente, mandan los capitalistas im perialistas o financieros. Si allí hubiera habido co­
mo en Italia o en Alem ania, una alta expresión política socialista y obrera, tam bién existiría una
dictadura política que por el momento no necesitan los sectores dom inantes. R ectifico un error
suyo en cuanto dice que los E stados Unidos son aún liberales. Si hay econom ía dirigida, se acabó
el liberalism o. En política aún existe el liberalism o( democracia burguesa), porque la disputa por
el poder es aún una disputa entre los grandes capitalistas. En cuanto a Inglaterra, aguarde usted
un poco. Ya verá m uchas novedades. Por de pronto, Lloyd George se apresta a seguir las hue­
llas de Roosevelt.
Se extraña usted de que el Socialism o haya aparecido en R usia antes que en otros países. En
primer lugar, no es cierto que en Rusia se haya realizado el Socialism o, precisam ente porque se
trataba de un país económ icam ente atrasado. La clase obrera en el Poder, realiza la etapa indus­
trial (capitalista en otros países), construyendo laboriosam ente el Socialism o. Es cierto que el
Socialismo no será posible sino sobre la b ase.d e un desarrollo industrial previo, pero tam bién es
cierto que no es absolutam ente necesario que la etapa industrial tenga que estar bajo ila dirección
capitalista. Rusia lo ha demostrado.

LA DICTADURA DEL PROLETARIADO
H a b la n d o de la d ic ta d u ra de| p ro le ta ria d o , us­
ted se b u rla de alg un o s iz q u ie rd is ta s , v sostiene
que es algo así como una in v e n c ió n . Se p re g u n ­
ta en efe cto : “ Dónde, en qué lib ro ha d e s a rro lla ­

do M a r x la d o c trin a de la d ic ta d u ra del p ro leta­
ria d o ? ” S o stien e usted que ha leído u n a cantidad
de lib ro s de M a r x y no ha en c o n tra d o
nada de
e llo . C ita “ El C a p ita l”, y “ C r ític a de la Econom ía

�P o lít ic a ” . E s c la ro que en estos tr a b a jo s no e n .
c o n tr a r á n a d a de esto, p o rq u e u sted h a b rá ad v e -_
-tido, y con m a y o r ra z ó n ,
con ociend o
el id io m a
o r ig in a l en que fu e ro n e s c rita s , que las o b ra s cié
M a r x son de dos c a te g o ría s . U n a p a rte de e lla s
son de c a r á c te r ec o n ó m ic o . O tra s son de c a rá c te r
p o lític o y re v o lu c io n a rio
E n tr e éstas, la p r in c i­
p a l “ El M a n ifie s to C o m u n is ta ” . Es d e c ir, q u e M a r x
d e s a rro lla lo que y a d ijo en el p re fa c io de uno de
esos lib ro s que usted c ita : que no b a s ta q u e h a ­
y a ca m b io s ec o n ó m ico s. H a y que te n e r c o n c ie n c ia
de ellos. E n sus o b ras de c a r á c te r p o lític o y re ­
v o lu c io n a rio , t r a t a de h a c e r esa c o n c ie n c ia o de
d e s p e r ta r la . Si M a r x no h u b ie ra h a b la d o e x p re s a ­
m e n te en n in g u n a p a rte de la d ic ta d u r a del p ro ­
le ta r ia d o , h a b ría q u e d e c ir que e lla s u rg e de sus
e s c rito s p o lític o s y so ciales. Q ue c u an d o en
e!
“ M a n ifie s to ” so stiene la to m a del p od er p o lític o
p o r el p ro le ta ria d o , ello lle v a im p líc ito el p r in c i­
pio de la d ic ta d u r a de| p r o le ta r ia d o . Y si M a r x
no h u b ie ra d icho n ad a de esto, la R e v o lu c ió n R u ­
sa nos d e m o s tró que te n e m o s que a d m it ir la .
P e ro q u ie ro d e c irle , c a m a ra d a P alacín^ q ue e s tá
u sted m a l in fo rm a d o a p e s a r de sus c ita s y q ue,
p o r s u e rte , M a r x en uno
de sus tr a b a jo s se ha
r e fe r id o e x p re s a m e n te a este a s u n to , y lo ha he­
cho en pocas p a la b ra s , p o rq u e lo d ab a p o r s o b re ­
e n te n d id o . Ese tr a b a jo
se lla m a :
“ C r ític a de!
P ro g ra m a

de G o th a ” , q ue c o n tie n e

m uchas

cosas

in te re s a n te s y m u c h a s o p in io n e s a c tu a le s con re s­
pecto al s u fra g io , la d e m o c ra c ia y o tra s co sas.

E ste tr a b a jo fu e e s c rito por M a r x en 1875. P o ­
seo u n a ed ició n fra n c e s a
del añ o 1922, de la l i ­
b r e r ía L ’ H u m a n ité de P a rís . C o n tie n e un in te r e ­
s a n te p ró lo g o de E n g e ls y c o n tie n e , ta m b ié n ,
la
c a r ta q u e M a r x e n v ió a W . B ra c k e , re m itié n d o le
la c r ític a a l P r o g r a m a de G o th a .
E n la p á g in a
53^ d ice M a r x : (h a g o la tra n s c rip c ió n en el id io ­
m a o rig in a l de la p u b lic a c ió n , p a ra a u e no sospe
che u s te d ) “ E N T R E L A S O C IE T E C A P I T A L I S T E
E T L A S O C IE T E C O M M U N IS T E , S E P L A C E L A
P E R IO D E D E
T R A N S F O R M A T IO N
REVOLUT IO N N A IR E
D E L A P R E M IE R E
EN LA
SE
C O N D E . A Q U O I C O R R E S P O N D U N E P E R IO D E D E T R A N S IT IO N P O L IT IQ U E O U L ’ E T A T
N E S A U R A IT E T R E A U T R E C H O S E Q U E L A
D IC T A T U R E R E V O L U T IO N N A IR E D U P R O L E
T A R I A T ”. (f a lt a n a lg u n o s a c e n to s ). (1 )
C o m o u sted puede a p re c ia r lo ,
p a ra M a r x ,
la
cu es tió n de la d ic ta d u r a del p ro le ta ria d o e ra u na
c u e s tió n in d is c u tib le . Si no se ha re fe rid o m ás
e x te n s a m e n te a l a s u n to , es p o rq u e este g ra n h o m ­
bre ha sido e s q u e m á tic o e.n m u c h a s de sus id e a s .
A s í, p o r e je m p lo , ja m á s e s c rib ió s o b re m a te r ia ­
lis m o h is tó ric o . A p e n a s si a p u n ta a lg u n a s cosas
en a lg ú n p ró lo g o de “ E l C a p it a l”, en el p re fa c io
de “ C r ític a de la ec o n o m ía p o lític a ” y en “ M is e ­
ria de la F ilo s o fía ” .
S in e m b a rg o , c e n te n a re s de
o b ras han sido e s c rita s sobre el m a te r ia lis m o h is ­
tó ric o , que in fo r m a to d a la o b ra m a r x is ta , a ta l
p u n to que si no h u b ie ra d icho u n a p a la b ra expre_
m e n te &lt; so b re él, la te o ría o el m é to d o e x is tir ía n
en el m a rx is m o .

EL ESQUEMA DE LA SOCIEDAD SOCIALISTA

También está usted en un error, cuando
dice que Marx no ha escrito nada en el senti­
do de cómo será la sociedad futura, contra­
riamente a lo que yo hago en “desde la Muni­
cipalidad a la Comuna”. Yo no creo que se
pueda saber de antemano cómo será la socie­
dad futura, y me parece r i d í c u l o poner­
se a pensar sobre estas cosas o escribir sobre
el particular. Pero sí creo que se puede tener
un esquema de una futura organización. Us­
ted, como buen cooperativista, no admitirá
que se le dijera que es absurdo pensar cómo
sería una sociedad fundada en la cooperación.
Pero lo que admite para el cooperativismo no
Jo admite para el socialismo.
Yo he dicho, al finalizar “La conquista del
poder” :
“La realización de la sociedad socialista
estará condicionada principalmente, por he­
chos que acaso no estemos en condiciones de
prever”. Quiere decir, que no ignoro ciertas
cosas. Pero cuando en ese mismo libro o el
■ que usted menciona, me he referido a un es-1

quema de la futura organización comunal o
socialista, no he hecho sino concretar ideas
Si los fascistas han dado teóricamente las ba­
ses del Estado corporativo, y tratan de reali­
zarlo, el Socialismo también debe saber a dón*•
de va y la clase obrera debe tener una idea
de lo que tendrá que hacer cuando lleque al
Poder.
Marx, contrariamente a lo que usted cree,
en el mismo trabajo a que acabo de hacer re­
ferencia, habla de la primera y posterior fase
de la revolución socialista y se refiere al es­
quema de la futura organización. En “La
conquista del Poder” se encuentran algunas
cosas sobre el particular. O es que usted tam­
bién ha hecho su crítica sin leerlo, como dicen
que ocurrió con C.f
No puedo recoger su argumento o su duda
que el fascismo haya sido el resultado de la
doctrina de la fuerza que usted atribuye a los
rusos, mientras yo la atribuyo a Marx y a la
Historia conocida. Cómo puede creer usted
que un movimiento social como el fascismo

(1) O sea, traducido en buen rom ance: “Entre la sociedad capitalista y la sociedad com unista se
sitúa el período de transform ación revolucionaria de la prim era a la segunda. A lo que corresponde
un período de transición política durante el cual el Estado no sabría ser otra cosa que la dictadu­
ra revolucionaria del proletariado.” N. de la R.

�surja como respuesta a la doctrina de la
fuerza? El fascismo también está fundado
en la fuerza, pero responde — ante todo —
a motivos de carácter económico.
Claro está que de un cataclismo guerrero
podría surgir un mundo no sospechado por
nosotros si nosotros vamos a la zaga de los
acontecimientos y no somos socialistas. Si so-

mos socialistas sabemos que debemos aprove­
char una guerra para convertirla en guerra
civil y luchar por la instauración del Socia­
lismo. Si procedemos así, nada habrá de in­
sospechado para nosotros. Pero si no hace­
mos nada de esto, otras fuerzas nos tomarán
la delantera y siempre tendremos que “sufrir
la historia”, para usar úna expresión de Justo.

SITUACIONES PERSONALES
A h o ra , en cu an to a las ap re ciac io n es que usted
hace sobre m i s itu a c ió n person al, debo m a n ife s ­
t a r le lo s ig u ie n te : no a d m ito que se d ig a que he
sido to m a d o como b a n d e ra . N o soy m u ñ eco . Sé
lo que hago y creo te n e r a lg ú n sentid o de la re s­
p o n s a b ilid a d . T a m p o c o es c ie rto q u e se me ban_
que te a . N o he asistido a n in g u n a c o m id a, au n q u e
lo c o n tra rio nada s ig n ific a r ía , ni creo que se h a ­
y a h echo n in g ú n b an q u ete.
U s te d ’ nTé c a lific a de in ju s to , pues a ta c o a
la
so c ia ld e m o c ra c ia a le m a n a y no digo nada de los
c o m u n is ta s . A d m ito que los co m u n is tas han co­
m e tid o e rro re s , p ero los han co m e tid o en las vía s
re v o lu c io n a ria s , c o n tra ria m e n te 7. lo que ha ocu­
rrid o con la so cia ld em o c ra cia a le m a n a .
P o r eso
no puedo c r itic a r a L a rg o C a b a lle ro , por e je m p lo ,
pero la c r ític a te n d rá que re s u lta r im p la c a b le p a -

ra B e ste iro . P o rq u e una cosa es eq u iv o c arse en
el te rre n o re v o lu c io n a rio y o tra en el p a n ta n o l i ­
b eral.
“ L a lucha p or el S o c ia lis m o ” ,
p a ra
usted
es
la lucha c o n tra el S o cialism o . Q ué S o c ia lis m o ? Es
posible que lo sea c o n tra a lg u n a clase de S o c ia lis ­
mo, pero no c o n tra el S o cialism o . H a s ta a h o ra no
he hecho nada en c o n tra del S o c ia lis m o .
U sted h ab la de tra b a jo de z a p a . N o es e x a c to .
Y o hablo y escribo
y m e re s p o n s a b ilizo de m is
ac to s . Con Ja R e v is ta sucede o tro t a n t o . L e ase­
g uro que el tr a b a jo de z a p a está en o tra p a rte .
A h o ra , si usted e n tie n d e q ue el tr a b a jo de za p a
es el tr a b a jo p or la exp an sió n de ideas d e n tro del
P a rtid o que es de todos nosotros y de to d a la c la ­
se o b re ra , entonces tie n e razó n .

ABOGADOS Y OBREROS
U sted alu de a abogados de abolengo, pero no
s o c ia lis ta s . Y 0 creo que es ta n v a lio s a o m ás v a ­
liosa la acción en el P a rtid o
de un abogado de
abolengo que la de un o b re ro . E l o b rero está en
su papel y d efien d e sus propios in te res es . E l abo­
gado de abolengo se a p a rte de su p ro p ia ca teg o ­
r ía social y de sus propios intereses, p a ra p o n e r­
se al se rv ic io de la clase tr a b a ja d o r a .
E sto es

m a g n ífic o .
Y me a g ra d a
m ucho m ás v e r a un
abogado de ab o leng o h acer la ap o lo g ía de los hé­
roes obreros q ue a un o b rero h a c e r la ap o lo g ía de
los héroes de la g en te de abolengo.
U sted dice u n a se rie de cosas del “ g ru p o ”
de
iz q u ie rd is ta s . Y o no he firm a d o ni m e la han pe­
dido, n in g u n a g a ra n tía p a ra nad ie, pues c o n s id e .
r 0 que cada uno debe re sp o n d er de sus a c to s .

LO DE SANTA FE
A fir m a , sin ra zó n , que
en el ú ltim o Congreso
de S a n ta F e hubo u na m a n io b ra
en
c o n tra del
G ru po P a r la m e n ta rio y que usted v ió con d olo r
que yo p a rtic ip a b a de e lla . Es re a lm e n te in c o n ­
cebible que usted me ve n g a con estas cosas, c u a n ­
do sabe que esta es u na b u rd a p a tra ñ a .
U sted
sabe que cu an d o se d is c u tió ese as u n to , la m a y o r
p a rte de esos “jó v e n e s ” y a no es tab an en el re ­
c in to del C o n greso .
U sted sabe que yo estuve
to d a la ta r d e en el escenario
y cuando
hice la
proposición estab a sentado en el C e n tro , al lado
de C o n tu rs i. P o r ca su alid a d
me
quedé a llí un
m om ento, pues d eb ía h ace r la v a lija y le d ejé d i­
cho a C o n tu rs i que cuando se t r a t a r a e 1 in fo rm e
del grupo p a rla m e n ta rio , c r itic a r a una r dos co­
sas, sobre lo que estuvo de acuerd o , pues yo no
e s ta ría p re s e n te . U sted sabe que a u n q u e lo h u ­
b iéram o s q u e rid o , no te n ía m o s m a y o ría p a ra pos­
te r g a r la co n sideración de ese asun to . L a m a n io ­
b ra estuvo de p a rte del G ru p o P a r la m e n ta rio que
se hizo la v íc tim a y se le v a n tó com o u n a te m p e s ­
ta d , razón p o r la que me re tir é del C ongreso pues no
puedo a d m itir que n ad ie ju z g u e m is in te n c io n es

en fo rm a m a lé v o la . A llí hubo u n a p o rq u e ría , pe­
ro no estuvo de m i p a rte .
Y o in m e d ia ta m e n te después, en el tre n , c o rrec­
ta m e n te , como co rresponde a u n a p erson a de bien,
e x p liq u é un asu n to que no n ece sitab a e x p lic a c ió n ,
porque ustedes sabían lo que h a b ía o c u rrid o .
Lo
que yo deseaba y lo conseguí, era u n a cosa: que
el d o c to r R e p e tto , que es una de las pocas perso­
nas que me im p on en respeto en el P a rtid o , su p ie­
ra que no soy ca p a z de a n d a r en esa clase de c h icanas y m a n io b ras .
U s ted dice que el in fo rm e no e ra d is tin to del
que yo m e h ab ía hecho a p ro b a r en M en d o za . Eij'
M en d o za, yo no me he hecho a p ro b a r n in g ú n in fo r
m e, pues no se ha re a jiz a d o aú n el Congreso, y
— ad em ás, — no v o y a r e c u r r ir a l golpe de esce­
na que ustedes h ic ie ro n en S a n ta
Fe. P o r otra
p a rte , no creo que m i la b o r p a rla m e n ta r ia m e­
rezca c r ític a s y no ten g o n ad a de qué a rre p e n .
tir m e sobre el p a rtic u la r . S ostengo, ad em ás, que
no es c ie rto que la a c tu a c ió n
de ustedes no es
d is tin ta de la m ía . C reo que h ay a lg u n a pequeña'

�d if e r e n c ia en c u a n to a o r ie n ta c ió n y en c u a n to
a c o n te n id o .s o c ia lis ta .
U s te d d ic e q u e
no c o m p re n d e
c ó m o yo d ig a
c ie r ta s cosas en la L e g is la t u r a y o tr a s en la c a ­
l l e . Si u s te d no lee m a l los d is c u rs o s , te n d r é q u e
d e c ir le q u e no h a y n a d a q u e yo h a y a d ic h o en m is
lib r o s o en la c a lle q u e no lo h a y a d ic h o en la L e ­
g is la t u r a . C u a n d o en “ D e sd e la M u n ic ip a lid a d a
la C o m u n a " he h a b la d o de la a u s e n c ia d e o tr a s

fu e r z a s , he d ic h o q u e no nos s e n tía m o s a ta d o s a
los ra d ic a le s , y si he in s is tid o en ese a s u n to ,
es
p o rq u e , p o lític a m e n te , nos c o n v e n ía d e n u n c ia r la
a c t it u d c o n s e rv a d o ra de r e a l i z a r u n a r e f o r m a en
m in o r ía .
guna

C o m o s o c ia lis ta sé q u e esto no tie n e n in ­

im p o r ta n c ia ,

por

eso

e s to y

de a c u e rd o

con

la o p in ió n de S á n c h e z V ia m o n t e , y p o r eso no H a y
n in g u n a

c o n tr a d ic c ió n .

“IZQUIERDA”
U sted dice que en IZ Q U IE R D A se a ta ca con
hipocresía, lo que — en otros térm in os — sig n i­
fica que todos nosotros som os un os h ip ócritas.
N o recojo la im putación. R ara a ctitu d la de u s­
ted es! Cuando aparecían pu blicacion es anónim as,
protestaban porque lo eran. Cuando aparecen pu­
b licacion es responsables protestan lo m ism o y h a ­

blan de h ip ocresía. E n el P artid o y en su s órga­
nos, hay m ucho de esto . T am bién lo hay en a lg u ­
nos de sus hom bres, pero en lo que a la R ev ista
se refiere, le declaro que jam ás ha aparecido en
nuestro m ovim ien to una cosa m ejor. Por eso está
usted equivocado al confundirnos con los episo­
dios escisio n ista s anteriores. C réam e que esto es
m ás in teresan te.

AMBICIONES

Yo tampoco tengo ambiciones políticas, a
pesar de ser ambicioso para las grandes co­
sas. No tengo interés en ser concejal, dipu­
tado o senador por la Capital, suponiendo
que pudiera secrlo. E stas cosas, compañero
Palacín, ya no constituyen una aspiración
para mí. Ya he superado esta etapa. En lo
que a Mendoza se refiere, supongo que us­
ted admitirá que no tengo necesidad de ha­
cer ningún “trabajito” para ser diputado,
cuando también lo son otros, o para figurar
en un cartelito como candidato a gobernador.
Y usted hace mal en recordar las épocas en
que Morey actuaba en el Partido. No es
cierto que los delegados mendocinos lo si­

guieran a Morey como borregos. Morey fué
delegado a dos o tres congresos y no ha ha­
bido nada de lo que usted dice. En alguna
otra oportunidad, hubo homogeneidad en la
representación, pero no creo que sea una
cosa grave. Tanto no lo es, por ejemplo, que
usted no la ha visto con respecto a San Juan.
¡Claro! los sanjuaninos son unos grandes
muchachos, aunque hayan tirado por la bor­
da muchas cosas. Pero “están en la línea”...
¿Qué me dice, camarada Palacín, de la acti­
tud de los sanjuaninos en Santa Fe? Entre
los mendocinos, por lo menos, hubo alguna
disidencia.

“CAMPAMENTO APARTE”

En cuanto a lo del “campamento aparte”,
yo sé que ustedes lo desean ardientem ente,
pero m ientras de mí dependa, haré lo posi­
ble por no darles el gusto.
Según usted, tendríam os miedo de hacer­
nos comunistas. No, compañero Palacín. No
hay nada de eso ni mucho menos. Además,
usted afirm a que nuestros escritos son co­
munistas. ¿Entonces? En lo que a mí perso­
nalmente atañe, le anticipo que si los propó­
sitos que le animan a usted de conseguir

nuestra radiación del Partido,, nos colocan
fuera del mismo, no me dedicaré a recitar
versitos a la fragata Sarm iento o a adm irar
a Roosevelt .
Usted tiene un concepto de terrateniente
con respecto al Partido. Usted cree que el
Partido le pertenece en propiedad perpetua
a un grupo de personas. Yo le digo que el
Partido no es de ustedes y que lo será cada
vez menos m ientras no se resignen a ponerse
a tono con los tiempos.

“SALVAR AL PARTIDO”
No admito que directa o indirectamente se
diga que mi tarea consiste en destruir la
obra ajena. Creo que yo también he hecho
alguna obra. Pero sí deseo significarle que
si es necesario destruir alguna “obra” en el
Partido, estoy dispuesto a hacerlo en defen­

sa del Socialism o. Yo también creo que hay
que salvar al Partido, y por eso — especial­
m ente desde los últim os tiem pos — le estoy
dando a mi causa las m ejores energías. El
partido, como partido socialista, se hunde,
créamelo. Sin embargo, hay alguna distancia

�entre buena parte de la masa de afiliados y
ciertos dirigentes. Fíjese qué cosa notable:
nosotros también creemos que es necesario
salvar al Partido especialmente de quienes
simpatizan íntimamente con todo lo que sig­
nifique una tentativa para “solucionar” las
dificultades del régimen capitalista. Hay
socialistas que no quieren de ninguna ma­
nera que haya conmoción alguna y que de­
searían, como lo ha recordado Marx alguna
vez: “que los burgueses socialistas conside­
rarían ideales las condiciones de vida de la
sociedad moderna sin las luchas y los peli­
gros que encierran. Su ideal es la sociedad
existente, depurada de los elementos que la
corroen y revolucionan. La burguesía sin el
proletariado”.
Yo también creo que hay que salvar al
Partido de la ignorancia presuntuosa, más
que del error sincero- En cierto sector del
partido hay más ignorancia que mala vo­
luntad.

