<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<itemContainer xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/items/browse?output=omeka-xml&amp;page=3&amp;sort_field=added" accessDate="2026-06-06T04:02:10-03:00">
  <miscellaneousContainer>
    <pagination>
      <pageNumber>3</pageNumber>
      <perPage>100</perPage>
      <totalResults>206</totalResults>
    </pagination>
  </miscellaneousContainer>
  <item itemId="229" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="551">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/be8323bd5f544aa3c25e6887365465f1.jpg</src>
        <authentication>5fae3d8a2a61d9376c924303cf763646</authentication>
      </file>
      <file fileId="552">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/a1837c7e7be8b1aac9ab9f1b8549848e.pdf</src>
        <authentication>25c7c92e32175e7b8c9d6c9da6a62eb2</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="1925">
                    <text>REV

numero

R E D A C C I ON

Y

A I) M I N I S T R A C I O N:

Afín III
Febrero

Perú 973 - Buenos Aires - Telef. 34-2384

1 0
J1

10 4 8
2a-Epoca

Precio del número: ¡5 Ü.6U moneda argentina
S u se r i p c i ó n a ii u a I: $ (i.50 m o n. /a r &lt;*

=

P

I

C

A

S

S

O
Por ANTONIO DE UNDURRAGA

" U n a idea nueva es sólo ri­
dicula para los im béciles.’ ’

( Continúa en la página 1C

k

gran creación poética de Vicente Huidobro responde a un apasionado goticis­
mo intelectual, que se genera en el caótico
mundo de la primera postguerra mundial,
con motivo de la quiebra del arquetipo men­
tado “ hombre clásico” y la desaparición de
un orbe que tenía, aparentemente, sólidos
atributos de estabilidad.
En efecto, el hombre prim itivo (salvaje,
bárbaro, nóm ade), pretende sohrejTonerse a
la caprichosidad del mundo externo que le
infunde pavor, por un arte a base de sím­
bolos, figuras geométricas y abstractas, por
excelencia. Para ello, utiliza fórmulas mági­
cas, santos y señas, etc. El arte es un con­
ju ro y, además, como medida protectora hace,
tabú su cuerpo jjor medio del tatuaje. Para
él hay un dualismo, una separación absoluta
entre el hombre y el mundo, siendo la d ivi­
nidad una potencia oscura, hostil, que mora
tras las cosas, a la cual — identificada con
el rayo u otros fenómenos físicos— hay que
conjurar, a fin de protegerse de sus hoscos
designios.
Para el hombre clásico (Fidias, Aristóte­
les, Sandro Boticelli. M iguel A ngel, Goethe,
' Ingres) el arte ya no es, de ningún modo,
con ju ro; por el contrario, es jocunda repre­
sentación ideal de la vida, es sublimación
de la misma. Esta, se bace más hermosa y
alegre, pero pierde en profundidad, gran­
deza y angustia. El hombre, en su creciente
sabiduría, se proclama la medida de todas
las cosas y asimila el mundo a su mezquina
individu alidad; desaparece el mencionado
dualismo. De idéntico modo, la divinidad se
torna mundana, se incorpora al universo de
nuestra tierra. Lo divino ya no es una re­
presentación trascendental, sino que está en­
carnado en el mundo mismo. L a religión,
sustituida por la ciencia, se convierte en un
lujo del alma, sin carácter utilitario inme­
diato. El arte, en idéntica form a — insisti­
mos en ello— pierde su calidad de con juro,
de tabú, su calidad trascendental y supra­
sensible y — como en el mundo de los dioses
griegos— se convierte en naturalidad idea­
lizada.
Pero hay otro arquetipo humano, menos
com plejo que el hombre gótico y es el hom­
bre oriental. E n éste, la cultura se basa en
un conocimiento, en un saber instintivo so­
bre el mundo externo. Y si ante el velo de
la Maya, el hombre prim itivo permanecía
aterrado, el oriental, p or el contrario, ha
penetrado tras ese velo y sus ojos han p er­
cibido el inflexible dualismo de todo ser.
Su sabiduría arraigada en el instinto — sub­
rayamos— conoce la incertidum bre de todo
fenómeno y el insondable enigma de toda
realidad. P or ello, en su ánima, no hay
hueco para una ingenua fe en los valores
humanos y mundanos, que tanta ventura
dispensa al hombre clásico, llámese renacen­
tista o burgués contem poráneo. Pero este
dualismo, que consta de la percepción sen­
sible, imagen cósmica, de un lado, y del
otro los conocimientos esjúrituales que su­
giere esta percepción en cuanto a saber:
¿ qué somos?, ¿de dónde venim os?, ¿adonde
vamos?, no tortura ni angustia el ánimo de
Oriente, por cuanto el reino de las almas
orientales ha permanecido aislado de todo
contacto con el progreso del conocim iento
espiritual (la filosofía de K ant, verbigracia ).
lie aquí la analogía del hombre oriental
eon el jirimitivo y su consecuencia: el arte
oriental, como el prim itivo, es rigurosam en­
te abstracto, atenido a la imagen, la fábula, el
mito, el símbolo en literatura; y a la línea rí­
gida y su correlativo, el plano, en pintura y
arquitectura, pero supera con mucho el arte
primitivo por la riqueza de sus form aciones
y tonalidades. La creación elemental, para
a

L

D euussy .

\ la serie de compositores estadounidenses
nacidas a comienzos del siglo, que apa­
recen después de George Antheil, Ruth
Crawford, Marc Blitztein y Aaron Copland,
y que en atención a razones estéticas y téc­
nicas más que a una mera cronología, deben
ser agrupados en sitio aparte, pertenecen
los nombres de Nicolai Berezowsky, Ernest
Brooks, Colin Me Pee, H unter Johnson,
Ross Lee Finey, Norman Lockwood, Paul
Crestón, E lliot Cárter, Rav Green, Gerald
Strang, John Brown, W illiam Schuman,
Ilenry Brant, V ivían Fine, George Tremblav, Norman Cazden, Spencer Norton, John
Becker. J. M. Beyer, Robert Me Bride, Paul
F. Bowles, Conlon Nancarrow, A. Lehman
Engel, W illiam Russell, H arold G. Davidson y otros más.
De entre todos ellos destacan G erald
Strang, Paul Crestón, Ray Green. Ilen ry
Brant, Ross Lee Finey, W illiam Schuman y
George Tremblay. Su posicióii estética los
aleja de los compositores del grujió aun lla­
mado radical por algunos comentaristas po­
co enteradas o de, ju icio ligero y yue cuL
Tii i na -en R oy I larris, R oger Sessu.vi . Hjenry
Cowell. herederos directos de las escuelas eu­
ropeas, así como W allin gford Riegger. W a lter Pistón, A aron Copland o V irgil Thom­
son, ya que todos ellos son producto de
conservatorios y de maestros del viejo con­
tinente — a excepción de H . Cowell— , ha­
biéndose form ado la casi totalidad de los
que les siguen en los Estados Unidos. De ahí
una diferencia, si no precisamente una ori­
ginalidad — salvo en algunos de los “ nuevos
jóvenes” — en el enfoque de los problemas
y en la manera de resolverlos, partiendo de
actitudes concretas y de ideas claras y de­
terminantes, tanto en el plano estético, como
en el de la ética y de la especulación.
En los compositores que form an el vértice
agudo de las generaciones estadounidenses
precedentes, el problema cajútal fué siemjire
—excepción hecha del caso experimental ab­
soluto encarnado en E dgar Várese— , la ex­
presión obtenida a través de procedimientos
nuevos en cuanto ello fuera posible, pero
siempre dirigidos hacia esa finalidad exclusi­
va. ya se tratase de Charles Ivés, Cari R u g­
id es Uarrison K err, Richard Donovan, W a ll­
ingford Riegger. En el nuevo grupo a que nos
referimos, cuya producción comienza alrede­
dor de 1930. el enfoque inicial parece ser. an­
tes que otra cosa, una notoria disconform idad
con el estado de realidad musical logrado
luego de sumados esfuerzos y de la confluen­
cia y contribución de tantas y tan diversas
personalidades creadoras: y ese estado de
descontento se manifiesta en una producción
específicamente experimental en la mayoría
de los casos, con la persecución de tina me­
lódica áspera y angulosa, fragmentaria a
veces, v de violentas oposiciones dinámicas
o desplazamientos hacia los registros de so­
noridad más opuestos — que rompe decidi­
damente con el criterio rom ántico y discur­
sivo. de contenido expiatorio o confesional,
a lo Copland, H arris o Sessions— , o una
rítmica incisiva, a cuyo imperio suelen do­
blegarse los elementos restantes. ITay que
tener en cuenta que estos nuevos com posito­
res se form aron en el período difícil, dis­
conforme y angustioso de la primera pos­
guerra. en cuya iniciación, y al día siguiente
de 7. ’ TTistoire du Soldat y del Rag-timr strawinskianos, se llegó a admitir y a practicar
el ritmo como elemento dominante, asignán­
dosele una im portancia secundaria a la ar­
monía o a la temística como vehículos de ex­
presión. El extremo a que llegó esa actitud es­
tética fué en parte la confección de obras es­
critas para percusión sola. R ay Green, Thrcr
Inventions o f Casen J on es: Ilarold G. David-

POETA GOTICO

SlllEN MAESTRO IIE LA LIBERTAD

Por JUAN CARLOS PAZ

aquí,
PicAsso,
nombro.

yo te veo y te

Conozco tu rostro hace ya mu­
cho tiempo, le veo rápidamente y
con lentitud.
Tu rostro pertenece a mi fami­
lia, a la gran familia compuesta
de mis mejores amigos, amigos fiel
día y de la noche, todos ellos bue­

nos, pero diferentes entre sí.
Son buenas gentes, amigos ver­
daderos, siempre prestos a hacer
amistad, como el oso está dispuesto
a extender su pata hacia el panal
de miel.
Pero eres tú, Picasso, a quien se
dirigen primero, pues te buscan co­
mo norma de su comportamiento.
( Continúa en los páginas centrales)

Por CURZIO MAL APARTE
x el invierno de 1941, para huir de la guerra y los hombres, para curarme de ese
mal innoble que la guerra hace nacer en el corazón de los hombres, me refugié en
Pisa, en una casa muerta al final de una de las calles más bellas y muertas de aque­
lla hermosa villa muerta. Tenía conmigo a Febo, a mi perro Febo, que había reco­
gido muerto de hambre en la jdaya de M arina Corta, en la isla de Lípari, que había
cuidado, educado, y nutrido en mi callada casa de Lípari, y que había sido mi único
compañero en los solitarios años de mi destierro en aquella isla tan triste y tan que­
rida de mi corazón.
Nunca he amado a una mujer, a un hermano o a un amigo tanto como a Febo.
Era un perro como yo. Para él he escrito las páginas afectuosas de Un perro como yo.
Era un ser noble, la criatura más noble que he encontrado en mi vida. Pertenecía aesa rara y delicada raza de lebreles llegados de Asia con las primeras migraciones
jónicas y que los pastores de Lípari llam an cerneghi. Son los perros que los esculto­
res griegas esculpían en sus estelas funerarias. “ Ahuyentan la m uerte” , dicen los pas­
tores de Lípari. Tenía un manto de color de luna, rosa
y dorado, del color de la luna sobre el mar, del color de ( Continúa en las páginas centrales)

E

( Continúa &lt;n la página 4)

/

�-----------

cabalgata

A L A B A N Z A DOBLE
DEL CA B A L L O Y LA BÜS A
Ya en tu marfil, nocturna,

C om o e l Caballo, hermosa
está la Rosa.

crece en alta marea
taciturna

C om o e l fin o Caballo
adolescente,
definitivam ente
prim orosa.
Graciosa,
más q u e la pura Rosa,
la alta fren te.
E n los juegos d el aire
contenida,9
la Rosa,
malherida
d el o jo d el Caballo,
d u lcem en te
en sí se mira ardida . . .
ya en la mirada ardiente
consumida.

tu recogida som bra
desvelada.
¡O h Rosa apaciguada!,
cierra tu dulce casa
recatada,
y en tu lenguaje oscuro,
um bral d el acto puro,
i

e l pétalo r e co jo

„

ya maduro.
P o r tu acendrado logro,
m i sapiencia
seca su mucha lágrima

P or la gem ela rosa
voluptuosa,
q u e copia e l b reve tiem po
d e la oreja,
cautelosa
la Rosa
levanta en dos su queja,
ya berm eja
y en dos cum plido el cielo
d e su abeja.

!

en los p od eres dulces

;

de la ausencia.

í

A rdida en tu decencia,
le nace al alma un habla
d e inocencia.
D e puro esperanzada,
la Esperanza
m uere en tus barandales.
Tu delicada guerra
d e cristales
levanta su alabanza

A labad a la Rosa
varona y delicada.
A labad a la Rosa
inmaculada.

a nuestro d ob le anhelo

¡O h Señora y M ay ora
y Pescadora!
¡O h Rosa O rdenadora!
B a jo tu red d e olvido
inolvidado
sobre e l záfiro frío
d e este p resen te mío
ensimismado,
ju n to a M artín d el A ire
sube Martín d el R ío
enam orado.

La con d ición d el vu elo

encadenada:
T ú p or siem pre sin Tierra.
Y o sin C ielo.
traicionada.
T iem pos d e mal con tento
y de pavura.
M i sangre en ti depura
su en derezado aliento.
Un m adruguero viento
de amargura
b ajo mi sien despliega
tu estandarte,

A labad a la Rosa
prim orosa,
com o el Caballo hermosa.
Y alabad al Caballo
p o r la Rosa.

q u e a fuerza d e negarte,
m e m ueve a amarte, Rosa,
e l adm irarte. . .
t

T u caracola herida,
¡o h Rosa fabulosa!,
b ajo la ley del aire
anochecida,
trocando M u erte en Vida
m i soledad reposa . . .
y a adorable batalla
m e convida.

V encida y victoriosa,
alabad a la Form a
prim orosa . . .
H erm osa,
herm osa,
hermosa.
C om o e l Caballo, herm osa
está la Rosa.

• Una gran parto de los escritores fran­
ceses han iniciado la guerra a la llamada
"literatura condensada’ campaña en la
quo son secundados por la prensa litera­
ria. Aparte do lo que pueda haber en
esta cuestión de aspecto político (la ‘‘‘ li­
teratura condensada ’ ’ viene do los Es­
tados Unidos, y todo lo americano es
nefasto para algunos), existe un sano
propósito de reservar las normas do la
pureza artística.
Sin embargo, este tipo de ediciones
realiza progresos en Francia y en len­
gua francesa. Han comenzado a publi­
carse dos nuevas colecciones de libros
" condensados ” a la manera americana:
Succés, que ha insertado novelas de Marcel Sauvage, Marie Le Hardouin, Mauriee
Tosca, y el Omnibook frangais, que pu­
blica sólo novelas anglo-sajonas, pero en
lengua francesa. En los dos casos se trata
de autores contemporáneos que han dado
su autorización. Debido a haber concedi­
do esta autorización se dice que Marie
Le Hardouiir no ha obtenido ni el pre­
mio Goneourt, ni el Renaudot por su
novela " L ’ Etoile Absinthe” , do la cual
ha dado permiso para publicar un " con­
densarlo’ ’ de treinta páginas.
Poro otro caso ha impresionado aún
más a ciertos escritores. El editor Arthéme Fayard ha publicado un " conden­
ando’ ’ de "M a n on Leseaut” , prologado
por H e n r i T r o y a t , y otro de los
"C houairs” , prologado por Miomandre.
Ante ello, Gérard Bauer, presidente de
la Société des Gens de Lettres ha pu­
blicado un artículo en " L e s Nouvclles
Littéraires ’ ’ en el que plantea el pro­
blema en estos términos:
" E s t a práctica es un abuso y esta de­
formación es condenable dado quo el au­
tor no la ha autorizado mediante una
aceptación o un escrito. . . 4Es que vamos,
por ejemplo, en el futuro, a dejar que
Hugo sea sometido a todas las conden­
saciones? La Société des Gens do Lettres
plantea da cuestión a todos los escritores.
Está decidida la Société a hacer que so
precise este derecho, aunque sea en un
proceso, que aunque se pierda o se gane
tendrá el mérito por lo menos de fija r por
un acto oficial los deberes del Estado
hacia las obras del e s p ír it u ...’ ’
• La intervención de los escritores e in­
telectuales franceses en el dominio polí­
tico se desarrolla más cada día. La últi­
ma manifestación de este género es el
manifiesto que un grupo de ellos acaba
de dirigir a "t o d a s las fuerzas demo­
cráticas y sociales del mundo’ ’ para pe­
dirles el "reagruparse y recoger, por en­
cima de sus divisiones y de esos nacio­
nalismos exasperados que disimulan mal
la acción oculta de las potencias extran­
jeras, la tradición internacional que debe
ser inseparable del Socialismo y que es
el único medio de asegurar la paz ’ ’ .
Firman este manifiesto, que está inspi­
rado por Sartre, todo ei( equipo do
"T e m p s M odeníes’ ’ , con Sonono Beauvoir y M erleau-Ponty; el equipo de la
revista " E s p r it ” , con Emmanuel Mounier a la cabeza; Claude Bourdet, director
del diario ‘ ‘ Combat ’ ’, Albert Camus,
George Altman, director de "F ra n c-T ireur ’ ’, David Rousset y otros varios es­
critores e intelectuales conocidos.
• El Premio Goneourt de 1947 le ha
sido atribuido, en tercera votación, lo
que quiere decir que ha sido muy discu­
tido, a Jean-Louis Curtis. Este obtuvo
seis votos, contra dos a favor de Jacques Perret. En las dos primeras vota­
ciones obtuvieren también votos Daniéle
Roland, Roger Peyrefitte y Marcel Sau­
vage.
Curtis ha obtenido el premio por su
tercer novela, ‘ ‘ Les Foréts de la nuit ’ ’ .
Anteriormente había publicado " L e s Jeunes hommes ” y " Siegfried ’ ’ . Curtis, cu­
yo verdadero nombre es L affite, es pro­
fesor de lengua inglesa en un Liceo de
París.
• El Premio Renaudot ha sido adjudi­
cado este año a Jean Cayrol, que es esen­
cialmente un jjo e ta . Deportado en Alema­
nia, escribió al regreso sus admirables
"P oém es de la nuit et du brouillard’ ’ .
Debutó en la novela con una obra en tres
volúmenes. El Jurado Renaudot ha pre­
miado los dos primeros tomos, ‘ ‘ On vous
parle’ ’ y " L e s Premieres jou rs’ ’, que
acaban de aparecer.
• En la Biblioteca Nacional se ha cele­
brado una Exposición Marcel Proust, en
la que se presentaban manuscritos del
célebre escritor y documentos biográficos
emocionantes. Vale la pena de reproducir
las siguientes respuestas del joven Marcel
a un cuestionario psicológico de un ál­
bum de salón:
‘ ‘ El principal rasgo de mi carácter:
la necesidad de ser amado, y, para preci­
sar, más bien la necesidad de ser acari­
ciado y mimado que la necesidad de ser
admirado.

Por JUAN SAAVEDRA
" L a cualidad que yo prefiero en los
hombres: encantos femeninos.
" L a cualidad que yo prefiero en las
mujeres: virtudes do hombre.
‘ ‘ Mi principal defecto: no saber, no
poder querer.
" M i ocupación preferida: amar.
" L o que quisiera ser: y o .’ ’
Nada mejor que estas respuestas re
velan el verdadero carácter de Marcel
Proust.
e " E s al día siguiente de los crímenes
cuando uno se siente m ejor. . . Así ocurre
con los pueblos” Con estas palabras lan­
za Jean Paullian una nueva revista inter­
nacional, "O ccid e n t” , que, con sus tres
ediciones francesa, inglesa y española,
quiere mostrar al mundo el valor de esta
civilización " m o r t a l” . Lujosamente pre­
sentada, ornada con tres buenas ilustra­
ciones y fotografías, el primer número
reúne las firmas de V. Garcia Calderón,
Montherlant, Nijinski, Eliz-Bow en, etc.
La elección de artículos sobre el ‘ ‘ ballet ’ ’
ruso, el Hotel Ritz, Cocteau, la isla de
Balí, el pintor Balthus, etc., marcan, a
la vez, el eclecticismo y la calidad de
esta revista internacional.
Y hablando de Jean Paulhan diremos que
desde la Liberación de Francia el sema­
nario literario y comunista " L e s Lettres
Francaises ’ ’ publicaba en su cabecera la
siguiente línea: "Fundadores Jacques Decour y Jean Paulhan” . En el último nú­
mero, ha desaparecido el nombre de Jean
Paulhan.
• La prensa francesa se ha emocionado
con la noticia llegada de Buenos Aires,
según la cual el alcalde de la ciudad,
doctor Emilio Siri, ha ordenado el se­
cuestro de todos los ejemplares de la
obra de Honoro de Balzac, **La physiologie du m ariage” , debido al carácter in­
moral de esta obra.
• B ajo la presidencia del hispanista Georges Pillement acaba de constituirse en
París la "A sociación Profesional de Tra­
ductores literarios y científicos” , que tie­
ne por objeto "d efen d er los intereses mo­
rales y materiales de los traductores e
intensificar los contactos literarios en el
dominio literario” .
e Con motivo del 150 aniversario del
nacimiento de Alfred de Vigny, la B i­
blioteca Nacional nos ofrece una expo­
sición de las mejores ediciones de la épo­
ca, de manuscritos de obras, de autógra­
fos, de cartas diversas. Entre estas últimas
hay una curiosa carta de De V igny a un
obrero, Fran§ois D . . . , 37 años, rué de
Cléry, en la que dice:
" T r o s jóvenes obteroe han pasado a ó
lado. Uno de ellos ha dicho en alta vo
" E s o es Alfred de V ign y” . Me he vuelto
en seguida. El iba deprisa y no he podido
verle. Si se hubiera parado, le hubiera
dado las gracias por esa exclamación y le
hubiera estrechado la m ano. . . ”
e También se ha celebrado recientemente
el 50 aniversario de la muerte de Alfonso
Daudet.
• Con motivo del último Premio Goncourt so ventila actualmente un pleito,
no sólo literario, sino también judicial.
Es sabido que entre los miembros de la
Academia Goneourt figuraban Sacha Guitrv y Penó Benjamín, con los cuales sus
camaradas de Academia han roto, desde
la Liberación, todo contacto.
Pero Guitry y Benjamin no se resignan
a su postergación. Al día siguiente de
hacerse pública la designación del Pre­
mio Goneourt a Curtis, una nota en los
periódicos hacía saber que Guitry y Ben­
jam ín habían acordado, por su cuenta,
adjudicar el Premio Goneourt a Kleber
Haedens por su oüfa " S a u t au Kentueky” . El editor de esta obra, Robert
L affon t, se aprovechó de ello para re­
dactar una banda del libro, en la que
se decía: " E l Goneourt de Sacha Guitry
y René Benjam in.”
Estimando que en esto existe una ma­
niobra de concurrencia desleal, la A ca­
demia Goncouít lia decidido llevar a los
tribunales a " M . Robert L affon t y sus
co-responsables” . Un proceso, "m u y pa­
risién” en perspectiva.
• Después de " E l Proceso’ ’ , de Kafka,
otro gran éxito puede apuntarse JeanLouis Barrault con la presentación del
"A m p h itry on ” de Moliere. En primer lu­
gar, Barrault ha tenido el acierto do ele­
gir el compositor quo mejor convenía a
la obra: Francis Poulenc. Además, ha
sabido colocar la música en los lugares
adecuados de la obra. Toda la represen­
tación y realización es una muestra más

Carlos Rodríguez - Pintos
Dibujo de A M A L IA N IETO

( Viene de la página S)
acuerdo que en la época en que se discutía
en París el valor artístico de la estatua
que Rodiu había hecho de Balzac, yo pen­
saba que sólo un inmenso bloque de gra­
nito natural podía evocar al autor de " L a
Comedia Humana ’ ’ .
Zweig no es un vencido, sino un com­
batiente que renuncia a la lucha, asqueado
por los adversarios que debe com batir:
la época en que vive. Decido irse después
de hab«T comprobado que en este mundo
ya no hay un lugar para un soñador
como él y que el ideal que se había fo r ­
ja do de la Humanidad no encuadraba con
esa misma humanidad.
Para definirme el mal que lo roía mo
d ijo que experimentaba como un desplome
moral. Otra vez mo d ijo : " H e llegado

D O S P R O C E S O S L IT E R A R IO S E N F R A N C I A

al límite; la más pequeña gota hará des­
bordar el vaso ’ ’ . Pero la calma con que
me dijo estas fatídicas palabras les quitó,
de momento, todo lo que tenían de alar­
mantes. Para él, la muerte no era un
accidente, sino la secuela lógica de toda
existencia. Un día, ante mí, lo dijo a su
m ujer:
— Entramos en la vida a pesar nues­
tro, gritando y llorando, y sólo mediante
la dignidad de nuestra salida podemos
neutralizar el ridículo de nuestra entrada.
El motivo que impulsó a Zweig al sui­
cidio no reside en un hecho preciso, sino
en gran número do pequeños motivos que
su sensibilidad desquiciada am plifica y
multiplica hasta el punto de privarle de
la fuerza de vivir, después de haberle
privado do la alegría de vivir.

EL SEUDO SUICIDIO DE BAUDELAIBE y l o s
AMOBES ESCABBOSÜS d e l a CONDESA LOU
su momento informamos a los lec­
tores de CABALGATA del “ affaire”
¡Eouaujt. Este gran artista francés
hace dos años persiguió ante los tribu­
nales a los herederos de la Galería Cu­
rró, que pretendían lanzar al mercado to­
las que el pintor había renegado de ellas
y que había dejado en casa del comerciante
de cuadros sólo por amistad. Eouault ga­
nó el-pleito.
Actualmente dos asuntos análogos apa­
sionan los medios literarios francesos. Se
trata, como en el caso de Eouault, de
determinar si las gentes de pluma tienen
también el derecho de prevalerse de la

N

E

propiedad artística opuesta a la propiedad
jurídica.
El primer asunto afecta a Baudelaite,
Sartre, Paulhan, etc. Como el “ affaire”
Eouault, la cuestión quedará ventilada an­
te los tribunales. El objeto del delito es
una carta testamentaria de Baudelaire di­
rigida hace unos cien años a su notario.
Esta carta, secreta hasta ahora, ha sido
divulgada por Sartre el año pasado en
un ensayo consagrado al padre prestigioso
do “ Las flores del mal” .
La revelación de la carta estalló como
una bomba en los medios literarios. Es

( Continúa en la página 13)

del formidable talento artístico de este
gran actor.
• Resuelto el pleito que le impedía trabajar en la Opera, escenario de sus grandes éxitos pasados, presentes y futuros,
fóergo Lifar ha debutado con " L e s mirages , obra magnífica que ha merecido
los elogios más entusiastas de la crítica
y del público.
• Nunca han figurado en los carteles de
los espectáculos de París tantos artistas
españoles e hispanoamericanos como eir
la actualidad. Pero no sólo en los musiclialls, sino también en un arte más elevado.
José Iturbi ha dado un magnífico re­
cital, principalmente a base de obras de
Liszt y Ravel. Rafael Arroyo ha dado
otro de composiciones de Albéniz.
• Ha empezado a representarse la pelicula
de Jean-Paul Sartre, " L e s jeux sont
fa its” . Amigos y enemigos del maestro
del existencialismo están de acuerdo en
decir que no es una película lograda.
• El talento artístico de Matisse es in­
agotable. Esto se pone a prueba una
vez más con las ilustraciones hechas por
él para " J a z z ” , un libro prodigioso edi­
tado por Teriade y que se expone actual­
mente en una exposición de arte.
Después de haber recubierto con tonos
puros y violentos hojas de papel, Matisse
ha cortado diversas formas que en se­
guida ha pegado sobre un soporte de
papel, para componer así una obra ar­
tística auténtica. Es decir, ha dibujado
con tijeras y pintado con pedazos de pa­
pel, tallando en vivo en el color de un
modo quo recuerda la talla directa do
los escultores. Esto da la aparente es­
pontaneidad, la libertad, la frescura cre­
ciente de sus imágenes, que él llama
"improvisaciones eromátieps! y rima­
das ’ ’ .
• El Premio Literario del Ayunta­
miento de París le ha sido concedido a
André Suarés, que tiene actualmente
ochenta años de edad.
• El semanario "C a rre fo u r” , ha pu­
blicado una estadística de las obras, por
orden, más vendidas durante el año 1947:
La obra que se ha vendido más ha
sido, indudablemente, " J ’ai choisi la
libertó” , de Kravchenko, que ha tenido
muchas ediciones y que frecuentemente
está agotada en librería. Siguen a ésta,
en las obras que no son novelas, “ Les
secrets de la guerre” , de Cartier, las
obras de Remy, "Souvenirs d ’une Ambassade” , de Poncet, "Stendhal romancier ’ ’, de Bardeche y ‘ ‘ Existentialisme
ehrétien” , de Marcel. Entre las novelas
figura en primer lugar " L a Peste” , de
Camus, y después las obras de Cronin,
" L e Caporal Epingle” , de Perret, " F a mille Boussardel” , de Hériat y " L e
Troisieme Jou r” , de La Varende.
Pero se trata de una encuesta parti­
cular de los redactores de "C a rrefou r” ,
sobre cuya exactitud hay bastantes mo;vos para dudar. La recojo sólo a tíulo de referencia.
.
v

MI S I ON
En el en trevero de los meses
más difíciles para la vida librera
l y editorial de nuestro país — sa­
bido es que el trim estre inicial del
año, verano continental, es poco
p rop icio para la lectura y el re­
cogim iento, siéndolo más para el
viaje, la playa y el sport— Ca ­
b a l g a t a , con la presencia de sus
páginas — toda presencia es una
\afirm ación— recoge un casi unáj nim e sentir. Las cartas que a diaj rio llegan a nuestra Redacción, la
m ayor parte y, también, diríamos,
la más calurosa, de pueblos del
interior del país, confirma la ver­
dad d el presentim iento que nos
indujo a reaparecer y a perseve­
rar en el esfuerzo. Existe un pú­
blico que estaba a mitad de ca­
m in o; de ahí que C aba lga ta , va­
le d ecir sus colaboradores, y ese
público, el pueblo, se hayan en­
contrado con suma facilidad. Exis­
te en efe cto una legión de lectores
adentrados en nuestro vastísimo
país q u e esperan que se escriba
y se pu b liq u e para ellos: que de­
sean que e l escritor y el artista
pongan su obra en comunicación
con ellos.
C a b a l g a t a es, y no ahorrará es­
fuerzos para serlo cada día mas
cabalm ente, un papel intelectualizante popular, una hoja difusora
de letras y artes, un periódico ar­
gentino d e resonancia universal
de amplias y generosas proyeccio
nes. C a b a l g a t a es un periódica
mensual de letras y artes, objetiv
cualitativo, ecléctico y hateros
neo, en e l que escriben much'
para que lean todos.
Llám ese a ese enunciado, si se
quiere, una divisa. Con esa divisa,
\ofrecida a los escritores y artistas
d el país, de todas las tendencias
y prom ociones, este periódico, C a­
b a l g a t a , con el apoyo popular y
profesional, proseguirá su misión
de enlace en ios meses del ano
que acaba de em pezar.

|
:

t
1
*

�cabalgata

5

EMCflM
El, VENDEDOR DE CABALLOS

L

digo .como voy a decir que “ Michael
S iKohlhas
” ,*la novela de Heinrich von
Kleist que trata de un tratante de caba­
llos. es más la novela de la tumultuosa
sangre do Heinrich von Kleist que'de los
dos caballos negros y sobreestimados de
Michael Kohlhas, me será en seguida muy
difícil, lo sé, trasmitir algo de esos gol­
pes de sangre de genio obscuro y marti­
lleante que no cesé de escuchar durante
EL SALTO
toda la lectura de la novela.
Puedo contar el argumento, eficaz co­
El niño estaba empinado sobre uno de
mo eí rayo, la fulgurante epopeya del ven­
los ladrillos que bordeaban- el cantero del
dedor de caballos pero casi nada respecto
claro y sencillo jardín. “ Miren — exclamó
a ese otro galope ciego, denso, frío y crehaciendo que todos nos callásemos y mi­
.ciente, perseguido y perseguidor que latía
rásemos hacia él— . Miren qué hermoso
página tras página.
salto voy a dar” . Y se bajó dei ladrillo.
Escasamente sabemos del escritor en sí.
“ Tuvo amigos — se nos advierte— que
JOYCE Y V IR G IN IA WOOLF
siempre.se interesaron por él, que le ayu­
daron y admiraron pero él los abandonó
Impera aún en nosotros, y aunque últi­
i y los dejó preocupados” . Sólo una her­
mamente el pensar en ella, en su reitera­
mana, Ulrike von Kleist le comprendía
ción novelística — El cuarto de Jacobo, Los
| y sabía escuchar el recorrido de su sanAños, Entreacto— nos sume en ciertas ca¡ gro imparable pero amortiguada, como si
vilaciorres, siempre acabamos por volver con
f siempre fueso de noche en las venas del
profunda admiración a esta gran mujer
L pobre hermano poeta.
“ intelectual, deliberadamente snob, y sin
I A lo: veinticuatro años Heinrich von
Kleist quería escribir mejor que Goethe ¿hipocresía” como dice su reciente biógrafo,
David Daiches, en uno de esos libritos quo
y que Schiller, así tenia que quemar casi’
disemina ‘ ‘ Poetrv ’ ’ de Londres, que eotodo lo que escribía y si de sus manos
manda un indio, Tambimuttu, fluctuante
de incendiario alguna vez se escapaba
y misterioso como un ópalo.
una obra de teatro, no se representaba
nunca o su representación resultaba un
Hubo en el primer mun-do ensimismado
fracaso y cuando Heine en su “ Primera
de Virginia W oolf esos elementos fantas­
Carta de Berlín” en los “ Cuadros de
males ♦-primera esposa del padre, marido
Viaje” hace como que se mete en un
anterior de la madre— que ya no atañen
café, el Café Boyal, para recoger la ac­
al matrimonio vivo, pero que suelen ser
tualidad pimpante que comunica a su
vistos (de pie, tras una de las sillas a la
destinatario, los sucesos y las reposiciones
hora de levantarse de la mesa, o en-re las
teatrales y los estrenos de esa semana
dunas, durante la caminata playera) por
berlinesa de Enero do 1822, y dice: “ Julio
el hijo que, a la luz de la lámpara, se re­
de Voss ha escrito una obra que se llama
trasa en el corredor embalsamando bichos
E Mercado Nuevo. Su comedia Quintín
o sellos de correo o por la bija que va y
lletsys se pondrá en escena la semana pró­
viene a orillas del mar, cerca de la casa
jima. No se dará El Príncipe de Hamdon-de toda la familia, remendada como
iurgo de Heinrich von K leist” se siente
una barca pasa las vacaciones.
que es esta última noticia y no otra la
Su madre, la riente Julia Princep Jackque da la naturalidad necesaria al fin ­
son Duckworth, tenía hijos de su anterior
gido Café, vida a sus mesas, respiración
matrimonio cuando se casó con el padre,
a los que entran y salen del espléndido
sir Leslie Stephen, viudo a su vez, de una
lugar.
primera esposa, de la que le quedó una
Vivió poco, fué durante algún tiempo
niña, y que era nada menos que hija de
esa alma contrita y en contradicción que
Thackeray, el ídolo gordo, y maliciosamen­
es un alemán en París. Estuvo en la
te mirón, de Charlotte Bron-té.
cárcel por patriota y fué librero o estuvo
Magnetizaba la mezcla de hermanos y
en una librería en Dresde, y como Dosmedio hermanos y hermanastros, cada uno
toievski fué el quo se prepara para morir
con sus fantasías y sus nerviosismos, la
al alba y recibe, a la salida del sol, la
figura del padre, crítico y lector, imbuido
noticia del indulto.
de clasicismo y lo que es más decisivo, de­
Había nacido en Francfort en 1777 y
nodadamente agnóstico. Así hasta la hora
va en 1808 cuando escribe Michael Kohldo su muerte en que el hete"ogéneo grupo
li&lt;w había perdido la partida, poeta dis­
se dispersa, y Virginia y su hermana Vafrazado de vendedor de caballos que corre
nessa se van a vivir a Bloomsbury con- sus
desalado, incendiando castillos y establos
dos hermanos y comienzan una selección
—fábricas de sus manuscritos.
aún mayor, de sus silencios, de amigos,
“ El hombre — decía— no debe soportar
o de sensaciones, de las visitas.
todos los embates; el que Dios señala, de­
be hundirse. ’ ’
Vanessa se casa y pinta “ panneaux” y
Todavía esperó hasta 1811 y ese año
cuadros con alargamientos de azucena. Vir­
lecide quitarse la vida junto con Enriqueginia también se casa y comienza a escri­
iVogel, una mujer que le amaba, fijando
bir novelas que son como las novelas que
jn suicidio romántico tan contagioso, quo
se escribían antes de (no todavía, no anoace pocos años hasta pensó en él Stefan
Zweig cuando preparó el suyo con su
esposa de manos afectuosas y a las que el
cianuro pálido respetó el último gesto, do­
méstico y tierno.
Un simple suceso, el mal trato que el
señor del Castillo, Wenzel von Tronke hace
dar a dos caballos negros de Michael Kohlbas, que hubo de dejarle en prenda para
que le fuese permitido atravesar sus tie­
rras, desencadena el alma del vendedor de
caballos.
leinte días después él debía recuperar
sus dos hermosos animales. Veinte días desraés ve regresar al criado que dejó al
uidado de ellos. En el Castillo sólo quedan
Leopoldo Stcrn tuvo el triste privile­
ros sombras de caballos envilecidas por las
gio de hallarse entre los últimos que
tarcas agrícolas a que fueron sometidos
vieron con vida a Stefan Zweig y el
y por el miserable lugar donde se les dió
primero en verlo muerto. En el pre­
1 eobijo.
sente artículo relata los motivos que
Michael Kohlhas cura a su criado y se
impulsaron a Zweig a la muerte.
encamina al Castillo en busca de sus dos
caballos negros, los que dejó, pero vuelve
e telefonean que Stefan Zweig y su
solo. Al recibirle y mirarle a los ojos, su
esposa so han suicidado y cubro de un
mujer decide prosternarse ante el Soberasalto la distancia que media entre mi casa
uo&gt; repartidor de justicia en la ciudad con
y la del autor de Amóle.
verjas y lanzas: atropellada y herida, re­
Me aproximo a la ventana que da al
pesa y muere. Entonces Michael Kohlhas
gabinete de trabajo de Zweig: dos camas
paga ricas exequias, manda a los hijos más
gemelas, pero Zweig y su esposa ocupan
allá de las fronteras, allí donde no pueda
una sola. Él está apenas un poco más
alcanzarles la Justicia que a él se le ladea,
pálido que de costumbre; yace boca arriba
ycude sus tierras y posesiones y se hunde
y parece dormir. El cuerpo de su esposa
en el abismo de la venganza” .
se halla estrechamente enlazado al suyo.
Corre, saquea, mata, incendia. A sus
Sobre la mesita de luz de cada uno de
Cancos se alistan gentes electrizadas que
ellos se encuentra una botella de agua
barruntan lo pavorosamente diferente que
mineral y un vaso vacío. En esos vasos
i es lo justo de lo injusto, y Michael Kohlbebieron la muerte, pues el diagnóstico es
“as vuela detrás de Wenzel von Tronke y
claro: veneno.
nenzcl von Tronke, pueblo tras pueblo,
En el escritorio, pegado a la ventana,
abadía tras convento, granja tras cobertihay un paquete de cartas. Al lado, una
®°&gt; buve do Michael Kohlhas en tanto que
hoja de papel de gran formato cubierto
I snbe la pila de documentos del Proceso
por la escritura de Zweig, que el magis­
que por vía legal sigue el vendedor de ca­
trado, llegado mientras tanto, me pide le
ballos al señor del Castillo.
traduzca:
El número do legajos llega a ser inHe aquí su contenido:
vcrosímil y el de asesinatos también.
Un día, a la hora de las sombras, el doeDeclaración:
jur Martín Lutero manda llamar a Michael
“ Antes de quitarme la vida por mi
Kohlhas e intenta plantearle el problema
propia voluntad y en posesión de mis
®°bro quién es el que ha de manipular la
facultades mentales, me siento impul­
Justicia aquí abajo, pero el tratante do
sado a cumplir un último deber: agra­
ruballos no quiere oír. El sólo pide sus dos
decer profundamente a este admirable
laballos, los que dejó eir el Castillo, sanos
país, el Brasil, el que nos haya dado
y tensos, no escuálidos y esclavos. Cuando
a mí y a mi trabajo una hospitalidad
final, entre resplandecientes villorrios en
tan amable y acogedora.
,Jnas y montañas de papel de oficio se le
“ Cada día he aprendido a amar más
justicia y Michael Kohlhas sube, tran­
y más a este país y en parte alguna
c o , al cadalso donde ha de pagar todos
me hubiera gustado más reconstruir
crímenes, so le ve sonreír a sus dos
radicalmente mi existencia, desde que
jabalíos negros y reivindicados, a esas enel mundo de mi propia lengua ha nau­
telequias en yunta satinada y vibrante que
fragado para mí y que mí patria es­
*uelta y ya legenc¡aria, corría por ¡os campiritual, Europa, se destruye a sí
P°s atónitos de Sajonia.
misma.
Creo que el último que en nuestros íiem“ Pero, pasada la sesentena, hubiera
P°s los volvió a ver, uebulíticos, vertigi­
precisado nuevas er ergios para reco­
nosos. partiendo siempre y nunca rayando
menzar v\\ vida enteramente. T mis
horizontes, fué el literato Franz Kafka.

E

D

A

Por LU ISA S O F O V IC H

Virginia W oolf

tes de Virginia W oolf, sino antes de Mar­
cel Proust y de James Joyce).
Las fechas son terminantes. Desde 1912
hasta 1919 la gran escritora había publi­
cado dos novelas: El Viaje de Ida y No­
che y Día. En 1919 la “ Little Review”
inicia la publicación en folletín de la no­
vela TJlises del irlandés James Joyce. i Co­
incide la aparición de TJlises con su sen­
timiento de rebeldía hacia las formas nove­
lescas que ella misma había acatado hasta
entonces, o es ülises el que prende en ella
esa rebeldía! Los críticos ya lo han di­
lucidado.
Se ha escrito mucho y bieir sutilmente
sobre Virginia W oolf y para nosotros ella
será siempre la inmortal autora de Las
Olas (y la que elaboró la biografía perfec­
ta que es Flush), la única mujer con pei­
nado siempre de mujer, la que supo escu­
char como gime el mar de las ideas, la
sensible, la inmolada por la inteligencia.
Pero unas palabras dichas precisamente
por ella misma son las que nos han per­
turbado, las que nos hacen mirar más
repetidamente sus retratos y descubrir que
sus ojos no corresponden a su boca. Sus
ojos amaban la muerte, la verdad; su boca
es indescifrable.
Se trata de que cuando apareció su, di­
rectamente influida por TJlises, Mrs. DaXloway (1925) que, como se sabe, es la
descripción de nn día de la vida de una
mujer a lo largo de un día de Londres,
“ ülises — d ijo Virginia W oolf— fué una
catástrofe memorable, audacia de gigante,
terrible desastre. Mrs. Dalloway, libro no
menos osado, fué una victoria. ’
¿Cuánto de alarde de autor o cuánto
de en-gullimiento — un saturnismo al re­
vés— del creador primero hubo en esta
frase !
Todo, naturalmente, en Mrs. Dalloway,
infinitamente menos audaz que TJlises, es­
taba organizado — dentro de las consabi­
das reacciones, en literatura, a cualquier
innovación— para el triu nfo: la mujer in­
glesa de pelo declinante y al mismo tiem­
po siempre un poco fina muchacha de pecho
aplastado y que compra flores para la re­
unión que va a dar esa misma noche y
que piensa en el pasado y en los refrescos
de su fiesta, y su pasado es bastante
“ bien ” aun con sus indecisiones, borrosas
como mujeres desnudas que pasan al fondo
de una habitación poco iluminada.

James Joyce

Hay también mucha talle de Londres
(que no es el limitado y punzante Dublin) y mucho parque, gentes que van y
vienen y se paran y siguen andando y hay
mucho Big Ben y alguno que snfre y
quiere quitarse la vida y se la quita, pero

ES EL VI ANIVERSARIO

EN T O R N O
AL SUICIDIO DE STEFAN ZWEIG

M

P or
fuerzas, como consecuencia de largos
años de peregrinación sin patria, se
han agotado
“ Estimo, pues, que vale más con­
cluir a tiempo, y en pie, una vida para
la que el trabajo espiritual ha sido
siempre la máxima alegría, y la li­
bertad personal el mayor de los bienes
sobre la tierra.
“ Digo adiós a todos mis amigos.
Que les sea dado el ver la aurora tras
la interminable noche. Yo, más impa­
ciente, tomo la delantera.
STEFAN ZW EIG
Petrópolis 22-2-1942” .

(

Stefan Zweig

La conciencia de ser un refugiado co­
mo los demás, él, a quien Jules Romains
había llamado ‘ ‘ gran •europeo ’ ’ y que se
sentía por su espíritu un ciudadano del

LEOPOLDO

STER1S

Universo, le resultaba particularmente
insoportable:
— Ni siquiera soy un refugiado — me
decía— , pues por mi débil resistencia f í ­
sica soy a lo sumo un aprendiz de refugia­
do y siento que lo seguiré siendo siempre.
¿N o tiene usted la impresión de que la
palabra “ refugiado” tiene algo de her­
mético que evoca las palabras de Nietzsche: ‘ ‘ Todo está vacío, todo es lo mismo,
todo ha pasado” !
Stefan Zweig tenia sesenta años y es­
taba convencido de ser muy viejo. A me­
nudo tuve la impresión de que la vejez
le daba miedo.
— ¿Qué puedo esperar ya de la vida?—
me preguntó muchas veces— . A los sesenta
años se puede esperar vivir hasta los se­
tenta y cinco o los ochenta, pero ¿para
qué, desde el momento en que se está
ya demasiado fatigado para hacer cosas
útiles y que, las más de las veces, m&gt; se
hace sino neutralizar las buenas que ha­
yan podido hacerse antaño?
No obstante, procuraba adaptarse al
nuevo ambiente que la guerra ha creado
en el mundo, pero cada lina de sus ten­
tativas 8ÓJo lograba convencerle de que
era demasiado tarde para volver a em­
pezar. Cuanto más se empeña en recons­
truir un futuro más se pierde eir el pa­
sado que, sin embargo, se ha desprendido
de él. Cada vez más, la idea de vivir sin
patria y sin fam ilia se le hace insopor­
table. El mundo nuevo que la guerra
estaba formando — o mejor deformando—
le inspira terror.
— Desde haee muchos años — me confe­
saba— por donde quiera que voy soy nada
más que un extranjero. Sin embargo son
infinitamente buenos para conmigo, pero
esa bondad no consigue recomponer lo
que hay en mí de irremediablemente roto.
Como el hombre que ha perdido su som­
bra, yo soy el hombre que ha perdido su
pasado, y su ausencia me impide respirar.
Lo mismo ocurre con mi literatura; soy
por todas partes un autor extranjero del
cual se aprecia, a veces, el talento, pero
que no enriquece con su nombre el patri­
monio nacional.

■

con discreción. Esto es, a la ligera, la
trama — pradera do la imaginación y al­
fombrilla para delante de la chimenea—
urdida por Virginia W oolf con los hilos
del Tiempo, el Estilo, el Fluir del Pen­
samiento, la Luz, y un poco de rosa san­
guíneo de mejilla humana, pero descarna­
da. Por el contrario el ülises es presen­
tación de los sesos de nn cerebro. Es una
gran sesada que, extendida sobre el helado
mostrador de mármol de una carnicería,
lograría asustar hasta al propio hombre
del cuchillo con mango de madera.
Joyce se sacrificó por ülises y en cierto
extremado sentido sacrificó también al
Arte.
Joyce cantaba ba jo la lluvia como un
cartero loco; pero no estaba loco.
Los hombres impasibles le asaetaron y
todo el triunfo de después no pudo res­
tañarle de las ofensas que sufrió.
Hablemos del capítulo llamado “ Valpurgis ’
Sobrepasa todos los cánones, todas las
suposiciones de lo imaginativo parlante,
balbuceante. Es como esas sumas (que no
acabo de saber si existen) en que unos
escasos granos de trigo ascienden rápida­
mente, se multiplican q cientos de miles,
a millones, a billones, pudiendo llegarse,
si no se detiene a tiempo la operación, a
inundar el terráqueo, pero mayor catás­
trofe sería si cada grano de trigo se trans­
formase, a su vez, en una paloma, dura,
glotona; tiesa paloma de madera gris, re­
pugnante, odiosa, sensual.
Es una literatura fetal, prenatal, de
óvulo literario mal colocado en el claus­
tro materno y que se lo pasa enhebrando
metáforas en la oscuridad líquida y espe­
rando un resquicio de luz amarilla por
donde algún día, tal vez, quien sabe, se
liberará.
Se lo ve a Joyce artista adulto y civi­
lizado que se encoge, disminuye, loco de
realidad circundante, hasta volver a in­
troducirse en su cavidad de no existente,
y quo desde allí vomita la bella venganza
de la vida.
Mrs. Dalloway es la señora a la que
observamos como se abrocha el botón per­
la de uno de sus guantes, mientras estamos
bajando en el ascensor de una tienda cén­
trica e importante. Creemos conocerla y'*
casi la conocemos, ülises es todo el lado
de la carne y del tenebroso espíritu del
hombre que desconocemos y que se des­
conoce a sí mismo y también de la mujer,
de la propia Mrs. Dalloway, que nunca
quiso errfrentar Virginia W oolf. Pero bas­
ta ya, porque no quisiéramos rozarla ni
con una palabra más.
Que no se agite, que no oscile su úl­
tima forma, la blanca corola quo cierto
día quedó flotante en el río, cerca de su
casa de campo, y que únicamente ella hu­
biera sabido rescatar, palpar levemente,
examinarla, jugar con ella y con la cam­
biante luz hasta reintegrarla y devolverle
su condición: primera de una demudada
dama que aquel día, por su voluntad, so
cavó al agua, y que se llamaba Virginia
W oolf.

Una cosa que le resultaba particular­
mente dolorosa: era el no poder hablar
el alemán vienés, la única lengua que
poseía a fondo.
— Desde siempre he escrito y hablado
mi lengua; sólo ella expresa exactamente
los matices de mi pensamiento y para
un escritor, la posibilidad de entregar
eir palabras su vida interior es la cosa
más necesaria, la más cara de todas, pero
desde que empezó la guerra está prohi­
bido hablar el alemán; por lo demá9, aquí
nadie lo habla.
‘ ‘ Me ocurre a menudo, cuando hablo
una lengua extranjera, que no encuentro
la palabra exacta para expresar mi pen­
samiento, y entonces mi tortura es inde­
cible. Mientras me hablan, yo, en vez de
escuchar, busco afanosamente las pala­
bras de mi respuesta lo que, con frecuen­
cia, me haee perder el hilo do la conver­
sación. Desde hace muchos años, esto in­
menso recurso de hablar sin esfuerzo me
está prohibido. Las lenguas que hablo no
son mías, y el esfuerzo de tener que tra­
ducir continuamente mi pensamiento me
fatigan, y el temor de expresarme mal me
absorbe hasta el punto do obligarme a
desnaturalizar mi pensamiento y decir lo
que puedo decir en lugar de lo, que quiero
decir.
“ ¿Guardar el propio pensamiento pri­
sionero y no poderlo comunicar a los otros
normalmente no es una anticipación de
la muerte!
En una carta, dirigida a uno de sus
amigos, decía:
‘ ‘ Bien sabe usted cuan agotado me
hallaba por la duración de mi tortura,
de mi vida nómade. Cuando sonó mi se­
sentena de años, fué como una llam ada:
Descansa, ya que no puedes concluir lo
que fué tu verdadera tarea, el gran
Balzac.
‘ ‘ Es típico el que todos aquellos quo
quisieron tomar la medida de ese gigante
tuvieran que retroceder en sus trabajos
relativos a este héroe del trabajo. Después
de adoptar mi decisión fin al me siente
muy dichoso, por primera vez desde es¡
jornada de setiembre quo ha destruido m
universo. ¡V alor! Usted es joven y todavií
verá retirarse la ola ’
Stefan Zweig se va sin una queja, sin
un reproche. Un solo pesar, el de no haber
podido terminar su libro sobre Balzac,
que dejó en el estado de “ esqueleto” .
— Balzac siempre me ha impresionado—
me d ijo un dia— . Mucho antes de «onooer
su vida ya admiraba al hombre a través
de su obra, y cuanto más lo leía, más me
daba cuenta hasta qué puirto había aepirado, asimilado y sentido la vida. Me
( Continúa en la página 3)

�cabalgata

4

VICENTE 1 l i l i l í
(V iene ile la primera página)
el indostánico, birmano, japonés, árabe
o chino, so torna conjunto complejo y cui­
dadísimo.
En consecuencia, dondequiera quo la
línea abstracta, el símbolo, la metáfora,
la fábula, es elemento osemúal de la vo­
luntad de forma, allí el arte es trascen­
dental y está condicionado por exigencias
de salvación. Elemento de salvación que
para el primitivo — ya lo analizamos—
so traduce en conjuro, tabú que le salva
del capricho de los fenómenos físicos y
de los dioses ocultos tras esos fenómenos.
Para el oriental, esa salvación reside eir
su instintivo quietismo, su estática fe de
identificarse con la divinidad. Mas, ¡onns
tatad, cómo el fabulista, ofrece soluciones
de salvación, ora trascendentales —que
dicen relación con la divinidad, con el
hermético misterio de nuestra existencia—
o simplemente, claves, normas para eludir
los males, las meras malas acechanzas de
los hombres en un orden social, humano!
Para el hombre gótico, la voluntad
creadora expresada en la obra de arte,
también es abstracta, porque el funda­
mento psíquico sobre el que se asienta el
fenómeno del arte gótico, es la necesidad
de salvación, y ésta consiste en una vida
eterna, según los cánones cristianos. Pero
es distinta de la necesidad de la misma
índole que experimentan el primitivo y el
oriental, porque mientras éstos llegan a
límites extremos de la expresión artística
en su afán de salvación, y para librarse
de la torturante eapriehosidad en que flo ­
ta el mundo vivo de los fenómenos, se
entregan a la contemplación de valores
muertos e inexpresivos, la obra de arte
gótica, a la inversa, está rebosando ex­
presión y vida. Frente al fatalismo y
quietismo orientales, aparece aquí una
movilidad afanosa, una tortura, un as­
censo sin descanso.
He aquí el hombre gótico que hay en
este poeta, poeta abstracto por excelencia
que acumula imágenes sobre imágenes, in­
fatigablemente. Hombre gótico surgido
— volvemos a insistir en ello— con moti­
vo de la postguerra de 1914 y como una
consecuencia de la quiebra del hombre
clásico, del alegre y despreocupado buen
burgués de la preguerra. T en el caso
de Huidobro, este arquetipo gótico se da
aún con mayor intensidad, por ser un
ex católico surgido de familias fuerte­
mente feudales, de un feudalismo cris­
tiano que ha sido en ellas una tradición
viva.
Eir tal virtud, constata el poeta en su
espíritu un dualismo que es como una res­
quebrajadura que le parte el ser en dos
mitades:
Tíay que sallar del corazón- al mundo
Tíay que crear un poro de infinito
[para el hombre 1
expresa. En su gran poema “ Canción de
la Muervida” , t'tulo andrógino hecho a
base de “ muerte” y de “ vida” , hay
un testimonio más de esa dualidad g ó­
tica suya: de un lado está el misterio de
lo cósmico, su acendrado espiritualismo
sustentado por infinitas y creadoras imá­
genes; y del otro, la tierra que tam­
bién le ata con todas sus voluptuosidades
y transitorios halagos. Por ello, simbóli­
camente — utilizando medios de expresión
abstractos— en este poema nos dice con
tanta propiedad: mi mano derecha es
una golondrina, mi mano izquierda es un
ciprés. En Huidobro se da el gótico seirtido de la fe y espera en un mundo más
alto, más espiritual, que consistirá, ora
en la posesión de la eternidad:
Pasan los días
La eternidad no llega ni el milagro 2
Cerremos nuestros ojos por un minu[1o de eternidad 3
i
ora en la posesión de la justicia social,
en el predicamento de suprimir las ser­
vidumbres que envilecen la condición hu­
mana :
Trescientos sesenta y cinco pájaros
[tiene el cielo
Estos pájaros serán banderas el día
[del gran triunfo
Cuando *los hombres oigan cantar la
[hora del hombre
Cuando nadie viva del esfuerzo na[cido en otros pechos
Cuando nadie se nutra de la carne
[ajena
N i respire por pulmones extraños
N i se ate los pantalones con las tri­
pas esclavas. 4
En el artista gótico también existió
esta actitud y el inundo a que aspiraba
era de confraternidad humana en esta vi­
da terrestre, y eir la ultraterrena, de bea­
titud eterna. En consecuencia, aunque
Huidobro no tenga fe en un perdurable
más allá, en ambos hay desgarramiento,
tortura por el sentido del tiempo, como
eternidad o mero curso, producida por
esta esliera, por esta actitud entrañable­
mente salvadora y espiritual.
Finalmente, escuchad cómo se expresa
en Huidobro, ante la vida y lo cósmico,
el hombre gótico que hay en él, que por
gótico tiene algo de hombre oriental y
primitivo:
La vida es misterio que sorprende
Soy vuestro ciego amargo
La vida se descifra por su terror de
[antaño
Y su gran canto de futuro lleno de
signos luminosos ó

(Damos término en el presente
número, a esta interesante entre
vista, repitiendo el último párrafo
de la primera parte publicada en
el número anterior.)

Le digo que para él va a ser doloroso
ver a Francia en las condiciones actuales
y comparar con los años anteriores a la
guerra.
— Y a lo sé y me preocupa mucho. Voy
a pasar dos meses infernales. Vamos a
vivir en un hotelito muy cerca de mi villa
en la Riviera. La villa está destruida. Eos
árboles quemados, los muebles los roba­
ron, pero confío en restaurarla pronto.
Haré llevar árboles ya crecidos. No quiero
nada joven que yo no pueda ver crecer
del todo. Después, unos meses a Eondres,
y luego, vuelta a la Riviera. Acaso en la
primavera próxima vuelva a Nueva York.
He mandado mis libros y papeles en va­
rios baúles a Eondres a lo que resta de mi
piso, también destruido por una bomba
incendiaria. Mi automóvil en la Villa se
lo llevó un General italiano. No sé cómo
me las arreglaré para ir de una parto a
otra. Me llevo allá el mínimo de equipaje.
Ropa tropical. El resto do trajes de ves­
tir y de noche a Londres. . .
Habla volublemente, y le enciende la
cara un fuego de excitación más ardiente
que el propio sol que nos baña la cabeza.
Ee examino mientras habla. La cara es
de facciones talladas con limpidez, fina­
mente cinceladas. Tiene un encaje de arru
gas eir toda la faz que llegan a formar
una puntilla junto a los ojos. La marca
del monóculo en la carne es cruel y ro
tunda. La cara tiene una sutil veladura de
oro o de cobre, a veces un resplandor
oliváceo. Los ojos fueron un día azules,
ahora son de un color que ya no es tal,
sino solamente un recuerdo del color, con
una gasa blanquecina sobre ellos. Los la­
bios resecos le tiemblan levemente con el
tartamudeo constante que acompaña sus
palabras. El labio superior está adornado
por uno de esos bigotes británicos que son
como la etapa final en la vida de un
cepillo do dientes. Las manos que reposan
en sus rodillas, pues no las usa para ha­
blar —solamente para escribir—-, son pe­
queñas, fuertes, bien cuidadas, con una
discretísima manicura.
— Por supuesto — prosigue— que no
culpo a nadie de los estragos hechos en
mi Villa. Se habla mucho hoy de la mala
conducta del soldado americano en Fran­
cia y Alemania. Es lo mismo con cada
soldado en cada país y eir cada guerra.
Se le enseña al hombre a obedecer y a
destruir y se quiere que solamente lo haga
cuando se le ordena. Además — agrega a
una observación mía— , tiene usted razón.
Esa conducta del soldado es, probablemen­
te, la liberación psicológica de sus comple­
jos de obediencia, y representa la salida
de ese fondo instintivo y destructor del
hombre en todas las épocas.
El taxi, dejando atrás Columbus Circle
y Central Park South, eirfila Broadivay
y después abandona la chabacanería diurna
de la Gran Vía Blanca, que en las horas
de sol es como una artista vieja y pinta­
rrajeada que durante el día no puede ocul­
tar sus ojeras ni su artificialidad, y se
lanza por la honrada suciedad de la Oc­
tava Avenida, donde la vida es tan natural
que no hacen falta los sueños de purpurina
de Broadway.
— Usted vivirá para ver la guerra ató
mica; yo ya habré muerto y me alegro de
ello — me dice— . Se habla hoy de la nueva
guerra biológica. Ello representa eliminar
toda norma de humanidad hasta para con
las poblaciones civiles.
Le explico mi creencia de en lo que con­
siste el arma biológica y me pregunta
sobre mis recuerdos de la guerra de Es­
paña. La explicación que le doy, interrum­
pida por sus hábiles preguntas, nos ocupa
hasta Abingdon Square y la esquina de
Bank y Bleecker, donde se halla el JaiAlai. Somerset Maugham es un oyente
magnífico. Jamás interrumpe más que para
una pregunta aclaratoria o formular un
acertado comentario. Jamás hace repetir
una sola palabra y su cara refleja un es­
tado de excepcional atención mental. Me
pregunto qué cantidad de resortes aními­
cos está disparando mi relato, qué de
evocaciones o ideas le sugieren mis pala­
bras. De conversaciones al azar han salido
los mejores cuentos del maestro, reprodu­
cidos luego fotográficamente por su pluma,
pero con una profundidad radiográfica
que no tuvieron cuando se le contaron por
vez primera.
V I .-U n Almuerzo Literario
Tras la vieja fachada, con una vejez
muy Greenwich Village, donde la melan­
colía se tiñe de jovialidad, el interior
penumbroso del Jai-Alai. El bar ruidoso
con un pajarera y la sala de delante, si­
lenciosa como si hasta las conversaciones
estuvieran bajo el influjo de la siesta.
Pasamos a la sala de atrás. A pesar de
que me llevó quince minutos dar instruc­
ciones por teléfono ( “ ... L a mesa del
En suma, Vicente Huidobro es uno de
los primeros grandes poetas chilenos que
vive la atmósfera mundial de postguerra
de 1914, y que inicia una profunda re­
volución estética en la poesía hispana,

Una Paella
c «11

en Nueva

SO M E R S E T

York

M A U G H A M
Por FELIX MARTÍ IB4ÑEZ

rincón junto a la ventana en la sala de
a trá s... que nadie se acerque a saludar­
l e . . . que el arroz esté para la una cua­
renta y cinco en p u n t o ...” ), nadie se
arrima a enseñarnos el camino hacia la
mesa. En la sala la habitual concurrencia
parlanchína y glotona, ante la mirada so­
bria y despectiva de los tremendos vascos
pintados en los muros, que desde hace
veinticinco o cincuenta años están levan­
tando la misma piedra, cortando el mismo
tronco o conduciendo los bueyes solemnes,
en el marco todo verdores húmedos de sus
montañas. Unos camareros, desgreñados,
desaliñados y desangelados, atienden a
los clientes tardíos. Se huele a cocido y
a tabaco habano y las espirales azuladas
de los cigarros se mezclan con el humillo
blanco de los restos de los platos recién
salidos del horno.
— i Manzanilla1? — le ofrezco.
— ¡Oh, manzanilla!— . Su calma britá­
nica se inyecta de alegría mediterránea.
— Magnífico. Hace años que ando buscan­
do. sin encontrarla, manzanilla en Londres
y en Nueva York. Cuando viví en Sevilla
bebía mucha y muy buena, con camaroives. Bonita imagen — dice, aludiendo al
símbolo que le recuerdo de la trinidad vi­

nícola de los jereces: “ El jerez caballero,
el amontillado filósofo y la manzanilla. . .
esa mocita bailarina y sandunguera. . . ”
— Parece manzanilla de veras— y levanta
la copa donde se cayó un bloque de oro
solar.
— / Cheerio! — dice.
Nos traen una fuente de jamóir serrano,
con aceitunas aliñadas. Lo pincha con el
tenedor y después lo deja, se pone el mo­
nóculo, lo mira, sonríe, deja caer el mo­
nóculo y coge el jamón con los dedos. Yo,
¡jara no ser menos, dejo el tenedor tam­
bién.
En España so puede comer muy bierr v
muy mal — sigue diciéndose— . Y a sé que
usted, en un artículo, criticó duramente
mis comentarios en mi Don Fernando so­
bro la mala cocina española. Pero es que
hay que diferenciar. En las capitales yo
he comido muy bien. En las provincias
muy mal. Hay que saber la especialidad
de cada capital y dedicarse a ella sin mie­
do. Mi buen estómago me ha permitido
hacerlo hasta con la comida mexicana. En
Vigo comí maravillosamente. El marisco
es magnífico. En Barcelona y Valencia
comí suculentamente, pero sin grandes
alardes culinarios. En Madrid he comido

unos 1echones asados que mataban ¡a los
91 días de nacidos!—\ Se ríe y pica otra
aceituna con sus dedos ágiles. Nada más
incongruente que el “ gentleman” britá­
nico con el monóculo bamboleándose como
una campana al extremo de la cinta de
seda negra, que está comiendo aceitunas y
jamón serrano y discutiiredo la cocina es­
pañola. — Los vinos — prosigue— son ex­
celentes, incomparables. No, no pida Riscal
— replica— ; sigamos con la manzanilla
toda la comida. Por cierto que en la finca
de mis editores, Doubleday, en South Ca­
rolina, tuve la idea de organizar una pae­
lla. El cocinero negro se encargó. Le
compré todos los ingredientes. Todos ab­
solutamente. Hasta el azafrán. Pero el
resultado fué un desastre. Le llevó casi
media hora hacerla y nadie pudo probar la
pasta resultante.
Le explico algo de los secretos culinarios
de la paella, de la lírica poesía de la pae­
lla al aire libre, del ritual que representa,
de la Valcucia lejana y querida y me es­
cucha atentamente sin dejar de devorar el
jamón y beber manzanilla.
— Simpático este lugar — me dice, ha­
ciendo una pausa melancólica al acabarse
( Continúa en la pág. siguiente)

Por N. MOLINS I FÁBREGA

Víctor Scrge, poco antes de su fallecimiento.
pasado mes de noviembre murió en
México el conocido escritor francoruso Víctor Serge.
Es un eslabón más de la generación de
escritores avanzados europeos que desapa­
rece, como si un hado quisiera que hom­
bres que tanto hicieron para el alumbra­
miento de una nueva etapa de la civili­
zación humana, ahora que el mundo se
halla en una encrucijada de la que puede
surgir la sociedad por la cual lucharon,
pocos de ellos pudieran verlo. El inevitable
dolor del parto de nuevas formas de orga­
nización social en que se debate la hu­
manidad, uo podía dejar de herir de
muerte a los que contribuyeron' a darle
forma con su pensamiento y su acción.
Víctor Serge era uno de ellos y muere
cuando la batalla es más dura, pero tam­
bién, por serlo, es más prometedora.
Serge nació en Bruselas de la familia
Kibalchiclie, comprometida en el atentado
que costó la vida al Zar Alejandro II.
Uño de sus tíos, Nikolai Ivanovicli Kibalchiehe, murió en la horca junto con los
Hombres del Primero de Marzo. La po­
licía lo arrestó en la casa del abuelo del
compositor Shostakovieh donde se hallaba
escondido. El padre de Serge, condenado
a trabajos forzados, pudo pasar a Oc­
cidente.
Los años de su primera juventud los
jiasó en París, en donde era considerado
como uno de los mejores jóvenes intelec­
tuales del movimiento libertario. Deteni­
do, con motivo del mundialmente conocido
asunto Bomrot, fué condenado a cinco
años de trabajos forzados como inspira­
dor intelectual de los actos de terrorismo
anarquista de la época en Francia. Al
cumplir la condena pasó a España, en
donde encontró un clima favorable a sus
ideales de entonces. Al lado de los sindi­
calistas catalanes, entre ellos Salvador
Seguí — conocido por el “ Noi del Su­
cre” — participa en las jornadas de la
semana revolucionaria de 1917 en Bar­
celona. Vuelve a Francia, en donde, de­
bido a la revolución rusa que acaba de
estallar, es puesto en un campo de con­
centración con otros emigrados rusos de
distintas ideologías revolucionarias. En el
año 1918, con otros de los prisioneros, es
canjeado por los generales y coroneles de
la misión militar francesa, retenidos en
Rusja. Formaba parte de la ola de revo­
lucionarios esparcidos por la Tierra que
llegaban a Rusia con la ilusión de parti­
cipar en la formación de un mundo nuevo.
Pocos son los supervivientes de aquel
éxodo hacia una Patria que se había des­
embarazado del zarismo.
Víctor Serge, como muchos do ellos,
aunque no era bolchevique, se unió a los
dirigentes de la revolución. Eran momen­
tos en que las miradas de los obreros de
todas partes se hallaban fijas en la epo­
peya que realizaban hombres proscritos
de la víspera que tomaron en sus manos
el más vasto imperio de Europa.

E

l

Tai muerte de Leniír y, más tarde el des­
tierro de Trotsky, produjo un cambio to­
tal en el nuevo régimen ruso. Hombres
como Víctor Serge, para quienes la re­
volución significaba la dignificación del
hombre, en vez de su sometimiento, no po­
dían por menos que pagar su tributo. En
1928, era detenido por primera vez por
la policía política de Stalin. Libertado,
era encarcelado nuevamente en 1929, más
tarde en 1931 y, finalmente, en 1932, des­
terrado al Turkestán ruso.
En 1936, un viraje político de los diri­
gentes soviéticos, que querían captarse las
simpatías del movimiento intelectual libe­
ral de occidente, hizo que, debido a la
presión de intelectuales de fama mundial
como Gide, Malraux, Wells y centenares
más de otros países, el gobierno de Moscú
permitiera a Víctor Serge volver del des­
tierro y salir de Rusia para el Occidente.
Al estallar la guerra, Víctor Serge se
hallaba en París, en plena actividad de
escritor, incorporado de nuevo a la lite­
ratura occidental, ya coir una gran madu­
rez intelectual. Seguía los rumbos que
inició en 1928 con ‘ ‘ Los hombres en la
cárcel” , y la publicación en 1931 del
“ Nacimiento de Nuestra Fuerza” — obra
er: la que nos da una visión íntima de las
jornadas del 17 en Barcelona— y “ El
Primer Año ’ ’, en el que expone la epo­
peya do la Revolución rusa, y que le
incorporaron a la literatura europea. Otras
obras de su pluma, elaboradas en el dolor
de tantas ilusiones perdidas y con la vida
y la libertad en peligro, quedaron en los
archivos do la GPU, repletos de libros de
todo género de escritores y pensadores.
Los principales de que tenemos conoci­
miento son: “ El Año II de la Revolu­
ción Rusa” y “ Los Hombres Perdidos” .
Una de sus primeras obras extensas en
Francia es “ De Lenin a Stalin’ ’, seguido
por “ El Asunto Tulaief ” , inédito, a punto
de aparecer en el Canadá en lengua fran­
cesa en la cual expone — con el conoci­
miento de quien sabe de los métodos del
sistema— los móviles y la forma de pro­
ducirse de perseguidores y de persegui­
dos en los célebres procesos de Moscú,
que acabaron con la muerte de los prin­
cipales colaboradores de Lenin.
Le siguen la novela “ La Media Noche
del S iglo” , “ Retrato de Stalin” y de
Hitler a Stalin ' y, antes de la derrota
francesa, sus poemas Eesistance. La mis­
ma derrota francesa y el terrible éxodo
que le lleva a través de Francia, en huida
ante las hordas de Hitler, — en aquel en­
tonces aliado de Stalin— le da tema para
su novela “ Los Ultimos Tiem pos” , pu­
blicada en francés en el Canadá, más tarde
en inglés, en Estados Unidos, y proirta
a aparecer en castellano en la Argentina.
Al morir en México, — a donde llegó des­
pués del largo peregrinaje a través de
Francia, los campos de concentración de
la Martinica, y Triscornia de Cuba— deja

*

t -,
también inédita su novela “ Los-Añosvsin
Perdón” , sus memorias e infinidad de
notas para nuevas obras, entre las que des­
collaba, por la preferencia que sentía por
ella, una novela que, con el entusiasmo
y el optimismo que le eran característicos,
pensaba llamar ‘ ‘ Liberación ’ ’ .
Pocas semanas antes de su muerte, ter­
minaba la biografía de León Trotsky, en
colaboración con la viuda de éste, Na­
talia Sedov.
La evolución literaria de Víctor Serge
ha sido la de todos los escritores que en
el tiempo fueron primero luchadores que
literatos. De la actividad política y la
producción de literatura casi estrictamente
ideológica, de una manera casi impercep­
tible, pasa al campo de la producción más
estrictamente literaria, que se manifiesta
ya en “ El Nacimiento de Nuestra Fuer­
z a ” y toma más solidez en el “ Primer
A ñ o ” . Sin embargo — y esta es la carac-'
terístiea principal que le distingue de
otros autores que no saben mostrarse in­
conformes con los hombres y sus proce­
dimientos sin renegar de los ideales que
antes los unieron a ellos— Víctor Serge,
aun en sus novelas, muestra gran firmeza
en sus ideas y solidez de pensador. No
crea para divertir sino para exponer.
Esta ha sido la principal causa de su
condenación al silencio durante los últi­
mos años, hasta el final de la guerra.
Francia, el elemento natural de su obra,
sojuzgada por los alemanes, le estaba ce­
rrada. El resto del mundo, en especial
Norte América y también el Canadá, le
estuvieron cerrados por ser hombre no
grato al aliado soviético. En momentos
en que millonarios como Davies podían
producir obras como el ‘ ‘ Proceso de Mos­
c ú ” , pasada después a la pantalla, y li­
bro y película difundidos por el mundo
gracias a los millones de la propaganda
norteamericana, no hubo lugar para es­
critores como Víctor Serge, que nunca es­
cribió para agradar a los fuertes de turno.
Su muerte es una clara condenación de
los métodos de nuestra época. La guerra,
lo tuvo alejado del único lugar del mundo
que quedaba libre, que era un marco ade
cuado a sus actividades literarias y el
que más convenía a su salud: Norte Amé­
rica. La paz no le fué más favorable, y
su corazón enfermo no pudo resistir por
más tiempo la gran altitud de México;
el país que le abrió generoso sus puertas
cuando las de todo el mundo se cerraban
para este eterno proscripto.
Víctor Serge, ha dado su vida por la
fidelidad a un pensamiento y su g&gt;'an
ideal de servir a una humanidad que bus­
ca un camino. Nunca dudó de que Ios
hombres acabarían encontrando esta vía
para un futuro mejor, este futuro mejor
que parece cerrarse a cada paso.
Con la muerte de Víctor Serge el mun­
do ha perdido un magnífico, denso y so­
lido escritor.

�5

cabalgata
el jamón—. Hasta coir música — aludiendo
il chorrito do armonía que gotea sobre
nuestras cabezas desde un altavoz.
__Muy española, como puedo usted ver
_]c digo refiriéndome al “ Oh, Susana” ,
;» mús castiza música del viejo Oeste ame­
ricano, que es lo que tocan.
Enciende un cigarrillo que extrae de una
pitillera negra, grande, de cuero con su
eterno, monograma contra el mal de ojo
bordado en escarlata que ilustra todas las
cubiertas de sus libros, sus pañuelos, sus
cartapacios y carteras. Fuma “ Virginia
Jiounds” porque todo el tabaco nortéame
ricano le sabe igual y éste por lo menos
es suave, aunque en España fumaba el
tabaco amargo y fuerte de los cigarros
puros y le agradaba mucho.
Saca unos papeles del bolsillo que pone
sobre la mesa, mientras el camarero que
la suerte nos deparó y que es el más zafio
del restaurante, nos sacude las migajas
del mantel sobre los pantalones.
— Tengo aquí — me dice— las notas que
usted me ha mandado sobro mi novela
Catalina. Ha sido usted gentilísimo con­
migo. Se ha tomado un trabajo y un in
terés extraordinarios. Sus notas son valio­
sísimas. Las ho aceptado casi todas, pero
¡deseo que ahora las discutamos una por
una juntos.
Hojea nerviosamente mis notas — cinco
páginas a máquina— , y va posando un
dedo menudo y ágil, dorado por la nico­
tina, sobre las cuartillas,
í — Mucho me agradaría poder, como us­
ted indica, agregar algo más sobre el as­
pecto de las calles en la España de Felipe
ni, pero no sé lo bastante sobre ellas, y,
además, por su colorido, distraerían del
tema principal de la novela. Por la misma
razón, apenas si puedo mencionar a Lope
de Vega, Teresa de Jesús y al teatro de
Lope de Rueda sin describir los escenarios
t las funciones. Todo eso es muy intere­
sante, pero uro es mi novela. He escrito un
libro para contar un cuento y debo evitar
que el fondo excesivamente rico en deta­
lles ahogue la historia. Por la misma ra­
zón. no puedo usar palabras en español,
que hubiera que explicar al lector, ni tam­
poco detenerme en describir lugares o re­
cargar arquitectónicamente la novela. Us­
ted —contiirúa— es un hombre de ciencia
y como tal, amigo del detalle preciso; pero
fíjese bien lo que voy a recomendarle si
vale la presunción de este consejo de un
novelista profesional.
Dejo a medio camino la aceituna que iba
a comerme y la devuelvo al plato. William
Somerset Maugham va a aconsejarme a
mí, personalmente, aquí en este rincón de
un restaurancito español, aislados de los
siete millones de personas de Nueva York,
algo que puede tener gran valor para me­
jorar mi formación literaria.
—1 besecch you — comienza diciendo, co­
mo podría hacerlo un personaje de una
de sus novelas, pero sus palabras mueren
en la nube olorosa de dos cazuelas llenas
de mariscos hervidos que acaban de traer
a la mesa.
Vil. - Consejos y la Paella
Somerset Maugham so interrumpe, se
pone el monóculo, mira con aire de apro­
bación la cazuela envuelta en un delicado
vapor verdoso, se quita el monóculo y co­
mienza a devorar almejas y a comer la
salsa a cucharadas grandes. Le recomiendo
hacerlo al estilo de mi tierra, usando la
almeja vacía como cuchara, y muy grave­
mente se lanza a hacerlo, relamiéndose de
gusto. El monóculo pende de su negro cor­
dón como una campana dormida. Cuando
ya las almejas han casi desaparecido y el
tufillo de marisco y ajo flota como un halo
en tomo a su cabeza gris, reanuda la con­
versación.
—Le estaba recomendando — continúa—
que cuando escriba algo no deje que el
hombre de ciencia domine al novelista.
Pienso siempre en que el lector, al verse
snto la página impresa, tiene una tenden­
cia natural a escaparse mentalmente del
tema del libro. El hilo de la narración
debe ser lo más tenso y directo posible,
ííada de explicarle al lector las cosas, n ay
que sugerirlas o mencionarlas y nada más.
bada de intercalar palabras o tipos que
requieran explicación. La explicación de­
be ir contenida en el mismo texto de la
uovela y no debe dársele como incisos
aparto al lector. Ello no haría sino desviar
!u atención, lanzarle por otros senderos
lejanos a la página impresa. Lo que se
explique deben decirlo los personajes o
ser sugerido por la misma acción, pero si
&lt;%«, refiriéndome a una corrida de toros
un lonco y agrego, that is lo say, a pass,
destruyo toda la atmósfera de la página.
Si al citar a Lope de Vega aludo a su vida
Pintoresca, dejo al lector curioso y dis­
traído con ella por varias páginas. ¡No,
. ®o. Es muy difícil cautivar al lector y
B0 podemos nosotros mismos distraerlo con
Uoda que lo lleve fuera de la página im­
presa. Pero sus sugestiones son excelentes,
bracias a usted sé que en Alcalá de Henat*® no se estudiaba Derecho, sino solamen
o una asignatura de leyes civiles, y tamlen be corregido mis errores en nombres,
tugares, personajes, escenas de la Inquisi¡ uión, rituales religiosos, costumbres y psi­
cología española. En donde yt&gt; indicaba
!u° la madre está de noche “ preparando
*°pa de zanahorias” , mo olvidé de
T*c, como usted me ha indicado, no se
nacían de noche entonces comidas calientes
c-spaña, pero como lo que yo quería dar
•■tender era quo la madre seguía con
*areas si" atender a la historia de la
"■•a, lo que haré será indicar que habipt®**®ento cenaban, como usted lia dicho
sus notas, pair, queso y cebollas o ajos,
&lt;lUe aquella noche, por haber estado
°&lt;lo el día cn ¡a procesión, esta! an cenan0 la primera comida caliente del día.
‘ •a charla sobre las notas a su libro siM®® enhebrada cn copas de manzanilla,
t
Recuerde siempre — mo dice, mirándo( Continúa en lo pág. 7)

Por JUA!S JACOBO B4JARL1A

C

tTAXno se hable de la invención de es­

te nuevo período en que vive la hu­
manidad, el arte abstracto — y especial­
mente la pintura que se canaliza en sus
vértebras — ocupará un lugar preponde­
rante. Y este nuevo período, este nuevo
reverdecer de las artes hará posibles los
anticipos teóricos que durante el Renaci­
miento formularon artistas como Leonardo
da Vinci y Miguel Angel. Del primero,
cuyo Tratado de la pintura y otros códi­
ces, han llegado a nuestros días, sabemos
cuáles eran sus ideas respecto de este duro
oficio de pintar. “ La pintura” — decía
y desde entonces se ha repetido mucho,—
“ es cosa mental” . Algo similar, incluyen­
do la cerebración, afirmaba Miguel Angel.
Mas no pasaron de anticipos teóricos,
aunque el mismo Da Vinci hubiera practi­
cado una especie de expresionismo en al­
gunos casos, o el propio Rafael reaccio­
nara contra lo imitativo eir sus arabescos
de las Loggias. (D e Goya, andando el
tiempo, se podrá decir otro tanto).
Existía, pues, la genialidad premonito­
ria. Pero faltaba el impulso y la voluntad
de abrir un nuevo cauce a esas ideas por
las quo el arte mental y cerebral, lejos
do perderse en una inspiración ciega, sin
norte, refluyera por caminos objetivos, lim­
pios de todo azar y de toda anécdota
representativa. Y esta lucha del Renaci­
miento caracterizadá por el desacuerdo
entre la teoría y la práctica, resurge en
épocas posteriores. Pintores y poetas ha­
blan ya de un arte puro. Ruskin enseña
en Inglaterra que una cosa es la natura­
leza y otra el motivo de la tela. Sin em­
bargo cae en el juego de palabras. Lo
quo afirma no está eir relación con los
ejemplos que da. Lo mismo acontece con
Rhelley en poesía. Por una parte el llo­
riqueo. Por otra, la virilidad. So lamenta
cuando poetiza. Pretendo enseñar cuando
teoriza. Es el caso de Holdcrlin, Milozs,
Elliot y otros poetas metafísicos de nuestro
tiempo en cuya poesía discursiva no hay
imágenes ni conceptos inventados con rela­
ción1a lo estrictamente poético porque giran
en derredor del objeto o del símbolo como
forma sensible de una cosa ya dada pre­
viamente, no creada por el mismo poeta.
Y podrían seguir los ejemplos. Pero lo
interesante es que este divorcio entre teo­

Manuel O. Espinosa, “ Pintura” .

ría y práctica va preparando — en la pin­
tura— la ruta de Oézarme y el adveni­
miento do los cubistas. Y el concepto de
arte mental se va corporizando en bene­
ficio de un nuevo realismo: la bidimensionalidad. Es decir: la integración de los
valores plásticos en la estructura natural
do una superficie que si tiene dos dimen­
siones no puede menospreciarse con una
tercera creando cierta ilusión de profun­
didad quo no existe. Esta tercera dimen­
sión vendría a ser, en el estado actual de
la pintura, el elemento discursivo, litera­
rio, ajeno a las relaciones de color y al
campo en que ellas se manifiestan. O en
otros términos: la tridimeirsionalidad se­
ría la retórica en pintura. Lo antiartís­
tico.
Las ‘ ‘ formas aparienciales ’ ’, decía
Paul Klee ( Über die modera Kunst.
Berna, 1945) no tienen nada que ver con
el proceso creador en la pintura moderna.
Están en oposición.
Pero sigamos historiando. Larionov, en
1910, disuelve las cosas en rayos lumino­
sos. Malevitch, en 1913, adopta ya el planismo y apunta hacia una estricta bidimensionalidad. Aparece, entonces, el suprematismo y se polifurca la línea del
arte abstracto con figuras procéricas co­
mo Rodchenko, Lissitzky, Tatlin, Mondrian, Van Doesburg, Walter Gropius y
Moholy Nagy. Y todo esto coronado en
1921 con la Baubaus. Ahora ya puede
hablarse, por consiguiente, de una rea­
lidad pictórica en perfecto acuerdo con su
teoría. No obstante, el arte abstracto tie­
ne todavía sus detractores. Contra éstos,
León Degand intentó, no hace mucho, una
defensa ( Les Lettres Frangaises, .V? 119)
que vamos a transcribir casi literalmente
sin comentario alguno:
“ Argum ento: El arte abstracto es in­
comprensible. Respuesta: ¿Es preciso ar­
gumentar por la existencia de los ciegos
la inexistencia de la luz?
“ Argumento: El arte abstracto no es
humano; es puramente cerebral. Respues­
ta: ¿Lo que es cerebral no es humano?
“ Argum ento: Todas las obras abstrac­
tas so parecen. Respuesta: Es lo que yo
pensaba de los negros cuando era niño.
“ Argumento: La pintura y la escul­

tura son realistas por destino. Respuesta:
Son realistas por costumbre” .
En la Argentina la pintura y la escul­
tura abstractas están representadas por
Juan del Pretc, Eugenia Crenovich (Y en ­
te ), Tomás Maldonado, Carmelo Ardén
Quin, Martín Blasko, Alfredo Hlito, Jorge
Souza, Manuel O. Espinosa, Juan Mele,
Gregorio Vardánega y otros. Y en todos
ellos hay un tremendo esfuerzo de estruc­
turación en el que se cumple el imperati­
vo del nuevo realismo. La superficie del
cuadro mantiene en las obras su dimen­
sión estética, y se integra, a su vez, eir
esa totalidad que debe surgir de la con­
junción o síntesis de esta misma superfi­
cie con las zonas cromáticas inscriptas en
ella.
Del Prete, uno de los mejores pintores
de la Argentina, formó parte con Hans
Arp y otros del movimiento europeo de
Abstraetion Création A rt Non Figuratif,
allá por el año de 1931. No era tan con­
creto como ahora porque estructuraba
con cierta dejadez intuitiva. Y hasta era
un poquito expresionista. Mas toda esta
etapa quedó maravillosamente superada
en la exposición de K raft (1947) y en
las últimas pinturas en las cuales el planismo se objetiva en composiciones donde
las formas y los colores hallan su máximo
equilibrio. Estas estructuras soir paradig­
ma, por otra parte, de los conceptos que
hemos desarrollado en cuanto a ese an­
helo cerebral que previeron los renacen­
tistas pero que no pudieron aislar, decan­
tar, por falta de un enfoque integral,
imposible de existir porque no se habían
dado todavía las condiciones históricas pa­
ra que las nuevas formas — ya anticipa­
das— so desarrollaran con exclusión de
los materiales discursivos.
Con Del Prete cabe mencionar a Tente
cuya última exposición, entre nosotros, da­
ta de 1946. Es una pintora original con
cierta calidad primitivista que nos recuer­
da la época de los totems, esa época en
que la figuración participaba de lo fan­
tástico y del terror metafísieo resueltos
en objetos en los cuales la naturaleza
so mezclaba con la abstracción1. Sin em­
bargo, no es esta pintura, la del año 46,
la última etapa do Tente. Su nueva mo­
dalidad ha penetrado ya en la objetiva-

Tomás Maldonado, “ Construcción 122” .

eión de formas estrictamente abstractas.
sin reminiscencias simbólicas. Ha concre­
tado su estilo.
Y en esta linea de abstracción — de
abstracción de las formas imitativas
que es come, decir de concreción de los
valores plásticos, debemos continuar con
Maldonado, Ardén Quin y Martín Blasko.
El primero organiza el color cn estrecha
correspondencia con el campo. Estructu­
ra las zonas teniendo en cuenta que la su­
perficie — el campo— es también una
parte del suceso plástico desarrollado en
la totalidad de la obra. Y aprovecha para
dio experiencias suprematistas y neoplasticistas que podrían1 enriquecer una ori­
ginalidad en relación con la pintura, de
nuestro siglo. En Arden Quin, en cambio,
el campo y la zona cromática no van se­
parados. Están integrados. Forman un
todo dispuesto en elementos que se orga­
nizan para estructurar un tema lúdico,
huizinguiano, do calidad abstracta y as­
pecto sagital en cuya composición no fal­
ta ni la áureo proportio ni la sección de
Fibonacci. Lo mismo acontece, en cuanto
a zona y campo, con Martín Blasko. Obje­
tiva el suceso plástico yuxtaponiendo los
planos, y obtiene síntesis plásticas con pre­
dominio do colores binarios. Constituye
con Ardén Quin uno de los fuertes valo­
res de Madí y tiene en su favor la cir-'
cunstancia de haber reaccionado positiva­
mente contra la pintura de Marc Chagall
de quien fué discípulo en París allá por
1939.
Igual ponderación merecen otros artis­
tas abstractos de los que hablaré cn su
momento. Ahora agregaré solamente que
en materia de escultura Jorge Souza está
canalizando su estilo en objetos donde se
combinan los ritmos direceionales y las
masas, huyendo de esta manera de toda
figuración naturalista.
lie aquí, pura, por qué podemos hablar
de un arte abstracto en la Argentina. De
un arte abstracto original, comprometido,
jubiloso, capaz de enfrentarse con los
maestros de Europa y hasta de rivalizar
en la invención de formas atrevidas que
sólo es posible cuando el cerebro sabe
organizarse en fuertes estructuras men­
tales. Porque en este arte, en este arte
concreto, irada permanece en la viscosidad
de la inspiración. A mayor organización
mental mayor estructuración en la compo­
sición. Y a mayor composición mayor in­
vención. De donde se infiere que todos
aquellos postulados del Renacimiento, es­
tán hallando, en nuestro siglo, las condi­
ciones imprescindibles de invención para
poder objetivarse en formas cuya riqueza
sobrepasa las ya puestas por la natura­
leza. Por otra parte, esta nueva etapa
del arte, esto nuevo Renacimiento, procla­
ma de una vez por todas que es la auto­
nomía y no la mimesis aristotélica la que
debe privar en las manifestaciones esté­
ticas del individuo. Porque sólo así se
llega a la liberación. A la creación. Y lo
quo decimos para la pintura también que­
da dicho para la poesía que ya etimoló­
gicamente significa inventar.

LA
PEQUEÑA ANECDOTA
as

humoradas de Bernard Shaw tie­

nen un ritmo aproximado de una por
Lsemana.
Algunas son algo más que

humoradas. He aquí la última:
“ El valor consjste en no ceder al
propio miedo, la razón en saber reco­
nocer su locura y la sabiduría en no
admirar las propias estupideces” .
• A su retorno a Europa, Maurice
Maeterlinck no ocultaba su escepticis­
mo respecto al destino de la humani­
dad. Su huésped, el escritor belga Eugéne Bale, le d ijo:
— Si tanto desespera usted del fu ­
turo, ¿por qué en sus obras últimas
no habla más que del porvenir?
— Chitón — dijo Maeterlinck son­
riendo— ; espero vivir tranquilo el resto
de mis días.
• Un pseudo-literato no muy inteli­
gente insinuó a Alfonso Reyes, el
gran escritor mexicano, algo así como
falta de patriotismo.
— No hay que confundir — dijo
Reyes indulgente— ; el patriotismo mal
entendido es más ridículo que una cor­
bata verde y amarilla.
• Jacques de Lacretelle hablaba un
día del tacto del escritor. Y como se
le pidiera una definición, declaró:
- El tacto es la habilidad consistente
en describir a las gentes como ellas se
creen que son.
• Marcel Schwob tenía la singular
costumbre de usar plumas despuntadas.
Jules Renard, que lo sabía, le pre­
guntó por qué.
Porque — respondióle— una pluma
estropeada obliga a pensar antes de
escribir. 1
• En París conseguir no ya un de­
partamento sino una habitación es un
verdadero problema. No es por tanto
imposiblo que haya sucedido que una
pareja de jovenes enamorados ocupe
todas las noches dos butacones de pri­
mera fila de a 300 francos, y quo
aproveche la penumbra y el recogi­
miento ambiente para arrullarse con
efusiva pasión. A l cabo de una larga
tanda de esas veladas amorosas, el pri­
mer actor suspendió la escena y sa­
cando el cuerpo sobre la luz de la
candileja, pregunta muy finamente a
los absortos amantes:
— Perdón. . . ¡es para saber lo que
la señora y el señor quieren mañana
para desayunarse!

s

�cabalgata

6

HABLA

HABLA

JESUA LD0

ENRIQUE LARRETA
Su afición
ciencias.

por

las

La experiencia de
su vida en su obra.

a

amplia mansión señorial del barrio

L de Belgrano donde reside lmbitualnien
te el escritor Enrique barreta constituye

el obligado escenario de sus actividades
literarias, y es allí, en medio de una pro
fusión de piezas patinadas por el tiempo
— como viejos cascos militares, raídas ban­
deras que fueron testimonios de rudos y
pasados combates, y avejentados perga
minos de hondo sabor tradicional— , don­
de, protegido por la soberbia arquitee
tura de la casona colonial de la calle
Juramento, él produce temporalmente sus
originales donde recoge algo del palpitar
de nuestra tierra, o, como en el caso de
La Gloria de I)on Ramiro, el aliento de
la madre patria.
Mientras, displicente, barreta nos va
exhibiendo las variadas ediciones de lujo
y aun populares que se han hecho de sus
libros, le interrogamos.
— ¿Por qué no hay aún una literatura?
Sus ojillos se cierran interrogadores, y
con su característico gesto señorial, que
deja entrever un dejo de ironía, nos dice:
— Creo que corresponde preguntar como
hay todavía gente que escribe.
— Compadezco a los que escriben', en un
ambiente donde todo es adverso, donde
todo se troca en envidia.
— ¿ Ha recogido Ud. alguna experiencia
de su obra?
— No, por ei contrario es mi experien­
cia de la vida la que ha sido reflejada
en mi obra.
Al pronunciar Larreta estas palabras
vuelven a nuestra mente las páginas de
su última pieza literaria, La Xaranja,
donde puede corroborarse la verdad de
esta respuesta del celebrado autor de Zogoibi; cada una do esas páginas cons­
tituyen viejas o recientes reminiscencias
de aeonteceres diarios, a través de los
cuales él deja escapar una concepción pro­
pia de índole filosófica o revisiones de
.nuestro pasado histórico, como la que
aventurara con el gaucho.
Nada extrañe al lector la devoción de
Larreta por nuestro pasado, pues, des­
cendiente él mismo de Oribe, el discutido
personaje de la historia uruguaya y ehn
parentado a otras familias de abolengo
del Río de la Plata, las alternativas de
su vida han estado ligadas espiritualmente
al recuerdo de sus mayores, de recia, estir­
pe criolla.
De ese ambiente de refinada educación,
heredó Larreta su pasión por las letras y
las bellas artes, pues es necesario divulgar cuan profundamente siente la plás­
tica ; de ello son buenos testimonios su
amistad con los grandes de la escultura
y la pintura de principios de siglo, soste­
nida durante su estancia en París como
ministro argentino, y, últimamente, su
adiestramiento en la pintura. Mientras
despaciosamente su índice nos lleva a ob­
servar una tela, barreta apunta:
— Ese óleo que ve ahí lo he pintado,
hace poco, durante mis vacaciones en Cór­
doba. Es que no puedo escribir a vuela
pluma, no tengo facilidad para producir
mis obras. . . anhelo escribir con pureza
de len gu aje... y, en estos momentos es­
toy como la naran ja.. . sólo cuando tengo
el tema me siento a escribir y entonces
me exijo mucho.
El reguste de cada palabra, el modelar
de los párrafos constituye la preocupación
de barreta, de ahí que pueda confesar:
*‘ Cuatro, cinco, seis siglos, ¡ que se yo 1
se han necesitado para que pudiera for­
marse uno de estos árboles magníficos... ’ ’
al referirse a los algarrobos; es decir,
decantación, decantación y decantación.
ITe ahí el secreto de la gloria literaria
de Larreta: *el pulido de sus obras, a tra­
vés do horas meditadas en las sierras cor­
dobesas, en las largas jornadas invernales
de París, o el silencio colonial que rodea
su casona de Belgrano.
— Mi afición1por la Ciencia — nos dice—
fué profesada con antelación a las letras.
Ya de niño me deslumbró la Natura­
leza, por lo que no debe sorprenderle,
amigo, que eir buena parte de mi obra
cobre vigor este estado primario y tras­
luzca mi producción mi antiguo amor por
nuestra tierra. . .
— Y he servido a mi patria en todo
momento. La he servido a mi manera, tra­
bajando a veces como un condenado, sin
necesidad ni obligación.
Las frías y espesas paredes de la caso­
na recogen las palabras do Larreta y las
devuelven con un eco sonoro que presta
aún más interés a sus tajantes afirm a­
ciones; unos segundos más tarde V *.a
nuestros pasos ligeros nos han devuelto a
la marea de la Avenida Cabildo interrum­
piendo nuestras disquisiciones mantenidas
‘ ‘ in mente ’ ’ con uno de los más cotizados
literatos argentinos de nuestro tiempo.
O. H.

Descendiente del
discutido Oribe.

Pocas figuras contemporáneas de la
literatura argentina han alcanzado el
prestigio universal que tiene conquis
tado, hace de ello ya buen tiempo,
el escritor nacional Enrique Larrot &gt;
con sus novelas y ensayos estéticos.
Citar los nombres de sus obras. La
Gloria de Don Ramiro, Zogoihi, Las
Dos Fundaciones de Buenos Aires, y
últimamente, La Naranja, es traer a
la memoria libros que en el instante
de su aparición venían a constituir
hitos definitivos de la producción de
un auténtico escritor.
Y el éxito reciente de La Naranja
así lo termina de refirmar a través
de sus varias ediciones a poco de
aparecer.

S

L U C IIEEN

O

Nacido en la tierra que fué cuna de
figuras de relieve en las bellas artes
y las letras, la actitud creadora de
.Josualdo en la poesía, el ensayo his­
tórico, la pedagogía o el relato no­
velado con aristas sociales, viene a
sumarse a la que realizaran aquellos
valores que, en su hora, otorgaran
jerarquía al espíritu do un pueblo
joven y pujante como lo es el uru­
guayo.
Sinfonía de la Danzarina, pieza poé­
tica premiada, Vida de un Maestro y
Fuera de la Escuela, así como su
continuada labor pedagógica realiza­
da en su tierra natal o en México,
y sus tareas en el Ministerio de Ins­
trucción Pública del Uruguay, van ja­
lonando la trayectoria creadora de Jo­
sualdo, uno de los valores intelectua­
les más jóvenes y promisorios de
América

B

R

• El momento litera­
rio del Uruguay.
• La expresión
creadora del niño.
° Poemas de tipo
volcánico.

E

LEVY- BRUHL
Por GREGORIO WEI1SBERG

Lévy - Bruhl, una (le las figuras
más representativas de los movimientos
filosóficos y sociológicos contemporáneos,
nació en París en 1857; falleció en 1939.
Profesor de filosofía a los 22 años, en
1879 egresa de la Escuela Normal, perte­
neciendo a la generación de Jaurés, Berg
soi?, Lanson y Reinacli. En 1884 se doctoró
en letras con una tesis sobresaliente sobre
La idea de responsabilidad y otra latina,
Quid de Deo Seneca senscrit. Casi inme­
diatamente fué designado profesor en el
liceo Louis le Grand; eir 1895 ‘ *maitre
de conferences” en la Escuela Normal
de que egresara, y cuatro años más tarde
ya lo es en la Sorbona. Reemplaza a Boutroux en la cátedra de historia de la f i ­
losofía moderna, de la que es designado
titular en 1908. A esta escueta y harto
significativa enumeración, restaría agregar
otros dos hechos sobresalientes: sucede a
V. Delbos en el Instituto, y a T. Ribot
en la dirección de la universalmente pres­
tigiosa ltevue Philosophique.
La vasta obra de este insigne represen­
tante del espíritu francés, equilibrada y
profunda, era hasta la edición de La Men­
talidad Primitiva, casi desconocida para
el gran público de habla castellana, a
pesar de haberse divulgado a través de
expositores, no siempre autorizados, mu­
chos de los aspectos sobresalientes de sus
doctrinas. Ha dicho Essertier, y con so­
brada razón, que, “ si la importancia de
una teoría se mide por el movimiento
de ideas que provoca, las teorías de LévyBruhl ocupan un lugar de primer plano
en el pensamiento contemporáneo” .
Orientado en sus comienzos hacia los
estudios de historia de la filosofía, bajo
la influencia de Durkheim, y a través de
éste la de Comte, se inclina hacia la vigo­
rosa corriente conocida como la Escuela
Sociológica Francesa, de la que fuera uno
do sus más ilustres maestros, alcanzando
un extraordinario éxito coir la publicación
de La morale et la science des moeurs
en 1903 que merece apasionados y erudi­
tos debates, aun no acallados. Su tesis,
puede resumirse diciendo que: “ no hay
ni puede haber una moral teórica; las di­
versas morales teóricas no son más que
sistematizaciones, más o menos felices, de
las prácticas morales existentes y la in­
vestigación científica consistiría, no en
fundar la moral, sino en analizar la reali­
dad moral implicada en esas prácticas” .
Critica a su vez a “ ciertos filósofos, y en
particular a Wundt, quienes lian propuesto
colocar la moral en el número de las
‘ ‘ ciencias normativas ’ Pero la cuestión
es saber si estos dos términos son compa­
tibles entre sí, y si existeir realmente cien­
cias normativas. . . ” Poco más adelante
agrega: “ Mientras que la concepción con­
fusa de una moral “ teórica” está desti­
nada a desaparecer, otra concepción, clara
y positiva, comienza a formarse. Esta
consiste en considerar las reglas morales,
obligaciones, derechos, y en general el
contenido de la conciencia moral, como
una realidad dada, como un conjunto do
hechos, en una palabra, como un objeto
de ciencia, que es necesario estudiar con
el mismo espíritu y mediante el mismo
método quo el resto de los hechos so­
ciales ’ ’ .
En pocas palabras, Lévy - Bruhl consi­
dera a 1p moral como relativa, y variando
do acuerdo a las diversas situaciones his­
tóricas y a las fuerzas que actúan en cada
una de ellas. No puede hablarse, pues,
do valores éticos intemporales, ya que éstos
corresponden a una realidad concreta en
un momento dado; su conocimiento y fundamentación corresponden a una rama
determinada de la sociología y no a la
metafísica.
Ahora bien, quizá el estudio compara­
tivo de sociedades do muy diverso grado
de desarrollo ilustre y aclare muchos as­
pectos oscuros y no del todo dilucidados
do los hábitos mentales. En efecto, esta es
u c i e .v

L

• Para satisfacer el amable requerimiento
de la dirección de CABALGATA, hemos extraí­
do algunos de los pasajes más importantes de
nuestro prólogo a la edición castellana de
La Mentalidad Primitiva, los que, ligeramente
modificados, constituyen la presente nota.

Luden Lévy-Bruhl

la ímproba tarea que se propuso LévyBruhl y le insumió 30 años de su vida
fecunda, no cejando nunca en sus esfuer­
zos por determinar, mediante un método
rigurosamente científico, las diferencias
esenciales que, según él, separan los há­
bitos de muestras sociedades de las que
en forma genérica ha dado en llamarse
‘ ‘ primitivas ’
Era preciso, como tarea preliminar,
abordar, con habilidad y sagacidad poco
comunes, las crónicas de los primeros via­
jeros, misioneros y exploradores que se
acercaron a los indígenas, bajo las más
diversas circunstancias y guiados por los
intereses más encontrados; era necesario
cotejar la enorme y dispersa documenta­
ción recogida en todos los tiempos y lu­
gares, desechar lo circunstancial, los erro­
res interpretativos con que están impreg­
nados hasta los estudios aparentemente
más objetivos, separar los prejuicios con
que se contempla y describen sus costum­
bres, y a veces, la malevolencia o piedad,
ya que ambas, aunque en distinto grado
y diversa forma, desnaturalizan la reali­
dad.
El primer fruto de esta ciclópea labor
apareció en 1910: Les fonctions mentales
dans les sociétés inférieures ; insiste aquí
sobre “ la ley de la participación, consi­
derada en sus relaciones con el principio
de identidad, y sobre el hecho de que el
espíritu de los primitivos es poco sensible
a la contradicción ” , En 1922, como com­
plemento y superación del anterior aparece
La mentalité primitive, que significó en
su hora un verdadero acontecimiento, y
como para desmentir la aseveración de
que toda obra maestra pasa inadvertida
al principio, fué calurosamente acogida,
mereciendo una reunión especial de la
Sociedad Francesa do Filosofía, la que
tuvo lugar en febrero de 1923, disanto
la cual Mauss y Weber formularon in­
teresantes objeciones. En este nuevo libro
aborda, entre otros, los problemas de la
causalidad, tiempo, espacio, y orientación
de esta mentalidad.
No satisfecho aún, prosigue Lévy-Bruhl
insistiendo en la búsqueda de nuevos datos
que confirmen o rectifiquen, total o par­
cialmente, su posición frente al problema
planteado; así aparecen sucesivamente:
en 1927, L'ám e primitive-, en 1931, Le
suma turel et la naturc dans la pensée
primitive-, y en 1938, L ’ expérience mystique et les symboles diez les primitifs;
esto, sin tomar en cuenta numerosos tra­
bajos menores, publicados sobre otros as­
pectos del mismo tema, eir las más presti­
giosas publicaciones especializadas.
Considera Lévy - Bruhl, que la “ men­
talidad primitiva” difiere de la nuestra,
no simplemente por un mayor o menor
grado do desarrollo, sino porque es cua­
litativamente distinta, y está orientada
en forma diametralmente opuesta. Con­
trapone a la nuestra, lógica, la de los
“ primitivos” , como prelógica-, si nos­
otros buscamos las causas mediatas de
los sucesos, ellos se d a » por satisfechos
atribuyéndolas de inmediato y directa­

abordar :i Jesualdo - - a 'fin de co­
nocer sus futuras inquietudes— nada
mejor que buscarlo en las improvisadas
tertulias literarias del tradicional cafó
montevideano “ Tupí Xambá” , donde
hueíga algunos instantes, ¡os pocos que
lo permite su intensa labor literaria, para
compartir discusiones y comentarios con
sus amigos. Es allí donde, rodeado de pin­
tores, escultores, novelistas, interrumpi­
mos a Jesualdo para interrogarlo acerca 1
de la actualidad intelectual del Uruguay.
—-En verdad, — nos dice— es pobre. El
Uruguay, eulturalmeiite, paga alto tribu­
to a su cercanía con Buenos Ai:es. Prensa,
literatura, etc. argentinas, a ia par que nos
acercan fuentes que dp otro modo las des­
conoceríamos, inhiben (no se si ese es
el término exacto) la producción nuestra,
quo tampoco es fecunda. Los intelectua
les uruguayos eu general producen poco...
— No es ose su easo.
— Es también un poco. ¿ Por qué se me
dice siempre que soy un gran trabajador?
¿Es quo acaso, aun el más trabajador de
los intelectuales de nuestra época, se pue­
de comparar con un Balzac, por ejemplo?
Y no nombro una excepción. Revisemos
un poco nuestra producción intelectual.
Novelas, ¿cuántas se producen al año? ¿de
que calidad, donde están nuestros nove­
listas en el cabal sentido de la palabra?
Ensayos, ¿qué producción verdaderamente
seria, con cierto ritmo existe? Poesía mis­
ma, ¿dónde está ia que se produce si es
que se produce? ¿En dónde hay un poe­
ta como en Europa que publica su libro o
su par de libros al año? El fenómeuo de
la poesía eu el Uruguay da que pensar.
A menudo brotan, como los volcanes en
México, expresiones poéticas estremeeedoras en el Uruguay. Son así, exactamente,
de tipo volcánico: por la conmoción que
producen, por la sorpresa, a menudo has­
ta por los estragos. Sale un libro, a veces
dos, y ¿después? Se van apagando, repi­
tiendo, mediocrizando, exhaustos.
—Pero no olvide que de vez eu cuando
aparece un Rodó, una Delmira, un Floren­
cio Sánchez, y barren con toda una genera­
ción en América entera — le interrogamos.
— Exacto, convengamos que estos pre­
ludios, estas pausas, estos largos y dolo­
rosos reposos, estas intermitencias ■celes­
tiales, nos deben preparar para mejores
destinos.
— ¿Es ésta una explicación racional?
— No lo creo. Pienso sin embargo quo
las razones más hondas — las de orden ma­
terial, político, social, etc., que son las
que debemos utilizar para explicar el fe­
nómeuo— uo lian sido debidamente va­
lorizadas. No dudo de que hay una ex­
presión de calidad indudable, de origina­
lidad y tuerza creadora que define el per­
fil intelectual do nuestro país. Pero tam­
poco dudo que pasamos por uua etapa
sino do decadencia en cuanto a valores
culturales (eu poesía y literatura, funda­
mentalmente) de franco descenso en rela­
ción con generaciones pasadas. O esto es
cierto, o somos mucho más exigentes de
lo que fueron nuestros antecesores.. .
— En cuanto a eso de ‘ ‘ descenso ’ ’ pro­
ductivo, ¿hay algún índice serio?
— Cito un solo dato. En las remunera­
ciones literarias de 1947, por ejemplo,
hubo de declararse desierto el primer pre­
mio do literatura por ausencia de un valor
estimable. ¿N o le parece demasiado reve­
lador este detalle?
— ...fa lta r ía saber si entre los presen­
tes estaban las consideradas primeras f i
guras. . .
— Había gente seria. Por otra parte, las
“ primeras figuras” cuando producen so
piesentan. Ei no hacerlo es índice de
•‘ año ’ ’ sino ‘ ‘ en blanco ’ ’, de prepara­
ción larga. . .
ara

mente a las potencias místicas; si la ex­
periencia sirve en nuestras sociedades, a
veces, para modificar un procedimiento
o una conducta, en cambio los indígenas
parecen permanecer impermeables a la
experiencia. Sus espíritus no se represen­
tan, como los nuestros, el espacio como
un quantum uniforme e indiferente; por
el contrario, se les aparece cargado de
cualidades, teniendo cada una de sus re­
giones virtudes propias. Otro tanto ocurre
con el tiempo, que sólo aparece como nn
quantum homogéneo en un momento avan­
zado del desarrollo social, cuando ya ha
comenzado a prestarse la suficiente aten­
ción a las relaciones de las causas me­
diatas, y se debilitan las prerrelaciones
místicas que ya tienden a disociarse.
En 1929, con motivo de la aparición
de L ’áme primitive, tuvo lugar una re­
unión en la ¡áociedad Francesa de Filosolía, (.similar a la ya mencionada en
1923) ia que glosamos sumariamente,
tanto por la importancia de las tesis sos­
tenidas, como por la significación de las
personalidades que intervinieron durante
ia misma.’ ~ .uuegu ue uauer expuesto Eévy*
Bruñí, sucinta y o rulante menee, ios puntos
que consideraba más importantes de su
doctrina, hizo uso de la palacra Frauz
Boas, eminente antropólogo de la Univer­
sidad de Goiumuia, caya orna con la sola
excepción de una — Cuestiones Pundamentales de Antropología cultural—- es casi
por completo meuita en nuestro idioma. En
diversas oportunidades, en conversaciones
privadas e intercambio epistolar, Boas ya
üabia señalado a Bevy - Bruñí algunas
discrepancias que reiteró públicamente duíante la mencionada sesión. Sostiene que
la mentalidad llamada primitiva no es
cualitativamente distinta, y quo tampoco
es la expresión de un psiquismo especi­
fico, ya que podemos comprobarlo nos­
otros mismos cada vez que nos ahoga una
emoción intensa; “ . . . en los momentos
de emoción intensa la disposición a acep­
tar la tradición se halla enormemente
acrecentada” . (Ub. cit., pag. 1 1 3 )— “ Si
Bévy - Bruhl ha llegado a la tesis que
deiiende es por haber seguido el método
equivocado de derivar una psicología del
simple estudio de las creencias tradicio­
nales. Esas creencias tienen en gran parte
origen histórico, y no deben ser conside­
radas como un producto directo de las
mentalidades primitivas.” El planteo es
correcto, pero, a nuestro parecer, Boas
yerra cuando en vez de recomendar una
proíunuización en el estudio de los fa c­
tores sociales determinantes, cree ver la
solución en ei conocimiento de la psicolo­
gía individual de los indígenas. ‘ •Farece
entonces necesario estudiar ia reacción dei
hombre primitivo desde este punto de vista.
Puesto quo, cuando se dedican a ocupa­
ciones ordinarias, cotidianas, persiguiendo
un fin práctico, vemos al hombre primi­
tivo pensar tan lógicamente como nos­
otros. Guando, no obstante, su vida emo­
tiva entra en juego, la tradición, aceptada
sin crítica, determina sus pensamientos. ’ ’
( Ibid., pág. 113)— Y un puco más adelan­
te agrega que no estamos trente a un “ fe ­
nómeno simple, sino que una gran diver­
sidad de condiciones pueden concurrir a
explicar ios pasos, y que la fuente de esos
pasos es necesario buscarla en un cierto
rasgo general de la naturaleza humana:
el hombre está hecho de manera que, en
los momentos de emoción intensa, el pen­
samiento lógico zozobra, y son las formas
tradicionales del pensamiento las que ocu­
pan su lugar.” (Ibid., págs. 1 1 4 -1 1 5 ).
El Dr. Rivet observó la falta de dis­
tinción entre lo natural y lo sobrenatural,
mencionando el caso de una tribu indígena
que fabrica dos clases de objetos, unos
sencillos para el uso diario, y otros deco­
rados que son los que se colocan en las
tumbas de los muertos, lo que aparente­
mente contradice lo que afirma el autor
de La Mentalidad Primitiva de que este
( Continúa en la página 14)
** BuUetin de la Société Tranfalso do
Philosophie, Compto Rendn des Séances (Se­
sión del 1 de junio de 1929).

— \ olvainos a usted y sus trabaj os.
Es más fácil hablar de los demás.
Yo creo que los intelectuales de mi país
sufren los mismos efectos que nuestro
puoblo entero. Por cierta tranquilidad
económica, pequeña pero segurita, para
vivir que hace el secreto de sus vidas, por
ese burocratismo condescendieuto quo les
lleva al presupuesto a menudo obligada y
fácilmente y ahí quedarse sometidos al
engrauaje ue eua seguridad futura (la
previsión tan bien organizada del Uru­
guay a través de sus jubilaciones, segu­
ios, etc) ; por todo eso nuestro íntelectualismo, lo m ism o,que nuestro pueblo en
general, ha perdido un poco el sentido
del riesgo, el riesgo de la aventura, esa
posible peripecia que hace un destino (o
lo deshace) pero no acepta medianías. Nos
estamos engordando, buroeratizando, mu­
riendo de un bienestar cilio (que no es '1
verdadero bienestar) engañándonos con
lo superfluo y malviviendo lo esencial¿Hacemos eso eu nombre de la libertad
individual? Mo gustarla alcanzar a des­
cifrar estos secretos psicológicos; tal vez I
algún día lo haga. . .
— ¿Tiene algo eu prensa o preparación?,
Jesualdo, volviendo a sus cosas. . .
— Sí, tengo. Termina de aparecer en
Buenos Aires la tercera edición de nú
1 ida de un Maestro, aquel libro del es­
cándalo y mi definitiva orientación. Lo
editó “ Losada” , con algunos agregados
que no pudieron salir en el texto primi­
tivo. Es uu libro q u e , siempre tiene lee-

�cabalgata
tores. así por lo menos me engañan geserosa mente los libreros.
— ¿Otras n o v e d a d e s .
— El libro cn el que confío, en el que
he trabajado muchos años con pasión, es
en
expresión creadora del niño. un
libro sobre la teoría (le mi experiencia
con los materiales infantiles, que verá la
luz este año bajo el sello de la editorial
“ Po8eidonMi libro de exposición doctri­
naria es al mismo tiempo de polémica.
Sé que efc original en muchos aspectos,
estando respaldado por muchos años de
experiencia, la que — día a día— se ve
mejor ratificada por las novedades de la
escuela uruguaya. La expresión infantil,
que como tal no ha sido considerada más
que muy limitadamente (y siempre en
función de algo) en la pedagogía del
mundo, ya tiene un sitio en los programas
normales de mi país.
— Sabemos que tiene preparado un tra­
bajo histórico. . .
— En efecto, es el primer tomo de mi
Historia de la Escuela en* la Conquista
y en la Colonia, los Precursores en Amé­
rica, que es la primera parto del último
(17 educadores, Los Constructores, y Los
¡Reformadores) ya aparecida en Monte­
video.
• — ¿Está usted conformo con su labor?
— No señor. En absoluto. Eso del bu­
rocratismo que le decía, a mí también
me pesa. Los intelectuales, en esta socie­
dad por lo menos, todavía no podemos
vivir de lo que producimos. Y debemos
caer en la trampa del empleo público o la
docencia, quo como no se la puede hacer
función creadora (y si no que lo diga el
autor do Vida de un Maestro) es tan
dolorosa y pesada como un empleo pú­
blico. De manera que vaya viendo usted
un poco el secreto aquel de la decaden­
cia que le decía. Si he trabajado honra-

ODO resumen implica una injusticia por
omisión. De un año, unos centenares de pe­
lículas y unos cuantos problemas, hay que
tomar su línea esencial y trazar con ella el
escorzo vivo. Todo lo demá- queda en la nada:
ho aquí el inevitable e ilícito sacrificio.
Consumado éste.el año 1947 tiene una de­
finición precisa: el año del cinema italiano,
como el 1946 fué el del cine inglés. Se anun­
cia dignamente con El bandido, de Alberto
Latinada, melodrama con una primera parte
de espléndido realismo, y Un yanqui en Italia,
de Luigi Zampa, -comedia blanca, fina, digna
de las mejores. Luego, la gran revelación:
Roma, ciudad abierto, de Roberto Rossellini.
Hecha en 1945, con toda clase de penurias,
qne llegan hasta el sacrificio económico del
director, obtiene en el mundo entero un in­
menso triunfo de crítica y público. Trae dos
poderosos soplos mágicos, capaz de animar la
dura estatua del éxito: veracidad y pasión.
En un cine falso y aséptico, conservado en
fórmulas y moralina. esta vida auténtica, su­
cia, triste, angustiada, trágica y cómica, mi­
núscula y poética, vulgar y heroica, que se
abalanza hacia el espectador desde la panta­
lla de Roma, ciudad mbierta es, sencillamente,
el redescubrimiento del mundo. Un público
pt*so, desde hace más de diez años, en un
ñoño cinema engañador, consolador y angélico
-según la fórmula del puritano Will H. Hays.
ei-zar del cine— , se encuentra de pronto en
la calle, en una calle de verdad, donde pasa
la vida de verdad. Por eso, porque trae la
verdad de la vida y su pasión, el cine italiano
trae también realismo, violencia, y poesía
a la temática cinematográfica. Y a la forma
incorpora el gusto y la fragancia del aire
libre, del bello paisaje auténtico, y la calle
desolada donde el viento acumula las hojas
y los papeles errabundos; y la. sencillez de
L". imagen fílmica, sin traición arla, sin per­
derla en el diálogo imVñl del teatro fotogra­
fiado, sino dándole todo el realeo de ese
asalto al camión de presos, de esa tortura
do la “ Gestapo” germana, de ese fusilamiento
del cura sobre el fondo lejano de la Roma
eterna, y sobre todo, de ese registro en la
ca«a de vecindad v Ta muerte, eu voltereta
trágica sobre el asfalto, de la mujer embara­
zada, derribada de un tiro, aislado y lejano,
desde el camión que parte. . . Sin la significión que entonces tuvo aquella — el hombre
social, el montaje como lenguaje del cine— ,
esta película tiene la misma fuerza temática
y maestría artística que El acorazado Potemkin. de S. M. Eisenstein.
El ctro gran éxito italiano del año en la
Argentina.. Vivir en paz, de Luigi Zamoa.
(1946). trae eso mismo, pero sobre un pneblecito perdido en el gran paisaje maravilloso
de cualquier montaña de Itolia. Y la tragedia
va siendo lentamente absorbida ñor la man­
sedumbre sin fondo de la naturaleza en paz.
Todo adquiere inevitablemente un aire risue­
ño. y hasta la muerte de un hombre, por nn
lado, y de nn amor, por otro, cierran el film
cor. 1?. sencillez de la gran absolución cósmica.
Üua bella película.
Eneramos ver Paisa, de Rosellini, y Sciuseia.
do Vittorio de Sica, elogiadas por la crítica
internacional como obras maestras.
El cine británico se reafirma con unos cuan­
tos films magistrales. Lo que no fué, de David
hcan, en primer lugar, porque está hecho con
pada. para conseguirlo todo; la sencillez, la
insinuación, lo no visto sino sugerido, ganan
mú su batalla cinematográfica. Al caer la
noche, película de cuentos sobrenaturales; Larm es ]n noche, film extenso, denso, pictórico,
sobre la persecución de un terrorista irlandés
durante una noche; Lns grandes ilusiones, bella
reconstrucción de Dickens en melodrama. . .
Erancia ha traído a la Argentina unas po^ de las grandes películas que tiene. La de
^ alta jerarquía artística es, sin duda. La
Eufonía pastoral, de Delannoy. sobre la breve
J ®agistr?l novela de André Gide. El fuerte
oel cine francés sigue siendo la creación del
clima” , ese imponderable en que radica el
tt&amp;yor misterio de toda obra de arte: ¿cómo
y con qué está hecho? — Miguel Angel, el
coloso, rompía los croquis de sus obras para
Do revelar su esfuerzo y su secreto— . Y esta
ohra maestra del cine e'ríá hecha con “ clima” ,
onde el drama crece lento, callado, oscuro.
Per° si nna obra maestra está “ construida”
c°n la maestría de todo*» sus elementos, este
“ lm es la prueba. Del mismo director. El etern° retomo, sobre argumento de Coctean, con
Qna primera mitad magnífica. De Rcné CléLa batalla del riel, sobre la resistencia
°e tos ferroviarios franceses a la ocupación
Jtonana; Papá Martín (Le p*re tranquille).
tombién sobre la resistencia. Dos films exce­
ptos que consagran al nuevo director, hasta
cotonees dedicado a. documentales. Repique de
gloria (Boule de suif), sobre cuentos de Man^cssant. de Jaque; Traie de novia (Falbalas),
.Tacques Becker. Y falta ver aquí. . . todo:
«esde Los chicos del paraíso, do Carné, hasta
P"ertaK de la noche, del mismo realiza!*0r¡ Farrebrique: La bella y la bestia, de
Coctean: El silencio es oro, de René
Lir; El diablo en el cuerpo, de C. AntantUra: Muelle de los orfebres, de G. Clonzot. .
ctoe ruso: Ivan el Terrible, colosal obra
Maestra de eso hombre genial que es Sergio
. • Eisenstein. La Leyenda y el Héroe hechos
quizás las más formidables imágenes
cinema hasta hoy. Plástica ante todo. El
*hm fué hecho para rehabilitar la figura de
tirano loco que fué Ivan IV, y debía
de tres películas como esta; pero por
sumar el gobierno soviético qne en la separte no se conseguía esta rehabilita­

damente, si he dado lo mejor de mí mis
mo para la lucha por la dignificación
de! hombre en todos sus aspectos, si he
estado y estoy cn primera fila en todas
las trincheras que defienden a una siem­
pre amenazada cultura, no estoy ni me­
dianamente conforme con mi labor.
— ¿Su producción e s c r ita ...?
— Conceptúo mi obra frustrada en general, en relación con mis ansias, y qui­
zás con mis posibilidades. Muy pocos de
los varios libros que he publicado han
respondido totalmente a mis preocupa­
ciones y traducen mi alegría o ar.-gustia
creadora. Lo demás que he hecho es de
‘ ‘ encargo ’ que si bien no dejan de res­
ponder a algún principio que defiendo,
no han servido para decir en ellos todo
lo que de creador pueda existir en mí.
— ¿Cuál es su preocupación actual?
— Morirme de pronto, sin haber podido
escribir dos o tres cosas que tengo pía
Tiradas y soñadas, eir esas muy pequeñas
pausas que me quedan en este zarandeado
vivir que me ha tocado. N o culpo a na
die. más que a la Historia misma. Pertenezco a una generación de sacrificados;
tal vez los grandes cantores o los orfe­
bres vendrán detrás. Por momentos, ape­
nas si me parece que somos la generación
que tiene que realizar los trabajos de
Ilércule?, a menudo iri siquiera más que
algunos de ellos, como por ejemplo la
limpieza de los establos de Augías.
La discusión sobre un poema neo-rea­
lista, sostenida encarnizadamente en una
mesa vecina a la nuestra, cobra el milagro
de hacer desaparecer de nuestra vera a
Jesualdo, quien lleva a ella el calor y ve­
hemencia característicos de su recio tem
peramento varonil, mientras nuestra libre­
ta recoge y anota sus últimas palabras.
O. 71.
Montevideo, enero de 1948.

ELIO VITTORINI
UN N O V E L I S T A I T A L I A N O
er o s fenómenos en verdad, socialmente

P hablando, parecen hoy tair significativos
— y aun demostrativos— como el de la
Italia actual. Tras un prolongado silencio
— de veintidós años— tras un silencio que
sólo conseguían romper ciertas voces con­
formadas con anterioridad al mutismo que
pesó sobre Italia cn tan largo período, ta­
les como las de ('roes, Chirico o Silone, la
Italia &lt;le hoy, con cuantas limitaciones se
quiera, por medio de tanteos, invocando ar­
gumentos a veees discutibles en su mo­
tivación, vuelve a entrar en diálogo con
todo el mundo.
Han bastado apenas dos años de li­
bertad para que se deshaga el equívoco
originado en un régimen — el fascismo—
que había llegado a gravitar sobre un
pueblo: el italiano. Porque hoy, en Italia,
no es que haya una o varias figuras in­
dividuales de gran prestigio, lo cual siem­
pre es posible y bajo cualquier régimen,
a titulo excepcional, sino que Italia se
hace presente en todos los dominios del
pensamiento y de la creación mediante
una actividad general cuya manifestación
más aparento y visual — nunca m ejor em­
pleada la expresión— sería ese cine ita­
liano el cual, sin tradición — ya se puede
hablar de una tradición cinematográfi­
ca— , sin ostentosos medios de produe-

T

i

__o no— ciiando.se dice el “ eslilo
En Vittorini elVestilo me parece ser la
resultante d e d o s pioeediinientos emplea­
dos no sólo alternativamente *n o que
casi pedí);* decirse simultáneamente: la
sugerencia poética, por mqinéirtos casi
abstracta, para significar reflexión, pen­
samiento!; vuelo, y junto a ella, la reitera­
ción. la muy reiterada reiteración de un
procedimiento (♦ialogal que siendo de ori­
gen extremadamente realista
lo cual
PorARTURO
SERRANO
no quiere'
decir grosería en* el. lenguaje,
como parece que se ha llegado a no en­
9
tender tal vocablo— por esa reiteraron*
ción, ha logrado colocarse, si no en pri­
aludida concluye por ser un elemento que
mer lugar, cuando menos en primera fila
casi^se podría decir poético pijf'o. Para
en el orden de esa actividad. Lo mismo
que m ejor se comprenda, voy a dar un
podría decirse, globalmente hablando, de
ejemplo de foian se concreta, por repe­
otras manifestaciones espirituales en las
tición alternada de la misma frase inte­
que si acaso es prematuro abrir juicio
rrogativa y afirmativamente, esa manera
acerca del valor absoluto de sus represen­
en Vittorini. Cualquier personaje, en una
tantes más destacados, relativamente, en
determinada situación se manifiesta pro­
cambio, esos comq índices resultan (le un
nunciando una frase cualquiera, una fra- ^
interés extraordinario. Tal es el caso de
se que puede denotar la realización de
Elio Vittorini con relación a la novela.
En primer término — aunque sea co­
un hecho usual, cotidiano, sin im portan­
menzar por el final— deseo referirme a
cia ninguna, pero el cual subrayado de
la declaración con que Vittorini epiloga
esa manera que digo y reiteradlo a tra­
una (1o sus novelas *, acaso la más in­
vés de todo el libro, haee que cualquier
teresante, por lo mismo que en dichas
hecho enunciado asi, adquiera un* perfil
manifestaciones se produce este novelista
no solo no usual, no corriente ni vulgar
con gran sinceridad dentro (le un con­
sino que la misma vulgaridad se torne
flicto que actualmente tiene vigeneia muy
m isteriosa:
acusada para muchos escritores.
“ X, (un personaje) d ijo :
Alude Vittorini a la divergencia o,
— Vamos a salir.
al menos paralelismo, entre sus convic­
— ¿Vam os a salir?
ciones políticas que, como él declara, co­
— Sí. Vamos a sa lir’ ’.
noce todo el que a Vittoriqi conozca, y
Y así con cualquier alusión a cual­
el mundo de su novela. Paralelismo ese
quier hecho: “ Ayer no pude verla en
que quizá parezca trivial a muchos, quie­
el parque. — ¿N o pudiste? — X o. X o
nes vean en la política, mera acción de
pu de” .
oportunidad, hecho circunstancial, corti­
Esbozado :isí, de un modo mecánico y
cal, con respecto a la conciencia profun­
ajeno a la situación creada previamente
da del hombre, pero que deja de ser tal
por el novelista, bien puede parecer- re­
si por política se entiende la última con­
curso pobre, mecánico y, sobre todo, re­
secuencia, la más externa de toda una
curso. Pero eu relación con todo el pro­
concepción de la vida: o dicho de otra
ceso novelístico, en relación con la prosa,
manera si por política se entiende la
por momentos muy levantada y aérea que
actividad externa de una actitud interna,
emplea Vittorini, el recurso deja de ser
con raíz y fundamento en la conciencia
tal y “ d a ” , como Jir a un pintor, toda
misma del hombre.
una profundidad plástica, toda una se­
Vittorini, consciente de ese conflicto,
rie de puntos de apoyo y aplicación pa­
no le elude sino que planteándole con
ra el elástico lesorte que permite la v i­
toda claridad y evidencia se declara, mo­
bración poética.
mentáneamente al menos, incapaz de re­
X o sé yo que permanencia ni siquiera
solver la contradicción, y así. su novela,
que importancia conseguirá tener la obra
no es la que acaso hubiese querido es­
do Vittorini en un futuro próximo. Par
cribir sino la que ha podido componer.
de pronto, como hecho actual, su nombre
Lo cual, por la sinceridad que manifiesta,
en París suena mucho y suena sobre todo
por la lealtad que para consigo mismo
pronunciado por escritores de gran auto­
significa, no deja de resultar dramá­
ridad. Lo cual si puede ser hecho se­
tico y emocionante como actitud humana.
cundario eou relación al valor últim o
Por lo demás, en la novela misma, de­
de un escritor, para su verdadera im por­
jando de lado la temática — ¿hay un te­
tancia en el tiempo, en principio tiene
ma propiamente dicho en la gran novela?
cierta significación, al menos, con res­
¿hay un tema en Don Q uijote?— lo
pecto a su prestigio. Y por otra parte,
mas acusado en Vittorini es ia técnica
en tanto que novelista, aun cuando no
de su libro — ; Quiéu (lijo que... conocer
fuera más que por la innovación inten­
la técnica de una cosa es conocer ia cosa
tada — y a la cual se alude aquí sólo
misma?— la manera de producirse, el
en sus elementos más aparentes— en la
modo de lograr sus efectos, la form a de
form a de la novela, V ittorin i aparece,
sugerirnos su mundo poético y, en una
creo quo indudablemente, com o uno de
palabra, a eso que se suele entender
los escritores actuales de verdadero in ­
terés. A los editores de Buenos Aires
Que yo sepa Vittorini, ha publicado tres
— pese a la crisis del libro-—- les brin do la
novelas. Conversaciones en Sicilia. Uomini
e no (Hombres y no hombres) y II Sempione
sugerencia convencido de que no habrían
Strizza l’ Occhio al Frejus.
de faltar lectores para sus libros.

UNA PAELLA EN NUEVA YORK
Una de las más emotivas escenas de La Sinfonía Pastoral, film francés con
Miehelle Morgan y Pierre Blancliar, basado en la novela del mismo título
de André Gide.

CINE 1947

Por MANUEL VILLEGAS LOPEZ

ción, fué prohibida., y con ello se pierde una
obra maestra del cinema.
Norteamérica acentúa su decadencia, que
señaló en los primeros números de CABALGA­
TA. Sus dos grandes éxitos de es^e año son
dos films deleznables, dedicados a “ estimular”
a los que han vuelto mutilados de la guerra.
En toda obra de Capra había un conjunto gra­
cioso, logrado, y trozos ramplones: en ¡Qué
bello es vivir! la proporción se invierte.. Todo
es sencillamente infantil. Los mejores años de
nuestra vida, de William Wyler, tiene más
categoría. El film ha sido prohibido última­
mente en los Estados Unidos, porque en él
un banquero niega un crédito monetario al
mutilado de la guerra que brata de capitalizar
su tragedia. Lo mismo da que se lo conce­
diese. Tan irreverente para el hombre es el
ofrecer una heladera, cnando se vuelva de la
guerra, como el ir a reclamarla cuando se
vuelvo sin las dos manos. Se lucha y muere
por ideas, por ideales, o no se lucha. Y entre
los centenares de otros films, de toda clase,
uno “ independiente” : El espectro de la rosa,
do Ben Hecht, film modesto y excelente, ins­
pirado en la vida de Nijinsky.
P a r e c e ser que Suecia. Checoeslovaquia.
Hungría, Austria. Dinamarca, hacen algunas
obras interesantes. El film danés Dies Trae.
(1940), devuelve al cine al gran realizador,
perdido en años de olvido y locura. Cari T.
Dreyer, el director do La pasión de Juana d«&gt;
Arco y La extraña aventura de David Gray.
El cine español hace muchos films, pero los
aquí llegados son antieruos y modestos. España
pudo hacer, debió hacer, el cine que ahora
inicia Italia; sin embargo, allí está, soterrado
como tantas otras cosas.
El cine argentino resurge vigorosamente,
después de la artificial crisis provocada por
la falta de película virgen. Resurge con una
fnerto tendencia hacia la comercialización,
salvo brillantes excepciones: Como fú lo so­
ñaste. de Lucas Demare. por ejemplo.
México. De aquella -barabúnda de películas
mediocres, que en un momento se tomó por el
negocio cinematográfico ideal, no queda nada:
unas cincuenta películas sin poderse siquiera
estrenar, por falta de calidad, y una gran
industria paralizada. Y, naturalmente, el arte

que salvará el negocio: los magníficos films
de Emilio Fernández, cinematografiados por
Gabriel Figueroa, María Candelaria, La Perla,
laureados en certámenes internacionales y acla­
mados en todos los países.
Y de estas películas capitales del año. se
deducen las líneas más generales de aporta­
ciones y problemas: el panorama esencial del
momento.
Surgen una serie de cuestiones adyacentes,
de menor cuantía, pero de actualidad operante.
La vuelta de los “ exteriores” , de la natura­
leza auténtica y fragante; hay que acabar
con el industrial paisaje pintado o proyectado,
con el árbol de cartón y la niebla de pulve­
rizador; es la contribución inmediata del cine
italiano, y los norteamericanos, creadores de
esas falsificaciones, lo adoptan ya. La muerte
de la fórmula comercial: la película con es­
trellas famosas, decorados enormes, vestuario
lujoso, música y canciones agradables, argu­
mento banal, ambiente elegante, publicidad
estrepitosa. . . todo lo que crea la fácil noción
del gran espectáculo. Los films ingleses, ita­
lianos y franceses han logrado triunfos enor­
mes sin nada de esto; con todo lo contrario.
Y de la estereotipada fórmula del “ éxito co­
mercial” , el año que viene no quedará nada.
Tendencia a la veracidad, al realismo, al con­
tenido; la vida tal como es también tiene
interés. Etc. Pero éstos y muchos más pro­
blemas se deducen de otros capitales, que a
partir de este año tienden
a configurar el
cine.
Er. primer lugar, la forma cinematográfica
está variando: hay un cambio de ritmo en
el cinema. Ritmo, como juego entre la dura­
ción de la escena — y por tanto su metraje— ,
el sonido, el silencio y la imagen, incluyendo
er. esta última el trabajo de los actores. El
cine so ha hecho pausado. Que no es la len­
titud: falta de velocidad en lo que debe te­
nerlo, prolongación inútil de lo breve, insis­
tencia en lo sabido, etc. Es reposo: justa
proporción de los elementos artísticos del film,
parr. obtener una descripción detenida, una
expresión profunda y alquitarada de los hom­
brea y do las situaciones. Sutileza, elipsis.
No más tipos y situaciones elementales, pin­
tados en dos rasgos gruesos y resueltos con

con SOMERSET M AU G H AM
(V iene de la página 4)
mo con su o jo penetrante y alerta— que
en la novela histórica (y yo leo muy pocas
porque mo aburren; ni siquiera Captain
from Castille he leído) al lector no le in­
teresa quo usted le aburra, como hacen
tantos autores, con hechos, hechos, hechos,
datos, fechas. Si usted investiga el fondo
histórico de su novela, y yo lo he hecho
para mi Catalina con toda minuciosidad,
el lector debe ignorar esa investigación.
Debo tener la impresión de que usted está
inventando, y sólo la minoría culta o crí­
tica debe poder descubrir que detrás de
la trama está el cañamazo de una sólida
investigación? histórica sobre la que se bor­
dó el argumento. La mayoría de las nove­
las históricas de hoy son tomos enormes y
fastidiosos, porque el autor exhibe su ri­
queza de investigación. Los alemanes son
maestros en ello (y hace un comentario
irónico sobre Thonias M ann) y por eso sus
novelas cansan, porque leerlas es un es­
fuerzo. En cambio, Dumas supo escribir

otros dos; no más la insistencia burda y
estertórea de decir siete veces lo que no es
preciso decir ninguna. Indicar, sugerir, abrir
perspectivas a lo inexpresable, en cada hecho
y en cada situación: Lo que no fué es. sobre
todo, esto. Qne es el instrumento para abordar
y presentar cuestiones más hondas y acendra­
das en la pantalla. Porque es que el cine ha
ganado en profundidad artística.
Y este es el segundo problema capital de
fondo. Hace años, el productor francés Louis
Aubert, decía: “ El cinema es muy sencillo;
veréis. Dos cajones, uno para los ingresos y
otro para los gastos; y una pequeña, caja mis­
teriosa donde clasifico las fichas de los films,
con lo que cada nna ha costado y con lo que
da. Soy un comerciante y he aquí todo” . Pero
hoy, Joseph Arthur Bank, el magnate del cine
inglés, que llega a crear en su país una in­
dustria cinematográfica capaz de hacer tem­
blar a Hollywood, cnando los productores nor­
teamericanos le preguntan el secreto de su
éxito, dice: “ Dar en cada film la mayor inter­
vención posible al autor, al director. . . ” Di­
gámoslo con la palabra, que quizás Ranck no
se atreva a emplear: al artista.
El cine es nn arte, tras el que está una
industria; nnnea al revés. Y un arte lo crean
los artistas: el argumentista, el director, el
actor. . . Las películas de más éxito de este
año, en el mnndo, son obras de arte. Y con
una dimensión en profundidad que las distin­
gue — salvo la eterna excepción— de las de
antes de la guerra.
Es decir, queda establecido un nuevo ritmo
cinematográfico, en la forma. Se logra un su­
perior estado artístico, de profundidad y su­
tileza, en los temas. Un paso más hacia el
gran arte de la pantalla. Buen balance.
Y Europa qne, hoy, marca el rumbo.

tremendas mentiras históricas sin investi­
gación alguna, pero sus novelas son inm or­
tales por su gracia y lo bien contadas.
En la duda, prefiero lo segundo, aunque
mi ideal es aprender lo más que pueda
sobro el escenario y época de mi novela y
no dejar quo el lector se entere de ello.
M ira m elancólicamente la últim a a l­
m eja en su plato y sorbo un so la jito de
oro de su copa.
Con la llegada de la paella, polícrom a
y olorosa, toda esmaltes y porcelana, j o ­
yería ineustrada de los pim ientos y m aris­
cos sobre el alm ohadón de arroz am ari­
llento, M augham suspira y sin protestar
por la sobreabundancia do su ración, ataca
la pirám ide arom ática que le depositan eir
su plato.
La conversación sigue m ariposeando en
torno a su Catalina. Le explico m i crítica
de que haga aparecer cn ella la fig u ra de
Don Q uijote do la M ancha, al fin a l de la
novela, cuya aparición distrae sin a g reg a r
nada a la narración.
— Acaso tenga usted razón, pero ten ga
en cuenta que se trata de un fa ir y ta le,
donde todo está perm itido. Sí, ya he leíd o
su objeción y es la de que al aparecer el
Q uijote el lector cree que tod o lo an terior
era una brom a giga n tesca y que nada h ay
de serio ni de exacto en m i in vestigación
histórica. A caso tenga razón, pero creí que
sería una nota original. Adem ás, discrepo
de su idea de que el lector a n g losa jón va
a m ofarse de la fig u r a del Q u ijote. A ca s o
muchos hay que ignoran aún tod o el patho.s
y la grandeza del Q u ijote, pero c o n fio que
los lectores inteligentes lo apreciarán en
su valor. De todos m odos, voy a c o lo ca r
com o subtítulo a mi lib ro A F a ir y T ale
en vez de A N ov el com o puse al com ienzo.
¡A h ! ¡ Y su idea de usar pa ra la p orta d a
el cuadro “ L a Virgen M a r ía ” , del G reco,
es excelente! Y a he escrito a mis editores
sobre ello. E l lib ro no aparecerá hasta
dentro de uiro o dos años, probablem ente.
Antes publicaré un tom o de cuentos. P ero
Catalina es mi últim o lib ro y cierra m i
ciclo literario en 1947 o 1948.
L e explico mis preferen cias sobre c ie r ­
tos libros suyos. Tlie N arrow C órner — le
d ig o — , tiene para mí un encanto m ed ite­
rráneo y está lleno de arom as salinos y de
claridades de sol y de azul de mar. P ero
com o técnica y argum ento, m i fa v o r ita es
Calces and A le. Me responde que aunque la
( Continúa tn la página 1 1 )

i

�cabalgata

8

—

NO TIC IA SOBRE
FELI SBERTO
H E R N A N D E Z
P or

JOSE

MORA

(Viene de la primera página)

G U A R N ID O

!ú les haces que se sientan huí
esta esfera de llagas y corcovas, dotit
hombres.
7 ú les enseñas que es bueno ,i
sueños infantiles de asuetos sin fin, (
comprenderlo y verlo todo, el valor A
a las apariencias mortales.
Un buen día reirán de haber tet
con cuanta frecuencia se han nutrida
Picasso, tu rostro refleja sus pre&amp;
refleja el rostro de la mujer amada.

l

En sus dos obras primerizas, que sin
embargo ofrecen una sorprendente ter­
minación de madurez, Felisberto Hernán­
dez se sumerge en su recuerdo y de él
va extrayendo, como a brazadas, los epi­
sodios de un naufragado pretérito. X o es
extraño que eir cada brazada se abarquen
las cosas en cierta forma incongruente,
entremezcladas, confusas, con las tintas
corridas y los perfiles desdibujados, o cho­
rreando un agua enturbiada con lechada
grumosa y un leve toque de añil.
En este rescato tan intencionalmente al
descuido de los recuerdos, se advierte
siempre una media türta, una bruma de
ensueño, quo lo distingue — en substancia
y en intención— de la aventura obstina­
da, integralmente recuperadora, de Mar­
cel Proust. Hernández no trata de re­
hacer y dar nueva vida a sus recuerdos,
corriendo el riesgo de convertirlos en una
forma disecada y enteriza bajo la protec­
ción de vidrio do una vitrina. Trata sen­
cillamente de volverlos a contemplar, sin
extraerlos del todo, a través de todas
las capas de variable transparencia con
que el tiempo los ha cubierto y que no
quiere atravesar ni desgarrar. Más bien
construye con esos recuerdos, sin despla­
zarlos, como un mundo de sueño, al que,
si hemos de buscarle parecido, por tener
algo con que contrastarlo, podremos com­
parar solamente con el mundo de sueños
de Franz Kafka (al que Hernández con­
fiesa no ha leído) y con menos seguridad
con el mundo do sueños del propio Supervielle — La niña de alta mar, La descono­
cida del Sena— , que Hernández ya c o ­
nocía y que tiene con sus relatos muy
poca semejanza.
Por los tiempos de Clemente Colling, c
la evocación del viejo maestro de música
de Hernández, un gran organista francés,
ciego y miserable, que terminó en Monte­
video una vida llena de altos y bajos,
liquidada al fin entro sufrimientos y ve­
jaciones. El caballo perdido. es otra evo­
cación, la do la señorita Celina, su pri­
mera maestra de solfeo y piano, que
tenía “ la cara muy blanca, los ojos muy
negros, la frente muy blanca y el pelo
muy negro, formando un peinado redondo
como el do una reina quo había visto en
unas monedas y que parecía un gran
budín quemado’ ’. Los dos relatos estáir
por tanto llenos de sutiles sugestiones
musicales. Pero son también los dos una
evocación emocionada y condolida del
Montevideo viejo, señorial, ceremonioso,
el de las grandes quintas con palacetes
7 glorietas, que había llegado a tener
cierta pátina de ciudad antigua v procer
especialmente en sus barrios apartados y
lujosos, acometidos de pronto por un ma­
niático progresismo edilicio. Cuando el
niño estudiante do solfeo o el adolescente
que ya aprendía composición y contra­
punto, seguía el camino de las casas de
sus maestros, se distraía en un fantástico
dialogo con los accidentes, las cosas y
las gentes que encontraba. Todo ello fo r ­
maba las imágenes recuperadas de sus
relatos de ahora: “ A una grair quinta
señorial un remate le ha dado un caprichoso mordisco, un pequeño tarascón cuadrado en uno de sus lados y la ha dejado
dolorosamente incomprensible. El nuevo
dueño se ha encargado de que aquel pe­
queño cuadrado parezca un remiendo chi&lt;
( Continúa en la página 15)

l

C Al

llegar Julio Supervielle a París, de
regreso do una larga y obligada re­
sidencia — da guerra— en Montevideo,
una de las primeras cosas que ha hecho
ha sido la entusiasta presentación en aquel
medio literario del cuentista uruguayo
Felisbern» Hernández. Es éste un escritor
joven, de personalidad original y curiosa.
formada muy lentamente. En sus pr¡.... ros
tiempos, y hasta hace muy poco, se le
conocía y estimaba más bien como músico
(rara afinidad voeacional con García Loi­
ca) y hasta ha actuado mucho tiempo,
arrastrando una lánguida vida do modesto
concertista de piano, en Montevideo y ea
pítales del interior del Uruguay, en al
ganas provincias argentinas y acaso cn
Buenos Aires mismo. Después, empezó a
escribir unos breves relatos que leía pri
vadameuto a sus amigos, entre ellos a su
primer y más fervoroso animador el pro
fesor Carlos Vaz Ferreira. Con la ayuda
de aquellos amigos, imprimía sus relatos
en cuadernillos do diminuto formato y
los regalaba. Con el tiempo, los relatos
fueron creciendo eir extensión y profun­
didad.
El hasta ahora más conocido de ellos,
Por los tiempos de Clemente Colling
(1942), llenaba ya un folleto de corea
da cien páginas. Se imprimió por sus
cripción do un grupo de amigos que so
cotizaron para ello, según reza la adver­
tencia preliminar del libro, “ en recono­
cimiento por la labor que este alto es­
píritu ha realizado en nuestro país coi?
su obra fecunda y de calidad como com­
positor. concertista y escritor’ ’ . Poco des­
pués de su aparición. Julio Superviollo
escribía espontáneamente a Hernández
comunicándole su placer en “ llegar a
conocer a un escritor realmente nuevo,
que alcanza la belleza y aun la grandeza
a fuerza do humildad ante el asunto’ ’.
Al año siguiente, aparecía un segundo
relato, aproximadamente de la misma ex
tensión: El caballo perdido.