Según usted, mi obra es de ataque al Par­
tido. Una parte del ataque internacional del
comunismo. Quizás tenga usted razón, siem­
pre que admita que una sección del Partido
rehuye toda lucha por el Socialismo y se
conforma con apuntalar una política liberal
en decadencia. Pero no cometa usted el error
de los burgueses que hablan de intereses de
la patria para referirse a sus propios inte­
reses. No hable de ataques al Partido cuan­
do — en todo caso — se trata de ataques a
determinadas cosas y expresiones. Por lo
demás, conviene dejar establecido que soy
socialista por el Socialismo.
Termino esta respuesta que ha resultado
un poco larga y que he hecho sobre la má­
quina. Está sin corregir, pero — como la
suya — dice muchas cosas espontáneamente
sentidas. Quizás, amigo Palacín, no llegue­
mos a entendernos nunca, pero, en definitiva,
no somos nosotros quienes debemos juzgar­
nos. .

Viene de la pág. 20
sociales que hicieron causa común con él,
fueron bárbaramente golpeados en plena
Cárcel de Villa Devoto y cuando se encon­
traban en un estado extremo de debilidad,
luego de 6 días de huelga de hambre. Ence­
rrados después en calabozos individuales de
castigo se les dió como primer alimento la
asquerosa “tumba” de la cárcel, con grave
riesgo para su salud. Es sabido que a la ter­
minación de las huelgas de hambre, el más
elemental precepto higiénico exige que se
dé alimentación liviana, a base de leche o
platos de fácil digestión.
Hay más. Cuando el día 29 de Diciembre
una comisión formada por el diputado na­
cional Bunge, un abogado defensor y tres
médicos distinguidos, profesores de la Fa­
cultad, quisieron ver a los detenidos de Vi­
lla Devoto que denunciaban haber sido víc­

timas de torturas, la dirección de la cárcel
negó su autorización, reconociendo implíci­
tamente que los malos tratos habían dejado
huellas fáciles de comprobar.
En todas estas gestiones no se ha encon­
trado un sólo miembro del bloque parlamen­
tario socialista que quiera prestar su colabo­
ración o tomar iniciativa alguna. Yo pre­
gunto si para un delegado de la clase tra­
bajadora es más importante cualquier in­
trascendente debate académico que la situa­
ción por la que atraviesa la clase obrera?
Y si le basta, para tranquilizar su concien­
cia, contestar algún reportaje pedido por la
prensa, donde se aprovechará el espacio para
combatir, más que a los órganos del Estado
burgués, a supuestos “comunistas” que se
llama “de gabinete”, que a veces son afilia­
dos a nuestro partido, y a los que se de­
nuncia al Comisario Cussell, para que orien­
te su represión.

Saludos cordiales.
Mendoza, Diciembre 18 de 1934.

�Nuestra Tarea Frente a la Lucha
★
La desenfrenada rapacidad capitalista, que
aprovechara las restricciones a las actividades
grem iales para dism inuir en form a fantástica el
nivel de vida y de trabajo de las m asas obreras
del país, ha provocado en los últim os m eses una
serie de m ovim ientos huelguistas, que señalan un
prom isor resurgim iento del espíritu de com bativi­
dad y de la conciencia de clase en el proletariado
de la capital y del interior del país. Pese a la
existencia de circunstancias desfavorables, como
ser la vergonzosa persecución policial a los gre­
m ios obreros, la gran cantidad de desocupados y
la falta de organización, especialm ente en los ra­
m os industriales, se han producido im portantes
m ovim ientos que deben interesar a los m ilitantes
obreros y socialistas. Contra lo que hacen entida­
des obreras “responsables”, la C. G. T. y m uchos
afiliados socialistas que pretenden ser “grem ialista s”, es preciso dedicar una gran atención a
estos m ovim ientos, que tienen una especial sign i­
ficación. Solo así se podrá encauzar este deseo
de organización y de lucha que m ueve hoy a m u­
chos obreros, y se logrará constituir una central
obrera poderosa, no por sus edificios sociales sino por la eficiencia de su acción en defensa de
los intereses del proletariado y por su capacidad
para la orientación política de los trabajadores.
La huelga de los obreros de la m adera abrió la
serie y pronto pudim os apreciar m ovim ientos si­

m ilares entre los m etalúrgicos, sastres, textiles,
pintores, yeseros, colocadores de m osaicos, sastres
a dom icilio, sin contar las huelgas parciales de
personales de fábricas y talleres, y los m ovim ien­
tos de protesta de los em pleados de varias gran­
des tiendas del centro. Si agregam os a esto la in ­
quietud que existe entre el nersonal ferroviario
y la actividad de loe colectiveros contra los pro-'
pósitos m onopolistas llegam os a la conclusión dt
vtae estam os frente a una prom isora reacción dt.
i&amp; clase obrera que quiere luchar en defensa dft
sus intereses, pero que no encuentra desgraciada­
m ente los dirigentes capaces de guiarla. N uestro
P aftido no presta a estos m ovim ientos la m ás m í­
nim a atención, a pesar de que m uchas de estas
huelgas están dirigidas por m ilitantes del m ism o,
que son perseguidos por la policía com o vulgares
delincuentes. A filiados socialistas m etalúrgicos,
obreros de la m adera y pintores, entre otros, son
detenidos por su s actividades grem iales y hay a fi­
liados socialistas “grem ialistas” que consideran que
lo mejor que pueden hacer esos socialistas que
cum plen con sus deberes grem iales es abandonar
los grem ios en que actúan y trabajar solo en or­
ganizaciones no perseguidas por la policía, en
grem ios “responsables”, que tienen m ucho dine­
ro, edificios m onum entales y otras cosas, pero
que carecen de com batividad, son incapaces de
defender los intereses de sus asociados, se prestar»

�34

IZQUIERDA

CARLOS SANCHEZ VIAMONTE

EL ORDEN PUBLICO

Deseo no estar ausente en el tercer número de “Izquierda”, y falto de
tiempo para escribir el artículo que estoy debiendo, les ruego me permitan
reproducir en nuestro periódico un breve trozo de labor constituyente, to­
davía inédito, fuera del diario de sesiones. — Carlos Sánchez Viamonte.

A mi juicio el concepto de orden público tiene una enorme trascendencia que aum entará a m e­
dida que se vaya haciendo sentir la necesidad de contemplar en toda su amplitud y significado los
•distintos problemas que va planteando la complejidad de la vida moderna, pprque el concepto de
•orden público, en el cual aparece la sociedad actuando, destruyendo derechos adquiridos, alteran•do las obligaciones de los c.retratos, es la expresión del concepto socialista moderno, y no se re­
fiere a la libertad del individuo, no afecta aquellos derechos que integran la personalidad humana, ne­
cesarios para su desarrollo y para el logro de su s fines esenciales.
¡Cuando anula las obligaciones de los contratos o destruye derechos adquiridos no lo hace para
afectar la libertad; lo hace en mira de alcanzar, para la sociedad orgánicam ente considerada, en su
totalidad integral, aquella parte de justicia que se hace indispensable, como una restitución a los
que, en realidad, sufren las consecuencias de un orden jurídico que significa la histórica consagra­
ción de privilegios económicos.
A sí es considerado de un modo más o menos expreso, por todos los sostenedores del derecho pú­
blico moderno; hay auien lo ha comparado con el principio romano del “salus rei publicae suprema
lex esto”; en realidad, hay algo de eso, es un poco de salud pública, o de las cesas públicas que se
imponía por sobre la salud individual, es decir, los intereses individuales. Pero en realidad el con­
cepto de orden público no va contra la libertad, cóm o he dicho, sino contra los derechos de carác­
ter patrimonial, que significan la estratificación del privilegio, que es siempre una injusticia..
H a recordado del señor convencional Arce, la cláusula del código civil, relativa a que el contra­
to es, para las partes, como la ley, y yo no puedo menos de objetar ese principio como uno de los
m ás anacrónicos que existen en materia jurídica.
E s un principio jurídico consagrado en el derecho romano, bajo el imperio, donde no había sino
un mínimun de libertad individual, mínimun de derechos relativos a la personalidad humana, y
un máximun de derechos relativos al patrimonio. Eso es lo que caracterizó el privilegio y la injusti­
cia del derecho romano.
Cada día que pasa registra un avance del derecho social sobre- la riqueza. Dism inuyen las obli­
gaciones que nacen de los contratos y aum entan 1 as obligaciones que nacen de la ley. La voluntad
social expresada en la ley tiende a sustituir a la voluntad particular de las pai tes contratantes. El
principio jurídico de que el contrato es ley para las partes va siendo reemplazado por este otro: la
ley es contrato para las partes; sus cláusulas reem plazan a las cláusulas de los contratos. El de­
recho es siempre una estructura, una forma de relación. La injusticia que contiene esta estructura
jurídica del pasado, tiende a ser rectificada en los tiem pos modernos; alguna vez me perm ití decir
a manejos de individuos que trafican con su in­
fluencia en los gremios y hasta aparecen respal­
dando m anifiestos que repudian los obreros cons­
cientes. Salvo la honrosa excepción de algunos
centros del interior del país y de la capital y de
varias publicaciones socialistas de tierra adentro
nuestra despreocupación frente a los m ovim ien­
tos reivindicatoríos de los obreros y m ás aún
frente a la inicua persecución de que hace obje­
to la policía a los gremios obreros es alarm ante.
Solo nos ocupamos de las campañas electorales y
a pesar de que somos el partido de la clase obre­
ra no dedicamos ninguna atención a las activida­
des de los obreros que más conciencia de clase
tienen. Después nos lamentamos de no contar con
el apoyo de las organizaciones obreras. Pero ja­
más nos preguntamos qué hacemos nosotros pa­
ra ganarnos la sim patía y el apoyo de los obre­
ros organizados. IZQUIERDA entiende que es
preciso que todos los órganos de publicidad so.
cialistas se pongan al servicio de los movim ien­
tos de reivindicaci 6n de los obreros y estim ulen a
los trabajadores por todos los medios posibles a
fin de que constituyan agrupaciones seria-’ de
&lt;un alto nivel grem ial.

IZQUIERDA entiende que es necesario que to­
dos los m ilitantes socialistas actúen con decisión
al frente de las organizaciones y de los m ovim ien­
tos obreros y que el Partido y sus publicaciones
deben estim ularlos y defenderlos contra la prepo­
tencia policial.
IZQUIERDA entiende que nuestra condición de
partido de clase nos obliga a sostener a los traba­
jadores en huelga con todas nuestras energías,
apoyándoles económica y moralmente y batallan­
do desde la tribuna, las publicaciones y la banca
parlamentaria para lograr que se respeten los
derechos de organización y de huelga y no se co­
metan los torpes abusos de que son objeto hoy
los trabajadores que luchan por mejorar su Si­
tuación.
IZQUIERDA cree interpretar un deseo unánime
en el Partido, algo que afirman todos los obreros
socialistas que actúan en los gremios, algo que
se traduce en las resoluciones de muchos centros
y en las actividades de no pocas agrupaciones
partidistas de todo el país que realizan a ctú a mente una campaña activa contra la persecución
del movimiento obrero por los instrum entos de
opresión del estado burgués.

�que el triunfo socialista, se obtendría en calm a, por la consagración de un sistem a que contuviese un
m áxim un de derechos relativos a las personas y u n m ínim un de derechos relativos al patrim onio. E l
orden público va dirigido contra los in tereses patrim oniales que sign ifican siem pre privilegios.
E n el contrato de trabajo, especialm ente, se puede observar el triunfo del interés social en for­
m a de orden público, no obstante la resistencia opu esta en nom bre de la llam ada libertad de con ­
tratar y la perversa ficción liberal de la igualdad de las partes en el contrato, aún siendo eviden te
la desproporción y d esven taja en que se halla frente al capital el obrero aprem iado por la n e cesi­
dad de vivir.

H A Y L IB E R T A D D E E N S E Ñ A N Z A ?
Se ha dicho que no legislam os para hoy. E stam os de acuerdo. Q uerem os que se lsg isle para m a ­
ñana, pero m ucho m e tem o que la legislación que se elabora en estos m om entos sea para ayer, pa­
ra ese ayer que era noche y no para el hoy que y a es día. E se es nuestro tem or, bien fundado desde
nuestro punto de vista, señor presidente, porque el ideal de ju sticia no es de carácter absoluto ni es
inm óvil. Si algo caracteriza al ideal es la m ovilida d, la necesidad de la m archa. E l ideal es una
proyección del presente hacia el futuro, es una
perspectiva de m ejoram iento,
es un&gt;
anh elo de realización de la s esperanzas que el hom bre llega a acariciar y que m uchas v eces con stitu ­
yen la ilusión. Pero el ideal no es el patrim onio de ninguna casta, de ningún dogm a. Lo excluye
toda inm ovilización volu ntaria de la sociedad hum ana, por lo m enos a sí lo consideram os nosotros,
que tenem os un ideal, pero que no aceptaríam os ja m á s encerrarlo en la jau la de una determ inada
religión corrom pida por todas la s im posiciones interesad as que la deform an y la hacen servir in te­
reses particulares cada v ez que, necesidades de la lucha en la vid a social, obligan a utilizar comoargu m ento suprem o las cosas divinas para sacar provechos hum anos.
Se ha dicho que lo que se procura con este proyecto, es obtener la “libertad para el m ás su ­
blim e de los sentim ientos, com o es el que aproxim a al hom bre a su creador”. X se h a vuelto a rep e­
tir, “planteam os el problem a de la libertad en la ed ucación”. A caso sea éste, esencialm ente, el pro­
blem a de la libertad del espíritu. Con toda frecu en cia se presenta el asu n to desde un punto de v ista
constitucional o jurídico, enunciándolo de un m od o fragm entario y parcial; enunci;ndolo de una
m anera que desnaturaliza el contenido, y así, por ejem plo, se dice libertad de enseñanza, y con esta
expresión se pretende abarcar todo el problem a con stitu cion al y, por consiguiente, el problem a m o­
ral y social que se halla contenido en él. “L ibertad de enseñanza” : E sta expresión abarca dos de­
rechos perfectam ente delim itados y en cierto m om en to contradictorios: el derecho de aprender y el'
derecho de enseñar. Libertad de enseñanza, ¿por q u é? E nseñar es una form a esp ecífica del dere­
cho genérico de trabajar; es nada m ás que el ejercico de una profesión, o de un oficio. T si ha m e­
recido tan ta jerarquía en la h !storia constitucional del siglo 18 y del siglo 19, es porque hab ía que
liberar a la enseñanza en los p aíses civilizados de la influencia deform adora del dogm a y de la opre­
sión de una casta socerdotal; de otro m odo no se explica que se le haya dado tan ta im portancia a
la libertad de enseñar, porque si es im portante enseñar, m ás im portante aún es curar. Por m ás im ­
portante que el derecho del m édico profesional p ara ejercer su profesión, y m ás im portante que la
función o el derecho del docente para ejercer la suya, es el derecho que el hom bre tien e a la salud
y que el niño tiene a la libre expansión de su personalidad.
Sería curioso que, so pretexto del derecho de curar, los m édicos pudieran dañar la salud de sus
pacien tes, pudieran alterar su anatom ía, pudieran im pedir el norm al funcionam iento de su o rgan is­
mo. Y lo que se está sosteniend o ahora, se parece m ucho a esa absurda superioridad del derecho de
ejercer su profesión por parte del m édico sobre el indudable y fundam ental derecho que tien e cada
individuo a la salud. E l derecho que pueda tener el que en seña para ejercer su profesión, que sería
estrictam en te la llam ada libertad de enseñar, es in sig n ifica n te y ridículo fren te al derecho que tiene
el niño ai desarrollo de su personalidad sin reform ación alguna. E l derecho de aprender es el fin
y el de enseñar es el m edio que le e stá subordinado.
C uando se habla de la libertad de en señar un determ inado dogma, pienso en la libertad que t e ­
nían los padres chinos de ponerles borceguíes en lo s pies a sus h ijas niñas para im pedir su desarro­
llo, porque según el criterio arcaico de ellos, era un ejem plo de exquisitez y belleza el pie d efor­
m ado com o el vaso de un equino.
T am bién los padres chinos pudieron invocar la libertad — libertad liberticida por cierto — de
im ponerles a los pies de sus h ijas el borceguí deform ador, con igual derecho que lo invoca esta
pretensión de deform ar el espíritu del niño en la edad que, por ser tierno, como se ha dicho en esta
convención, adm ite todas las deform aciones, y en vez de resp etarse los derechos del niño, que y a son
un evangelio laico, la person s’idad del niño, que es el derecho que tiene la sociedad a la cultura
y al progreso integral, se le pretende deform aránvocando el ejercicio de una profesión que al fin y
al cabo es tan lucrativa, por noble que sea su fin alid ad , com o cualquier otra profesión, pu esto que
hay m ucha gente que v iv e de ella.
Se ha hablado aquí de una “verdad revelada”. La verdad revelada es otro “borceguí” chino para
la m ente de un niño, y se ha dicho tam bién que es indispensable para que h aya u n a educación m o ­
ral, contem plar y penetrar el m isterio de la vida. N o se habrá de penetrar jam ás al m isterio de la
vida, apoltronándose en la com odidad de la v erd ad revelada, sillón fastu oso en el que d escan sa la
inteligencia, renunciando a 13, observación y al an álisis. E s precisam ente con la verdad práctica y re­
lativa, la verdad aprendida y no revelada, que s e pone al niño y m ás tarde al hom bre en con­
tacto con la v id a y sus m isterios, y se es capaz de apreciarla, porque esa apreciación ha costado e s ­
fuerzo, Sin esfuerzo no hay com prensión de la v id a , que lo reclam a siem pre; no hay tam poco
idea que alien te la m archa hacia el m ás allá!

�ANTECEDENTES DE LA
REVOLUCION ESPAÑOLA
★

Aunque el Partido Socialista Obrero Espa­
ñol se constituyó en el año 1879, puede decirse
•que se incorporó de lleno a la vida política de
España durante las guerras coloniales de fines
del siglo pasado, cuando se opuso con toda firm e­
za a la locura de declarar la guerra a los E sta­
dos Unidos. Desde entonces no cesó ni un sólo
instante de luchar en todos los terrenos y con to­
da firmeza por la desaparición de la España de
las oligarquías, y de los privilegios. Convencido
•de que no le sería posible al pueblo español avan­
zar ni un sólo paso mientras el corrompido ré­
gimen monárquico imperase en España, el Par­
tido Socialista Obrero incluyó en su programa
mínimo un punto que consideró fundamental: la
abolición de . la monarquía y de sus métodos
oprobiosos.
La huelga general revolucionaria del año 1917
tuvo por fin principal derrocar a la monarquía e
implantar la República, dando al traste con la
España decrépita y corrompida; el Partido Socia­
lista *y la Unión General de Trabajadores, hacien­
do honor a los compromisos contraídos, fueron
quienes más se sacrificaron en aquellas mem o­
rables jornadas. Con el mismo espíritu de sacri­
ficio y la misma ,lealtad para con sus aliados
obraron estos dos organismos en el movimiento
revolucionario de 1930, precusor de la instaura­
ción de la República.
La participación de los socialistas en el Go­
bierno provisional que habría de formarse al
triunfar la República, fue im puesta en el seno del
Comité revolucionario, como una garantía de m á­
xima seriedad, por los m ilitares que se habían
comprometido a participar en el movimiento.
Además, todos los políticos republicanos, sin nin­
guna excepción, que forrhaban parte del Comité,
consideraron indispensable la participación de los
socialistas en el Poder.
Cuando se proclamó la República, el único par­
tido político español organizado en forma moder­
na y con una gran disciplina era el Partido So­
cialista, apoyado incondicionalmente por un or­
ganismo tan serio, tan solvente y tan aguerrido
como la Unión General de Trabajadores. Al ser
requeridos oficialm ente los socialistas para par­
ticipar en el Poder, fué necesario, naturalmente,
•consultar el parecer del Partido; hubo entonces
muy fuertes y muy fundadas discrepancias entre
sus afiliados; sabido es que Julián Besteiro, so­
cialista de gran autoridad, encabezaba una frac­
ción de camaradas, importante por su número y
calidad, que no estaba conforme con la colabora­
ción, Julián Besteiro pensaba que la colabora­
ción podía comprometer no sólo el porvenir del
Partido Socialista sino también el de la Unión
General de Trabajadores. Sin embargo la m aycría del Partido fué favorable a la participación
•de los socialistas en el Poder, y éstos entraron a
formar parte del Gobierno provisional.

En las primeras elecciones de diputados, cele­
bradas después de instaurarse la Repúbúca, el
Partido Socialista obtuvo ciento veinte bancas, lo
que le valió ser la minoría más importante de
las cortes Constituyentes. Fué una verdadera des­
gracia para el socialism o español el haber obte­
nido un número tan importante de diputados,
porque, sin darle la elección una fuerza suficien­
te que le autorizase a reclamar íntegramente el
Poder, le creó una delicadísima situación.
El Partido Socialista se entregó de lleno, le rí­
mente, sin reservas de ninguna clase, a la conso­
lidación de la democracia que había contribuido a
establecer, y se consideró, con justo motivo, uno
de sus-m ás fuertes puntales. ¡Quién iba a pensar
entonces que el Partido y sus hombres m ás re­
presentativos, que habían contribuido en forma
tan decisiva y tan abnegada a la implantación del
nuevo régimen, iban a ser, poco después, injuria­
dos, calumniados, escarnecidos y declarados fue­
ra de la ley por los mismos elementos qu» tan
insistentem ente habían pedido su colaboración!
Existían aquellos momentos, por parte de
los socialistas, el sincero propósito de afianzar,
defender y conservar la República democrática,
constitucional y parlamentaria. Creían honrada­
mente los hombres que llevaban entonces la di
rección del Partido y de la Unión General de
Trabajadores, que la nueva República, tal corno
se iba estructurando, iba a permitir al proletaria­
do una rápida evolución que le capacitara para
asumir íntegramente el Poder por los cauces le ­
gales. Bien pronto habrían de convencerse nues­
tros camaradas de c¿ue esto era sumamente difí­
cil de conseg'uir, porque quienes se oponían más
tenazmente a las legítim as aspiraciones del prole­
tariado, eran, precisamente, los mismos republi­
canos.
Aprobada la Constitución y elegido presiden­
te de la República el señor Alcalá Zamora, se
produjo la crisis de fondo del primer Gobierno
del señor Azaña. Los socialistas fueron invitados
a seguir participando en el Poder. ¿Pudieron elu­
dir nuestros camaradas su participación en el
segundo gabinete del señor Azaña? Indudable­
mente que sí, a pesar del número de diputados
que el Partido Socialista tenía en las Cortes
Constituyentes. Pero el señor Azaña tuvo la su­
ficiente habilidad para conquistar la adhesión de
los socialistas y la participación en su Gobierno.
Sin embargo, hubiera sido un gran bien para el
Partido Socialista y para la Unión General de
Trabajadores haber renunciado entonces a la par­
ticipación. Porque ¿qué ventajas significaba para
los socialistas tener tres ministros en el Gobier­
no? Ningluna, absolutam ente ninguna, pues si
bien el Partido cargaba con la enorme respon­
sabilidad que suponía su participación en el P o­
der, no gozaba, en cambio, de ninguno de sus be­
neficios. A. quienes peor se trataba en España,

�era, precisam ente, a los socialistas, a pesar de
tener tres cam aradas en el Gobierno. Se daba el
caso estupendo de que en las provincias agríco­
las, por ejem plo, se les negaba sistem áticam ente
el trabajo a los hom bres y m ujeres afiliados al
Partido Socialista o a la U nión General de T ra­
bajadores, es decir, a los verdaderos defensores
de la República. N o se respetaban las leyes obre­
ras ni los contratos de trabajo, y cuando la d es­
esperación llevaba a los trabajadores socialistas
a protestar por la actitud inhum ana de la clase
patronal, la guardia civil se encargaba de m eter­
les en cintura. Lo m ism o ocurría en las zonas in­
dustriales.
Sin em bargo, el Partido Socialista segu ía
inculcando en las m asas la fé en la R epública de­
m ocrática, la confianza en el nuevo régim en in s­
taurado; confiaba, tal vez, en que llegaría un
m om ento en que todos, gobernantes y gobernados,
cum plirían con su deber. R esultaba difícil sin
em bargo, convenecer a • las m asas obreras socia­
listas, porque veían claram ente que los agentes
de un Gobierno, que contaba con tres m inistros
socialistas, les trataban despiadadam ente. S e po­
drían relatar m uchísim os casos de represión lle ­
vados a cabo por la fuerza pública durante los
Gobiernos de Don M anuel Azafia.
Todo esto, noturalm ente, fué creando un pro­
fundo m alestar en el Partido Socilaista y en la
U nión G rem ial de Trabajadores; la desilusión fué
prendiendo en el corazón de su s afiliados; y a no
creían encontrar cauce am plio y sereno a sus
inquietudes, a sus aspiraciones, a sus ansias de

ju sticia dentro de una R epública como la que
había sido im plantada en España.
M ientras tanto, las derechas clericales y m o­
nárquicas, que durante los prim eros m eses de la
R epública habían perm anecido escondidas, em p e­
zaron a organizarse en form a m uy hábil, dentro
de la legalidad, sin ser m olestadas en lo m ás m í­
nimo por las autoridades. Gil Robles, M artínez
de V elazco y G oicoechea. con sus resp ectivas or­
ganizaciones políticas, sem braban la cizaña y
provocaban la división de los republicanos; es­
taban, naturalm ente, en su papel. Lo estúpido,
lo im perdonable, es que m uchos republicanos
fueran ganados por la propaganda del m onar­
quism o, cayendo ingénuam ente en sus redes.
Cuando las derechas reaccionarias contaron
con una potente organización e n ' toda España,
cuando los republicanos de todos los m atices se
encontraban divididos; cuando se creyó llegado
el m om ento de acabar definitivam ente con el
rumbo izquierdista señalado a la R epública por
la C onstitución, se produce la crisis del gabinete
presidido por don M anuel A zaña, y poco después
se disuelven las Cortes C onstituyentes. ¡H abían
triunfado las derechas reaccionarias, enem igas
im placables de los artículos 26 y 44 de la Cons­
titución Española!
D aría m ateria para varios artículos la enor­
m e labor desarrollada por las Cortes C onstitu­
yentes. D esde la C onstitución h asta ’a ley de
A sociaciones y C ongregaciones religiosas, ¡qué
obra tan sabia y progresista hizo el Farlam en-N

Un mensaje de Largo Caballero desde la prisión

Sama i'acta J e s ú s Menéndez
Buenos A ire a
MADRID
E s tim a d o c a m a ra d a:
Acuso r e c i b o de l a c a r t a .¡ue me e n v i a en nom­
b r e de l a J u v e n t u d S o c i a l - i s t a de e s a c a p i t a l , a g r a d e c i é n d o l e l a s m a n i f e s ­
t a c i o n e s de s o l i d a r i d a d que en e l l a me h a c e . Recibo con l a c a r t a l a r e s o ­
l u c i ó n que me a d j u n t a y de l a que he hecho e n t r e g a a l S e c r e t a r i o g e n e r a l
de l a F e d e r a c i ó n de J u v e n t u d e s S o c i a l i s t a s , que se e n c u e n t r a t a m b i é n en
esta prisión.
•
P uede u s t e d , y l o s demás c a m a ra d a s de e s a c a p i t a l , t e n e r l a
s e g u r i d a d de que no nos a m i l a n a l a s i t u a c i ó n enque n o s e n c o n t r a m o s . E s t a mos c o n v e n c i d o s de q u e , d e s d e e s t a s c a s a s , t a n o i e n se puede s e r v i r a l a s
i d e a s . Al s e r v i c i o de e l l a s hemos p u e s t o , h a s t a adMÍ, y s e g u i r e m o s p o ­
n ié n d o en lo s u c e s i v o l o m e jo r de n u e s t r o s e n t u s i a s m o s .
S a l u d e a l o s c a m a ra d a s d e l P a r t i d o y de l a s J u v e n t u d e s en
nombre de q u i e n es Suyo y

CL. D IP U T A D O A C O R TE S

*

�to! Indudablemente que com etió sus errores, y en
política, los errores se pagan carbs, carísim os.
Uno de esos errores, acaso el m ás lam entable, fué
elegir presidente de la República al señor A lcalá
Zamora. Otro error, fué no discutir y aprobar en
seguida, inm ediatam ente de haber sido sancio­
nada la ley de Reform a Agraria, las leyes com ­
plem entarias de ésta, tales como la de cultivos,
la de arrendam ientos rurales y la de rescate
de bienes com unales; sin estas leyes com plem en­
tarias era im posible aplicar la ley de Reform a
Agraria que, como dijo en una ocasión el señor
Lerroux en el seno del Comité Revolucionario,
era la verdadera revolución. Claro que entonces
no dijo don Alejandro Lerroux que él iba a ser
precisam ente, el mayor enem igo de esa revolu­
ción, el traidor máximo.
Querámoslo ver o no, lo cierto es que quien
había fracasado era el director de la política
gubernamental, el presidente del Consejo de M i­
nistros, el señor Azaña, a pesar de todo cuanto
hizo por gobernar según la m ás irreprochable
ortodoxia democrática. Don Manuel Azaña, em ­
pachado de juridicidad, no supo, con los m ag­
níficos medios que tuvo en sus manós, contra­
rrestar la insidiosa cam paña de las derechas,
enem igas irreconciliables del régimen democrá tico que se había dado la m ayoría del pueblo es­
pañol; no supo darle la batalla definitiva al ca­
ciquism o rural, que hacía m orirse de hambre a
los verdaderos defensores de la República y so­
cavaba los cim ientos del nuevo régim en con el
m ayor descaro; no supo en fin, im ponerse cuan­
do debió hacerlo, tratárase de quien se tratara.
.Cuando se cuenta con un instrum ento de gobier­
no tan m agnífico como lo fueron las Cortes
Constituyentes, y, adem ás, con el entusiasm o y
la adhesión popular, es imperdonable lo ocurri­
do.
A sí se explica que, en el mom’é hto de disol­
verse las Cortes Constituyentes, estuvieran las
m asas obreras socialistas totalm ente decepcio­
nadas; habían perdido su fe y su confianza en
la República, debido a la torpeza de muchos.
Para retenerlas dentro del Partido y de la Unión
General de Trabajadores, fué necesario todo el
prestigio y toda la habilidad de Francisco Lar­
go Caballero, quien, renunciando inm ediatam ente
al evolucionism o y a la colaboración, declaró so­
lem nem ente que se había abierto un nuevo pe­
ríodo revolucionario en España. Evidentem ente,
Largo Caballero quería a toda costa m antener
incólum es al Partido Socialista y a la U. G. T.,
y, según él y los que como él pensaban, el úni­
co medio para conseguirlo era adoptando una
política netam ente revolucionaria. D ifícilm ente
otro que no hubiera sido Largo Caballero, habría
conseguido lo que él consiguió, sobre todo si se
tiene eir cuenta que había sido uno de los m i­
nistros de los tres gobiernos del señor Azaña;
pero la m asa socialista, que conoce m uy bien
la integridad y la honradez de este hombre ad­

m irable y sabe que jam ás rehuyó la responsa­
bilidad de sus actos, le siguió entusiasm ada,
enardecida. Convencido el Partido Socialista de
que los republicanos estaban decididam ente en
contra de la clase trabajadora, no quiso alian­
zas con nadie; a las elecciones con sus solas fuer­
zas, con candidatos propios, salvo en algunas
provincias, dos o tres, donde se incluyeron en
las candidaturas los nom bres de algunos repu­
blicanos de. izquierda.
La lucha electoral se entabló así; marxismo
o antim arxism o, o lo que es igual, socialism o' o
burguesía y catolicism o. N o merece la pena re­
cordar las rarísim as com binaciones que hicieron
en toda España los enem igos del socialism o pa­
ra vencerle. La am algam a antim arxista fué de
lo m ás pintorescas y contó con poderosísim os
caballos blancos electorales. Gil Robles, caudi­
llo de la am algam a, dijo pocos días antes de las
elecciones que, si el Parlam ento que iba a for­
marse no respondía a la finalidad negativa que
esa am algam a perseguía, él y los suyos som e­
terían al Parlam ento, y añadió que si para ello
era necesario derramar sangre española, se de­
rramaría. Las perspectivas no podían ser más
desconsoladoras: las derechas envalentonadas, por
boca del señor Gil Robles, anunciaban sin em ­
bajes que desencadenarían en E spaña la guerra
civil.
El Partido Socialista obtuvo en las urnas
varios m illones de votos, pero perdió la batalla
electoral, debido en gran parte a las reform as
introducidas en la ley de elecciones; el fam oso
cuarenta por ciento de la primera vuelta, inspi­
ración de don M anuel Azaña, obró el milagro de
darle al conglomerado antim arxista la mayoría
de los diputados.
iSe sabía de antem ano para qué iba a servir­
les el Parlam ento a las derechas triunfantes:
para darle una apariencia de legalidad a su obra
de regresión. Y así fué. La actitud de los gobier­
nos de Lerroux y de Samper, anulando de he­
cho las m odestísim as m ejoras obtenidas por la
clase trabajadora, algunas de ellas conseguidas
durante la monarquía, y la labor de las Cortes,
aprobando leyes tan irritantes por su parcialidad
como la de am nistía, que sólo se votó para po­
ner en libertad a los enem igos de la República,
a los señoritos de la sanjurjada, m ientras los
pobres obreros perm anecían en las cárceles, lle­
nó de indignación a las m asas laboriosas; éstas
encontraron cerrados todos los cam inos de la
legalidad, y no vieron otro remedio en su deses­
peración, sobre todo después de conocer la com­
posición del nuevo gobierno del señor Lerroux, que
el estallido revolucionario, el que quizá les fué
im posible contener a los dirigentes del Partido
Socialista y de la Unión General de Trabajado­
res. Ahora bien, si fué precipitado el m ovim ien­
to; si se retrasó dem asiado su estallido; o si fué
bien planeado y dirigido, el tiempo se encargará de
aclarárnoslo.

�PUBLICACIONE
☆

Bosquero Histórico de
la Lucha de Clase
Por

MIGUEL

GRATACOS

En Tucumán funciona una escuela de estu­
dios sociales. Con motivo de la inauguración de
sus cursos, el camarada Miguel Gratacós, dió una
conferencia que luego publicó en un tomo bajo
el título del epígrafe.
Activo militante socialista que une a su es­
píritu de acción un constante y noble afán de e s ­
tudio, Gratacós, aporta al movimiento el esfuer­
zo personal de su múltiple actividad, concreta­
da en las diversas funciones que sus compañeros
inmediatos le han confiado.
El bosquejo histórico que nos presenta nues­
tro camarada, es una síntesis de la lucha de cla­
ses, apropiada para divulgar las ideas genera­
les del tema y aportar valiosos antecedentes del
mismo.
Es visible la preocupación constante del au­
tor en ese sentido —1 y ello se advierte en todo
el texto — porque el compañero Gratacós no ha
perdido de vista que en gran parte su trabajo de
divulgación iría a manos de mentalidades un
tanto vírgenes. Sabido es que los afiliados so­
cialistas estudian poco, y es fácil advertir en
ellos una ausencia de contacto con los autores
clásicos del socialismo. Por eso sueie prender
tan fácilmente, de vez en cuando, la palabra
despectiva o el gesto de suficiencia ignorante que
reemplazan en la polémica al razonamiento doc­
trinario.
Todos conocemos una frase que descubre una
mentalidad y sintetiza una posición de orfan­
dad: el elogio de lo práctico en contraposición
de lo doctrinario. El hombre práctico, en nues­
tro movimiento — que suele ser el que pega car­
teles y realiza, exclusivamente, menesteres m a­
nuales — se le pretende oponer al doctrinario,
cuando, por lo contrario, la gran función de
nuestro partido debe ser la formación de hom­
bres de acción que conozcan y se muevan di­
rigidos por la doctrina. La doctrina no
la ' verborragia charlatanesca de los que desco­
nocen o simulan desconocer su importancia; es
la guía que señala el camino, sencillamente. Con
ella no confundiremos economía dirigida capi­
talista con economía dirigida socialista: ni in­
volucraremos, en una sola apreciación falsa, dos
hechos fundamentales de la historia moderna: la
dictadura proletaria y la dictadura capitalista, en
la misma forma que la doctrina nos permite dis­
tinguir las diferencias substanciales entre socia­
lismo y liberalismo.
Si en nuestro partido sucede eso, débese, en
gran parte, a que tenemos demasiados “prácti­
cos”, que erran el camino, porque lo desconocen:

consecuencia de delegar en pocos la función
derecho de pensar.
A la formación de un tipo integral de i
tan te socialista: doctrinario y práctico — y
constituyen anticipos los jóvenes socialistas
crearon con esfuerzo la Confederación Jm
Socialista — tiende el esfuerzo que numer
camaradas de todo el país, agrupaciones so
listas, etc., vienen realizando. A este núcleo p
tenecen los compañeros tucumanos que co
Gratacós, realizan una obra de construcción .
cialista inspirados en las ideas fundamentales c
socialismo, es decir, en el marxismo.
El trabajo que comentamos tiene ese mériti
Está escrito sencillamente, para ilustrar a le
trabajadores y a aquellos que no siéndolo, pue
den leerlo con provecho y gusto.
S. N. B.

☆

Carlos j\í a r x y la
Acción del'Proletariado
P o r

M.

A

L

B

E

R

T

I

Editado por la Editorial “C. L. E. S.” se ha
publicado un opúsculo conteniendo un trabajo de
M. Alberti, sobre Marx y la acción proletaria.
Reseña el abandono de Marx de la “Gaceta
Renana” y el beneficio que significó para el ul­
terior desarrollo intelectual del mismo; los pri­
meros contactos que tuviera con la Liga de los
Justos y los orígenes y redacción del Manifiesto
Comunista, que vino a reemplazar al programa
de la Liga, que mereciera de Marx y Engels crí­
ticas acerbas.
Más luego refiere la fundación de la Interna­
cional, con la redacción de su programa y esta­
tutos, por parte de Marx. En éstos estableció el
creador del socialismo científico, los principios
de que “la emancipación de los trabajadores d e­
be ser obra de los trabajadores mismos”, y que
“la emancipación económica de los trabajadores
es el supremo objetivo al cual debe subordinarse
todo movimiento político, como medio”.
Alberti señala las discrepancias con los bakouninistas, que habían sido precedidas de las
discrepancias con Proudhón, fruto de los es­
fuerzos del maestro por la clarificación de las
ideas y el método revolucionario.
El programa de Gotha, con la crítica que m e­
reciera de Marx, es citado por Alberti, seña­
lándolo como un documento intelectual que ce­
día al oportunismo político categoría de método
dentro del movimiento socialista. El autor del fo­
lleto transcribe en esta parte el enunciado de

�donde esquemáticamente se establece que
quistar el poder político burgués la clase
deberá implantar su dictadura de clase,
medio para llegar a la elaboración del réeconómico comunista y a la eliminación
clases: “Entre la sociedad capitalista y la
ad comunista se abre el período revoluio de transformación que sirve de puente
una y otra. Paralelamente, tiene que exisi periodo de transición política durante el
el Estado no puede asumir más forma que
ictadura revolucionaria del proletariado”,
la Alberti que las ideas contenidas al final
segundo capitulo del Manifiesto, al decirse
el despojo del capital y de los instrumentos
producción sólo podrá realizarse al principio
iante acciones despóticas contra la propiedad
régimen burgués de producción, contiene almás que el gérmen de la dictadura proletaA1 final del folleto, Alberti transcribe las pa­

labras de Marx, dirigidas a Weldemeier, en 1852:
“En lo que me concierne no tengo el mérito de
haber descubierto la existencia de las clases en
la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Lo
que yo he aportado de nuevo ha sido la demos­
tración de lo siguiente: lo.: Que la existencia
de las clases se halla Intimamente relacionada
con determinadas condiciones históricas del des­
arrollo de la producción; 2o.: Que la lucha de
clases conduce a la dictadura del proletariado y
que ésta dictadura no es más que un periodo de
transición hacia la supresión de todas las clases
y hacia la construcción de una sociedad sin cla­
ses”.
El folleto de Alberti es, en síntesis, un tra­
bajo que resume los comienzos y la acción de
Marx en el movimiento obrero. Breve síntesis,
por cierto, que debe ser completado con la lec­
tura de los libros que refieren la vida y la obra
del maestro con amplitud.
3.

N.

B.

V ien e de la pág. 4

I

Tú, que veo eres observador, piensa y estudia. A poco que te detengas a
contemplar el panorama teórico y práctico del socialismo argentino, verás que
saltan a la vista las verdades que expongo aquí, y que lo hago por tratarse de una
carta. Lee los papeles " viejos”, tales como La Vanguardia de la primera época;
los folletos y demás publicaciones oficiales; las resoluciones de los congresos
partidarios, etc., etc., \y tendrás la medida exacta de lo afirmado. Si tú no la?
encuentras, o mejor dicho, si tú no las conoces, te mego me lo indiques en la
próxima, para transcribirte algo a fin de que las conozcas.
El partido se concreta hoy a hacer campaña electoral dentro de la Capital
Ftderal y tiene abandonado el campo. En esto tienes razón, Juan. ¿Por qué no
se aprovecha a todos esos legisladores que en las cámaras no dicen esta boca es
mía y salen, a la campaña a desparramar el Socialismo ? También en esto tiene¿
razón sobrada. No admite réplica tu acertada observación.
Ya sabes los sacrificios que nos cuesta a los socialistas “provincianos1’ el po­
der divulgar nuestras ideas, y en qué forma chocamos contra los intereses creados
y de circulillos. Hacer socialismo por estas tierras no es tarea fácil, dado los
contrastes y las persecuciones que debemos sufrir. Pero no obstante ello, esta­
mos animados de un ideal que es acción, que es todo lucha, que es todo justicia,
y nos alienta un deseo ardiente de trabajo que deseamos sea compartido por Id
masa del partido. Espero tus líneas, y mientras tanto recibe un apretón de ma­
nos. — Cordialmente.

M I G U E L

G R A T A C Ó S

SOCIALISMO NO ES LIBERALISMO:
MIENTRAS ESTE DEJA SUBSISTENTE LA PROPIEDAD
PRIVADA, EL SOCIALISMO LA ANULA

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                <text>Broquen, Enrique G.&#13;
López, José P.&#13;
Bagú, Saul N.&#13;
Scheiner, Rosa&#13;
Cuneo, Dardo&#13;
Sánchez Viamonte, Carlos&#13;
García Martínez, Francisco&#13;
Gratacós, Miguel</text>
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                    <text>IZQUIERDA

“ El sangrador” , estudio de Guillermo Fació Hebequer
No. 4

20 cts.

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j■ E D I C I O N E S J . S A M E T
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la
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E n e m ig a
$ 3 .0 1 0
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En el Concurso Literario
Municipal de Buenos Aires:
C u ltu ra ?
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He ahí el importante
problema que estudia el
Dr. C. Sánchez Viamonte
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librerías . . . $ “ •
Un nutrido O
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volumen $ Lá,
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■
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SE REMITEN LIBRES DE GASTOS, A TODA LA AMERICA
■

por

T. A L L E N D E

IR A G O R R I

J. S A M E T , E d ito r - Av. de M a y o 1 2 4 2 - Bs. A ire s

■

�FUNDAGÓN ESPIGAS
ARCH. ALBERTO H. COLLAZO

IZQUIERDA
PUBLICACION

MENSUAL

Buenos Aires, A bril de 1928

Año I

Los intelectuales,
los obreros y los
hombres de acción.