A

—

' 2 ¡

Tú vives para tu trabajo. Jone#
ojos al desnudo, y en dar vida a lo qni
De este modo estás armado conii
de la carne, contra la negligencia y
3
Que se diga de ti que eres un fj
pintor mediocre— un pintor, como
bre, sin tener en cuenta su oficio.
Que se diga de ti que has trabei
reza, tu trabajo será un honor.

P ic a s s o . C e n ta u r o y b a c a n te .

por CURZIO MALAPARTE

( Viene de la primera página)
la luna sobre las hojas sombrías de los
limoneros y los naranjos, o sobre las es
camas de esos peces muertos que el mar,
después de las tempestades, dejaba en la
orilla, frente a la puerta de mi casa. Te­
nía el color de la luna sobre el mar griego
de Lípari, do ia luna en los versos de
la Odisea, de la luna sobre ese mar sal­
vaje por el que bogó Ülises para llegar
a las solitarias riberas de Lípari. Del co­
lor de luna moribunda, poco antes del
alba. Y o le llamaba el “ Perro-Luna’ ’.
X'unca se alejaba de mí ni un solo
paso. Me seguía como un perro. Sí, digo
bien, me seguía como un perro. Su pre­
sencia en mi pobre casa de Lípari, azo­
tada sin cesar por el viento y el mar,
era una presencia maravillosa. Por la
noche, la tibia claridad de sus ojos lu­
nares iluminaba mi desnuda habitación.
Tenía los ojos de un azul pálido que re­
cordaba el color del mar al ponerse la
luna. Y o sentía su presencia como la
presencia de uira sombra, de mi sombra.
Era el reflejo de mi espíritu. Su sola
presencia me ayudaba a recuperar ese
desprecio de los hombres que es la pri­
mera condición de la serenidad y la sa­
biduría. Me daba cuenta de que se parecía
a mí, de que no era otra cosa que la
imagen do mi conciencia, de mi vida se­
creta. El retrato de mí mismo, de lo qui

hay de más profundo, de más íntimo, de
más particular en m í: mi subconsciente,
mi espectro, por decirlo así.
Él, más que los hombres, que su cul­
tura y su vanidad, me enseñó que la mo­
ral es gratuita, que ni siquiera se pro­
pone salvar al mumlo (¡ oh, iio, ni siquie
ra salvar al m undo!), sino simplemente
crear nuevos pretextos para su desin­
terés, para su libre juego. El encuentro
de un hombre y un perro es siempre el
encuentro de dos espíritus libres, de dos
formas de dignidad, de dos morales gra­
tuitas. El más romántico y libre de los
encuentros, iluminado por el pálido es­
plendor de la muerte, semejante al color
de la luna muerta sobre el mar, bajo el
cielo verde del alba.
Y o reconocía en Febo mis movimientos
más misteriosos, mis instintos más in­
ciertos, mis dudas, mis espantos, mis es­
peranzas. Su dignidad frente a los hom­
bres era la mía, lo mismo que su valor
y su orgullo frente a la vida y su des­
precio de los sentimientos fáciles. Pero
era más sensible que yo a los oscuros
presagios de la Naturaleza, a la presen­
cia invisible de la muerte que ronda
constantemente en torno a los hombres,
taciturna y desconfiada. Sentía venir des
de lejos, en el aire nocturno, las tristes
larvas de los sueños, parecidas a esos
insectos muertos que el viento trae Dios

P ic a s s o . D os d e s n u d o s .

sabe de donde. Algunas noches, acostado
a mis pies en mi desnudo dormitorio de
Lípari, seguía con los ojos una presencia
invisible quo se acercaba, se alejaba y
me vigilaba durante largas horas detrás
de los vidrios de la ventana. De cuando
en cuando, si la misteriosa presencia so
me acercaba, me rozaba la frente, Febo
lanzaba un gruñido amenazador, se le
erizaban los pelos del lomo y yo oía un
grito doloroso que se alejaba e iba a
morir en la noche.
Era ‘ el más querido de mis hermanos,
mi verdadero hermano, el que no traicio­
na ná humilla. El hermano que ama, que
ayuda, que comprende y que perdona. Sólo
el que lia sufrido largos años de exilio
en una isla salvaje y que al volver de
nuevo entre los hombres se ve tratado co­
mo un leproso por todos aquellos que,
una vez muerto el tirano, se convertirán
en héroes de la libertad, sólo esa per­
sona sabe lo que un perro puede signi­
ficar para un ser humano. En la afec­
tuosa mirada de Febo había a veces uir
reprocho noble y triste. Yo experimenta­
ba entonces una vergüenza extraña, algo
así como un remordimiento de mi triste­
za, una especie de pudor de su presencia.
Comprendía que, en aquellos momentos,
Febo me despreciaba. Con dolor, con
afecto tierno, pero de todos modos, había
en su mirada una sombra de piedad y,
también, de desprecio. X'o era solamente mi

Escribo para tus amigos. So
ellos.
Por lo tanto yo escribo al borde l
sólo me aparta el trabajo. Escribo con
con un arado y una antorcha encendí
ración. Yo te escribo desde un lecho\
Tú has sabido triunfar de la pf
casa, encender el fuego, partir el pej
hijos, servir a tus amigos - y no has J
que los hombres son rivales.
5
Tú te niegas a entrar en el refu¡
pre el contorno abrumador de las fo
mientos precipitados, de las razones
del corazón y del cerebro. El cuerj.
centro y por sus alas.
Tú te niegas a entrar en el ju&lt;
antemano. Esos se han parado para
y están cansados y son cobardes. Se
ausentes y absurdos.
Pero tú vas por la calle, lleno d
se amalgama con la idea que recibe di
sorrjos fieles y numerosos.
Fuera de las prisiones, en la
mejantes.
O semejante mío o adversario n\
y se reúne.
6

¿Somos amigos modelos? Sí, si
amigos.
7
Tus ojos son como yunques, y t
tus manos, en los umbrales del conoch
mojado en vino.
}' tus ojos son la forja, y tu man
Justa como un hacha que divioi
luz, del otro el tiempo. Un hacha qut\
y eso no significa un desierto de dia\
y el presente.
En la ventana de enfrente una nii
recién nacido. Como tú, tiene con ehíl
8
Tú no les dejas paso a las sombren
vida de tus manos y tus ojos.
Tu bandera ondea a impulsos &lt;l|
tiendo.
Yo conozco tu combate, pero no t
y sin embargo tú eres accesible, i(i
dable. Hasta el momento en que la si\
fundos, creyendo tener derechos sol*
buen amigo.
El porvenir depende de que tu P
gos y de su causa. Su causa es justa
y tú eres justo.
9 ’J
Tu obra es el cántaro lleno de &lt;\
la cabeza. La muchacha se afirma c¡ i\
y desarrolla sus movimientos, su in i
afina los tobillos, alza sus senos.
A la luz de tu obra se exaltan la*,
de los trigales.
T u deseo de saber te arrastra le]t(
En este mundo monótono eres c(\
cada día. Cada día juegas en un can\
qué hombre te convertirás?
Porque tú has dejado atrás las
tros, i ’ en su memoria de esclavos se^
dolores moribundos.

]

�cabalgata
im

s s O

y
¡\
/)

V tffe ff

Por P .4 1L EL UA RD
,tildes u orgullosos en medio de
lt los hombres se rozan con los
l aceptar la utopia dichosa, los
t&gt;ero también les das el ansia de
otidiano de no querer someterse
ádo hambre y sed, reirán al ver
i de ellos mismos.
rupaciones y sus penas, como las

o viejo te afanas en poner tus
tellos ven.
t la muerte, contra la amargura
[ arrepentimiento.
ntor —no un gran pintor, ni un
próximamente se dirá, un hora­
do. Un día, junto a la santa pe&gt;K

Iegión y yo escribo para todos
P ic a s s o . L a c e n ta u r r s a .

n un abismo sin fondo, del cual
ladrillos, y armazones de hierro,
ü, con la energía de la desespehollado por la muerte,
ia. Yo te he visto construir tu
t, amar a una mujer, engendrar
nunca el juego infame en

o idiota. Tú vas siguiendo siemm vagas, el cordón de los nacinprevistas, la corona del cuerpo,
t humano se te impone por su
p de los que están vencidos de
¡ntemplar un paisaje pasado ya,
ieen sublimes, cuando sólo son
confianza. Sabes que el hombre
los otros. Y que sólo al aire libre
Imósfera ligera de nuestros se0, a lo lejos el mundo se divide

que los hombres deben ser

uista igual que el horizonte. Y
1. ento, es igual que un bizcocho
o una madre. Es justa,
t al mundo; de un lado está la
no abate el árbol sino el bosque,
mtes, sino un hormiguero vivo
«jer tiene en sus brazos un niño
¡la otra mitad del mundo.

hermano, sino mi juez. Era el guardián
do mi dignidad y, al mismo tiempo, mi
doruphorcma, para emplear la antigua
palabra griega.
Era un perro triste, de ojos graves.
Todas las noches pasábamos largas horas
en el alto umbral de la casa, batido por
los vientos, contemplando el mar. ¡Oh,
el mar griego de Sicilia! ¡ Oh, el rojo
escollo de Escila frente a Caribdis, la ne­
vada cima del Aspromonte y el hombro
blanco del Etna, el Olimpo siciliano!
Realmente, como canta Teócrito, no hay
en el mundo nada más bello que con­
templar el mar de Sicilia desde lo alto
de un ribazo. Las hogueras de los pas­
tores se encendían en la montaña, las
barcas salían al encuentro de la luna y
el son plañidero de las caracolas marinas
con que los pescadores se llaman entre
sí, se perdía en la plateada niebla lunar.
La luna se levantaba sobro el escollo
de Escila y el Stromboli, el volcán alto
a inaccesible que surge en medio del mar,
flameaba como una hoguera solitaria
en el profundo bosque azul de la noche.
Mirábamos el mar, respirábamos el olor
amargo de la sal, el perfume fuerte y
embriagador de los bosques de naran­
jos, el aroma de la leche de cabra, de
las ramas de enebro que ardían eir las
hogueras, y ese olor cálido y profundo
como de mujer, que es el olor de la no­
che siciliana cuando las primeras estre­
llas, pálidas aún, aparecen en el hori­
zonte.
Después, un día, me condujeron con
las manos esposadas a otra isla y de
allí, luego de largos meses, a la Toseana.
Febo me seguía de lejos, ocultándose en­
tro los barriles de anchoas y los rollos
de cuerdas sobre el puente de la Santa
Marina, el vaporcito que va de Lípari a
Nápoles, y más tarde entre los cestos
de pescado y los cajones de tomates de
la lancha a motor que hace el servicio en­
tre Nápoles, Ischia y Ponza. Con ese
valor de los cobardes, único título a la
libertad que tienen los siervos, las gentes
se detenían para mirarme con ojos llenos
de reprocho y desprecio, mascullando in­
jurias entre dientes. Sólo los “ lazzaroiri” , tumbados al sol en el puerto de
Nápoles, mo sonrieron a escondidas y

&gt;,tú no deseas limitar la vida - la

escupieron entre los zapatos de los cara­
bineros. De cuando en cuando, yo me
volvía para mirar si Febo me seguía, y
le veía pegado a la pared, con el rabo
entre piernas, seguirme a través de las
calles de Nápoles, con una maravillosa
tristeza en sus ojos claros.
Cnando, con" las manos esposadas, pa­
saba entre dos carabineros por la calle
I’artonope, dos damas se acercaron a mí,
sonriendo. Eran la señora de Iíenedetto
Croce y Minnie, la esposa de mi querido
Gasard Casella. Me saludaron eon la
gentileza maternal de las mujeres ita­
lianas, colocaron unas flores en mis es­
posas y la señora de Croce rogó a los
carabineros que me dieran algo de co­
mer. Hacía dos días que no había comi­
do nada. ‘ ‘ Por lo menos, háganle marchar
por la sombra ’ ’, les pidió. Era el mes de
junio y el sol me hería en la cabeza con
la fuerza de un martillo. “ Gracias, la
dije, no necesito nada, pero querría que
le diera de beber a mi perro ’ ’ .
Febo se -había detenido a unos cuantos
pasos de distancia y fija b a en- el rostro
de la señora Croce una mirada de una
intensidad casi dolorosa. Era la primera
vez que veía el rostro de la bondad hu­
mana, de la piedad y la cortesía feme­
ninas. Antes de beber, olfateó largo ra­
to el agua.
Varios meses después me trasladaron a
L u cca; me encerraron en la cárcel y
allí permanecí mucho tiempo. Cuando
salí entre dos policías para ser conduci­
do a un nuevo lugar de deportación,
Febo me aguardaba a la puerta de la
cárcel, delgado y cubierto de barro. Sus
ojos claros brillaban con una horrible
dulzura.
Mi destierro duró aún dos años más
y durante esos dos años vivimos en una
casita situada en el fondo de un bosque.
Febo y yo habitábamos una de las piezas
y la otra los carabineros que me vigi­
laban. Al fin recobré la libertad, o lo
que se entendía por libertad en esos
tiempos; para mí fué como salir de una
pieza sin ventanas para entrar en una
habitación sin muros. Nos fuimos a vi­
vir a Roma ; pero Febo estaba triste. Se
habría dicho que el espectáculo de mi
libertad le humillaba. Sabía que la li

P ic a s s o . Desnudo sentado.

el viento. Y tú avanzas combaonozco tu fatiga.
'aeno y respetuoso, dulce y agrawibra desciende de los ojos proTe ti, mi salvaje orgulloso, mi
■denlas responsable de tus ami-

que una muchacha lleva en
n centro de gravedad, contiene
llMdad le alarga el cuello, le
tempestad y el estremecimiento
31 de ti y nunca te repites.
un niño que crece, y cambia
distinto. Niño querido, ¿en

bertad no es humana, que los hombres no
pueden, quizá no, saben ser libres, y que
la libertad, en Italia y en Europa, hiede
como la esclavitud.
Durante todo el tiempo que estuvimos
en Pisa, casi no salimos de la casa; so­
lamente al mediodía, íbamos a pasearnos
a lo largo del hermoso río pisano, el Arno
de color de plata, por sus muelles, claros
y fríos; luego, íbamos a la plaza de las
Maravillas, donde se encuentra la torre
inclinada. Subíamos a la torre y contem­
plábamos la llanura pisana hasta Livorna,
hasta Massa, los bosques y la mar lejana
y brillante, y los Alpes Apuanos, blancos
de nieve y mármol. Era mi país, mi país
toscano, mis bosques y mi mar, erair mis
villas, era mi río.
Por la noche, solíamos sentarnos en
el parapeto del Arno, ese estrecho para­
peto de piedra sobre el que, durante su
exilio pisano, galopaba lord Byron todas
las mañanas, entro los gritos de susto de
los pacíficos h abita n tes... y mirábamos
cómo corría el río arrastrando en su
clara corriente las hojas quemadas por
el invierno y las nubes de plata del cielo
de Pisa.
Febo pasaba largas horas acostado a
mis pies. De cuando err cuando se le­
vantaba, se acercaba a la puerta y me
miraba. Y o iba y le abría la puerta.
Febo salía y volvía al cabo de una o dos
horas, jadeante, con el pelo alisado por
e! viento y los ojos brillantes por el frío
del invierno. Por la noche, levantaba la
cabeza para escuchar la voz del río, la
voz de la lluvia sobre e! río. Y yo, al
despertarme, sentía su mirada tibia y
ligera posada sobre mí, su presencia a fec­
tuosa y viva en mi habitación oscura, y
íu
tristeza, su frío presentimiento de la
muerte.
Un día salió para no volver más. Le
esperé hasta el anochecer y, cuando se
hizo de noche, recorrí las calles llamán­
dole por su nombre. Volví a casa bien
entrada la noche y me tiré en la cama,
con la cara vuelta hacia la puerta entre­
abierta. De cuando en cuando, me aso­
maba a la ventana y le llamaba a gran­
des gritos, (hmirdo comenzó a alborear,
recorrí de nuevo las calles desiertas, en­
tre las fachadas mudas de las casas que,

ba ¡o el ciclo lívido, parecían hechas de
papel sucio.
En cuanto se hizo de día corrí a la
¡terrera municipal. Entré en una pieza
gris donde cien perros gemían en fétidas
jaulas, marcadas aún sus gargantas por
la señal del lazo que les había atrapado.
El guardián me d ijo quo mi perro debía
haber sido atropellado por un automó­
vil, que me lo habrían robado o que una
banda de pilludos me lo habría tirado al
río. Me aconsejó que recorriera bien las
perreras; ¡quién sabe si Febo no se
encontraba en la tienda de un vendedor
de perros! Toda la mañana corri d e-p o­
rrera en perrera, hasta que al -fin, eai
una tiendecita de la plaza de los Cavalieri, un esquilador de perros me pregun­
tó si no había ido a la clínica veterina­
ria de la Universidad, donde los ladro­
nes de perros venden por unos cuantos
centavos los animales destinados a ex­
perimentos clínicos. Corrí a la Universi­
dad, pero eran ya más de las doce y la
clínica veterinaria estaba cerrada. Volví
a casa: sentía cn las cuencas de los ojos
un no sé qué duro, frío y liso, que me
daba la impresión de tener los ojos de
vidrio.
Ror la tarde, volví a la Universidad
r entré en la clínica veterinaria. Mi co­
razón latía locamente; casi no podía
andar porque mi debilidad era mucha
y la angustia me agobiaba. Pregunté por
el médico do guardia, dando mi nom­
bre. El médico, uir joven rubio, miope,
de sonrisa cansada, me recibió cort(«men­
te, me miró largo rato y respondió que
haría lo posible por ayudarme.
Entramos en una gran pieza brillante,
resplandeciente, con el ‘ ‘ parquet ’ ’ cu­
bierto por un linóleo verde. Alineados a
lo largo de los muros, como las camas do
una clínica de niños, se veían unus ex­
trañas cunas en forma de violoncelos y,
cn cada una de ellas había un perro ten­
dido boca arriba, con el vientre abierto,
el cráneo hendido o el pecho desgarrado.
Unos delgados hilos de acero, enrollados
en torno a unas clavijas como las qne
tensan la6 cuerdas de los instrumentos
musicales, mantenían abiertos los labios
de esas horribles heridas: se veía latir
el corazón, los pulmones — con las veni­
llas de los bronquios que parecen las ra­
mas de un árbol— se hinchaban igual
que el folla je al soplo del viento, el hí­
gado rojo y brillante se contraía lenta­
mente, ligeros estremecimientos corrían
como sobre un espejo, sobre la pulpa
blanca y rosa del cerebro, los intestinos
so desenroscaban perezosamente, como
un montón de serpientes que salen de
su letargo. Pero ni un gemido se e sca p a !»
de los labios entreabiertos de esos pe­
rros crucificados.
A nuestra entrada, todos los perros ha­
bían vuelto sus o jos hacia nosotros, con
una mirada a la vez implorante y llena
de un terror atroz; seguían con los ojos
todos nuestros gestos, espiando nuestros
labios, temblorosos. Inmóvil, en medio
do la pieza, yo sentía subir a mis miem­
bros una sangre helada, que me iba con­
virtiendo en piedra. N o podía abrir la
boca, no podía dar un paso. E l médico
me puso la mano en el brazo y me d ijo :
“ ¡V a lo r !” La palabra fundió el hiolo
de mis huesos, me incliné sobre la p ri­
mera cuna, la sangre acudió a m i rostro
y recuperé la esperanza. Entonces, de re­
líente, vi a Febo.
Estaba tendido boca arriba, con el
vientre abierto y una sonda metida en
el hígado. Me miraba fijam ente y tenía
los ojos llenos de lágrimas. Su mirada
tenía una dulzura maravillosa. N o ex­
halaba ni una queja, pero respiraba li­
geramente, con la boca entreabierta, sa­
cudido por uir terrible temblor. “ F e b o ” ,
le llamé en voz baja. Y Febo me miró
tiernamente a los ojos. Y o vi en él a
Cristo, vi a Cristo en mi perro cru cifica ­
do, a Cristo que me miraba con ojos lle­
nos de una maravillosa dulzura. ‘ ‘ Febo ’ ’ ,
lo llamé en voz baja, inclinándome sobre
él y acariciándole la frente; y Febo me
besó la mano sin lanzar ni un gemido.
El médico se acercó a mí y me tocó
err el b razo:
Nos está prohibido interrumpir un
experimento — mo d ijo— , pero por us­
t e d .. . voy a ponerle una inyección. N o
sufrirá más. ^
Tomé en las mías la mano del m édico
y le dije, con la cara inundada de lágri mas:
— Júreme que no sufrirá.
— Se dormirá para siempre — me d ijo
el médico— ; yo querría tener una muer­
te tan dulce como la suya.
^— v oy a cerrar los ojos, — le dije__ .
No quiero verle morir. ¡P ero dése prisa,
dése prisa!
— íío os más que un instante, — mo
d ijo el médico.
Se alejó sinr ruido, como deslizándose
sobre el flexible linóleo. Fué al fon do
de la pieza y abrió un armario.
Y o permanecí en pió ju n to a Febo,
temblando de un modo horrible, con la
cara surcada por las lágrimas. Febo me
miraba fijam en te: ni un gem ido salía
do su boca: me m iraba fijam en te, con
una maravillosa dulzura en los ojos. Los
otros perros, extendidos sobre las cunas,
me miraban también. Todos tenían oí!
los o jos una dulzura maravillosa y ni un
gemido salía de sus bocas.
De repente, un grito de espanto se
escapó de mi pecho:
— ¡P o r qué ese silen cio!, — grité__
¡Q ué sign ifica ese silen ciof
Era un silencio horrible. Un silencio
inmenso, glacial, muerto, un silencio de
nieve.
El médico se acercó a mí, llevando
en la mano una jeringa.
— Antes de operurlos — me d ijo — lee
cortamos las cuerdas vocales.

J

ris

'npiternas promesas de los maes°Je el llanto de todos los viejos

Traducido por
lj&gt; :—

Sí. L.

M A R T IN E Z

c . ii-•&gt;-&gt;&gt;•

■

�cabalgata

10

musica

m u iiin

he v a m m i i m
Por JUAN CARLOS PAZ

(V ien e de la primera página)
son. Auto A acide n t; Doris Humphrey.
Dance Rhythms; William Russell, Fugue
for Eight Pereussion Instruments; J. M.
Rover. “ I V ” ; Gerald Strang, Percus.tio-it M usic; John Cage, Consiruccions;
sin olvidar a Edgar, Jonisation; han con
tribuido en forma notable con curiosas y
eficaces tentativas que por ahora deberán
ser consideradas, quizás, como aisladas ex
perieneias, al modo de los primeros apor­
tes microtonales de comienzos de siglo,
pero que pueden significar, al igual que
ellos, y del punto de vista de la posibili­
dad, un capital acumulado que aguarda su
oportunidad para producir un máximo in­
terés.
Pero volviendo, aun, al plano de los
sonidos de nuestra escala temperada, es
fácil hallar en estos compositores forma­
dos en su país, y algunos de ellos de ma­
nera autodidáctica, como Paul Crestón,
un sentido musical distinto, no conformis­
ta. y más dirigido por la reflexión cons­
ciente, aun a riesgo de resultar frío, ás­
pero y hasta antipático e impersonal mu­
chas veces, a consecuencia de la búsqueda
de fórmulas o de procedimientos escuetos,
descarnados, limpios de toda sensiblería
postromántica así como de nuances im­
presionistas, o do otras trampas o lazos
para cazar al oyente habitual, desintere­
sado o ingenuo.
De todo ese grupo, Paul Crestón, Ross
Lee Finey, William Schuman y George
Tremblay, responden a una concepción
menos arriesgada en sus métodos y propó-

Hitos, y por lo mismo, de menor aleanve
y significación, al menos en el aspecto
experimental y de posibles proyecciones,
quo Gerald Strang, ITenry Brant, Ray
Green o John Cage; pero en rigor ni unos
ni otros aparecen como ascriptos a los vie­
jos moldes, convencionales a fuerza de
gastados o de repetidos, y poseen una
técnica que aparte lo áspera o forzada
que pueda parecer a las almas sensibles,
muestra un deseo de l ( hacer distinto” ,
circunstancia que en algunos casos involu­
cra toda una estética o al menos un im­
pulso que conduce hacia el logro de es­
tructuras desprovistas de todo morbo sen­
timental y divagatorio, aspirando a una
música como arte del sonido, con valor
autónomo y desnuda de intenciones ex­
tramusicales; concepción purista, cuyo
máximo compromiso en lo que respecta
a colaboración con otras artes, no pasa
de préstamos a la danza en forma de
esquemas a cargo do conjuntos para per­
cusión sola, como los de William Russell
en sus Three Dance Movem-ents, o los de
la danzarina Doris Humphrey, con sus
Dance Rhythms, anotados por Wallingford Riegger.
La proyección de los compositores de
este grupo hacia una música de concep­
ción distinta a la de sus antecesores in­
mediatos, se desliza con una considerable
ventaja en los que como Gerald Strang,
IíenTy Brant o John Cage — así como
sucede con Ruth Crawford, de la misma
generación— no se encuentran trabados
por los conflictos de técnica y expresión

Dice el autor de

IOS

ROBINSONES

que a menudo son demasiado evidentes
incluso en algunos maestros, que exhiben
en sus obras una forzada aleación entre
ambos términos, o mejor dicho, una cons­
tante lucha, y ésta en primor plano, en
tro una sensibilidad arraigada en la tra­
dición — Se8sions, ilarris, Pistón, Co­
pland— , y un lenguaje técnico penosa­
mente elaborado y de. apariencia avanza­
da, pero en realidad más de acuerdo con
las influencias directas de las estéticas
y las técnicas europeas — como :1 polito
nalismo, los retornos a pe iodos conclu­
sos y remotos, etc.— que portadoras de un
mensaje de amplias proyecciones, expresa­
do en un verbo consecuente.
En una palabra, la nueva falange de
compositores rechaza, en las obras de sus
mejores exponentes, el tono patético, lite­
rario, sentimental y verboso, y reafirma
su renuncia a los famosos climax obtenidos
luego de agudas tensiones de infalible
efecto emocional. Esto trae aparejados un
virtual abandono del desarrollo temático
y de todo proceso modulante. De hecho,
nos hallamos en el campo de las posibi­
lidades desarrolladas a raíz de las con­

D ia r io

de

quistas del atonalismo, si no como apli­
cación directa o estricta de sus principios
armónicos, al menos como concepción apro­
ximada de los valores que él preconiza
en el orden estructural y formal, así como
en la interpretación espacial de la música.
Esto afecta en general a los c.omposito.res estadounidenses más avanzados de los
que ya alcanzan la cuarta década. George
Tremblay, con sus Sonatas op. 8, parece
situarse en el centro de la cuestión: mú­
sica atonal y música espacial; y por ende,
cultora brillante de un estilo que podría­
mos calificar de magnífico. Paul Cres­
tón-, con sus Seven Theses y los ensayos
de contrapunto y métrica progresiva que
las constituyen, adopta una actitud, no
precisamente similar, aunque si correspon­
diente. Las piezas para percusión sola de
Gerald Strang y de Ray Green, o las
anotaciones rítmicas de Doris Humphrey,
aportan a tales enfoques diversos y des­
usados, ensayos de unidad rítmica e ins­
trumental a base de repetición, incondi­
cional o condicionada, según los casos,
de principios o de proposiciones rítmicas
cristalizadas, que indudablemente respon­

den más a un concepto de espacio sonoro
que de desenvolvimiento en el tiempo.
John Cage parece pronunciar la última
palabra sobre el particular, con su ‘ 'piano
acondicionado” y sus instrumentos eléc­
tricos.
De esta manera penetramos en los do­
minios de las tendencias que conforman
la actual música estadounidense. La téc­
nica utilizada por los nuevos jóvenes es,
por regla general, más firme, más depu­
rada, más determinada; los valores esté­
ticos son mejor dirigidos y organizados;
las influencias extraterritoriales dismi­
nuidas al punto de ser irreconocibles casi
siempre, y el acierto de no vaciar en los
moldes seculares los múltiples aspectos de
la sensibilidad actual puede ser eviden­
ciado a través de muchos y eficaces
ejemplos.
Los nombres de Ben Weber, George
Ferie, Merton Brown, Lou Harrison, Mi­
riam Gideon, John Cage, Alan- Hovaness
forman el ángulo más avanzado de la
joven música estadounidense; pero ellos
merecen ser tratados con amplitud, y por
lo tanto, en capítulo aparte.

A l in a R e y e s

12 d e e n e r o .
Anoche fué otra vez, yo tan- cansada
do pulseras y farándulas, de pink cham­
pagne y la cara de Renato Viñes, oh
esa cara de foca balbuceante, de retra­
to de Dorian Gray a lo último — . Me acos­
té con gusto a bombón de menta, al Boogie del Banco Rojo, a mamá bostezada
y cenicienta (como queda ella a la vuelta
de las fiestas, cenicienta y durmiéndo­
se, pescado enormísimo y tan no ella — ) .
Nora que dice dormirse con- luz, con
bulla, entre las urgidas crónicas de su
hermana a medio desvestir. Qué felices
son, yo apago las luces y las manos, me
desnudo a gritos de lo diurno y movien­
te, quiero dormir y soy una horrible cam­
pana resonando, una ola, la cadena qne
Rex arrastra toda la noche contra los
ligustros. Now I lay me doten to sleep ..
Tengo que repetir versos, o el sistema de
buscar palabras con a, después coiv a y e,
con las cinco vocales, con cuatro. Con

nuestros escritores actuales, confieso qne po­
seo la originalidad de que no me interesa
Borges, aunque me llene de asombro su Ima­
ginación y sn talento intelectual. Leer su
obra me produce la terrorífica impresión de
estar asistiendo a la degollación de los ino­
centes: los inocentes son en este caso los
elementos realmente serios de su personalidad.
mt.ro los que podría haber surgido el Mesías.
Ciertamente, este hombre sacrifica el genio
en nombro del ingenio. También confieso que
me he pasado la vida necesitando admirar a
alguien que viva, en mi tierra y en mi época,
admitiendo que la admiración no es sólo
reconocimiento del talento aieno sino además
un modo de la gratitud. En este sentido, soy
culpable de haber postergado esta satisfac­
I último Jibro. Los Robinsones, es en
ción ñor negligencia, pues sólo hace tres me­
realidad el primero. Es cierno qne be
ses he leído Radiografía de la Pampa, oue
'’ scHto una serie de monografías y tex­
me parece, después de Fae-nde — aj ene
tos de divulgación sobre pintura, pero debo
supera en belleza v profundidad— el libro
confesar que c.r.mo critico sov un critico do­
más imnortaute nnblicado en nuestra tierra.
minguero. v que esta, adyacente afición ron
Creo (me este libro, ene resiste basta lo°
&gt;■** pnrmití^o también parar K olla con el
disentimientos
más radíalos, nnede ser el
encargo editorial o el periodismo eventual.
f n n d a m o - t e de una cosible literatura, nacien-l
Cosa que me parece rauv respetable ñero de
de envergadura. Para elle, su parte concep­
la que roe habría abstenido s* fuera millona­
tual deberá sufrir la. crítica V el análisis V
rio. ñor la única ra^ón de 07^ el día. tieno
las.
parciales impugnaciones que le s-r-n roveintiuna tro horas. Y la lig a t u r a necesitaría
so-vada.s. con lo Cual leios de d e b ilit a s e s
veinticinco.
dolará más a.l. desnndo sn parte inconmovible
Por supuesto, la literatura de cad.a. cual.
de perdurabilidad. Todo lo contraríe por eiemEn este caso la. raía, aun es I« novela, aun­
nio. do Jo one ocurrirá con Mall-a, que me
que he hecho alguna pieza de teatro o^e rae
interesa,
profundamente como nn hombre nue
ha. gustado roncho.
creo croe la -novóla sea
acaba, de escribir sn primer lib-o. pero abso­
un género aírotado. sino al n'vés: incirden^e.
lutamente nada come nn hombre o” e cree
Oreo que sov nn realista clásioo
Pj fondo,
estar escribiendo el. último. A p a r t e de este,
r-i ñor &lt;»sto
entiende ene lo ú^ico rátere^aneren que bav actualmente un movimiento in­
to de la novoi -5 es la novela micma. las cosa';
teresante de escritores nueves que irrumpen
fino ocM,*rpr» dentro v fuera de los nersonaics
en la literatura.
— r»e&gt;. d e " * r o rr *“iiq r " . d
au*O r. T )e a n u í oo
Creo que el problema de nuestra cultura
deduce oue no rae preoenna roncho la. originali.dad u «■'•sonal en la, ara ni tintura del tema
resnonde a las dos líneas tradicionales de
nuestra historia, la reaceionoria clerical y fi­
sino lnc. tánicos eternos oue se encierran en
el sirat)l« hecho de perTr&gt;p*ipCer sobre la tie­
lipina, mnv amiga hoy de Prance qne orevó
matar Sarmiento v a quien nuede decírsele
rra. motivo ñor e&gt; cú»l el estilo no es ot’-a
eos?, oue
-r«nde de da1* sensaciones de r e a l­
aquello de los muertos one ves matásteis. v
dad. tr*rcrnitjendo la vibración p articular de
la otra, progresista v democrática, entronca­
las cosas v Jas personas en su a«tn de nreda lmv de muchos modos a la irrnnción del
seucia vivo De donde nuede d‘Uncirse o^s
socialismo en la escena de las luchas histé­
ricas. Creo que sí algo podría bou unir real­
formalmente soy absolutamente moderno, núes
1-, o.^op-Ar» d« este PstUn no termina n n "^
mente a los escritores sin trampas ni eenív registra siempre el último minuto, y aun
vocos a Pesar de toda, diferencia ideológica
r tros nn« petán desnués. Paro edm4t.o oue
es cada uno de estos dos frentes, cada, uno
por sn lado, entendiendo bien ene ambos son
/-&lt; exageración de este pronósito es neligrosa.
L a captación obstinada, de presencia&lt;; viv^s
inconciliables y qne soslayarlos va. indica. Je
lntP*d« en la nivela afretar el acelerador de
por sí una ambigüedad sospechosa. Por mi
Ja acción v \o, lectura se hace entonces lerta.
parte estoy con la corriente progresista v
Y al revés.
acción ac°lerads. irnuide d°r
democrática, v me parece qne la caracteri­
rrofnnrfidad vital a las n^concia? vivas, oue
zación de todos los problemas de nuestra,
rcoiid-d vi-cnlades a. e-te asnnci-o es de suma
es lo qne ocurre en los folletines. Lo primero,
sin onibargo. rae ocurrió en Los Rohiusmnrgencía.. En este sentido, afirme ene nues­
tra realidad ofrece temas intelectuales o lí*eese libro qne me parece importante ñero oue
rae habría gustado más corto v de nna acción
ra.—
lee de una compleüdad y una. riqueza dra­
más apasionante. Pasa como cnando se va en
mática capaces de conferirles ciertamente un
tren. A mayor velocidad, menor nitidez en. las
interés humano universal, v que en ellos radica,n motives une. captados en nrofundidad.
cosas cine se ven desde la venta,rrJIa. v al
colmarían sobradamente los apetites de aque­
revés. Pareciera que la cosa es dilemática
llos oue anhelarían para sus novelas o sus
v que no hay más alternativa que elegir.
V pin embargo, no es así. Hav nn instante
ensavos la comniaíidad del alma francesa o
en que ambas cosas se concillan y este ins­
de la Rusia dostoíevsHana. Creo, en suma,
tante no es más qne un problema de estilo.
one vivimos algo semeiante a la etapa de
Conseguirlo, es parte importante de mi ideal
Estados Unidos en el último tercio del siglo
pasado, y que cuanto antes nos demes plena­
artístico.
mente cuenta de ello será raeior. Ue donde
En lo que respecta al problema de la reali­
puede deducirse qne creo posible el une pe
dad nacional, cieo que, como muchos, me he
dos y una consonante (ala, ola ), con
damos ya aspirar a la gloría v a ganar el
rasado muchos añes pensando absolutamente
tres consonantes y una vocal (tras, gris)
suficiente
dinero
como
para,
podes
decir
‘
'sov
t&gt;i vano. El hecho de que somos un país con­
y otra vez versos, la luna bajó a la fra ­
escritor” , sin tapadnos fugazmente la cara
denado por su estructura, etc., a una se­
y mirar para otro lado.
gua con su polisón de nardos, el niño
cunda,riedad fatal, confieso que me pareció
siempre una excusa de mal perdedor. Pero
En cuanto a la literatura extranjera. creo
la mira mira, el niño la está mirando.
también confieso qne he tenido mis tiradas
qne no hav hov n®da. realmente importante.
Con tres y tres alternadas, cábala, lagu­
de bronca y mis naturales indignaciones pe­
■ffiiTlev está agotado. Fautkner es una avis­
na, animal; Ülises, ráfaga, reposo.
riódicas contra el hecho de que la Argentina
pa encerrada en el hueco de nna mano. Sartre
no exceño otros niveles de su país que son
ro haya tenido nunca, un Balzac o un Stendhal
Así paso horas: de cuatro, de tres y
v no tenga hoy un Faulkner. Hoy he adver­
tan. importantes como él (v los de le, gene-a­
dos, y más tardo palíndromas. Los fá ­
ción pasada le son snne-íores). Rusia (a urotido quo es preciso arriesgarse, aunque hava
ciles, salta Leniir el atlas; amigo, no g i­
pósito de la cual nadie, desde Andró Gide
oue entablar una desigual batalla- Hace mucho
m a; les más difíciles y hermosos, átale,
a Hugo Wast. ha logrado convencerme de
tiempo dije o escribí que la literatura — y
0 ” e no sea cierto que está construyendo el
el arte— e« nn tute al que hay que tirarse
demoníaco Caín, o me delata; Anas usó
socialismo) vive una noste-gaclán motivada,
a más. Rectificaría ahora esto en el sentido
tu auto, Susana. O los preciosos ana­
en urgencias inmediatas, y España. Is, pobre,
de que hay que tirarse honradamente a más
gramas: Salvador Dalí, Avida Dollars;
está secuest-ada por nn carcelero que pone
o a menos — en ambos casos se gana.— en
Alina Reyes, es la reina y . . . Tan hermo­
presos o expulsa a todos los Larras nue po­
relación rigurosa con el juego que se tenga.
drían darle la conciencia de sn realidad:
X»o qne llevaría implícito el reconocimiento,
so, éste, porque abre un camino, porque
Enrona, en suma, por razones notorias, está
tan necesario en nuestro medio, del valor
no concluye. Porque la reina y . . .
inválida. Y llama a América, e- su reemplazo
positivo del escritor de segundo orden, cuan­
No, horrible. Horrible porque abre ca­
ahora, en colaboración de Igual a Igual, des­
do lo es auténticamente y a conciencia.
pués. ¿Y cómo podrán los e-c-itc-es de Amé­
mino a ésta que no es la reina, y que
Por mi parto, confieso inmodestamente que
rica asumir la resnonsahilidad de continuar
otra vez odio do noche. A ésa que es A li­
tengo buen juego y quo me estoy tirando a
este, cultora magnifica en el ulano universal
más. Y que Los Robinsones es una buena
na Reyes pero no la reina del anagrama:
y
en
la
auténtica
fnersa
one
la
nut-e.
si
no
carta, aunque me parece que no lo han leído
que será cualquier cosa, mendiga en Bu­
es permaneciendo implacablemente fieles, co­
más que algunos escritores, para los cuales
mo supieron hacerle aquellos hombres, a sn
dapest, pupila de mala casa en Jujuy o
precisamente no fué escrito, pues cándida­
propio
idealartístico,
a
la,
conciencia
pro­
mente debo decir que dirijo mi obra al lector,
sirvienta en Quetzaltenango, cualquier
funda
y
obstinada
de
su
propia
verdad?
Sin
a quien por otra parte (con permiso de
lado lejos y no reina. Pero sí Alina Reyes
esto,
no
hav
nada.
Y
esto,
qne
debe
estar
Stendhal, a quien creo que robo la, frase)
antes que ninguna ot-a cosa extraJiteraría
y por eso anoche fuú otra vez, sentirla v
ro me interesa seducir con medios facticios.
—lo interesado, por dinero o cargos, o lo
el odio.
Porque sé que conseguirlo con medios auténdesinteresado, por políticas circunstanciales,
riona es una seducción más profunda y du­
20 d e e n e r o .
lo mismo da— debemos confesarlo, es le qne
radera, aunque más lenta. Medios facticios le
ocurre entre nosotros de modo demasiado es­
A veces sé que tiene frío, que sufre,
llamo ye. por ejemplo, a lo que hace Borges
caso. Esto es lo qne nos hace falta.. Fidelidad
c*&gt;n los temas de arrabal o de cualquiera o':ra
que le pegan. Puedo solamente odiarla tan­
al propio ideal artístico, y más aún, su des­
clase en el plano del talento literario, y los
arrollo en profundidad.
to, aborrecer las manos que la tiran al sue­
saineteros y los escritores de radio en el de
lo y también a ella, a ella todavía más
EOGER PLA
la literatura barata. En lo que respecta a

Por JULIO CORTAZAR
D ib u jo s d e J. B A T L L E - P L A N A S
j J U Í VJVAU

ax-

J-

--J

J

-a-

X

gan. Ah, no me desespera tanto cuando es­
toy durmiendo o corto un vestido o son
las horas de recibo de mamá y yo sirvo
ci té a la señora de Regules o al chico
ue los Rivas. Entonces me importa menos,
es un poco cosa personal, yo conm igo; la
siento más dueña de su infortunio, lejos
y sola pero dueña. Que sufra, que se hiele;
lejana, no la quieren. Es la parte que no
quieren y cómo no me va a desgarrar por

dentro sentir que me pegan o la nieve me
entra por los zapatos cuando Luis María
baila conmigo y su mano en la cintura
me va subiendo como un calor a mediodía,
uir sabor a naranjas fuertes o tacuaras
chicoteadas, y a ella le pegan y es impo­
sible resistir y entonces tengo que decirle
a Luis María que no estoy bien, qué es
la humedad, humedad entre esa nieve que
no siento, que no siento y me está entran­
do por los zapatos.

25 de enero.
Claro, vino Nora a verme y fué la es­
cena. ‘ ‘ M ’hijita, la última vez que te
pido que me acompañes al piano. Hicimos
un papelón” . Qué sabía yo de papelones,
la acompañé como pude, mo acuerdo que
la oía con sordina. Votre ame est un paysage choisi. . . pero me veía ¡as manos
entre las teclas y parecía que tocaban
bien, que acompañaban honestamente a
Nora. Luis María también me miró las
manos, el pobrecito, yo creo que era por­
que no se animaba a mirarme la cara. De­
bo ponerme tan rara.
Pobre Norita, que la acompañe otra.
(Esto parece cada vez más un castigo,
ahora sólo me conozco allá cuando voy a
ser feliz, cuando soy feliz, cuando Nora
canta Fauré me conozco allá y no queda
más que el o d io — ).

M

N och e.
A veee3 es ternura, una súbita y nece­
saria ternura hacia la que no es reina y
anda por ahí. Me gustaría mandarle nn
telegrama, encomiendas, saber que sus
hijos están bien o que no tiene hijos
— porque yo creo que allá no tengo hi­
jos— y necesita confortación, lástima,
caramelos. Anoche me dormí confabulan­
do mensajes, puntos de reunión. Estaré
jueves stop espérame puente. ¿Qué puen­
te? Idea que vuelve como vuelve Buda­
pest, creer cn la mendiga de Budapest
donde habrá tanto puente y nieve que
rezuma. Entonces me enderecé rígida en
la cama y casi aúllo, casi corro a des­
pertar a mamá, a morderla para que se
despertara. Nada más que. por pensar —
Todavía no es fácil decirlo. Nada más
que por pensar que yo podría irme ahora
mismo a Budapest, si realmente se me an­
tojara. O a Jujuy, o a Quetzaltenango.
(Volví a buscar estos nombres páginas
atrás. No valen, igual sería decir Tres
Arroyos, Kobe, Florida al cuatrocientos.
Sólo queda Budapest porque allí es el
frío, allí me pegan y me ultrajan. Allí
(lo he soñado, no es más que un sueño
pero cómo adhiere y se insinúa hacia la
vigilia) hay alguien que se llama Rod
— o Erod, o Rodo— y él me pega y yo lo
amo, no sé si lo amo pero me dejo pegar,
eso vuelvo de día en dia, entonces es se­
guro que allá lo amo.
yo aguanto desde aquí, y creo que entonces
la ayudo un poco. Como hacer vendas para
un soldado que todavía no ha sido herido
y sentir eso de grato, que se lo está ali­
viando desde antes, previsoramente.
Que sufra. Le doy un beso a la señora
de Regules, el té al chico de los Rivas,
y me reservo para resistir por dentro. Me
digo: ‘ ‘ Ahora estoy cruzando un puente
helado, ahora la nieve me entra por los
zapatos rotos” . No es que sienta nada.
Se solamente que es así, que en algún
lado cruzo un puente en el instante mismo
(pero no sé si es cn el instante mismo)
en que el chico de los Rivas me acepta
el té y pone su mejor cara da tarado.. Y
aguanto bien porque estoy sola entre eS)s
gentes sin sentido, y no me desespera tan­
to. Nora se quedó anoche como tonta, di­
jo : ‘ ‘ ¿Pe o qué te p a sa?” Le pasaba a
aquélla, a mi tan lejos. Algo horrible de­
bió pasarle, le pegaban o se sentía en­
ferma y justamente cuando Nora iba a
cantar Fauró y yo en el piano, mirándolo
tan feliz a Luis María acodado en la cola
que le hacía como un marco, él mirándome
contento con cara de perrito, esperando
oír los arpegios, los dos tan cerca y tan
queriéndonos. Así es peor, cuando conozco
algo nuevo sobre ella y justo estoy bailan­
do con? Luis María, besándolo o solamente
cerca de Luis María. Porque a mí, a la

Más tarde.
Mentira. Soñé a Rod o lo hice con una
imagen cualquiera de sueño, ya usada y
a tiro., No hay Rod, a mí me han de cas­
tigar allá pero quién sabe si es un hom­
bre, una madre furiosa, una soledad.
Ir a buscarme. Decirle a Luis María:
‘ ‘ Casémonos y me llevas a Budapest, a un
puente donde hay nieve y alguien” . Y o
d ig o: ¿y si estoy? (Porque todo lo pienso
con la secreta ventaja de no querer creer­
lo a fondo. ¿ Y si estoy?) Bueno, si es­
t o y — Pero solamente loca, solam ente...
¡ Qué luna de miel 1

28 d e en ero.
Pensé una cosa curiosa. Hace tres días
que no me viene nada de la lejana. Tal
vez ahora no le pegan, o pudo conseguir
abrigo. Mandarle un telegrama, unas me­
dias. . . Pensé una cosa curiosa. Llega­
ba a la terrible ciudad y era de tarde,
tarde verdosa y ácuea como no son nunca
las tardes si no se las ayuda pensándolas.
Por el lado do la Dobrina Stana, en la
perspectiva Skorda, caballos erizados de
estalagmitas y polizontes rígidos, hogazas
y flecos de viento ensoberbeciendo las
ventanas. Andar por la Dobrina con paso
de turista, el mapa en el bolsillo de mi

�cabalgata
Una Paella en Nueva \ ork
con SOMERSET MAUGHAM
(Viene de la página 7)
gcnto prefiere Of Human Bondage, su no­
vela favorita es y ha sido siempre Calces
and Ale. Para él es una sorpresa placen­
tera saber que un español prefiere esa obra
suya tan típicamente inglesa.
VIII - Filosofía y Postres
La conversación sigue saltando de uno s
otro tema. Y, naturalmente, surge el que
hoy obsesioira al maestro: la inmortalidad
y el sentido de la vida.
— Me pregunto, amigo mío — dice, sor
hiendo el café español, negro como la tin­

sastre azul (con ese frío y dejarme el
abrigo en el Burglos), hasta una plaza
contra el río, casi encima del río tronante
de hielos rotos y barcazas y algún martín
pescador que allá se llamará sbunáia tjéno
o algo peor.
Después de la plaza supuse que venía
el puente. Lo pensé y no quise seguir. Era
la tarde del concierto de Elsa Piaggio de
Tarelli en el Odeón, me vestí siir ganas
sospechando que después me esperaría el
insomnio. Este pensar de noche, tan de no­
che. . . Quién sabe si no me perdería. Una
inventa nombres al viajar pensando, los
recuerda en el momento: Dobriira Stana,
sbunáia tjéno, Burglos. Pero no sé el
nombre de la plaza, es un poco como si
de veras hubiese llegado a una plaza de
Budapest y estuviera perdida por no sa­
ber su nombre; ahí donde un nombre es
nna plaza.
Ya voy, mamá. Llegaremos bien a tu
Bach y a tu Brahms. Es un camino tan
simple. Sin plaza, siir Burglos. Aquí nos­
otras, allá Elsa Piaggio. Qué triste ha
berme interrumpido, saber que estoy en
una plaza (pero esto ya no es cierto, so­
lamente lo pienso y eso es menos que nada).
Y que al final de la plaza empieza el
puente.

ta, y cuyo aroma se mezcla armoniosamen­
te con el de los cigarrillos— , cuál es el
sentido de la vida, de la evolución del in
dividuo, y la Humanidad. Y, francamente,
no le encuentro sentido alguno. íP'ara qué,
para qué — tartamudea como siempre que
se excita por algo— todo esto, la com­
pleja maquinaria de la evolución biológica,
del progreso humano? ¡N o hay sentido, no
hay finalidad aparente! Por eso me he
acercado estos años a las filosofías indias,
que, a mi juicio, se acercan más que el
Cristianismo a las filosofías humanitarias.
Pero ni aún ahí encuentro el sentido de
la vida, mi preocupación actual. Acaso me
obsesiona tanto por mi edad. ¡ Me queda

conmigo. No sabe lo que se echa encima.
O debajo, como dice Nora que posa de
emancipada intelectual.

31 de enero.
Iremos allá. Estuvo tan de acuerdo que
casi grito. Sentí miedo, me pareció que
él entra demasiado fácilmente en este jue­
go. Y no sabe nada, es como el peoncito
de dama que remata la partida sin sos­
pecharlo. Peoncito Luis María, al lado
de su reina. De la reina y —

7 de febrero.
A curarse. No escribiré el final de lo
que había pensado eir el concierto. Ano­
che la sentí sufrir otra vez. Sé que allá
me estarán pegando de nuevo. No puedo
evitar saberlo, pero basta de crónica.
Si me hubiese limitado a dejar constancia
de eso por gusto, por desahogo.. . Era
peor, un deseo de conocer al ir releyendo;
de encontrar claves en cada palabra ti­
rada al papel después de esas noches. Co­
mo cuando pensé la plaza, el río roto

tan poco va que recorrer! ; V la soledad
que he pasado en Nueva York! Esta es la
ciudad más solitaria de! mundo. En mis
primeros diez años de escritor profesional
gané ."On dólares solamente. Hoy dicen que
soy rico, y no obstante todo lo que tengo,
ahora es un cuarto en un hotel y el ali­
ciente de cuatro he-as diarias de trabajo.
¡Este no es mi ambiente! ¡F r a n c ia ...
España!... ¡Cuánto daría por volver a Es­
paña y escribir un ensayo sobre Zurbarán!
Las colillas van amontonándose en el
cenicero. lia mente de Maugham es ágil y
cambiante como nn cuadro de “ ballet” .
La voz cascada con leve tartamudeo con­
tinúa:
— Pero estábamos hablando del sentido
de la vida. No lo he penetrado aún. Re­
cuerdo un fin de semana que pasé en la
casa de los .lames, después de morir el
maestro. La viuda y el cuñado aguarda­
ban ansiosos el milagro, la comunicación
espiritista que no llegó. Eso no es, aunque
hubiera pasado algo, la explicación. {Para
qué existimos? Se me cree un cínico, cuan

—era rápida y curiosa— anduvo por
veinte lad &gt;s buscando vagamente algo,
pero siir proponérselo demasiado, dejando
que el deseo escogiera y se expresara con
bruscos arranques que la llevaban de una
vidriera a otra, cambiando aceras y es­
caparates.
^
Llegó al puente y lo cruzó hasta el
centro, andando ahora con trabajo porque
la nieve se oponía y del Danubio crece un
viento de abajo, difícil, que engancha y
driblea. Mentía cómo la pollera se le pe­
gaba a los muslos (no estaba bieir abriga­
da) y de pronto un deseo de dar vuelta,
de volverse a la ciudad conocida. En el
centro del puente desolado la harapienta
mujer de pelo negro y lacio esperaba con
algo fijo y necesario en la cara sinuosa,
en el pliegue de las manos un. poco cerra­
das pero ya tendiéndose. Alina estuvo
junto a ella repitiendo, ahora lo sabía,
gestos y distancias como después de un
ensayo general. Sin temor, liberándose al
fin —lo creía con un salto terrible de
júbilo y frío— estuvo junto a ella y

IX - L ’Envoi
Mo despedí de Somerset Maugham a las
tres y media de la tarde en el Hotel Plaza.
Eu el taxi, de vuelta, le agradecí que por
mí hubiera renunciado a esa siesta que ha
dormido desde hace cincuenta años en bar
eos, trenes y aviones con regularidad bri
tánica.
— Le escribiré desde la Costa Azul — me
promete.
Estrecho la mano que tair brillantes pá­
ginas escribió en una obra que abarca
cincuenta años de labor, veintidós novelas,
veinticuatro obras teatrales, noventa cuen­
tos, seis tomos de ensayos y viajes, una
autobiografía filosófica.
Dos días después, el mismo día de su
salida para Francia, recibí una cajita de
Cartier ’s con unos preciosos gemelos de oro
y zafiros. Con la cajita, una tarjeta en
inglés, de puño y letra del maestro: “ Al
Doctor Martí Ibáñez, con la gratitud y
simpatía del autor de Catalina y en re­
cuerdo de una memorable comida españo!a ” , y la firma y rúbrica ya inmortales:
W. Somerset Maugham.

Somerset Maugham, en su mesa de trabajo.

m an

Habla para CAB AL GA T A

RAFAEL MAIJLEON
CASTILLO
Director de los cuadernos de América
“ Brigadas Líricas*\ Director de la
Biblioteca Pública y Museo de Bellas
Artes de San B a fa elt M endoza.
L poder, como escritor de tierra adentro,
decir unas palabras, y esta vez por nn
conducto tan digno como CABALGATA,
es cosa que no podía desaprovechar. Apresado
en estas lejanías andinas, poco se nos oye,
poco se nos recuerda, y para que decir, que
casi nada se nos publica. Sin embargo, mu­
chos saben — en lo que a mí respecta— con­
que pasión, entusiasmo y emoción, trato de
que se conozcan todos aquellos valores jó ­
venes, a los que a veces se los regatea unas
líneas para su obra, casi siempre desapercibida
para el escritor y el crítico, que se ha hecho
una posición y un nombre, olvidándose que él
también comenzó como éstos.
Este año pasado de 1947, desde las mo­
destas columnas de “ El Comercio” , he co­
mentado más de cien libros de escritores ame­
ricanos — preferentemente argentinos— . En
mi correspondencia con ca¿i un centenar de
escritores de América, trato de que se vincu­
len, se conozcan y se canjeen sus libros y
formemos este círculo magnífico que a la
postre está resultando, “ Brigadas Líricas” .
Felizmente, esta obra deja grandes satis­
facciones, y una de las más honrosas es la
que acaba de ofrecerme la SADE, al hacerme
llegar palabras do solidaridad y afecto de su
presidente, don Leónidas Barletta.
No obstante carecer de medios, en virtud
do tener un grupo de adictos que financian
los cuadernos, podremos intensificar la apa­
rición de ellos, y así es que en 19-18, ofre­
ceré a los amigos de “ Brigadas Líricas” , Pre
sencia do la rosa (poemas) del poeta Franklin Miesfes Burgos, de Santo Domingo, y
un cuaderno de la poetisa panameña María
Esther Oses de Aranda.

E

Noche.
Empieza, sigue. Entre el final del con­
cierto y el primer bis hallé su nombre y
el camino. La plaza Viadas, el puente de
los Mercados. Por la plaza Viudas seguí
hasta el nacimiento del puente, un poco
andando y queriendo a veces quedarme en
casas o vitrinas, en chicos abrigadísimos
y fuentes con altos héroes de emblanque­
cidas pelerinas, Tadeo Alanko y Vladislas
Nérov, bebedores de tokay y cimbalistasS
Yo veía saludar a Elsa Piaggio entre un
Chopin y otro Chopin, pobrecita, y de mi
platea se salía abiertamente a la plaza,
con la entrada del puente entre vastísi­
mas columnas. Pero esto yo lo pensaba,
• ojo, lo mismo que anagramar es la reina
V' ■■ en vez de Alina Reyes, o imaginarme ¡
a mamá en casa do los Suárez y no a mi
lado. Es bueno no caer en la zoncera: eso
era cosa mía, nada más que dárseme la
gana, la real gana. Real porque Alina,
vamos— No lo otro, no el sentirla tener
frío o que la maltratan. Esto se me anto­
ja y lo sigo por gusto, por saber adonde
va, para entrenarme si Luis María me lle­
va a Budapest, si nos casamos y le pido
que me lleve a Budapest. Más fácil salir
a buscar ese puente, salir en busca mía
y encontrarme como ahora, porque ya he
andado la mitad del puente entre gritos y
aplausos, entre “ ¡Albéniz! ” y más aplau8os y “ ¡La polonesa!” , como si esto
tuviera sentido entre la niéve arriscada
que me empuja con el viento por la es­
palda, manos de toalla de esponja lle­
vándome por la cintura hacia el medio del
puente.
(Es más cómodo hablar en presente.
Esto era a las ocho, cuando Elsa Piaggio
tocaba el tercer bis, creo que Julián Aguiwo o ('arlos Guastavino, algo con pasto y
Pajaritos). Pero me lie vuelto canalla con
d tiempo, ya no le tengo respeto. Me
acuerdo que un día pensé: ‘ 1Allá me pe­
gan, allá la nieve me entra por los za­
patos y esto lo sé en el momento, cuando
tte está ocurriendo allá yo lo sé al mismo
tiempo. 4Pero por qué al mismo tiempo?
A lo mejor me llega tarde, a lo mejor
Bo ha ocurrido todavía. A lo mejor le
y los ruidos, y después.. . Pero no lo
Pegaran dentro de catorce años, o va es
ana cruz y una cifra en el cementerio de
escribo, no lo escribiré ya nunca.
*|*nta 1 rsula ’ ’ . Y me parecía bonito, poIr allá y convencerme de que la solte­
*|ble, tan idiota. Porque detrás de eso una
ría me dañaba, nada más que eso, tener
sempro cae en el tiempo parejo. Si real­
veintisiete años y sin hombre. Ahora es
mente ella estuviera ahora entrando en el
tara mi cachorro, mi bobo, basta de pen­
Puente, sé que lo sentiría ya mismo y
sar y a ser. a ser al fin y para bien.
desde aquí. Me acuerdo que me paré a
Y’ sin embargo, ya que cerraré este dia­
mirar el río que estaba como mayonesa
rio, porque una o se casa o escribe un dia­
rio, las dos cosas iro marchan juntas — Y;
batiendo contra los pilares, enfuahora no me gusta salirme de él sin decir
recidisimo y sonando y chicoteando. (Esto
esto con alegría de esperanv.n, con espe­
Jo lo pensaba). Valía asomarse al pararanza de alegría. Abamos allá pero no
P®to del puente y sentir en las orejas la
ha de ser como lo pensé la noche del con­
rotura del hielo allí aliajo. Valía quedarse
cierto. (L o escribo, y basta de diario
~ poco por la vista, un poco por el mie­
para bien m ío). En el puente la hallaré y
do que me venía de adentro — o era el
nos miraremos. La noche del concierto yo
desabrigo, la nevisca deshecha y mi tapa­
sentía en las orejas la rotura del hielo
do en el hotel— . Y' después que yo soy
ahí abajo. Y será la victoria de la reina
modesta, sov un» chica sin humos, pero
sobro esa adherencia maligna, esa usurpa­
Tongan a decirme de otra que le haya
ción indebida y sorda. Se doblegará si
Pasado lo mismo, que viaje a Hungría
realmente soy yo, se sumará a mi zona
*®. pleno Odeón. Eso le da frío a cualiluminada, más bella y cierta; con sólo
fluiera, ché, aquí o en Francia.
ir a su lado y apoyarle una mano en el
Pero mamá me tironeaba la manga, ya
hombro.
***i no había gente en la platea. Escribo
hasta ahí, sin ganas de seguir aeordánAlina Reyes de Aráoz y su esposo lle­
ome lo quo pensé. Me va a hacer mal si
garon a Budapest el 6 de abril y se alo­
acordándome. Pero es cierto, cierto;
jaron en el Ritz. Esto era dos meses antes
Ponsé una cosa curiosa.
de su divorcio. En la tarde del segundo
30 de enero.
día Alina salió a conocer la ciudad y el
deshielo. Como le gustaba caminar sola
Pobre Lu
María, qué idiota casarse

do sólo soy un realista. Si escribiera de
estas cosas se me criticaría. Y me obse­
siona- saber. La vida es fría si se llega a
mi edad sin tener respondida esta pregun­
ta. No se comprende que un inglés “ fr ío ”
esté preocupado por esto. Mas yo lo estoy.
He cumplido mi ciclo literario. Y al final
de él quedo yo con la gran pregunta:
{para qué? Y nadie me la contesta. .

R E V I S T A
a

seducción

avasallante

DE
que

sobre

hombres de letras ejerce la
Lpoesíanuestros
lírica, hoy atendida por innumera­

alargó también las manos, negándose a
pensar, y la mujer del puente se apretó
contra su pecho y las dos se abrazaron
rígidas y calladas en el puente, con el
río t ' izado golpeando en los pilares.
A Alina le dolió el cierre de la cartera
que la fuerza del abrazo le clavaba entre
los senos con una laceración dulce, sostenible. Ceñía :: la mujer delgadísima,
sintiéndola entera y absoluta dentro do
su abrazo, con un crecer de felicidad igual
a un himno, a un soltarse de palomas, al
río cantando. Cerró los ojos en la fusión
total, rehuyendo las sensaciones de fue~a,
I:. lar, crepuscular; repentinamente tan
cun ada, pero segura de su victoria, sin
celebrarlo por tan suyo y por fin.
Le pajeció que dulcemente una de las
dos lloraba. Debía ser ella porque sintió
mojadas las mejillas, y el pómulo mismo
doliéndole como si tuviera allí un golpe.
También el cuello, V de pronto los hombros,
agobiados por fatigas incontables. Al
abrir los ojos (tal vez gritaba ya) rió
qne se habían separado. Ahora sí gritó.
I)o frío, porque la nieve ¡e estaba entran­
do por los zapatos rotos, porque yéndose
camino de la plaza iba Alina Reyes lindí­
sima en su sastre gris, el pelo un poeo
suelto contra el viento, sin dar vuelta la
cara y vendóse.
Fi x

bles adeptos engendra cuantiosos y temi­
bles regalos” . Con estas palabras, con­
formadas exhaustivamente a la realidad
de las letras argentinas, comienza ‘ ‘ L i­
rismo y facilidad” , ensayo que en “ Clinamen” , N1? 3, de Montevideo, firma
Carlos Mastronardi, líiieo que permanece
en la actualidad poética unido a Lugones
y Enrique Banchs, a despecho de las cons­
tantes ediciones de los Fernández More­
no, Luis Cañé y tantos otros que tiene
presentes, ahora, nuestro afán periodístico
más que literario.
Analiza Mastronardi, con singular y
definitiva síntesis, los elementos que de­
terminan la proliferación de estos poetas,
el proceso anímico que los mueve y el
pensamiento rector en que persisten: “ Un
estremecimiento vale más que una idea;
el más trivial de los sonetos, si confiesa
una perturbación del ánimo, reduce y des­
morona a Samuel Johnson, a Sainte-Beuve,
a Groussac, y otros gélidos prosistas” .
Es la estética de la “ sobreestimación
de las potencias sentimentales” , de la ca­
rencia “ de problemática y fervores enno­
blecidos por la espera” , mientras que
‘ ‘ todo se resuelve en acción, en intensi­
dad aplicada, en rendimientos” .
Más que páginas escritas contra los que
incurran en tanta mediocridad, son éstas
verdadera clave para una actitud hacia la
poesía. Clave que evitaría la ‘ ‘ abundan­
cia de libros que no son malos, sino previ
sibles. Las más veces alcanzan cierto ni­
vel, pero sus milagros son accesibles y co­
tidianos. Ni gravitan sobre la evolución
ue la cultura, ni trasuntan la intención de
i ebasar las formas hechas ’
Observaciones tan decisivas sobre la fa
cilidad y la falta de responsabilidad se
complementan, necesariamente, con aque­

Mientras tanto, voy realizando mi obra v
escribo versos, cuentos, novelas.
Otra manera de no asfixiarse en la vida
cafeteril, es ésta de organizar conferencias,
exposiciones, recitales, conciertos de los que
no siempre queda satisfecho el respetable.
Por ejemplo, hace unos días logré la visita
do Pablo de Rocka, quien ofreció una mag­
nífica conferencia. Sin embargo, ahora resulta
quo muchos de los oyentes, podrían haber
dicho lo mismo que este extraordinario poeta
chileno. ¡Haberlo dicho antes!
Pero, como la monotonía es una zarzamora
muy espesa para mí, me ocupo ahora de te­
ner listo para el mes de febrero próximo el
nuevo edificio de la Biblioteca Pública y el
Museo de Bellas Artes de San Rafael, y creo
que esto puede ser más importante, intere­
sante y valedero que lo que yo escribo y los
libros que preparo. Reincidiré con Raíz y ala
(poemas) al decir de mis familiares y ami­
gos — algo oscuros— . Una luna para los dos
(novela). Claro que trato de que aparezcan
en 1948 y espero que se difundan más que
mis libros anteriores.
Y para aprovechar el pequeño espacio de
papel que me queda, diré lo que hace mucho
vengo pregonando: Si cada escritor que llega*
so ocupara de los otros escritores como se
ocupa de sí mismo, habríamos ido muy lejos
dentro de un área idiomática que es la se­
gunda o tercera del mundo y que debe contar
con millones de lectores.

R E V I S T A S
llos conceptos sobre la labor del creador
que vertiera- Y’ aléry a propósito de Mallarmé, y que volvemos a encontrar en el
fervor necesario de Mastronardi, cuando
manifiesta que dicha labor o artesanía
“ se la consubstancia con la busca de pre­
ciosas rimas y demás encantos exteriores.
Hay una artesanía profunda que define
las proyecciones más íntimas del poeta y
que replantea todo el problema de la ex­
presión. Sólo ella supera el modo de las
aproximaciones, elimina lo superfluo, so­
mete los medios a los fin es” .
Re haee necesario, dada la cantidad de
poetas que nada dicen, dejar especial cons­
tancia del corolario que el ensayo de Mas­
tronardi ostenta: “ ¿Cómo admirar la
aventura sin riesgo, el prodigio hecho cos­
tumbre, ia hazaña in dolora?” .

La cuestión del idioma americano, o d©
los idiomas americanos, ha sido más de
una vez motivo de polémica entre los es­
critores de este continente. Y, si bien, aún
no se ha ubicado con precisión las proyec­
ciones que tienen, como tampoco el mo­
mento en que se independizan del idioma
madre, ya no es posible negar su exis­
tencia.
Encarando este tema con imaginación
y pasión, Germán Arciniegas nos presenta
una vivida semblanza del ‘ ‘ Destino do las
palabras’ ’, título del discurso que pro­
nunciara como recipiendario en la Aca­
demia Colombiana de la Lengua, y que
reproduce “ Revista de Am érica” , publi­
cación de’ “ El Tiem po” do Bogotá, en el
número correspondiente a septiembre de
1947.
Destaca el escritor colombiano la magia
fundamental de las palabras desde que
tienen nacimiento — “ Nació como un ha( Continúa en la página lg )

�cabalgata

12
A

n

d

r

é

G

i d

e

PREMIO NOIIEL DE LITERATURA 1047

GRAN ÉXITO DE LIBRERIA

ü

'

LA SIN FO N IA P A S T O R A L es tul vez,
dentro de la maravillosa producción de
A n dré Gide, el m ejor ejem p lo de su ex ­
cepcional facultad d e d ecir, sugerir y ha­
cer sentir más cosas con las menos palabras
posibles. Es un poem a engrandecido por
la em oción, la poesía y e l humanismo.

LA

el autor algunas palabras del mismo Novás
Calvo al respecto, en carta que lo enviara:
‘ ‘ Me falta una misión; la misión que da
el estar identificado con algún sector hu
mano en marcha, con un propósito y contra
algún estorb o... Esto no es, ni mucho
menos, todo lo que importa, pero es im­
portante ’ ’ .
Es en este momento’ con toda seguri­
dad, que adquiere relieve la importancia
de Lino Novás Calvo en la literatura ame­
ricana. Superando la crisis de la misma
a través de la unidad de los elementos
utilizables do las dos corrientes, señala
el camino a seguir a partir de esta etapa.
Claro que, el camino es arduo. Más aúir
si, como el mismo cuentista confiesa, nos
falta nna tradición. Pero ya Henríquez
TTreña al explicar este problema, cita
Portuondo, decía: ‘ ‘ Los inquietos de aho­
ra se quejan ce que los antepasados hayan
vivido atentos a Enro ja, nutriéndose de
imitación, sin ojos para el mundo que
los rodeaba: olvidan que en- cada gene­
ración se renuevan, desde hace cien años,
el descontento y la promesa ’ Y agregaba
a continuación que frente a este problema
“ el ansia de perfección es la única norma.
Contentándonos coir usar el ajeno hallaz­
go, del extranjero o del compatriota, nunca
comunicaremos la revelación íntima: con­
tentándonos con la tibia y confusa enun-

EN TORNO A UNA
J O V E N
G ENERA CION
P o r M IG U E L G R A C O

LA P U E R T A E ST R E C H A es la historia
d e una m u jer q u e destruye su felicid ad y
su vida y la dicha d el h om bre que ama
con su inm oderada virtu d ; d e un alma
apasionada de “ gloria celestiaV' q u e al­
canza e l gozo m ístico p or e l renunciam ien­
to suprem o.

TROZOS

ESCOGIDOS
$ 7.—

La lúcida inteligencia d e A n d ré G ide en­
cuentra en este volum en antológico, que
. incluye fragm entos de ensayos y largos
trozos de algunas de sus novelas más fa­
mosas, la exp resión más com pleta de su
m onum ental obra.
En todas Jas librerías o contrarreembolso a la

EDITORIAL POSEIDON
R E V I S T A

DE

( Viene de la página 11)
llazgo cuando se quiso nombrar una cosa
nueva que en el mundo estaba como si
dijéramos sin bautismo.” — , hasta su mul­
tiplicación en distintas lenguas, en dife­
rentes emociones, hasta en diversos sig­
nificados.
“ Acercarse a una palabra — manifiesta
Arciniegas— para saber por qué ha sobre­
vivido y aún conservado su frescura, como
si fuera invento de ayer y no de siglos
ha, es aventura emocionante” ; y ofrece la
pauta de esa aventura cuando agrega:
“ Así el escritor o el hablador se encuen­
tra en medio de este mundo de palabras
que cambian de sonido — quizás por eso
Be las llama voces— de rostro — y se les
dice “ expresiones” — , que se apagan1 por
siglos, que renacen, qne se cubren y des­
cubren. Se apasionan los curiosos siguien­
do sus rastros, averiguando sus historias
y leyendas, mirando cómo juegan en las
frases, en las canciones, en el recuerdo
de los viejos, en el atrevimiento de los
jóvenes. Cómo pasan del aire al libro y
del libro al aire. Cómo las llevan los sol­
dados a manera de pólvora o metralla en
sus morrales. Cómo en la picaresca le
doblan el sentido. Cómo en la mística se
lo arrebatan y elevan” .
Y , lógicamente, de esta comprensión del
nacimiento constante de las palabras, un
americano no puede memos que dejar cons­
tancia — cosa que hace Arciniegas— de
las aventuras que conformaron el caste­
llano conocido por nuestros colonizadores,
su heterogeneidad complementatoria, para
dar fe de un nuevo nacimiento: “ Creo
que, en lo general, eir América la fonética
tiende a restarle cierta teatralidad que
imprimió el español a su idioma en tiem­
pos relativamente modernos” ; y termina
diciendo: “ la deuda antigua con el grie­
go, el latín, el púnico, el hebreo, o el árabe,
que deuda se dice, pero que es conquista
ahora se multiplica con lo azteca y lo
maya y lo chibeha y lo quechua y lo
ajanará y lo guaraní, para ostentar una
variedad de matices que ningún: otro idio­
ma de Europa puede ofrecer ’ ’.
Pero en la actualidad el destino de las
palabras, en uno de sus tantos órdenes, es
el de las idejs. La unidad entre unas y
otras es tan indiscutible que cuando Ger­
mán Arciniegas afirma que: “ El tema
de nuestro tiempo es la libertad ’ ’ , debo
necesariamente terminar su exposición,
mientras se dirige a sus colegas de la
Academia Colombiana de la Lengua, con
estas palabras, fervientemente destinadas:
&lt;4Lo menos que se os puede pedir es emo­
ción, pasión, amor sin límites, para que
esas palabras nunca pierdan la fortaleza
do sus alas, porque jamás en nuestra
tierra, carezcan do aire libre para el vue­
l o ” . Palabras rebeldes en una Academia.

Bueno**

A ir e s

R E V I S T A S
En el número correspondiente a Sep­
tiembre-Octubre de “ Cuadernas America­
nos” , publicación mexicana cuyo secreta­
riado ejerce Juan Larrea, aparece un in­
teresante ensayo del crítico cuban» José
Antonio Portuondo sobre su compatriota,
el cuentista Lino Novás Calvo y las rela­
ciones de éste con el cuento hispanoame­
ricano.
Según Portuondo, el cueirto en América
Latina ha seguido dos corrientes a partir
do Horacio Quiroga, quien ha dado fun­
damento a ambas. La eriollista o impresio­
nista, y la psicológica o expresionista.
Señala Portuondo en dicho ensayo las in­
fluencias europeas y norteamericanas que
intervinieron en la conformación de estas
dos escuelas, su desarrollo y los hombres
que las representan. En este pasaje rápido,
ubica también el autor las exageraciones
y extremismos en que ambas corrientes
incurrieron, y que motivó la crisis poste­
rior, actual, del cuento hispanoamericano.
Según el ensayista, la corriente criollista so transformó muchas veces en panfletaria o cn descripción pura, mientras que
la psicológica “ en el soliloquio más o me­
nos filosófico — como sucede con frecuen­
cia en narraciones de Eduardo Mallea y
de Jorge Luis Borges— ” , o en el poema
lírico en prosa. De esta crisis surgió el
cuento policial, como una forma de solu­
ción, que más bien parece de evasión.
Pero Lino Novás Calvo buceó más hondo,
ya que fué “ su empeño aprovechar los
aportes válidos do las dos corrientes antes
mencionadas, tomando en la eriollista el
realismo que se apoya en la propia cir­
cunstancia — paisaje, hombres, lengua po­
pular— , y de la expresionista el propósito
de desnudar, en el personaje local, la más
honda esencia humana, universal. De este
modo, sus cuentos son característicamente
cubanos por su fidelidad a la propia cir­
cunstancia, y universales por su feliz ahon­
damiento en la común entraña humana ’ .
Misión ésta que, en la Argentina, cumple
Roberto Arlt.
Pero aunque Lino Novás Calvo elaboró
magníficos cuentos uniendo a la realidad
americana angustiados personajes, desecperados y solos, quo hasta ese momento
parecían girar en un círculo vicioso y gra­
tuito, Portuondo agrega que “ es imposiblo persistir en esta visión del mundo — el
individuo aislado, acechado por la angus­
tia y por la muerte— sin caer en la mo­
notonía del acento moirocorde, en la re­
petición, hasta 'el cansancio, de una misma
nota ejecutada por diversos instrumentos.
Y es que, además, dicha visión del mundo
no es sino la carencia y el anhelo de una
concepción del mismo quo sea, a la vez,
razón y acicate, clavo de su sentido y
estímulo para la acción ’ ’. Cita entonces

S ya nn lugar común en el ambiente
literario argentino señalar que éste se
encuentra abocado a una profunda
crisis de valores y de generaciones, para
agregar de inmediato que a partir del mo­
vimiento llamado “ Martín Fierro” , y de
la existencia de sus contemporáneos no
enrolados en el mismo, nada digno de
mención ha sucedido en la Argentina.
Otro lugar común es afirmar la in­
existencia de grupo alguno de jóvenes
valores literarios, y la adjudicación a les
mismos de la culpabilidad de este hecho.
Decimos esto a raíz de las palabras re­
ferentes al mismo tema que pronunciara
Vicente Barbieri en el homenaje que se
le tributó por la distinción adjudicada a
su libro “Anillo de Sal” . Palabras que
constituyen una verdadera manifestación
de fe en los jóvenes. Fe ubicada en su
justo lugar.
Decía Barbieri:
. .Y dura época es
esta para el poeta, tal y como lo es para
todos los hombres del mundo. Por eso
vemos (algunos con sorpresa, otros con
temerosa desconfianza, y los demás, que
no son pocos, con esperanzado anhelo),
vemos — decía— como se levantan voces im­
pacientes para decir cosas hasta hace po­
co incomprensibles. Parece haber en el
mundo una urgencia, una ardiente urgen­
cia que viene quizá de la raíz de la san­
gre. Y así, vemos una juventud que ha
comenzado a cantar, y que canta serios
sortilegios, tan tempranamente como cua­
dra a la época que vivimos. Es muy posi­
ble que muchos no comprendan esa urgen­
cia, tal vez no adviertan signos terribles
en ese ardor, en esa sabiduría apresura­
da de los jóvenes, y es porque esos sig­
nos y esa urgencia no son precisamente
amables como una fiesta de declamación,
sino dramáticos, como si estas generacio­
nes trajeran en la frente el signo trá­
gico de realizaciones futuras que no se
alcanzan a presentir aún” .
Es en esta forma que también creemos
en la juventud. No por nacimiento es­
pontáneo aparecen los valores, como quie­
ren creer los que se desentienden por
completo de todo lo que es joven. Y, si
bien en la crisis actual intervienen fac­
tores tanto de orden nacional como uni­
versal, no es menos cierto que ya en la
misma “ Martín Fierro” , elevada siempre
como fantasma ejemplificador, se fueron
creando elementos que contribuirían a es­
ta crisis. Porque, si no es posible ni ne­
cesario negar el valor de la actitud asu­
mida por los artistas de esa época, ni el
valor individual de gran parte de los mis­
mos, no fueron ellos, en ningún momento,
promotores de bases fundamentales dentro
de la cultura nacional. No establecieron,
en los comienzos de sn actuación ni en
la actividad posterior que desarrollaron,
orientaciones definitivas, ni crearon con­
diciones para, eu la medida de lo posi­
ble, evitar la repetición de una situación
que ellos quisieron superar. No crearon
dichos artistas, que ocupan ahora todo el
panorama intelectual del país, los funda­
mentos de una crítica literaria nacional,
ni órganos de expresión que cumplieran
una misión rectora y no la misión de
satisfacer anímicamente a grupos escogidos
con fervor claustral.
Actualmente los jóvenes escritores no
pueden partir desdo ninguno de los he­
chos que la “ Martín Fierro” o sus con­
temporáneos creyeron establecer en for­
ma definitiva. Más bien, la relación entre
los que llegan y sus predecesores no ha
variado en absoluto, existiendo únicamen­
te el peligro de ver establecerse la lucha
por conquistar posiciones, y no la coraplementación dentro de muchos problemas
que son comunes. Es el discutido camino
do la salvación personal, de la búsqueda
del tema original que aparentemente tien­
da a eso, en un país que aún no cuenta
con una tradición cultural que lo permita
en la forma que se practica.
Es así que los jóvenes escritores se
encuentran, como so encontraron a su vez
los que ahora los desconocen, con la au­
sencia de quienes en cambio de exigir
soluciones, permitan el desarrollo de las
preguntas urgentes que formula toda ge­
neración que adviene, y que suponen im­
prescindible el choque de las generacio­
nes. Esto no sería otra cosa que girar
en un círculo vicioso. Son los mismos,
por último, quo en su relación con los
jóvenes crean el vacío y el resentimiento,
y añoran los tiempos de “ Martín Fierro”
como lo único valioso en la vida nacio­
nal, recordando de la misma* su liturgia
más que la labor creadora estipulada en
sus manifiestos.
Volvemos a repetir entonces, como sín­
tesis de estas observaciones cn torno a
las trascendentes palabras de Vicente Bar­
bieri, observaciones quo no abarcan ni
agotan el problema, que no es una obra
cumplida lo que debe exigirse a una jo­
ven generación, ni una banal y ridicula
pleitesía, sino una calidad renovadora en
las preguntas que formula.
Y no dudamos que el apoyo crítico y
polémico quo los jóvenes reclaman con su
sola presencia, seria uno de los pasos más
eficaces y saludables a esto respecto.

dación &lt;lc nuestras intuiciones, las des­
virtuaremos ante el oyente y le parecerán
cosa vulgar. Pero cuando se lia alcanzado
la expresión firme de una intuición artís­
tica, va en ella, no sólo el sentido uni­
versal, sino la esencia del espíritu que la

poseyó y el sabox de la tierra de que Be
lia nutrido” .
“ Qne es cabalmente lo que ocurre con
Novás Calvo ’
termina afirmando José
Antonio Portuondo en su estudio.
M. G.

E l TIEM PO Y SUS LIBROS
de la espera , por Alberto Girri. Ediciones “ Botella al Mar’ ’, Buenos
Aires. 32 pgs. a la rústica. Portada de Luis Seoane,

CORONACION

A esta altura de su obra — aludo a Playa Sola y Crónica del Héroe— , Alberto
Girri ha de medir sin engaño lo duro de su camino, la escasa aptitud para el eco
que caracteriza su voz. Pienso — creo que con él— que tanta áspera soledad es el
precio de un rigor casi sin parangón en nuestra poesía, el comprensible hiato entre
una corriente de literatura que tiene por lo común los atributos de lo vegetal (verdor,
fragancia, susurro) y esta obra creciendo al borde del huerto con rasgos minerales—
fijos, ceñidos, despiadados.
Tal diferencia, que tiene como imagen el valor y la limitación de lo analógico, se
ahinca y perfecciona en estos poemas que prosiguen la excavación del túnel iniciada
en Playa Sola, e ingresan sin rodeos retóricos en la central donde se opera la toma
poética de realidad. Muchos son los túneles para un solo contacto esencial, y Girri
está horadando el suyo por el lado más rebelde de la montaña; cabe preguntarse
ante
la belleza sobrecogedora de muchos poemas de Coronación de la Espera— si la em­
presa total de la poesía no está condicionada por la forma de descenso; si, en esta
realidad de suspensas certidumbres, el camino de piedra es el que lleva más abajo
o más arriba, como en las montañas místicas de las iluminaciones medievales.
Una lectura insistente vencerá el pudor que hace a Alberto Girri avaro de efu­
siones y siempro pronto al perfil o la mano cerrada. Quisiera tener espacio para aludir
desde la suya a una poesía gnómica, una poesía que se propone siempre como ansiedad de
fijación óntica — términos ambos que reclamo libres de literatura— , y que surge tan
cerca ya de la meta propuesta que Girri no puede sino formularla con un verbo
esencial, etimológico casi, que sólo nuestro vicio metafórico ha de considerar oscuro.
Probaría allí que la aseveración continua de los poemas de Playa Sola y Corona­
ción de la Espera, la presencia inusitada del juicio en un momento en que se pre­
fiere la enumeración sin otro compromiso que el estético, encubre y manifiesta el
acceso a un conocimiento apenas entrevisto y cuyas etapas de autorrevelaeión cons­
tituyen la labor presente del poeta; encubriéndolo, en cuanto el juicio como tal no
tiene validez poética alguna, lo que desconcertará a quienes todavía buscan “ verdades”
en los versos; y manifestándolo como presencia analógica de un rico, incesante fluir de
intuiciones que el atento abandonarse a los poemas irá cediendo lentamente, como
si viéramos a Girri abrir poco a poco el puño, girar al fin la cabeza para dejarse
mirar.
En Sazones de Pereza, un poema revelador en muchos sentidos, Girri aseguró que
el orden, orden de lo que sea
¡a y !, me está vedada.
Tal vez por eso, Coronación de la Espera renuncia a toda ordenación, salta temática
y verbalmente con bruscas embestidas y repliegues, presumiendo una cárcel en la mera
sombra del árbol en el suelo. Pero tras de la resistencia al orden que persiste en el
poeta, la poesía de Alberto Girri parece estar urdiendo despaciosa la ordenación de
un mundo lleno de sobresaltadas hermosuras, acercando su presencia a un sistema de
la realidad donde se continúe siendo libre y creciendo en ser.
No te rindas a las sombras,
Que sean otros los que mueran y perezcan,
es casi órficamente el resumen de un mensaje que habrá de ser oído porque el tiempo
requiere a este poeta a veces cruel y siempre duro, a este poeta necesario.
Julio Cortázar.
KIERKEGAARD Y LA FILOSOFIA EXISTENCIAL,

por León Chestov. Traducción de José
Ferrater Mora. Editorial Sudamericana,
Buenos Aires. 332 págs. a la rústica.
$ 7.50 m/arg.
Para quien avance en este libro aferrándose
obstinado al esquema que el promedio de la
cultura occidental propone y cimenta como
explicación de la realidad y del puesto que
el hombro ocupa en ella, la lectura del es­
tudio de Chestov tendrá esa consistencia in­
decible de las pesadillas en las qne toda
relación, toda jerarquía, todo canon acepta­
do en la vigilia, se deshacen o alteran mons­
truosamente (y sin embargo nada es mons­
truoso en una pesadilla, la calificación la
ponemos al despertar). De modo que será
inútil defender una actitud de vigilia —pro­
longo la comparación— si se quiere asumir,
aún cuando sólo desde lejos y precariamente,
el salto teológico de Soren Kierkegaard. Apli­
cado a mostramos los avances, las irrupcio­
nes y los aterrados retrocesos de esa intui­
ción rebelde a toda categoría, a toda razón
especulativa, León Chestov proporciona a
nuestra urgencia de aprehensión existencial
un itinerario paciente y reiterado por el ca­
mino solitario del danés quo “ clamaba y cla­
mará en el desierto” .' Sólo la vanidad o la
cobardía pueden negar que la voz de Kier­
kegaard está sola porque casi nadie es capaz
de creer en ella y con ella. Nos ata la adhe­
sión milenaria a lo mediterráneo, a los pres­
tigios de una filosofía, un conocimiento orde­
nado por esas virtudes que alcanzan su filó­
sofo en Aristóteles y su poeta en Valéry.
Nadie oye sin horror a Kierkegaard procla­
mando el pecado del conocimiento, la mentira
de la razón; nadie aceptará sin desmayo que
la nada nos agobie precisamente porque he­
mos elegido el árbol de la ciencia, y porque
la libertad ha muerto con el amanecer de la
razón.
A nuestra necesidad do lucidez, Kierke­
gaard responde con el grito irracional de la
fe. con la demanda de la suspensión de todo
orden. El creo porque es absurdo se levanta en­
tre clamores (con Job, que exige la repe­
tición y la restitución de lo perdido; con
Abraham que alza el cuchillo sobre Isaac,
porque la ética — otra máscara de la nada—
está abolida en él y por él). Y a las es­
tructuras que la razón defiende y la filosofía
jerarquiza, se contesta con las deducciones
de la pasión, “ las únicas seguras, las únicas
convincentes” .
Que esta imperfecta y vana caracteriza­
ción del pensamiento ( ? ) de Kierkegaard no
lleve a suponerlo conectado con la mística;
Chestov, siempre alerta para recortar a sn
“ caballero de la fe” de todo malentendido,
ilustra su encono contra el místico, que so
refugia siempre en un conocimiento, por inefa­
ble quo sea, y está por ello tan en error como
el filósofo, desde que todo conocer es caer. . .
Huelga aquí el elogio de la tenaz, ahincada
labor de León Chestov frente a esa nube
cambiante, esa sombra que se agita en todas
direcciones, ese razonar incesante contra la
razón. El problema para el lector de Kier­
kegaard es y será siempre abrirse paso en
su ramaje dialéctico para intuir la intuición
que esconde. Bien se mide allí la agonía de
ese hombre tratando de precisar iluminacio­
nes que su propio espanto rechazaba. Ches­
tov libra a su lado la batalla, y nos entrega
de la realidad kierkegaardiana una visión
donde
lo anecdótico ha sido aplazado y lo
esencial puesto en primer plano; el que ten­
ga su valor, que allí se adentre. — J. C.
ucranios , por Nicolás Gogol.
Traducción de León Mirlas. EspasaCalpe Argentina, S. A., Buenos Aires.
176 págs. a la rústica. $ 2.25 m/arg.

Cuentos

En su biografía de Alejandro Pushkin,
Henrí Troyat describe la fascinada atención
y el silencioso fervor con que el joven Nicolás
Gogol — feo, magro, tímido— se acercaba al
poeta de Borls Godunov para beber sus en­
señanzas en una silenciosa actitud discipular.
Pero la bala de Jorge d’Anthés aguardaba

ya a Pushkin, y habría de ser Gogol quien
alzara de entre la nieve y la sangré del duelo
trágico su imperiosa consigna de seguir ade­
lante. Pushkin le legaba una magnífica y ar­
dua herencia: su creación de la lengua lite­
raria nacional. Dado a lo narrativo. Gogol
habría de perfeccionar una técnica que, ex­
presándolo con infinita sutileza, lles’ó a con­
vertirlo en el padre de la novela rusa moderna.
Estos cuentos ucranios, de los cuales el
más célebre es La. feria de Sorochin. re
presentan la alianza no siempre cumplida
del realismo clásico y el romanticismo hiper­
bólico que el genio eslavo había producido
en Pushkin. Gogol parece ir a las leyendas
oue motivan los cuentos con un marcado de­
leite romántico al modo alemán, pero su tra­
tamiento no cede a los prestigios de magia y
ensueño de los temas, busca reducirlos a un
relato donde el equilibrio entre la luz y las
brumas deje al lector la impresión profunda
del claroscuro. Así La noche de mayo, o la
ahogada, muestra la alternación del uintoresouismo bullicioso y socarrón de la fiesta
popular rusa, con el misterio de lo sobre­
natural que corre por las baladas d*1 Lenau,
Ubland. y los relatos de Charles Nodier.
Terrible venganza es quizá el cuento más
desigual e inalcanzable de esta serie, ñero la
grandeza del talento de Gogol. su adhesión
a los balbuceos del alma pormiar, su sentido
del color narrativo oue hace inmortal a Tarás
Bulba, convierten el relato en espejo donde
se resume el eco de los demás, la multitud
de los héroes anónimos con sus batallas v
sus travesuras, la luz de ese pueblo donde
cada upo lleva un mundo en sí mismo —para
decirlo con Rainer María Rilke. — J. C.
dfl paraíso , por Vicente Aleixandre. Edil oriol Losada, é». A . Buenos
Aires. 192 págs. a la rústien. $ 6 m/arg:

S ombra

De vuelta está Aleixandre, de vuelta con
poemas que inclinan aquella primera balanza
— “ La Destrucción o el Amor”— hacia el
puro adorar fluyente y fresco. Aleixandre,
i y los poemas de antes. Noche sinfónica. Ma­
ñana no viviré. Tristeza o pájaro, Soy el
destino? Aleixandre, ¿ v la violencia surrealis­
ta ? Nada, la balanza se ha inclinado, y a la
enumeración de las ruinas sucede el salto
cenital. De su anterior, inolvidable libro, per­
duran los poemas de la angustia y el com­
bate; éste de ahora tendrá para el recuerdo
la imagen de la mujer amada ardiendo blan­
damente en la arena del sol.
Hace años, Pedro Salinas mostró en un
fino estudio el romanticismo perceptible en
Aleixandre, su aptitud lírica para la geo­
grafía poética, el paisaje, la enumeración
siempre inédita. Si esa clara inclinación a la
delicia se cortaba furiosamente a cada verso,
si a la maravilla de Triunfo del amor sucedía
una mano del tamaño del c ñ o
un continente donde circulan venas,
donde aún quedaron, huellas de 'unos
(dientes,
la necesidad imperiosa de elogiar excedía ya
en Aleixandre los números de la ira o ue
la angustia. Ahora las puertas del paraíso
están abiertas, y su poesía parece inclinarse
en la actitud agradecida luego de tan dulce
recompensa:
Oh río que como luz hoy veo,
que como brazo hoy veo de amor que a
(mí me llama!
Su obra busca así “ encerrar en sus pá­
ginas un destello de sol” , y tal vez por eso
se inicia aconsejando al lector lo que el poeta
de Les Nourritures Terrestres aconsejaba a
Nathanael: tirar el libro, irse a mirar la ln*
cara a cara. Consejo falaz, que brinda el de­
leite do no seguirlo, de mirar la mejor lur
en muchas de sus páginas.
Pero, y ésto es un precio a pagar en la
poesía, la gracia acrecida y exaltada de Som­
bra del Paraíso se alcanza con la perceptible
pérdida do la hondura nocturna que había
en Vicente Aleixandre solo frente a un amor
atormentado, a una precaria posesión. No sé
que en este volumen haya un poema compara-

( Continúa en la página 1$)

�cabalgata
ble al mundo infinito de El Escarabajo. Hn.v
en cambio un perceptible, aljro insólito soplo
una permanente maestría eloeutira. y el resumen gozoso de un edén de poem que él y nosotros contemplamos

SOBRE EL CANDENTE PROBLEMA

eernudiano,

DE LA IN D U S T R IA E D IT O R IA L
HABLA

como se contempla la tarde que colmada-

(mente termina.

JOAN
MERLI

Los papeles de A spekn , por Henry James.
Traducción de María Antonia Oyuela.

Emecé Editores, S. A.f Buenos Aires.
176 pú¿s. a la rústica. $ 3.75 m/arg.
En un breve ensayo sobre Henrv James,
relata un encuentro cn
j Boston con el novelista, y la agitación casi
' frené tica de éste ante las posibilidades de
I muerte, mutilación o aplastamiento que podía
¡ correr su visitante en el acto de ascender al
j ¿mnibus de vuelta. “ Le aseguré que estaba
perfectamente habituado a subir ni ómnibus”
cuenta Somerset Maugham, “ a lo que me re
plicó que no era ése el caso tratándose d.un ómnibus americano; a éstos los distinguía
un salvajismo, una inhumanidad, una violen
cia que excedía lo concebible. Me sentí tan
’ contagiado por su ansiedad, que cuando el
coche se detuvo y salté a él, tuve casi la
¡ sensación de que había escapado milagrosa, mente de una horrible m u e rte...”
Si la anécdota muestra a un James tenso
| y azorado ante una situación cotidiana como
| la, narrada, vale simbólicamente para record »r
hasta qué punto la tensión interna de su
| labor creadora se propaga y contagia del mis­
mo modo ni lector menos dispuesto, le trans­
fiere con implacable insistencia las valoracio­
nes especialísimas del narrador, la presencia
en primer plano do elementos en apariencia
menores, la esfumadura de las lineas capita­
les, la creación o descubrimiento de cierta
realidad donde las cosas y las instancias
echan a valer de nuevo, de otra manera,
siempre con una calidad propia y escondida
que la mayéutica de James busca y expon»*.
i Si Los papeles de Aspera carecen de la
corrosiva desintegración de lo real — palabra
más que nunca provisoria— que hace de
Tho Tura of the Screw una experiencia poro
igualada en la literatura, su acción discurre
en cambio paralela al perfil de ciertos hechos,
ciertas cosas y actitudes que están ya corroí­
das y desintegradas, sin necesidad de que el
novelista vaya más allá de la contemplación
y la crónica. En una Venecia con color de
pergamino y olores marchitos, la triste y trá­
gica persecución de las cartas de amor del
poeta Aspera será, alegóricamente, la triste
y trágica obstinación en un ideal que sucum• bió con un momento de cultura, con un ago­
tado estilo de vida cuya última llama fué el
talento y la obra de Ilenry James,
í Por eso Tina, la indefensa, conmovedora
heroína casi burlesca a fuerza de ternura mal
«locada y ansiedad anacrónica, aparece en el
relato con los atributos más sutiles de su
creador: ella es Henry James como Madame
Bovary fué Flaubert. En el ensayo antes ci­
tado. Somerset Maugham sentencia que James
“no llegó a ser un gran escritor porque su
experiencia era inadecuada y sus simpatías
imperfectas” . Así, exactamente así, es Tina cn
sn profunda casa de Venecia; de esas sim­
patías y experiencias incompletas nace siem­
pre lo mejor de la literatura — que es an­
siedad infinita por completarlas y volverlas
perfectas. — J. C.
Somerset Maugham

Miguel de M an a r a , Misterio en seis cua[ dros, por O. \Y. de Lubicz Milosz. Tra­
ducción de Lisandro Z. T). Galtier.'Pró­
logo de Ramón Gómez de la Serna.
Ilustraciones de Raúl Veroni. Emecé
[ Editores, S. A ., Buenos Aires. 118 págs.
[ encuadernado. $ 9 m/arg. .
Justo es iniciar esta reseña de tina obra
de Mijosz con el elogio de Lisandro Z. D.
Galtier, que desde hace años cumple entre
nosotros la tarea generosa de acercarnos a un
gran poeta, acaso el último de los poetas ro­
mánticos. Milosz, sensitivo y misterioso, no
quedará entre los hombres por sus estudios
de lingüística ni sus revelaciones teosóficas;
un puñado de poemas lo sostiene fuera del
tiempo, un poco como él cuando vivía, en
incesante exilio físico y espiritual, poeta d.^
paso en un existir precario, de una intensidad
‘interior que toda su obra testimonia.
Armand Godoy ha señalado las circunstan­
cias quo llevaron a Milosz a recoger la his­
toria de don Miguel de Mañara, ese “ Don
Juan posible” como le llama Ramón Gómez
de la Serna. Ahincando en el proceso moral
de Mañara su propia concepción del Amor.
)í|b»sz entrevio que ‘ ‘el donjuanismo ideal
tí un modo erróneo y frenético de satisfacer
«na necesidad primordial de Ser” . Así el se­
ductor busca de mujer en mujer el huvente
tantasma, “ el amor inmenso, tenebroso y dul­
ce". En su sombrío pero encendido desarrollo,
íl “misterio” va siguiendo los momentos crí­
ticos de la vida de Miguel de Mañara, al
«nodo que los pintores primitivos desarrollan
l»s vidas de santos. Las imágenes se fijan cn
oda cuadro con una tan clara belleza, que
el lector deberá hacer un esfuerzo para arran­
carse de una situación e ingresar en la si­
miente. Al magnífico proemio blasfematorio
-con el monólogo de don Miguel donde alien­
ta ya el entero desarrollo de su destino— ,
•cguirán las imágenes de la pasión de Masu renuncia y su ingreso a la vida mottí*tica. donde el prior habrá de decirle:
“Aquí, la vida es algo más que una sonrisa
mtre afeites o una lágrima de mujer, caída so­
be el vidrio, aquí las piedras están llenas de
una paciencia que espera y de una espera que
•wucha." Tumultuoso y ardiente, el quinto cua­
dro tiene más que los otros el tono medieval
me Milosz debió buscar al margen del tiemhistórico, para concluir en la paz del
berto monacal, donde la muerte viene a don
Miguel con la voz del corazón de la Tierra,
la paz para su cansado caminar.
Este &gt;oema, que precede en Milosz al salto
¡mtafísioo de donde nacerían el Cantique de
ta Connaissanco y La Confession de Lemuel,
n°s llega en una edición digna de su texto,
’ m una versión de Galtier que revela, como
m todas las ya conocidas, su filial adhesión
4 D&amp;a poesía que sólo por convivencia alcanza
4 d&amp;rse y a florecer. — J. C.
^

esia

brasileña

contem poránea ,

por

bastón Figueira. Instituto de Culturo
r y Aguayo - Brasileño. Montevideo. 144
Paginas.
Del infatigable escritor uruguayo gustamos
*a cuidada entrega de los poetas brasileContemporáneos (1920-1946) efectuada con
fíente sentido de su ubicación y merced
una paciente tarea de traducción. Ya en
ES®tas de América habíamos leído a los poeque Pigueira acercaba en su plan de sana
Jiii *ac'&lt;)n’ y 9ue “ hora en forma amplia y
Klf*2n‘ na,l » amplifican el eco del presente
•ile^* rl*
Va*orMC*” n de la poesía brai ®4 contemporánea ubica sobriamente el
i 4» l&lt;*°
una Puesta que se desplaza dentro
cía Qn cl4n»a que juzga excelente para la crea¡ ^ n' . 4 opulencia del folklore, el sentido de
ión, el nativismo. la inconfundible
U^DaÜzacion de la brasilidad. el americaIflq P» 1® universalidad, y el movimiento mod«l pv*’ *’ &amp;uran en el análisis introductivo
.. r° y 8011 utilizados como fundamentos
B L .** construcción que ofrece el panorama
r,r° '• la poesía
La poesía contemporánea del Brasil, ya

( Continúa en la página 14)

•
9
•

Sus iniciativas.
Sus proyectos.
A cerca clel libro extranjero.

ITN'A vigorosa tela de Juan del Prete,
i -1 innumerables volúmenes eir francés,
italiano, inglés y alemán, sobre temas es­
téticos, reproducciones de telas o grabados
ya famosos, conforman el marco donde
Merli rinde a la cultura artística del país
de América, su diario grano de arena
Interrumpiendo su labor de Director Ge­
rente de la Editorial Poseidon, nos res­
ponde rápidamente al ineludible interro­
gatorio periodístico sobre la industria edi­
torial,
¿Qué puede decirnos acerca de la ac­
tual situación?
fot-muía una pregunta aparente
mente fácil de contestar, pero en reali­
dad muv compleja. En primer lugar, ¿qué
se entiende por “ actual situación” cuan­
do nos referimos a la crisis que viene
sufriendo la industria argentina del li­
bro? Esa situación comprende: A. La ma­
yoría de países de Sudamérica, clientes
del libro de producción argentina, carecen
de divisas para pagar nuestras cuentas,
bablo eu términos generales. Algunos han
establecido cuotas restrictivas de impor­
tación, y solicitud de permisos previos de
importación que en la mayoría de casos
no son concedidos. En síntesis, han adop­
tado fórmulas desde restrictivas hasta
prohibitivas, pasando por otros varios pe­
ríodos conducentes todos a originar pro­
blemas. México acaba de imponer dere­
chos aduaneros a la entrada de libros.
Iodo el mundo habla de franquicias, de
abolición de fronteras para el libro, ve­
hículo de cultura y de amistad, ¿no? La
i éplica a estos unánimes deseos son aduaEL SEUUO SUICIDIO

UE BAUDELAIHE...
( Viene de la página 2)
que en dicha misiva Eaudelaire anunciar
ba a su notario que iba a suicidarse. Ha­
ce algunos meses se supo que el libro de
Sartre, “ Ecrits intimes de Baud elaire’ ’ ,
había sido recogido por la policía y pro­
hibido por el juzgado. La acción se había
llevado a cabo a consecuencia de una que­
rella presentada por un Sr. Ancelle, que
afirma que le habían “ robado” la carta.
Y el Sr. Ancelle pide trescientos mil fran­
cos de daños e intereses al editor ( “ Editions du Poiut du Jour” ).
Ancelle. nieto del notario de Baudelaire, mostró cierto dia la carta fatal a uno
de sus amigos, el escritor Ives Le Dantec,
baudeleriano apasionado. Le Dantec con­
siguió quo la prestaran la carta, se la
llevó a Paulhan, que la transmitió a Sar­
tre. Esto la publicó eu su libro.
— Nunca he autorizado a Sartre a pu­
blicar esta carta, — alega el Sr. Ancelle.
Es el propio derecho de propiedad lo que
está eu litigio.
Al hablar el Sr. Ancelle de propiedad
jurídica, la ‘ literatura” replica:
— Hay en la obra de todo genio crea­
dor una parte que no puede ser objeto
de la propiedad jurídica. . . La corres­
pondencia de Baudelaire forma parte in­
tegrante de su obra, y a este título la
“ carta del suicidio” no le pertenece a us­
ted, Sr. Ancelle. Pertenece a la litera­
tura. Usted no tiene derecho a frustrar
esta obra maestra.
Lo que hay todavía de más divertido
en el “ affaire” Ancelle es que el “ sui­
cidio de Baudelaire” parece ,que fué en su
época una alegre farsa. Se hace obser­
var, en efecto, que las cartas que Bau­
delaire escribió en la misma época reve­
lan un gran optimismo. Se trata de fran­
cachelas y no de funestos deseos. Para
desentenderse de una favorita demasiado
impertinente, el poeta tuvo necesidad de
hacer creer en el suicidio durante cerca
de una semana. . . Ka pasado un siglo y
todavía se cree en ello, lo que debe asom­
brar en su tumba a Baudelaire, que es­
cribió en dicha famosa carta:
— “ Me mato porque sé que soy inmor­
tal” .
El otro acontecimiento literario en que
so pone de manifiesto un litigio análo­
go, es la publicacién de la corresponden­
cia amorosa de Apollinaire. Son unas se­
tenta cartas-poemas guardadas hasta aho­
ra secretas por su destinataria, la con­
desa Louise de Coligny.
Sumas importantes le ofrecieron a la
Sra. condesa Louise de Coligny, más co­
nocida entre los íntimos de Apollinaire ba­
jo el diminutivo de Lou. Pero hasta este
año, la condesa, que tiene actualmente
sesenta años y que todavía so pasea por
las playas de moda vestida de manera muy
deportiva, cerró la puerta a todos los
solicitantes.
El editor a quien la condesa acaba de
conceder ahora el derecho de imprimirlas,
es un suizo amigo suyo. Todo se expli­
ca: los excesos líricos han sido púdica­
mente substituidos por puntos suspensi­
vos. Lo que ha desencadenado el furor de
los cenáculos de París.
La cuestión de la propiedad artística
se había planteado ya hace mucho tiem­
po a propósito de esta poesía clandestina.
Un joven, que pasaba la noche en casa
de la condesa, se levantó cuando la casa
estaba a oscuras, fué al “ secretaire” que
contenía las cartas y copió hasta ¡a ma­
drugada los setenta poemas.
Este joven audaz fracasó en su deseo
de hacer fortuna. La señora viuda de
Apollinaire. heredera de su marido, auto­
rizó la publicación de las cartas. Pero
la condesa hizo que todo fracasase. Hizo
valer ei derecho de propiedad y el mundo
esta vez no logró saber nada de los
gritos de amor que Apollinaire habla lan­
zado desde el fondo de las trincheras
en otoño de 10?4.
u

Escritor, periodista y editor, Joan
Merli condiciona en su joven per­
sonalidad los requisitos indispensa­
bles para que una editorial marche
hacia el camino de los grandes éxi­
tos.
Como un fehaciente testimonio de
esta verdad, la culta ciudad de Bue­
nos Aires cuenta desd.e hace pocos
años con una empresa editora que
ha ganado millares de lectores para
los temas artísticos; nos referimos
a la Editorial Pooeidon, cuyo sellq.
ya es una garantía cultural y co­
mercial.
Español de origen, autor de medula­
res estudios sobre Picasso, cuya re­
edición ampliada está próxima a apa­
recer. y sobre Juan del Prete. Joan
Merli —que fuera Secretario General
de la Junta de Exposiciones do Arte
de Cataluña- - posee, por encima de
estas cualidades, un fino espíritu de
artista.

na, cuota restrictiva, permiso previo, falta
de divisas. B. La industria argentina del
libro en la actualidad carece de morcados.
El país, la Argentina, consume un por­
centaje insignificante de la producción.
Hay quo crear un consumo interno, pero
para esto es necesario que antes se abran
librerías en el interior y que contemos
con un ejército de vendedores de libros.
Besumon: carecemos de consumo exterior
y no existe, casi, consumo interior. C. La
producción, la distribución, la venta, etc.
ha de sistematizarse, complejo problema
éste.
¿Qué opina usted que debería ha­
cerse?
— En primer lugar publicar menos, mu­
chísimo menos, ¿entiende?, porque uno
de los males que sufrimos es también el
de saturación. En segundo lugar, es ne­
cesario seleccionar. Seleccionar o perecer.
Es un error creer que todo libro impreso
se vende. Sólo se venden, y a veces in­
justamente menos de lo que merecen, los
buenos libros, los libros que son un real
aporte, los libros literarios, técnicos o
científicos que el lector y el estudioso
necesitan. El editor ha de satisfacer la
necesidad de capacitación o de deleite
del público, con espíritu selectivo y ele­
vado; el editor no es, no ha de ser,
un mero fabricante de entregas de papel
impreso.
— ¿ Y la competencia del libro extran­
jero?
El libro extranjero no es la causa
de nuestra actual situación. Naturalmen­
te que los libros franceses e italiarros
constituyen en estos momentos una ten­
tadora novedad. El libro español es un
contrincante de consideración, pero no
lo podemos culpar de que un libro salido
de Buenos Aires tarde a llegar a México
dos meses más que el libro embarcado en
Barcelona. La Argén-tina sufre un pro­
blema de transporte que hace dos años
empezó a trastornar a nuestra industria:
este problema lo ha de resolver el Es­
tado. Si España y la Argentina compran
derechos para todos los países de lengua
castellana, no existiría otra situación de
competencia que las que surjan de la
calidad tipográfica,' del cuidado de las
traducciones, de los precios de costo. ..
competencia perfectamente lícita.
— ¿El libro argentino es más económi­
co que el libro español?
— Ligeramente. Corremos el riesgo de
que pronto quedemos en inferioridad. La
mano de obra argentina se eleva a la
par que se nos cierran los mercados con­
sumidores. España, que ha sido desplaza­
da por la Argentina en el mercado librero
de Sudamérica, está protegiendo a la ex­
portación, al instante mismo eir que al
editor argentino so le están creando a
diario nuevas trabas y dificultades.
— ¿Se habla con insistencia de una pro­
bable ayuda del Estade a la industria
del libro?
— En efecto, se viene gestionando una
colaboración económica. La última legis­
latura ha votado una Ley, no de sub­
sidio, no de protección, no de subvención,
como ha resuelto hacerlo el Gobierno es­
pañol para reconquistar mercados para su
prestigio editorial, como lo ha hecho el
Gobierno francés entregando a sus edi­
tores papel a bajo precio para vitalizar
su industria del lib r o .. . La ley argentina
autoriza al Banco Central a prestar di­
nero a los editores, con pago de intereses
y obligación do devolverlo. . . No tengo
noticia do que esté en ejecución esa ley
que mereció unánime aplauso, con la cual
y gracias a la comprensión de un agudo
problema por parte de los legisladores de
ambas cámaras y la del Poder Ejecutivo,
puede aliviarse una situación que pronto
ha de afectar a los obreros gráficos.
— ¿Qué opina usted de la ayuda del
Estado a la economía privada?
— Esta es la pregunta más difícil que
usted me ha hecho. C.eo que la mayoría
de los ciudadanos que trabajan, especial­
mente los creadores, no esperan nada de
de la ayuda estatal. Pero, entiendo, el
Estado tiene el deber de acudir en ayuda,
apoyo o auxilio, de quien lo necesita. El
listado no debe dejar perecer una in­
dustria, un bien común, que honra al
país y que lo acredita en el extranjero.
En los airaqueles y vidrieras de las libre­
rías de Sudamérica el nombre de Buenos
Aires y Argentina está permanentemente
expuesto al público, a un público que ad­
quiere y lleva a su casa como elemento
de trabajo, de estudio o de placer esa
bandera intelectual argentina. Esto, que
a usted como buen ciudadano argentino
le emocionaría, está a punto de sucumbir
bajo el peso de ingentes dificultades.
— ¿Para incrementar la venta cn el
interior del país propondría algún medio?
— Ningún pueblo, rri aun el inás ale­
jado y pequeño del país, debe carecer de

Ricardo Rojas: A RCH IPIÉLAG O
(T IE R R A DEL FUEGO)
Con este volumen se inicia la publicación sistemática de las Obras Completas
de Ricardo Rojas, según ordenación del propio autor.
En Archipiélago, cuya primera edición estaba agotada hace tiempo, el autor
destruye la ‘ leyenda negra” de Tierra del Fuego..................................... $ 9.—

León Felipe: A N T O L O G ÍA R O T A
Los mejores poemas, las páginas más vibrantes y expresivas de este lírico
cuya voz resuena con acento patético y vindicativo. Epílogo por Guillermo
de Torre. Ilustraciones de doce artistas españoles y americanos. Un volumen
$ 12.—
de la Colección Mirto, encuadernado en tela blanca .......................

Arturo Capdevila: A D V EN IM IEN TO
“ Todo en la novela interesa, sugiere, deleita. Las descripciones sobrias y de
rara plasticidad, la estilización de un folklore sabroso, los retratos físicos y psico­
lógicos, las inquisiciones filosóficas, la acción viva y sabiamente r e c o r t a d a ....”
De La Prensa, 21 de diciembre de 1947...................................................... $ 7.—

Helene Deustch: PSICOLOGÍA DE LA MUJER
El primer estudio profundo de psicología de la prepubertad y de la psicología
femenina en general, hecho por una gran especialista, sobre bases psicoanalíticas.
Un volumen encuadernado en tela ..............................................................
$ 22.—

Ernesto L. Castro: DESDE EL FONDO
DE LA T IE R R A
Vivo todavía el éxito logrado por su anterior novela “ Los Isleros” , actualmente
en filmación, Ernesto L. Castro nos da una nueva ficción de escenarios y de
personajes netamente argentinos.........................................................................
$ 8.—

Arturo Uslar Pietri: EL C AM IN O DE EL D O R A D O
Centrada en torno a la figura tremenda y legendaria del tirano Lope de Aguirre,
este libro mezcla lo novelesco y lo histórico constituyendo un deslumbrante
cuadro de la conquista americana..................................................................... $ 8.—

Vicente Aleixandre: SOMBRA DEL PARAÍSO
Un libro ya famoso merced a su primera edición española, rápidamente agotada,
que consagra a un poeta de extraordinaria novedad y perfección........... $ 6.—

Jules Romains: LOS HOMBRES
DE BUENA V O L U N T A D
Tomo VIII. PROVINCIA .............................................................................
% 7.—
Tomo
IX. MAREA DE PELIGROS ..........................................................
$ 8.—
En estos dos nuevos volúmenes de la gran novela cíclica de Jules Romains, el
lector restablecerá su contacto con personajes y medios ya conocidos en los
anteriores tomos, entrando en relación asimismo con otros nuevos no menos
interesantes

EDITOIIIAL LOSADAsa.
BUENOS AIRES
Montevideo_____________ Lima
Santiago de Chile
un negocio, modesto o grande, que tenga
en existencia lo esencial de la producción
argentina. Y o sugerí en una ocasión un
bibliobús, con vivienda acoplada, que re­
correría todo el país, que celebraría ferias
relámpagos y establecería pequeños de­
pósitos, representaciones, conexiones per­
manentes. . . En los hoteles, balnearios,
cuarteles, grandes fábricas, estaciones,
confiterías, deben ponerse puestos de
venta de libros. En los Estados Unidos,
usted puede comprar un libro en la fa r­
macia, en el bazar, en la ferretería, en
todas partes y en todo el país. Esto habla
de un grado de cultura.
— ¿Qué prepara su editorial para la
temporada que empieza ?
— Tenemos en prensa la Historia del
arte contemporáneo (ó tom os), dirigida
por Kené Huyghe, en colaboración con
destacados críticos de fama mundial, con
un capítulo final de arte americano que
ha escrito Julio E. Payró. Además, E sté­
tica de las proporciones en la naturaleza
y en las artes, de Matila C. Ghyka, del
cual también editaremos, en dos tomos,
El número de oro.
— ¿Otras novedades dé interés?
— De Eugéne Chevreul ofreceremos Ley
del contraste simultáneo de los colores;
de A. Philip Me Mahon Arte de gozar
riel arte, y de Lionello Venturi Historia
de la crítica de arte.

EXPRESIONES DE
TRISTAN BERNARD
De Tristón Bernard, cuyo fallecimienfo ha ocurrido hace ])oco,
damos a continuación una breve
muestra de su agudo humor.
• Un actor casado, muy conocido co­
mo cornudo, hablaba entusiasmado del
niño que había tenido su mujer.
— Dice ya papá — agregó el actor.
— Es joven y no sabe lo que se dice
— comentó Tristón.
• De una actriz que se vanagloriaba
de hacer “ hablar las tablas” , dijo
Tristón:
— Debiera hacer hablar su cam a; se­
ria más interesante.
• En cierta ocasión se expresó en es­
tos términos:

— ¿Sobre artistas nacionales?
— Prosiguiendo nuestra ya muy com­
pleta Biblioteca Argentina de Arte ediIaremos, entre otras, las m onografías:
Baquel Forner, por C. Córdova Iturburu;
Demetrio Urruchua, por E. Brughetti, y
Victorica, por Julio Binaldini, además
de un libro de ensayos de Dardo Cúneo.
— ¿Qué tendremos en materia literaria?
— Proseguiremos ofreciendo novedades
en la colección “ La Carabela en el B ío ” ,
las primeras de las cuales serán La escue­
la de las mujeres y Los monederos falsos,
de André Gide; A propósito de Dolores,
de H. G. W ells; Los últimos tiempos, de
Víctor Serge; y ahora agregue dos etc.,etc.
— ¿Alguna otra novedad?
— Iniciaremos una colección sobre urbairismo, con dos volúmenes: el primero
de ellos, debido a la pluma del arquitecto
francés Le Corbusier, con el título de
Cuando las catedrales eran blancas, y, el
otro 1.a ciudad, del cual es autor Eliel
Saarinen.
Mientras un cúmulo de originales, des­
parramados sobre su mesa de trabajo,
esperan el visto bueno, Joan Merli — g lo ­
sador medular del arte moderno v reve­
rente difusor editorial del arte de todos
los tiempos— sella con un cordial apretón
do manos el optimismo quo él anhela y
desea para el próximo año editorial.
O. II.
— No estoy conforme conque se im­
pongan multas tan fuertes a los tra­
ficantes del mercado negro. Me he
dado cuenta de que cada vez quo im ­
ponen una multa a mi sastre, éste au­
menta el precio de los trajes.
• So le reprochaba que fumara tan­
tos pitillos.
— Es verdad; pero los cigarros son
muy caros.
• A propósito de los demagogos ex­
clamaba:
— Pobre pueblo; sin sus amigos hace
tiempo que sería ya feliz.
• Fiándose sólo de su desinterés apa­
rente, malas lenguas comenzaron a ha­
blar de la pereza de Tristón Bernard.
E irónicamente, éste respondió:
— ¿Qué es un perezoso? Un hombre
que no da muestras de trabajar.

�cabalgata

14

MI RADOR
• “ Esta generación perdida” , difundida
novela del escritor argentino Max Dickman, ha sido traducida y publicada cn
portugués y considerada el mejor libro del
mes por el Club del Libro del Brasil. La
misma obra ha sido publicada por una
prominente editora sueca y del propio
autor editará el Book Club checoslovaco
su novela anterior a la citada, “ Madre
América” .
• La SADE insta a sus asociados que
se nieguen a publicar critica literaria sin
firmar, en diarios y revistas. La Cámara
Argentina del Libro se ha dirigido en va­
rias ocasiones a los principales rotativos
pidiendo que las notas sobre libros se pu­
bliquen amparadas por una firma respon­
sable. En el reciente Congreso de Editores
celebrado en nuestra capital, la Cámara
referida logró la aprobación de un acuerdo
informado con el mismo espíritu. Hasta
el momento poco o uada se ha logrado en
favor de tan plausible propósito. La nota
firmada cumple un fin de doble mérito:
jerarquiza el juicio que su autor expresa
y evita la banalidad y la dulzona bene­
volencia que con frecuencia ampara a la
nota que ve la luz en forma anónima.
• La censura literaria fué tema del
Congreso de Editores, el cual se pronunció
a favor de la supresión, y es tema obli­
gado en los países en que ese medio de
cercenamiento de la libertad de expresarse
por medio de la letra impresa se utiliza
discrecionalmente. El uso de la censura es
una manera más que se utiliza para pro­
hibir y prohíben los que tienen el usu­
fructo de la facultad de ejercer cualquier
prohibición. Esa facultad debería quitársele
a todo ser pensante, por lo que tiene de
enemiga del pensamiento, por lo que tiene
de humillante, por lo que tiene de castra­
dora, por lo abusiva que es generalmente.
¿Cuál será el primer gobernante que pro­
hibirá en su país, como ejemplo para los
demás, todo ejercicio de censura, procla­
mando que el derecho de expresarse por
medio de la letra impresa es inalienable?
La patria de ese gobernante ganaría en
poder de creación y el propio gobernante
eludiría una grave preocupación; porque el
uso de la censura indudablemente acarrea
muchas preocupaciones a quien la ejerce.
• El cable ha transmitido, muy lacónica­
mente, la noticia. Ha fallecido en Barce­
lona, a los 65 años de edad, el escultor
catalán Enrique Casanovas. Su obra, poco
abundante, es prácticamente desconocida
en nuestro continente. No era ur» artista
esnect^cnlar. Su arte, muy contenido, arte
del mediterráneo, se afirma silenciosamen­
te, a lo largo de una existencia a ratos
heroica, en obras que su cincel talló so­
bre bloques de marmol. Casanovas traba­
jaba directamente sobre la dura materia
y ésta se lo agradecía. Las cabezas de mu­
jer, y los desnudos de muchachas, adqui­
rían transparencias carnales de un difícil,
lírico realismo; los pómulos de esas cabe­
zas sonríen, con sonrisa vital. Enrique Ca­
sanovas. fué un gran artista. Su obra le
sobrevivirá.
• Se rumorea que la temporada artística
del presente año se inaugurará con menos
galerías que las que hubo hasta ahora.
Buenos Aires, gran capital, que ya inex­
plicablemente carece de “ marchands” , no
responde a inquietud artística alguna. No
más que una sola de las galerías que fun­
cionaron el último año se mantenga cerrada
esta temporada, y se hará un grave daño al
arte y a la cultura del país. Es hora de
que alguien se dé cuenta que los artistas
nacionales necesitan espacios donde poder
ofrecer al público su obra; que se ha de
recoger la inquietud de la hora artística
universal, trayendo la plástica de otros
países y enviando la nacional a los gran­
des mercados del arte. Es lamentable ver
cómo muchos esfuerzos se malogran, cómo
muchas esperanzas se desvanecen... y
cómo esta gran capital desaprovecha la
oportunidad de figurar en el tablero de
los centros artísticamente neurálgicos.
• La censura literaria está muy activa.
¿Se está cumpliendo un acuerdo del Con­
greso de editores de América latina, Es­
paña y Portugal, celebrado en Bnenos
Aires el año pasado? No. En el referido
Gongreso, con el solo voto de España en
contra, se pronunció por la abolición de la
censura a la literatura. ¿Los acuerdos congresales no tienen entonces ningún valor?
No, no lo tienen. Se propugna la represión
do la piratería editorial, es decir, de las
ediciones que se hPc°r« robándoselas a los
autores o a los propietarios legítimos, y
los editores piratas multiplican su activi­
dad. Se vota por la supresión de la censura
y entre nosotros se secuestra la luíosa edt.
ción de “Memorias de una doncella” , de
Mirbeau, y el meritorio e j e r z o de Rueda,
su edición del “ Ülises” , de James Joyce.
España censura un libro tras otro; se en­
saña con la edición argentina. La noticia
más reciente es que han prohibido la venta
de “ Prisionera” , de Alian Seager, que aca­
ba de ver la luz en francés; “ Psicogénesis
del Razonamiento matemático” , del profe­
sor Francisco Vera; “ Solitario* del Arte” ,
de Hellmuth Bachmann y “ Memorias de
una doncella” . El inventarío llenaría co­
lumnas y m*s columnas. ¿Censura moral,
censura política? Aquí, al parecer, priva
la trímera calificación; en España más que
política, diríamos que la censura es de
orden comercial, porque los libros que se
editan en la Argentina y que España pro­
híbe, en su mayoría no tienen carácter po­
lítico, y, cuando lo tienen, por lo general
no se ocupan del caso peninsular. Es cen­
sura económica, en una palabra. Donde se
publica el “ Jéróme” . de Bedel. “ Las am­
biciones defraudadas” , de Moraría, la “ ¡Re­
beca!” , do Ramón Gómez de la Serna, se
debo poder leer “ Prisionera” o “ Ülises” .
Ninguno de estos libros es inmoral, ninguno
do ellos es demasiado fuerte; ¿por qué,
entonces, los quo se imprimen en España
so pueden leer allá y aquí, y los que
salen do prensas argentinas son puestos en
el Indice aquí y allá?
• De regreso de Francia, está entre nos­
otros el escritor y poeta español Arturo
Serrano Plaja, colaborador de estas páginas.
• Acaba de llegar, con el propósito de
reintegrarse a la actividad editorial de
nuestro país, el artista pintor italiano
Attilio Rossi, vinculado con la Editorial
Losada y la Imprenta López. Rossi ha re­
sidido dos años en su patria, estos dos
años últimos de recuperación difícil del
pueblo italiano, pintando al lado de su
gran amigo Cario Carrá.
• Ha fallecido en Suiza, don Gilberto
Knaak Peuser, causando su prematura des­
aparición un general pesar. En el número
anterior dábamos cuenta del homenaje que
se le había rendido a su destacada figura,
vigorosamente joven, con motivo de haber
asumido la Presidencia de la gran empresa
impresora y editora Peuser. La industria
gráfica argentina ha perdido a una perso­
nalidad de singular relieve.
• Gilíes de La Tourette, escritor francés
do arte, bien conocido aquí donde residió
un tiempo y pronunció ciclos de conferen­
cias sobre la pintura contemporánea, ha
fallecido en París en el mes de noviembre.

EL TIEMPO Y SUS LIBROS
(Viene de la página 13)
refleje el colorido jugoso de su Naturaleza,
ya nos lleve a zonas de fino emotivismo, ya
evoque mitos y leyendas o avizore la lumi­
nosidad de un porvenir mejor, se caracteriza
por su acento humano, observa el autor, que
agrega: Es, en muchos casos, una poesía de
carácter nacionalista. Pero ese nacionalismo
no se encierra en fronteras sino que busca
sendas de fraternidad continental y universal.
Cincuanta y tres poetas forman la antolo­
gía, reunidos a través de poemas traducidos
con serena preocupación. La obra de cada
uno de ellos está señalada en una reseña ini­
cial, así también como el sentido de su poesía.
Surgen así las voces do M. Bandeira y Ma­
rio de Andrade reaccionando contra la lírica
imperante en su tiempo; el intenso sabor de
Jorge de Lima; O. de Andrade: la amplia
voz de F. d’Oliveira; la expresión sutil de
C. Drummond de Andrade; el personal Murilo
Mendez; el poderoso acento de Angusto F.
Schmidt a quien conocimos especialmente por
sus poemas aparecidos en revistas de poesía
argentinas; Cecilia Meireles de quien el mis­
mo Figueira brindara una antología (otoño
de 1947); el lirismo de Ribeiro Couto; G.
de Almeida; Mario Quitana; G. Machado; A.
Nerv; R. Bopp; Murillo Araujo; el denso Vinicius de Moraes; el moderno R. Mora; J.
C. de Meló Neto; el joven Ledo Ivo; R. Camargo Guarnieri; H. Nicolussi; y muchos
otros.
Con la presente antología propende el autor
a un conocimiento inteligente de la poesía
brasileña actual, pues partiendo de poetas
quo han realizado una obra considerable, llega
hasta las voces que perfilan una intención
definida aportando nuevas savias al movi­
miento. En este sentido el libro que nos ocupa
puedo señalarse como uno de los más felices
que han aparecido entre los lectores de habla
castellana.
Osvaldo Svanascini.
de l a filosofía , por Emilio
Gouiran. Editorial Centurión, Buenos
Aires, 728 páginas, encuadernado en
tela. $ 50 m/arg.

H istoria

En un tomo denso analiza E. Gouiran, a
través de los pensadores de occidente y de
sus escuelas, la trayectoria fundamental de la
filosofía. Planteado con claridad, el libro se­
para los filósofos para tratarlos objetivamen­
te, amplificando de esa manera la consistencia
panorámica del tema pues les infunde una
práctica solución ubicativa. No hay Humani­
dades sin cultura, — observa en la introduc­
ción— pero puede haber culturas sin humamanidades. Solamente la Metafísica será capaz
de elevar las culturas hasta las Humanidades.
Y más adelante: Una vez más alcanzamos
esa exigencia clara que define a las Huma­
nidades: lo humano y lo divino mezclados en
una trama Indescifrable. Penetra l” e~o en la
filosofía clásica griega desde Tales hasta
Aristóteles con un desembocar en las ciencias
prácticas y teoréticas. Después el sentido de
la filosofía helenística y romana con estudios
sobre Plotino, el estoicismo, Santo Tomás, Bacón, y otros. De la Filosofía moderna incide
el autor en los que dieron a las escuelas una
independencia de pensamiento a la manera
de Descartes a quien estudia con especial sig­
nificación, dando a la sabiduría cartesiana un
especial lugar dentro del desarrollo de la obra.
Continúa la exposición del pensamiento de
Spinoza, Locke, Leibniz, Berkeley, Vico. Hu­
me, Rousseau, el amplio y severo estudio de
Kant, todo el idealismo alemán, Hegel, Schopenhauer y su problema de la muerte desem­
bocando al final de la primera parte en la
filosofía contemporánea, que termina con su
estudio del discutido Heidegger.
Es más bien en la segunda parte en la que
el autor trasciende la función histórica para
establecer las relaciones analíticas y los fun­
damentos básicos de las escuelas. Las posicio­
nes del pensamiento con los problemas plan­
teados por el dualismo, el idealismo, proble­
mas de inducción, la actitud del entendimien­
to racional, la concepción del ser, su multi­
plicidad, la naturaleza de la encarnación, rea­
lidad de la sustancia, etc., van amplificando
esta significativa valoración de modos del ra­
zonamiento, antecedentes filosóficos y corres­
pondencias entre la inteligencia y la lógica.
En la parte final del libro, Fracaso necesa­
rio de la filosofía, el autor insiste en la pre­
gunta de todos los tiempos y supera su tema
no sin detenerse en la teología. Es un libro
de gran utilidad, pues los problemas surgen
en limpia disposición y con amplio sentido
didáctico. Un apéndice final con el detalle
de las obras correspondientes a los principales
autores y bibliografía sobre los mismos, de
más de 150 páginas, completan esta cuidada
edición.
O S.
P o em as del origen , por Ernesto B. R o­
dríguez. Ediciones Cosmorama, Buenos
A ires . 96 páginas.
En esta búsqueda decisiva por trascender
todo un interior poblado por indetenidas ma­
reas poéticas, el libro que nos ocupa cumple
la tarea de intensificar el vínculo entre el
misterio de la poesía y su profunda perma­
nencia. El poeta observa su meditada soledad,
pues de la pregunta primera, parte eu conti­
nuo sumergimiento, y procede a tamizar con
sus dedos la sustancia que nutre su respuesta.
En su poesía existe el soplo de esta nueva
experiencia poética con acento propio, que se
desplaza aprisionada por aquella realidad de
su afirmación dentro de la magia de lo exis­
tente en el mundo de la vivencia. Es el sen­
tido do una continuidad corporizada rnetafísicamente y fija en la distancia del poema.
Así El Origen (primer poema), queda atra­
vesado por un destino preocupado por la per­
manencia de un enlace con el futuro: Porque
era Igual a la noche que viene de la muer;e.
Similar intención rodea a su poema IV : luego
el sutil encanto que nace en el recuerdo de
la cercanía, la frase que busca madurar el
sentido de una ausencia, en los poemas XII
y XIII, en donde se advierte un crecimiento
de la piel, siempre en pugna por diseñar los
años que fueron desplazando un dolor celoso
del tiempo.
En los poemas de Ernesto B. Rodríguez se
advierte un sumergimiento espacial, una fi­
jación indeterminante, que se busca a si misma
para lograr finalmente una huida hacia la
reminiscencia. Pero esta reminiscencia goza
con su dolor sofocado, con su necesidad de
profundizar la facultad de la vida. Yo estoy
aquí como la sombra suelta del que suena:
encendido por la angustia de una solución
que le corre por las manos. Pero la fuerza
del equilibrio hace que su tensión se nutra
por símbolos temporales en los que se aúna
la intención del aliento poético y el sentido
del que madura pacientemente su vigilia.
Desprendidos de límites, dentro de una sa­
piente sobriedad, los poemas mueven su infe­
rencia mágica, preocupados por la transición
da un devenir urgente. Es la formulación de
un» distancia poética en la que se alza un
estmeio de medida unidad por el que navegan
imágenes de hermoso contenido: En t^r^o del
sueño está el Origen como un aire pensando.
Lento como fantasma entreteje en las almas
—las ficciones que borra despacio.
O. S.
P aisan o

Becco.

por Horacio Jorge
Editorial Sed, Buenos Aires.

en el tie m p o ,

Difícil oa el mundo dei poeta quo ama la
intensidad de su tierra con una nueva dimen-

SOBRE LUCIEN L E V Y - B R U H L
(V iene de la página 6)
o menos, en tal grupo o en tal individuo’ '.
(Ibid., pág. 130).
mundo y el otro no son para los primitivos
Para Ch. Blondel, ‘ ‘ la mentalidad que
más quo uno solo. (Ibid , pág. 11G).
llamamos ‘ ‘ primitiva” aunque sólo lo sea
La más importante de las interveirciones
relativamente, no se opone tanto como
fué, a nuestro juicio, la del conocido so­
parece a nuestro pensamiento ‘ ‘ lóg ico”
ciólogo M. Mauss, quien señaló amable­
o ‘ ‘ positivo” : encierra los elementos per­
mente a Lévy-Bruhl que no debió ‘ ‘ dete­
manentes y esenciales, aún aquellos que
nerse únicamente en la descripción de los
parecen desconocer el conocimiento exclu­
mitos; hay quo buscar además cuáles son
sivamente nocional ’ ’ .
sus fundamentos sociales; no sólo la le­
Lévy-Bruhl podría ser caracterizado co­
yenda del alma, sino también la causa
mo un neopositivista, con marcadas inclido la leyenda.” Y al abordar el espinoso
iraciones sociológicas, las que evidencia al
problema del alma y el nombre, dice:
abordar tanto problemas filosóficos como
‘ ‘ Pretendemos encontrar el fundamento
gnoseológicos; se opone tenazmente a todo
real de ese mito de la identidad del alma
intento metafísico de fundamentar la mo­
y del nombre de la o'ganización social.”
ral, y considera los hábitos mentales con­
(Ibid., pág. 124). Lévy-Brulil reconoce la
dicionados históricamente (salva así las
legitimidad del reproche, y agrega citando
dificultades del relativismo). La moderna
oportunamente a Hume: ‘ ‘ mi sonda no es
tendencia que se orienta hacia la socio­
lo suficientemente larga como para alcan­
logía del conocimiento, rama novísima y
zar esas profundidades.” (Ibid., pág.
127).
prometedora, le debe inapreciables aportes.
Es uno de los pensadores que se opu­
El historiador Raymond Lcnoir conside­
sieron con fervor y conciencia a las co­
ra que ‘ ‘ las dos orientaciones del espíritu
rrientes que sostienen el irracionalismo,
se dan al mismo tiempo en todas las
el intuitivismo, o el ingenuo realismo me­
épocas, y se reparten el dominio del pen­
tafísico. Ante el evidente fracaso de estas
samiento en proporción desigual según el
últimas, reivindicar su figura implica ya
momento de la historia. (Ibid., pág. 129).
una definición, y una vez salvadas ciertas
A lo quo responde Lévy-Bruhl: ‘ ‘ Es el
limitaciones, una posible y fecunda orien­
conjunto de condiciones sociales lo que
tación.
_________
hace que ésta o aquélla predomine más

NOTA

ULTIMAS NOVEDADES
J.

h u iz in g a

EL OTOÑO DE LA
EDAD M EDIA
Tercera edición, corregida,
con 32 láminas. $ 19.—
OTTO JESPERSEN

H U M AN ID A D . NACIÓN,
IN D IVID U O
(desde el punto do vista
lingüístico). $ 10.—

DOS LIBROS DE ARTE
Y ESTETICA
GUILLERMO WORRINGER

L A ESENCIA DEL
ESTILO GÓTICO
Con 47 ilustraciones
en rotograbado. $ 12.—

IN F O R M A T IV A

GRAN PREMIO HE LA CAM ARA A R G . R EI IIR R O
PROPOSITOS

Y

CARACTERISTICAS

En su deseo de que las obras de escri­
tores argentinos, principalmente noveles,
sean cada vez mejor conocidas y aprecia­
das por el público y la crítica, la Cámara
Argentina del Libro ha resuelto celebrar
un concurso anual según se detalla a con­
tinuación.
Sumándose a la labor de sus socios edi­
tores, y dando a este concurso lincamien­
tos tales que en forma alguna constituya
una competencia con la actividad editorial
argentina, la Cámara aspira a cumplir una
alta finalidad de cultura, abriendo hori­
zontes a los jóvenes escritores nacionales,
estimulando las vocaciones y ofreciendo a
la masa lectora de habla española la pro­
ducción del espíritu argert’no en sus for­
mas más nuevas y promisoras.
Para llevar a la práctica j-ales intencio­
nes, la Cámara declara abierto este Con­
curso, del que podrán participar todos los
escritores que se ajusten al Reglamento que
se da a conocer más adelante.
Un Jurado, constituido por representan­
tes de altas entidades culturales y la Cá­
mara patrocinante, premiará hasta veinte
obras anuales, dentro de los cuatro géne­
ros que establece el Reglamento.
El premio, en todos los casos, consisti­
rá. en La edición de la obra, el pago de
los derechos de autor correspondientes, y
la distribución de la obra en y fuera del
país.
Una vez agotada la edición, el autor que­
dará en libertad de contratar con el editor
quo estime más convenienia las sucesivas
ediciones de su obra.
FINANCIACION DEL PLAN
Con el aporte voluntario de sus socios,
la Cámara Argentina del Libro creará un
fondo anual destinado a la financiación
do las ediciones de aquellas obras que re­
sultaran agraciadas por el fallo del Jurado.
Desde el momento que la Cámara no
persigue en absoluto un fin de lucro, la
utilidad quo puedan arrojar las ediciones
so destinará en primer término a la de*
volución del fondo constituido por los
aportes voluntarios, y luego a la repo­
sición y aumento indefinido del fondo ini­
cial
Estas ediciones serán distribuidas por
Distribuidores, entendiéndose por tale3 a
los que hagan de. esta función específica
su actividad principal.
REGLAMENTO
1?) Se establecen cuatro categorías de
obras a editarse, a saber: a) Poe­
sía; b) Novela; c) Cuentos; d)
Ensayos; crítica literaria, social v
de costumbres; pudiendo editar­
se hasta un máximo de cinco obras
anuales por categoría.
29) Sólo se aceptarán originales en
idioma castellano.
39) Pueden presentarse obras en co­
laboración siempre que cada uno
de los autores se encuentre dentro
de las condiciones exigidas por
el presente Reglamento.
49) Cuando ninguna de las obras pre­
sentadas a una de las categorías
alcance, a criterio del Jurado, la
calidad suficiente para ser elegi­
da, el concurso podrá ser decla­
rado desierto en esa categoría.
59) Todo autor de una obra editada
por la Cámara de acuerdo al pre­
sente Plan no podrá ser elegido
en futuros concursos de la Cá­
mara con obras que pertenezcan
a la misma categoría de la pre­
miada.
69) El autor presentará dos copias de
su obra, escritas a máquina de
un solo lado de la hoja y a do­
ble espacio, así como el compro­
bante de haber efectuado el depósito en el Rprist o Nacional de
la Propiedad Intelectual en ca­
rácter de “Obra inédita en cus­
todia” .
79) Los concurrentes deberán ser ar­
gentinos nativos o nacionalizados.
8?) Sólo podrán presentarse los au­
tores que no tengan publicados con
anterioridad más de dos (2) li­
bros del mismo género de la cate­
goría correspondiente, editados y
financiados por empresas edito­
ras, sea en el país o en el ex­
tranjero. No se computarán, por
consiguiente, las obras que el au­
sión poética. Así Horacio J. B-ecco mueve su
destino luchando contra todas aquellas for­
mas que dieron cuerpo a un pesado canto del
campo en el que se advertía la completa falta
do un caudal poético. Pai'ano en el tiempo
enfrenta la densidad abierta do una tierra
con hombres enlazados en músculos tempora­
les y gravitando dentro de un paisaje viril
y continuante. Es el hombre silencioso que
envejece en la foto pampeana, amplio y libre,
cobijado por el viento incnlculado de la lla­
nura abierta. Es su silencio y su destino en
el que se mueven las formas de una l’ chu
desigual y angustiada: A él nunca lo entendie­
ron su búsqueda de pájaros.
De esa manera la búsqueda de B^cco tiende
a promover una distinta visión del hombre
de la tierra, con amplia saturación poética,
en clara visión de una estética moderna por
la que viajan elementos integrados mágica­
mente por un interior poblado de palomas y
charcos detenidos. Marea de imágenes volca­
das en la formación de nn paisaje que parece
fotografiado por Man Ray o diseñado por
Miró. Es el intento de una dimensión nueva.

99)

109)

119)

129)

139)
149)

159)
169)

179)

189)

199)

209)
219)

tor ha editado por su cuenta o
mediante premios que hayan con­
sistido en la edición de la obra
premiada. Tampoco se computarán
los libros en colaboración y las
selecciones o antologías.
Los originales no deberán constar
de más de 100.000 palabras, con
un margen prudencial de tole­
rancia que quedará a juicio del
Jurado.
El Jurado estará integrado por
dos representantes designados por
cada una de las siguientes enti
dades: Sociedad Argentina de Es­
critores, Comisión Nacional de
Cultura, Círculo de la Prensa y
Cámara Argentina del Libro. Di­
chas entidades nombrarán simul­
táneamente
representantes
suplentes para el caso de cualqúier
impedimento que haga imposible
la actuación de los titulares.
Los miembros del Jurado serán
renovados anualmente en sus fun­
ciones y no podrán ser recusados
por los participantes en el con­
curso.
Los votos do los miembros del
Jurado se computarán individual­
mente y no por entidades. Las
obras serán elegidas por simple
mayoría de votos.
Los jurados fundarán sus votos
por escritos y firmados.
El Jurado podrá declarar desierta
cualquier categoría si las obras
a ella presentadas no fueran, a su
juicio, acreedoras al premio.
El Jurado deberá expedirse den­
tro de los 90 días de cerrada la
inscripción.
El Jurado será presidido por el
Presidente de la Cámara Argenti­
na del Libro o por el miembro
del C. D. que éste designe, y
con voto en caso de empate.
Los concurrentes cuyas obras re­
sulten elegidas, recibirán un di­
ploma otorgado por la Cámara Ar­
gentina del Libro en el que cons­
te la distinción alcanzada. Dichos
diplomas se entregarán en acto
público, al que serán invitados
los miembros del Jurado y las
entidades que estos representen,
así ccmo las instituciones y per­
sonas vinculadas a las activida­
des culturales del país.
Las condiciones de edición de las
obras elegidas serán las que fi­
guran en el contrato-tipo apro­
bado por convenio de fecha 13
de agosto de 1947 entre la So­
ciedad Argentina de Escritores y
la Cámara Argentina del Libro.
La presentación al Concurso se
hará ante la Secretaría de la
Cámara Argentina del Libro, Sar­
miento 528, Buenos Aires, cuyas
oficinas estarán abiertas de 8 a 12.
La inscripción se realizará entre
el 19 de enero y el 28 de febrero
de 1948.
Los originales no premiados se­
rán devueltos hasta dos meses des­
pués de producido el fallo dél
Jurado, debiendo reclamarse en la
sede de la Cámara Argentina tlel
Libro.

INFORMACION PARA CONCURSANTES
DEL INTERIOR
La Cámara Argentina del Libro no ad­
mitirá obras que no vengan acompañadas
de la boleta que certifique su inscripción,
como “ Obra Inédita en Custodia” , en el
Registro Nacional de la Propiedad Inte­
lectual.
El Registro (Talcahuano, 612, Buenos
Aires) y la Cámara, enviarán a quienes
las pidan una solicitud para inscribir la
obra en dicho Registro.
Llenada la solicitud, y certificada la
firma por la autoridad policial corres­
pondiente, se la remitirá al Registro, jun­
to con un ejemplar de la obra en sobce
cerrado, y un bono postal por la suma
de DOS PESOS m|n.
El Registro contestará enviando la bo­
leta de inscripción de Obra Inédita en
Custodia, y ésta deberá ser adjuntada
a los dos ejemplares que fija el Regla­
mento, y remitida a la Secretaría de la
Cámara, quien procederá a inscribir la
obra en el Concurso.
tendiente a percibir lo básico de la tierra
dentro de una clara visión poética: Recorre
la zona con el polvo de una leyenda; — no
puedo explicarla. La memoria de una cruz —
la borraría. O el despertar de una imagen
que crece a la vera da los caminos: Charcos
inmensos, recortados y limpios — donde se
pasan películas de cielos. . .
Lo fundamental de este libro, es su preocu­
pación por definir sutilmente una moderna lí­
rica, un tiempo sin descanso y un campo des­
nudo, dentro de las ilimitadas conquistas de
una estética personal. Así los poemas surgen
dibujados, tocados por una fuerza viva y como
por una sustancia evocativa que los envuelve.
Existo un campo invadido por la soledad,
otro perfilado por un color opaco; el que nos
adelanta este poeta es un campo en el que
cada objeto, figura o personaje cobran vida
independiente. Subo entonces un rumor de
lejanías y de mjn'eas vegetales anudadas a
un interior que viye también la extensión de
su permanencia: Te ven mis paisanos y yo
te veo — con el campo que guardo dentro.
O. S.

EL A R T E E G IP C IO
Con- 44 fotograbados. $ 12.—

COLECCION
ABREVIATURAS
Obras fundamentales del pen­
samiento moderno, que estaban
fuera del alcance del lector
culto actual por su extensión,
m a gn ífica m en te adaptadas
por Fernando Vela

A B R E V IA T U R A DE
E L E SPÍR ITU D EL
D E R E CH O R O M A N O
de R. v. Ihering. $ 11.—

A B R E V IA T U R A DE LA
EVOLUCION C R E A D O R A
de Henri Bergson. $ 3.50

A B R E V IA T U R A DE P R IN ­
CIPIOS DE SOCIO LOGIA
de H. Spencer (2 tomos) $ 18.—

R E VEIA DE OCQOSWHTE ARGENIÍNA
Ugarteche 2898

72-7401

Buenos Aires

Una gran organización de
librería postal al servicio
de los lectores exigentes.

Pida cualquier libro
de Editorial argen­
tina y se le remitirá
con trarreem b olso,
franco de porte.

■i
i •
■•
■•
■&gt;
i '
i •
i «
■•
■■
i •

:•
Quedan disponibles al_
gunos puestos del inte­
rior

del

p a ís

p a ra

agentes activos y

dp

moral solvente.

LIBRERIA POSTAL

al servicio del buen libro
INDEPENDENCIA 361

BUENOS AIRES

i

�EN ESOS

A N O S,

Por

BERNARDO

(Fragmento del capítulo LVIII del libro de este título, publicado por Editorial Futuro.)

1. M M ,

«mi

OBRAS ETERNAS
Valero: OBRAS CO M PLETAS (to ­
mo I I I ) , en cuero ___
§ 50.—

JO YA
Azorin: OBRAS CO M PLETAS (to ­
mo 1 y I I ) , en cuero, c/u . $ 25.—
Linares Rivas: OBRAS ESCOGIDAS
en cuero ............................ § 25.—

C R I S O L
Goldoni: CURIOSO ACCIDENTE.
ENAM ORADOS. EL ABANICO.
(N&lt;? 215), en c u e r o ........... $ 7.50
P alen: EL DEMONIO BLANCO
D E L M AR NEGRO. (N « 216),
err cuero ............................ $ 7.50

D

CCION ARIOS

Alonso: CIE N CIA D EL LEN G U A­
JE Y A R T E D EL ESTILO , en
cuero
................................
$ 50.—

E C O N O M I A
Glerulay: FUTU RO DE L A SOCIE­
DAD ECONOM ICA, tela $ 25.—
Knight: RIESGO, 1N CERTIDU M ­
BRE Y B E N E FIC IO , T. $ 25.—

F IL O SO FIA
Nietzxchc: M AS A L L A D EL B IE N
Y D EL M A L (tom o V l l l ) , rus­
tica ....................................... $ 8.—
Nieizsclie: L A VOEU NTAD DE
DOM INIO (tom o I X ) , R. $ 8.—

JUVENILES
i lena E ortún: E L CUADERNO DE
CELIA, cartoné ...............
$ 4.—

Q U IM IC A
Rrof. R ías: B IO G R A F IA S Y DESC U B E I m I E jNT u S
U IM lC u S ,
rustica ................................. $ 14.—
ENCONTRARÁ ESTAS OBRAS EN
TODAS LAS BUENAS LIBRERÍAS

Rara solicitar catálogos o ad­
quirirlas en cu ota s m en su ales,
diríjase a

E D IT O R
Charcas 1665 - T.A. 44-9111

Bs. As.

A usted le interesa or­
ganizar para el nuevo año
editorial una activísima cam­
paña de propaganda en el
interior del país. Para lograr
la máxima eficacia, le ofre­
cemos los servicios de nues­
tro acreditado Departamento
de Publicidad
CAMPAÑAS DE PRENSA
REVISTAS - BOLETINES
CARTAS DE VENTA
CATALOGOS - FOLLETOS
CIRCULARES - VOLANTES

tija

rki

DEL LIBRO
Director: Francisco Arno

CORRIENTES 1135, 2°. B
33-0878

Rúenos Aires

I A dignidad del almuerzo se
^ realizaba ante el decorativo
mural coloreado, de Gori Muñoz.
La gracia del pintor volcada en
ese mapa gastronómico era co­
mo la sal de esa comida que
ellos hacían. El comer no era un
acto grosero, era un modo de
saborear la vida y los dibujos
aludían al refinamiento del gus­
to regional, a la sabiduría del
pueblo para alimentarse.
El oso cocinero abriendo nn
gran caldero — “ el cocí” decía la
leyenda— ubicaba a Madrid. Unos
pescados, que saltaban, dando un
coletazo, a la lata de conservas
señalaban Galicia.
— Pero este mapa dice entre
otras cosas que no hay un plato
nacional. Es la diversidad en
la pequeña superficie. Aquí no
sería posible añorar un plato de
Rosario, por ejemplo.
— Este mapa me recuerda—
dijo Salinas— esa descripción
de Alfonso el Sabio, en la Pri­
mera Crónica General. ¿La co­
noces?
— No.
— ¿No la conoces? Escucha,
que es primorosa.
“ España es ahondada de mieses, deleitosa de fructas, viciosa
de pescados, sabrosa de leche et
de todas las cosas que se della
facen; lena de venados et de
caza, cubierta de ganados, loza­
na de caballos, provechosa de
mulos, segura et bastida de castielos, alegre por buenos vinos,
folgada de ahondamiento de pan;
rica do m eta les;... dulce de
miel et de azúcar, alumbrada de
cera, complida de olio, alegre de
azafrán.”
Pedro repetía acentuando los
adjetivos: ahondada de mieses,
deleitosas de fructas, lozana de
caballos, provechosa de mulos,
bastida de castielos. . . Y los sa­
boreaba, los paladeaba estreme­
cido por tanta castellana belleza
de idioma. Pero después de un
silencio sólo dijo:
—Me imagino que no sabrás
de memoria las Partidas.
—No, hombre, no embromes.
¿No te gusta esa descripción?
El examen de la lista orienta­
ba la conversación. Pedro des­
pués de vacilar buen rato se de­
cidió por el arroz, y Salinas lo
aprobó:
— Es en cierto modo la espe­
cialidad de la casa. Afrontémosla.
En Buenos Aires existen apenas
casas de comida especializadas
en determinados platos, aunque en
todas se prepara bien la carne
asada. En España, el regionalis­
mo culinario hace inteligente pe­
dir arroz en Valencia, o bacalao
en Bilbao, o corderito en Segovia,
— ¿De ese que se corta con el
plato, de puro tierno, como me
has contado?
— Do ése. En Madrid podían
traerse platos típicos. Servicios
especiales, envíos por tren desde
cada parte. Y en la ciudad mis­
ma abundaban los lugares con
una especialidad determinada.
Recordó un lugar de Valencia
donde había estado: el Palacio
des Fesols. No era el caso de
pedir allí carne o pescado. Poro­
tos como esos, no los volvió a
probar iguales en parte alguna.
Pedro le pasó la lista. Incluía
el arroz pero bajo media docena
de designaciones. La paella te­
nía una diversidad insospechada.
Salinas se decidió por un arroz
a la marinera, que iban a traer­
les, como previno el mozo, quince
o veinte minutos más tarde pues
era especialmente preparado pa­
ra cada pedido. Decidieron comer
antes otra cosa.
— Es día de calor. ¿Qué te pa­
rece si probamos el gazpacho?
Mira. Vamos a hacer un día de
estos una pequeña cena para la
que prepararé gazpacho especial­
mente.
— ¿Sabes hacerlo?
—Y muy bien.
—Me gustaría verte de coci­
nero. ¿Da mucho trabajo?
— No, nada. ¿Quieres las indi­
caciones?
— ¿Por qué no? Así mi mujer
te lo prepara cuando me visites
en la nueva casa. Aunque voy
a olvidarlas.
— Pues será un gazpacho argen­
tino. Pero no importa. Mira: lo
primero, necesitas un dormillo.
— ¿Un dormillo? ¿Y qué es
eso?
— ¿No lo sabes? Un dormillo,
un cuenco de madera. Un morte­
ro. Con su madera ya curada al
aceite. Claro, cuanto más usado
mejor está. Bueno, pero antes de
hacerlo, esto requiere una expli­
cación más general.
—¿Vas a exponerme la teoría
del gazpacho?
— O cosa así. El gazpacho tie­
ne unos elementos básicos y otros
accesorios. Los elementos bási­
cos son: ajo, cebollas, tomates,
pimiento, aceite, sal, vinagre y
agua. Los accesorios son cominos,
almendras, yema de huevo, pan
y yerba buena. Estos últimos son
los que contribuyen a dar densi­
dad al caldo, sin agregar sabores
fuertes, simplemente afinando los
primeros. Bien. Pues tomas el
dormillo o el mortero si lo pre­
fieres . . .
— No, si me parece bien lo
del dormillo. Tiene sabor la pa­
labrita, y ha de comunicarlo al
gazpacho.
— Pones en el fondo una pe­
queña cantidad de cominos y uno
o dos ajos — ello depende de que
se desee que el ajo sobresalga o
no— so deshace suavemente en
las paredes dei dormillo, agre­
gando sal, y una cantidad de al­
mendras peladas, suavizan y es­
pesan el caldo; su sabor no es
fuerte y pueden ponerse en ma­
yor o menor cantidad. Se cortan
un pimiento y una cebolla en
trozos y se machacan lo más po­
sible. Con la misma finalidad que
las almendras puede agregarse
una yema cocida de huevo. Se
pisan también uno o dos toma­
tes, maduros y pelados. Se agre­
ga una miga de pan, que debe
humedecerse previamente. Es pre­
ferible pan duro y de miga abun­
dante; se echa en agua y laego
se escurre y se rocía con vinagre.
Machacado todo y mezclado bien,
va poniéndose e. aceite, sin ce­

sar de machacar y batir. Toda la
ciencia del gazpacho consiste en
que esa masa trague el aceite, de
forma que luego no se vea. Lo­
grado esto se agrega el agua
deshaciéndolo todo en ella. Si la
has enfriado antes, no necesita­
rás luego refrescar el gazpacho
con hielo, que al disolverse, al­
tera el punto. Se prueba y se
agrega la sal y el vinagre nece­
sarios para dejarlo justo. Enton­
ces, se espolvorea con yerba bue­
na seca y pulverizada. Se com­
pleta echando en el caldo pepino
muy picado, tomate igualmente
picado y, si se desea, pimiento
y cebolla, a los que se agregan
trozos de pan.
Pero al servirles el gazpacho
les trajeron aparte, en platitos,
tomates, pepino, cebolla y pan,
cortados en trocitos.
— Ya ves; se hace de distinto
modo en las diferentes partes de
España. También así. Agregas el
caldo todo, y lo mezclas, si te
gusta así, o pones únicamente lo
quo to agrada.
Pedro escuchaba con interés y
no sin tristeza a Salinas cuya
nostalgia de España vestía ahora
gorro de cocinero.
Luego les trajeron una fuente
con el arroz del color de la salsa
del tomate que lo impregnaba,
adornado de filetes rojos de mo­
rrones, trozos pequeños de pes­
cado, camarones que salvaban, ba­
jo la salsa más fuerte, su tinte
rosado, almejas, berberechos. Sa­
linas llenó los pla;os. Raspó lue­
go la tostadura pegada al fondo.
—Los valencianos —dijo— lo
llaman socarrad. Es muy sabroso.
Comían despacio, sintiéndose
ambos dispuestos a charlas. Pe­
dro tomó la lista y después de
examinarla, preguntó:
— ¿Qué es este arroz a lo
pobre?
— Sencillamente con verduras,
como una paella puramente ve­
getal. De ahí el nombre. Cuesta
poco, claro está.
— Pues ¿cómo es el arroz po­
bre, a lo rico?
— Igual que el otro en la apa­
riencia, pero el arroz se ha her­
vido en un caldo que lleva un
buen trozo de jamón, por ejem­
plo. Es el mismo plato pero dis­
frazado, enriquecido. ¿Sabes có­
mo se prepara el arroz pobre en
Valencia? Se hierve y se sirve
con una cabeza entera de ajo,
con todos sus dientes. Se hierve
así con la cáscara; claro, sería
de otro modo demasiado fuerte.
Pues, a esa cabeza la llaman “ la
perdiz” .
Salinas le precisó después la
diferencia entre el puchero por­
teño y el cocido madrileño, dos
platos distintos, en realidad, aun­
que comúnmente se les asimila. Su
madre lo preparaba muy bien.
En una mesa próxima trajeron
una fuente de barro cocido y Pe­
dro comentó el “ carácter” que
tenía esa vajilla, que parecía es­
timular el apetito.
Le gustaban los cacharros—
buscó alguno con la vista en el
mapa de Gori Muñoz— que le
sugestionaban con su arcilla tos­
ca como un símbolo de artesanía,
de vida rústica y sana. La con­
versación de Salinas tenía para
él ese mismo encanio; conjugaba
en sus evocaciones lo doméstico
y lo poético aunque sólo se ha­
blara de comidas.
—Había en Madrid — dijo Sa­
linas— nn restaurante Botín, don­
de se conservaba renovándola,
claro está, una vajilla que tenía
no años, sino siglos. El local te­
nía un aire de vetustez auténtica,
prolongado desde el año lejaní­
simo de su fundación. Los platos
eran todos al horno, servidos en
esa vajilla característica. Besugo
al horno, sopa al horno, tostón.
Y luego, frutas de sartén: bar­
tolillos y auroras.
Salinas hizo unr. disgresión:
. . —No la vejez, sino la madu­
rez es lo que distingue Europa
de América. Me expongo a que
no me entiendas, pero lo que yo
noto acá, en la Argentina, y en
toda América, es la precipitación,
lo no sedimentado. Algo que no
termina de madurar porque no se
le da tiempo, so improvisa en me­
dio del apuro. Puedo darte un
ejemplo. Cuando Ardau, precisa­
mente, publicó su primer libro,
sus amigos resolvimos agasajarle.
Se planeó una comida en la que,
además, íbamos a entregarle un
ejemplar de su obra, muy bien
encuadernado. Fui yo a un tallercito que conocía y pedí cuero
de Rusia y otros refinamientos
en la materia. Era un pequeño
taller en un sotanillo de la calis
Mayor. Me atendió un vejete de
lentes, el encuadernador, patrón
y artesano; pidió doscier+*&gt;- ^4r&gt;cuenta pesetas, que ya está bien,
y quedó en que estaría nato cn
veinte días. Para entonces fija­
mos la fiesta. Pero ocurrió que
Ardau debió salir para Valencia
unos días antes y pensamos ade­
lantarla. Yo fui a ver al encua­
dernador, pidiéndole que antici­
para la entrega del volumen. Vie­
ras la mirada de desprecio del
vejete por mi pretensión: ¿Pero
usted creo que esto puede cum­
plirse en menos tiempo del que
le he dicho? Esta tapa tiene que
caer como una puerta, así de
exacta y ajustada. Fíjate bien:
caer ccmo una puerta. Y esto sólo
se consigue con tiempo, siguió el
viejo. La encuadernación lo exi­
ge para secarse lo justo y pre­
ciso. Me fui admirado del ve­
jete y de su artesanía cumplida
a tanta conciencia. Esa lentitud,
es lo que no tenéis vosotros. Hi­
cimos la fiesta antes pero el li­
bro se lo enviamos a Valencia.
No había guerra en el mundo.
Y un Madrid sin ruinas ni es­
combros en el que milagrosamente
se inmovilizaba una realidad gra­
ta a su corazón, había sido res­
catado en medio de esa charla
y de esos recuerdos. Pero todo
había pasado y ya ni quedaban
esperanzas.
Salinas habló luego de lugares
típicos de Madrid. El Arco de los
Cuchilleros. Encantaba ese nom­
bre espléndido, de una de las en­
tradas a esa Plaza Mayor que
Salinas le describía con palabras
y hasta con dibujos para que
Lascano concibiera mejor ese re­

cinto singular. El Rastro, lugar ex­
traordinario, cambalache de cam­
balaches, esencia y apoteosis de
montepíos, donde se encontraban
las cosas más raras e inhallables.
— ¿Concibes que en alguna
parte se encuentre un único za­
pato, uno de un par? ¡Allí está!
Un solo gemelo. Trenzas de mu­
jer muerta. Libros, mil curiosi­
dades diversas, insospechables, in­
creíbles.
— ¿Pero tú no comes por ha­
blar? — dijo Pedro, españolizando
conscientemente el habla. Siempre
era así: Salinas comía muy poco
a pesar de su vocación aparente
de Brillat Savarin español; si­
guió :
— Por allí cerca, recuerdo, íba­
mos a tomar un vaso de recuelo
con una bola de diez centímetros.
—Pero ¿qué es el recuelo?
— ¿El recuelo? ¿No lo sabes?
Pues café ya usado en los cafés
grandes, la borra, quo se vuelve
a cocer hasta extraerle el último
jugo. La bola es una pasta con
grasa. Todo por diez céntimos. En
España el café es caro, artículo de
lujo, al contrarío de lo que pasa
entre vosotros. Puos el recuelo
tiene al menos nna reminiscencia
del café. Es lo que queda en el
colador, vuelto a usar. A la gente
pobre no le sienta mal, aunque
yo decía que el que trasegaba
ese líquido y esa bola, mostraba
resistencia invencible, capaz de
afrontar cualquier prueba. Lo in­
teresante era ver esos cafetuch03,
que nos descubría por lo común
Sánchez Alonso.
— Bueno, ¿y cuánto valia el ca­
fé, nuestro “ express” , en Madrid?
— Allí se toma un vaso de cafó
con leche. Vale una peseta. ¿Oye,
quieres cognac, con el café? Pero
no, tomaremos anís. Ayer he be­
bido uno que debes probarlo. Me
había acostumbrado a tomar acá
ese de los “ ocho hermanos” y
sostenía que estaba bien y que
era pura tontería recordar los de
España, y hacer cuestión de pa­
triotismo en materia de anís. Pero
ayer pasé por acá, y Barrachina
quo tenía una botella recién lle­
gada, me propuso gustarlo. Pues
chico, cuando destapó, del solo
perfumo casi me echo a llorar.
Llamaron a Barrachina, quien
se acercó a la mesa luciendo su
vago parecido a Rafael Alberti.
Llevaba una im pecable blusa
blanca y negligentemente sobre
los hombros un estupendo sobre­
todo marrón de una gruesa tela
afelpada. Así andaba de entre
ca^a el hombre, con ese aire de
médico y tenor de ópera. Les
hizo traer el anís y lo paladea­
ron y lo comentaron. Habló Sa­
linas:
— Esos pueblos de Sierra Mo­
rona y de Sierra Nevada, alto3,
como colgados de la montaña, de
clima seco. La fabricación es
sencilla, pero allí tienen sus plan­
tas de anís y el agua de nieves
de la sierra. Toda esta combina­
ción de elementos impersonales
al parecer, clima, tierra, agua,
logra una calidad única. Es como
te he dicho: algunos productos se
dan de modo incomparable en de­
terminados lugares. No tenemos
un vino que pueda competir con
el Borgoña, y aún en general
con los vinos de Francia, salvo
alguno que otro. O en otro orden,
con los quesos de Italia. Lo dis­
cutí?. hace poco con alguien que
mo dijo que la preferencia por
los vinos franceses se debía a la
preeminente situación de Francia
en el mundo con respecto a Es­
paña. Pues yo le contesté que no
se n&lt;~taba la influencia de la pre­
eminencia internacional sobre el
prestigio del Jerez.
Lascano so rió.
— Es como discutir la calidad
del asado en Buenos Aires—agre­
gó Salinas.
Este habló luego de postres,
do las especialidades de Andalu­
cía. Dijo a Pedro que había des­
cubierto un chocolate a la espa­
ñola en un negocio, cuya direc­
ción tenía anotada. Sostenía que
el chocolate argentino tenía un
gusto menos personal, como todos
sus productos de confitería en
los que predominaba lo dulce so­
bre cualquier otro matiz. Atribuía
toda la finura y el sabor de la
confitería española a la heren­
cia árabe y judía. Ese refina­
miento era oriental, decía.
— He visto — siguió— que un
compatriota está fabricando aquí
mantecados de Antequera, al mo­
do do Antequera, por supuesto.
Todo depende del molido de la
harina. ¿No los has probado? Los
buscaremos un día de estos. Es
ur. polvorón más fino.
— ¿Mantecados de Anteqnera?
— Así se llama el lugar. Muy
bonito pueblo, precioso pueblo.
¿No te acuerdas del romaneo de
los pelegrinitos, popularizado por
Lorca?:
Le ha preguntado el Papa
do dóndo eran.
Ella dico de Cabra
él de Antequera.
Luego, aun hizo un comentario
cuando vió que Lascano tomaba
el cafó sin azúcar:
—Está muy bien así. Ya sabes
que el café hay que tomarlo con
sus cuatro letras.
— ¿Cómo es eso?
— Caliente, amargo, fuerte y
escaso.
Pedro celebró la ingeniosa fór­
mula.
Hablaron de los cafés madri­
leños. Salinas — asiduo de La
Granja— enumeró o.tos , todos
raá3 lujosos y espectaculares que
los porteños, lugares de estar có­
modos por muchas horas. Se refi­
rió al público común, a ciertas
peñas de artistas, y no pasó por
alto el espíritu de la concurren­
cia y su forma de aglomeración,
distintos en Madrid y Buenos
Aires.
— ¿Y las terrazas? — dijo in­
terrogativamente Salinas— . Porquo las terrazas de los cafés de
Madrid —siguió— son un mundo.
— ¿A quó llamas terraza?
— Pues llamamos terraza a la
vereda ocupada por las mesas y
los parroquianos. Al modo de la
Avenida aquí, la más española de
vuestras calles. Pues aquello to­
ma un aire de feria, de zoco, un
mercado orienta.. Vendedores de
todas clases ofreciendo mojamas,

Acaba de Aparecer

VERBITSKY

billetes de lotería, camarones. Hay
ciegos que te cantan la canción
o el último cnplé de moda.Tam­
bién cantan las ciegas y allí es­
tán, con el vientre hasta la bar­
billa — todas están embaraza­
das— , dale que dale al último
cuplé picaresco. Horrorosas, con
la barriga en punta: “ Yo soy la
maja moderna de Goya” . ¿Qué te
parece? El abigarramiento, y exu­
berancia de esa masa, tiene mu­
cho de africano, de morisco.
Pedro se distrajo imaginando
el vivo cuadro que le describía.
Oyó decir a Salinas:
— La muchacha que en “ Mala
yerba” , de Baroja, quiere bailar,
es la Chelito.
— ¿La Chelito? Vas a perdonar
mi ignorancia ¿pero quién es?
No preguntó a cuenta de qué
la citaba para no confesar que se
había distraído.
— Pues es, o ha sido la ve­
dette más famosa del género pi­
caresco en España. Picaresco y
pornográfico también, que hacia
con mucho salero. Tenia una lin­
dísima cara y un tipo de inge­
nua. Yo la he visto ya vieja.
Pues, a los cincuenta años, tenia
unos pechos de niña de quince
“ caídos” hacia arriba. “ Sácave la
izquierda” , berreaban desde el pa­
raíso. “ Ahora la derecha” . Luego
gritaban: “ las dos” . Y ella los
mostraba y con delicada gracia, si
quieres. Era el número. Se hizo
rica. Era suyo el teatro en que
trabajaba, y la parte de airás,
donde había un frontón. Y tenía
casas. Estará en Madrid. Seguro
que se habrá hecho falangista,
y habrá ingresado en nna co­
fradía.
Recayó la conversación sobre
los romances de ciegos, llevándo­
lo esto a referirse a Valle Inclán, una de cuyas obras se es­
taba representando en Buenos
Aires.
— Este Valle Inclán — dijo Lascano— es el que me gusta; no
el de las sonatas, sino el de los
esperpentos, el del teatro. Tiene
la genialidad do un Shakespeare
extravagante, y muy español. Es
fantástico, practica un realismo
de realidad y de esencias. Me
parece que a través de la defor­
mación o exageración de figuras
populares logra en la literatura
algo parecido quizá a lo que el
Greco hizo en pintura con sus
alargados caballeros, aunque en
conjunto, es más Goya que Greco.
Sus mendigas, sus idiotas, sus
titiriteros, y toda esa laya de
golfantes que como él los llama
son un negativo de España que
a pesar de todo nos da el cáracter del país. ¿No te parece? Es
una nueva picaresca, llena de
fuerza, alucinada. En el fondo,
eso ha de ser on el futuro un
documento de protesta.
Salinas lo miró, aprobando.
— Tal vez tengas razón. Me
gusta en Valle Inclán lo que di­
ces, y creo que su verdadera im­
portancia no está bien apreciada.
Se presta mayor atención a sus
anécdotas. Hemos convivido con
él y aún no está lo bastante le­
jos. ¿Por qué no escribes algo
sobro él?
Hubo un silencio.
— ¿Sabes en lo que estoy pen­
sando? — dijo Salinas— . Has
nombrado al Greco. Siempre he
creído interesante el hecho de
que un pintor tan fuera de lo
común, discutible si se quiere,
y que aún necesita de explicacio­
nes — ya sabes todo eso de su
supuesto astigmatismo y demás
historias— fuera apreciado am­
pliamente por sus contemporá­
neos. ¿No habla eso del nivel ar­
tístico de la época? No era un
incomprendido y esto también
justifica aquello del Siglo de
Oro: ¿no lo crees así?
— Es una observación acertada,
me parece. No se me había ocu­
rrido. ¿Y cuál es tu opinión so­
bro el Greco?
— Es un pintor que aturde.
Cuando alguna vez viajes a Es­
paña verás sus cuadros. De na­
die da menos idea una reproduc­
ción.
Muchas veces aludía Salinas
a esa posibilidad de trasladarse a
Europa, y esto siempre le parecía
remoto a Lascano. Pero el hecho:
en España estaban los cuadros de
Greco y allí podían verse, por
irreal que eso pareciese.
— A propósito del Greco — di­
jo Salinas, complacido con un re­
cuerdo— verás lo que me ocurrió
leyendo a Gautier. A medida que
avanzaba en la lectura de su libro
sobre España, se me hacía mayor
mi ansiedad. Por lo que te conta­
ré. Fue un verdadero sufrimiento,
en torno a las andanzas de Gau­
tier. Esto es, en cierto modo,
un descubridor del Greco, se­
pultado en el olvido en aquellos
años del siglo XIX. Gautier lle­
ga a Toledo y ve los cuadros.
Comprende que se encuentra ante
un pintor genial y aunque le
desconcierta y le confunde, y no
se atreve a decir que hay allí
un gran maestro — sobre nuestros
juicios influye mucho la fama.—
lo admira con gran instinto. Pues
mi sufrimiento nacía del hecho
de que nadie llevara a Gau.ier
a ver el Entierro del Conde de
Orgaz. Pero en aquel tiempo no
hubo quien lo condujera a la
Iglesia de Santo Tomé, iglesia
que ningún valor tiene aparte de
servir de marco del tremendo cua­
dro, ante el cual yo había sen­
tido una emoción, admirada y
agobiante que no llegó a desper­
tarme cuadro alguno. El Entie­
rro del Conde de Orgaz es el
cuadro mejor o más terrible del
mundo, el más imponente, el más
genial. Pero su fama es un redescubrimiento de nuestros días
y Gautier se va de Toledo sin
conocer el lienzo. A medida quo
iba leyendo comprendía que esto
iba a ser así, y aún sabiéndolo
inevitable — la cosa no deja de
tener gracia— me causaba una
angustia creciente. ¿Qué te pa­
rece?
Pedro sólo atinó a sonreírse
en medio de la emoción que le
dejaban sus palabras. ¿Quó le pa­
recía? Que Salinas era admira­
ble, un español completo, una
especio de Antonio Machado de la
vida, un hombre que por todos
sus poros manaba España.

LA
GAYA CIEN CIA
Y POESI AS
$ 7.—
Volumen V de las Obras Completas
de

F R IE D R IC H

N IE T Z S C H E

Anteriormente publicados:
VI.

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA
$

IX.

6.—

LA VOLUNTAD DE PODER

$ 7.—
En prensa:
I.

el

o r ig e n

de

la

TRAGEDIA

Y OTROS TEXTOS

En todas las librerías
o contrarrecmbolso a la

Editorial P0SEID0N
P E RÚ 973

BUENOS AIRES

NO TICIA SOBRE
FELISBERTO HERNANDEZ
( Viene de la página S)
llón, con una casita moderna que despida
a los ojos desproporciones antipáticas,
pesadas y pretensiosas” . . . No abundan
estas lamentaciones evocadoras en la lite­
ratura americana. En la prosa uruguaya
no hay otro precedente: el Uruguay ‘ ‘ qui­
za, en este continente, el país que posee
una más densa y continua tradición poé­
tica ” — Guillermo de Torre— , no ha te­
nido prosistas en la misma densidad, y
Montevideo, una capital ya madura, está
completamente huérfana de narradores,
glosadores, novelistas. Sus calles, su pai­
saje, la vida compleja, interesante, varia
e intensa de sus habitantes no ha in
rado aún ninguna gran novela. Los
listas uruguayos — excepción de M
de Castro con su Pequeño Función
han buscado sus temas en el eampi
las ciudades del interior, desdeñan
justamente la rica vena que la .
les ofrece. Sin que sea, desde lúe,
principal preocupación de sus cut
Hernández la interpreta, la siente a
vés de su campo visual infantil, o de
primeras meditaciones — con pretens
trascendente— de adulto, y siguiendo si
natu ales preferencias hacia lo ya lograde
asimilado y sin resalte, prefiere aquel
Montevideo de comien-zos de siglo, con sus
casas de una sola planta y terraza, sus
quintas de revoque gris, envueltas en cor­
pulentos magnolios, y delante una escali­
nata de mármol blanco que ‘ ‘ se abría
como cola de novia” .
Sin duda, después de los dos relatos
aparecidos con rigor cronológico (194243), Felisberto Hernández no ha dejado
de escribir y aunque su producción siga
siendo lenta y poco abundante, ha de
tener nuevas ob 'as, siempre en la misma
modalidad de enfoque retrospectivo y buceador, quo Supervielle conoce y que han
confirmado su catalogación de Hernán­
dez como gran escritor. Sería muy intere­
sante conocer esa obra inédita y faeilit, *
su publicación antes de que — como es
intención de Supervielle— nos llegue de
Francia traducida y calificada. No está
tan abundante el ambiente de valores ori­
ginales eomo para que se mire con indi­
ferencia el albur de que uno de ellos
emigre eir forma inédita (com o si dijé­
semos nonata), después de ser aquilatado,
garantía suficiente de su calidad, por un
tan cauto cazador de novedades como el
poeta de Dcbarcadéres.
Que la obra de Felisberto Hernández
llegase al Río de la Plata envuelta en el
brillante disfraz de un idioma extranjero,
alcanzaría proporciones de inaceptable
pa adoja.

COM O H A T E R M I N A D O ...
( Viene de la página 16)
Conjuntamente con el aspecto artístico fio
la cuestión, la justicia ha tenido que ocuparse
también del lado financiero. Los Vermeer y
los Pieter de Hooch han costado a los com­
pradores 7.164.000 florines, o sean 322 mi­
llones de francos a la cotización oficial. Re­
clamaban la devolución. 5.180.000 fueron re­
cibidos por "Van Meegeren, y el resto, cerca
do 90 millones de francos, por intermediarios.
Estos han declarado ante el tribunal. Nada
permite dudar de su buena fe, y según su
abogado no se les puede obligar a devolver
su comisión. Uno de ellos la ha restituido
voluntariamente: el señor Hoogendijk, uno
de los principales comerciantes de cuadros de
Amsterdam (650.000 florines). Otro, el señor
Kok, ex funcionario de las Indias Orientales
y amigo de Van Meegeren, y el único que
desconfió, no había recibido de su comisión
(168.000 florines) más que 10.000 y había
dejado el resto a la señora Van Meegere7i.
Y como final de todo este “ affaire” , el fisco
ha intervenido para reclamar su participa­
ción, que será considerable.
Van Meegeren no asistirá a la terminación
de este sensacional asunto. El cable ha trans­
mitido la noticia de su muerte, ocurrida en
los días últimos del año 1947.

�16

cabalgata

'j

‘La silla barroca”

L
F

O

N

U C l O

T

A

N

A

O

LA VISION INFLAMADA Y DINAMICA
DEL O D J E T O
Por JULIO RINALDINI
la- atención, en primer tér­
mino, en el arte de Lucio Fonana, la soltura con que la obra es
dada. Surge de la materia sin es­
fuerzo aparente, como presencia
viva a la que nada estorba. La últi­
ma vez’ que expuso tuvo que aclarar,
ante las “ razones” que uno de los
miembros del jurado le dió para
ju stificar la negativa del premio
que obviamente le correspondía a su
Aqidles, que él no hace nada ju ­
gando. Pese a su experiencia p ro ­
fesional. aquel jurado no supo ver
que la obra de nuestro escultor tie­
ne la soltura que le confieren una
conciencia artística lúcida y un
dominio bien conquistado de los
medios. Sea que ciña la form a en
la pura tensión de la línea y en la
fluidez de planos y volúmenes, o
quiebre los perfiles y las superficies
y en las bruscas transiciones del
modelado busque una visión pictó­
rica, inflamada y dinámica del ob­
jeto, el suyo es un arte sin vaci' lociones. Y en uno y otro caso actúa
con la misma obediencia de las le­
yes de la escultura. Fontana no im­
provisa. l i a llegado por etapas y a
través de una educación cultural y
técnica minuciosas al dominio de su
expresión. Aun en aquellas escultu­
ras en que la form a se abre en la
impetuosidad del gesto y en la si­
nuosidad contrastada de los perfiles
y los planos, la obra conserva el
equilibrio estático de la arquitectu­
ra inscripta en ella. E jem plo carac­
terístico de esta manera es La silla
barroca. E l título define la tenden­
cia estilística de la obra, pero el ba­
rroco tiene en Fontana la particu­
laridad de no salirse de la noción
clásica de proporción. E l efecto es
pictórico, los rasgos entrecortados
del dibujo rom pen la tensión del
contorno, pero las form as no se ex­
tienden, como en el barroco histó­
rico, en desarrollos prácticamente
ilimitados. Una dimensión espacial
definúla las circunscribe y un con­
cepto de masa se desprende aun de
aquellas de d ib u jo más agitado. En
Fontana lo barroco es un modo de
lam a

intensidad, de vibración que afecta
a los caracteres de las form as pero
no altera el rigor de las estructuras.
Uno de los aspectos más sutiles de
la obra de este artista de muchas
finezas es la manera en que en ella
se concilian el dinamismo de la ex­
presión y la necesidad de medida,
de ord en ; el m odo en que sus fo r ­
mas “ deshechas” se equilibran. Más
que una noción concreta su arqui­
tectura parece que fuera una rela­
ción que trasciende del gesto que de­
fine a las figuras, del movimiento
que confiere fisonom ía a los objetos.
La m ujer de Lot, tiene, en este sen­
tido, el valor de un símbolo. Como
en la leyenda, la imagen ha sido
detenida en el acto que le otorga
form a, vibrante todavía del tránsi­
to y definitiva en la naturaleza del
cambio. La acuidad de la visión, la
intuición sensible del rasgo sign ifi­
cativo, permiten a Fontana esta
cristalización del acto en forma, la
captación del punto activo en que
la obra se cumple. Puede m anejar
con libertad la materia porque sabe
en qué momento adquiere realidad
de imagen y valor de hecho artís­
tico.
Tres condiciones sirven de funda­
mento a su o b r a : la intuición vocacional, el conocim iento y la respon­
sabilidad. De ellas deriva su liber­
tad de acción. Entre nosotros, esa
libertad le ha traído inconvenientes.
Para obviarlos, fué, probablemente,
que Fontana realizó obras como el
H om bre del B ella. E n ella ha de­
mostrado hasta qué punto es capaz
de poner en valor el contenido fo r ­
mal de las estructuras anatómica­
mente fieles; pero su sensibilidad
exige algo más. Y a en Muchacho
del Paraná, otra figu ra tomada del
natural de esa singular población
anfibia del litoral santafesino, la
sensibilidad que antes sirvió para
fija r rasgos típicos, se mueve en
procura de una expresión más vital
e intensa. L a pura definición fo r ­
mal no le basta; necesita emplear
las form as como materia activa, re­
crearlas com o lenguaje. Tam poco astá en su temperamento atarse a una

consigna, ni está en él pensar que
sea función del arte la demostración
de proposiciones teóricas. Frente a
la variedad de estéticas que in for­
man el arte contemporáneo, o que
le sirven directamente de tema, F on ­
tana va al encuentro de su propia
ley o de las soluciones que se dan
como sustancia cuando la obra de
arte llega a ser tal. Regida por una
noción de orden, el punto de equili­
brio de su obra es, sin embargo, eje
flexible que le permite una gran
amplitud de movimientos. Del mis­
mo modo ocurre que en los estados
de dinamismo más expansivo su es­
cultura tiene gravedad, peso, mo­
dalidad estática. El equilibrio se
cumple siempre. Se cumple como en
los hechos naturales. E l placer es­
tético que proporciona la obra de
Fontana proviene, en gran parte,
de la felicidad de su nacimiento, de
su condición de hecho vivo, anima­
do, en sus cualidades, por puras
intuiciones sensibles. Los conceptos
no son extraños a la cultura del ar­
tista, pero Fontana prefiere librarse
a uná intuición enriquecida por la
experiencia y fortalecida por el es­
tudio, que lo lleva cada vez más ha­
cia las raíces del hecho artístico, que
lo libra al poder expansivo de las
formas. P or eso lo vemos viajar en
el tiempo hacia los prim itivos perío­
dos de creación, traernos reminis­
cencias de Creta y de Mieenas, de
los h ititas; acudir al policrom ado,
descubrir un elemento expresivo
más en las superficies rugosas de
los bronces arqueológicos, o entre­
garse a la expansión vibrátil de un
barroco esencial. Elementos ni oca­
sionales ni extrínsecos, sino fuerzas
primordiales que encuentran su re­
lación de sentido en las raíces u ni­
versales del arte. Inútilm ente bus­
caremos en este rosarino ningún lo ­
calismo o cualquier designación in­
telectual histórica. Fontana es un
artista puro que necesita, para ma­
nifestarse, una total libertad de ini­
ciativa, controlado únicamente por
su profu nda intuición estética y por
el sentido de responsabilidad de la
tarea que tiene por delante. Todo
esto es lo que probablemente ha des­
concertado a sus compatriotas, y
lo ha puesto a él en la necesidad de
tom ar otra vez contacto con las

COMO HA TERMINADO EL MAS
SENSACIONAL 1AFFAIRE" DE
FALSIFICACION DE CUADROS
Hace dos años surgió el más sensacional
de los “ affaires” de falsificación de cuadros
de los grandes maestros de la pintura. En
1937 se había “ descubierto" el cuadro Los
peregrinos de Emmaüs. de Vermeer, que fué
adquirido por el Museo Boymans, de Rotterdaim, donde entró con toda clase de honores.
De 1940 a 1943 aparecieron otros cinco Vermeers, cuya autenticidad nadie puso en duda.
En 1945, dos museos (el Rijksmuseum, de
Amsterdam, y el Boymans, de Rotterdam) y
dos grandes mecenas poseían los cinco pri­
meros cuadros. El sexto, que había sido com­
prado por Goering, y secuestrado al final de
la guerra, pertenecía al Estado holandés.
Ex 1945, en el mes de agosto, van Meege­
ren se declaró autor de estos cuadros. Pintor
mediocre de figuras y de retratos, se reveló
a los cincuenta y seis años, como un notable
falsificador. Cuando estaba a punto de ter­
minar su carrera, logró adquirir renombre me
diante el escándalo. Fué detenido y procesado.
El asunto parecía muy simple. El falsifica­
dor había declarado todo. Explicó con una
refinada complacencia como había engañado
hasta a los más expertos. Se había asimilado
el estilo de Vermeer, había reconstituido sus
colores, imitado su factura; había pintado so­
bre cuadros antiguos para utilizar los fon­
dos; había mezclado a la pintura una resina
que la hacía muy resistente. El tribunal, ante
semejantes pruebas, no tenía más que con­
denarle.
Sin embargo, el proceso ha durado dos
años. Los jueces invitaron al procesado a
que probara su culpabilidad; le pidieron que
ejecutara, bajo la vigilancia de peritos, Los
peregrinos de Emmaüs. Para deslumbrarles,
Meegeren propuso realizar en el plazo de dos
meses un tema nuevo. De esta manera surgió
el séptimo Vermeer, Jesús entre los doctores.
Se entregó al pintor un cuadro anónimo del
siglo XVII (150 x 200), sobre el cual debía
operar. Se le proveyó de los productos nece­
sarios, entre ellos lapislázuli, que entra en
los azules extraños de Vermeer. Al padecer,
la ilusión producida por la tela era perfecta
en cuanto a los tonos y a la materia. Sin
embargo, evidenciaba una decadencia que *e

tesis. A medida que las sim plifica,
advertimos que sus form as se enri­
quecen con n u evos a p o rte s, ga­
nan en intensidad, en poder de mo­
dulación, son más d ire cta m e n te
sensibles. E l don natural de Fonta­
na, visible en todo momento en la
soltura con que su obra es dada,
se manifiesta en sus creaciones más
personales con una firmeza que tie­
ne toda la apariencia de un proceso
espontáneo. Es una manera de abre­
viación, de reducción de la expre­
sión a términos que únicamente
pueden darse, no sólo por el d o­
minio de los medios, sino por el
rigor de la visión artística. La
obra de Fontana define a un ar­
tista de poderes o rig in a le s que
gradualmente son ejercidos sobre
la materia por una manera de pre­
sión para que rinda la intención
concreta del creador. Si com para­
mos sus primeras creaciones abs­
tractas, de construcción cerrada y
de planos escuetos, con sus obras
más recientes de form as sueltas, ve­

cuadromanÍfeStad0 ^

3 P3r,Ír dcl soSundo

Esto no tenía nada de extraño. El artista
hab.a consagrado siete meses a Los per'g rl
nos de Emmaüs; siete meses de t „ i • ■
tenso en ia soledad y el , “creta
solamente de encontrar la manera de Ve”r°
meer, sino también el impregnarse de su es’
píritu. Según el. durante una semana había
estudiado con sus manos, ante un espejo d
gesto de Cristo rompiendo el pan, para alian
zar la “ devoción" necesaria. Impulsado por
Cl éxito, su aplicación disminuyó en seguida
y aumentó, en cambio, su audacia. Llegó con
su Jesús entre los doctores a una verdadera
apuesta. Agrupó, sin la ayuda de un proto­
tipo. siete personajes; se concedió un plazo
demasiado corto, durante el cual él estuvo "en
escena” , porque seis delegados de la justicia
le rodeaban y recibía las visitas autorizadascríticos, reporteros, fotógra fos... Los defec­
tos, latentes en Los peregrinos de Emmaüs
y que aumentan a cada nueva tela, se acusan
en el séptimo Vermeer; la nulidad de la com­
posición, la debilidad del dibujo, el vacío de
la inspiración.
Los expertos nombrados por la justicia, tros
técnicos de alta competencia, comprobaron que,
a pesar de sus diferencias de calidad, los
siete Vermeer formaban una cadena indisolu­
ble. Jvo demostraron ante el tribunal el 29
de octubre, con ayuda de proyecciones. El
Jurado respondió unánimemente sobre las dos
preguntas formuladas: 1 ) Estos nueve cua­
dros (había también dos falsificaciones de
Pieter de Hooch) no son del siglo XVII;
2) son de Van Meegeren.
De la manera minuciosa como se han llenJl(io a cabo todas las investigaciones puede
deducirse que había una cierta- resistencia a
admitir que los cuadros fueran falsos. Hubie­
ra sido una gran tranquilidad, para todos si
Van Meegeren hubiera mentido. De esta raa
ñera el crédito y la autoridad de los eru­
ditos, el crédito de los negociantes de cu
dros hubiera quedado intacto; de esta forma
las enormes sumas pagadas por los cuadros
no se hubieran perdido.
( Continúa en la página 13)

remos que una misma vibración sen­
sible trasciende de unas y otras. V i­
bración que en su intensidad lleva
como im plícita una medida, un rit­
mo, una necesidad de armonía, de
línea melódica que conduzca ,el can­
to que va tomando ánimo en el ar­
tista. Este aliento interior es el que
gobierna el movimiento y la econo­
mía de sus formas. Fontana es un
intérprete libre de los métodos de
la escultura porque necesita que las
formas sean reguladas por su vo­
luntad de expresión, por la acción
vital que las va elaborando. Antes
qne un intérprete caprichoso es un
creador libre. Y es posible que el
proceso que lo ha conducido gra­
dualmente a e.sta libertad no defina
únicamente la personalidad de Pan­
t a n a ; es p ro b a b le que despu és
de estar sometida a uná disciplina
en la que quiso recobrar la noción
de ciertas normas, la escultura vuel­
va a ser un arte flexible y un me­
dio a disposición de la intuición
creadora del artista.

‘‘La mujer de L ot’ ’

“ Aquiles”

tierras en que se educó, pobladas
por el espíritu y las obras de los
grandes creadores.
Habría sido tarea relativamente
sencilla reconocer el valor del arte
de Fontana si se hubiese juzgado su
obra en sí, en virtu d de lo que tie­
ne de creación original. La relación
entre el propósito y las formas que
lo ilustran es perfectamente clara.
Fontana va en procura de una ex­
presión personal, que un sentimien­
to lírico alienta, pero de n ingún
modo lo aparta del sentimiento
de la form a, más riguroso en él de
lo que deja suponer su libertad de
tratamiento. Donde se ha querido
ver una desarticulación difusa obra
una voluntad de concreción, de sin­

PKAKQUEO PAGADO
CoiicsiUa SI S20A

ERCiSTRO DE PROPIEDAD
. STELECTUAL Nú 33AA26

I A K I - A ¡ SE DUC I DA
CoactUdu N* 3799

I MPRENT A
Perú i t i •

CHI LE
*ñ*u

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="20">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1539">
                  <text>Cabalgata</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1540">
                  <text>1946 - 1948</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1541">
                  <text>Derecho público</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="44">
              <name>Language</name>
              <description>A language of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1542">
                  <text>Español</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2138">
                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1926">
                <text>Cabalgata</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1927">
                <text>Año 3, no. 16</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1928">
                <text>Buenos Aires, febrero 1948</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1929">
                <text>Derecho público</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1930">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2089">
                <text>Paz, Juan Carlos&#13;
Eluard, Paul&#13;
Undurraga, Antonio de&#13;
Malaparte, Curzio&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Sofovich, Luisa&#13;
Stern, Leopoldo&#13;
Martí Ibañez, Félix&#13;
Mólins i Fábrega, M.&#13;
Bajarlía, Juan Jacobo&#13;
Larreta, Enrique&#13;
Jesualdo&#13;
Weinberg, Gregorio&#13;
Serrano Plaja, Arturo&#13;
Villegas López, Manuel&#13;
Maugham, Somerset&#13;
Mora Guarnido, José&#13;
Malaparte, Curzio&#13;
Eluard, Paul&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Batlle Planas, Juan&#13;
Cortázar, Julio&#13;
Mauleon Castillo, Rafael&#13;
Graco, Miguel&#13;
Merli, Joan&#13;
Svanascini, Osvaldo&#13;
Verbitsky, Bernardo&#13;
Rinaldini, Julio</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="230" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="553">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/512186ee8ac1fa3c608b743a3cef7885.jpg</src>
        <authentication>9b6dd1f15f5f921c575e805576ceeadc</authentication>
      </file>
      <file fileId="554">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/582eb6e06300592d3ed8f13bcda5b08b.pdf</src>
        <authentication>0b7086593711bf208033df128039a769</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="1936">
                    <text>núm ero

ficDACClON

Y ADMI NI S TRACI ON:

Año III
Marzo

Perú 973 - Buenos Aires - Teléf. 34-2384

I "7
1 /

19 4 8
2“ Epoca

Precio del número: S 0.60 moneda argentina
S u s c r i p c i ó n a n u a l : $ 6.50 mo n . / a r g

CERVANTES,
Y EL

RUBEN DARIO

EXISTENCIALISMO

y el

EN LA

HOMRRE ESPAÑOL

11T E R A T UJR A

Por JEAN CASSOU

Por GUILLERMO DE TORRE
on

i el existencialismo en cuanto cosmovisión
filosófica, y empero contar ya con una lar­
ga historia —puesto que sus raíces se hunden
en Kierkegaard y las próximas lindan con Heidegger—, no había rebasado el ámbito de lo
profesional o profesoral, ha bastado que fuera
exhibido sobre la plataforma espectacular pro­
pia de las doctrinas literarias —como novedad
presunta de la actual trasguerra— para captar
las atenciones más distantes, transformándose
de la noche a la mañana en un suceso perio­
dístico, en un tema del día, suscitador de mil
comentarios ininterrumpidos, sobre el que cada
cual consideraría deshonroso dejar de pronun­
ciarse. Reprueben otros, si gustan, este montaje
escénico, este apoderamiento multitudinario.
Por mi parte, aun valorizando debidamente
la moda —como signo profundo, ineludible,
adscrito a ciertas expresiones típicas de una
época—, mas sin confundir la esent'a con el
accidente, prefiero buscar otras interpretacio­
nes. Prefiero considerar tan clamorosa reper­
cusión como un nuevo testimonio afirmativo
de la valía y la perennidad de las escuelas
literarias, en cuanto son órganos de generacio­
nes diferenciadas.
Porque si la segunda parte, el concepto de
generación, es reciente como método histórico,
la primera, la agrupación de individuos me­
diante afinidades mutuas —desdobladas pa­
rejamente en discrepancias con tos demás—
es muy antigua e ilustre en precedentes. Re­
cuérdese sencillamente que en la literatura de
tradición más unida, menos sujeta a disconti­
nuidades y desniveles, en la literatura francesa,
los espíritus y las tendencias capitales siempre
se manifestaron así, agrupados en escuelas y
movimientos. Desde los días de la Pléyade con
Malherbe, desde las pugnas entre preciosos y
burlescos, hasta los nuestros. Desde los román­
ticos a los simbolistas en el siglo pasado. Se
diría que frente al irreductible individualismo
de las literaturas hispánicas (por algo, y hasta
en la época que pudo ser más coherente, en
el siglo xvn, Lope de Vega hablaba, en La
Dorotea, con intención desdeñosa, de "los poe­
tas en cuadrilla’’), productores y consumidores
en las letras francesas sólo sostienen y aceptan
lo nuevo cuando surge en formación de parada,
bajo una bandera espectacular.

S

Pero la novedad o, más exactamente, la legi­
timidad de buscar otros contenidos y distintas
fórmulas de expresión, ya no es punto de liti­
gio, ni se presta al menor comentario polémico
en abstracto, aunque la literatura existencialista particularmente no deje de suse tarlos.
Dicha escuela aporta en primer término otro
cambio que hasta ahora no fué señalado, mas
que por tratarse de algo genérico merece ante­
ponerse a cualquier consideración específica.
Es cabalmente la muda de género dominante
que lleva aneja: el salto de la poesía a la no­
vela, de la efusión subjetiva al reflejo plural
del mundo.
La alternancia y sucesión de los géneros
—puesto que éstos, contra aquellas añejas teo­
rías de Croce, y frente a la mezcolanza y ato­
mización de sus elementos propios que hayan
podido sufrir, continúan existiendo— es una
ley literaria y artística tan digna de atención
cuanto escasa o nulamente estudiada.
Recuérdese someramente: hubo un momento
de pStp siglo en que la pintura adelantó el paso
sobre las demás artes y logró influjo en las
letras. Le tocó luego la vez a la poesía; bajo
(Continúa en la página .?)

Quijote es prodigiosamente humano, de

D una humanidad española.

Attií.ío Rossi. Las granadas.
(Véase el articulo de Arturo Serrano P laja en la página 16.)

UN ITALIANO BUSC A A SU HIJO
DE AU TO R A N O MIMO
l

fin parto para Roma. La carta circular que Argan nos ha enviado a mí,

a Podestá y a Giulia, decía: "Se nos ha informado por teléfono de que
A
Giorgio está gravemente enfermo: la presencia de su padre es urgente. ’ ’
En cuanto recibimos la noticia telefoneamos desde Lavagna a los Argan,
para tener detalles de la ‘‘enfermedad’’, pero, como era de esperar, nos han
dicho que la llamada telefónica era anónima y que, una vez terminada la
comunicación, habían colgado el receptor.
He partido para Génova a medio­
día y llego a Pissa a las 22 horas. Etapa.
( Continúa en. las páginas centrales.)

Las relaciones que existen entre Don Qui­
jote y Sancho Panza son las relaciones exis­
tentes entre dos españoles. Apelo a los que
leen Don Quijote y hacen de esta lectura un
ejercicio familiar: algunos de los trozos más
conmovedores y logrados son los numerosos ca­
pítulos, que constituyen la trama corporal y
sanguínea del libro, donde aparecen los diá­
logos vivos y sabrosos entre Don Quijote y
Sancho Panza. Son dos voces humanas, per­
tenecientes a dos españoles. Diálogos: no hay
nada más conmovedor que los diálogos. Me­
diante el diálogo se expresa más plena y total­
mente el genio cervantino, que es a la vez un
genio dramático y cómico, un genio que habla
consigo mismo, que se interroga a sí mismo
y que se ríe de sí mismo. En Cervantes siem­
pre se encuentra la pregunta y la respuesta en­
tre dos españoles, y sus relaciones implican una
cortesía y riña moral social basada en la fra­
ternidad. Hay entre estos hombres, señor y es­
cudero, relaciones de verdadera nobleza, y por
consecuencia relaciones democráticas. Son igua­
les en la desgracia y en la aventura, en la
locura y en la prudencia. Entre estos dos hom­
bres hay un entendimiento, una mutua acep­
tación, todo ello logrado gracias a la cortesía
y a la fraternidad: la sabiduría del uno se deja
convertir en locura y la locura del otro per­
mite que se la transforme en sabiduría. Entre
estas dos personas, hay un intercambio de per­
sonalidades, de verdades, de las dos verdades
que encarnan cada uno de ellos; hay un inter­
cambio entre estos dos mundos que se m anifies­
ta en todas las ocasiones. Don Quijote le re­
prende a Sancho su manía de abusar de los
proverbios. Porque Sancho habla mediante pro­
verbios, el pueblo habla en proverbios, y la
sabiduría popular se expresa en los dichos y
proverbios de Sancho. Pues bien, hay momen­
tos en que Don Quijote se expresa con el len­
guaje popular de Sancho. Y entonces es Sancho
(C ontinúa en la págin a i i

La Vida Musical
en CHILE
Por

FRANCISCO CURT LANGE

o se exagera al decir que ha sido Chile el
país latinoamericano que obtuvo los resul­
N
tados más sorprendentes después de veinte años,

' J u a n G ris . H o m b r e a l la d o d e una ventana. 1921.
(Véase el artículo de Ramón Gómez de la Sem a en las páginas centrales.)

de una reforma musical inteligente y obstinada.
Esta evolución está condicionada íntimamente
a una serie de factores dignos de ser tenidos
en cuenta. No obstante fundarse el Conserva­
torio Nacional de Música en 1849 y de haber
sido siempre muy músico el pueblo chileno, la
posición geográfica de ese país, al igual que
la del Perú, llegó a perjudicarle enormemente
hasta producirse la apertura del Canal de Pa­
namá. Por consiguiente, el ritmo de esa insti­
tución musical no pudo ser el de otras, sim ila­
res, ubicadas en capitales más favorecidas por
las rutas marítimas que unen este continente,
a Europa. Alrededor de 1900, por ejem plo, la
influencia y el dominio total de la música ita­
liana tenía que ser la nota descollante en a q u e l
( C ontinúa en la p á g in a S )

�cabalgata

2

Tenemos ya un “ B alzae’s D igest” y uir
“ Rabelais D igest” . Y poco a poco ve­
remos ir apareciendo en “ comprimidos”
a casi todos los autores modernos,- que
ofrezcan interés para el gran público.

S

TKES POEMAS DE TR1STAN TZAIVA *
PARA ANTONIO MAOHADO
velada de los mares coa frente de manantiales
en la palma de tu presencia Collioure
he acariciado la eternidad he creído en ella
y en el vivo silencio de tu viña
he enterrado el recuerdo de la amargura
humo de otoño negro pedregoso,
minuto a minuto coloca su ladrillo
en torno a la mansión del solitario
el viento afila el cuchillo en la montaña
y el invierno le ofroce ya su pecho
que importa en el corazón de la melancolía
se inscribe una rápida vida de lagarto
que importa bajo la sal de la luz
que una sonrisa cual un látigo ilumine los dientes
en las mismas comisuras de la vida serena
toda la tierra de las tierras de Castilla
reposa en tu tierra de graves secretos do amistades
y de olivo tardío hasta el mar siempre joven
se junta la voz de la tierra al orgullo jamás vencido de Castilla
ni siquiera por la misma muerte de la sangre poderosa de una brizna de
[hierba en primavera

EXILIO
el camino ha sacado a la luz la coniza de las miseiias
y los días que he visto y las palabras pasadas
y el sol y yo tiritando de frió en la inconstancia
la jtena más apremiante el amor más oscuro
a la orilla del mundo soy raíz que se extravía
la angustia ha superado el término del viaje
en la "soledad de los pueblos nosotros los de la muerte
emparentados por los hilos visibles e invisibles de la memoria
abrimos sin temor las esclusas en nosotros mismos
v ausentes remontamos^ la corriente asqueada de las grandes praderas
abandonos en el majestuoso silencio de vuestros jergones
es donde yo he aprendido el lenguaje de la sangre fraternal
la sorda indiferencia ha entornado para siempre las puertas deseadas
y los leves vislumbres a cuyas ramas se adherían
ia fe en la propia vida viviendo apenas al borde del camino
y el pudor de nuevo encuentra' su paja maternal
los árboles y las hojas bastan para la ternura
V ninguna palabra es suficientemente pura para la luz
para recortar el diam ante,de su belleza en torno a. nosotros

LA MANO NEGRA
■• ei verano blandía su risa de cabalgata.
las rutas se torcian con. chasquido de fuga
y las abejas cosidas con minúsculas llamas
hogares cantantes de labios
era el tiempo ligero de las horas o desnudez
en que la alegría descubierta en el linde de los colores
coronaba la infancia desmesurada v fina
de la gloria del día con su cristal eterno
mas yo he aprendido el silenció en .su misma fuente
y vo he visto la muerte andando a ciegas
ebrio de muros de lluvia, ebrio de ramas
. que reían a vuelo desplegado
desde entonces una voz siempre la misma roza el árbol de hielo
que soy yo: en medio del opaco aposento
inmóvil soledad grave de los planetas
y .de violenta memoria alzada a flor de fuego
tristeza cuya frente do sombra nacarada
ya es hora de que el grano derrumbe nuestra mansión de olvido
antes de que la noche venga a cubrir la raíz de la tierra
con la furtiva ceniza de las cumbres
árbol de aurora
'
veo despuntar el aire súbito a la paciencia de las fresas
ventanas abiertas sobre el alma entera
«el viento levanta la cábeza
entonces una mano negra se vino a posar delante de mis ojos
me quedé esperando hasta la transparencia de las parábolas
o la caída de los gritos embrujados
el sauce de la tarde y luego nadie
ni siquiera la noche para abrirme la puerta
ni siquiera la duda pequeña risueña

Traducción de A. Serrano Naja
*

Pertenece al libro “ El Signo de .V id a ” .

a j

Cf í

3

o

X
. *■
H
Z
«4
UU
3

&lt;

G5
cc

«4

«1

El Comité de Redacción de C a b a l g a t a
agradece el envió espontaneo de originales y
estima el aporte de escritores inéditos. A los
que formulan exigencias de publicación in­
mediata y de devolución del original en el
caso de no publicarse; a los que solicitan el
juicio crítico de la revista, el referido Comi­
té advierte que en ningún caso mantiene co­
rrespondencia con los autores de los trabajos
no solicitados; que no emite juicio público
sobre los trabajos no insertos en estas páginas;
y, por último, que no devuelve los originales
que no han sido expresamente pedidos.

E explica que ante la actual crisis que
sufro el libro francés, crisis que tiende
n acentuarse, se trate por parte de todos
de encontrar una explicación a los motivos
principales que la originan. Por ello, al­
gunos periodistas literarios se han dedi­
cado a interrogar a los editores, que son
los más indicados para expresar una opi­
nión competente. Pero, naturalmente, el
juicio de los editores se basa en su propia
experiencia, comercial, y ésta generalmente
ií¡&gt; comprende todos los factores.
Hay dos cuestiones esenciales sobre las
que el criterio de los editores no está siem­
pre de acuerdo: la influencia que la crí­
tica literaria puede tener sobre la venta
do ias obras y la importancia de venta
de uña novela, cuando se representa una
ridicula sacada de ella. Sobre estas dos
cuestiones, Jean Blanzat, director litera­
rio do Bernard Grasset, ha expuesto re­
cientemente su criterio:
“ No exageremos la importancia de la
crítica. Por lo menos en lo que se refiere
a la venta eu librería. Desde Souday, na­
die de nosotros puede pretender haber
hecho él sólo el éxito de un libro. Pér­
dida de prestigio. Pérdida de autoridad.
1 ia crítica tiene que dar cuenta de de­
masiadas obras que no lo merecen. Ade­
más, es raro que hoy día un crítico per­
manezca durante años en uir mismo peíiódico o revista, como Souday en “ Le
Temps” o Edinond Jaloux en “ Les Nou\elles Littéraires ’ ’. Cor otra parte, la
multiplicidad de revistas y periódicos res­
tringí) considerablemente la influencia, el
campo de acción do los críticos. Su elientila se encuentra muy parcelada.
‘ 1El cinema es un maravilloso medio de
propaganda, indudablemente. Desde la pre-,
sentación de la obra de Gande AutantLara hemos vendido 30.000 ejemplares del
“ Diablo au corps” , que no es precisa­
mente, lo quo en librería se llama una
novedad. ’ ’
Por el contrario, hay otros editores que
estiman que nada influye tanto sobre la
venta de un libro como una buena crítica,'
y quo, [&gt;or el contrario, la película no
tiene una influencia sensible sobre el éxito
del libro, porque son públicos completa­
mente diferentes. Como en toda encuesta,
a! final de ella cada uno conserva sus
propios puntos de vista.
* La desvalorización del franco influirá
en lo sucesivo sobre el negocio de librería
francés. Resultando en el extranjero más
barato el libro de producción francesa,
su posibilidad de venta será también ma­
yor y podrá concurrir ventajosamente con
los libros en francés impresos en Bélgica,
Suiza y Canadá. Pero al r -opio tiempo,
Como el precio de costo"'de? libro es cada
día mayor (hay editor que acaba de ele­
var en un 100 % él precie de sus obras)
Ja ventaja creada por la desvalorización
quedará neutValizadá’ 'en -reve, indepen­
dientemente de que la falta ,de papel im­
pida las grandes tiradas y, por consiguien­
te, la exportación.
En cambio, el libro de importación ha
sufrido un duro golpe que se manifestará
en una gran baja de su difusión. El libro
extranjero ha experimentado o experimen­
tará un alza del 80 % , o sea la misma
proporción en que el franco ha sido des­
valorizado. Las ediciones argentinas que
últimamente habían logrado una impor­
tante venta en Francia, verán sensible­
mente disminuida su difusión, por lo me­
nos hasta una adaptación de los lectores
a los nuevos precios.
Los (jue de una manera más inmediata
gozarán los efectos de la desvaloriza­
ción serán los autores que firmen con­
tratos de traducción a otros idiomas. Para
los derechos de autor establecidos en dó­
lares (y de ahora en lo sucesivo los
editores tendrán gran interés en que la
moneda de todos los acuerdos sea el dólar),
se ha autorizado que el importe se ne­
gocie en el mercado libre. O sea, que'
mientras antes, á través de la Oficina
de Cambios el editor y el autor recibían
aproximadamente 118 francos por el dó­
lar, ahora perciben más de 300 francos
por cada dólar.
« 11ace unos meses, y publicada por la
editorial “ Le Scorpion” , se lanzó al mer­
cado librero una novela que llevaba por
título “ J ’irai cracher sur vos tombes”
(“ Iré a escupir a vuestras tumbas’ ’), que
se decía escrita por un negro americano
llamado Vernon Sullivan. La obra, por
su carácter i sádico, mereció el desprecio
y la censura de una parte de la crítica.
Se descubrió poco después que el verda­
dero ‘ ‘ Vernon Sullivan ’ ’ no era otro que
el joven escritor Boris \ ian, del que C
BALOATA ha publicado un cuento en su
número del 1 de enero.
Ahora la misma editorial ‘ 1Le Scor­
pion’ ’ ha publicado una novela, “ inédita
en la casta Irlanda ’ según dice la banda
de reclamo, titulada ‘ ‘ On est toujours trop
l)on avee les femínea’’ y cuya autora se
dico es la señorita Sally Mura. Pero se
ha sabido también que el verdadero autor
de esta nueva farsa es nada menos que
Raymond Queneau, que tiene cierta per­
sonalidad en las letras francesas.
o Con un gran éxito de crítica y de pú­
blico, Pierro Valde y su “ Théfitre du
Temps’ ’ presentan en la Gaíté de Montparnasse ‘ ‘ L a Dama del A lba” ; de Ale­
jandro Casona.
La traducción de la obra es excelente
v la interpretación también. La obra de
Casona ha venido a fortalecer extraordina­
riamente el interés e incluso el prestigio
que la literatura española moderna co­
mienza a tener en Francia. Después de
1‘ La Casa de Bernarda Alba ” y de “ D i­
vinas Palabras’’, la “ La Dama del A lba’ ’
quedará como obra del repertorio teatral
francés.
En la colonia de emigrados españoles,
este éxito -de Casona entre el público fran-

Por JUAN SAAVEDRA
eés ha venido a aumentar la gran simpatía
de que ya gozaba entre todos.
• El Comité Nacional de Escritores Fran­
ceses ha excluido de sus filas a Framjois
Mauriae, que habia sido su presidente de
honor. Esta medida ha sido motivada por
la actitud de dicho escritor favorable ha­
cia ciertos escritores colaboracionistas.

® En la “ Comedie des Ohamps-Elysées’ ’
so lia vuelto a poner on escena “ Le pro'
eés d ’Oscar W ilde” , de Maurice Rostand,
que se había estrenado en 1935.
No puede decirse que djeha obra sea
digna de figurar en una antología y mu­
cho menos err un tratado de moral. Pero
es una manera literaria de intentar jus­
tificar cierto vicio y de que todas las
noches se so den cita en la sala en que
se representa los cultivadores del mismo.

® Las dos exposiciones de pintura que
han ofrecido más interés este mes han ( * En el Museo de Arte Moderno se ha
inaugurado una exposición de las obras
sido las de Jaeques Villon, en la Galería
do Paul Klee, que es apenas conocido en
Carré, y la de Léon Gisehia, en la Ga­
Francia, a pesar de ser uno de los gTairlería Billiet-Caputo.
des artistas de nuestra época. Esta ex­
Villon expone cuadros recientes, en los
posición. juntamente con la de los Mu­
quo se manifiesta de manera concreta una
seos de Viena, son las dos más interesantes
labor de cincuenta años. Hablando de ella,
que se nos han presentado esta temporada
uno de los mejores críticos franceses ha
en París.
dicho: “ La primera época del cubismo
aparece eu sus formas. Todas las obras
• Como vivimos on una época en que los
expuestas constituyen un conjunto de una
escritores manifiestan con frecuencia sus
graciosa belleza, de un refinamiento muy
preferencias políticas, debemos dar cuenta
trabajado y de una probidad absoluta.
de la declaración que han hecho pública
Una pintura que debe ser saboreada poco
- laude Aveline, Jean Cassou, Georges
a poco, a fin do que el espíritu participe
Friedmann, Andró Chamson y Louis Mardo ella tanto como el sentimiento de nues­
.tin-Giauffier, en* la que, manifestándose
tra delectación.’ ’
en principio contra los dos bloques anta­
Las obras que ofrece Gisehia han sido
gónicos (URSS y anglo-amerieanos), to­
pintadas entre 1918 y 1939. Se manifiesta
man posición on el fondo a- favor de la
en ellas una gran fuerza de colorido y
URSS. Se trata del equipo que actual­
confirman la influencia que ha tenido el
mente dirige el Comité Nacional ‘ de Es­
artista en la pintura moderna francesa.
critores.
®En el Teatro Hébertot se ha estrenado
“ Le Maitre de Santiago” , de Montherlant. La acción de la obra se desarrolla
en Castilla, a principios del siglo xvr. Don
Alvaro es caballero de la Orden de San­
tiago. Si se le llama “ le Maitre” es de­
bido a que casi es el único que ha con­
servado en el seno de la Orden las vir­
tudes y la firmeza de corazón que un
cuarto de siglo antes era la característica
de los caballeros. Pero la Orden está a
punto de desaparecer; los caballeros a b a l­
donan España y van a tomar parte en
la conquista de Perú, de Méjico. Lo que
les anima a la aventura es mucho menos
la esperanza y la necesidad de “ superar­
se ’ ’ quo la ambición de enriquecerse. Claro
está, que esto lo disimulan con el hipó­
crita deseo de llevar, la verdadera fe a los
infieles.
Antes de representarse, la obra había
aparecido en volumen. La representación
en ■la escena no hace más que confirmar
el alto valor de la obra y el deleite que
su lectura produce. Mucho más porque
en el teatro es magníficamente repre­
sentada.
• Colette, la autora de las “ Claudinas”
ha cumplido setenta y cinco años de edad.
Con este motivo no ha habido periódico
que no le haya dedicado un artículo de
simpatía, recordando, sobre todo, como se
ha desarrollado su carrera literaria. Ac­
tualmente, cuando eir Francia los juicios
literarios se emiten generalmente teniendo'
en cuenta más las posiciones políticas que
las calidades artísticas, ha sido una excep­
ción el caso de Colette, donde no ha habido
ninguna nota discordante, ni de derecha
ni de izquierda, en el tributo que se' la
ha dispensado.
• La crisis, del cine francés sigue ha­
ciendo correr mucha. tinta y es tema de
multitud de artículos y de sugestiones pa­
ra tratar de resolverla. Como .reacción
contra esta crisis, algunos, inspirados más
por deseos políticos que por verdadero in­
terés artístico, creen que no hay otra
táctica que combatir las películas ameri­
canas. De ahí una cierta campaña para
boicotear toda película americana que se
presente en las salas francesas.
Pero para que esta campaña tuviera
una, verdadera eficacia sería necesario dar
al público una producción cinematográfica
francesa que le permitiera prescindir de
la americana. Y como esto no sucede, el
público sigue llenando las salas donde
se representan producciones americanas.
Así sucede ahora con dos películas que
por primera vez se dan en Francia:
“ Dunibo” y “ Monsieur Verdoux” . Y
toda la crítica lia tenido que rendirse a
la evidencia y reconocer que para salvar
el cinema francés y acabar con la in­
vasión del cinema americano no hay otro
procedimiento que superar la calidad de
las cintas. Mientras tanto, el público se
guiia acudiendo allí donde se le ofrezcan
las mejores obras, sin tener en cuenta
para nada su procedencia nacional.
• También continúa la campaña contra la
llamada literatura ‘ ‘ eondensada ’ Al prin­
cipio se trataba de revistas o publicacio­
nes americanas. Pero cada vez aparecen
mas publicadas por editores franceses.

® Fran^ois Mauriae, del que se lia venido
diciendo últimamente que estaba agotado
como novelista, anuncia en el “ Fígaro
Xiittérairo,” que va a comenzar a escribir
una novela, Pero añade que no se preci­
pitará a publicarla. “ ¿Por qué precipi­
tarse en estos, tiempos en que se inventa
un impuesto sobre la creación? ¿Es quo
los novelistas tienen ganas todavía de ga­
nar dinero para verlo desaparecer en se­
guida en tasas e impuestos?”
Mauriae, con estas palabras, no hace
nías que expresar el verdadero sentimien­
to de todos los literatos franceses, que
ven como el Estado les arrebata una
gran parte de su trabajo en forma de
impuestos.
• Para conmemorar el centenario del na­
cimiento do Joris Karl Huysmans, la
Biblioteca Nacional ha organizado una
exposición en recuerdo del autor, de “ A
rebours ’ ’.
* El Jurado del premio literario de la
“ Guilde du Livre ” , ha declarado que da­
do que se encuentra en la imposibilidad
de designar un manuscrito digno de ob­
tener el premio, deja el concurso abierto
hasta el 1 de septiembre de 1948.
H e aquí el motivo, verdadero de, la cri­
sis del libro francés.

e f i c f a. z
C abalgata establece contactos.
Es el vehículo de enlace de escri­
tores, artistas, editores, libreros
con un público multinacional, he­
terogéneo, culto. Lo confirman las
cartas que a diario llegan a nues­
tra mesa de Redacción desde to­
dos los lugares del país y del exI tranjero. De muy remotos lugares,
i donde estar en contacto con la caí pital es quimera, nos solicitan el
envío de Catálogos, nos encomien­
dan la remisión de libros - pedi­
dos ambos que al instante cuida­
mos de transferir a la “Librería
Postal Mercurius”— y nos anun­
cian la formación de grupos de
“Amigos de C abalgata ” . Gracias
a nuestra campaña confirmamos
temores y esperanzas. Suponíamos
que el servicio de librería estaba
mal atendido en el interior de
nuestro pais y los pedidos de los
lectores amigos atestiguan que en
millares de lugares carecemos de
representación librera.
Ocurre esto mismo en todos los
\ países del continente. Se cumple
J lina de nuestras esperanzas: el
país despierta y el lector reclama
libros. Estos lectores exigirán que
no quede localidad, grande o pe­
queña, desprovista de la biblio­
grafía más elemental y corriente.
Hay que librar la batalla —cru­
zada cultural-— por el libro v pa­
ra el libro.
Los “Amigos de C abalgata ” ha­
rán obra benemérita donde sea
que trabajen en pro de la difu­
sión del libro; por la apertura
de negocios de librería; por la
venta domiciliaria de libros; por
i l&lt;l formación de bibliotecas pú­
blicas y privadas; por el acervo
bibliográfico en escuelas, fábricas.
\ hospitales, balnearios, ministerios,
j clubes; en cuanto lugar de con| centración humana exista.

�T
c a b a lg a ta
antelación al cuadre suele existir
una idea, un motivo o una imagen,
pero aparto de estos propósitos, no liay
nada
concreto que pueda ser punto de
arranque para su ejecución. El artista todo
]o tiene que crear, o bien, materializar.
En el collage sucede lo contrario: una
“ cosa móntale” propiamente plástica sólo
puedo hacerse presente en modo nebuloso,
dándose, en cambio, tos puntos de partida
como heolios consumados en los elementos
materiales: ellos mismos sugieren una ex^
presión y el pintor se guía por sus calida­
des que, incluso, encierran sugerencias que
escapan a su dominio ordenador. Eir esta
sencilla inversión del proceso creador re­
side, quizás, 16 substancial del tema y,
a s i m i s m o , la atracción que los objetos pe­
gados ejercen sobre algunos pintores con­
temporáneos.
No cabe, duda que un collage, antes de
ser una ‘‘ obra de arte” , es un acto ex­
perimental. Con esta reducción de sus f i­
nís, sin embargo, abre algunas puertas
Por HANS PLATSCHEK
que no siempre deben resultar necesaria
mente puertas falsas. Much ■ pintor hay,
ultramoderno en sus obras, que lie se atre
ve a perder un poco de Ja rutina de las
manchas, las superposiciones, las (remen
tinas y los filetes, para tocar elementos
que do pur sí propenden más al riesgo y
a! fracaso que a la conclusión lógica. Si
oo so pierdo de vista la etern-a diferencia
entre una obra y un gesto, señalada de
nuevo por el arto moderno, puede atri­
buirse al collage la condición de ser uno
de los más intensos y temibles — o más
que temibles, temidos— medios de purifi­
K u rt SchwUters. “ Collage” . 1919.
cación. Hasta cabo decir que el collage es
el vehículo más propicio para el gesto,
carezca de poesía pictórica. Su valor plás­
collage es, sin duda, el nirnos apropiado
vertirse en virtudes. Si la entonación pro­
por su total ausencia de técnica y su ca­
tico es, sin duda, diferente del de la pin­
para exteriorizar una primacía de inten
gresiva está vedada, todo “ pintor” de
rencia de aquella continuidad del proceso
tura, pero no menos auténtico cuando se
clones, y no resulta extraño, por consiguien­
collages busca con más escrupulosidad el
pictórico que desenvuelve la obra gradual
tienen en cuenta sus particularidades. Esto
te, quo aquel tipo de collage haya pasado
relacionamiento de las cantidades cromá­
no siempre se ha entendido de modo cabal.
mente. La elocuencia del gesto depende
al campo del “ foto-m ontaje” .
ticas y de las formas lisas en sus elemen­
Todas las composiciones con elementos y
en gran parte de la elaboración precisa
La condición más primordal del collage
tos' dados. En tal sentido pueden origi­
figuras pegadas que han tenido su origen
„ inmediata; cuanto más propio es el me­
es su esencia de calidades extrapictóricas,
narse problemas de composición y de yux­
en
aquella
ala
del
Dadaísmo
quo
nunca
que pueden ser organizadas en modo es­
dio que conduce a fijarlo, menos peligro
taposición, de contrastes y de acordes, que
disimuló su designio moralizador, pronto
pecíficamente plástico. Eso es todo. Lo
exigen mucha más sensibilidad y sabidu­
hay de que su espiritualidad se extravío
tuvieron que notar su insuficiencia ex­
extrapictórico se fundamenta precisamente
ría que en otros procesos de la pintura.
o que se estanque en una realización tra­
presiva en lo que a los valores plásticos
en lo negativo de los medios, en primer
Ahí es, en realidad, donde puede llegarse
bajosa cuyo colofón viene a ser el cuadro
se refiere, y no por la novedad del medio,
lugar, la total imposibilidad de matizar
a la vibración del conjunto mediante dos
acabado, en este caso completamente in­
sino, más bien, por haber querido inter­
los conjuntos, acompañado, naturalmente,
planos y un arabesco sencillo. Ante todo
oportuno.
ferir el gesto con intenciones de repercu­
por la no menos absoluta imposibilidad
con elementos sencillos, pues toda forma
La ausencia del mecanismo técnico na
sión ética, por así decirlo. En la expresión
do graduar tonos en la superficie. Pero
de cierta elaboración y complicación m i­
significa, por otra parte, que el collage
artística, creada por los modernismos el
dichas cualidades negativas pueden con­
tiga la calidad esencial del material .
ont

C

ESTETICA
MINIMA

DEL

COLLAGE

JEAN-PARL SARTRE v
»

(Viene de la primera página)
el signo do la lírica, cou infiltraciones de
este género incluso en los más lejanos
a su esencia, ha vivido gran parte de la
literatura europea de los pasados años,
hasta la guerra. Señaló el caso hace tiem­
po. rspecto a lá literatura española' Pe¡ Uro S alin as; lo ha comprobado también,
en un balance más reciente, Frangois Mauriae por lo que concierne a las letras fran­
cesas; y en cuanto a las inglesas, aunque
el caso fuera menos acusado en profun­
didad, si bien más general en extensión,
no requiere ningún testimonio explícito.
Pues bien, la rosa de los vientos gira y
nos encontramos con que la novela cobra
primacía y dominio. La novela o, si se
prefiere, lo novelesco en un sentido muy
amplio, ya que a sus límites violados se
incorporan otros elementos también dúc­
tiles, de líneas estiradas ahora más que
nunca; ensayismo, filosofism o. Lo fdosófico, por lo demás, deja de ser coto ce­
rrado, se vitaliza; lo problemático del
pensamiento entra a raudales en nuestras
vidas complejas; al centrar en la prime­
ra persona del singular las cuestiones v i­
tales, humanas, permanentes, éstas se colo­
rean de un patetismo metafísieo. Se ha re­
emplazado, por ejemplo, el problema de
“ la muerte” por el de “ yo muero” — se­
gún frase de Uroethuysen, con reminiscen­
cia urrariiuuesca— y, por consiguiente, ya
no admite la escapatoria de lo impersonal
e intemporal. Parejamente, en la ciencia,
ei “ principio de incertidumbre” de Heizenborg parece ser la única realidad a tono
con la atmósfera convulsionada. Y cual­
quier libro que no retiejo este contrapunto,
la interacción do vida e intelectuaiismo,
corre el riesgo de dejariras fríos. De ahí
quo las novelas de Mairaux — no obstante
sus imperfecciones, cierta calígine, la borrosidad psicológica de sus personajes—
hayan marcado tan honda impronta en las
últimas generaciones; de ahí la resonancia
múltiple suscitada por libros — asimismo
técnicamente nada excepcionales— como
los de Arthur Koestler y las polémicas
cu torno a JJarkness at noon donde se
afrontan y ventilan problemas de con
Ciencia sobro un tema tan contradictorio
como los procesos soviéticos.
Aun rehuyendo cautelosamente cualquier
*®ago de profetismo, creo no incurrir en
ningún desafuero al pronosticar desde
ahora que en la literatura do la próxima
década lo novelesco problemático será ine­
luctablemente el género donde se manifies­
ten las obras más representativas.
Ahora bien, lo grave es que el módico
equilibrio auterior de fuerzas conjugadas,
de vida e intelectuaiismo, so ha roto, que
ú alud irracionalista amenaza con arrasar
lodo y que so pretende “ un honor metafísico en sostener la absurdidad, del mun­
do” , según escribe Albert Camus, quien
wga pertenecer a) clan existeuvial, no obs
tunto sus patentes similitudes de concepto
—a través de su libro teórico Le mythe
'le Sixyphc y su novela I.'étrangcr— con
las obras y teorías del portavoz oficial
Joan Paul ¡Sartre.

I

Cuando en el curso del dramático 1937
•parecieron en La Souvelle E true Franlas priinoras novelas cortas de Jeanl'aul Sartre —“ Le mur” , “ Iatim itó” —
fuimos ya algunos quienes sentimos u¡

el

leerlas (confesarlo por mi parte no es in­
currir en profetismo a posteriori, ya que
entonces comuniqué a otros esa impresión)
cierto choque singular, la presencia incues­
tionable do algo cínico, turbador, pode­
roso. Ciertamente no era su nota dominante

EXISTENCIAIISMO m
una crudeza temática sin restricciones, ni
su atmósfera amoral aquello que podía
asombrarnos. No era tampoco su expresión
impúdica, sin veladuras, lo que resultaba
nuevo. Precedentes múltiples en ambas di­
recciones había ya depositado en nuestras

El Humorismo I N V O L U N T A R I O

i)t B A L Z A í*
Por CHARLES MOULIN

P

A U L E L U A R D b a c ía en
u n a o c asió n el p a ra le lo
e n tre la p o e sía in v o lu n ­
ta r ia y la p o e sía in te n c io ­
n a l y, e n tre los ejem plos
quo no s p ro p o n ía , el de
P im p a n ic a ille , p e rd id a en
u n lib ro do M ad ain e de
S e g u r, no s im p re s io n a con
m a y o r p ro fu n d id a d y s u ti­
le z a quo -c u a lq u ie r s e rie de
a le ja n d r in o s m a g is tra le s , r e ­
c o n o cid o s y a d m ira d o s p o r
to d o s.
L e y e n d o re c ie n te m e n te a
B alza c , me b a im p resio n a d o
la re s o n a n c ia q ue a d q u ie re n
h o y a lg u n a s d e su s fra s e s ,
g ra v e s fó rm u la s v e s tid a s
con el re d in g o te b u rg u é s,
o im p e rtin e n c ia s a r is to c r á ti­
c as. A p rio r i, n a d ie nos p a ­
re c e ta n a le ja d o como él d el
d e sp eg o iió n ic o , ^ d e esos
ju e g o s d e fr a s e s m a lig n o s y
a c e ra d o s en lo s que n a y un
fo n d o d e v e rd a d , que ju z ­
g a n a lo s h o m b re s con u n a
b u rla y quo p e ite n e c e n m ás
b ie n a l a n a lis ta frió q u e a l
g en io a p a s io n a d o y c re a d o r.
P o r lo ta n to , un o d u d a u n
poco a n te s d e tr a n s í o rm a r
a B alza c en u n ém ulo de
C h e ¿ te ito n , do u n ir “ L a H is ­
to r ia d e lo s tre c e ” a l “ C lub
d e lo s o ficio s e x tra ñ o s " , o
de c o n f r o n ta r a l d o c to r
B la n cb o n con el h o n o ra b le
m ís te r B ro w n .
S in em b arg o , a lg u n a s de
su s p a la b ra s , de su s p e n ­
sam ien to s, el to n o m ism o do
a lg u n a s do su s d e sc rip c io ­
n e s, a u n q u e e sté n de a c u e r­
do c o n su s is te m a novelesco,
con su v is ió n p o lític a , c o a
su s c o n ce p to s b u m a u o s y so­
c ia les, se im p re g n a n , a pe­
s a r suyo, do u n a fu e iz a
h u m o rís tic a y s a tí r ic a i n ­
n e g ab le, a l o p o n e r s u Hipo­
c re s ía o su e x tra v a g a n c ia ,
a la h ip o c re s ía y e x tra v a ­
g a n c ia d e h o y en d ía . P o r
su m ism a s e rie d a d , se v u e l­
v e n c o n tra q u ie n e s la s p ro ­
n u n c ia n y c o n tra su s sem e­
ja n te s .
P e ro B alzac, a l p a re c e r,
no to m a p a rto en e l ju e g o ;
se m a n tie n e f u e ra d e el;
d e ja q u e su s p e rs o n a je s v i­
v a n p o r sí solos y no in ­
t e n ta n u n c a ju g a r con ellos,
y a se t r a t e d e u n viejo
chocho como el “ p é re R o u ­
g e t” a l quo ta n b ie n d e s ­
p lu m a su E a b o u ille u se , un
tip o g ro te sc o como e l Schum u cko d e l “ P rim o P o n s ” , o
u n o d e eso s h e ro e s d e l v i­
cio, d e la p o lític a o de la s
fin a n z a s como V a u trin , do
M a rsa y y N n c in g en . S in
e m b a rg o , y com o de p a se ,
p ro v o c a c i e r t a s re la c io n e s
e n tre la3 p a la b ra s y e l pens a m ic n t
q u e se d e sta c a n

No, yo p ie n so so b re todo
en a lg u n a s fr a s e s en la s que
se d e fin e to d a u n a p o lític a
d el p e rs o n a je de B alza c , c u ­
y a ló g ic a p r e s e n ta a n u e s ­
tr o s o jo s n o ta b le s c o n tra ­
d ic c io n es, y u n h u m a n ism o
p e rfe c ta m e n te in h u m a n o , he­
cho d e m e z q u in d a d y c ru e l­
d a d ; fr a s e s c a r ic a tu r e s c a s
y, a la vez, c o m p le ta m e n te
sin c e ra s , d e cuyo exceso a b ­
su rd o n a co la s o n ris a a m a r­
g a d e l h u m o rism o .

Honoré de Balzac
p a r a n o s o tro s d el re s to de
la o b ra , c o n v irtié n d o s e en
u n a s á tira , en u n a b u rla
c ru e l de la v id a o d e c ie r­
to s h o m b re s ; no m e re fie ro
a e s ta t a r t a de cr^m a, d ig ­
n a de P e ro g r u llo : “ E l hom ­
b ro es n n b u fó n que b a ila
s o b re u n p re c ip ic io ” , n i de
su s c o n s ta n te s p e ro g ru lla ­
d a s , c o m e n ta d a s p o r el
a m o r: “ Sed d e v u e stro p a r ­
tid o . S o b re to d o , a g re g ó e lla
rie n d o , c u an d o tr iu n fe . A
m í m e im p re s io n a ro n p r o ­
fu n d a m e n te e sa s p a la b ra s ,
cuya
“ p ro fu n d id a d
p o líti­
c a ” se o c u lta b a b a jo e l c a ­
lo r d el a fe c to .” (E l L irio
en e l v a lle .) •
No h a b lo tam p o co d e ese
h u m o rism o v e rb a l £ im p e ­
tu o so d e l e n a m o ra d o que,
“ b e b ía en in fu s ió n la s flo ­
re s que E L L A le h a b la lle ­
v a d o ” (o tro e stu d io de m u ­
j e r ) , n i d e l c u ra que ae
n ie g a a a c o m p a ñ a r h a s ta ol
c a d a lso a u n jo v e n d e su
p a r r o q u i a , e x c la m a n d o :
“ ¡ E so no se le p o d ría e x i­
g ir n i s iq u ie ra a u n a m a d re
y p e n s a d b ie n , s eñ o r, que
h a n a cid o en e l seno de m i
p o b re ig le s ia ! ” (E l C u ra
do a ld e a ) , n i d e l fu n c io n a ­
rio quo, c u a n d o tie u e que
d e c la r a r so b re la s ig u ie n te
d e m a n d a : “ E l s u p lic a n te so­
lic ita la in c in e ra c ió n d e sn
e sp o sa ” , e x c la m a :
“ ¡P e ro
e s a bs u n a c u e s tió n m uy
g ra v e ! M i in fo rm e no puede
e s ta r lis to h a s ta d e n tro de
ocho d ia a l” ( F e r r a g u s ) .

T a s c h e ro n h ijo h a com e- ^
tid o u n c rim e n y h a sido
p o r é l c o n d e n a d o ; to d a la
fa m ilia , fie l a lo s v ie jo s
p rin c ip io s , v a a d e ja r el
p u e b lo ; per® eso es u n a n a ­
c ro n ism o p o rq u e : “ s eg ú n la
n u e v a le y el p a d re no es
y a re s p o n s a b le d el h ijo y el
c rim e n d el p a d re no m a n ­
c h a a la fa m ilia . E n a rm o ­
n ía con la s d ife re n te s e m a n ­
c ip a c io n e s que h a n d e b ilita ­
do do t a l m odo la p o te s ta d
p a te rn a , ese s iste m a b a lo ­
g ra d o el triu n f o d e l in d i­
v id u a lism o que d e v o ra la
so cie d a d m o d e rn a ” . ( E l C u­
r a de a ld e a .)
E l p o lité c n ic o G e ra rd se
e n c u e n tr a en P a r í s d u ra n te
la s tr e s jo rn a d a s g lo rio s a s ;
a l s e r in te rr o g a d o a c e rc a de
los a c o n te c im ie n to s , re s p o n ­
d e : “ H e sac a d o u n a s c o n ­
c lu sio n e s “ m uy tr is te s . —¿ E l
q u é ? - Y a no e x iste el p a ­
trio tism o m ás que d e b ajo
de la s c am isa s s u c ia s . . .
E so es la p é rd id a de F r a n ­
c ia .” (E l C u ra d e a ld e a .)
C oncedem os la p a l a b r a
f in a l a u n ju r i s ta . L a jo­
ven U rs u la M iro u e t, h ija le ­
g ítim a de u n h ijo n a tu r a l,
h a sid o e d u c a d a p o r u n tío
m uy ric o ; los h e re d e ro s d el
tío , in q u ie to s , c o n s u lta n a
su n o ta rio . D e sp u é s de h a ­
b e rle s ex p lic ad o la s re fe
re n c ia s d e i có d ig o , e l n o ta ­
rio le s d ic e : “ E l rig o r de
la le y f r a n c e s a p a r a con los
h ijo s n a jú ra le s , s e r á e je r c i­
do con e sp e c ia l s e v e rid a d
p o rq u e
n o s h a lla m o s en
U N A E P O C A D O N D E SE
H O N R A A L A R E L IG IO N .”
( U r s u la M iro u e t.) L a c a r i­
d a d c r is tia n a a p o y a n d o el
r ig o r d e la s le y e s b á r b a iq s
es p a r a m í u n a d e la s m e­
jo re s im á g e n e s de ese h u ­
m o rism o ta c itu r n o , con el
quo B alzac, d e u n m odo inc o n rc ie n te , re a liz a a veces
la s fr a s e s d e sn3 p e rs o n a je s .
N o m e p ro p o n g o o tr a co­
sa q u e s e ñ a la r e s ta c u rio ­
s id a d de B a lz a c : no d u d o
do q u e el le c to r, en e l c u r­
so d e su s le c tu ra s , d e sc u ­
b r i r á o tro s eje m p lo s, q u iz á
m áa p 2r ti n e n te s . .

la

V esto nos lleva directamente a las ca­
lidades. Convinimos que en un collage no
es posible; matizar, es decir, buscar peque­
ñas diferencias de tono, de tinta, de ap li­
cación de ambos, de tratamiento de la su ­
perficie, que es precisamente lo que marca
,,i diferencia entre un cromo y un cua­
dro. Sin embargo, como señalé arriba, todo
collage depende de las riquezas quo ofrece
la diversidad Je sus elementos. S i bien no
se puedo quebrar una tinta por eso míni­
mo qnc confiere diferencia al plano, cu
el collage hay un cambio do materias que
producen este plano. Dicho en forma más
gráfica, en el collage no se habla de Illan­
co, gris o pardo, sino óe papel de diario,
de trapo da piso, o de tabaco. Del mismo
modo pueden establecerse los tonos: no
bav claro ni oscuro, sino estos mismos
hechos err correlación.
Concluyendo, vuelvo a insistir en la faz
i,i Lamente experimental de los objetos ar­
monizados, en su peculiaridad de gesto.
No obstante esto, el collage tiene, por
estas mismas razones, una singularísim a
necesidad de existencia, pues el pintor ver­
dadero — y perdóneseme el lugar común,
tan insustituible como todos los lugares co­
munes—- nunca deja de serlo pegando pa­
líeles, recortes de tela o tabaco sobre una
su p erficie.. . A esta altura del desarrollo
de la expresión figurativa actual, ya vuel­
ven a abundar los hacedores de presunta*
chef d 'ocurres-, mas, por mucho que ras­
treemos, escasamente hallamos une ocurre
d'un chef, a no ser de tal o cuál chef Xe
cmsine. Frecuentemente, el gesto cede a
ia obra de salón, carente de generosidad
y espíritu .En inteligente pintor y escul­
tor, Alexander Calder, escribió no hace
mucho, ante las imágenes de los habitantes
de las islas oceánicas, algunas frases que
liacomos nuestras pensando en el collage:
“ Yo pienso quo esto es hermoso. Una
muestra como la presente anima a todo
artista. Si se siente tentado a ensayar
algo experimental, pero teme que íro pueda
llevarlo adelante, esto puede darle estímu­
lo ” . De hecho, todos los pintores primi­
tivos fueron pintores de, gestos. ¡R enun­
ciaremos nosotros de experimentar con
nuestros recursos expresivos para seguir
formando fila en la antesala de una pe­
tulante eternidad?

LITERATURA
Por GUILLERMO DE TORRE

riberas la resaca de la anterior trasguerra.
Bastará recordar las novelas de Louis-Ferdinand Céline en Francia, de Ericb Kaestner en Alemania, de Alberto Moravia en
Italia como demostración: do que nuestro
paladar estaba acostumbrado ya a “ deli­
cadezas” semejantes. Y en punto a vio­
lencia de situaciones, a amoralidad de at­
mósfera y ‘ ‘ directismo ’5 expresivo, la ex­
tensión todavía más vasta y el influjo
creciente logrado por el nuevo realismo
de algunos norteamericanos penúltimos
—-Faulkner, Steinbeck, Caldwell, Cain...—
es suficiente ejemplo. Luego la sacudida
del cinismo tenía ya un epicentro lejano,
y esa ola turbia, emproada a mostrar la
vida como “ sound and fu ry ” — como un
cuento absurdo contado por un niño idiota,
parafraseando las palabras de Shakes­
peare—■ se había extendido sin trabas a la
novelística de otros países en años más
recientes. La guerra, en vez de anular con
su violencia real esta corriente, al supe­
rarla cou los hechos, no hizo sino reforzar
paradójicamente sus batientes, inclusive en
la antes innocua literatura inglesa, según
muestra la difusión alcanzada allí durante
los años de la “ blitzkrieg” por las im a­
ginaciones a lo K afka, de Rex Warner y,
particularmente, por cierta novela sádica,
Miss Blandish.
Hasta en la secuestrada España las dos
únicas novelas que alcanzaron renombre
— aludo a irada, de Carmen Laforet y a
La fam ilia de Pascual Duarte, por Camilo
José Cela— , quo la gente de allí ha leído
y celebrado (quizá no tanto por su puro
valor literario, muy relativo en los dos ca­
sos, sino por la protesta subterránea que
marcan contra el oscurantismo y el confor­
mismo teocrático-castrense) trasuntan se­
mejante visión cínica e implacable de la
vida. Una mención más subrayada, tanto
por su valía infinitam ente superior, como
por tocarnos más de cerca en todos senti­
dos, merecen las obras de dos poderosos
novelistas españoles revelados en el des­
tierro. Aludo a Max Aub, cuyos libros
Campo de sangre y Campo cerrado mere­
cían mayores atenciones quo las logradas;
y a Arturo Barea — español en Londres,
desconocido por casi todos sus compatrio­
tas, pero cuya trilogía antobiográfica-novelesea The forgin g o f a rebel ya ha con­
quistado el espaldarazo de varias traduc­
ciones.
Todo ello revela que la guerra y la tras­
guerra podrán haber exacerbado esa ten­
dencia cínica, tremenda, malhablada, pero
queda probado que no sólo en potencia,
sino en actos y obras múltiples, existía ya
desde antes. Cierto es que particularmente
en Francia, ya hace años veníase hablando
de uir.i corriente “ m iserabiiista” ---el
apelativo corresponde a Jean Schlumbergeir— introducida quizá antes que nadie
por los libros ya aludidos, crudos, mal­
hablados do Céline, autor hoy relegado a
la zona de lo innombrable, merced a su
conducta colaboracionista, ya que aquel
cantor de negruras, aquel maniático anti­
semita lógicamente había de sentirse so­
lidario con el antiespíritu nazi. Pero ni
por su contenido ni por su técnica el autor
del Voyagc au bout de la nuil marcaba
otra cosa que una reanudación del realismo
naturalista, llevado a su dislocación cari.-

caturesea y en sus aspectos más sombríos.
Con la aparición de las novelas sartrianas las cosas toman un iruevo sesgo: la
técnica cambia y la intención también. E l
incriminado “ miserabilismo ” no está ta n ­
to en el tema o en los detalles episódicos,
como en el meollo do sus personajes y en
la atmósfera que los baña. De otra parte
el procedimiento zolesco, las construcciones
macizas, son sustituidas por el fragm entarisrno y las visiones superpuestas, cuyo
ejemplo más expresivo puede encontrarse
en la composición de E l aplazam iento.
Mas la crudeza allí mostrada era de ca­
rácter diverso: más sutil y especiosa, co­
mo respondiendo a un preconeepto intelec­
tual, como ejemplos de una eosmovisión
peculiar muy elaborada y meditada. Sin
ser meramente externa, puesto que iba uni­
da al fondo, aquella crudeza tampoco po­
día considerarse esencial: era una resul­
tante mas no un fin. La pareja enclaus­
trada de “ La cám ara” , el personaje en­
tro grandioso, cómico y salaz, ávido de
asombrar al mundo, de “ E róstrato” , el
proceso de corrupción de una falsa per­
sonalidad que describe “ La infancia de
un j e f e ” - — entre otras novelas cortas de
E l muro— impresionan' e interesañ por sn
intención subyacente antes que por su des­
caro verbal.
Su personalidad incipiente quedó ya más
definida cuando en 1938 dió a luz su pri­
mera novelá La náusea. Decir que Antoine
Roquentin, su protagonista, y casi el único
personaje de esta novela tan despoblada
y fantasm al, tan deliberadamente escasa
de peripecias externas como rica en alusio­
nes significantes, es una suerte de esqui­
zofrénico, no explica gran cosa. L a náusea
que experimenta ante el mundo mediocre
quo le rodea no es física, sino m etafísica.
E s el sentimiento de la existencia como
un vacio donde lo vital se aniquila, y don­
de contrariamente las form as inorgánicas
de la materia asumen, al ser contempladas
con frialdad y desprendimiento, una pre­
sencia fascinante. Según explica el mismo
personajo en una página de sus soliloquios,
lo esencial es la contingencia; por d e fin i­
ción, la existencia no es la necesidad; ex is­
tir es estar ahí simplemente ( D ascin : la
fórmula clave de H oidegger) ; los existen
tes aparecen, se dejan encontrar, pero
su m a puede uno deducirlos. Y agrega R o­
quentin' — portavoz noveloseo de Sartre—
que ningún ser necesario puede explicar •
la existencia: la contingencia no es una
apariencia que pueda disiparse; es lo ab ­
soluto. Y, por consiguiente, la gratuidad
perfecta. Gratuidad que equivale a lo A b ­
surdo. “ Yo comprendía que había encon­
trado la clave de la existencia, la clave de
mis náuseas, de mi propia vida. De hecho,
todo lo quo pude captar después se con­
centra err esta absurdidad fun d am en tal.”
H acia la apología sistem ática de lo ab­
surdo, hecha no con ánimo paradójico sino
con meditado vigor, se encamina parale­
lam ente el libro ya aludido, L e m yth e de
Sisyphe, de Albert Camus. ¿Y acaso Heidegger al centrar en la nada el tem a de
sus reflexioues, y pretender que en ella se
hace patento la angustia, no había y a a n ­
ticipado desde 1931 — en su discurso ¿Qué
{C ontinúa en la página J )

1

�cabalgata

4

JEAN PAUL SARTRE
(Tiene de la página 3)
es M etafísica?— los elementos esenciales
de esta conclusión?
Contra lo que parecen creer y afirmar
tantos gacetilleros confusionistas, ni el
existencialismo se produce como una con­
secuencia directa de la güe ra, ni ha sur­
gido súbitamente armado, cual una nueva
Minerva, de la cabeza del Júpiter Sartre.
Su importancia además — sobre todo desdo
nuestro punto de vista— no radica tanto
en su filosofía como en la incorporación,
por vez primera, do ciertos conceptos filo ­
sóficos a la novefa y al teatro. Claro es
que, lamentablemente, no son tales ideas
las que han removido tan plurales curiosi­
dades, sino la envoltura, mejor dicho, la
aludida desenvoltura verbal con que so
presentan, y, sobre todo, el relente peculiar
que desprenden ciertas páginas sartrianas.
Pero cualquier epíteto censorio, al cabo,
no corresponde a Sartre: su destinatario
es el mundo real de donde toma sus mode­
los. Por lo demás, errarán totalmente el
camino quienes se acerquen a sus libros
buscando únicamente páginas libidinosas,
tanto como quienes pretenden identificar­
las con la literatura licenciosa; su entraña
estético-filosófica los sitúa en un plano
muy superior, rigurosamente aparte de las
procacidades vulgares.
En 1940, poco meses antes de la caída
de París, Sartre da L'Im aginaire con el
subtítulo do Psicología fenomenológica de,
la imaginación, tratado donso de aire ri­
gurosamente filosófico, y cuya aridez ex­
positiva le aleja de quienes hubieran acu­
dido a él seducidos por la c.olindancia es­
tética del tema. Y en 1943, bajo la ocupa­
ción alemana, su libro teórico más capital
hasta la fecha, L ’étre et le néant, ensayo
de ontología fenomenológica, libro abrup­
to,rigurosamente técnico, compuesto de 722
páginas, a gran tamaño, deL que todos ha­
blan “ pero que mo han leído cabalmente
una docena de personas ni han compren­
dido más de seis” , según dice un especia­
lista y no cualquier le g o ; lo que se ex­
plica, ya que su fraseología nos ofrece, en
cualquier página donde aisladamente hun­
damos la mirada, la impresión de una tra­
ducción germánica err crudo, dicho esto
con todo respeto.
Aun habiendo militado en las filas de
la resistencia intelectual francesa, Sartre
— primero movilizado, luego prisionero, al
final evadido— fué uno de los no muchos
autores que, por habilidad propia o con­
descendencia ajena, gozó de ciertas fran­
quicias para publicar sus libros y estrenar
sus obras dramáticas durante la ocupación1
nnri Efectivamente, en 1943, dió a la es­
cena su drama en tres actos b es mouches,
vivificación mitológica de Orestes, llena
de alusiones algo sibilinas a la actualidad
de aquel entonces, en su condenación del
tirano criminal; y en 1944 otro, en un
acto, Huís dos. A puerta cerrada es, a mi
ver, la realización escénica de Sartre más
lograda hasta la fecha. El infierno que
nos pinta, una simple habitación de hotel
—donde están condenados a vivir toda la
eternidad los tres únicos personajes— es
más empavoreeedor que pudieron serlo err
la Edad Media las alegorías llameantes.
El infierno real es el de la eternidad sin
puertas, el de la incomunicación absoluta
que padecen esos tres seres —tres escorias
humanas— destinados ‘ ‘ per in aeternum ’ ’
a vomitarse sus recuerdos.
Sobrevenida la liberación su actividad
se multiplica: lanza los dos primeros vo­
lúmenes de una tetralogía novelesca, cuyo
título general es Les chemins de la liberté,
y cuyos dos primeros tomos, únicos apa­
recidos hasta la fecha, se denominan L 'age
de raison y Le sursis, libros removedores,
suscitadores de epítetos negros —amora­
lidad, putrefacción, etc.— que sirven a su
propaganda, a cierta aureola de escándalo
y publicidad, pero que en nada definen
sus intenciones últimas ni revelan su ver­
dadero carácter. La edad de la razón es
una verdadera obra maestra en punto a
crudeza, cinismo, desolación, y deprimente
como ella sola. No por el tema — escabro­
so, pero nada excepcional— , no por la ca­
tadura de algunos personajes y el cariz de
ciertas escenas, sino por la atmósfera ge­
neral envolvente. La crudeza, pues, no está
en los hechos mismos, tampoco en la ma­
nera — bastante objetiva— con que se nos
narran, sino en algo indefinible y deletéreo
que atraviesa todas las páginas. En el mo­
do como aquellos seres reaccionan ante los
acontecimientos, modo visceral pudié.amos
decir, por oposición a todo estilo anímico.
Aparentemento buscan definirse por su li­
bertad do acción1, por su 1‘ disponibilidad ’ ’,
mas en realidad parecen simples esclavos
de sus impulsos más elementales. Pero
cualquier juicio definitivo sobre esta obra,
lo mismo que sobre E l aplazamiento —en
mareada en la época de Munich— resul­
taría prematuro, ya que no está acabada,
y el autor promete que en el tomo cuarto
y último quedará pa.ente su sentido. Es­
trena otras dos obras dramáticas, Morts
sans sepulture — drama de la resistencia—
y La putain respectueuse — quizá su única
pieza moral, pese al titulo descarado—
que renuevan idénticas marejadas con pa­
recida innocuidad, puesto que se trata de
creaciones cuya intención, y cuyos valores
pertenecen a un plano más al.o. Y lanza
la revista mensual L,es iemps mudemes,
publicación que editorialmenio viene a ser
una continuación de la famosa A’ouvelle
Rcvue Frangaise —ya que aparece respal­
dada por el mismo euitor, Uailimara, y
que cu su primer consejo directivo figuran
nombres como el de deán Paulnan, ü.rec­
tor üo aquélla, quien por cierto no quiso
resucitaría en modo alguno eon el mismo
titulo, pues entendía que había quedado
piostituída para siempre merced al direc­
to) quo se incautó de ella, durante la ocu-

CERVANTES, RUBEÑf DARIO
y EL

HOMBKE

ES

P A Ñ

O L

Por JEAN CASSOV
-

/

( Viene de la primera página)
el que reprende. Al final del libro, en ese
momento melancólico en que los dos com­
pañeros regresan a su aldea, una vez ter­
minadas sus aventuras, Don Quijote se
siente invadido por la tristeza de la des­
ilusión; le abruman una especie de debilidadt una inmensa tristeza; ya no es el
caballero heroico de su partida. Y a la en­
trada de la aldea cree ver diversos presa­
gios. Dos muchachos se disputan una jaula
de grillos, y uno de ellos le dice al otro:
“ No la has de ver en todos los días de tu
vida” . Unos lebreles y unos cazadores
persiguen a una liebre. Entonces Don Qui­
jote se pone a meditar y a hablar al estilo
de Sancho. A ver presagios en todos aque
líos hechos. Se pone a pensar según la con
ciencia y la mentalidad del pueblo e incli­
na la cabeza. “ Malum signu-m, malum
signum, liebre huye, galgos la siguen, Dul­
cinea no parece ’ ’ Sancho le reprende con
energía: “ ¿Qué mala señal es ésta, ni qué
mal agüero se puede tomar de ah í?” En
estos momentos, descubrimos un intercam­
bio completo y una completa fraternidad
entre dos seres humanos. Es imposible con­
cebir nada mas poético, conmovedor y puro
que esta fraternidad, que nos lleva a un
reconocimiento sentimental y humano. To­
dos los fundamentos de la moral humana
se resumen en tales momentos. La moral
cristiana y la moral antigua se confunden
en el genio de Cervantes como se confun­
den también el humanismo cristiano y el
humanismo moderno. Todo lo que ha sido
en su época sabiduría, alto ideal, y expe­
riencia, se expresan en la humanidad de
Cervantes.
Esta humanidad aparece de nuevo, y
bajo una forma sublime, en el gesto d?
Maritornes cuando acerca su cántaro de
agua a Sancho que acaba de ser manteado
por los arrieros y que ha caído en un rin­
cón del patio, agotado y sudoroso. Mari­
tornes era una moza de posada que, como
María Magdalena, hacía comercio de sus
encantos, pero conservando a pesar de ello
ciegos rasgos cristianos. Unamuno dice
que Maritornes amó mucho a su manera y
que por eso le serían perdonados sus amo­
res con los arrieros, puesto que. ello sólo
so debía a la ternura de su co"azón. Ter­
nura evangélica, ternura franciscana hay'
en el gesto de esta pecadora que va a bus­
car agua a la fuente y tiende su cántaro a
Sancho. Y la caridad de Cervantes y su
sed de justicia se ponen de manifiesto en
el episodio de los galeotes: — ¿Quienes son
esos hombres que pasan cargados de cade­
nas? — Forzados del rey, le responden.
— Cómo, ¿es posible que el rey haga fuerza
a ninguna gente?
Jamás pillaremos en falta a Cervantes.
Es generoso, pero lúcido. Siempre ve el re­
verso de las cosas. Pues Don Quijote, una
vez que ha liberado a los galeotes, les reune y les dirige un bello discurso reco­
mendándoles que vayan a buscar a Dul­
cinea y le lleven sus cadenas; inmediata­
mente los galeotes se ponen a apedrear a.
Don Quijote. Lo que ha guiado a Don Qui­
jote ha sido solamente un amor puro y
desinteresado por la justicia. Y, sin duda,
Cervantes, que conocía muy bien los bajos
fondos de Sevilla y todas las atrocidades
de la vida social, sabía que Don Quijote
era un loco iluso. La realidad se impone
en forma terrible y bufonesca. Sin embar­
go, Cervantes conserva su fe. Esta digni­
dad, esta fe candorosa, es la forma subli­
me de la justicia.
E l amor a la libertad es expresado en
páginas no menos admirables. Al comien-

pación, Drieu la Rochelle— , mas que lite­
rariamente acusa otras características.
Desde entonces el nombre de Sartre —en
cuya vida externa no hay ningún dato lla­
mativo que apuntar: nacido en París, en
1905, normalista brillante, profesor de f i ­
losofía primero en Lo Havre y luego en el
Lycéo Condocet de París, hombre de ter­
tulia y pandilla en los cafés próximos a
Saint-Germain-des Prés— conoce una boga
publicitaria clamorosa e ininterrumpida.
Es leído, discutido, admirado, o improperiado como pocos. En manos de gacetille­
ros y aficionados el existencialismo corre
el riesgo de trocarse en una moneda des­
lucida. Despectivamente, quienes se jactan
do estar de vuelta de todo, aseguran cada
seis meses que Sartre es un “ b lu ff” , el
existencialismo una moda pasajera y que
dentro de otros seis meses ya nadie se
acordará de ellos. ¿Será c ie r to ... al cabo
do una sesena algo más elástica? Recorde­
mos quo de enterradores espontáneos y
pompiers de corazón están llenas las ciu­
dades literarias. Agreguemos que si en
Sartro sólo hubiera esa crudeza expresiva
tan vituperada ya hace mucho tiempo que
habría sido eclipsado por otros.
Si fuéramos a fijarnos únicamente en
este aspecto del existencialismo —el más
sensacionalista y adjetivo— en el de su
escatología, y aun en el de su cropología,
y como a todo hay quien gane, resultaría
quo la marca sartriana fué superada poco
después al conocerse en francés —pues el
puritanismo yanqui tiene prohibida la cir­
culación de las ediciones originales— las
obras de cierto novelista norteamericano.

I

zo de la “ Gitanilla ” , en un lenguaje vir
giliano, homérico, de una elocuencia des­
lumbradora, Cervantes nos pinta la vida
do los gitanos, que llevan sus canciones,
sus danzas y sus guita-ras a través de los
campos Esto amor a la libertad aparece
también en ‘ ‘ La Ilustre Fregona ’ ’, donde
Cervantes nos muestra dos jóvenes que su
preceptor lleva a la Universidad de Sala­
manca. En cuanto el preceptor da media
vuelta, después de haberles hecho sus re­
comendaciones, los jóvenes huyen a Tole
do donde se colocan en una posada, que
se encuentra aún a espaldas de Zocodover,
y que no ha cambiado nada desde la época
de Cervantes. Y allí esos jóvenes disfrutan
plenamente de la libertad, de la alegría
de vivir en una noche cervantina animada
por las seguidillas. Encuentran la plenitud
de la libertad, el amor producto del azar
o de la suerte. Pero esta suerte y este
azar ya no son cosas de los magos: la

fortuna es humana y el hombre tiene qne
conquistarla en la tierra. El homb-e tiene
ouo ser “ el artesano de su aventura” y
al heroísmo caballeresco sucede otra forma
de heroísmo, que es el heroísmo estoico, el
heroísmo del hombre que se enfrenta con
la realidad. Esta moral es una moral es­
pañola, la moral de Séneca, y Séneca fué
el primero de los españoles. Cervantes, pa­
ra enfrentarse con esa realidad, sin la
ayuda de los dioses ni de los magos, de las
hadas ni de los encantadores que aparecen
en las novelas caballerescas, nos presenta
un nuevo tipo de héroe que es el hombre españorl, el Homo Hispánicas. Por lo tanto,
encarna el hombre moderno en1 un hombre
español y le ofrece como un ejemplo a la
humanidad. Este hombre español anuncia­
do por el Evangelio, según Don Quijote,
es noble y cortés, ingenuo y heroico, im­
buido de una sabiduría melancólica y
fuerte; conoce e imagina; sueña y sonríe;

Páginas de

L U I S R E IIV A II1) I
Por, OSIRIS TROIAM
estas páginas está
todo él, vivo, caliente.
Y está todo su tiempo.
Su tiempo, que en reali­
dad f u é una década.
(Antes de ella era un
muchacho y ahora sólo
es recuerdo.) Década de
pasión. Década de 1ago­
nía. De 1936 a 194J: do
Madrid a Stalingrado.
Cada contraste venía a
alimentar nuestra firme­
za. Eramos siempre los
derrotados. Ese fué nues­
tro orgullo. Dias som­
bríos se precipitaban so­
bre nuestro país y sobre
el mundo. La libertad es­
taba acorralada, pero se
refugiaba en algunos es­
píritus señeros, militan­
tes. Comó el dé Luis Rev
naudi.

la de cerca se marchó al vados del olvido por la
otro mundo.
devoción de su admirable
compañera— nos lo mues­
tran tal como era: sen­
“ L u is R einaudi, un sato y valeroso. Habla
periodista que creía en el de la literatura francesa
hombre” , proclam a la o de los ranchos de San­
carátula de su único li­ tiago del Estero, de nues­
bro. Definición precisa. tras tradiciones históri­
Su rasgo eminente era la cas o de la aterradora
inocencia. Inocencia, no confusión contemporánea,
ingenuidad. Ingenuos son sin: dejarse tentar un ins­
los maliciosos y, como él tante por “ snobismo” al­
solía decir despectivamen­ guno, por ningún alarde
te, los realistas La in ­ estético o político Hon­
genuidad es pasiva, la radamente. Y siempre to­
inocencia desafiante. Te ma partido. Con esto, que
merario, enfrentaba a la es -diáfano, noble, senci­
mentira organizada, al c i­ llo; contra aquello, que
nismo, a la ignorancia, a es turbio, hipócrita, per­
la provocación, con sólo verso. Se daba entero.
su fo en el hombre. Com­ Mientras oyera el canto
batía, sobre todo, por su rítmico de la rotativa, pa­
derecho a seguir creyen­ recía un poseído. Al cie­
do — contra toda eviden­ rre de la quinta edición
* * 4*
cia— en la buena madera volvía a su mundo, a la
del ser humano.
charla cordial, al ocio
La libertad estaba aco­
fructuoso.
■» *
*
rralada, pero ardía en el
» * *
pecho de cada uno de los
derrotados. Intacta y pu­
Más de una vez le ho­
ra. Estas páginas, que rnos reprochado aquella
El libro que mos de­
fueron escritas en pre­ superstición por la letra vuelve momentáneamente
sente —vertiginoso pre­ impresa, tan inusitada en su presencia cumple un
sente— y ahora leemos un periodista. Se resistía fin útil. Convoca a sus
en p retérito , entonces a admitir que el mundo amigos —y todos sus lec­
concitaban la esperanza, rueda sin ayuda de las tores eran también sus
hoy nos colman de nos­ prensas. 1‘ Frente a la amigos— y distribuye en­
talgia. Nostalgia de la metralla sólo vale la me­ tre e l l o s palabras de
lucha. Nostalgia de la de­ t r a l la ” , le decíam os. aliento y de esperanza.
rrota, que no nes impe­ “ Alinear palabras contra Desde que él se ha ido,
dia, por lo menos, ese los hechos es predicar en se han multiplicado las
tenaz ejercicio del ensue el desierto. ’ ’ Pero él con­ dudas, las deserciones, las
ño, en que teníamos a fió hasta su último dia debilidades. “ ¡No des­
Luis Reinaudi por guía en la eficacia de la pa­ mayéis ! ’ ’, viene a decir­
y maestro. E l ensueño labra. Y sólo ahora nos nos. Reconocemos esa voz.
murió con: la victoria. Te­ es dado comprender que, Es la voz de un mucha
nemos ante nosotros una si la fuerza otorga la vic­ cho grande y alegre que
victoria desea, nada, car­ toria, la calidad de la amó la liberiad y amó a
comida por los virus que victoria depende del es­ su patria Y que, absor­
contrajo en la pelea. El píritu.
bido por un oficio que
fué para él una pasión,
apenas si alcanzó a verla
* * *
en el horizonte, alta y
quemó su vida como se
Estos artículos —sa l­ quema un cigarrillo.
luminosa. Y para no ver-

E

n

Aludo, como se sospechará, a Ilenry Mi11er y a su3 novelas Tropic of Cáncer y
Tropic of Capricorn Lo cropológico, no
sólo lo irracional y lo . visceral — sustitu­
yendo a la mente y a los sentidos como
instrumentos para captar el mundo—-, al­
canzan aquí sus límites más desaforados.
Con la diferencia de que en Miller no hay
más que una obsesión libidinosa y un caos
aterrador, mientras que en Sartre —como
en sus colegas, afines o disc pulos: Simone
de Beauvoir, Georges Bataille, Michel Leiris, etc., hay un concepto peculiar del
mundo y un arte muy refinado, aun cuan­
do en ciertos casos intente disfrazarse de
balbuceo o tosquedad.
Resultaría fuera de lugar e inevitable­
mente extenso intentar siquiera exponer
someramente las teorías del existencialismo en el plano filosófico. En el que más
cercanamente nos toca, en el literario, és­
tas se condensan y aclaran cuando sus de­
fensores nos dicen cómo su propósito es
reproducir fielmente el flujo y reflujo de
la vida interior (¿acaso Dostoievski, acaso
Joyce, acaso Kafka, los mismos super ealistas, so habían propuesto otra cosa?)
antes de que el espíritu intervenga para
introducir una lógica que no existía. O
bien cuando afirman que este pensamiento
es como una reacción1 de la filosofía del
hombro contra los excesos de la filosofía
de las ideas y la filosofía de las cosas.

Porque ‘ ‘ mientras el pensamiento abstrac­
to — escribía Kierkegaard— se propone
comp-ender abstractamente lo concreto, el
pensador subjetivo (leamos hoy existencial) tiende, por el contrario, a compren­
der concretamente lo abstracto” . Cierto
es que lo anterior sólo constituye levísima
insinuación de un sistema que se presenta
tan trabado y coherente, pero ello nos ex­
plica por qué, en definitiva, quizá el pen­
samiento existencial se exprese mejor que
en las obras doctrinales en la novela y en
el teatro. “ Si la descripción de la esencia
— corrobora Simone de Beauvoir— perte­
nece a la filosofía propiamente dicha, úni­
camente la novela permitirá evocar, refle­
jar, en su realidad completa, singular,
temporal, el flujo original de la existen­
cia. ’ ’ Luego, en definitiva, quien desee
captar vividamente las tesis existencialistas, antes que a las exposiciones doctri­
nales deberá acudir a las novelas y dramas
do Sartre ya mencionados, lo mismo que
a las de Simone de Beauvoir —L ’invitée,
Le sang des autres, Toas les hommes sont
mortels, más la pieza Les bouches inúti­
les— ya que cada una de ellas viene a
ser la ilustración y corporación de tales
teorías.
(P ró lo g o

a

la

e d ic ió n

de

“ E l m u ro ” ,

da J e a n -P a u l S a rtro , p u b lic a d o p o r la Edi.
torial Losada.)

se burla, pero en sus burlas se incluye a
sí mismo; y esto es une de los indicios más
perfectos de esa inteligencia suprema: la
ironía, el don de burlarse de uno misma
El indicio más perfecto de la perfecta ele­
gancia moral del hombre español y de su
superioridad.
El poeta ibérieo, Rubén Darío, ha can­
tado la Letanía de Nuestro Señor Don
Quijote. Sabéis que Rubén Darío, el gran
poeta americano, aunque de sangre india,
fué un gran poeta español, y una de las
figuras del imperialismo espiritual ibéri­
co, que los españoles llaman ‘ ‘ raza ’ ’, que
no es una unión basada en la sangre, pre­
sunción de superioridad absolutamente ab­
surda y terrible, sino una unidad basada
en un consentimiento espiritual que une a
homb’es tan diferentes como los catalanes
de Barcelona, los vascos de Bilbao, los
portugueses de Lisboa y todas las clases
de hombres que pueblan la América des­
cubierta y conquistada por los héroes de
la época de Cervantes. Así Rubén Darío,
español de sangre india, es el profeta de
la América latina, y el profeta de la lati­
nidad.
Rubén Darío vivió en París, al final del
Simbolismo, y quedó profundamente in­
fluenciado por la poesía de Verlaine, y los
simbolistas franceses, y su poesía ha pro­
ducido en la historia de la lengua espa­
ñola, la misma transformación que ha
producido en la poética francesa Verlaine
y los simbolistas. Y Rubén Darío estaba
enamorado de Francia y de su poesía. Este
poeta de sangre latina no podía menos de
enamorarse de Francia. Uno de sus poe­
mas más conmovedores para nosot-os es el
poema que, con su genio de profeta, en
vísperas de su muerte, en vísperas de 1914,
nos presenta el drama que iba a padecer
Francia, y del cual nos avisa angustiado:
¡Los bárbaros, Francia! ¡Los bárbaros,
cara Lutccia! Pero escuchemos su letanía
de Nuestro Señor Don Quijote:
¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,
Con el alma a tientas, con la fe per dula.
Llenos de congojas y faltos de sol,
Por advenedizas, almas de manga anqlia
Que ridiculizan al ser de la Mancha,
El ser generoso y el ser español!
Ve tantas tristezas, de dolores tantos,
Ve los superhombres de Nietzsche, de
[cantos
Afonos, recetas que firm a un doctor,
Ve las epidemias, de horribles blasfemias,
de las Academias, líbranos Señor.
Los superhombres de Nietzsehe que de­
nuncia el gran profeta latino, los hemos
conocido, los hemos visto actuar. A los
excesos sádicos y pedantes, Rubén Darío
opone el heroísmo cervantino, ese heroís­
mo español que nosotros, los vecinos más
cercanos a España por la geografía y por
el corazón, reconocemos como ideal nues­
tro. Y para terminar, voy a revelaros un
gran secreto y a explicaros un1 misterio
profundo. En este momento, Don Quijote
está desterrado de España, y en su lugar
se encuentra su enemigo, denunciado por
el profeta Rubén Darío. En el lugar del
Don Quijote desterrado se halla el superhomb e de Nietzsche. ¿Sino, por qué des­
de hace diez años todas las potencias se
han unido contra España? Os lo diré. El
mundo tiene miedo de Don Quijote. Tiene
miedo de ver que se realiza la Buena Nue­
va de Cervantes y el Evangelio según Don
Quijote. Tiene miedo de que la especie
humana tome modelo al hombre español,
y de este modo dé un gran paso hacia de­
lante. Tiene miedo de ver que, bajo la
inspiración del hombre esoañol, la especio
humana realice un progreso demasiado te­
rrible. Hay momentos en la historia en
que gracias a una nación, a un pueblo, la
humanidad lleva a cabo una revolución,
impone un elevado ideal moral, se coloca
en un régimen nuevo, avanza hacia la ci­
vilización. Grecia y Francia han sido pa­
ra la humanidad los ejemplos típicos de
los progresos de ese género. El pueblo es­
pañol puede a su vez ser para la humani­
dad la ocasión y el instrumento de un
nuevo salto hacia delante, y esto es lo que
se teme. Porque el pueblo español, inspi­
rado y expresado por Don Quijote, cons­
tituyo una aristocracia entre las nacionesEl pueblo español es de sangre generosa y
noblemente apasionado, capaz de g: andes
hazañas, y poseedor do excepcionales vir­
tudes. Tiene la pasióu, y al mismo tiempo
la inteligencia, la energía y la lucidez, el
sarcasmo y la caridad cálida y fraternal.
La potente dialéctica de Cervantes, se pono de manifiesto en el temperamento del
pueblo español como so pone de manifies­
to en su historia. De suerte que, recorrien­
do toda la gama de las posibilidades hu­
manas, sus divergencias, sus contradiccio­
nes, puedo realizar del modo más completo
y pe.fecto una nueva imagen del hombre.
En un momento de la historia humana no
menos trágico que el actual, hace cuatro­
cientos años, Miguel Je Cervantes fué el
6ublime anunciador de esta imagen.
(T ra d u c id o p o r M. L. M artín ez)

�La Vida
o rg
t ia

LA VIDA ARTISTICA EN PARIS

—
■
■ - -mmmí ^ 1 í i 1 íL 11 I L L

T
IfT W
~
\
I \) v
\. \
lo ll

\

11

T Ifi

\

jA j

Por FRANCISCO CI RT LANCE
( Vune de la primera página)

:•
a
■

:•
It
c
*
á

i

I
■.

i
i
i

I
■

I

ambiente, contrariamente a Buenos Aires,
donde ya asomaba un criterio ecléctico,
gracias a la afluencia de compañías lí­
ricas de diversa procedencia y de muclios
virtuosos. Ese estado de cosas se prolongó
en Chile hasta 1920, aproximadamente,
porque traspasar los Andes no fué en ese
entonces muy común en los artistas que
tomaban a Buenos Aires como punto final
de su trayecto. Uno de los músicos de más
talento, que tuvo en sus manes el cetro de
la creación y enseñan-z.a de Chile, ha sido
Enrique Soro (1884). Realizó sus estudioen Milán y a su regreso u Santiago, en
■005, -m influencia i &gt;. el Conservatorio,
como profesor de armonía y contrapunto,
fué muy grande, creciendo aún más cuan­
do se le nombró director del establecimien­
to en 1919.
En ese entonces comenzó en Chile una
especio de reacción musical que torminó
en un renacimiento. Un grupo de profesio
nales y aficionados cultos, que no podía
comulgar con el ritmo y la organización
musical de ese entonces, formaron el nú­
cleo de la oposición. Conocían perfecta­
mente los nuevos vientos que corrían en
Europa y lamentaban el notorio atraso en
que se encontraba la música de su propio
país. Eran estos hombres en su mayoría
universitarios que contaban con un solo
compositor que podía servirles de mode­
lo, por haberse emancipado de los precep­
tos de la escuela de Soro: Humberto
Allendo (1885), que se formó en el Con­
servatorio en 1908. Allende se orientó ha­
cia el nacionalismo musical y se interesó,
por la índole misma de sus especulaciones,
por las corrientes contemporáneas, espe­
cialmente por las francesas. Compositor
muy fecundo hasta hoy, creó las Escena#
campesinas chilenas y La voz de las calles,
empleando material folklórico en la pri­
mera y popular (pregones callejeros), en
ia segunda. Sus famosas Tonadas, para
piano, posteriormente vertidas en formas
más amplias (orquesta; coro; solistas vo­
cales y orquesta), han permitido el em­
pleo más libre de elementos locales. La
presencia de Allende en Chile, y más tarde
en el Conservatorio tenía que ser estimu­
lante para el grupo de inquietos a que me
he referido más arriba. Este grupo estaba
compuesto por universitarios que emprenóie.on otra Carrera por no poder realizar
estudios satisfactorios en música, su voca­
ción: Domingo Santa Cruz (18S9), abo­
gado y diplomático; Próspero Bisquertt
(1881), ingeniero m ilitar; Carlos Isamitt
(1885), pintor; Samuel Negrete (1893),
arquitecto; Héctor Meló G o r i g o y t í a
(1899), ingeniero de minas; Alfonso Leng
(1884), odontólogo, hoy una notabilidad
mundial. Estos profesionales, en su ham­
bre por saber, viajaron por Europa, asi­
milando las nuevas corrientes. Cuando vol­
vieron a Chile, encontrándose ante el mis­
mo panorama do academismo y estanca­
miento, crearon una entidad que fué la
célula revolucionaria: la Sociedad Bach.
Esta institución coral, que agrupaba a
los mejores elementos de la cultura chi­
lena, era el campo enemigo que se en­
dentaba al Conservatorio. Su labor orien­
tada por San Cruz, comenzaba en la calle:
salía a dar audiciones públicas, con pro­
gramas de madrigales y corales de Bach,
luchando incesantemente por la renovación
musical que se buscaba además en el mis­
mo pueblo. Su órgano de publicidad era
una revista muy buena, Marsyas (1927118). l a en 1928, la fuerza de este grujió
nabia crecido de tal manera que se ob­
tuvo la renuncia de Soro del Conservatorio
acional de Música y desde esa fecha en
adelante, Chile tomó el camino de la con­
temporaneidad, no sin grandes dificulta­
des. En ese mismo año de 1928 se creó
la Orquesta Sinfónica Nacional, cuya di­
rección fué confiada a Armando Carvajal
(1893), haciéndose cargo de las clases de
imposición Humberto Allende y de H is­
teria de la Música y Análisis musical
Domingo Santa Cruz. La época no fue
muy propicia, porque la vida política de
Chile acusaba una gran inestabilidad, pe­
ro lo que más animaba a Santa Cruz y
aus amigos era la fuerza viva que los
acompañaba, el sentido generoso de la re­
forma que bascaba beneíiciar a todos y
ÍUe procuraba, como paso fundamental,
slejar do la institución toda influencia
tehusterial, es decir, ia nefasta política,
alocándola al amparo de la Unive.sidad
Autónoma. Universitarios la mayoría de
‘os compositores, tenían el afán de equi­
parar su arte a las llamadas profesiones
(“Dorales y remunerativas, ya que sus re­
presentantes miraban de sosiayo hasta ese
entonces a músicos y compositores.
En fu33, se creó la iu cu liad de Bellas
•ytcs, nombrándose a Domingo Santa
/■ uu su primer decano. La primera grau
"Olalla había sido ganada. ¡Sucesivamen­
te, so impusieron a un ambiente de resis­
tencia, las reformas del Conservatorio, la
oreaciun de los cursos de la Bacultad,
* equiparación de los estudiantes de mú£lca a la enseñanza secundaria y la con­
quista del territorio nacional para lograr
*• expansión de la música y la f.scalización
•obre los frecuentes horrores de una enheñanza privada convencional y comercia­
lizada. La Orquesta ¡Sinfónica Nacional
eomenzó en aquellos años us primeras
Eramies giras por el sur y el nor'e de
®ñle, junto a sus actividades veraniegas

en Viña del Mar. Hubo, por fin, posibi­
lidades para que los compositores cono
cieran sus obras orquestales, para que
los solistas jóvenes hicieran sus primeras
armas, coir apariciones jreriódicas. En esos
años de intensa lucha, una segunda re­
vista musical, Aulos (1932-34), vino a
ser el reflejo de las inquietudes y de lo
ya realizado. En ese mismo tiempo se
instituyó entre otras cosas el Premio anual
de Composición, otro estímulo para los
compositores nacionales.
Afortunadamente, en los períodos su­
cesivos al primer decanato. Santa Cruz
lia sido siempre reelecto y ha jtodido pro­
seguir su gran obra, estructurando las ba­
ses do urr.i vida musical chilena con­
temporánea. Surge entonces una nueva
publicación, la Revista de A rte (1934-39),
órgano que acompaña coilio documentarlo
la evolución de aquel organismo, al que
pertenecen también las artes plásticas. Lo
que preocupaba en aquel entonces a Santa
Cruz era la extensión de los servicios mu­
sicales y su financiación adecuada. E l peso
chileno es moneda muy désvalorizada y
la co n tra ta ció n de artistas extranjeros
conduce rápidamente a cifras abultadas.
En 1940 logró la creación del Instituto
de Extensión Musical, cuya presidencia
lo fué conferida. Esta entidad proporcio­
naba mejores recursos a la Orquesta Sin­
fónica Nacional, permitía la organización
de conciertos de cámara y una mayor
movilidad a través del país. No descansó
Santa Cruz hasta que no vió incorporada
también esta nueva institución al claustro
universitario. Una considerable mejora en
los sueldos, la institución de premios, la
organización permanente de conciertos po
pulares, fueron los primeros resultados.
En 1941 organizó el Concurso para com­
positores nacionales, presidido por un ju ­
rado internacional, y en 1942 se realizó
un festival de obras chilenas, en el que
se estrenaron las obras premiadas un año
antes. Una nueva creación, el Instituto
de Investigaciones del Folklore Musical,
incorporado a la Facultad, ba venido a
completar las conquistas de la misma, or
ganizando no sólo recopilaciones, sino
a la vez actos públicos de trascendencia,
do los cuales citamos el más reciente, la
Semana del Folklore, con motivo del Cen
tenario del Folklore. También recibió im­
pulsos especiales el cuerpo de baile y su
correspondiente Escuela. En la actualidad
se está reformando definitivamente la en­
señanza musical en el ciclo secundario y
otro tanto se proyecta realizar) en la en­
señanza primaria. Todos los conservatorios
particulares de Chile son rigurosamente
inspeccionados por la Facultad de Bellas
Artes, con lo cual se garantiza amplia­
mente el establecimiento de una enseñanza
uniforme.
La nota descollante más reciente que
dió Domingo Santa Cruz, fué la creación
del Instituto de Musicología, dependiente
de la Facultad de Bellas Artes, en la cual
tendrá lugar una sección dedicada al Folk­
lore, o sea, el Instituto de Investigaciones
del Folklore Musical. Debe agregarse que
este notable organizador procura obtener
en breve plazo la independización de las
actividades musicales de la Facultad de
Bellas Artes, de las que comprenden las
artes plásticas y las artes aplicadas. Con
la creación de dos Facultades independien­
tes, la Facultad de Música sería no sola­
mente la primera de la América latina
sino la culminación1 lógica de un largo
esfuerzo durante el cual no pocas veces
las artes plásticas representaban un las
tre para las actividades musicales de la
-Facultad y daban lugar a inconvenientes
de índole varia. Fué designado director
del Instituto de Musicología el musicó­
logo español Salas Viu y secretario del
mismo el compositor Orrego Salas.
La Facultad de Bellas Artes ha logrado
imponer en la opinión universitaria, el
público do Chile y los profesionales del
exterior, un profundo respeto por su la­
bor. Representa una fuerza viva, un con­
trol severo para bien de la música en'
Chile y la defensa de los intereses de sus
representantes. Los directores extranjeros
que han actuado en ese pais, contratados
por su institución oficial, /han tenido que
resignarse ante la imposición categórica
de incluir en sus programas obras de
autores cliilenos, no pocas veces contra su
voluntad.
He aqui, en resumen, lo que ha podido
lograr la voluntad de un hombre como
Santa Cruz, acompañado por una serie
do profesionales sumamente capacitados.
El movimiento logrado se caracteriza por
una pujanza constante y su generoso es­
parcimiento, para beneficio de todos. Su
vocero actual es la Revista Musical Chi­
lena, de aparición mensual (1945), que
ya se encuentra en 18 números editados.
Pasemos ahora revista suscinta a al­
gunos aspectos fundamentales de la vid a.
musical do Chile. En el terreno del folk­
lore el investigador más concienzudo de
la música de los indios araucanos ha sido
Carlos Isamitt. Sus estudios se encuentran
en las revistas ya mencionadas y cn eel
Boletín Latinoamericano do Música. Hum­
berto Allende y Carlos Lavin (1883),
compositor que vivió muchos años en Pa­
rís realizaron incursiones esporádicas que
carecen de sistematización. La Historia
de la Música en Chile fué escrita por
Eugenio Pereira Salas y publicada por
( Continúa en ia columna ó )

11ni

i
j

rn
^i
Lll Ll

Por M A R G A R IT A N E L K E N
V I UCHAs exposiciones. Incluso, demasía
1*1 das. No jiarece sino que, después de
los “ años negros” , de ese vacío terrible
del corte con el resto del mundo, Parir
anhela resarcirse y procura, a toda costa
-—aún a costa- del mínimo de interés, de
originalidad indispensable en cada mani­
festación artística— dar, de nuevo, la
sensación de ser faro y crisol, y aquila
tamiento supremo de "valores.
Sir.- embargo, entre tanta y tanta expo­
sición. individual y colectiva: tanto nom

sin tener ninguno en firme, y sin querer
afincarse en ninguno, porque ha de re­
servar lo definitivo de su existencia para
expresar lo que le bulle en la mente, en
la retina y en el corazón. Por fin, Barce­
lona, puerto y trampolín.
El ex alfarero logra entrar en la E s­
cuela de Bellas Artes, lia logrado esca­
lar la meta cuya ascensión, desde años,
constituía su esperanza y su pesadilla.
Pero, seria demasiado fácil, el poder, así,
le uu brinco, situarse en la cima: Blasco-

Fleutcrio Blasco Ferrer. “ ('aballo” y “ Cabeza de mujer” (Esculturas en hierro).

bre nuevo y tauto y tanto nombre resu­
citado, cuando ya se le creía por siempre
desvanecido, unos cuantos nombres que me­
recen la atención, y hasta la admiración.
En suma, un balance bastante “ recon­
fortante” , para quienes temían un nau­
fragio total. París sigue siendo París, y
la vida artística de París sigue siendo, en
su intensidad fA&gt;ril, la más prometedora,
y la que más ejemplares realizaciones ofre­
ce. A diario, y a granel.
En el cúmulo de exhibiciones que seña­
lan estas primeras semanas del año, des­
taca, muy en primer lugar entre las más
notables, la que presenta, en la coquetoua
Galerie Bosc, Blasco-Ferrer. Pinturas y
esculturas.
Eleuterio Blasco Ferrer es español. Ara­
gonés de pura cepa: natural de Foz Ca-

Ferrer ha do tardar muy poco en com­
prender que “ aquello” no es lo que él
busca. Sus maestros han tardado todavía
menos en advertir que ese alumno es el
garbanzo negro de la olla. Está visto:
Blasco-Ferrer no será nunca un alumno
aprovechado de las fórmulas, trucos y
tradiciones de la sapiencia académica. E s­
capa de la Escuela, con el mismo respiro
con que había escapado de su pueblo para
llegar a entrar en ella. Vuelta a trabajar
en lo que sea y como sea; ahora, ya para
poder, sin trabas materiales infranquea­
bles (hay que- dormir bajo techado; y el
comer todos los días no admite demora)
dedicar lo mejor de su tiempo a dibujar,
a pintar, a modelar, y a doblegar el hie­
rro según le plazca.
Primeras exjvosiciones, en Barcelona y
en Madrid. La guerra. Blasco-Ferrer es
Miliciano de la Cultura. E l exilio. El cam­
po de concentración. Aquí, o se muere uno,
do privaciones o de hastio, o se hace algo
que valga la pena. Blasco-Ferrer, en el
campo de concentración, se hace — defini­
tivamente— dueño de su oficio de pintor
y eseultor.
*

Flcutcrio Blasco Ferrer.
“ El mártir” (H ierro).
lauda, ese pueblo que, a orillas del Guadalopillo, endurecido entro los peñascos del
temple de su puñado de vecinos, produce,
desde tiempos inmemoriales, aceite, vino
y* cántaros y botijos. La ciudad, la “ ca­
p ita l” , allí es Teruel. Zaragoza ya es
algo fabuloso. Barcelona, la tierra de pro­
misión, para el hijo de Foz (¡alamln deci­
dido — es decir, empecinado, a lo arago­
nés— a sobrepasar las lindes ancestrales.
Desde chiquillo, Eleuterio, el de los Blas­
co y los Ferrer alfareros, decidió elevar
el oficio del padre, de los tíos, abuelos, y
bisabuelos, y tatarabuelos, a una categoría
que él sólo sabía cuál había de ser. V
como los demás no tenían por qué en­
tender lo que a él le trotaba en ti magín,
ni tenian j&gt;or qué pensar que esas figuri­
tas que él se entretenía en recortar en
hoja de lata, o en moldear con el barro
de los caminos, pudierair ser algo más que
ganas de perder el tiempo y de no traba
.jar cual le cumplía, tan jrronto creció lo
suficiente jiara que la Guardia Civil no
le devolviera a su casa y a sus botijos,
echó carretera adelante.
Primero, ¡&gt;or todo Aragón, a lo largo
V a lo ancho; luego, por toda Cataluña,
vivió de todos los milagros de que puede
llegar a vivir el que hace todos los oficios

*

*

Su primera exposición en París, durante
la “ Ocupación” , celebróse “ en ausen­
c ia ” : el artista, huelga decirlo, no pudo
asistir a ella. A esta, asisten, él, y toda
la crítica “ que cuenta” , y que, desde el
primer momento, se ha dado cuenta de
que se halla frente a una obra que, real­
mente, tiene algo que decir, y sabe cómo
decirlo.
Pinturas y esculturas. Más de las pri­
meras; pero las segundas son las que se
imponen ante todo. Salvo dos o tres bron­
ces, esculturas en hierro. Desarrollo lógico
de aquellas figuras recortadas en hoja de
lata, con las tijeras robadas a la madre.
¿Estilización? ¿Modernismo? Póngaseles el
marchamo que se quiera: no son sino la
expresión del drama que su autor lleva
dentro. El de todo artista de su raza y
su hora: el de tomar la vida, la que le
ba tocado vivir, dramáticamente.
Algunas de estas figuras son, en ver­
dad, un alarido. Otras, nn1lamento. Incluso
las que, por su intención aparente, podrían
independizarse de la tragedia, retuercen su
alegría hasta la congoja — las Bailaoras
flamencas, tema al cual el artista vuelve
de continuo, como para lavarlo de las fri­
volidades de pandereta de la españolada—
o so encabritan con la energía de una
afirm ación: el Caballo.
Y todas, sin1 excepción, tienen su plena
densidad. Parece imposible que una lá ­
mina. forma sin tercera dimensión, esti­
rada, y doblada, y domeñada, para cons­
truir una presencia sin fondo, ofrezca esta
sensación de bulto que, no ya de lejos,
sino de cerca, permita equipararla a cual­
quier forma modelada. Blasco-Ferrer, siem­
pre que puede, deja intacta (nos gustaría
decir: virgen) la totalidad de su plancha
de hierro. La recorta, la conduce por los
sei/deros de antemano trazados, con líneas
seguras, en el papel, y, con anterioridad,
y con lincas no menos certeras, en su vo­
luntad; pero conformándola al proyecto
inicial de ‘ ‘ figura de una sola pieza ’
Asemejándola, por esta ciencia sin falla
jiara esto indispensable, a las figuras ta­
lladas directamente en granito, por los
artífices de las épocas que no admitían
trampa en el oficio de creador de arte.
Esta necesidad de sinceridad en la rea­

lización material de su obra, en sus pin­
turas se traduce por un afán incontenible
de despojar las figuras de cuanto no sea
estrictamente esencial a la interpretación
de las mismas. Pudiéramos decir (y valga
la definición también para las esculturas)
que a su peso específico.
Al principio hubo, en esta interpreta­
ción pictórica del drama ancestral e idio­
sincrásico de Blasco-Ferrer, la obediencia
a ciertas sugestiones por demás naturales:
Goya. o, más próximo, Gutiérrez-Solana.
Eso pasó en seguida, y el pintor aprendió,
casi en seguida, a despojarse de cuanto
no era de él, al tiempo que despojaba sus
temas de cuanto sobraba a lo que, aquí,
en el París intoxicado de exietencialismo,
califícase de expresividad .
Unos rasgos negros, que cortan como
heridas las tonalidades más sutiles; unas
figuras voluntariamente integradas al mar­
co del paisaje, y éste, casi siempre, una
obsesión de ramas desnudas, que no hair
de distraer la emoción con su pequeña
emoción primaveral; en las figuras, unos
ojos inmensos, abiertos sobre un abismo
patente, y unos gestos elementales, que
ajirietan contra las figuras, como para no
dejar escapar nada de él, el sentido de
las mismas. Y, de pronto, en medio del
drama, el goce de los colores que ‘ ‘ can­
tan ” : un rosa, un gris de una delicadeza
refinadísima, unos azules casi mórbidos:
todo ello, dentro de la línea dura, inexo­
rable, del contorno, frontera, que ni el
pintor, ni el espectador, podrían traspasar.
¿Pintura literaria? Quizá: al modo en
que lo son las de la “ manera negra” de
Goya, o un Van Gogh, o un Picasso. Para
justificar la referencia a Van Gogh, nos
muestra aquí Blasco-Ferrer unos giraso­
les, cuyo esplendor nadie hubiera osado
esperar después de los de aquél; y en
cuanto a Picasso, él ha sido precisamente,
en esto París que puede serle, al artista
novato y extranjero, tan hostil como hos­
pitalario, quien más alientos le ha brinda­
do al artista llegado, a través de su cam­
po de concentración, de su alfarería de nn
pueblecito de Teruel.
Grpn éxito, este de la Exposición actual
de Blasco-Ferrer. Sin duda alguna, el más
notable en las exhibiciones individuales
de estos comienzos de año parisinos, que
proclaman, por la abundancia de sus ma­
nifestaciones artísticas, el retorno de Fran­
cia a sí misma. Y que sea precisamente
un español, un artista “ de afu era” , el
que de tal suerte se imponga, es lo que
mejor dice que París ha vuelto a ser cri­
sol y hogar vivo para el arte de esta vieja
Europa, deshecha, maltrecha, sangrante
por innúmeras heridas sin restañar, pero
todavía, inequivocamente, madre y trans­
misora do inspiraciones para el mundo
todo.
París, febrero.