No. 4

mana, la tiene. Esta ventaja tiene la in ­
teligencia sobre las otras cosas. Esta des­
ventaja tienen los intelectuales entre los
otros gremios. La. inteligencia es capaz de
Un día un obrero me dijo:
condenarse a sí misma, y el intelectual es
— A ustedes los intelectuales los va­
capaz de levantar testimonio contra su
mos a ahorcar, cuando hagamos la re­
propia vocación, profesión, oficio y
volución.
existencia. El intelectual se confiesa siem­
A mí no me tom ó de sorpresa lo que
aquel obrero me dijo. Era un hombre ro era mayor. Nuestro obrero era revo­ pre, y su confesión suele adquirir el to ­
estúpido, honrado y revolucionario; sen­ lucionario. Si los intelectuales le dieran, no y la traza del martirio. El señor Ba­
tía profundo desprecio por los intelec­ pongo por caso, hecha la revolución, él rrenechea, que es un intelectual puro, ha
tuales. No creía sino en la organización los echaría después de aceptarla, dicién- sentido sed de padecimiento. Se ha in/ fligido martirio, con gozo. Ha puesto de
obrera y en los obreros. Tenía el odio doles:
del bruto por la inteligencia y la des­
— Hermanos, gracias por la revolu­ infelices y canallas para abajo a los in ­
confianza del ignorante por el que sabe ción que me dan; ahora, largo de aquí: telectuales. Lo ha hecho mucho mejor
algo. Estaba convencido de que quien se jódanse ustedes, porque yo no les pedí que aquel obrero con quien concuerda en
empeña en saber algo, lo hace de puro que la hicieran. La pensaba hacer por mi sus opiniones. Porque lo ha hecho con
inteligencia.
picaro para embaucar a quien no sabe. cuenta.
Aquel obrero no creía capaz de ningu­
Cuando le dije, sonriendo, que si los in ­
Los obreros piensan hacer la revolu­
telectuales hacían la revolución con los ción por su cuenta. Hay algunos inte­ na acción social a los intelectuales, sino
obreros, no había razón para matarlos, lectuales que creen que eso es posible. sólo de sumisión. Parece mentira que
me respondió- exasperado:
Hay quien cree, por lo pronto, que la sea menester decirle ahora a Barrenechea,
— Sí, lo mismo habrá que acabar con inteligencia es cosa secundaria, y que sir­ lo que no valía la pena de decirle a
ellos, o echarlos a cualquier parte. Han ve de muy poco. Es un error. Por ejem­ aquel hombre, no porque fuese obrero,
servido siempre a los burgueses. Y son plo, el señor Barrenechea ha escrito un sino porque no quería entender: los me­
unos parásitos. Una sociedad obrera no libro, que, aunque se llama "Excelencia dios de acción del intelectual son de otra
necesitará intelectuales. ¡ Son un lujo y miseria de la inteligencia” , sólo mues­ naturaleza que los medios de acción, del
burgués!
tra la miseria de la inteligencia. El se­ hombre de acción. Pero, si se juzga por
Aseguro que estas palabras me las dijo ñor Barrenechea cree lo mismo que aquel los resultados, salvo el m uy raro caso de
un obrero. Me acordé de él, cuando leí obrero de mi cuento, y lo mismo que un puro hombre de acción, con genio,
en un ensayo de Gorki esta respuesta de aquel campesino ruso que le decía a el intelectual es al cabo mucho más
hombre de acción que el puro hom bre de
un campesino a un intelectual: (cito de G orki:
memoria, porque no tengo el libro a m a­
— Después de los frailes, hay que col­ acción. Así como la actividad intelectual
sea un escritor con ideas y con destreza
no; así que las palabras son mías, pero gar a los médicos y a los sabios.
el sentido es de Gorki) :
El señor Barrenechea, no está, por lo expresiva, es leído al cabo por mucho
----Hermano, ---- dijo el campesino —— visto, en mala compañía. Su opinión es mayor número de personas que las que
nosotros no les hemos pedido a ustedes que los intelectuales son. naturalmente, puede manejar el puro hom bre de ac­
que hicieran la revolución; la han hecho unos corrompidos. Escribe que siempre ción. La acción del puro hom bre de ac­
porque han querido; ahora aguántense.
han sido aduladores y alharaquientos sin ción es de momento. Actúa por acción
de presencia. Sus obras e instituciones,
Y no soltaba el trigo para la ciudad hacer jamás nada bueno.
cuando
él ha desaparecido, pueden o no
Su
argumentación
es
bastante
inorgá­
que sufría hambre. La revolución hecha
por los intelectuales, y los obreros inte- nica. Parece, por momentos, que si el hablar por él. Pueden ser mal usadas;
lectualizados de las ciudades, había pues­ intelectual hace míala vida y tiene m a­ porque los hechos dependen de las opi­
to el trigo y demás alimentos de Rusia las costumbres, es por culpa de nuestra niones, sino para ser producidos, para
en manos de los campesinos; pero los sociedad. Pero luego, en resumen, la con­ ser entendidos y aplicados.
La acción del intelectual se extiende en
campesinos no había pedido la revolu­ clusión es que todo el mal del intelec­
ción ; por eso no se tenían por obliga­ tual está en ser intelectual. Y o no voy el tiempo. No es de mero lugar y m o­
dos a alimentar las ciudades, ni a los a hacer la fácil broma de decirle a Ba­ mento. Gana más terreno porque dura
intelectuales, ni a los obreros que los rrenechea, que él ha hallado en su propia más: con la añadidura de un privilegio
habían sacado de la esclavitud. Aquel inteligencia la miseria de la inteligencia. que parece divino; en sus obras está
obrero argentino pensaba, en el fondo, Antes pienso lo contrario: que es una ex­ siempre presente el autor, al través de las
lo mismo que este campesino ruso de celencia de la inteligencia el poder seña­ edades. Ellas hablan por él. El es su pri­
Gorki. Pero la estupidez de nuestro obre- lar su miseria, que, como toda cosa h u ­ mer exégeta y su primer apóstol. Su
A m o al pu eblo, pero detesto
su estupidez.
'Zan gw ill.

-—

�2
voz es directa. Su obra nace de su pen­
samiento, y como él escribe lo que pien­
sa, lo que deja escrito, eso es él; eso es
su obra. Su identidad con su obra es
más efectiva; su efecto es más prolon­
gado y más tradicional; por eso es más
firme.
El famoso anarquista Malatesta m o­
vió más hombres en el mundo con sus
simples folletos y cartillas, que con su
propia acción personal. Sus librejos eran
los mensajes intelectuales de un hombre
de acción. Muchas obras puramente in ­
telectuales de intelectuales puros, son
grandes obras de acción por los resulta­
dos. Así el famoso mensaje comunista
de Marx. Así las novelas de Dostoievski:
no por nada los rusos le dicen narodnic.
A cualquier rata de biblioteca o a cual­
quier gacetillero literario y metafórico no
se le ha de llamar intelectual; como no
se ha de llamar jurista a cualquier ave
negra ducho en chicanas. El señor Barrenechea piensa con Sorel, que la inteli­
gencia está al servicio de los impulsos.
Este pensamiento no es nuevo. Se halla
en Schopenhauer, en Vailünger; y ya
mucho antes de Schopenhauer. Se halla
después en todo el pragmatismo. Se halla
en Remy de Gourm ont y otros. Se ha­
lla en Bergson. De Bergson es discípulo
Sorel. De Sorel es discípulo Barrenechea.
Pero así como la tortuga no hubiese so­
brevivido sin su caparazón, así el hom ­
bre no hubiese sobrevivido sin su inteli­
gencia. El instinto, la intuición, los im ­
pulsos, son todas formas y extremos de
la inteligencia. La inteligencia la tiene el
hombre, no por lujo, sino necesariamen­
te para vivir. La inteligencia humana
jamás es desinteresada. Puede desintere­
sarse del individuo, mas no se desinte­
resa de la especie. El arte que parece una
de las formas más desinteresadas de la in­
teligencia intuitiva y constructiva, es uno
de los más profundos intereses de la es­
pecie, cuando la especie está en una edad
enérgica y en estado de fecundidad in ­
ventiva; es una de las formas organi­
zadoras y fijadoras del conocimiento; y
toda forma del conocimiento es una ga­
rantía y fortaleza de la existencia. ¿Que
los intelectuales suelen ser canallescos en
su conducta? No lo son por intelectua­
les. Lo son por hombres. No hay más
canallas entre los intelectuales que entre
los médicos y los abogados. Puede parecerlo porque los intelectuales se con­
fiesan más. Hay más canallas entre los
obreros que entre los intelectuales. No
los culpo por eso- sus desgracias tienen
para serlo. Los intelectuales se han trai­

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cionado a menudo a sí mismos como in ­
dividuos de clase, cuando han defendido
a los obreros. Los obreros han traiciona­
do mil veces más a los intelectuales que
los intelectuales a los obreros. Y aún
peor que eso: han traicionado las ideas
que en beneficio de los obreros y por
amor de la justicia produjeron aquellos
intelectuales. Los obreros son de todo
punto incapaces de hacer por sí mismos
una revolución. Lo que dice el señor Ba­
rrenechea, de que la salvación de la so­
ciedad depende de la sola acción obrera,
es infantil de puro torpe. Los obreros no
son capaces de hacer sino a lo más,
grandes motines y revueltas. La jaquede,
los pillajes de los Guex, las sublevacio­
nes de los campesinos en Alemania, con
Thomas Münzer, las turbulencias agres­
tes en Bohemia y en Rusia, allá por di­
ferentes épocas, el levantamiento de los
obreros en Italia ahora poco, cuando to ­
maron las fábricas; todas estas acciones
obreras, en distintos tiempos y ocasiones,
no añadieron ni quitaron nada al estado
social. Sólo trajeron crímenes, ruinas y
miseria. Les faltaba la dirección intelec­
tual para que fueran acciones construc­
tivas. Veamos el ejemplo de los obreros
en Italia cuando ocuparon las fábricas,
hace pocos años. Tuvieron en sus m a­
nos al gobierno, a la sociedad entera, el
ejécito estaba con ellos, o poco menos;
eran dueños de todas las vías de comu­
nicaciones: y no pudieron establecer su
gobierno en Italia; ni lo intentaron;
ver cidos por su ineptitud para organi­
zar, devolvieron las fábricas a sus amos.
Dejaron paso al fascismo. A los sindica­
listas de Itatlia les faltó dirección inte­
lectual. En Rusia hicieron la revolución
los intelectuales. Los intelectuales harán
la revolución en el m undo; o no la ha­
rá nadie. Puede ser que acaben siendo sus
víctimas. Pero esos son los riesgos del
oficio. Los intelectuales hicieron las dos
únicas grandes revoluciones de estos
tiempos: la revolución francesa y la re­
volución rusa. Los intelectuales hirieron
las grandes revoluciones de la antigüe­
dad. Moisés que hizo una revolución en
Egipto, fué también un intelectual. Cris­
to, si habló con parábolas y con frases
robadas del Antiguo Testamento, según
están asentadas en los. Evangelios, fué un
intelectual y un erudito de la ley, aun­
que no fué un esclavo de la letra. Por
intelectual de genio fué gran revolucio­
nario; ni lo fué tanto por la acción per­
sonal, cuanto por la acción intelectual.
En vano el señor Barrenechea acumula
datos para demostrar la miseria de los

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intelectuales al través de la historia. No
puede ofrecer tantos o más en contra de
todo lo que dice. Con los hechos me­
nudos y dispersos de la historia se puede
probar todo lo que se quiera en mate­
ria social y moral. No demuestran en
rigor nada. Sólo el cojunto de los he­
chos decisivos, los movimientos orga­
nizados, las épocas fundamentales, las
consecuencias radicales y los resultados
tradicionales de la historia demuestran,
con su serie y evolución, algo en pro o
en contra de una teoría. Al lado de un
Maquiavelo rabioso, amargado y descreí­
do, hay un Giordano Bruno que se h a­
ce quemar por sus ideas, y hay un Campanella que se pasa la vida en la cár­
cel. Sus ideas obran por ellos en el m un­
do. El oficio de la inteligencia, es según
el hombre. La inteligencia no hace peor
al individuo. Antes por inteligencia pue­
de hacerse el hombre mejor; si no por
el cambio de los impulsos, al menos por
la inhibición y disciplina estética de los
impulsos. La inteligencia eleva al hom ­
bre a una cierta armonía en la cual la
fealdad de las malas acciones y de la m a­
la vida, es, por discordante, a duras pe­
nas admitida; y si lo es, lo es con gran­
des torturas de la conciencia y con per­
turbaciones de la reflexión. La voz de
orden para que los obreros se unieran,
partió del intelectual Marx. Los que p ri­
mero trabajaron para organizar a los
obreros, fueron intelectuales y no obre­
ros. Babeuf y Lasalle eran tan intelec­
tuales como hombres de acción. U n in ­
telectual no es siempre un hombre de ac­
ción. Pero tampoco lo es siempre un
abogado, ni lo es siempre un ingeniero,
ni aún lo es siempre un orador. E ntien­
do por hombre de acción al reformador
social o al fermentador social. Creo que
es lo mismo que entiende Barrenechea
por hombre de acción y es lo mismo
que entiende el vulgo, fuera del orden
militar. El gremio de los intelectuales
ha dado, proporcionalmente, mayores
hombres de acción que todos los otros.
Y han sido los mejores por ser intelec­
tuales. Y por lo mismo han sido los
más originales.
Sin la dirección intelectual la organi­
zación obrera no vale gran cosa. Servi­
rá para hacer huelgas, para obtener sa­
larios mejores. Pero no puede hacerse con
los obreros y con el sindicalismo sola­
mente una sociedad más justa. Toda la
vida social del mundo y todos los cauces
de la acción en lo que toca al hombre
son de organización intelectual. La in ­
teligencia es el principal instrumento de

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la vida del hombre, y es la más bella
prenda de su espíritu. Gracias a la inte­
ligencia vemos belleza en ciertos contras­
tes humanos y naturales, que de otro
modo sólo serían turbios y violentos
choques de nuestra condición. Sin la
inteligencia seríamos miserables, y perece­
ríamos. ¿Que eso es porque la inteligen­
cia nos engaña? Este engaño sería una
ilusión biológica. Esto es, una mentira
vital. Pero las mentiras vitales son im ­
prescindibles. Cuando dejan de serlo se
caen solas. Pero, ¿por qué creer que la
belleza mostrada por la inteligencia es un

-

.......................

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...........................................-

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-

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engaño y una mentira? ¿Por qué no
pensar que es una revelación y un m ila­
gro? Hay mejores razones para pensar es­
to. Finalmente, demuéstrese primero que
los obreros de su sola organización sin­
dical, han sacado la idea de una sociedad
justa. Yo digo que es todo lo contrario:
que la idea de la organización, como
procedimiento táctico, es secundaria; y
sigue a la idea de tener poder para ob­
tener más justicia social; y la idea de
justicia social es de puro linaje intelec­
tual: y todo, idea de justicia, idea de
poder e idea de organización, es obra de

■ ■ ■ '-----------------------

3

los intelectuales. Los obreros, lo repito,
no han hecho jamás una revolución. J a ­
más la harán, si no es como lugartenien­
tes, cabos y soldados. Los intelectuales
no serán si se quiere ni mejores ni peores
hombres que los obreros. Pero para las
revoluciones se pintan solos. Y hasta de
puros revolucionarios que son, hacen lo
que el señor Barrenechea: hacen la revo­
lución contra la inteligencia. Menos mal
que la hacen con inteligencia.

Julio Fingerit.

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PUBLICACION M ENSUAL
RED AC IO N :
Luis Di Filippo,
Juan Lazarte,
José Torralvo,
Julio R. Barcos,

DIRECCION:
Elias Castelnuovo,
Ibarrola 7050
[Liniers]
Buenos Aires
A D M IN ISTRA C IO N :
Sebastián Ferrer,
Concepción Arenal 3987
Semestral

SU SCRIPCIO N:
$ 1
Ejem plar
Agentes y paqueteros, convencional.

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. —

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Tiraje: 4.000 ejemplares
N. de la A.
Se advierte a los agentes y paqueteros que no hayan saldado el segundo número, que
no se les remitirá el tercero.
Se ruega a los suscriptores que envíen el importe directamente a la Administración, en estampillas de
—

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^ ÁCQTACICKEAgEL CUENTO DE MONROE
U n literato americano acaba de escribir un artículo en G i­
nebra sobre la doctrina de M onroe. La prensa lo comenta ex­
tensivamente y transcribe un párrafo donde el hom bre ase­
gura que “ gracias a dicha doctrina la U nión es el país más
grande del m undo y el más respetado de todos’”.
A pesar de que no pasa un día sin que la prensa del suri
o del norte se ocupe de la doctrina de M onroe, nosotros,
hemos ilegado a dudar de la existencia de M onroe y a poner
en tela de juicio, tam bién, la existencia de su doctrina. Se
nos ocurre, a menudo, que la doctrina de M onroe no fue la
concepción de un presidente que se llam ó M onroe, sino-, sen­
cillamente, la creación fantástica de un pueblo picaro y o fi­
cioso.
La doctrina de M onroe ofrece, en este sentido, cierta ana­
logía con la doctrina de Irigoyen. N o por el contenido, si­
no por la falta de contenido. A quí y allá, se habla a cada
paso de la existencia de una doctrina, pero, ni aquí ni allá, la
mencionada doctrina, aparece por ninguna parte. E n efecto:
¿quién conoce la doctrina de M onroe? Nadie. Y ¿quién conoce
la doctrina de Irigoyen? T am poco: nadie. Sin embargo, no
sólo corre el rum or de que Irigoyen posee una doctrina, sino
que se jura y perjura que la tiene encerrada en el bolsillo.
La doctrina de M onroe, quizás, es el producto de la p i­
cardía yanqui, como la doctrina de Irigoyen es el productode la picardía argentina. N o en balde, a ellos y a nosotros
nos separó Dios de los demás continentes.
T anto Irigoyen como M onroe, son dos tipos históricos,
más o menos apócrifos, creados por la fantasía popular para
satisfacer una necesidad histórica. La necesidad histórica de
nuestro pueblo, en este m om ento, son los empleos nacionales.
Irigoyen representa la causa de todos los desheredados. . . de
la burocracia. Y la necesidad histórica de la U nión es descar­
gar sus culpas sobre la conciencia de alguien, que en este caso
es un filósofo que tuvo la ocurrencia de inventar una doctri­
na. Monroe, desempeña en la política americana el triste p a­
pel que desempeña Quevedo en la literatura española. C ual­
quier chiste verde que huela a ajo se le atribuye inm ediatam en­
te a Quevedo. En la U nión a M onroe lo cita hasta el verdu­
go que maneja la silla eléctrica. La razón de un hom bre se ha
convertido, paulatinam ente, en una razón social. O en una ra­
zón de Estado. ¿Qué la U nión bom bardea a Nicaragua? B ue­
no: la doctrina de M onroe ya lo había previsto en el capítu­
lo de los bombardeos. ¿Qué se firm a un pacto de paz?
Ah, ah . . . M onroe era un apóstol de la paz y la U nión con­
tinúa el apostolado de M onroe. ¿Qué se quebranta la paz
y se inicia la guerra? ¡M onroe que te parió! ¿Qué la U nión
traiciona a un pais extranjero? M onroe decía que la trai­
ción dejaba de ser traición cuando el estado del Estado lo
exigía... ¿La U nión es traicionada por otra potencia más
sinvergüenza que ella? Ah, ah, a h . . . ¡M onroe repudiaba
el engaño y aborrecía la traición! ¿Qué la Standard Oil se
apodera del petróleo de nuestro continente y nos deja m a­
terialmente a oscuras? M onroe previo el caso. D ijo al res­
pecto: el petróleo produce el calor. Sin calor no se puede
vivir. Luego, hay que buscar y traer petróleo de cualquier
parte. Eso dijo. ¿Qué se lincha a una caterva de negros en
Cansas City? M onroe era blanco. Luego, no se viola la doc­
trina del ilustre m andatario.
M onroe le sirve a los americanos como Aristóteles al A r­
cipreste de Hita. El Arciprste de H ita cuando quería decir
algo por su cuenta se lo hacía decir a Aristóteles. Decía que

él lo decía. Los americanos proceden exactam ente como el
jesuíta español. Hasta sospechamos que para poner en prác­
tica la siila eléctrica se consultó la doctrina de M onroe, y
se adujo, naturalm ente, que M onroe era partidario de la
electricidad.