( Viene de la 2* columna)
la Universidad de Chile en 1941. Obra
importante, abarca la primera etapa. La
segunda, que conduce hasta la era con­
temporánea, se encuentra en elaboración.
Manuel Abascal Brunet publicó un libro
sobre la Zarzuela Grande, género español
muy cultivado en Chile. La Universidad
de Chile realizó una serie de ediciones
musicales, un decenio atrás, que hoy es­
tán agotadas, al igual que los suplementos
musicales de las revistas que menciona­
mos. Diversas obras fueron publicadas
por la Editorial Cooperativa Interamericana de Compositores y en los Suplementos
Musicales del Boletín Latino-Americano
de Música. La Facultad de Bellas Artes
realizó grabaciones de música culta, en
un álbum especial, y otras de folklore
chileno, en igual forma.
En el arte pianístico, Chile tiene gran­
des valoreB, de renombre universal: Clau­
dio Arrau, Rosita Renard, Armando P a ­
lacios y Juan Reyes (este último fallecido
en Buenos A ires). Una generación nueva
ha surgido en los últimos años: Hugo
Fernández, Herminia Raccagni, Elena
W eiss, Tapia Caballero y otros. En el
arte lírico, Blanca Hauser, esposa de Ar­
mando Carvajal, ha tenido actuaciones
internacionales de gran significación y re­
cientemente, Teresa Orrego Salas, que
está estudiando en Estados U nidos de
Norte América. En el arte coral a capella existo un conjunto de verdadera per­
fección, el Coro de Concepción, que fundó
y dirige Arturo Medina. Formado por a f i­
cionados, de composición mixta, posee un
repertorio mayor a 110 obras polifónicas
y ha realizado recientemente una gira por
la Argentina y el Uruguay, causando la
admiración do los auditorios. La actividad
coral en Chile es de grandes proporciones.
Además de Armando Ca vajal, que tuvo
a su cargo la formación de la Orquesta
Sinfónica N acional y estrenó la casi to ­
talidad do la producción sinfónica chi­
lena de los últimos años, ha surgido un
nuevo director, de notables condiciones,
Víctor Tevah, violín spalla de ese con­
junto. La dirección del Conservatorio N a ­
cional de Música, que estuviera en manos
de Carvajal desde 1928, pasó más tarde
a Samuel N egrete (1 8 9 3 ), autor de dos
cua tetos y música sinfónica, y de éste,
recientemente, a Reno Amcngual (1 9 1 1 ),
pianista y compositor, alumno de ALcnde,
que demostró poseer también grandes con­
diciones de organizador.
En la creación musical chilena se des­
taca, en primer término, una orientación
francamente contemporánea, y en segundo
lugar, una diversidad de expresión tal,
que por sí sola habla elocuentemente de
la libe.tad de actuación que ba tenidp
en ese país cada uno de los compositores.
Además del decano de los músicos actuales
de Chile, Humberto Allende (que sigue
trabajando activam ente), debemos nom ­
brar a algunos que iro figuraron en el
( Continúa en la págin a 14)

�6

cab algata

T
r
1
1
|I
m
H
í
i
[A
l
1
1
II
Lilii lilll 111Jj IIA LJj
l

J.

J

..

J

Por MARIANO LATORRE
A L hablar do lanchas del Maulé es preciso remontarse a los tiempos coloniales
evocar ;l 080 le-ÍaQ0 ,río Maule- el Maulelfu (río de las nieblas) de los
mdios que habitaron sus orillas y los campos vecinos de la cordillera de la costa.
Ni^ los promaucaes del valle ni los indios pescadores de la costa misma,
ni siquiera los quechuas que los dominaron, tienen mucho que ver con la nave­
gación fluvial.
A lo sumo emplearon, para trasladarse de una margen a otra y aprovechando
las corrientes arremansadas, largos e inseguros troncos de roble que ahuecaban,
mediante piedras puntiagudas, calentadas al rojo.
Centenarios robles, de complicada ramazón, alineaban a ambas orillas del
Maule. sus siluetas verdeoscuras, trepaban por las escarpas de los cerros, do­
minaban las cumbres y descendían, con su cohorte de renuevos, a la ver­
tiente opuesta.
Madera nobilísima, de vigorosa textutiago hacia las playas del mar.
va y rojo corazón, arraigada profunda­
Fué, durante medio siglo, la única vía
mente en el subsuelo pedregoso y por lo
entro el valle central y la costa. La activi­
mismo de fibra más resistente y menos
dad disminuyó al tenderse los rieles del
húmeda que la de los robles d e'los bosferrocarril de Talca a Constitución, pero
núes del sur.
subsisten aún algunas de estas lanchas
para llevar, en pipas veteranas, el vino
canoas, llamadas también bongos,
ribereño. Para los guanayes fué un golpe
de una voz antillana, traída, tal vez, pol­
mortal. Entonces se hicieron marineros.
los españoles, eran sólo fluviales, pues la
Erarf, en su mayoría, campesinos que ba­
barra del río Maulé, como otras de la
jaban al río desde las hijuelas de los ce­
costa de Chile, impetuosa lucha de las
rros y que no retornaron a sus bravios
corrientes cordilleranas y de las mareas
rincones.
del océano, no podían flanquearla em­
Algunos se quedaban entre los pesca­
barcaciones tan débiles y fluctuantes.
dores; otros, se contrataban en las gole­
Hubo astilleros desde el siglo xvu en
tas o vapores. La mayoría tripuló las
las cercanías dol mar y al abrigo de la
lanchas que zarpaban continuamente ha­
ría y de los cerros costeños. Debieron
cia los puertos del norte de Chile y Sur
construirse carabelas y galeras y más ade­
del Perú.
lante bergantines y fragatas con el rico
La lancha maulina es hija del río y del
venero de sus selvas aledañas. Nueva B il­
mar. La madera para su construcción vie­
bao, hoy Constitución, nació precisamente
ne de los cerros; la carga (rodelas de
de estos astilleros que en el siglo xvm
restauraron los jesuítas.
leña, carbón de espino o de talhuén, eochayuyo o pescado seco) era, también, do
No había caminos desde el valle cen­
tral a la costa, pero el Maule y su afluen­
la tierra y los patrones y marineros, en­
ganchados de entre guanayes y monta­
te el Loueomilla, de abundante caudhl en
ñeses en el momento oportuno.
esos tiempos constituía una vía natural
que los jesuítas, grandes agricultores, ex­
Aprovechaban para salir, los instantes
plotaron con hábil intuición terrígena y
de bonanza de la barra. E l práctico había
hecho los sonda jes en el canal. Ya una
conocimiento del hombre que trabajaba
para ellos.
eseuadra de lanchas y lanchones, carga­
dos más arriba de sus bordas, aceitadas
Fué uu comercio lento, pero constante,
las roldanas de sus drizas y escotas, lle­
sobre todo en el verano, al cosecharse los
naban la sabana plateada de la ría, desde
trigos del valle y cuando en las huertas
la Isla hasta la Poza. Espectáculo pri­
maduraban las sandías y melones o en el
mitivo vigorizante.
arenoso terreno se doblaban los tostados
tallos de la lenteja.
Eecuerdo una de estas salidas inespe­
radas, en un mediodía del mes de setiem­
En la ría esperaban las goletas, ber­
bre. ju lio y agosto pusieron un muro de
gantines y lanchas para llevarlas a V al­
lluvia y arena en la barra alborotada. El
paraíso, al Perú y al Ecuador.
vigía anunció esa mañana barra buena.
Como es lógico, en los comienzos de la
colonización jesuítica, fueron las maderas
Frente al astillero de mi abuelo habia
las que se explotaron. Incansables hache­
diez lanchas, fondeadas en el río, pero a
una do ellas, según el código marítimo, le
ros derribaban árboles a lo largo del rio
y cuarteaban tablones y postes. Bajaban
faltaba un tripulante.
Yeo aun a mi abuelo, un francés ner­
en balsas primitivas hacia la boca del río.
vioso y malhumorado, pasearse por la
Los ribereños manejaban hábilmente
acera de la casa del astillero. Se detiene,
esas almadías y con sus frágiles espadillas
de pronto. En el fondo de la calle, un
las hacían cruzar corrientes y remansos.
carbonero maulino vacía la carga de su
Mucho se ha dicho del origen de esos
pequeña carreta serrana. Mi abuelo atra­
hombres del río, que Barroa Arana llama
viesa la calle y le dispara al campesino
huanahues, considerándolos como una tri­
bu local. Debieron ser mestizos de indios
esta pregunta:
— ¿Quieres embarcarte en una lancha
y españoles y son los antecesores de los
actuales guanayes. Las dos palabras, co­
para el norte?
E l montañés lo mira asombrado.
mo se ve, tienen una evidente afinidad
— Pero, patrón, yo soy de Quivolgo, pa
fonética.
En mi concepto, la palabra es de origen
entro, y no he navegado nunca.
quechua y fué traída por los propios je ­
,—Éso no importa.
— ¿Y mi carreta, patrón, y mis bueyesuítas, junto con sus esclavos negros.
Guanay o huanay es el nombro de ese
citos?
cormorán o pato del huano, que vive en
— Te los compro.
las costas y los ríos del Perú y de Chile,
Ignoro qué decidió al carbonero a em­
cuya especie más típica tiene el pecho
barcarse, pero es el caso que no volvió a
blanco y las alas negras. El huanay emi­
sus cerros y fué uno de los más expertos
gra a veces de las islas del huano, siguien­
pilotos de la costa.
do los cardúmenes de anchoas y sardinas
Es primitiva la lancha maulina, pero
que, por fenómenos del mar, se desplazan
conserva su contorno tradicional de navio.
hacia el sur.
No es un balandro ni una goleta. Es algo
Al volar es característico el contraste
regional y único. La compararía con la
de sus alas negras y su pechuga blanca.
carreta de los cerros, su hermana de tierra.
E l guanay del Maule, balsero o remador
Ella es al bergantín de complicada arbo­
de lanchas del río, usó siempre una camisa
ladura, lo que la carreta al coche de re­
de tocuyo que resaltaba sobre su piel oscu­
sortes, tirado por un tronco de caballos.
ra, quemada, por el agua, el viento y el
Y a fin de cuentas, es la evolución ma­
rina de las lanchas planas del río.
sol.
Tiene su misma resistencia y su cons­
Les recordaba a los ribereños el huanay,
trucción es muy semejante. Aquéllas pe
pariente cercano del yeco y del pato lile.
lean con las correntadas pedregosas; és­
Desaparece la balsa al agotarse la ma­
tas, con las incansables mareas del Paci­
dera err las orillas del río y la reemplaza
ficó. Ambas son anónimas y su plantilla
una embarcación más estable, la lancha
no está en un bello plano de ingeniero
plana que es, en el fondo, una especie de
naval sino en la memoria de veinte ge­
balsa evolucionada, con su armazón de cua­
neraciones de calafates y patrones. Y li­
dernas, su alta popa, su minúscula proa,
gada a los robles de gigantescos brazos.
sus grandes remos, su flexible espadilla
Sus rodas, sus codastes, su quilla y su
y el retorcido mástil donde se iza la vela
sobrequilla, sus cuadernas, en fin, bajan
cuadrada, si llega la oportunidad.
desde los bosques al río, a lomo de las
Durante años, su chata conformación,
pequeñas carretas de macizas ruedas. Se­
que recuerda el cuerpo do las palmípedas
manas y meses, pacientes hachadores las
o la mitad de una sandía sin pulpa, dió
labraron a filo de hacha y dientes de
al río Maule su característica fisonomía.
sierra. Clavos y martillos, estopa para las
En su ancha caviddd se amontonaban
junturas do la tablazón, espesas capas de
sandías, sacos de trigo y harina o pipas,
alquitrán, unos ensebados polines, empa­
olientes al mosto de los cerros.
nadas y mosto y la lancha rueda hasta el
En los instantes propicios, izada la vela,
agua del río y rodará, luego, sobre las
navegaba la lancha calmadamente. La lo­
olas del océano.
na, curvada de viento, era redonda como
Hace medio siglo, en los desmantelados
el pecho de una campesina que, en lugar
puertos del salitre y en la costa del Perú
de leche, hubiera cuajado aire del sur.
estas lanchas servían do pontones, para
Si el viento no se extraviaba entre los
recibir la carga de vapores y veleros y
cerros, los lancheros o guanayes movían
llevar el salitre y el cobre a las bodegas
los romos. Sus pies desnudos se apoyaban
de los barcos, fondeados mar afuera.
en los bancales, los brazos distendían1 sus
Al construirse molos y dársenas en los
músculos de bronce y en un ángulo acom­
puertos del norte, las lanchas no fueron
pasado, adelante y atrás, la lancha nave­
ya tan necesarias. Las substituyeron los
gaba deshaciendo el borbotón de la co­
faluchos, menos marinos y menos criollos.
rriente. Drapeaban un instante en el aire
Se acercaban más a una bodega flotante
sus mojadas camisas.
que a un verdadero barco, pero tanto los
Pero si una correntada detenía la lan­
unos como los otros eran solicitados y
cha, los guanayes desembarcaban y con
pagados a precio de oro, porque al eonsun pesado cable al hombro la conducían
t.uirse sus rodas y codastes, de una sola
desde la orilla. Un extraño aullido, casi
pieza, en el tronco de un roble serrano,
animal, regularizaba el esfuerzo, tan he­
estructuraban un casco de rara solidez,
roico como el de los bateleros del Volga,
que resistía los choques con el maderamen
En los veranos, las lanchas planas tras­
de los muelles o con los costados de los
ladaban veraneantes de Talca y de San­

buques o remolcadores, en el vaivén de
las mareas.
No son muy abundantes hoy día estas
lanchas en Constitución. Ahora, se tien­
den quillas de vapores y veleros de alta
mar, pero persiste el recuerdo do sus ha­
zañas marineras y creo que no se borrará
de la historia maritima del Maule.
Las dos manchas blancas, la de vela
cuadra y la del baticulo para el manejo
del timón, es algo que está grabado en
e! mar, aunque las nieblas lo oculten y las
arenas obstruyan la barra.
Y los quo somos del Maule, tampoco
podemos olvidar la fogata de palos de
hualles o de espino, hecha en medio de
la lancha, como en un rincón de la mon­
taña, donde los primitivos navegantes asan
su charqui o preparan las pancutras tra­
dicionales del campesino, del guanay y de!
marinero.
Meses demoraban estas lanchas que
salían hacia el norte para no volver al
puerto donde nacieron. Su destino era na­
vegar y fondearse hasta que una tormenta
las desarmase, arrojándolas a la playa. Y

entonces, sus viejas tablas servían para
levantar ranchos o para alimentar, con­
vertidas en leña, la cocina de un pescador
o de un fletero de cualquier puerto de
la costa del Pacífico.
Numerosas son ‘ las hazañas de estos
navegantes, hermanos de los chiiotes y
tan sufridos como ellos. Muchas veces pa­
saron interminables temporadas en el mar,
arrastrados por vientos contrarios, lejos
de su puerto de destino. Se les consideró
perdidos, pero llegaban, como buques fan ­
tasmas, deshecha su vela, rotas sus falcas
y con su casco blanqueado de sal.
Se liabian hecho parte del mismo mar,
que debió tomarlos por albacoras o ba­
llenas, aburriéndose do golpearlas con el
látigo de sus espumas.
Sólo que a alguna, en una noche negra,
apagadas por el viento sus luces de po­
sición, la partió la proa do un trans­
atlántico y entonces a sus dispersadas ma­
deras y a sus tripulantes muertos se los
tragó el océano, guardando celosamente
el secreto de la catástrofe.

U RENEGADO

Por DANIEL*DEVOTO

hora

soy obrero en una fábrica de alpargatas, que todas las mañanas encuentro

en el arrabal de siempre. He dejado de usar corbata y el “ overol” me libera de
A
las inútiles solapas, del apretón fastidioso de la ropa. Ya estoy acostumbrado al cal­
zado elemental, sin tacos, y lo hallo más cómodo para mis largas caminatas, para
trepar al ómnibus.
ferencias, a las charlas interminables so­
Hace un año vendí todos mis libros a
bre mis materias y preferencias, a las
Helman, sin conservar uno siquiera; ni
ridiculas comunicaciones ante un público
los dedicados perdoné en esta liquidación
de amigos y de obligados colegas, lo
de una larga etapa de la vida. Supuse
entrego ahora al café, donde ablando la
que era el gesto más heroico y difícil
pero finalmente no costó mucho. Ahora
vida jugando al billar o mirando la llu­
via de los atardeceres. Las mujeres tam­
casi no leo otra cosa que no sea el diario,
bién dejaron de ser un problema. Ya
las leyendas en el cine y los aburridos
no necesito ese largo prolegómeno, ese
carteles de propaganda de los subterrá­
neos. Tampoco tengo necesidad de aguar­
arrimar disimulado, que esconde una an­
dar pacientemente un tranvía vacio — sen­
siedad, creyendo o haciendo creer en su
tirme dueño de 'él— para ganar una hora
eternidad. Ahora sé dónde buscarlas, lla­
de lectura o ir pensando y buscando fra­
namente, sin subterfugios; les adhiero
ses. Sin darme cuenta todo lo que pensaba
mi deseo, sin temor de lastimar sobre­
lo hacía en función de la frase y su
estimaciones, sin ofender, con las indis­
presunta publicación. Ahora viajo en co­
pensables palabras. Es cierto que causa
lectivo o en los Omnibus repletos, y
un poco de tristeza la acogida de esos
cuartos mercenarios, pero la carne urgida
cuando voy arracimado con otros de los
pronto acaba con ella. Procuro no reinci­
estribos me resulta más fácil porque toda
dir olvidando cualidades, lo suficiente
la vida se concentra en el cuidado de
como para no contraer hábitos. Y todo
evitar un golpe Conozco, por fin, lo que
se olvida cuando usted se introduce en
es no tener la preoeupac'
constante del
la noche, solo, caminando con la perezosa
especialista que debe estar al tanto de
indolencia de un felino.
la bibliografía, conocer los nuevos estu­
dios, las tantas majaderías publicadas en
En el grupo cuya vida pretendo com­
partir se hacen posibles los sinónimos y
revistas y en ediciones del autor. Un
la primera persona del plural: somos. No
libro traía otro libro y la codicia, la
los quiero idealizar, pero la verdad es
urgencia de leerlos todos me había ganado.
que siento la ausencia de algo que me
Y todo eso suponia, además, el compro­
ahogaba en el círculo de antes: los tilin­
miso, la obligación de vivir, de expresarse
gos. Hay ignorantes, pero esa no es con­
de acuerdo con su condición de lector, de
dición que hace imposible la felicidad; al
universitario, do catedrático, de hombre
contrario, tal vez la facilite.
“ culto” y sensible. S i la verba de la
niñez me recuperaba repentinamente y sol­
Peleo en la calle o donde sea; el dar
taba un “ viejo ” refiriéndome a mi padre
y recibir unos buenos puñetazos ya no
o si decía que algo estaba “ cachuzo” ,
me. causa la vergüenza que antes duraba
recordando el vocabulario de la bolita,
varios días. Sin ir más lejos, hoy al
recibía alguna reprimenda o miradas de
mediodía he castigado a un napolitano,
una escandalizada sorpresa que me per­
algo bebido, que me insultó en un al­
mitían adivinar el comentario en cuanto
macén de la calle Gaona. Le di fuerte
me diera vuelta. Dije una vez en una
hasta dejarlo quieto; algunos comedidos
académica sala de profesores que había
le echaron agua y hasta vino en la cara.
presenciado un partido de fútbol y mis
Y'o me quedó impasible hasta que des­
estimados colegas se quedaron contem­
pertó. Ya recobrado me miró largamente,
plándome como si tuvieran delante a un
sin decir palabra, pero adivino que me
monstruo prehistórico. Y esto me hace
prometió el desquite, de otro modo. Estoy
acordar que Julio Cortázar tenía que
casi seguro que lo hará, no sé dónde ni
tolerar admiraciones semejantes cuando
cuándo, pero lo aguadlo con la extraña
cándidamente manifestaba su gusto por el
convicción de que tal vez no alcance a
mate y el boxeo.
verlo. Lo que escribo ahora, en este cuar­
Aho:a ya no leo. Sé que es inútil. Lo
to del inquilinato ya dormido, abierta la
he comprobado a los treinta y dos años
puerta a la tranquilidad del patio, tiene
de mi vida, luego de veintiséis de lec­
en cierto modo ol carácter de un testa­
turas. Siento que los libros me dieron eru­
mento. Releo y me doy cuenta que com­
diciones, figuras, referencias y que me
parto mis ideas, mis palabras, con muchos
abrieron el camino a muchos problemas.
hombres quo han escrito, pero paciencia,
Antes era uu placer leer un libro bien
esta es mi vida y no estará de más el
escrito y demora; se en un adjetivo pre­
repique de ot a campana. No lo enviaré
ciso como los de Borges. Ya poseo el
a ninguna revista literaria; lo guardaré
convencimiento de que todo éso es inútil;
entre las hojas de mi libreta de enrola­
que es inútil buscarse por las novelas y
miento y si algo me ocurre es posible que
no sentirse único. Por otros caminos hu­
lo encuentren o que lo quemen ceremonial­
biera llegado a ese mismo resultado, sin
mente en el patio de los Tribunales.
amarguras, sin sensibilizarme para que
luego me hiera e l . paso de una mosca.
M ario P onti.
Buscamos adhesiones, simplemente; el de­
fecto compartido, ya pensado —vivido—
N ota: El 28 de febrero de 1946, a las
por otro. Resulta cómodo ser otro del
21 horas, José Imbellota, italiano, apu­
montón.
ñaleó por la espalda a Mario Pouti. Mi
Dejé, naturalmente, la cátedra en el
amigo el juez del crimen......... me hizo
Colegio. Era un fastidio oír a los mucha­
llegar estos papeles del investigador des­
chos de primer año repetir las tonteras
aparecido. Aun cuando lo escrito no está
que uno puede decirles hablando de esto
muy de acuerdo coir las ideas que habi­
o de aquello, colaborando en el proceso
tualmente manifestaba, me decido a en­
do domesticación que la sociedad exige.
viarlo a. . ., considerándolo como un claro
No podía fomentar la rebeldía sino sola­
ejemplo de reniego cultural, como un tes­
padamente. ¡Oh, mis antiguos temores
timonio de nuestra época La fuga de
cuando malvadamente les desprestigiaba
Ponti, bueno es aclararlo, sólo fué ima­
algún héroe o me sonreía del .Aconcagua,
ginaria, porque hasta el momento de su
la montaña más alta del mundo! Con
muerte seguía investigando prolijamente
temores, sin insistir mucho, llegué a de­
sus materias y profesando en el Colegio.
cirles que la historia es un cuento, una
Helman, que lo conocía bien, no recuerda
de sus formas, y que nunca podremos co­
haberle comprado libros en cantidad apre­
nocer la última explicación de la con­
ciable. Tengo para mí que esta fuga, de
ducta de un hombre, contemporáneo —ve­
haberse realizado, hubiera resultado un
cino, hermano—■ o histórico, aunque nos
i^acaso, un imposible, tal como lo re­
deje una autobiografía con ribetes por­
conoce Lawrence, gran admiración de
nográficos. Escondido en esta ropa, si
Ponti. En cuanto a la intuición de la
acaso hallo a alguno de mis ex discípulos
nacionalidad de su asesino desaparece to­
por la calle los engaño y creen que no soy
do misterio al considerar que el 'homicida
yo, sino algún sosias, algún pa iénte que
dió como cierto el conflicto del almacén'
no hace honor a la familia, y no me
— que Ponti sitúa en Gaona— y que ac­
molestan con preguntas.
tuó, como su tierra lo exige, procurando
E l lugar que antes concedía a las con­
su venganza.

MIRADOR

• E n L im a te n d rá lu g a r en fechas del
m es de m arzo un C ongreso de E ditores y
u n a E x p o sic ió n do L ib ro s sobre Pedagogía
A m e ric a n a y D id á c tic a , b a jo la presidencia
de la C ám ara P e ru a n a d el L ibro, Se es­
p e ra que en e s a ocasió n los cougresales
se a b o c a rá n a re s o lv e r a n te la s autorida­
d es d el G obierno d e l P e rú la s dificultades
con quo tro p ie z a el lib ro argentino en el
p a ís h erm a n o d e bido a la re stric c ió n de
d iv isa s a que es som etido el comercio de
lib re ría . E s e v id e n te que si no se allanan
esa s d ific u lta d e s, el re fe rid o Congreso, que
h a d e a b o g a r en p ro de la s relaciones cul­
tu ra le s e n tre p a íse s am igos y hermanos,
p e rd e rá su e fic a cia y, agregaríam os, su
ra z ó n d e ser. H u e lg a n C ongresos y ’ Re­
uniones g re m ia le s si no se h a de ir de­
recho a e lim in a r la s tr a b a s que de todo
g énero se le im ponen a l libro.
• U n a R eu n ió n de e sc rito re s que h a de
c e le b ra rse en C hile h a sido tra sla d ad a
do fe c h a. L os con cep to s que expresan la
n o ta que an te ce d e p u e d en rep etirso lite ­
ra lm e n te a l re fe rirn o s a C hile, país que,
como el P e rú , h a im p u e sto tam b ién a los
lib re ro s el p e rm iso p re v io p a ra la im ­
p o rta c ió n , que no siem p re les es concedido,
c ulm inando u n a serie de re s tric c io n e s que
se vienen su cediendo de dos a tre s anos
a e sta p a rte . S ab id o es q u e la s c u en tas
que los e d ito re s a rg e n tin o s m a n tie n e n con
le s lib re ro s c h ilenos e stá n sin c a n c e la r ha/co m as de u n año p o r c a re n c ia de d iv isa s.
E s de e s p e ra r que los e sc rito re s c h ilenos
y a rg e n tin o s que se re u n irá n íra te rn a lm e n te u n idos p o r lazos de a m is ta d y de a n h e ­
los com unes, a p o y a rá n la s g e stio n e s quo
haco tiem po, in iru c tu o s a m e n te , viene re a li­
zando la u á m a ra A rg e n tin a d el L ib ro y el
grem io chileno de H o rero s, a n te los pode­
re s p ú b lic o s d el p a ís h erm an o .
• E n M ar d el P la ta , en los salo n e s del
C asino, e stá a b ie rta a l p ú b h c o la “ T e rc e ra
E x p o sic ió n y F e ria de o b ra s de a u to re s
a rg e n tin o s ” , c uya o rg a n iz a c ió n asum e la
A sociación de E s c rito re s A rgén _inos. E sa
e x p o sic ió n m erece u n doble encom io, p ues
re ú n e la p a rtic u la rid a d de que los ’liD ro3
se v e n d en a l p ublico, cosa que p o r lo
g e n e ra l no a tie n d e n la s com isiones que
o rg a n iz a n ese tip o de m a n n e sta c io n /js,
c o n stitu y e n d o , en consecuencia, u n a carga
e n g o rro sa p o r c u an to sig n ific a que los
p a rtic ip a n te s , sea n e sto s e d ito re s o au ore s , p ie rd e n el im p o rte de su s envíos. E l
ejem plo d e la A D EA m erece se r im itado.
• E l ilu s tre e s c rito r R óm ulo G allegos difu n d id o a u to r de “D o n a B á r b a r a ” , “ Can a ir n a ', “ .roDre n e g r o " . . . , aca b a de a su ­
m ir la P re s id e n c ia de la R ep ú b lica de
V enezuela, a b rie n d o su g e stiv a s in te rro g a n ,
te s el caso, in só lito , de que u n in te le c tu a l,
en A m érica, sea llevado p o r el im pulso
del su fra g io p o p u la r a re g ir los d e stin o s
de su p a ís. CA BA LGA TA en v ía su re s p e ­
tu oso saludo a l in sig n e n o v e lista y al
m a n d a ta rio d el g ra n p u eblo venezolano.
• E1 a ctivo p in to r a rg e n tin o G ustavo Coc h e t h a c eleb rad o ú ltim a m e n te u n a expo­
sició n de óleos en el saló n de la su c u rsa l
quo el d ia rio b o n a e re n se “ E l Mundo* tien e
en M a r d e l P la ta . D iez vigorosos cuadros
con te m a s h a b itu a le s en e ste m a e stro n a ­
tu ra le z a s m u e rta s y flo res, h a n a firm ad o ,
a n te un m edio poco p ro p ic io p a ra una
m a n ife s ta c ió n a rtís tic a , la s elev ad as d otes
que a d o rn a n esa d e sta c a d a p e rso n alid ad .
• E n el saló n blanco de la In te n d e n c ia
M u n icip al de la c a p ita l fe d e ra l, fu e ro n
p u e sto s en po sesió n d el cargo de con­
s e je ro s en el estu d io d e u n a n te p ro y e cto
de re g u la c ió n u rb a n a de la ciudad, los
a rq u ite c to s J o rg e A. F e r r a r i H a rd o y ,’ J o r ­
ge V ivanco, A n tonio B o n et y M iguel C.
R oca. A n te e sto s co n sejero s, elegidos con
in c u e stio n a b le a cierto , y en p re s e n c ia de
a u to rid a d e s, hab ló el In te n d e n te d o c to r
E m ilio R. S iri, a cuyo d iscu rso c o n te stó
en no m b re de los re fe rid o s c o n sejero s el
a rq u ite c to F e r r a r i H a rd o y .
M erece a p la u so el no m b ra m ie n to d el jo ­
ven p la n te l de in te lig e n te s a rq u ite c to s,
a c re d ita d o s to d o s ellos p o r o b ra s de no­
ta b le e n v e rg a d u ra y de ra c io n a l m o d e rn i­
dad. E s de en co m iar que el doctor S iri
h a y a p u e sto a l serv icio de los a ltos in ­
te re s e s u rb a n ís tic o s de la c a p ita l, m édula
de la R ep ú b lica , el consejo de e sp e c ia lista s
que su rg e n de los e stu d io s que el m undo
a c tu a l re a liz a de c a r a a l fu tu ro desarrollo
de los com pactos n úcleos c iudadanos.
• J o rg e L arco , el n o ta b le p in to r a rg e n ti­
no, p re p a ra u n a im p o rta n te exposición de
com posiciones de in s p ira c ió n española, fr u ­
to y re su m en de su re c ie n te viaje a la
p e n ín su la .

e E co de la c am p añ a que CABALGATA
re a liz a p ro d ifu s ió n d el lib ro a rg e n tin o .
U n d is tin g u id e e sc rito r, b u e n am igo de
e sta s p á g in a s, nos e sc rib e a su regreso
de u n a g ira p o r el p a ís tra s a n d in o :
.E n C hile, u n p a ís ta n cercano en lo
que a n o so tro s re sp e c ta , m ás c e rc a de lo
que m uchos p ie n sa n , e sp iritu a lm e n te , he
o b serv ad o algo estrem ec e d o r. R e c o rrí la s
lib r e r ía s de V a lp a ra íso , de S a n tia g o , y de
V iña d el M ar. S i a q u í en el in fe rio r d el
p a ís, ta n poco se conoce a n u e s tro s es­
c rito re s , ¿q u é p o d ré d e cirle s de a llá ? A llá
n o sólo en la s H b re ría s se c arece de
U bros a rg e n tin o s , pese a que la s s u rte n
la s p rin c ip a le s e d ito ria le s a rg e n tin a s, sino
que en u n a m uy im p o rta n te b ibU oteca no
tie n e n , e n tre su s s e te n ta m il U bros, n u e s ­
tro “M a r tín F ie rr o ” ! ! ”
• E l c o la b o ra d o r d e CA BA LGA TA . J o sé
M o ra G u a rn id o d a a c tu a lm e n te en el M u­
seo P e d a g ó g ic o d e M ontevideo, p o r in i­
c ia tiv a d el C onsejo de E n s e ñ a n z a S ecun­
d a ria d el U ru g u a y , u n cu rso de ocho
c o n fe re n c ia s so b re o tro s ta n to s e sc rito re s:
B alzac, Zola, P r o u s t, D a v id H . L aw rence,
E m erso n , G io v an n i V erga, A ngel G anivet
y B en ito P é re z G ald ó s. L a s ocho con­
fe re n c ia s a p a re c e rá n p ró x im a m e n te b a jo el
sello de u n a e d ito ria l u ru g u a y a y con el
p a tro c in io de la e n tid a d c u ltu ra l que las
h a p re s tig ia d o .
• E n S a n tia g o de C hile te n d rá lu g a r, en
el cu rso d el m es de m arzo a ctu al, la Fe­
r ia d el L ib ro , en la c u al el lib ro argentino
o c u p a rá , p e se a la s d ific u lta d e s im peran­
te s , u n lu g a r d e sta c a d o .
• P r e s id id a p o r el s u b se c re ta rio de In ­
fo rm ac io n e s de la P r e s id e n c ia de la Na­
ció n , se ñ o r E m ilio C ip o lle tti, h a partido
p a ra G in e b ra , d o nde te n d rá lu g a r la Con­
fe re n c ia In te rn a c io n a l so b re Liberta-d de
In fo rm a c ió n c o n v o ca d a p o r la A sam blea
de la U .N ., la d e le g ac ió n a rg e n tin a a la
m ism a, c o m p u e sta a d em ás p o r el m inis.ro
p le n ip o te n c ia rio señ o r R ic ard o J . S iri, en
c a r á c te r do v i c e p r e s i d e n t e consejero
do la d e le g ac ió n p e rm a n e n te a n te la U.N.,
se ñ o r R odolfo M u ñ o z; e l d ire c to r general
d e p re n s a , señ o r R a ú l de Orom í, y el di­
re c to r g e n e ra l de e sp e c tá cu lo s públicos,
s e ñ o r C laudio M a rtín e z P a iv a . Actuará
como s e c re ta rio g e n e ra l el consejero do
e m b a ja d a s e ñ o r E n riq u e F e r r e r V ieyra, y
com o a se s o re s e l d o c to r J o rg e H éctor
V a le y los se ñ o re s J u lio M arcos Reth,
C arlo s V íc to r A n d ré s D o b a rro , Ju lio Cé­
s a r A m ad o r! y A lfred o F ra n c is c o Mercuri.
• E n B u en o s A ires h a fallecido el pintor
R a ú l M a iz a . de n o ta b le in flu en c ia a rtís ­
tic a .

�c a b a lg a t a :

7

El M e n s a j
del

Por DOMINGO PRONSA TO
ENDIDOS en las arenas cálidas de la
playa del Monte Hermoso, frente a la
masa planea del mar austral, escuchamos
el lenguaje sonoro de las rompientes pre­
tendiendo interpretarlo. Son acentos que
podrían revelarnos lo que fué de uir pai­
saje» cuyos rastros visibles descubrimos
en los elementos do un mundo desapare­
cido o que sentimos, vibrantes, dando
sueltas al pensamiento.

T

¡Qué singulares galas ofrecen las on­
da- do este océano de cambiantes tonos!
Pon cambios veloces; son luces reflejas
y quebradas en vastos planos de lucientes
ocres, o de nobles y sedosas tierras ver­
des. Estamos creando aquí, un nuevo sec­
tor de la escala espectroscópica.
Son aguas la de este mar que, sólo
por un raro evento, reflejan los azules
del éter. Hemos contemplado el paisaje
marino en muchas y distintas latitudes; el
mar latino siempre cerúleo y sombrío co­
mo lo cantan los rapsodas de la Egeida
o el romano poeta, el vasto desierto at­
lántico de cobalto espeso y profundo, las
aguas que cubren la tectónica fosa pací­
fica, enorme cicatriz del parto lunar, aguas
que diluyen el humor de los corales, e
imaginamos las frígidas masas oceánicas
de Ross, de Wc-dell y de Draque, panas
de iridescencias deslumbradoras, pero, en
ningún mar hemos observado las tremulantes fulgencias de este bravio océano
costero que nos enternece y nos invita
a meditar. Son fulgencias que semejan las
de la esmeralda, engranadas con las del
heliotropo, polarizadas, a veces, como las
del espato y en repetidas ocasiones ve­
lándose en las tenuidades de un ópalo
santacruceño.
*
Meditemos pues.
Los paisajes yacentes en los fondos
abismales do los grandes océanos están
mudos, como si el peso de la tremenda
masa líquida, mantuviera ahogados los
acentos de un lenguaje que, con todo, ha­
brá de escucharse desde las puertas del
caliginoso Tártaro. Aquí, frente a nos­
otros, se extiende un fondo marino de
cmacterísticas muy distintas: estamos en
presencia de una tierra sumersa; plata­
forma continental submarina ** que fuera
parte otrora de la Patagonia mesozoica.
Tierra sumersa con todo su paisaje intac­
to, con sus terrazas y con sus valles,
sus montañas y sus pampas, poblado el
todo de selvas petrificadas. Allí están im­
ponderables tesoros, que el ondear incesan­
te y las corrientes marinas arrancan de
las rocas madres, para transportarlas y
depositarlas como arenas de hierro mag­
nético, o, en las sircas fueguinqg cual
sedimento de gualdas pepitas.
Podemos imaginar, sin pecar de fan­
tasiosos, que el paisaje submarino que
ahoga el Mar Nereis, iro ha perdido uno
solo de los aspectos que lo hacen igual
al paisaje patagónico, o, a las silentes
Cuando

la

lu n a

se

d e sp re n d ió

de

LA GUERRA GAUCHA
por Leopoldo Lugones
E s te lib ro , h a dich o su a u to r, n o es u n a
h is to ria , a u n q u e sea n h is tó ric o s su s co n cep ­
to s y su fo n d o . L o s e p iso d io s q u e lo fo rm an
d e sc rib e n de m a n e ra m a g is tra l la lu c h a so s­
te n id a p o r los g a u ch o s de G üem es c o n tra
los e jé rc ito s e sp a ñ o le s en el n o rte a rg e n tin o .
E d ic ió n p a ra re g a lo en p a p e l crem ado con ilu s tra c io n e s de A lfre ­
do G uido .................................................#
$ 20.__

Demetrio Vrruchú-a. “ Estudio para un fresco7’. (Monocopia en color.)

LA P A M P A . SU H IS T O R IA .
SU GEOGRAFIA, SU REALIDAD,
SU PORVENIR
por Enrique Stieben

Por ROMUALDO BRUGHETT1

D EMETRIO
pintor de

URRUCHUA es

la calidad
humana del hombre. Tien­
de a “ simbolizar, cantar
y enaltecer la lucha por
la cnal los hombres bus­
can una nueva vid a ” . El
artista aspira a ser ‘ ‘ in­
térprete de la realidad
mundial” ; un tema se
desprende de otro: la
guerra y la revolución,
el heroísmo y el sacrifi­
cio, la mujer y la fra­
ternidad, la esperanza y
la fe. Un patetismo do­
m ina. S eg ú n L incoln

tono hasta obtener de él ri­
gores de sensibilidad y de
funcional correlación den
tro del cuadro. Las fuer­
tes cabezas, las manos
cerradas y voluminosas,
las faldas y las blusas
de las mujeres talladas
en amplios planos, se
acentúan y esclarecen' en
los rostros de fino mo­
delado, en la espirituali­
zación de la pasta cro­
mática y en la humani­
zación del dibujo.
Urruchúa no se limita
a esquemas prefijados.

béseos, pueblan el espa­
cio de las telas y las
rinden deliberadamente a
puros valores formales.
Ultimamente, ha utiliza­
do tonos amarillos de do­
rados y violentos medio­
días y tonos aurórales
que asumen valor simbó­
lico : son preanuncio de
v islu m b rad as auroras.
Aprecia hasta que punto
un tema encarnado en
una fe, una religión — re­
ligar: unir el hombre a
la naturaleza, a la vida,
al todo— , adquiere ca-

S ín te s is a d m ira b le m e n te lo g ra d a , que reu n e en u n solo vo lu m en el m a te ria l d is p e rso
en m u ltitu d do lib ro s y de fo lle to s. E s te
lib ro m ereció u n a d is tin c ió n h o n o rífic a que
p ro c la m a la c a lid a d d e dich o tra b a jo .
E n c u a d e rn a d o en c a rto n é , con 324
p á g in a s, y n u m e ro s a s ilu s tra c io n e s $ 20.—

BIOGRAFIA DE UNA CATEDRAL
por Robert Gordon Anderson
L a h is to ria v iv ie n te d e la m ás h e rm o s a evo­
c ac ió n d el h o m b re , con d e ste llo s , a tra v é s
d e sig lo s, d e la p ro c e sió n que lle g ó h a s ta
N o tre D am e.
TJn e le g a n te vo lu m en d e 5 36 p á g s. S 15.—

EL CABALLERO DEL DESIERTO
por Maxine Shore y M. M. Oblinger
E s te lib ro r e la ta la v id a d e l n iñ o M ac k e n zie
y su s e m p re sa s de h o m b re . L a d ra m a tlc id a d
do los h e ch o s se a c e n tú a con e l c o n o cim ien to
d ire c to de la s b e lla s re g io n e s q u e re c o rrió
aq u el v a le ro so e x p lo ra d o r.
U n v olum en e n c u a d e rn a d o en c a r ­
to n é, de 33 2 p á g in a s .......................
$ 10.—

ORGULLO DE ESTIRPE
por Alice Tisdale Hobart
U n a o b ra p le n a d e h u m a n id a d y d ra m a tis m o
so b re la v id a en M éxico y la s lu c h a s e n tre
te r r a te n ie n te s y c a p ita lis ta s e x tr a n je r o s co n ­
t r a la s re fo rm a s lib e ra le s d e l G o b ie rn o .
U n vo lu m en de 5 6 2 p á g in a s . . . .
$ 12 .—

EL PRISIONERO
por Ernst Lothar
E s la h is to r ia d e u n e s p ir ltu d e fra u d a d o de
su s m á s p u ro s y s in c e ro s id e a le s ; p e rs e g u id o
p o r la G e sta p o , se d e b a te e n u n a lu c h a p a ­
té tic a en d e fe n sa d e la ju s tic ia .
U n v o lu m e n d e 3 78 p á g in a s .
$ 9.—

lu

d&lt;? e8t° hftce u n o s dos miI billones
U.000 m illones) d e años, d e jó un hueco p ro ­
fundo que m ucho m ás ta rd e re lle n a ro n las
aguas del P acífico . P o r efe cto de e ste te rrib le
Parto, la endeb le c o rte z a p rim itiv a te r r e s tr e
configuró u n ún ico c o n tin e n te p rim o rd ia l que,
«&gt;n embargo e ra un com plejo d e b lo q u es d é b il­
mente soldados cuyos c o n to rn o s d ib u ja b a n los
tre s í
COntinente8’ h °y* 100 d is ta n te s enII Apro'Jiraadftm ente, h ace u n o s c in c u e n ta miones de años, el co m p licad o siste m a rom peezas c o n tin e n tal, s ac u d ió su in e rc ia y los
►oques de los a c tu a le s c o n tin e n te s co m e n za ­
ron a V lajar a lft d e riv a Y fu é así. que la
del S u r- c° n su a d h e rid o a p én d ice
A ntártida, se d e sp e g ó del b loque a fric a n o
Para d e riv a r h a c ia el p o n ie n te . Al ig u a l de
o** la p la ta fo rm a s u b m a rin a p a ta g ó n ic a y do
as veleras nav es fe a cias, sin v ig ía y sin ti°n, a p untó su a fila d a n ro a p a ta g ó n ic a h a cia
uk nuevos d e stin o s. E m p ero ,
A m érica del
• 'Ir y A frica m a n tu v ie ro n un c o n ta c to p ó stu m o
asta el p ro m e d ia r d e los tiem p o s te rc ia rio s :
os puentes e s ta b a n te n d id o s ; A rq u e le n is al
norte y A rq u in o tis al S ur.
Este com pren d ía la s tie rr a s a n tá r tic a s y
3®** te n ía su s e strib o s en la s s ie r ra s de
uenos A ires, y en la s m o n ta ñ a s del C abo
® Buena E sp e ra n za . E n el in te rio r de este
antiguo com plejo c o n tin e n ta l se c o n fig u ra b a
*' Océano N ereis. Con el h u n d im ie n to fin a l
e A rquelenis (i s e r ía acaso la A tlá n tid a de
latón?) el O céano N e re is se u n ió con el
f hetys, m a r b o re a l, y de esa u n ió n se orifinó el Océano A tlá n tic o m erid io n a l. A conte*ttnientos todos q u e fo rm a b a n p a rte de la
" tima y g ra n d io s a re v o lu c ió n o ro g é n ic a que.
Por duodécim a vez en la en o rm e e sc a la de
08 tiempos tra n s fo rm a ra el ro s tro de la tie rr a
* P reparara con el a d v en im ien to del hom bre,
los más herm osos v e rg e le s d el m undo.

** El zócalo c o n tin e n ta l s u b m arin o p a ta fónico tien e un an ch o a p ro x im a d o de cien
•rguas y ge e x tie n d e d e sd e el Cabo C o rrien ***• alcanzando la p u n ta e x tre m a su d am e rica hasta co n ec ta rse con la p u n ta n o rte a n tá ruca siendo su s obeliscos v isib le s la s Mal*
las O rondas y S e e tla n d . E s tá fu e ra
sistem a la isla D ecep ció n q u e es el c rá te r
*je un volcán que p e rte n e c e a la g ra n lín e a
frac tu ra del g eo siclin al andino. De lu me"ota sum ersa fo rm ad a p o r m ú ltip las te rra z a s
^Ue ascienden cad a vez m ás jia c ia el o e ste
Para d a r lu g a r luego al esc a lo n a m ien to p a ­
tagónico em erso nos h a b la n los e stu d io s de
^ordensjiold y W in d h a u se n . E líseo R eclus
P°r ^otra p a r t », re c u erd
•as islas M alvinas son u n a c u lm in a ció n de la
alta m eseta s u b m arin a que la s u n e a la P a ­
tagonia, y en ciclo p ed istas ¡n eleses y el m ism o
Delavand en su g ra n E n c ic lo p e d ia d e sc rib e
•a» c ara c te rístic a s del p eld añ o su b m arin o , de
ta tru c tu ra s e d im en ta ria , a n álo g a a la s ro c a s
del aur a rg e n tin o .

Oem cirio Urruchúa. “ El sueño y la bestia” . (Oleo.)

Kirstein, el salvajismo re­
presentado en sus cua­
dros ha superado por pri­
mera vez las caricaturas
que hasta la fecha se
han h e c h o de H itle r
(1943). Los monotipos de
Urruchúa son acogidos
en los Estados Unidos
con evidente efusión.
Su crítica social, su
anhelo reivindicador, sus
convicciones le obligan a
esta a se v e r a c ió n : Soy
— dice el pintor— un
convencido que llegará el
día —jno está lejano—
que reinará un sentido
universal en la vida de
los pueblos siir razas ni
nacionalidades. El artista
ama y trabaja. La suya
es ‘ ‘ fe en la vida y en
el hombre” . Asi ciencia
y artesanía se unen en
el combate de) arte.
Se ha insistido en f i­
liar a este pintor como
muralista, dada la sim­
plificación y elementalidad de sus formas. Em­
pero, realiza hoy valora­
ciones en la tela y en la
tabla que indican de que
modo ha penetrado err la
materia expresiva, con
que rigor efectúa gra­
daciones de grises y to­
nos delicados (grises, ro­
sados pálidos.) Establece
suaves claroscuros, intro­
duce arabescos, modula un

Incorpora a sus telas un
apasionado sentimiento:
parte de la naturaleza y
de la vida haciendo in­
tervenir p osteriorm en te
sobre la realidad la ima
ginacióir. He visto junto
a sus telas dilatadas, pe­
queños óleos y la serie
de los estudios y bocetos
para los Obispos de Es­
paña. En estas pinturas,
el artista escucha la voz.
de una materia valorada
en tonos que abarcan los
rojos, los amarillos, los
grises, los blancos y los
negros. Pinte el dolor o
la alegría, el horror o
la expectación, la liber­
tad o la opresión, la tra­
gedia o el renacer, aforra
el climax apropiado a sus
trabajos que emergen en­
tre picudos h orizon tes.
Mediante reglas composi­
tivas estrictas obtiene la
tereera dimensión en es­
pacios que establecen la
hondura de las telas. El
color se vuelve tono y el
tono nace de una potente
ley no óptica, claro es,
sino pictórica, exclusiva
del esgrimir de una pa­
leta capaz de combinacio­
nes eolorísticas y toques
de entonados claroscuros,
nada pesados y sí diná­
m icam en te dram áticos.
Plasma en sus cielos f i­
guras y elementos plás­
ticos que, a modo de ara-

racteres que han de pre­
dominar en un Mundo
Nuevo. Ve la armonía
universal futura, y actúa
bajo el impulso de un
fervor que el oficio dies­
tro y la fineza aguzada
en el drama aproximan
airosamente. Pintor na­
da localista, cultiva vas­
tos espacios y pinta ho­
rizontes b a jo s que n'o
pueden ser, sin embargo,
sino los espacios y los
h o rizo n tes de n uestra
pampa. Modo indirecto,
si se quiere, de la medi­
en &gt;»mo ei paisaje se
adentró f.t. íl alma del
artista y se manifiesta
en los niareados rasgos
tipificadores. Sus figuras
y símbolos son universa­
les, pero emergen de la
tierra, bajo los cielos de
un país libre. ¿Es el
nuestro este país, esta
patria que nosotros soña­
mos sin fronteras? Lo
indudable es que telas y
tablas testimonian el ori­
gen americano de este
artista nacido en los cam­
pos del Oeste. E l mo­
vimiento de las figuras
por él concebidas antici­
pan enormes multitudes
avanzando sobre una tie­
rra liberada.
(F ra g m e n to de u n a m ono­
g r a f ía d e l a r t i s t a en p re n s a
en

la

E d ito r ia l

P o s e id o n .)

landas de la soledad antartica. Es que en
épocas remotamente pretéritas, Patagonia,
meseta submarina y Antártida formaban
nn solo bloque continental sólidamente
unido al Gondwana esplendoroso. Tierras
hermarras, desde el altiplano has'a el hiper­
bóreo Erebos, tierras unidas por una v i­
gorosa dorsal Gondwanida, cuyas culmi­
naciones aparecen hoy en la montaña-isla
de Ventana, en el “ horst” de Malvinas
y en el estupendo arco insular que une
las tierras polares con las del Fuego.
El destino ha resuelto que todas estas
costas de continentes-islas y archipiélagos
permanezcan bañadas por un mar carac­
terístico diferente de todos y que ese re­
siduo del Océano Nereis, mar playo, es­
meraldino, al que nosotros, no sin orgullo,
quisiéramos denominar Mar Argentino.
Hemos detenido por un instante el vue­
lo de la fantasía, para fija r un concepto
que explica, en la ciencia, la destrucción
y construcción de los bloques continentales
y de las cuencas oceánicas.
¡Cuán lejanos están los tiempos en que
los rayos solares y las luces de todos los
astros del cielo austral alumb_aban las
“ decumanas” ondas del Mar N ereis!
Mar Nereis, cuyos rastros visibles es­
tán hoy etí” las ajjuas que enfrentamos,
en las que bañan todas las senosidades
de la Patagonia y se extienden más allá
del estrecho de Le Maire, hasta alcanzar
la frígida tierra de Sobral. N os place
denominar así, a la tierra que no fuera
inhóspita, durante dos largos inviernos,
al valiente marino argentino que acompa
ñó a Otto Nordensjiold.

E n los pliegues de las montañas que
resguardan la bahía de Esperanza, Sobral
y los sabios de la fam osa expedición d es­
cubrieron los restos fósiles del ‘ ‘ glosopter is ” , el mismo helécho gondwánieo que
se presenta en los pliegues mesozoicos
de la preeordillera, en la P atagon ia y
en las islas gem elas. . . ¡E ste es el m ensaje
que flota en las saladas aguas de este
antiguo mar y que rubrica, cual sello in ­
discutible, las hijuelas de propiedad de
estas tierras, hermanas!
Bien claro lo dice la impronta fósil
del helécho característico.

Cuenta la antigua tragedia que, enr vue­
lo, llegaron hasta la cumbre del monte
Cáucaso, las hijas de Océano Llevaban
un mensaje de amor al ilustre Encadenado
que enseñara a los hombres todas las
artes y a los mortales develara el secreto
del fuego.
Todos los mares de la Tierra tienen
sus oceánidas y éstas son siempre las por­
tadoras de un m ensaje.
Hemos soñado en la soledad de la playa
Montehermosense y remontado que hubi­
mos por alturas in fin itas, quisimos en ­
contrar la zona en donde el ensueño y
la últim a realidad se confunden, para
explicar al hombre dentro de lo in te lig i­
ble, los arcanos m isterios qne encierran
los paisajes.
Depdo la proa del mundo, firm es en
( ’j j truiOvd v¡ uí) vnuituoQ )

�8

i

ca b a lg a ta

c a b a lg a ta
de virtud que se contradicen en la
obra de arte y se nota ese debate en
sus cuadros.
¿Pecaba? ¿Hacía el bien? En la
penitencia del trabajo, del dar vuel­
ta a las tablas, de clavetearlas me­
jor, de hacer tiralineados planos pa­
ra el hogar del ansia artística, bus­
caba la penitencia contra la duda.
Quería anclar la seguridad de vi­
vir ante la certeza de lo contempla­
do y no escatimó ningún procedi­
miento para llegar a la saciedad de
lo real visto en el centro mismo de
su hospedaje, la casa de huéspedes
de la calle de la Madera aunque es­
tuviese situada en París.
Formó en el grupo de los que no
querían el servilismo de la pintura,
sino la altivez de la pintura. ¡ Pelu­
queros, no!

*
H ACE algún tiempo escribí sobre
* Juan Gris, pero ahora voy a
completar mi estudio para fijar su
figura, que es un mito pictórico que
cobra actualidad constantemente.
Español de origen —madrileñopasaba por las calles de mi adoles­
cencia y le vi desmelenado y febril
intentar el triunfo artístico en un
medio oscuro, negado, de lento
marchar.
Pero Juan Gris desapareció un
día de sus cafés habituales. ¿Qué
había pasado?
La guerra de Marruecos, cruenta,
sorpresiva, con su cubismo de des­
cuartizam ientos y mutilaciones
—unos miembros metidos dondp no
debían estar— se llevó en realidad
a París a aquel joven con ideales de
arte.
Deja al gran tapete de flores bor­
dadas de su comedor madrileño y
se desgarra de ese mimo de one go­
zaba. en su casa y en las tertulias.
Siemnre se notaba en el este des­
garrón del Madrid querido y nativo.
Nada le curará de ese abandono y
por eso toda la obra de Juan Gris
está hecha con melancolía derretida
no pudiendo triunfar de eso ni sus
mavores nrovectismos ni sus atrevi­
mientos de color.
Al lado de lo que va a encontrar
en París eran ino-prmas sus andan­
zas por aouel Madríd —sol y som­
bra— en nue no le llamaban artista
al pasar sino poeta.
A todo: al llegar a salir en la
portarla de una revista o al recibir
mención honorífica había que po­
nerle un siglo de tregua, ¡pero se
contaba con ese siglo para vivir esneranzado y sin acabar de perder la
inocencia!
Los enamorados de Esnaña sólo
* salen de ella ñor huida, buida de sus
levas para la guerra, huida de lo
que han hecho, huida del hambre,
pero su tragedia es oue les queda
todo el enamoramiento dentro.
Picasso, ya muy hecho al estar
fuera v con suerte en el extraniero,
es el gran consolador y le consuela a
Juan Gris, en auien recuerda los
amigos de su juventud, llenos de
ilusiones españolas, que son las de
más tamaño.
Están equivocando la idea de este
pintor oue tiene algo de esos prín­
cipes herederos de Esnaña en los
que se ahogaba un latente Hamlet.
Los franceses acentaban su pintu­
ra. acontaron al mnehaohote que se
alegraba y se entristecía con todo
—mitad v mitad— v los esnañoles
oue le habían abandonado en la Tnclnsa de París, sólo alguna vez le
veían y le reconocían entusiastas.
W

J u a n G ris . E l c u c h illo .

viendo en él un triunfo snobístico
y raro.
Yo sabía de qué Madrid y de qué
momento de Madrid había salido y
admiraba su titánico denuedo, su
escabrosa meditación, su querer ser
por otro camino diametralmente
opuesto lo que podría haber sido
por el camino velazqueño.
Por eso se hace necesario fijar de­
finitivamente sus contornos antes
que se pierda su morena figura.
Ultimamente leí que atribuían a
Diego Rivera unas opiniones sobre
Gris que no puedo creer que las ha­
ya dicho el gran pintor mejicano,
pues llega a afirmar que era negroi­
de y que se pintaba las uñas para
que no se lo notasen.
Español verdadero, pintado al car­
bón pero blahco, era como un Julio
Antonio prometedor de madureces
y vejeces recias y fecundas.
Quería mostrar en la superficie
plana y sin engañosas perspectivas
todos los lados y planos en que ha­
bía que descomponer lo visible para
que se integrase en la concepción
del espectador.
Despiezar, psicoanalizar las cosas

1926.

para que se recompusiesen en una
geometría del espacio que las aña­
diese las líneas de puntos de su re­
verso y de los lados insuponibles,
dotando al todo con el tesoro lla­
mado “ pintura” .
Juan Gris es ya una entelequia
indescifrable, pues la muerte ha he­
cho algo trascendental con el arte
que menos ha contado con ella, que
aún vivía en la inocencia de igno­
rarla.
No diré que sus cuadros se hayan
enlutado, pero sí hay sombras aoresponadas en su extravagante conjun­
to que por la magia de la muerte ya
es menos extravagante, ya es otra
cosa, ya es vidriera de color en la
catedral del tiempo.
El osezno de Madrid lanzó hondos
suspiros en su hora de artífice con
insomnios de reformador.
Esos suspiros están en el empeño
de otra cosa qué hay en estos cua­
dros que ya estarán contados y ca­
talogados para la venta calificada a
través del tiempo, con sus alzas y
bajas hasta la estabilización final.
No he visto a nadie tan pasmado
y serio como Juan Gris, con el labo-

UN I T A L I A N O

( Viene de la primera página)

pero no podrá contestarme hasta el lunes,
es decir, pasado mañana.

í de marzo.
Partí de PÍBa a las 5 y 20. He llegado
a Florencia al mediodía. Voy al hotel Excelsior: hav un lugar libre en uir coche que
sale para Roma mañana, a las 8 Duermo
on el hotel del Sol, donde hemos pasado
la Navidad de 1941 con Giorgio.
S de marzo.

5 da marzo.
Entrevista con Jesi. Está muy preocu­
pado por Giorgio y por otros amigos suyos
de los que no sabe nada; pero no logro
sacarle nada positivo. Si está detenido en
V ia Tasso ** me dice, como lo suponemos,
hay que renunciar a saber nada. Telefo­
neo a don Toaiari: en el fuerte Boceen
no hay noticias de él.
Convencido de que hago algo inútil,
pero para calmar mi angustia, llego a ad­
mitir la hipótesis de que tal vez se encuen­
tro realmente enfermo y recorro todos los
hospitales, S. Spirito, el Policlínico; pero
sin resultado.

Partimos a las 9. Desayunamos en Perusa. Voy a casa de Bertini Calosso; me
da una carta para Salvatorelli, quien tal
vez pueda serme útil. Llego a Roma a las
cinco. Telefoneo a los Argan, desde la pla­
za Flaminio. Esperan ansiosamente mi lle­
gada: en su casa hay siempre un sitio para
mí. Pasamos toda la velada haciendo con­
G1de marzo.
jeturas y planes para el día siguiente.
Voy al Vaticano, a ver al señor Baradel, hermano del contable. Me recibe afec­
4 de marzo.
tuosamente, ordena que se hagan averigua­
Voy en seguida al “ Ordinariato ” * mi­
ciones y me repite lo que me había dicho
litar, a ver al señor Romersi, para el que el señor Romersi. Rara vez se saben noti­
llevo una carta de presentación de Baradel. cias do los prisioneros do los alemanes.
Después de haber escuchado mi historia, Busco a C. Va a decirle a su esposa que
me dice: “ Si está en manos de los italia­ le pida noticias al prefecto de policía de
nos, podremos saber qué ha sido de él, y Roma. La única persona que puede decir
hasta hacer algo por salvarle. Pero si le algo en la Via Tasso es el intérprete Wie­
tienen preso los alemanes, no se puede ha­
der.
cer nada” . Luego me da una recomenilación del obispo de los limosneros para 7 de marzo.
don Toaiari, capellán del fuerte Boceea
Jesi me dirige al abogado Angcjucci, que
donde están detenidos muchos presos po­
líticos, y para M. B., capellán de Regina eouoco a fondo la polítiA y que debe sa­
OoelL He ido ante todo a ver a don Toaia­ ber algo do la detención de Giorgio y do
ri, quien hará averiguaciones mañana pol­ su posición. Está dispuesto a encargarse
la mañana. Por la tarde busqué a M. B. de su defensa y el partido comunista le ha
y acabó por encontrarle en S. María degli encargado de ella. Voy a verle. Evidente­
Angelí, donde predica. Él va a hacer tam­ mente, sabe algo, pero no me dice casi
bién ave: iguaciones, y si es posible tratará nada, aparte de que Giorgio está compro­
(le obtener informes en la “ tercera sec­ metido, aunque no irremediablemente. Los
ción ” administrada por el mando alemán, abogados pueden defender a los detenidos,

pero sólo por medio de una memoria es­
crita. De todos modos, no puede hacer n a d a
sík autorización expresa de la fa m ilia que,
como es natural, yo le concedo
Telefoneo a C .; en la prefectura no se
sabe nada de Giorgio. Por la noche voy
a ver a B. No ha podido averiguar nada,
porque durante el día ha tenido que asis­
tir a seis condenados a muerte.
8 de marzo.
Voy al Viminale ***, en busca de un vie
jo ujier que aprecia mucho a Travaglio.
E l ujier consigue ponerme en relación con
su sucesor, subjefe de la policía. lia m i­
rado en los archivos del ministerio del In ­
terior, pero hasta ahora sin resultado.
Pruebo todos los medios. lie buscado a
Santangelo, pero él tampoco sabe nada o
to me dice lo que sabe. Por la noche voy
a ver a B , quien me asegura, con satisfac­
ción, quo Giorgio 110 está en Regina Coeli.
Más tarde recibo una llamada telefónica
de Lavagna. Les digo la verdad: que to­
davía no sé nada.
,9 de marzo.
Hoy, en los diarios del mediodía, he
visto la noticia que buscaba. Diez presos
han sido fusilados en Roma por un acto
de violencia. Otros diez terroristas fusi­
lados. Es el tercero: Labo, Giorgio, siu
domicilio fijo. Trato de irqaginarme que es
un homónimo, pero no lo consigo. Falta
el acento sobre la “ o ” , pero sé que es
él. Mo hallaba en la Piazza Termini y
tengo quo agarrarme a una farola para
no caer al suelo. Estupefacto y mortifi­
cado, me doy cuenta do que no estaba
en absoluto preparado para esta even­
tualidad. Doy la vuelta a la plaza como
un idiota. Después, mi primera reacción
* Sedo de los c a p e lla n e s m ilita ro s.
** Sede do la d e s ta p o en Roma.
* ** M in iste rio del In te rio r.

J CAN
ratorio siempre alrededor, con el
cuaderno abierto y el lápiz pronto
y presto a dibujar almas de cristal,
primero el alma cristalina que ya
vendría después el ponerla cuerpo
de color, la opacidad abrumadora
con la que tanto luchó.
Primero el esquema como el apun­
te y recuerdo de un niño muerto
y después la transformación inaudi­
ta, la superposición con biombos que
encubriesen la fragilidad del apun­
te del niño muerto que estaba de­
bajo de sus cosas.
Sus “ mesas revueltas” no denun­
ciaban la futilidad de sus compo­
nentes de antaño, una hoja de alma­
naque, una caja de cerillas, un nai­
pe, todo con aire de día de santo,
pues generalm ente se regalaban
aprovechando un onomástico. Sus
“ mesas revueltas” se sublimaban y
hasta perdían su aire decorativo,
venciendo lo espectral a lo ramplón.
Picasso es el cubista malagueño
pasado por Madrid y pasado por
Barcelona, con su mezcla italiana
en el alma.
Juan Gris va a ser una especie
nueva: el puro madrileño cubista,
dramático al entrar en esa defor­
mación, como si sufriese tormento
en medio de todo.
Se le ve sufrir enormemente en
la operación — ¡ Cloroformo! ¡ Clo­
roformo!—, pero se presta a ella
abnegadamente porque se dice para
sus adentros: “ ¡Es lo que hay que
hacer!”
Ya ve la gloria pictórica más cer­
ca —desde luego, mucho menos de
un siglo— y en la callo y en los ca­
fés en vez de “ el poeta” ven dis­
tintamente en él al “ artista” , pero
aquella luz clara de Madrid, en la
que hay inmortalidad desinteresada &gt;
y en polvo, ¡ a y !, aquello sólo está
allá lejos.
Lo velazqueño que hay en él se va
a medir con el cubismo, va a ver lo
que saca de él honradamente, le va
a buscar las vueltas caseras, amoro­
sas, de reintegramiento en la desin­
tegración.
La cirugía estética del cubismo
va a tener sus gritos patéticos, su
sombrío arrepentimiento, el profun­
do deseo de quedarse bien con Dios.
Juan Gris es el que se plantea el
caso de que no vaya a ser una cosa
lueiferiana lo que están haciendo y
procura que el deterioro de labora­
torio, las operaciones rejuvenecedoras en su taller de Fausto no sean
tan aberradas y conmuevan de no­
vedad sin desfigurar demasiado a
la víctima.
Ese es el conflicto que trata de
resolver Juan Gris con tembloroso
espíritu, viendo de lograr que se vea
el alma de los seres y de las cosas
bajo la máscara de la nueva ontología.
Tomó tan gravemente como un
confesor la idea de pecado y la idea

delos y sus carotas descompuestas,
pero como aun quedaba en él el hon­
rado madrileño, en el desbaraten de
la mujer retratada dejaba para que
se reconociese su sexo un pendiente
colgando de la oreja.
Fijó esa cosa de libro abierto que
tienen los rostros y pintó a sus per­
sonajes en la sobremesa —el mantel
medio levantado—, esa sobremesa
que en París se graba tanto en la
mente.
Pero, sobre todo, le interesa el calaverario de la naturaleza muerta,
movida en trapajundia sonriente, ti­
tulándola de pronto “ Celos” —una
persiana, la sombra de una pierna y
no se sabe por qué, un número de
“ Le Socialiste des Pyrénees Orien­
tales”— desenvolviendo el sifón con
perfil de polichinela, pintando flo­
res más allá de su apariencia super­
ficial flotando en distintos planos,
dedicándose al eompotero libre vién­
dose lo que de recién nacido tiene la
fruta en la cuna del frutero, procu­
rando colocar un vaso en el centro
del cuadro como el vértice eoníferocubista, como un agujero en el aire
y en calidad de definitivo marcha­
mo el cerillero francés que era lo
que más chocaba en el París de en­
tonces, siempre puesto sobre los ve­
ladores y las mesas de los cafés,
pronto a dar cerillas gratis —¡qué
magnanimidad!—, un cono de por­
celana cubierto de raspador para los
fósforos amorfos que olían a azufre
y la peana luciente de blancura porcelanesca.
¡ Cuántos días grises en que Gris
vivía entre bastidores pintando da­
meros como un entretenim iento
afro-parisién, mientras esperaba
que los árboles completamente ne­
gras echasen hojas completamente
verdes al llegar la primavera! ¡El
renovado milagro de París!
Ya prueba Juan Gris —primer
aparecido cubista atravesando las
paredes del otro mundo— cómo va
a quedar ese arte en los desvanes
del tiempo.
Se ve con cierto pánico el trasie­
go, la vida tránsfuga de los cuadras
de Gris que guardan sus poseedores
como oro en paño.
Vuelven ya del más allá, acusan
y proclaman, quedan como radio­
grafías de una época, están traspa­
sados por rayos X que les entran
por detrás.
Picasso los mira tembloroso, pues
son ya las imágenes que se llevó al
fondo del mar el primer náufrago
y que son devueltas a la playa.
— ¡Gris! ¡Grijs! ¿Qué hiciste,
Gris?
—Hice lo que me mandó mi pa­
dre en la terraza del castillo.

Al que quería sólo lo identificaIble, le daba el jeroglífico y los co­
lores cruzados como palabras cru-adas.
P icasso se dejaba llevar por lo fe­
nomenal y por el color. Gris por la
estructura y pintaba la manta que
está debajo de la colcha.
Gris quiere siete espacios y una
baraja de cosas para representarlos,
proyectándose las sombras de las co­
sas como en un recuerdo trigonomé­
trico. (6 comidas en las restauran­
tes: un cuadro).
Por eso sus paisajes superpuestos,
sus estampas mezcladas al conjun|to,-y-subre todo sus papeles revelan­
do otras vanos entre el más acá y el
más allá, el papel imitando madera,
el papel imitando mármol o .senci­
llamente el papel de flores, rollos y

Por RAMON GOMEZ DE LA SERNA

J u a n G ris . E n U »esa, 1925.

rollos que daban a su estudio-come­
dor el aire de la casa del papelista
llena de papirus.
En Madrid nadie se interesaba
por sus obras y aquí ya hay extran­
jeros que se acercan a él y mujeres
de no mal ver —elegantes con boi­
na— que se muestran apasionadas
por lo que hace.
El grandullón se deja querer, se
ruboriza, ataca el trabajo con ím­
petu, pero en cuanto se pierde la
luz de las cinco de la tarde piensa
que en esas admiraciones que le ro­
dean puede estar ya la venta de su
alma al diablo.
Esa dualidad es lo que tuerce el
árbol interior de Gris, la que da su
tono único a su obra dramática más
que especulativa.
— ¡ Déjame algo de mi humanidad
en el trastueque fatal del arte
nuevo!
—Asomará tu ojo en medio de lo
que sea sentencia y gloria de tu mo­
nótona humanidad.
Era como un cantador de flamen­
co — ¡qué buenos cuadros de esper­
pento y guitarra hubiese pintado si
hubiese continuado en España!—
que quería cantar cante jondo en
París y que al tenerlo que hacer a
la manera cubista no dejaba de em­
plear el Cante Grande como fondo
de su pintura.
El gitano —el gitanazo— pintaba
sus buzos del arte nuevo como si tu­
viesen algo de encapuchados de pro­
cesión y los objetos tenían un mani­
festarse y acoplarse como de objetos
del culto en un cuarto trastero de
sacristía.
Sí, sí, su procedimiento era cubis­
ta, pero ahí estaba todo haciendo
penitencia, simbolizando como en
los cuadros en que se pintan los sím­
bolos de la pasión, los peces del mi­
lagro, los objetos de las postrime­
rías.
Juan Gris tenía piedad de los se­
res y las cosas y al mismo tiempo
cumplía su obligación de pintor de
los seresvnuevas.
Se compraban y se buscaban sus
cuadros porque el Eeee Homo esta­
ba visible, hacía su mueca de dolor
en el sacrificio, se le oían unas últi­
mas palabras antes de ascender a
los cíelas del arte.
—Ese es un Juan Gris— se oía
decir en las exposiciones, y el espec­
tador se ponía serio porque se veía
el forcejeo, el no querer ceder del
pintor de raza y de escuela española
y al mismo tiempo se le veía encon­
trando una fórmula que compagina­
ba la conciencia y la renovación del
arte.
La cortina negra estaba corrida,
pero hacia su onda agarrada por el
alzapaños, sin querer desaparecer,
como una honestidad presente aun
en su plegadura.
Cuando llega a esa transforma­
ción, él sabe explicarla.

G ris . G u ita r r a

y

d ia r io .

1925.

'' El espíritu comienza siempre
por una descripción, es decir, por
un análisis, una clasificación —es­
cribía, en 1925, en el “ Bulletin de la
Vie artistique”—. Antes de que
existiera la física como ciencia, los
fenómenos físicos han sido descritos
y clasificados. Y, al principio, el cu­
bismo era un análisis, que no fue
pintura, tal como la descripción de
los fenómenos físicos no era física.
El cubismo, en sus comienzos no fué
sino un nuevo modo de representa­
ción del mundo. Justamente por re­
acción contra los elementos fugiti­
vos empleados por los impresionis­
tas en sus representaciones, se quiso
buscar en los objetos destinados a
ser representados elementos menos
inestables. Y se eligió esa categoría
de elementos que queden en el es­
píritu por el conocimiento y que no
se modifican a todas horas. A la ilu­
minación momentánea de los obje­
tos se sustituyó, por ejemplo, lo que
se supuso ser su color local. A la
apariencia visual de una forma, se
sustituyó lo que se consideró la ca­
lidad misma de esta forma. Pero eso
conducía a una representación pu­

ramente descriptiva y analítica,
pues sólo existían ya relaciones de
comprensión del pintor con los ob­
jetos, pero nunca relaciones entre
los objetos mismos.”
Su insistencia de gitano supersti­
cioso le hizo pintar muchas veces
guitarristas, más bien guitarreros.
La guitarra que en Picasso se ha­
bía elementizado como una guitarra
de niño, vuelve a recobrar su gran­
deza en Gris, aunque pesa en las fi­
guras y se vuelve féretro de sus
almas.
Vive en prisión de guitarra —las
cuerdas son su reja— y marca sus
hombros y sus caderas, el depósito
de arriba para las notas ligeras, el
de abajo para las profundas.
Es guitarrista, “ guitarrero” , y
por eso del violín sólo le quedan las
f f sueltas.
Como oscila entre lo cuadrado y
lo redondo —pipa redonda; pipa
cuadrada—, la guitarra sufre la
misma alternativa y a veces es gui­
tarra cuadrada con agujero cuadra­
do y otras veces de curvas pulidas
y el agujero como un O que canta.
Ve los bocios invisibles de los mo­

BUSCA
3 ir a ver a B., en Regina Coeli. En
cuanto le veo no puedo menos de gritar:
“ Monseñor, era uto de los diez y usted
no ha hecho nada para asegurarse. No le
ha llevado el saludo de su padre. ’ ’■Él se
aterra y no sabe qué hacer para servir■me. Me dirige entonces a don Antonio
Soranno, en el Ospizio dei Cento Preti,
que está al lado. Don Antonio es el ca­
pellán que asiste a las ejecuciones. Cuan­
do lo explico quién soy, saca una libreta
de su bolsillo y me hace leer:
“ Labo Giorgio, de Mario, nacido en M6dena, el 29 de mayo de 1919. Estudiante
de arquitectura. Ir a ver al profesor Argan, via Giacinto Carini 66, Mont.cverde.
Trolleybus 129.
R o g a le que anuncie la muerte a la.
familia, con la mayor serenidad.’ ’
Así era como él quería que nos lo di­
jeran.
Después, don Antonio me cuenta lo
siguiente: “ Anteayer, por la tarde, vino
a buscarme un coche para conducirme al
fuerte Bravetta. El caso era sorprendente
norrme las ejecuciones tienen siempre lu­
gar por la mañana. Aquello significaba
que había habido una decisión urgente e
imprevista, (el diario de hoy dice que el
día 5, tres soldados alemanes han sido
muertos en la plaza dei M irti). Mien­
tras quo yo bajaba de mi coche, en el
fuerte, llegó el camión qne conducía a
los diez jóvenes, preparados ya, con las
mantos atadas a la espalda, y al mismo
tiempo, el furgón con los diez ataúdes.
Otro hecho insólito: el pelotón estaba
compuesto de S8 alemanes, en vez de
soldados italianos, do policías o de ca­
misas negras, como de costumbre. Me
acerqué enseguida a los jóvenes, mientras,
el oficial quo mandaba el pelotón me pe­
día quo me diera prisa, porque no dis­
ponía de mucho tiempo. Yo le dije a su

ASU HIJO
hijo: “ En buen lío te has metido, hijo
mío, sin pensar en lo que van a sufrir
tus padres*’. El me respondió, sonrien­
do: “ Ahora, padre mío, ya no se puede
cambiar nada. Haga el favor de escribir­
me una cosa” , y me dictó la nota que
le he mostrado. Todos ellos han muerto
valerosamente y su hijo estaba aún más
tranquilo que los demás. Sé que procedía
de • la Via Tasso y que los llevaron al
Verano ’ ’.
Ha muerto con una gran serenidad. El
era así. Sin lloriqueos. Pero su conduc­
ta es también una advertencia. La pre­
cisión con que ha dado los menores de­
talles de la dirección de Argan, quiere
decir: “ Yo he cumplido ya con mi pa­
pel; ahora os toca a vosotros cumplir con
el vuestro” .
Desde el Ospizio telefoneo a los Argan.
Anna María me contesta y me pide que
vaya a su casa. Cario quiere verme en
seguida y, sin saber porqué, le cito delanto de Regina Coeli. . . Cuando llega,
no me canso de repetirles: “ ¡ Qué lás­
tima! ¡Qué lástim a!” Es mi obsesión.
La lástima que me causa la destrucción
de un organismo joven, su actividad in­
terrumpida, domina hasta la angustia del
desgarramiento.
Pero, luego, como estaba decidido a
hacer averiguaciones en Via Tasso, cuan­
do todos me suplicaban quo renunciara
a ellas, me digo que que ahora ya puedo
ir allí. La casa (que tiene los números
135 y 147, aunque el primero está com
donado) es un inmueble banal. Las ven­
tanas de los pisos superiores están ta­
piadas. Para entrar en conversación me
sirvo del informe que me ha dado C. y
pregunta por Wieder. El centinela, cu­
bierto do galones y cartuchos, me dice
que no está. El despliegue de fuerzas, de
autos, do camiones, de autobuses y de

máquinas guerreras, con las iniciales de
las SS, me intimida un poco. Toda la
calle es un cuerpo de guardia, una base.
Insisto, pero nadie quiere recibirme; na
die quiere perder el tiempo conmigo.
En compañía de Cario, que me espera
ba al término de la calle, vuelvo al ce­
menterio del Verano. Al menos quiero
saber dónde y cómo ha sido enterrado.
Me asusta la fosa común, con los cadá­
veres amontonados los unns sobre Iob otros.
Pero el director del cementerio ha salido
y no volverá ya. Finalmente, volvemos a
casa, tomando en la plaza Sonnino el tro
lleybús 129, según sus indicaciones.
10 de marzo.
Vuelvo a Via Tasso. Pregunto otra vez
por Wieder, quien por lo visto, se ha
mudado. Un mecánico del garage se acer­
ca humanamente a mí y, después de ha­
berme escuchado, trata de introducirme.
Me confía a un joven alemán que sube
y vuelve, diciendo: “ No tienen tiempo.
Vuelva mañana” .
Voy al Verano. El director viene y me
dico que el 7 de marzo llegaron diez
ataúdes, procedentes del fuerte Bravetta,
y que los ataúdes llevaban la inscripción
de costumbre: “ Desconocidos fusilados” .
Antes de enterrarlos, el buen hombre ha
hecho redactar un proceso verbal, en el
que figura una descripción sucinta, pero
exacta, de los cadáveres. Cuando me habla
de un sobretodo oscuro, de un pull-over
verde y de unos zapatos con suela de go­
ma, comprendo que se trata de él. (Le
había oído hablar ya de ese sobretodo:
Lattuada se lo regaló.) Pero la descripción
habla también de unos bigotes castaños.
En uira ocasión se había querido dejar el
bigote pero, descontento, se lo había vuelto
a afeitar. jS e habría decidido por fin a
( Continúa en la página 1S)

�cnha tüata

10
i

C E A DE O C Q D E N IE
M E S N ím
PRESENTA

JOSE ORTEGA Y GASSET

OBRAS COMPLETAS
L a p rim e r a e d ic ió n de toda la obro do O rtega.
D esd e el p rim e r a rtíc u lo que d a a la p re n sa
en 19 0 2 , a lo s d ie c in u ev e años, se incluyen
m u ltitu d d e a rtíc u lo s y e n sa y o s, in s e rto s en
p e rió d ic o s y r e v is ta s y no pu b lic a d o s h a s ta
a h o ra en lib ro s , pró lo g o s, b rin d is y o tra s
p ro d u c c io n e s q u e n u n c a se h a b ía n reco g id o , a d em ás de la to ta lid a d de sus lib ro s.

E stas OBRAS COMPLETAS constan de seis tomos,
de un volumen medio de 700 páginas.

Nuevo precio para el público: Los seis tomos $ 190.— m/arg.
El tomo suelto „ 35.—
„

Colección

NOVELAS

EXTRAÑAS

Lord Dunsany: CUENTOS DE UN SOÑADOR
A u to r d e p ie z a s d ra m á tic a s de re s o n a n te é x ito y de n u m e ro so s re la to s y cuentos,
c o n sig u e L o rd D u n sa n y en e sto s C u en to s d e u n s o ñ a d o r u n a e n c a n ta d o ra l i ­
S 2.80
te r a t u r a ................................................ ...................................................................

Franz Kafka: LA METAMORFOSIS, UN ARTISTA
DEL HAMBRE Y UN ARTISTA DEL TRAPECIO
I.p. r a r a f a n ta s ía de K a fk a . ge&lt;n?n a lg u n o s c a rg a d a de a le g o ría , p ro d u c irá en el
le c to r u n a u te n tic o e stre m e c im ie n to ....................................................................
5 2.80

Karel Capek: GUERRA CON LAS SALAMANDRAS
C ap e k es a u to r d e v a ria s n o v e la s y co m ed ias d e te m a s in g en io so s. N in g u n a como
G u e rra con la s S a la m a n d ra s, q u e es u n a fa n tá s tic a s á ti r a o u n a s a tíric a f a n ­
$ 4.20
ta s ía d e la tr á g ic a c iv iliz a c ió n m o d e rn a . V o lu m e n e x tr a .........................

U L T I M A S

N O V E D A D E S

ABREVIATURA DE PRINCIPIOS DE
SOCIOLOGIA, de H. Spencer. Por Fernando Vela
U n a o b ra b á s ic a de p e n sa m ie n to sociológico m o d erno, a d a p ta d a a la s n e ce sid a d es
d e l le c to r a c tu a l. D os to m o s ...................................................................................
$ 28 .__

ABREVIATURA DEL ESPIRITU DEL DERECHO
ROMANO, de R. von Ihering. Por Fernando Vela
L a o b ra q u e d ió m o v im ien to y v id a a la in v e te ra d a m om ia que d u ra n te siglos
fu é el d e re ch o ro m a n o ...................................................................................................
§ 2 2 __

EL HOMBRE PREHISTORICO
Y LOS ORIGENES DE LA HUMANIDAD
Por H. Obermaier y A. García Bellido
C u a rta e d ic ió n . C on 32 lá m in a s y 76 g ra b a d o s ...............................................

s 20.__

En todas las librerías y en
UGARTECHE 2898 - T. A. 72-7401 - BUENOS AIRES

i

Algunas Consideraciones Sobre
t i

fí A P U T T"
de Curzio Malaparte
Por ANDREA MARI A NI

Malaparte o Curzio Malaparte
Schuckert es un personaje ya bien
conocido en el mundo de las letras Su
fama, cimentada en la tan discutida ‘ ‘ Téc­
nica del Golpe de Estado ’ ’ nace en las
postrimerías inmediatas de 1918. Autor
novel, Malaparte, supo, entonces, desper­
tar en el continente europeo el interés y
la curiosidad por lo que los golpes de
estado en su esencia eran, y cual era,
expresada en forma, diríamos casi des­
caradamente didáctica, el modo más prác­
tico para adueñarse del control de una
entera nación con el solo empleo de una
fuerza minoritaria pero organizada. Nadie
comprendió, ^entonces el valor que ese
libro adquiría ante la situación que se
iba produciendo en el mundo. En efecto,
al exponer Malaparte, con nítida clari­
videncia, lo sencillo de la técnica de los
golpes do estado y su facilidad para con
trolar los resortes del poder en naciones
pacíficas y democráticas, presagiaba para
las mismas un' dramático y mortal destino.
Hoy, Malaparte, en una nueva post­
guerra. trae ante la opinión pública otra
obra, do carácter igualmente sensacional
y que tiene como la anterior el alcance
de un dramático pronóstico y de un diag­
nosis profundo. Se trata de “ K aputt” .
Ese libro ha tenido amplisima resonancia
eu Italia y en el exterior. Y es un men­
saje para el mundo, sea desde c-1 punto
de vista artístico como el histórico, que
nos permito saber mucho de lo reciente
mente sucedido, y que nos ofrece una de
las claves de los infinitos imponderables
que gravitan hoy sobre la política eu­
ropea.
‘ ‘ Kaputt ’ ’ es una descripción a través
do visiones episódicas de lo que fué Eu
ropa bajo la ocupación alemana, para
el que escribe, en el espacio limitado por
la tan mentada ‘ ‘ Fortaleza Europea ’ ’.
Estilísticamente presenta el aspecto de uu
conjunto de vivencias autobiográficas, lle­
vadas a la pluma con habilidad poco co­
mún y con una riqueza de colorido que
por instantes nos evoca a D ’Annunzio
de los tiempos mejores. Como en toda post­
guerra so han escrito en ésta, sobre los
acontecimientos pasados libros do toda
índole. A veces exageradamente lejanos
de la realidad cotidiana que quisiera co­

C

urzio

nocer el lector, a veces exageradamente
e inútilmente mezoninos m r su intimidad.
Malaxarte es — en cambio— ñora este
fin lo nue los ioa-leses definen “ the right
man for the rio-ht place” . Re trata en
pfppto de un hombre de posición lo su­
ficientemente encumbrada como o a-a sa­
ber la médula de muchos acontecimiputes.
y lo bastante modesta como ñora haber
sufrido “ de cornore” los efectos reales
oue pueblos e individuos sufren a menu­
do por los actos de sus iluminados ít0bernantes. Por ello ha suscitado en Italia
las más violentas polémicas v detracciones.
Ru personalidad de ciudadano se confunde
demasiado con la del artista y p o c o s le
perdonan de haber dado a la luz de la
opinión pública circunstan-cias p o r las nue
había pasado todo un mundo. Malaparte
inclusive, y no indiferentemente. Pues a
pesar de que hoy. como muchos intelec­
tuales democratizados por las armas alia­
das trate de desmentir actuaciones, los
hechos tienen siempre una realidad más
tangible que las palabras, y para los
demás, ha sido corresponsal de guerra
adscripto al eiército alemán, ha es'ado
con la Wehrmacht contra la' TTR S R., has­
ta que. coincidiendo con Rtalingrado v
otras favorables contingencias, se referió
en- Suecia de la que volvió a Italia,
derribado el régimen fascista.
Por su carácter de libro autobiográfico
“ K ap u tt’ ’ es un libro cruel. Con todo el
mundo, sin distinción de amigos ni de
enemigos, encarando las cosas en el modo
que al autor le parecen más sinceras.
Es crueldad y sinceridad, no perdonando
a nadie. N i a él mismo. Y por el modo
de autocalificarse que el autor tiene en
ciertos párrafos rayanos en su crudeza
hasta la grosería, la obra presenta carac­
teres de un interminable ‘ ‘ Mea Culpa ’ ’.
Ese ‘ ‘ Mea Culpa ’ ’ dé alguien que fué ac­
tor de lo relatado no cr.-isa indudablemente
buena impresión. El lector, eompletamen
te ajeno a lo acaecido encuentra dificul­
tades para discernir entre los móviles del
libro, los que son sentimientos dictados
por las circunstancias y los que son de­
beres de arte y de verdad.
Pero la moralidad del libro no nos in­
teresa. Evidentemen'te ‘ ‘ Kaputt ’ ’ es un
libro cínico. Del mismo modo que las
memorias de Galeazzo Ciano, y de otros

vencidos, este tipo de obra, trata única­
mente de demostrarnos como el autor, que
durante el día comía y bebía y partici­
paba de un conjunto dp situaciones que
en su alma aborrecía, sabia, al acostarse,
en la íntima soledad de sus habitaciones
expresar su rebeldía, su sed de justicia,
su indignación, en el secreto de inviolables
páginas, celosamente custodiadas. Son las
miserias que la historia impone a muchos
de los que so creen sus artífices. Pero eso
no nos interesa ahora. Estudiamos “ Ka­
p u tt’’ porque es un libro bien logrado
y porque la atmósfera en que sabe ha­
cernos vivir es interesante, si no como
documento histórico, por lo menos como
instrumento interpretativo de una época.
Y alejados ya un poco del plano inmediato
de nuestros días es una confirmación más
para los que quieran saber al modo de
Foscolo; de cuánta sang-e y lágrimas
están manchados los laureles de los pro­
hombres de la historia y, según el decir
de aquel príncipe germano “ quam parva
sapientia regitur mundus’ ’. Con que poca
seriedad, sabiduría y rectitud es regido
el mundo por aquellos que por ser sus
rectores debieran ser también los mejores.
II
Toda Europa desfila ante nuestros ojos
en “ K aputt’ ’. Hay que recurrir a las
artes plásticas, al cinematógrafo en par­
ticular, para hallar un elemento con el
que medir la vivacidad y variedad de esa
descripción. Frente a nosotros pasan, vi­
vientes, inmediatos, casi palpables hombres
de todas las naciones. Principes moldavos
vestidos impecablemente según las rígidas
estilizaciones de la vieja corte hasbúrgica,
arrogantes y sublimemente indiferentes a
la miseria que los rodea, añorando tiempos
idos Conquistadores germanos, oue rigen
desde los palacios de los vencidos a in­
finitos pueblos ocupados, entre los fastos
de una pompa, con una discrecionalidad
tan total y conscientemente honesta en
su razón de ser, que son evocadores de
panoramas históricos que dábamos ya por
desaparecidos: Y tras de todo ese con­
junto, otros personajes, nunca citados pe­
ro cuya presencia flota y llena todo el
libro desde la primera hasta la última
página. El ansia de vivir, la Vida, y el
Miedo. Detrás del miedo la muerte.
En las heladas llanuras de Finlandia,
en los prados verdes de Rumania, en Varsovia, en la misma cara fria y bonachona
del Poglavniclc Ante Pavelitch, la muerte
incumbe, constantemente, despiadadamente.
Los hombres acuciados por la muerte se
achican; el Miedo domina a todos sus
actos. La vida se reduce a cosas siempre
más pequeñas, más reducidas, más escasas
pero por eso más imprescindibles. Pocos
escritores en ocasiones parecidas han sabi­
do interpretar artísticamente, con tanta
vivacidad la vida de un conglomerado
humano arrollado por una de esas épocas
que, desgraciadamente para nosotros, son
“ históricas” . Los seres que se agitan en
este escenario son extraños. Casi todos
pueden englobarse bajo un mismo deno­
minador: cobardía, hipocresía y hedonis­
mo. Dan por momentos una falsa impre­
sión de valentía por el riesgo constante
entre el cual desenvuelven su existencia,
pero en su esencia son coba-des, porque
la arriesgan para seguir viviendo; porque
le tienen menos miedo a la muerte que
les pueda sobrevenir por manos enemigas
que no a la que pueda derivarles de su
deserción. En todos ellos puede observarse
algo así como una general deshumaniza­
ción. En el fondo es una inmensa huma­
nidad de fantoches que se mueve, impul­
sada por un motor extraño e inaccesible,
lejano, en forma de pirámide, sobre cuya
cúspide un imp nativo sistemático coordina
y dirige todos los movimientos: mata si
es necesario pero vive.
Malaparte es, como todos, en ese mundo,
un adaptado. En el palacio real de \ arsovia, en un banquete celebrado por el
Gobernador Franck, el escritor, colocado
en un ambiente de alegría ficticia, mien­
tras afuera un mundo siempre más hosco
rodea a los conquistadores germanos, siem­
pre más desconfiados y trágicos, bebe con
ellos dulce Tokay, come exquisitos vena­
dos, disimula toda reacción, pensando só­
lo en ser el más obsecuente de los cor­
tesanos.
Europa está enferma. Según Malaparte
el odio y el miedo se han enseñoreado
de todo el continente. Brillan por todas
las miradas. Todo lo que ha hecho Mala
parte en su vida se ha desarrollado bajo
el signo del “ tempismo” , expresión ita
liana típica en la vida del periodismo y
que tiene el alcance de “ vivir en su de­
bido tiem po” . Nada más tempista que
“ K aputt” . El valor de esa palabra re
basa los limites de su simple significación.
No quiere decir sólo “ R oto” , “ Destruí
d o ” . “ El Acabóse” de ur mundo Quiere
significar también la ruina de las con­
ciencias Es el poema de una muchedum­
bre humana, aterrorizada por el miedo,
que es. por ello mismo, canez de renun­
ciarlo todo. El espíritu individualista, al­
tivo, heroico de los europeos ha muerto.
Aho-a no son nada más que una masa
humana, oue salvo el caso de excepciones,
soporta el drama de las dos inmensas
moles de acero que en las estepas de
Rusia, aplastan y destrozan sin contem­
placiones, la pequeña y despreciable vida
de los homb-es. Malaparte nos reíala a ese
propósito un episodio de su peregrinación
periodística en Finlandia. Está en Petsamo. Cérea del círculo ártico. Dos ejér­
citos, aislados casi del mundo, entre in­
mensos bosques y alces, acampan y com­
baten. Guiados por una brújula raleadas
hileras de blancos combatientes se espar
cen para buscar a otras hileras de otros
hombres y matarlos. De noche, finlandeses
y germanos, aliados, se reúnen en sus
acantonamientos y se emborrachan. Debido
a una vioja tradición finlandesa el rechazo

HABLA el poeta

- GOIMIEM
1

H ijo de padre español y m adre p o r­
tuguesa, el po eta argentino González
C arbalho re p re sen ta , en las últim as
generaciones lite ra ria s n u estras, a
uno d e los m ás prolíficos escritores
a l p a r que in d iscutido valor c u y \
o b ra y3 h a sido avalada más allá
de n u e s tra s fro n te ra s.
D esdo la a p aric ió n de su prim er li­
broi de verso s en 1922 — “ Cam panas
en la ta r d e ” — h a sta el últim o —
“C anciones de la p rim era noche” ,
e ditado en 1947 p o r L osada— una
in te n sa y m e rito ria labor jalonan &amp;
su v id a de c re ad o r al servicio de la
poesía.

LL

EMPIEZO A SENTIR LA NECESIDAD DE
SER. LEIDO Y CREO EN I.A POPULARIDAD
Sobre sus poesías y cuentos de la
infancia.
Seleccionado por Alberti. prolo­
gado por Neruda.
Eo necesario ser más humanos.
oeta

de fuste, periodista ágil, cuyas

crónicas son realmente justipreciadas
P
en las páginas de nuestra prensa, comen­
tarista bibliográfico, camarada incondi­
cional de las grandes voces líricas uni­
versales como León Felipe, Pablo Neruda,
Nicolás Guillen, etc., González Carbalho
desarrolla una actividad intensa como es­
critor, y es con tales motivos que le abor­
damos para Cabalgata, a fin de adelantar
a nuestros lectores sus próximas tareas.
— ¿Qué está preparando actualmente?
—le interrogamos.
— Entre los poetas de mi generación,
creo que soy, sino de los que han escrito
mejor, al menos uno de los que han es­
crito más. Diez nutridos volúmenes de
poemas, aparto de otros en prosa, kin
embargo, persisto, proyecto, preparo. Por
lo pronto, una antología. Saldrá después
de cumplir mi cuarto de siglo de publi­
cista. Los poetas soñamos con la antolo­
gía propia, tal como el modesto funcio­
nario con la casa propia. En' mi caso, sale
eu sociedad con Rafael Alberti; yo pongo
los versos y él hace la selección.
—Confiemos en la selección.
—Confieso que, elegidos por el grande
y querido poeta español, mis versos me
parecieron excelentes. La antología irá
prologada por Pablo Neruda y la editará
“ Continental” .
— Teníamos entendido que prepara algo
err prosa, González Carbalho.
— Es cierto. Esperan forma de libro
algunos libros de cuentos. El primero se
caracteriza por la diversidad de temas y
la uniformidad de atmósfera lírica.
— ¿Y los restantes ?
— Están dedicados a revelar el mundo
do la infancia. Ya objetivos o poéticos,
ya reflejando la realidad o irrealidad del
niño, el clima que lo rodea o la intimidad
por él creada, su evasión o su afán de
arraigar en un ámbito tierno u hostil a
su naturaleza; siempre, en todos ellos,
está presente el alma asombrada, su solodad o curiosidad, su desazón- o su alegría.
—-¿En qué ambiente desarrolla usted
estos cuentos?
— En estas breves historias se anota con
especial preferencia el medio — la casa o
el barrio— por lo cual la infancia quo
presento es siempre una infancia porteña.
No ocurría así en los cuentos anteriores
de ‘ ‘ Historias de niños” y “ La ventana
entreabierta” , en que la fuerza del relato
gravitaba exclusivamente en la cerrada in­
timidad del niño.
— ¿Siente la necesidad de ser leído por
nuestro público ?
— Antes me enorgullecía de ser uno de
los autores menos leídos de mi país. Entre
los errores de mi generación, ocupaba un
primer término el vanagloriamos de ser
desconocidos. Necesitábamos de la incom­
prensión como acicate. Empiezo a sentir
la necesidad de ser leído y creo en la
popularidad.
— ¿Le interesaría conquistarla?
de una copa de licor es signo de violenta
enemistad. “ Cuidado, beba —le dice a
Malaparte poco dispuesto a ingerirlo otro
pintoresco personaje latino— . ¡Beba, que
si no son capaces de matarlo! ’ ’ Eviden­
temente Malaparte bebe. Todo en ese
mundo es posible y concebible. El perio­
dista mira a los puñales que '11061! los
finlandeses en rus cinturones y bebe. Bebe
y se emborracha como los otros, n asta
que todo pase.
Un gigantesco poema de muerte flota
en el libro. Muerte de hombres, de cosas,
de animales; la espléndida descripción
de los caballos muertos en el lago Ladoga,
a quienes la muerte llegada del norte
so-prendió cristalizándolos en blancas es­
tatuas de nieve; los caballos muertos de
Jassy incendiada que llenan de su hedor
dulzón las narices del más remoto de sus
lectores. A veces el cuadro parece salido
do la fantasía y sin asidero en la realidad.
Pero todo nos confirma hoy que bajo el
fervor artístico de Malaparte vive una
triste verdad. ¿Es posible, entonces, extra­
ñarse por lo demás? ¿Es posible valorar
los actos de los sobrevivientes, fríamente,
cerebralmente? ¿Se les puede achacar su
cinismo, su indiferencia hacia el prójimo,

— No me propongo escribir para con­
quistarla, ni renunciaré jamás a princi­
pios estéticos que son una voluntad indominable; peto sí reconozco que es necesa­
rio ser, a tiempo que más puros cada vez,
cada vez más claros. Y, por sobre todo,
más humanos. En los cuentos de niños a
que me refiero, quizás haya conseguido
en parte una mayor comunicabilidad con
el lector. Los temas y el medio en que
están situados, son un campo fecundo, en
donde la labor del escritor se vuelve fluida
y de aparente sencillez.
— ¿Y en lo que respecta a su labor
poética?
— Así lo querría también en el verso.
Siempre he dado cabida en- ellos a una
corriente humana, que es posiblemente lo
más profundo que contienen. No es una
vulgaridad, como muchas veces se consi­
dera, el pretender que la literatura dé
la medida del hombre. Primeramente se
busca que el lector se reconozca en cada
trabajo, después que reconozca el mundo.
Y lo que está fuera del mundo.
— ¿Postula por una actitud humanista,
en verdad?
—-Seguiré pensando que un arte que no
hunde su raíz en el corazón no deja de
ser un arte mezquino y transitorio. La
verdad es que si volvemos la mirada a la
historia de la literatura, vemos que las
obras que perduran lo consiguen por esa
razón tan sencilla de ser como el hombre.
Claro que ser como el hombre, no signi­
fica lo que para el pintor ‘ 'fotografiar”
un paisaje.
— ¿Es más bien desentrañarlo, no?
— Sí. Llegar a su secreto, y componerlo
con esos materiales conquistadas a su mis­
terio. Y eso no es todo aún, porque se
requiere relacionarlo a su origen y devol­
verlo a su destino.
— ¿Lo ha logrado en su producción li­
teraria?
—Nada de esto es lo que he conseguido
hacer; es más bien lo que hubiera que­
rido y lo que seguiré intentando. Claro
que si lo consiguiera, no faltará algún
comentarista voluntario, que nos diga:
— Muy bonitos sus versos. Qué musica­
le s ...
- i- ..*
—En todo escritor que escribe como
llevado por una voluntad mística, existirá
sin duda este descorazonamiento ante la
falta de comprensión y el constante des­
apercibimiento de la verdad esencial de
su obra, esa que nada tiene que ver con
las escuelas y que las palabras, las imá­
genes, los sueños —todo lo que es carne
y sangre de la poesía— trata en vano de
mostrar nítidamente.
— Pero. . .
— . . . se oye el río y no se mira hacia
las aguas, hacia su hondura. Y el poeta
sufre esa desazón que ahonda su soledad.
Y, sin embargo, signe escribiendo, dice
que para sí mismo, en un rasgo de amor
propio herido; pero es para los demás,
aunque no se le comprenda.
Nuestra conversación ha terminado y
el poeta vuelve a su mesa de trabajo, ga­
nado por sus cuentos, poemas, notas pe­
riodísticas y comentarios bibliográficos
que debe entregar a la voracidad de nues­
tro público, ávido por gustar la produc­
ción de uno de nuestros más firmes valores
líricos del momento.

o. n.

su bestial egoísmo? ¿Es posible que en
Roma se siga jugando al “ g o lf” mientras
en Zagreb, Ante Pavelitch recibe de sus
fieles ustachis cestas de ojos humanos
arrancados a los servios y que, dice Malaparte, parecen “ ostras” ? Sí, todo eso es
posible y dadas las premisas, aceptable
y veridico Cuando la muerte se vuelve
algo tair fácil y rutinario no es posible
exigir a los hombres que piensen en algo
más que en la vida. La vida s; reduce
a cosas pequeñas, a aspiraciones pequeñas.
Es la cuenta corriente en Suiza, la intriga
para desplazar a otro, para ser más, para
poder más. Es el puesto en el extranjero
que hay que conseguir cueste lo que cueste.
Es el instinto de conservación, llevado a
sus últimas consecuencias que no perdona
nada ni nadie.
III
Acabada la obra y leídas sus seiscientas
páginas se prueba un gran cansancio.
Repulsión y amargura. Por la existencia
de hechos tan tristes en algo que creíamos
era la ‘ ‘ humanidad ’ ’ ; por la existencia
(Continúa en la página 12)

�f

cab algata
técnicos de todos los paí­
ses.
La sección polaca com­
prendía datos generales
sobre la habitación en
Polonia, y la presenta­
ción do l o s diferentes
planteamientos.
Suecia, con sus casas
prefabricadas, exponía el
tipo de viviendas que do­
nó a Normandía, y que
tuvieron el mayor éxito
en el Calvados, que las
recibió, así como en el
interior de la exposición.
Una sección documental
las completaba.
A pesar del muy corto
plazo que se le habla da­
do, Suiza no dejó de ofre­
cer una participación in­
teresante con la presen­
tación de diversos tipos
de habitación construidos
recientemente, y do un
departamento para fami­
lia modesta, equipado con
muebles de setie. Este
mobiliario, con el de las
casas suecas, constituia
A maneto Williams y Delfina G. de Williams. Viviendas en el espacio,
una perfecta demostra­
cada una con su jardín, para Buenos Aires.
ción de calidad y de
gusto.
Bestaquemos todavía la
presencia de Checoeslo­
vaquia, cuyo esfuerzo
consistía en la exposición
de un plan general de dis­
posición nacional desti­
nado a elevar el nivel de
vida de la población, y
la de la Unión Sudafri­
cana, son una maquette
de la Ciudad de El Cabo,
Por ANDRÉ BLOC cuyo proyecto de urbani­
zación pone en valor los
tiF-tJ
terrenos expuestos al
mar.
Finalmente, damos un
da. Entre las grandes ciu­ Pero ocurre aún que di­
n el centro mismo de
París, en el Grand dades a reconstruirse, el ficultades actuales de or­ lugar aparte a la sección
Palais incendiado por los sitio más importante se den material han estorba­ argentina, que fué muv
alemanes y ya restaurado, había dado a E l Havre, do el impulso de la cons­ notada gracias a un im­
y alrededor de este pala­ Tolón, Brest, Maubeuge, trucción en sí misma, y portante envío del arqui­
cio, acaba de tener lugar Orléans. Al lado de es­ que proyectos que testi­ tecto Amancio Williams,
una exposición de gran tos planes de urbanismo moniaban comprensión de cuyas audaces búsquedas
alcance. Esta manifesta­ se habían realizado en las tan complejas necesi­ se conocen. Williams pre­
ción no interesaba a Eu­ volumen, y equipado com­ dades de la vida comunal sentaba especialmente su
ropa y a los países de­ pletamente, departamen­ han debido sufrir modi­ notable estudio para un
vastados solamente, por­ tos-tipo que respondían ficaciones.
aeropuerto situado sobre
Para instalar estos alo­ el río. La idea esbozada
que el mundo entero su­ a las especificaciones del
fre una crisis aguda de Ministerio de la Recons­ jamientos se llamó a los por Le Corbusier ha sido
mejores técnicos de cada vuelta a tomar y desarro­
la vivienda. Los proble­ trucción.
La famosa Unidad de categoría, y los conjuntos llada. El proyecto no es
mas de urbanismo, liga
dos a los del alojamiento, Habitación de Le Corbu- presentan una nota de co­ utópico. Se presenta, al
se plantean en todos los sier para Marsella, cuya modidad con un inmenso contrario, como una so­
construcción está por fin progreso sobre el estado lución razonable y prác­
países.
L a A rgentina se pre­ decidida, se hallaba re actual de la habitación, tica digna de ser retenida
por las autoridades.
Junto con este proyec­
to se veía una casa para
un compositor de música.
Esta casa que acaba de
construirse es una curio­
sa habitación. Plantada
perpendicular a un arro­
jo , lo franquea por me­
dio de un puente de hor­
migón armado de un sólo
arco. La realización téc­
nica es perfecta. Cada
detalle de equipamiento
ha sido minuciosamente
estudiado.
Chjle envió algunas
obras muy interesantes
del arquitecto MarchantLyon.
Una gran parte de la
Exposición estaba reser­
vada a la prefabricación.
Amancio Williams. “ Sala de Conciertos” . Proyecto basado en los estudios Francia participaba con
acústicos realizados por el arquitecto argentino en 1942-43 y que han resuelto técnicos que ya antes de
el problema del máximum de equilibrio del sonido en un ambiente cerrado. la guerra tenian en su
activo realizaciones, co­
mo el industrial Joan
ocupa particularmente de presentada por una exce­ especialmente en las ca­ Prouvé cuyas series están
estas cu estion es. Bebe lente maquette. La belle­ pas modestas de la p o­ volviendo a aparecer. La
descongestionar su capi­ za plástica de esta obra blación.
casa de Pingusson cuya
Las secciones extranje­ distinción y agrado inte­
tal y sus grandes ciuda­ le valió un gran éxito de
des, crear habitaciones admiración, a pesar de ras manifestaban la mis­ rior pueden verse aquí,
para sus trabajadores, y todas las controversias ma preocupación de po­ los trabajos de Novello,
favorecer el desarrollo de suscitadas en Francia en ner al alcance de la po­ de Eries, y de numero­
construcciones destinadas el medio arquitectónico blación viviendas sanas y sas casas especializadas.
a todas las clases sociales. por esta solución audaz adaptadas a las condicio­
Un grupo especial es­
del problema de la ha­ nes de la vida moderna. taba consagrado a la in­
Numerosos países res
Bélgica centralizó su es- formación y a*la organi­
pondie.on al llamado de bitación.
Una habitación mínima fue zo sobre el difícil es­ zación del intercambio
Prancia, cuyo fin1 era es­
timular el celo de los téc­ tipo, de un sistema muy tudio de la disminución internacional concernien­
nicos, interesar al públi­ económico estudiado por del costo por medio de te a las cuestiones de
co en estos asuntos de los Paul Nelson en colabora­ técnicas apropiadas.
Urbanismo y de Habi­
Binamarca aportó en tación.
que los que demasiado a ción con Gilbert y Sébil
menudo se encuentra ale­ lote, evidenciaba un se­ este sentido el testimonio
En efecto, es de desear
jado, y, en fin, a poner rio esfuerzo para conse­ de sus constructores con que puedan tener lugar
ejemplos
do
edificios
de
en común el resultado de guir utilizar el espacio
comunicaciones seguidas
años enteros do trabajo en la mejor forma: ven­ habitación subvenciona­ entre todos aquellos que
preciso y fructuoso. Sin tanas que abren al exte­ dos por el Estado, da­ concurren a resolver los
embargo, hubo que la­ rior, chimenea central sin tando de estos últimos innumerables problemas
mentar la ausencia de desperdicio de calorías, años. Se puede observar de la construcción en
g r a n d e s p a ís e s : lo s ninguna superficie perdi­ que el 83 % de las vi­ nuestra época.
EE. UU., Inglaterra y la da en circulaciones. El viendas construidas entre
La documentación im­
L'.KS.S. Por el contra­ equipo mobiliario estu­ 1930 y 1940 para un al­ presa y filmada que se
rio, Italia, Bélgica, Sui­ diado por Charlotte Per- quiler correspondiente al puso a la disposición de
za, hicieron un considera­ riand realiza en forma 12 ó 15 % del salario los especialistas trataba
ble esfuerzo. En cuanto elegante y económica un obrero, ofrecen instala­ de dar un vistazo de lo
a Prancia, que debía ha­ marco de vida práctico ciones de calefacción cen­ que podría ser una co­
cer honor a sus huéspe­ para una fa m ilia mo­ tral, de agua caliente, a ordinación de los esfuer­
más de las comodidades zos de diferentes países
des, creó para acogerlos desta.
un marco de espíritu mo­
en esta materia Coordi­
Para cada una de las ya usuales. Caños de ba
derno en el que ocupaba grandes ciudades que be jada de evacuación, Invá­ nación que formaba el
evidentemente un amplio mos citado, pianes - tipo delos mecánicos y balco­ primordial centro de in­
lugar.
demostraron la posibili­ nes bien construidos están terés de esta Exposición,
El principal interés de dad de crear, en las su­ generalmente comprendi­ y que F ran cia (cuyas
la participación france­ perficies mínimas adjudi­ dos en este precio do ruinas no han sido aún
sa residía en la presen­ cadas a los arquitectos costo.
relevadas), ha ereido de­
tación1dedos grandes pla­ por el Ministerio de la
Italia quiso acentuar be:- ofrecer, en las horas
nes de urbanismo para las Reconstrucción, espacios la documentación técnica críticas que atravesamos,
ciudades destruidas, y en en los que puede inserí
económica, social y jurí­ a todas las naciones que
el avanzado estudio du birse, coir todas sus acti­ dica, que crea un punto desean vivir en la paz
los problemas de vivien­ vidades, la vida familiar. de encuentro entre loa duramente ganada.

11

La E xp o sició n In tern acion al
DEL URBANISMO Y LA
HABITACION EN PARIS

E

EL

MENSAJE DEL
OCEANO NEREIS

( Viene de la
página 7)

la cofa del pino maestro, queremos atia­
bar más allá de los horizontes, de donde
vienen los vientos d e l, sur, cual es la
tierra que guarda el nuevo encadenado
que espera su redención.
En los espesos sedimentos que aprisio­
nan las energías en poteneia de las selvas
jurásicas, el fuego del sol se hizo lepidodendro; en la larga escala del tiempo,
éste se convi. tió en combustible fósil y,
finalmente, este novel Prometeo aguarda

la hora para entregar nuevamente el fue­
go a los mortales.
En los pliegues escondidos de los Antartandes o en las cuencas sinclinales está
ese fuego potencial encadenado, y, desde
allí, el Gigante milenario, que aguarda
su liberación, nos envía todos los años
mensajes do esperanza. Son 6us portado­
ras las modernas oceánidas, las avutardas
de disciplinado vuelo y abigarrado plu­
maje.
Las formaciones de estas aves marinas
diseñan en el éter la “ V ” . Cuando dos
escuadrillas se aproximan la letra que
aparece es la uncial del nombre de las
islas que nos esperan.

I l a C a r a b e la en e l n io
Volúmenes publicados:
==

E L PAVO R E A L BLANCO, p o r D. H . L aw rence.
$ 8.—
EN

LU C H A

IN C IE R T A , p o r J o h n

PA PA

S te in h e c k
$ 6.—

. i

PAN Y V IN O , p o r Ig n a z io Silone

É=

E L N O V E L IST A , p o r R am ón Gómez de la S e rn a
$ 6.—

Y D E S C E N D IE N T E G L O R IO SO ,
p o r P a rd e e Low e
$ 7.—

E L H O M B R E P E R D ID O ,
p o r R am ó n G óm ez de la S e rn a

$ 7.—

P R IS IO N E R A , p o r A lian S e a g er
$ 8.—

$ 7.—

ULTIMOS
==

GRANDES

YO, E L R EY , p o r H e rm a n n K e stc n
$ 10.—

EXITOS

LA SINFONIA PASTORAL
$

TER CERA ED IC IÓ N

=

5 .—

LA SINFONIA PASTORAL es tal vez, dentro de la maravillosa producción de
André Gide, el mejor ejemplo de su excepcional facultad de decir, sugerir y ha­
cer sentir m á s cosas con las menos palabras posibles. Es un poema engrandecido
por la emoción, la poesía y el humanismo.
——

LA PUERTA ESTUEÜHA

EEE

$

8 .—

LA PUERTA ESTRECHA es la historia de una mujer que destruye su felicidad y
su vida y la dicha del hombre que am a con su inmoderada virtud; de un alma
a¡Htsionada de “gloria celestial” que alcanza el gozo místico por el renun­
ciamiento supremo.
Pida estos libros a las buenas librerías o contrarreembolso a

1 EDITORIAL P0SEID0N
O

P E R Ú

BUENOS

la
9 7 3

AIRES

�ca b alga ta

12

H A C E veinticinco años
murió T
Por A L E X A N D R A PECKER
exactamente un cuarto de siplo, el
9 de enero de 1923, Katliorine Mansfield se extinguía en Fontainebleau, dea
pués do una larga y torturadora enfer­
medad.
Por su personalidad doloroso y atrae
tiva, por su obra clara y sincera, fu i una
de las literatas más apasionantes y origi
nales de la literatura inglesa, lo que no es
poco decir, porque dicha literatura, enca­
bezada por Ernily Bronte, es una de las
más brillantes del mundo.
Empleo a propósito la palabra “ litera
t a ” . en vez de “ novelista” , cuando hablo
de Katliorine Mansfield.
No era precisamente una novelista. Se
había especializado en el arte particular de
la novela corta y lo había renqvado por
completo, lo que constituye uira de sus ori­
ginalidades
Se ha pensado muchas veces —aunque
sin razón— que los cuentos y las novelas
cortas eran los parientes pobres de la no­
vela. TJn gran editor me decía un d ía :
— Después do Maupassant, yo no conozco
un solo casa donde una colección1 de cuen­
tos —por buenos que sean— haya tenido
el mismo éxito de venta que una novelo
-—aunque sea peor— del mismo autor. Sí,
quizá haya un caso: el de Henri Duvernois. . . pero tampoco estoy muy seguro
de ello.
K: therine Mansfield ha hecho toda su
carrera, carrera magnífica, ha adquirido
reputaci &gt;, una reputación excepcional, sin
haber publ'cado nada más que novelas
cortas.
a.c e

H

Katherine Man.,1 eld nació en Nueva Ze­
landa, en Wellingtou, el 14 de octubre
de 18S8.
Eso origen lejano y el recuerdo del her­
moso país donde pasó las horas adorables
de su infancia y adolescencia, ejercieron
una gran influencia sobre su personalidad
v, por lo tanto, sobre su obra. Muchas de
las cosas que escribió cuando estaba en
Europa, particularmente en Londres, acu­
san esa nostalgia, su ardiente deseo de
volver a ver Nueva Zelanda. Katherine
Mansfield se sentía perdida en la inmensa
metrópolis, húmeda y brumosa.
Pero, sin embargo, cuando a los dieci­
ocho años volvió a Wellington, después
de haber terminado sus estudios en el
“ Queon’s College” de Londres, no tuvo
otra ilusión ni otro deseo que el de volver
a la capital lejana. Londres era el centro
intelectual y artístico que atraía a todos
los jóvenes que tenían algo que decir, que
se sentían capaces de dejar huellas do su
paso por la tierra. Allí era donde la aguar­
daba su carrera. Era allí donde debía vivir.
Y fuó allí donde vivió.
¡Mas con cuánta modestia! Hija de una
fam ilia que tenía cinco hijos y no mucho
dinero, tuvo que contentarse con una mi­
núscula pensión que le dieron sus padres.
Pero, en aquella época, la vida era rela­
tivamente cara en Londres. Katherine
Mansfield (cuyo verdadero nombre era
Katherine Beauchamp) conoció la vida in­
cierta y con frecuencia penosa de los mú­
sicos y escritores que empiezan, de los ac­
tores que hacen papeles pequeños eu com­
pañías ambulantes. En van-o proponía sus
manuscritos a los editores.
Al fin, el director de “ New A g e ” re-

conoció la calidad y las cualidades de K a­
therine Mansfield. Desde 1909 a 1911 cola
boro en “ New A g e ” . Por aquella época
reunió en un volumen todas las novelas
cortas aparecidas en la revista. El libro
tuvo bastante éxito, poro la desgracia se
encarnizaba con ella: el editor quebró y la
escritora tuvo que empezar de nuevo.
En el mes de diciembre de aquel año, la
dicha la sonrió: un día quo se encontraba
do visita en casa del novelista W. L. George, conoció en ella a un estudiante de Ox­
ford, John Middleton Murry, que dirigía
con Michael Sadler una nueva revista li
t.eraria, ‘ ‘ Rythm ’ ’.
A John Middleton Murry le entusiasma
ron la mujer y la escritora. Editó las obras
y se casó con su autora.
De 1911 a 1913. Katherine Mansfield
escribió regularmente para “ Bvthm ” , pi­
ro cuando desapareció la revista no en
contró otro lugar donde publicar sus no
velas cortas. Su silencio forzado la deses
peraba, pero continuó escribiendo valero­
samente, como si sus obras se fueran a
publicar al día siguiente. En 1918 logró,
por fin — o mejor dicho, lo logró su ma­
rido— , publicar “ The Hogartli P ress” y,
en el mismo año, “ No hablo francés” ,
publicado por su esposo y su cuñado. En
1919 publicó tres novelas cortas: “ F eli­
citó” , “ Cuadros” y “ El hombre sin tem
peramento ’ ’.
Los enfermos que no aman la vida son
los mejores colaboradores de la muerte.
Los que no tienen voluntad de curar son
siempre enfermos incurables. Cardíaca y
tísica, Katherine Mansfield, pensó siem­
pre que moriría de un ataque al corazón.
Finalmente murió de una crisis de tos
que la provocó una violenta hemoptisis.
Su muerte tuvo lugar el 9 de enero
de 1923, en Fontainebleau, adonde había
ido para curarse, de Suiza, cuya altura
no podía soportar.
Conservó su lucidez hasta el último mo­
mento. Como se sabia perdida, llamó jun­
to a ella a su marido. Por última vez,
él se apresuró a reunirse con su esposa
y llegó a Fontainebleau en las primeras
horas de la tarde. A las diez y media de
la noche, Katherine Mansfield murió.
Lo que más nos llama la atención enesta Vida de enferma, que fué un largo
calvario, es el valor con que Katherine
Mansfield soportaba sus sufrimientos.
Describía los lugares extraños adonde
la conducía su enfermedad: “ Hay que
escribir una historia acerca de la sala de
espera de un médico” ; y nos transcribe
la siguiente conversación:
— ¿Entonces, usted no cree que mi caso
es desesperado í
— ¿Quiere saber realmente la verdad?
— Sí, desde luego. ¡Oh, puede hablarme
con toda franqueza!
— Entonces, sí, es desesperado.
Como otros escritores, al hacer sus re­
portajes sobre temas diversos, visitan pri­
siones, manicomios, prostíbulos, los lugares
donde la miseria y la degradación huma
na se ponen más de manifiesto, Katherine
Mansfield hacía el reportaje de su propio
dolor, de su enfermedad, de su muerte.
Se veía sufrir, se veía morir y nos des­
cribía su propia miseria.

Un Prólogo a la

“NOVELA

DE L A E T E R N A ”
Por MACEDOTSIO VEliíSATSDEZ

A IX) S CRITICOS
El suicidio ha hecho escritores y glorio
sos a muchos insignificantes; no he de ne­
cesitarlo yo para llegar a una segunda
edición. Pero más precauciones he tomado
contra el verdadero suicidio que es el vivir
dospués de fracasar. Seré el autor de una
carta a los críticos, en lugar de la carta
al comisario.
CARTA A LOS CRITICOS '
Soy el uno que os comprendió, el primero
quo aferró vuestra definición esencial: Sois
los eternos esperadores de la Perfección,
y los cotidianamente reducidos a elogiadores de la encuadernación, obligados por
la frustación uno tras otro, dia a día,
del poema, la novela, el libro; sois los
únicos que amáis y concebís la Perfección;
los escritores nada de esto, publicadores
de borradores, libros do apuro, de oportu­
nismo, do rumbeo; la Perfección vendrá
algún día en un libro, tal como con razón
la esperabais y concebíais: hasta ahora
no se ha visto perfección sino en la gracia
y poder moral de algunos hombres y mu­
jeres que todos llegamos a conocer alguna
ves y que nunca arribarán a la publicidad
histórica ni cotidiana.
Pero estáis bien en esperar y estoy
seguro de que el día que aparezca en
Libro la aplaudiréis todos unánimes, in­
mensamente agradecidos.
Los escritores, los que no acabamos de

entender que ha tiempo debiéramos ha­
bernos acogido a la actitud de críticos
sabiendo qué terrible fatiga es construir
un libro en estrictez de arte y qué mínima
la probabilidad de acertar, no sólo sufri­
mos, sino que nos marchitamos, pues no
hacemos el Libro y eu espera de hacerlo
perdemos totalmente la simpatía de es­
perar encontrarla en las tentativas de
otros.
Yo n-o logré una ejecución hábil de mi
teoría artística. Mi novela es fallida, pero
quisiera que se me reconociera que soy
el primero que ha usado el prodigioso
instrumento de conmoción conciencial que
es el personaje de novela en su verdadera
eficiencia y virtud, que es ésa, la de con­
moción total de la conciencia, y no la de
la ocupación trivial de la conciencia eu
un tópico particular, efímero, precario de
ella, y que con ello y algunos otros pen­
samientos que van formulados en el con­
junto del libro, encamino, hago más Re­
gadora a esa Perfección que vosotros es­
peráis, purificando, y ejemplificando algo
también, una severa doctrina del arte
literario.
Si me equivoco, no seré el primero ni
el último. Podéis sentenciarlo con todo
rigor.
Yo bien comprendo que mi obra os de­
jará esperando la Perfección, quizá más
agudamente.. Si más agudamente, mi libro
sirvió.
Soy el alguno que adivinó que sabéis
lo que no es la Perfección.

Busca a su Hijo

A 1‘ II T T"
( Viene de la página 10)

(Viene de la página 9)

de una tan íntima debilidad de carácter
en los hombres quo más presumen de arro
gancia y fuerza con los débiles. Cuando
u» día y con paciencia exenta de las
¿rasiones del momento se analice el dra­
ma de la ocupación europea por los ejér­
citos alemanes, se dudará si lodo fué
fuerza de la ambiciosa y wagneriana Ale
inania o si gran parte de ello fué debi­
lidad eongénita de Europa. Lo más inme­
diatamente tangible en la lucha librada
por los dos colosos en la estepa es la
ausencia de los europeos. “ Finis Polonia ”
dijo un día Kosciusko. ‘ ‘ Finís animarEuropae” parece querer decirnos Malaparte. Pero el libro no es sólo una cons­
tatación. Es un legado a los demás pue­
blos del mundo. A fin de que comprendan
a qué 'grado de relajamiento y anulamiento pueden conducirnos el miedo a la lucha
y el pacifismo extemporáneo. Los hombres
buenos y rectos deben ser valientes. Si
no, ¡guay de ellos! El “ Vae victis” de
la historia incumbe a todos por igual.
E l libro de Malaparte ha evocado en
mí dos recuerdos literarios. Muy lejanos
entro sí, sea por su cronología como por
el contenido. El uno es “ L ’Úomo é for­
t e ” , de Corrado Alvaro. Existe en “ Kap u tt” , como en el “ L ’Uomo é forte” , la
misma sensación de encierro, de sofoca­
miento del individuo por un poderío ex­
terior agobiador e irresistible que Alvaro
supo tan bien: describir en su obra. El
otro, no se extrañe el lector, es el- de
una obra ¿terdida en los siglos pero que
muchos indirectamente conocen por el uso
que do ella hizo Sienckiewicz con su
“ Quo vadis” . Es la primera novela, qui­
zá con el “ Asno de Oro” , de Apuleyo,
de la antigüedad romana. El ‘ ‘ Satyricon ’ ‘
de Petronio. No por su tragicidad. El
¿laralelismo entre las dos obras hay que
buscarlo en la descripción sarcástica y
cruel que tanto Petronio como Malaparte
supieron hacer de una época y del servi­
lismo de sus hombres. Sólo en Petronio
pueden hallarse personajes que sean tan
poco hombres, tan viciosos, tan inconsis­
tentes. Como en “ K aputt” . . . Y en ello
está la raíz de todos los males, la mora­
leja final de la obra. El drama de Euro­
pa es el do su ruina espiritual. Es el
de la catástrofe de un conglomerado hu­
mano, civilizado, educado, culto, que arro­
llado súbitamente por un torbellino de
violencia mecanizada, se transforma en un
mundo de arribistas, de cansados, de ven­
cidos. Y con ese propósito nos da Malaparte la razón de ser de su obra. Hay que
arrancar — dice— del corazón de los hom­
bres el miedo, hay quo sacarles de la

dejárselo? Hago una petición, aunque sin
esperar que me la concedan: quiero verle.
Mas no insisto: el director me ruega que
espere al domiugo, por si acaso alguna
otra familia expresa también el mismo de­
seo. Voy a ver dónde les han enterrado:
en el campo 147, avenida 9. Las tumbas
están- recién abiertas y no se diferencian
cutre sí, porque no hay ningún signo que
las distinga.

MANIAS, MIEDOS
y SUPERSTICIONES
H A K E S P E A R E h u b ie ra p re fe rid o m o­
r i r a n te s que te n e r un g a to en su casa.
R ousseau creyó siem pre que u n fa n ta sm a
lo p erseg u ía.
A le ja n d ro D am as no poilín e s c rib ir u n a
n ovela m ás que en p a p el azul, u n a poesía
en p a p el am arillo y un a rtíc u lo en pupel
rosa.
C h arlie C haplin c onserva como m ascota
su 8 p rim ero s zapatos, y no h a y p elícu la
en que no se los p o nga p o r lo m enos úna
vez, po rq u e e3tirna quo le dan buena
su erte.
E l M arq u és D ’A ntonelle, e sc rito r p o líti­
co del siglo X IX , cuando e sc rib ía te n ía a
su lado u n a p ila de p la to s. Los colocaba
su ce siv am en te en su cuello desn u d o y los
c am b iab a a m edida que se c a le n ta b a n p o r­
que c re ía a sí re fr e s c a r “ los v a p o re s hirv ie n te s de su c ereb ro ” .
C o rn eliu s V a n d e rb llt, p rim e r m illonario
de la d in a stía , p o n ía cad a noche c u a tro
p la to s llenos de sal a l lado de los pies
de bu cam a, c o n el f i n de a le ja r los m alos
e sp íritu s .

S

mirada el espanto. Sólo así reconstruiréDios el alma de Europa, madre, cerebro
y corazón del mundo.
Nada puede mantener enhiestos espi­
ritualmente a aquellos cuya carne es tan
duramente probada. Flaqueada la carne,
cede el espíritu. E l mundo no está for­
mado generalmente por héroes ni por
candidatos al heroísmo, sino por gente,
que en su gran mayoría, es sencilla, quiere
vivir, y por vivir puede sacrificar lo mucho,
lo que queda. Hay que borrar pues del
mundo el espíritu de la violencia. Porque
si este influjo maligno se desata, pocos
hombres, pocas minorías arrastran al res­
to. Los decididos triunfan de los débiles
y éstos no harán más que ceder y obede­
cer. Y los resultados de todo ello los
vivimos.
Si la historia es fundamentalmente una
gran ejem plificados, de causas y efectos,
“ K aputt” , para nosotros, es un gran
trozo de historia vivida.

LA MEDIDA
DEL H O M B R E
E

L B ra s il no se p a re c e a
n in g ú n o tro p a ís y, p a ­
r a ju z g a rlo , h a y que clv id a r n u e s tro s p u n to s de
v is ta e uropeos. L a im p re ­
s ió n d o m in a n te es que la s
re la c io n e s d el h o m b re con
la N a tu ra le z a
(pongam os
u n a m a y ú sc u la ) son com ­
p le ta m e n te d is tin ta s que en
n u e s tro s p a í s e s d e clim a
te m p la d o , en n u e s tr a v ie ja
E u ro p a , e x p lo ta d a y c iv ili­
z a d a d e s d e h a c e s ig lo s .
C uando el sofisma P ro tág o r a s d e cía que “ el h o m b re es
la m e d id a de la s c o sa s” , ex ­
p re s a b a u n a v e rd a d m e d ite ­
r r á n e a , p e ro e s ta v e rd a d se
c o n v ie rto en el N uevo M un­
do en n n e r ro r m a n ifie sto ,
so b re to d o en la A m érica
d e l S u r, en d o nde el ho m ­
b re p ie rd e to d o sen tid o de
p ro p o rc ió n con u n C o n ti­
n e n te dem asiad o g ra n d e p a ­
r a él. L a s m e d id a s b r a s i­
le ñ a s d e sa lie n ta n in clu so la
im a g in a c ió n d e l N o rte a l
S u r, o b ie n , d el E s te al
O este. E l B ra s il tie n e c u a tro
m il k iló m e tro s ; su s u p e r fi­
cie a lc a n z a c a s i n u e v e m i­
llo n e s de k iló m e tro s c u a ­
d ra d o s ; F r a n c ia o c u p a ría
t r e s veces uno de los E s ­
ta d o s, p o r ejem plo, e l de
P a r a o el A m azonas, quo
en sum a no son sino dos
d e los v e in tiú n E s ta d o s del
B ra sil.
E s ta n a tu ra le z a — no con­
c e b id a p a ra n u e s tr a e sc a ­
la — , a p la s ta a l h o m b re por
su p o te n c ia : h a b la n d o p ro ­
p ia m e n te , es in h u m a n a . Se
lo a d m ira , p e ro el s e n ti­
m ien to in s tin tiv o es de te ­
m or, y no se tie n e con ella
a fin id a d e s. E l clim a de los
tró p ic o s te rm in a p o r d e s­
c o n c e rta r a l europeo, que
que no reconoce el ritm o
de la s e sta c io n e s, p orque,
en re a lid a d , no la s h a y :
a lo m ás u n a e sta c ió n sec a
y u n a de llu v ia s que se
su ced en c a s i sin tra n s ic ió n .
C uando el sol b r illa todos
los d ía s con u n a zu l g a ­
ra n tiz a d o , o b ie n cuando el
cielo d e ja c a e r u n aguacero
d ilu v ia n o , se p ie rd e e l sen ­
tid o d el tie m p o bajo itun
cielo que no se re n u e v a.
M ás fu e rte to d a v ía es osa
se n s a c ió n de p o te n c ia p e li­
grosa, de la n a tu ra le z a c u a n ­
do uno se e n c u e n tra con
la selva. L a selva, e n tre
n o so tro s, se h a vuelto u n
s e r débil, que h a y que p ro ­
te g e r, p o rq u e d e s a p a re c e ría
se g u ra m e n te si no fu e ra ob­
je to d e u n a a te n c ió n de to ­
dos los in s ta n te s , c o n fia d a
a u n c uerpo de fu n c io n a rio s
esp e c ia liza d o s. L a v a lo ra ­
c ió n d e l suelo, es d e cir, en

POR
ANDRÉ
SIEGFRED

su m a la c iv iliz a ció n , e s tá p e lig ro es el exceso de f a ­
h e c h a a sus e x p en sa s. A quí, cilid a d .
al c o n tra rio , no e s tá sino
P e ro , en sen tid o opuesto,
a p e n a s c o n q u ista d a ; a la
se tro p ie z a con u n p elig ro
m en o r in a d v e rte n c ia se v e ­ c o n tra rio : es de u n a m asa
r ía q u e g a n ó s o b r e e lla . de n a tu ra le z a im p e n e tra b le ,
E s te c a lo r húm edo y co n s­ im po sib le de v e n ce r. L a i n ­
ta n te , g e n e ra d o r de u n a v i­ m e n sid ad , que p ro p o rc io n a ­
d a b u lle n te e in v a so ra , no b a u n a b a se m a g n ific a a la
es b en év o la p a ra el hom bre. c o n fia n z a, se vuelve e n to n ­
P o r lo m ism o, la s riq u e z a s ces u n a fu e n te de d e sa lie n ­
in m e n sa s n a tu ra le s d e l C on­ to . Y de u u lado como del
tin e n te ib e ro a m e ric an o d e­ o tro , a n te la s fu e rz a s n a tu ­
ja n u n a doble y c o n tra d ic ­ ra le s, le fa lta al h o m b re ese
to ria im p re s ió n : en p rim e r sen tid o d e la p ro p o rció n ,
lu g a r, la ju s tific a d a con­ g e n e ra d o r de d is c ip lin a que,
fia n z a que e sta s riq u e z a s m ás que c u a lq u ie r o tro r a s ­
son ilim ita d a s , in a g o ta b le s : go, c a ra c te riz a in d u d a b le ­
y luego, a l m ism o tie m p o , m e n te el esfu erzo económ i­
la c o n cien c ia que, a d e sp e ­ co se c u la r de E u ro p a.
cho d e la s a p a rie n c ia s , su
A sí, el su d am e rica n o es
e x p lo ta c ió n e s d i f í c i l , y p o r m om entos u n v encedor,
que, en d e fin itiv a , su con­ y en o tro s u n vencido, p e­
q u i s t a p e r m a n e c e s ie n d o ro m ás ra ra m e n te u n co­
p re c a ria .
la b o ra d o r re g u la r de la n a ­
tu ra le z a . L a v id a e conóm i­
R e s u lta b a n ú tile s e sta s ca a p arec e en to n c es como
o b serv ac io n e s p o rq u e ilu s ­ u n a su ce sió n de te n ta tiv a s ,
t r a n la s c o ndiciones de la a lg u n a s de la s cuales o b ­
v id a económ ica, s u b ra y a n d o tie n e n u n triu n fo b rilla n te ,
la n e ce sid a d de ra z o n a r en y o tra s u n d e sc a la b ro d es­
fo rm a d is tin ta que en los p u é s de u n b re v e é x ito :
v ie jo s p a íse s e u ro p e o s. . . to d a s n e ce sita n , a l cabo de
E l c am pesino fra n c é s co la ­ c ie rto tiem po, a lg u n a reno­
b o ra con la n a tu ra le z a , con v a c ió n — y a sea porq u e el
la s e sta c io n e s y, de e sta co­ suelo se h a agotado tem p o ­
la b o ra c ió n nació u n vínculo ra lm e n te , y a sea porq u e los
com plejo que es como la su ­ g rá fic o s de e x p o rta c ió n d is ­
m a d el in te ré s , d el s e n ti­ m in u y e n y f a lta el b u e n
m iento, c a si de la a tra c c ió n m ercado re m u n e ra d o r.
físic a . L o s p ro d u c to s d*I
D e a h í, sin d u d a , e sto s
suelo no son d ad o s, pero, choques, su b id a s y b a ja d a s
d e sp u é s de todo, el r e s u lta ­ en la v id a de los negocios:
do e s tá re la c io n ad o con el c ris is c a ta s tró f ic a s que se
tra b a jo p ro p o rcio n ad o , de suceden a l o s
v io le n to s
t a l m a n e ra que el c u ltiv a ­ b o o m s : de a h í ta m b ié n la
d o r lle g a a a m a r su e s fu e r­ n e ce sid a d de c a m b ia r de
zo, lo que es el fu n d a m e n to cuando eu c u an d o el p ro d u c ­
de u n a m o ra lid a d , la fu e n te to que s irv e de b a se f u n d a ­
y o rig e n d e u n a n o rm a do m e n ta l a la p ro s p e rid a d . E l
c o n d u cta.
a z ú c a r, e l oro, el caucho, el
E l suelo d el B raM l — ca- café fu e ro n su ce siv am en te
si v irg e n — no exige d el los a c ic a te s d e la p ro s p e ri­
p la n ta d o r u n a la b o r a n á ­ d a d económ ica b ra s ile ñ a ;
loga.
a h o ra es el alg o d ó n y, n u e ­
V a rio s c u ltiv o s, so b re to ­ v a m e n te, el que se a p a ra el
do en el N o rte, se asem ejan e q u ilib rio n e ce sario que ella
a la re c o le cc ió n de los f r u ­ supone, no m odifica en su ­
to s, C uando la tie r r a d a m a la p ro fu n d a e s tr u c tu ra
sig n o s de cansancio, no hay do ese ex cep cio n al com plejo.
m ás que c a m b ia r de sitio,
A n o so tro s el c o m p re n d e r
y so v a u n poco m ás lejos, que ese d e sa rro llo en cohe­
p o rq u e el espacio es in fin i­ te s sucesivos, con fa s e s a l­
to . E n la s e x p lo ta cio n e s de te rn a d a s de e x a lta c ió n e s ­
im p o rta n c ia c a s i fa b u lo sa, p lé n d id a y de d e p re sió n ,
como lo son a lg u n a s fazen- re sp o n d e a c o ndiciones n a ­
d a s, se e n c u e n tra n a m e n u ­ tu ra le s , que c o n stitu y e n ju s ­
do, a l lado de la s p la n ta ­ ta m e n te la p ro fu n d a p e rso ­
ciones a c tu a le s la s a n tig u a s n a lid a d de u n C o n tin e n te y
p la n ta c io n e s a b a n d o n a d a s y n e c e s ita n , p a ra su poblac ad u c a s. L a c o lonización se m í'n :o y su v a lo ra c ió n , u n a
h a ce en p a rte p o r e sa t r a s ­ ■política e sp e c ia l que con­
la c ió n y m u d an za, d eja n d o c e r n e ría la co lo n izació n si,
d e trá s d e e lla m enos t ie ­ p o r u n a s u e rte p a rtic u la r,
r r a s c o n q u ista d a s, so b re las el B ra s il no p roced e ra a
c u ales so a p o y a u n nuevo e s ta c o n q u ista en su p ropio
avance, que esp a c io s te m ­ te rrito rio en donde la n a ­
p o ra lm e n te u sad o s, v o lv ie n ­ tu ra le z a , i n d e f i n i d a m e n t e
do h a s ta n u e v a o rd e n a l p ró d ig a , no se c a n s a n u n c a
b a rb e ch o . E n e ste caso el de a b a s te c e r.

Ahora, como es natural, nadie se niega
a hablar, .iesi me lo cuenta todo. Cuando
nos sc¿mramos en Poggio Mirteto, en el
mes de octubre, Giorgio se unió a loa pa
triotas italianos, ingleses y norteamerica
nos y vivió con: ellos en pleno campo, en
las casas de los campesinos. Pero aquello
no le bastaba, no le interesaba. Do cuan
do en cuando iba a Poggio, donde tenía
varios amigos. (Ya lo sabíamos, uno de
ellos era E . . . ) . Estas idas y venidas aca­
baron por inquietar a sus compañeros quie­
nes tal vez no le ocultaron su inquietud.
Por eso es por lo que vino a Roma, para
buscar documentos, la garantía de que al­
guien respondería por él. Jesi le presentó
a quien podía dársela. Pero algunos días
más tarde le volvió a encontrar en Roma.
„Ya no me marcho, le dijo, he encontrado
un empleo aquí.” Había empezado a tra­
bajar con e! “ G A P” *. Se había encon­
trado con Gian Franco Mattei, ayudante
de Natta, profesor de química industrial
en el Politécnico de Milán. El profesor.de
química y el sargento de minadores se
completaban el uno al otro. Su nombre de
guerra era Lamberto.
Cuando ocurrió el atentado del hotel
Plora (el 18 de diciembre), y se ofreció
una prima de 300.000 liras (los carteles
están aún pegados en las paredes y yo
mismo los he leído) Giorgio le dijo a la
señora Jesi:
“ 300.000 liras son mucho dinero; al­
guien nos venderá” . Ese alguien fué uir
tal Amidei, o al menos un tipo que se ha­
cía llamar asi y que desapareció en segui­
da. Como consecuencia de su denuncia, dos
compañeros de Giorgio fueron detenidos:
uno de ellos habló en cuanto le pegaron
y les dió la dirección del laboratorio. Gian
Franco y Giorgio fueron detenidos en él
y llevados desde allí a la Yia Tasso. Gian
Franco que temía no poder resistir ql
interrogatorio’’, se suicidó, colgándose
con los tirantes.
Giorgio resistió valerosamente y no
abrió la boca. Su mejor amigo y jefe di­
recto, Antonello Trombadori, se dejó de­
tener por lo mucho que le quería. Inquieto
por su ausencia, fué al laboratorio, le
llamó silbándole y entonces lo detuvieron.
Pero pilló la sarna cuando le llevaban a
Tasso y tuvieron que llevarle a la enfer­
mería de Regina Coeli. Esperan que se
salvará, porque es muy hábil y muy inte­
ligente. Su prometida, la intrépida Fulvia,
me ha hablado también. La señora Jesi
me cuenta que Giorgio le decía a Fulvia:
“ Tú crees que he nacido para esta vida,
pero en realidad no pienso más que en la
arquitectura. Y, sin embargo, hoy hago
lo que debo hacer” . Los periódicos de es­
ta noche anuncian que se han lanzado
bombas de mano sobre un cortejo repu­
blicano en memoria de Nazzini: Es la res­
puesta a las ejecuciones del fuerte Bravetta.
Vuelvo por tercera vez a la via Tasso.
Un jorobadito me precede y entra antes
que yo. El italiano del garage, me confía
a un soldado que sale con dos cubos, des­
pués de explicarle mi situación. El soldado
me hace seña de que espere y me muestra
un ángulo del descansillo, del que no debo
moverme; luego repite las órdenes que me
ha dado al centinela, para que me vigile.
Al fin me acompaña ai primer piso y me
confía al triste muchacho del día antes.
Este me hace seguirle a lo largo de un
corredor, entra en un despacho y vuelve i
salir, diciendo, “ que tienen que hacer”
To le pregunto si les ha dicho que he
venido ya dos veces. E l me asegura que
sí, me dice que vuelva el lunes o martes
y me deja. Espero a que se aleje y entro
en la habitación. Un civil está sentado
detrás de un “ bureau” y, cerca de él, un
soldado escribe a máquina Enfrente hay
uir oficial sentado ante otro “ bureau” :
el jorobadito, que también está allí, debe
de haber terminado su “ servicio” . Mez­
clando el italiano y el alemán dice que
aquella es la tercera vez que voy y que
“ ich kann niclit mehr hier bleiben” . En
seguida, el civil que habla muy bien el
italiano, me pregunta:
“ ¿De dónde viene, si no vive en Ro­
m a?’ ’
A mí me da la sensación de haber caído
en urea trampa, pero le contesto:
“ Vengo de Poggio Mirteto.”
“ ¿Cuándo llegó?”
“ E l viernes por la noche.”
“ ¿Cómo se llam a?”
“ Labo.”
E l civil se vuelve hacia el oficial: “ Er
ist der vater des ersehossenen Labo.”
Despiden al jorobadito y me hacen sentar
en su sitio, cerca del oficial. Después, el
intérprete me dice: “ Buen pillo le salió
el h ijo.” A mi me entran inmediatamente
tentaciones de contestarle que cómo le sa­
lieron1 los hijos a su padre; pero pienso
en Enrica y le contesto solamente: “ No
he venido aquí para oír apreciaciones de
la conducta de mi hijo.” Se vuelve hacia
el oficial y comenta: “ Er will nicht davon reden.”
Y yo prosigo: ‘ ‘ Sino solamente para
retirar un recuerdo suyo, si es posible ”
Consulta al oficial y luego le habla
a un soldado, que sale: yo saco en con­
clusión que han decidido darme urea satis
facción y que han ido a buscar lo que
pido.
Yo lo digo:
“ Por otra parte, si quiere darme deta­
lles de lo que hacía, le quedaré muy agra­
decido, porque yo no sé nada.”
“ ¿Quiere saber lo que hacía? Era un
SA-BC-TBA-DOR. Fabricaba máquinas mortí­
feras, bombas explosivas.”
“ ¿Pero estáu seguros de que era él
quien las fabricaba!”
“ Completamente seguios, porque le he*

G ru p o s do a cc ió n p a trió tic a .

�ca b alga ta
H AB LA

ANI1H1D HllSlIZ
REPRESENTANTE DE

SAL VA T EDITORES S. A.
Jo v en , dinám ico y eficaz p ro p u lso r
do la in d u s tria e d ito ria l, A ntonio
M uñoz — de o rig en español— es el
r e p r e s e n ta r te y d is trib u id o r ge n eral
p a ra A m érica de la firm a S a lv a t
E d ito re s S. A., con sede en la c iudad
d e B u en cs A ires.
Su so lv en cia com ercial y su dom inio
del p ro b lem a do la c ita d a in d u s tria
nos h a llevado a e n tre v is ta rle a fin
de o fre c e r a n u e stro s lecto res su
a u to riz a d a p a la b ra .

SOLO SUFRE QUEBRANTO EN SU VENTA
AQUEL LIBRO DE VIDA EFIMERA
Inconveniente en Colombia.
Un comienzo poco auspicioso.
• Acerca de la ley de ayuda.

U

N cúmulo de facturas, correspondencia
a contestar, empleados que solicitan ór­
denes, obreros que traen y llevan paque| tes. forman el marco ordinario en que
Antonio Muñoz desarrolla sus actividades
diarias en la sede de Salvat Editores S. A.
Pero cuando su secretaria le anuncia que
e! cronista de Cabalgata desea inquirirle
acerca del momento editorial, suelta su
cigarrillo y, tras eludir escritorios y mam­
paras que obstaculizan nuestro encuentro,
pronto sella con un rudo apretón de manos
mía naciente amistad.
Nervioso, sólo atina a decirnos — con
indudable modestia,— que poco pueden in­
teresar sus palabras; pero, a poco que
hurgueteamos, nuestra tarea se torna fácil.
—¿Cuál es su opinión sobre el momento
editorial, señor Muñoz? — inquirimos.
— Un pesimismo me domina al intentar
responderle, amigo cronista.
—¿A qué obedece ello?
—Es que la situación del mercado exte­
rior —me refiero, claro está, a Sudamérica— tiende a empeorar. Veamos, en Chile,
para comenzar: allí los libreros no reciben
nuevos cupos, que sólo se les oto-gan por
cuentagotas; en Colombia, se nos piden
requisitos muy difíciles de llenar, por cuan­
to ellos requieren grandes desembolsos para
cada factura; en los demás países, la si­
tuación és idéntica a la del año anterior.. .
En £in, el tiempo dirá; yo sólo les pinto
el momento a la entrada del añ o. . .
—Quiere decir, en resumen. ..
—Que no comienza mejor que 1947, sino
peor, pues ahí tienen1 ustedes como ejem­
plo el inconveniente que surge en Colom­
bia, para citarla sólo como ejemplo. Pero,
entre tanto, resulta simpático señalar
a Venezuela, país que cumple con una re­
gularidad ejemplar.
—¿Acerca de esa ayuda oficial ?. . .
—Ella no deja de ser una ayuda, y en
medio do la crítica situación de las edito| ríales, entiendo que en algo las aliviará.
—¿Cree usted que el libro español es un
competidor del nuestro?
—No, no lo es. En períodos anteriores,
existía una concurrencia mayor de libros
peninsulares en estos mercados. Ocurre que
algún editor local creerá que al venderse
un libro español, la venta de sus propios
libros disminuirá. Si son buenos, se ven­
derán los dos libros. Quien se preocupa de
brindar buenos temas, esmerada presenta­
ción, autores seleccionados, nada debe te­
mer, pues, nuestro público responde a la
calidad.
—¿Tiene alguna experiencia que rela­
tarnos acerca del ambiente local?
—En él se está sufriendo un descenso
de la venta; ello repercute en el librero
' exportado.- y en el que no lo es, pues éste
encuentra que el mercado no le responde
(Viene de la página 12)
toos detenido en el mismo local donde las
bacía. ’’
“ ¿Y saben si esas bombas han sido
™&gt;pleailas? ’ ’

"Desde luego. Nos han costado la pérdida de muchísimos coches blindados de
bis fuerzas armadas alem anas.”
Mientras habla, ha sacado un1paquete de
fotografías y se las ha ent egado al o fi­
cial, quién me las va dando, una a una.
Son unas fo t03 perfectas, a la alemana.
Una pequeña caja rectangular, de la
loe salen dos clavitos, en forma de ba­
cila. Una cubierta de un grueso libro
•otiguo, que recubre una caja de cigarribos Una clavija de palastro y otros ob­
jetos de diversas formas. Al fin1, una gran
®esa, cubierta de bombas grandes y pe­
ceñas, colocadas las unas junto a las
0,1as. Mientras las contemplo y digo que
tan perfectas que cualquiera las creer*a fabricadas por un obrero muy hábil,
®o dice?
‘ Usted mismo comprenderá que no po
“ amos dejar vivo a sem ejante individuo.”
Euego, dejando las fotos, continúa el
•aterrogatorio:
íPor qué no se ha presentado cuando
* detuvieron?”
“ Porque iro sabía nada.”
¿Cuándo se enteró?”
El mié coles pasado. ‘ *
"¿Cómo?”
Por una llamada telefónica de un des­
nocido oue se decía amigo suyo, y don­
an me decía que estaba muy enferm o.”

como acontecía dos años atrás. Ello no se
debe a la disminución de la capacidad lec­
tora del pueblo, pues se lee tanto o más
que antes, sino que ha sufrido un que­
branto la capacidad adquisitiva.
—i Algunas razones de ella ?. . .
—La enormidad de problemas diarios
que acucian al hombre, y que parecen ha­
berse agudizado en nuestra era moderna,
la inquietud del ser que vive atento a la
hora política o económica o social, que le
obliga a la lectu -a repetida del periódico,
la prisa del siglo, e tc .. . .
— Pero. ..
— Déjeme terminar. . . Recalquemos que
en esta baja de venta, quien más sufre es
el libro de vida efímera, y ahórreseme se­
ñalarlos, amigo cronista,
— Entendido.
— Lo he podido observar en la vida co­
tidiana de Buenos Aires, especialmente en
mis viajes ciudadanos; hasta hace poco
tiempo, el lector común portaba bajo el
brazo algún libro que distrajera su ocio
cotidiano, rasgo característico que hoy se
torna más difícil de observar. Y ello nos
dice, seguramente, que quien no sufre ma­
yores altibajos en la venta es el libro que
responde a consultas, los tratados, o en­
sayos medulares. . .
— ¿Qué novedades tiene para el año en
curso la firma que usted representa?
— En primer término, aparte de las con­
sabidas novedades de importancia médica
que constituyen nuestro fuerte, lanzaremos
el ‘ ‘ Breviario de la Historia del Mundo
y do la Humanidad” , debido a la autori­
zada pluma del escritor José Pijoan, en
dos volúmenes. Esta obra, por su ameni­
dad y la entidad reconocida del autor, lle­
gará a constituir un éxito editorial poco
común.
— ¿Otros títu lo s ? ...
— En nuestra conocida colección ‘ ‘ Sur­
co ’ ’, lanzaremos tres tomos más, que irán
a agregarse a los 16 ya editados; titúlanse
‘ ‘ La Locura” , ‘ ‘ La Vida en los Mares”
e ‘ ‘ Historia de Oceanía” . Por último,
puede poner también que, dentro de dos
meses a más tardar, estará en venta el
segundo tomo de la tercera edición de la
‘ ‘ Historia del Arte ’ ’, la ya conocida obra
de José Pijoan.
Pocos minutos más y nuestra entrevista
cordial ha terminado, pues Muñoz -—con
su sonrisa nerviosa, pero framcachona—
debe reintegrarse al ritmo de su editorial,
donde se oye el agitar continuado de pa­
quetes de libros.
Millares de obras prestas a iniciar el
viaje para el anhelado encuentro con el
lector, nos dicen de la actividad desplegada
por Muñoz en aquella iluminada oficina
de la calle Lavalle y Reconquista.
O. 11.

(Espero con terror a que me pregunte
donde he recibido esa llamada telefónica,
pero él no me pregunta nada.)
‘ ‘ ¿Cuándo ha llegado a Roma?”
‘ ‘ El miércoles pasado. ’ ’
‘ ‘ ¿Y desconocía la hermosa labor que
su hijo estaba realizando en Roma?”
‘ ‘ Nos había dicho que se había inscrito
eir la Universidad para preparar sus exá­
menes y que había conseguido la docu­
mentación necesaria.” (Veo que el oficial
debe comprender el italiano, porque él y
el otro cambian una mirada de aproba­
ción.)
‘ ‘ ¿No sostenía correspondencia con é l? ”
‘ ‘ Muy irregularmente, porque el correo
entre Roma y Génova funciona muy m al.”
Me doy cuenta de que acabo de cometer
una torpeza, porque él me pregunta:
‘ ‘ ¿Gómo? ¿Génova?”
‘ ‘ Sí, Génova, Milán, Bolonia, toda la
Italia del Norte. Nosotros dirigíamos nues­
tras cartas a la lista de Correos (pero no
estoy muy seguro de que la corresponden­
cia de esa clase está perm itida); le es­
cribía cuando encontraba medio de ha­
cerlo.” El soldado ha vuelto con un
saquito que coloca delante del intérprete,
en el ‘‘ bureau” . Me levanto y me acerco
a él. El saco lleva los nombres de Mattei
Labo y otro nombre que no logro leer.
El intérprete lo abre y saca de él su cor­
bata verde con rayas rojas; después dos
estilográficas, dos pares de anteojos. Y o .
|t voy reconociendo y separando las cosas de
mi hijo. Después pido una bufanda roja
que llevaba siempre. (M afai la quiere co­
mo recuerdo.) E l intérprete me dice:

‘ ‘Aquí no hay más que lo que llevaba,
porque le hemos detenido en la calle y
no hemos conseguido averiguar donde vi­
v ía .” Lo dice con rencor y yo le con­
testo: ‘ ‘ N i yo tampoco.”
Me muestran su tarjeta de identidad
para la lista de Correos, su carnet de abo­
no de los tranvías y ferrocarriles. Es una
identidad sucinta. No se menciona en ella
ni a su madre ni a Génova. Tomo las dos
tarjetas, pero el soldado me las quita y
el intérprete me dice: ‘ ‘ No devolvemos
los documentos.”
‘ ‘ Al menos, deme las fotografías. ’ ’
Las despegan con cierta habilidad y me
las entregan. Son diferentes. Yo conozco
una de ellas; en la otra aparece coir el
bigotito recortado que se ha dejado por
fin. El oficial tiende la mano, pidiéndo­
melas Yo le doy la prime"a y él me mira,
esbozando una sonrisa de simpatía. Casi
diría que está conmovido, si eso fuera
posible.
Luego aparece la tarjeta de abono de
Gian Franco. Yo miro la foto por curio­
sidad. El intérprete me dice: ‘ ‘ Ese es
el hombre que ha perdido a su hijo ’ ’, y,
al cabo de una pausa: ‘ ‘ Se ahorcó en la
cárcel, poco después de qué lo detuvieran. ’ ’
Finalmente, sale la cartera que llevaba
con é l: mi famosa cantera de imitación1
de cocodrilo. El soldado ha sacado el
dinero y cuando encuentra en ella un bi­
llete de mil liras, exclama asombrado, casi
indignado: ‘ ‘Ach, tausend lire.”
Mientras cuenta el dinero, yo vuelvo a
mirar en la cartera y no encuentro más
quo nuestras dos fotografías. Se las mues­
tro, sobre todo la mía, como prueba de
mi identidad (hasta ahora no me había
dado cuen-ta de que no me había pedido
ningún papel), pero el oficial y el civil
me dan a entender que no necesitan prue­
ba alguna.
Todos deseamos ahora terminar cuanto
antes El soldado ha anotado en una hoja
de papel la lista de los objetos reunidos
en la mesa y me pide una dirección. Yo
lo respondo para desviar su atención cons­
tante sobre Génova: ‘‘ Bolonia, via Independenza, 125.”
Añade la dirección a su lista y me
hace firmar un recibo. Reúno las cosas y,
después de un saludo rápido, salgo mucho
más aliviado.
En seguida voy al Verano, donde el
director me da inst-ueciones para que me
entienda con Sallustri, mañana por la
mañana.
I
12 de marzo.
Cario me acompaña al Verano. Me han
hablado tanto de los cadáveres desfigura­
dos por las balas, que le digo que mire
él primero. Después me dirá si yo también
puedo mirar. Cuando el funcionario abre
el ataúd, viene y me toma del brazo: ‘ ‘ Tú
también puedes iui-ar. ” Le miro. E3tá
muy bello. La serenidad que tenía antes
de morir no ha desaparecido aún de su
rostro. Duerme, con los ojos semicerrados,
pero con un sueño grave, lleno de calma
y de pensamientos. Y no tiene solamente
bigote sino también una barba espesa,
sombría, en forma de collar. Seguramente
tuvo que dejársela porque le prohibían
afeita'se. No tiene más que una herida:
en el pómulo derecho hay un pequeño ori­
ficio de donde han salido sangre y pus
que, cuando le extendieron sobre el ataúd,
hair corrido sobre la mejilla, dejando una
pequeña huella.
El ataúd está hecho de cajones. Las ta­
blas están tan mal unidas, sobre todo las
do la tapa, que la tierra ha entrado dentro
de él y cubre parcialmente el cuerpo. Se
ve claramente que al bajarle al ataúd, su
zapato derecho, falto de co'dones, se ha
caído: es uno de los famosos ‘ ‘ Alexanders ’ ’ de Folglino, que tanto le gustaban.
Alguien, impacientado, lo ha tirado den­
tro del ataúd, y el zapato ha caído sobre
el pecho de Giorgio Ahora, volvemos a
colocárselo, estirando el calcetín violeta,
muy gastado, por-euya punta asoman1 los
dedos del pie.
Por la noche, vuelven a telefonear de
Lavagna: y yo contesto de nuevo que
sigo con mis averiguaciones.
13 de marzo.
Quiero que los demás puedan verle tam­
bién tal y cómo ha quedado. He con­
seguido que Santangelo me p estara una
máquina fotográfica y le he rogado a Mafa i que venga conmigo para hacer un
dibujo. La señora Antonietta, Jesi y su
mujer, vienen con nosotros. Volvemos a
descubrirle, bajo un sol claro y limpio.
La máquina es excelente (pero de meca­
nismo nuevo para mí y yo no me siento
con ánimos de estudiarlo). ¡ Si hubiera
podido encontrar a Lattuadal Mas nin­
guno sabe decirme donde vive. Muchos
alemanes pasan continuamente hacia su
cementerio, que está cerca de aquí, pero
afortunadamente, ninguno de ellos mira
hacia nuestro lado.
He citado también al plomero, al que
he encargado un ataúd de plomo. Cuando
ve el ataúd abierto, dice: ‘‘ Cualquiera
diría que es un mártir” , y, espontánea­
mente, me hace una rebaja del precio con­
venido. La señora Jesi, que se ha apartado
un poco para llorar, me cuenta que un
día, preocupada por los peligros a que
se exponía Gkrgio, le ha dicho: ‘‘ Haz lo
que quieras, pero piensa en tu madre.”
Y él la contestó, poniéndole la mano en
el brazo: ‘ ‘ Señora, no me hable de mi
madre, no toque nunca esa cuerda.”
14 de marzo.
En un pequeño café de la plaza Flaminio, Jesi me ha presentado a un amigo
do Giorgio que, desde el mes de noviembre,
compartía su habitación con otro camara­
da. Nosotros habíamos creído que, verda­
deramente, es.aba ‘ ‘ sin domicilio fijo ’ ’,
porque nos daba siempre direcciones dis­
tintas de casas de sus amigos, y nos es­

15

LAS NOVELAS
DEL E X i S T E N C I A L I S M O
Según los propios cultivadores de esta tendencia filo­
sófica, el existencialismo, en cuanto a concepto del
m undo, adquiere su más viva plasmación en la novela,
al personificarse en series y situaciones concretas, mejor
que en ningún otro género.
La Editorial Losada ha contratado con derechos e x ­
clusivos la traducción castellana de toda la obra litera­
ria. novela, teatro, ensayos de J ean -P aul Sartre.
ACARAN D E

PU B L IC A R S E ­

LA NAUSEA .................................................. § 6-~
E1 libro que reveló a Sartre y que condensa novelesca­
mente una experiencia literario-metafísica del más su
bido interés.
EL MURO ...................................................... $ 9 Cinco novelas cortas, rebosantes de fuerza y novedad.
Prólogo por Guillermo de Torre. Ilustraciones y vi­
ñetas de Luis Seoane. Un volumen encuadernado de
“La Pajarita de Papel’’.
EN

P R E N S A :

Los C aminos de la L ibertad
I. LA EDAD DE LA RAZON
II. EL APLAZAMIENTO
T eatro : LAS MOSCAS. A PUERTA CERRADA.

MUERTOS SIN SEPULTURA. LA PR O STITU ­
TA RESPETUOSA, (un volumen).

EDITOHIAL LOSADA s . a .
ALSINA 1131
Montevideo1

Lima

cribía con tanta prudencia y precaución
oue, muchas veces, le hemos acusado de
hacerse el misterioso con la vanidad pro­
pia de un conspirador principiante. No
lo hacía por vanidad, sino porque pensaba
en nosotros, porque no quería unirnos a
su destino. Pero tenía una casa, una casa
decente. La noticia me consuela. Su amigo,
un hombre muy alto, se nos presenta bajo
el nombre de ‘‘ Colas” , excusándose por
no poder darnos su nombre verdadero.
Me habla coir respeto, como a un padre
y un padre en mi estado. Me dice que
Giorgio era el centro de la actividad de
todo su grupo. Recuerda que dos veces,
Giorgio le hizo leer o le leyó varios pa­
sajes de nuestras cartas, para que apren­
diera a conocemos. Una de ellas, de
Enrica, le decía: ‘ ‘Haz lo que quieras,
pero piensa en tu madre.” (La misma ad­
vertencia que le hacía la señora Jesi.)
La otra era mía y le decía en ella: ‘ ‘ Ha­
gas lo que hagas en Roma, tú sabes muy
bien que si volvieras, no te impediríamos
que lo siguieras habiendo aquí; y po­
drías hacerlo mejor y con mucha más
libe'tad” (son las palabras de un in­
sensato o, al menos, de lo que yo era,
de un ignorante).
Colas, querido Colas, espero con toda
mi alma que algún día volveremos a
vemos.
Esta noche vuelven a telefonear desde
Lavagna. Después de asegurarme de quo
Gigi está sólo al otro extremo del hilo,
le digo, cruda, brutalmente, la verdad.
Me ha parecido que le veía palidecer Me
recomienda que vuelva cuanto1antes, por­
que Enrica no puede más. Me he acos­
tumbrado a hablarle todos los días, pero
esta vez le dejo eir seguida. Mañana iré
al Continental, a pedir un billete para
Florencia.
15 de marzo.
Esta mañana hemos vuelto a llevarle al
depósito de cadáveres, para que el plomero
pueda colocarle en el ataúd de plomo.
Le hemos sacado, hemos vaciado la tura­
ba. Le he lavado, le he peinado y, horro­
rizado, he descubierto un gran hematoma
que tenía detrás del oído derecho. Le he
ajustado bien el sobretodo, dándole en lo
posible ese aspecto o. denado que tanto le
gustaba, y le he besado por última vez.
Todo esto bajo un intenso bombardeo, en
medio de loeas corridas hacia el abrigo

BUENOS AIRES
Santiago de Chile
de las catacumbas franciscanas. No he
podido encontrar al plomero en la tienda,
en su casa ni en el cementerio. Pienso
que voy a dejar a Jesi encargado de los
últimos cuidados Desayuno con Santan­
gelo en el ‘ ‘ B uco” , donde los dos solían
ir juntos. El restaurante está lleno de
alemanes, como siempre. Hábilmente, easi en sus mismas narices, le devuelvo el
aparato fotográfico prohibido.
Para demostrarme lo prudente que ha­
bitualmente era Giorgio, Antonio me cuen
ta que un día, él, Jesi y otros más Ínter
vinieron en una disputa entre desconocidos,
provocada por un oficial italiano; y que.
cuando al fin salieron del restaurante,
Giorgio protestó y dijo que ‘ ‘cuando no
so tiene razón, al menos hay que saber
callar.” (Yo recuerdo las veces que me
ha dicho que si quería comprometerme,
lo hiciera por algo serio, no por el gusto
de contar chistes en el autobús.) Me ha
bla de las discusiones acerca de la arqni
tectura moderna, quo solían mantener, y
de cómo había querido mostrarle a Gior­
gio los peligros de esa clase de arquiteo
tura. 1 ero Giorgio la defendía, se mos
traba intransigente eir ese punto y llegaba
muchas veces a embarazarle. Para él, la
arquitectura activa no podía ser más que
simple arquitectura, es decir, arquitectura
moderna. Me cuenta que una vez lo llamó
Giorgetto, para distinguirlo de un amigo
del mismo nombre. Aquello no lo gustó,
se lo dijo a Jesi y tuvieron una explica­
ción. Pero yo le digo que, ni aún de niño,
Giorgio no consintió minea que le llamaran
Giorgetto.
Vuelvo al pequeño café de ln -daza Fiaminio, para encontrarme con Jesi. Guttuso
le acompaña. Me pregunta, en nombre de
sus camaradas, ciertos detalles biográficos,
y me pide unas fotografías, para sacar
de ellas unos dibujos. Yo le digo que
hemos sentido mucho que no nos acom­
pañara el otro día.
Vamos luego a casa de Jesi, donde me
esperan sus papeles y efectos, ordenados
con1 todo amor por Colas y Fulvia y lle­
vados allí por su casera. La señora María
me haco dos confidencias: habían decidido
que, en cuanto los aliados llegaran a
Roma, Giorgio se pondría de acuerdo con
ellos y les pediría lo necesario para caer
con paracaídas detrás de las nuevas líneas
( Termina en la página 1 8 )

�c a ü ia lg a ía

14

Dice el autor de

“L A

PUERTA

Q

Ñ usted le in t e re s a ur
íanizar para el nuevo año
editorial una activísima cam­
paña de propaganda en el
interior del país. Para lograr
la máxima eficacia, le ofre
remos los servicios de núes
tro acreditado Departamento
de Publicidad
CA M PA Ñ A S DE PRENSA
R EV IS TA S
CARTAS

-

BOLETINES
DE

VEN TA

CATALOGOS - FOLLETOS
CIR CU LAR ES - VO LAN TES

OFICINA TECNICA
BEL EURO
Director: Francisco Arnñ

CORRIENTES J135, 2°. B
3 5 -0 8 7 8

Buenos Aires

UÉ es L a P u e rta G ra n d e ? ¿N ovela? ¿R e
tr a to de u n a g ra n c iu d a d ? ¿ E sc e n a s e n g a r­
z ad a s p e r un secreto hilo c o n d u cto r? ¿Q ué es?
T o d as e sta s p re g u n ta s, d ire c ta s o s o sla y a ­
d as, la s he escuchado a tra v é s d e a lg u n a s
n o ta s so b re e ste d iscu tid o l i b r o . . . e sc rito por
mí. A cabo de d e cir esto y sien to que debo
re c tific a rm e . U n lib ro m u ltitu d in a rio como La
P u e r ta G ra n d e , p a rece m ás b ie n e sc rito por
la g e n te , p o r la m u ltitu d que p o r a u to r alguno.
A h o n d a r la o b je tiv id a d en el re la to , p e n e tra r
a! p e rso n a je sin d e ja rse a r r a s tr a r p o r él, con
s e rv a r esa p e rs p e c tiv a que nos g u a rd a de to d a
in te rfe re n c ia d a ñ in a , to d o eso c o n trib u y e a
d e ja r flu ir, en e sp o n tá n e a n a tu ra lid a d , la vida
de u n a c iu d a d m o n stru o sa y d e sp a re ja como
es B u en o s A ire s. C iudad en fo rm ació n , con
algo de m ercado y algo de cárcel, d o nde los
h o m b res d eb en fre c u e n te m e n te m á ta r a l F r a n ­
cisco do A sís que pueden lle v a r encim a p a ra
a b r ir p aso a l A l C apone que ta m b ié n se e s­
conde en c u a lq u ie ra de n o so tro s; c iudad fe s ­
tiv a , ciu d a d c allad a , B uenos A ires, que por
m o m en to s nos d a la s e n sa ció n de c o n s titu ir
Ir. a rg a m a sa defo rm e de c in c u e n ta o cien a l­
d e as s u p e rp u e s ta s, no puedo a d m itir sino u n
lib ro tu m u ltu o so y e x tra ñ o , p a ra s e r re p re sen
ta d a . ¿ L a T é c n ic a? Yo no sé n a d a de eso:
u n a n o v ela me h ie rv e a d e n tro y debo e s c rib ir­
la . Y a sa le con su té c n ic a y sus p a la b ra s,
como u n polluelo que ig n o ra el proceso de su
fo rm ac ió n . S e n tía y siento a ú n a B uenos
A ire s, como u n te rrib le peso d el c u al debo li­
b e ra rm e . P a r a esto no me q u e d a o tro rem edio
q u e o b serv arlo , e sc u d riñ a rlo y d e sc rib irlo . Si
no me m o riría , como u n toxicóm ano a «quien
so le p riv a de su a lcaloide o u n ho m b re ro
b u sto q u e no p u edo c u m p lir con fu n c io n e s f i ­
sio ló g icas elem en tales. Y a los “ p o rq u é ” y ios
“ cóm o” , en c u an to a la e s tr ic ta vocación de
e sc rib ir, creo h a b e rlo s su p e ra d o en u n v asto
y p ro fu n d o “ p a ra q u ié n e sc rib o ” , que es p r e ­
c isa m e n te lo que a h o ra me p re o c u p a. L a Ar
g e n tin a v ive m om entos de s in g u la r s ig n ific a ­
c ió n social, con el ad v en im ien to de la m a sa
en el e sc e n ario d el p a ís, y no creo que yo,
como n o v e lis ta d e b a d e d ic arm e a la a s tro n o ­
m ía en vez de a b r ir b ie n los ojos so b re e sta
re a lid a d n u e stra , ta n ric a , ta n fe rv o ro sa , ta n
d e sm e s u ra d a y c a ó tic a . E s to y en el com ienzo
de u n la rg o — qu izás la rg u ísim o v ia je : u n ciclo.
V oy p o r la seg u n d a e ta p a , con el segundo
v o lu m en de la s erie — debo a c o stu m b ra rm e a
e s ta p a la b ra odiosa que tr a e re m in isc en c ia s
n e g a tiv a s .
Yo s ien to a m i p a ís en fu n c ió n de h u m a n i­
d ad , como u n cu erp o y u n e sp íritu , y a sí
deseo e x p re sa rlo . H a ce ra to que d e b í d e s­
e m b a ra za rm e d el p ru r ito a u to b io g rá fic o que
ta n to d añ o h a p ro d u c id o a m uchos e sc rito re s
le ta le n to .
E s to y a tiem p o p a ra salv a rm e d el pelig ro .
Pues ¿ q u é im p o rta n c ia tie n e la n o v e la — me
jre g u n to — , s i su a m p litu d de h o riz o n te s s i
;us e sc e n a rio s m óviles, si su fle x ib ilid a d his;ó riea no e s tá n a l serv icio d e la b ú s q u e d a
¡sp e ra n za d a y lú c id a de la re a lid a d ? Se me
)c u rre q u e u n h o m b re que lle g u e a s e n tirs e
¡enm ovido p o r c u a lq u ie r suceso que no sea
,1 s o cia l: la a n éc d o ta , el c o n flic to d ra m á tic o
¡te. p u e d e lu c ir su c a p a c id a d d e n tro de los
im ite s e s tric to s d e l te a tro o d e c u a lq u ie r o tro
Género. No c o m prendo a la n o v e la sino '»&gt;mo
ín m éto d o a rtís tic o in ig u a la b le p a r a m o s tra r
il d e sn u d o la s lla g a s y p u ru le n c ia s d e u n a
¡ociedad q u e se p re c ip ita h a c ia su abism o y
.as n u e v a s fu e rz a s p o s itiv a s lla m a d as a s u ­
p e ra rla . E n e ste sen tid o , es obvio que no puedo
■reer en el “ a p o litic ism o ” d e l e s c rito r; es un
sngaño como el p ro p io in d iv id u a lism o que lo
alim en ta o u n a f a r s a In g e n u a que a n a d ie y a
puede e m b a u c a r. Sólo la s c o sa s in a n im a d a s
pueden e sc a p a r a la in flu e n c ia de lo p o lítico,
pero los h o m b re s — a u n c uando e s c rib a n o ta l
irez p o r eso p re c isa m e n te — , e s tá n in m e rso s,
an u n m u ndo que go lp e a c o n sta n te m e n te sus
a arn es y su e s p íritu , p a ra e x ig irle s u n a posi- í A ti

nnn.

rP sn ilP R t.a.

M e in te re s a p ro fu n d a m e n te la c rític a . Con
e sto no q u ie ro d e c ir que sólo p u edo e s ta r de
acu e rd o con q u ie n m e a la b e ; eso s e r ía d e m a ­
siad o in g e n u o . Q uiero d e cir que, seg ú n m i
p a re c e r, lo s m ovim ien to s de la lite r a tu r a como
c o rrie n te s c a m b ia n te s d e n tro d e la e s tr u c tu ra
so cia l su p o n en fe n ó m e n o s c o n ju n to s y com ple­
jo s. A te d a c re a c ió n c o rre s p o n d e siem p re u n a

GRANDE

c rític a . Y u n a y o tra se c o rre sp o n d en re c íp ro ­
cam ente en u n juego de in te ra c c ió n continuo.
H e oído, m ás de u n a voz, e s ta p re g u n ta s u ­
p e rfic ia l: “ ¿ P o r qué hay ta n to s sin v erg ú en
zas en La P u e rta G ra n d e ? ” No es ocioso re
p e tir que porque se tr a ta de u n a novela r ig u ­
ro sa m en te o b je tiv a . L a fa scin a c ió n y el rechazo
de B uenos A ires, con su juego diabólico de
asp ecto s opuestos, me tu v ie ro n p reso d u ra n te
m uchos años. Me s e n tía u n hom bre de B uenos
A ires, como tod o s los que h a b ita n esta ciu d a d
org u lío sa m e n te re p rim id a ; y viv í su vida como
u n enam orado la de su m u je r am ada. Todo
lo que h a c ía v ib ra r su s e n tra ñ a s lleg ab a ta m ­
bién a sacu d irm e con p a re jo te m b lo r; re c o rrí
to d o s los a m b ie n tes, a lg u n a s veces con m i
lib r e ta de en ro la m ie n to o el c a r n e t del in tru so
en la m ano; o tra s, h a s ta cam biando el nom ­
bre, d isfra z án d o m e, po rq u e especialm ente me
in te re s a b a el subsuelo de e s ta ciu d a d con
cielo y suelo ta n inclem entes.
B uenos A ire s es u n g ra n e sc a p a ra te lu jo ­
s o . . . , con un s ó tan o de c o n tra b a n d is ta d o n ­
de la s m e rc a d e ría s se fa ls ific a n y se roban.
P e ro h a y o tro B uenos A ires — p o r que hay
m il— , que es el que tr a b a ja y su fre . A ese
re c ié n esto y llegando. N e ce sita b a p rim ero d e s­
in fe c ta r m is n a ric e s y lim p ia r m i g a rg a n ta ,
p a ra no lle v a r h a s ta é l la s em anaciones pú
trid a s d el B uenos A ire s llam ativ o . D ebajo
de e sa a p a re n te d e sp reo c u p a ció n y fr iv o lid a d :
fú tb o l, c a rre ra s , t r a j e s . . . se esconde, como
los carb o n ero s en la s c ald eras de un buque.

Miguel Angel Speroni
el vig o r y la p u ja n z a de u n pueblo o p tim is ta
y re b e ld e que sab e tr a b a ja r . A ése e sto y lie
gando. Y sin él m e s e n tir ía f r u s tr a d o en m i
v o c ac ió n d e e sc rito r, au n q u e ya p u d ie se q u e d a r
sa tisfe c h a , con L a P tie rta G ran d e, a lg u n a
in é d ita a fic ió n m ía de entom ólogo o do co­
le c cio n ista .
J u a n J a c o b o B a ja rlía , u no do los pocos c r í­
tic o s lú c id o s con que contam os, vió, según
m i o p in ió n , ese p e rs o n a je m o n stru o so y a b s ­
tra c to , B u en o s A ires, que se n u tr e como u n
g ig a n te e in s a c ia b le M oloch de to d a s sus v íc ­
tim a s . B a ja r lía p u n tu a liz ó eso que él lla m a
“ in v e n c io n ism o ” y que no m e d e sa g ra d a r e ­
p e tirlo , p o rq u e la in v e n c ió n , en el co n te n id o
— c u an d o se t r a t a d e n ovela social— , es el
em b u sto y la tra ic ió n , p e ro en c u an to a la
fo rm a, q u iz á s e a u n a de la s m ás v a le d e ra s
c u a lid a d e s de u n a o b ra . Y so b re todo, desde
H om ero acá, la ley siem p re es la m ism a: a
c a d a e sc rito r, me p a re ce , se nos te n d rá que
ju z g a r y m e d ir c o n fo rm e a l co efic ien te de
re n o v a ció n , de “ in v e n c ió n ” que h ay am o s a p o r­
ta d o a l p ro g reso a sc e n d e n te d el a rte y a la
le a lta d y fid e lid a d en c u an to a l c o ntenido.
L a s fo rm as c a m b ia n y los c o n te n id o s ta m ­
b ié n , p o rq u e si no. ¿ q u é nos q u e d a ría p o r
h a c e r a n o so tro s, d e sp u é s d e la s p irá m id e s
y c o rd ille ra s d e l g ordo B alzac?
M IG U E L A N G E L S P E R O N I

LA V ID A M USICA L EN CHILE
Lnn gran organización de
librería postal al servicio
de los lectores exigentes.

Pida cualquier libro
de Editorial argen­
tina y se le remitirá
con trarreem bolso,
franco de porte.

Quedan disponibles al_
gpinos puestos del in te­
rior d e l

p a ís

p ara

agentes activos y dg
moral solvente.

M E1CUSIUS
LIBRERIA POSTAL

al ssm tio del buen libro
IHOEPENOEKCIA 360

BUENOS AIRES

(Viene de la página 5)
grupo citado más arriba y otros que for
man la segunda generación. Otra, más re
cíente, escapa a nuestro comentario, pero
ya apunta hacia una nueva e importante
etapa. María Luisa Sepúlveda (1893), ha
orientado gran parte de su producción
hacia el folklore; Acario Cotapos (1889),
vivió muchos años fuera del país, estudió
con Bloch en Estados Unidos y dió a
conocer sus obras eir Madrid, Barcelona
y París. Durante la guerra civil combatió
en las trincheras de la capital de España.
Sus Cuatro Preludios para orquesta y
sus Voces de Gesta, para voces solistas,
coro y orquesta, se distinguen por su
audacia en la estructuración armónica.
Jorge Urrutia Bloudel (1905) como otros
do su generación, comenzó a escribir tarde
para orquesta, por no existir en Chile
oportunidades para ol estreno de esta cla­
se do obras. Posee un fino humor, una
tendencia poética y ciertos recursos ravelianos. Sus Estam pas de Chile, su Jlo-mcnaje a Eavel y su ballet, Ea guitarra del
Diablo, hablan de su gran talento. Alfonso Leng (1884), músico de expresión dra­
mática, un neorromántico, muy desviado
do la creacióu por sus actividades profe­
sionales (actualmente es Decano de la
l'acultad de Odontología), es muy apre­
ciado por su Fantasía para piano y or­
questa, ohra bastante-rocíente. Bisquertt
(1881) ha cultivado una tendencia emi­
nentemente francesa, con ribetes italianos,
Bené Ameugual, pianista muy hábil y com­
positor muy fino, dedicó gran parte de
su producción al piairo. Sus obras mas
recientos están representadas por un Pre­
ludio para orquesta, un Concierto para
piano y orquesta, y Vaso, para voz y
orquesta. Su Sonatina (1935), acaba de
ser publicada por la Editorial Cooperati­
va In teram orican a do C om positores
(E C IC ). Alfonso Lotelier Liona (1912),
es otro temperamento fino, si bien más
dramático que Amengual. Ha escrito una
Fantasía para piano y orquesta sobre te­
mas nacionales, Cuatro canciones de cuna
para voz de m ujer y orquesta de cámara
(publicadas en la ECIC), Sonetos de la

Muerte (texto de Gabriela M istral), para
voz y orquesta y ha orquestado reciente­
mente su Suite grotesca, obra de juventud
originalmente escrita para piano. En la
actualidad está en España, gozando de
una beca.
Juan Orrego Salas, el más joven de
los creadores chilenas, acaba de regresar
de los Estados Unidos, donde estrenó re­
cientemente su Cantata de Navidad IIoward Hanson, el director de la Eastman
Scliool en Kochester. Carlos Isam itt.
(1885), escribe en un lenguaje sumamente
original, quo incluye la rítmica y meló­
dica araucanos y que procura, en otros
momentos, lo abstracto, coir incursiones
a la técnica en los 12 tonos. Muy pro­
ductivo, es autor de las siguientes crea­
ciones recientes: E l Pozo de Oro, ballet
sobre asunto araucano, Suite; Siete m oti­
vos poéticos; Jardín, zoológico, todos para
orquesta y do un Concierto para violín
y orquesta. Por último, debemos citar aquí
al máximo exponente do la música con­
temporánea en Chile, Domingo Santa
Cruz. No obstante sus actividades extra­
ordinarias en el campo de la educación
y Organización, ha tenido tiempo para es­
cribir obras de enorme significación. Co­
nocedor profundo de la polifonía, es un
neoclasicista de lincamientos muy puros
quo iro ha ineursionado en el folklore na­
cional. Citamos sus Cinco movimientos pa­
ra orquesta de cuerdas; de lenguaje dra­
mático y humano; su Cantata de los Eíos
de Chile, ciclópea obra para coros y gran
orquesta; sus Variaciones para piano y
orquesta, la Sinfonía, la Sinfonía con­
certante para flauta y orquesta de. cá­
mara y los Preludios dramáticos. Con ello
hemos dado una visión aproximada de
la vida musical chilena. En lo que res­
pecta a la ereacióir, propiamente, debemos
dejar constancia de la producción de cuar­
tetos por todos los citados, así como de
obras vocales y corales, muy numerosas.
La actividad pública del Instituto de
Extensión Musical acusa en el primer
quinquenio las siguientes cifras; 3S3 con­
ciertos sinfónicos y 186 de cámara. De
éstos, sólo 141 conciertos fueron corrien­
tes, con entradas habituales. El resto ha
sido destinado a conciertos populares. El

"EN E8I18 AÑOS”, n libm;
ARGENTINO M A S EUROPEO
Por S. HOROVITZ
para reflejar en las páginas de mv libro las preocupaciones (le la vida y sus
problemas, revela en su autor una sensibilidad exquisita, una inquietud social
plausible y no frecuente en nuestro medio literario. Porque es una modalidad europea
—y norteamericana— la de estudiar el mundo en que se vive, al compás del reloj diario.
Es esto lo que primero se piensa al leer “ En esos años’ *, de Bernardo Verbitsky.
Llegando a la conclusión de que, en todos los sentidos, es la obra argentina más
europea que se ha escrito. Primera objeción que se nos presenta, al ir enjuiciando sus
páginas. Se fundamenta tal objeción en que, el reflejo de vida que pasa como hálito
fundamental en casi todo su transcurso, es el de los acontecimientos europeos, vistos,
sentidos y pensados con ojos, oídos y cerebro europeos. Es un* error capital, pues de
esta manera se ignora la realidad en que se vive —que es la nuestra— para exclusivizarse en el eco del huracán continental.

E

scribir

U n e sc rito r consciente, no puede c e r ra r los
ojos a lo que ve con su s pro p io s sentidos,
p a ra p re o c u p arse do aco n tecim ien to s e x te rio ­
re s, fu n d a m e n ta les, g ra v ita n te s, y do los c u a ­
les n o so tro s vam os a rem olque, p e ro que no
son los únicos que nos preocupan. L a lite r a ­
tu r a no puede ni d eb e se r n a cio n alista , en su
concepción e stre c h a y poten cialm en te a g re ­
siva, pero h a de to c a r a Anteo, p a ra que s u b ­
s is ta con v alo res reales. E stam os do acuerdo
en que lo fu n d a m e n ta l p a ra el c urso d e la
civ iliz a ció n — ¿o b a rb a rie ? — europea y m u n ­
d ia l fu é la su ce sió n do e n tre g a s y apacigua
m ie n to s &lt;pio p re c e d ie ro n a la explosión de la
ú ltim a g u e rra . M as, lo n acional, que tuvo
que m a rc h a r con el ritm o im puesto p o r esa
re a lid a d y ese tra s c e n d e r, tie n e tam bién vida
a u tó c to n a y g ra v ita c ió n re a l. T an re a l que
la podem os- p a lp a r y s e n tir en c arn e pro p ia.
A unque e sta re a lid a d , con e l onfoque propio
a u n a id io s in c ra sia especial, av an za al u n i­
sono (a veces pensam os que a paso re ta rd a d o )
con los p ro b le m a s g e n erales, son n u e stro s
p ro b le m a s, y p a ra los que vivim os en el c en tro
de e ste volcán ru g ie n te , los acontecim iento»
que tem em os, juzgam os o esperam os, nos fco
tuc a á y nos quem an m ás de cerca. No podem os
a c e p ta r, pues, de b u en g rad o , quo en u n a ob ra
que in te n ta to m a r el p u lso a e sto s años g r á ­
vid o s de fu n d a m e n ta le s d ecisiones, se nos deje
ta n d e lado.
Im p o n e r v o lu n ta ria m e n te u n a - fecha de con­
c lu sió n a la obra, que es y a p re té rita p a ra
u n m undo que g ira con ritm o de n o tic ia rio
c in e m ato g ráfic o — 1942— con d icio n a n u e s tra
seg u n d a o b jeción. P o rq u e n i lo que tra n s c u ­
r r ía en E u ro p a tuvo conclusión, n i n a d a en
el m undo so d etuvo, y tam poco aquí, n o s ­
otro s, tu vim os p á g in a s en blanco. Y lo s u ­
cedido desp u és de esto ai*bitrario h ito, com ­
p le m e n ta y fu n d a m e n ta lo a n te rio r. E s d e ja r
tru n c a u n a la b o r im p e rd o n a b le m e n te sin ló ­
gica, s e a n cu ales fu e sen la s ra z o n es p a ra este
c erce n a m ie n to .
Y la te rc e ra o b jeción, y a no tr a ta c u es­
tio n e s de fondo, sino de c a lific ac ió n g e n é ric a :
en p u rid a d no es u n a novela, como in d ic a su
a u to r, sino u n ensayo, o m ás bien, u n re la to
de situ a c io n e s in d ividuales,, u n id a s con un
nexo a p a re n te . E s en re a lid a d d ifíc il d is tin ­
g u ir qué es lo que debe c a ra c te riz a r a una
o b ra p a ra e n c u a d ra rs e en ta l género, y no
es lo m ás im p o rta n te , p u e s sea o no ex ac ta
su den o m in ació n , a p o rta a l le c to r u ñ a serie
c u a n tio sa de conocim ientos, de elem entos c u l­
tú ra le s y h um anos quo s o b re p a s a todo lo que
p u e d e e sp e ra rs e de u n a o b ra lite ra ria .
—fundam enA p a rte d « e sta s objeciones
ta le s pero que de n in g u n a m a n e ra in v a lid a n
la c a lid a d y su p e n sa m ie n to g e n e ra d o r y co n ­
d u c to r— co n cep tu am o s a ‘‘E n esos a ños co­
m o a u n a o b ra d e e x tra o rd in a rio s m é rito s,
al h a b e r sab id o d a r v id a a u té n tic a a p e r s o ­
n a je s, que son sím bolos de in d iv id u a lid a d e s
que a b a rc a n u n g ra n se c to r del p e n sa m ie n to .
D ijo su a u to r en CA BA LGA TA que in t
ta b a h a c e r la c ró n ic a &lt;le e sta d o s de finimos in ­
d iv id u a le s y colectivos. E ste p ro p o sito so ha
lo g ra d o co m p letam en te. E n ellos nos re c o n o ­
cem os todos los que hem os e sta d o v iviendo
esos años. “ V iv ien d o ” , no v e g etan d o . E sto es,
p e n sa n d o , ra z o n an d o , am ando, o diando los
a co n tec im ie n to s u n iv e rs a le s . E ste es el obje
tivo c e n tra l del lib ro : tra s la d a r , en b a se a
u n g ru p o h e te ro g é n eo de p e rs o n a s , e l co n ju n to
d e re accio n es p e rso n a le s, in d iv id u a le s, a n te e
su ce d e r del m undo. L a m a y o ría do ellos son
p e rio d is ta s, y tie n e n su ra z ó n de preem m en
c ia en c a lid a d de s e r re c e p to re s inm ediato»
de todo c u an to sucede. L len a n su m undo con
a u te n tic id a d y ve ro s im il it ud. D escom ponién­
dose en to d o la gam a de m a tic es y to n a lid a ­
d es de que e stá co m p u esta la h u m a n id a u :
d e m o c rá tico s unos, re a cc io n a rio s, to ta lita rio s
o tro s, v d e n tro de ellos, en sus m as am plios
asp e c to s, c a d a uno es in te g ra l y veraz.
T om ando c a d a uno do su s p e rs o n a je s , que
y a d ijim o s e ra n sim bólicos, vem os eje m p lares
In te re s a n te s . P o r ejem plo, E n riq u e G oldberg.
p ro to tip o de la ju v e n tu d ju d ía , a le ja d a de
la m ís tic a re lig io sa y d el tra d ic io n a lism o a n ti­
cuado, es la p e rso n a in q u ie ta «ante su sino,
ra z o n a d o r y co n sc ie n te de su d e b e r de hom
b re y do in te g ra n te do la sociedad, quo vive
on d e sc o n c ie rto a n te sus c u o tid ia n a s reaccio
lies como hom bre, como ideólogo y como judío,
n n te los a co n tec im ie n to s u n iv e rsales, en los
cu ales los suyos h a n d e bido p a g a r un precio
enorm e p a ra c o n se g u ir el derecho siq u ie ra ,
a la m u e rto le n ta y h o rre n d a . Y toda su a c ­
tu a c ió n no es m ás que la tra d u c c ió n de ese
de sc o n c ie rto , d el que lo salv a u n a sola c o s a .
la fe in d e stru c tib le en la c o n stru cc ió n de un
m undo nuevo, que él h a de ver. y en el que
ese “ d e sc o n c ie rto ” no te n d rá lu g a r para
e x is tir.
S a lin a s, es e l esp añ o l re p u b lic a n o , m ú ltip le
y honesto consigo m ism o, con su p a tr ia y con
la sociedad, que o fre n d a su tiem po, su com o­
d id a d y su d in e ro , on la a y u d a, a re ta g u a r ­
dia, de su s id e a les que son los d e su p a tria .
P ie z a m onolítica, do u n solo m atiz, p ues sólo
p a ra esa id e a v iv e y e sp e ra . E s p e ra n z a qui­
no m uere, pese a todo el e n g ra n a je d isp u esto
p a ra que no se cum pla, p o rq u e la e sp e ra n /.i
es la ese n c ia d e la vida.
M anlio es u n p ro d u c to típ ic o d e Bueno*
A ires. E s el re a cc io n a rio , p e ro p o r so b re toda la s cosas, el “ a r r ib i s ta ” que, com enzando a
a c tu a r en m edios a fin e s con su s “ id e a s” es
llevado, p o r c irc u n s ta n c ia s ló g icas, a ú n c ontra,
su v o lu n ta d , a l.as n a p a s m ás v e rg o n z an tes
d el re a cc io n a rism o , p o rq u e e stá y a e n c a d e n a ­
do a los in te re s e s , c re ad o s p o r él. Y tie n e
que d e ja rso lle v a r p o r la c o rrie n te .
• P e d ro L ascano, el p ro ta g o n is ta v e rd a d ero ,
e n ca rg a d o do a g lu tin a r la s re a cc io n e s in d i­
v id u a le s d is p e rsa s a lo la rg o del libro, es
ta m b ié n u n p ro d u c to lógico y conocido de
B uenos A ire^ y de tod o s los c e n tro s in te le c ­
tu a le s. L a sca n o es el “ in te le c tu a l” p o r ex ce­
lencia, que si b ie n reconoce, en te o ría , la n e ­
c esid a d de la fu s ió n d el h o m b re con el a r tis ta
y do v e r en el h o m b re a l c o m b a tie n te social,
vive en la p rá c tic a , a d o rm ila d o p o r la “ dudi.
filo só fica e in te le c tu a l” e n tre c u y a s brum a*
no a lc a n z a a d is tin g u ir la v e rd a d de la men
tira , lo fu n d a m e n ta l de lo in tra s c e n d e n te . E s tu

d u d a in te le ctu al, le im pide a c tu a r con la n a ­
tu ra lid a d del hom bre lib re, lo a ta a prejuicio
d e pequeño b u rg u é s, que lo m a ntienen cir
c u n sc rip to a la ó rb ita del in te le cto pu ro y le
im piden te n e r esa “ fe ” en el hom bre, que es
la quo ,1o salv a a G oldberg. In su fic ie n c ia de
la cual el m ism o a u to r se d a cuenta, pues lo
m enciona re p e tid a m en te, m as no e n cu en tra
solución. P ues ella ra d ic a en e ch a r p o r lu
b o rd a todas la s a ta d u ra s esp ecu lativ as, par.i
la n z arse en la c o rrie n te filosófica de la vida\ ida y de los hom bres-hom bres, sin com pli­
caciones in ú tile s. L ascano am a la v id a y quiere
v iv irla in te n sam e n te , p e ro el resto de indin ¡dualism o excesivo que aún p e rsiste en su
e sp íritu , Vio le p e rm ito o te a r el co n ju n to d •
«árboles vitales, como aquel que situ ad o en la
copa de los árboles; ve el c onjunto y con
él a ctú a.
T p o r últim o, o tro de los p e rso n aje s m ás
c a ra c te riz a d o s es Diego F id an za, m a g is tra l­
m e n te estu d iad o . E s el espécim en de h is to ­
ria d o r de g a b in e te, sabio de h o ja ra sc a s y a n ti­
g u allas, pleno de c u ltu ra m a rc h ita , porque se
h allaH enam orado de la, Ar
h is to ria ,fosilizada,
vi
..........
”
•
¿ ( c u j a larga
noche conoce cad a in s ta n te y cada hecho. °v
que sólo e n c u e n tra explicación p a ra los hechos
a ctu ale s, en la re p e tic ió n de lo sucedido en
aquel entonces. In te re s a n te ejem plo este, p ara
d e m o stra r el g ra d o de a p erg am in am ien to del
e s p ír itu a que conduce a le ja rse de la vida,
p a ra v iv irla a tra v é s de los p a p iro s enm ohe­
cidos en las b ib lio te c a s y m useos. E m pequeñe­
c im iento de la c la rid a d d el enten d im ien to , que
lleva «a la form ación de cereb ro s m ecanizados
que no d istin g u e n la d ife re n c ia del to ta lita ­
rism o a la v e rd a d e ra dem ocracia social, porquo en la E dad M edia no e x istía n . Y a n te la ,
a p a ric ió n de u n a fu e rz a re n o v a d o ra , que en
n a d a tien e p re c ed e n te s p ues m ira h a cia a d e ­
la n te . b a rrie n d o con lo re tró g ra d o , se a su sta
ta n to , se ofusca de ta l m anera, que ex p resa
“ do dos m ales p re fie ro el m e n o r” y se zam ­
bulle de cabeza en el nazism o.
D e sfilan m uchos o tro s p e rso n aje s, todos in ­
te re sa n te s . M artín , el que se in c o rp o ra a las
R ea le s F u e rz a s A éreas, po rq u e no q uiere ser
e sp e c ta d o r sino a cto r. V itale, el etern o b u r­
lón, que a todo s a tiriz a . L as sem p itern as f i­
g u ra s m ediocres, in e lu d ib le s en todos los am ­
bien tes, que sólo viven p a ra v eg etar. Y aún
h a lla c ab id a la figur.a de D enis de Rougem ont, explicando u n a posición que c o n fig u ra
en su te o ría , todo el e r ro r en que viven la
m a y o ría de los in te le ctu ale s.
D e n tro de todos estos personaje*; y de la
línea de p re o c u p ac ió n c e n tra l, m uchos són los
p roblem as so b re los cu ales V e rb its k y hace
lla m a r la a te n ció n .
Uno de los m ás categ ó rico s e im p o rtan te s
(ju icio p e rs o n a l) es el de la u b ic a ció n del
in te le c tu a l, te m a viejo, m as siem p re p re sen te
en -toda d iscu sió n a ce rc a del H om bre, del
A rtis ta , del A rte y del M undo, y a l que se
ha q u e rid o d e s te r r a r de p rim e ra lín e a por
aquellos que viv en e n ca stilla d o s en to rre s de
m a rfil. El in te le c tu a l debe a c tu a r como y con
el hom bre, en po,s de la vida, y n u n c a por
encim a de ella, en p e d e s ta l m arfileño. E l in te ­
le c tu al es re sp o n sa b le a n te el m undo de su
o b ra p o rq u e d eb e s e r el re fle c to r de su c ul­
tu ra , y no el a rte sa n o de la belleza fr ía y sin
alm a. E sto s ú ltim o s son unos de los irre s p o n ­
s ab le s que d en u n cia A rc h ib a ld M cL eish. El in­
te le c tu a l debe s e r un e n g ra n a je d e n tro del ba­
ta lló n de d e fe n sa de la c u ltu ra , porque form a
p a r te de su a v an z a d a . No es un s e r p riv ile g ia ­
do, un in tocable, sino la e n ca rn a c ió n d el hom ­
b re consciente, lúcido y co m b atien te. Com ba­
tie n te de u n ideal. Q ue es el de la J u stic ia
y de la V erd ad .
E s ta p osición, que es la a u té n tica , está
d e ta llu d a y a n a liz a d a a la luz de la sum a y
re s ta de conceptos, a c e rta d o s unos, erró n eo s
o tro s, de m ala fe m uchos, que tr a ta n de riv a ­
liz a r con lo s. v e rd a d ero s, y que re ú n e n a la
in te le c tu a lid a d a rg e n tin a y europea, en una
m a g is tra l p re te n d id a T a b la R edonda, ro d e a n ­
do a D e n is de R ou g em o n t so b re el tem a “ Los
I r re s p o n s a b le s ” de A rc h ib a ld M cL eish.
M uchos o tro s p ro b le m a s h a lla n su reflejo
en el libro, a lg u n o s do los cu ales ya h a n sido
*exam inados, au n q u e m ás no se a s u m aria m en te
en n u e stro co m en tario , ta le s com o: el dolor
do los ju d ío s d e stru id o s, sap o n ific ad o s, en
no m b re do un con cep to de a ria n ism o 'inhu­
m ano y a n tic ie n tífic o , y en re a lid a d víctim a»
p ro p ic ia to ria s p o r s e r los m ás fá c ile s de tocal(y que en re a lid a d tu v ie ro n s u cu lp a p o r in c li­
n a rs e a n te ellos y q u e re r c a p e a r t i tem p o ral
p e n sa n d o en que el vecino de la o tra calle
s e r ía la v íc tim a y no n in g u n o d e los h a b i­
ta n te s d e e sa c u a d ra ) ; el p ro b lem a in so lu b le
de la E s p a ñ a e te rn a , la E s p a ñ a del pueblo,
que vive su d o lo r la c e ra n te y oculto, a n te la
c o m p re n sió n y a lie n to del m undo, in c a p a c i­
tado como ellos do a c u d ir en su a y u d a ; el
m undo in te rn o del perio d ism o . Y la tra g e d ia
de los e s c rito re s noveles, que no h a lla n p u e r­
ta s a b ie rta s p a ra su s o b ra s p rim ig en ia s.
E n re su m en , " E n esos a ñ o s ” , tra s p a s a la
c a lid a d de la n o v e la o “ n iv o la ” unaanuneses.
L s ei docum ento de u n a p a sió n s a n g ra n te en
u n m undo co n v u lsio n ad o . E s lu re s p u e s ta im­
p líc ita a tod o s los in te le c tu a le s que h a n ocul­
ta d o la cab e z a en la a re n a d e los m useos de
a n tig ü e d a d e s , p a r a no e n te ra rs e de la re a li­
d a d ta n g ib le , o a los que no les ha in teresad o
i en a b so lu to . E s el m e n tís ro tu n d o u los que
nos tild u n d e in s e n s ib le s a l do lo r hum ano.
E s to d o esto, y m ucho m ás. P e ro queda d i­
cho — y lo m a n te n em o s en pie— ei defecto
c a p ita l quo hem os e n c o n tra d o : su e x tr a te r r i­
to ria lid a d a b so lu ta . L a a u se n c ia del enfoque
n acional, en todo aquello que bulle, y se agiia
b a jo la s u p e rfic ie d e u n lago de ace ite sobie
u n m a r te m p e stu o so .
E s ta es la im p re sió n re c o g id a al le e r “ En
esos a ñ o s ” y que hem os q u e rid o comunica»
con p le n a s in c e rid a d , p a ra que sea la opinzon
in te g ra l, a b so lu ta , como se m erece un libr®
que a b u rc a la p u ls a c ió n de u n m om ento tras
c e u d e n te en la c u ltu ra y en la civilización
m u n d ia l, la m e n tan d o ú n ic a m e n te que en ese
m om ento, nos hallem os n o so tro s fu e ra del
c u a d ro .
E n el lib ro , m as no en la vida.

Ballet del Instituto sólo en 1945 tuvo
18 funciones con teatro vendido con una
semana de anticipación.
Esta breve exposición do hechos bas­
tará para hacer ver al lector la tras­
cendencia quo tuvo para Chile y América
entera el movimiento que inició la So­

ciedad Barh y quo culminó, gracias a la
habilidad y el talento excepcionales de
un hombre, en la formación de un gran
movimiento de creación y en una orga­
nización musical que puede sor tildada
do modelo entre las instituciones de este
hemisferio.

.

�c a b a lg a ta

,os de Seldwyla, por Gottfried Keller. Traducción de Pedro Von llaselberg. Ocesa,
Bvtvos Aires. 224 púgg. u la rústica. $ 4 m/arg.
a versión de estas historias de gentes — sn título original es “ La Gente de Seld*
u wyla’
viene :t Henar entre nosotros un sensible hiato en la apreciación de la
literatura alemana del siglo pasado. De Gottfried Keller no conocemos aún Der Griint
'{rinrich (Enrique el "Verde) ni las bichen J.cgenden (Siete Leyendas), obras que
señalan aspectos significativos del romanticismo de 1850, así como el libro que' nos
cupa se coloca entre los más altos exponentes de la literatura regional europea. En
j.ueblecito, cuya fisonomía esboza incomparablemente el prólogo, donde “ todos viven
alegremente y de buen humor, considerando a la holganza como su arte particular” ,
rs la patria de estos dramas menudos, concebidos y trabajados con la misma delicadeza
ie los relojes que llevan* por el mundo el nombre de la tierra de Keller. Entre sus
rentes —el artesano, la burguesa, los soñadores, los grotescos— ocurren los mínimos
incidentes, las inmensas desgracias ignoradas, las ejemplares imágenes de libro añejo.
No nos interesa ya el relato inicial, falsamente romántico y apenas feliz en la
descripción de la infancia del héroe. De los siguientes, Doña R /gula de Amrain y sn

I

is

esa e n c a m a c ió n de lo h um ano en su m o m en ­
to m ás a lto , y d el que u no de ellos d ir á ;
“ No h ace m ás que la n z a m o s y se va sin que
n a d ie Re dé c u e n ta .” Y c u an d o el v ig ila n te
ve s o b re s a lte a n te ta n e x tr a ñ a concepción de
la je f a tu r a , h a b rá n d e e x p lic a rle : “ No es ta re a
fá c il la do d irig ir h o m b re s. E m p u ja rlo s, y a es
o tr a c o sa .”
*
Como en E l c a r te ro d el R ey — que ta m b ié n
a so c ia en n u e stro re c u e rd o su p o e sía a la de
su s g ra n d e s tra d u c to re s — . T a g o re lo g ra en
e ste Ciclo d e la P r im a v e r a u n lirism o ve­
h e m e n te con la m áxim a econom ía d e re c u rso s.
S u é n fa sis es n a tu r a l p o rq u e es e l d e los
n iñ o s y no el d e los d e c la m a d o re s : su g ra c ia
n ace d e u n c o n ta c to s n til con los a sp e c to s
m enos a te n d ib le s (y a te n d id o s) de las cosas
y la s im ág en es. Como lo dicen los m uchachos
f r e n te al ju g la r ciego, “ p a re c e que le golpean
la f r e n te no sé qué m e n sa je s. P a re c e q u e su
c u erp o d iv is a a a lg u n o que vien e de m uy le
jos. P a re c e que tie n e ojos e n la s p u n ta s de
los d e d o s.” — J . C.

XII PUEBLO EN LA IIORA ALEMANA, por JoíinLouis Bory. Traducción do Joan Oliver.
E ditorial Sudamericana-, Buenos Aires.
416 págs. a la rústica. $ 6 m/arg.

L a tra d u c c ió n a n u e stro idiom a d e la novela
de B ory, a ju s ta d o sím bolo en su m om ento del
clim a d e la re s is te n c ia ru r a l fra n c e sa , me
in d u c e a r e p e tir c asi te x tu a lm e n te lo que es­
c rib ie ra en o tra s c olum nas &amp;1 p r e s e n ta r er
194f&gt; la e d ic ió n o rig in a l. Con u n a sim p le n o ta
p r e lim in a r: creo que la c rític a fra n c e s a ha
caído en g ra v o in ju s tic ia ( p o r ra z o n es b i­
z a n tin a s , s iem p re la s p e o re s) a l s u b e s tim a r
como lo h a hecho fre c u e n te m e n te el m é rito
d e M on V illa g e á 1‘H e u re A lle m a n d e; creo»
que, en g ra n m edida, u n lib ro ta n coñm ove«loram ento le a l al e s p ír itu d e su te m a es el
que m e jo r re p re s e n ta la so rd a p a lp ita c ió n de
I* ra n c ia so m etid a p e ro in su m isa, a g o ta d a pero
in a g o ta b le.
L a s p rim e ra s p á g in a s de e s ta no v e la de
s u frim ie n to y re b e lió n — d ije en to n c es— , com ­
p o rta n u n a s o rp re s a que el tu le n to n a rra tiv o
do B o ry c o n v ie rte p ro n to en p la c e r in te le c tu a l.
R e n u n c ia n d o a l e n fo q u e c o n tin u o d e p e rs o ­
n a je s y sucosos, a la u n ila te ra lid a d d el que
n i:ra de fr e n te el cu ad ro , y re ite ra n d o la té c ­
n ic a qne V irg in ia VVoolf h ic ie ra fa m o sa en
T he W aw es, el n o v e lis ta cede la p a la b ra , en
rá p id o m onólogo, a los h a b ita n te s d el pueblecito d e J u m a in v ille ; q u ie re que conozcam os
d ire c ta m e n te , d e sd e el f lu ir d el p e n sa m ie n to ,
su s s e n tire s a n te la o c u p ac ió n n azi, la t r a i ­
ción, la e sp e ra n z a y el d e rro tism o . Y no sólo
los hom b res, p o rq u e ta m b ié n h a b la n la s co­
sas, los elem entos, la ra íz m ism a de la tie rr a .
C ada ta n ta s p á g in a s es el m ism o Ju m a in v ille
q u ie n to m a la p a la b ra p a ra d e s c rib ir sus s e n ­
s ac io n e s de u n a noche, la r a r a com ezón que
lia v e nido s in tie n d o h a cia el lado de su p a ­
n a d e ría , o cóm o e x tra ñ a en la p ie l d e su s
c alles el a n tig u o roce de los n e u m á tico s, ta n
esc a so s en el p u e b lo y que sólo l06 a u to s de
la G e sta p o e ch a n y a a r o d a r . . .
D u ro , á sp e ro , sin co n cesio n es c n an d o se
t r a ta do m a ld e c ir o de a c u s a r, B o ry h a c re ad o
en e s ta h e rm o sa n ovela c a r a c te re s como el
d&lt;* G ó rm am e la c a n tin e r a — in v e n to ra d e in ­
v ia je ro s fu e ra del tie m p o ; su itin e ra rio p ru e b a
su lto s fa b u lo so s que h a b rá n sido la to r tu r a
la o jic a c ia d e u n m ir a r sag a z a p lic á n d o se a lo
del tra d u c to r— . y M lle. V rin, la v ie ja s e ñ o rita
a m e ric an o , el v a lo r de u n le n g u a je sin retó que e sp ía p o r la s noches. Nó p o d rá n o lv id a rs e
r i c a - v q u e p re fie re d e s c rib ir a com poner. — ,■ e p iso d io s como el del c astig o de un c o la b o ra ­
J . C.
—
c io n ista , el c o n c ie rto d el te n ie n te S ie g frie d
B ach m an n , el serm ó n del m a l a b a te V arém es.
Muriu como una dama, por Cárter DickJ u m a in v ille , tro c ito d e F ra n c ia , lia sab id o d e ­
volver m al p o r b ie n ; su “ h o ra a le m a n a ” e n tró
son. Traducción de Eva liábame. Espacomo la llam a en un o de su s h ijo s m a r tir iz a ­
sa-Calpe Argentina. Buenos Aires. 224
dos, p a ra h a c e r del h o m b re J e a n -L o u is B ory
págs. a la rústica. $ 3.50 m/arg.
u n g ra n d e , u n conm ovedor n o v e lis ta dol p u e ­
blo. — J . C.
E n T h e P e a c o c k F e a th e r M u rd e rs, diez ta z a s
d e té a g u a rd a b a n a la p o lic ía como m udos te s ­
E l e s p í r i t u d e l a f il o s o f í a m o d e r n a ,
tim o n io s d e u n a s e s in a to im p o sib le : en The
J u d a s W indow , el c a d á v e r de A vory H urne se
por Josiali Royce. Traducción do V i­
o frec ió a la tro n a n te esp e c u la ció n d e s ir H e n ry
cente Quintero. E ditorial Nova, Buenos
M e rriv a le en la sim p lic id a d do u n c u a rto d o n ­
Aires, 1947.
de n a d ie p o d ía h a b e r com etido el crim en, salvo
u n h o m b re q u e e ra in o c e n te ; la e n d ia b la d a
p e rv e rs id a d do la s cosas (se g ú n d ile c ta e x p re ­
A lgunos c o n sid e ra n a R oyce como al m ás
s ió n de H . M .) p u so en N ine a n d D c a th m akes
e m in e n te o al único filó so fo que h a p ro d u c id o
T en la s o m b ría im a g e n de un asesin o im p a l­
E s ta d o s U nid o s. E s u n elogio y, a la vez, un
p a b le . d e u n n o m b re in c o rp ó re o . A h o ra viene
de sm e d ro p a ra o tro s p e n sa d o re s e s ta d o u n id e n ­
e ste nuevo re la to del n o v e lis ta in g lé s — inglés
ses que han p re te n d id o h a c e r filo so fía. El
p o r d erech o d e e stilo — a m o s tra rn o s un doble
p a ra n g ó n d e siste m a s y la e x p re sió n de d e te r ­
s u icid io en el q u e s ú b ita m e n te sé re c ela un
m in a d a s p re fe re n c ia s in d ic a n , en la m a y o ría
doble a s e s in a to ; m as h e aq u í que el a se s in a to
do los casos, m ás que c o nocim iento p ro fu n d o
p a re c e a b su rd o y p o r eso. oh T e rtu lia n o , d o ­
del té rm in o a d v e rso en la co m p a ra ció n , sim ­
b le m e n te p o sib le . S ir H e n ry M erriv a le d is tr i­
p a tía s y c o n fo rm id ad con el p e n sa m ie n to e s ­
b u ir á im p a rc ia lin e n te las m a ldiciones, los g r u ­
tu d ia d o . P e ro R oyce, en to d o caso, o c u p a un
ñ idos, la s im p rec a cio n e s y la s qu ejas, a tie m ­
lu g a r señ e ro en la e v o lución - filo só fic a de
po q u e su v io le n ta in te lig e n c ia d e sm o n ta la
E s ta d o s U nid o s. E s tá en la lín e a de la t r a ­
m á q u in a del e n g añ o p a ra re p o n e r c ad a p ie z a
d ic ió n id e a lista , m uy a n tig u a en el p a ís, que
en &lt;»1 ju s to lu g a r — ese lu g a r que e s ta b a a n te
él re c tific a , m o d e rn iz a y e n riq u e c e con la
lo s ojo s del le c to r p a r a su co n fu sió n y r e s e n ­
fa m ilia rid a d qne h a b ía lo grado, en la m e d i­
tim ie n to .
ta c ió n y c o n ta c to d o c trin a l, con los g ra n d e s
Ya que em pleo la p a la b ra , y aludo al in­
p e n sa d o re s a le m an e s e in g le ses del siglo X IX ,
n eg ab le, d e licio so re s e n tim ie n to q u e nos de ja
p re fe re n te m e n te los que p re e n u n c ia n su p r o ­
to d a b u e n a n o v e la p olicial, esp ejo p a r a to n to s
p io pe n sa m ie n to .
d o n d e no s asomamos* re in c id e n te s u n a vez p o r
P e ro R oyce no s e ría filó so fo s i' se lim ita ra
sem ana, m u rm u ra ré aq u í que C á r te r D ickson
a r e f le ja r lo leído. Como nos dic e él m ism o,
co n d u ce sin fa lla a lg u n a su bien p la n e ad o
to d a filo so fía es la s in c e ra e x p re sió n , c o ti­
m is te rio , p e ro que a la té c n ic a d e slu m b ra n te
d ia n a m e n te a q u ila ta d a en el e stu d io y en la
d e u n V a n D iñ e, am igo de p o n e rn o s a n te las
re fle x ió n , de n u e s tr a v isió n del m undo y los
n a ric e s al c u lp a b le, p a sa rlo y re p a sa rlo d e ­
p ro b le m a s que e sta v isió n nos provoca. Y a sí
la n te n u e stro en c ad a c ap ítu lo , el a u to r de
so n los lib ro s d e e ste p e n s a d o r: ad m iram o s
M u rió como u n a d a m a o p ta p o r u n a esfum a
la a m p litu d y p ro fu n d id a d de conocim ientos.
d u ra ta l vez re p re n s ib le ; no p o r ra z o n es de
F iló so fo a lo griego, c u rio se a en tod o s los
lógica, q u e en eso n a d ie h a rá bla n c o en él,
cam pos d el s a b e r: c ien cias n a tu ra le s , h is to ria ,
sin o q u iz á p o r ra z o n e s d e . . . ética.
d is c ip lin a s del e s p íritu . No p re te n d e s e r e s ­
H . M., m a je stu o so como en su s m e jo re s días,
p e c ia lis ta en to d a s, sin o c a p ta r aquellos p r in ­
p a se a p o r e ste b u en lib ro su im agen n e ro n ia n a
c ip io s o leyes que le fa c ilite n la a sc e n sió n a
y su s fra s e s d ig n a s de la m e jo r tra d ic ió n de
los g ra v e s p ro b le m a s m etafÍ8Ícos. A sí bien
la n o v e lís tic a in g le s a ; escojo é s ta en su h o ­
p e rtre c h a d o , p u e d e la rg a rs e a la a v e n tu ra del
m e n a je : “ Amo a los a n im a les como S an F r a n ­
a n á lis is y c rític a d e los siste m n s que le p r e ­
cisco, m a ld ito s s e a n .” — J . C.
c ed iero n . Y luego, q u in tie s e n c ia d a , ex p o n er su
v isió n d el m undo.
C ic l o d e l a p r i m a v e r a , por Rabindranath
E n el lib m que re c a b a a h o ra n u e stro co­
Tagore. Traducción de Zenobia Camm e n ta rio notam os, en fo rm a p a rtic u la rm e n te
prubí de Jiménez. E ditorial Losad-a S.
n o ta b le , la s c u a lid a d e s c ita d a s . C o n serv a to d a
la fr e s c u ra y la fo rm a d e c o n fe re n c ia s ; pero
A ., Buenos Aires. 112 págs. a la rústica.
re p o sa d a s, re le íd a s y a te n ta m e n te c o rre g id a s.
$ 2.50 m /arg.
Su p e n sa m ie n to flo reco m a d u ro , d e sp u é s d e
— No, R e y ; lo s p o e ta s no esc rib im o s p a ra
h a b e r seguido, en u n e stu d io a n a lític o , el p ro ­
ceso de s is te m a s . a n te rio re s . L a c o n fe re n cia
q u e se no s e n tie n d a .
p rim e ra tie n e el c a r á c te r de in tro d u c to ria . E s
— E n to n c e s, ¿ p a r a q u é?
el filó so fo que q u ie re ju s tif ic a r el cam ino qne
— Sólo p o r la m elodía.
Y T a g o re p o n e en boca de su p o e ta el g rito
v a a e m p re n d e r, y d a rn o s , en rá p id o s a n tic i­
m ism o do la e x iste n c ia , el s a lto de la ro s a
pos, su s p re te n sio n e s . Luego sig u e u n a e x te n sa
p rim e ra p a rte . M ás que e x p o sic ió n d e siste m a s,
v iv a q u e se re c o n o ce y se c e le b r a ; p ues e sta
vem os el b u c e a r de u n e n te n d im ie n to v ig ila n te
fé e rie de e n c a n ta d o ra g ra c ia no tie n e o tro
signo, no b u sca o tra cosa, no alc an z a o tro fin.
que q u ie re e x tr a e r la s jo y a s que co n tien en ,
A sí es q u e u n b an d o de m u ch ach o s sale
p a ra e n g a rz a rla s en el c o lla r d e su p ro p ia re ­
a d a r caza al V iejo , y ese V iejo es la im agen
fle x ió n in d e p e n d ie n te . Se m ueve en la h o n ­
in a sib le do todo lo que su ju v e n tu d re c h a z a
d u ra de la v id a in te rio r, de sd e S p in o za a
K a n t; y luego, F ic h te , H egel. S ch o p e n h au e r.
in s tin tiv a m e n te , con el gesto del á rb o l re c h a ­
zan d o el vacío p a ra a b rig a r su v e rd e in te rio r
No le in te re s a n m a y o rm e n te la s o posiciones de
d e c au to s. Y la a le g re c ac e ría , e n ca b e z ad a por
los siste m a s, sin o los hallazg o s. Y luego el fin a l,
o seg u n d a p a rte . A hí R oyce, y a en riq u e c id o ,
u n D io n iso s a te za d o que se Huma C h a n d ra y
feliz h e re d ero d e p re v ia s y p ro fu n d a s r e fle ­
b rin c a con el im pulso de su lib e rta d e je rc i­
xiones, p ro ced e a e x p o n e r su v isió n del u n i­
tá n d o se , llev a a los m uchachos de ris a en risa ,
verso. Nos re s e rv a su d o c trin a . E s tam b ién
d e diálo g o en diálogo, h a s ta el fin a l d o n d e los
id e a lista , a d u n a n d o el Ix&gt;gos a b so lu to om nicaz a d o re s se a tra p a n a sí m ism os en la g ra n
c o m prensivo d e H e g e l con la V o lu n ta d S u ­
re v e la c ió n d e su e x istir, de su p re s e n c ia en
p e rio r de S ch o p e n h au e r. A dem ás, al fin y al
lo re a l.
H e rm o sa fig u ra la del J e f e de los jó venes.
cabo n o rte a m e ric a n o , no p o d ía p re s c in d ir del
elem en to relig io so . E l yo a b so lu to es u n a
p e rs o n a lid a d co n sc ie n te y v o litiv a : de ella
p a rtic ip a m o s n o so tro s, en la m e d id a en que
som os s eres e sp iritu a le s , c u an d o pe n sa m o s y
querem os. Y todo e sto llev a a re fle x io n e s de
o rd e n m oral y e sp iritu a l.
En c u a n to a iojf m é rito s &lt;V1 lib ro en sí.
d iríam o s que su le c tu ra p u e d e s e r a lta m e n te
pro v e c h o sa p a ra aquellos que se in ic ia n en
la re fle x ió n filo só fica . R oyce eu to d o s su s
lib ro s, pero p a rtic u la rm e n te e n éste, e v ita los
tecn icism o s d ifíc ile s ; p ro c u ra a n te to d o la
c la rid a d , no o b s ta n te la n e c e s a ria o s c u rid ad
de los tóp ico s. Si el m om ento lo re q u ie re ,
p u e s expone u n a d o c trin a que es ru c o n ­
vicción, se d e ja a r r e b a ta r p o r un e n tu siasm o
que tie n e m ucho d e m ístico . L a v e rs ió n es
b u e n a, p o r h a b e r sido re a liz a d a p o r un joven
e in te lig e n te e sc rito r, y a fa m ilia riz a d o con
la s o b ra s de e s te filó so fo n o rte a m e ric a n o .

)ijo menor tiene la eficacia directa y áspera de una talla donde los caracteres se
,icusan con nudoso vigor. Es. a su manera, la historia de una educación sentimental
v moral; es también el espejo
un matriarcado que suena ya inconcebiblemente dis­
ta n te . Mucho más inmediata nos l l e g a la tragicomedia de Los tres peineros ju stos,
relato sorprendente por la ironía y el humor negro, con esa acida presencia de lo gro­
tesco eu lo conmovedor que es privilegio de los novelistas germanos. La lucha de los
tres peineros por el corazón* de la estupenda Susi Bunzlin, la carrera que deberá decidir
,4 premio, y los interiores de Seldwyla (con la maravillosa descripción del contenido
leí cajoncito de laca de Susi), muestran en Keller una artesanía plástica que salta
,0bre el tiempo y sobre esta traducción —demasiado dura a vecos, sobre todo en los
Iiálogoa-- . donde el “ vos” y el “ usted” se mezclan culpablemente.
Dejo de lado E l g a tito E spejo — un fino capricho, trastienda, burlona de lo demo­
níaco— para volver al relato que supera el entero volumen, se levanta solo e impar
?omo uno do los momeirtos más altos de la narrativa moderna: Horneo y Julieta en la
*¡dea. Sé de pocos cuentos donde la belleza dé lo trágico se alcance con tan soberana
oerfección; habría qye pensar en La muerte en V&lt; necia, o L a suerte de lioaring Caín ;
habría que acercarse al Long Island do Lino Novás Calvo. Alzándola a la música, Fre
leric.k Delius hizo de la desgarradora historia de Sali y Verónica una ópera cuyos
.ntermedios pueden quizá sugerir la atmósfera de pura poesía del relato. Pero hay
I que dejarse llevar por Keller, ir por esa primera mitad agreste y despiadada, -con los
kÜos de fam ilia ascendiendo en su sorda savia oculta, y entrar después como en un
anco —porque él exige y logra eso, arrancar de sí mismo al lector, ponerlo en Seld
jrvla, volverlo Seldwyla— , entrar como en urr trance en las páginas finales, la marcha
j j¿ los amantes hacia la final posesión que incluye a la. muerte como rescate. Y qué
I itroz hermosura de poesía la coincidencia del destino de Sali y Verónica con. la gracia
I ildeana, do la romería, el violín diabólico del Jardín del Pai^uso y las rondas de puiI anos en la noche. . .
Geneviéve Bianquis se adelantó a decirlo: Gottfried Keller está muy por encima
leí Jíevmatluvst banal, y a través de un profundo instinto lírico se alza y se avecina
la p re s e n c ia d el p a sa d o en los re d u c to s fin a le s
más
grandes
tiempo.
1Mlos
OCION
ARIO
DE LA. escritores
MITOLOGIA,dep osu
r M
. R ll
de la tie r r a y el h o m b reJulio
. S us Cortázar
fin a s p á g in a s
bio Egusquiza. Librería del Colegio, Bue­
aco g en o tr a vez la p re s e n c ia m e la n có lica del
nos Aires. 220 págs. a la rústica. $ 8
indio, “ q u izá la p ie d ra c o n v e rtid a en c a rn e ” .
A sí los ve el a u to r d e e sta p e q u e ñ a g u ía p a ra
m/arg.
La m itología g re c o la tin a m o ra ta n hondam enen la m em oria c o le ctiv a de O ccid en te, q u e el
•cuento de su s a v a ta r e 8 s e r ía te m a p a r a u n a
onografía al m odo e ru d ito . A p a rte de la s r a ­
ines p ro fu n d as d e su p e rs is te n c ia ( “ au com
encement é ta it la fa b le ” , h a dich o lú cid aente V a l é T y ) y la s d e sim p lific a c ió n y tip icación que h a n e stu d ia d o el m ism o V a lé ry y
arguerite Y o u rc e n a r, el m ero h echo lite ra rio
• su sup erv iv en cia y u tiliz a c ió n c o n s ta n te baspara in c ita r a la re fle x ió n . E n e ste p lan o
¿elusivamente e sté tic o , m e re c e ría a n a liz a rs e
i fisonomía en e l p e río d o re n a c e n tis ta y en
neoclásico, el re p lie g u e de la m ito lo g ía raeterránea a n te la e sc a n d in a v a q u e se p re c ip ita
•n ímpetu de v ík in g d e sd e la s s a g a s d e O ssian' acpherson a la tu rb a m u lta ro m á n tic a , y su
‘aparición (s e re n a , m a rm ó re a y a b u rrid a ) en
Parnaso de L e c o n te de L isie y Ile re d ia .
3ra ceñirse luego a u n a s p o cas im ág en es esen.ales y e n ra re c id a s con la p o é tic a d e M allarné y los s im b o listas. S u b rin c o a A m érica y
* etapas p a ra le la s — el c u lte ra n ism o , la re tó ica dieciochesca, R u b én el m itó fo ro , Ja m e s
reyre, L ugones— s e ría n itin e ra rio a sistem azar algún día. P a r a c o n c lu ir con la p re s e n c ia
e lo m itológico en el v o c a b u la rio e sté tic o de
ajil V aléry, el te a tr a l de J e a n G ira u d o u x . el
ientífico de S ieg m u n d F r e u d ; cu lm in a n d o , de
oererlo así, con la m ito lo g ía en el ex isten ialismo — L es M ouches de J e a n -P a u l S a rtr e .
Por eso, si es c ie rto q u e en n u e s tro s d ía s
n lector no p re c isa , como el e sc o la r del s i ­
lo X V III, s a b e r in fa lib le m e n te qué le p a só a
•oda con el cisn e, a q u é ju g a b a N a u sic a a en la
•laya, y por q u é se la s tom ó T u rn o con P a ­
ute, toda e x cu rsió n lite r a r ia de a lg u n a la titu d
tantea dudas m ito ló g ica s q u e u n lib ro como
l de M. R ubio E g u sq u iz a c o n trib u ir á a dospear Sin esfuerzo. E l a u to r se a p re s u r a a a d v e r­
tir que su. tra b a jo no es u n a m ito lo g ía sin o un
'imple diccionario, un esbozo d e o rd e n en el
uegro caos teo g ó n ico . D e u n a o b ra ta n e sc u e ­
ta en su p ro p ó sito , no se p u e d e e s p e r a r la d e ­
licia que to d av ía p ro p o rcio n a n , lib ro s como la
vetusta m itología de B u lfin c h ; es sólo un in s ­
trumento de c o n su lta in m e d ia ta , ceñ id o al p r o ­
pósito de e n se ñ a rn o s r á p id a y o b je tiv a m e n te
que Eufeme e ra la n o d riz a de la s m u sas, que
Argentino p u e d e ta m b ié n s e r u n h ijo de Esculano. que la d io sa de lo s h e c h ic e ro s se lla ­
maba G ratéis, y q u e Z eus en co m en d ó la e d u c a ­
ción de D ionisos — con re s u lta d o s d e p lo ra b le s
de que da c u en ta la re fe re n c ia c o rre s p o n d ie n ­
te— a la n in fa C oronis.
Por todo eso; -y p o r ' el b u en c rite rio de su
trabajo. M. R ubio E g u sq u iz a m e re c erá la a la ­
banza de ese le c to r q u e no a d m ite e n ig m as en
los autores qu e lee, y q u e se p la n ta como el
hijo de Layo (v e r a rtíc u lo E d ip o ) a n te la es
finge provocadora. — J . C.

Miscélanka a n t ig u a , por José Alfredo
Hernández. Ediciones “ Revista 3 ” , L i­
ma. 104 págs. a la rústica.
Para los am e ric an o s a u stra le s , el P e rú p r e ­
colombino y la h a za ñ a c o n q u ista d o ra s e ián
ñompre el c e n tro y el fa n a l de esa h is to ria
fpicn que u n a c u ltu ra lle v a consigo como u n i­
dad de m edida, como á p ic e p a ra la im a g in a ció n
de l'j gesta. Al m odo que la a n tig ü e d a d m e­
dite rránea a c e rc a b a sus h é ro e s n la ta b la h o ­
mérica — v a lie n te cpmq e l.P e li d a . m ás su til
que Ulises, m enos, fe ro z -qué D ium ede*— p a ra
*irar luego en, el d e slu m b ra m ie n to de A le ja n ­
dro o Julio C ésar, a s í no s es dado e sta b le c e r
Pianos de g e sta p a rtie n d o de la lín e a q u e en
arenaR de la isla d el G allo tr a z a r a el p u ­
ntal do F ran cisco P iz a rro en el in s ta n te m em o­
rable de ju g a rse su d e stin o . Cómo no re c o r­
dar por siem p re — y so b re to d o si la liemos
bido al sa lir d e la in fa n c ia , con m a ra v illa d a
avidez— la n a rra c ió n de P ro sc o tt. y aq u ella
*u exclam ación: “l Qué se p o d rá e n c o n tra r en
,a* leyendas de la c a b a lle ría que s o b re p u je a
esto?” Más que el A m adís p a ra rur tiem pos, el
espectáculo de la c iv iliz a ció n in c a ic a y su c aíd a
frecen al sureño ese p e rm a n e n te aso m b ro que
ermina el pa.RO d e la h is to ria a la m itolo•. del hecho a la o b ra e s té tic a in d eleb le.
José A lfredo H e rn á n d e z es a te n to le c to r
de cronistas, v a n d a d o r d e ru in a s y a ltip la n o s.
s u breve m iscelán ea nos a ce rc a al tra to y la
‘‘«ntemploción de los In c a s, “ con su c o ro n a
*n 1» cabeza y a l cuello u n c o lla r de e sm e ra l­
da* grandes” como loa vió E ste te . la o rg a n i­
zación y el ritm o — a la vez g ra v e y liv ian o —
de la vida p e ru a n a. Se in te re s a luego p o r la
deinonología. y en el cap ítu lo m ás in te re s a n te
ds la obra catalo g a a m u ltitu d de lim eñ as e l
Partas en ensalm os, filtro s y falsos é x ta s is : su
retrato de A ngela C arra n za y la o la de lo cu ra
^ fe rn a l que d e s a ta ra aq u ella m o n ja a g u stin a
dada al diablo, ilu m in a asp ecto s re v e la d o re s
(por eso ta n bien o cu lto s) del tiem po colonial.
Por los valles, el alto espejo del T itic a c a y
*•* ferias indias, v a H e rn á n d ez eco tu n d o el de*slle sutil, el ritm o de los poema.- p o p u lares.

L u is

F&amp; rré.

Libros
PAIIA

PROFESORES

ESTLI DI A N TES
A

R

T

I

S

T

A

S

PROFESIONALES
i* lr . i* U \

Vol.
.,

I: INTRODUCCION A L A HISTORIA DE LAS
ARTES PLASTICAS ............................................. S 2 4 .—
II: LA PIN TU R A ........................................................ . 24 —
ITT: LA ARQUITECTURA Y LA ESCULTURA . „ 26 —

l)e próxima aparición:
Yol. IV : LAS ARTES DERIVADAS.

HISTORIA DEL ARTE
por Elie Faure

E s ta h is to ria in te re s a no só lo al a rtis ta ,
al c rític o y a l a fic io n a d o , sin o tu m b ié n al
sabio, al h o m b re d e le tra s y a l le c to r com ún,
p ues e n c ie r ra la m ás ric a , s u g e r e n te y f e ­
c u n d a h is to ria , no y a del a rte , sin o del
h o m b re m ism o.

I. EL ARTE ANTIGUO ................................................... S
Vol.
II.
EL ARTE M EDIEVAL .............................................. „
V
„
yy III. EL RENACIMIENTO .............................................
yy IV. EL ARTE MODERNO ...........................................................
V. EL ESPIRITU DE LAS F O R M A S .................................
yy

30 —
3 6 .—
3 3 .—
38 —
38 —

Antonio Palomino

R enéX . Prinet

MUSEO PICTORICO O ESCALA
OPTICA (2 vols.) ......... S 50 —

INICIACION A LA PIN TU R A
S 7—

Henry Arnold

Gustavo Cochet
EL GRABADO (H istoria y Técnica)
2» edición .......................... S 13.—

Goethe
TEORIA DE LOS COLORES S 15 —

Julio E. Payró
PINTURA MODERNA
(2» e d ic ió n ).......................

INICIACION A LA ESCULTURA
E $ 7—

Robert Bonfils
INICIACION AL GRABADO
S

7—

Paul Baudouin
5 10.—

INICIACION A LA P IN T U R A AL
FRESCO
$ 7—

Pida estos libros a las buenas librerías
o contrarrccmbolso a la

EDITORIAL P0SEID0N
PERU

9 73

BUENOS AIRES

�’

c a b a lg a ta

16
{V iene de to página 1S)
y proseguir allí su trabajo. Recuerda que
una vez, olla lo dijo: “ Un buen día vol­
veremos a encontrarnos en G énova'’, y él
la con'tosté: “ Usted, sí, pero no es muy
fácil que yo vuolva a verme en Génova. ’ ’
Mo llevo sus papeles: hacemos con ellos
dos grandes paquetes, que sus mismos ami
gos me llevaran al Continental. T nos
separamos. Entre los papeles que acom
pañan a dos de nuestras cartas encuentro
otras dos fotografías suyas, con los bi­
gotes que nosotros no lo conocíamos. (H a ­
bía tres, pero Mariotta me ha pedido una
y yo no he podido negársela.) Parece una
persona distinta, envejecido, con una gra­
vedad nueva, cargado de nuevas preocupa­
ciones y responsabilidades. Encuentro no­
tas cortas, pero de valor. Pasamos la ve­
lada con Cario y Anna Maria, leyéndolas
y comentándolas.
76' de marzo.
El auto me espera a las ocho, frente
a la casa de los Argan. Me entristece el
separarme de esta casa fraternal. Ahora,
por primera voz, mo parece que mo separo
verdaderamente de él. Cario baja conmigo y mo acompaña. Desayunamos en
Oa8tiglione del Lago; no puedo soportar
el desgarramiento quo me produce el pen­
sar en él, en Enrica, en nuestro Galeazzo
Vlessi. Llegamos a Florencia a eso de las
cinco de la tarde.
En la ostación de Rifredi, do donde sa­
len1 los trenes, deshago los paquetes, y
arreglo las cosas en dos sacos montañeros,
el mío y el sayo, de cuando era soldado,
y que me han entregado con su ropa in ­
terior.
Hemos viajado toda la noche. A las cua­
tro de la tarde, con mis dos sacos a la es­
palda, llamo a la puerta de la casa de mi
hermana, en Lavagna, donde me espera
Knrica.
r i»
e

las últimas exposiciones de

Rossi en Buenos Aires me queda
D
un recuerdo de diversas telas con
parques porteños, quintas, mejor, de
tupido boscaje y ventanas con corti­
nas voladas por el viento; de tal
cual paisaje urbano y bonaerense;
de playas de este lado de acá del
Atlántico. Recuerdo, en suma, que
si de alguna manera puedo calificar
sería diciendo que toda esa pintura
estaba como teñida de cierto roman­
ticismo que por entonces caracteriza­
ba lo más general y acusado en la
pintura de Rossi. No ignoro que ha­
bía ya en ella otros matices y aun
que tales matices podrían llevar a
contradecir en parte lo anotado. Pe­
ro globalmente, por el tema y, más
aún, por cierta como nostalgia en la
manera de realizar sus temas, por
cierto como viso o deje de abandono
que latía en aquella pintura, si de al­
guna manera, repito, pudiera carac­
terizarse, sería, creo, encuadrándola
dentro de un cierto romanticismo
que vive y palpita en nuestros días.
Hoy, Rossi, vuelto a Buenos Ai­
res tras una estancia de casi dos
años en su país, siendo el mismo
pintor que salió de aquí y a juzgar
por lo poco que aun conocemos de
su nueva labor, ha recorrido etapa
grande en su pintura.
Fijémonos primero en Las Grana­
das. En este tema de naturaleza
muerta, que ya había tocado Rossi
antes con bastante fortuna —re­
cuerdo particularmente unas man­
zanas sobre un paño, pintadas aca­
so el año 45—, el elemento que sirve
de mejor puente entre el Rossi de
hace tres años y el de ahora, acaso
sea ese otro paño sobre el cual apare­
cen las granadas y la jarra; pero en
todo el lienzo se manifiesta como un
deseo de mayor severidad el cual
se expresa no sólo en su mayor con­
creción formal, sino en una como
sobriedad ceñida del dibujo y en esa
especie de concentración de sus di­
versos elementos y calidades pictó­
ricas. Si en los jardines que Rossi
pintaba anteriormente quedaba al­
gún elemento impresionista, sus
pinceles ahora buscan no sólo la luz
de los objetos, no sólo su color, sino
su plástico volumen, su maciza si­
tuación en el espacio bien delimita­
do que cada objeto ocupa.
Esa tendencia hacia una mayor
recuperación de su geometría parti­
cular, aparece ya manifiesta y ex­
plícita en otra tela del año 47, por­
que aquí la lección geométrica que
el pintor se da a sí mismo, apareee
hasta en su temática formal. Do­
decaedro amarillo se titu la este
lienzo y tanto por el título, por los
elementos que contiene, como por
las principales líneas de su compo­
sición —líneas que casi son una geo­
métrica triangulación del espacio
que el pintor ha llenado con su pin­
tura—, sirven de expresión a esa
geometría aludida. A primera vista
más de apariencia que otra cosa, ya

A t t il io R o s s i .

R

O

S

Mujeres en la playa.

S

I

DE NUEVO EN BUENOS AIRES
Por ARTURO SERRANO PLAJA
pareciera, efectivam ente, que el
pintor corre con frenesí en busca de
una disciplina y de un rigor que
castiguen y contengan todo impulso
y todo vuelo. Pero a primera vista
nada más. Porque el encanto poéti­
co que este cuadro respira no podía
caber en el único espacio delimitado
y hasta recortado por las rígidas
formas geométricas. Un solo ele­
mento de otra naturaleza hay junto
a esa pirámide, junto a ese dodecae­
dro, junto a esos como bastones, ce­
tros o cilindros que se sitúan ante
un rectángulo oscuro, pero ese ele­
mento, esa palmatoria con el cabo
de vela a punto de agotarse, viene
a subrayar muy particularmente la

R E G IS T R O T&gt;E
IN T E L E C T U A L

I M P R E N T A
P « rú 565

•

PROPIEDAD
N*

25 4 4 2 6

CH IL E
B a n o i A lrti

intención pictórica que a primera
vista, decíamos, sorprende en este
lienzo. Parece como si el espacio,
tan austeramente definido, quedase
descarnado y como irreal sin ese
otro elemento que subraya en el
lienzo su relación con el espectador:
el tiempo al que ese cabo de vela, a
punto de consumirse, alude miste­
riosa y poéticamente dando al con­
junto su jugosidad de instante de­
terminado y concreto: aquél, preci­
samente, en que el artista ha sentido
la eternidad de un momento, de uno
cualquiera de los tantos que trans­
curren incesantemente y a los que el
hombre trata siempre de eternizar.
Por la fecha que lleva este lienzo, el

año 47, me hace recordar, (por más
que en su manera o peculiar estilo
poca o ninguna relación tengan con
la pintura que ahora comento) cier­
tos cuadros de Picasso en los que
también hay palmatorias y cabos de
vela; pero en los que recuerdo no es­
tán junto a formas geométricas es­
pecíficas, sino —en uno muy pecu­
liar, sobre todo— junto a un espejo.
Acaso por encima de la mera coin­
cidencia de forma haya algo más y
más importante como podría ser la
búsqueda, en la actual expresión es­
tética, de una mayor manifestación
temporal en la pintura. Que la pa­
radoja que eso encierra acaso sea

A t t il io R o s si . Dodecaedro amarillo.
FRANQUEO

FAOA

C o n c e s iv a N i 3 2 0 5

U F A

REDUCIDA

o n ocslón N i 3799

que verdadera intemporalidad d
las artes plásticas acaso sólo la h
habido en la pintura que, por m-J
chas y muy hondas razones, ha cr
batido estos últimos años en un
y cerrado frente de abstracción m.
o menos absoluta.
Abandonando las reflexiones a qe
«se tema pudiera llevar, con el liei
zo de Rossi que lleva el título (
Mujeres en la playa, vemos qel pintor, si ha sentido la angust
de la forma y la del tiempo en i
momento dado de su pintura, de el
ha salido, quizá empalmando con
pintor anterior, el de su época i
Buenas Aires, pero robustecido
afirmado en todas sus calidades. Ii
vitado a la xxiv expasición que r
brica el prestigioso título de B
nale d i 1 enezia, Rossi con cu n
a ella con esta obra entre ot:-a
Hecho, en sí mismo — me refiere ;
de figurar en tal exposición— q ,
ja constituye todo un comentar
halagüeño para un pintor, pero &lt;p
me complazco en subrayar aquí ■
notar el reposado vigor, la invisib
energía que sin manifestarse de u
modo espectacular, palpita en cs&lt;
lienzo sosegado y pleno.
La composición de las figuras qu
integran este cuadro, el ritmo de s
movimiento flúido y suave —nóte?
sobre todo la figura en pie con 1
sábana al hombro— la delicaoa m
ñera de aludir, sin describir iem
siado; sugiriendo, sobre todo, fo&gt;
mas, volúmenes y luces, que hace
de los escorzos de mujer aquí trati
dos una de las obras más acabad?
de Rossi y en la cual aparece ?a .
plena posesión de sus mejores* dote
Como se ve, en ninguno de 1c
tres cuadros de Rossi que se come*
tan queda ya vestigio de abstracció
propiamente tal. Por el contrario, i
estos tres lienzos son representat
vos del pintor —falta por ver un
exposición general de la obra qu
Rossi haya realizado en estos año
pasados en Italia, bajo la influei
cia de Cario Carrá— más parece
acusar una tendencia hacia una coi
ereción plástica. Concreción, por 1
demás, que ni ignora ni desdeña ’
aportación que ha significado pai
la pintura todo el continuado an
liSis de abstracción de estos últime
años en su persecución de forma
más o menos puras; en busca df
color o de la composición en sí mií
ma. Claro está que al decir “ análi
sis” ni pretendo ni creo que ñadí
pensará que quiero inducir a alg
así como reducir a una experienci
de laboratorio todo lo hechu po
Juan Gris, Braque o Picasso, po
ejemplo. Pero dejando de ado t
valor profundo que esos tres non
bres —por no citar otros— ene;
rran, también creo evidente que
su pintura, y esto lejos de ser u
defecto es también una virtud ha
mucho de experiencia, de exponer
cia grande, la propia y cabal del ai
tista grande, que no por ser exp.
rienda y análisis desvirtúa su últ
mo contenido. Hecha esa aclarado!
repito que Rossi ha sabido muy bie
sacar ya ciertas consecuencias de t;
análisis. En primer lugar porque i
mismo no ha sido ajeno a ella; en s&lt;
gundo, porque la mejor maneja d
recoger experiencia de los dei ás e
conquistarla, merecerla, y e.i etDodecaedro amarillo hay, aunqi
ya en concreto, hay, repito, mi
cho de lo bueno que el cubismo suj
ver y hasta inventar. Pero aquí i
diferencia es que ya no está, ni aca
so fuera necesario, aparente, con ui
sentido escolar y de disciplina ;
dogma, sino realizado el cuadro cc
mo “ a partir de” . . .
Para terminar estas líneas q
más que un comentario crítico so
un saludo amistoso, un gest' de r&lt;
encuentro con el artista que firm
esos cuadros, creo que cuanto aqv
se apunta necesita y espera una c
rroboración en la misma piráura (
Rossi, pero vista más en g-siide
más directa; es decir, media. “
exposición en la que el público
Buenas Aires pueda apreciar e
conjunto cuanto hay de cambio
superación en Rossi. Las anterior
líneas podrán entonces tener la cor’'
firmación de lo que se ha apuntad
hasta aquí como característica má
acusada a través de sólo tres obra
Esperamos que dicha exposición n
se haga esperar demasiado.

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="20">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1539">
                  <text>Cabalgata</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1540">
                  <text>1946 - 1948</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1541">
                  <text>Derecho público</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="44">
              <name>Language</name>
              <description>A language of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1542">
                  <text>Español</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2138">
                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1931">
                <text>Cabalgata</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1932">
                <text>Año 3, no. 17</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1933">
                <text>Buenos Aires, marzo 1948</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1934">
                <text>Derecho público</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1935">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2090">
                <text>Torre, Guillermo de&#13;
Cassou, Jean&#13;
Curt Lange, Francisco&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Platschek, Hans&#13;
Moulin, Charles&#13;
Troiani, Osiris&#13;
Nelken, Margarita&#13;
Latorre, Mariano&#13;
Devoto, Daniel&#13;
Pronsato, Domingo&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Gómez de la Serna, Ramón&#13;
González Carbalho&#13;
Mariani, Andrea&#13;
Bloc, André&#13;
Pecker, Alexandra&#13;
Siegfred, André&#13;
Fernández, Macedonio&#13;
Horovitz, S.&#13;
Serrano Plaja, Arturo</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="231" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="555">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/243eef86173a6e7abc2a9c143d3914dd.jpg</src>
        <authentication>4ddac980847c206ce3b8bd6624d0aed1</authentication>
      </file>
      <file fileId="556">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/137003b7b7e823d8ea8efdcd1d12df3c.pdf</src>
        <authentication>7dba99983a3eda104d9fc51b6ffb4a19</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="1937">
                    <text>REVISTA

M E N SU A L

REDACCION

Y

UE

LETRAS

Y

APARECE

ARTES

ADMINISTRACION:

Año III
Abril

Perú 973 - Rueños Aires - Teléf. 34-2384

18

19 4 8
2° Epoca

LA P E S C A
MILAGROSA

EL

DI A

PRI MERO

BE

MES

Precio del número: $ Ü.60 moneda argentina
S u s c r i p c i ó n a n u a l : $ 6.50 m on ./arg.

EL ESPIRITU
L A T I N O

Por PABLO ROJAS PAZ

Por ANDRÉ SIEGFRIED

l poema gauchesco Martín Fierro, al ser una

rancia se dice latina y goza en el mundo de
conversación de punta a cabo, se alza en paya­
las simpatías de la latinidad, ¡p ero qué hay
da sostenida en el momento de opinar. Y por ma­
que entender — exactamente— por este término?
yor gala, o por intencionada actitud del poeta, es
Si ajustamos la pregunta a cierta precisión, nos
adrede el más humilde de los hombres — un ne­
percatamos fácilmente que no se trata de una
gro— el que habrá de hacer de Edipo ante las
raza, sino de una comunidad de lenguas y de
preguntas de la Esfinge, el que habrá de en­
civilización.
frentarse a los enigmas que se le van planteando.
Se ve al mismo tiempo que el Mediterráneo,
Y en las preguntas y respuestas hay una aérea
cuna de esta civilización, puso en ella una marea
ductilidad. Las palabras dicen lo que deben de­
indeleble: la de Roma, en el doble sentido romano
cir y se van. E l acento lírico adquiere acá su
y católico, la de Grecia, por mediación romana,
máxima intensidad. La voz humana, hecha con­
la de Oriente y la de los Arabes por innumerable
certada reflexión, decorada por el cauteloso ras­
infiltración visible u. oculta. Cuando la latinidad
gueo de la guitarra, dice la experiencia del mun­
se
extendió a. Centro Am érica y a la Am érica
Dibujo inédito, con lápices de colores, de F ederico G arcía L orca.
do. E l verso desatado es andante deeoroso al
del Sur, estas influencias atravesaron el A tlá n ­
tico c o n e lla .
'
:r~
expresar los grandes temas. Y así surge el mila­
gro total de lo que está grabado para siempre
Entre los factores quer contribuyeron a formar
—no en el bronce ni en el mármol— sino en la
la psicología de los. latinos, creo que es. preciso
situar, en primer término, el clima del M edite­
nada que es lo único eterno, porque es, en de­
rráneo, desértied por su luz, continental por sus
finitiva, lo único existente, de esa nada de donde
ofensivas de frío, catastrófico po.r sus lluvias,
vienen y hacia donde regresan todas las .cosas.
sus crecientes, b u s inundaciones. E l vien to'; ‘ m a­
El pensamiento, nada más que el pensamiento,
sólo el pensamiento; porque.es lo único que se
rino “ .deprime; el mistral excita. B a jo semejantes
.citaos,, -las horizontes son nítidos, los caracteres
salva d é la destrucción "total. Mientras quéde el
pensamiento estaremos siempre a punto de re­
vivos,7pero lá a. tm d a d corre "riesgo cté ser errátil.
PRESENTADOS POR GUILLERMO DE TORRE
crear la cosa de ése pensamiento.
La propia naturaleza, con pequeñas
Desde el momento que sabemos que
llanuras aisladas, con costas articu­
E v o c a n d o mis indelebles recuerdos de jubilosos, ingrávidos días vividos en camaradería con Federico
ignoramos ya nos echamos a andar
ladas — contraste constante del mar
García Lorca, cierta vez advertí cómo la dirección postal que el poeta, cuando se ausentaba de M a ­
por el camino de la sabiduría. E l
y de la montaña— se presta a una
drid a Granada, solía darnos a los amigos era casi inútil, pues “ rara vez respondía a las cartas” . En
ignorante perfecto es aquel que igno­
geografía de piratas necesitando p a­
mi memoria habían quedado perdidamente traspapeladas varias cartas que Federico me dirigió, hasta
ra que ignora; ‘ ‘ desde que aprendí a
ra la defensa el establecimiento de
el punto de que proyectando en cierta ocasión recopilar su escaso e “ improbable” epistolario tracé
ignorar de ningún saber me asom­
pequeñas ciudades fo rtifica d a s; es­
una lista de antiguos amigos comunes de quienes recabar lo que conservaran, pero *olvidé incluirme a
bro” dice el gaucho. Goethe hubiera
ta articulación, generadora de com­
mí mismo.
querido para sí este pensamiento de
partimentos y de individualidad,
Calcúlese, p or con sigu ien te, la
textura clásica, de tectónica greco­
contradice la masa y la standardiza­
enorme y fulgurante sorpresa que
rromana. Tengo para mí más alto que
ción de las civilizaciones de grandes
experimenté hace un año al recibir
también hay una perpetua resurrec­
todo dentro del poema esa definición
espacios; el latino inicial es un hor­
en Buenos Aires gran parte de mi
ción basada en una asombrosa apti­
de tiempo que con frecuencia me
ticultor más que un campesino, un
biblioteca y archivos, que hasta en­
tud prolífiea. Y as igual en las
gusta comentar: ‘ ‘ E l tiempo es sólo
artesano más que un ob rero ; la ciu­
tonces me fué imposible rescatar de
ideas. Y más aún; de esos senos
tardanza de lo que está por venir.”
dad, bajo su form a estrecha, p ro­
Madrid, y encontrarme, entre nu­
sombríos de las profundas abisales
Esta definición soporta la compa­
picia al clan, es su marco natural.
merosas carpetas de corresponden­
surge una vida maravillosa con cu­
ración con otras de muy alto origen.
Se trata, además, de un medio en
cia, diversas cartas ilustradas con
yas creaciones ha sido sobrepasada
Aristóteles nos dice que el tiempo
donde se holla los siglos, en donde
dibujos y tarjetas postales de F e ­
es la imagen móvil de la eternidad,
toda fantasía. Y todavía la super­
( Continúa en la pág. 9 .)
derico García Lorca.
ficie del mar con sus refulgentes
en tanto que Einstein establece que
Los hechos desmentían así una
noctilucas, sus aguavivas y ese chis­
el tiempo es función de movimiento.
viciosa propensión que todos padece­
porroteo de luz y fuego en el atar­
Y después el origen del amor y el
mos a desfigurar o hiperbolizar per­
canto de la noche, el concepto de
decer. S í ; no hay nada más parecido
sonas y sucesos, viéndolas más que
la medida, todo lo demás de este
a la inteligencia y a la imaginación
como fueron en realidad, como la
interrogatorio en el cual Picardía
que el mar. E l espíritu tiene un
rápida leyenda quiere que hayan
ejerce de San Sebastián de las pre­
origen marino. E n el antro de las
sido.
Tanto se habló, tanto se escri­
guntas.
aguas y en el seno de los pensa­
bió
y
exageró sobre las cualidades
Advirtamos, pues, que la payada
mientos es donde más mortandad
de graciosa informalidad, infantil
es una pesca milagrosa, una embos­
hay. Las ideas salen vivas y res­
negligencia y burlón antiprotocolacada sutil, como toda aventura de
plandecientes de la mano de la pa­
Por JUAN CARLOS P A Z
risrao de García Lorca en su vida
la palabra en la cual se corre el
labra al igual que un pez en un
privada que en un momento dado
asta fines del período com pren­
riesgo de volver sin nada. Porque
anzuelo. Pero, hay otras especies que
— influido subconscientemente yo
dido entre las dos guerras m u n ­
debemos llegar a la palabra sólo
viven en el fondo sin que el hombre
mismo por esa corriente ‘ ‘ popu­
diales, no existía una escuela tan.
cuando no nos queda más remedio.
haya podido capturarlas jamás.
la r ” — me dejé vencer por ella, ol­
representativa, com pacta como a g r u ­
Porque expresarse es perecer; es en­
E n esta payada filosófica con que
vidando que el inolvidable escritor
pación, segura en la constitución de
tregar algo de nuestro mundo inte­
epiloga el poema gauchesco hay un
también “ condescendía” al deber
un ideal básico y poseedora de un
rior, darle forma. Y al darle forma,
chisporroteo de ideas e imágenes co­
urbano de escribir y contestar cartas.
buen número de reales valores, co­
ya le conferimos su riesgo hacia la
mo cuando salta resplandeciente un
La docena de ellas que he reen­
mo la moderna escuela de com posi­
muerte. Las ideas mueren en cuanto
contrado — que he vuelto a recibir,
cardumen de peces voladores sobre
tores de Checoeslovaquia. Si los
ven la luz como los peces en el aire.
mejor dicho, pues tan nuevas me
la piel del mar. Ningún gran relato
ideales de la m úsica checa han de­
Porque el mundo del pensar y. del
parecieron— tienen, no obstante, ca­
ha sido diehd a viva voz; sabían es­
morado en realizarse, si a través de
imaginar es igual al universo mari­
racterísticas algo singulares. A n te
to los griegos tanto como los he­
varios siglos la m úsica de ese país,
no con su fauna y su flora. Hay
todo, por regla general, no están
breos,
directas
hijos
espirituales
de
artísticam ente privilegiado, ha a van ­
especies que viven en los profundos
fechadas, y, en el m ejor de los casos,
zado lentam ente en la conquista de
los egipcios. Siempre un raconto ha
antros y que el hombre jamás ve.
sólo indican el año. Pero esta ausen­
su propia expresión, no es m enos
necesitado de una urdimbre meló­
Hay peces voladores que brincan en
cia de calendarios y relojes en la
cierto que los esfuerzos constantes
dica
en
que
encaramarse
y
difundir­
resplandecientes cardúmenes sobre
vida de nuestro poeta es consabida
de sus compositores en la aspiración
se
al
igual
que
amorosa
enredadera.
el agua; otros son de apariencia te­
y aun común al gremio. Después
de una realidad nacional, se han
Todo lo grande debe ser dicho a son
rrible y parecen engendrados -por
mezclan lo puramente amistoso y los
visto
logrados, en el período a que
de música. Los hebreos relataron,
una pesadilla; hay peces ciegos, lu­
proyectos literarios, en que entonces
nos hemos referid o, con la presen­
arpa
en
mano,
la
creación
del
mun­
minosos, de todos los colores. Y así
nos hallábamos embarcados, sin n in ­
cia de una auténtica escuela n acio­
do y el paso del Mar Pojo. Los
también las ideas en el seno pro­
guna transición. Y por último — de­
nal, desligada de in flu en cias ca p i­
griegos relataron las proezas homé­
fundo del pensar, las imágenes en
talle no adjetivo, sino capital ar­
tales extraterritoriales y m ostrando
ricas al compás de la lira y Débora
los valles abisales de la imagina­
tísticamente—
ostentan deliciosos
un compacto gru p o de com positores
profetizaba
al
rítmico
acento
de
la
ción. Los peces están continuamente
dibujos con lapices de colores, a mo­
de prim er orden, en p arte a g ru p a ­
cítara. Todo lo grande debe ser dicho
atacándose, devorándose, aniquilán­
do de cabeceras y colofones. Sabido
E. D ía z T e p e s . Forma de mujer.
dos en torno a la m áxim a person a­
acompañado de una música de fondo
dose entre ellos. Ilay un perecimien­
lidad de A lo is H á b a.
(V
er
artículo
de
J.
Torres
García
(Continúa en la pág. 9.)
to perpetuo en el mundo de las ideas
( Continúa tn la pág. 7 .)
eu
las
páginas
centrales.)
(Continúa
en
la
pág.
1S.)
y en el seno de los mares. Pero.

E

F

c art as

INEDITOS,

y Dibujos

POEMAS REENCONTRADOS DE

FEDERICO (¡AOCIA 10RCA

MUS HABA.

COMPOSITOR

H

�cabalgata

2

11
l i A I j.

ij
\
j

i i
J
A ü
\\¡

) n vi
Uh

HAY SANGRE EN LAS ESTRELLAS

SIA

¡Oh estrellas! ¡O jos de órdenes!
¡Bocas de la Voluntad del M ar!
Vosotras conocéis los itinerarios de la sangre
y los mapas que cumplen nuestros pies.
En vuestros libros estamos
escritos como en los miembros de una Ley.
Alrededor del cuello van vuestros hilos.
En las sonrisas, vuestro llanto.
Como un pájaro privado de libertad
la espuma del azar que se desvía,
estuvo antes en vuestra fiesta original.
Vosotros conocéis nuestros nombres.
Pero ellos son impronunciables.
Vosotras conocéis los caminos.
Pero no pueden ser apresados.
Madres de nuestra obediencia,
enteradas del paso antes que nuestros pies,
dibujos de nuestros sufrimientos,
música de nuestro silencio,
urnas de las fechas que esperan caer en el Tiempo,
también vosotras sois esclavas en secreto
de nuestras venas húmedas,
de las calientes lianas animales de nuestro corazón.
De nuestras frentes parten ejércitos de orden
y miradas de alambre eléctrico.
En los oídos vibran atentamente vuestros pasos
y nuestras vidas saben ciegamente quiénes sois
porque en la sangre caen uno a uno,
— ruido a surco,— los ecos de vuestro misterio.
Nuestros labios tienen noticias
de la hierba que crece en vuestras piedras.
Nuestros ojos, pastores de luz,
sufren primero vuestras órbitas
y la virginidad de cada lugar que pisáis,
porque nuestros ojos están acostados en el mundo
y abrazan, como un amigo, a los errantes pedazos.

ORFILA BARDESIO

CANCION PARA PEDIR TUS QUINCE AÑOS
¡Qué hermosa edad la tuya cuando hilabas
quince años de carne transparente!
¡Qué alegre edad la tuya cuando el aire
iba quedando virgen en tu frente!
Cuando mis lentos ojos discurrían
en busca de tu ausencia o tu figura.
Cuando solías invadir la noche
para velar celeste agricultura.
Eras el linde de los sueños y eras
el corazón del tiempo que latia.
Y o te llamaba Niña desde el verso
y estabas en tu nombre todavía.
¡Qué clara edad la tuya cuando no eras
más que una nube firm e y jubilosa!
¡Qué terca sencillez la que cumplía
tu visita rural de mariposa!
H oy lo recuerdo así: hubo una niña
en un país lejano y sin em p eñ os...
En un país donde la luna abierta
guarecía el despojo de los sueños.
Después tuve veinte años, tres ciudades,
un ñandubay en flores, una brizna,
y una pena que anduvo por mis ojos
llenándolos de tizne y de llovizna.
H oy pido la ternura recordada,
tu mano fiel, tan cálida y abierta.
Pido esa edad y pido que transites
mi comarca de pena descubierta.

FERMIN CHAVES
E N

C O M U N

j a quién responder?
i a qué lienzo entre las gentes amigas encomendar tu tierra?
mirad sus ojos la batalla empezada
los labios la línea recta de la siesta
los colores abiertos y el espacio
apenas teníamos la lentitud interna de los frutos
para ascender la niñez la memoria
el dejo del vidrio y la madera extrema del rechazo
pero yo conocía su vigilia
de un párpado a otro párpado
en las manos juntas
nuestra amistad fortalecida
en el viento contrario
fortalecida entre otros amigos
nombrada enunciada
en el desprecio en la raiz de los otros
nuestra amistad como una línea lejana
como el bosque de ojos desconocidos
que asalta a diario el nudo de nuestros ecos
nuestra amistad renacida
nuestra amistad suave
como las ojeras de las viñas
ardiente colérica vuelta a encontrar
en el rumor de tu mano
nuestra amistad larga penetrable esparcida
iluminando la falda despierta
la marcha de los insectos y la semilla aguda
nuestra amistad de tarde
envuelta henchida
compuesta de rostros seguros
0 de noche
cristalina profunda buena levantada
nuestra amistad es diferente
como la rama y la cólera
como el orgullo desaprensivo
1qué no enseñarás tú mi amiga?
i en qué hojas no convertirás nuestros pájaros vecinos?
tu tiempo hará más rápido nuestro juego
con razón sin m otivo

EDGAR BAYLEY

C E acentúa y se extiende la interven^ ción de los escritores franceses en la
política activa, al mismo tiempo que se
observa una crisis bastante seria en lo que
se refiere a la producción literaria. Los
editores se lamentan amargamente de que
se les ofrece muy pocos manuscritos de in­
terés; pero los partidos politicos se enri­
quecen con la aportación dinámica de los
escritores. Actualmente los más activos
en el campo político son André Malraux
y Jean-Paul Sartre, aunque cada uno des­
de sitios diferentes de la barricada.
En la Sala Pleyel ha pronunciado una
conferencia Malraux, conferencia dedica­
da esencialmente a los intelectuales, para
tratar de los problemas de la Cultura. Con
pasión1 enardecida, el autor de la Condi­
ción Humana no ha hecho más que repetir
sus más recientes ideas, basadas esencial­
mente en creer que la libertad de pensa­
miento está en peligro, que “ la civiliza­
ción atlántica está amenazada por la tira­
nía asiática’ ’ . En realidad, fué un llama­
miento a los intelectuales para combatir el
comunismo, en nombre de “ los más altos
valores de la cultura” . El combatiente de
China, de España y del “ maquis” fran­
cés ha evolucionado mucho. Ha cambiado
radicalmente de clientela y se convierte en
el exponente teórico de los medios más
tradicionalistas y conservadores de la po­
lítica y de la sociedad francesa. Sus crí­
ticos señalan en Malraux un agotamiento
completo como escritor, a pesar de qne
acaba de aparecer El Museo imaginario,
el primero de los tres volúmenes de su
“ Psicología del arte ” .
En una reciente reunión del “ A golpa­
miento democrático y revolucionario” ,
Jean-Paul Sartre ha sido el encargado de
hacer una exposición sobre política inter­
nacional. Su idea central es la que viene
propagando desde hace meses: no se debe
hacer creer que la guerra es ya tur hecho
inevitable, porque de esta forma se labora
efectivamente a favor de ella. Sartre bus­
ca, desde hace tiempo, una salida a la ac­
tual situación del mundo y de cada país.
La nueva agrupación, que se ampara en
su prestigio, está integrada por escritores
y personalidades socialistas de izquierda,
que tratan de crear un tercer frente, in­
tegrado por la3 fuerzas socialistas inde­
pendientes.
♦ “ El 13 de febrero de 1948, en diez mi­
nutos y sin debate, la Asamblea Nacional
francesa ha despojado al pueblo soberano
del derecho de propiedad literaria que po­
see sobre todas las obras del dominio pú­
blico. Más aún, le hará pagar mañana lo
que poseía ayer, y le hará pagar en bene­
ficio de una corporación que, aunque re­
conocida de utilidad pública, representa
también intereses particulares” .
De esta manera se ha expresado Etienne
Gilson, de la Academia francesa, en un
artículo publicado en “ Le Monde” , y que
ha producido sensación, porque, efectiva­
mente, casi nadie se había dado cuenta
que la ley estableciendo el pago para las
obras de dominio público había sido apro­
bada por la Asamblea Nacional.
La importancia de esta ley es extraor­
dinaria y ello explica los abundantes co­
mentarios y polémicas a .que da lugar to­
davía. Hasta ahora, según la antigua ley,
sesenta y cuatro años después de la muer­
te de los escritores, sus obras “ caían en
el dominio público” y los editores no te­
nían que retribuir a sus herederos ni pa­
gar derechos; los editores podían reimpri­
mir y vulgarizar democráticamente las
obras maestras. En virtud de la reciente
ley, los editores deben pagar por las obras
del dominio público un derecho del 6 % ,
que será percibido por la Caja Nacional
de Letras y por la Sociedad de Gentes de
Letras, con destino a socorrer a los escri­
tores necesitados. Del mismo Gilson es el
siguiente argumento contra la ley: “ Es
extremadamente ingeniosa. La Caja Na­
cional de Letras debiera ser alimentada
por las cotizaciones de los escritores vivos.
Pero es más fácil hacer cotizar a los muer­
tos. Ciertamente, si se inscribe a Moisés,
al rey David v a Mahoma en la Sociedad
de Gentes de Letras sus derechos de autor
serán enriadas seguras. Shakespeare será
un asociado, y cuando se sabe que todo
ejemplar del Danto importado en Francia
pagará en lo sucesivo el 6 % a dicha so­
ciedad, se concibe que nuestras gentes de
letras deseen asociarse” .
Dicha ley establece un mal precedente.
En virtud de ella, todos los libros extran1jeros importados en Francia, deberán pa­
gar un 6 % también para la caja de los
escritores franceses. Con el mismo dere­
cho y para idéntico fin, los escritores ar­
gentinos pueden obtener de su Gobierno
una ley que, con destino a su caja de aho­
rros, haga payar a todas las obras fran­
cesas importadas en Argentina un 6 % .
Son tantas las protestas suscitadas, que
es de esperar aue dicha ley se modifique
en su aspecto primitivo.
♦ Poco tiempo ha pasado desde su última
sensacional aparición en la radio y la
mue"to de An+onin Artaud. a la edad de
cincuenta v dos años, la edad media de
los surrealistas. Su nombre está fuerte­
mente vinculado a toda la historia del
surrealismo.
Su vida fué un drama, y casi podría decirso que un martirio. Tuvo que sufrir
largos internamientos en asilos de aliena­
dos. internamientos contra los cuales no
dejó nunca de protestar. Combatió sin
descanso a los psiquiatras que querían
convencerle de su locura. A este respecto,
la “ Carta a los médicos-jefes de los asi­
los do locos” , aparecida en la “ Révolution surréaliste” , y que firmó con sus ca­
maradas, tiene algo de profecía.
Antonin Artaud so esforzó por renovar
el teatro por la visión surrealista. Su obra
Le Théatre et son double, es de una im­
portancia capital y está llamada a realiza-

C

A

R

T

A

DE

FRANCIA
Por

JUAN

SAAVEDRA

ciones futuras. Hace algunos meses ob­
tuvo el premio Sainte-Beuve por su obra
Van Gogh, le suicidé de la Societé.
♦ Los amigos más afines han celebrado
estos días los ochenta años de edad de
Alain, del que se puede decir que es el úl­
timo de los moralistas.
♦ La excelente revista “ Poésie 48 ” , de
la que ha sido fundador y animador Pierrp Seyhers, ha dejado de núMicarq». TTna
víctima más de la actual crisis editorial.
En su comunicado de desnedida Seo-hers
dice: “ Es absolutamente imposible hacer
aparecer en Francia una revista cuando
los castos de fabricación aumentan cons­
tantemente, y sería necesario aumentar en
cada número el precio de la revista” .
♦ Es sabido que los ocho miembros de la
Academia Goncourt han llevado ante los
Tribunales del Sena a los dos “ disiden­
tes” , René Benjamín y Sacha Guitry, que,
usurpando el título de la Academia, se
permitieron conceder “ un premio Gon­
court” .
Como estos dos últimos no se resignan
a su postergación de la Academia, su abo­
gado ha presentado una petición al tribu­
nal negando competencia a los actuales
académicos para proseguir la acción em­
prendida, por entender que la elección del
señor Billy carece de validez.
Seguramente, Sacha Guitry no pretendo
más que la Prensa no le olvide y se ocupe
de él.

trv, Léon Blum, Rodin, Sarah Bernhardt
Ciando Monet, Paul Valéry, André Gide’
la Otero, la Oleo Merode, Chcvalier en el
comienzo do su carrera, etc., etc.
♦ Este año, que es el dol centenario de
su nacimiento, so celebrará en Francia el
cuarenta aniversario do la muerte de Paul
Gauguin.
♦ “ La humanidad se encuentra hoy ante
un destino sin precedentes” , afirma Jules
Romains, el autor de Los hombres de bue­
na voluntad. No se puede permanecer cie­
go ante este destino. Es necesario,‘ a toda
costa, que la humanidad adquiera concien­
cia. La gravedad de la situación es tan
extraordinaria, en el sentido justo del tér­
mino, que el remedio no puede ser ordi­
nario. Las soluciones habituales, las .que
so han utilizado desde 1915 (Santa Alian­
za, S. D. N., O. N. U.) son insuficientes.
Es necesario una angustia creadora. Nin­
guno de los medios actuales es suficiente.
Una propaganda en la calma no conducirá
a nada. Es necesario crear una emoción
colectiva, como fué el caso de las Cru­
zadas.”
Otro escritor más que quiere lanzarse a
la acción política, aunque de una manera
imprecisa.
♦ “ Les Lettres Francaises” ha publicado
una página especial de su número del 8 de
marzo en “ Homenaje a Pablo Neruda” .
Se reproducen en ella poesías de Louis
Aragón, Paul Eluard, Gilbert Ancian y
Claude Sernet, escritas especialmente co­
mo testimonio de simpatía hacia el gran
poeta chileno.
♦ En la Galería Roux-Hentschel expone
actualmente algunas de sus composiciones
pictóricas el joven pintor chileno Grego­
rio de la Fuente.

C E N S U R A

♦ Durante este año se celebrarán en
Francia los actos conmemorativos del cen­
tenario de la muerte de Chateaubriand, el
autor de Bené y de Memorias de ultra­
tumba.

Sobre el actualísimo tema de la
censura, consideramos de interés
publicar algunos párrafos de una
carta que nos envía días pasados
un lector. ,

♦ TJn nuevo film francés se presenta en
los cines de París, “ La bataille de l ’eau
lourdo” , quo es un relato de la dramática
lucha durante la guerra por poseer este
secreto.
No puede decirse que dicho film sea
excelente. Si bien hay en él ejemplos de
buena técnica y momentos en que la emo­
ción se ha logrado intensamente, en gene­
ral m&gt; es lo que mejor ha producido la
pantalla francesa. Si el cinema francés
sigue tan mediocre, el público seguirá pre­
firiendo las películas americanas por mu­
cha propaganda política o no política quo
se realice contra ellas.

“Se habla erróneamente de la
censura, — dice— . Puesto que se
procede al secuestro de ediciones
de libros sobre los que previamen­
te no se ha publicado edicto pro­
hibiéndolas o sometiéndolas a lui­
d o , no puede hablarse de censu­
ra. Censurar es enjuiciar; una
obra sometida a censura puede
escapar a la prohibición. Secues­
trar es condenar; una obra secues­
trada es irremisiblemente perdi­
da.”

♦ La Compañía de arte dramático de
Jean Daveante representa actualmente Le
Materiel humain, de Paul Raynal. La pie­
za es, de hecho, una exaltación de la fr a ­
ternidad de los hombres en la guerra. El
pretexto de la obra es un hecho de la vida
corriente. Un acto de indisciplina, más
bien un acto de incorrección en primera
línea, condena a un hombre a la muerte.
A la luz de este incidente y de sus reper­
cusiones en los diferentes grados de la .je­
rarquía militar, Paul Raynal destaca una
moral del material humano.
La obra tiene una gran fuerza, y a eso
debe su evidente éxito.

“Si yo fuera editor — prosigue
el corresponsal aludido— , me pre­
ocuparía más el secuestro que la
censura. Ya sé que ningún editor
pedirá someter su producción a
una previa censura; ya descuento
que los escritores, lejos de pedirla,
1la rehusarían. Cuánto peor no re­
sulta, no obstante, el secuestro de
\la edición realizada, con su consiguiente quebranto material y,
! ¿por qué no?, moral también.
j ¿Por ventura no pensará simplis•tamente mucha gente que el edi­
tor merece el castigo impuesto,
cuando en realidad este castigo
obedece a medidas que aquél des­
conoce y que por desconocerlas no
ha podido de ninguna manera in­
fringir?”
“Me permito opinar — sigue más
adelante—- que si la autoridad lo­
cal — que seguramente no deja de
distinguir la obra literaria de pres­
tigio universal, del libro porno­
gráfico francamente pernicioso— ,
recomendara que determinados lij bros no se distribuyan dentro de
j la zona de su jurisdicción, no ha­
bría ningún editor responsable que
no acatara esa recomendación. La
adopción de ese temperamento
contemplaría por igual el criterio
de la autoridad en materia litera­
ria y los muy respetables intereses
de los editores y autores. Porque
¿es que puede desconocerse que el
editor ha corrido con todos los
gastos de confección del libro, in­
cluso derechos de autor, y que es
injusto por demás que todo esto
pueda serle imprevistamente arre­
batado? ¿Puede desconocerse que
los editores argentinos exportan
no menos de un setenticinco por
ciento de su producción, y que in*cluso algunos de ellos poseen su­
cursal en los países vecinos? ¿Por­
qué, entonces, la implacable medi­
da impide que los libros que aquí
se condenan se exporten en buena
moneda argentina donde no aleani za la prohibición bonaerense?”
Razonamientos muy atendibles
\nos parecen estos de nuestro ama­
ble corresponsal espontáneo.

♦ “ París 1900” es un magnífico monta­
je cinematográfico. A base de viejas pelí­
culas y fotos, excelentemente montadas, se
nos da en dicha película una imagen muy
artística del París de dicha época. Todo
cuanto hubo de célebre o popular lo ve­
mos desfilar por la pantalla: Lucien Gui-

LE A
L

I B

R

O

S

DE

E DI CI ON
A R G E N T I N A
PIDA a

cualquier libro de
editorial argentina

o
«w
Oo

M
■t.3
—
H
&lt;11
o

FRANQUEO PAGADO
Concesión N? 3205
TARIFA REDUCIDA
Concesión N? 3799

REGISTRO DE PROPIEDAD
INTELECTUAL N° 254426
IMPRENTA CHILE
Perú 565 - Buenos Aires

�5

ca b a lg a ta
u

LA SIRENA Y EL CARABINERO
(Fragmento)

A Guillermo de Torre
El paisaje escaleno de espumas y de olivos
recorta sus perfiles en el celeste duro.
Honda luz sin un pliegue de niebla se atiranta,
como una espalda rosa de bañista desnudo.
Alas de pluma y lino, barcos y gallos abren
Delfines en hilera juegan a puentes rotos.
La luna de la tarde se despega redonda
y la casta colina de rumores y bálsamos.
En la orilla del agua cantan los marineros,
canciones de bambú y estribillos de nieve.
Mapas equivocados relucen en sus ojos,
un Ecuador sin lumbre y una China sin aire.
Cornetines de cobre clavan sus agujetas
en la manzana rosa del cielo más le ja n o ...
Cornetines de cobre que los carabineros
tocan en la batalla contra el mar y sus gentes.
L a noche disfrazada con una piel de mulo,
llega dando empujones a las barcas latinas.
El talle de la gracia queda lleno de sombra
y el mar pierde vergüenzas y virtudes doradas.
Oh musas bailarinas, de tiernos pies rosados,
en bellas trinidades sobre el jugoso césped.
A coged mis ofrendas dando al aire de altura
nueve cantos distintos y una sola palabra.
Facsímil de una carta de Federico García to rca
a Guillermo de Torre.

FEDERICO

Facsímil de una carta de Federico García to r c a
a Guillermo de Torre.

G ARCIA LORCA

presentarlos por
GUILLERMO

es también, por lo demás, que el
autor del Romancero (titano dibujó
siempre, y trazar una historia de las
diversas fases de su estilo dibujís­
tico sería tarea para otra vez. Diré
ahora simplemente que en los dibu­
jos de sus años primerizos predomi­
na lo decorativo, mientras que des­
pués, bajo la influencia próxima de
Dalí, su lápiz se aventura al ara­
besco superrealista.
Sobre una hoja de papel azul hay
una salutación de año nuevo para

1927. Me felicita por La Gaceta LÁteraria, cuyo primer número acababa
de ver la luz. Y luego agrega: “ Es­
pero que tendré algunas noticias
tuyas en esta deliciosa zarzuela
oriental de Granada. Falla y yo pro­
yectamos tina nueva salida del Tea­
tro de Cachiporra que pudiera tener
importancia.” Y termina: “ Adiós,
querido Guillermo, recibe el mejor
abrazo de tu camarada y compañero
de “ Tribuna” Federico” . Esta fra­
se alude al hecho de que el año an­
terior, en abril de 1926, habíamos

Degollación de los Inocentes
o

Tris tras. Ziz zag, rrig, rag, milg mlag. La piel era tan tierna que salla in­
tegra. Niños y nueces recién cuajados.
Los guerreros tenían raíces milenarias, y el cielo cabelleras mecidas por el
aliento de los anfibios. Era preciso cerrar las puertas. Pepito, Manolito. Enriquito.
Eduardito. Jaimito. Emilito.
Cuando se vuelvan locas las madres, querrán construir una fábrica de som­
breros de pórfido, pero no podrán nunca atenuar con esta crueldad la ternura
de sus pechos derramados.
Se arrollaban las alfombras. E l aguijón de la abeja hacía posible el manejo
de la espada.
Era necesario el crujir de huesos y el romper las presas de los ríos. Una
jofaina y basta. Pero una jofain a que no se asuste del chorro interminable, que
ha de sonar durante tres días.
Subían a las torres y descendían hasta las caracolas. Una luz de clínica
venció al fin a la luz untosa del hospital. Ya era posible operar con todas ga­
rantías Yodoform o y violeta, algodón y plata de otro mundo. ¡Vayan entrando!
Hay personas que se arrojan desde las torres a los patios y otras desesperadas
que se clavan tachuelas en las rodillas. La luz de la mañana era cortante y el
viento aceitoso hacía posible la herida menos esperada.

hecho juntos un viaje a Valladolid,
invitados por el Ateneo de aquella
ciudad y ocupamos, en días conse­
cutivos, la tribuna de ese centro.
A l comienzo de la carta hay un di­
bujo — un frutero— con las líneas
“ Felicidad a Norah Borges” , y al
final otro — una alegoría musical—
con esta dedicatoria: “ Felicidad a
Guillermo de Torre” .
La carta más extensa es una, tam­
bién de primeros de 1927 — e ilus­
trada con otros dos dibujos en co­
lores— . Como al parecer yo le había
solicitado alguna colaboración con
cierta insistencia — tan premioso era
para aventar los poemas de sus car­
petas escolares, atadas con baldu­
que— me replica: “ No me digas
mala personiya y atiende mis ra­
zones. Corrijo pruebas de mis libros
y paso horas enteras sobre una can­
ción hasta dejarla como ella Quiere
e s ta r .. . Además no sabía qué man­
darte. Todo lo que hago ahora es
largo, pero estoy copiando varios
diálogos en prosa: diálogo de Buster Keaton, diálogo fotografiado,
etc. Prefiero publicar prosas. A la
Revista de Occidente voy a enviar
unos ensayos en prosa y en la Ga­
ceta quiero debutar así. ¿Te parece
bien? ¿O deseas al v a te V 7
En otra carta, sin duda posterior,
aunque no está fechada, me escribe:
“ Mi querido Guillermo: A h í van
los poemas. Si puede ser, publícalos
todos. Si no, suprime el que gustes
de los pequeños. Pero son distintas

regalarle unos dibujos de toros que
estoy haciendo. Adiós, Guillermito.
Recibe un abrazo muy fuerte de tu
amigo F ederico.”
Y luego, a modo de post-scriptum:
“ Los muchachos de Granada (entre
los que hay varias sorpresas) van
a hacer un suplemento literario del
periódico E l Defensor de Granada,
titulado E l Gallo del Defensor. Creo
que estará muy bien. Y a decorado
por Dalí de una manera atrevidí­
sima y su formato es en forma de

Federico García Lorca

biombo y papel amarillo intenso.
Falla publica cosas muy interesan­
tes de música y todos los demás.
¡V en g a en seguida una cosa tu ya !
¡ E n seguida! Lo que quieras. Cuan­
to más epatante y alegre, mejor. Te
esperamos. E n nombre de todos es­
tos jóvenes te envío otro abrazo.”
Otra carta, de pocos días después
probablemente, insiste en la misma
petición y trae un dibujo.

Jorgito Alvarito. Guillermito. Leopoldito. Julito. Joseito. Luisito. Inocentes.
El acero necesita calores para crear las nebulosas y ¡vamos a la hoja incansable!
Es mejor ser medusa y flotar que ser niño. ¡Alegrísima degollación! Función
lógica de la sangre sin luz que sangra sus paredes.
Venían por las calles más alejadas. Cada perro llevaba un piececito en la
boca. E l pianista loco recogía uñas rosadas para construir un piano sin emoción
y los rebaños balaban con los cuellos partidos.
Es necesario tener doscientos hijos y entregarlos a la degollación. Solamente
de esta manera sería posible la autonomía del lirio silvestre.
¡Venid! ¡Venid! Aquí está mi hijo tiem isim o, mi hijo de cuello fácil. En
el rellano de la escalera lo degollarás fácilmente.
Dicen que se está inventando la navaja eléctrica para reanimar la operación.
¿Os acordáis del ruiseñor con las dos patitas rotas? Estaba entre los insectos,
creadores de los estremecimientos y de las salivillas. Puntas de aguja. Y rayas
de araña sobre las constelaciones. Da verdadera risa pensar en lo fría que está
ei agua Agua fría por las arenas, cielos fríos y lomos de caimanes. Aquí en las
calles corre lo más escondido, lo más gustoso, lo que tiñe los dientes y pone
pálidas las uñas. Sangre. Con toda la fuerza de su g.
Si meditamos y somos llenos de piedad verdadera daremos la degollación
como una de las grandes obras de misericordia. M isericordia de la sangre ciega
que quiere siguiendo la ley de su Naturaleza, desembocar en el mar. No hubo
siquiera ni una voz. El jefe de los hebreos atravesó la plaza para calmar a la
multitud.
A las seis de la tarde ya no quedaban más que seis niños por degollar. Los
relojes de arena seguían sangrando, pero ya estaban secas todas las heridas.
Toda la sangre estaba ya cristalizada cuando comenzaron a surgir los faroles.
Nunca será en el mundo otta noche igual. Noche de vidrios y m aneotas heladas.
Los senos se llenaban de leche inútil.
La leche maternal y la luna sostuvieron la batalla contra la sangre triu nfa­
dora Pero la sangre ya se había adueñado de los mármoles y allí clavaba sus
últimas raíces enloquecidas.
FEDERICO G ARCIA LORCA

D ibujo de Federico García Lorca

muestras de mi lira. Creo que en
un mapa andaluz es difícil saber
cuál de ellas ha de ser suprimido.
Haz lo que gustes. Te dedico uno.
Estoy en deuda contigo y me com­
plazco en poner tu nombre tan que­
rido junto a mis versos, i Es verdad
que Norah Borges está corfigo?
Dímelo en seguida, porque quiero

Ahora unas acotaciones. L a revis­
ta que Federico planeaba con los
amigas de “ E l Rinconcillo” del café
Alameda, salió, aunque varios meses
después, y con un título más sim­
plificado: se llamaba sencillamente
(jallo — con minúscula inicial—

y,

aunque de apariencia y colorido sin­

DE

TORRE

gulares, el anunciado formato “ en
forma de biombo” se quedó en pro­
yecto : debió de parecer demasiado
irrealizable a los impresores grana­
dinos. De (jallo aparecieron solamen­
te dos números, hoy inencontrables
— yo no he podido recobrar los que
poseía— al menos en estas latitudes,
donde cierta biblioteca — la del cen­
tro particular más importante y lu ­
joso de Buenos Aires— tiraba al
canasto colecciones de revistas, como
la Nouvelle R evu e Frangaise de P a ­
rís, estimando quizá sus honorables
bibliotecarios que e s o s fascículos
eran superfluos una vez transcurri­
do el mes de la f echa. . .
De los diversos poemas que F ed e­
rico García Lorca menciona en uno
de los párrafos antes transcritos sólo
he podido reencontrar d os: los titu ­
lados “ Degollación de los inocentes”
y “ La sirena y el carabinero” . E l
segundo, como indica el subtítulo,
es fragmento de un poema más ex­
tenso, de una Oda que habría de
emparejar con la Oda a Salvador
Dalí, ya que tiene el mismo m etro
y análoga estructura. Dada la ca­
rencia de una Hemeroteca pública
especializada y el menguado espíritu
coleccionista de los bibliófilos, en lo
que atañe a revistas contemporá­
neas, no pude reencontrar esos poe­
mas al reunir las Obras Com pletas
de García Lorca — aunque serán in­
cluidos en alguna reimpresión pró­
xima— y sólo hace poco me fu é
dable obtener las correspondientes
copias al repasar una colección de
La Gaceta Literaria, merced a la
buena amistad de Luis A lfo n so .
A los cinco dibujos mencionados
en las cartas parcialmente transcri­
tas, uno en estas páginas la repro­
ducción de otros dos no inéditos
como los anteriores, pero sí m uy es­
casamente conocidos u olvidados.
Son dos marineros y form an parte
de las ilustraciones que el poeta y
dibujante hizo para un libro de
Salvador N ovo, titulado, si mal no
recuerdo, Seam en R liytm s. Es uno
de los tres libros que ilustró, ju n to
con E l Tabernáculo de Ricardo E .
Molinari y su propio P oeta en N u e­
va York. Incluyo finalm ente otro
dibujo, no ya ilustración, sino con­
cebido autónomamente, pertenecien­
te a la señorita M aría Clem encia
López-Pombo.
Con vistas a la compilación total
en un futuro más o menos inm edia­
to de todas las cartas y dibujos lorquianos — ya que de estos últim os
fu é generosamente pródigo— i que­
rrán ahora quienes conserven tan
preciosos documentos, tanto en A m é­
rica como en E spaña, darse por no­
tificados de tal proyecto y enviarme
transcripciones o fotocopias que, an ­
tes de pasar al libro, las p ágin as
de C abalgata se honrarán en re­
producir ?

�j

4 ___________________________________

DEL HORRIBLE PELIGRO
DE L A L E C T U R A
Por VOLTAÍRE

(.Advertencia, traducción y notas de Gregorio Weinberg)

nuestra devota frecuentación de las
inmortales páginas do Voltaire, liemos
tropezado siempre, y con una frecuencia
harto sugestiva, con pensamientos, ideas,
observaciones y críticas de una ca6i in­
verosímil actualidad.
Belevendo recientemente los libelos vol­
terianos, dispersos por sus Obras Com­
pletas, volvimos a gustar con renovado
entusiasmo do éste, que publicado originariamente en 1765, ofrecemos ahora tra­
ducido a nuestro idioma en el cual apa­
rece creemos que por primera vez.
Franqois Marie Arouet, universalmente
conocido por Voltaire (1694-1778), ocioso
es decirlo, fue uno do los pensadores que
más honda y valiosa influencia han ejer­
cido sobre el pensamiento del siglo xvm .
El Patriarca de Ferney alcanzó a ser
una verdadera institución europea, y su
voz tuvo merecida repercusión; por la
profunda simpatía con que era acogida
su palabra, el interés con que eran aguar­
dadas sus opiniones sobre hechos y cosas
contemporáneas tiene una evidente seme­
janza con el Bernard Shaw de nuestros
días, y también con 1a- aureola que rodeó
■ea sus últimos años a León Tolstoi, aun­
que la influencia de Voltaire — y hasta
donde pueden apreciarse influencias de or­
den intelectual— , fué más profunda dado
el ascendiente que tuvo sobx-e muchos g o­
bernantes de aquel siglo de “ despotismo
ilustrado’ ’, y sigue siendo duradera g ra ­
cias a la renovada frescura de sus ensayos
históricos y filosóficos, sus novelas, cuen­
tos, críticas, polémicas, y su todavía no
justamente valorada correspondencia, ma­
terial todo do una riqueza ideológica y
estilística insospechable.
Las notas sobresalientes, y las que más
n

E

nos interesan en el presente caso, de la
obra del autor del Diccionario Filosófico
podemos definirlas sumariamente como
una muy consecuente lucha contra toda
suerte de prejuicios, intolerancias, fana­
tismos, sectarismos y absolutismos.
Y hoy, cuando vuelven a exacerbarse
las pasiones y encenderse los instintos bé­
licos a través de una furiosa prédica lla­
mada a tener funestas consecuencias, V ol­
taire vuelve a recobrar la actualidad a
que hacíamos referencia al principio.
Como ilustración veamos algunos hechos
que ocurren en pleno siglo xx, y más pre­
cisamente en 1948, a pocos años de la
victoria sobre el nazismo, y frescas aún
las heridas y huellas que éste dejó. El
reciente “ levantamiento’ ’ de los goberna­
dores del Sur de los EE. UU. frente al
proyecto de ley del presidente Truman
prohibiendo los linchamientos es, fuera
do toda duda y posible atenuante, un
síntoma evidente de barbarie política; se
defienden descaradamente tesis racistas, se
niegan, desvirtúan u ocultan las conclu­
siones científicas a que arriba la bio­
logía y la antropología; se prohíbe la
lectura de Darwin, Morgan y se ataca
furiosamente a Boas (con su titánica
mansedumbre ha expresado Spiiroza: Na/m
sciunt, quod, sublata ignorantia, stupor,
hoc est unicum argumentandi tuendaeque
suae auctoritatis médium, quod habent,
tollitur. Ethica, Apéndice de la Parte I,
pag. 43 de la ed. con texto latino a cargo
de G. Gentile, G. Laterza &amp; Figli, Bari,
1933) ; y al atribuir a Dios la desigualdad
expresan exactamente lo que ridiculiza
Voltaire en este libelo en su sexto punto,
cuando hace decir al supuesto autor de
la proclama que la vacuna, por igualar

. ca b a lg a ta
a los hombres al inmunizarlos, atonta con­
tra los inescrutables designios de la Divi­
na Providencia, pues haría escapar a los
castigos a los condenados, igualando jus­
tos y pecadores; y otro tanto parecen
decir nuestros gobern adores negreros
(¡cu án a punto viene aquí el térm ino!):
“ si igualamos en óercchos a todos los
hombres podemos provocar la cólera di­
vina al tratar de suprimir un hecho in­
evitable,® cual es el de la superioridad de
los blancos sobre los negros” .
La intolerancia religiosa ha ocasionado,
y sigue ocasionando, millares de víctimas
en la India (no queremos recordar siquie­
ra la horrible pesadilla de los campos de
concentración); la discriminación en ma­
teria política que recientemente ha llevado
a separar de sus cargos a quienes no
tienen ideas absolutamente, coincidentes
con las de los elencos dirigentes; la di­
visión del mundo en áreas, bloques, zonas,
o culturas pretendidamente irreconcilia­
bles. La miope concepción de quienes re­
quisan libros de alto, reconocido e in­
discutible valor literario, en nombre de
una moral hipócrita; el perceptible re­
troceso en materia educativa a que esta­
mos asistiendo, cuando se ataca la ense­
ñanza cientificista y liberal, para subs­
tituirla por otra escolástica y beatona.
Los obstáculos, insalvables las más de las
veces, que se oponen, a la difusión de una
cultura elemental entre centenares de mi­
llones de hombres quo la ignorancia y las
enfermedades condenan a una fatal ex­
plotación (las trabas que se levantan ante
la labor de la UNESCO lo prueba dia­
riamente) .

(IM AGENES T O M A D A S PO R H O R A C IO COPEO LA)

Por ARTURO SERRANO PLAJA

MISTEN NOBODY

Cada uno de éstos, y muchos otros he­
chos que podrían traerse a colación, son
otros tantos argumentos que demuestran
que la lucha por la “ Ilustración” — por
usar uno de los términos más gratos al
espíritu de Voltaire— y por el mejora­
miento de las condiciones de vida, contra
toda suerte de discriminaciones raciales,
políticas y religiosas, sigue siendo una
tarea necesaria e impostergable. Y en la
defensa de esos principios, que toda una
brillante generación liberal creyó que se
impondría naturalmente por la educación,
tenemos magníficos aliados que, como V ol­
taire, nos están recordando siempre la
exigencia primordial de la hora: dignifi­
cación del hombro en un mundo de paz.

Es el dibujo de un niño
(?x una pared de Londres.

w

ho is Mister Nobody?
¿Quién es el señor Nadie?
Is Mister Nobody somebody
or is he nobody?
¿Este Don Nadie es alguien
o nadie, sólo nadie?
Don Nadie vive solo.
Londres. Solo.
Don Nadie tiene un ojo
solo, solo.
De la mano de un niño viene volando
solo.
¿Viene o no viene? Vive y está llorando
solo.

DEL HORRIBLE PELIGRO DE LA LECTURA
O S, Y u su f Keribi, por la gracia
de Dios M u fti del Santo Imperio
Otomano, luz de las luces, elegido
entre los elegidos, a todos los fieles
que las presentes vieren, Necedad y
Bendición.