EL CUENTO DE IRIGOYEN
La A rgentina ha creado, también, un tipo sem ejante al
tipo de M onroe. N o lo ha hecho con fines internacionales,
como la U nión, sino con fines puram ente domésticos. N o se
trata de un tipo para uso externo, sino para uso interno.
Nos referimos a El Hom bre, con mayúsculas.
Así como hemos puesto en duda la existencia de M o n ­
roe, a veces, se nos ocurre dudar de la existencia de I ri­
goyen. N o dudam os, en cambio, de la creación. D udam os,
e:i una palabra, de que sea una persona, pero no dudam os
de que sea un personaje. U n personaje real y fantástico.
N o conseguimos todavía com pletar nuestro pensam iento. El
Elombre vive, dicen que vive, pero no vive, si vive, para
sí. ni en sí, sino para los demás y en los demás. Si una ra­
zón de Estado creó el tipo de M onroe, una razón social,
tal vez, creó el tipo de El H om bre. Sea como sea, la crea­
ción de El H om bre es una creación real y ficticia a la vez,
que responde, no sabemos bien, si a la necesidad espiritual
de un pueblo de tener un hom bre o si a la necesidad m ate­
rial de disponer de él. M ezclamos las palabras realidad y
fantasía, porque a pesar de que a El H om bre no se lo ve
poi ningún lado, su nom bre suena y truena y anda de C e­
ca en Meca como el nom bre de M onroe. Pocos son los que
han podido ver a El H om bre, pero son m uchos los que
pronuncian su nom bre y relatan sus hazañas.
¿Existirá, en efecto, El Hom bre? ¿V ivirá o estará m uer­
to? U nos dicen que vivió y que aún sigue viviendo. Otros,
aseguran que ha m uerto. O tros, que está em balsam ado. . .
A decir verdad, no hace gran falta que El H om bre viva,
supuesto que su existencia no es suya sino el producto de
la im aginación popular o la misma im aginación popular
donde nació y en la cual vive. N osotros nos dam os cuenta
de que El Hom bre vive o vivió, no por él: que no habla,
ni se deja ver, ni sale al balcón, ni anda por la calle, sino
por los otros, en quienes él vive y por los cuales respira
y obra. P or todos aquellos que afirm an que lo han visto u
oído o que se dicen amigos de él o partidarios de su doctri­
na y que vienen a ser, en resumidas cuentas, lo único que
podemos apreciar de su vida, si es que El H om bre vive.
P or m om entos, llegamos a sospechar que las personas que
siguen a El Hom bre se han com plotado con el fin de crear
a un hom bre y que para valorizar más la creación le aña­
den las mayúsculas y le cuelgan una doctrina con un régi­
men y una causa. Se menciona a El H om bre como si se
tratara de un santo y se menciona la causa como si se tra ­
tara de un milagro. N o obstante, nadie puede precisar la fi­
sonom ía del santo y menos la naturaleza del m ilagro. R ei­
na el misterio más profundo alrededor de los dos fenóm e­
nos. Pero, se habla a cada paso de las dos cosas como si
fuesen dos cosas positivas y existentes. El santo, entretanto,
calla y la gente se encarga de propalar su evangelio, o sea,
las palabras que el santo no pronuncia. P or m om entos, lle­
gamos a sospechar, tam bién, que dicho hom bre existe a
condición de guardar silencio, a fin de que los com plotados puedan hablar libremente por él, dándole los últim os re­

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toques a la figura. Advirtamos, asimismo, que El Hombre
no Se alegra ni se enoja de ser el depósito general de las ideas
de sus correligionarios y en vez de abrir la boca un día,
cada dia lá tiene más cerrada. No aprueba ni desaprueba. C a­
lla y asimila. Todos los que lo siguen le atribuyen una
cualidad distinta, cualidad que El Hombre hace suya, silen­
ciosamente. Todos los que le han visto le descubren una nue­
va virtud o un nuevo privilegio. Vale decir: amplían su
vida de personaje legendario. Y como todos, a la postre,
han tenido una participación en la creación de El H om ­
bre, el hombre se siente muy agradecido con todos y to ­
dos con el hombre.
Digamos que El Hombre ha sido una bella concepción
popular, siempre que no se trate, claro está, de un caso de
sugestión colectiva. Costó mucho construir a El Hombre,
pero, al fin, se lo construyó. Y el pueblo que lo hizo,
ahora que está hecho, lo ama. No ama a El Hombre: ama
su propia obra. Cuando el pueblo lo aplaude, a sí mismo,
se aplaude. Lo engrandece para engrandecerse y lo exalta pa­
ra exaltarse.
La doctrina, si es que hay doctrina, la constituye el con­
glomerado vasto de sus admiradores. De todos aquellos que
directa o indirectamente participaron o convinieron en la
construcción de un hombre, en cuya cabeza descansaría una
doctrina.
Se trata, como puede verse, de una creación maravillosa,
que participa del espíritu y de la materia. Porque El H om ­
bre ha sido ideado para satisfacer las necesidades del cuerpo
y del alma. Es así que tiene animadores líricos y anima­
dores prácticos. Y mientras los unos esperan la resurrección
del país, los otros, esperan tan sólo la resurección de su
familia, que a fuerza de aguardar el empleo prometido se
está muriendo de hambre.

OTRO CUENTO PEOR
Sale aquí una revista católica apostólica romana donde
colaboran asiduamente algunos escritores de nota. También
sale un pasquín de la misma catadura religiosa, en el cual
van a parar todos los restos que evacúa semanalmente dicha
publicación. Una se llama “ Criterio” . La otra, "C riterito” .
“ Criterio” y "C riterito” , según parece, se disputan a vi­
va fuerza, la salvación del país. No se la disputan a trom ­
padas y a balazos como las hordas misericordiosas de Cantoni. Ni tampoco repartiendo empleos nacionales como la
fracción contraria. Al binomio mesiánico de unos y otros,
“ Criterio” y “ Criterito” , oponen un terceto: la Santísima
Ttinidad. O sea: El Padre, El H ijo y El Espíritu Santo.
Sí a la humanidad no la salva Dios, de esta hecha, no
la salva nadie.
Nosotros somos muy respetuosos de todas las ideologías.
Hemos escuchado al reverendo padre Napal sin encajarle si­
quiera un cascotazo. Y esta tolerancia nuestra se debe a
que después de sumar y restar la calidad y cantidad de los
hombres, llegamos a la conclusión de que los ideólogos esta­
ban en minoría y que no convenía atacarlos a fondo, por­
que peligraba, naturalmente, la especie.
Pero, ni el respeto ni la admiración excluyen el análi­
sis. Por eso, a pesar del concepto excepcional que los ideó­
logos nos merecen, consideramos que no conviene, sin embar­
go, darles demasiado soga. Conviene, por el contrario, te­
nerlos siempre a raya. De esta manera contribuiremos a
mantener la rectitud del individuo y la integridad de la es­
pecie...
Trataremos, en consecuencia, de apuntar dos cosas que
conspiran contra la eficacia de la propaganda de “ Criterio”
y su minúsculo apéndice. La primera es la condición eco­
nómica de los propagandistas y la segunda es la forma de en­
carar la propaganda.

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EMPECEMOS POR LO PRIMERO
Digamos que ambas publicaciones están editadas y escritas
por la burguesía y se venden en todas las iglesias. La ma­
yoría de sus colaboradores es gente de plata. Poseen un tí­
tulo o dos o tres, o varias cátedras, o una renta del Estado
o una renta de la mujer, o una casa en M orón o un con­
ventillo en Belgrano. Nosotros no vamos a censurar su po­
sición ideológica. Cualquier ideología, después que hicimos
nuestro balance, nos resulta digna de estudio. N i tampoco
vamos a censurar su posición económica. Cada cual vive
como puede. . . Pero, vamos a señalar, eso sí, la contradic­
ción que encierra la posición ideológica de “ Criterio” y
“Criterito” con su posición económica.
Cristo exigía, como condición previa, a todos aquellos que
lo querían seguir, que abandonasen sus privilegios. No se
puede ser rico y ser cristiano a la vez. Llenas están las
escrituras de anatemas contra los poderosos. Sí en algo se
excede la palabra de Cristo es, precisamente, en el repudio
de la riqueza. Asegura, por ejemplo, que es más fácil que
pase un elefante por el ojo de una aguja que entre un rico
en el reino de los cielos. La religión de Cristo, no es la re­
ligión de los ricos, sino la religión de los pobres. Cristo
predicaba a los afligidos y a los menesterosos. Se dirigía es­
pecialmente a los que tenían hambre y sed de justicia. Y
los ricos jamás han tenido hambre de ninguna especie y sólo
han tenido sed da riqueza. Cristo tronó particularmente
contra los magnates de la tierra. Después que se apagó la
voz del maestro, el trueno de su filosofía siguió estallando
en la boca de sus discípulos.
San Jerónimo decía que “ la riqueza era siempre el pro­
ducto del robo” . San Basilio fué más terminante. D ijo que
“ todo rico era un ladrón” . Y San Crisóstomo le dió la pa­
pa a San Basilio. “ Todo rico — afirmó — es un bandido".
Pero, los ricos, ahora, no se conforman, por lo visto,
con ser ricos. Les parece poco ser lo que son. Quieren ser
algo más... Ya dan por cierta, seguramente, su salvación
y quieren salvar a los otros... Nos quieren salvar a nos­
otros los pobres.
Para hablar de Dios, es menester, estar en buenas rela­
ciones con él. U n hombre religioso, no es religioso porque
se diga religioso, sino porque cumple con los preceptos
de la religión. Sacar una revista o dos para prestigiar a Dios
y hacer todo lo que Dios condena, es hacerle un flaco ser­
vicio a Dios.

SIGAMOS POR LO SEGUNDO
Digamos que el lenguaje de “ Criterio” y "C riterito”
sorprende por su estruendosa fonación. Es un lenguaje clá­
sicamente revolucionario: campanudo, pistonudo y treme­
bundo. Mete miedo. Y sorprende, porque el criterio de am­
bas publicaciones es francamente reaccionario. La forma no
cor.dicc con el contenido. (Ya hemos demostrado que el
contenido no condecía con la fo rm a). Hay, entonces, con­
tradicción y recontradicción flagrante.
Los burgueses no pueden ni deben ser revolucionarios.
Como las mujeres no deben ni pueden ser varones. Porque
los burgueses no pueden ni deben hacer la revolución. N i la
necesitan, ni la desean, ni les conviene. Los burgueses, a lo
sumo, podrán hacer la contrarrevolución el día que la revo­
lución estalle. La revolución es el producto de la desigual­
dad social. Y la desigualdad social, si no es el producto
de la burguesía, por lo menos, así lo parece. O si levantá­
ramos un censo de los que están bien y de los que están
mal, resultaría que los que están bien son pocos y los que
están mal son muchos y estos pocos son siempre los b u r­
gueses. De donde se desprende que si los que están mal no
tienen derecho a quejarse, los que están bien, deben, por
prudencia, callarse la boca. Porque si los ricos se quejan,
¿qué pueden hacer los pobres, entonces? Y si los que poseen

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una renta del Estado o de su mujer o media docena de tí­
tulos o una casa en Morón o un conventillo en Belgrano,
ponen el grito en el cielo, ¿qué podemos hacer nosotros,
que sólo tenemos el día y la noche, un cubierto de lata en
el hospital y una franja de terreno en la Chacarita?
Si nos vamos a poner a gritar todos (los que reciben la
paliza y los que la pegan), en vez de salvar lo poco que
nos resta del edificio social, echaremos a perder hasta el úl­

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timo ladrillo.
Advirtamos que Cristo predicaba la paz, y que “C rite­
rio” y “Crilcrito” son partidarios de la guerra. De la gue­
rra social y universal. Son más papistas que el papa.
Y señalemos, por fin, que algunos de los que colaboran
r n ambas publicaciones, pertenecieron primitivamente a “La
Protesta” . Parece ser que hubo un trasbordo de dinamita
verbal de una cañonera ácrata a un submarino católico. No

se cambió de disco. No. Se cambió de fonógrafo...
Para salvar a los hombres hay que empezar por casa.
Sórlo el que se salva a sí mismo está en condiciones de sal­
var a los demás. Pero, no creemos que para salvar al m un­
do sea necesario insultar a todo el mundo,

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R O B E R T O J. P A Y R O
Payró era ante todo un hombre
honrado. Parece poco; pero ahondan­
do en esta afirmación, vemos que tal
título, negado para muchos en la
hora presente, le daba derecho para
erigirse en maestro de la juventud. Lo
fué sin proponérselo. Hombres jóve­
nes de las más distintas tendencias
le admiraban y querían. En “ Babel” ,
en un modesto número en su home­
naje, expresaron en un lenguaje cáli­
do, espontáneo y sincero, lo que pen­
saban del gran escritor, lo qué sen­
tían hacia el benévolo amigo. H a­
bía mucha emoción en esas páginas y
el viejo luchador habrá encontrado
en esa solidaridad con su persona y
con su obra, alguna compensación a
los sinsabores, ingratitudes y dolores
de su vida.
Como psicólogo en la novela y el
drama, como crítico y analista en el
artículo, Payró fué maestro de la ju ­
ventud por la seriedad con que enca­
raba el arte y la rectitud de su juicio.
Era para todos un ejemplo de firme­
za, de perseverancia en el bien, de na­
tural modestia. Nunca nada ni nadie
pudo torcer el curso natural de su

pensamiento. Si en contraria hora al­
guno de nosotros estuvo a punto de
claudicar, estamos seguros de que el
ejemplo de espíritus de temple como
el de Payró, lo salvó.
Desde que se inicia en las letras
fustiga enérgicamente la falta de idea­
les en el pueblo, los bajos deseos de
lucro. A veces es cáusticamente iróni­
co, a veces su tono es amargo y crudo.
Detrás de estas preocupaciones mora­
les se alza independiente de toda
ideología el recio esqueleto de su obra
artística, que lo hace el padre de la
novela argentina.
Era un escritor bien nuestro. Sien­
do su obra por sus caracteres gene­
rales de interés mundial; nadie pin­
tó con más acierto y originalidad
nuestras costumbres. Es que en su
obra no hay el convencionalismo va­
cuo de los falsos nacionalistas. Es
anti-gaucho a pesar del cariño que po­
ne en la pintura del paisano., Sencillo
de toda su sencillez, siendo un escritor
costumbrista no explota tampoco el
pintoresco caló que ulcera nuestro
idioma. En su obra la pampa no es
un producto literario; es la visión

inteligente y franca de las cosas y los
hombres y la concepción artística del
paisaje.
Payró compartía sus preocupacio­
nes entre el arte y las cosas humanas;
no vivía librescamente, palpitaba
con todas las cuestiones del mundo.
Acaso esta inquietud que era un ex­
cedente de generosidad, le llevó al
periodismo. Y fué un periodista de
verdad, de enorme • cultura, de prosa
ágil y clara, íntegro hasta la médu­
la, desinteresado como ninguno.
Si fué padre de nuestra novela,
con Florencio Sánchez inauguró entre
nosotros el teatro de ideas, que aún
hoy no tiene sucesor de veras.
Por todo esto y por lo que hubie­
ra podido realizar si el periodismo
no distrajera sus fuerzas, por tanta
ingratitud e injusticia como sufrió en
vida, es que volcamos íntegra nuestra
admiración en el noble amigo des­
aparecido. Con nuestra admiración
va nuestra pena. Porque quién cono­
ció su obra, le admiró y le quiso, y
quien le conoció, aumentó su admi­
ración y su cariño.

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Filosofía-P olítica
ESTADO PSIQUICO ^MONARQUISTA

La democracia burguesa argentina, co­
mo otras del mundo, vive sustentada por
un estado psíquico monarquista, expre­
sado en la historia por variados aconte­
cimientos de resonancia y en la realidad
de la hora actual, por sus instituciones
monárquicas o hijas de la monarquía.
La tradición monárquica argentina no
es solamente prerrevolucionaria, sino
post-revolucionaria. No sólo ha de bus­
cársela en las escuálidas crónicas de la
conquista sino también en los proceres que
forjaron en el decimonono siglo, esa
"libertad” sólo existente para la “liga pa­
triótica” y demás fanáticos del orden.
Desde Moreno, Saavedra, Belgrano,
Alvear abuelo, restauradores hipotéticos
de monarquías cobrizas o blancas, hasta
Alvear nieto y don Leopoldo Lugones,
que en Febrero de 1928 se muestra par­
tidario ‘‘personal” de la monarquía, una
serie de personajes han aspirado a reyes.
No sólo el fenómeno puede descubrir­
se en aristocracias o élites intelectuales, si­
no también y principalmente en la bur­
guesía argentina. El sentimiento total de
ésta es monarquista.
Ese ensamblamiento de monarquía y
burguesía era entre nosotros una pro­
longación de cuanto pasó en Europa.
Sabido es que la Revolución francesa
no destruyó ni monarquía ni nobleza.
La burguesía fué atraída y vencida por
el prestigio tradicional de la nobleza cu­
yas raíces estaban en el feudalismo. Aque­
lla, aún en la misma revolución, trató de
imitarla. El espíritu servil de una clase
llena de iniciativas y materialista, aspi­
raba a ser nobleza separándose del pue­
blo, y así después de una revolución que
cortó cabezas coronadas, vino la restau­
ración que levantó cabezas coronadas.
Como no podía dejar de creerse en al­
go, el símbolo subsistió, devino cuestión
de fe. Al rey le substituyó el presidente
de la república. Como la democracia es
la continuación de la monarquía, un
presidente es el sucedáneo del rey. Los
norteamericanos han puesto en manos de
sus presidentes amplios poderes, envi­
diados por los reyes de la tierra. En la
Argentina un presidente tiene también
poderes regios durante seis años y conste
que en la historia muchísimos reyes go­
bernaron menos de seis años. . . .

A partir del siglo anterior se desarrolla menudo por Europa y crecen tres pal­
patológicamente, un apetito de aristo­ mos del suelo, cuando almuerzan con el
cracia en las clases adineradas, que por duque tal; cuando les recibe en sus salo­
falta de tino no ha de realizarse nunca. nes el conde Fulano de Italia o el gran­
En las provincias unidas del Río de de de España, que a la postre les recibe
la Plata sucedió en pequeño cuanto en por curiosidad ultramarina o por nego­
el Mediterráneo era moda. Pasada la re­ cios. Este mal corroe igualmente a las
volución de Mayo (que para algún pen­ profesiones liberales.
Aristócratas arruinados, emigrantes in­
sador no fué tal) , los mismos revolucio­
narios trataron de imitar por herencia, deseables, llegados al país con sus perga­
educación, viajes, costumbres, las m o­ minos, encuentran fácil ubicación a su
das de las cortes europeas. Si en Francia triste parasitismo en las esferas más al­
la revolución restauró la monarquía, en tas de la burguesía.
Muchachas casaderas, cuyas arcas pa­
América no se podía hacer un distingo
fundamental, entre las viejas colonias y ternas encierran millones, emigran perió­
las nuevas repúblicas. Así pasó el siglo dicamente a Francia, Italia, Suiza, etc.,
XIX. La burguesía ganadera y directora en busca de maridos con títulos nobilia­
era de sentimientos y costumbres m onar­ rios y de buen olfato para bolsas re­
pletas.
quistas, salvo contadísimas excepciones.
Los últimos presidentes argentinos
Los valores sociales de la colonia no
se habían destruido, permanecían intac­ fueron monarcas por todo, menos por la
tos, como lo demostraron la fantochería y duración de su reinado. Es notorio que
carnavaladas de los festejos del primer don Roque Sáenz Peña, ilustre enfermo,
chiflado por el fausto de las cortes que
centenario argentino.
visitara,
estableció un protocolo, famosa
Simultáneamente se registraba en nues­
tras clases “cultas” y adineradas, una as­ copia fiel y exacta del inglés. Republica­
piración universal hacía la nobleza. Error no con auténticas costumbres monarquis­
fundamental, pues a la nobleza como tas! Otros como Alvear tienen poses im ­
clase, ya no se la puede ni vivificar, ni imi periales y es público y conocido su m o­
tar y menos sus virtudes, pues ella per­ narquismo constitucional. Hasta Irigotenece a un ciclo histórico y épocas cum­ yen, santón hierático, tiene los presti­
plidas. Sus valores cardinales, que le die­ gios de un monarca y sus súbditos des­
ran auténtico prestigio y atributos me­ de los que pontifican en la cámara de
morables, los obtuvo en su empuje ini­ diputados de la nación, hasta los calchacial, allá en la media edad, cuando el quíes de Salta, le colocan en alabanzas
feudalismo fué cristiano y despreciador y en todo, sobre un trono, no se sabe
del dinero. A la nobleza lo único que se si después de Dios o en el lugar de Cris­
le podía copiar eran sus degeneracio­ to. Irigoyen es un presidente de repú­
nes y vicios, y eso fué cuanto la bur­ blica con más poderes que un monarca y
guesía sacó de su imitación grosera, pues no sólo poderes que le concede la consti­
el espíritu burgués creyó que con el di­ tución, sino que le brinda el pueblo, re­
nero ya tenía la superioridad ansiada, nunciando con ello a su gran tradición
sin contar que le faltaba lo dem ás. . .
de dignidad y de libertad.
En nuestro país, los grupos sociales
De todas maneras, en la gran burgue­
en movimientos lentos se desplazaban, y sía argentina (Ídem en los millonarios
si en la burguesía existía una tendencia norteamericanos), existe un estado psí­
universal a ser nobleza, en el proleta­ quico monárquico. En los yankis más
riado palpitaba una tendencia universal a desarrollado todavía, pues el auge del di­
ser burguesía.
nero les ha permitido llamarse reyes
De que nuestros burgueses admiran a (nueva imitación) del petróleo, acero,
los nobles, es lugar común y no digo azúcar, azafrán, embutidos, etc., y to ­
novedad ninguna.
dos les reconocen y rinden pleitesía co­
"Nuestros” ministros, banqueros, di­ mo a tales.
rectores de grandes periódicos, indus­
Con él advenimiento de la democracia
triales, estancieros, latifundistas, viajan a en europa no se resolvió ninguno de los

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problemas fundamentales encerrados en la
cuestión social. Los sentimientos de los
grupos persistieron casi intactos. Debido
a esto, las revoluciones tuvieron un lím i­
te, no en el espacio ni eji lo externo, si­
no en la conciencia y alma del hombre.
Ni la propiedad, ni el Estado, ni la m o­
narquía cayeron, por cuanto no cayeron
ni pasaron los estados psíquicos de las
masas y de los individuos que las susten­
taban. Los movimientos humanos de to ­
da la era parlamentaria democrática de­
muestran claramente, que no es el fac­
tor económico el determinante de las ins­
tituciones sociales, sino su efecto.
La tendencia monarquista restó en
Euro-américa como corriente subcons­
ciente y no menos real que lo objetivo y
racional y su estado psíquico correspon­
de perfectamente a las formas republica­
nas de gobierno,

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En una república con sufragio uni­
versal, subconscientemente todos los ciu­
dadanos desean ser presidentes o gober­
nadores. T al es el sentido oculto del vo­
to. Se vota la vanidad. Realmente uno
vota por el régimen y por sí mismo fue­
ra de la sumisión al jefe de partido. Las
urnas son la exaltación de la impotencia
política. Goethe en sus últimos años de­
cía: “ El peor envidioso es el que consi­
dera a cada hombre como su igual” .
El espíritu monarquista no es sólo
atributo de los monárquicos, se nota
asimismo en el proletariado. En Alema­
nia lo resalta definitivamente Henri de
Man, lo estudia en los partidos socia­
listas del centro y medio día de Europa.
Es harto conocida la tendencia ministerialista de los proletarios y el paso rá­
pido y con comentarios, del partido La­
borista en el gobierno inglés.

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No creo que el socialismo autorita­
rio sea capaz de cambiar los instintos del
hom bre’ en el momento actual, ni pue­
de modificarlos superficialmente pues la
enfermedad le ha contagiado; él tam ­
bién e= democracia, como dice el autor
más a-riba citado “ lo mismo en el sen­
tido empírico que en el histórico, demo­
cracia, y socialismo son dos nociones in ­
separables” .
Si algo se puede hacer, hemos de bus­
car la revolución por otro camino. Hay
que remover los valores sociales. Labo­
rar en el cambio de la mentalidad de las
masa-, torcer ciertas disposiciones m onar­
quistas del hombre, dejarnos de crear
paisas y ciudades en el año 2000. Sólo
así el porvenir no será un retroceso y
-a posibilidad de un hom bre nuevo será
ruta abierta y luminosa.