N

Puesto que S a id -E ffe n d i1, antaño
embajador de la Sublime Puerta
-ante un pequeño estado ll amado
Frankrom , situado entre España e
I t a lia 2, ha introducido entre nos­
otros el pernicioso uso de la impren­
ta, y habiendo consultado sobre esta
novedad nuestros venerables herma­
nos los kadis e imanes de la V illa

FE Y

Im perial de Estambul, y especial­
mente los fakires conocidos por su
celo contra el espíritu, plugo a M ahoma y a Nos condenar, proscribir,
anatemizar la antedicha infernal in­
vención de la imprenta, por las cau­
sas a continuación enunciadas:
l 9 Esta facilidad de comunicar sus
pensamientos tiende evidentemente
a disipar la ignorancia, que es la
guardiana y salvaguardia de los E s ­
tados civilizados.
29 E s de temer que entre los libros
traídos de Occidente puedan encon­
trarse algunos sobre agricultura y

OBSCENIDAD DE JA M E S JOYCE
Por E. L. REVOL

*

IJE que he perdido la
D
fe — contestó Stephen—
pero no quo haya, perdi­
do el respeto así mismo.
¿Qué clase $e liberación
sería la de abandonar un
absurdo que es lógico y
coherente para abrazar otro que es ilógico e incohe­
rente?” . Al final de ‘ A
Portrait” *, de este modo
expresaba Joyce su opinión
sobre los méritos relativos
del catolicismo y el protes­
tantismo.
Muy religioso al princi­
pio de su adolescencia, edu­
cado por los más persuasi­
vos maestros católicos, en
un hogar donde no se ad­
mitían bromas sobre temas
de fe, cuando sobrevino la in­
credulidad en su mente * * f
Joyce no quedó — sin em­
bargo—
tan desamparado
como muchos otros pensa­
dores y artistas. El aban­
donaba la crisálida que ya
resultaba estrecha para su
mente que maduraba, pero
siempre tendría presente lo
bien guarecido que estuvo
en ella y siempre trataría
de conservarla en cuanto
juzgó conveniente.
Lógico y coherente estima­
ba al absurdo que compar­
tiera; obra, pues, de bue­
nos arquitectos, capaces has­
ta do construir un duradero
edificio sobre los más débi­
les cimientos. Y jamás po­
dría desdeñar los lúcidos
procedimientos con que. San­
to Tomás convencía, ningu­
no de los argumentos suti­
les, y a veces impenetrables,
que escuchara en los ser­
mones de Clongowes Wood
y Belvedere College.
Mediante el catolicismo
Joyce no sólo adquirió cohe­
rencia. Así conoció, también,
la parte más luminosa de
la mentalidad latina y. ya
antes de viajar por Fran­
cia e Italia, estaba ávido
de su contacto, que contri­
buiría a disipar las brumas
que inevitablemente le con­
tagiaran los escritores del
“ Crepúsculo celta” . Como
católico, asimismo, Joyce aprendió a no eludir los he­
chos sino a afrontarlos va­
lientemente, buscando sus
explicaciones
aunque
le

preocuparan poco sus co­ serva la visión del hombre
rrecciones.
que es común en un medio
En cuanto a las creen­ social determinado,
pero
cias que reemplazaron la fe nunca ha de surgir cuando
perdida, quizás lo más apro­ a ese aumento en el aná­
piado sería llamarlas agnós­ lisis del sexo corresponden
ticas. Aunque, en realidad, otros en los restantes aspec­
pareciera tratarse tan sólo tos de la naturaleza huma­
de una versión más moder­ na, es decir, cuando se
na y refinada del mismo ca­ posee una diferente concep­
tolicismo que abandonara ción del hombre, cual es
(excluyendo a Dios, por su­ el caso con Joyce.
puesto), con una atractiva
En vez de pornógrafo, bus
elaboración intelectual en la cando un calificativo extrasuperficie y con las mismas literario para Joyce, más
concesiones finales a los bien lo correspondería, qui­
sentimentos; con un “ sí” zás, el de moralista, asquea­
dicho a la vida, algo iró­ do por la corrupción de la
nicamente, y con el mismo carne en el mundo moder­
temor a la muerte, no exen­ no, tanto comparable a los
to de esperanza.
grandes teólogos como a su
Acusado de obscenidad, la ilustre compatriota Swift.
difusión de “ Ulysses“ fué Sería necesario advertir, sin
prohibida en Inglaterra. Ir­ embargo, que esta repug­
landa y Estados Unidos, ex­ nancia de Joyce no emana
citando de inmediato la do ninguna adhesión a es­
atención do un vasto pú­ trictos códigos morales sino
blico que de otro modo nun­ do su misma experiencia ju­
ca hubiera intentado leer venil de prostitutas y bursemejante producción “ van­ deles, opuesta a su ideal,
guardista” . Así, un cargo realmente poético, de una
que era completamente in­ casta sensualidad.
fundado contribuyó a la
venta y renombre de una
* “ A Portrait of the Arobra capital en la literatu­ tist as a Young Man” (P ri­
ra reciente.
mera edición; New York,
Pues acusar como escri­ 1916). Kxiste una versión
tor pornográfico a Joyce no castellana muy satisfactoria,
tiene más sentido que ha­ atribuida a Dámaso Alonso.
cerlo con Fray Luis de Gra­
** Un minucioso análisis
nada o tantos otros escri­ do la crisis religiosa en
tores religiosos que se han Joyce so encontrará en su
referido con deslumbradora “ Stephen Ilero” (A Part of
claridad a las tentaciones y tho First Draft of A Port­
pecados carnales ***. Crude­ rait), especialmente en el
za evidentemente hay en capítulo XQI (Pág. 122 y
“ Ulysses” , pero si es cierto ss., en la edición de “ New
el cálculo de un amigo ma­ Directions” ).
* * * A este respecto es in­
temático do Mr. Charles
Duff, y que éste nos trans­ teresante recordar lo que
mite * * * * , sólo unas diez pá­ W. B. Yeats escribía en
ginas entre las setecientas su Diario de 1930: “ Jamos
del volumen so refieren ex­ Joyce d ifie re de A rnold
plícitamente a cuestiones Bennet y Glasworthy, por
sexuales y — lo que es más ejemplo,, porque puede ais­
importante— nunca pueden lar al alma humana y sus
ser calificadas de provoca­ vicios como _si estuviera en
tivas, pues más bien causan la eternidad” (C fr.: “ Pagos
of Diary written in Ninerepulsión.
Es que — como ya el mis­ teen Hundred and Thirty by
mo autor do estas líneas lo W . B. Yeats", pág. 50. The
señaló, refiriéndose a la Guala Press. Dublin, 1944).
* * * * Cfr. Charles Duff:
obra de D. H. Lawrence—
la obscenidad puede apare­ “ Ulises y otros trabajos de
cer cuando se habla cruda­ James Joyce” , en “ Sur” , nú­
mente de lo relativo al sexo mero 5, Bs. As., 1932.
mientras en lo demás se con- Véase la nota de la pág.
118

.

medios de perfeccionar las artes me­
cánicas, las cuales obras podrían, a
la larga — lo que Dios no permita—
despertar el genio de nuestros culti­
vadores y de nuestros manufacture­
ros, excitar su industria, aumentar
sus riquezas, e inspirarles algún día
cierta elevación espiritual, algún
amor por el bien público, sentimien­
tos éstos, como se sabe, absolutamen­
te opuestos a la sana doctrina.
39 Podría ocurrir, en fin, que tu­
viésemos libros de historia carentes
de las maravillas que mantienen a
la nación en una feliz estupidez. Se
tendrá en esos libros la imprudencia
de hacer justicia a las buenas y ma­
las acciones, como así también reco­
mendar la equidad y el amor a la
patria, lo que es, evidentemente, con­
trario a los derechos de nuestra dig­
nidad.
49 Podría ocurrir, con el correr
del tiempo, que miserables filósofos,
bajo el pretexto especioso, mas pu­
nible, de ilustrar a los hombres, y
de hacerlos mejores, vinieran a en­
señarnos virtudes peligrosas que el
pueblo nunca debe llegar a conocer.
59 Podrían — aumentando el res­
peto que tienen por Dios, e impri­
miendo escandalosamente que É l es
omnipresente— , disminuir el núme­
ro de los peregrinos de la Meca, con
gran detrimento de la salvación de
sus almas.
69 Ocurriría, sin duda, que a fuer­
za de leer autores occidentales que
han tratado acerca de las enferme­
dades contagiosas, y de la manera de
prevenirlas3, seríamos tan desgra­
ciados que evitando las pestes, come­
teríamos un imperdonable atentado
contra las órdenes de la Providencia.
Por estas razones y otras, por la
edificación de los fieles, y por el
bienestar de sus almas, Nos les pro­
hibimos para siempre jamás leer li­
bro alguno, bajo pena de condena­
ción eterna. Y , para evitar que la
tentación diabólica de instruirse los
alcance, prohibimos a los padres y a
las-madres enseñar a leer a sus hi­
jos. Y , para prevenir toda contra­
vención a nuestra ordenanza, Nos les
prohibimos expresam ente pensar,
bajo las mismas penas; intimamos a
todos los verdaderos creyentes de­
nunciar a nuestra oficialidad a cual­
quiera que haya pronunciado cuatro
frases relacionadas entre ellas, de las
cuales pudiera inferirse un sentido
claro y evidente. Ordenamos que en
todas las conversaciones se recurra

¿Vive o no vive? Sueña y está fumando
solo.
Don Nadie nos espera junto a la puerta
de una casa de nadie, que no está abierta,
de una pared de sombra, de una desierta
estela o apariencia de vida muerta:
en Londres.
Don
solo.
Don
solo.
Don
solo.
Don
solo?

Nadie nos contempla con su serpiente
Nadie, narizotas, diente por diente
Nadie, laberinto, mano inocente
Nadie es nuestro miedo. ¿Quién es Don Nadie

Don Nadie tiene abuelos, Don Nadie es nieto
de Ser y de No-Ser: that is the question.
Por su rama paterna, Don Nadio es alguien,
por su tronco materno, Nobody es nadie.
(Una familia inglesa
de mal antecedente.
Una cuenta pendiente
de duda y de sorpresa.)
Don Nadie es una inglesa cuenta pendiente
solo.
Don Nadie nos engaña, Don Nadio miente
solo.
Don Nadie nos perdona y es indulgente
solo.
Who is Mister Nobody?
¿Este Don Nadie es alguien
o nadie, sólo nadie?
De la mano de un niño viene volando
solo.
¿Viene o no viene? ¡Apura, que está esperando
solo!
¡Pobre Don Nadio!
¡Solo, solo, solo!
Buenos Aires, febrero, 1948.

a palabras que nada signifiquen, se­
gún la antigua costumbre de la Su­
blime Puerta.
Y para impedir que penetre de
contrabando pensamiento alguno en
la sagrada Villa Imperial, confiamos
especialmente en el primer médico
de Su Alteza 4, nacido en un panta­
no del Occidente Septentrional, el
cual médico, habiendo ya dado muer­
te a cuatro augustas personas de la
familia otomana, está más interesado
que nadie en evitar toda introduc1
2

Efectivamente, fué embajador en 1741.
Nótese el recurso empleado por Voltaire
al decir muy imprecisamente “ un peque­
ño estado” (sobro todo el artículo in­
definido un) que no hace sino destacar
el nombre do Francia, escrito do manera
exótica, por un hermoso contraste grato
al amor propio do los franceses del sido
Luis XVI.

3

Refiérese aquí Voltaire a la inoculación
de la vacuna antivariólica cuyo uso pre­
conizara desde sus célebres Lettres Philosophiques (en especial en la XI) que
aparecieron por primera vez eu 1734 .

ción de conocimientos al país.
Otorgárnosle poder, por las pre­
sentes, para hacer coger toda idea
que se presentase por escrito o ver­
balmente ante las puertas de la ciu­
dad, y llevarnos a la dicha idea
atada de pies y manos, para que
le inflijamos el castigo que a Nos
plazca.

Dada en nuestro Palacio de la Es­
tupidez, el 7 de la luna de Multarem,
el año 1143 de la Urgirá. 3
V oltaire .
4

5

Alude a Gerard Van Swieten, célebre
médico nacido en Leyde, Holanda, “un
pantano del Occidente Septentrional”. 7
muerto en Schoenbrün en 1772, “enemi­
go de los filósofos y de la inoculación” ,
quo llegó a ser médico personal de María
Teresa do Austria. Su obra principal:
Comentaría in H. Boberhaave aphorismos de cognoscendis et curaudis morbis,
apareció en París, en 5 vol. in 4?, entre
los años 1771-1773.
Ubica \ oltaire en el Santo Imperio Oto­
mano al autor de esta proclama, por ser
entonces este país sinónimo de atraso,
barbarie o intolerancia.

�taria aventura personal, trayendo a cola­
ción los ejemplos de Sarmiento, Moirtalvo
y Martí. Indudablemente, las condiciones
históricas, han cambiado en forma fun­
damental.
Pero, a pesar de esto que decimos, de
estas contradicciones, vemos en el autor
del ensayo una clara comprensión del pro­
blema de la nueva generación, como tam­
bién del momento literario en general. Mo­
mento literario en que “ . . . el ejercicio
de las letras es concebido en un plano de
estricta seriedad. El concepto del juego
— cuando aparece— se hace trascendente.
Si bien no se comparto en ningún caso
— entre los jóvenes— el criterio del arte
aplicado a algo, tampoco se le podría apli­
car — o imputar— la noción del arte por
el arte en su sentido más corriente. Creo
que los habita una intima convicción que
los hace sentirse ocasionalmente deposi­
tarios de una responsabilidad que atañe
al cumplimiento o a la realización del
hombre en cuanto a Hombre” .
PO ESIA Y PA IS A JE

BRAS COMPLETAS

“ RICARDO

ROJ AS

CERVANTES .............................................
RETABLO ESPAÑOL................................
ARCHI P IE L A G O ........................................

$
„
„

1 1 .1 1 .9 .-

Con estos volúmenes se inicia la publicación sistemáticade las"Obras Completa*"
de Ricardo Rojas, según ordenación del propio autor.
*

U N A N U E VA BIBLIO TECA
“ PSICOLOGIA, PSICO ANALISIS Y P S IQ U IA T R IA ’ *

JEL MISTERIO DEL VASO DE ABUA
Donde se inculpa y una
mujer hundida en un vaso
de agua, por sospechosa de
andar flotando entre dos
luces, a la sombra de dos
mundos.
No son sueños.

N

enúfar de la noche, primavera
del equinoccio azul o de la muerte,
tu lenta sombra, lenta delibera
en el silencio lento de la suerte.

Y en ese agua de olvido, reclinada
con gesto de indolente peonía,
tu sueño ¿es un adiós de malpenada
que flota en la quietud de la manía ?
Tu
que
je s
del

brazo ensimismado ya en el plazo
marca tu reloj en tu pulsera
de tu amor el último aletazo
vuelo, del temblor y de la espera?

Bill peso ya ¿tu mano se abandona,
reniega entre dos aguas su alianza
de esposa prometida, y se corona
do amante funeral sin esperanza?
El
es
la
tu

vaso que te encierra, en la penumbra
ostra de cristal en que se muestra
enferma libertad con que se alumbra
oriente de suicida, perla nuestra.
Perla pura, culpable
de ser indescifrable
vida o muerte palpable

; Oh pálido pecado, enigma tierno
hermoso como un sueño inconcebible!
¡Oh pétalo de amor inconfundible
caído en tu nostalgia o en tu invierno!
Culpable, eres culpable.
Flotando en ese vaso, criatura
sutil como la pena ¿eres amago
de vida que se bebe trago a trago,
o sombra solamente, calentura?
Culpable. . .

¿E res culpable?

¿A caso eres el sorbo silencioso,
el dulce llamamiento clandestino,
el Ya no poder más de tu destino
y el ofrecer tu zumo pernicioso?
¿Culpable? ¿E res culpable
de ser el llamamiento inapelable?
Esposa de dos mundos o siniestra
amante de la muerte estando en vida,
adúltera ilusión para el suicida,
culpable, eres culpable, Culpa Nuestra.
¡Oh culpa inolvidable!
¡O h perla, tentación, imperdonable!
Buenos Aires, marzo, 1948.

REVISTA

DE

REVISTAS
P or MIGUEL GRACO

LA LIT E R A T U R A
EN EL RIO D E L A P E A T A

C N el número 2 de la revista Escritura, publicación uruguaya a cargo de
Julio iiavce y Carlos M aggi, leemos una
‘ Indagación a la literatura” , exacta, oscura y militante, que no es poco decir, y
que firma José Pedro Diaz. Y si nos atre'emos a una calificación de esta natura™ a&gt; es porque junto a una lúcida ubica­
ción do los problemas literarios que en­
frenta la nueva generación rioplatense, eircontramos la desdibujada contradicción que
frente a los mismos problemas y destinos,
8ignifiea el enfoque de la labor individual
que emprende el autor.
Porque si bien, nada tan verdadero co®o su afirmación de que ‘ ‘ una de las más
^Portantes características do este mundo

literario es acaso la empecinada voluntad
de lucidez que lo domina” , esta lucidez,
so nos ocurre, sólo puede tener su desa­
rrollo en la'comprensión por parte de los
intelectuales del sentido trascendente con
que sus obras deben ser encaradas. Por lo
contrario, José Pedro Díaz sostiene más
que observa, que la literatura ‘ ‘ ...tie n d e
a ser devoción personal para no se sabe
qué cauce” . Y , al mismo tiempo que trata
constantemente de una generación que ha
encontrado con toda altura y seriedad el
camino de su desarrollo y no de su esca­
pe — ‘ ‘ No conozco a nadie que se diga
existencialista; conozco quienes discuten y
aprueban algunas páginas de Sartre” .
‘ ‘ . . . l a desconfianza por la moda litera­
ria creo que es general entre los jóvenes”
— atribuye a dicha generación casi como
única posibilidad de subsistencia, la soli­

Cuando a Paul Yaléry, viajero por
Hungría en ese entonces, le señalaron des­
de una colina la magnificencia del valle
del Danubio, su único comentario no fué
otro que: ‘ ‘ . . . me muestran en todas par­
tes el mismo paisaje” . No es necesario
tratar de imaginar en qué medida está im­
plícito en esta afirmación el peculiar ex­
tremismo de Valéry, pero de todos modos
y en principio, marca una lógica limita­
ción al paisaje como fuente inspiradora de
determinado lirismo, limitado ya de por si.
Y recordamos esto ante uir ensayo de
Juan L. Ortiz, ‘ ‘ El paisaje en los últimos
poetas entrerrianos ’ ’, que aparece en las
páginas de Davar correspondientes a 1948,
publicación que edita en Buenos Aires
la Sociedad Hebraica Argentina.
En dicho ensayo, el poeta Ortiz describe
el paisaje de su provincia como premisa
suficiente para ubicar, justificar iros pa­
recería más exacto, la lírica constante­
mente repetida de los poetas entrerrianos.
Probablemente, con la sola excepción de
‘ ‘ Luz de Provincia ’ ’ de Carlos Mastronardi, y de algunos poemas de Juan José
Manauta, no los citados por el autor del
ensayo ciertamente, sería difícil encontrar
en la pléyade de ‘ ‘ líricos” entrerrianos
algo plausible de ser llamado creación
poética.
^
Pero aunque este hecho no se débe á ¡US
características de un paisaje, la trascen­
dencia que al mismo han otorgado los
poetas de esa provincia, con rara unifor­
midad, ha esterilizado, en gran medida,
sus posibilidades sensibles. Trascendencia,
y endiosamiento, que permiten a Ortiz
crear su teoría ‘ ‘ paisajista” y, diciendo
que ‘ ‘ El paisaje de Entre Ríos es claro
y armonioso” , llegar a la conclusión que
‘ ‘ la poesía de nuestra provincia ha tenido
y tiene en general caracteres parecidos:
ha sido y es armoniosa y clara” .
No es ésta, seguramente, la trayectoria
que el paisaje chileno cumpliera en el
‘ ‘ Canto General ’ ’ de Pablo Neruda, o la
forma en que el simbolismo cordillerano
aparece en ‘ ‘ Piedra In fin ita” de Jorge
Enrique Bamponi.
Porque, y ya para finalizar, es dubita­
tivo que ‘ ‘ . . . cierta tensión entre lo que
huye y lo que queda” que Ortiz encuen­
tra en los poemas de Carlos Alberto Alvarez, se deba esencialmente, como afirma
luego, a que ‘ ‘ hay tanta agua que corre”
en la ciudad de Paraná. En fin, y por si
acaso, transcribimos unos versos de este
poeta:
El río corre en la noche
y no se ve su pasar,
pero la estrella se queda
sobre el agua que se va.
Y como estoy tan solo,
la eternidad
se lo pasa mirando
mi soledad.
EL IN TE LECTU AL
Y LA H UM ANIDAD
Jesús Silva Herzog, director de Cua­
dernos Americanos, publica en el nú­
mero 6-VI de esa revista, la conferencia
que dictara en la Universidad Autónoma
de México con motivo del centenario de
la guerra de 1847. El tema, de candente
actualidad, se refiere a los deberes del in­
telectual mexicano contemporáneo. Y de­
cimos de candente actualidad, porque ve­
mos que día a día América Hispánica en­
cara nuevos y urgentes problemas de in­
dependencia y de cultura. No pueden los
intelectuales permanecer al margeir de la
contienda.
Así lo entiende Silva Herzog en su con­
ferencia cuando afirm a: ‘ ‘ En lo que yo
oreo es en el arte y en la ciencia al ser­
vicio del hombre, o en otras palabras, al
servicio y para el bien de la colectividad” .
Y en México, en toda nuestra América, al
servicio del hombre significa, tal cual
Herzog lo puntualiza más adelante, la lu­
cha por el desarrollo de una economía
agraria adelantada, de una industria na­
cional e independiente, la lucha por desa­
rraigar el analfabetismo y la lucha por
la paz, tan esencial a México como a Amé­
rica y a todo el mundo.
Esta ubicación de los deberes del inte­
lectual lleva a Herzog, por lo tanto, y
con toda lógica, a decir que: ‘ ‘ Este debe
tener como móvil substantivo de sus actos
servir los intereses del pueblo” , agregan­
do luego que es necesario ‘ ‘ . . . trabajar
para que la mayoría de los pobladores del
territorio gocen de los mayores bienes y
sufran el menor número posible de males,
aquí, en la tierra” .
Pero lo que conviene recalcar, es la
preocupación de Herzog por la paz mun­
dial, a la que considera imprescindible e
( Continúa en la pág. 7.)

Helene Deutsch: PSICOLOGÍA DE LA MUJER
Inaugura esta obra capital la nueva Biblioteca de Psicología, Psiquiatría y Psico­
análisis. En sus páginas se estudia de modo rigurosamente científico el desarrollo
psicológico de la mujer desde la infancia a la adolescencia...................
$ 22.—

Luis Jiménez de Asúa: PSICOANÁLISIS CRIMINAL
% 25.—
U N A GRAN N O VE LA D EL EXIETENCIALISM O

Jean-Paul Sartre: LA NÁUSEA
Una novela originalísima do poderoso interés humano y filosófico. Respondiendo
a la enorme curiosidad que en todo eTmundo han despertado las doctrinas del
cxistencialismo y entendiendo, según sus mismos expositores, que éstas quedan
mejor expresadas en las obras de ficción que en las filosóficas, la Editorial
Losada ha contratado con derechos exclusivos para su versión española los cuatro
libros novelescos de Jean-Paul Sartre.........................................................
% 6.—

POETAS AM ERICAN OS

Julio J. Casal: CUADERNO DE OTOÑO
Un libro de plenitud de uno de los más prestigiosos poetas uruguayos.

$

4.—

Francisco Luis Bernárdez: LAS ES TRELLAS
Los poemas más recientes de este gran poeta argentino.....................

$

N O VELISTAS AM ERICAN OS

Arturo Uslar Pietri: EL CAMINO DE EL DORADO
Centrada en torno a la figura tremenda y legendaria del tirano Lope de Aguirre,
este libro mezcla lo novelesco y lo histórico, constituyendo un deslumbrante cuadro
do la conquista americana................................................................................. $ 8.—

E. L. Castro: DESDE EL FONDO DE LA TIERRA
Vivo todavía el éxito logrado por su anterior novela "Los Isleros", actualmente
en filmación, Ernesto L. Castro nos da una nueva ficción de escenarios y per­
sonajes netamente argentinos............................................................................ $ 8.—

EDITORIAL LOSADAS.a
ALSINA 1131 Montevideo
Lima

IiüENOS AIRES
Santiago de uiiiie

EL E S P I R I T U LATI IV II
(Viene de la primera página.)

jano y, si posee habilidad pob'tica, no
tiene esa cosa anglosajona y protestante
que es el sentido del ‘ ‘ servicio social” .
Como productor es ingenioso, como co­
merciante es fértil en expedientes, como
•consumidor es rudo, y eventualmente pru­
dente en la gestión de sus intereses pri­
vados, en tanto que dilapida sin escrú­
pulo los dineros del Estado; la fabrica­
ción industrial de serie y de masa no es
su resorte. Los grandes financieros o
especuladores mediterráneos serían más
bien griegos que latinos, descendientes
de Ulises o de J acobo más bien que de
Mario.

las civilizaciones sucesivas amontonan
sus depósitos como hace la geología. Allí
no se encuentran pueblos jóvenes, sino
una humanidad adulta, evolucionada, en­
vejecida eventualmente y que no da nun­
ca signo de puerilidad — como a veces
entre anglosajones. El latino es escép­
tico, no es crédulo. Hasta cuando es su­
persticioso sal&gt;e hacer sin hipocresía la
distinción entre los principios y su apli­
cación; desde luego, no cree que el hom­
bre es bueno, y, con su cinismo, se des­
cansa de la hipocresía de otras humani­
dades: se convendrá que son condiciones
Estos rasgos son muy incompletos, pe­
excelentes para una bella cultura inte­
ro, en suma, no es por el análisis que se
lectual.
conoce o se reconoce la latinidad: allí
Aquí es donde encontramos lo que la
donde existe, se revela como una pre­
latinidad le debe a Roma: cierta con­
sencia, por algo indefinible quo no en­
cepción de la familia, del clan, de la
gaña. En Europa, cuando se pasa de In­
clientela partidaria, a lo que, en el fondo,
glaterra a Francia, de Suiza alemana a
se le da mayor importancia que el Es­
Suiza francesa, del Danubio al Adriáti­
tado; una concepción del derecho escrito,
co, se comienza a respirar la atmósfera:
con duras divisorias, fundada en la pro­
el Mediterráneo Occideutal le perteneoe,
piedad, el contrato formal, las garan­
pero el Mediterráneo oriental, griego u
tías tomadas contra la maldad do los
ortodoxo, escapa a su dominio aunque re­
hombres; una concepción de la potencia
ciba todavía su influencia. En América,
del Estado, considerado como exterior y
desdo que so ha salido de la Florida para
superior al individuo. En los países la­
Cuba, o Texas para México, a través del
tinos, los beneficios se amparan del Es­
Río Grande, se está en tierra latina, portado como de un instrumento de domi­
quo el propio Indio ha sentido la marca
nación y nadie se asombra ni se indig­
de la civilización española. H ay ahi un
na de que los dueños del poder usen o
abusen de él. •Qué contraste con las so- ■ género de vida, una concepción del ocio,
del agrado do existir, una indulgencia pa­
ciedades anglosajonas en donde el gobier­
ra las infracciones de la fantasía indi­
no no aparece sino como la expresión
vidual que distinguen profundamente la
del servidor do la comunidad! Todo esto
latinidad del anglosajonismo, así como en
es clarísimo, fruto de una extraordina­
Europa el individualismo mediterráneo
ria capacidad de análisis y de generali­
hace contrasto con la organización de
zación que permite a cada ciudadano
los nórdicos.
(principalmente en Francia) ver — por
decirlo así— en una cuestión el prin­
En las reuniones internacionales, los
cipio implicado y las consecuencias le­
latinos se reconocen entre ellos por cier­
janas de la solución. Pero esta psicolo­
to temperamento, cierto ángulo de vi­
gía es inseparable de la lengua en que
sión, cierta reivindicación del individuo
uno so sirve, trátese del francés, del es­
y de su humanidad que les pertenecen en
pañol, del italiano, del portugués, del
común. Los pueblos que no son latinos
rumano: esta lengua — cualquiera que
se sienten atraídos sin embargo por esta
sea— necesita la precisión del pensamien­
manera do ver y de sentir las cosas; asi
to pero su sonoridad provoca grave ten­
es como en las conferencias, se ve que
tación: la de contentarse con su música
los eslavos do Europa oriental, los egip­
y creer que, por haber hablado, se ha
cios, los libaneses, los griegos, los hindús,
obrado.
los chinos simpatizan, si no políticamen­
Me parece que el carácter latino se
te, por lo menos culturalmente, con Fran­
desprendo de lo que procede. El latino es
cia más bien que con los Estados Unidos
esencialmente un sujeto que trata de afir­
o Inglaterra. Para los franceses hay allí
marse, de brillar como individuo; su pa­
la base de una acción mundial cuyos fun­
labra le sirve — eventualmente— de pen­
damentos afectivos son muy sólidos. Ger­
samiento, pero se presta a la expresión
manos y celtas por la raza tanto como
del pensamiento e incluso aparece a me­
meridionales por nuestra posición y nues­
nudo como creador de pensamiento; es
tro destino, somos sin embargo auténti­
icalista, artista, despabilado en las si­
cos latinos por la formación del espíritu
tuaciones difíciles. Pero luego no se eleva
y, en tales condiciones, es muy natural
sino en las formas elementales y limi­
que los latinos del mundo se agrupen en
tadas del grupo: el Estado le parece le­
torno de nosotros.

�0

ca b a lg a ta

E ha repetido hasta el cansancio, que
el ARTE es indivisible y único. Que
goza do privilegiados derechos, tales como
los do ignorar la existencia de la fealdad,
do la miseria, de la injusticia. Que vive
apuntalado en el milimétrico margen del
pedestal de la gloria, al cual no llegan los
vulgares rumores de la vida y sus mi­
núsculos problemas. 1 todo es aseverado
por los cerebros cumbres 4o1 arte J' de las
letras académicas, con el aire de suficien­
cia que esas alturas concede a los felices
mortales que las habitan.
Y nosotros, hemos pensado siempre, en
cuán fuerte es el egoísmo humano, cuando
se puede traicionar el espíritu, doblegar la
razón, al desfigurar la verdad para inten­
tar la defensa de la comodidad ególatra.
Porque esto significa mantener la posi­
ción, a todas luces falsa, del arte puro,
frento a la ya reconocida victoria del hu­
manismo artístico, que presupone en el ar­
tista, sea ésto plástico, intelectual o lo que
fuese, la dualidad indisoluble de “ hom ­
bre-artista ” , que sufre con el hombre,
con él triunfa o es derrotado, por él lu­
cha. Utilizando la comprensión y la soli­
daridad como fin, y su pluma o su pincel
como armas.
Da pena comprobar que existen aún, a
pesar de todo lo que el mundo está deve­
lando en la actualidad, entes capaces de
olvidar lo 'sucedido, olvidar su puesto en
el mundo, en aras de esa pasión fría y es­
tatuaria que significa el arte puro, tal co­
mo lo quisieron Joyce, Proust, Kafka o
Kierkegaard. Para quienes puede ser po­
sible -—y debe serlo— el desdoblamiento
de la personalidad humana, pensando que
“ donde concluye el artista, recién comien­
za el hombre” , o sino, esta otra varia­
ción : “ el artista no puede nunca ser po­
lítico o hacer política, porque ésta es in­
famante, mientras que él es etéreo, abs­
tracto, puro, artífice de la belleza” . . .
Tan abstracto y tan etéreo, que Bikini no
llegará a desintegrar sus moléculas físicas
cuando se utilice su energía en abatir las
últimas reservas moleculares de dignidad
cívica. O, como lo dijo cierta vez un po­
deroso intelectual sudamericano, ‘ ‘ el po­
lítico tiene que ir cabalgando sobre la opi­
nión pública porque depende de ella para
ascender en su carrera pública, mientras
que el artista, debe ir navegando en con­
tra do la marejada, porque sólo piensa en
la verdad y en la belleza, y no necesita de
los favores del pueblo” . Estas palabras,
que no son las textuales, pero que tradu­
cen su verdadero significado, constituyen
una ofensa y una injuria para el político,
para el intelectual y para el pueblo, al
tiempo que representan una falsía inusi­

S

' 1
-&lt;

111

Por S. HOROVITZ

tada a la realidad social y artística. Por­
que ni el político debe ser el mercader de
los favores del pueblo, sino la persona que
dedique su vida a conseguir para el pue­
blo el gobierno que sea su representación
integral y su fiel apoderado, ni el intelec­
tual debe ser el anodino artífice de la be­
lleza, alejado del ‘ ‘ mundanal ruido de la
humanidad ’ ’, sino el activo colaborador
del pueblo, en cuanto traduzca y refleje
toda la resonancia política, social, econó­
mica y artística, en sus medios específicos
de producción. A lo que se refiere el su­
sodicho ‘ ‘ purista ” es al falso político, al
demagogo, que es la negación de la polí­
tica, y al falso intelectual, al “ torre de
m a rfil” que es el demagogo de la belleza,
el reaccionario de las letras y de las artes.
Ellos, los puristas, en sus parapetos
marfileños, lanzan sus catapultas contra
los “ hombres vulgares” y los políticos
infamantes (no conocen la política, sino
la espúrea), mientras volatilizan (y este­
rilizan) el tiempo en divagaciones especu­
lativas, en donde puedan demostrar sus
intelectos privilegiados, como esas doctri­
nas filosóficas, tan en boga, que son va­
cuas y oscuras, cuando no disfrazan en
sus paragrafeos, voluntariamente oscuros,
la urdimbre netamente reaccionaria de su
fundamento básico.
Ellos son los que hacen de la novela un
género muerto, apto para descifrar jero­
glíficos, escritos, al parecer, siguiendo la
norma dadaísta: elegir en la oscuridad
del sombrero párrafos escritos al azar, y
unidos en igual forma.
Ellos son los que inventan novelas geo­
métricas, ajenas a la realidad ambiente,
porque son incapaces de recrear lo verí­
dico, de ubicarse en el venero nacional del
lugar en que se encuentran, puesto que de
él no tienen ni siquiera el concepto. Y lle­
nan páginas de innecesarios vocablos — de
lugares, de nombres— extranjeros. Inne­
cesarios, porque no reflejan ninguna rea­
lidad ambiental, ni estudian n in g ú n p S¡.
eología de lugares y persoj::.
cosmo­
politismo no es ni:
.. . la necesidad ca­

Rafael Alberti nació en el sur an­
daluza Puerto de Santa María (Cá­
diz), en 1902. Su primera vocación
fué la pictórica, que abandonó de­
finitivamente en 1924, año en que
por su primer libro de poesías — Ma­
rinero en tierra—• recibe el premio
nacional de literatura de un jurado
en el que figuraban Ramón Menéndez
Pidal. Antonio Machado y Gabriel
Miró. Desde entonces ha publicado
muchos libros de versos — entre los
principales: Cal y canto. Sobre los
ángeles. De un momento a otro. En­
tre el clavel y la espada. Pleamar— :
algunos de prosa —Da arboleda per­
dida. Imagen primera d e........ — v
varias obras de teatro, dos de ollas
estrenadas en España — El hombre
deshabitado y Fermín Galán— v una
en Buenos Aires — El adefesio— .
Desde 1940 reside en la Argentina.

H

A

B

L

A

RAFAEL
ALBERTI
TRABAJO MAS QUT NUNCA
HAGO MI OBRA Y ESPERO
• Su amor a la pintura.
• Sobre letras argentinas.
• Sobre poesía española.
ONRIENTE, afable, y conciso en sus
respuestas, Rafael Alberti facilita nues­
tra labor periodística contestando con ex­
trema amabilidad a nuestro interrogatorio,
del cual son mudos testigos aquellas pa­
redes de su casona de Palermo.
— Veamos — comenzamos diciéndole— .
¿Qué obras tiene en preparación, Alberti?
— En estos momentos estoy corrigiendo
las pruebas do mi libro A la Pintura (poe­
ma del color y la línea) que saldrá en mayo
editado por Losada. Se trata de un ho­
menaje a mi primera vocación: la pintura.
— ¿A que obedece este homenaje?
— Mis nostalgias pictóricas se me fue­
ron acumulando en estos tres últimos años
hasta concretárseme en estos poemas de­
dicados a mis pintores favoritos, esos que
aun sobre mi poesía han ejercido una gran
influencia, y a los procedimientos, útiles
de trabajo, partes, estilos, etc., del arte
de la pintura.
— ¿Que intención orienta a estos poe­
mas?
No encierra este libro, como habrán
visto los que hayan leído algunos de estos
poemas aparecidos en diarios y revistas,
intención didáctica, al estilo de ciertas
obras renacentistas escritas en verso. ¡ Dios
me libre!

S

ampoco de semblanzas poéticas de
los grandes maestros y menos de exalta­
V

lili

ciones líricas de los cuadros famosos, cosa
que ya algunos poetas han hecho. En mi
libro, rehuyendo todo lo descriptivo, anec­
dótico, se pretendo elevar a la categoría
poética la esencia de cada pintor, el sen­
tido de su visión plástica, la entraña pro­
fundamente lírica que por medio de lí­
neas y colores, bajairdo do los ojos, queda
expresado por la mano en el papel, la tela
o el muro.
— Obra do indudable riesgo.
— Sin duda, pues ni la historia ni la va­
lorización crítica pueden estar ausentes
de estos poemas. Pero el poeta, acostum­
brado hoy más que nunca a dejar caminar
flojamente la pluma sobre la cuartilla,
debe ir nuevamente a lo difícil, a enfren­
tarse con situaciones desconocidas, de las
que salga airoso o derrotado, que es pre­
ferible el descalabro antes que la autoTrepetición o el hastío de ropetir lo de los
demás. Si en esta obra me lio roto o no
la cabeza ya me lo dirán cuando el libro
esté en la calle.
— ¿Prepara alguna otra cosa?
— Una obra de teatro, de amor y fiereza
•españoles, centrada en un suceso terreno
con un desenlace mitológico, titulada La
Gallarda (tragedia do vaqueros y toros
bravos). Pero como so trata de una pieza
escénica, es mejor no contar el argumento.
— ¿Creo en la influencia del público so­
bre su producción?
— Cuando estaba en España, creía más
quo en la influencia del público sobre mi
obra, en la del pueblo sobre ella. Entonces,
sí. Yo vivía una vida de poeta en la calle.
Escribía para el pueblo, recitaba mis poe­
mas — y no sólo los míos, sino los de los

lenturienta de la ficción a toda prueba,
de la fantasía inteleetualista sin objeto.
Y no es nacionalismo lo que defendemos,
sino a la realidad. Y a la comprensión so­
lidaria del hombre por el hombre y por la
sociedad.
Son los que han tejido el cañamazo de
los surrealismos, suprerrealismos (todo,
menos realismo) cubismos, dadaísmos, dalismos, existencialismos, para ocultar su
mezquindad social. Y su reaecionarismo
humano. Que existe siempre en su fondo.
Ellos son los que, bajando a la palestra
crítica, minorizan a los escritores que ha­
cen de la vida su escenario, conceptuán­
dolos de panfletistas, de propagandistas,
o, en el mejor de los casos, de “ cronis­
tas” , como si el entrelazar la literatura
con los hechos móviles y transformantes
quo a diario acontecen en las latitudes del
mundo, fuera un denigrante infundio. Pa­
ra ellos, un Upton Sinclair carece de toda
trascendencia, ya que desciende a recoger
el viento en el mundo: es solo un docu­
mento pasajero, que no ha de perdurar en
el tiempo y en el espacio. Y el John'
Steinbeck de Finas de Ira y de En lucha
incierta un planfetista proletario y pseudo-obrerista, posiblemente a sueldo de po­
tencias extranjeras, de subido tono rojizo.
Y Erskine Caldwell, un calumniador, por­
que descubrió que en la bella y rica re­
gión del sur de su país existe una realidad
espantosa, que se había mantenido oculta
por poderosos intereses creados.
Pero, en cambio, el Ulisses es la joya
magna de la literatura. Y se dedican es­
tudios interminables para explicar lo que
probablemente haya querido decir su au­
tor. Sin descubrir, que nada intentó decir.
Porque nada más tenía para decir el re
presentante de una literatura seca, mus­
tia, agostada a fuerza de es; ; ;! iza &lt;■iones
repetidas, como la clase a ía que Jovce
pertenecía
Por todo esto, es quo es una necesidad
vital ubicar en su invalorable sitial a la
legión insigne de escritores de fibra que,
no olvidan la visión del momento, en lo

clásicos españoles— al pueblo; mi voca­
ción, quo es mi vida, le pertenecía ente­
ramente. Ahora, como tantos escritores ar­
gentinos, vivo más bien aislado. Trabajo
más que nunca. Hago mi obra. Y espero.
— ¿Con que criterio cree Ud. que debe
enfocarse la creación: realista o abstracta?
— Oscilo entre los dos. Y creo en los dos,
pues los dos van al hombre. Lo importan­
te es ser pleno en ambos.
— Mucho nos interesarían algunas opi­
niones suyas sobre las letras argentinas.
— Hoy, mejor que desde España, como
es natural, conozco la literatura argenti­
na, la sigo y creo tener muy buenos ami­
gos en ella. Aunque observo más de cerca
el movimiento poético, no se me escapa
que el novelístico más reciente puede al­
canzar verdadera importancia. En estos
momentos del mundo, hay mucho que con­
tar, quizá más que cantar.
— ¿Puede citarnos algunos poetas de su
preferencia?
— Gusto de los más dispares. ¿Nombres?
Oliverio Girondo, Ricardo Molinari, Juan
L. Ortiz con los tres González: González
Tuñón, González Lanuza, González Carballio.
— ¿Y entre los más jovenes?
— Silvina Ocampo, J. R. Wilcock, En­
rique Molina (h.) y Alberto Girri. Sé que
hay nuevos grupos con sus revistas y edi­
toriales, — Osvaldo Svanascini y H. J.
Beeco— entre los que se encuentra el
grupo “ M adí” cuyos intentos literarios
por una serie de circunstancias no he po­
dido conocer aún.
— ¿Sobre la presente generación litera­
ria de su tierra natal, España?
— ¿Sobre la de fuera o la de dentro?
De la de dentro. . . Allí, en España, sólo
queda un poeta, un verdadero poeta, enfer­
mo desde hace más de 20 años: Vicente
Aleixandre. De otros, más jóvenes, nues­
tros, de quienes de cuando en cuando me
viene alguna cosa, decir su n-ombre sería
imprudencia.
— ¿De los demás de allí?
— Mucho conformismo, mucha poesía de
lectura, demasiado eco, ninguna audacia.
En cambio, sabido es y demostrable, que
lo mejor de la presente literatura espa­
ñola — y me limitaré sólo a la poesía—
se halla fuera de nuestra patria.
— Ahí tienpn ustedes en Norte América
a Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas,
Jorge Guillén, y últimamente a Luis Cor­
nuda. Y por estas orillas, venido no hace
mucho, a León Felipe.
— ¿Nombres nuevos?
— Los hay, y desarrollados, en algunos
casos, contra viento y marea, en medio
do las enormes dificultades de crecimiento
que se le crea a una juventud arrancada
do pronto de su tierra. Es una gran des­
gracia. Pero así y todo, van alzándose
nombres, perfilándose.
— ¿ Por ejem plo. . . ?
— No quiero nombrar los que hay en
México, Venezuela, Chile o París. Le diré,
terminando nuestra charla, dos que están
aquí en la Argentina: Arturo Serrano
Plaja y Lorenzo Varela.
O. H.

que tiene de trascendente, en el enfoque
de sus obras, sirr perderse en el laberinto
de la “ complejidad psicológica-filosófieainteleetual” del diletante purista, si­
guiendo imperturbables su labor construc­
tiva, edificando cada uno en su plano, los
pilares sustentadores de una civilización
que se vislumbra, en medio de la bruma
atomizante que asfixia actualmente a la
humanidad, en los dos aspectos fundamen­
tales de la verdadera literatura: negación
de lo falso y afirmación de lo verdadero.
Sin importar que esa verdad sea “ fe a ”
0 que esa falsedad sea “ bella” . Lo cual
puede suceder.
Y, dentro del plano universal, es la
línea que comienza a intuirse en nuestra
literatura, tan huérfana de realidades
tangibles. Esta intuición se afirma en
la mayoría de los escritores de reciente
promoción, muchos de los cuales hair vi­
vido en medio de la ráfaga borrascosa
do estos años del siglo, vientos cuyos
ecos no sólo llegan, sino que castigan
estas playas, que antes eran insulares
pero que ahora pertenecen al macizo con­
tinental. Muchos de los cuales se han
educado en la escuela viva del periodis­
mo, que enseña a leer entre líneas los
telegramas que las agencias noticiosas
venden como legítimas. Muchos de los
cuales no han tenido oportunidad ni me­
dios para formarse en academias puris­
tas, sino que han tenido que luchar por
el pan diario, elevándose por sí solos,
movidos por la pasión de vida que en
ellos palpita. Y todos viendo que inuti­
lizábase, en el agua no potable de la
puridad, las personalidades m ej— •$
pacitadas por condii^an - áe eftüüio j
de ingf-r.i .'
Es la línea tendida por nombres que
comienza a nombrarse con respeto y ad­
miración, al lado de otros, ya renombra­
dos. Alfredo Varela, con El Río Obscuro,
en aplaudida «ogunda edición-. Bernardo
1 erbitsky, agrandando sus preocupacio­
nes colectivas hasta la ya no lejana Eu­
ropa en En esos años de recientísima apa­

rición. Atahualpa Yupanqui, condensan­
do el folklore legítimo en collar de rela­
tos vivientes, en Cerro Bayo. Carlos^
Ruiz Daudet, sumando inquietudes lau­
dables en sucesivos avances, desde sus
primeros cuentos, hasta su novela El
Caudillo y la que esperamos dentro do
breves meses. Raúl Larra, bosquejando
aspectos múltiples del Chaco, con ra­
pidez de cinematógrafo. Alvaro Yunque,
aprisionando en la biografía de un hom­
bre — Leandro N. Alem—; ciento tres
años de vida argentina. Y toda la lite­
ratura social rioplatense. Y la historia
vivida. Enrique Amorim, estudiando el
campo abierto de la Naturaleza y del
hombre, y el campo prieto de las luchas
cívicas. Gerardo Pissarello, despertando
conciencias y evocando el pasado con vis
tas al futuro, en Che Retó. Gudiño Kramer, en labor propia Aquerenciada so­
ledad y en labor editorial, unificando el
interior y estimulando a los escritores
noveles.
Y con ellos, muchos más, cuya nómina
escapa a esta ocasión, cuyos méritos
— excluyendo los intrínsecos, que son mu­
chos— radican también en ser los pro­
pulsores de un despertar de la concien­
cia humanística en el hombre argentino,
y acrecentar en los escritores el afán de
escribir por algo y para alguien. Y no
sólo para apagar la sed de vanidad in­
telectual. De escribir en nombre de todo
el pueblo argentino — y con él de todos
los pueblos— y dirigidos a todos los hom­
bres, sobre la totalidad de los problemas
que a ellos incumbe resolver, sobre la
complejidad simplista de la vida, en sus
más variados aspectos, para que de esa
labor surja el fruto anhelado por todos:
el conocimiento integral de nuestra rea­
lidad, de nuestros problemas, de nuestras
insuficiencias y de nuestras esperanzas,
de nuestros defectos y de nuestras vir­
tudes. Para que lleguemos a compren­
dernos y a amarnos, y con ello desapa­
rezcan las diferencias regionales que el
desconocimiento origina. Para que con
ello surja la educación de claso y de fra­
ternidad. Para que desaparezca la “ ca­
beza de medusa” porteña, ese gigante
monstruoso en cuerpo raquítico, nivelan
uo la savia en donde falte, para consti­
tuir el cuerpo orgánico que aún no existe,
y robustecer el summum de la Nación.
A ellos debemos estimular y animar,
porque de ellos depende el futuro de
nuestra literatura, y como la literatura
es el reflejo de la cultura, se desprende
que también es la cultura argentina la
que depende de que todos los escritores
comprendan esta verdad, y la sigan.

HUIS lili

COMPOSITOR

( Viene de la primera página.)
En efecto. Desde la dispersión del grupo
de Schoenberg, en Viena, que tanta in­
fluencia ejerciera sobre la música de Cen­
tro Europa, y más tarde sobre la de casi
toda Europa y parte de América, nin­
guna escuela puede presentar un grupo
tan lógico y orgánico en su directiva,
como el actual de compositores checoes­
lovacos. Esta continuidad arranca de la
tradición, lazo que une a los composi­
tores checoeslovacos más modernos, de
importancia europea, con los maestros de
la generación anterior: Foerster, Novák.
Suk, ~Janácek, Ostrcil, quienes a su vez
avanzaron notablemente sobre la prece­
dente de Smetana, Dvorak y Fibich.
La evolución de la música de Checoes­
lovaquia nos muestra figuras y persona­
lidades, tanto en los teóricos como en
los compositores, de importancia europea,
es decir, mundial, y que en nada ceden
a los del resto de Europa, ya se trate
de los más grandes. Hubo, en efecto, gran­
des teóricos de no menor importancia que
un Busoni o un Schoenberg; pero si bien
se busca entre los músicos checoeslovacos
continuamente la propia expresión, no
se desdeña en modo alguno lo que pro­
viene de fuerá en materia de evolución
lógica, asimilando principios y nuevos
hallazgos, aunque sin perder de vista el
problema de la propia individualidad.
La música checa parte de lo popular,
del cultivo del folklore, para remontarse
hasta la teoría especulativa en el reino
de los sonidos organizados, de la expresión
espacial de contenido autóctono, casi in­
consciente en su forma de manifestarse,
hasta el examen consciente, la álgida pre­
gunta que muchos músicos jamás se han
planteado a sí mismos: ¿qué entendemos
por música, para qué la hacemos, cómo
la hacemos o cómo debemos hacerla? En
este sentido, las respuestas dadas al tre­
mendo problema por el teórico Vladimir
Helfert al rechazar el viejo criterio ro­
mántico de forma y contenido, y estable­
cer en su lugar ‘ ‘ la unidad del pensa­
miento musical y de la fuerza do repre­
sentación musical” , parece ser definiti­
va para la marcha ulterior de la música
checoeslovaca.
Sin embargo, Rudolf Steiner parece ser
el verdadero y más completo orientador
do las modernas tendencias de su país,
cuya influencia teórico-mística actúa so­
bro el propio Alois Hába en cuanto a
la faz espiritual del arte y la consiguien­
te respuesta a la tremenda pregunta ya
enunciada. La música, según Steiner, res­
ponde a lo más íntimo de la naturaleza

del hombre, ya sea como necesidad de
expresión retrospectiva y espacial o in­
trospectiva y temporal. Es lógico que la
evolución musical se realice siempre en­
tre ambas particularidades: del arte fol­
klórico basado en el gesto, (rítmico o
sonoro, según los casos) al arte abstracto, i
expresión temporal, liberada del espacio, i
media toda la evolución posible de un
un arte; del arte imitativo al arte como
expresión creaeional, desligado de la rea­
lidad inmediata y con miras a una edu­
cación superior del espíritu.
Para Steiner, las funciones psíquicas
y espirituales del hombre — pensamiento,
sentimiento, voluntad— tienen su plena
correspondencia en las funciones primor­
diales de la música — melodía, armonía,
ritmo— . De esta manera queda la música
reconocida como un factor de relaciones i
del hombre con la vida y el universo to­
do, a la vez que como expresión — mani­
festación— de lo más íntimo de la na­
turaleza humana, desde el aspecto físico
primitivo hasta la expresión temporal. !
Pero en cualquier forma, un arte emi- j
nentemento vital, donde no tienen cabida
el diletantismo ni el saber técnico en sí,
mera pedantería escolástica. Un ideal cós- i
mico de libertad colectiva, trasunto de ;
la libertad individual; el arto cobra así
un aspecto religioso, no en un sentido
cristiano a la manera de Tolstoi, sino
de verdadera hermandad humana, en cuya
realización están empeñados millones de
seres. La Novena Sinfonía de Beethoven
toma al respecto el valor de documento |
profético y de luminoso e inasequible faro,
primera y aún no superada etapa en la
marcha hacia el nuevo ideal.
La música, quizá más que ningún otro
arte, depende para poder realizar su desa­
rrollo, del desarrollo de la técnica. Una
nueva concepción musical es difícilmente '
imaginable sin profundos cambios en la
técnica musical; basta recordar los ejem­
plos ilustrativos de Monteverdi, Beetho­
ven, Liszt, Skriabin, Debussy o Schoen­
berg. Y así, para la realización de ec
ideal de arte educador, redentor, com
propicia Alois Hába a través de Rudolf
Steiner, fue necesario un cambio radical
do miras en la técnica de la música che­
coeslovaca. De esto modo, la respuesta da­
da a la pregunta, ¿para qué hacemos
música? fué seguida de otra conferida
al ¿cómo la hacemos o debemos hacerlaI. ¡
Es indudable para nosotros, que el sistema de cuartos, sextos y doceavos de j
tonos, definitivamente asentado por Alois i
Hába, responde a razones de desenvol­
vimiento histórico. Hába considera ago-,
tado el sistema semitonal de uso en la!

�ca b a lg a ta

Por EDUARDO JOUBIN COLOMBRES
I indagamos los móviles determinantes
de los impulsos demoníacos de Charles
Baudelairo encontraremos que todo su ser
estaba condicionado a variaciones alter­
nadas y constantes de apetencias sódicas y
masoquistas como en el caso de Artliur
Bimbaud.
El espíritu del poeta participaba de la
lucidez trascendente del poseso y de la
inspiración sobrenatural del genio. Eran&lt;jois Porchó. con su reconocida sagacidad,
en un estudio reciente ha dado a conocer
algunos detalles desconocidos acerca de la
vida íntima del poeta. F1 complejo de Ed:po había creado en ól una naturaleza vo­
luble y libertina, cínica y pertinaz en sus
manifestaciones amorosas.
El proceso de la destrucción de todo el
mecanismo normal de su vida radica ex­
clusivamente en su ternura filial, intensa
y vivaz. Sin lugar a dudas, Baudelaire
amaba a su madre con egoísmo pasional.
Siempro recordaba sus salidas con ella, sus
paseos por el jardín de Luxemburgo, y,
cuando niño, ese placer de frotarse contra
su falda de seda y abrochar su collar de
turquesas.
Estos actos representativos de su instin­
to sexual constituyen la raíz esencial de
su neurosis. Psicoanalíticamente, estas ma­
nifestaciones coinciden en un todo con los
estudios acerca del complejo de Edipo, el
cual, al decir de Freud, es el “ nódulo de
las neurosis y representa la parte esencial
del contenido de las mismas” .
Si evidentemente, los amores de Baude­
laire fueron múltiples y ridículos, como
en el caso de Juana Duval, llamada la Ve­
nus negra, el apasionamiento, el amor por
Aglaé Sabatier, conocida en los salones de
París con el nombre de la ‘ ‘ Presidenta” ,
gracias al ingenio de Gauthier, lo lleva a
hacer de ella un culto, a endiosarla tal co­
mo si fuese una nueva Friné de los poe­
tas,. 'Eotet iiguva, i/e mujer, que fué expues­
ta en el Louvre en 1847, bajo el titula
Xa mujer picada por una serpiente, por el
célebre escultor Clésinger, era un tipo de
mujer ‘ ‘ con ánimo trivial, bajo, popula­
chero, un poco canalla” , según el testi­
monio de los Goncourt. Sin embargo, Bau­
delaire crea alrededor do ella un culto y
le dedica muchos de sus mejores poemas,
como Ré-versibilité y Confession.
Los amores de Baudelaire con la Presi­
denta adquieren dos aspectos complemen­
tarios y a la vez diferenciados, cuyas esen­
cias son, indiscutiblemente, unitarias, pues
el centro originario de todo el proceso
amoroso so origina a todas luces en la in­
clinación ya primigenia en el poeta hacia
su propia madre. De ahí es que la ternura
hacia Madame Sabatier no sea más que
una prolongación del amor materno y un
contraste lógico de la resultante dialéctica
del espíritu. La apetencia sexual del poeta
estaba lejos de ser normal. Porche estima
que el amor del poeta hacia Madame Sa­
batier es un caso de mitología amorosa
deformada, rectificada, embellecida y su­
blimada por una curiosa sustitución repre­
sentativa, y en cuanto a los demás amores
—transitorios y fugaces, como el de la Ma-

S

rvx y el de Juana Duval— , la ternura ín­
tima'y la modalidad del ‘ ‘ dandy” era una
prolongación evidente del hecho psicoanalítico ya estudiado, porque Baudelaire, des­
de sus primeros años, lo único que quiso y
que amó por arriba de todo fué a su pro­
pia madre Muchos de los biógrafos del
poeta coinciden en afirmar que toda su
maldad, su angustia y su vida depravada
tuvo como único origen el secundo matri­
monio de su madre, pues siendo una mu­
jer hermosa enviudó precisamente cuando
sus encantos alcanzaban el mavor esplen­
dor. Si bien es cierto oue el poeta, cuando
apenas contaba seis años, experimentó pla­
cer con la muerte de su padre, pues el amor
instintivo hacia su madre degeneraba ya
en terribles celos, mucho mayor fué luego
el placer que le produjo la muerte de su
padrastro, a quien muchas veces intentó
asesinarlo. Esta exaltación sentimental del
niño por la ternura materna nos explica
mucho del contenido de varios poemas de
este genial espíritu, como aquel que dice:
Angel lleno de bondad, ¿ conocéis el odio.
Los puños que se crispan en la sombra y
[las lágrimas de hiel
Cuando la venganza bate su infernal lla[mada
y de nuestras facultades se convierte en
[ capitana ?
A ngel lleno de bondad, ¡conocéis el odio?
Las relaciones del poeta con la ‘ ‘ Presi­
denta” no impidió que éste siguiera vién­
dose con las otras mujeres corruptas, pro­
fesionales en el arte del vicio y del amor.
La ‘ ‘ Presidenta” se complacía en recibir
al poeta en su casa de la calle Frochot,
amueblada por su amante Mosselmann y
cuyas relaciones íntimas Baudelaire no .las
desconocía. Allí el poeta cristalizó su ado­
ración y creó el *‘ mito de la diosa blan­
c a ” , mito qüe más tarde se derrumbaría
'iva Va violencia y el «stertor de un des­
garramiento atroz. A llí el poeta tuvo am­
plia acogida para gozar del ambiente bo­
hemio en que estaba acostumbrado a vivir,
máxime si se tiene en cuenta que en esas
reuniones se abusaba de los estupefacien­
tes. En el fondo, Baudelaire era tímido y
débil do carácter; tenía la sensibilidad de
un niño, y era, sin lugar a dudas, un ‘ ‘ ni­
ño grande” , como diría Goethe, pues esa
es la condición preliminar de todo gran
poeta.
El culto a la ‘ ‘ Presidenta” , a la vez
que constituye una exaltación pasional &lt;le
los complejos sentimentales de un hombre,
es un canto a la indecencia y a las depra­
vaciones de esta mujer que a los diez y
siete años había comenzado a convivir con
pintores como Clésinger y otros persona­
jes ilustres de la época.
Charles Baudelaire, llamado el ‘ ‘ genio
del m al” , el ‘ ‘ poeta maldito” , como Verlaine y Rimbaud, es, sin embargo, la per­
sonificación de la honestidad y de la ter­
nura; su corazón era tierno como el que
más, porque era un soñador víctima de sus
propios sueños. Su ideal imposible colin­
daba con la tragedia y si esas mujeres

— malditas y depravadas, como se quiera—
no hubieran existido en su vida quizás no
hubiera escrito tan hermosos poemas y se­
guramente la desesperación lo hubiera con­
ducido a la locura y a la muerte prema­
turas.
En el poema Confession, dedicado a la
‘ ‘ Presidenta” el 9 de mayo de 1853, el
poeta evoca la felicidad que le otorga esa
mujer do ensueño sobro el recuerdo triste
que hiere sus carnes; por eso encuentra
que ya todo sea tarde, aunque piensa que
la solemnidad de la noche, como un río,
sobre París se extendía, porque su alma
‘ ‘ como un niño raquítico, horrible, som­
brío, inmundo, que a la familia deshonra­
ría, vivió lejos del mundo en una cueva
mísera y secreta” . En este mismo poema,
Baudelaire expresa que la esencia de lo
humano es el egoísmo, que ‘ ‘ esculpir so­
bre los corazones es una cosa tonta, que
todo acaba, amor y belleza” .
Todas las cartas enviadas por el poeta
a la ‘ ‘ Presidenta” fueron anónimas, y
así en una de ellas le decía: ‘ ‘ En verdad,
señora, lo pido perdón por esta coplería
anónima e imbécil que se resiente enor­
memente de infantilismo. ¿Pero, qué ha­
cer? Soy egoísta como los niños y los en­
fermos. Pienso en las personas queridas
cuando sufro. Generalmente pienso en us­
ted en versos y, cuando los versos están
hechos, no puedo resistir al antojo de ha­
cerlos ver a la persona que es objete de
e llo s .. . Al mismo tiempo, me escondo co­
mo alguien que experimenta un temor an­
te el ridículo.” Y terminaba con esta ex­
presión: ‘ ‘ Por absurdo que todo eso pue­
da parecerle, imagínese que existe un co­
razón del cual no podrá mofarse usted sin
crueldad y en donde su imagen vive siem­
p re” . En las cartas sucesivas, en las últi­
mas, el poeta destruye el mito creado. La
‘ ‘ Presidenta ’ ’ se desmorona conío un cas­
tillo de naipes y entonces él expresa: ‘ ‘ Y o
he de sor tu ataúd, amable pestilencia;
veneno que 'le« ángeles prepararon; bebida
que me abrasa. '¡Obi tni vida! ¡Oh muer­
te de mi V id a !” Luego añád"V ‘ ‘ Vivir
es un mal. ¡Calla, ignorante! ¡Calla, al­
ma siempre aturdida! ¡Boca que infantil­
mente ríe! Deja, deja mi corazón de men­
tira embriagante. Más que la vida, la
muerte sabe atarnos en sus redes sutiles” .
El romance del poeta con la ‘ ‘ Presiden­
t a ” acaba mancillando el culto, apuña­
lándolo. La ‘ ‘ Presidenta’ ’ ha dejado de ser
suave, se mueve dentro de un ‘ ‘ libertina­
je sanguinario” y, con violencia, le grita:
‘ ‘ Para castigar tu carne alegre, para mar­
tirizar tu seno perdonado, y hacer en tu
vientre sorprendido una herida ancha y
cruel, te echaré mi veneno” . Evidente­
mente, el poeta de Las Flores del Mal,
para destruir ese culto, tenía que reencon­
trarse con la esencia de su amor; fué en
busca de su madre, con quien vivió desde
entonces en Honfleur, y después de algu­
nos viajes inesperados, la enfermedad lo
abatió en Namur para morir poco tiempo
después en la casa de Salud del doctor
Duval, en la calle del Dome, en Neuilly,
el 31 de agosto de 1867.

EL Ú L T IM O FL O R E C IM IE N T O
DE LA E D A D M E D IA ,
por el Barón José van der Elst

•AM» US**V&gt;MI ILST

€1 Ultima /larmnirnli
ir la £ia¡&gt; Hlrdia

La vida del pueblo y pintores flamencos en una gran obra, pro­
fusamente ilustrada con motivos de Van Eyck, Van der Weyden.
Bouts, Van der Goes, Petrus Christus, Memling. Bosch, Bruegel
y otros artistas del pincel quo interpretaron en colores los sen­
timientos, tradiciones y costumbres, doctrinas y religión, y demás
íntimos detalles de la vida cotidiana en la próspera burguesía de
Brujas. El autor describo en toda su grandeza la escuela flamenca,
que contribuyó a formar el dorado esplendor de los últimos dias
de la Edad Media.
Hermoso volumen de 226 páginas, lujosamente encuadernado e
ilustrado con 16 láminas en colores y 129 grabados en negro $ 40.—

IDICtUSLAmits

H IS T O R IA DE SA N M A R T ÍN y La Emancipación
Sudamericana, por Bartolomé Mitre
Obra de indiscutible calidad, debida a la pluma de un üustre argentino, en la que se reflejan
las heroicas hazañas del Gran Capitán de los Andes.
En una edición magníficamente presentada y profusamente ilustrada con mapas de campana
y escenas reproducidas de cuadros famosos........................................................................... $

N A P O L E Ó N , De Marengo a W a te rloo, por el general Barón de Marbot
Obra fundamental, cuyo subtítulo es “ Memorias de un soldado de
la República y el Imperio” , que contiene todo el apasionante proceso
napoleónico.
En un lujoso volumen de 786 páginas, ricamente encuadernado e
ilustrado con 32 láminas en citocromia y numerosas reproducciones
en negro.............................................................................. . . . $ 100.—

A N D A N Z A P O R T E Ñ A DE SIM ÓN
B A D A JO , por Martín A. Noél
Un buceo del Buenos Aires contemporáneo y de su hombre realizado
con pasión americana. Una crítica valiente, leal y profunda de as­
pectos político-sociales de nuestro ambiente........................ $ 9.—

i D E A P A S IO N A N T E

A C T U A L ID A D !

C U A T R O A Ñ O S E N LAS O R C A D A S D EL SU R ,
por José Manuel Moneta
(Obra Premiada por la Comisión Nacional de Cultura)
El extraordinario relato de un integrante de cuatro expediciones argentinas de las que
anualmente son enviadas a las Oreadas Australes, describiendo, con pluma ágil, heroicas
v vigorosas anécdotas sobre la dureza de la vida polar que, en el Antártico, debe afrontar
un reducido núceo
argentinos.
(En prensa la nueva edición.)

Avisos en C ABALG ATA

OFICINA TECNICA DEL LIBRO
Corrientes 1135. 2? B ■ T. A. 35-0878 - Buenos Aires

música do Occidente, y por ese solo mo­
tivo tiene ya derecho a buscar los me­
dios que considera adecuados para con­
tinuar la evolución de su música.
Estos nuevos elementos, jasados en Ia
división del semitono, los halló Hába por
primera vez en la música popular típica
del país, y luego en las músicas de Orien­
te, y le sirvieron de punto de partida
para la evolución que realizaría poste­
riormente.
Mientras continuaba en sus análisis,
deducciones y probaturas a base de in­
tervalos más diferenciados que nuestros
semitonos, so enteró que en 1917, en ple­
na guerra, W illi Móllendorf daba a co­
nocer en Alemania y Austria su propio
sistema do cuartos do tono valiéndose de
un armónium, también de su invención.
Esto lo hizo perseverar en sus trabajos,
ya más afirmado en su idea, a lo que
contribuyó el contacto con las teorías de
Busoni, decisivas en cuanto a la renova­
ción microtonal. Si en realidad el cono­
cimiento de los cuartos de tono data de
la Edad Media, su aplicación práctica
pertenece a nuestro siglo. Era necesario
el agotamiento del sistema cromático tem­
perado, a cuyo uso so habían acostum­
brado los oídos luego de un transcurso
de siglos, para que el cuarto de tono
apareciera como lógica consecuencia del
sistema semitonal.
Es sabido que Schoenberg liquidó los
procesos diatonales y pulverizó la tona­
lidad clásica; para substituirla creó un
sistema de escritura basado en la auto­
nomía de las doce notas do la escala tem­
perada, anuló los conceptos de consonan­
cia y disonancia y busca actualmente nue­
vas formas adecuadas para encauzar las
. corrientes pantonales. Alois Hába, luego
de haber llegado conscientemente a los
doco tonos, concibe el estilo atemático
como lógica continuidad de las libertades
armónicas derivadas de Schoenberg, y
que no habían logrado aún la correspon­
diente libertad de forma, según su cri­
terio.
Decíamos que liaba, al considerar con­
cluido el ciclo do la música basada en
los doce sonidos de la escala, estaba en

perfecto derecho de buscar el camino que
respondiera a su evolución natural. Sin
embargo, como siente y concibe la música
como algo unido indisolublemente a los
hechos y al significado del desenvolvi­
miento de la humanidad, no parte de un
principio individualista o edénico, como
hicieron los compositores franceses de co­
mienzos de nuestro siglo, ni de la am­
bición faústica al modo de los germanos,
sino que busca una aplicación de la mú­
sica-melodía, armonía-ritmo, equivalentes
a pensamiento - sentimiento - voluntad en
un sentido absoluto, capaz de acercarnos
al conocimiento de la esencia del hombre
y aún de guiarle espiritualmente en me­
dio de la actual crisis mundial de la so­
ciedad. Llevado de estas ideas, Hába
plantea y realiza su famoso estilo ate­
mático, .a l que siempre con miras a Rudolf Steiner que como se ve ha ejercido
una influencia decisiva sobre el gran mú­
sico checo, explica como la expresión de
la libertad humana y de la libre colabora­
ción, frente al estilo temático que tanta
importancia ha tenido hasta hoy, y qué
considera por sujeción a un principio
establecido — el tema— como reflejo de la
conducción divina y espiritual de la hu­
manidad.
Volvemos, pues, a encontrar un porqué
ideológico en las renovaciones realizadas
por Hába. Nos enseña que lo verdadero
de un estilo en música — y en arte en
general—, no es un asunto arbitrario o

REVISTA

DE

( Viene de la pág. 5.)
inevitable. Y esto hay que puntualizarlo
muy bien y muy claro —yo lo ha hecho
también Juan Marinello en su ‘ ‘ Discurso
a los escritores venezolanos ’ ’— porque la
confusión so acentúa cuando vemos que
existen intelectuales, T. S. Eliot y Bertranvl Bussell entre ellos, que postulan
como única solución a los problemas que
afligen a la humanidad, el inmediato em­
pleo de la bomba atómica por parte de
E. E. U. U.

imposición a acatamiento ciego a una
técnica de la composición, sino la con­
secuencia externa de nna revolución in­
terna. Esto está de acuerdo, como se ve,
con los principios comunes a todas las
grandes renovaciones artísticas, que son
de dentro hacia afuera, al contrario de
los períodos de perfeccionamiento o con­
servación de un estilo, que son de fuera
hacia adentro.

AGENCIA

LA CIUDAD

El estilo atemático, cuya primera ins­
piración fué dada a Hába por el canto
popular eslovaco, conduce a la máxima
libertad individual en él artista. El pen­
samiento — melodía— , el sentimiento — ar­
monía— , el ritmo — voluntad— , obedecen
aquí a la propia lógica impuesta po t la
individualidad del músico. De nada sirve
la retórica tradicional para el caso; el
atematismo es un crisol demasiado im­
placable para toda valorización; y si es
verdad que conduce a la máxima libertad
del que lo emplea, no es menos cierto que
lo obliga a una responsabilidad más d ifí­
cil y mayor. Supone el estilo atemático,
según Hába, la contribución individual,
basada en una máxima libertad de expiesión de procedimento, y destinada a
crear nuevas relaciones de vida en una
colectividad espiritual. Esto es, de acuerdo
a su concepción, lo universal y lo humano
en música; el estilo atemátieo, entonces,
deviene del hecho de que cada individuo
creador tiene su propio ciclo vital de acuer( Continúa en la pág. 8.)

LA COLINA

(H istoria del V aticano )

Con 32 páginas ilustradas
fuera de texto
Libro de interés extraordinario,
obra de James A. van der Veldt,
sabio y filósofo, crítico agudo en
temas de arte y arquitectura, hom­
bre de talento e ingenio ampiisimos.
Con singular acierto se tratan en
este libro temas tan sugestivos
como: la vida íntima del Papa;
la Corte Pontificia; los cuatro
ejércitos papales; el archivo más grande del mundo; la colección máa^ antigua
do manuscritos griegos, siríacos, coptos, romanos; los tesoros paleográficos del
Vaticano: palimpsestos, incunables, códices; Hospitales para obras de arte, gobelinos, mosaicos, libros, manuscritos; los “ negocios” del Vaticano; vida anec­
dótica de Miguel Angel, Pra Angélico, Rafael, etc.; los grandes genios del arte
y sus obras maestras; el arte del tejido; famosísimos gobelinos flamencos; el
templo más grande del mundo; Mussolini y la Santa Sedo; Austen Chamberlain
y Pío X ; el genio moderno de Pío X Í; la intuición diplomática de Pío X I I ,
la belicosidad de Sixto V y Julio XX; la vida actual del Vaticano y del Jefe
de la Iglesia. . en síntesis, todas las maravillas que encierra ese lugar extra­
ordinario, esa minúscula y grandiosa nación que es el Vaticano, residencia secular
de los Jefes de la Cristiandad.

REVISTAS
Es doloroso comprobar que la postgue­
rra de la más trágica hecatombe cuenta
con estas mentalidades, pero, tal como di­
ce Herzog, y tal como lo creen la mayoría
de los intelectuales americanos: ‘ ‘ Hay
otros, los amigos de la paz, que creen que
es posible con buena voluntad y altura
de miras, tomando en cuenta supremos in­
tereses humanos, encontrar fórmulas de
coexistencia entre las potencias en pugna” .
LTna pugna fomentada artificialmente,
agregamos nosotros.

AUTORIZADA

\

PRECIO DEL VOLUMEN ENCUADERNADO . ........................................

*

i a ““

Solicítese en las buenas librerías o a esta editorial,
en cuyo caso se le remitirá libre ele gastos de envío.

S.A E D I T O R I A L
Campichuelo 553

T. A. 43-151Í0

RELL
Buenos Airee

�8

ca b alg ata

LA POESI A
CONTEMPORANEA DEL

PERU

Por SEBASTIAN SALAZAR R O M )Y
A

L cabo del romanticismo, iniciado a principios de 1841 y concluido efectivamente
hacia 1015 con la aparición de Josó Mana Escuren, la poesía peruana encuentra un
cauco propio, igualmente ajeno al tributo de los modelos europeos — arribados siempre
«on lamentable retraso— como al folklorismo nacido bajo el signo de un nacionalismo
literario más pintoresco que esencial. En el lapso transcurrido entre ambas fechas, el
nombre de José Santos Chocano, modernista de incuestionable filiación romántica,
usufructúa una popularidad excluyente que opaca sin justificación la obra de otros
más sinceros. Chocano se fabricó y so ocupó en propagar una aureola que sus versos
proclamaron empapados en las aguas de Espronceda y Salvador Rueda, y recogió, en
desordenadóYfearreo, del Parnaso la predilección marmórea y de Darío la musicalidad
resonante que él multiplicó hasta hacerla detonante. Vista desde lejos su obra es
fácil comprobar que continúa una corriente retórica presente en Olmedo y viva’ en
sus descendientes.
La reacción antirromántica, antichocareñidas con lo tradicional en las cuales se
nespa, se inaugura con González Prada,
entremezclaban aquello que era conquista
cuya poesía se expresa en ritmos exóticos
del sobrerrealismo y las escuelas de van­
y formas que van de la villanela al rubay
guardia y un ánimo ardido, informe, que
y a la que preside cierta recatada melan­
sin duda veníale como herencia indígena.
colía, cierto gesto intimista y recogido.
Dolor humano, hondísimo, vibraba dentro
Sin embargo, González Prada era sola­
de su expresión:
mente un panfletario y su labor literaria
se vió mellada por el ejercicio político — H e almorzado solo ahora, y no he tenido
la intolerante prevaricación social. José
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
ni padre que, en el fecundo ofertorio
María Eguren, en cambio, trabajó en una
de los choclos, pregunte para su tardanza
obra definitiva cuyas consecuencias ha­
de imagen, por los broches mayores del
brían de ser de notable provecho. Es el
grupo encabezado por Abraham Valdelo[sonido.
mar que publica la revista Colónida el que
lo acoge y lo defiende. Más tarde lo con­
Sí, melancolía de raíz india como se
sagraría Amauta, la revista que funda y
ha dicho, pero también y principalmente
dirige José Carlos Mariátegui. Por vir­
angustia de hombre de cualquier latitud.
tud de ambas publicaciones, Eguren sin­
Por ella poco costaría asimilarlo a la
gularmente angelical y puro, dió vida al
estirpe existencialista, pero lo sabemos
nuevo espíritu de la poesía peruana.
creyente, ahito de una fe contradictoria
que pugna en el hondón llena de afir­
Eguren o la celestía
maciones y negaciones.
España, aparta de mí este cáliz y Poe­
“ A mí me gusta la belleza, la celesmas humanos nos muestran al poeta en
tía ” , afirmaba y era justo. Es difícil
su más ceñido momento, truncado fatal­
precisar si es en la vida o en la obra de
mente por la muerte prematura. En el exi­
Eguren donde hay más fantasía. A fortu­
lio voluntario desapareció Vallejo, joven
nadamente una y otra so confunden en
aún. La poesía peruana recibió de él una
una hermosa aventura por mundos de
beneficiosa influencia que se concretó en
irrealidad desasidos de toda referencia di­
la liberación de las últimas ataduras ro­
recta o anecdótica. Su existencia soledosa
mánticas.
transcurrió sin peripecia en una monacal
dedicación a la música, la pintura, la foto­
Indigenismo y Universalismo
grafía microscópica, a la poesía en fin.
En el pequeño tomo do Poesía reunió toda
A partir de 1926 se destacan en la
su creación. Allí miríficos personajes de
poesía peruana dos corrientes. La prime­
mitología infantil (Juan Volantín, el Du­
ra denominada indigenismo intentó incor­
que Nuez, Perengrín Cazador de Figuras)
porar al poema temas autóctonos y pcaparecen confundidos con las seña-; del
fctbrá? &lt;íg iXfif.':" ouecha „ ainiara con
amor o ni utm ~l%..
o-en o dol mal.
el fin tic obtener, por errado camino, una
La ironía anima secretamente la poesía
expresión nacional. Los indigenistas se re­
egureniana y cada uno de esos muñecos
belaban contra lo europeo, pero aprendían
prefigura una verdad convertida, por
del ultraísmo la técnica, el mecanismo ex­
suerte de misterioso quehacer, en símbolo
terior. La mayoría cayó en un prosaísmo
cuajado de sencillez y pureza. Nos basta
insustancial:
cualquier ejemplo:
Plomizo, carminado
y con la barba verde,
el ritmo pierde
el dios cansado.
Eguren mostró por vez primera el poder
de la poesía. La magia prístina o velada
de sus versos había de desenmascarar fá ­
cilmente el embuste de Chocano y así fue
por fortuna. El reino del autor do Alma
América, cuando el simbolista peruano fué
conocido, tocaba su fin.
César Vallejo, el hombre
Amauta acogió entre otros a un poeta
extraño que desde las sierras del norte
había llegado a Lima con un hermoso
libro do poemas titulado Los Heraldos
Negros, al que seguiría otro no monos
bello y personal denominado Trilce. Con
éstos dos libros se abrió un nuevo perío­
do para la poesía peruana. Vallejo, que
así se apellidaba el autor de ellos, ma­
nifestó desde el primer verso una perso­
nalidad peculiar. Había en su poesía una
manera dolorida, atormentada, de ver los
problemas del hombre y se reconocía en
ella el crispado acento de quien ha nacido
bajo una cifra aciaga. Mariátegui, tan
zahori para lo nuevo, en su ensayo sobre
el proceso de la literatura peruana re­
conoció hábilmente que V allejo traía con­
sigo una técnica distinta y que creaba
un lenguaje cargado de materias propias
y rebeldes. No so trataba de ideas o pa­
labras originales. Se trataba de formas

Llamarada lujuriosa,
eharankara tutatuta,
las callejas
ven pasar a remolque tus polleras.

mente para salvarlos de la peligrosa bo.hemia en la que vive su autor. Aparte de
su poderosa inclinación a las formas poé­
ticas tradicionales y a algunos temas pre­
feridos por la poesía española, su poesía
está colmada de una intensa pasión que
con temblor angustioso fluctúa entre la
duda y la fe, entre la razón y la sinrazón.
Los últimos sonetos publicados — Travesía
de Extramares— lo muestran sorteando
los arrequives de un gongorismo 'de nuevo
cuño que no traiciona err ningún punto el
curso de lo que esencialmente determina
el agonismo de su creación':
Y es el írrito dios, pata y quebranto, ■'
y es la voz tan humana que demuda;
peligro y alegría, y muerte y muda;
panspermia de tu proco y de tu planto.
Y es, por cima y a sombra del acanto,
entre ofidio y ninfeácea, Ella, nuda,
el cuerpo donde tu alma ya te acuda,
forma, gozo, caricia, tiento, llanto.
Las Insulas Extrañas y Abolición de
la Muerte son los libros publicados por
Westphalen. En ellos ha cumplido el poe­
ta una parábola sin titubeos en la inicia­
ción o el término. Una cabal madurez,
una hondura cada vez más esencial y au­
téntica ha ido conquistando poema tras
poema, no sin evidente esfuerzo. De ahí
la expresión hesitante, creciente y henchi­
da que do sus versos llega como gran in­
terrogante :
Había tantos nidos de dulzura y silencio
en nuestras bocas
Entre nuestras manos tanto afán de arrai­
garse en una
Se veía en tus ojos mejor el mundo
Más grande y más pesado de lirios
Tendida como un sueño o una nube
Las ostras prendidas de las paredes de tu
sueño
Las perlas cayendo de tus manos como
palabras
Así te veo siempre abandonado en un li­
toral de risas
Entre escarpas bañadas de nuestras mo­
nedas vacilantes
Más frágil niña más frágil que tu retrato
en el agua
O que tú misma remontaba a las nubes
O que tú misma tendida en mis ojos
Las perlas del amor contadas por tus ma­
nos crecían como palabras
O flores de tu árbol de risa
O silencios de tus manes •mundo pesado d.c Trios.
Abril aparece públicamente en París en
1927, en una exposición de poemas y di­
bujos, acompañado del pintor Juan Devéscovi. Difícil Trabajo y Descubrimiento
del Alba, editados en Madrid y Lima, res­
pectivamente, son sus libros de poesía. La
trayectoria de Abril revela un largo viaje
desde el sobrerrealismo hasta una a modo
de redención del fondo y la forma en fres­
ca belleza pura. El caos se define arri­
bando a un orden superior en el cual los
elementos poéticos adoptan una forma me­
nos retorcida en un curso más delicado y
perenne.

do a su fisonomía y a los acontecimientos
que le son propios *.
El aporte de Alois Hába a la música
de Occidente es enorme, ya que abarca la
síntesis de ésta y el planteamiento de
nuevas realidades y nuevos problemas que
abren un mundo de posibilidades jamás
sospechado. En última instancia, supone
el punto de partida hacia derroteros ab­
solutamente inéditos; a este respecto cabe
consignar que la síntesis que él realiza
a base de los elementos occidentales — rit­
mo, sonoridad, forma, libre individuali­
dad— y los intervalos microtonales de la
música de Oriente, significan un nuevo
aporto de lo oriental a la cultura de Oc* I,as únicas obras en estilo ateraático
oídas en Buenos Aires fueron ejecutadas en
los Conciertos de Nueva Música. Ellas son la
Toccata Op. 38, de Alois Hába, la Sonata
para saxofón y piano, de Slavko Osterc y el
Trío para instrumentos a viento, do Demetrio
Zóvre.

D I A Z

Y E P E S

ESCULTOR HISPANO
Por J. TORRES GARCIA
ólo a pocas semanas

S

manera

o días, antes de morir, Valéry escribió algo a

de profecía o testamento, y quizá ya presintiendo que

sería lo postrero que escribiría. Y en ese escrito, manifestaba su des­

esperanza por el resurgimiento de Europa; ya que América debía
su cultura a ella, sólo de América debía esperarse la salvación del

Derivado del indigenismo fué el óholismo que cultivaba el romance y la se­
rranilla de tema campesino y popular, y
cuya suerte fué la misma que la de aquél.
La otra corriente, que llamaremos uni­
versalista, fué la que prevaleció. Recogió
ésta sus materiales de las últimas flora­
ciones europeas y se nutrió, no de la imi­
tación, sino del dictado personal e íntimo
de cada cultor. Pronto se destacaron X a ­
vier Abril y Emilio A dolfo Westphalen,
que cultivaron con propia contribución la
manera sobrerrealista, y Martín Adán, que,
apegado a las formas castellanas, las oreó
en los mejores vientos de la nueva lite­
ratura. Carlos Oquendo de Amat, Enrique
y Ricardo Peña Barrenechea y Vicente
Azar son algunos nombres menores de este
grupo.
Adán, Westphalen, Abril
Martín Adán (seudónimo de Rafael de
la Fuente Benavides) sólo ha publicado
dos libros: La Casa de Cartón, novela poé­
tica escrita casi en la adolescencia, que
constituye la mejor prosa escrita en el Pe­
rú, y un pequeño cuaderno de décimas
titulado La Eosa de la Espinela. Su obra
principal se halla dispersa en publicacio­
nes eventuales y principalmente en manus­
critos que sus amigos guardan celosa­

La última promoción
Hasta 1940, la poesía peruana sólo dió
algunos nombres cuya obra nada nuevo ni
singular añadió a lo ya conquistado. En
ese año aparecen Jorge Eduardo Eielson,
Javier Sologuren, Carlos Alfonso Ríos y
Raúl Deústua. El primero escribe, siendo
colegial, un bello poema titulado Canción
y Muerte de Rolando, al que sigue Reinos,
pequeña colección do poemas, con la que
obtiene el Premio Nacional de 1945. Eielson sorprende por su voz novísima y per­
sonal, en la que reúne, en un- solo haz,
una fantasía extraña y luminosa y un len­
guaje poblado de sorpresas. Sologuren tra­
baja, en cambio, con meticuloso acecho,
a la caza de una forma depurada y lim­
pia, y la logra, al modo de la poética mallarmeana, en el pulimento amoroso de las
formas en las cuales encauza un fervor
intenso ceñido a poderoso rigor. Sus libros
son El Morador y Detenimientos. Ríos (T e­
ma y Manera de lo Ausente y Estación
para florecer) y Deústua ( Nueva York de
canto y Retom o a la Im agen), junto a
los anteriores, componen, con diferentes
logros, la promoción dentro de la cual la
poesía peruana se encamina libre y reno­
vada. Francisco Bendezú, Blanca Varela
y el autor de esta nota integran también,
con diferente voz, este mismo grupo.

AL OI S H A B A , COMPOSITOR
(V iene de la pág. 7.)

E duardo D íaz Y epes. Retrato de Bernard .Dorri

cidente. Y a Debussy, Ravel, Roussel, IIonegger, Milhaud, Stravinsky, habían lla­
mado y no en vano a las puertas de
Oriente. También Egon Wellesz, enamora­
do del bizantismo, hizo lo propio. Ello
daría razón a Hába al considerar agotados
nuestros sistemas tonales, que deben re­
currir, para subsistir, al exotismo negro,
rojo o amarillo.
Si como fundador de la nueva escuela,
ha planteado Ilába sus descubrimientos
desdo el punto de vista teórico, científico
y antropológico, como músico creador es
una do las máximas figuras de nuestra
época. Una musicalidad potente y variada,
si bien extraña a lo bello musical general­
mente admitido, convierte en realidades
artísticas los productos elaborados con
elementos casi absolutamente desconocidos:
los cuartos, sextos y doceavos de tonos,
y la composición en estilo atemático.
Casi todas las obras do Alois Hába
están escritas en el sistema microtonal;
las menos en nuestro sistema temperado.
Dice Karel Reiner que sus Cinco Suites

y sus Diez Fantasías para piano en cuar­
tos do tonos, son un digno paralelo al
Clave bien temperado, de Bach. Ha es­
crito además Fantasías en cuartos de tono
para violín solo, violoncello solo, tres Tríos
para violín, viola y cello y una Suite para
clarinete, en cuartos de tono; Coros in­
fantiles, coros mixtos, coros de hombres;
Día de trabajo, ciclo de diez coros mascu­
linos, de carácter social; tres Cuartetos
en cuartos de tonos y un Sexteto en sextos
de tono; un Noneto diatónico, otro cro­
mático ; Fantasía para flauta; Toccata
para piano; Fantasía para orquesta; El
camino de la vida; La madre, y Los des­
ocupados, dos óperas en cuartos de tono,
ambas de carácter social; y por último,
La tierra nueva, su nueva ópera en estilo
atemático cuyo asunto es la organización
colectiva de la agricultura en la U R.8.S.
Entre nosotros se ignora a un creador
tan considerable; sea pues Ja única uti­
lidad do estas líneas, puramente informa­
tivas, despertar alguna curiosidad en torno
de tal personalidad y de su obra.

mundo. Y claro que no hablaba de un resurgimiento material, sino
de los valores humanos más elevados. Y de tal esperanza — decía—
recibía mucho consuelo. ¡Bendito hombre que tal decía y pensaba!
Tal visión de Valéry, recibe, día a día y puede decirse en progresión
geométrica, la más plena confirmación. Así están las cosas, y aún
sería suerte que no pasasen de ahí, pero, desgraciadamente, hay mu­
chos signos que nos revelan futuros males infinitamente mayores. Por
tal motivo, ya parece cuestión vana el tratar de analizar la situación
actual con respecto a los más altos problemas de la cultura, cuando
pensamos que todo al fin será barrido: estamos en un declive que con­
duce al abismo. Mas, ¿qué ceguera aflige a^los hombres todos, qué
no permite ya a nadie anteponer a la concupiscencia y el odio un
poco de cordura? ¡O es qué se creen, ilusos, que aquel que al fin se
imponga, traerá al mundo la paz ? Pero, ya sería mucho creer tal cosa.
Se está simulando, y detrás de las bellas palabras hay — yo creo— las
más aviesas intenciones. Y es que se está para la guerra y la conquista,
y no para la paz.
No señalo aquí a nadie, ni a pueblos ni a personas, me fijo sólo
en el ritmo que lleva el mundo, en la actual mentalidad humana, en
sus costumbres, podría decirse, en el juego en que todos están empe­
ñados y no dispuestos a abandonar la partida. ¿ Y quién, de tales pre­
misas, no ha de predecir un descomunal desastre final? Tiene esto
que terminarse por un total descalabro que haga imposible el moverse
más. Sólo así vendrá la paz. La paz casi podrá decirse, de la muerte.
E l hombre del momento, y con tal pensar, ¿podrá honestamente
entrar en menudas cuestiones de arte? Menudas, es un decir, pues no
lo son; y si en ello gasta el último minuto de su vida, hará lo mejo¡r
que podría hacer; es decir, afii’mar en su conciencia lo que verdadera­
mente es digno del hombre.
Y a antes de esta última gran guerra, me .decía un marchand en
París: “ Y o creo que el arte ya resulta un anacronismo.” E s claro,
no vendía, y de ahí deducía que nadie se interesaba por él. Pero la
cosa está en que, se venda o no, surgen artistas. ¿ Y entonces?
Aun muriendo, éstos se ocuparán de cosas de arte. Parecería que
quisieran justificarse, como tales, ante una conciencia universal: “ tal
cosa no está resuelta, tal otra es errónea” y cosas así. Aun muriendo,
si pueden, tomarán el pincel para poner a tono un color. Porque,
para ellos, el tal presente no lo es, sino ese otro, que| es eternidad.
Y en el presente ése de ellos, está también su realidad, que nada tiene
que ver con la de todo el mundo. Por esto, Valéry, al pensar en Amé­
rica tomando el tesoro de la cultura europea, recibe consolación pa­
ra irse.

�9

cabalgata
A

No es vano, pues, el tratar de casas de arte. Justamente, eso será
la piedra de toque para conocer a los verdaderos artistas. Pues, si lo
son de verdad, y lo quieran o no, ¿no lo tienen que ser hasta el fin?

PR O P O S I T

íijv m v

i

TI
i1

ni
i

a la vida.
La mentira cae ahora; la falsa obra y el falso artista cae. Y si el
juego de esos sostenido por el interés material, se mantuvo y se man­

hacen algo, lo suficiente para darse cuenta de que son seres vivos,
puede proporcionarles aún un mermado rendimiento material. Y así,
aparecen como fantasmas, enloquecidos y caídos, sin norte ni guía
alguna: a la deriva, para hundirse en la niebla.
Así están, donde más vivaz era el movimiento de arte; así están,
los que daban normas para el mundo entero, blandos, caídos, sin co­
lumna vertebral. Por tal razón, nada hay que esperar de allí como
justamente y dolorosamente lo declaró Yaléry.
No es vano el tratar, pues, de estas cosas, y, dentro de ellas, de
problemas de arte que trae la evolución. Porque éste, y pese a todo,
cumple — así como la naturaleza, que imperturbable sigue en su ritmo
sempiterno— con las leyes de su desarrollo; y hoy ya no estamos como
¡y e r : cosas que se las llevó el viento; otras que serán siempre bases.
Y cosas que se desecharon, hoy hay que reivindicarlas. Es decir: estar
de vuelta de lo que fué lucha a brazo partido para escapar de la tiranía
de lo aparente, de la falsa realidad, y, al mismo tiempo, del empeño
de mostrar la teoría al desnudo que, si estuvo bien en aquel momento y
como acto de afirmación, ahora ya no cuadran. Recuperación del sen­
tido hondo de lo real; de la objetividad, barrido lo monstruoso y de’

forme; vuelta al aspecto normal y al equilibrio. Pero, estando de vuelta
de tanto ensayo, de la exégesis más rigurosa que jamás se hiciera, este
nuevo equilibrio y aspecto natural, ¡ qué otra profundidad y firmeza
puede tener ahora! Y si aquí en estas tierras esto pudiera aún realizarse,
el Arte podría dar testimonio de su existencia. Hay, pues, que trabajar
seriamente, con fe y esperanza, y sin esperar la socorrida ayuda de
Europa.
Hombres que no han perdido esa fe, vienen aquí de todas partes
del mundo para continuar la tradición del arte. Vienen después de ha­
ber purificado su alma en el crisol del terror, el dolor y la miseria,
pero resistentes y fuertes. Y aquí, penetrados del secreto de lo que
debe hacerse, ya sin vanas ilusiones, creo que nos encuentran en el mis­
mo tono, con la misma experiencia de arte y saber, dispuestos a reci­
birles fraternalmente. Y uno de estos es el escultor hispano, Eduardo
Díaz Yepes; o más corto: Yepes solamente.
Viene en la forma que he dicho, de vuelta de muchas cosas; es *
decir, bien templado en cualquier sentido. Trae obra, no muy abundante
(y puede comprenderse) pero de óptima calidad. Obras construidas

E

n r
i

\

))

Por ANDREA MARIANI

tuvo dentro de una apariencia de elevada categoría, ahora, faltos de
ese soporte que era un nivel, se han dado abiertamente al disparate

ar

I)

L L i l i l í L LJi L
jli
DE ANTONIO G R A M S C I

Tendrán que estar en su ley, pues así nacieron y para eso vinieron

y la locura sensacionalista, que si les mantiene en la ilusión de que

0

uando

en el éxito de una obra literaria influyen factores políticos circunstanciales.

su valoración no puede ser ni libre ni ponderada. Toda ingerencia política en el
Ccampo
cultural es dañina para la labor de la crítica. Y un escritor impuesto a ella
por los vaivenes de la política o el conjuro de ambiciones pasajeras representa por lo
general también una intrusión prepotente que momentáneamente se soporta pero que
no so tiene por qué estimar ni tolerar más allá de lo que la cotidianidad exige.
Es por eso que al aparecer en la prensa
italiana y mundial la noticia de que el
último premio Viareggio, máxima recom­
pensa literaria en Italia, había sido otor­
gado nada menos que a Lettere del Carcere de Antonio Gramsci, tuvimos la sen­
sación de que eran exactamente ésas
influencias nocivas, de las que hemos
hablado nnte9, las que se habían movido
en el certamen. Antonio Gramsci no era
famoso como escritor. Toda su fama de­
rivaba de su militancia política. Sabía­
mos que era el fundador del más extre­
mista partido político de Italia y que
fuó una de las víctimas del régimen
veinteñal, muerto en la cárcel, tras al­
rededor de diez años de cautiverio, con­
sumido por la tisis y nada más. Como
se constatará era lo suficiente para pre­
constituirnos en contra de las condi­
ciones en que se había resuelto acordar
el premio. Además sabíamos que el ju ­
rado estaba compuesto por autores de
tendencia marcadamente favorable a las
ideas que Gramsci profesara en vida.
En síntesis, lo suficiente para conven­
cernos de que no se trataba de un
premio literario concedido a un político
sino de un premio político aplicado a la
literatura. De allí que nuestra predis­
posición hacia las “ L e t t e r e ...” fuese
de recelosa prevención sino de animo­
sidad.
Lettere del Carcere es una recopila­
ción de cartas, doscientas quince para
ser exactos, que van del noviembre de
1926 a mediados del 1937. Tal como el
título lo indica son cartas escritas desde
la cárcel. Desde todas aquellas en que
el prisionero moró hasta morir, por ex­
traña coincidencia, el último día mismo
de su pena. El contenido de la obra per­
mitía suponer las más insoportables cha­
bacanerías, un folletín romántico y chi­
llón, trillado por el paso de abundantes
predecesores, de calibre demasiado po­
tente como para hacer tolerable su re­
petición: Pellico, Orsini, Settembrini,
por lo que a Italia se refiere. Pero la
impresión que recibimos fué diametral­
mente opuesta.
Efectivam ente, la nota predominante

de esas cartas es la de su profunda se­
renidad, su sorprendente serenidad. Na­
da de imprecaciones al destino, nada de
quejas; nada de baratas actitudes he­
roicas. Los diez años del cautiverio res­
tañan ante nosotros como las vacaciones
de un hombre do estudios. Ninguna exa­
cerbación. Una ausencia fría y completa
hacia el drama por el que cruza y una ob­
servación constante y científica de sí y
de los acontecimientos vecinos con la
minuciosidad que podría poner en ello
un v iejo ornitólogo inglés de explora­
ción al trópico. La política m&gt; asoma ni
de rebote. Lo único que en las cartas
so observa y con estupor creciente es
el monólogo de un intelectual, culto, in ­
teligente, que divaga y charla sobre lo
que se le ocurre pensar. Raramente al­
guna consideración de carácter parti­
cular, personal. Y todas ellas encuadra­
das en un marco conceptual superior;
expresadas siempre como conceptos y no
por imágenes. En pocas palabras, todo
lo que nos llega desde el cautiverio tie­
ne atinencia exclusiva con el cerebro
del cautivo y no con sus sentimientos.
He sentido a menudo ganas de pregun­
tarme: ¿pero donde está la cárcel? No
la he visto. Por las palabras de Gramsci
lo único que asomaban eran silogismos
y conceptos suficientes para dictar cá­
tedra de literatura por una larga sarta
de años. Es admirable la penetración y
agudeza con que desmenuza a personajes
y obras: dice por ejemplo de Chesterton:
“ .........Chesterton ha sido más el autor
de una delicadísima tomadura de pelo
de las novelas policiales que no el autor
de novelas policiales propiamente dichas.
Padre Brown es un católico que se mofa
del mecánico pensar de los protestantes
y la obra representa, fundamentalmente,
una apología de la Iglesia Romana fren­
te a la Anglicana. Sherlock Holmes es
el típico ‘ ‘ pesquisa ’ ’ protestante que
desembrolla la madeja de crímenes par­
tiendo del mundo exterior, basándose en
la ciencia, en el método experimental, en
la inducción. Padre Brown es en cambio
el sacerdote católico que, por su expe­
riencia psicológica y por la larga casuís­

tica moral, sin dejar de lado a la ciencia
y a la experiencia, pero firm e esencial­
mente en la deducción e introspección,
derrota ampliamente a Sherlock Holmes,
revelándonoslo bajo la figura de un chi­
quillo presumido, probándonos su mez­
quindad y estrechez” .
Es a “ e s o ” que se reduce el resultado
literario de casi diez años de cautive­
rio . . . ¡ Pero es que no existe para el
el prisionero una vida hecha de carne
y de h u e s o ...? ¿P ero es que no ve a
sus carceleros, a sus enemigos, a las pa­
redes del penal? Aparentemente no. Siem­
pre la misma serenidad de todos los
momentos, insuperable. ‘ ‘ He leído ochen­
ta y dos libros la semana pasada ” ,
“ Estoy tratando de estudiar las len­
guas neolatinas” . “ Necesito otro dic­
cionario alem án” . Interminables polémi­
cas epistolares sobre m otivos siempre
trascendentales: que si la raza blanca,
que si el fo lk lo r e ... Sólo en una carta
escrita el día 15 de diciem bre de 1930
a su madre, asoma algo de esa entrega
psicólogica que tanto esperábamos. Diez
días antes de Navidad. El escritor trata
de conservar su actitud agnóstica de
siempre, pero el control de su voluntad,
no llega en ese momento a sofocar el
sentimentalismo que lo embarga.
“ Evidentemente, las condiciones de •
mi cautiverio en la N avidad de 1926 en
Ustica, fueron casi un paraíso de li­
bertad personal comparadas a las que
me rigen hoy. Pero no creas que mi se­
renidad haya flaqueado. He envejecido
de cinco años; estoy canoso; he perdido
la dentadura: no sé reírme más como
antaño, con ganas, pero creo haber in ­
corporado a m i ser sabiduría y haber
enriquecido mi experiencia de las cosas.
P or lo demás no he perdido el placer
de vivir. Todo sigue interesándome. No
estoy v ie jo : ¿verdad? Uno se vuelve
viejo, cuando comienza a temor la muer­
te, y cuando sufre eir ver hacer a los
demás lo que a él le es ya im posible. . . ”
H ay en estos renglones sobre todo en
los primeros, una nostalgia, una triste­
za, que brotan directamente del corazón.
Después entra a relucir la dialéctica;
después el peso m ecánico y macizo de
la lógica, engrana de nuevo como siem­
pre su congruente y lubricado sistema
de silogismos.
Hacia el final las cartas se hacen irre­
gulares, nerviosas. Estamos seguros de
que la selección habilísima hecha por los
recopiladores nos ha escondido muchos
detalles susceptibles de hacernos conocer
m ejor al prisionero de C a ’ de Turi. Pero
con las que se incluyen basta para com­
prender que el autor presentía el desen­
lace de su drama. Se nos evidencia que
la conciencia de su enfermedad lo exas­
pera; se intuye en cada una de las úl­
tim a cartas que el autor hace verdade­
ros esfuerzos de voluntad, para no de( Continúa en la pág. 1S.)

internamente, tal como debemos exigirlas hoy, que amablemente pue­
dan alternar con la vida circundante. Sin duda en un ciclo nuevo
que comienza.
Para decir estas pocas palabras, tuve que escribir lo que se ha
leído, pues sólo así podían tener sentido. Ahora, de las esculturas,
¿para qué hablar si eso no puede explicarse? No quiero caer, pues, en
hacer literatura sobre ellas y menos en teorizar; y menos aún en bus­
carles filiación (pues comienzan en él, en Yepes) como suele acostum­

CUENTO POR ALBERTO GIRRI

brarse. Que, por otra parte, mayor elocuencia que la de, ellas, no será
la mía.

M

Eduardo D íaz Y epes. Retrato de Pierrette Carvallo.

E llamo Osmar Gruma. Ruego que
la necesaria perspicacia, atención y desin­
no confundan mi timidez con sober­
terés. En el momento idealmente adecua­
bia y que comprendan que ese tono de do, leí el ‘ ‘ Angel Azul ’ ’ . Todos conocen
seguridad con que hablo, es falso. Qui­
las desgracias y las dimensiones morales
del viejo profesor Basura, enamorado de
zás son también falsos los mismos hechos
la linda Rosa Froelieh. A l leer compren­
pasados, su realidad material. En na­
dí que me hallaba ante una perspectiva
turalezas como la mía, la verdad tiene
que debía aprovechar. Un adecuado dis­
un valor relativo pues es más importante
fraz bastaría, pues disfrazarse es una de
para mí un rostro cordial y simpático,
un apretón de manos espontáneo, que
las trampas más efectivas para burlar
al tiempo. Y a se sabe, cada vez que
ciertas formas de respeto. Por cierto que
deseamos algo que el tiempo oportuna­
soy muy sensible, y las almas sensibles
mente nos dará, ese mismo deseo tor­
si no encuentran urr cauce adecuado se
cerá constantemente el objetivo propues­
asfixian y mueren. No olvidadas como
to. Nunca habrá correspondencia entre
algunos creen, sino con rabia y entre un
lo deseado y sus resultados. Reconocemos
fuerte olor a podrido. Hombre de cabe­
al tiempo por sus efectos exteriores y las
llos peinados al medio con una raya es­
variantes que en cada caso introduce. Si
crupulosa, descubrí desde muy joven
somos capaces de copiar bien esos as­
gracias a un retraimiento parecido a la
pectos, la realidad elegida estará a nues­
imbecilidad, que el fraude sería el único
tra disposición. Otra cosa importante y
camino para andar impune — indemne—
desconsoladora era la intuición que des­
entre los hombres. Los resultados no im­
de muy lejos soportaba, de que nada es
portarían demasiado. La alegría de la
verdaderamente digno de ser salvado,
empresa será de por sí, honroso premio.
pues pocas veces saben nuestros pensa­
Además, tales ideas mejoraron el con­
mientos lo que buscan, y nunca nos sir­
cepto que tenía sobre mi persona y juz­
ven para ver más allá de las narices. En
gando imparcialmeirte puedo decir que he
vez de dejarse vivir en un continuo y
sido y soy bueno sin afectación.
muy aburrido juego de causas y efectos;
Los comienzos suelen ser torpes y mo­
en un determinismo de edades, de fisio­
ralmente objetables. La sociedad, que
logías, de respetabilidad, de taras respe­
acostumbra a confundir los medios con
tables y de eonfusos sueños de niños, lo
los fines, registra esos comienzos y los
más sensato es tomar, elegir una vida ya
admite. Si la empresa tiene éxito los
hecha, inventada o no, y repetirla con el
recuerda para cobrarse de algún modo.
placer inigualado de saber de antemano
Pero yo no me avergüenzo de pequeños
todo lo que sucederá. Contra la opinión
latrocinios iniciales,' pues fueron una ten­
corriente entre los que fingen oráculos
tativa de mirarme francamente a la cara.
y fantasías, hay que tratar de que lo
De ser capaz de apasionarme por lo
imprevisto parezea natural. Por otra par­
prohibido y arribar al convencimiento de
te, en lo que a mí se refiere, entre un
que se trata de lo más humano.
suceder que se está realizando, con sus
Mi primer triunfo sobre la vacilación
inútiles idas y venidas, y una vida ya
y la duda inculcadas (en lugar del buen
realizada, la elección no era dudosa. En
consejo de Aristipo de que a los mucha­
cuanto al hecho de tomar para mi ac­
chos ingenuos hay que enseñarles lo que
ción futura la historia del profesor Ba­
les haya de ser útil cuando hombres),
sura y no otra, es obvio que tiene im­
fué el robo de las pobres joyas de mi
portancia secundaria.
madre. Hay que aclarar y dominar la
conciencia, pero un robo o diez robos,
Sin esperar obedecí y me puse a la
obra. El principio director, consistiría eir
es algo limitado. Debía exigirme más ri­
gor y trascendencia. Algo que signifi­
que imitar los móviles de los actos y
luego los actos mismos, equivale a te­
cara para mí y mis víctimas posibles un
nerlos. Coloqué sobre la mesa de noche
compromiso total. Como soy ocioso y tien­
las fotografías de los actores que habían
do por temperamento a conformarme con
mimado el “ Angel A zu l” para el cine­
mis imperfecciones, creo en las decisio­
matógrafo. Eran dos alemanes llamados
nes de lo inesperado, si uno actúa con

Emil Jannings y Marlene Dietrich.
Mirando constante y empecinadamente
esas dos caras irreales, envejecidas y ama­
rillas empecé a gustar la existencia que
trataría de repetir. Flotaba en la fo to ­
grafía del profesor el perfume de alguna
rara bebida. No se veía más que la ca­
beza grande y fo fa , y parte del busto,
pero so adivinaba el brazo extendido,
apoyada la mano sobre una meBa, con
un vaso a medio beber y un álbum de
postales pornográficas. En la otra fo t o ­
grafía, Rosa Froelieh miraba desde ojos
profundos y brillantes. Burlona, sin tris­
teza se dejaba rodear por los brazos in­
visibles que la homenajeaban. Días y
noches con las caras hasta el cansancio
3’ la impaciencia, me permitieron pene­
trar en la segunda parte del método.
Antes de entrar en acción propiamente
dicha, decidí que sería conveniente pre­
parar la conciencia, convenciéndola gra­
dualmente de la importancia dudosa ds
la dignidad usual. Esta es absurda e
incomprensible para mí, y lo será mien­
tras haya tíos que deseen bajamente a
sus sobrinas y hombres qué “ creen vivir,
trocando su varonía por una metódica
exposición de sus sueños a mujeres que
distinguen entre amantes románticos y
hombres consecuentes.
Leí entonces obras cuya significación
artística y alcance moral, fueran tan
grandes que me conmovieran y obraran
tan fuertemente que no tendría más re­
medio que sentirme avergonzado del es­
camoteo que iba a realizar. Avergonzar­
me ante la historia. Después de la recon­
fortante lectura se sucedían aprendidos
remordimientos. Tendría que suprimir el
tiempo y el pecado. Cuesta mucho creer
que esas malignas nociones hayan sido
inventadas por los hombres y ahora que
esos males están hechos, a nadie le in­
teresa las refutaciones que se intentan
periódicamente. Acaso mi usurpación de
la figura del profesor Basura también
fuera un intento de refutación. Acaso,
íntimamente mi alma deseaba tan solo
arengar a los edificios de la ciudad, ins­
tándoles a que B e despojen de sus puer­
tas y ventanas, o caer ficticiam ente
( Continúa •» la pág. 1S.)

�1
ca b alg ata

10

TRISTAN
V II

C O N C EPTO

TZARA

ACTUAL OE

TA P O E S IA

Por JUAN JACOBO BAJARLÍA
últimas antologías de Tristan Tzara,
publicadas en Francia, nos estún ha­
blando (le la vitalidad de aquel que en
1916 escandalizó a Europa eorr la publi­
cación de La premiére aventure célente
de monsiéur Antipyrine. Fué el comienzo
del dadaísmo con toda su secuela de sexualismo, automatismo y letras en disper­
sión, que luego, a despecho de sus jefes,
habrían do vertebrarse, por virtud de un
salto cuantitativo, en una calidad cuyos
rótulos serían el surrealismo y el letrismo.
Es decir que en la revolución dadaísta
ya se estaban dando las imágenes nega­
tivas que después servirían para resque­
brajar la estructura que les dió nacimien­
to por otra estructura cuyo estilo sería
el resultado de la acumulación de estas
imágenes negativas. La dialéctica se cum­
plía implacablemente. Y para comprobarlo
en el caso del letrismo, una de las tantas
costillas del dadaísmo, nos basta con re­
currir al poema La parabole:

El sol salvaje,
comparable a la decisiva zarpa de un tigre
desgarra la oscuridad maciza
(Borges)

ha mirado tanto el sol que su rostro se
aplastó
/
ova aah oua aah oua aah

En todos estos ejemplos se cumplen las
leyes de la imitación. Las imágenes son
discursivas. No tienen vigencia por sí
mismas. Trasladan la realidad circundante
sin crear un solo concepto poético. No
hay vivencia. Para que haya poesía, y
al mismo tiempo vivencia, las imágenes
a estructurar en el poema, deben, vincu­
larse con la invención. El poeta, pues, está
en la obligación de inventar un hecho.
E inventar un hecho, que es inventar una
imagen, significa crear de tal manera
un concepto poético que no pueda éste
ser substituido ni quedar referido a un-a
realidad descriptiva o fotográfica, sino
adscripto u objetivado en el conocimiento
emocional. A la traslación aristotélica, la
autonomía de la invención. A la poestría
— si se me permite el término— , la poesía.
Veamos:

L

R G A N IZ A C IO N
U n a buena organización produce mejor
c a lid a d , y no aumenta los costos por­
que elim ina los gastos improductivos.

J tA

consúltenos:

IMPRENTA

LOPEZ

al servicio del libro

P E R U

666

•

B U E N O S

AIRES

as

t i t u t

l t

i i t

t t

el idealista ha mirado tanto el Sol que
su rostro se aplastó
laratatatatatatata
Para el surrealismo podemos echar ma­
no a La deuxiéme aventure céleste de
monsieur Antipyrine (1917) y a los Vingtcinq poémes (1918) en cuyo automatismo
ya están las matrices del primer manifies­
to de Bretón (1924), modificado un tanto
pero siempre igual en sus conceptos, por
los Prolégoménnes a, un troisiéme mani­
festé du surréalisme ou non (1942). Cuan­
do Tzara dice, prácticamente, lo que sigue:
qué importa el ternero lo bello el diario
hace frío espero hablo más alto
corazones y ojos ruedan en mi boca
en marcha
Bretón nos apabulla con esta teoría:

«■

Haced abstracción de vuestro genio. . .
Escribid rápido sin sujeto preconcebido,
bastante rápido para no retener tii estar
tentado de releer lo escrito.

M I R A D O R
• Venezuela acaba de poner en vigor una
ley do aranceles mediante la cual los libros
y publicaciones de procedencia extranjera
sufrirán un gravamen de 0,50 de bolívar
por kilogramo, lo que representa alrededor
do $ 0,65 de nuestra moneda. La Cámara
Argentina del Libro, por cuanto esa medida
afecta de manera notable la exportación que
nuestra industria efectúa a aquel país, se
ha dirigido en documentada y cordial nota
a! nuevo Presidente de Venezuela, el insigne
escritor Eómulo Gallegos, en la que, apelan­
do r. su condición de intelectual que ha vis­
to sus obras publicadas fuera de su país,
y por lo tanto ahora sometidas al expresado
gravamen, se le pide que derogue la dis­
posición que sienta un peligroso precedente
en las relaciones culturales y económicas en­
tro les pueblos argentino y venezolano.
• A poco de darse a conocer el Reglamento
que regulará la ley de préstamos a la in­
dustria del libro, el Poder Ejecutivo ha
dictado una resolución por la que otorga
créditos de hasta el 70 o/o del valor costo
a los productores de films, con el propó­
sito de favorecer financieramente el des­
arrollo de la industria cinematográfica na­
cional.
• El Jurado encargado de premiar la me­
jor traducción castellana del cuento de R.
L. Stevenson, “ Markheim” , en un con­
curso convocado por la revista “ Sur” , ha
declarado ganador a Benjamín R. Hopenhaym. el cual envió su trabajo bajo el lema
de “Ella” .
• La Argentina ha sido oficialmente invi­
t a a concurrir a la Feria Nacional del
Libro Español que se inaugurará en Sevilla
el día 14 del mes de abril actual, estando
?. cargo de la organización del aporte edi­
torial de nuestro país el Departamento de
Cultura del Ministerio de Relaciones Exte­
riores y Culto, al frente del cual está el
señor Embajador Plenipotenciario, Don Attilio García Mellid. El libro argentino sin dudr. estará bien representado en la interesanti muestra.

9 En París, a la edad de 73 años, falleció
el día 24 de ma^zo, el conocido escritor y
filósofo ruso Nicolás Berdiaeff. autor de
obras que han alcanzado gran difusión, tales
como: “ Problemas de la vida” , “ La revo­
lución rusa” . “ El significado de la histo­
ria , “ Orígenes del comunismo ruso” , y “ Es­
clavitud y libertad” , su obra más reciente.
• Ha visitado Buenos Aires, en cuya capital
ha permanecido escasamente dos días deJ
transcurrido mes de marzo, el señor H. P
Guggenheim, director de la fundación de su
mismo nombre y miembro del Consejo Interamericano de Seguridad y del Instituto de
Ciencias Aeronáuticas. Su excursión obedece
a estudios de interés cultural relacionados
con las becas que su fundación otorga anual­
mente a estudiantes latinoamericanos.
• Y n Viforine de la U. N. referente a la
producción y consumo do papel para dia­
rios, revela que la situación es crítica v
croará dificultades en un futuro inmediato
5 P3*13^ do gran consumo que están lejos
do los mercados de producción.
•
Cámara Argentina del Libro v la So­
ciedad Argentinr, de Editores, por separado,
han dirigido sendas notas al Ministro de
Relaciones Exteriores, expresándole su de­
seo quo en la conferencia de Bogotá la de­

legación de nuestro país tome la iniciativa
do propugnar a que los países que tomarán
parto en ella otorguen al libro garantías de
libre circulación, sin trabas arancelarias, ni
retáceos de divisas, con el fin de que el libro
realice su misión como “ vehículo de cono­
cimiento espiritual entre los pueblos” &gt;
• El Museo Nacional de Bellas Artes ha sido
de nuevo abierto al público, después de cele­
brad?. la Exposición de Arte Español. En
su nueva instalación los aficionados a lo
buena pintura podrán admirar en el con­
junto de Gutiérrez-Solana las obras adqui­
ridas por el Musco en la expresada expo­
sición.
• El día 20 de marzo tuvo lugar la reapertu­
ra de la Biblioteca Pública Mariano Moreno
y la inauguración del Museo de Bellas Artes
de San Rafael (Mendoza). En esa fecha y
días sucesivos, la entidad propietaria del edi­
ficio. e! Centro Argentino, desarrolló un inte­
resante programa de conferencias y concier­
tos a cargo de las autoridades directivas y
do elevadas figuras intelectuales. El doctor
Luis Ernesto O. Keil. actual Presidente del
Centro Argentino, abrió el acto inaugural
siguiéndolo en el uso de la palabra el señor
ministro do Economía. Presidente de la
Junta de Estudios Históricos de Mendoza,
don Jorge I. Segura, y el señor Rafael Mauleón Castillo, distinguido eccritor, director
del Museo. El Museo de Bellas Artes de San
Rafael — entidad benemérita— , que hoy está
abierto al público en buenas condiciones de
instalación, sí bien no cuenta con un acervo
do obras muy numeroso, exhibe cuadros de
notable calidad de algunos de nuestros pri­
meros pintores, tales como: Badi. Berni.
Horacio Butler, Raquel Forner. Jorge Larco.
Raúl Soldi. Lucía Capdepont de Butler, etc
• La industria argentina del libro está
amenazada por una nueva crisis. A la falta
actual do mercados por saturación de éstos:
porquo los países consumidores carecen de
divisas; porque la competencia del libro
español que llega con rapidez a los países
d^ Sudamérica ya se deja sentir; porque se
levantan algunas industrias editoriales en
países que hasta hace poco sólo eran consu­
midores; ahora estamos a punto de ver agre­
gárselo un nuevo aumento en los costos de
producción, un aumento que se sospecha
muy elevado, quq posiblemente resultaría
insoportablo para un elemento como el li­
bro. del cual, por desgracia, todavía el pú­
blico no ha sabido hacer su pan espiritual
de cada día.
• Damos la bienvenida a la “ Nueva Re­
vista de Filología Hispánica” , editada por
el Colegio de México, cuyo primer número,
correspondiente a los meses de julio-setiem­
bre, acabamos de recibir. La distribuye en
nuestra país Fondo de Cultura Económica.
• La Policía Municipal ha secuestrado úl­
timamente la edición de Losada, en la bella
colección “ La Pajarita de Papel” , de “El
Muro” , del discutido escritor existencialista
francés Jean-Paul Sartre. El lector recor­
dará que, en el último número de CABALGA­
TA, se reprodujo el prólogo que Guillermo
do Torre puso a la expresada edición.
• La Editorial Poseidon anuncia “ La Escue­
la de las Mujeres” , a la que seguirán en
un tomo “ Roberto” y “ Genoveva” , de Andró
Gide, en la colección “ La Carabela en el
Río” , en la quo acaba de lanzar el éxito
extraordinario de “ La Sinfonía Pastoral” ,
de la que en poco más de dos meses se lian
agotado tres ediciones, y “La Puerta Es­
trecha” , ambos libros del mismo autor.

Lo que fué un método aislado en el
dadaísmo de la primera época, se convierte
en canon permanente con el surrealismo.
No obstante hay que reconocer que Bre­
tón y todos los surrealistas nos han dejado
una experiencia magnífica que podemos
extraer de los poemas para superar sus
balbuceos en una estructura mentalmente
organizada con relación a lo estrictamente
poético. Es el caso de René Char en Seuls
demeurent (1945), de Paul Eluard en
Le lit la table (1944) y Pocsie ininterrompue (1946), y del Tzara de los últimos
tiempos cuya etapa comienza a objetivarse
en L ’homme approximatif (1931) y Abrégé de la nuit (1934) para culminar en
las teorías desperdigadas en Le Point, en
ún número del cual expresa que la “ ima­
gen poética, en tanto que experiencia, no
es únicamente un producto de la razón
o do la imaginación; ella no es valorable
en tanto no haya sido vivida” . Este es,
pues, uno de los principales fundamentos
de la poesía actual. La imagen debe vi­
virse, debe ser una vivencia. Y para con­
seguir esto habrá que huir, en primer
lugar, de todo procedimiento que sólo sig­
nifique la traslación o sugerencia del ob­
jeto. De no ser así, estaríamos en la eterna
mimesis aristotélica, según la cual la me­
táfora es la trasposición de un nombre
a una cosa distinta de la que tal nombre
significa (v. Poética, X X I ) . Ejemplos:

Fué el hambre de los asnos que cargaban
los muros
mi balanza de astros se sepulta en las
aguas
y eficaces claveles se asoman a mis manos
(Undurraga)

Que un silencio sin fin sea tu escudo
Y al mismo tiempo tu perfecta espada
(Bernárdez)
Luz de otros días, aurora despierta,
exactitud y fábula asomada
al deseo, a las sombras y a la nada
(Molinari)
Sonido de hombre, color de hombre,
; arraiguemos ese poder en el día!
El día nuevo tiene la forma de un vaso:
pide colmarse de nuestro color.
,
(Marechal)
Pero del fondo de la tierra
ya subía el milagro
(Pedroni)

recortar el recuerdo en formas verdes
la colina velluda se ata a la pena
el silencio no ha alcanzado todavía la es­
tructura íntima de la sombra de cristal
los faldones de peñasco encías melenas
de agua pálida
(Tzara)
Diez dedos de iinágenes vacilantes
velados de tiernas sortijas blancas
(Eluard)
El chasquido se echó sobre tu sufrimiento
(Michaux)
Las orejas rojas — las orejas— lejos tie­
nen la fatiga veloz
tam-tam bajo
(Césaire)
La tierra expele sus paréntesis iletrados
(Char)
Esta tarde vuelve el recuerdo sin pantalla
mi oficio comporta hasta las venas de
enfrente
los límites de mi impulso' o de mi ascenso
absoluto
o de mis manos agitadas como medidas
contrarias
(Bayley)
Pegaso como hierba en el caos
(Ardén Quin)
entre los aros de que enviudemos
margen de espejo habrá
donde traspasaré mi propio frente
(César Vallejo)
A babor de la llama luce el llanto su
arbusto

Las imágenes son claras. Son poéticas.
No son representativas. Crean el hecho
conceptual, estrictamente poético. Tienen
vida propia y no un juicio sobre la vida,
que sería lo antipoético, según se expresa
muy bien Banda en Du poétique (1946)
a pesar de no ser éste de los estetieistas
más avanzados. Porque si la poesía se de­
dicara a enjuiciar los hechos del hombre,
invadiría el campo do otras disciplinas.
Y hay invasión cada vez que el poeta
coloca las palabras al servicio de una
logicidad policíaca que consiste en1 relatar
algo o describir una pasión. Y esta logi­
cidad — hay que repetirlo siempre— es el
elemento discursivo, puramente literario,
que se opone a lo poético en tanto lo
poético es una fórmula o una vivencia
que crea una condición emocional. Es
importante recalcar en este aspecto, por­
que el poeta a la antigua se vale del
poema para transmitir su emoción-, mien­
tras el poeta de nuestro tiempo, prescin­
diendo de su emoción, crea emoción para
los demás. En el primer caso, el poema
es un medio catártico, una receta para el
paciento que es el mismo poeta. En el
segundo, es una finalidad transformadora,
revolucionaria, en la que las palabras .va­
len por su relación con las otras y no
por su servidumbre al objeto imitado,
trasladado por metáforas o sugerido sim­
bólicamente.
Y a en Baudelaire hallamos la tentativa
de dar cpn una lógica del absurdo, si usá­
ramos su expresión. Y esta lógica del
absurdo no era otra cosa que restituir a la
poesía su materia específica, decantándola
de toda lógica que por gramatical debía
ser lo absurdo por antonomasia. El mismo
Mallarme intentó llevar a la práctica la
idea de aquél. Pero ya vimos el resultado.
Las palabras ganaron en precisión y a
pesar de elló quedaron- esclavas del objeto.
Sugerían únicamente. Mas no creaban el
hecho poético, la vivencia inventada en
cuyo légamo las palabras fuesen ellas
mismas y no la envoltura de conceptos
discursivos. Mucho se habló, entonces, do
poesía pura, sin obtener nada valedero.
A l contrario. Valéry, discípulo de Mallarmé y epígono talentoso del simbolismo,
enturbió las ideas con una teoría divor­
ciada de la poesía o en contraposición
con los poemas del propio Valéry, que
no pasaron de ser simbolistas y completa­
mente envejecidos para el momento en
que los dió a publicidad. Ni aun sus teo­
rías fueron correctas. Basta echar un vis­
tazo a los volúmenes de Variété (1924)
para observar de qué manera se contra­
dice respecto del intelectualismo que debe
privar en la producción del poeta. Tan
pronto asegura que la poesía es un juego
como que se trata de una operación lú­
cida y vigilada del creador. No hay, en
verdad, un juicio crítico estable.
Mas no han de ser los simbolistas quie­
nes nos resuelvan estos problemas. Dieron,
sí, uir gran paso. Pero nada más que un
gran paso. El camino a recorrer está en
Tzara, en Eluard, en René Char, en Aimé
Césaire, en Edgar Bayley, en Antonio de
Undurraga, en Ardén Quin y en muchos
otros Tale decir que hay que entroncar
cok las huellas perdidas de un Rimbaud,
de un Lautreamont, de un Apollinaire,
para superarlas en un esfuerzo total por
dar la poesía de nuestro tiempo. La batalla
está empeñada, por tanto, entre la ana­
logía y la autonomía. Entre la imitación
y la invención. Entre la poestría y la
poesía.

EL SENTIDO TRAGICO de O'NEILL
Por JOSEPH WOOD KRUTCH
N el otoño de 1916 presenció Nueva
York la primera representación de una
obra do Eugenio O ’Neill, cuando el Cua­
dro Dramático de Provincetown recien­
temente organizado puso en escena su
melodrama en un acto Bound East for
Cardiff ( “ Rumbo Este hacia C a rd iff” ).
Treinta años más tardo se representó en
Broadway The Ice Man Cometh ( “ Ha
venido el Repartidor de H ielo” ) e imnediatamentg convirtióse en motivo de po­
lémicas apasionadas. Durante el intervalo
de esos años a ningún otro dramaturgo
norteamericano le fué aplicado con tanta
frecuencia el calificativo de “ grande”
con tanta propiedad, póro tanto el público
como la crítica estuvieron- lejos de llegar
a un acuerdo sobre la realidad e impor­
tancia de su talento. Y resultaría cierta­
mente difícil encontrar algún otro escri­
tor estadounidense de igual relieve sobre
quien se haya opinado en formas tan diametralmento opuestas.

E

Nadie ha llamado a O ’Neill un drama­
turgo “ bastante bueno” o ha afirmado
que fuera el segundo o tercero de los
mejores escritores con que ha contado la
escena norteaméricana. Con respecto a
O ’Neill el público se divide entre los que

creen que es el primero y los que creen
que es el vigésimo quinto. Este misterio
puede ser explicado, y debe serlo, partiendo, a juicio mío, de dos hechos Uno es
que sus propósitos han sido tan diferen­
tes de los perseguidos por los dramatur­
gos contemporáneos, que sus detractores
o no los han comprendido o, comprendién­
dolos, han disentido de sus admiradores
en lo referente a la importancia o la le­
gitimidad de lo que él había tratado de
hacer. El otro hecho, todavía más claro,
es que O ’Neill muestra hasta un grado'
nada habitual valores y limitaciones dolorosamente obvias en escritores de menor
fuste. Por lo tanto panegiristas y detrac­
tores coinciden en sus comen-tarios, ya
que tanto unos como otros hablan de cua­
lidades que realmente existen.
Examinando las mejores obras de O ’Neill
se ve que desde el principio sus temas no
fueron aquellos que más p-eoeupaban a
los escritores jóvenes de su época. Super­
ficialmente estudiadas, The Hairy Ape
( “ El Mono Velludo” ) (1922) parecería
ser una protesta sociológica contra el em­
brutecimiento del proletariado; All God’s
Chillun ( “ Todos los hijos de Dios tienen
alas” ) (1924), una protesta contra el

prejuicio racial; y Desire Under the Elms
( “ Deseo B ajo los Olmos” ) (1924), una
contribución a la diversión entonces muy
difundida de decir verdades amargas so­
bre los antepasados. Más tarde, Etrange
Interlude ( “ Extraño Interludio” ) (1928)
pudo parecer una incursión en el freu­
dismo a fin de sacar partido del interés
despertado por esa corriente.
Mas, para el propio autor, si no para
su público, fué cada vez más claro que
su interés no era de tipo sociológico, por
una parte, ni consistía, por otra, en un
acercamiento a los problmas morales mo­
dernos, sino que se cifraba en el problema
eterno de la naturaleza paradójica del
hombre y su desconcierto en un- mundo
que le parece extraño, pero con el cual
desea sin embargo hallarse ligado. Los
personajes de Eugenio O ’Neill pueden
clasificarse en dos grupos: los quo tienen
la sensación de estar bien encasillados en
el mundo y los quo no la tienen. Es decir,
los que sienten que no “ pertenecen” . Co­
mo el mismo O ’Neill dice, los únicos pro­
blemas que le interesan son aquellos que
surgen no sólo de las relaciones entre los

�ca b a lg a ta

11

Don Francisco de Amorrortn tiene ga­
nadas envidiables posiciones en la
industria gráfica del país; en efecto,
recordemos que es en la actualidad
socio gerente de la firma Sebastián
de Amorrortu e Hijos S.E.L., socio ge­
rente de los Talleres Gráficos Didot
S.R.L., y presidente de la Asociación
Industriales Gráficos de la Argentina.
Hombre surgido de las filas univer­
sitarias, pues egresó de la Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales de
Buenos Aires con el título de escri­
bano en 1933, une a ello sus rele­
vantes méritos como hombre de la
industria, por lo que sus declara­
ciones para CABALGATA acerca de
los problemas de su gremio adquieren
real interés.

ti A B L A

FRANCISCO
RE AMORRORTU
ES NECESARIO CREAR UN MAYOR
VIEREAItO DEL LIRRO
* Promover la lectura del libro.
* El problema de la distribución.
* Una mayor especialización.
por un instante los con­
O LVIDANDO
flictos gremiales, las innumerables re­
uniones que sus múltiples actividades le im ­
ponen, y, postergando por algunos minutos
los repetidos reclamos que la marcha de
las imprentas por él regenteadas le urgen,
Don Francisco do Amorrortu nos concede
una entrevista para los lectores de estas
páginas.
_Hasta el año 1937 — comienza dicién&lt;j0nos— la industria editorial estaba redu­
cida a los límites internos, y, a partir de
esta fecha, ya se puede hablar de una ver­
dadera industria editorial argentina que,
aprovechando los factores que imponía la
guerra civil española, y, posteriormente, el
conflicto mundial, evolucionó en forma sor­
prendente. Este rápido desenvolvimiento
hizo necesario improvisar; la industria de­
bió adaptarse y prepararse en forma pre­
caria para satisfacer la enorme demanda
de libros.
t —¿Ocasionó ello algunos trastornos?
—Surgieron editores inexpertos que so­
lamente conocían el libro como lectores y
con el criterio — a mi juicio equivocado—
de que el negocio editorial es muy sencillo
y por supuesto rendidor; para muchos, el
problema se reducía a comprar los dere­
chos de autor, mandar imprimir el libro
y, luego, entregarlo al distribuidor para
su venta sin posibilidades de riesgo ni
equivocaciones. Tenían la idea de que todo
se vendía. ..
—Fruto de un exceso de optimismo,
¿quizá?
—Así es como se logró crear un estado
de euforia editorial del cual, digámoslo de
una vez, somos todos un poco culpables.
La puja se limitaba a imprimir o editar
el mayor número de libros, según se fuera
impresor o editor. El editor capaz debía
aceptar el desafío del improvisado y lu­
char en la adquisición de derechos y man­
tener un ‘ ‘ fondo editorial ’ ’ más numeroso.
—Y, ¿en lo que respecta a los impreso­
res?
i— La situación se repetía. El taller or­
ganizado para la producción inteligente del
libro debia luchar para producir más y
más. Hasta el momento de la crisis nadie
meditó sobro las verdaderas necesidades
del mercado ni en una posible sobrepro­
ducción. En realidad, estaba ocurriendo
que un excesivo liberalismo en los créditos
estaba debilitando la industria, pues ello
facilitaba la intromisión del mayor núme­
ro de improvisados en todas las etapas del
negocio del libro.
_ .
i
t .........1
— Los impresores pusimos al servicio de
los editores todos nuestros conocimientos,
organización, técnica y nuestro dinero,
así como el crédito que habíamos ganado
en largos años de trabajo. Esto facilitó
el nacimiento de editoriales; por su parte

hombres, sino de las relaciones del hom­
bre con Dios.
Así, “ El Mono Velludo” es un hom­
bre que. aunque embrutecido, permanece
siendo hombre hasta que pierde el senti­
do de * ‘ pertenencia ” e inevitablemente
se trueca en animal; el viejo Efraín, en
“ Deseo Bajo los Olm os” , es un hombre
que paga la pena de los que se identifican
a sí mismo con Dios; Nina, en “ Extraño
Interludio” , es una mujer que sufre el
castigo opuesto y se contrae hasta una
vana insignificancia porque (como le ocu­
rre tanto al hombre moderno) no puede
hallar a quién pertenecer, nada que justi­
fique en ella el elemento irracional en la
vida humana, excepto esa última excusa
ante Dios que ahora se conoce por “ com­
plejo ’ ’.
Al igual que los grandes escritores trá­
gicos del pasado, O 'Neiil está interesado
en las “ aflicciones de nuestro soberbio y
airado barro” que “ es eterno y no se
desvanece ’ ’. Los más modernos drama­
turgos así como los más modernos soció­
logos y moralistas, entiende él, suponen,

el editor también ofreció todo su capital,
crédito, y esfuerzos, para beneficio de li­
breros y distribuidores, empujando la ins­
talación de nuevas librerías tanto en el
país como en el exterior. Las librerías ya
instaladas vieron crecer sus ‘ ‘ stocks ’ ’ en
forma impresionante.
— ¿Y en lo que respecta al lector?
— Se lo descuidó, olvidándose que es el
factor más importante; poco es lo que se
hizo para aumentar el público-lector y pro­
pagar la costumbre de -leer libros. Es ver­
dad que se cuidó la elegante presentación
tipográfica, el precio económico, los títulos
seleccionados y las traducciones cuidadas,
pero. . . faltó el espíritu de unidad de to­
da la industria librera, tan necesario para
sobrellevar con éxito una campaña siste­
mática a fin de aumentar los lectores.
— Acerca de la crisis actual, ¿que puede
decirnos ?
— La industria se halla abocada a ella
con una serie de factores coincidentes que
agravan su situación y que me parece con­
veniente enumerar: I? Elevado aumento en
el costo de impresión; 29 Exceso de
“ stoks” ; 39 El problema de las divisas,
y por último, la restricción de los créditos.
— ¿Quiere analizar, señor Amorrortu,
estas causas por usted señaladas?
— Bien. A los elevados aumentos produ­
cidos en los jornales de la industria gráfi­
ca, que desde el l 9 de diciembre de 1943
a la fecha representan el 135 % , deben
agregarse el nuevo aumento que en estos
momentos están discutiendo industriales
y obreros gráficos. En un estudio hecho
por la entidad que presido — conjuntamen­
te con la Cámara de la Industria Gráfica
de la Union Industrial Argentina— arri­
bamos a la conclusión de que un jornal de
de $ 1, en el año 1943, teniendo en cuenta
las mejoras de salarios y los porcentajes
que corresponden por leyes sociales, y, con­
siderando la merma de la producción de
cada obrero, representa actualmente un va­
lor de $ 5,482 la hora para el costo del
industrial, sin incluir el aumento que está
en discusión.
— ¿Acerca de los excesos de “ stoks” ?
— También es de suma gravedad, pues
ello hará restringir las nuevas compras por
parte de los libreros.
— ¿Sobro el problema de las divisas?
— Es actualmente el más angustioso y
debe considerarse conjuntamente coir la
restricción de créditos; ambos plantean
una situación de suma gravedad en razón
del estado de inseguridad financiera en
que se había colocado a la industria edi­
tora por el exceso de liberalismo en el cré­
dito. Uno de los iireonvenientes que crea
la divisa es la falta de pagos en que in­
curren algunos clientes del exterior.. .
— ¿Que soluciones señalaría, señor Am o­
rrortu?
— Para resolver el problema financiero
ya se ha obtenido el préstamo de los
25.000.000 que otorgarán los Bancos o fi­
ciales a los editores. Pero esta solución será
incompleta si no va acompañada de una

consciente o inconscientemente, que no
existen otros problemas que los represen­
tados por las relaciones entro (os hombres,
ni otros pesares que los que pueden ser
remediados radicalmente. Ellos, para de­
cirlo de otra manera, están interesados
por problemas propiamente dichos, mien­
tras que O ’Neill, como los más grandes
dramaturgos trágicos, está interesado úni­
camente por dilemas.
Esto ha dado lugar al hecho de que
muchos lectores y espectadores no le com­
prendan o, comprendiéndole, no lo en­
cuentren interesante o importante. Se ima­
ginan que un dramaturgo contemporáneo
debe por necesidad haber dejado atrás
todo interés por los temas genuinamente
trágicos, y se quejan de que O ’ Neill no
presenta temas sociológicos políticos in­
teligibles. Sus argumentos les parecen de
simples melodramas y su tendencia a tra­
tar temas tales como el incesto, el asesi­
nato y la rebelión íntima del hijo contra
el padre les ha parecido simplemente gro­
tesca. Semejantes temas, arguyen, se ha­
llan fuera de la sensibilidad práctica del

HISTORIA

Con todo el interés de las
obras históricas de valor esen­
cial, este breviario, posee la
agilidad que la prosa de Pijo a n sabe imprimir a sus tra ­
bajos, y su preocupación por el
logro de. un compendio ameno,

lim o

fá cil y sustancial, útil, tanto
para el investigador y el doc­
to, como para el público g e ­
neral, amante de la buena lec­
tura.
Hechos, hombres e ideas, en
la Historia, en una visión calidoscópica y respetuosa, veraz

por José Pijoan

y rápida, hasta nuestros días
de postguerra.

D os to m o s en c u a r to , co n 14 1 6 p á g in a s, 1155
g r a b a d o s en el te x to y 2 lá m in a s en tr ic ro m ía

Distribuidor: ANTONIO MUÑOZ

P id a fo lle t o exp lica tivo

LAVALLE 371
solución al problema de las divisas, que
día a día se torna más grave y que de
continuar poco tiempo más anulará todo
esfuerzo. Todos sabemos que la industria
editorial debe ser industria de exportación,
pues las necesidades del país son mínimas
y no permiten continuidad.
— Eso en lo que concierne a la ayuda
o fic ia l.. .
— En efecto. Además, y esto debe ser
realizado por lo3 integrantes de la indus­
tria gráfica editorial uniendo esfuerzos y
voluntades, luchar por conseguir los si­
guientes puntos: l 9 Crear un mayor mer­
cado del libro, mediante una persuasiva la­
bor de promover el hábito de lectura del
libro, conferencias, exposiciones, ferias,
propaganda colectiva, creación de biblio­
tecas, etc.; 2q Resolver el problema de la
distribución creando un organismo colec­
tivo que, respetando los legítimos intereses
de la actual organización haga factible
una mejor y más segura distribución del
libro en el exterior; 39 La propia selec­
ción y eliminación de los aficionados e
improvisados, y por último, una mayor es­
pecialización en todos que permita traba­
jar un poco más en profundidad, sin abar­
car tantos temas que diluye la labor del
editor e impresor.
— Para terminar, ¿ quiere agregar alguna
otra consideración al problema?
— Solamente diré que, mediante una len­
ta recuperación de nuestros capitales que
permita solidificar nuestras finanzas, y,
continuando con el espíritu de trabajo co­
mo hasta el presente, ya iremos preparan­
do el terreno para estabilizar y asegurar
el progreso de la industria nuestra.
— Que saldrá, esperémoslo, de estas prue­
bas con mayor experiencia. . . .
— Es evidente. Y con menor impaciencia
de realizar en 10 años lo que España no
había hecho en 50.
O. H.

mundo moderno cuyos ciudadanos están
interesados tan sólo en problemas racio­
nales como los representados por el pre­
juicio racial, el poder político o la pre­
ponderancia del divorcio.
Pero la hipótesis central de las obras
de O ’Neill ha sido siempre que la manse­
dumbre V racionalidad de la vida moderna
son una ilusión, que el hombre está inte­
resado, como lo estuvo siempre, en sus
relaciones cor.1 Dios, y que sigue siendo
víctima de las más tenebrosas y violentas
pasiones.
Por cierto que la incapacidad del hom­
bre y de su filosofía racional y consciente
para reconocer estos hechos hace que la
carga de los pesares producidos por su
barro altivo y airado se vuelva insopor­
table, más insoportable de lo que lo fué
jamás. Y esa incapacidad hace más ne­
cesaria la expresión trágica, en tanto que
la vuelve más difícil.
O ’Neill no es un per.-sador político o
social importante. Pero con la excepción
de Maxwell Anderson cuyos métodos fue­

ron muy diferentes y cuyas virtudes y
limitaciones características son singular­
mente opuestas a las de O ’Neill, es el
único dramaturgo norteamericano que ha
pretendido insistentemente hacer que la
tragedia salve el puente entre lo que co­
nocemos sobre nosotros mismos y el mundo
de los sentimientos que viven una existen­
cia subterránea.
No es posible ninguna discusión sobre
lo hecho por O ’Neill sin llegar previa­
mente a un acuerdo acerca de la legiti­
midad de su intención. Si el drama mo­
derno hubiese de limitarse a la racional
consideración de los problemas racionales,
si sus premisas han de ser las conocidas
del vivir cotidiano y sus temas casos tí­
picos de la vida social corriente, entonces
O ’Neill no es otra cosa que un anacronis­
mo fracasado. Pero si se acepta la validez
de su intención, todavía queda la cues­
tión de sus elementos y el grado de acierto
con que los ha empleado. Ningún drama­
turgo acometió nunca tarea de más grandes
aspiraciones. Y si ha tenido pleno éxito,
bien pudiera desafiar la comparación, no
con Ibsen o Shaw, pero sí con Esquilo y
Shakespeare. Y puesto que los más en­
tusiastas de sus admiradores no suponen
quo ‘ ‘ Extraño Interludio ” o “ Bien le
está el luto a Electra” están a la altura
de la trilogía de Agamenón o del Rey
Lear, nadie puede calificar de éxito ca­
bal a esas obras. Pero si ellas han alcan­
zado pleno éxito en el teatro moderno,
son un caso único por la sencilla razón
de que trataron de realizar algo a que
los dramaturgos contemporáneos han re­
nunciado al profesar la convicción de
Ibsen según la cual el “ abismo” abierto
en cierto momento del siglo pasado entre
el hombre moderno y el antiguo destruía
en el moderno todo interés real por los
objetivos y temas de la vieja literatura
dramática.
Cabe admitir francamente que a O ’Neill
no sólo le falta el don poético para la
expresión magnífica, sino que está tan
lejos de ella que la prosa de su diálogo
adolece con frecuencia de desmaño y redun­
dancia. Sostienen algunos que admitir es­
to es admitirlo todo. La poesía — dicen—
es la condición ‘ ‘ sine qua non ” de la
tragedia; siir ella nada es posible excepto
el melodrama. Pero eso no es verdad, pues
si no hubiere entre ambas una relación
integral, la tragedia no pasaría de ser
simple melodrama adornado con bellas pa­
labras, y la afirmación de Aristóteles de
que la fábula es el alma del drama care­
cería de sentido. Una tragedia es, antes
que nada, un drama en el curso de cuyo
relato cabe con toda propiedad la ex­
presión poética más elevada, y la falta
de esta expresión en las mejores obras de
O ’Neill se echa tanto de menos precisamen­
te porque la poesía no estaría en ellas fuera
de lugar. La mayor parte del drama mo­
derno se halla en prosa, no simplemente
porque sus creadores carecieran del don
de la expresión poética, sino porque su
concepción es prosaica. Decir que O ’Neill
fracasa como poeta no es ni mucho menos

BUENOS AIRES
decir lo más importante; lo más im por­
tante, por el contrario, está en que entre
casi todos los dramaturgos modernos sólo
él ha concebido dramas aptos para la
poesía.
En más de una ocasión O ’Neill ha se­
ñalado especialmente a Strindberg como
el escritor moderno que más ha influido
sobre él. Es una cuestión discutible si tal
influencia le ha sido siempre beneficiosa
o iro. El nihilismo strindbergiano con su
porfía de que la existencia es sencilla­
mente dolorosa, que de la vida humana
no es posible obtener otra conclusión que
la de que ‘ ‘ los hombres son criaturas las­
timosas” , es en algunos aspectos la ver­
dadera antítesis del espíritu trágico. Pues
el espíritu trágico está siempre mantenido
por el convencimiento de que ser hombre
es un terrible privilegio; pero privilegio
al fia y al cabo. O ’ Neill siempre ha pro­
pendido a vacilar entre ambas conviccio­
nes, o para decirlo con más exactitud, siem­
pre ha propendido a escribir obras en las
cuales la tensión interior es engendrada
por el esfuerzo de mantener una fe trá­
gica a despecho de la tentación a caer en
el nihilismo. Tanto 11 Ha venido el R e­
partidor de Hielo ’ ’ como las inform acio­
nes publicadas acerca de una nueva obra
suya que Nueva York todavía no ha visto,
parecen sugerir que la tensión ha cedido
algo y que estas obras se aproximan peli­
grosamente no ya a la misantropía sino
a la simple desesperanza. Algunos espec­
tadores se quejan de que suceden muy
pocas cosas en “ Ha veirido el Repartidor
de H ielo” . Pero lo que la queja sign ifi­
ca en verdad no es tanto que no se pro­
duzcan hechos, como que la tensión dra­
mática se halle algo ausente de este cuento
que al ser contado ofrece muy poca resis­
tencia contra la anticipada conclusión de
que la vida carece de sentido.
Coir todo, no cabe pasar por alto el
hecho de que también en esta obra la fuer­
za sombría de O ’Neill continúa hacién­
dose sentir y que no puede ser descar­
tada. Lo que distingue al autor no es la
destreza ni la inteligencia primaria, sino
una hondura *de sinceridad apasionada,
una inmensidad de convencimiento emotivo
con imponencia casi de monumento. De
los dramaturgos que hoy viven ninguno
excepto Bernard Shaw se atrevería a pe­
dirle al espectador que venga al teatro
a las cinco do la tarde y se siente para
escuchar durante cuatro horas un som­
brío dialogo. Sin embargo, hasta los que
rezongan acuden a los llenos porque O ’Neill
ha logrado imponerse.
La excentricidad y la pretenciosidad a
menudo logran este tipo do éxitos por
poco tiempo. Pero mantenerlo por espa­
cio de tres décadas es elevarse por encima
del punto donde la simple opinión puede
ejercer mayor fuerza. Sin duda la repu­
tación de O ’Neill continuará siendo tema
de discusión, pero ciertamente no puede
negársele que es el dramaturgo más im­
portante de Amériea.
(De "The American Scholar” . Exclusivo
para CABALGATA en la Argentina.)

�12

ca b a lg a ta

LA

A I R E
V O C E S
Queremos incluir en esta columna a
aquellos autores — casi siempre jó
venes— que nos envían sus libros,
escogiendo de su obra los fragmentos
quo mejor alcanzan a situarla. Si no
es posible reseñar como quisiéramos
todo libro interesante que aparece,
creemos que a sus autores les agra­
dará este cordial estímulo; y que
los lectores a quienes los fragmentos
atraigan, buscarán pasar de ellos al
libro que los guarda y continúa.

LENTA ESPERA
Por el camino largo, interminable,
que separa mi vida de la tuya,
ha dejado crecer la pena mía.
He querido olvidar y no he podido.
En esta soledad que hoy me circunda
sólo me queda la palabra fácil
el verso inútil
y la lenta espera.
ESMERALDA RADAELLI,
Isla de soledad.
Ediciones Conducta, Bs. As
•»*

Tras las huellas de fuego del corcel de
Atila corrí, como una furia, por Oriente y
Occidente, derramando sangre, sembrando
muerte, miseria y desolación. Y no es men­
tira nue la hierba dejara de nacer por donde
transitaba el caballo del Azote de D io s ...
Poseo autoridad suficiente para atestiguarlo,
porque lo vi con estos ojos que se ha comido
y se volverá a comer la tierra. Pero aún hay
más: no fué condición exclusiva del caballo
de Atila esterilizar el suelo a su paso de
equino invasor. Me arriesgo a afirmarlo por­
que mi experiencia data desde la infancia de
ls humauídad. como datan las inclinaciones be­
licosas de quien se vanagloria de haber sido
creado a imagen y semeinnza de Dios. Sobre
las huellas de la conquista sólo germina la
simiente del odio, que tarde o temprano cuaia
en amargo y venenosos frutos de desquite. Y
así todo conquistador, que persigue v destru­
ye. siempre resulta a
la postre perseguido
v destruido fatalmente, como nos sucedió a
nosotros, que después de vencer a los romanos
y someterlos a tributo, fuimos aplastados por
ellos en los Pampos Cataláunicos. cuando tres
bravos caudillos coaligados por el estímulo del
rencor, por el anhelo de libertad y por el
ansia de venganza se unieron para darnos
batalla.
CIRILO DUDAMEL,
Las vidas del Gato,
Buenos Aires. 1947.

•

LLOVIZNA
Me dueles en la hora iluminada
que se desangra por tu gris fisura.
Llora en ti la mañana malograda.
Creces en torno de su luz madura.
Te filtras en la tierra que te apura
urgida por su entraña desvelada,
y eres para la noche d-e su hondura
la misma luz que dejas apagada.
Por ti desciende, y por instantes sube,
la densidad de un cielo que es la nube
más la sombra en su sombra recogida.
En tu continuidad, todo se puebla
de una brumosa soledad de niebla
que desciende a morir sobre la vida.
CLARA LIFSICHTZ.

S a v ia ,
Ediciones Conducta. Bs. As.

SONETO
OH, catedral de lirios desvelada,
viento de sangre en el clarín ceñido
donde convoca al corazón caído
sólo por ver la luz amortajada!
En la garganta de magnolia ajada
compadeciendo su marfil herido,
alza 6U voz marítima de olvido sobre una selva virgen retratada.
En latitud de gritos y de llanto
sube el amor como la espiga tierna
de las colinas donde nace el canto;
Y en la bahía rota, desatada,
busca el diamante do la luz fraterna
junto a la noche de jazmín poblada.
EDUARDO JOUBIN COLOMBRES,
Albamarina, Ediciones El Mar y la
Pirámide, Bs. As.

•

LA INEXTINGUIBLE
No digas que la flor muere, que la tarde expira,
que hay peces muertos a la orilla
de todos los océanos,
que la noche agoniza como una doncella
herida por los rayos de la luna,
y que en mi corazón yacen inertes
los despojos de la primavera. . .
No digas, no, que las sombras devoran los
y los serafines;
[ángeles
que el gran viento del sur ya no hace crecer
bailando entre los trigos;
[la aurora
no digas que el Silencio existe, quo los besos
caen a la tierra como las hojas muertas,
y que desde la raíz sonora de los árboles
sube un lamento que ennegrece el cielo.
Ella está en ti como en la voz oculta
de las piedras,
como en el astro que te besa con su luz
cayendo de los siglos.
Ella es la Inextinguible porque tú
la sientes un instante
y luego te incorporas a su rueda infinita
y te vas con los ríos a revestir corales
* a repoblar de mariposas los ardientes ra[majes
JUAN CARLOS BERNAL,
La Realidad y el Milagro,
Ed. El Ateneo, Bs. As.

PESCA

MI LA GROSA
La

( Viene de la primera página.)
que sirve de comentario; así la música pa­
rece la mímica del relato. El rasgueo es
un secreto entre el cordaje y el intérprete;
algo íntimo dicho al oído, un suavizar
de destinos que endulza y que apacigua
el acorde al igual que un orvallo que re­
frescara la aridez de una vida. Estamos,
pues, en la línea de lo grandioso, de lo
clásico, de lo bíblico, de lo épico. Todo
pueblo, toda región del mundo con alma,
ha tenido siempre su instrumento musical
para rubricar con sus acentos sus glorias
y sus penas. Tal la gaita gallega, buena
para calmar rudezas y atemperar sau­
dades; tal la quena estremecida en el
aire embalsamado de las quebradas; tal
el cuerno de los pastores sonando en las
hondonadas, los herques de los indios que
convocaban a la guerra. Y las trompetas
del pueblo del Señor cuyos clangores de­
rrumbaban los muros de las ciudades si­
tiadas.
Esto ocurría en el atardecer, a la hora
en que el día cesaba de combatir y rendía
sus espléndidas espadas gigantescas; el
sol en aquel véspero, era una hostia en­
cendida elevándose sobro el tabernáculo
de los montes. Y en esa misa cantada de
fin de día, con la magnífica montaña por
altar, el coro estaba a cargo de la musical
greguería de todos los pájaros del bosque.
Cumplidos los últimos trabajos cotidianos:
abiertas las compuertas del regadío, echa­
da la ambulante oveja al redil, aseguradas
las tranqueras, aquel anciano setentón, rico
en años y en fortaleza, se quitaba el som­
brero por rendida pleitesía a la oración.
No vaya a ser cosa que el Serafín de la
tarde lo estuviera mirando. Tomaba su
guitarra para entregarse a un punteo in­
terminable. Le pronto, so creía escuchar
los compases de una zamba, ya el nervioso
repiqueteo de uu malambo; ya parecía
pisparse el ceremonioso andante de la Con-

faltaban, asimismo — ¿por qué iban a
faltar?— los temas del Himno irguiéndose
en el imperativo inicial. Pero, nada sur­
gía nítido y concreto de aquel estremecer
de cuerdas. Y don Tomás Argañaraz — que
así se llamaba esto campesino— orgullo
de mi sangre y mi familia— se abismaba
escuchando una secreta voz lejana. Hasta
que me atreví a preguntarle:
— ¿Qué música es la que tocas?
— No es música la que toco — me res­
pondió sin abandonar el roce del corda­
je— . No hago más que recordar — agregó.
—-Y ¿qué recuerdas? — inquirí insis­
tiendo.
— Recuerdo todo — respondió — cada
acorde florece en la memoria y veo todo
de nuevo, el arenal, las salinas, las pestes,
las revoluciones, los malones, la lucha con
el indio; los peligros de la vida de uno,
siempre lejos de las casas, luchando en
el norte y eir el sur. Y la guitarra es bue­
na compañera porque suaviza los recuerdos
malos; ella me habla secretamente. Y es
así el Martín Fierro, un poema conversado
al son de la guitarra en el cual se re­
cuerdan y comentan las penas y desdichas
de un hombre que se llamó Martín Fierro.
Cuando está de regreso de todo, de revo­
luciones, de levas, de malones, de odios,
de encuentros con la partida, el atardecer,
el gaucho, como el ave solitaria, con su
cantar se consuela. Porque el poeta es el
único ser del mundo que puede hacer del
infierno de su vida el paraíso de su poesia.
Y así vemos como todo se decora al con­
tacto de la palabra concertada. Porque el
canto es la sangre y sólo no tiene voz el
ser que no tiene sangre. Porque desde la
oscura raíz de una pena sube por el árbol
do la vida la esencia necesaria para que
nazca allá arriba una cristalina flor de
poesía. Porque, después de todo, lo único
que queda es el canto en este valle de
estrellas moribundas.

A PROPOSITO DE
DE

AJSTONI O

GRAMSCI

(Ftene de la pág. 9.)
cirnos que no quiere morirse, que no
quiere envejecer, consumiéndose así en
la nada. Sin lucha. Se intuyen sus an­
sias de libertad comprimidas y silen­
ciadas, se siente que no era ese el des­
tino al que hubiese aspirado; el de mo­
rir, tísico, escribiendo cartas a hijos que
apenas conoce y de los que sólo conoce
por fotografías, de elefantes y leones,
de jardines zoológicos y de aventuras.
La última de las cartas da la pauta
de lo que afirmamos. Está dirigida a
su hijo Lelio. Un chico de doce años.
Dice así:
“ Querido D elio: Me siento algo can­
sado y no puedo escribirte mucho. Es­
críbeme tú y siempre, y de todo lo que
te interesa en la escuela. Y o pienso que
la historia ha de gustarte tanto como
me gustaba a mí, al tener tus años, por­
que trata de hombres vivientes, y todo
lo que se refiere a los hombres, a cuan­
tos más hombres posibles, a hombres que
viven en sociedad, que luchan, que tra­
bajan, que progresan, no puede dejar de
gustarte por sobre todas las cosas. ¿ Pero
es a s í? ”
Con esta extraña pregunta se cierra
Lettere del Carcere. Una interrogación
incontestada, que abre dudas como toda
pregunta del género, y quo baña en una
luz nueva todos los rincones obscuros
del libro. “ ¿Pero es a s í? ’ ’ .
II
En una obra literaria es dable consta­
tar a menudo la coexistencia de dos
motivos, de dos fines por los cuales lia
sido creada y por los que vive. El uno
es el acto de voluntad de su artífice,
la m anifestación de lo que intenta ex­
presarnos. El otro es, en cambio, el sig­
n ificado espontáneo y autónomo que esa
misma obra termina por adquirir freute
a los demás. En ello la voluntad de su
creador no entra para nada. Su creación
escapa a las determinaciones que queria
imponerle, trasciende por sobre su v o­
luntad, y se convierte en un fin inde­
pendiente y propio que se identifica con
el real valor que esa misma obra va a
representar ante sus lectores. Habló mu­
cho Pirandello y supo demostrarlo tam­
bién con 9us “ Seis p e r s o n a je s ...” , de
la a veces invencible incomunicatividad
entre el artista y su público. A veces
ese fenómeno no so produce. Ambos f i ­
nes coinciden en forma perfecta; la per­
sonalidad que quiso darle el autor a su
obra es también aquella que conocen y
admiran los terceros. En otros sí, y en­
tonces la obra vive por m otivos que, o
no fueron imaginados siquiera por su
autor o divergen completamente de su
pensamiento. Hacemos estas considera­
ciones porque la obra de Gramsci tiene
mucho de ello. No es, claro está, un
libro que cob ije mensajes trascenden­
tales o misticismos recónditos, pero el
interés que reviste actualmente para
nosotros es completamente inverso al
que Gramsci imaginara. Porque, por lo
que a nuestra interprotacióu se refiere,

ÍSIISL

nin'guna de las doscientas quince cartas
contempla un estado de ánimo libre y
puro. Todas han sido escritas por Gramsei con un fin preconcebido; todas, en
la mente de su autor existían para de­
cirnos algo, para enseñarnos algo. Son
cartas, como lo hemos ya dicho antes,
frías, descarnadas. No son de las co­
munes, con los propósitos habituales de
inform ación o de afectividad. Son car­
tas construidas intelectualmente y ela­
boradas en base a un plano orgánico
racional; son cartas que el autor escri­
bió en pos de un constante m otivo inte­
rior predominante. Para ju stificarlo con­
sideremos el contenido do la carta
Lxxxvii de la recopilación. Se queja de
no recibir noticias; deriva de ello con­
clusiones implacables:
“ . . . Si no se escribe a un preso es
por dos razones: o por indiferencia, o por
falta de im aginación” . Desarrolla ese
concepto y llega después a la conside­
ración para nosotros vital: ‘ ‘ . . .yo no
hablo nunca del aspecto negativo de mi
vida, ante todo, porque no me gusta ser
com padecido; he sido un combatiente
desafortunado en las circunstancias in ­
mediatas y los combatientes, si han com­
batido sin ser constreñidos a ello, sólo
porque lo han querido así, y consciente­
mente, no pueden ni deben ser compa­
decidos” . P or eso sus cartas deben dar­
nos una tipificación neta de lo que debe
ser un perfecto racionalista ante las
adversidades. Como ha de pasar a la
posteridad sin una flaqueza, sin una
incoherencia. Su misión en la cárcel es
la de servir de ejemplo de entereza para
sus correligionarios. Su persona en la
cárcel no interesa ni debe interesar.
¿Dónde están, manes literarios, los
prisioneros de antaño? ¡Dostoievski es­
cribiéndonos en su Casa de los muertos
sin vergüenza, sin falsos rubores, sus
miserias cotidianas, porque ellas eran
su vida, su verdad! Hoy hasta los presos,
dentro de sus celdas, deben olvidarse do
sí y los pensamientos que los dominen
no pueden ser más la expresión de un
humano sentir sino manifestaciones ló­
gicas de un movimiento dialéctico hegeliano.
H ay algo extraño en esta idolatría
hacia lo intelectual que ha hecho gritar
a tantos grandes intelectuales. El hom­
bre que ha arrasado los mitos para ser
libre, termina sepultado bajo la capa
de plomo de los dogmatismos raciona­
listas que no saben de arrepentimien­
tos, ni de piedades, ni de desviaciones.
E l que cree en ellos so funcionaliza. Y
olvida de que las ideas a las que sirve
han salido ellas también de cabezas,
de mentes humanas, y no de un recóndito
dios cerebral, inmanente aúnque laico.
Todo el mundo está enfermo hoy de esa
enfermedad. Gramsci es una ruedilla más
del carro. Pero no ha podido huir de sí
mismo, pertenece a su esencia; es hom­
bre, no concepto. Por eso hemos hablado
a propósito de Lettere del Carcere de
fines queridos o no. El fin que tuvo A n­
tonio Gramsci al escribir Lettere del
Carcere fuó el de darnos un ejemplo do
la homogeneidad integral, de la cohe-

puerta estrecha ,

por Andró Gidc. Traducción de Francisco Madrid. Editorial
Poseidon, Buenos Aires. 248 pgs. a la rústica. $ 8.— m/arg.

REO que Albert Thibaudet fuó el primero en mostrar La puerta estrecha como la
contraparte de El Inmoralista-, resulta simbólico que a la reciente edición en
español do la historia de Michel se suceda, a corto plazo, el relato del renunciamiento
de Alissa. Así tendrán .los lectores de Gide — a quien el premio Nobel habrá dado
esa legión de repentinos interesados por su obra, lectores a quienes Sartre abruma
con sus sospechas en un reciente ensayo, pero entre los cuales habrá una buena cuota
de hombres de buena fe— , una visión más dialéctica del espíritu gidiano, balanceándose
en los extremos ( “ los extremos me tocan’ ’ ) de dos experiencias vitales: la aceptación
y el rechazo. Es de desear que a esa visión dialéctica se suceda el conocimiento de la
síntesis, que creo está en Los monederos falsos; por cierto que se hace sentir la nece­
sidad de su nueva versión castellana, libre de giros vigentes en España pero que aquí
malograrían parcialmente la aprehensión del original — sin que esto sea un reproche
al fino trabajo que entonces cumpliera Julio Gómez de la Sema.
No me creo autorizado para exceder la mera alusión a La puerta estrecha, en la
que nunca he querido (o podido) ver una obra afirmativa, apoyada por la creencia
personal del autor; me sigue pareciendo — en su forma más sutil y corrosiva— una
crítica al renunciamiento, su denuncia y rechazo. Prefiero entonces limitarme a su
valor como construcción estética, señalar la severa victoria de Gide sobre sí mismo
(repetida en La sinfonía pastoral), el logro de una unidad formal, una arquitectura
narrativa que falta en su obra anterior y en mucho de la posterior, donde se la ve
reemplazada voluntariamente por un juego sucesivo y hasta anárquico de los elementos
del relato. Ere El inmoralista, un tono oral deliberado con lo que supone de vaguedad
y aliñado desaliño; en Las cuevas del Vaticano un falso orden desmentido por la
lección de su corrosivo personaje; Los monederos fa ls o s ... pero aquí es mejor re­
mitirse a Jean Hytier, que ha disecado como nadie ese libro en su estudio sobre Gide,
y que lo define como “ una obra que avanza hacia la novela’ ’. Nada de todo eso es
La puerta estrecha; simplísima en la estructura novelesca, su construcción la carga
de otras dificultades más sutiles — no diré más profundas— : entender de veras a
Alissa, a Jéróme, a Juliette, pasar más allá de sus actos (tan pocos), de sus palabras
(tan clásicas, es decir con tanta tendencia a lo universal), de sus destinos (tal vez
tan contrapuestos en el deseo más personal de Gide).
En el diario de Los monederos falsos, Gide afirmó que “ el mal novelista cons­
truye sus personajes, los dirige y los hace hablar; el novelista verdadero los escucha,
los mira actuar’ ’. Nox sé si la historia de Alissa prueba la profunda fidelidad del
novelista Gide; en la sombra — la primera persona del relato es una máscara— él
eseuclia y ve actuar a los seres de su libro; quedará al buen lector (que también sabe
escuchar y ver) preguntarse si el novelista ha sido fiel a su visión, o si la sombra
irónica y despiadada de Lafcadio — tal vez do Menalcas— no estaba allí con él, guián­
dole la pluma.
Julio Cortázar.

C

embargo J u a n vivía , por Alberto
Vanasco. Edición del H.I.G.O. Club,
Buenos Aires. 128 pgs. a la rústica.

S in

Hay reparos que hacer a este libro, pero
me adelanto a presumir que sus deficiencias
son en gran medida las que Alberto Vanasco
superará en su obra sucesiva; no por la raa'nida secuencia del “progreso” literario, sino
porque su no ordinaria inteligencia rechazará
los elementos impuros, intrusos, inútiles, que
impiden al presente libro ser ya un logro to­
tal. El mejor elogio que cabe hacer al novelis­
ta es imaginarlo plenamente consciente de
tales rémoras una vez que el libro se desgaja
de él y asume su temporalidad privada. Va­
nasco ha de advertir ya los frecuentes desali­
ños verbales que enturbian la construcción no
verbal de su novela; las recaídas en el falso
humor, que se oponen a ese humor profundo
que circula bajo el relato y sostiene su traba­
zón dramática; el a veces reprochable desin­
terés con que cumple su tarea creadora, en
una situación que acaso exigía mayor compro­
miso personal de su parte y menos compla­
cencia bedónica.
Por sobre todo esto — a lo que sumo el
prólogo, mucho menos maduro y necesario que
la novela— Sin embargo Juan vivía se ofrece
como una prueba de que en la Argentina em­
pezamos a salir del pozo romántico-realistanaturalista-verista, etc. (No hay varios pozos,
es uno solo y negro). A la labor solitaria de
Borges, de Macedonio Fernández, de Juan Filloy, principia a sumarse — desde sus ángulos
personales— la creación de novelistas y cuen­
tistas jóvenes que, como Vanasco, “ no creen
que algo pueda darse, o ser o hacerse” , pero
parten de esa no creencia para probar sus
fuerzas. Si algunos ven en el surrealismo la
ruta necesaria, Vanasco se planta en un sin­
cretismo donde Ramón, Lewis Carroll. Kafka y
la rué de Grenelle no le impiden jamás ser
él mismo en la síntesis del libro. Una sola
cosa falta en su ebra, y es carga poética; ¿pe­
ro no será un progreso novelesco, no tendrá

rencia y consecuencia implacable que
puede mantener contra todo un hombre
convencido de sus principios, una per­
sona lógica. Lo único que ha conseguido
es aguzar el ingenio de sus lectores has­
ta descubir esa falla, esa debilidad en
su compacta masa, reveladora; de que
ningún barniz puede llegar a modificar
la esencia de lo que recubre. Una sola
frase, su última “ ¿Pero es a s í? ” es
suficiente para revelarnos su íntima de­
bilidad humana frente a todo lo hecho,
tan amarga para su víctima, tan conso­
ladora para nosotros. Y las conclusiones
que de ello podemos derivar son las de
siempre. Que la inteligencia sola no
basta, que una. verdad sola no basta, que
cuando el autor estaba triste no había
principio lógico al mundo que pudiera
alegrarlo, de que ningún hombre por in­
telectual que sea su desarrollo puedo
equivaler a un concepto viviente, y que
detrás de todo silogismo o posición ra­
cional so esconde un acto de fe que
es de un valor esencialmente subjetivo.
No nos preocupemos de los fenómenos
inmediatos que derivan de todo ello.
De las muertes, de los estragos que ideas
creídas han impuesto a los hombres;
más graves que las matanzas de an­
taño, porque éstas se cumplen y segui­
rán cumpliendo fríamente, orgullosamente y sin reconocer más límites que los
que ellos mismos comprenden. Y pen­
semos que lo esencial en la vida no es
seguir ideas blancas, verdes o amarillas
como las de Gramsci, sino que lo esen­
cial de la vida es vivir. Y que para
vivir en su sentido profundo en todas
las ideas hay verdades; y que el fin de
ellas no es de conducir a la muerte a
nadie, sino que son una ayuda, un medio
para la tan cacareada pero esperemos
alcanzable felicidad humana.
III.
¿Lettere del Carcere es un libro que
vale literariamente? La contestación os
dudosa. Según. Como obra de estilo, co­
mo libro rico de creaciones im aginati­
vas, como arte, no. ¿Es un libro inte-

razón el autor al preferir el humor y el puro
juego dialéctico a la incitación sentimental y
lírica? Incluso recuerdo momentos — como el
entero capítulo IX, que me parece perfecto—
donde una poesía de la Inteligencia determina
las situaciones y las conduce con ciega cla­
rividencia (sic).
Sin embargo Juan vivía pone a Vanasco
frente a la exigencia de una obra superior, y
le prueba desde ya que es capaz de dárnosla.
A la inversa de tanto escritor argentino, que
se inicia con su mejor libro para continuar
luego copiándolo con letra cada vez peor, el
contenido virtual de esta novela reclamará de
su autor actualización y desarrollo. V ya que
a Vanasco le agrada sentirse en la línea de
TJlysses, me place decirle que este libro suyo
es también — por analogía—• su retrato del
artista adolescente; lo demás viene después, y
lo está esperando.
J. O.

POESIA INGLESA CONTEMPORANEA, Con los
textos originales, selección y traducción
de William Shand y Alberto Girri. Di­
bujos de Luis Seoane. Nova, Buenos
Aires. 102 pgs. encuadernadas. $. 8.—
m/arg.
La noción de lo contemporáneo se ha visto
tan parcelada en lo que va del siglo ( “ atomi­
zada", diría un contemporáneo bien al día),
que repentinamente se descubren distancias
vertiginosas entro períodos literarios que ape­
nas separa una generación. En esta antología
de poetas ingleses, los cuatro primeros nom­
bres — Owen, Sassoon, Lawrence y Eliot—
parecen pertenecer a una realidad en todo des­
vinculada de la que conviven las obras de los
restantes — Read, Day Lewis, Auden, Spender y MacNeice—-. Así lo han acentuado los
compiladores, guiándose por la cronología y el
doble hito de ambas guerras mundiales; y
aunque la filiación poétictr" (incluso temática)
acerca a todos los incluidos en este libro, no

resante? Sí y de muy grande interés. En
la competición de Viareggio dos libros
centralizaron la atención del jurado. El
uno era la Romana, de Moravia. El
otro el premiado. El libro de Moravia
a pesar de sus méritos, iro representa
para nosotros, aquí en América, ninguna
novedad. Su tema y su contenido son
los de la literatura realista norteameri­
cana, de la que todos tenemos aquí am ­
plios conocimientos. La obra de Gram­
sci no. Es documento. Y Am érica necesi­
ta hoy muchos documentos sobre la
psicología y hechos del v iejo mundo.
P or eso, no obstante de que la obra no
pase de ser intrínsicamente un ensayo,
irregular, con muchos aciertos y algunas
ingenuidades, el libro por premiado ha
salido a la popularidad, y sólo gracias
a ella nosotros hemos podido conocerlo.
Y constatar de “ v is u ” , por primera
vez, la formación p s ico ló g ic a de un
•coherente miembro de las teorías que
bullen tras de la cortina de hierro. Com­
prendemos que en Italia se haya pole­
mizado mucho sobre el particular; es
muy probable que sin la situación ac­
tual do la península ese libro hubiese
quedado limitado a un estrecho círculo
de conocedores. Pero la política lo ha
impuesto y nuestro descarado interés in­
telectual se felicita por ello. Porque nos
permitió reconfirm ar de que no hay nada
de esencialmente nuevo, de que las reac­
ciones humanas disfrazadas bajo cual­
quier color son siempre humanas y que
los esfuerzos volitivos que quieran esca­
par a esa determinación, son estériles,
son vanos, son inútiles.

Librería RODRIGUEZ
El m ejor sitio para Libros
■y Peristas en Castellano,
Inglés y Francés.
Se suscribe a publicaciones
extranjeras.
GALERIAS PACIFICO
Florida 759
Buenos Aires

�15

ca b a lg a ta

COLECCION
••

NOVEDADES
S u p e r stic io n e s y l e y e n ­
d a s , de Juan B. Am-

. . . S 2.50

brosetti

Los

M ICROBIOS A L A L C A N ­

Hugh
N i c o l ............. S 3.00
CE DE t o d o s , d e

DE LA M ISM A C O L E C C IO N

V eneno

en

brom a,

de

J. Dickson Carr § 3.00
C u en tos de l a s e l v a , de

Horacio Quiroga § 3.00
F r a n k e n s t e in , d e Mary

S h elley .............§ 2,50
B re v e h ist o r ia de l a l i ­
t e r a t u r a in g l e s a , de

B. Ifor Evans . $ 2,50
D a isy M il l e r y los p a ­
peles de A sp e r n , de

Henry James . $ 2,50
A r t e p r im it iv o , de Leoh-

nard Adam . . S 3,00

de Arnold Hask e l l ................... § 3,00

Ballet,

En venta en todas
las buenas librerías

EDITORIAL

J. E. URlBliRU 1225
T A 44 -4114

es difícil establecer diferencia entre ambos
grupos, diferencia extratemporal y por ello do­
blemente significativa. Es como si los jóvenes
de la segunda guerra fuesen un poco los mis.
mos “ viejos” do 1914, confrontados con una
reiteración de la catástrofe, y reaccionando
ante ella de distinto modo que la primera vez-;
excediendo la mera repulsión, el asco y el can­
sancio. Si Owen, Sassoon o Eliot ven el horror,
la futilidad y la liquidación del mundo 1914-18
(The Hollow Men es su mejor resumen), estos
avalares suyos que se llaman MacNeice o
Read dan un paso adelante, paso que me pare­
ce definitivo para el destino último del hom­
bre; detrás de la vorágine atisban y proponen
la realidad de otro camino que es o puedt
ser salvación. El mundo, para T. S. Eliot, no
termina con un estruendo sino con un plañi­
do; el mundo, para Stephen Spender, puede
estar naciendo y el plañido es ya su veri­
ficación de vida. Así, esta antología empren­
dida inteligentemente por Shand y Girri, es­
labona y articula una continuidad por encima
de las conclusiones individuales de cada poeta,
y aún históricamente vale como permanencia
de valores por sobre las alharacas. Si ambos
grupos se dan la espalda desde un puente de
veinte años, su poesía los excede y los reúne,
alcanza unidad final más allá del hiato de las
generaciones.
Las versiones de esta antología responden a
un exigente deseo de fidelidad. Como ocurre
paradójicamente en tales casos, no siempre
la versión conserva el sentido lato del poema
original, y só que en algún momento estas
obras desconcertarán al lector que no frecuen­
cia o los poetas ingleses. Con todo, es prefe­
rible la severidad un poco seca y a trechos
con^ errores de buena fe, a las versiones donde
la “ personalidad” del traductor cumple la mis­
ma nefasta tarea que el "virtuoso” en la in­
terpretación de la música. Al fin y al cabo,
lo que un libro como éste pretende del lector
es que use las versiones españolas como tram­
polín para sumirse en los textos originales,
que lo esperan fióles en la página de enfrente!
J. C.
El

cam in o

de

E l D orado , por Arturo

Uslar Pietri. Losada, Buenos Aires. 320
Pgs. a la rústica. $ 8.— m /arg.
Si la conquista española de América fue una
gesta donde la acción improvisada por las cir­
cunstancias determinó las hazañas y las catás­
trofes. entonces Arturo Uslar Pietri'acierta con
el tono directo y siempre objetivo de su na­
rración. Con todo, un sumario examen de los
móviles y los individuos, de los imponderables
que subyacen en todo acaecer histórico, tien­
do a probar lo falso do esa concepción y lo
riesgoso do su empleo on el orden literario.
No soy el primero en afirmar que el mag­
nífico fracaso que en su momento representó
Salambo se explica por este voluntario sacri­
ficio de lo oculto a lo superficial, de la razón
al acto. Uslar Pietri sigue (tal vez lo escan­
dalizara la comparación) el método flaubertiano en esta crónica de las andanzas del
tirano Lope de Aguirre. Los hombres se mué'en, luchan, sucumben, traicionan, sin que en
ningún momento se dé al lector la posibilidad
do ahondar en esas corazas y esos petos cas­
tellanos. Una hazaña como la de Aguirre no
se sostiene ni explica con las solas razones
de la codicia y la crueldad. La sublevación del
tirano contra Felipe II, su famosa carta de
desafío, su entrada en el espanto de la selva
y su lóbrego final, exceden los cuadros en
que Uslar Pietri, obstinadamente, ha querido
limitarlos.
Por eso, el escamoteo de lo subjetivo en un
episodio que debió estar tan lleno de sutiles
gradaciones psicológicas, lleva al autor a cier­
tas fijaciones que amenazan con el lugar co­
mún, a frecuentes recetas novelescas que en
rigor son ya insalvablemente anacrónicas. Ci­
taré un caso: casi todos los asesinados (que
jalonan la marcha de Lope de Aguirre) su­
cumben pidiendo confesión a gritos. Si tal co­
sa era reacción natural en la época, Uslar
Pietri se excede al atribuir con tanta regula­
ridad ese deseo final a los moribundos, sobre
todo a aquellos que reciben un cuchillo en la
espalda y el Amazonas sobre la cabeza; pien­
so que ya sabemos algo más sobre lo que
puede esperarse en tal caso do un agonizante.
Estos reparos merecen consignarse, preci­
samente porque El Camino de El Dorado es
una excelente novela en cuanto el talento na­
rrativo do Uslar Pietri logra el difícil equi­
librio entre una tensión que somete irresis­
tiblemente al lector y la reiteración de episo­
dios no muy variados. Es difícil navegar el
entero curso del Marañón sin una fluvial mo­
notonía; el novelista triunfa en base a una
cuidada reconstrucción de ambientes que mu­
chas veces ocupan el lugar que corresponde­
ría a los hombres mismos. Más feliz con el
paisaje que con las almas, Uslar Pietri alza a
primer plano los ríos, las barcas, las sabanas
y las islas; toda la obra está impregnada dq
esa convivencia con lo telúrico que signa la
mejor novelística americana. Y la hazaña es­
pañola — aún monstruosa, como en este caso—
alcanza así una realidad y un relieve que el
tratado histórico le escamotea casi siempre,
cuando no nace de la pluma de un Salvador
de Madariaga o do un Germán Arciniegas.
J. C.
El

h om bre

m as

dinám ico

del

m undo ,

por Damon Runyon. Traducción de Héc­
tor J. Argibay. Ocesa, Buenos Aires.
200 pgs. a la rústica. $ 3.50 m/arg.

A usted le i n t e r e s a or­
ganizar para el nuevo año
editorial una activísima cam­
paña de propaganda en el
interior del país. Para lograr
la máxima eficacia, le ofre­
cemos los servicios de nues­
tro acreditado Departamento
de Publicidad
CAM PAÑAS DE PRENSA
REVISTAS - BOLETINES
C A R T A S DE V E N T A
CATALOGOS - FOLLETOS
CIRCULARES - VOLANTES

OFICIM TECNICA
llEFUIinO
Director:

Francisco Arno

CORRIENTES 1133, 2°. B
3 5 -0 8 7 8

Buenos Aires

Harta razón tiene el traductor de estos re­
latos al sorprenderse de que no hayan sido
“ descubiertos” antes por nuestros editores; por
mi parte sostengo desde hace años que los cuen­
tos de Damon Runyon constituyen una obra
maestra del género — género perfectamente de­
limitado por su tema, desarrollo y tratamien­
to, do un rigor poco frecuente en literatura
“ popular” — , y celebro que el lector argenti­
no pueda por fin asomarse a su mundo fasci­
nante, aún con las penosas limitaciones do una
versión casi imposible por los problemas que
planteaba el cspecialísimo lenguaje, la atmós­
fera verbal que nace del sabio empleo del
“ slang” neoyorquino y un super-slaug priva­
tivo de las criaturas do Runyon. El mismo tra­
ductor lo advierte así, con una lealtad que ha­
bla de su meritorio esfuerzo.
So agrupan aquí los mejores cuentos del
autor, y entre ellos Madame La Gimp (de
donde nació aquella película que se llamó
“ Dama por un día” ), “ Caballeros, ¡el R ey!”
(que se malogró en el cine como “ Soldado
profesional” ), LUy, la de Saint Pierre __ que
yo incluiría en cualquier colección de gran­
des cuentos— , y “ Los sabuesos de Broadway” , "Presión arterial” y “ El Cerebro se va
a casa” , que Runyon no sobrepasó jamás. Allí
la delincación do personajes — tan típicos y
diferenciados, tan ellos mismos dentro de la
semejanza que los reúne y explica—, se alía
a un lenguaje d e * na frescura expresiva como
sólo puede darle el habla popular cuando quien
la usa sabe someterla a sus más sutiles fle­
xiones. Si los episodios son ingeniosos como
construcción, no es por ellos que Runyon re­
sulta un gran cuentista: la forma, la resolu­
ción verbal de las situaciones, dan a esos epi­
sodios su eficacia extraordinaria. Los “ tipos”
y las “ pibas” — Princess 0 ‘llara, Harry the
Ilorse, Little Isadore, Big Jule— se fijan en
el recuerdo porque han sido plantados allí con
la misma agresividad y el mismo humor con
que circulan por Broadway y viven sus casi
siempre breves vidas.
De E. C. Bentley. en su prólogo a una an­
tología de Damon Runyon publicada en 1940.
son estas frases: “ No puede usted impedir
que le gusten estos tipos y estas pibas. No
quiero decir que resultara agradable conocer­
los — sobre todo a los tipos— . y menos aún
seguro. Si de mí dependiera, antes preferiría
ir a bañarme en un banco de tiburones, y aún
más rápido que antes (lo siento, pero es im­

posible no caer en el idioma de Runyon cuan,
do so escribe sobre las criaturas de su mon­
te). No quiero decir que usted derramará lá­
grimas cuando Angie the Ox sea enfriado por
Lance McGowan, o cuando Joey Perhaps re­
ciba lo que le está llegando de parte de
Ollie Ortega — que es un cuchillo en la
garganta— . Simplemente señalo que todos
ellos tienen una inquieta, valerosa vitalidad
que le hace agradable tener noticias suyas,
esto es, si usted pertenece al tipo humano
normal, que siempre se ha complacido oyendo
cosas do los desesperados...” Habría que
citar el entero prólogo, verdadera introducción
sistemática al conocimiento de Damon Runyon.
Baste con ello para mostrar al lector que en
esos relatos le espera una realidad a la vez
auténtica e irreal — los términos no se recha­
zan— . poblada por seres dignos de conoci­
miento; sin mencionar la riqueza de humor
que Runyon deja en cada frase, en cada epi­
sodio, en cada presentación de uno de sus ti­
pos, “ que no están en la cárcel simplemente
porque acaban de salir de ella” .
J. C.
L a raíz
M óbili.

por Jorge Enrique
Aires. 92 pgs. a la

verdadera ,

Buenos

rústica.
Con razones, con estados, con climas nega­
tivos y dolientes, Jorge Enrique Móbili cum­
ple obra de poeta al remontarlos a una condi­
ción donde sus limitaciones dan a la luz lo ili­
mitado, donde su pequeñez individual se re­
suelve en infinitud creada y creadora. Todo
es en su libro vastedad gris anochecida
— título de un poema clave— , pero el sostén
poético cumple de nuevo la maravillosa parado­
ja de exigir el dolor para desmentirlo y tras­
cenderlo. Panegírico para un escéptico (que
oreo el mejor poema de este libro) no somete
la visión del hombre que, pasando
con su triste hombría y sn fulgor,
monótonamente so incendia en histórica any pesadamente se espanta y acaece.

[gustia

Eso es existir, pero no es la existencia. En
ol difícil salto do la derrota personal a la
victoria poética — negarse a una poesía do
sola nostalgia— , Móbili entrevé más allá de
esa
criatura que se quema en el tiempo
buscando desnuda un eco que sobreviva a su
[llanto. . .

Existencia
entro el camino de la muerte
sostenida por un rumor, por raíces eternas,
por nos de sangre, por ruidos de metales he[lados,
que so pegan al alma en sus horas de largo
•o
..
.
[extravío.
.rara afirmar, hermosamente:
Valo más este aroma que pasa, esta criatura
sin voz, este rumor de sueño pegado a la tierra
en su impotencia y su larga congoja,
que destrozar el pensamiento esperando la
quo la metafísica buscando lo justo, Refrío*
lo desnutridamente exacto entre la historia’.
La Raíz Verdadera, modestamente subtitu­
lada “ cantos de la adolescencia” , está mucho
más adentro en la edad poética de Jorge En­
rique Móbili. Se advierte en este libro una
voluntad de rigor que a veces enfría el verso,
la elección do materias sin turbio prestigio
estético, la constante vigilancia sobre la ruta;
todo esto es signo do pronta madurez formal;
y si Móbili ha ceñido con demasiada severi­
dad su elocución, cabe decirle que lo creemos
a salvo de todo desfallecimiento futuro: suya
es una poesía que parece esperar viento alto
para henchirse. El se define allí como
una enhiesta soledad, habitando la música.
Tal vez su camino sea ahora el de dejar que
la música habite su soledad enhiesta, darse
a ella sin el temor a lo efusivo — ya no temi­
ble en un cabal poeta como él .—- J. C.

A L O S P R O F E S O R E S DE
ENSEÑANZA SEGUNDARIA
M A R TÍN FIERRO, por José Her­
nández .................................. $ 5.—

L A G U ER RA GAUCHA, por Leo­
poldo Lugones ................... $ 4.50

Edición totalmente anotada por SAN­
TIAGO M. LUGONES. Adornada con
100 ilustraciones. Por primera vez apa­
rece una edición económica completa,
garantizando sn fidelidad respecto a
la edición definitiva del autor.

Estas páginas exaltan el valor, el sa­
crificio y el ingenio de los heroicos
gauchos de GUemes, que defendieron
con ardimiento las fronteras de Salta,
en nn momento sombrío de nuestra his­
toria. Sus relatos, por la variedad de
los asuntos y la nobleza del estilo, son
bellos e instructivo *
Con treinta dibujos en color.

LA A R G E N TIN A EN TRE 1820 y
1890, por L. Lugones (h.) $ 3.60
Gobiernos, revoluciones, motines, pro­
nunciamientos, cuarteladas, fusilamien­
tos y conjuraciones. Batallas, combates
y refriegas. De la introducción: Son
de todos conocidas las gestas de nues­
tros grandes jefes militares; también
las empresas de aquellos civiles, cuyo
patriotismo, con enaltecerlos, glorificó
a la nación entera. Recordarlas es de­
cir la historia de nuestra tierra, pues
nada más cierto que toda figura prócer
es de suyo artífice de un pueblo. Este
pequeño volumen sacará de apuro al
que conozca algo de historia patria.
Ayudará, con suma modestia, asi de­
claro, a quien la haya estudiado con
empeño; y, finalmente, dejará una im­
presión más o menos clara en el ánimo
del ayuno de todo conocimiento.

LAS M ONTAÑAS D E L ORO, por
Leopoldo Lugones ........... $ 6.—
Es la primera obra de Lugones. Extra­
ordinario conjunto do poemas. Conmo­
vió el pacifico ambiente de aquel Bue­
nos Aires de fines del siglo pasado.
Fnó una obra que abrió horizontes nue­
vos a las generaciones de entonces.

FILOSOFÍCULA, por Leopoldo Lu­
gones ...................................... $ 4.50
Ya está visto Lugones como talento
polígrafo: historiador, poeta y educa­
dor. Descuella en todas esas discipli­
nas. Su “ Filosofícula” resulta un con­
junto de sentencias que definen, una
vez más, al genio creador.

La Editorial ofrece estos libros de alto valor literario, compuestos por autores
nacionales y especialmente recomendables para la enseñanza media.
NOTA IM P O R T A N T E : Los señores profesores pueden consultar estas obras
en la biblioteca del establecimiento donde dictan clases, por cuanto hemos
enviado ejemplares a todos los colegios de la República.

Ediciones C E N T U R I O N
BELGRANO 3770
T. A. 45 - 8875

BUENOS AIRES
Rep. Argentina

un brasileño, una serie de estampas y “ man­
chas” vivas, cálidas, ágiles, expuestas con
cariño, comprensión y gran simpatía huma­
na. Sus desconocidos lectores le pidieron en
innumerables recados: “ Vaya, vea y cuente.
Pero describa las ciudades y cosas de tal
manera quo nos deje la impresión de haber
viajado también” .
El reclamo fuó satisfecho con singular ame­
nidad.
Gracioso copista de la realidad, Verissimo
no elude el claroscuro quo puede ofrecer lo
sórdido y desmañado junto a lo limpio y
bueno. De ahí que hablando del suburbio
do una gran ciudad confiese: "Los que aman
la vida aceptando lo que ella tiene de bueno
y do malo encontrarán en este barrio de
Los Angeles los más entretenidos y sugesti­
vos paisajes humanos” . Palpa así, enterne­
cido, estas dos realidades y si bien, no las
capta con hondura logra apresar en cada
caso el dato, la circunstancia o la informa­
ción quo más importa. Do ahí que no sea
necesario en ningún instante apelar a la
voluntad por haberse agotado la atención.
Buen bergsoniano, Verissimo cree en la teo­
ría del cambio incesante entendiendo el tiempo
como algo vivo, lo que significa invención,
creación, de formas, observación continua, ela­

boración. Estamos de acuerdo que todo eso
se halla en Un gato preso en la nieve.
Al promediar las páginas sentimos nostalgia
de reposo. Pero este contemporáneo Simbod
de tierras y mares, ama los renovados ho­
rizontes, las maletas prontas, el continuo va­
gar, el ajetreo por estaciones, aeropuertos,
caminos. Y nosotros, sus insospechados com­
pañeros, lo vamos a la zaga rumbo al capítulo
o nota que se inicia.
Libro de síntesis y urgencia, como los días
quo vivimos, con habituales frases de viaje
y palabras cotidianas. Pero, por eso mismo,
espontáneo, sin tiempo para apelar a pre­
conceptos, de una sinceridad fotográfica y un
humorismo retozón, este Gato preso en la
nievo no es un convite al viaje, sino el viaje
mismo.
De ahí que, con la postrera línea vivamos,
cabal, la sensación de llegar. Nos sacudimos
el polvo del camino, rehacemos nuestra toilette
y no nos sorprendemos cuando el oficial de
inmigración reclama, perentorio, los pasaportes.
Por eso abandono el libro y creo sentir que
me pregunta:
— i Su nombro ?
Maquinalmente respondo:
—NOEMI VERGARA.

gato preso en la nieve , por Erico
A erissimo. Santiago Rueda, Buenos A i­
res. a la rústica. $ 8.— m/arg.

Un

de gentes y cosas, Erico Verissimo, el
brasileño de "Caminos cruzados’
-lusica a lo lejos” , llega ahora a noso
con
Un gato preso en la nieve", agita
en multicolor y brillante caleidoscopio
vida americana.
Figuras o instituciones, hechos y lugares
observaciones profundas y encantadoras na­
derías; una obra que pervive y un almuerzo
o un cocK tail; Thomr.s Mann, Aldoun Huxley
Pearl Buck, Orson Welles o Joan Fontaine’
pero también el Smith o el Thompson d¿
la guía telefónica; ,el ascensorista y el
lustrabotas; o Tommy, el "boy” que cursa
el ' school” y quiere ser inventor; la cele­
bridad y el alma anónima; la tradición y el
presente; ya trópico, ya nieve; Boston Chi­
cago o California; Washington o Nueva York;
ora campo, ora camino, enjambre de mon­
tanas y espejo de mar; lie aquí la esencia
de las notas que integran este libro.
Tri* el "camouflage" de las superficialidad
como para que no amedentren al lector
las 500 páginas— Verissimo. acuciado e in­
fatigable observador, trata de . explicarse y
explicarnos el milagro que cumple y vive
el pueblo norteamericano. Milagro y expe­
riencia que se singularizan por el proverbial
respeto a las instituciones democráticas, el
amor a las 4 libertades; el afán por la prensa
sin trabas, la escuela sin dogmas, la inicia­
tiva privada sin límites, la gran perfección
técnica, la recia capacidad do trabajo, la
fina sensibilidad, la ingenua y retozona ale­
gría y un desconocimiento absoluto del ri­
dículo, al modo latino-americano. Esté últi­
mo aspecto, digno de ser destacado pues que
tanto gravita aún sobre muchas fases de
nuestra vida, en buena parte de los países
sudamericanos, bien se refleja en el pasaje
qu« reproducimos:
Estoy en Chicago — dice Verissimo— .
que en el momento do su relato, atraviesa
una de las céntricas calles nevadas. — Un
chiquillo de cara resplandeciente pasa junto
a nosotros, jinete en su bicicleta.
7— ¡Hey, boy!— grito. — Quiero filmar este
chiquillo que parece una tricromía de tapa
de revista. Imagino la escena dentro de dos
meses en mi casa. Mis hijos, sentados sobre
mis rodillas contemplando la proyección del
film sobre la tela. Y me parece oír:
— '¡Ah! A este niñito lo encontré una
tarde muy fría en C hicago... — El chiquillo
desconocido traba la bicicleta y se acerca;
salto del coche y voy a su encuentro.
Y de súbito — traiciones del hielo del
camino— me resbalo y caigo. Miro al niño
esperando su carcajada. Pero se apresura a
llegar ansioso y me dice.
— Qué pena, sir: i Se ha lastimado!
— No ha sido nada.—
—Me llamo Tommy. Mucho placer en co­
nocerlo . . ”
Este episodio al parecer intrascendente y
menudo muestra Norteamérica de cuerpo en­
tero: y con ella uno de los secretos simples
del porqué de su grandeza.
El estilo netamente periodístico y moderno
del libro le imprime un pulso agitado, (a
veces como de avión a chorro) ; por momen­
tos sentimos que el autor no haya viajado
en la lenta carreta de Azorín por las rutas,
esta vez, de Washington, Longfelow Roosevelt o Whitman; menos anchos, más hondos
los vagares.
Pero, negación o bondad, eso mismo hace
de estas impresiones do América vistas por

POR

RAZO N ES

DE

M EJO R

S E R V IC IO

ha trasladado su despacho de pedidos a

PERU 973

M E R C U R IU S

BUENOS AIRES

Librería Postal

es una organización única en su género. Atiende direc­
tamente sólo los pedidos por correspondencia. Tiene
corresponsales en un gran número de poblaciones
del interior.

Quedan lugares por proveer.

M E R C U R IU S

Librería Postal

atiende pedidos únicamente de libros de edición ar­
gentina, por contrarreembolso.

LIBRERIA
AL

SERVICIO

DE L

POSTAL
BUEN

LIBRO

�14

ca b a lg a ta
PERSONAJES

Cristina ,
E duardo, .oí marido.
S ebastian, amigo de ambos.

SO años,
más o
menos.

ACCION
JTacc dos o tres meses.
LUGAR
Una isla desierta. Estamos en el pico
más alto, coronado por un palo que sirve
de asta a algunas camisas de colores chi­
llones, que hacen de banderas. El pico da
al mar, un mar muy luminoso en ese claro
mediodía que derrama su luz total sobre
una naturaleza risueña. Unos escalones na­
turales, irregulares pero útiles, permiten
ascender al pico.

a d v e r t e n c ia

Como no es una obra de clima, la di­
rección podrá resolver los problemas es­
cénicos que se le planteen sobre la base
de que lo esencial del ambiente físico es
su incomunicación con el mundo civilizado.
En otras palabras, puede ser una isla tro­
pical, o una isla del Mar Artico.
La indicación de tiempo es puramente
escénica y quiere evitar la ligadura de las
frases que separa. Por silencio &lt;
st enten­
derá una pausa más o menos breve.
Al levantarse el telón Sebastian
está recostado contra el palo, de
perfil al teatro. E duardo, tirado
en el suelo de cara al cielo, una
pierna sobre la otra, mastica una
hierba, y se dirige a Sebastian
al cabo de un instante, sin ad­
vertir que éste se halla muy re­
concentrado en sí mismo.
algo afiebrada.
Cristina. — Estoy bien, querido (Transi­
ción) ¡Qué decías de Sebastián?
E duardo. — Lo encuentro muy mal. ¿ Te
has dado cuenta?
Cristina. — Sí, está mal.
E duardo. — (Le ha tomado las manos en­
contrando algo en ellas) ¿Y esto?
Cristina. — M ira ... encontré estas cuen­
tas cerca del avión. ¿Las recuerdas?
(Se las muestra)
E duardo. .— ¡Qué curioso! Terminaré por
creer que tenemos demasiada suerte.
Me apenó mucho haberlas perdido.
Cristina . — Hay que enhebrarlas.
E duardo. — Toma. (Le da la hierba que
masticaba)
Cristina. — (Se sienta al pie del pico.
Empieza a enhebrarlas. Un silencio,
durante el cual E duardo la mira, lle­
no de amor) Una pregunta, querido.
E duardo.— (Yendo vivamente hacia ella, a
cuyo lado se sienta) ¿Tú me haces
una pregunta? Soy feliz. Di, ¿qué
quieres saber?
Cristina. — (Después de un silencio) ¿Po­
dremos salvarnos?
E duardo. — (Algo en juego, casi a pesar
suyo) ¡Nuestro amor nos condena!
(Intenta abrazarla)
Cristina. — (Lo rechaza suavemente, sin
prestarse al juego) ¿Crees que podre­
mos salir de aquí alguna vez? (Muy
cariñosa, pero seria) Y no vuelvas a
repetirme que estamos en la ruta de
los vapores.
E duardo. — Es la verdad.
Cristina, — No puede ser. No hay ningu­
na ruta de vapores que no dé señales
de vida durante cinco meses.
E duardo. — Te aseguro...
Cristina. — (Lo interrumpe) Ya vas a
mentir, querido. Se te ha movido un
na do tus quince años do amistad fe ­
liz? ¿No podremos encontrar una
solución? .
E duardo. — (Después de un silencio. Con­
movido.) Perdóname.
Cristina . — Salgamos de aquí cuanto an­
tes, Eduardo. ¿Por qué le tendremos
más miedo al mar que a nosotros mis­
mos? Esa balsa. . .
Eduardo. — (La interrumpe.) Sí, la bal­
s a ... Cuanto antes... (Transición.)
Mo has dicho cada cosa ... Tú, Sebas­
tián, y o ... Te quiero tanto, ¿com­
prendes?... Te quiero tanto que to­
do mo hiere si te hiere. (Va hacia ella
y la abraza apasionadamente.) Gra­
cias, mi amor. Tú me llenas de com­
prensión, de paz, y yo nazco cada día
de tus manos. (Tiempo.) Anoche lo
pensé. Vine aquí mismo, subí al pico
y me quedé mirando el mar. Había
una luna muy grande, ¡recuerdas?
El íflindo tenía un aire de fantasma.
Y yo pensaba que del otro lado del
mar, en alguna parte, había gente que
vivía de alguna manera, la misma gen­
te con la cual seguramente nos ha­
bremos encontrado y conversado más
do una vez. Pero yo tengo lo que to­
dos buscan. Un puro amor. Podía pen­
sar que estábamos perdidos en un ex­
tremo del mundo, que nos envolvía una
alta noche lunar, y que detrás de ella
sólo existía la nada. ¡Pero tú eres un
acto de gracia y destruyes la nada,
creas mi razón de vivir, la alegría de
mis pasos, el júbilo feroz de saber que
estoy vivo para siempre! ¿Me quieres?
Cristina . — Sí.
E duardo. — (Jubiloso, casi incrédulo, ba­
jo.) ¿Me quieres?
Cristina . — Sí.
E duardo. — No termino do creerlo. Vuelve
a decirlo, mi amor. Nunca creí que
una sola palabra pudiera ser tan im­
portante. Tú dices “ sí” , pero yo es­
cucho otra cosa.

E duardo. — Mira esa nube. . . tiene la
forma de una cara de nariz ganchu­
da. . . Y ahora se parece a uir mapa
de Portugal. Basta un poco do viento
a mil metros de altura para trans­
formar una cara en un mapa.. .
( Tiempo) ¿Has notado qué raro es
hoy el azul del cielo 1 Así, con esas
nubes transparentes que corren y se
deforman, y con un sol tan fuerte
e inmóvil, parece un cielo de esceno­
grafía. ( Tiempo. Se levanta repenti­
namente) ¡ Mira, mira qué gaviota!
(La sigue ansiosamente con la mi­
rada y hace un gesto de disparar.)
|Ah, si tuviera un f u s i l ! . .. (V a ha­
cia Sebastian .) ¿Te gustaría una
pata de gaviota con ensalada de
algas?
Sebastian. — ¿Si hablaras menos y fue­
ras a encender esa hoguera, que no
funciona? (Un señalado con la cabeza
hacia dentro).
E duardo. — Robinson no me lo perdonará
nunca. (Vuelve a tirarse en el suelo.)
Se me ha ocurrido que si desde algún
barco llegan a ver este palo de mala
muerte con las camisas, y el humo de
la hoguera, pensarán que son signos
propios de una isla habitada, y no el
llamado angustioso de unos náufragos
inexpertos... Deberíamos inventar al­
go más dramático y menos usado. (Un
silencio) Sebastián... (Levanta la
cabeza y la voz, extrañado por el si­
lencio de su amigo) Sebastián. . .
Sebastian. — (A lgo sobresaltado) ¿Qué?
E duardo. — Mediodía. Tengo hambre.
S ebastian. — (Se despereza un poco; de
pronto, algo llama su atención) Se
diría. . . (Se yergue y mira fijamente
hacia un punto lejano del horizonte.
E duardo ha dado dos saltos hacia él,
pues ha notado algo raro en su voz,
y comprende)
E duardo. — ¿Ves algo? (Un silencio ex­
pectante)

Sebastian. — Creo que es una columna
de humo. (Silencio)
E duardo. —- No veo nada.
Sebastian . — Hay bastante bruma del
otro lado. (Silencio) No... no es nada.
(Desalentado) De cualquier modo de­
be servirnos de lección. La hoguera
estaba apagada. (Transición brusca)
¡Cualquiera creería que te gusta estar
perdido en esta isla infame! (Baja
hacia E duardo) ¡ Seis meses sin ver un
barco!
E duardo. — Cinco, no seis.
S ebastian . — ¿Te parece poco? Cinco me­
ses comiendo conservas y frutas, dur­
miendo entre los restos de un avión
destruido, esperando todos los días un
barco que no llega.
E duardo. — Juraría que estamos en la ru­
ta de los vapores.
Sebastian. — Será una vieja ruta pirata,
y ya no hay piratas, maldita sea In ­
glaterra. .. (Tiem po) Pudimos haber
capotado en otros mares. (Pausa. En
un estallido) ¡Y lo peor es tener que
estarse aquí de brazos cruzados, sin
poder hacer nada, esperando y espe­
rando que el buen Dios se acuerde de
nosotros, o que algún capitán borracho
piérda la ruta y pase por estas aguas!
(Pausa)
E duardo. — ¿Vamos a comer?
S ebastian. — ¡No tengo ganas do comer!
E duardo. — ¿ Mal humor ?
Sebastian . — Vuelvo a insistir en la cues­
tión de la hoguera, Eduardo. Esta es
la segunda vez que lo olvidas. Debe
estar encendida día y noche, ¿com­
prendes? (Sonríe, con cierta ironía)
¿No es nuestro lema “ Tres para uno
y uno para tres?” (Con un matiz
amargo y desesperanzado, para si) Y
cada cual para sí.
E duardo, -r- (Que no ha escuchado esto úl­
timo) Admito que no hay muchos mo­
tivos para estar contentos, pero las
cosas pudieron haber salido peor. Pu­
dimos habernos matado en la caída, o

poquito el labio superior. (Tiempo)
Es absolutamente necesario que me
digas la verdad, Eduardo.
E duardo. — (S orpren d id o) ¿A bsolutamente?
Cristina . — Sí. ¿ Qué posibilidades tene­
mos de salir de aquí?
E duardo. — (Se levanta. Fastidiado, des­
pués de cierta vacilación) Sé tanto
como tú. No vale la pena mentir.
(Transición) ¿Por qué tan preocu­
pada?
Cristina . — ¿No podemos intentar nada?
E duardo. — ¿Qué?
Cristina. — La balsa.
E duardo. — ¿Tú también? Hace un ins­
tante me lo volvió a proponer Sebas­
tián. ¿No comprendes que es una aven­
tura sin sentido? ¿Hacer una balsa
con un cuchillo y los dientes para per­
dernos en medio del mar y terminar
comiéndonos unos a otros, o en boca
de algún tiburón? (Silencio.)
Cristina . — ¿No hay nada que hacer?
E duardo. — Esperar. Es lo más sensato.
(Transición) ¿Por qué has querido
saber absolutamente la verdad?
'
Cristina. — Por Sebastián.
E duardo. — (Sorprendido) ¿Por él y no
por nosotros?
Cristina . — P or él, y por nosotros,
Eduardo.
E duardo. — Lo dices de un modo. . .
(Transición) Te comprendo. ¿Crees
que no quisiera estar ya en nuestra
casa, tranquilos, lejos de este lugar
incierto? A veces me siento suspendi­
do sobre el agua, caminando a ciegas,
descorazonado, con ganas de caerme
y terminar de una vez. Entonces, me
sucede que pienso en ti, y siento que
mis piernas se apoyan de nuevo so­
bre la buena tierra y que tú y yo
Cristina. — Sí. (E duardo la abraza.) Yo
también nazco de ti; nazco de tu be­
so de la mañana, de tu fuerte abrazo
nocturno, del amor que me das. (Se
miran muy tiernamente.)
E duardo. — Gracias. Nunca dejes que me
pierda. (Transición.) Voy hasta el
avión. Veré con qué contamos. (Sale.
Ella permanece un instante en silen­
cio, mirando cómo se aleja. Luego,
sube al pico. Advierte las cuentas y
las recoge. Mientras las enhebra can­
ta la 'misma canción, con un tono
preocupado y casi inaudible. Entra Se­
bastian con una red primitiva en la
mano. Camina rápidamente, pero se
detiene al escuchar la voz de Cristi­
na, pues no la ha visto. Un instante
así. Breve lucha en él. Quiere seguir
de largo, pero ya no puede. Lenta­
mente se acerca hacia ella, que no lo
advierte, pues se halla de espaldas al
teatro.)
Sebastian. — (Habla desde abajo; está
■en la base del pico.) Cristina... (Ya
su tono la requiere.)
Cristina. — (Sorprendida.) Mo asustaste.
Sebastian. — ¿Dónde está Eduardo?
Cristina. — Fué hasta el avión.
Sebastian. — ¿Para qué?
Cristina. — Piensa que podría intentarse
la aventura de la balsa, y quiere ver..
Sebastian. — (La interrumpe.)¿Te lo ha
dicho?
Cristina. — Hace un instante.
Sebastian. — Antes de que tú llegaras mo
había dicho lo contrario.
Cristina. — Ha cambiado de opinión.
Sebastian. — ¿Lo convenciste tú? (Ella
calla.) ¡L o convenciste tú?
Cristina. — Sí.
Sebastian. — ¡ Por qué? (Ella calla.)
¿Juegas a hacerte repetir las pre­
guntas, Cristina?
Cristina. — Cuando son tontas, sí. (Baja
hacia él, pero Sebastian se vuelve.
Ella lo advierte y se detiene.) Con

Pablo Palant

ESTA MUJER,
M IA
TRAGEDIA EN UN ACTO

a SIMON W ENCELBLAT

un poco de suerte podremos salir de
aquí. ¿-No quieres ver de nuevo a tu
Isabel? Y o la extraño.
Sebastian. — ¿La encontraré?
Cristina . — ¿Qué dices?
Sebastian. — Cinco meses.. .
Cristina . — Cinco días, Sebastián.
Sebastian. — ¡No, cinco meses! Pueden
cansar, desesperar, crear olvido. ¡Qué
se puede saber? Cinco meses hasta
hoy. ¿Y desde hoy? La balsa no es una
alfombra mágica, Cristina. Apenas un
poco de madera sobre un mar de tor­
menta. Demasiado poco para una ola
caprichosa.
Cristina . —-¿Prefieres quedarte aquí?
Sebastian. — (Rápido) ¡No, no! (F ila s e
sienta sobre uno de los escalones, y
reanuda su labor. Un tiempo.) ¿Qué
haces?
Cristina. — Enhebro las cuentas que me
regaló Eduardo el día de mi cumple­
años, ¡te acuerdas? Creía haberlas
perdido, pero las encontró esta maña­
na al lado del avión. (Un silencio.)
Sebastian. — Fué una linda fiesta.
Cristina . — Esa noche me puse un traje
rojo.
Sebastian. — Isabel también. Me acuerdo,
s í . . . Bailamos mucho. D espués...
(Un silencio. Bajo, con intención.)
¡Verdad que fué una linda noche pa­
ra todos, Cristina? Eramos dos her­
mosas y fuertes parejas que se ama­
ban.
Cristina. — Tú con tu Isabel. Pronto la
tendrás de nuevo.
Sebastian. — ¿Qué quiere decir pronto?
No es lo mismo para todos. Para mí,
cada minuto es un día, y en una se­
mana envejezco un año. No quiero
envejecer así, no me gusta. (Silen­
cio.) ¿Qué quiere decir pronto, Cris­
tina? (Tiempo.) ¿Callas ¡ (Tiempo.)
¡ La palabra pronto es una trampa as­
querosa inventada por los que no tie­
nen apuro! Y y o . . . (Calla. Ella se da

quedarnos sin provisiones, o enfermar­
nos de cualquier c o s a ... Después de
todo, hemos tenido mucha suerte. Sal­
varnos precisamente los tres. Este pe­
llejo que nos aprieta respira por mi­
lagro. ¿ Y si hubiéramos caído en una
isla llena de caníbales?
Sebastian. — (Irritado) ¡Y a no hay caní­
bales! (Desde adentro se oye la voz
de Cristina , quien canta “ Mi desola­
do corazón’ ', de Tschaikowsky. La voz
se acerca) Cristina parece contenta.
(H ay un ligero, casi imperceptible es­
tremecimiento en su voz. Cristina ca­
lla)
E duardo. — Habrá encontrado lindas fru ­
tas. ¿No la notas algo desmejorada?
(Tiem po) ¿No?
Sebastian . — (A lgo turbado) No. (Tran­
sición) Pienso que si no nos encuen­
tran pronto la pasaremos muy mal.
Esto se pone muy feo, Eduardo. Por
mi parte, no tengo ninguna vocación
de Robinson Crusoe...
E duardo. — Yo tampoco. (Tiem po) Ano­
che soñé,con la ciudad. Y o me perdía
en una calle, y luego tú y yo estába­
mos solos eir un coche. Tú guiabas
y me llevabas a unos lugares maravi­
llosos, y y o . ..
S ebastian. — (Lo interrumpe, fastidiado)
¡Y o no sueño nunca!
E duardo. — Yo sueño mucho, pero casi
siempre me olvido (Pausa)
S ebastian. — He vuelto a pensar en la
balsa, Eduardo.
E duardo. — (Con cierta irritación, levan­
tándose) ¿Otra vez? ¡N i que fuésemos
personajes de Salgari! ¿Te sientes al­
mirante de mares de tormenta? ¿Lar­
garnos por unas aguas más o memos
llenas de tiburones como si fuera el
lago del parque? ¡N i siquiera sabe­
mos remar! (Tiem po) Lo mejor es
esperar aquí, Sebastián. Al menos esta­
mos seguros, y nada nos amenaza.
(Silencio. S ebastian vuelve a subir
al pico. Se oye la voz de Cristina .

S ebastian se acuesta, mientras E duar­
do se dirige a un costado y escucha
enamorado la voz de su mujer. Cuan­
do ésta cesa, se vuelve hacia S ebas­
tian . Repentinamente, recuerda algo)
¿Sabes que hoy es quince de enero?
Sebastian
¿Quince d e ... (Sorprendi­
do) ¿Ya?
E duardo.
Quince años que nos conoce­
mos. Recuerdo mucho ese día. Esta ma­
ñana pensé que es casi milagroso que
hayamos podido ser amigos durante
tanto tiempo. Se lo dije a Cristina, y
a ella también le parece casi impo­
sible.
S ebastian. — ¿Te dijo eso?
E duardo. — ¿Verdad que las cosas que du­
ran dan un poco de miedo? (Tiempo)
A veces, pienso que Cristina tiene ce­
los de nuestra amistad. ¿No le pasaba
lo mismo a Isabel?
S ebastian. — Has dicho pasaba. (Un si­
lencio)
E duardo. — La echas do menos. (Tiempo)
Pobre Isabel. .. Pensará que has
muerto. (S ebastian se pone de pie y
se toma del palo. E duardo intenta un
gesto hacia él, pero se detiene. Vuelve
a oírse la voz de Cristina , que se
acerca. Cuando E duardo se vuelve se
encuentra con ella, que entra)
Cristina . — (Con unas frutas en las ma­
nos) ¡Mira qué lindas frutas, Eduar­
do! (A l escuchar la voz de Cristina ,
Sebastian baja rápidamente. Ella le
ofrece una fruta) ¿Quieres?
S ebastian.— (La toma.) Gracias. (A
E duardo.) Voy a encender la ho­
guera. (Sale.)
E duardo. — (Después de un instante, du­
rante el cual ambos miran hacia Se­
bastian ) Le hablé de Isabel. Se ha
puesto muy triste (Tiempo. Fastidia¡»
do) ¡Está cada día de peor humor!
(Transición) ¿Cómo estás, criatura?
(L a abraza) A v e r ... (L e toma la
cabeza entre las manos) ¿Cómo te sien• tes? Anoche me pareció que estabas

estamos juntos, vivos, y que todo es
posible, puesto que nos queremos. (A l
advertir que Cristina se ha quedado
ensimismada) ¿Qué tienes, mi amor?
Te encuentro tan.. . tan preocupada.
(H a vuelto a sentarse al lado de ella
y parece querer protegerla entre sus
brazos).
Cristina . — Estoy muy preocupada. (Si­
lencio.) Estoy muy preocupada a cau­
sa de Sebastián.
E duardo. — (Sorprendido) ¿Otra vez, Se­
bastián? (Silencio.)
Cristina . — (Decidida.) ¿Por qué crees
que está así?
E duardo. — (A lgo
desconcertado.)
Me
parece natural. ¿Acaso n osotros?...
Cristina . — (L o interrumpe.) ¿Te parece
natural que me huya y que encuentre
cien pretextos para alejarse cada vez
más de nuestro lado?
E duardo. — (Idem .) No entiendo.
Cristina . — ¿N o? (Un silencio.) Es muy
seneillo, querido. Hace ciueo meses
que estamos solos en esta isla. Y él
está más solo que tú y yo. (Un silen­
cio.) No tiene mujer.
E duardo. — (Idem .) Claro. . . (Silencio.
Repentinamente.) ¿V te h u y e ... (Ca­
lla y se levanta, muy preocupado.
Cristina advierte su desconcierto y
se levanta hacia su marido a tiempo
que éste la enfrenta secamente.) ¿Te
ha dicho algo?
Cristina . — No
E duardo. —•¿ Cómo puedes estar segura,
entonces?
Cristina . —•Lo adivino. Me mira, y adi­
vino cómo me mira detrás de sus ojos;
comprendo cómo se domina para no
traicionarse; siento que yo soy el ori­
gen de su deseo y de su daño, porque
soy la mujer que necesita, pero mo le

pertenezco. Y a cada instante temo
que no pueda dominarse y me diga
lo que no quisiera escucharle jamás.
E duardo. — (Se pasea nervioso e inquie­
to. Después de un silencio.) ¿Cuánto
hace que lo sabes?
Cristina . — Hará diez días.
E duardo. — No me dijiste nada.
Cristina . — No era fácil. (Tiempo.) Pe­
ro ayer comprendí que esto no puede
continuar. Sebastián me dio pena.
E duardo. — ¿Sólo pena?
Cristina . — ¿Qué más? (Silencio.) ¿Qué
piensas, Eduardo?
E duardo. — Que sólo te dió pena. Yo sien­
to como si su deseo ya te hubiera al­
canzado.
Cristina . — ¿Ya?
E duardo. — No puedo soportar que piense
en ti. (Tiem po.) ¿Qué has pensado
tú?
Cristina . — Tenemos que salir inmediata­
mente de aquí, Eduardo.
E duardo. — ¿ Cómo ?
Cristina . — De cualquier modo.
E duardo. — ¿ Tienes miedo ?
Cristina . — No, pero. ..
E duardo. — (L a interrumpe.) Sebastián
no será capaz de nada.
Cristina . — ¿Te basta con eso? (Tiempo.)
¿Podremos soportar su soledad y sa­
ber que sufre a causa del amor que
nos tiene y del deseo que lo destruye?
¿N o le daremos un poco de paz, no
lo intentaremos, al menos? '
E duardo. — Sí, c la r o ... (Silencio.)
Cristina . — (Tierna, persuasiva.) Hace
diez días que sufro mucho, mi amor.
Hace diez días que quiero creer que
es un error, pero no he podido. Ayú­
dame, estamos a tiempo de salvarlo
todo. ¿N o es Sebastián tu amigo del
alma? ¿N o me hablabas esta maña­

vuelta. Transición, bajo) Perdóname.
Pero tú sa b es... Y o sé que sabes.
(Ella se pone de pie y se aleja) Y
me hace bien hablar.
Cristina . — Será mejor callar, Sebastián.
(Se vuelve hacia él.) Quisiera que pu­
diéramos mirarnos siempre de frente.
Sebastian . — Oh, mirarnos de fr e n te ...
He olvidado bastante todas esas co­
sas . . .
Cristina . -— Yo no.
S ebastian. — Ayer vi cómo te besaba
Eduardo. (Silencio.) A veces, pienso
que no he besado nunca a una mujer,
pero una extraña sabiduría me dice
cómo es, y hasta creo recordarlo. El
corazón tiene dos labios, Cristina, y
yo tengo corazón y espero. ¿Qué mila­
gro espero? ¿No tienes para mí el
mismo rostro de Isabel? (Tiem po.)
¿No tendrás también su sabor?
Cristina . — (Ha palidecido.) ¡N o quiero
escucharte más, Sebastián! (Tiem po.)
S ebastian. — (Urocura dominarse.) Y yo
no quiero volver a hablar. (Silencio.)
Quiero mucho a Eduardo. Es mi me­
jor amigo, y yo lo quiero. Una vez le
salvó la vida. Entonces éramos mu­
chachos, y yo sentía un secreto orgullo
por haberlo hecho, y hasta me conside­
raba su acreedor. (Tiempo, amargo.)
Claro, no soy su acreedor.
Cristina . — Ve a ayudarlo. Cuanto antes
salgamos do aquí, mejor. Piensa en
la alegría de Isabel.
Sebastian . — No tengo alegría. No puedo
pensar en la alegría de nadie.
Cristina . — Yo recuerdo a un Sebastián
que se reía mucho.
Sebastian . — So le murió la risa en un
accidente do aviación. Ahora está en
una isla desierta con Eduardo y Cris­
tina, y le pasan cosas extrañas. ¿Cris­
tina o Isabel? Las conoce muy bien,
pero ya no puede distinguirlas. Las
dos se han vuelto una sola para él.
(Tiem po.) Ayer, cuando Eduardo te

besaba, sentí que el mundo se detenía
y que los tres rodábamos a través de
un espacio interminable. Cerré los ojos.
Pero no podía dejar de ver su boca y
la tuya, ni cómo te rodeaban sus bra­
zos, ni cómo te entregabas. (Silencio.)
No quiero humillarte, Cristina. . . pero
es necesario que yo también te bese.
Cristina . — Tú sabes que quiero a Eduar­
do.
Sebastian . — Lo sé. Por eso te digo que
no quiero humillarte. Pero todo mi ser
mo lleva hacia ti. (Comienza a subir
hacia ella.) El aire de tus palabras
mo inflama, Cristina. Y a no hay paz
que no nazca de ti. Es demasiado tar­
de. Pero no daré un paso atrás. Ca­
mino, pero retrocederé. (Se detie­
ne.) ¿Ves? Me lio detenido. (Transi­
ción.) Ahora veo tu rostro, y sé que
eres Cristina, la mujer de Eduardo, y
él es mi amigo y yo lo quiero y res­
peto. Todavía no daré un paso. Quizá
no sea necesario. (Verdaderamente
desesperado.) ¡E s necesario que no
sea necesario! (Tiem po.) Está ma
que to diga estas cosas, Cristina. Pe
ro tú tienes una boca que besa, y yo|
también. (Tiempo. Avanza.) A uelvOj
a buscarte, ¿ves?
Cristina . — No sigas, Sebastián.
S ebastian . — ¡D ices que me esperas? (Ea
otro paso.)
Cristina . — Digo que te detengas.
S ebastian . — ¿Quieres que me apresuro!
Cristina .— Estoy dispuesta a defenderme
Sebastián; y a ti también. Lo qu&lt;
haces es muy cruel.
Sebastian . — No sabría hacer otra cosa
¿ Crees que he perdido la cabeza ? Nun
ca estuve tan lúcido como ahora. Tam
bién mi cabeza me ordena que dé otn
paso. ¿Ves? (L o ha dado.) Antes fui
mi gran enemiga, ahora es mi gruí
aliada.
Cristina , —•¡T e engaña!

�ca b a lg a ta
Sebastian. —'M e da órdenes que me gus­
tan.
Cristina-----¡Te destruye!
Sebastian. — Prefiero terminar de una
vez.. (En un estallido de desespera­
ción.) ¡Ah, ei yo pudiera ver tu rostro
verdadero! (Ha acercado a ella su
boca ávida.) ¡Si yo pudiera no de­
searte!
Cristina. — (Ha permanecido inmóvil, a
pesar suvo, dominada por vn instante
a causa del fervor e intensidad del
deseo de S ebastian , pero no más de
un instante. Ha jo . reflexiva, casi como
un comentario.) Si yo pudiera no com­
prenderte. . . (P ero cuando (l la va
a besar, ella huye y grita en vos ba ja,
espantada, incapaz de dar ese beso, cu­
ya necesidad comprende, pero oue todo
su ser de amor rechaza.) ¡Eduardo!
(P ero él ha alcanzado a poner su ma­
no sobre ella y le ha desgarrado un
poco la ropa, y también le ha roto el
collar, cuyas cuentas se dispersan.)
S ebastian . — (La sigue y la toma violen­
tamente entre sus brazos.) No juegues
conmigo, Cristina. .
E di' ardo. — ( Desde adentro, gozoso.) Cris­
t in a ... (Un grito largo, prolongado,
que contrasta con el seco nombre de
Cristina que acaba de pronunciar Se­
bastian . Este se detiene al oír la voz
de su amigo y suelta a Cristina , estu­
pefacto al comprobar qué ha hecho.
Sube al pico lentamente, mientras ella
intenta poner un poco de orden en sus
ropas. En ese momento entra E duar­
do, corriendo.) C ristin a... (Pero pa­
lidece y calla súbitamente. Capta todo
en el acto. En un gesto de violencia
instintiva se lleva la mano al corto
puñal que le pende del cinto y da dos
pasos hacia S ebastian , que no lo ve,
pues le da la espalda. Pero Cristina
le cierra el paso y forcejea con él,
breve, pero intensamente. E duardo de­
siste. Ve un botón en e l •suelo y lo
recoge.) So te ha caído un botón, Cris-

I

i

i|

I

1

I
i

'

[

I
I

tro cuando me ves, cómo te abrazo y
cómo me estrechas, cómo desaparezco
y cómo te mueres, y qué juntos, ju n ­
tos estamos! (L a abraza breve y es­
trechamente y de pronto se da vuelta
hacia él.) ¡Ladrón! (Pausa larga.)
Cristina. — (B a jo.) No te ha robado
nada, Eduardo.
Eduardo. — Como si lo hubiera hecho. No
es capaz do mirarme.
Cristina. — Tuvo un momento de extra­
vío. Lo lamenta más que nosotros.
Eduardo. — ¿Basta con eso? ¿Debo sopor­
tar que to haya ofendido?
Cristina. — No a mí, Eduardo; no es a
mí a quien quiere, ¿comprendes?
Eduardo. — ¿ Por qué he de comprenderlo ?
(Transición. A S ebastian .) ¿Tienes
algo que decir, Sebastián? ¿Nada?
Sebastian. — (D espués de un corto silenlencio, se vuelve hacia él.) ¿Eres capaz
de escuchar?
Eduardo. — ¡H abla!
Sebastian. — Cristina. . .
Eduardo. — (L o interrumpe.) ¡T u deseo
es infame!
Sebastian. — Mi deseo es inocente.
Eduardo. — ¡ Con inocentes como tú al­
muerza el diablo todos los días!
Sebastian. — (B a ja .) Eduardo, he queri­
do evitar esto con todo mi corazón.
No he podido, no puedo.
Eduardo-----No me importa, Sebastián.
Sebastian. — ¿Es todo lo que tienes que
decir? ¿Que no te importa?
Eduardo. — ¿Debo
alegrarme?
¿Debo
aceptarlo? ¿Debo cruzarme do brazos
y esperar a que vengas a tomar a mi
mujer? (Un silencio.)
Sebastian. — ¿N o tengo ningún derecho?
Eduardo. — (E stu pefacto.) ¿Dices?
Sebastian. — Te pregunto si no tengo nin­
gún derecho, Eduardo.

padre y mi madre, mi corazón nupcial?
¿No sabes aún que yo he nacido para
escuchar la voz más secreta de su
alma, y que puedo adivinar hasta el
► peso de una mirada sobre su cuerpo?
¿No comprendes que hemos fundado
un amor, y que ella y yo somos un
solo ser, un solo designio? (Tiem po.)
¿De qué justicia hablas, Sebastián?
(Pero éste se ha alejado, y calla.)
Cristina . — (Que se lia ido acercando a
él y lo ha tomado amorosamente de
i un brazo mientras habla. Después de
un corto silencio, muy tierna.) ¿No
habíamos hablado de una balsa?
Sebastian. — (S e vuelve hacia ellos, irri­
tado.) ¡N os llevará un millón de años
hacerla!
Eduardo. — (Lleno de desprecio.) ¿Una
balsa con nosotros tres? ¡A llí donde
yo esté me seguirá el deseo asqueroso
du mi am igo!
Cristina. — (Desesperada al advertir la
resolución de los dos hombres.) ¿E n­
tonces? (Silencio. Espera una respues­
ta imposible.) ¿Qué haremos? (Silen­
cio. Incrédula.) ¿Debo decidirlo yo?
Eduardo. — (Sorprendido.) ¿T ú ? ¿Decidir qué?
‘■ bastían. — ¿Y a lo has decidido?

tina. (Se lo da con un gesto rápido.
Ella lo toma lentamente. El habla con
rapidez y en voz baja, contenida.) Mi­
r a . . . y aquí hay más cuentas para
tu collar. (Las toma del suelo y se
las da. Pero las deja caer antes de
que Cristina haga ademán de reco­
gerlas.) Cualquiera diría que te han
roto el co lla r.. . (L o ha dicho en vos
alta, hacia Sebastian .)
Cristina . — (B a jo) Ven, Eduardo. .. sal­
gamos de aquí. (Intenta alejarlo.)
E duardo. — (La rechaza.)¿P or qué? Este
lugar es hermoso. (Habla con ella,
pero siempre hacia Sebastian .) ¡Mira
qué sol, huele qué aire! (A lto.) Un
mundo de fiesta para la fiesta de dos
amigos del alma! ¡Eh, Sebastián!
(Sube hacia él.) ¿Vamos a bebemos
una buena botella de licor?
S ebastian . — (Sin volverse.) No tengo
ganas de beber.
E duardo. — ¿Cómo? ¿No estás contento?
¡Quince años de vemos nuestras lin­
das caras! ¿O prefieres champaña?
¿Recuerdas la botella que gané en la
kermesse? La compartimos. No sé si
te lo dije, Cristina. Siempre nos gustó
compartir las cosas. Cigarrillos, hojas
do afeitar, libros, y hasta el ropero
y el canasto de la ropa sucia en el
club. Dos hermanos, claro. . . Quien
hablaba de Eduardo hablaba de Se­
bastián. Dos a m ig os... Alguno me
hizo una broma tonta cuando supo
que tú y yo nos queríamos, Cristina,
y me costó trabajo explicarle que
hasta la amistad tiene un límite.
(Tiem po.) ¿Verdad que así son las
cosas, Sebastián?
S ebastian . — Así son.
E duardo. — (En un grito.) ¿Lo has olvi­
dado?
Cristina . — ¡ Basta, Eduardo!
E duardo. — (Id em .)¡L o bas olvidado?
(U n silencio. Transición.) De cual­
quier modo, no tenemos licor. No te­
nemos bien alguno en este rincón del

paraíso. ¿O lo tenemos? ¿Tienes tú
alguno, Sebastián? (Casi en el rostro.)
¿Algún noble pensamiento escondido
en lo hondo del cráneo? (Silencio.)
¿Nada? ¡Entonces soy más rico que
tú! ¿Verdad que soy más rico que
él, Cristina? ¿N o eres tú mi bien?
Cristina . — (Lo abraza.) Te lo ruego,
E du a rdo... No sigas. E s tá s...
E duardo. — (La interrumpe.) ¡Contesta!
¿No eres tú todo mi bien?
Cristina . — Sí, mi a m o r... P e r o ...
E duardo. — (En un grito.) ¿Lo oyes?
Cristina . — (Imperativa, cansada.) ¡D é ­
jalo tranquilo, Eduardo!
E duardo. — ¿Has oído, Sebastián? (Tran­
sición.) C ristin a... ¿por qué no repi­
tes lo que me d ices.. . (Calla.)
Cristina . —-(Sin comprender.) ¿Que re­
pita qué?
E duardo. — (Con intención.) Tú sabes
q u é ...
Cristina . — (Pálida, con un hilo de voz.)
¿Te has vuelto loco?
E duardo. — ¿Te has quedado sin voz?
¡Anda, grita para que él te oiga! ¿No
puedes? ¿Tienes pudor? (A S ebas­
tian , en un grito.) ¡M e dice que soy
su dueño y se le escapa el alma en
cada grito, Sebastián! (Ella se ha
tapado los oídos, horrorizada. El conti­
núa, cada vez más herido e incapaz
de dominarse.) \Ella es el eco de mi
propio corazón, y cada uno de sus
gestos es mío, porque yo la he creado,
porque yo he creado todo lo que res­
pira en ella, porque ella vive de mi
amor y me quiere solamente a mí!
¿Qué quieres tú, enano sin fortuna,
actor sin teatro, ladrón sin botín 1
¿Quieres apoderarte de mi bien? ¡No
le interesas, no le interesas! ¡Anda,
Cristina, grítale que sólo bailas con­
migo, que yo tengo la llave de oro
que te enciende! ¡Grítale, mi amor,
grítale para que no lo olvide nunca,
grítale cómo se me encienden los ojos
cuando te miro, cómo te arde el ros-

E duardo. — ¿Cuál? ¿Quién te lo ha dado?
Sebastian . — Ha nacido aquí.
E duardo. — (Con desprecio.) ¡T ú estás
loco!
Sebastian . — ¿Debo decirte que no puedo
continuar así, explicarte por qué?
E duardo. — No quiero escucharte.
S ebastian . — ¿ Tienes miedo ?
E duardo. — ¿Atacas mi amor?
S ebastian . — ¿Es tan frágil?
E duardo. — Es tan entero. (Tiem po.)
Quieres ser persuasivo, Sebastián, pe­
ro te veo. Te hinchas de deseo y de
malos pensamientos. Pierdes el tiempo.
Busca otra mujer. Haz tu dichosa
balsa y sal a buscarla. Mi mujer es
mía. (Tiem po.)
S ebastian . — ¿Ella no tiene nada que
decir?
E duardo. — ¡ Sólo pensarlo es un escán­
dalo contra el amor! ¡N o pongas es­
cándalo, Sebastián!
S ebastian . — (Estalla.) ¡E lijo el escán­
dalo! ¡N o quiero nada de Cristina,
fuera de un poco de paz! ¡N o quiero
su amor, no quiero atacar el tu yo;
no quiero que me grite que soy su
dueño, ni que muera entre mis brazos!
¡Pero soy un hombre, y ahora vivo
humillado, temeroso de verte y de mi­
rarla, acusándome sin motivo! (A
C ristina .) ¿N o tienes nada que de­
cir, Cristina? (Tiem po.) ¿Temes por
tu virtud? (U n silencio.) ¡Contesta!
E duardo. — ¡N o le des órdenes!
S ebastian . ; Contesta! (U n silencio. Cris ­
tina se vuelve hacia él y lo mira, llena
de angustia y desconcierto. S ebastian
cree percibir algo en sus ojos. Anhe­
lante.) ¿Dices? (Casi en un ruego.)
¿Dices que no admites una virtud a
ese precio? ¿Dices que no soy un fan­
tasma, y que no me basta el fantasma

de Isabel? ¿Dices que tu deber es de­
volverme la paz que me quitas? (Tiem­
po.) ¿Vuelves a comprenderme? ¡Haz
ahora que ól te comprenda, Cristina!
(A E duardo, en un grito repentino.)
¡T e digo que ella quiere, Eduardo!
Cristina . — ¡ Mientes!
E duardo. — ¡ Tú quieres!
Sebastian . — ¡ Es más justa que tú! ¡Dile
que hable!
E duardo. —-¡E lla hablará si quiere!

E duardo. — ¡ Debería matarte por esas pa­
labras, Sebastián!
Sebastian . — ¡Díselo, Cristina!
Cristina . — (A E duardo.) ¿Hasta cuándo
seguiremos así, mi amor? Sebastián. . .
E duardo. — (L a interrumpe, asombrado.)
¿Todavía hablas de él?
S ebastian . — ¡Cómo te duele! Tú y Cris­
tina juntos, y lo demás. . .
E duardo. — (L o interrumpe.) ¡Calla, ca­
lla!
S ebastian . — (Im placable.) ¿ Y qué si
callo? ¿Verdad que no podemos seguir
así? ¡E lla misma acaba de decirlo,
Eduardo! No hay silencio contra este
acuerdo. (Tiem po. Muy fríam ente.)
Dos hombres y una mujer quiere decir
una mujer para dos hombres. (Pausa.)
E duardo. — (M uy pálido, bajo. Mientras
ha hablado S ebastian , se ha llevado
la mano inconscientemente al puñal.)
Estás perdido, Sebastián.
Cristina . — (Se precipita hacia él.) ¡N o !
¡N o ! ¡T ú no harás algo tan horrible!
E duardo. — (Sorprendido.) ¿Qué? (V e
que los ojos de Cristina miran su ma­
no sobre el puñal, y hace entonces ade­
mán de sacarlo.)
Cristina . — ( Con la mano apoyada fu er­
temente sobre la mano de él, para im­
pedirle su designio.) ¡N o dejaré que
te pierdas, Eduardo!
S ebastian . — ¡N o temas, Cristina! ¡N o
se atreverá! (L o cree.)
E duardo. — ¿Tú crees? (Silencio.)
S ebastian . — (S e adelanta decididamen­
te.) ¡E lla es mía también!
E duardo. — (Con un grito brutal.) ¿T u ­
ya? ( Y antes de darle tiempo, ya está
encima de S ebastian , quien intenta
detener el golpe, pero no puede. C ris ­
tina ha gritado: “ ¡N o, no. Eduar­
d o . . . esto es un crimeir! ’ ’, y se ha
lanzado tras de su marido, pero
E duardo la rechaza a tiempo que hie­
re mortalmcnte a S ebastian . Todo ha

sido rapidísimo. A l ser rechazada,
Cristina ha caído y sólo se oye el
golpe del cuerpo de S ebastian al caer.
Una pausa larga.)
Cristina . — ¿Qué hemos hecho, mi amor?
(Silencio.)
E duardo. — ¿ Quién podrá decir que no
me he defendido? (Silencio.)
Cristina . — ¿Está muerto? (Silencio. Por
primera vez, E duardo mira el cuerpo
de su amigo. A l verlo muerto, se lle­
va las manos a la cabeza en un gesto
de total desesperación. Ella comprende
el silencio de él y queda desolada. Un
tiem po.) E s t á muerto. (Silencio.
E duardo deja caer el puñal que aun
tiene en la mano y baja hacia Cris ­
tina .) ¿ Y ahora? (Am bos están fren­
te a fren te y se miran, igualmente
atónitos.)

if 'Una Colección de Manuales 1
para que Ud. se conozca mejor 1
?
y defienda su salud
A Y U D E A SU M ED ICO
SI USTED PADECE D E ...
ÚLCERA GÁSTRICA O DUODENAL
Este libro ilustrado, contesta numerosas preguntas sobre las causas, natu­
raleza, diagnóstico y tratamiento de la úlcera gástrica. Nos dice cuándo
y por quóNde-ben hacerse las operaciones; nos presenta dietas y nos dice lo
que debe hacer un paciente para que el tratamiento de su médico sen
lo más eficaz posible.
Un volumen ene.; $ 3.—

COLITIS
Se da a dos enfermedades distintas el nombre de "colitis” ; una de ellas
es poco frecuente, pero grave, mientras que la otrn es más común pero
sólo ocasiona trastornos molestos. Este libro informativo explica en len­
guaje sencillo lo que ee sabe de ambos trastornos, cómo se distinguen,
cuáles son sus causas y qué puede hacer la medicina moderna para ali­
viarlos Se incluyen dietas especiales para usarlas de acuerdo con las
instrucciones de su médico.
Un volumen ene.; $ 3.—

CÁLCULOS BILIARES Y ENFERMEDADES
DE LA VESÍCULA BILIAR
i Cómo funciona la vesicula biliar? ¿Cómo se adquieren los cálculos bi­
liares? ¿ Cuáles son los síntomas más frecuentes? ¿Cómo diagnostica el
médico esta enfermedad? ¿Qué puede lograr el médico con su tratamien­
to? Si le aconsejan la operación y usted la rehúsa, ¿qué le puede suceder?
i Pueden disolverse los cálculos? Estas y muchas otras preguntas se con­
testan con términos sencillos en este libro ilustrado.
Un volumen ene.: $ 3.—

JAQUECA
Este volumen, escrito en forma sencilla pero autorizada, responde a pre­
guntas tales como: ¿A qué se debe la jaqueca? ¿Qué es lo que provoca
el ataque? ¿Cómo evitarlo? ¿Ocurre algo anormal con el hígado? Todo
lector de est-e volumen que sufra de jaqueca encontrará indicados medios
para cooperar con su médico y procurarse alivio.
Un volumen ene.: $ 3.—

ALERGIA ALIMENTICIA
Si usted padece de trastornos gástricos es posible que sea alérgico. Tal
vez b u médico lo curará eliminando determinados alimentos de su régimen
habitual. Este volumen explica en un lenguaje sencillo cómo descubrir
los alimentos perjudiciales. Aprenda a crearse usted mismo su régimen.
Un volumen ene.: $ 3.—

ESTREÑIMIENTO
¿ Qué puede hacerse para mejorar el estreñimiento ? Se discuten en este
libro los distintos tipos de tratamiento, utilizando el sentido común. Se
explican en términos sencillos las diversas causas de este enojoso trastorno
así como los síntomas a que puede dar lugar. Esta obrita permitirá al
enfermo seguir inteligentemente las indicaciones de su médico.
Un volumen ene.: $ 3.—

ENFERMEDADES DEL CORAZÓN
¿Cree usted que está enfermo del corazón? ¿Está usted preocupado? Este
libro le explica cómo su médico puede decirle que sus temores son in­
fundados, porque describe los síntomas erróneamente atribuidos a molestias
del corazón normal. También están claramente descritos los métodos de
diagnóstico que utiliza su médico, como asimismo las diversas formas
de tratamiento que él puede recomendarle en el caso que llegue a la con­
clusión de que usted necesita tratamiento. Este libro le ayudará a seguir
sus indicaciones inteligentemente.
Un volumen ene.: $ 3.—

S ebastian . — (A Cristina , con un grito
ansioso.) ¿Hablarás? (Un silencio.)
E duardo. — (Ansioso.) ¡H abla! (Pausa.)
Cristina . — (B a jo.) Razonemos un poco,
Eduardo. (Un tiempo.)
E duardo. — (Con un hilo de voz.) ¿Has
dicho ?
Sebastian . — (Triunfal.) “ Razonemos un
p oco” ¡Eso mismo ha dicho, Eduar­
do!
E duardo. — ¿He oído bien? ¿Hablabas
de razonar? Y o hablo de amor. ¿Ra­
zonar qué? (Un silencio.) Cristin-a. . .
C ris tin a ... dime que no he oído bien.
Sebastian . — (Cruel.) ¡T e lo ha dicho
con todas las letras!
Cristina . — Será mejor que calles, Se­
bastián.
S ebastian . — ¿Has perdido el valor?
¡Grita ahora para que él te escuche!
¡Grita que eres más justa que él, y
entiendes! ¡Grita que no vengo a po­
ner escándalo, sino justicia!
E duardo. — ¿Justicia? (Tiem po.) ¿Justi­
cia contra el amor? (Tiem po.) Cris­
tina nació de mi corazón- profundo,
y esto es justo. (Tiempo. A S ebas­
tian , acusador.) ¿N o sabes que la
quiero con toda mi alma? ¿N o sabes
aún que ella es mi bien, mi amor, mi

HIPERTENSIÓN
¿Qué es la hipertensión? ¿Cuáles son sus síntomas? ¿Cuál es la causa?
¿Cuáles son las formas de tratamiento aceptadas? Este libro contesta
estas preguntas y muchas otras que cada paciente de hipertensión se
puede plantear. \ cualquiera que sea el tratamiento que su doctor le
prescriba — dieta, reposo, medicamentos, cirugía— este libro le avudará
a comprenderlo, a seguirlo y a obedecerlo.
Un volumen ene.: 9 3.—

INSOMNIO
¡Pasa usted noches sin dormirí ¡Quiero usted saber por qué no puedo
dormir Muchas de las razones de estos fenómenos se explican aquí en
forma clara e inteligible, juntamente con los diversos tipos de tratamiento
, e es ?' ,llbro preciso que usted necesita para completar las instrucciones
de su médico y para que usted pueda seguirlas en forma realmente eficaz.
Un volumen ene.: $ 3.—

Pida estos libros a las buenas librerías
o contrarreembolso a la

ED ITO RIA L

PO SEID O N

¡i®** PERÚ 973

BUENOS AIRESwaat

1 j g § g ra b e lo e H ^ o
EL FAVO REAL BLANCO, por D. H. Lawrence ................................................ $. 8.—
EN LUCHA INCIERTA, por John Steinbeck
................................................. $. 6.—
PAN Y VINO, por Ignazio Silone . . $ 7.—
EL NOVELISTA, por Ramón Gómez
de la Serna ....................... $ 6.—
PAPA Y DESCENDIENTE GLORIO­
SO, por Pardee Lowe . . . . $ 7.—
EL HOMBRE PERDIDO, por Ramón
Gómez de la Serna . . . . $ 7.—
PRISIONERA, por Alian Seager ........................... % 8.—
^
LA SINTONIA PASTORAL,
por A. Gide. 3* ed. $ 5.—
YO, EL REY, por Hermann Kesten ...........................
LA PUERTA ESTRECHA, por André Gide . . .
A PROPOSITO DE DOLORES, por H. G. Wells

$ i o __
8—
8.—

E duardo.
A h o r a ... (Mira hacia donde
yace su amigo muerto.) él es nuestro
dueño. (D e pronto, instintivamente,
ambos buscan el refugio el uno en
brazos del otro, pero ya no pueden
tocarse.)
TELON LEN TO

n

o

t

i

c

i

a

ACABAN DE APARECER
TEATRO DE NIÑOS, por Leticia Cossettlni * 5.—
PSICOGENESIS DEL RAZONAMIENTO MATEMA­
TICO, por Francisco Vera ....................... $ g.__
CONSTRUCTORES DE LA AMERICA LATINA,
por Watt Stewart y Harold F. Peterson S 7.__
G. K. CHESTERTON, por Matate Ward
$ 16.__
-A GAYA CIENCIA, por Friedrich Nietxsche t 7.__

Esta obra parte de la misma
situación que El amor muerto,
drama del mismo autor, estrega­
do en 1942.
Con lo dirección del autor, E s ­
m u je r , m ía fu e estrenada en
la Casa del Teatro de Buenos
Aires el 20 de octubre de 1947
por Adriana V ern é, Eeynaldo
D ’ Amore y Roberto Durán, quien
creó también la escenografía.

Pida estos libros a su librero o a la

ta

EDITORIAL POSEIDON
PERU

973

BUENOS AIRES

�a b a lg a ta

16
(V iene de la páff. 9.)
muerta en un banquete do bodas. Pero
era cobarde y preferí el fraude.
A los primeros libros leídos, seguían
otros cuyo valor probable dentro do una
escala no demasiado arbitraria era me­
nor. Pasaba por ejemplo de Homero a
Tucídides, y de esto al Antiguo Testa­
mento y luego a Dante y a Goethe o al
Marqués de Sade o al Candide. Seleccio­
nando así la grandeza aceptada y m ejo­
rando otros juicios, el nivel do respon­
sabilidad moral iba descendiendo sensi­
blemente y de pronto me sentía com­
prendido en textos que me identificaban
oon alguna vileza.
Por el momento, no iría más allá del
aspecto literario. No podía decir qué.
pero esperaba confusamente que algo su­
cediera, un indicio, una señal. La barba
del viejo profesor temblaba musitando
•osas que en vano traté de entender pe­
gando mi oído al retrato. Por fin llegó
el aviso. Una noche al volver a mi cuar­
to, presentí que algo había sucedido. An­
sioso, encendí la luz y vi sobre la cama
la fotografía del profesor. Su mirada no
era la que ya conocía: simplemente per­
versa y resentida. Era una mirada alu­
cinada, vidriosa. Instintivamente recorrí
el cuarto buscando el retrato de Rosa
Proelich. Estaba en el piso, en un rineón. Parecía haber sido arrojado con
violencia después de una lueha. A l que­
brarse, el vidrio había raspado con una
de sus puntas la cartulina. Rosa estaba
igual. Tal vez su sonrisa era especial­
mente burlona y provocativa. No esperó
más. Me encajé un sombrero de copa des­
teñido y sucio y pegué a mi rostro una
barba parecida a la del profesor Basura.
Así compuesto, me paseé agitado por el
cuarto entablando con la mujer del re­
trato un diálogo largo de humillación,
amor, odio, resentimiento. Y nuevamente
amor, odio, resentimiento. Un verdadero
delirio cuyas transiciones marcaba desde
su retrato, el profesor. Sólo cuando me
eallé volvió a él la expresión primitiva.
Una cara inteligente sin duda, pero abs­
traída en la imposibilidad de ver la apli­
cación del amor para otra cosa que para
la lucha y la destrucción sórdida. [Ah,
imbécil! Había terminado mi aprendi­
zaje. Y a podía salir en busca de Rosa
Proelich.
Ustedes convendrán en que es muy di­
fícil encontrar una mujer fatal. Los hom­
bres abandonados, disponibles, sin ilu­
siones, que buscan aire fresco en los
bares abanicándose mientras beben cer­
veza, piensan que la mujer fatal es ape­
nas una figura literaria, y que el hom­
bre que so respete, debe dedicarse a bus­
car la llamada mujer importante, especie
aun más rara*. ¿Donde buscar entonces?
Por un momento pensé orientarme hacia
esa infinita castidad cuyo secreto resido
en la minuciosidad descabellada, de la
famosa princesa rusa de nuestra ator­
mentada adolescencia. Este nombre, to­
dos lo hemos oído alguna vez. Y son im­
borrables ciertos episodios como el del
oficial del ejército o el campesino fuerte
nacidos para satisfacer la poderosa, in­
terminable lujuria de la apócrifa prinv
cesa. El oficial o el campesino fuerte,
se aprovechan del momento en que, fa ­
talmente, el poder cede a la naturaleza
y piden recompensas en oro. No me con­
venia. Descansaba mi objeción en la
idea de que la vida no es ni tan trágica
ni tan patética, ni es simplemente pla­
cer sino más desagradable y divertida
que lo previsto. Me decidí por los teatruchos portuarios.
Una explicable contradicción hace que
las llamadas mujeres perdidas tengan un
sentido del orden moral muy particular
y estricto. No me refiero ni me interesan,
las minucias profesionales que sin nin­
gún sentido del matiz, ni de la realidad,
relataron comisarios de policía jubila­
dos. Lo que quiero decir, es que con mi
sucia galera y mi barbita, era yo quien
podría despertar la posibilidad redento­
ra que yo mismo buscaba. Cada una
querrá ser redimida y buena, y querrá
ayudarme a rehacer la vida. Teniendo
en cuenta la admitida venalidad de mi
campo de operaciones, y las continuas
invocaciones a Dios que se oyen a diario
en boca de cualquiera, se justifica que
tratara de hallar la mujer fatal por vías
del escarnio, la humillación y, si la em­
presa fuera exitosa, el agradecimiento
final.
En el pequeño escenario, un grupo de
jóvenes infelices se movían, cantaban y
gesticulaban alrededor del piano. Desde
mi mesa, podía contemplar sus borrosas
y tristísimas caras de fetos, recreando
al mismo tiempo la mitología de la si­
rena auténtica, anunciada en la puerta
para atraer clientes. Esa mitología había
sido asesinada por las ordenanzas muni­
cipales, que exigen para tales casos do­
cumentación en regla. A medida que can­
taban o decían monólogos, me convencí
de que la rubia internacional, cabeza de
esa magia pretenciosa y bárbara con que
la naturaleza se dejaba dominar, era la
necesaria y buscada Rosa Froelich. Amo
los telones sembrados de pavos reales fos­
forescentes. Las damas de largas boqui­
llas y largos vestidos blancos. Las damas
que dos minutos después se presentarán
a escena vestidas de apache y con in­
genua vileza, agitan puñales y sueltan
obscenidades. A l cabo de una hora de
mirar, me paré, hice un gesto imponien­
do silencio y le dije a la rubia: — “ Se
nota que todo lo hace usted con dignidad
y con el fatalismo de los saloncitos no• I.a denominación pertenece al escritor
Manuel Pacaiin, autor asi mismo de dos
frases célebres; la primera dice así: “ K1
mal es una fuerza pero no es sólo la destruc­
ción del gusano” , y la segunda: “ Caballo
•uncido puede pisotear la libertad” .

A; S cordía. Retrato del Dr. Larrauri. 1947.

A . Scordía. Desnudo. 1947.

EL PINTOR ANTONIO SCORDIA
Por ROMUALDO BRUGHETTI

A . Scordía. El Tíber en Roma.
1947.

aventura contemporánea tem­
pla corazones adiestrados para
librar batallas artísticas. ¡ Qué im­
porta todo el anecdotismo ramplón
y pasajero, todo el naturalismo o
realismo poblado más de minuciosos
detalles insustanciales que de arte!
A un costado, delirante de arabescos
y de colores vivientes hasta el paro­
xismo, se s i t ú a el hombre Van
Gogh, poeta de la locura controlada;
en otro costado, traza su ruta el
obstinado Cézanne, en un penetrar
en el color tocado por la forma y
la nostalgia de un arte metafísico
universal. De ambos caminos, en los
tiempos modernos, una de las rutas
conduce al expresionismo y la otra
al cubismo. Pero, ¡qué han de re­
presentar para Italia esas simples
y escuetas denominaciones, qué han
de significar para un país cuya
grandeza pide ajustas y equilibrios,
esas formalidades! Después de la rá­
pida embestida futurista, habrían de
surgir las experiencias de Chirico y
Carrá, en el grado que la pintura
superando el plano físico y polémico
entra en el gran mundo de la su­
gestión y del encantamiento del es­
pacio, del misterio y de la soledad
que va a traducirse en valores for­
males, en valores plásticos. ITn avan­
ce más y se obtiene una pura ex­
presión nacida del color, el mo\ imiento tonal que, en Morandi, y des­
pués en Mafai, Capogrossi, Pirandello y otros artistas de la Escuela
Romana, hallaría el dominio de esen­
cias, subterráneos ardores del alma.
Antonio Scordía sabe hasta oue
punto son válidas esas experiencias
vividas, hasta que punto la abstrac­
ción puede volverse realidad. Des­
pués de una rápida inctfrsión im­
a

L

A . Scordía . La calle Maipú,
Buenos Aires, 1947.

presionista, es atraído por la pintura
de íntimo cromatismo de Bonnard, y
la violenta articulación expresiva de
Kokoschka, o Rouault. Mas, pintor
extremadamente apasionado y culto,
buzo intelectual a la par que domi­
nador de la materia pictórica, por
razones temperamentales logra un
color qiie respira a todo viento y
qub funda sus contrapuntos y acor­
des hondos y estáticos en la entona­
ción afinada del cuadro.
Scordía comprende que la pintura
es antes que nada síntesis de la
forma y del color, transposición de
elementos en el cual ese color debe
mantener sus particularidades de
sabor, brillo, poesía, que debe al­
canzar una vida propia, una vivencia
que sin caer en lo local y por sobre
la abstracción del objeto, se ha de
ver integrado en la densidad emo­
cional, la pasión, la calidad del sen­
timiento del artista que lo quiso
cálido y envolvente.
Por este proceso natural de com­
prensión y realización, nace en el
pintor el sentido de ciertas defor­
maciones, de ciertas rupturas. Pero
él, muy humano — e italiano, aun­
que nacido en la Argentina, en San­
ta Fe, en 1918— en ningún momento
se deja dominar ni por las fantasías
esquemáticas superreales ni por las
abstracciones dogmáticas; su violen­
cia es contenida y las formas se
concentran en la unidad y en la
tonalidad de su pintura. Su obra,
de este modo, comprende paisajes
romanos en que todo vibra bajo
una cálida luz dorada de atardece­
res detenidos en su pura esplendidez,
prontos a descolgarse hacia la noche;
algún desnudo, de pincelar armo­
nioso y finísimo, compuesto reflexi­

vamente ; y figuras o retratos. Scor­
día se encuentra con felicidad a sí
mismo en esas figuras o retratos
— baste observar la serie dedicada
a Valentina, su mujer— puesto que
aquí la presencia del personaje, de
una humanidad real y verdadera, le
hacen obtener el tono necesario a
su arte fuerte, que, como decía Toti
Scialoja, se vuelve estüo, pues sus
rigores humanos, expresivos, figura­
tivos, instalados frente a aconteci­
mientos agradables o desdichados
de los hombres, se tornan cromatis­
mo exaltado y depurados ritmos.
Así el intenso dualismo de con­
trastes y delicadezas, de violencias
y sutiles gamas intermedias, y la
agudeza y libertad del dibujo, un
sentido instintivo de la composición,
las grandes líneas funcionales, los
volúmenes serenos y equilibrados,
aclaran y ubican su expresión.
Ignoro qué puede depararle nues­
tro país a Antonio Scordía. Por de
pronto, una escasa comprensión ha­
cia su obra (sólo gustada por unos
pocos), luego mucha angustia y mu­
cho dolor — que es el pan nuestro
de cada día— , un sentirse aislado
y casi solo en sus siete meses de
Buenos Aires. Mas también — y esto
es ya lo afirmativo— una necesidad
de examinarse

introspectivamente,

un atender a su naturaleza profun­
da y

la

naturaleza

exterior

que

acaba de descubrir, esa otra luz y
ese otro cielo de estirpe criolla, más
cruda, más fría que aquella de Ro­
ma pintada entre 1945 y 1947, y
que se manifiesta en el sintetismo
arquitectural del paisaje de la calle
“ M aipú” .

vecientistas. Y a aparecerá usted mor­
diendo una rosa roja, y un hombre se
arrodillará con una copa de vino en la
mann. Usted será la elegida, la Rosa
Froelich del nuevo profesor Basura. Yo
me arrodillaré’ ’.
Sin comentarios, los del escenario hi­
cieron una reverencia. La rubia volvióse
hacia sus camaradas, un joven acordeo­
nista, una pianista muy gorda y dos mu­
chachas que no parecían tener otra
misión que aplaudir y bostezar sistemá­
ticamente, habló algo y se adelantó.
— “ Parece usted preocupado Señor —
me dijo.
— ;‘ Oh sí, mucho —- contesté. Mien­
tras repasaba mentalmente los diálogo»
que probablemente se sucederían, traté
de ganar tiempo. Quise esnerar pero mi
impaciencia y mi excitación no me de­
jaron y proseguí: -r-“ Aunque le pa­
rezca imperfecto y satisfecho de mí mis­
mo, soy una de las pocas personas que
no se han acostumbrado todavía al uso
de lo maravilloso. Mi única razón, mi
único gas, mi único instrumento, es la
imaginación. Deseo con mi ejemplo in­
citar a enriquecer el mundo real, vivir
muchas vidas. Toda vida está llena de cosas
inútiles. Ron roedores a veces muy agra­
dables y dulzones, pero se suele caer b a jo
su peso. Quiero despojar las vidas de las
cosas inútiles. Ser benéfico. Un riesgo,
un cambio, una diaria aventura he aquí
lo que hay que seguir. Soy capaz de
apreciar en su justo valor lo que cada
cual hace y entender que todo lo que
so hace es corruptible, pero debe cum­
plirse por necesidad y armonía. Todo ve
y todo oye pero no todo respira” .
Nunca se habían escuchado en aquel
lugar palabras tan caóticas y quizás proféticas. Cuando proseguí lo hice intro­
duciendo un elemento un tanto miste­
rioso que sin duda me favorecería: el
crimen.
— “ Esta barba y esta galera se deben
a que en mi destino está mareado y cum­
plido un doble asesinato, cometido en
circunstancias curiosas. Y o era granjero
en una lejana provincia. Una noche, a
raíz de la denuncia de mi madre, sor­
prendí a un hombre cuando entraba en
el cuarto que compartía con mi esposa.
No tuve más remedio que matarlos a los
dos, pero descubrí espantado que mi pre­
sunto rival, no era sino mi madre disfra­
zada, que así pagó con su vida, el odio.
La justicia perdonó el equívoco pero yome sentí muy desanimado. Pasó el'tiem ­
po y como mi espíritu seguía enfermo
opté por tratar de encaminarme, culti­
vando la vanidad de ser profundamente
infeliz, esencia de todo engaño. Héme
ahora, con la vida del profesor Basura
entre mis manos. Esta barba y esta su­
ciedad son símbolos de un gran acto
heroico. Estoy dispuesto a salvarme y
a salvar a otros. Con tales proyectos hoy
vivo esta vida, luego viviré otra. Por eso
y para completar al profesor Basura re­
construido, usted es la pieza que falta.
Usted es la mujer fatal. Rosa Froelich” .
Rosarito Saeromonte, — su nombre ar­
tístico— no me contestó pero mirándome
fijamente, sacó del seno un pañueíito de
encajo, se disculpó por el resfriado quele afectaba desde el día anterior, agitó
el pañuelo delicadamente, y entonó en
mi honor, una canción donde se habla
del corazón olvidado
Me sentí feliz. La atmósfera irreal,
una iconografía confusa de muertos cu­
biertos do lentejuelas, decorando las pa
redes me envolvieron hasta el delirio.
Sin embargo, el tiempo existe. Como
si de pronto se hubiera dado cuenta que
estaba arrinconado, y que sus ataques
habían sido hasta ahora negativos, el
tiempo despertó y ordenó las cosas para
que la ruina y la desolación reinaran.
Trato de salir de la confusión que aún
me domina y contar el final de estas
desgracias.
Cuando terminó su tierna canción, Ro
sarito descendió por una escalera que
había a un costado y echándose sobre los
hombros desnudos — aunque no núbiles.
hermosos— un chal multicolor, so arri­
mó a la máquina de hacer cafó exprese
y empezó a servir. Manejaba las canillas
con sumisión y temor. Una vez llenas
le alcanzaba las tazas al camarero entre
gritos.
Todo murió. Perdióse de mi cuerpo y
alma, la galera, la vida soñada y com
plida a medias, la canción y nuestro diá
logo sobrenatural. La realidad se había
librado de las manos de la magia y la
gracia. El tiempo había retomado sus
derechos. Su agente, lo que nos vencía
a todos, a mí, al profesor Basura, era
esa máquina infernal. Satisfecha, escu­
pía y resoplaba como un animal celoso
Nada fué respetado. El techo y las pa
redes se convirtieron en un inmenso gong
que al sonar despertaría a los soñadores.
Sí, vi que no me hallaba solo, que tam
poco había estado solo antes. Otros ha­
blaban, o miraban silenciosos. Recordó
mi discurso. ¿Era sólo mío, sólo yo lo
había dicho? Sospeché y vi en los demás
la misma angustiosa interrogación. Fue
terriblo. Cada uno de esos hombres había
vivido y soñado lo mismo que yo. Cada
uno creía haber hablado, tan solo él,
con Rosarito. Incluso, descubrí vario
con galera y barba. La tortura llegó a
ser intolerable. Pensé, pensamos todos los
pobrecitos que mirábamos hacia la ma­
quina, y lo deseamos intensamente, que
estábamos en Londres; que un nuevo
fuehrer acudía del cielo con sus aviones:
que tal vez el mal podría salvar nuestros
sueños. Pensamos y deseamos, y lo qu
deseamos sucedió. Una explosión atrom*
el espacio. Fuimos lanzados por un s
cudimiento mortal, pero sin quejas. Cc*f
alivio, con pena.
A bajo, muy abajo, en un pozo neg ó
y cónico un chal multicolor so abrazal ¿
a la maquina humeante.
V 1X

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="20">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1539">
                  <text>Cabalgata</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1540">
                  <text>1946 - 1948</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1541">
                  <text>Derecho público</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="44">
              <name>Language</name>
              <description>A language of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1542">
                  <text>Español</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2138">
                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1938">
                <text>Cabalgata</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1939">
                <text>Año 3, no. 18</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1940">
                <text>Buenos Aires, abril 1948</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1941">
                <text>Derecho público</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1942">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2091">
                <text>Rojas Paz, Pablo&#13;
Siegfired, André&#13;
Torre, Guillermo de&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Saavedra, Juan&#13;
García Lorca, Federico&#13;
Voltaire&#13;
Serrano Plaja, Arturo&#13;
Revol, E. L.&#13;
Graco, Miguel&#13;
Horovitz, S.&#13;
Alberi, Rafael&#13;
Joubin Colombres, Eduardo&#13;
Salazar Bondy, Sebastián&#13;
Torres García, Joaquín&#13;
Mariani, Andrea&#13;
Girri, Alberto&#13;
Bajarlía, Juan Jacobo&#13;
Wood Krutch, Joseph&#13;
Gramsci, Antonio&#13;
Vergara, Noemí&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Bardesio, Orfila&#13;
Chaves, Fermín&#13;
Bayley, Edgar</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="232" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="557">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/62adf8eb043487abff15ad6d0293cc8f.jpg</src>
        <authentication>76c91aae47826910fe91d4e41ac640a8</authentication>
      </file>
      <file fileId="558">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/98ae59d2700cf283171c7aa8dc822b3f.pdf</src>
        <authentication>c3e7b70506fcb9a80f5ef00c2612d7e4</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="1943">
                    <text>REVI S TA

ME N S U A L

DE

L E T R AS

Y ART E S

APARECE

EL DIA

P RI ME RO

UE ME S

num era

REDACCION

Y A DMI NI S T RACI ON:

Año lll

1 (B

Perú 973 - Rueños Aires - Telóf, 34-2384

Al a y o

I

« J

Precio del número: $ 0.60 moneda argentina
S u s c r i p c i ó n a n u a l : S 6.50 m on ./arg.

19 4 8
2 a-Epoca

EN El M l f E l S O I l OE
l o i E i i i j. m n o
Por P A B L O R O JA S P A Z
Por JÜSEPH W A R R E N BEACH
transcurrido treinta años desde la
aparición de los primeros poemas de
John Uos Passos y de su primera novela,
One M an’s Initiation (La Iniciación del
'
Hombre). Desde entonces, Dos Passos ha
publicado ocho novelas, un volumen de
poemas y otro de comedias, seis volúmenes
de viajes y comentarios políticos, y cuatro
que tratan de la lucha por las institucio­
nes libres en los Estados Unidos, en épocas
coloniales y en nuestros días. Más de veinte
libros escritos en un período de treinta
años por un hombre que ha cumplido ya
los cincuenta.
Tenemos ahora más de veinte años para
digerir Manhattan- Transfer, y diez años
para conocer a fondo lo que universalmente
se considera como su obra maestra, la tri­
logía de V. 8. A . En libros como Journeys
Between ITurs (Viajes entre Guerras),
The Ground. W e Stand On (La Tierra en
que Vivimos), y State of the N ati mi (El
. Estado de la Nación), Dos Passos nos ha
expuesto el punto de vista con que mira
el mundo, permitiéndonos estudiar su re­
presentación “ dramática” de la vida. Aho­
ra podemos enfrentarnos con su figura y
preguntarnos hasta qué punto es grande
su significado para el arte literario.
Lo primero que podemos decir, sin temor
a equivocarnos, es que la obra anterior a
Manhattan Transfer carece de importancia,
que sus volúmenes de viajes y comentarios
no valen gran cosa y que, hasta ahora,
debe el lugar que ocupa en la literatura
a cuatro novelas, M anhattan Transfer y las
tres partes de U. S. A. La única importan­
cia de sus poemas es la de recordarnos que
su autor es, por inclinación natural, clara­
mente “ estético” ; es decir, que le atrae
lo pintoresco, lo decorativo, lo exótico y
lo romántico, en el sentido en que este tér­
mino se aplican a Amy Lowell y John
Gould Fletcher.
La influencia de Cari Sandburg se sien­
te con fuerza en M anhattan Transfer, so­
bre todo en el lenguaje y disposición de
los poemas en prosa que preceden a cada
capítulo.-.Pero la influencia de Sandburg
no es más que un paso del simple culto a
lo exótico, a la robusta lucha con la reali­
dad - de la estética como evasión a la
estética como composición significativa.
Sus primeras novelas cai-ecen de imporf tancia por las mismas razones y son igual­
mente interesantes por la luz que arrojan
sobre el temperamento del autor. One
M an’s in stitu í ion y Streets of Nigth (Ca­
lles de Noche) nos muestran a un joven
exigente y sensible, que aborrece la cruel­
dad y la fealdad, tanto físicas como mora­
les, y se da clara cuenta de la fealdad que
existe en la guerra y el sexual ismo. Threei
Soldiers (Tres Soldados) — 1929— es una
de esas novelas que siguieron a la Primera
Guerra Mundial, donde el autor demuestra
su interés por el alma del individuo que
lucha vanamente por librarse de las ata­
duras de la maquinaria militar (y social).
Las tres obras nos demuestran claramente^
que el autor no es un novelista nato, en el
tradicional sentido de la palabra, porque
le preocupan más las relaciones del indi­
viduo con la sociedad, que la idiosincrasia
v rasgos personales de su protagonista.
Los volúmenes de comentarios políticos
carecen de valor desde el punto de vista
literario. Poro son de gran importancia
para comprender la filosofía social de Dos
Passos y no carecen de mérito. Son buenos
reportajes, porque nos muestran lo que él
La visto —e'i Rusia, en las Estado0 Unidos

H

on

a n

Í

(Conttná-a m ¡a pág. 6.)

frecuencia los biógrafos, al hablar de

un personaje, advierten que nació cir­
Ccunstancialmente
en tal ciudad. Esta conti-

J orge L argo . Torero en verde. (Oleo) 1946-47.
(Ver artículo en las páginas centrales.)

EJERCICIO

so br e

TÍHESIAS
Por ALB ERT O GIRRI

Tiresias, soy eterno. Sombra prudente
YO,y sabia,
elegida una vez para decidir que
sexo es el más vigoroso en el deleite; reve­
lador de las desgracias de Edipo; amigo y
consejero de Ulises por mediación del poeta
Horacio (—Sátiras— Libro Seg. V ) ; sufri­
do viejo de ubres arrugadas palpitando
entre dos vidas*, protejo a quienes buscan
cambiarse gracias al cambio de vestidos.
Todo fraude hay que pagarlo. Cada vez
que acontece, una muerte violenta lo corona
y yo, Tiresias, desaparezco hasta un nuevo
llamado. Eso sí, debemos admitir que las
anagnorisis que presido son valiosas pues
quienes las practican tiñen sus actos, heroi­
cos o mezquinos o infames, de inédita inten­
sidad y apasionado secreto. Mueren o pro­
vocan muerte. A veces caen en misteriosas
e incurables desdichas que consumen len­
tamente el alma como sutiles venenos, des-

dichas más destructoras en unas estaciones
del año que en otras. Hay ejemplos. ¿Quién
no me vió, sin reconocerme, en la figura de
hombres hermosos viviendo como mujeres,
para seducir con sus falsas faldas a nostál­
gicos marineros y despojarlos, luego de la
infaltable borrachera, gracias a férreos e
imprevistos músculos? ¿Quién no supo de
mujeres puestas en evidencia como tales,
por el indiscreto y asombrado periodista
que las presenta como la mujer-hombre,
honesto y eficaz empleado, fiel cumplidor
del somnoliento deber burocrático durante
varios lustros, sin que nadie se apercibiera
del equívoco? Era yo, Tiresias. En la fili­
bustera Jamaica fui el nombre apasionado
de Ana Benny, la irlandesa bastarda que
acompañó a su amante, el feroz Rackham
hasta que lo ahorcaron. Ana vistió eómoda( Continúa &lt;n la pág. /.)

En las páginas interiores, artículos de Eduardo W esterdahl, Juan Carlos I
A l­
varo Fernández Suárez, Neu ton Freitas, Rom ualdo Brughetti, Juan Carlos (,hiano,
Denis de Rougemont, Francisco de Aparicio, Miguel Graco, Juan Jacobo Bajarlía,
Murray Schumach, Braulio Sánchez - Saes, Joan Junyer, Robert Graves. Poemas de
Olga Orozco y Gustav Ilegler.

gencia o riesgo de nacer por casualidad en
un punto determinado de la Tierra, tiene
mucho de pintoresco y curioso. Creer que
todo en la vida del hombre está previamente
fijado y pensar que todo sucede de acuerdo
a un plan preestablecido, es cultivar una
excesiva vanidad humana. Pero, al contra­
rio, pensar que nada está fatalmente seña­
lado y que todo está entregado al azar y al
riesgo, es no aceptar que hay un destino en
la dureza de la roca o en la volubilidad de
la ola. Decir que Roberto J. Payró nació
circunstancialmente en Mercedes el 19 de
abril de 1867, es decir algo muy sencillo,
pero no muy explícito. La vanidad humana
nos lleva a aceptar que no es posible nacer
accidentalmente en ninguna parte; una se­
rie de circunstancias hará que lo que fuese
mera casualidad se convierta en casi atina­
da coincidencia de accidentales circunstan­
cias y motivos lógicos. ¿Qué razón lleva a
los padres de Payró a refugiarse en Mer­
cedes? Nosotros no tenemos una impresión
exacta de lo que son las pestes. Nosotros,
felizmente, hemos llegado en un tiempo en
que se habló de ello como de una fábula.
Las pestes que destruían la familia eran
uno de los grandes azotes de la humanidad
y fueron, junto con las guerras civiles, el
azote de Dios, el mal que aferraba a los pue­
blos a una remora de terror y a una falta de
capacidad para librar combates con la vida.
Ser argentino es haber nacido con los sig­
nas de la nacionalidad en una época deter­
minada. A Payró nació con todas las señales
de su tiempo a que perteneció. Que Miguei
Gané, el de -Iuvenüia, nazca en Montevideo
porque sus padres iban huyendo de la ti­
ranía; que Nicolás Avellaneda busque, pe­
queño, junto a la madre, después de que su
padre fuera degollado, un auxilio en Bolivia, son acontecimientos afines al que Payró
haya nacido en Mercedes. Los padres de Ca­
ñé, a quien Payró sobrepasa por sus cuali­
dades literarias, fueron a Montevideo bus­
cando un ambiente de libertad, es un sínto­
ma. y es también un síndrome de la época
el que los padres de Roberto J. Payró aban­
donaran la gran aldea buscando un clima
salubre a las puertas de la pampa. Payró
nació a la vida en épocas en que todavía el
suelo es el protagonista de los acontecimien­
tos nacionales. Por eso su nacimiento ya
está marcado con los signa, de la naciona­
lidad.
A las guerras civiles en que el fuego d"l
odio quemaba la fecundidad de los campos,
a los combates con el epílogo bárbaro de lo
degüellos, a Facundo, de pechó desnudo v
lanza triunfante que pone precio a la nonra
de las ciudades, sucedió la peste fulminante
que produce 15.000 muertes en 145 días. No
hay descanso para la suerte del país. El
hambre, la sequía, la peste se enseñorean
en las grandes ciudades, ninguna de las cua­
les quiere ser menos digna en el martirio
que las otras. Y después, otro mal argenti­
no, la soledad y no la extensión, como ano­
taba Sarmiento. Sería de oír lo que digan
las generaciones venideras en punto a si
falta o no territorio. Pero, esta soledad no
la defiende de los males. Anotemos un daño
más tenaz, más duradero que todo eso: la
lucha con el indio. Yo creo que no hay nada
más erróneo, más equivocado que el sentido
que se ha dado a la educación nacionalista,
al estudio de la historia. Nos han hecho
creer que nuestro país era el más feliz del
mundo, el mejor regado) el más rico de to­
dos ; no necesitábamos sino extender la ma­
no para recoger los frutos de los árboles
(Continúa en la pág, 5.)

�cabalgata;
quien amaba en el fondo de su corazón. Hugo, ultrajado, se mega a
someterse a las nuevas “directivas” del partido, a dejarse “recuperar
por él. Miembros del partido le matan.
A pesar de su carácter de melodrama, la obra es de una gran be­
lleza de expresión y sugiere un patetismo angustioso. La acción se des­
arrolla en un ambiente muy Arthur Koestler, muy “Oscuridad al me­
diodía” . Los últimos acontecimientos europeos vienen a darle más sigficación y más alcance.

N O I C A
(En un cuadro de Juan Batlle Planas.)

Nunca oísteis su nombre.
Sin embargo, cuando un sueño cualquiera entretejió fosforescentes
redes sobre el rastro del tiempo
Noica estuvo.
Tal vez su cabellera fuera para vosotros la marea letárgica
por donde sube al cielo la primer Navidad
—esa novia que flota con su ramo de cristal escarchado y una cinta
plateada en la garganta.
Acaso sus ropajes fueran para vosotros un ámbito en que caen
lentamente las hojas, las diademas de lianas y de lluvias,
cuando el amor golpea con sus manos el follaje encantado.
Lo cierto es que fué Noica;
la diosa de los seres subterráneos que disponen callando el esplendor
del mundo.
Reconocedla ahora.
Antes que se haya ido para ser melodía de. polvo contra el vidrio,
sombra musgosa de los muros.
Guardadla para siempre en esta misma puerta abierta en el celaje
de los siglos,
donde 6e balancea, despidiéndose,
como la luminaria en el claro final de la arboleda.
Del otro lado yace su reino alucinado.
Nunca entraréis en él.
Juntos se abismarán debajo del recuerdo y del olvido.

UN EPITAFIO PARA JAMES WAITT
(Personaje de la novela de Joseph
Conrad “ El negro del ‘Narctssus’ ” .)

Yo, James Waitt,
hijo del miedo y la impostura,
tenía un cofre con monedas y un infame secreto.
Las monedas resonarán al paso de Donkin, el astuto emisario
de mi muerte,
V el secreto me rozará la cara por los siglos como una rama 6eca.
¿Dónde está el verdadero James Waitt?
En un barco alcanzaba las riberas del ocio
simulando agonías más fastuosas que un incendio en los bosques.
Pero un día la cólera marina silbó sobre su espalda como un látigo.
¿Dónde está el verdadero James Waitt?
En un barco alcanzaba las afanosas islas
simulando un poder más obstinado que las raíces en la primavera.
Pero un día la codicia terrestre esgrimió la verdad como un relámpago.
Lo arrojaron al mar envuelto en un sudario de amenaza y terror
que llamaron plegaria.
¡Piedad para James Waitt,
que conquistó la vida con la faz engañosa de la muerte
y penetró en la muerte con el rostro ilusorio de la vida!
Nadie venga a buscarlo.
Rasguñará en el limo lo mismo que las ratas en la viscosidad
del maderamen,
hasta que el mar lo sorba como a un brebaje oscuro tras la máscara
lisa de una lona.
Nadie diga su nombre para el último día.
James Waitt no tendrá rostro.

OLGA

CARTA

0R0ZC0

DE F R A N C I A
Por

JUAN

SAAVEDR4

obra teatral de Sartre es siempre un acontecimiento literario, mu­
las inquietudes de
generación que se
debate en la pasión política. En el Teatro Antoine se ha estrenado y
se representa “Les mains sales”, de Jean-Paul Sartre, que antes de
representarse había dado lugar ya a muchos comentarios, que los ha
suscitado mayores después y que está llamada a interpretaciones y con­
clusiones diversas.
La acción de “Les mains sales” ocurre en una Jllyrie independiente,
pero ocupada por cinco divisiones hitlerianas, durante la guerra. E!
gobierno del Regente-reaccionario ha pactado con los alemanes. Se han
creado dos movimientos clandestinos de resistencia, el del Pentágono
burgués y el del Partido Proletario. Primeras derrotas alemanas en
Rusia; el viento cambia. La derrota final del Reich no ofrece duda. El
Regente decide hacer el doble juego. Se entiende con Karsky, el je fe
del Pentágono, y con Hoederer, el jefe del Partido Proletario. Se trata
de hacer un frente nacional de la resistencia. Hoederer está dispuesto,
bajo ciertas condiciones, a esta cooperación que permitirá a su partido
conquistar la participación en el Poder cuando se derrumbe Alemania.
Pero en el Partido Proletario hay otros jefes más intransigentes que
Hoederer. No aceptan ni siquiera provisionalmente tender la mano al
Regente, al Pentágono pequeñoburgués. Puesto que Hoederer se trans­
forma en social-traidor, se le designará como secretario al joven Hugo,
hijo de banquero, ingresado en el comunismo por generosidad de alma,
y que acepta, con su fanatismo de neófito, el matar a Hoederer que está
a punto de traicionar la ideología del Partido.
Hugo se instala con su joven mujer Jessica cerca del viejo jelc
revolucionario. ¿Le matará? No, cuando Hoederer le haya explicado
las razones profundas de su aparente cambio. Sí. cuando encuentra a
Hoederer besando a Jessica.
Hugo es condenado a dos años de prisión. En su celda es objeto
de una tentativa de envenenamiento. Puesto en libertad, sabe por la
camarada Olga, a quien a ido a pedir asilo, que el Partido Proletario
quiere suprimirle. ¿Por qué? El no es un traidor. Ha cumplido su piomesa de matar a Hoederer. ¿Qué importa si lo ha hecho por celos pa­
sionales? Sólo debe tenerse en cuenta1 el resultado.
Pero Olga le revela la verdad: la ejecución de Hoederer ha sido
un error. Hoederer estaba, sin que se supiera, “en la línea . Algunos
días después de su muerte, Moscú da la orden al Partido Proletario de
Illyrie de colaborar con el Regente y con el Pentágono. Por lo tanto,
Hugo ha matado por nada, estrictamente por nada, a un hombre a
na

cho más si trata de interpretar las angustias y
U
nuestra época, los problemas íntimos de la actual

• El movimiento surrealista lia conocido
constantemente escisiones, discrepancias o
separaciones de sus fieles, que casi siem­
pre han ido acompañadas de escándalos
más o menos tumultuosos. Fortalecidos en
el combate contra los demás, conocían
también la técnica de disputarse entre sí.
Ahora mismo la lucha es bastante violen­
ta entre los llamados “ surrealistas revo­
lucionarios” y los surrealistas a secas, o
amigos de Bretón'. Ambos han expuesto
recientemente sus puntos de vista.
Noel Arnaud, el más destacado y com­
bativo de los ‘ ‘ surrealistas revoluciona rios ’ ’, ha expresado así su tendencia:
“ He sido leñador en Venezuela; desde
entonces desconfío de los árboles y en
general de todo lo que permite las me­
táforas de desarrollo consanguíneo; la na­
riz no es siempre hija del binóculo. Por
esto el surrealismo revolucionario no es
en manera alguna “ una rama del surrea­
lismo de Andró Bretón” . Ni de cerca ni
de lejos hay ninguna relación entre el
surrealismo revolucionario Y Andró Bre­
tón. Este sólo se representa a sí mismo,
mientras quo el surrealismo revolucionario
define un conjunto de técnicas, un espí­
ritu de descubrimiento, un rigor crítico
orientados esencialmente hacia la denun­
cia y la destrucción de las superestructu­
ras burguesas y hacia una conciencia de
los valores propios de nuestro tiempo. El
surrealismo revolucionario m&gt; puede ser
una rama de un árbol muerto. Está más
bien al servicio de ideas que tienen su
origen en la realidad revolucionaria, en
la acción del proletariado por su libera­
ción. Experimental, encuentra sus mate­
riales en la realidad objetiva; lírico, se
impregna del movimiento que transforma
el mundo. Olvidaba decirlo: si se quiere
un árbol digamos que es el del materialis­
mo dialéctico, que impulsa lejos sus raíces
y altas sus ram as.”
Por su parte, Sarane Alexandrian y
Claude Tarnaud, que publican la gran
hoja surrealista “ N eón” , han respondido
en la siguiente form a: ‘ ‘ Sin nosotros no
existirían los surrealistas revolucionarios.
Son nuestros parásitos. Además, “ surrea­
lismo revolucionario” no significa nada.
Es un pleonasmo. Hay bastante revolución
en el movimiento surrealista para que se
tenga que añadir algo. Se nos reprocha
que somos un árbol muerto porque no nos
ocupamos de política. Pero sabemos bien
que someter la poesía a una forma polí­
tica, es demostrar impotencia, es no poder
hacer poesía con medios propios... Nues­
tra acción social es la exaltación de la
imaginación. Y nuestros medios (mitos,
analogías) son eficaces porque exaltan el
acontecimiento humano, el amor, la rebel­
día y no la realización práctica del reparto
de la carne.”

O L L A

• Ya que no se llega a superar la actual
crisis del cine francés por la mejor calidad
de las obras, se trata de resolverla me
diante medidas gubernamentales, adminis­
trativas. Va a establecerse una ayuda
temporal de tres años a la industria
cinematográfica, gracias a la creación de
un fondo especial alimentado por una
tasa de 5 francos sobre cada localidad.
Se va también a reducir del doce, que
es actualmente, al 3.50 % el tipo del
impuesto a pagar al Estado. Por otra
parte, se intentará, en virtud de negocia­
ciones ya comenzadas, un mejoramiento
de los acuerdos cinematográficos BlirfhByrnes, que tantas protestas han suscita­
do. Y eir caso contrario, parece que el
1 de julio se considerarán caducados di­
chos acuerdos.
• ‘1Occupe-toi d ’Amélie ’ ’ obtiene actual­
mente en el Teatro Marigny un gran éxito,
sobre todo por la magnífica interpretación
de Madeleine Renaud. La obra, que en
español fué traducida por Juan José Ca­
denas con el título de “ A ver si cuidas
de Amelia’ ’, lia sido representada bajo la
dirección de Joseph-Louis Barrault, que
después de sus triunfos de ‘ ‘ Hamlet ’ ’,
‘ ‘Les Fausses Confidences ” y “ Le Proeés” se apunta un nuevo éxito con uno
de los mejores vodeviles de Feydeau.
• Los dos grandes premios literarios de
la Société des Gens de Lettres han sido
concedidos este año, el primero a Joseph
Jolinon por el conjunto de su obra y e!
segundo a Henri Clouard por su “ Histo­
ria de la. literatura francesa ’ '.
• Se recordará el “ affaire’ - de la fa l­
sificación de cuadros de Vermeer realiza­
da por Vair Meegeren. El señor De Vries,
director de uno de los más importantes
museos de La Haya y gran especialista
de la pintura holandesa, fué uno de los
peritos que dió como auténticas las falsi­
ficaciones.
En una conferencia dada recientemente
en París ha reconocido que fué un enga­
ñado, y ha tratado de deducir algunas
enseñanzas de este “ a ffa ire ” . La indus­
tria de la falsificación proviene 'de un
excedente entre la oferta y la demanda.
Los coleccionistas, con su avidez y algu­
nas veces con su gusto por la especulación,
son los principales responsables de la
estafa de que son víctimas. El arte de la
falsificación evoluciona con el tiempo
Desde el siglo x jx la falsificación es más
frecuente que la simple copia. Por otra
parte, a medida que son más eficaces los
medios de investigación de los expertos
la técnica de los falsificadores también
se perfecciona.
El éxito de Van Meegeren se debió al
cuidado con que confeccionó su primera

P O D R I D A

In g la te rra
C I. teatro inglés ha estado particularmente activo últimamente, presentando,
en el espacio de pocos días, siete produc­
ciones, en las que, aparte la reposición de
•‘Troilus y Cressida” , de Shakespeare,
descuella el creciente interés por un teatro
poético moderno. El Mercury Theatre, de
Londres, durante algunas temporadas ha
cultivado eso género, pero ahora otros tea­
tros se inclinan hacia el teatro en verso,
y éstos son: el New Lindsey Theatre, que
ha dado “ W interset” , del autor norte­
americano Maxwell Anderson, y el Arts
Theatre, quo presenta una obra de un
joven poeta dramático inglés, “ The La­
dy ’s not for burning ’ ’, de Cliristophen
Fry. La primera, “ W interset” , dividió
a la crítica, pues, evidentemente resulta
chocante para el público londinense, es­
cuchar largas tiradas de sonoros versos en
labios de gangsters y otros personajes del
hampa norteamericana. La obra de Fry,
no ha dividido menos los pareceres, aun­
que ha cosechado una mayor parte de
elogios. Al autor de “ The L ady’s not
for burning ’ ’, se le reconocen dotes poé­
ticas do original belleza, no carente de in­
genio, pero escasamente dramático. El
asunto de la pieza enzarza una bruja con
un joven soldado, en diálogos de muy bri­
llante imaginación.
• En la Gimpol Fils Gallery se han ex­
hibido pinturas y dibujos del pintor ita ­
liano Amedeo Modigliani, fallecido en
1920, cuando sqlo contaba 36 años de edad.
• En el Cambridge Theatre se ha estre­
nado la ópera en un acto del compositor
británico de 27 años, Anthony Hopkins,
‘ ‘ Lady Rohesia’ ’, ‘ 1ópera traviesa ’ ’, se­
gún la clasificación del propio autor, ba’ sada en un libro de leyendas escritas en
verso y prosa, a principios del siglo xix,
por el clérigo R. H. Barham. La obra
compuesta en tono burlesco ha divertido
al auditorio, haciendo preguntarse a mu­
chos si el teatro de la ópera es el lugar
apropiado para ridiculizar el género ope­
rístico.

Ita lia
• En la revista “ Politécnico” , Elio Vittorini publica una carta abierta al diri­
gente de su partido Togliatti, en la que
el primero parece querer dar téimino a

una situación interna llevándola al co­
nocimiento público. Escribe el autor de
‘ ‘ Conversazione in Sicilia ’ ’:
“ Mi trabajo no vale más que el tuyo.
Es simplemente distinto. Si yo te reconoz­
co el derecho a intervenir eir las cuestiones
de la cultura, te niego el de intervenir
con objetivos políticos, coh medios políti­
cos, con argumentos políticos, por presión
o intimidación política.
“ Me niego a hablar de Hemingway co­
mo de un pequeño escritor imperialista
que no merece ser conocido. Declaro que
Caldwell, Dos Passos, Richard Wrigth, J a ­
mes T. Farrell, tránsfugas antiguos o re­
cientes del comunismo, han escrito obras
cuyo fondo guarda su importancia revo­
lucionaria. Mientras que nuestros simpati­
zantes Howard Fast o Robert Maetz no
son precisamente de primer orden.”

U. R . S. S.
e El profesor del Conservatorio de Mú­
sica de Moscú, Yuri Shaporin, comentando
la declaración del comité central del par­
tido comunista de censura para algunos
de los más eminentes compositores sovié­
ticos, manifestó: “ las tradiciones de la
música clásica rusa, han sido olvidadas
en los últimos tiempos por algunos com­
positores soviéticos. Desgraciadamente es­
tos compositores hicieron alto en la tarea
de desarrollar las&lt; grandes tradiciones
realistas de la ópera clásica rusa. Muradeli, Shostakovich, Prokofiev y otros, no
se preocuparon por el desarrollo de ia
melodía. ’ ’
Como era de esperar, la declaración del
comité del partido ha obrado con rapidez,
la consecuencia que se esperaba. Aram
Ghacliaturian, Vano Muradeli y Serge
Prokofiev aceptaron acto seguido las ins­
trucciones del partido que son de “ com­
poner música que so acerque más al pue­
blo y pueda ser comprendida por é l ' ’.
Prokofiev declara que las instrucciones
referidas ‘ ‘ me están ayudando en mi bús­
queda de un lenguaje musical más alle­
gado a nuestro pueblo. ” Muradeli declaró
a sus colegas: “ La justa y severa crítica
de mi ópera ( “ La gran am istad” ) me
obligó a pensar en la causa de mis errores.
Reconozco quo tengo la exclusiva respon­
sabilidad do ellos y trataré de corregirlos
de todo corazón.” Shostakovich, autor del
“ Poema a la P a tria ” , no se pronuncia.
Esto compositor, el más universalmente
conocido de los jóvenes músicos soviéticos
ya saboreó hace años el ostracismo en oca­

falsificación, o sea “ Los peregrinos de
Emmaüs” . Sin esto cuadro, la primera v
única “ obra m aestra” de Van Meegeren.
jamás las otras falsificaciones hubieran
sido aceptadas. Además, los últimos cua­
dros fueron “ descubiertos” durante la
ocupación alemana y el patriotismo de
los conservadores holandeses les empujó a
adquirirlos precipitadamente antes de que
cayeran en manos de los alemanes.
El propio señor De Vries, cuando se
descubrió “ Los Peregrinos de Emmaüs”
escribió un ensayo donde demostraba,
principalmente, gracias a este cuadro, la
influencia de Caravaggio sobre Vermeer.
El ensayo fué leído con gran placer por
el falsificador Van Meegeren, pues es
sabido que uno de los objetivos de éste era
vengarse de los críticos.
El conferenciante se vió obligado a res­
ponder a la siguiente pregunta que le
formularon: ¿Cómo se explica que este
cuadro le haya agradado a usted tanto
cuando le creía de Vermeer y que después
no le encuentre interés?
A esto respondió en los siguientes tér­
minos: “ Esta cuestión me ha preocupado
mucho. P ara responder estoy obligado a
decir que “ Los Peregrinos de Emmaüs”
es una obra de arte, pero que no puedo
considerarla del mismo modo. Sin embar­
go, evitaré a consecuencia de esta mistifi­
cación de dejarme paralizar por la des­
confianza. Es necesario saber obedecer a
nuestro instinto, pero escuchar también la
voz de la razón y sobre todo, no dejarse
influenciar por otros.”
• Jean P’aulhan acaba de publicar una
Antología de la poesía francesa, en la
que figuran composiciones de una carni­
cera, de un modelista mecánico, un de­
pendiente de comercio, un padre misio­
nero, un carpintero, un suboficial del ejér­
cito, etc. Paulhan llama a éstos “ poetas
del domingo” , porque ejercen un oficie
al margen de la poesía.
• La Opera Cómica, después de haber
creado “ La Rosa ro ja ” , de Paul Auclere,
acaba de animar “ La Balada de la P ri­
sión de Reading’ de Oscar Wilde.
• Veinte naciones han participado en el
Congreso Internacional de Historia Lite­
raria celebrado en1 París en el Anfiteatro
Richelieq- de la Sorbona del 30 de marzo
al 2 de abril. El tema del Congreso era:
“ La literatura y los movimientos políticos
y sociales ’ ’.
• La prensa francesa sigue publicando
artículos lamentándose de la poca difu­
sión que actualmente tiene el libro fran­
cés en los países americanos de habla es­
pañola, y sobre todo en la Argentina. Se
sugiere 1‘ una política del libro francés ’ ’
que permita una amplia difusión de éste
en todos los países americanos.
• El Tribunal del Sena ha dado sen­
tencia en el pleito entablado por la Aca­
demia Goneourt contra Sacha Guitry y el
editor Robert Laffont, por haber presen­
tado el volumen escrito por Kleber Haedens, “ Salut au Kentucky” como premia­
do por dicha Academia. Sacha Guitry y
Laffont son condenados a indemnizar a
la Academia Goneourt con 700.000 francos.

sión de la representación' de su ópera
‘ ‘ Lady Macbeth del distrito de Mzensk. ’ ’
Ese proceso hará variar criterios y ju i­
cios. ¿Se rectificará Pierre Kaldor, quien
escribió en ‘ ‘ Action ’ ’, revista francesa
semanal, un largo elogio de Prokofiev,
del cual traducimos a continuación unas
líneas del párrafo final?: “ Hoy, a los
quince años, el quinto concierto de Pro­
kofiev adquiere toda su importancia en
la obra musical del siglo. Es una obra
capital de la música moderna, tanto por
la forma, sólida y sin concesiones, como
por su contenido, por su movimiento y
su pasión” .

AL LECTOR
Este número de Cabalgata sa­
le de las prensas a muy elevado
costo, como consecuencia del au­
mento de salarios que acaba de
ser concedido a los obreros del
arte gráfica, pero llega a tus ma­
nos, lector amigo, al precio habi­
tual, portador de la siguiente in­
evitable noticia: nuestro próxi­
mo número, el que corresponderá
al mes de junio, llevará impuesto
el precio de venta de UN PESO
el ejemplar. Con ese aumento
— del que participa considerable­
mente el vendedor— la Adm i­
nistración mitigará en parte los
elevados gastos que ocasiona el
mantenimiento de este periódico,
reflejo, cada vez más amplio y
vario, del panorama artísticoliterario nacional.
Cabalgata se encomienda a la
comprensión del lector, median­
te cuya cooperación no cejará en
la árdua, intensa y apasionante
tarea de acercar el pueblo a la
literatura y al arte del país, a la
mejor literatura y al arte más
actual del universo.