Cinematografía
“ ¡ABAJO LAS ARM AS!”
Como todas las creaciones de la inte­
ligencia humana, el cine ha tenido su
proceso evolutivo.
T uvo su etapa infantil. En realidad,
al principio no fué sino un arte elemen­
tal como para niños, hecho a base de
situaciones hilarantes por lo grotescas o
de episodios sentimentales inverosímiles.
Era una cosa de chicos y para chicos,
algo así como un nuevo instrumento de
diversión equidistante entre el teatro y
las “ marionetas” . No tenía nada de in­
telectual pero a todos nos divirtió, nos
produjo alegría, nos enseñó a reír con
risa suelta y sana como cuando éramos
niños, con esa risa fisiológica que deso­
pila el bazo y descarga el cerebro de sus
toxinas, refrescándonos el alma con un
poco de jovialidad y optimismo.
Antes que surgiera el ingenio bufo
de Carlitos, ¿quién no gozó con las
bertoldadas y ’las corridas de su prede­
cesor el popular Sánchez? Ambos perte­
necen a la categoría de los benefactores de

la humanidad, porque han hecho reir a
millones de niños y porque hicieron el
prodigio de que millones de adultos nos
sintiésemos también niños.
Después vino la etapa del perfeccio­
namiento técnico del cine. Su crecimien­
to es tan extraordinario, que se con­
vierte súbitamente en la industria más
exhuberante y rica, sobre todo en el
país de los grandes trust financieros que
es Yanquilandia.
El cine en manos del yanqui es un fiel
reflejo de la psicología de aquel pueblo,
cuyo prog'-'reso material contrasta con su
miseria espiritual. Se perfecciona su téc­
nica pero no mejora su espíritu. Por el
contrario, pierde la frescura de su pri­
mera infancia. Se trueca en cátedra de
moralinas baratas al servicio del clero,
el capitalismo, el Estado y sobre todo, la
propiedad privada, que para aquel m un­
do de filisteos, es lo único sagrado.
El daño que Estados Unidos le ha he­
cho a estos países de nuestra raza inocu­
lándoles por el cinematógrafo el virus de
la imbecilidad colectiva, es mayor que

el que hacen sus tropas al invadir el te­
rritorio americano. Los soldados inva­
sores soliviantan el patriotismo de los
invadidos Pero en cambio, por este otro
camino, el yanqui se nos mete hasta la
cama y la cocina, envenenando hasta el
alma de nuestras mujeres y nuestros hi­
jos.
Siempre pensé si no habría modo de
contrarrestar esta influencia embruteccdora de la película yanqui, con un cinc
que fuese instrumento de cultura espi­
ritual para nuestro pueblo; que repre­
sentase dentro del arte escénico la misma
corriente de idealismo que representan en
la literatura los grandes pensadores y ar­
tistas de nuestro siglo.
El Soviet y los productores alemanes,
son los únicos que por el momento in­
terpretan este anhelo propio de un mun­
do cultural del siglo X X y no del siglo
X V III. Pero las películas que nos lle­
gan de Rusia y Alemania, son todavía
tan escasas que ellas resultan manjares
de pascuas, mientras las otras son el pan
cotidiano.

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I

Con este estado de ánimo respecto del
cine, fuimos a ver pasar en acto privado
la película “A bajo las armas” , hecha
por los señores Pearson, Godeol y Cristiani.
Creo que como iniciación, los auto­
res han revelado poseer un sentido h u ­
manista del arte cinematográfico y una
gian habilidad técnica para m anipular
los materiales estéticos que reclama la
confección de una buena película.
Salvo una que otra deficiencia en las
leyendas, que pecan a veces de vaguedad

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por lo literarias, (susceptibles de corre­
girse) esta cinta provoca emociones in­
tensas, de verdadero arte y lleva al es­
píritu d i espectador sugestiones eleva­
das y generosas de hum anidad, de am or
y de justicia.
Tiene dos virtudes intrínsecas, como
obra de arte; l 9 N o explota la trucu­
lencia ni exhibe los horrores materiales
de la guerra: muestra los estragos que
produce en las almas de los seres queri­
dos; 29 No provoca conflictos doctrina­
rios que pudieran producir choques ideo­

9
lógicos de nacionalistas y antim ilitaris­
tas. etc.: Plantea situaciones dramáticas
de honda emoción que hablan con la m is­
ma elocuencia a todos los corazones con­
tra el crimen de la guerra.
i Ojalá el público estimule con su
apoyo a los autores de esta película, para
que continúen laborando por un arte ci­
nematográfico genuinamente nuestro; va­
le decir, que responda a nuestra ideali­
dad latino-am ericana!
J . R . B.

Dramaturgia
La Función por dentro
Estamos en el vestíbulo del teatro
“ S arniento” . T odavía no hemos pene­
trado a l- recinto. La noche es tibia y
agradable. El program a, prom ete... Dice
más o menos así: “ Gran compañía de
revistas de arte y sátira. Dirección: M a­
nuel Romero. Primeras tiples (por o r­
den alfabético) : Carmen Lamas, Celia
M ootalván y Enriqueta Serrano. Prim e­
ros actores cóm icos: Alfredo Camiña,
José Otal y Severo Fernández, Cancio­
nista: Olinda Bozán. Las treinta baila­
rinas más bellas de Buenos Aires. La
más extraordinaria jazz-orquesta que se
ba visto hasta el día en los teatros de
revistas . ”
Recordamos haber leido en el Brasil
un program a como éste, donde se decía
de una bailarina, que era “ la más gran­
de del m undo y de otras partes más” .

Empecemos por “ Orden
Alfabético.
Permanecemos aún en el vestíbulo. La
taquilla funciona de una manera prodi­
giosa. Parece una m aquinita de fabricar
plata . . .
De m om ento no entendemos bien las
razones que ha tenido el director o el
empresario para estampar el nombre de
las mujeres por orden alfabético. T ra ta ­
rlos, entonces, de abordar la explicación.
Recurrimos, sin ningún empacho, al mé­
todo de Aristóteles. O sea: al método de

la “ com parancia” . Repentinam ente nos
sumergimos en una laguna de reflexiones
peripatéticas.
Si bien la naturaleza no ha hecho dos
cosas iguales, las hizo, no obstante, tan
parecidas, que a m enudo se confunden.
Quien haya conocido el funcionam iento
interno de una compañía, conoce por
extensión o por deducción, el funciona­
miento de todas. Las diversas compañías
de cómicos se asemejan entre sí como se
asemejan entre sí los distintos elementos
que las constituyen. Es raro, por ejem­
plo. tropezar con un portero que no
tenga escrita una tragedia en cinco actos.
Como es raro encontrar un bom bero que
no esté enamorado de la prim era actriz.
O una prim era actriz casada que no le
haga los cuernos al marido. O un m ari­
do salvaje que no los consienta.
El orden alfabético que nos ocupa, no
sigue propiam ente las fluctuaciones del
abecedario, sino las fluctuaciones de la
vanidad femenina. La mujer, por sí, ya
vanidosa, aum enta el haber de su vani­
dad a medida que se la festeja. Los
problemas trascendentales de la gloria no
la inquietan tanto como su aparatosidad
escénica. N o le im porta mayormente ser,
sino parecer que es. La m ujer no aspira
a conquistar la celebridad mediante la
contracción y el estudio. Ni siquiera as­
pira a la celebridad. Aspira solamente a
cosechar el premio de la celebridad. A
gozar de todas las permutas y de todos
los halagos que la celebridad entraña.
Quiere recoger el fruto sin sembrar la
semilla. Y subir sin mover las patas.
Sueña, en una palabra, con todo lo que

sueña el hombre, mas espera que todo le
caiga del cielo. N o tiene talento para
alcanzarlo. Ni trabaja seriamente para
suplir la falta de talento. El hom bre
consigue la gloria con su inteligencia y
su voluntad. La m ujer la consigue con
otro ó rg an o . . . El hom bre inteligente
camina siempre con una torm enta bajo
el cráneo. La mujer, en cambio, con una
torm enta bajo las polleras.
Cuántos más éxitos obtiene una actriz,
tanto más vidriosa se torna en su vida
privada. Llega un m om ento en que se
hace inaguantable. N o hay cristiano que
la resista. C uando term ina el espectácu­
lo para el público, para ella recién em ­
pieza. O comienza otro: el espectáculo
de su vanidad desenfrenada. A unque se
trata de un defecto deplorable, sucede
que ella lo impone como si fuera una
cualidad exquisita. Persona que no se lo
respete ya se puede ir largando de su ca­
m arín. Contrae
una especie de viruela
f
del elogio y necesita luego rascarse y que
se le rasque constantemente esta forunculosis que le corroe el espíritu.
Aunque el actor es casi siempre hijo
de una actriz, existe entre el varón y la
mujer, en este sentido, una diferencia
apreciable. El actor se ama a sí mismo.
La actriz, empero, se adora. El actor se
admira con fruición. La actriz lleva su
admiración hasta la locura.
Los defectos de una actriz, claro está,
son los mismos defectos de todas las m u ­
jeres, pero, elevados a la últim a potencia.
El hom bre por más bestia que sea, sabe
qué clase de animal es la mujer. Decía
un filósofo que toda m ujer que concu­

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rría a un espectáculo, no iba por el es­ te, pero su misión es invariable: consiste
pectáculo, sino pensando que el espec­ en aplaudir o bisar cuanta cosa buena o
táculo podía ser ella. Es de suponer, en­ mala se representa en el teatro.
La claque del “ Sarmiento” debía fi­
tonces, la flora microbiana que bulle en
el “cerebro” de una mujer que encabeza gurar en el programa. Se lo tiene bien
el espectáculo. La mujer en las tablas o merecido. Es una claque excepcional. R o­
fuera de las tablas es la misma siempre: busta y bien alimentada. A simple vista,
sin público no trabaja. Necesita público se nota la presencia de un jefe enérgico
hasta cuando lava la ropa. Porque el e inflexible. Cuando rompe el fuego del
público es la continuación del espejo y aplauso, la explosión es tan fragorosa
significa la aprobación y el aplauso. La que aquellos que aplauden espontánea­
mujer quiere ser la primera... en figu­ mente se sienten tan empequeñecidos que
rar. La primera por orden alfabético. optan por guardar silencio.
También quiere ser la primera por o r­
La claque es el soldado desconocido
den fotográfico. El primer retrato que de la victoria. Ella determina el éxito o
se expone en el vestíbulo corresponde in ­ el fracaso. El jefe, es, por una parte, un
variablemente a la primera figura feme­ cafisio de la gloria, y, por otra parte,
nina del elenco. Así se establece previa­ una suerte de estratega ignorado, que
mente en el contrato. Si se lo coloca, por termina casi siempre en la cárcel, supo­
descuido, en segundo término, ella ar­ niendo que no acabe de salir de ella. Es
ma un escándalo descomunal o se desma­ un sujeto, como decimos, sencillamen­
ya. Si se la coloca íntencionalmente, des­ te patibulario. M ejor dicho: un m ilitar
pués de la gresca consabida, interviene la fracasado. La claque requiere una dis­
fuerza pública. En el contrato se estable­ ciplina de cuartel.
ce, además de la ubicación de la fotogra­
Sólo un hombre avezado en las
fía, el cuerpo y el tipo de letra en que
artes
de la guerra puede manejarla. A n­
debe aparecer su nombre en los progra­
mas. Cualquier violación al respecto im ­ tes de levantarse el telón, el jefe distri­
buye a sus soldados estratégicamente en
plica la ruptura del contrato.
el
gallinero. O los atrinchera atrás de los
La vanidad de la mujer en el teatro palcos.
excepcionales, los des­
es tan virulenta que se contagia. Los parrama Enporcasos
la
platea.
Dondequiera que
varones que la secundan, acaban por ex- vaya o se coloque, la claque,
abruma y
perimentatr el mismo “ furor uterino” revienta al enemigo, que en este
caso es
de figuración, por orden alfabético. Es el espectador que ha pagado su entrada.
así que el espectáculo teatral, la mayoría La colocación de la claque determina la
de las veces, es más espectáculo por den­ colocación del jefe. Conviene evitar el
tro que por fuera.
cebo y la soga. El jefe ocupa un lugar
visible a la comparsa y viceversa. Se­
gún la actitud que asuma éste, luego, así
es la actitud que asumen los otros. Si el
jefe aplaude y mira a los zanahorias de
la izquierda, los de la izquierda, aplau­
Ahora, entremos a la sala. El telón se den. Si mira a los de la izquierda y a
levanta y cae. La “ más extraordinaria los de la derecha, entonces, se produce el
jazz-orquesta que se ha visto hasta el aplauso general. Además, marca con el
día” , rebuzna y patalea. A fortunada­ mentón si las descargas deben ser piano
mente, entre ella y nosotros, se inter­ o forte, con allegro o con brio. Si abre
ponen piadosamente veinte filas de bu ­ el aplauso con un “ bravo” , la comparsa
tacas. Vuelve a caer el telón y vuelve a trina y bravea que es una temeridad.
levantarse. Cada vez que termina un n ú ­
Ahora, nos iremos explicando por qué
mero, la claque entra en acción y la sa­
no
fracasa ninguna obra entre nosotros.
la retiembla. Advirtamos que la mayo­
O
mejor
dicho: por qué son aplaudidas
ría de los teatros de “ arte y sátira” , o
simplemente de “ arte” , mantienen a un todas las obras, aunque la mayoría de
sujeto patibulario que desempeña la je­ ellas, sean rigurosamente fusilables.
Cuando el aplauso decae durante una
fatura de la claque, quien contrata to ­
das las noches a una pandilla de zánga­ temporada, se aumenta el plantel de los
nos, a los cuales se denomina vulgar­ zanahorias, y el "arte” queda salvado. A
mente, “ comparsas” o “ zanahorias” . El veces, se le amplía el campo de sus obli­
conjunto de estos zanahorias forma lo gaciones con algunos números extras, co­
que se llama la claque. Su composición es mo hizo Ballerini en el “ Sm art” mien­
heterogénea y se renueva continuamen­ tras se representaba "La Horrible P ro­

E1 soldado desconocido
de la victoria.

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fanación” ; contrataba a dos o tres m u­
jeres para que se desmayasen en la pla­
tea al final de cada acto.

Su excelencia el Sr. Pa­
ganini.
Cada artista paga mensualmente, al
jefe de la claque, el tributo de sus aplau­
sos. Por manera, que cuanto más aplau­
de el público, tanto más enérgica es la
sangría que experimenta su salario. La
victoria de todos los días, significa al
fin una derrota aplastante. Hay tenores
que se gastan la m itad del sueldo para
hacerse gritar “bravo” o "bis” . El jefe
de la claque tiene una tarifa singular,
donde figuran las diversas gradaciones de
la aprobación, cada una, se comprende,
con su precio determinado. El aplauso
parcial de la claque, pongamos por caso,
vale tanto. El aplauso total, cuanto. El
"bravo” , un poco más. Algo más el
“bravísimo” y el "bis” , un disparate. A
fin de mes, el cafisio de la gloria, pasa
la cuenta a los artistas especificando la
naturaleza de su trabajo. Le pasa una
factura pintiparada a la factura que nos
pasa el almacenero.

Factura.
Día jueves: aplauso general . . . . $
Día viernes: “ bravo” , “ bravo” . . $
Día sábado: “ bis” , “ bis” .................. $
Día dom ingo: un ramo de flores. $
T o t a l .................................................manga
La noche de un estreno, el paganinino es el actor o la actriz, sino el autor.
No lo decimos por experiencia propia,
sino por la experiencia de otros autores
más afortunados que nosotros. T odo el
gasto de castañuelas y zapateo, corre, esa
noche, por cuenta del agraciado. Ahora
nos iremos explicando, también, cómo
es que al día siguiente de un estreno se
leen críticas, a menudo desfavorables, que
terminan, no obstante, diciendo que “ al
final el autor fué m uy aplaudido” .
Si un artista no ‘p aga con puntuali­
dad al jefe de la claque, éste, le retira
inmediatamente su apoyo. En otro len­
guaje: lo boicotea. Y el artista comien­
za a declinar de una manera insperada y
violenta. Y el empresario se hace el sue­
co y le rebaja el sueldo o lo despide.
Cuando un elenco anda mal, y no abo­
na el salario correspondiente a la com­
parsa, la comparsa "se retira” o "se ti­
ra a m uerto” y la compañía se funde rá­
pidamente.

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Principio y fin de una
cosa sin principio ni fin.

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del espíritu se estrellan a menudo contra
las exigencias del estómago. Y el teatro
honrado no paga los sueldos que paga
el
bataclán. A veces, ni siquiera paga y
Ahora terminó una' revista y empieza
otra. Podemos juzgarla ya. Por más es­ el actor queda reducido a la miseria o a
cándalo que arme la pazz fenómeno, no la mendicidad. Se llena de deudas, y no
logra, sin embargo, embarullar nuestro encuentra luego otra solución que in ­
juicio. Tam poco lo consigue un “ gran gresar en una compañía de revistas, don­
inquisidor’’ de la claque que se ba pues­ de se le asegura una ganga de mil pesos
to a nuestras espaldas y golpea furiosa­ mensuales. Este es, quizás, el caso de A l­
mente las manos como si tuviese un par fredo Camiña, la nota triste del bata­
de baldosas francesas entre las palmas. clán. No encontramos otra explicación pa­
N o . La revista es un espectáculo dinám i­ ra justificar su presencia en el “ Sar­
co, pero subalterno, como es el box o m iento” . Alfredo Camiña, es, sin dis­
las carreras. Ayuda a hacer la digestión, puta, un muchacho serio y estudioso. Se
cuando es buena. Cuando es mala, claro destaca de una manera natural por su vi­
está, la interrumpe. Pero, nunca sale de gor artístico y por su temperamento dra­
su esfera gastronómica. No se nos diga mático. Posee una voz bien tim brada y
que la revista eleva el espíritu o recrea camina derecho sobre sus piernas. Reúne
el corazón. O que llena el alma de al­ todas las condiciones del actor que se de­
guna inquietud trascendente. No. La re­ sea. Pero, sus méritos caen allí, como
vista no se dirige al corazón ni a la ca­ la honradez de una m ujer honrada que
beza. Se dirige a las tripas. Nada m ás. se metiera a trabajar en un prostíbulo.
Parece mentira que el bataclán cuente
Alegra y reconforta la panza y el intes­
tino grueso, agradecido, rie y burbujea... con intérpretes tan calificados como C a­
No entra por los ojos del espíritu, sino miña, y que no sea posible form ar un
por los ojos de la barriga. El bataclán conjunto de la misma índole, para ha­
es un espectáculo sumamente apropiado cer teatro de verdad. En otras épocas se
para rascarle la pelambre roñosa al cer­ constituían elencos homogéneos con fines
verdaderamente artísticos. Era cuando vi­
do hum ano.
Huelga decir que todo es epidérm ico. vía el malogrado Bataglia, Jacinta PezTrajes, luces, piernas, senos, gran can­ zana y Pablo Podestá. Entonces, el arte
dombe y pizza... A fin de que el espec­ no se hallaba tan prostituido ni tan mertador no piense, (suponiendo que a la cantilizado. Había autores como Floren­
sala concurra alguna persona capaz de cio Sánchez, Ernesto Herrera y Roberto
tamaña fechoría), se las dota de un m o­ J Payró. Se form aban cooperativas gre­
vimiento vertiginoso de motocicleta, con miales entre las mejores figuras de la
explosión y todo. La rapidez con que se 'escena. Sucedía casi lo contrario de lo
suceden los cuadros y los personajes, re­ que ahora sucede. Porque, mirando bien,
sulta a la postre, envolvente. Marea y un actor bueno resulta más bueno si tie­
atolondra. Los golpes de la jazz y los ne otro bueno al lado. La huelga, que
m arronazos de la claque completan la debió consolidar el gremíalismo, obró a
la inversa. Destruyó lo poco que se h a­
borrachera.
Las revistas del “ Sarmiento” están bía edificado. Después de la huelga, co­
confeccionadas, sin duda, con cierta gra­ mienza, para nosotros, el desastre del
cia. N o se ve en ellas la intención de exa­ teatro nacional, tanto en la producción,
cerbar al ciervo. . . Nuestras considera­ como en la interpretación. Se desencade­
ciones no se refieren a! teatro, sino al nó, entonces, una torm enta de pasiones
género de teatro. Porque la revista aun­ mezquinas y de apetitos pedestres, que
que sea de “arte y sátira” y participen en dividió a los productores y a los intér­
ella actores como Alfredo Camiña y ac­ pretes y diezmó las fuerzas del arte na­
trices como Celia M ontalván, no deja cional.
por esto de ser revista. Vale decir: una
Digamos que la producción y -1^ in ­
manifestación teatral sin ningún propósi­ terpretación marchan paralelamente. Si
to teatral.
una cae, la otra no puede permanecer pa­
rada. Sin buenos intérpretes no hay bue­
nas obras y sin buenas obras, no hay in ­
térpretes buenos. U n actor excelente pier­
La vida de los actores está sujeta co­ de su excelencia si se pone a interpretar
mo la nuestra, y como la de todos los una producción desgraciada. Y un autor
artistas, a lo que Carlos M arx llamó “ el de garra no triunfa si entrega su p ro ­
materialismo histórico” . Las exigencias ducción a una compañía de rascatripas.

La nota triste.

11
Sin autor no hay actor y sin actor no
hay autor.
Digamos, asimismo, que asistimos al
naufragio del arte escénico. Y que aun­
que contamos con los aparejos suficientes
como para salvar a la nave que se h u n ­
de, nuestra marinería permanece neutral
esperando que la salvación venga de F ran­
cia o de Rusia... Sucede algo peor toda­
vía: nuestra marinería espera, mas no
sabe propiamente lo qué espera.
A pesar de que Alfredo Camiña se
halla en el bataclán y Pablo Acchiardi
en el “Príncipe” y Héctor Ugazio en la
selva de Misiones y Ricardo Passano h a­
ciendo caricaturas, sostenemos, sin em­
bargo, que en este descenso brusco de los
valores teatrales, quienes se llevaron y se
llevan la peor parte no fueron ni son los
cómicos, sino los autores. El nivel de la
producción es todavía más bajo que el
de la interpretación.
Las tentativas de hacer teatro serio fra­
casan, aquí siempre por diversas razo­
nes. Quizás, la primera se deba a que la
iniciativa parte siempre, o de los actores
o de los autores: nunca de las dos partes
a la vez, suponiendo que tanto interés
tienen los unos como los otros y que
una misma participación tienen todos.
La segunda es que se busca siempre, co­
mo asesor literario a uno de esos autores
que hace veinte años eran jóvenes y se­
rios, pero que ahora son viejos y oficio­
sos. Además, se incurre en el error de
constituir una compañía a base de un par
de figuras destacadas, integrada por un
fárrago de mediocridades. U n actor o
una actriz solamente no hace una com ­
pañía, como una golondrina no hace ve­
rano. La nota que se busca y que se ne­
cesita, es una nota de conjunto. Se bus­
ca y se necesita algo así como una coope­
rativa moral y material de autores y ac­
tores seleccionados. M ientras esto no sea
posible, tampoco será posible, levantar el
nivel moral de nuestro teatro. El autor o
el actor que niega la posibilidad de lle­
var a cabo una empresa parecida o se­
mejante. se niega a sí mismo, porque
niega la única posibilidad de salvar al
barco que se está yendo a pique.
Tam poco se puede hacer teatro serio a
base de un repertorio clásico o semiclásico, hecho ya y rehecho hasta la sacie­
dad. N i con autores nacionales exclusi­
vamente. T odavía no se ha descubierto
que aquí existe una juventud bien per­
trechada que espera el momento, no de
estrenar o de ganar plata, sino que sue­
ne la hora de la renovación. Se espera la
constitución de un elenco homogéneo con

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fines nobles y elevados,,, con menos je­
rarquía tipográfica y más jerarquía m o­
ral y sin tanto orden alfabético, que
quiera colaborar con la juventud en la
difícil empresa de arrimar los hombros
para iniciar el salvataje de la nave que
se hunde.

sino el contenido. Pasemos rápida revísta
a los héroes de la canción. Son tres: el
compadre, milonguita o esthercita y la
pobre, madre de ambos, ó sea: "m i po­
bre madre querida” . El compadrito es
un macró paupérrimo, que vive a fuer­
za de café con leche, pan y manteca. Es
un sujeto de avería, física e intelectual­
mente nulo. Ni trabaja con las manos,
ni trabaja con la cabeza. Es un gandul de
siete suelas que puede interesar a la po­
Aunque el espectáculo del “ Sarmien­ licía, mas no al arte ni a la humanidad.
to” respira cierto gusto y cierta limpie r M ilonguita trabaja para él. Trabaja, se
za moral, hay un número, sin embargo, comprende, con el útero. Si el compa­
particularmente repugnante. Nos referi­ dre es un inútil, milonguita no le va en
mos al número de tangos a cargo de zaga. Cultiva la línea horizontal, y el
Sofía Bozán. No sabríamos precisar qué dolce far niente. Sí se pone de pie es
es ,1o que más choca aquí: si la cancio­ para hacer alguna porquería. La pobre
nista o la canción , Si la música o la le­ madre querida, es “pobre” y es “ queri­
tra del tango. O si las tres cosas a la vez. da” en la canción: en la realidad es una
El tango como música y como letra, aún triste alcahueta: una suerte de viejo V iz­
no se puede considerar ni música ni poe­ cacha con faldas, del comercio sexual. El
sía. Esto no quiere decir que algún día ambiente donde se mueve el tango, es un
no llegue a ser las dos cosas y llene su ambiente de rufianes y proxenetas. El
presunta función artística. Por el m o­ lenguaje que utiliza (atorranta, machito,
mento, no ha traspasado el redondel ne­ marrusa, papusa, rantifusa), es degra­
gro de donde salió: el arrabal porteño. dante e inverecundo. Se hace la exalta­
I.a podredumbre moral de un pueblo, ción de una vagancia abyecta que vive
amasada por la mano de un artista, pier­ parasitariamente a expensas de la corrup­
de su olor prístino. No ocurre lo mismo ción. Lo que reducido a sus términos
si la mano que amasa es la mano de un exactos, no es más que una industria
carrero o de un analfabeto. Los autores clandestina y secreta, por obra y gracia
de tangos, cuando no son lustradores de de cuatro compaces, se le quiere dar el ca­
botines, son vendedores ambulantes: pa­ rácter de un arte y de un arte nacional.
Volvamos a la cantora. M ientras “ el
peros o cebolleros. Lo típico en ellos es
la profesión. T anto en la letra como en zorzal” chilla, la claque la secunda ad­
la música los tangos se resienten de un mirablemente. Se ve que la calandria pa­
analfabetismo espeso y rabioso. Si la ga bien.
música es pésima, la letra merece cua­
La impresión que nos produjo esta
tro tiros. Pero, lo peor no es la forma, mujer, fué sencillamente desastrosa. Si el

La nota canallesca.

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tango está dotado de un espíritu cana­
llesco, para cantarlo bien, o hay qüe te­
ner un espíritu semejante o hay que m u­
ñirse de él. Sofía Bozán se quiebra y se
requiebra, entonces, como una mujer rea
y descuadrilada. Vocaliza como un ca­
rrero y gasta unos ademanes comunes a
la gente que frecuenta la quema de ba­
suras. No se sabe a ciencia cierta si gus­
ta o si disgusta, porque la claque no le
permite abrir juicio al público. Cada vez
que ella canta, truena y chisporrotea.

Resumen.
En suma, excluyendo este número de
lictuoso, lo demás si bien es frívolo, se
salva porque no es grotesco, ni despechugadamente pornográfico. Se salva,
también, porque el director no es "tan
tonto como para no darse cuenta, que sin
los tontos no se va a ninguna parte.’’
Las mujeres no se desvisten totalm en­
te, ni los hombres se sacan los pantalo­
nes. Tam bién se salva, porque tiene la
virtud de no hacer ni dejar pensar, pues
de lo contrario, es de suponer lo qué
acaecería. Y se salva, finalmente, porque
cuentan con plata y con la plata se pa­
gan el lujo de tener a Camíña, “ a las
treinta bailarinas más bellas de Buenos
Aires” , luces, decorados, etc.; todo el
material prim o que los otros no tienen
para hacer teatro de verdad.
Por último, digamos que mientras el
bataclán triunfa, los artistas de la p lu ­
ma y de las tablas, miran el h u m o . . .

R. Chaves.

D E T ■R A . C T O R E S

MIS D ET R A C TO R E S
Los sucesos que mueven el carro de la
Historia en nuestros días, son de tales
dimensiones y tan abundantes, que has­
ta los prohombres de la escena mundial
resultan figuras cinematográficas: pasan
un instante por la pantalla y se desva­
necen en seguida ante la sucesión de los
acontecimientos, con la inacabable reno­
vación de sus actores.
¿Cuánto más pequeños mirados des­
de este plano mental, no resultarán, en­
tonces. los minúsculos grandes hombres
de estas republiquetas americanas a me­
dio civilizar?
Seria, pues, un pecado mortal de ego­
latría vargasviliana, hacer de cada dis­
puta sobre nuestros méritos o defectos

personales, una cuestión de Estado.
No vale la pena perder el tiempo en
presenciar estas pujas de vanidades luga­
reñas que hemos estado presenciando,
verbigracia, en estos días de vergüenza
electoral, donde tipos de mentalidad su­
balterna, por cierto inferiores a la cul­
tura general del país, se convierten, no
obstante, en figuras nacionales por la
simple desfachatez de abrir desmesurada­
mente el cuajo, para vom itar en pala­
bras burdas injurias más o menos cana­
llas al adversario.
El espectáculo que nos da la polí­
tica callejera en plena Capital de la Re­
pública, achica y desfigura el panorama
real de nuestra cultura, que, aunque in ­
cipiente, siempre es superior a la de los
oligarcas y los caudillos que se disputan

el mando. Bien sabido es, que no son
los que afiebran en estas batallas
el alma de las m ultitudes ni de sus pas­
tores. Son los apetitos desbordados los
que producen esta contienda biológica, de
desalojo, desatando la animalidad de las
pasiones y estimulando a los lengua suel1 1 para batir el record de la procacidad.
Afortunadamente, tal espectáculo no es
sino un resabio de nuestra anarquía
gaucha que, como el circo, subsiste, pero
se va.
Los hombres que trabajamos desinte­
resadamente por la cultura nacional, te­
nemos un fundado optim ismo a este res­
pecto. Y no es el optimismo verbal del
literato, sino el optimismo orgánico del
idealista activo, del circulador de ideas
motrices, del que inflamado por su ideal
ideales

�I

Z

Q

U

I

en acción, levanta el templo de la nueva
fe a la par que hace la congregación de
obreros, para consolidarlo con sus manos
y sus corazones.
Esos hombres hemos concertado, a la
pecto. Y no es el optimismo verbal del
la educación popular, para contribuir a
remediar las calamidades remediables que
pesan sobre nuestra desgraciada pobla­
ción nativa, cuyos hijos mueren de ham ­
bre y de miseria en la primera infancia,
restándole, según las estadísticas oficia­
les, medio millón de habitantes anual­
mente a la población del país. Y acaba­
mos de producir, quizás el hecho más
trascendental en pro de la unidad espi­
ritual del Continente, con la celebración
de la primera Convención Internacional
de los maestros libres de América.
Esta clarinada de la Nueva Educación,
ha producido las mismas reacciones vio­
lentas que produjera el prim er grito de
la Reforma universitaria dado el año 18
en la ciudad de Córdoba.
Está tan fuertemente consolidada la
rutina en nuestra instrucción pública,
que cada vez que se intenta dar un paso
al futuro, los reaccionarios se nos cuel­
gan de los faldones para no dejarnos
avanzar.
Recrudecen los odios incurables que
envenenan a los envidiosos y los im po­
tentes, contra los hombres que aplica­
mos el oxígeno del idealismo activo a
esta pestilente atmósfera, espesa de utili­
tarismos, venalidades y cobardías, que
constituye la moral del magisterio ar­
gentino.
En esta refriega me ha tocado ser el
blanco d etoda clase de ataques de gentes
y gentuzas de todos los pelajes.
No quiero descender a una querella
contra mis detractores públicos o solapa­
dos, que son muchos y en su m ayoría
tipos enjutos de alma y ruines de carác­
ter, indignos de ser tomados en cuenta
para nada, sino que voy a aprovechar
la coyuntura para pintar a base de algu­
nos hechos, lo que es por dentro esta
sentina social del gremio al cual perte­
nezco y del cual soy — no sé, si por
suerte o por desgracia — su antípoda
espiritual.
LA D IA T R IB A
Para un hombre que lucha y traba­
ja en el campo de las reformas socia­
les, la vida le sería corta si pretendiera
contestar todas las truhanerías y calum ­
nias que se le propinan.
No es posible pasarse la vida dando
satisfacciones. Cien Quijotes serían po­
cos para acabar en nuestro medio con
los follones y los malandrines que se nos
cruzan en el camino y nos estrechan za­
lameramente la mano, y hasta nos com­
pran a veces con sus simulaciones.
¿Para qué refutar con palabras a nues­
tros detractores, cuando hablan por nos­
otros nuestros hechos y nuestras obras?
Si realmente hemos edificado nuestra
vida con actos y obras de algún valor
intrínseco, no hay para qué agregarle
palabras inútiles.
Por otra parte, aquellos que por in ­
compatibilidades psíquicas son nuestros
adversarios natos, darán siempre crédito

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R

D

A

a la lengua viperina que nos difama, y
aún demostrándoles que los difam ado­
res mienten, seguirán siéndonos hostiles.
Y cuando la animadversión es p ro ­
ducida por el despecho, por la vanidad
herida, por celos o envidias inconfesa­
bles, como la que mueve a muchos de
mis detractores, esta es una pústula del
alma que sólo se cierra con la muerte.
Ingenieros ha psicologado en dos ca­
pítulos de ese libro saludable que todo
joven debería tener bajo su alm ohada:
“ El Hombre Mediocre” , a estos roedo­
res de la gloria ajena, atacados de la
peor enfermedad, que es la envidia.
“ El envidioso es la única víctima de
su propio veneno; — dice Ingenieros—
la envidia le devora como el cáncer a la
viscera” .
Dante los consideró indignos del in ­
fierno y los recluyó en el purgatorio por
su condición mediocre. “ Yacen acoqui­
nados en un círculo de piedra, sentados
junto a un paredón lívido como sus ca­
ras llorosas. El sol les niega su luz; tie­
nen los ojos cosidos con alambres por­
que nunca pudieron ver el bien del pró­
jim o” .
D E T R A C T O R E S DE LAS IDEAS
N o se tom a impunemente partido por
el porvenir, ni aún tratándose de los de­
rechos de la niñez que es carne y espí­
ritu de la hum anidad futura, sin que to ­
do el mundo reaccionario se nos venga
encima.
Por mucho tiempo continuaremos
purgando este delito de haber sido los
propulsores de una reforma trascendental
de la educación, que afecta los intereses
de mostrador de los industriales de la
vieja pedagogía.
Las casas editoras que ganan millones
con la venta de textos escolares, se de­
fienden desde los grandes rotativos por
intermedio de sus comanditarios los vie­
jos profesores que han puesto anónim a­
mente su plum a al servicio de la rutina.
Cada cual se agarra con las uñas que
tiene.
Esos son los que, escudados en el anó­
nimo, “ echan a volar las campanas de
plata del patríotísm p” (la frase creo
que es del jesuita autor de “La Maestra
N orm al” ), contra los maestros revolu­
cionarios que se dan el lujo de celebrar
conferencias internacionales. independien­
temente de todos los oficialismos.
El beaterío se asustó ante el toque de
alarma de la prensa cancerbera; y se sin­
tió el tropel de patas temblorosas que
huían en todas direcciones: eran los car­
neros de Panurgo que se habían espanta­
do creyendo divisar la sombra del lobo.
U n rayo de luz había penetrado por
las rajaduras del edificio del viejo “ enseñadero” y había herido de golpe a los
buhos y los murciélagos que se albergan
dentro de sus muros. Al dispersarse des­
pavoridos, sus graznidos y aletazos Tela­
ron de miedo el alma de los pusilánimes
que creen a pie juntillas en las superche­
rías que les cuenta la "prensa seria” .
¿Cuál ha sido, al final de cuentas, el
resultado de esta insidiosa campaña de
los pedagogos reaccionarios que se escu­
dan en los diarios ricos, contra este soplo

13
renovador de la cultura argentina?
U n estruendoso fracaso.
Se quiso hacer fracasar a la Conven­
ción, incitando a los pusilánimes a re­
tirar sus credenciales. A bortó el complot.
Se quiso hacer castigar a los maestros re­
volucionarios, señalándoseme como el
principal hereje. A zuzó “La Prensa” a sus
jaurías como en la campaña famosa del
himno, y hasta consiguió, para deshonor
del magisterio de mi patria, convertir a
una “Asociación Nacional de Educa­
ción” , compuesta de plesiosauríos pe­
dagógicos, en una C H E TK A del magis­
terio, la cual cayó en la ridiculez de ir a
pedir al Consejo la destitución de esos
maestros que señalaba la prensa.
Cuando ia autoridad escolar les exigió
que concretaran los cargos y dieran los
nom bres. . . no supieron qué decir.
Tam bién fracasaba el testaferro del
“ gran diario americano” .
Entonces conminó “La Prensa” di­
rectamente desde sus editoriales, al C on­
sejo Nacional de Educación, para que su­
mariara y castigara a esos maestros di­
solventes, "a los cuales era menester per­
seguir y exterm inar como se hace con
las plagas de insectos perniciosos en de­
fensa de los cultivos” . Y a pesar de lo
mucho que pesa el imperialismo de los
grandes rotativos en aquel Cuerpo, éste
no se atrevió a complicarse en seme­
jante canallada.
Hay motivos, entonces, para seguir
pensando que las fuerzas morales encar­
nadas en quienes pretendemos ser los re­
presentantes de la cultura nacional, ejer­
cen su imperio en la conciencia p ú ­
blica.
Y si estos poderosos enemigos no nos
han derrotado, menos podrán hacerlo los
minúsculos adversarios que apelan a ar­
mas innobles para combatirnos.
LA M ORAL DEL M A G IST E R IO
Hablemos un poco de la psicología
del maestro para apreciar la talla de los
enanos mentales que me rinden el h o ­
menaje de su aversión. Hablo particular­
mente del maestro m etropolitano, moral
y espiritualmente m uy inferior al de p ro ­
vincias y territorios, como lo demuestro
en mi libro “ Como educa el Estado” .
No creo con Pablo Groussac, que so­
lamente los degenerados sigan la carre­
ra del magisterio. Pero sí creo que la
rutina profesional los embrutece y que
la obediencia pasiva los arrebaña y la
frivolidad de los hábitos m undanos los
envicia y los corrompe.
El maestro varón, sobre todo, descon­
tando m uy pocas excepciones, es un eunucoide m oral: ha perdido gradualm en­
te los atributos del carácter masculino.
Dijérase que la profesión los ha cir­
cuncidado intelectualmente, de acuerdo al
rito de la disciplina burocrática, o que les
hubiera atrofiado las glándulas suprarenales, que según los biólogos m oder­
nos segregan el coraje.
Reaccionan, no como varones, sino
como andróginos. N o se rebelan nunca
contra el que da o quita puestos. Aunque
acatan ciegamente el principio de autori­
dad. son murmuradores y maldicientes
con sus superiores como las c o c í-

�14

I

ñeras y los mucamos con sus patrones.
Serviles con el que manda, son tiranos
con los que están a sus órdenes, sober­
bios con los de la clase humilde y dés­
potas con los niños.
Ese es el material humano con que me
tocó trabajar durante quince años, en pro
de un ideal de cultura emancipadora y de
la dignificación moral y material del
maestro argentino.
No son las mías afirmaciones temera­
rias, dictadas por el desencanto.
Muchos son los ejemplos de vergon­
zosos servilismos que podría traer a co­
lación, para demostrar que los peores ene­
migos del maestro son los maestros. En
ningún gremio obrero se encontrarían
actos carneriles y traiciones colectivas co­
mo las que me ha tocado presenciar ha­
ce cinco años en San Luis y hace dos
en La Plata. Los maestros varones se
pusieron del lado de los verdugos del
gremio y las mujeres tuvieron que con­
vertirse en los hombres de la causa, pa­
ra salvar el honor de la profesión.
Yo me he cansado de cargar en cuen­
ta de los políticos la corrupción y el en­
vilecimiento de los maestros de escuela.
Pero no son ni los políticos corrupto­
res, ni las autoridades dictatoriales ni
los reglamentos faraónicos, los peores
enemigos del maestro, sino el miedo (co­
mo dice Gabriela M istral), el miedo y
■ la venalidad, agrego yo, que los hace
conducirse como sayones y filisteos. T o ­
das las rebeldías del magisterio no fue­
ron aquí, sino actos reflejos, más o me­
nos inconscientes. No fue la acción co­
lectiva, en ningún caso, la que contuvo
los abusos de autoridad. Ya que se pre­
tende historiar, documentémonos en la
verdad de los hechos.
Bien saben, amigos y enemigos, que
el protagonista principal de los sucesos
más resonantes del magisterio m etropoli­
tano, he sido yo. Y he sido yo, por dos
razones: porque en la hora de prueba he
ocupado el primer puesto en la acción,
demostrando que nadie tiene más segura
la cabeza sobre sus hombros que el que
se la juega todos los días y sólo la pier­
den los que tienen miedo de perderla. Y
porque nunca luché por mí, sino por los
otros, exagerando a veces mi incurado
quijotism o del bien y la justicia.
Yo demostré prácticamente a mis co­
legas. después de ayudar a morir a dos
consejos nacionales de educación, que no
era cierto que el hilo se corta siempre
por lo más delgado, sino que a veces se
corta por lo más podrido. Y que si no
hay todavía justicia para el magisterio,
es por la despreciable cobardía colectiva
del mismo.
Yo no vivo rememorando los hechos
de mi vida pasada, porque mejor pertre­
chado intelectualmente que ayer, para la
acción y la lucha, marcho hacia la con­
quista del porvenir, desplegando sobre to ­
dos los sedientos de luz, libertad, y justi­
cia, el estandarte de una cultura sin ído­
los y sin dogmas.
No ha de ser, seguramente, entre esos
inválidos del gremio donde reclutaremos
los voluntarios de este ejército de- cora­
zones intrépidos. Ni ha de ser la poli­
tiquilla doméstica del magisterio, el esce­
nario intelectual en que yo me mueva,

Z

Q

U

I

para influir eficazmente en los destinos
culturales del país.
Cuando se haga el balance de los va­
lores de la cultura argentina, es posible
que no aparezca ninguno de los Pérez
y Rodríguez cuyo único oficio en su vi­
da de estéril alacranería, como el de las
lavanderas, fué llevarle la cuenta de la
ropa sucia al cliente de sus odios, pero
es más que probable que no se pueda
prescindir de mi nombre, porque, bueno
o malo, soy una unidad intelectual den­
tro de la cultura progresiva de mi raza.
D E TR A C TO R ES DE MI C O N D U C TA
Son muchos los maestros que se han
dedicado estas vacaciones a despellejarme
a su paladar. Entre los que fueron a ve­
ranear a M ar del Plata, circuló la noti­
cia de que yo me había vendido &gt;1 dicta­
dor de Chile.
,_]
Luego he sabido que los comunistas
se han dedicado, también, a propalar es­
ta burda especie, desde las columnas de
“ La Internacional” .
Se explica el raquitismo político del
partido comunista, por el raquitismo in ­
telectual de los seminaristas rojos que lo
capitanean. Se ve que la opinión pública
les hace justicia. Las actitudes de estos
temibles revolucionarios, acreditan mis
palabras pronunciadas en la Convención.
Los comunistas rusos — dije — hicie­
ron la Revolución Rusa, la más grande
de las revoluciones; pero los comunistas
de por acá, sólo han hecho el caos en la
conciencia del proletariado. Y ahora
agrego: son fascistas invertidos, que vi­
ven aplicándose el aceite de ricino entre
ellos mismos, por cuya razón se han di­
vidido en tres pequeñas sectas, como los
monjes luteranos y calvinistas de la edad
media.
La causa de los ataques que me endil­
gan estos politiquillos del bolcheviquis­
mo, fué, sobre todo, mi réplica a los de­
tractores del magisterio chileno, en cuya
mala compañía sorprendí a Orestes
Ghioldi, el cual en el pecado llevará la
penitencia por haberse mezclado a los
“ negocios gremialistas” de ciertos vivillos del magisterio.
Los profesores chilenos — dije — no
han hecho ningún pacto indecoroso con
la dictadura, al aceptar la responsabilidad
de dirigir la enseñanza. Los únicos que
contrajeron públicamente, el compromi­
so de no molestar al gobierno, al precio
de cuya claudicación han conseguido con­
servar sus bancas en el congreso, fueron
los diputados y senadores comunistas. El
señor Ghioldi fué el primero en recono­
cer esta verdad.
Pero continuemos con los roedores de
mi reputación.
Entre los turistas que fueron a pasear
sus personas por la vecina República
de Chile, no faltaron los ex-amigos... o
los ex-hombres, que se ocupasen en des­
prestigiarme. Pero como en aquel país
he cosechado, con mis libros y mis accio­
nes, las simpatías y los aplausos que se
me regatean en el mío, estos exportado­
res del chismorreo y la intriga tuvieron
que oír lo que no esperaban.

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R

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A

U n talentoso profesor y escritor chile­
no, con quien nos conocemos a través de
nuestros libros, hubo de decirles a esos
turistas: “ Ustedes tienen un gran valor
en la persona de mi amigo Julio R. Bar­
cos. Es sensible que la mediocridad am­
biente les impida apreciarlo” .
Por último, en una revista rosarina que
lleva el nombre de Sarmiento, se me
ataca insidiosamente cada poco tiempo,
no sé si por encargo o por cuenta pro­
pia, pues la verdad es que no conozco
a su director, sino por el par de ore­
jas largas que asoma en sus escritos.
Finalmente, otro -ex-amigo, y que
hasta ayer se complacía en hablar admi­
rativamente de mi vida de lucha, se des­
pacha ahora con toda la hiel que lo ca­
racteriza, desde el periódico de una “L i­
ga del M agisterio” (que no es sino una
gavilla capitaneada por Rinconete y Cor­
tadillo) , con una ristra de cargos con­
tra mi vida pública, de tal modo, que
los hechos que antes ponderaba elogio­
samente para mi persona, hoy se true­
can en motivos de difamación.
Em ulo del vil autor de ' 'Anatole
France en Zapatillas” , este Judas de la
amistad, pretende a su vez una limosna
de celebridad, haciendo a través de su en­
conado espíritu, mi biografía.
Comprendo su intención: ha querido
tener sus cinco m inutos de notoriedad,
deseoso de que yo le dé personería, to ­
mando en cuenta sus ataques.
Voy a complacerlo, porque no puedo
consentir que mi ex-ayuda de cámara
haga mi retrato. Y porque considero útil,
más bien dicho, profiláctico, desbaratar
la pérfida campaña que con los dineros
ajenos se están llevando a cabo dentrfc
y fuera del país, no sólo contra mi per­
sona, sino también, aviesamente, contra
el prestigio y la autoridad moral de la
Convención.
Cuando se manejan sin control las lla­
ves de un Banco, se pueden im primir y
repartir gratis, muchos millares de hojas
difamatorias, contra los hombres que es­
tán, moral e intelectualmente, a cíen co­
dos sobre sus difamadores.
Este caballero se ha ofendido porque
en un comentario de la Convención, dije
que “ aquellos que cuidan la conducta
ajena y descuidan la propia” , fueron los
únicos espíritus mezquinos que atacaron
a los maestros chilenos, en dicho C on­
greso.
Eso mismo, con estas diferentes pala­
bras: "una cosa es ser moralista y otra
hombre m oral” , se lo dije en la asamblea
a este censor.
En aquella oportunidad no reaccionó.
No convenía pedir aclaraciones. Ahora
demostraré la verdad de lo que dije,
agravada por la inverecundia de este de­
tractor de oficio, cuya misión ha sido
en esta asamblea la de un centurión. Las
dos únicas veces que habló, fué para
arrogarse la ingrata función de desacredi­
tar a alguien. De modo que si le hubie­
ra faltado a quién difamar, no hubiera
tenido papel en el Congreso. Una vez
habló para pedir la expulsión de un de­
legado, y la otra, para arrojar sombras

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Q

U

I

a los únicos maestros que están en la
pista cogiendo al toro por los cuernos:
los profesores chilenos, forjadores de una
reforma integral de la educación, que
marcará rumbos a los demás pueblos dr
América.
LA LIGA DEL M AG ISTERIO
Mi detractor me obliga a rememorar
ciertos hechos sin mayor importancia,
para destruir sus aseveraciones.
Tiene el desparpajo de afirmar que
fui separado de la Liga del Magisterio.
Con el mismo aplomo con que afirma
que en la Convención hice la defensa de
Mussolini e Ibáñez, llevándose por delan­
te el testimonio de toda la asamblea que
presenció el debate y jamás pudo oír se­
mejante cosa, lanza este otro grosero em­
buste, olvidando el testimonio de casi
todo el magisterio metropolitano.
Refresquemos un poco la memoria de
estos egregios historiadores.
A mi regreso de Estados Unidos no
encontré sino restos náufragos de la L i­
ga Nacional de Maestros, que fué aquí
un Quijote de la justicia.
Sólo encontré un grupo reducido de
viejos amigos, que habían inventado la
“Liga del Magisterio” con fines electo­
rales hacia la conquista del Banco de la
Pro Maestros. Mi atacante, en cuya
amistad creía, me propuso que los
acompañara y que una vez obtenido el
triunfo, se trocaría el Banco en un ins­
trumento económico en cargo de unifi­
car el gremio en todo el país.
Acepté e invité al mejor y más recto
de los hombres que había actuado con­
migo en las luchas gremiales, Santiago
Ponce. Ponce, que tenía ya calificados en
su fuero interno a estos integérrimos gremialistas, quiso evitarme el chasco y
no consiguiendo que yo desistiera de mi
compromiso, resolvió acompañarme.
Pronto se mostraron al desnudo las al­
mas. Fué a raíz de la victoria electoral,
que contribuí a darles con el prestigio
de mi nombre. Era la hora del reparto
de los puestos.
Quedé pasmado al ver los apetitos ex­
acerbados de estos "gremialistas insig­
nes . Habíamos hablado al magisterio de
la administración honrada de sus aho­
rros; y se proyectaba, de pronto, inflar
el presupuesto de la Asociación con una
burocracia desmedida.
Sépase que cualquier Banco de la ca­
tegoría de éste: el Escolar Argentino, el
Policial, que cuenta con igual número de
socios, funcionan con cuatro, cinco o seis
empleados. El de la Pró Maestros tiene
más de setenta! Es un-caso de parasitis­
mo voraz y predatorio peor que el de la
burocracia oficial.
Les dije entonces que bien merecíal
me colgaran un babero, por haber co­
metido la imbecilidad de creerles; y des­
pués de aplicarles la marca de fuego que
merecían, me retiré decepcionado y ado­
lorido.
En lugar de ofenderse fueron a bus­
carme a mi casa, prometiéndome que se
organizaría, pública y legalmente, la L i­

E

R

D

A

ga, para mostrar la sinceridad de sus
propósitos.
Pronto vi que era otra farsa la que
intentaron representar, pues ninguno de
ellos era partidario de una sociedad le­
galmente constituida, sino del so viet; así
le llamaban ellos a la pandilla que usu­
fructúa, tras el biombo pintado de la tal
Liga, el Banco de la Sociedad Pro Maes­
tro.
Llevaron la simulación hasta hacer la
asamblea y aprobar los estatutos. Pero
se sacaron la careta al exigirles que se
efectuara legalmente la reorganización
prometida. Entonces oyeron tronar la
verdad en mis labios. Se cuidaron muy
bien de hacerse los melindrosos; y cuan­
do publiqué en "La Obra” mi renuncia,
confesando el chasco que me había lleva­
do con estos puritanos gremialistas, se
guardaron de hacer ninguna clase de co­
mentarios.
Esa es la autoridad moral de estos Ca­
tones del gremialismo.
Asegura el autor del brulote, que yo
me opuse siempre a que se atacara al pre­
sidente Boero. Lo que no dice es que él
sacó provecho de mi amistad con aquel
funcionario, pues fué después de llevarlo
un día a su despacho,- donde supo con­
ducirse con bastante obsecuencia (tenía
un hacha que afilar) y pedirle para él
un puesto de Visitador, que este “ in­
flexible moralista” consiguió dicho cargo,
desempeñándolo hasta hace poco en La
Pampa.
Me opuse, efictivamente, a que se
atacara al hombre que más hizo por los
maestros mientras estuvo solo al frente
del Consejo (más tarde lo perdió su de­
bilidad de carácter) . Y me opuse, no só­
lo porque era injusto atacarlo, sino por
los inconfesables propósitos de quienes
le eran hostiles, pues ellos obraban por
cuenta de tercero, del señor Juan P. R a­
mos, contra el hombre que tenía en sus
manos el hilo de la verdad sobre el ase­
sinato de Antolin.
Otro hecho: mi reposición en el car­
go de Visitador después de la caída del
Consejo que me exonerara por mis ar­
tículos publicados en “Verdad” .
El doctor Gondra, deseando curarse
en salud, quiso confinarme en Tucumán.
Sin arrogancia y con firmeza, le dije
que me planteaba otra vez el dilema del
hambre o la humillación.
Eligiré, una vez más, el ptimero —
le manifesté — pues tengo la carne dura
para el sacrificio.
Es curioso — le agregué ■— que ha­
biendo sido yo el que ha puesto la casa
en orden y purificado su atmósfera con
la venida de otros funcionarios más rec­
tos que los anteriores, usted que me ha
felicitado delante de mis camaradas por
mi carácter, me aplique ahora el destie­
rro. El asunto quedó en el aire.
Un día me presenté al despacho del
doctor Gondra con el periódico de estos
liguistas en la mano, donde se atacaba al
Consejo por las contemplaciones que
tenía conmigo. Esa fué toda la solidari­
dad gremial con el maestro que caía en­

15
vuelto en la bandera de sus principios.
Es necesario, señor, le dije, que usted
i\ suelva mi situación: o me deja en mi
puesto, o le presento mi renuncia, si es
que su objeto es echarme a la calle. No
quiero que usted me haga servir de blan­
co a la injuria de estos ladronzuelos, le
dije, mostrándole el periódico.
“ Bah” — me contestó — • “ no le ha­
ga caso a esos atorrantes” . — Y tuvo
palabras de encomio para mi persona.
No obstante eso, no es verdad que me
quedara con el tirón de orejas que me
daba este señor en el decreto de mi re­
posición. Por ahí anda un número de
‘‘Los Pensadores” donde le contesté
aquella opinión suya sobre los “ revolu­
cionarios candorosos” .
“ Somos revolucionarios candorosos
— le decía •— los que luchamos quijo­
tescamente por la dulcínea de un ideal,
recogiendo para sí los sinsabores, mien­
tras cosechan los demás el beneficio.”
“ Somos revolucionarios candorosos, en
efecto, sobre todo, frente a los revolu­
cionarios “prácticos” del 90, que des­
pués de haberse alzado en armas con­
tra los poderes constituidos de la na­
ción, hoy están magníficamente rentados
por el Estado.”
En cuanto a la huelga del año 12
(contesto sin atenerme al orden cronoló­
gico) a que se refiere mí detractor,
aquélla dió la medida de lo que es la
moral del magisterio. Novecientos maes­
tros fueron a pedir clemencia al Conse­
jo, rectificándose de su conducta en un
documento vil que éste les hiciera firmar.
Quedamos afuera unos sesenta, que nos
negamos a pasar por esa horca caudina.
Propuse, entonces, a quienes quisie­
ran salir del país, que nos expatriásemos
al Paraguay, que fuésemos a pagar la
deuda que tenemos los argentinos con el
pueblo hermano, masacrado por la T ri­
ple Alianza, enseñando y educando a
cambio del pan y el techo.
Los hermanos Ponce que eran amigos
del doctor Vicente Gallo, me invitaron
para ir a verlo. Cuando le dijimos que
estábamos preparándonos para emigrar
al Paraguay y que desde allí les haría
yo un regalo a los políticos de mi tie­
rra, dedicándoles un libro que titularía
“La República de los Canallas” , el doc­
tor Gallo nos pidió que interrumpiése­
mos nuestras gestiones hasta tanto ha­
blara él con los miembros del Consejo.
Fué entonces cuando este cuerpo en­
contró el puente de plata y nos repuso
en homenaje a la efeméride, que
menciona mi detractor y que para él fué
“perdón” , y que para nosotros fué una
victoria sin vencidos ni vencedores.
Fué la de aquella autoridad escolar,
una farsa idéntica a la de Prim ó de Rive­
ra, indultando a Giménez de Asúa y el
doctor Marañón.
En aquella ocasión, tres señores que
confunden petulancia con carácter, qui­
sieron destacarse como los más altivos,
puesto que en el aula ya se habían des­
tacado como los más haraganes, y resol­
vieron seguir en huelga; y en huelga
perpetua se hallan; y en huelga conti-

�I

Z

Q

U

nuarín viviendo, porque padecen de un
atorrantísmo orgánico incurable. Veamos
cuál ha sido el destino de estas tres ves­
tales revolucionarias. Uno de ellos,
se alquiló a Lencinas como inspec­
tor de escuelas, para trocarse en seguida,
en el peor de los centuriones contra sus
colegas, durante la sonada huelga de
Mendoza. Los otros dos se han alternado
en la gerencia del Banco de la Pró Maes­
tro, canongía que da para juergas, liba­
ciones, timba y comilonas a todo pasto.
El puritano que me ataca, renunció
su cargo de Visitador, para aceptar el
“sacrificio” de ocupar la gerencia de di­
cho Banco, con el que juegan a las esquinitas los ases de esta gavilla del ma­
gisterio, pues ya he demostrado que la
tal Liga no es una sociedad sino una
horda. ¿Para qué alquilarse al Estado,
cuando se puede ser, simultáneamente,
parásito de los maestros y “líder” del
gremíalismo?
Todo el gremialismo de estos conno­
tados gremialistas, ha consistido en
“conquistar” la caja de fierro de la nom­
brada asociación, mediante procedimien­
tos electorales tan cínicamente fraudu­
lentos, que dejan chiquitos a los docto­
res en malas artes de nuestro viejo electoralismo criollo.
Han quedado solos, en la pista. Sien­
do una minoría tan mínima y tan des­
acreditada dentro del magisterio, ellos son
siempre mayoría en las elecciones. ¿Pero
a qué hablar de algo que todos conocen?
El Consejo de Educación le retiró su
patrocinio a la Pró Maestro, para no
siguir legalizando el lencinismo que prac­
tican estos escrupulosos administradores.
Legalmente, los picaros que eluden las
sanciones del código penal, son honrados
mientras no se les pruebe lo contrario.
Y estos caballeros lo son, indudable­
mente, puesto que aún no están en la
cárcel.
Otro hecho desfigurado por mi Zoilo,
es el de mi viaje a Estados Unidos.
Hay en esos cinco años de mis pere­
grinaciones por las dos Américas, episo­
dios y elementos suficientes para una
novela de interés social, que alguna vez
he de escribir.
Contesto por ahora, a la malévola in­
sinuación de mi detractor, respecto a la
causa que motivó ese viaje.
Dos veces había sido nombrado direc­
tor de escuela normal en distintas provin­
cias y las dos veces, la mano sigilosa del
clero, vetó el nombramiento. Obispos y
legisladores católicos se pusieron en
movimiento hasta conseguir que los di­
rectores de la enseñanza borrasen con el
codo lo que habían escrito con la mano.
Fué, entonces, cuando me presenté al
ministro Saavedra Lamas a preguntarle,
indignado, quién gobernada aquí las
escuelas laicas del Estado: ¿el ministro
o el arzobispo? Este me propuso, en des­
agravio, un viaje para estudiar las es­
cuelas intermedias de Estados Unidos.
Acepté gustoso la comisión y aunque no
llevaba otro numerario que los 180 pe­
sos (papel) de mi cátedra, pues el Con­
sejo Nacional me negó, implacable, el

I

E

R

D

A

sueldo de maestro primario, me fui m o­
destamente de segunda clase, puesto que
no iba en busca de otro género de placeres
que los que produce la inmersión del&gt;
espíritu en la vida cultural de un m un­
do más grande y rico que el nuestro.
Al segundo mes de mi permanencia en
Nueva York, se me dejó de girar el suel­
do. El yerno del ex-presidente Sáenz Pe­
ña a raíz de una interpelación de un di­
putado socialista por “haberse mandado
a un maestro anarquista en misión de
estudios al extranjero” , declaró muy
orondo que el profesor Barcos había ido
a Norte América sólo con licencia y sin
goce de sueldo. Mis amigos se cotizaron
durante tres meses para aliviar mis atri­
bulaciones en el exilio, pues ya habrá
comprendido el lector, que todo esto no
fué sino una celada para aplicarme el
destierro.
Pero si el propósito de aquel ministro
fué eliminarme de la escena, hay que
convenir en que el burlador salió burla­
do. Aquí estoy de nuevo, pero esta vez
acrisolado por las arduas pruebas de la
vida, después de haber actuado en las lu­
chas sociales de varios países america­
nos, haciendo, tal vez, por la educación
del pueblo, lo que no han hecho desde
la Casa Rosada media docena de minis­
tros.
No se tome esta afirmación de fe co­
mo un acceso de egolatría. Ningún hom ­
bre inteligente ignora que el legislador
de las grandes reformas educativas no
es, comúnmente, el que calienta una ban­
ca en el Congreso, sino el que arraiga
una idea en la conciencia pública.
¿Quién se acuerda, en tanto, fuera de
mi detractor, del barbilindo ministro que
me condenó a la expatriación y el ham ­
bre?
Pero no es posible continuar refutan­
do todas las bellaquerías de mi detracto­
res. Diré únicamente, para terminar, que
nunca fui expulsado ni de la FORA ni
de la USA, por la sencilla razón de que
nunca fui miembro de ninguna de esas
entidades exclusivamente obreras. T am ­
poco gestioné nunca mi ingreso a la
Confederación Nacional de Maestros. Lo
que hice fué un ensayo de frente único
entre las asociaciones de maestros de la
Capital, para elaborar un proyecto de es­
calafón escolar. De allí salió el que hicie­
ra suyo el diputado Guillot, presentándo­
lo el año próximo pasado al Congreso,
y el que calcó a su vez el Consejo al
elaborar su plan de escalafón.
De mis libros y mis ideologías, cada
cual es dueño de pensar y decir lo que se
le antoje. Menos los que no tienen nin­
guna dé ambas cosas.
Yo no pretendo que en mi vida de
hombre de acción, no haya errores ni que
mi conciencia esté limpia de pecados. Ca­

16
da vecino tiene su tarro de basura detrás
de la puerta y algunos tienen un vagón:
pero hay otros que son un horno cre­
matorio.
Yo no tengo, sin duda, ni pasta de
mártir ni vocación de santo. Amo la vi­
da y la vivo y la avaloro según los espe­
jismos de mi alma.
Errores, todos los cometemos. Pero
una cosa son los errores del juicio y otra
los yerros de la conducta.
Cualquier persona decente puede ser
víctima de un abuso de confianza, sin
que eso acuse una superioridad del victi­
mario sobre la víctima. Suponerlo así se­
ría subvertir el sentido de la moral social
y el concepto de los valores personales.
Sería atribuir al bribón mayor jerar­
quía espiritual que al hombre de bien.
¡Esa, parece ser la creencia de mi de­
tractor, al subrayar que “ me enamoro
superficialmente de los hombres” . Y,
precisamente, esa generosidad para apre­
ciar en el prójimo sus cualidades, sin re­
parar en sus defectos, es lo que distingue
a los caracteres viriles y generosos de los
tipos rastreros y alacranes.
“Los espíritus alicortos son malévo­
los; los grandes ingenios son admirati­
vos” , dice el autor de “El Hombre Me­
diocre” .
Moriré siendo hombre de buena fe,
aunque tenga que rectificar mil veces mi
concepto de los individuos a los cuales
les entrego mi amistad o mi confianza.
Soy demasiado rico de afectos y mis de­
fraudadores no podrán nunca empobre­
cerme. No importa que me lleve algunos
chascos como el que me llevé con este
gran tacaño que vendió al amigo por
cuatro reales en la feria. También hay en
el mundo almas grandes, atesoradas de
simpatías, que nos enseñan a pensar bien
de la humanidad y de la vida. Nunca
como ahora me he sentido tan rico de
amistades excelsas, de esas que honran y
ennoblecen.
No pienso volver a distraer mi tiem­
po para esgrimir la pluma contra quienes
no tienen otra misión que la de enlodar
mi nombre. Por mis libros y mis accio­
nes hablará mi espíritu.
Sé que esto no desarmará a los envi­
diosos. Por el contrario, los exasperará
hasta romperles la bolsita de la ponzoña.
Sin embargo, quiero darles un consejo
por boca de Federico Nietzche:
Zaratustra se quedó dormido aquella
tarde al pie de un árbol.
La serpiente aprovechó la coyuntura
y lo mordió en un brazo.
El dolor despertó al filósofo y al mi­
rar luego a la serpiente, le dijo sonrien­
do: ¿Acaso eres tan rica, para derrochar
así tu veneno?
¿'Dónde viste que el veneno de la ser­
piente matase al dragón?

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Dr. Juan Lazarte

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Incitación

al

Socialism o

2

Prof. Francisco C. Bendicente

A P U N T E S G E O G R A F IC O S P A R A
U N A E C O N O M IA R A C IO N A L A R ­
G E N T IN A
3

Manuel Villar

C O N D IC IO N E S P A R A L A
R E V O L U C IO N E N A M E R IC A

4

de

Gustav Landauer
Traducción
directa del alemán de

D. Abad de Santíllán

Dr. Juan Lazarte

LA LOCURA
D E L A G U E R R A E N A M E R IC A
P ró lo g o de Jo rg e F . N icolai

5

Diego Abad de Santillán

LA
B A N C A R R O T A D E L C A P IT A L IS M O
6

Dr. Georg Fr. Nicolai

DESA RRO LLO DEL
T R A B A JO H U M A N O

64

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Chaves, R.&#13;
Barcos, Julio R.</text>
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