�cabalgata
vez terminada- la gran gue­
rra ios ojos se vuelven hacia
esa tabla de registros que es la
pintura, indagando las últimas po­
siciones. Las guerras son lagunas
y ellas por si no apresuran la mar­
cha de las artes. Pero delatan un
clima especial y aun cuando los
movimientos que caracterizan la
plástica contemporánea tuvieran
nacimiento en la- edad de oro del
pasado siglo, portando ya los gér­
menes del futuro y actual dolor de
las artes, nada tiene de extraño
que después del nuevo resquebra­
jamiento de la Europa Central el
ojo avizor del crítico se pregunte
si algo nuevo ha surgido y si el
pulso de Europa tiende a un estado
de construcción, de fe en determi­
nados valores o por el contrario el
índice picassiano de la destrucción
total de la insatisfacción y movili­
dad permanentes siguen marcando
la ruta do la pintura.
Uno de los países, donde mayor
auge alcanzó el movimiento de des­
integración de las formas objeti­
vas, con el expresionismo, y el de
construcción de un nuevo estado
de cosas, con el movimiento abs­
tracto de pintura absoluta, inicia­
do por el genio de Wassily Kandinskv. ruso, pero internacional en
cuanto a las consecuciones de su
arte, fue Alemania, la Alemania
anterior a Hitler. No inútilmente
todos aquellos espíritus que tenían
depositada su fe en los medios de
construcción de que disponía la
época recuerdan aquel magnífico
edificio del “Bauhaus”, destinado
a todas las tendencias constructi­
vas del mundo y en el que se da­
ban cita- las más ágiles mentalida­
des para trabajar en la idea co­
mún de legar a las edades siguien­
tes el perfil de un estilo.
Allí, en Dessau, en la revista que
publicaba el Bauhaus, orgullo de
la- arquitectura funcional, conocí
las primeras obras de W illi Baumeister, junto a las de Oskar
Sclílemer, determinadas entonces
por la concepción del cuadro como
elemento animador de la pared y
medio integrante del desenvolvi­
miento total de la obra arquitec­
tónica-.
A partir de esa fecha —1933
data mi amistad con Willi Baumeister, habiendo escrito en el año si­
guiente una monografía sobre su
obra. Los datos estrictos sobre Wi­
lli Baumeister son los siguientes:
Nace en Stuttgart en 1889. Proce­
de de familias de pintores decora­
dores (jue dieron excelentes maes­
tros durante cinco generaciones.
Estudia pintura con Adolf Holzel.
Recibe más tarde la influencia de
la dulce Francia: Cézanne, Gauguin y Seurat, es decir, la inquie­
tud de la pintura. Ya en 1922 está
en los problemas artísticos de Fran­
cia. Han pasado los años de la
guerra, en la que tomó parte en la
aviación. La revista “L’Esprit Nouveau” reproduce sus pinturas mu­
rales y entonces se relaciona con
Léger, con Ozenfant, con Jeanneret. En 1927 expone en París. Lue­
go vuelve a exponer en 1930 y un
año antes de la guerra. Siguen di­
versas exposiciones en Alemania.
Expone en el Museo de Arte Mo­
derno de Nueva York y en el año
1935 hace su primera exposición en
Italia. Aparecen sobre su obra
grandes monografías y trabajos
que recogen importantes juicios
críticos de Grohmann, de M aldemar George, de Zervos, de George.
de Diissel, de Hildebraandt. de Lé­
ger, de Le Corbusier, etc.
Ha sido profesor de lá Kunstschule de Frankfurt y de la Kunstakademie de Stuttgart. Ha publi­
cado un libro titu la d o “ Das
Vnbekante in der Kunst
Durante la época hitleriana per­
dió su puesto de profesor, sus obras
fueron expulsadas de los museos y
destruidas. Soportó todas estas hu­
millaciones con una seren id ad
ejemplar. Terminada la guerra nos
llegan nuevas noticias sobre la per­
manencia y el carácter mredneíible de .su producción.
A puerta cerrada pintó durante
los años despóticos. Las ircpas de
ocupación descubrieron en la Gerokstrasse. 38. el museo vivo que

U

ÍU

na

Willi Bauna-istir. Composición. 1934.

Por EDUARDO WESTERDAHL
constituía la producción tenaz, de
un artista lleno de fe, de seguri­
dad en su obra-, sin pfiblico, sin
venta y sin trabajo. El hombre que
había sido una figura internacio­
nal en su país. Empezó de nuevo
la venta de sus obras, la demanda
de museos y colecciones privadas,
se le invitaba- a relatar sus años
difíciles: era como el encuentro con
un hermoso ejemplar antediluviano.
Tenemos ahora a la vista los
catálogos de sus exposiciones del
pasado año en las galerías Günther
Franke, de Munich y en la de
Ilerbert Herrmann, de Stuttgart.
No ha pasado nada, parece que no
ha pasado nada. La Günther Fran­
ke sigue en activo y el mismo bió­
grafo, el profesor Will Grohmann.
le trae de la mano haciendo de
nuevo la presentación de su pin­
tura.
Veamos ahora la obra de Willi
Baumeister. Perteneció al movi­
miento constructivo alemán. Sus
temas eran la máquina y el de­
porte. Su concepto del cuadro era
mural. Así acometió las obras de
decoración del gran Stadium de
Stuttgart. Oponía a la perspectiva

ilusoria del Renacimiento que se
perdía en la profundidad del cua­
dro con medios de prestidigitación,
un neoobjetivismo entroncado en
los primitivos y en el cubismo: de
la pared al espectador. Todo ello
dentro de la- bidimensionalidad de
la pintura, con una gran origina­
lidad técnica, dentro de medios
esencialmente pictóricos, huyendo
de la arbitrariedad y literatura
surrealista, ennobleciendo los ma­
teriales. Era como un Ozenfant:
pintor y profesor como él, como él
en la certidumbre de estar pisando
los nuevos caminos de la pintura.
Guillermo de Torre, desde la ‘‘Re­
vista de Occidente” sonó un clarín
de alarma: ¡No, es un Léger! Co­
rrían aires internacionales en el
mundo y se trabajaba en una idea
común con múltiples repercusiones.
Los años habrían de demostrar que
no se trataba de un Léger. Aunque
como De Torre reconocía estaba
bajo su influencia.
En aquella producción elemental
de sus primeros años de éxito pu­
de apreciar, por encima de la obra
lograda, la apetencia de colaborar
en una nueva ordenación: estaba

sujeto al muro, era hasta enton­
ces un pintor bajo el dominio de
la arquitectura. Pero en el año
1930 ya se observan los claros sín­
tomas de liberación.
Desde 1930 su pintura se va des­
articulando de la imitación. El
fundamento especial, reconociendo
siempre el origen de la incitación,
es el signo. Sin embargo, atraviesa
por épocas absolutamente abstrac­
tas, solventando problemas de vo­
lúmenes, de formas que se com­
pensan en un plano y establecen
progresiones rítmicas y sonoros
acordes. Las escenas de E i d o s
11938), de Gilgamesch (1942), ya
nos lo presentan en la ruta de sus
grandes destinos, con una neohumanización de tipo trascendentalista, que se confirma en su pro­
ducción de 1946 hasta la fecha con
sus Harpías y Gigantes y su uni­
verso poblado de figuras actuales,
pero en los que se acusa un poder
ancestral de hombre que trata de
dominar la violencia en torno, la
aparición maravillosa y el relato
mágico.
No es el nuevo Klee que veía
•lusti dando ál olvido “con sus ma­
ravillosos juegos los años difíciles
y los horrores de la guerra”. Willi
Baumeister viene a significar la
auténtica libertad del espíritu, el
no compromiso con otros dictados
que no sean los propios e insobor­
nables de la persona. “El no haber
establecido pactos —me dice en su
última carta— me ha colocado a
la cabeza de la joven pintura de
Alemania.”
Willi Baumeister es el técnico
que llena de poesía el cuadro. Den­
tro de leyes que ha sabido ver en
la pintura ancestral, con temas
viejos y nuevos, llenando de furor
la pared y el lienzo, con el ímpetu
de los pintores rupestres y primi­
tivos africanos, cuyas obras ha es­
tudiado y de quienes ha recibido
influencia, Willi Baumeister aco­
mete la obra dentro de un rigor
plástico inmutable, gozando de ma­
nera sensual la materia, la rique­
za desbordada del empaste, el tra­
zo humano cargado de intuición, de
vivencia.
Entre los pintores que más ad­
mira Baumeister figura el español
•Toan Miró. La preferencia desde
Léger a Miró se explica perfecta­
mente viendo el curso evolutivo de
su producción. El canibalismo de
Miró difiere esencialmente del aneestralismo de Baumeister. Miró
parte de la figura humana, posee
humor, es violento, emplea colores
puros buscando siempre la deto-

presiva de una figura cruel. La
línea reconoce a la figura humana,
pero no se puede .detener en su
copia sino que va más allá, dentro
de un concepto inventivo, siguien­
do el canto, el ritmo de un estado
de vigilia, sin abstracciones, sino
realista hasta la deformación del
objeto.
Willi Baumeister carece de hu­
mor, emplea tierras y matiza con
rosas y violetas, algunos de cuyos
colores constituyen los fondos de
sus cuadros. Juega con la línea
desenvolviéndola de manera musi­
cal. Existe en su obra la influencia
de Kandinsky y Klee. (Aquellas
suavidades, brillos pavonados y fi­
nezas de Paul Klee, insustituibles
en la pintura, tan lejanas del con­
cepto violento de Miró.) No detona.
'La línea descompone la figura hu­
mana en volúmenes con vida in­
dependiente y de figuras reales
que son se convierten en valores
autónomos estrictamente plásticos.
Terminada la guerra, destruida
Alemania, sin todos aquellos ele­
mentos de que disponía y que cons­
tituían el lujo de su sociedad y de
su burguesía, desde el museo hasta
la vivienda, careciendo los pinto­
res de lienzo y óleos, de material
fotográfico para las reproduccio­
nes de sus obras, de madera para
los marcos de sus cuadros, el ar­
senal plástico de la Gerokstrasse
ha sido la gran revelación para el
mundo. Allí está toda la fuerza
de un pueblo de técnicos y filóso­
fos que fraguaron su propia des­
trucción. Allí está el horror bí­
blico, la grandeza y la poesía del
hombre, auscultada desde Altamira a la1 Edad presente. Hombres
como nubes que son gigantes o gi­
gantes que son nubes. Grietas que
son signos y marchas bárbaras que
parecen ejércitos en campos des­
truidos si no fueran formas que
debaten sus problemas de ritmo
y substancias amorfas empapadas
de poesía y de llanto.
No hay posible huida para los
pasos del hombre de nuestro tiem­
po. Pero no hay miseria ni tutela,
no hay dictado ni propaganda, pa­
ra el hombre que lleno de antici­
paciones, de cultura, de horror y
nuevas construcciones, trata de po­
ner piedra a piedra su maravilloso
ideograma, cargado de técnica mi­
lenaria, de ancestral sabiduría acu­
mulada por la superposición de
capas históricas que no hurtan ese
latido permanente de Dionisos.
Así vemos la grandeza de la obra
de Willi Baumeister.

JUAN
PEDRO

,

yD I

Por JUAN CARLOS P A Z
J UAN
.4 Sir James Frazer.
primera vez que lo advirtió filé
L Acuando
tuvo aquel trabajo extra­
ordinario de la oficina. Se había
quedado mirando vagamente su pla­
to, y Gerónima dió el grito de alar­
ma :
—i Qué asco!
Sí, la carne olía mal. Despidieron
a la cocinera, cambiaron de carni­
cería. Pero otras experiencias con­
vencieron a Juan de que era su mi­
rada la causante del maleficio. El
mal de ojo tiene muchas formas y
poderes, y ataca de preferencia a lo
que se come y se bebe: cuando un
abisinio de calidad va a beber, un
sirviente alza una tela ante él para
preservarlo del ojo; y en Madagasear cierran las puertas y encienden
luces durante las comidas, así los ali­
mentos están a cubierto de los malos
espíritus. Pero el poder de Juan era
extremadamente violento, y le bas­
taba mirar de soslayo las comidas
para pudrirlas.
Cuando estuvo seguro de sus fa­
cultades, Juan empezó a divertirse
mucho. Tomaba pequeñas venganzas

de los proveedores agiotistas, conse­
guía a cualquier hora mesa en La
Vascongada con sólo mirar el plato
del vecino, libraba a las chicas que
vuelven de la feria de los vejetes li­
bidinosos que las hubieran seguido
durante cuadras enteras, con sólo en­
volverlas en un aura lejana de pes­
cados antiguos.
Pero las cosas empeoraban. Pron­
to los anteojos negros no bastaron.
Juan tuvo que comer a oscuras. Y
sobre los trastornos domésticos pla­
neaba la amenaza del ojo maléfico
cuyo poder iba aumentando. Prime­
ro fué la historia del conejito de
Julio, después la necrosis de la mu­
cama al devolverle un cepillo de ro­
pa. Había que acabar, sobre todo por
Gerónima. Esa noche se acostaron
temprano. No durmieron, pero Juan
cerró los ojos, defendiéndola y con­
centrándose, desde que apuntó la au­
rora. Cuando la mujer se levantó,
Juan calculó a tientas el ángulo de
la puerta del ropero de espejos, vol­
vió a la cama, pensó fuertemente en
Gerónima y abrió los ojos. Cuando
ella salía del baño, ya los gusanos
bajaban por las patas de la cama al
suelo.
( Continúe en la pág. 4.)

Reiterados desperfecto de la máquina de imprimir han retrasado la salida
de este número. Pedimos disculpas a nuestros lectores y avisadores.
L a D irec ció n

�4_______________ cabalgata
( Viene de la página anterior.)

P E D R O
A l Rey Salomón.
Siempre le había "listado la mú­
sica. De chico, Pedro se paraba jun­
to a todas las persianas con piano
del barrio, y devoraba Hanones, es­
calas y arpeados por el método W i­
lliams (según la escuela de Chopin
y Mathias) y valses criollos:
M ujer fatal que un día en mi camino
dejó caer la piedra del d o lo r...
El oído era más fuerte que todos
los otros sentidos de Pedro: lo arras­
traba literalmente. Tan literalmente
que un día que pasaba por Libertad
y Arenales y se detuvo a oír un vals
de Chopin se encontró de pronto vol­
viéndole las páginas a Elvira en la
sala.
— ¡ Caballero! —gritó ella—. ¿ Có­
mo entró usted aquí?
■
—No sé —dijo él. Y era verdad.
Se casaron y fueron felices. Pedro
encontró el mismo día a su mujer y
a la música todopoderosa, dos feli­
cidades. Su oído hiperestésico (dice
Liebermeister, en sus Enfermedades
del sistema nervioso, página 25 de la
edición española de 1890, que son
hiperestésicos “ los estados en los
cuales la impresión producida sobre
la conciencia determina cierto estí­
mulo de un nervio, mayor que de or­
dinario” ) ; su oído hiperestésico le
abría las puertas —o las paredes—
de todas las salas con música del
mundo, y todo su cuidado consistía
en no caer en la tarima al lado de
Lamberto Baldi o sobre las rodillas
de Mrs. Elisabeth Sprague Coolidge
(protectora de todos los composi­
tores con cuartetos, desde Arnold
Schónberg hasta Jacobo Ficher).
Pedro nadaba en música, en toda la
música de todo el mundo que su oído
podía sintonizar a voluntad, lleván­
dolo, de verdad “ en alas del canto”
por todo el planeta. Su alegría no
tuvo ya límites cuando, después de
un concierto que al comienzo le pa­
reció de disfraz, cayó en la cuenta
de que también podía viajar por las
músicas del tiempo.
—i Beethoven! -—gritó— . ¡ Era
Beethoven dirigiendo la novena, sin
oírla! ( ¡y qué mal la tocaban, Santo
Dios!).
Dejó la oficina. Le dieron la cáte­
dra de Historia de la Música en el
Conservatorio Municipal. Sus clases
eran un éxito de público y un placer
para él. Ni siquiera necesitaba bi­
bliografía, y le bastaba cerrar los
ojos y contar lo que había oído o lo
que oía, y lo que los otros sentidos
recibían del oído, controlándose pa­
ra no escapar del aula ante los ojos
maravillados del auditorio. Pero una
mañana el entusiasmo pudo más que
la prudencia. Explicaba la bolilla
3 (Hebreos):
—¡ Escuchad! —exclamó— ¡ El
rey David está tocando el kinnor y
danzando alrededor del Arca! ¡ Su
mujer, Micol, lo mira desde una ven­
tana y lo desprecia en su corazón!
¡ El Arca del Señor resplandece! ¡ El
Arca santa brilla como la mañana!
¡ A su alrededor están tañendo cím­
balos y jalilim! ¡Miradla crecer y
llenar la mañana y el cántico! ¡Mi­
radla. . . !
Se interrumpió bruscamente, con
los brazos extendidos, y gritó:
— ¡ He tocado el Arca! ¡ He tocado
el Arca de la Alianza!
Y cayó, muerto.
DI E GO
A María Rosa González.
Cuando murió uno de los melli­
zos, el Angel tuvo piedad de la ma­
dre.
—Joaquín debe morir —le dijo- .
Te queda Diego. Para que te con­
sueles, Diego podrá ser Joaquín to­
das las veces que lo desees. Así ten­
drás siempre a uno de tus hijos, por­
que está escrito que Diego debe so­
brevivirte.
La madre aceptó. Distribuyó el
día entre los dos, fingiéndose que
mandaba a uno al colegio por la ma­
ñana, y al otro por la tarde. El mis­
mo Diego creía que era así, porque
ninguno de los dos chicos tenía con­
ciencia de su existencia doble.
—Mamá —decía Diego— : quiero
jugar con Joaquín a las bolitas. ¡Dé­

jame esperar que salga del colegio!
—No puede ser, hijo —decía la
mamá— . Conténtate con tu balero,
y déjame coser esta blusa.
—¿Para quién es la blusa? ¿Para
Joaquín o para mí?
—Es lo mismo —decía la mamá
sonriendo—. Se la pondré a los dos.
Los grandes acontecimientos se
produjeron cuando Joaquín-Diego
cumplió los quince años. Tino fué
que la madre les reveló, por turno,
la verdad; otro que a Joaquín lo
atropelló un auto y tuvieron que po­
nerle una pierna de palo. El tercero
pasó a poco de eso. Joaquín y Diego
se enamoraron de María Rosa que,
con mucho olfato y mucha razón,
aceptó a Diego. Joaquín comenzó a
resentirse: su condición física de in­
ferioridad, su fracaso amoroso y su
vivir de limosna lo fueron trabajan­
do. La mamá sufría, pero no se re­
signaba a sacarle unas horas para
tranquilidad de todos. Un día Diego
pidió un cambio de turno.
—Es para ir al cine con María
Rosa.

una azulina junto al san­
C RECÍA
to hombre, en un cuenco de
roca — antigua yacija de berrueco
desprendido— como en un mace­
tero. Y el éxtasis vegetal de la
flor, toda en ansias de sol y de
vuelo, se confundía con el éxtasis
del santo, cuya alma pugnaba por
desprenderse en el claro infinito
del día.
Parecía Eufrasio, en lo alto del
risco, inmóvil y tostado por el sol.
un hijo de la roca; pero su cuerpo,
lejos de tener la pesadez de la pie­
dra, se había hecho tan leve que
Eufrasio lo sentía desvanecerse en
aquella atmósfera de mística sere­
nidad. El aire de las cumbres era
pura luz, y los montes navegaban
en la paz y el silencio de la hora.
Sólo en edad avanzada se dió
Eufrasio a la meditación. En su
juventud vivió con el mundo apren­
diendo cuánto el mundo puede dar
y negar, en el amor, en los traba­
jos humanos, en las comunes mise­
rias y en las ambiciones que son
colmadas o fallidas. Su madurez
fué de abnegación y servicio del
prójimo. Y sólo ahora, cuando iban
faltándole las fuerzas del cuerpo,
mientras su alma era robusta y
templada, como nunca lo fuera, se
había consagrado a las ascéticas
delicias de la soledad. Y así, la vida
del santo varón, podía ser contem­
plada como un cuadro de trinitaria
armonía en el que cada cosa tenía
su lugar, su medida y su tiempo.
Sólo le faltaba morir de una bella
muerte, escena postrera que podía
ser pintada, encima de tríptico,
como coronación de aquella exis­
tencia perfecta.
Sin formularse estos pensamien­
tos, Eufrasio los cantaba en la se­
renidad de su alma, mientras ponía
los ojos en el cielo, a la espera de
un signo que le trajese el asen­
timiento de Dios. Y, de pronto,
Eufrasio se sintió flotar por enci­
ma de este mundo que, desde las
alturas, con sus casitas en el fondo
del valle, cuyos humos se elevaban
rectamente en el aire encalmado,
y con el río hecho sólida cinta de
alinde, le pareció muy bello, y todo
él inocente, sin dolor y sin pecado;
y es que Eufrasio, por vez primera,
podía mirar la tierra desde muy
alto, purificada a través del cris­
tal neutro y frío de una gran leja­
nía.
Un instante después, el santo
varón de la1 vida perfecta estaba
bogando en el océano que hay más
allá de todos los universos posi­
bles; olas de musical transparencia
le mecían, brisas fragantes le em­
pujaban sin esfuerzo, y así, en un
estado de dicha ingrávida, iba el
santo hacia un resplandor que cu­
bría el horizonte. Blandamente, el
océano depositó a Eufrasio en una
playa, y él comprendió que era
la playa del cielo.
Yió Eufrasio a un grupo de an­
gelitos que jugaban en la arena con
bolas encendidas de unos colores
que no existen en la tierra, y fué
acercándose a ellos con palabras de
suave reclamo; pero los angelitos
huyeron de él, como hacen los niños
cuando han visto a un ser extraño.

—Nunca —dijo Joaquín a la tar­
de—. Tengo una cita.
Era mentira, y todos lo sabían,
pero Diego no dijo nada. Ni siquiera
hizo notar que el tiempo era de él,
para no entristecer a la madre. Die­
go intimó sus relaciones con María
Rosa; antes de comprometerse le
contó la verdad. Ella aceptó la si­
tuación.
—Lo hago por mamá -—dijo Die­
go—. ¡Es tan buena!
La mamá les dió quince días jun­
tos para la luna de miel. Joaquín
protestó, pero en vano; y eso lo afec­
tó más todavía.. La mamá, que se
había sentido muy sola en esos días,
también tenía una puntita de res­
quemor contra Diego, y algo más
contra María Rosa. Así que no supo
proceder enérgicamente cuando Joa­
quín se negó a vivir sólo por la no­
che —lo que tampoco les hubiera re­
sultado, a los recién casados— y em­
pezó a hacer escenas casi todos los
días.
—Tú no te metas —le decía a su

cuñada— . Tú no eres quién para
decidir.
—Es que esto no puede seguir a sí;
vo tengo mis derechos —afirmaba
ella— y todavía hay que descontar
las horas de oficina. ¿No es verdad,
señora? —agregaba dirigiéndose a la
mamá.
La mamá se callaba, pero en el
fondo pensaba que Joaquín tenía
razón. Quien mandaba era ella. Sus
hijos obedecían, y su nuera debía
callarse y aguantar. Al fin y al cabo,
ella, la madre, zurcía ropa para dos
y cocinaba para cuatro, y era la ma­
dre, al fin y al cabo. Vamos a ver,
¡ qué se había creído esa mucha­
chito ?
Mientras tanto, el Angel no las te­
nía todas consigo.
—¿Para qué te metiste? —le decía
el Gerente—•. ¿Ves que yo sé lo que
hago ?
Y las peleas de abajo (turno Joa­
quín, porque Diego era demasiado
buen hijo, y sólo sabía callarse) re­
percutían arriba:
—¡ Estaríamos buenos, si todos se

NAUFRAGIO i\

las

PLAYAS DEL CIELO
fCuento)

Por A L V A R O FERNANDEZ SUAREZ

Esta huida llenó de perplejidad a
Eufrasio, y aunque estaba en el
cielo, no pudo impedir que su alma
se entristeciera.
Poco después, avisados sin duda
por los ángeles infantiles, bajaban
a1 la playa muchos hermosos man­
cebos, y Eufrasio percibió en ellos
una actitud como de sorpresa y
cautela. Los mancebos se acercaron
al santo que los acogió sonriendo,
y de pronto sintióse paralizado,
pues ligaduras invisibles sujetaban
sus miembros. Eufrasio fué condu­
cido, de estai manera, preso, a una
ciudad celeste, y albergado en un
lugar de delicias que, no obstante
—él lo entendió en seguida— era
una cárcel.
Pidió Eufrasio ser llevado cuan­
to antes a la presencia del Señor
para justificarse ante su infinita
misericordia. Y con gran temor y
alegría por su parte, le respondie­
ron que su deseo se vería cum­
plido. Instantes después, se encon­
tró anegado en suma felicidad, y
era tanto el poder de su dicha que,
por un momento, creyóse aniqui­
lado. Pero esta' sensación total, se
dividió a tiempo —por así decirlo—en parciales sensaciones que encan­
taban la vista, el oído, el olfato, y
cada uno de los sentidos, y al divi­
dirse, la beatitud de Eufrasio se hizo
humana, soportable, posible.
Hallábase ahora el santo en una
casa como terrestre, enclavada en
medio de un jardín. Le condujeron
a una sala1 llena de sol cuya luz
era, sin embargo, más dulce y más
brillante que la de todos los soles.
En medio de la sala había una
larga mesa de madera maciza, y
junto a la&gt; mesa estaba sentado el
dueño de la mansión cuyo rostro
era la imagen misma del bien y de
la belleza, bajo los cabellos grises.
Por la estancia, loco de luz y de
alegría, volaba incesantemente un
pajarillo dorado que, de cuando en
cuando, se posaba, irreverente, en
la cabeza de su dueño. Eufrasio
se inclinó hasta el suelo pues supo
que estaba en presencia del Señor.
El Señor sonrió a Eufrasio y
había tanta bondad y tanta belleza
en su sonrisa que el santo se sintió
reconfortado, con el corazón rebo­
sante de paz y de confianza enamo­
rada, a pesar de la abrumadora
enormidad de su respeto. El varón
de virtudes oyó:
—Ven, acércate.
Y él se acercó. Y volvió a escu­
char:
—Dime, amigo, ¿quién eres tú y
cómo has venido hasta aquí?
—Señor —respondió el anaco­
reta— soy tu siervo Eufrasio y una
fuerza de amor me trajo hasta tu
presencia.
—¿Una fuerza de amor? Eso está

bien, eso está bien. Pero déjame
que haga memoria, porque creo que
no conozco a ningún Eufrasio.
El santo, estupefacto, balbuceó:
-—¿Será posible, Señor, que mis
muchos pecados te hayan hecho
olvidarte de mí?
—¿Pecados? ¿Qué son pecados,
Eufrasio? No temas. Nada hay en
mi ánimo contra ti. Lo que te pre­
gunto, lo que quiero saber, es quien
eres, a qué especie de seres perte­
neces, y de dónde vienes.
Eufrasio estuvo a punto de des­
vanecerse de pura estupefacción:
—Señor — articuló— soy un
hombre y vengo de la Tierra.
Como el Señor parecía no haber­
le entendido. Eufrasio describió la
Tierra, contó la historia de Adán
y Eva, historia de que mucho gustó
el Señor, y habló apasionadamente
del hombre, de sus padecimientos,
de sus maldades, de sus angustias,
de la sed de Dios que posee a algu­
nas almas. Y el Señor, conmovido
y haciendo memoria, exclamó:
—La Tierra. ¡ Ah, ya recuerdo!
— e hizo signo a uno de sus servi­
dores. diciéndole: —Ve al desván
y tráeme un universo viejo que
debe andar por allí.
Y el servidor fué y trajo en la
mano una máquina no muy grande,
parecida a esos artificios que cons­
truían los antiguos relojeros, lla­
mados planetarios o calendarios
astronómicos. Puso el artificio so­
bre la mesa, enfrente de donde
estaba el Señor, y Eufrasio, que era
entendido en astronomía, se guió
por la Vía Láctea para descubrir,
entre el enredijo de estrellas y pla­
netas, la patria terrenal que aban­
donara, en aquella mañana de ve­
rano. Cuando el santo hubo exami­
nado de más cerca el planetario o
cosmos, vió que estaba un poco
empolvado, con señas de abandono,
aunque seguía funcionando sin per­
der la admirable exactitud de sus
movimientos.
—¡ Y es esto el universo.. ! —
exclamó Eufrasio decepcionado.
El Señor, bondadosamente, tomó
del brazo al santo, le condujo al
balcón y, en una súbita noche mila­
grosa. le mostró el espacio.
—¿Ves? —dijo— He creado otros
universos además del tuyo.
Y Eufrasio quedó maravillado al
ver astros que no eran esféricos, ni
describían órbitas elípticas, como
sucede a nuestros mundos; aque­
llos astros tenían figuras de peces,
de medusas, de hadas, y erraban
variadamente, libres de toda circu­
lar esclavitud, bailando al son de,
una música que no era música de
las esferas sino, en verdad, música
celestial. Sus colores eran múlti­
ples, inimaginables, y no sólo blan­
cos, rojizos o apenas amarillentos

tomaran estas libertades! ¡Mira en
qué lío lo has metido a Paz, abom­
bado, que se está sin saber cómo re­
solver la cosa! ¡ Esta le enseñará a
meterse a escribir un cuento sin ha­
ber terminado de pensarlo! ¡Menos
mal que yo estoy acá para sacarlo
del mal paso!
Y efectivamente, el Sr. Gerente
me ha sugerido tres soluciones. La
más sencilla consiste en matar a la
madre (que se lo merece), lo que su­
prime automáticamente a Joaquín al
cancelar el permiso del Angel. Otra
introduce a Crimilda Godeliva. pri­
ma de María Rosa, que casa con Joa­
quín, y que después de una escena
similar a la de su homónima de Los
Nibelungos con la pulsera, le da tan
mala vida al falso gemelo que el mis­
mo Joaquín pide que termine el tra­
to para verse libre de su cónyuge.
La tercera —1a. mejor— me exime
limpiamente de toda intervención en
la historia, y como es áemasiado bue­
na para despilfarrarla como un mero
final, la reservo para el próximo nú­
mero.

como nuestros cuerpos celestes. En
cuanto a la grandeza de aquel uni­
verso. bastaba compararlo con el
pequeño juguete que seguía dando
vueltas encima de la mesa del salón.
—La maquinita donde tú nacis­
te —diio el Señor— es matemática'mente finita, como debes saber. En,
cambio esta otra que estás viendo,
Eufrasio, no podrás limitarla con
sus matemáticas.
Luego, el Señor, de vuelta a su
asiento, dijo:
—Pero nada de esto arregla el
mal de que tú eres, ante mí, inquie­
tante testimonio, Eufrasio. Escú­
chame. Yo me extrañé de tu pre­
sencia porque la verdad es que
vosotros, los hombres, no sois, por
así decirlo, mi creación directa y
deliberadamente voluntaiúa. He
creado las piedras y los árboles qu°
tienen una vida majestuosa y re­
cóndita ; pase que haya creado i
los animales que padecen el dolor
físico, pero ignoran la muerte y el
tiempo. Todo está en la mecánica ■
general y automática que rige las
cosas. Empero, no así el hombre,
criatura híbrida que, por un lado,
está sometida a las leyes de la ma­
teria, y por otro perdió su inocen­
cia natural y aspira a un mundo
propio según la justicia, sabe de
muchos dolores, padece infinitas
miserias, y anhelos que no tienen
puerto. El hombre, como tú llamas
a este ser. es un accidente inespe­
rado en mi obra. Pero yo sería muy
injusto si no le pusiera remedio...
Y el Señor quiso escuchar la opi­
nión de sus dos ilustres consejeros:
Miguel, el jefe de las milicias celes­
tiales, y Gabriel, jefe de su cancille­
ría. Miguel —rostro severo y mirada
de obstinado azabache— dijo: “ Destrúvelos. Es lo mejor”. Gabriel —
arcángel de las anunciaciones —
replicó: “Sálvalos”. Pero el Señor,
sin responder a ninguno de los dos.
parecía hablar consigo mismo:
—Yo no creé a los hombres, pero
los creé; yo no contaba con ellos,
pero con ellos contaba; y aunque
los olvidé no los he olvidado. Mi
sabiduría no está sometida a&lt; la
lógica, pues de estarlo, no sería
inextricable e infinita. Los hom­
bres fueron creados para introdu­
cir lo inesperado, lo arbitrario y el
absurdo, en la perfección excesiva
de mi obra. ¿Comprendes, Eufra­
sio ?
—No comprendo, Señor. Sólo
comprendo que ninguno de mis
hermanos goza de tu presencia y
de tu morada. Ya que es así, ^
déjame ir con ellos porque quiero
sufrir a su lado, y consolarlos.
El Señor se conmovió al escu­
char el voto de Eufrasio, y dijo a
M iguel:
—¿Ves, Miguel? Aunque no hu­
biese sino un solo hombre como
éste, toda su raza merecería ser
salvada. ¿No te parece que estás
ante el más extraño de los mila­
gros? — y añadió dirigiéndose a
Eufrasio: —Anda, hijo mío, ve en
paz.
Y Eufrasio volvió a la tierra, y
despertó encima de su roca, para
seguir meditando, porque aun no
había e?úendido nada.

�cabalgata

5

Dibujo de Torrallardona, de la carpeta de dibujos que de este artista pintor acaba de publicar “ Botella al ila r ’ ’.

EN EL ANIVERSARIO
DE R. J. PAYRO
(Viene de la primera página.)

ubérrimos. Con este infundio he­
mos alimentado nuestra vanidad; no
' comprendiendo que esta jactancia
Je nuestra buena suerte iba a terninar produciendo en nosotros un
embotamiento de la voluntad para
las grandes empresas. Quizá haya
ido porque la historia escolar la es­
cribieron los italianos. La lucha con
1indio, por ejemplo, ha sido una de
as etapas más trágicas y tremendas
le nuestra existencia. En este país,
‘anto en la época de la conquista
como en la del coloniaje, y más tar­
de la organización, todo se hace en
función devla asechanza del indio,
f esta guerra dura siglos y siglos
hasta rematar en 1880 en que se los
vence con el remington, el telégrafo
y la coraza. En esa lucha había que
mechando cada vez más allá la fron­
tera. No podemos nosotros, los ar­
gentinos de ahora, tener una intui­
ción completa y total de lo que signi­
ficaba frontera para nuestros ante­
pasados. Cuatro tipos humanos exis­
tan en esta tierra de nadie, constan­
temente retaceada, cedida, tomada,
recobrada, y de la cual Martín Fie­
rro tiene una profunda emoción
cuando Cruz le dice que mire las úl­
timas poblaciones. Es allí que se de­
baten el indio, el gaucho, el nacional
y el milico. Cuatro instituciones son
dos exponentes de ese estado de so­
ciedad: la pulpería, el fortín, el ran­
cho y la toldería. La lucha con el
indio imprime características a la
VJda nacional. Los suizos que funda­
ron la colonia Esperanza, en Santa
d^e, araban, sembraban y cosechaban,
s¡ podían, con el rifle al hombro. Y
da ciudad de Mercedes, cuna de Pavro, nace como una consecuencia de
da lucha con el indio. Su origen se
remonta a la época en que fuera ne­
cesario organizar compañías de blanl¡. ,
( Continúa en la pág. 6.)

TimiIAIlOIA
Por

TSEWTON

FREITAS

rrr»u
nos deleita y encanta más
Nada
que esa asociación de ideas que
hace brotar en nuestra memoria
recuerdos a medias apagados del
pasado, trayendo a la superficie
emociones que nos fueron gratas.
Sólo a veces d e ta lle s insignifi­
cantes, como el sonido de la brisa
de cierta tarde sobre las palmeras
de un bosque; el reflejo plateado
del agua de una cascada al sol de
una mañana, el ondular de una saya
multicolor sobre las caderas de una
mujer que camina; la risa pura y
blanca de una criatura sana; infi­
nidad de espectáculos de luz, de
línea y de sombra. ¡Ah, cómo la
vida está plena de encantos! Cómo
almacenamos en el fondo de nues­
tras memorias pedazos y pedazos
de instantes de vida de modo que
baste apenas un toque para des­
pertar un mundo de tristezas y
alegrías, alegrías y tristezas, antí­
tesis que trae en sí el sabor de vivir
en el presente las delicias o sufri­
mientos del pasado. La música y la
pintura, así como todas las artes,
son un agente poderosísimo del re­
cuerdo por su condición de trans­
portarnos a las cosas vividas tanto
como a las por vivir. Una sinfonía,
un cuadro, una novela, un poema,
un ballet, nos arrastra de un ex­
tremo a otro del tiempo-vida. In­
sensiblemente trasladamos el mur­
mullo del mar de una sinfonía de
Sibelius hacia la ensenada que nos
es familiar; mi bosque de la Ga­
licia de Colmeiro a los matorrales
diferentes que nos vieron nacer;

tipos y costumbres de una novela
a hombres y modos de nuestra tie­
rra ; y en los gestos y danzas de un
ballet descubrimos intenciones y se­
mejanzas con personas amadas. En
este poder ilimitado del arte está
el verdadero arte, su clima. Si él,
algunas veces, nos sumerge en los
tenebrosos cuartos oscuros que in­
útilmente procuramos olvidar, la
mayoría de las veces nos transpor­
ta en un manto azul de fantasías
deliciosas. Por más genial que sea
un artista, creemos que no podrá
dirigirnos la emoción, orientándola
hacia un determinado motivo. Y en
esta libertad reside tal vez la for­
ma más absoluta de perfección. La
rebeldía de quien no domina o no
admite por su parte dominio.
En la pintura, con todo, el fenó­
meno se presenta con ciertas limi­
taciones. El poder de orientación,
digamos de dirección de la idea y
del pensamiento es en este arte más
definido. Todas estas divagaciones
me vienen a la imaginación volvien­
do a ver ahora los trabajos del
pintor a rgen tin o Torrallardona.
Sus dibujos a tinta del norte Ar­
gentino, de esa región medio argen­
tina y medio boliviana. Viendo nue­
vamente sus obras me acuerdo de
infinidad de cosas que he visto y
posiblemente de otras que mis ojos
vieron pero que yo no supuse ha­
ber guardado en mi retina. Me en­
cuentro como el fotógrafo que al
revelar sus fotografías con stata
maravillado que la máquina fué
más allá, de los objetos percibidos

y recogió detalles que sus ojos no
captaron al primer golpe de vista.
En los dibujos de Torrallardona,
las figuras, el paisaje, los trajes,
y, sobre todo, el clima, el ambiente
argentino del norte, está íntegro.
Se nota en sus trabajos su vibra­
ción emocional y el deseo de con­
seguir expresivamente el motivo en
su verdadero fondo. Su trazo es
meditado y por eso mismo signifi­
cativo en su contenido, demostran­
do su carácter artístico y su ho­
nestidad. La experiencia cotidiana
que ya acumulando, regulando de
esa manera su honesta evolución
artística. Ahí están una serie de
obras de carácter documental (la
serie maternidad, donde la dispo­
sición de las figuras —madre e hi­
jo— presenta un equilibrio perfec­
to; y la de costumbres, donde se
juntan el movimiento y la gracia),
representando una cierta región,
con sus tipos y costumbres, sin em­
bargo el exterior emotivo, como ya
dije antes, es apenas pretexto para
la interpretación más delicada, fi­
na y poética.
Existe un subjetivismo en estas
líneas, en estos espacios compac­
tos, a veces tan cerrados, dentro
de las tres clásicas dimensiones,
que se llega a lamentar que estos
dibujos no estén corporizados en
el mármol, en la arcilla o en el ba­
rro. Con todo, este deseo, no per­
judica y tampoco disminuye el va­
lor de estas obras, donde la tarea
interpretativa y la técnica al trans­
poner estas escenas, no las empo­

brece, sino al contrario, se enri­
quecen pues la capacidad de To­
rrallardona de componer y ampliar
el espacio es enorme. Sus dibujos
cuyo tratamiento espacioso y sutil
se revela en cada trozo, abusan de
una técnica difícil y demuestran un
apurado gusto en el juego del blan­
co y del negro.
Pongo de relieve en esta nota el
objetivismo del artista porque a
pesar del sintetismo lineal de sus
dibujos, de la forma concisa con
que ellos están expresados, hay una
riqueza de sugerencias que nos con­
mueve. Quien viajó por esas regio­
nes que sirven de motivo a los
trabajos de Torrallardona, encon­
trará aquí en un trazo esquemático,
allí en una curva de montaña, más
allá en el rostro de una chola, todo
el clima de una región. ¡ Cuánto se
tendría que decir o escribir para
dar una idea aproximada de todo
lo que el artista vió o sintió! Para
mí, especialmente, el gran secreto
de Torrallardona se revela en esta
maravillosa síntesis que sus dibu­
jos sugieren. Pero también, queri­
dos amigos, para quien nunca pisó
esas regiones hay dentro de la ele­
gancia caprichosa de sus líneas be­
llezas incomparables. Es que Torra­
llardona es un artista que vive y
siente la realidad presente, próxi­
ma, pasada o remota. El sentimien­
to, la sinceridad, está por dentro,
por encima y por debajo de todas
las cosas expresadas en estas líneas
donde la verdad y la poesía no se
divorcian jamás.
Tal fué la impresión que me que­
dó del primer contacto con los tra­
bajos de Torrallardona, que hoy,
muchos años más tarde, volviendo
a verlos, comienzo a descubrirles
nuevas y más bellas facetas como
si ellos fuesen un diamante en bru­
to en el cual la parte que se va
labrando nos presenta fulguracio­
nes y tonalidades diferentes. Es co­
mo las aguas del m a r ... y como
las nubes del c ie lo ... y como to ­
das las cosas eternas que cuanto
más vistas más nuevas y atrayen­
tes nos parecen.

�I

cabalgata
HABLA
Los

Gr a n d e s N o v e l i s t a s
C O N TEM POR AN EO S

¡£V . - '

en' ' la colección

.

1

L a Ro s a d e l o s Vie n t o s
E N R IQ U E A M O R IN
E l p a isa n o A g u i l a r ..................
81
SC IIA L O M A SC H
L a v id a de M oisés M eln ik . . ,,,
E l re g re so de J a im L e d e re r „
C ondenado a m u e rte ............. ,,,
V IC H I B A UM
V id a 3 sin m iste rio ...............
„
H e le n a W ilfiic r ...............................
L a a g u ja r o j a ...........................
,,
S e n te n c ia s e c re ta ............ \ . ,,,
E l ú ltim o d ía ...........................
„
R eto rn o a l am a n ec e r . . . .
,,
E l g ra n in te rv a lo ..................
,,
P I E R R E B E N O IT
L a A tlá n tid a ..................................
D A V ID B E R G U E L S O N
E l rig o r de la ley .................. , ,
LE O N B LO Y
E l d e se sp e ra d o .......................
„
C a rta s a V e ró n ic a .................. ,,
C a rta s a su n o v i a ........................ .
JO H A N B O JE R
L os e m ig ra n te s ...............................
F R A N C IS B R E T H A R T E
E n la v ie ja C a lifo rn ia
...
„
JE A N C A SSO U
L a llavo do los sueños . .
,
L O U IS F . C E L IN E
E l v ia je al fin de la n oche . . ,,
J O S E P H CONRAD
T ifó n .............................................
„
IL Y A E H R E N B U R G
L a c o n sp ira c ió n de los ig u a le s ..
J u lio J u r e n ito .y su s d iscípu-

L a a p a ric ió n de C uentos p a ra u n a
in g le s a d e se s p e ra d a señ a la ro n en su
a u to r, E d u a rd o M allea, a u n fu tu ro
v a lo r de la s le tra s a rg e n tin a s, m é­
rito que se e n ca rg a ro n de c o n firm ar
H is to ria de u n a p a sió n a rg e n tin a ,
L a c iu d a d ju n to a l río inm óvil, L a
b a h ia de silencio, N octurno europeo,
e n tre o tra s p iezas lite ra ria s de su
c reación.

3.50
4.—
4.—
3.80
4.—
4.50
3.50
5.—
3.50
3.50
5.—

P u e d e a firm a rse , sin el m enor rie s ­
go, que es uno de los n o v e listas a r ­
g e n tin o s que m ás lecto res c u e n ta en
e sto s m om entos.

4—

MZON V SENTIDO DE LOS PERSONAJES
DE SUS NOVELAS PROXIMAS

5.—
6.—
4.—
4.—
5.—

• Temas y otras cosas.

3.50

• Traducido al portugués
e italiano.

4.—
7.—
3.50

• Su sistema de trabajo.

4.—

JE trajín continuado que desarrolla des_ de su puesto de jefe de las páginas
literarias del diario " L a Nación” nos
impide charlar ininterrumpidamente con
Callea, como hubiera sido nuestro común
deseo.1Empero, el exitoso ensayista de El
sayal y la púrpura se prodiga en su afán
de satisfacer la curiosidad de los lectores
de C a b a l g a t a , y , mientras despide afable­
mente a un poeta, o echa un vistazo a los
originales prontos a marchar a los talleres
de la imprenta, nos sonríe, al par que se
dispone a responder cordialmente.

5.—
L IO N F E U C H T W A N G E R
E l ju d ío S ü ss ............................
„ 7.—
LEO N HA RD FRANK
S a g ra d o y p r o f a n o ......................... 4.—
FE D O R G LA D K O V
E n e rg ía (2 to m o s) ...............
„ 8.—
N IC O M E D E S G U ?M A N
L a san g re v la e sp e ra n z a . . „ 7.—
D A S H IE L L H A M M E T T
E l h a lc ó n m a lté s ............................ 4.50
JA R O S L A V H A S E K
E l b u e n soldado S chw eik .
,, 7.—
J O S E P H H E R G E S H E IM E B
„ 5.50T am pico .....................................
IL Y A IL F y E . P E T R O V
L a a v e n tu ra de la s 12 s illa s ,, 6.—
E l b e ce rro d^ o ro ..................
„ 6.—
E R IC H K A S T N E R
F a b iá n - H is to ria d e un mo­
r a lis ta ............................................ . 4.—
G IN A K A U S
T ra n s a tlá n tic o .........................
„ 6.—
LE O K IA C H E L I
U n ald ean o de G eo rg ia . . . .
„ 4^50
JA C Q U E S D E L A C R E T E L L E
S ilb erm an n ................................
,, 3.50
O L IV E R LA FA R G E
M uchacho R isu eñ o ...............
,, 4.—
L E O N ID A S LEONOV
E d ific a c ió n ................................
,, 6 —
S IN C L A IR L E W IS
D o d sw o rth
. . ............................ „ 7.50
A nn V ic k e rs ...........................
„ 11.—
V IC T O R IA L IN C O L N
L a c o lin a F e b r u a r y ...............
„ 5.—
JA C K LONDON
J o h n B a r l e y c o r n ............................. . 4.50
U n a h ija de la s n iev es
...
„ 5.—
Colmillo B lanco ......................
„ 4 .—
M a rtín E d é n ...........................
„
7.50
L a d a m lta de la casa g ra n d e „ 5.50
El v alle de la lu n a ...............
„ 9.—
E l m exicano ..............................
„ 4.—
E l m o tín del “ E lsin o re ” . . „ 7,— .
P IE R R E MAC ORLAN
E1 m uelle de la s b ru m a s . . ,, 3.50
A N D R E M ALR A U X
E l tiem p o del d esp recio . . ,, 3.50
L a v ía r e a l ........................................ 4.—
H E IN E IC H M AN
E l A ngel A zul .........................
„ 4.—
L a s d io sas . D ia n a ............
„ 5.—
L a s d io sas - M in erv a . . . .
,, 5.—
L a s d io sas - V en u s ............
,, 5.—
TH O M A S M ANN
L a m u e rte en V en ecia . . . .
„ 4.—
Tonio K ro g e r ...........................
„ 3.50
M ario y el h ip n o tiz a d o r . . .
,, 3.50
C onfesiones d el a v e n tu re ro
„ 3.80
F é lix K ru ll ...........................
R E N E M ARAN
B a tu a la ........................................
„ 3.50
P IE R R E y P H I L I P P E TH O B Y
M A R C E L IN
C an ap é V erd e ...........................
,, 4.—
M A R K T W A IN
U n y a n q u i en la c o rte del
re y A rtu ro ...........................
„ 5.—FR A N C O IS M A U RIA C
,, 3.50
E l d e sie rto d el am or ..........
E l río de fuego ......................
„ 3.50
A N D R E M A U R O IS
L a lib e ra c ió n . .......................... „ 4.—
R O B E R T N A TH A N
R e tra to de J e n n i o ........................ . 3.50
L a m u je r del obispo
4.—
P A U L N IZA N
L a c o n sp irac ió n ....................
,, 4.—
L IA M O’F L A H E R T Y
E l d e ls to r ................................. ,, 4.50
0. HENRY
L e s c u a tro m illo n es ............
,, 4.—
B O R IS P IL N IA K
E l año d esnudo ......................
„ 4.—
RAYM OND R A D IG U E T
E l d iab lo en ol c u e r p o ............... 4.—
G U STA V R E G L E R
L a p a ió n de J c s s F r itz . . ,, 4.—
G R A C IL IA N O RAMOS
In f a n c ia ......................................
,, 4.50
M A U R IC E R O STA N D
E l h o m b re que yo m até . . „ 3.50
J O S E P H R O T II
L o s cien d ía s ...........................
,, 4.—
A R T H U R S C H N IT Z L E R
E L re to rn o de C asanova
. ,, 3.50
RAM ON J . S E N D E R
L a e sfe ra ...................................
„ 7.—
FR A N Z E M IL SIL L A N P A A
S a n ta M ise ria ................................. 4 —
JO H N S T E IN B E C K
L a s p ra d e ra s d el c i e l o .............. . 4.50
E l p o n y co lorado .................. ,, 3.50
W A N D A W A S S IL E V S K A
L a p a tr ia ....................................... . 4.50
FR A N Z W E R F E L
P rim a v e ra en otoño ............
„ 3.50
M. C O N STA .N TIN -W EY ER
U n h o m b re se aso m a a su
p a sa d o ............................................ . 4.—
B E N A M ES W IL L IA M S
U n a m u je r e x tra ñ a ............. „ 10.—
M IG U E L ZO SCH EN K O
L o s d ía s d e n u e s tr a v id a . .
4 .—

JOHN DOS

y

en

I

EDICIONES

SI GLO V E I N T E
Soc. Resp. L tda. - Cap. $ 100.000 1
JUNCAL 1131 — T. A. 42 - 8011
Buenos A ires
Solicite catálogo general.

pa sso s

( Viene de la primera página.)

o

En todas las buenas lib rerías

EDUARDO
M AL L EA

i

\

durante la segunda guerra, en Es­
paña, en el Pacífico— con un míni­
mo de interferencia por parte del
autor. Dos Passos es paciente y hu­
milde ante los hechos. Nunca toma
un partí pris. Su ideología se es­
fuerza siempre por ser comprensiva.
Creo que es socialista; lo que quiere
decir que aborrece las tiranías y
crueldades impersonales de nuestra
maquinaria industrial.
El pasar de estos libros políticos
a Manhattan Transfer o V.S.A. es
como pasar de Edgar Bergen a
Charley MeCarthy ( ,un popular
ventrílocuo norteamericano y su mu­
ñeco), porque la criatura es mucho
más viva y llena de color que su
creador. Pero hay que hacer una
distinción entre Manhattan Trans­
fer y las obras posteriores. En Man­
hattan Transfer hay mayor propor­
ción de descripciones y se ha dado
rienda suelta al elemento “ estéti­
co” . Aunque en vez de figuras pin­
torescas y paisajes españoles (como
en Rosinante the Road Again, Bo­
cinante vuelve al camino), en vez
de una belleza convencional, lo que
se nos ofrece aquí son sensaciones
que, por su fealdad o violencia, ha­
cen retroceder al esteta. O, si el
conjunto del escenario urbano es
“ bello” , las cosas que lo constitu­
yen son repelentes o vulgares. El
artista comprende que el mundo es
áspero y crudo y compone su sinfo­
nía con tonos crudos y ásperos. Ve
que el mundo se ha convertido en
algo mecánico y, con formas mecáni­
cas, construye su significativa com­
posición.
Y lo hace igualmente al describir
la vida como su marco material. La
vida le parece caótica y, por eso,
compone su “ melodía del caos” . La
encuentra fragmentaria, discontinua
c inconclusa y, así, su “ abstracción”
está hecha de fragmentos y estimula
la imaginación con el patetismo de
lo inconcluso. El corazón declara que
el refinamiento de los sentimientos
es condición de la vida del espíritu,
y el artista responde colérico, pin­
tándonos almas vulgares e insensi­
bles.-El sentido moral exige que los
hombres se unan entre sí por lazos
sociales; pero la ironía del artista
nos los muestra unidos por los ne­
gocios, el cuerpo de bomberos y la
limpieza de la ciudad. La mente an­
hela una dirección en el proceso so­
cial ; el escritor nos describirá una
gran ciudad donde las multitudes
no obedecen otras directrices que
(Continúa en la página S)

Es lógico que nuestra avidez de asuntos
literarios se encaminen hacia la pregunta
inicial obligatoria a todo escritor, inqui­
riéndolo sobre su obra futura, o en prepa­
ración, y a ello nos responde Mallea, al
par que su cigarrillo obra a la manera de
barrera transitoria entre nosotros.
—Espero —nos dice— que aparezca este
año, y en los meses inmediatamente veni­
deros, el producto de tres años de labor.
Si no todo él, por lo menos gran parte.
—¿Con qué comenzará?
—Con una novela que publicará dentro
de poco la Editorial Sudamericana. Se
tra ta de un volumen perteneciente a un ci­
clo o breve sistema de novelas que comenzó
en Las Aguilas y que trata el desarrollo
conjunto no solamente de una familia de­
terminada, sino —en una especie de cir­
cuito, órbita o descripción anular— de al­

gunos personajes laterales o caracteres tímás que un aspecto de cierto ciclo y este
picamento vinculados a esa familia.
ciclo una mera porción de cierto cuadro
—jCoordinadas o autónomas?
do obra¿. sin cuyo completamiento no me
—Será, en suma, un juego de novelas^? sentiré tranquilo.
autónomas que, si bien íntimamente coor—¿Trabaja en forma regular?
dinadas, pueden ser leídas independiente-)
—El trabajo principal do un escritor no
mente en sus distintas unidades.
reside, naturalmente, en el acto material
—¿Alguna otra novedad?
de redactar, sino en la operación, infinita­
—En seguida de esa novela principal del
mente más delicada, de ordenar los aspec­
sistema —a aparecer, como digo, dentro
tos concatenados en que se extiende el sen­
de unos meses— pienso publicar otra no­
tido general o intimo de esa obra de con­
vela, esta vez breve, do asunto e inspira­
junto a cuya composición concurren, con
ción propia, que nada tiene que ver con la
sus notas no siempre visiblemente traba­
serie anterior, pero que también está ya
das, muchos libros diferentes. Yo dedico
terminada y lista para ir a la imprenta.
gran parte de mi tiempo —aparte de las
—¿Podría adelantarnos algo de lo que
cinco horas de trabajo cotidiano en el libro
contiene esa novela que va a salir en pri­
que me ocupa— a la preparación y estudio
mer término?
de esas líneas generales. Y así van nacien­
—Es un libro ya escrito y que pronto
do, con su diferente suerte y su diferente
estará err manos de los lectores. ¿ Qué quie­
tono, los libros que se insertarán gradual­
re que le anticipe yo si ya la obra saldrá
mente en el conjunto, y que en realidad
a explicarse o a naufragar sin explicación
no reservan su verdadera y tal vez más
que valga por su propia cuenta?
patento voz sino para el concierto o ajuste
—Pero, descartado esto, algo puede sa­
del todo.
berse de su argumento. . .
—¿Qué sistema de trabajo tiene?
—El libro tiene tres partes y resume
—Por las mañanas escribo desde muy
el combate de un personaje por alcanzar
temprano. Por las noches leo, preparando
en términos espirituales, a construir una
materiales para el día siguiente. O bien
obra equiparable a la que construyó su
tomo notas.
abuelo en términos materiales. Pero toda
—¿Qué obras suyas se están traduciendo
la construcción se realiza en el dominio in­
en estos momentos?
terior —no en la vida práctica y concreta—
y significa, por consiguiente, el intento de
—José Lings do Regó ha prologado y
dar valor a cierto desposeimiento, por par­
traducido Todo verdor perecerá para la
te del protagonista, que se incorpora atri­
colección Nobel de la editorial brasileña
butos aparentemente pobres, por que son
O Globo, y la casa Bompiani, de Roma
en realidad lo contrario de tal.
ha contratado, para su versión italiana, lo
misma obra, después de haberme pedido
—Le manera que es la historia. . .
la opción para todos mis libros.
—En cierto sentido, de la vuelta de un
hombre a ciertas obligaciones relevantes
Ha terminado nuestra cordial misión, y
después de los extravíos o decadencias
mientras Mallea hojea despaciosamente
operados en su casa familiar. La vieja ca­
las páginas de C a b a l g a t a que hemos pues­
sona de Las Aguilas, ya asaltada, devora­
to en sus manos, las campanadas de un
da por el campo, es un protagonista más
reloj cercano nos indica que le restamos
de este libro, en el que se desarrollan pe­
más tiempo del propuesto. Apretones de
ripecias colaterales donde participan un
manos, sonrisas, y Mallea vuelve al silen­
cúmulo de personajes e ideas en cuya macio de su despacho de la calle San Martín
tización he puesto el máximo de esfuerzo.
donde proseguirá infatigablemente su la­
—¿Queda así terminada esta serie?
bor al servicio de las letras.
—Aunque consagré a este libro un tra ­
bajo por momentos agobiador, no es nada
O. B .

i

EN EL ANIVERSARIO DE R. J. PAYRO
( Viene de la página anterior.)

dengues para defender la frontera
de Buenos Aires de las incursiones
del infiel. De las tres compañías que
se crearon en 1752, la llamada “ Va­
lerosa” fué destinada al paraje co­
nocido por “ Laguna Brava”, más
allá del pago de Lujan. Cuando Pay-

ró nació en Mercedes hacía apenas
dos años que había sido declarada
ciudad . En otras épocas, cuando na­
cía un ser humano se buscaban en el
cielo las señales de su destino; pero
sería más lógico pensar en un desti­
no telúrico, en la existencia de una
escritura garabateada por los vientos

¡ l i l i II A I R A IBS HBRIS
E n su nú m ero 0, volum en e x tra , la C olección C risol, de M anuel A guilar, E d ito r,
p u b licó , b a jo el títu lo de A m or e h is to ria en el lib ro , dos de las o b ra s m ás s ig n ific a ­
tiv a s, de to d a s las épocas, a cerca de los lib ro s. T rá ta s e del F ilo b ib lio n (m u y herm oso
tra ta d o so b re el am or a los lib r o s ), p o r R ic ard o de B u ry , y N egro sobre b lanco (b rev e
h is to ria de la e s c ritu ra y el lib r o ), p o r M. Ilin .
D e e sta edición, b ellísim a, im p resa so b re p a p el b ib lia , ene. en p ie l y d o ra d a a
fuego, ta m a ñ o 6,5 x 8,5, con n u m e ro sas ilu stra c io n e s, nos es g ra to hoy re p ro d u c ir un
fra g m e n to que dice do la b elleza que e n c ie rra n la s p á g in a s, im p e re c ed e ra s, de R icard o
de B u ry :

Be cómo los libros deben ser ‘preferidos
a las riquezas y a los placeres.
p u e s la m e d ita c ió n m om en
d a n p o r d e b ajo de la v e r
O I se ju z g a a c e rc a d el vatá n e a so b re la s v e rd a d es
^
lo r de u n a cosa según d a d . P e ro los lib ro s sa g ra
dos c o n tie n en y co n serv an ex am in ad a s, c o n tin u a d a poi
el g ra d o en que es am ada,
la v e rd a d ; es m á s: ellos u n acto de la in te lig e n c ia, no
el p re s e n te c ap ítu lo dem os
s u fre in te rr u p c ió n a lg u n a
t r a r á que el v a lo r de los m ism os son la v e rd a d es
lib ro s es in e fa b le ; pero ello c rita (p resc in d ie n d o de su P o r esto los lib ro s parecen
de n a d a s e r v irá a l le c to r e s tr u c tu ra m a te ria l, que es s e r los m ás In m ed iato s ins
tru n ie n to s de la fe lic id a d es
in d e p e n d ie n te de su co n ten í
p a ra s a c a r u n a con clu sió n
p e cu lajiv a . A ristó te le s, v e r
p ues n o so tro s no nos s e r­ d o ). P o r todo ello, la s r i
vim os do d e m o stra cio n e s/ en quezas, do c u a lq u ie r especie d a d ero sol de la v e rd a d f í­
que sean, e stá n p o r d eb aje sica, concluye en su elección
c u estio n e s m orales, aco rd án
de los lib ro s, incluso la cla­ do m étodos que es p re fe rí
donos de que A ris tó te le s,
en su E tic a 1 y en su M e­ se de riq u e z a m ás e stim ab le : b le filo so fa r que e n riq u e ­
la fo rm a d a por los am igos cerse. A unque en el lib re
ta fís ic a 2 , p ro c la m a el he
cho de que el ho m b re busca como lo c o n firm a Boecio en te rc e ro de su T ópicos conce
el segundo lib ro de su De d a que la ne ce sid a d puede
la c e rte z a según le p id a la
n a tu ra le z a de la cosa que co n so latio n e p h ilosophiae. A o b lig a r a l in d ig e n te , según
la s c irc u n sta n c ia s, a p re fe
h a y a reconocido. N i CicerÓD p e s a r de ello, A ris tó te le s
r i r la fo rtu n a a la filo so fía
p re fie re la v e rd a d de los li
a rg u m e n ta apoyado en E u
Si se re c u e rd a , como pro
b ro s , so b re todo c o n sid e ­
elides, n i este últim o basa
su a u to rid a d en el sabio
ra n d o que la s riq u e z a s no bam os en el c ap itu lo p rece
dente, que los lib ro s c o n sti
p a re ce n te n e r o tro objeto
rom ano. C ie rta m en te, nos
o tro s nos esforzam os en
que el s e rv ir de su ste n to a? tu y e n el m ás cóm odo de lot
c o n v en cer de que y a sea por cuerpo. Se p uede d e cir con m a e stro s, se c o n v en d rá sin
c
e rte z a que la v e rd a d de los g ra n d e s esfu erzo s que m ere
la lógica, y a p o r la re tó
lib ro s es la p e rfe c ció n dv cen el am or y la c o n sid e ra
ric a , en u n a n a tu ra le z a in
ción d e b id a a los profeso
m a te ria l, en la que el e sp í­ la ra z ó n , la c u al es, h a b la n
r itu — que es el am or— nc do con p ro p ie d a d , “ el bien re s . P o r fin , como tod o s los
hom bres, p o r in s tin to , de
d
el
h
o
m
b
re
”
.
E
s
p
o
r
dem
ás
puede e n g e n d ra r m ás que e?
sean a p re n d e r y g ra c ia s r
am or, los lib ro s d eben ser ev id e n te que p a ra el hom
los lib ro s podem os a d q u irir
e stim ad o s sobre to d a s las b re que se sirv e do su r a
zón
los
lib
ro
s
d
e
b
en
serle
la
cien cia de la v e rd a d ,
riq u e -a s
y los p la c eres
m ás e stim ab le s que la fo r
c ie n cia p re fe rib le a to d a s
c u a le sq u ie ra que ésto s sean
Y esto, en p rim e r lu g a r, tu n a , p ues lo que p ro te ja la s riq u e z a s, ¿ q u ié n es e1
p o rq u e los lib ro s e n c ie rra n la fe con m ás firm eza, lo ho m b re que, obedeciendo í
m ás s a b id u ría de la que los quo s irv a p a ra p ro p a g a rla u n a ley n a tu ra l, no e s tá ob
m o rtale s p u e d an coñcebir. Y m ás y p a ra a n u n c ia rla con sesionado p o r la p a sió n de
la s a b id u ría m e n o sp rec ia las m ás c la rid a d , es lo que m ás los lib ro s ? A unque veam os
am ado debe s e r p o r el ere
que los p u e rc o s d e sd e ñ a n
riq u e z a s, como se dem ues
y e n te . E v id e n te m e n te que la s p e rla s, el sen tim ie n tc
t r a en el p re s e n te capítulo
A ris tó te le s, al p la n te a rse en N u e stro Señor, con el de­ del sab io no so debe a lte ra r
p o r ello y debe re c o g er las
el lib ro I I I “ A cerca de los signio de h a c e r n o ta r la
v e rd a d e sc rita en los lib ro s
p e rla s que se le ofrecen.
p ro b le m a s” (P ro b le m a déci
m o) la sig u ie n te c u estió n : resp o n d e a l te n ta d o r p a ra U n a b ib lio te c a re p le ta de sa
“ ¿ P o r qué los a n tig u o s que d e sh a c e r su a rg u m e n ta c ió n : b id u ría es m ás p re c io sa que
en la s academ ias y juegos “ E s tá e sc rito ” 4. E n fin , n a
to d a s la s riq u e z a s, y n a d a
p ú b lic o s o to rg a b a n recom ­ dio d u d a que la d ic h a está p o r m uy a p ete c ib le que sea
c o m p a rá rse le .
A sí
p e n sa s a los m ás capaces p o r encim a do la s riq u e z a s; puedo
no to m a b a n en c u e n ta la pero p re c isa m e n te la dicha q u ie n q u ie ra que s ie n ta en s '
c
o
n
siste
en
la
c
o
ntem
plación
s a b id u r ía ? ” , la re su elv e a^í:
u n a a r d i e n t e p re d ile c ció n
do la s v e rd a d es de la sab i
“ E n los e je rc icio s g im n ás
p o r la fe lic id a d , la s a b id u ­
tico s el p rim e r prem io es d u ría p o r m edio de la in te
ría , la c ie n c ia e incluso la
s u p e rio r a la h a z a ñ a re a li
lig en cia, o p e ra ció n de la fa
fe, debe s e n tirs e ir r e s is ti­
zada. Y como en to n ces se c u ita d m ás noble y elevada b le m e n te a tra íd o p o r los
co n cu erd a, en d e c ir que la quo poseem os y que es, se ­ lib ro s.
s a b id u ría e stá p o r encim a gú n el p rín c ip e de los filó
do la s riq u e z a s y los p la ­ sofos, A ris tó te le s, en el l i ­ 1 A R IS T O T E L E S : E t i c a
c e re s .”
I, 8.
b ro IV de su E tica , a Nicó
E l Ig n o ra n te n e g a rá que maco, la m ás de le cta b le d r 2 A R IS T O T E L E S : M eta físi
la a m is ta d sea p re fe rib le r to d a s la s o b ra s d esp u és de
ca, I I , 3.
la fo rtu n a , au n q u e el sabio la v ir tu d ; y a ñ ad e que, por 3 Z o ro b ab e l: J u s to del An
lo a te stig ü e así. S in em bar
su p u re z a y solidez, la filo
tiguo te sta m e n to , que re s
go, el filó so fo v e n e ra la so fia es la fu e n te de adm i
ta b le c ió el tem plo de J e
v e rd a d p o r encim a de la ra b ie s p la c eres. L a contem
ru sa ló n (L ib ro de E s d ra s
a m istad , y el Justo Zoroba- p la c ió n de la v e rd a d no es
III).
b e l 3, la v a lo ra so b re todas p e rfe c ta m ás que cuando se 4 E van g elio de S a n M ateo
la s cosas. Los p la c eres que
h a ce a tra v é s de los lib ro s
c ap ítu lo IV , 4.

en los pastos. Y Payró fué un escri­
tor argentino que nació con todos los
signos auténticos de su tierra. Y si
Hernández escuchó el violento reme­
són de la indiada y de la derramada
soledad del desierto, Payró habría de
escuchar el rumor del crisol de las
pasiones, en la política p u e b l e r i n a ,
en la lucha por el pan, en la ávida
conversación de los personajes que
la vida echa por los caminos.
De Payró puede decirse lo que
Chesterton dijo de Dickens: “ tenía
la llave de la calle” . ”Tuvo la llave
de la calle desde muy pequeño ’’. Te­
nía siete años de edad cuando hizo
el descubrimiento de la ciudad. Vea­
mos cuál es ese Buenos Aires que
Payró puede conocer en 1874. Es
indudable que los hechos y circuns­
tancias del ambiente y de la época
actúan por osmosis en la formación
espiritual de los seres. Los episodios
de más intensa dramaticidad impri­
men un sello indeleble en la memoria
de los niños'. Con lo visto y oído
cuando tenía siete años, Defoe, el
autor de Robinson Crusoe, escribiría
más tarde, el Diario de la Peste en
Londres, uno de los libros más inten­
samente trágicos que tiene la litera­
tura europea.
Desde pequeño, el Giotto dibuja
la forma de las nubes en las piedras
y Benvenuto Cellini veía formas hu­
manas en los bloques de Carrara aun
no tallados. Era niña Harriet Beecher Stowe cuando vió cómo eran
flagelados y castigados los negros en
las plantaciones, y con esos detalles
habría de escribir, andando el tiem­
po, La Cabaña del Tío Tom, uno de
los libros más famosos de la litera­
tura norteamericana. En su afán de
instruirse y formarse una cultura,
Sarmiento sufre en carne propia,
desde muy pequeño, todas las falen­
cias que la instrucción primaria te­
nía en su época; ello le llevaría a
ser apóstol, el más apasionado de la
educación y de la enseñanza en nues­
tro país.
Roberto J. Payró llegó a Buenos
Aires en 1874, a los siete años de
edad, y estaba al cuidado de su tía ;
había quedado huérfano de madre
hacía poco. Las escapadas del peque­
ño Roberto formarían las experien­
cias de vida del futuro escritor. El
pequeño mercedino, llegado de los
aledaños de la vastedad, de junto a
la tierra de nadie de la frontera,
siente asombro por la gran aldea con
sus trescientos mil habitantes. El ce­
der la acera a las señoras, modalidad
netamente porteña, era una conse­
cuencia del estado de la vereda y el

1
-j

|

¡

.

�cabalgata
riesgo que había de irse abajo hacia
la calle honda. Para andar por las
veredas había que practicar un ver­
dadero alpinismo. Setenta años atrás
Buenos Aires era una ciudad tan fea
como Londres con sus calles largas,
encajonadas; sus desagües, se decía
con mucha gracia, en esa época, e s ­
taban a cargo de dos ingenieros bra­
sileños: el viento y el sol. Las aceras
altas: la calle allá abajo con verda­
deros precipicios. Todavía de esos
años son los viajeros ingleses los que
nos hablan mejor de nuestro país,
por lo menos, con mayor veracidad.
Es pintoresca la descripción que del
Buenos Aires del 70 nos hace Ri­
chard Burton, que llegó a Buenos
Aires a bordo del “ Y i” . Las aceras
desniveladas, viscosas después de un
aguacero, con laderas de precipicios,
terminaban en las «¿quinas con tres o
cuatro rudos escalones que ofrecían
como apoyo un viejo cañón. Para
cruzar las calles había puentes. Tria
de las calles más hondas era la inter­
sección de las calles Florida y Co­
rrientes, en donde más de un tran­
seúnte se rompió algún hueso al caer
al fondo. El pequeño Roberto, al lle­
gar a la ciudad, fué acuciado por la
misma curiosidad que Richard Bur­
ton; pero no tiene edad ni condicio­
nes para comparar como el inglés.
Escenas y tipos callejeros impresio­
naron para siempre la sensibilidad
del muchacho. Los carros de dos rue­
das pasaban a Barracas al Norte con
lana, cuero seco, caña, madera, leña
y otros renglones de corralón. Los
tranvías, en la Avenida Santa Lucía,
eran arrastrados por dos cuarteado­
res. Y después los tipos humanos.
Las cuarteadores compadrones y di­
characheros, ídolos de las chinas, de
gorra requintada, de visera para
atrás y clavel a la oreja. El pescador
italiano recién llegado que baritoneaba su mercancía; los pajueranos que
se desparramaban por la ciudad en
ocasión de las fiestas patrias. Y aquí
el aguatero, el tipo más popular de
los suburbios, y las gloriosas reli­
quias de la independencia, y los
grandes patricios que a veces apa­
recían por las calles seguidos de la
admiración de los transeúntes. Es
así cómo el padre mostraría al pe­
queño Roberto al General Mitre. El
recuerdo de la gran ciudad aldeana
tiene el color del resplandor de los
picas de gas, el rumor del bordoneo
de las guitarras de los cuarteadores,
un suave aroma a espinillo, el único
perfume que usaban las criollas pa­
ra aromar la ropa blanca guardada
en las cómodas profundas. Pero los
vientos del odio corrían por las inse­
guras calles de la ciudad. Todo es­
taba confundido en esa tromba de
violencia y de lucha; los hechos más
contradictorios y antitéticos forma­
ban la vida de la nación en esos mo­
mentos : la lucha con los indios, el
fraude que llevaba a los hombres a
los campos de batalla, provincianos
y porteños que habían substituido a
unitarios y federales. Payró había
oído hablar desde chico del fraude
electoral, de las mulidores en polí­
tica. de las patrañas electorales, de
los infundios de los comicios, que
formarían más tarde los elementos
esenciales del espíritu y de la men­
talidad de ese exitista que fuera el
protagonista de Divertidas Aventu­
ras del nieto de Juan Moreira.
FIX

E .1E R C IC I 0 S O R R E
T I R E S I A S
( Viene de la //finiera página.)

mente el pantalón y las botas des­
preciando a último momento a
Rackham. Si hubiera combatido
como un hombre —así lo acusó—
no se vería colgado como un perro.
Fui Mary Read, otra irlandesa que
integró una tripulación pirata pro­
vocando y venciendo como buena en
más de nna riña marinera de ma­
chete y pistola. Fui también Porcia
y Absalón, juglar y mago.
Puedo multiplicar los ejemplos
basta el tedio, pero me detendré en
el último porque es una de las po­
cas ocasiones en que la calamidad
(la muerte) final que mi sino bus­
ca, es un justo castigo.
Para Catalina, hermosa mucha­
cha que vivió en un pueblito de la
Baja Sajonia, el amor fué una pa­
sión furiosa que no conoció límites
ni reflexiones. Mintió y calumnió
para conseguir el objeto amado.
Tampoco le importó condenarse y
morir sin confesión, pero fué en
vano. Seductora y sobre todo muy
sensible al placer de agradar a los
hombres, soñaba con ser una espe­
cie de Semiramis. Se libraba en
sü imaginación a incontables impu­
rezas donde los que habían servido
a su lujuria eran degollados y se­
pultados luego en magníficas tum­
bas construidas con ese fin. No
sintió ni la virtud ni la inocencia
y comenzó ejercitando su perver­
sidad sobre el vicario del pueblo
a quien atrajo simulando éxtasis
durante los cuales se expresaba en
un latín corrompido, y acordán­
dole luego gracias excesivas y aun
las pruebas últimas- del amor.
Los talentos del vicario habían
descubierto en Catalina serias con­
diciones para el amor místico pero
como se sintió atraído, decidió veri­
ficar de una manera bastante par­
ticular tan raras aptitudes. Mien­
tras se bailaba entregada a sus
oraciones, deslizaba el vicario su
mano por la nuca de la muchacha.
Si esta reaccionaba o exhibía el
calculado pudor, la acusaba de
escaso fervor religioso y excesivo
apego a las cosas mundanas, pues
nada bueno es el estar tan atento
a las sensaciones del cuerpo. La
pertinacia del vicario fué premia­
da. Logró su propósito y Catalina
j a no se dió cuenta de sus disfra­
zadas caricias.
Un día yo, Tiresias, llegué al
pueblo bajo la forma de un atra­
yente personaje. Ale presenté como
un volatinero pero mezclando a las
habituales pruebas con pájaros y
flores cosas dignas de mis privi­
legiados dones. Ale llamé Absalón
y en verdad merecía tal nombre
pues como las del hijo de David,
mi rubia cabellera' y mi barba riza­
da y hendida pesaban seguramente
más de ocho onzas. Ale gustó el
pueblo y deseé quedarme largo
tiem po inventando distracciones
para sus buenas gentes. Practicaba
la aquitomaneia o sea la adivina­
ción del porvenir por medio de
agujas, colocando doce de ellas en
un plato sobre el que derramaba
desde cierta altura clarísima agua.

C aballo
omo

i
i

■
J

por ALFRED EINSTEIN

g
g
I
I
8
¡
I
I
I
I
8

p L U C K d is fru tó del p ri
I
v íleg io cA8i ú u iro de
”
in flu ir d ire c ta m e n te , al
mismo tiem po, so b re la s tre s
g ra n d e s escu elas m u sicales
de E u ro p a — Ita lia n a , F ran cesa, A lem ana— y d e ja rle s
im p re sa s sus h u ellas,
P o r su ed u cació n , p o r su
vida, r e p a rtid a e n tre todos
los p a ire - del c o n tin e n te.
G luck e ra el llam ado a des
e m p eñ ar ese g ra n p ap el de
m aestro europeo, e l p rim ero
que im puso a E u ro p a — di
ce B om aín R o lla n d — p o r Xa
do m in ació n de su genio, u n a
especie de u n id a d m usical.

s

Precio del ejemplar * 10.-

\
I
I
1

j

i Editorial S C H A P 1RE

• Knaiht'iii 1285
■

Buenos Aires

7

de fuec . o

fenómeno &lt;le conjunto, la poesía

C chilena es un acontecimiento artístico
que sólo puede ser comparado en Améri­
ca. a la generación de pintores murales
mexicanos. No solamente los nombres de
Crucliaga Santa María, Huidobro, Neruda, Rosainel del Valle, Pablo de Rokha,
Díaz-Casanueva, Juvencio Valle, Antonio
de Undurraga, circundados por la aureola
do los aportes originales y definitivos ?
la poesía, sino que aun las numerosas
obras de verdadera importaneia para un
panorama cultural que brinda constante­
mente la poesía chilera, hacen pensar en
un ‘ ‘ Renacimiento ’ ’ en las artes poéticas
Por lo tanto, no puede maravillarnos algo
que debía ser consecuencia lógica del he­
cho anotado: que de Chile partiera el más
serio e interesante intento por abrir una
tribuna a la poesía de este continente, "i
esta tribuna es “ Caballo de Fuego . fun­
dada por Antonio de Undurraga en San­
tiago de Chile, y cuyo tercer número acu
ha de aparecer en Buenos Aires, donde su
director reside actualmente. Al aparecer la

Era también capaz ele ver y adivi­
nar los espectros que circulan por
los aires y hacer con clips raros
presagios. Podía descubrir objetos
perdidos pronunciando dos veces
la palabra AGLA. de la cabala, y
podía asombrar con la grantomancia o sea la adivinación por medio
de las cosas que se presentan de
improviso, como el encuentro de
un halcón que cruza el cielo o de
una liebre asustada ante la presen­
cia humana. Afaravillé, y como ade­
más componía e interpretaba inge­
niosas comedias todos me distin­
guían. Las mujeres, especialmente,
me consultaban y desde luego des­
perté más de una secreta pasión.
Catalina fué una de ellas. Al fin y
al cabo sus amores con el vicario
no pasaron más allá de la sorpresa
que a toda virgen inspira el proce­
der del hombre en tales meneste­
res. Yo no presté atención a sus
insinuaciones. A n tes bien, para
darle a entender que conocía sus
culpas y su perversidad, le conté
la historia de Abrahel, el demonio
súcubo que adoptando la forma de
una hermosa joven hacía concebir
malas pasiones en hombres que por
estar entregados a algún ministe­
rio sagrado, si pecaban, pecaban
doblemente. Después de seducirlos,
Abrahel les entregaba una man­
zana y les exigía el sacrificio de
alguna persona amada.
Aunque comprendió que yo había
descubierto su intriga, su espíritu
y su instinto singularmente modi­
ficados por el embarazo, no ceja­
ron. En lugar_ de resignarse me
escribió una carta donde entre
otras cosas que mostraban un la­
mentable y alarmado corazón, de­
bía : “Señor, esta carta le sorpren­
derá pero ya se habrá imaginado
usted las razones de mi proceder.
Proceder que aunque sea yo una
niña, está justificado... ¡Cielos,
como le odiaría a usted si no lo
amara hasta el furor! Yo lo amo
señor Absalón y le suplico que no
se exponga a vanos arrepentimien­
tos e in ú tile s remordimientos”.
Terminaba la carta con la amenaza
de rigor: “Tiene usted tres días
para contestarme”. Ciertamente a
mí, a Tiresias le causó infinita pena
esa invitación que, además, ponía
en peligro mi apacible actividad de
mago lugareño. No contesté la
carta y en la cabecera de mi cama
encontré un trozo de pergamino en
el que estaban escritos los siguien­
tes nombres: Aliguel, Gabriel, Ra­
fael y por último el mío, Absalón.
¡Pobre Catalina! ¿Qué podría ha­
cer contra mí tan ridicula fórmula
amatoria ?.
Pasados los tres días del plazo
fijado, se presentó ante el magis­
trado y me acusó. Juró y juró que
yo era culpable de su desgracia y
me enviaron a 1a. cárcel. De acuer­
do con la costumbre establecida
para esos casos, fui condenado a
muerte. No temía por mí sino pol­
la joven de modo que me limité a
decir que prefería la condena antes
que verme unido a tan miserable
criatura. Catalina, pensaba yo.

REVÍSTA HE
REVISTAS
revista por primera vez, su editorial moti­
vaba claramente la empresa : ‘ ‘ Levanta­
mos esta casa no para vivir en ella como
esclavos de sus ardientes espejos, sino que
para hospedarla y a d o r a r la ...’’, agre­
gando más adelante que estaba “ .. . dig­
namente puesta al servicio de la poesía
Y por estarlo sólo pretende un compromi­
so: evitarle toda llaga y todo contraban­
do que la perjudique’ ’.
Arduos son los problemas que sobre­
lleva el arte en América. Y no entre los
menores se encuentra la falta de publica­
ciones orientadas a encarar los mejores
frutos. Además, la carencia casi absoluta
de críticos y ensayistas provoca un auge
% justificación tal de puerilidad, que las
páginas de algunas entidades tradiciona
les, no 1‘ descubren ’ ’ otra poesía que aquí -

CIVILIZACIONES DE OCCIDENTE
por E. McNall Burns
L as re a liz ac io n e s h u m a n a s de acuerdo con el
nuevo concepto de la h is to ria . U na p e rsp e c tiv a
ín te g ra de la s lu ch as, h a za ñ a s y e rro re s de la
hum an id ad , desde sus com ienzos h a s ta el m o­
m ento a ctu al.
U n volum en e sm e ra d a m e n te im preso, de
900 p á g in a s, p ro fu sa m e n te ilu s tra d o y
e n cu a d e rn a d o en tela
$ 40.—

DANZAS ARGENTINAS
por Aurora De Pietro
y C. González Castillo
U na e x q u isita p in to ra y u n s e n tim e n ta l poeta
im p rim en en este lib ro u n nuevo e n ca n to a la
belleza y el colorido de los b a ile s tra d ic io n a le s.
L u jo sa e dición en p a p e l p e rgam ino, con
26 ilu s tra c io n e s a todo color y n u m e ro ­
sas en negro, m a g n ífic a m e n te e n c u a ­
d e rn a d o
S 4 0 .—

LEON FALLIERE 1856.1866
(Diario de Viaje
por la América del Sud)
O bra de g ra n v a lo r a rtís tic o e h is tó ric o p re ­
s e n ta d a en u n a c u id a d a ed ició n , que im p o rta un
e x tra o rd in a rio a la rd e de p e rfe c ció n té c n ica . I lu s ­
tra d a con 207 rep ro d u c c io n e s d ire c ta s d e los
o rig in a le s en hu eco -o ffset a 2, 3 y 8 colores.
E d ició n n u m e ra d a en a rá b ig o s del 1 al
2.900, lu jo sa m e n te e n c u a d e rn a d a en te la $ 70.—
E d ició n lim itad a , n u m e ra d a en rom anos
del I a l C, en c u a d e rn illo s colocados en
c ajas.
$ 1 0 0 .—

FILOSOFIA DEL ARTE
por Hipólito Taine
H e rm o sa e dición de la fa m o sa o b ra que s in te ­
tiz a la e sté tic a d el p e n sa d o r fra n c é s. T a in e con
s id e ra que el a r tis ta p ro d u c e c o n d icionado a
tre s in flu jo s: la ra z a, el m edio a m b ie n te y el
m om ento h is tó ric o . S obre e sta b a se a n a liz a la
p in tu r a del re n a cim ien to ita lia n o y de los P a í ­
ses B ajo s. A dem ás d e e s tu d ia r la e sc u ltu ra de
G recia, re a liz a el im p o rta n te ensayo sobre el
id e a l en el A rte.
E n un volum en d e e sm e ra d a p re s e n ta ­
ción, ilu s tra d o con 30 lá m in a s a 6
colores, 98 en negro y m ás de 120 g ra ­
bados y lito g ra fía s , m a g n ífic a m e n te e n ­
c u ad e rn a d o
$ 2 0 .—

SAN MARTIN 200
FLORIDA 205, FLORIDA 750 y SUCURSALES

habrá intuido que no soy un ser
vulgar. Comprenderá que quien es
dueño de tales poderes no puede
asustarse ante la perspectiva de la
hoguera o la horeá. Tal vez com­
prenda que para mí esa muerte
judicial no tiene sentido. Se arre­
pentirá y retirará la acusación.
Como nada de eso sucedió, llamé
al juez y le dije: “Me envían uste­
des a la muerte y vuestra concien­
cia no os hace ningún reproche.
Puesto que se me condena por la
palabra de una mujer sin pudor
demostraré mi inocencia pero lo
haré delante de ella.”. Cuando la
hicieron llamar, Catalina creyó que
yo había mudado de parecer y
accedía a casarme con ella para
salvarme de la' muerte y limpiar
mi culpa. Una vez que los hube
reunido a todos, me despojé len­
tamente de las ropas. Vióse enton­
ces como yo, Tiresias, era mujer.
Ale perdonaron pero- hube de salir
inmediatamente del pueblo.
Catalina fué, como estaba pre­
visto, castigada. Al día siguiente

de mi inequívoca revelación tuvo
un falso parto y murió.
i
Lo que sigue es, en pobrísima
y aproximada versión, la palabra
de Ovidio acerca de mi natura­
leza :
“Se cuenta que un día Júpiter
alegre por el néctar, abandonó sus
graves ocupaciones dedicándose a
bromear con Juno. — Sin duda —
le habría dicho Júpiter — la vo­
luptuosidad que ustedes pueden
experimentar es más grande que
la que siente el hombre. — Ella lo
negó. Resolvieron atenerse a la
decisión del sabio Tiresias. Este
había gozado de los placeres de
Venus en uno y otro sexo. En
efecto, habiendo encontrado una
vez en un bosque dos grandes ser­
pientes acopladas, las golpeó con
su báculo y ¡ olí prodigio!, de hom­
bre vióse transformado en mujer.
Así pasó siete años. Al octavo año
encontró de nuevo a las mismas
serpientes y dijo: — Si es tan
grande el poder de un golpe que
cambia en lo contrario la suerte
de quien os lo da, os golpearé
ahora.— Al golpearlas recobró bu
Ha cuyo significado es una nulidad en to­
forma primera y la figura que
dos los aspectos de la creación. Viene “ Ca­
tenía
desde su nacimiento. Tomado
ballo de Fuego’’ entonces, a llenar un
como juez en tan divertido debate,
claro e iniciar una época err que lo alcan­
zado y lo por alcanzar en la poesía ame­
corroboró lo que sostenía Júpiter.
ricana, están condicionados para su publi­
“ La hija de Saturno despechada
cación por modalidades tan necesarias co­
más de lo justo, condenó los ojos
mo pueden serlo lina clara comprensión
&lt;le su juez a la noche eterna. Pero
del lugar americano en la Poesía, y una
encauzada selección crítica. La revisión
el padre todopoderoso — puesto
que en números anteriores lia hecho “ Ca­
ballo de Fuego” de la obra de los poe­ que no está permitido a ningún
dios destruir lo que otro (líos
tas chilenos Antonio Borquez Solar y Te­
hizo— . en compensación por la pér­
resa Wilms Montt, como el panorama de
poetas que ofrece en el número que acaba
dida (le la vista, le dió la facultad
de aparecer, son índice elocuente de lo que
de
conocer el porvenir endulzando
afirmamos, como también muestra del pa­
con tal favor el castigo.” (Meta­
pel que esta revista ha de jugar. No será
morfosis — Lib. TIL)
una escuela literaria determinada la que

cimente la juventud cultural de nuestro
continente, sino que los aportes califica­
dos de innumerables corrientes conforma­
rán el panorama de nuestras arte*. Y este
es también lo que vemos reflejado en el
número 3 de “ Caballo de Fuego *. Comovi
das las premisas, no es poco decir.
(Continúa en la pág. 10.)'

• Es la opinión de otro poeta:
tiro
[Uves
Obi man uitli wrinkled f e m ó le breast
/

Tiresias, though

b h n d , th rnbbing

T. S. Eliot, “ The Waste L an d ’ ' )
A b r i l de 194H

�cabalgata

8
J O H N

nos passos
194 7
(Viene de la página 6.)

las que tienen por fin la común co­
modidad y seguridad. Ese será el
modelo de su composición.
De las dos ciencias que presiden
el moderno paraíso literario, Dos
Passos ha elegido como guía a la so­
ciología, y no a la psicología. El in­
dividuo' le interesa, pero principal­
mente como miembro de un cuerpo
social, y siempre aspira a mostrar­
nos una sección transversal de ese
cuerpo, para que apreciemos mejor
,1a estructura de sus tejidos. En Man­
hattan Transfer nos muestra el cen­
tro urbano; en U.S.A.. la nación.
En ambos casos abarca el período
que va de la Guerra de los Boers al
gran “ boom” que siguió a la Pri­
mera Guerra Mundial. En Manhat­
tan Transfer nos presenta un gran
número de personas de los grupos
más representativos, pero en instan­
táneas, sin transición, cada una por
su lado; algunas no aparecen más
que una vez, otras varias a través de
los años y otras aún con la frecuen­
cia necesaria para producirnos la
impresión de protagonistas, sobre
todo cuando sus vidas se unen por
el matrimonio, los negocios o cual­
quier otra relación social.
De modo más o menos remoto se
afectan entre sí; pero los personajes
no parecen darse clara cuenta de ello^
y, cuando se unen más estrechamen­
te. su imión no puede llamarse un
argumento, con su tema, sus escenas
críticas y su resolución dramática.
El elemento del tiempo sirve sim­
plemente como una medida del des­
arrollo del cuerpo social. Lo que ha­
cen y dicen los personajes es una
ilustración de sus principios socio­
lógicos.
En U.S.A. existe aún menos argu­
mento, en el sentido convencional de
la frase, aunque tiene menos perso­
najes y el curso de sus vidas se des­
cribe más detalladamente, con menos
interrupciones. Cada caso se docu­
menta enteramente. Pero no son más
que los casos sacados del archivo de
un trabajador social.
La parte pública del libro la cons­
tituyen Noticiosos, biografías de
hombres famosos y lo que se llama
el Ojo Cinematográfico. Los noticio­
sos son un conjunto de fragmentos
inconexos, como los recuerdos de un
lector de diarios. Y precisamente esa
falta de conexión entre los distintos
ítems —escándalos, catástrofes, fi­
nanzas, trabajo, política, guerras—
es lo que pone de manifiesto su in­
terrelación en la trama de Iqs asun­
tos públicos. En la vida pública, co­
mo en la privada, no existe un ver­
dadero argumento; pero sí una ten­
dencia general, hacia la guerra, la
inflación o la agravación de los con­
flictos sociales. Pocos son los perso­
najes de la obra que se dan cuenta
de esa tendencia, o se preocupan por
ella, por lo que significa el proceso
en que se encuentran implicados.
Muchos lectores se quejan de la
falta de convencionalismos del mé­
todo narrativo de Dos Passos. Su ob­
jeto no es la reproducción completa
y literal de una escena presente al
ojo corporal según las leyes de la
óptica, sino más bien el reunirse den­
tro del marco de un cuadro, partes
representativas de muchas escenas
relacionadas entre sí, no por su pre­
sencia simultánea en el mismo lugar,
sino por una asociación mental, a
las que se da significado y efectivi­
dad estética por su arreglo en la nue­
va pauta visual. No hay motivo para
suponer que este principio de la com­
posición abstracta va a desplazar a
la tradición establecida ya en la no­
vela —que tiene la ventaja de seguir
un camino más normal al arreglar
imaginativamente las vidas huma­
nas. Basta con recordar a los lecto­
res que Dos Passos escribe de un mo­
do nuevo y distinto, y sugerirles que
busquen sus efectos en la misma di­
rección que él los buscó.
Los mismos lectores que se quejan
de su técnica, narrativa, se sentirán
repelidos por lo inconcluso de sus

historias y por el escaso valor y sig­
nificado de las -vidas que en ellas se
presentan. Bueno, pero es que ése es
precisamente el tema de Dos Passos.
Si no nos ofrece ejemplos de almas
generosas en busca de nobles fines
' es porque la vida contemporánea le
da la impresión general de gentes
ordinarias, presas en el mecanismo
de una sociedad sin alma, y los ca­
sos excepcionales carecen para él de
interés.
Pero en las biografías y noticiosos
hay sutilezas de intención que resul­
tan más agradables. Las incoheren­
cias del Ojo Cinematográfico son
una expresión perfecta de la inge­
nuidad de la niñez, de los anhelos
confusos de la madurez consciente.
Quizá el triunfo mayor del arte de
Dos Passos es la completa sumersión
de su estilo personal en el de sus per­
sonajes. El vocabulario y el idioma,
la retórica y la gramática son dis­
tintos en cada uno de ellos; y, sobre
todo, lo que podríamos llamar el to­
no moral, es siempre el de las perso­
nas que viven en la obra sus vulgares
vidas. Aquí reconocemos con deleite
el don del artista objetivo de entre­
garse por completo a su tema que,
en los volúmenes de comentarios per­
sonales, nos produce cierta decep­
ción.
Dos Passos nos ha dado una de las
pinturas más extensas y convincen­
tes de la vida americana, en algunas
de sus fases más características. Si

busca deliberadamente sus respues­
tas y soluciones, pero pasivo a los
impulsos más comunes del instinto.
Aquellos a quienes interese la poesía
y la metafísica, y nada más, negarán
a Dos Passos todo su atractivo y le
calificarán de inferior.
Pero los que tengan inclinaciones
católicas, considerarán al menos la
naturaleza de su intención artística.
Dos Passos no ama las almas chatas;
pero el tema de sus obras lo consti­
tuyen almas achatadas por el com­
plejo de la cultura que las ha crea­
do. Quejarse de que su representa­
ción no posee más que dos —o todo
lo más tres— dimensiones es simple­
mente quejarse del método y medio
más apropiado para su intención ar­
tística. Lo que debemos apreciar es
el virtuosismo brillante con que se
aplica ese método y la innegable
grandiosidad de su efecto.
Pero se dice también que su es­
tudio no es “ religioso”, que carece
de esos valores, de ese sentido moral
sin el cual el alma humana se con­
vierte en un tema poco edificante.
Pues bien, esa es la cuestión más dis­
cutida de nuestra época, y no puede
decidirse por el testimonio de una
horda de poetas y críticos, muchos
de ellos desconocedores deliberados
de la cultura intelectual de nuestra
edad. Cuando la psicología y la an­
tropología han reconocido unánime­
mente que el sentido moral y la re­
ligión misma tienen su origen natu­

ral en las experiencias normales del
hombre, en sus relaciones sociales, no
debemos tomar muy en serio la nos­
tálgica insistencia con que el poeta
trata de buscar sus orígenes en algo
más allá de las normales experien­
cias humanas. Y si bien el sentido
de la obligación es casi universal en
el hombre, no es aventurado suponer
que el sentido de culpabilidad (tan
claro en Joyce y í^afka) ha de ser
particularmente agudo en aquellos
lugares donde el complejo de la cul­
tura favorece su implantación. Des­
pués de todo, Dos Passos no es un
irlandés educado en un colegio je­
suítico, que lucha desesperadamente
por librarse de las ideas teológicas
que le han sido inculcadas, ni un ju­
dío austríaco que se golpea la cabe­
za contra los barrotes de la exclusión
y el desprecio.
Mas se dirá que el sentimiento re­
ligioso está muy difundido entre los
hombres y que su exclusión es la ex­
clusión de un elemento muy impor­
tante de la naturaleza humana. Eso
es evidente; pero al tratarse de una
obra de imaginación hay que pre­
guntarse qué partes de la naturaleza
humana quedan forzosamente fuera
de ella. El artista tiene siempre que
elegir el plano sobre qué piensa ac­
tuar; y la mayoría de los novelistas
han reconocido la prudencia de limi­
tarse a un plano determinado. Dos
Passos ha elegido el del hombre social-económico.

J orge L arco. La pirca (Córdoba). 1947. (Acuarela.)
retrocedemos ante el brillo helado de
la exposición, debemos rendirnos a
la fascinación que ejerce sobre nos­
otros como una obra de arte imagi­
nativo. Nos atrae su fértil inventiva,
su atrevida originalidad y la impre­
sionante estructura de su composi­
ción.
Pero esto nos lleva a la más radi­
cal de las objeciones que se han he­
cho a Dos Passos. Se dirá que su re- j
presentación de la naturaleza huma-1
na es puramente externa y superfi- j
cial, que su filosofía adolece del mis- j
mo objetivismo de que son víctimas
sus personajes, que no concibe al
hombre más que como un ser polí­
tico y económico. El que desee pre­
sentarnos el alma del hombre, dirán,debe presentarnos personajes con al­
ma. Pero a Dos Passos no le atraen
las honduras psicológicas y carece
de la fascinación de un Joyce o un
Proust, No trata de exponernos las
complejidades dialécticas de la cul­
tura europea y, con él, no nos inter­
namos en las deslumbradoras selvas
de La Montaña Mágica y José en
Egipto. No posee el amor poético de
las correspondencias simbólicas que
da tal altura imaginativa a las aven­
turas de K. y Earwicker, convirtién­
doles en tipos humanos universales.
Lo único que le interesa es la rela­
ción del individuo con el grupo his­
tórico de su tiempo. Y, sobre todo,
ha elegido al hombre moderno que

JORGE L
Por RO M U ALD O BRU G H ETT1

críticamente ostensi­
UNbledualismo
señala la aventura pictórica
de Jorge Larco. Lo lírico emboscado
y, lo dramático no previsto se diver­
sifican, trazan caminos diferentes,
aunque convergentes: el primero,
hacia lo espontáneo, temperamental,
del pintor de sensibles acuarelas, y
el segundo, se fortifica especialmen­
te en óleos que buscan la densidad
y la construcción e idéntico clima
moral en su devoción hacia gentes
del humano mundo.
¿Partir de la obra del artista pa­
ra ir al hombre? ¿Situarse en con­
traposición a lo que aquí se hizo du­
rante nuestra prehistoria artística?
Una pintura clara, limpia, de toques
rápidos emerge con aquietado ardor,
anima colores fluidos y etéreos. La
línea trazada en años de frecuenta­
ción del oficio, de técnica expeditiva
y fresca, con su esplendor ordenado,
afinan su decir, pero hay siempre
como una hora solitaria que parece
surgir del olvido del propio ser ínti­
mo en esos jugosos frisos, un no sé
qué que en Larco neutraliza el re­

bosar del pintor. Se lo ve, afinado,
dentro de una zona que le es pro­
picia. Un largo y paciente estudio
de obras clásicas y modernas lo agu­
dizan, lo hacen crítico buido, gozador y esteta en la maciza compren­
sión de Piero della Francesca, en la
lúcida interpretación plástica del
Greco, Goya o Picasso, o la locura
vuelta orden y medida creadora en
los alucinados arabescos de Van
Gogh. Estas devociones de Larco,
viven en su razonar lógico, pulido.
Pero existe una singular distancia
entre la ideal inteligencia que sueña
y la mano que realiza respondiendo
al pensamiento de belleza y verdad
ansiosamente buscado.
Por años se vivió en la Argentina
un clima que no era el nuestro. Na­
cimos como país cultor de lo artístico
hace apenas cuestión de décadas, y
se comenzó imitando no creando. Tu­
vimos que entregarnos a un apren­
dizaje lento, a formalidades caducas
muchas veces; andar y desandar ru­
tas difíciles fue lo propio del pintor
argentino, al punto que resulta exae-

Existe un concepto casi religioso
del que Dos Passos tiene plena con­
ciencia. Lo que Kenneth Burke lla­
ma “ piedad” . Es, nos dice, el deseo ’
el impulso de todo ser humano a
identificarse con el grupo. Y esto no
es más que el desarrollo humano del
sentido gregario de los animales. Los
personajes de Dos Passos, razonable­
mente gregarios siempre, carecen de
ese tipo de piedad que Jesús llama
“ amor” . Pero no olvidemos que ése
es su tem a; que nos está pintando
una sociedad que desconoce sus com­
ponentes. Y el desamor atómico de
sus personajes es una señal de lo que
él considera el gran desiderátum. Si
el lector no lo reconoce así es porque
se le ofrece un realismo objetivo
cuando él esperaba un tono de fran­
ca sátira.
Pero a estos personajes les falta
algo para convertirse en seres de
carne y hueso, y es la concepción y
prosecución voluntarias de fines que
se consideren valiosos. Aquí, de nue­
vo, debemos conceder a Dos Passos
el beneficio de la duda y asumir que
precisamente eso era lo que deseaba.
Que aspira a pintarnos una sociedad
que va pasivamente a la deriva, sin
el beneficio de un control interno.
Sus personajes son, en su mayor par­
te, simpáticos y fáciles de compren­
der, pero rara vez dignos de amor o
admiración y, por esa razón, carecen',
de importancia individual para el
lector. Y ese es el principio y fin de
sus faltas. Sus personajes no tienen
la “ simpatía” de los de Tolstoi, Dickens, Henry James o André Malraux. No poseen el interés psicológi­
co de los de Dostoievski o Proust, ni
el interés poético de los de Kafka.
Su visión del hombre no es religiosa,
sino racionalista. Y la mayoría de
los lectores modernos prefieren la i
psicología y la visión religiosa, ade­
más de unos personajes razonable­
mente simpáticos.
Como siempre, el'lector tendrá que
consultar su gusto. Pero los gustos
cambian y se ensanchan. Dos Passos
es ahora un autor consagrado, aun­
que no popular. Es un artista de
atrevida originalidad, ingenio y va­
lor. Ha abarcado el escenario norte­
americano de modo más adecuado
que otros novelistas. Sus comentarios
sociales son mordaces y vivos. Ha
sobrevivido a veinte años de crítica.
Dentro de veinte años más no tendrá
necesidad de apologías. Nuestros hi­
jas verán en él a uno de los clásicos
americanos.

ta la palabra de André Malraux: J
“ La primera materia del artista i
no es nunca la vida, es siempre^
otra obra de arte. ’ ’ ¡ Qué iba a
aprender Larco, de Romero de To­
rres, si no era, por lógico contragol­
pe y al cabo de los días, el repudio 1
a toda pintura convencional, hecha
de manera académica! Pero, natu- ■
raímente, del comenzar a ver al ha­
cer se cruza un trecho erizado de di­
ficultades, aventurado o desventura­
do, y es necesario templarse, soltar
amarras, recomenzar. Es así cómo,
Larco, después de sus diversos que­
haceres de decorador y de dibujante
de culta inventiva, endereza su brú­
jula de inquietudes hacia una pin­
tura de tonos oscuros, graves, de
construcción austera. Entonces, lo i
dramático asoma; es, cuando, en
1931, pinta el retrato de la madre, j
Su paleta, obvio es remarcarlo, de- |
bió hallar con anterioridad las defi- i
iliciones del color, un color pastoso
hecho tono, con el cual el cuadro está |
inscripto, fluyente materia cromáti- j
ca nada seca, nada árida e incluso
de sabor táctil, en Los santos de pa­
lo, 1930.
El artista se- agita: su riguroso
control crítico acrecienta su posición
ante la vida del arte. Sin embargo,;
existe un gran peligro que es propio
de una civilizada observación en
aprecio de las cosas, o, si se quien,■
de la índole propia de cómo se vive:
surge el peligro entre la forma y la
fórmula, advertencia que en instan- j
tes se posesiona de Larco, lo mantie-1
nen fuera de sí, lo acosan, hasta que,
liberado, airoso ya en la luz de su
pintura, obtiene Muchachos de circo,
en 1934. Esos cuatro años —1930-

�cabalgata

no pasa en las ciudades
E La tiempo
donde me llevaron, en casas

J orge Largo. Gonzalito. 1947-48. (Oleo.)
1934= son decisivos en su expresión,
lo libran de los inquietantes fantas­
mas de un hacer diversificado que
dice de un temperamento zahori. Se
observa de qué modo Larco comienza
a dejarse ir, a no temerle al propio
demonio o ángel que en él pide ex­
pansiva adhesión a las cosas de la
naturaleza, paisajes gustados en ca­
lles y rincones de Buenos Aires, o
asomándose al campo, o en el Tigre,
internándose en los canales del Del­
ta, o yendo a instalarse en la costa
atlántica de Mar del Plata. Vendría
pronto e.sa soltura elegante de quien
se sabe seguro esgrimidor de su ins­
trumento y, en los momentos alegres
o tristes, aunque los sentimientos no
se diversifiquen ni se aclaren en este
pintor, una galana sinceridad se
vuelca hacia una canción o una me­
lodía sutil que vive dentro de los ob­
jetos sensibles y naturales: la luz del
sol, una pradera, un bosquecillo o
monte criollo, las aguas, las vivien­
das del hombre, el hombre mismo. Y
a esta altura, Larco, que ya ha pin­
tado bodegones excelentes y cultiva­
do, en acción de investigador y es­
tudioso, una naturaleza de la que la
vida ha huido, emprende la cons­
trucción de retratos —acuarelas y
óleos, simultáneamente— donde se
le aparece una faceta de problemas
reales bajo los cuales apunta el ca­
rácter. Aquí, es cuando vuelve aquel
sentido doloroso, hasta trágico, de
la figuración de su madre española.
Gentes de existencia modesta, gentes
del pueblo (leñadores, campesinos)
entran en sus telas mayores, le per­
miten atender a lo corpóreo y ale­
jarse de un refinado gusto —visi­
ble en tantas acuarelas— que le
ofrepen la necesidad ineludible, en
su aparente facilidad, para tentar
otra vez, al igual que en el Delta,
mas con mayor alcance expresivo, la
serie de paisajes del Brasil, una na­
turaleza suntuosa que enriquece su
eolor. que realza sus valores, y lo in­
ducen a la aventura de una espon­
taneidad pródiga y viviente. Empe­
ro, debemos aguardar aún, y, lo dra­
mático, iría insinuándose con deco­
rosa presencia en momentos en que
Larco vuelve a la España de sus
añas juveniles, a una España a la
cual regresa después del desgarra­
miento de la guerra civil. TTna Es­
paña, que, para él. nacido en tierra
de llanura, se le habría de agolpar
por conducto de toreros y monjes,
como una obsesión espiritual que lo
muestra igual a sí mismo y diferen­
te, buscando esa nota honda y pe­
netrante que alentaba secretamente
en su arte.
Grises ardientes atormentaban su
mirar en las acuarelas españolas ac­

tuales y, a la par, en los óleos se
siente a Larco inquisidor del volu­
men, un volumen no marcado en sus
aristas, al contrario, de tonos suel­
tos y libres. El retrato, fuerte cabe­
za hispana, de Almazán, el Torero
en rojo, su hermana Sarah, Gonza­
lito Losada, sueltan sus corrientes
expresivas, lo afirman en rigores
formales y tonales, lo constriñen al
cultivo de una naturaleza vuelta
fundamento del alma. Larco respira
tocado ya por una intuición de ma­
durez de espíritu que sube en el pai­
saje de oros llameantes del cielo ma­
drileño.
Ahora, el fervor lírico —que entra­
ña substancia dramática—, brota co­
mo fuente clarísima en sus acuarelas
—feliz contraparte— de la Córdoba
argentina. Siempre sintió Larco el
paisaje, los cielos, los árboles, los es­
pacios no abstractos sino reales, y
aquí, su visión cordobesa, recuerda
a ciertos fondas que hemos visto en
renacentistas italianos, españoles o
flamencos, esos fondos que son las
venas de la pintura, complementadores de una composición, una figu­
ra o un retrato.
Manchas esenciales forman el
equilibrio armonioso, estructuran un
friso de sutilezas no preciosistas. Los
colores se han hecho intensos, soste­
nidos en aires de serranías, árboles
y nubes. Hay una diversidad de vi­
sión en esas nubes caídas sobre la
montaña azulosa, y la lluvia ha de­
jado en la atmósfera su sueño de
frescor. Una vida dulce, calmosa, de
verdes praderas, dinámicos cielos
—como desflecados, muy ricos en
coloraciones y líneas entrecortadas
y vibratorias— vienen a desembocar
en su temperamento y crean un es­
tilo inconfundible, su estilo. Así, pa­
ra crear un clima de íntimo drama­
tismo, le bastan follajes de árboles
coposos, una peña, o un tajo gris ha­
cia arriba, cortando el cielo, a con­
traluz. Las sierras claras o cubiertas
de leves sombras, un valle o un ca­
serío de rojas techumbres de ajusta­
dos ritmos —La Cumbre, Calamuehita, Cruz Grande, Cruz Chica,
Allende— , y los azules transparentes
del río de los Reartes, izan su nostal­
gia o incitan a una alegría de ar­
mónicos verdores.

iguales, entre hombres iguales. Siem­
pre tuve miedo por lo que iba a su­
ceder; una vez sucedido, no podía
cambiar la situación: así desde la
infancia, en el pueblo. Por eso
necesito explicarlo. Fué por un pe­
rro. El perro es un animal domés­
tico; lo sé. Se tiende al costado, se
queda horas en silencio, única cer­
canía el calor de su cuerpo junto a
nuestros pies; se lo hace guardián
de la casa, rondar las noches, jugar
con los niños. Es el perro de la casa,
que se puede alejar con un puntapié,
sin que siguiera gruña. Por las no­
ches no, un perro en la calle: es­
pera en los baldíos, apresurando los
pasos; a veces huele los botines y el
borde- del pantalón, sin lamer, sin
gruñir, pero se siente su presencia;
nuestros pasos se alargan, sin deci­
dirnos a correr, sin dar vuelta la ca­
beza. El perro puede seguir cuadras
y cuadras.
En los viernes del pueblo un pe­
rro puede ser el séptimo hijo de
cualquier familia conocida, que esas
noches sale a penar por los pecados
de todos los suyos, el lobezno que no
se debe matar porque se convierte
en el hombre o la mujer de todos
los días, con ojos cansados y fieles,
de perro que va a morir. Los sába­
dos los séptimos hijos tienen el can­
sancio de esa noche en que, inteli­
gentes y con memoria, siguieron, co­
mo perros, nuestros pasos.
Fué un sábado, después de una no­
che horizontal de burdel. Habían
pasado muchas cuadras desde el su­
burbio hasta la plaza, poco antes
de llegar a mi familia. En la roton­
da, único lugar iluminado, tuve la
sensación de su presencia; no me
di vuelta, no vi su sombra, pero sentí
con todo el cuerpo su respiración.
Miré si estaba abierto algún café,
ninguno; la policía cerrada y a os­
curas; faltaba una cuadra y media
para mi casa; los edificios cerraban
sus sombras, haciendo intransitables
las veredas, la calle con la agudeza
de adoquines sin gastar; no podía
huir, con el cuerpo frío V duro
cansado de aquella noche. El perro
había acomodado sus pasos a los
míos; sin embargo, estúpidamente,
en la medial cuadra final, después
de doblar la esquina, corrí. Al llegar
a la puerta de casa, demoré en en­
contrar la llave, en abrir la puerta,
torpe como nunca; por fin, adentro;
cerré la puerta con el temor de que
la llave sé me cayese y quedara del

lado de afuera, en donde la alcan­ bamos por la rotonda de la plaza
zara el hocico del animal. Me re­ me decidí: darme vuelta brusca­
mente para conocer su color y con­
costé unos minutas, escuchando; el
zaguán apenas iluminado por la luz firmar si su tamaño coincidía con el
de la calle que atravesaba los cris­ que yo le había calculado en la ca­
tales de la puerta; la respiración se ma ; lo hice junto a la luz de la co­
me había multiplicado en las mu­ lumna; el perro había desaparecido.
ñecas y la garganta. Pude, a oscu­ Corrí hasta casa y me acosté sin
ras, llegar a mi dormitorio; prendí prender la luz; fué imposible tenerlo
el velador, me desnudé con prisa, a mi lado; aunque no podía dormir,
me tapé rápido. Estaba tranquilo: no me daba vuelta en la cama, casi
no respiraba, esperando que apare­
el animal no había entrado en la
ciera. A las cuatro de la mañana no
casa.
En la cama, con las sábanas en­ aguanté más; salí a buscarlo. El cie­
tibiándose, todo tapado, comencé a lo brumoso comenzaba a verse en
temer que el perro hubiera podido colores como luz, los focos eléctricos
entrar conmigo, que estuviese en palidecidos bruscamente; algunas
esa habitación, tendido junto a la esquinas ya tenían su forma, corría
cama, su hocico cerca de mi mano. aire fresco. Hice el camino desde mi
No me atrevía a sacar el brazo para casa hasta el centro de la rotonda,
apagar la luz; mi mano podía ser cuatro veces, en cuatro posibilidades
lamida por una lengua pegajosa, de recorrido: iba hasta el centro de
que se iba a adherir hasta que por la plaza, caminando con lentitud, sin
esa mano me fuera consumiendo to­ mirar a los lados; cambiaba de ve­
do el cuerpo. Tenía sed; para alcan­ redas, unas veces por la orilla, otras
zar el botellón de agua, corrí el bra­ pegado a la pared; no aparecía. En­
zo lentamente, la mano junto a mi tonces recorrí las otras calles; pri­
cuerpo, lentamente hasta el borde mero las del centro, todavía silen­
de las sábanas; después, con rapi­ ciosas ; después los suburbios, donde
las casas se pierden entre enreda­
dez, la dirigí al botellón, me serví
el agua, bebí un sorbo largo, frío deras y árboles: nada. Llegué hasta
como escarcha; con la misma mano los vaciaderos de basura, entre vi­
apagué la luz. Me di vuelta hacia drio y latas, huesos y trapos, mate­
la izquierda, sobre el corazón, como ria pudriéndose, caminé entre los
montones sin color; fui a¡ las carni­
lo hacía antes. Entonces lo sentí:
su bulto caliente en la cama, pega­ cerías que se inaguraban con sus
do a mí, su hocico húmedo, sus pa­ reses chorreantes; recorrí los merca­
tas ásperas. Al principio me fué im­ dos. Anduve hasta las ocho, la hora
posible conciliar el sueño; quería de ir al trabajo.
No sé cómo pude aguantar la ofi­
levantarme y llamar a mis herma­
nos, echarlo de la casa; no me atre­ cina aquella mañana. La impresión
ví. Paulatinamente el sueño me in­ \ d e cansancio me impedía trabajar;
vadía, sin quererlo me acercaba a sentía algo extraño, sin que pudiese
aquel bulto caliente, lo confundía concretarlo. A las doce volví a mi
con mi cuerpo; me dormí hasta el casa; reconocí la molestia : el costado
alba. A la mañana, cuando desper­ izquierdo del cuerpo se me había
insensibilizado, como bañado en
té, había desaparecido.
Durmió conmigo quince noches. éter; me encerré en el dormitorio
A poco, acorté las salidas nocturnas y lo palpé desesperadamente, lo gol­
para acostarme cuanto antes, seguro peé ; todo el costado izquierdo de ce­
de que lo iba a encontrar. No sé mento insensible. La tarde la pasé
qué hacía por las mañanas y las acostado, acariciando ese frío pedazo
tardes; en la casa no lo vieron nun­ de mi cuerpo; casi me había olvida­
ca. Salía temprano, antes de que me do del perro. A las diez de la noche,
despertara, andaba afuera durante siempre en la cama y a ascuras, no­
el día, me esperaba por las calles té su ausencia; sal! a buscarlo. A
nocturnas, siempre dos cuadras an­ medida que caminaba el calor re­
tes de llegar a casa. Traté de en­ gresaba al pedazo izquierdo del
contrarlo en los perros que se me cuerpo, como si la sangre, antes
cruzaban de día; los miraba para coagulada, volviese a circular libre­
reconocer su volumen y su fideli­ mente. Anduve hasta el alba, en.
dad, pero era inútil.
vano.
La noche siguiente, después de un
La noche del décimoquinto día lo
sentí más cerca que nunca, su res­ día peor que el anterior, compren­
piración se iba haciendo con mis dí que debía esperarlo en la cama,
pasos, su olor, el mío. Cuando pasá­
' (
(Continúa en la página 13)

A ti, instantánea rosa sumergida,
alivio de la sed de los colores,
diría, seguramente pensando en Lar­
co, a quien envía inédito su soneto
“ A la Acuarela”, el poeta Rafael
Alberti:
A ti, río hacia el mar de la pintura.

J orge

Larco.

Ruinas (Madrid). 1946. (Acuarela.)

�cabalgata

10

H A B L A

PEDRO PERR0TTA
Socio Gerente de la IMPRENTA LOPEZ
Los v e in tic in c o años de acción in ­
in te rru m p id a que don P e d ro P e r r o tta
llev a re c o rrid o s en las a rte s g rá fic a s
h a b la n bien a las c la ra s do su c a ­
p a c id a d en el grem io, re fre n d a d a s por
su a ctu ac ió n como Socio-G erente de
la Im p re n ta López. Ello nos p riv a de
m ayores com entarios sobre sus m é ri­
tos, y a revelados en estas lín e a s p r e ­
cedentes.

Acaba de Aparecer

H. G. Wells

DE ESTA CRISIS RESURGIRA LA IIMDUSTRIA EDITORIAL
FORTALECIDA

A PROPOSITO DE DOLORES
S 8.—
Uno de los más famosos escritores ingleses de nuestro tiempo nos hace
asistir a la experiencia atroz de trece años de matrimonio convertidos en
“ el caso de Steplien Wilbeck contra Dolores”. Porque la vida es muy
distinta del amor imaginativo, y tiene realidades imperiosas que el autor
analiza valiéndose de las múltiples facetas del matrimonio como de un
prisma de singular luminosidad y eficacia que va enfocando a lo largo
de éste que él denomina “ un relato sobre la felicidad y la soledad del
espíritu.. . ”

De Publicación Inmediata
en la misma Colección

, LA ESCUELA DE LAS MUJERES
por André Gide

ROBERTO GENOVEVA
(Continuación del anterior)

por André Gide
Publicados en la Colección La Carabela en el Río
E l P avo P eal B lanco
E l H o m b r e P e r d id o
por H. D. Lawrence
por Ramón Gómez de la Serna
$ 8 .—
$ 7.—
E n L ucha I ncierta
por John Steinbeck
$ 6. —
P an y V ino
por Ignazio Süone

$ 7.—
E l Novelista
por Ramón Gómez de la Serna
$

6 .—

P apá

P

r is io n e r a

por Alian Seager
$

La

S in f o n ía

Yo, e l R e y
por Hermann Resten
$

$ 7.—

P a st o r a l

por André Gide
(Tercera edición) $ 5.—

y

D escendiente Glorioso
por Pardee Lotee

8 .—

La

10.—

P uerta

E

strecha

por André G-ide
$ 8.—

Pida estos libros a las buenas librerías
o contrarreembolso a la

EDITORIAL POSEIDON

ESE

REVISTA DE REVISTAS
( Viene de la página 7)
V ic e n t e H uidobro
En el ejemplar 271-272 de “ Aterrea* \
revista "mensual de la Universidad de Con­
cepción (Chile), Julio Molina publica un
estudio panorámico de la personalidad y
obra de Vicente Huidobro. No se trata
del ensayo definitivo que la poesía de Iluidobro exige, pero apenas desaparecido e)
extraordinario poeta, esta recordación que
hace Julio Molina no puede ser más opor­
tuna, si tenemos en* cuenta además, como
lo señala él mismo, que “ A la impresión
nacional causada por su muerte, no aque­
lla del periodismo corriente, el que casi no
se dignó registrar esta pérdida defini­
tiva . . . **
_______

P R IM O R E S D A P IN T U R A NO B R A S IL .
E s ta g e n u in a jo y a b ib lio g rá fic a e n ­
c ie rra 200 re p ro d u c c io n e s a todo color
de la s m ás fa m o sas te la s de los M u­
seos O ficiales d el B ra sil, con la b io ­
g ra fía de c ad a a r tis ta , m otivo de in s ­
p ira c ió n y d e sc rip c ió n h is tó ric a . Dos
so b erb io s volúm enes (3 6 x 28 cm .),
lu jo s a m e n te e n cu a d e rn a d o s. $ 2 8 5 .—
H IS T O R IA
DE
LA C IV IL IZ A C IO N .
(D esd e la E d a d de P ie d ra h a s ta la
E ra A tó m ic a .) P o r el d o c to r H e n ry
S. L u c a s (p ro fe s o r d e la U n iv e rs id a d
de W a s h in g to n ) . E s ta o b ra es un
v e rd a d e ro y a so m b ro so esquem a de la
H u m a n id a d a tra v é s d el tiem p o y el
espacio, so b re todo de sus c o n q u istas
té c n ic a s y e sp iritu a le s . U n volum en
p ro lija m e n te e n cu a d e rn a d o en te la v e r­
de, con 1.022 p á g in a s. 113 g ra b a d o s
y 39 m ap as. (1 7 x 24 cm .) $ 50.—
M ETO D O D E IN G L E S , del p ro fe s o r
J u a n M arín A g u ilú (D ire c to r de la
School of L a n g u a g e s de N ew Y ork.
E x p ro fe s o r en la s E sc u elas S u p e rio res
de P u e rto R ico y New Y o rk ). El m ás
eficaz, rá p id o y com pleto m étodo p o r
u n a a u to rid a d , con m ás de 25 años
c o n sa g ra d o s a la e n se ñ a n z a del id io ­
m a. (S eg u n d a e d ic ió n 1 9 4 7 .) U n tomo
e n c u a d e rn a d o (2 8 x 22 cm .) con 320
p á g in a s ........................................
$ 15.—

En las 'principales librerías.
P a r a v e n ta a p lazo s o m a y o re s d e ta lles
so b re e s ta s o b ra s d irig irs e a su s d is ­
trib u id o re s e x clu siv o s

LIBRERIA DISTRIBUIDORA BERtlADES. S.R .L
Av. Entre Ríos. 635 -

T. 1. 37-5103 -

Buenos Aíres

Después de ubicar el estado de las le­
tras chilenas en el momento en que Hui­
dobro adviene, explica Molina lo que el
poeta significó por el aliento nuevo que
traía, aunque aun no era el Huidobro a
quien más tarde Madrid recibiría con el
entusiasmo que otrora lo despertara Da­
río. Porque Huidobro comienza a entregar
su mensaje, el que perdurará, a partir de
“ A dán” , publicado en 1917, poema del
que él mismo dice: “ Mi Adán, no es el
Adán bíblico, aquel mono de barro al cual
infunden vida soplándole la nariz: es el
Adán científico. Es el primero de los seres
quo comprende la Naturaleza, el primero
en el cual se despierta la inteligencia y
florece la admiración” . Claro que esto no
podía ser bien recibido en Chile en 1917
y, tal cual anota Julio Molina, “ la polé­
mica no se encendió aquí, debido al viaje
que Huidobro emprendió por Europa por
ese entonces” .
Y desde este ‘ ‘ Adán’ ’ hasta el legado
inédito de las ‘ ‘ Historias diminutas ’
hay treinta años en la vida de uno de los
poetas más peculiares de la lengua caste­
llana del siglo XX, creador de escuelas,
teorías, y de esos hermosos libros “ Ver y
palpar” y “ El ciudadano del olvido” ,
en donde todos esos pensamientos se resu­
men. Esos pensamientos que se encuentran
en sus “ M anifiestos” , de los cuales Julio
Molina cita los siguientes: “ La verdad
del arte termina allí donde empieza la ver­
dad do la vida” , y “ Mientras el sueño
perteneco a todo el mundo, el delirio no
jjertenece sino a los poetas” , que también
se hallan expresados en las respuestas que
Huidobro entregara a Anguita y Volodia
Teitelboim en contestación a una encuesta
sobro estética, y que Molina recoge en su
nota de “ A tenea” :
“ La poesía es un desafío a lo
razón, pues ella es la superrazón.
“ La poesía es la revelación de sí
mismo. Esta revelación nace del
contacto de un hombre especial
(el poeta) con la naturaleza
La poesía es la ohispa que bro­
ta de ese contacto.
“ Es preciso creer en el arte co­
mo en un acto mágico, el más
puro “ tótem ’ ’. E s el gran mis­
terio. E s el secreto inexpli­
cable.”
M. G.

&gt;

• Saneamiento del mercado.
• Dificultades exteriores e internas.
• Los precios de los libros.
LVIDANDO por un momento la adustez
de su ceño, y mientras nos invita »

compartir sus cigarrillos, don Pedro P e­
rrotta va hilvanando sus pensamientos p a ­
ra responder a nuestra “ interview” sobre
los problemas de su gremio.
—Este año —comienza diciéndonos—
los editores aún confrontan la dura prue­
ba a que las dificultades por todos cono­
cidas han sometido a la industria, a pesar
de cuanto pueda significar la ayuda otor­
gada por el Gobierno, pues no hair des­
aparecido las causas que motivaron la
crisis porque atraviesa la misma.
—¿Tenderá a normalizarse la situación?
—Este mismo año han de notarse se­
guramente tales síntomas, a poco que pue­
dan concretarse las promesas de la des­
aparición de algunas, si no todas, de las
causas que han afectado en distintos sen­
tidos la industria editorial argentina, en
la que debemos seguir manteniendo la
misma fe que la hizo posible.
—¿Cree que de esta crisis saldrá for­
talecida la industria?
—Y también consolidada, toda vez que
la experiencia recogida en esta emergen­
cia rendirá buenos frutos en el futuro.
—¿A qué razón adjudica usted la cri­
sis actual ?
—No sólo son imputables a dificultades
del comercio exterior sino también, y en
muy buena parte, a razones que podríamos
decir, de orden1 interno. En el orden ex­
terno tenemos, en primer término, yr como
factor preponderante, las dificultades de
divisas que han llegado a paralizar la
exportación de libros a varios países, ex­
celentes m e r c a d o s anteriormente para
nuestros libros.
—¿Y en el orden interno?
—Debemos referirnos, mal que nos pese,
a la improvisación con1 que ha sido en­
carado por parte de muchos el negocio edi­
torial ; al deseo de tener en el menor
tiempo la mayor cantidad de títulos pu­
blicados, la que hizo que no siempre fue­
ra acertada la elección de los mismos, y,
alterándose por otra parte y por esta ra­
zón el normal desarrollo do una industria
de esta índole, donde —y contrariamente
a lo que aconteció y acontece eir otros ra­
mos—, la oferta superó en mucho a la
demanda, e inclusive a las posibilidades
de lector.

—¿Acerca del costo de los libros al
público?
—Los precios actuales, eu virtud de los
constantes aumentos ?n materiales y ma­
no de obra, han contribuido a agravar
la situación, pues es sabido que el libro
es uno de los pocos artículos cuya venta
dispiinuyó por esta circunstancia.
—A pesar de estas causas, ¿se man­
tiene el mercado?
—Existe siempre buen mercado ]&gt;¡ira to­
do aquel libro cuya publicación lleva una
evidente necesidad o cuyo contenido des­
pierta en el lector la inquietud. Hoy, a
pesar de la crisis, hay libros que se ago­
tan rápidamente, y no me refiero sólo
a los libros que pudieran clasificarse de
novedad, sino también a otros ya reedita­
dos. El conocimiento de estas razones ha
inducido a los editores a rever y unificar
sus planes adaptándose a estas razones, y
muchos de ellos están sorteando las difi­
cultades, pesando y pulsando las posibili­
dades de cada título antes de decidir su
publicación.
—Veamos su opinión acerca del apoyo
oficial.
-El aprobar una ley de ayuda a los
editores tendrá sin duda beneficiosos re­
sultados, pero, una verdadera solución al
problema que enfrenta la industria seria
la de lograr —por los medios oficiales que
fuere preciso— la regularizacióir de los
pagos en el exterior, que indudablemente
tendrían la virtud de tonificar en forma
rápida y real a la misma, pues hoy no
sólo hay crisis de venta, sino que también,
¿qué distribuidor o editor se atreve a ser­
vir pedidos o mantener servicios de nove­
dades con libreros de países cuyo cobro
sabe difícil y largo, sino imposible en las
actuales circunstancias? Auir cuando esos
editores se acojan a la ayuda oficial, di­
fícilmente —y creo que con buen senti­
do— han de modificar tal criterio.
—Pero este inconveniente puede tener
solución. . .
—Espero que ello sea posible, pues exis­
te la mejor disposición para ello y así debe
hacerse si se quieren mantener como hasta
ahora los mercados de América para el
libro argentino, a los que en estos momen­
tos llegan en cantidades reducidas.
—¿Sobre el libro español?...
—Es de preveer, también, que esta cir­
cunstancia permita a otros países procurar
suplantarnos, y la inquietud de tales con­
quistas alienta no sólo en España y Mé­
xico, sino también en Chile, y, si bien es
cierto que en circunstancias normales po­

dríamos luchar con ellos con ventaja, no
es menos cierto que las razones actuales
permiten a los mismos la introducción de
sus libros, precisamente en aquellos países
donde los nuestros no son enviados o lle­
gan en pequeñas cifras.
—¿Sobre el problema de las divisas?
—A pesar de las amplias facilidades que
los editores españoles tienen para la colo­
cación de sus ediciones, diversas circuns­
tancias han hecho que su influencia no se
haya hecho sentir en forma decisiva, pero
lo que no ha sucedido hasta hoy puede
producirse mañana; esta es una de las
razones fundamentales para que se procure
hallar la solución deseada al problema de
las divisas, pues es esta una industria
creada con sentido y para servir al mundo
do habla española. Ella, naturalmente, no
se hubiera desarrollado —de manera al­
guna— hasta adquirir la magnitud ac­
tual si hubiera debido mantenerse dentro
de los límites nacionales; de lo contrario
corremos el riesgo de vernos suplantados
en el mercado americano.
—¿Cree que el stock de libros existen­
tes aminorará las impresiones?
—No lo creo; no afectará los nuevos
títulos ni la reimpresión de aquellos cuya
demanda es siempre permanente, pues el
del libro no es un negoeio de ofertas de
existencias, sino de permanente ofreci­
miento de nuevas obras de interés.
-—Habrá nuevas ediciones y nuevos edi.
to res.. .
— ¡Claro!. . . ; pero este es un fenómeno
que no debe alarmarnos porque el mismo
ha sido sufrido en distintas épocas por
todos los países que pueden enorgullecerse
de tener hoy una importante industria
editorial.
—Más aún; esa misma circunstancia
hará que se sanee poco a poco y paulati­
namente el mercado y se obtenga así una
nivelación entro lo/ publicado y la capaci­
dad de absorción del mercado, permitiendo
así, a la venta y exhibición de cada título
el tiempo, el lugar y cariño que el libro
merece.
Una amplia sonrisa ilumina las últimas
palabras de este gran amigo del libro, don
Pedro Perrotta, que gentilmente accedió a
brindar estas opiniones suyas acerca del
problema editorial, en mérito a la inquie­
tud que Cabalgata está despertando en el
ambiento sobre tan debatido asunto 'con
singular eficacia.
O. E.
—

LES CIÑO LIVRES DE
F. R A B E L A I S

Pida a la

LIBRERIA POSTAL

(Comentario bibliográfico a la manera de algunos diarios)

P OR
los

u n e x p lic ab le re tra s o , a trib u íb le a
re c ie n te s a co n tec im ie n to s que son del
dom inio p ú blico y a la s to rm e n ta s m a rítim as
que h a n hecho e n c a lla r el b a rc o que nos tra ía
la s ú ltim a s n o v ed ad es eu ro p eas, acabam os de
re c ib ir de F ra n c ia , L es cinq liv res do F.
R ab e la is, o b ra que se h a lla in te g ra d a por
u n a P r im e ra P a rte , a p a re c id a y a en 1532
b a jo el títu lo de L es h o rrib le s e t espoventa b le a fa ic tz e t p ro u e sse s du tresren o m m é
P a n ta g ru e l, ro y des D ipsodes, file d u g ra n t
g e a n t G a rg a n tu a , y cuyo a u to r se ocu ltab a
b a jo el seudónim o a n ag ram átic o de Alcofib ra s N a sie r. E n 1535 a p arec ió la S egunda
P a rte , L a vie tre s h o rrific q u e du G ran G a r­
g a n tu a , p é re de P a n ta g ru e l, ja d is com posée
p a r M. A lco frib as, a b s tr a e te u r d e q u in te
essence, que p o r u n a de la s ta n ta s a r b itr a ­
rie d a d e s d el a u to r c o n stitu y e en e sta edición
quo com entam os la P r im e ra ; p a sa n d o a ser
a q u ella la S eg u n d a. Y a p e rd id a to ta lm e n te la
v e rg ü e n za , p u b lic a b a jo su v e rd a d ero nom ­
b re , en 1546, L e tie rs liv re des fa ic tz et
d ictz h e ro iq u e s du noble P a n ta g ru e l; en
1552, L e q u a rt liv re de P a n ta g ru e l; los 16
c ap ítu lo s in ic ia le s de la Q u in ta, y últim a
p a rte , b a jo el in o c e n te y engañoso no m b re de
Le isle so n an te , c o m pletándose en fo rm a póstu m a en 1564 como Le cinquiesm e e t d e rn ic r
liv re de P a n ta g ru e l. Todos esto s e ngendros
de u n e s p íritu d e sc a rria d o y p e rv e rso recién
a h o ra h a n sido re u n id o s en u n solo volum en
C reem os in n e c esa rio te n e r que in s is tir so
b re el hecho — re p u d ia b le en todo sentido—
de h a b e r u tiliz a d o p a ra ta n b a jo s fin e s una
ta n sublim o y c ris tia n a in v e n c ió n como le
es la im p re n ta , p a ra d a r a luz lib ro s que
como el p re s e n te no sólo h a n sido m u y ju s ­
ta m e n te c e n su ra d o s p o r la S orbona, m uy r e s ­
p o n sab le m e n te co n d en ad o s p o r el P a r lam en
to , y m uy s a b ia m e n te in c lu id o s en el In d ex ,
p o r re so lu c ió n de la S a g ra d a C ongregación, *
sino que c o n trib u y e n de m a n e ra visib le a la
d iso lu c ió n de la s c o stu m b re s, a to n ta n co n tra
la s sa g ra d a s in s titu c io n e s del E sta d o , la
Ig le s ia , rid ic u liz a n el m atrim o n io , la c a s ti­
d a d , y re la ja n el re sp e to que debe te n e rse a
la s a u to rid a d e s civiles y re lig io sa s.
No es pre c iso s e r m uy p e rsp ic a z p a r a a d ­
v e r tir la s d e sv e rg o n z a d as alu sio n es que c o n ­
tie n e y s a b e r que los p e rso n a je s tod o s de es­
t a a b r a son u n a c o n tin u a y cín ic a a le g o ría :
*

Y e r los c o rre s p o n d ie n te s c ab leg ram a s de
la U . P . que en su o p o rtu n id a d p u b lic á ­
ram os.

---- 1
G a rg a n tu a es F ran c isco I ; G ran d G ousier,
L u is X I I ; P a n ta g ru e l, E n riq u e I I ; P icrochole,
M axim iliano S foroe; G argam elle, A na de
B re ta ñ a ; B adebec, la R ein a C la u d ia; el G ran
Ju m en to , D ia n a de P o itie r s ; P a n u rg o , el
C ard e n a l de L o rra in e , etc.
N os ocupam os de e ste libro, haciéndolo
m e re c ed o r de u n c o m entario b ib lio g ráfico
m ás ex ten so que los h a b itu a le s, a ú n sabiendo
a c ie n cia c ie rta que n a d ie lo re c o rd a rá d e n ­
tr o de u n p a r de años, p o r se r u n síntom a
do los tiem p o s que co rre n . L a s re p u g n a n te s
e irre s p e tu o s a s a v e n tu ra s de lo s p e rso n aje s
do e ste lib ro — cuyo a u to r h a e stu d iad o m e­
d ic in a en la im pía U n iv e rs id a d de M ontp e llie r, lo que y a es sin to m á tic o — deshou
ra d o p o r la s c o n tin u a s im p ie d a d es y obsce­
n id a d e s p u e sta s en boca de los m ism os, lo
p ru e b a n . Son c e n te n a re s de p á g in a s re p le ta s
de d e sh o n e stas s á tira s , lo c u ra s, e x tra v a g a n ­
cias y p u lla s p e sa d a s y a tre v id a s, en la s que
so p re te n d e a b o rd a r g ra v e s p roblem as filo
sóficos, re ligiosos y p o lític o s en m edio de
tru h a n o ría s y b u fo n a d a s re a lm e n te in s o ­
le n te s.
Su e stilo es a b su rd o , h a cién d o se a ra to s
in co m p ren sib le. C rea, con c ritic a b le audacia,
neogolism os con p a la b ra s s ac a d as y m a ltra ­
ta d a s d el la tín , griego, e spañol, hebreo, p e r ­
sa, alem án, y m uchas o tra s do su p ro p ia in ­
v e n ció n ; todo lo c u a l re d u n d a p e rju d ic ia l­
m ente p a ra la c o n se rv a c ió n de la p u re z a de)
id io m a en el c u al p re te n d o h a b e r sido os
c rito . R e c u rre a la s m ás b a ja s y g ro se ra s
ex p re sio n e s, la s co m p aracio n es m ás re p e le n ­
te s y los g iro s m ás soeces.
E stim a m o s quo d e b en e x tre m a rs e la 3 m e­
d id a s y la v ig ila n c ia p a ra re p rim ir nuevos
in te n to s como é ste de a lte r a r el o rdon exis
te n te , p u e sto que e n tre g a a la b u r la de la
p le b e n a d a m enos que la s a u to rid a d e s constitu íd a s , poniendo en te la de ju ic io el v alor
de la e n se ñ a n za im p a rtid a o ficialm en te, se
e n sa ñ a c o n tra la Ig le s ia , g u a rd ia n a dé la
m o ra l y la s b u e n a s co stu m b res.

Insistimos en nuestra prédica: libros que
aborden directa o indirectamente temas de
tanta gravedad sólo debieran aparecer eu
latín y con las debidas licencias, puesto que
no puede entregarse al escarnio del vulgo los
fundamentos eternos de la sociedad cristiana
y occidental.
E L V IC E S U B P R O S E C R E T A R IO
D E RED A C CIO N .

contrarreembolso,
los libros siguientes:
R am ón

J.

S e n d e r:

H ER N A N CORTES
$ 4.—

R am ón J .

S e n d e r:

M EX IC A Y O TL
•$ 6.—

R am ón

S e n d e r:

ORDEN PU B LIC O
$ 4.—

J.

R am ón J . S e n d e r: E P IT A L A M IO D EL
P R IE T R O T R IN ID A D
$ 6—
Jean

C assou:

C ER V A N TES
$ 4.—

J u le s R o m a in s: ¿M IS IO N O D IM ISIO N
D E F R A N C IA ?
$ 3.—
Ja c g u e s M a r ita in : E L CREPU SCU LO
D E L A C IV IL IZ A C IO N
$ 3.—
C laudio de S ouza: LO S U L T IM O S D IA S
D E S T E F A N S W E IO
$ 3.—
A lfred o de M u sset: LO S CA PRICHO S
D E M A R IA N A y PA N TA SIO
? 3.—
D id e ro t:

EL

SO B R IN O

D E RAMEAU
$ 3.—

L eopoldo L u g o n e s: L A G U ER R A GAU­
CH A, en p a p el p lu m a : $ 4.50
en p a p e l o ff s e t:
,, 6.50
J o sé

H e rn á n d e z :

M A R T IN FIER R O
$ 5.—

J u a n B. A m b ro s e tti: SU PE R ST IC IO N E S
Y LEYENDAS
$ 2.50
L e tic ia C o ss o ttln i: T E A T R O D E NIÑOS

�cabalgata

11

J ijeas F r a n c e s a s
UBO un tiempo en que todas las
ideas eran francesas,
sin que hubiera necesidad de decir­
lo, porque Francia lo era todo en
Europa y Europa era casi todo el
mundo. Francia era entonces uni­
versal por el simple hecho de que
ella sola producía las ideas que el
universo adoptaba, y no la preocu­
paba el “pensar en francés” — esa
doble falta de pensamiento y de
francés.
El funesto “nacionalismo”, na
cido en Prusia por culpa de un
corso jacobino que Labia conquis| tado ya Francia, ha cambiado todo
esto desde hace un siglo. Hoy ve­
mos que las especialidades nacio­
nales triunfan en todas partes en
los dominios de la cultura y hasta
en los de la cocina. La filosofía es
alemana, las novelas y los films
norteamericanos, la poesía inglesa,
la doctrina política, soviética. Y la
elocuencia ha pasado de moda y la
ciencia es internacional. .. ¿Qué le
queda pues a Francia? ¿Qué es lo’
que el mundo espera de una Fran­
cia que, de hecho, no es ya univer­
sal, que no es una potencia de pri­
mer plano y cuya lengua retrocede
ante el inglés? ¿Por qué razón, y
a pesar de todo, Francia goza hoy
en el mundo entero de un crédito
de amistad que no se concede a
ninguna otra nación, de un presti­
gio de cultura incomparable?
Bello misterio al que hay que
aproximarse con cierta delicadeza,
desde lejos y como un extranjero.
Porque los franceses viven así, sin
sospecharlo, conscientes de todo
excepto de que son las personas
más conscientes del mundo, del
mismo modo que tienen su clima
templado por el clima normal del
hombre, olvidándose de que es una
I sorprendente excepción y no menos
anormal que el orden en la liber­
tad, la razón en el amor, el equili­
brio... ¿De qué está hecho el equi­
librio humano? ¿Cuál es esa medi­
da del espíritu cuyo único modelo
en el mundo es Francia, aunque
afortunadamente ella se obstine en
tenerlo por universal?
La importancia de las ideas por
íí mismas: he ahí sin duda la idea
francesa por excelencia,
Interrogad a las demás naciones
modernas o, mejor aún, vedlas en
sus obras. ¿Cuáles son los princi­

Por DENIS DE ROUGEMOIST

H grandes

pios que alegan para justificar su
política, cuál es el fin que persi­
guen realmente ? Os contestarán:
el poder, la riqueza, el bienestar,
la justicia económica, el orden cívi­
co. Pero Francia os responderá con
ideas. Ahí está el peligro: de esas
ideas extrae su verdadera gran­
deza y sus debilidades más noto­
rias. Por eso, tan pronto ofrece a
Europa los Derechos del Hombre,
las mayúsculas, Descartes y Robespierre; tan pronto el estilo de
sus grandes moralistas, como las
querellas de partido que se exacer­
ban sobre puntos de “doctrina”, en
vez de nutrir al pueblo y recons­
truir el Estado. Esta primacía prác­
tica del'espíritu, ya sea el genera­
dor del orden y la Paz, o simple­
mente de argucias de partido, esta
voluntad constante de razonarse
las acciones que emprende, y de
no perder la conciencia ni aun en
el desastre, en fin, esta vigilancia
del intelecto que no se cansa nunca
de dar forma a lo real y de buscar
un “sentido” a' los acontecimientos,
mientras otros pueblos se conten­
tan con soportarlos con embriaguez
o disciplina, he ahí lo que asombra
y seduce al extranjero que con­
templa por primera vez a Francia.
Pero esta primera mirada puede
ser también engañosa. Existe una
Francia de fachada, de pabellones
de exposición, que decepciona
pronto a los que deslumbra. El
bigote picaro de Menjou, la eneantandora sonrisa de Boyer, los nom­
bres de los grandes cosecheros,
perfumistas y modistos, componen
una Francia de “cliché”, de fácil
exportación, pero que deja al ex­
tranjero en la ignorancia del ver­
dadero pueblo de la verdadera
Francia — ese pueblo vestido de
negro, el más serio que he cono­
cido. Del mismo modo, la idea de
que es una nación que se entrega a
justas ideológicas, descuidando sus
intereses, podría hacernos olvidar
que la verdadera Francia es, ante
todo, el país que prefiere las ra­
zones de vivir a la vida brutal, y
que da más importancia a los va­
lores que a los hechos: la Resis­
tencia lo ha probado así contra
Viehy.
Me gustaría decir a los amigos de

Francia: todo esos “clichés”, ma­
yúsculas, etiquetas, crisis políti­
cas y * retóricas nacionalistas, que
hablan demasiado, o en voz dema­
siado alta de Francia, no la repre­
sentan; reducen a una especialidad,
a una turbulencia pintoresca, un
país de mediano tamaño y que,
después de todo, no representa más
que a 40 millones de habitantes.
Yo encuentro la verdadera Francia
en los que hablan poco, en los que
no hacen de todo un caso, un tré­
molo, un asunto exclusivamente
suyo del que excluyen al resto de
los hombres. Y cuando hablan, no
lo hacen como franceses, —nos­
otros, los franceses, llevándose la
mano al corazón, como esos ameri­
canos que nos ofrecen ante todo
su “american way of life”, esos
alemanes con sus problemas ale­
manes o esos rusos con sus solu­
ciones decretadas por Stalin—, sino
simplemente como hombres. He ahí
laj única especialidad que cultivan,
en el mundo de hoy: la de ser hu­
manos antes que nada.
Esos hombres me dan una idea
del pudor, del pudor de las ideas
que, sin que ellos lo sepan, es tam­
bién una idea francesa, porque
ignoran que es válida para todos
los hombres. Por ese pudor, y no
por vanidad, se esfuerzan por
hablar bien, por dar una forma a
lo que dicen, como para asegurarse
que no han dicho ni más ni menos
de lo que querían, en los términos
precisos que convienen para dar a
conocer su pensamiento a los de­
más, sin hacerles a la ve? confesio­
nes importunas. Por eso, el sentido
de la forma es su pudor, su escrú­
pulo, su seriedad aun en medio de
la alegría, de la palabra ingeniosa
o de la moda. De ahí procede su
idea del estilo o, por mejor decir:
del estilo de las ideas, que es su
secreto más precioso. Yo les escu­
cho con placer. Y cuando, delante
de una de sus frases, me olvido de
pensar: ¡qué idea tan francesa! —
cuando exclamo: ¡ qué buena idea!,
¡ qué idea tan hermosa!, comprendo
que han alcanzado su perfección.
Me han hecho olvidarme de la na­
ción para ver mejor al hombre. Son
la Francia.
Traducido por M. L. M AR TIN E Z

ARQUITECTURA
P E R U A N A *
Por FRANCISCO DE A P A R I C I O
los buenos libros editados
en la colección “ T ierra F irm e ”
—colección de valores tan dispares
como los de la misma tierra cuyos
caracteres se propone reflejar— me­
rece destacarse por su calidad y la
eficacia con que ha sido logrado, el
ensayo de Héctor Velarde acerca de
la arquitectura de su país.
Divídese el volumen en tres par­
tes: arquitectura prehispánica, ar­
quitectura colonial y, luego, la ararquitectura de la época indepen­
diente. El tema es, de suyo, apa­
sionante e implica grave responsa­
bilidad para el que lo aborda. Den­
tro de la Tierra Firme — con la sola
excepción de México y regiones ve­
cinas— el Perú es el único país
cuyos pobladores prehispánicos crea­
ron una arquitectura de alta jerar­
quía, y en tiempos coloniales fué
el centro de la cultura hispánica,
la cual, frente a las magníficas ci­
vilizaciones que se proponía despla­
zar, dió nacimiento a una admirable
cultura mestiza cuyas manifestacio®es más notables florecieron en el
campo de la arquitectura. Tan rica
tradición, finalmente, ha inducido
a los arquitectos peruanos de hoy a
emprender la ambiciosa tarea de
renovar los viejos cánones con el
C

n tr e

« V ilte c tu r a peruana, por H é c to r V e la rá
Xlerra F irm e. Fondo de C u ltu ia E con óm ica,
H í* ico. 1S4 p ágin as y 07 lá m in a s, a is
E stica . S 1 0 .6 0 m /e r f.

LA

propósito de crear una arquitectura
propia, adaptada a las necesidades
de la época.
A nuestro entender, la parte más
importante y novedosa del libro es
la primera. La arquitectura, así co­
mo todas las manifestaciones del
arte de los antiguos peruanos, han
sido estudiadas, casi exclusivamente,
por arqueólogos, viajeros o simples
aficionados. Y aun cuando en sus
obras suele emplearse con harta fre­
cuencia —a veces desde el título—
las expresiones “ arte” y “ arqui­
tectura”, no 6e excede de los límites
de la arqueología, más q menos cien­
tíficamente considerada según los
casos.
Velarde, en cambio, ha ido dere­
chamente al asunto. Desgraciada­
mente, está en el polo opuesto: su
erudición arqueológica es muy li­
mitada. Si la limitación no estuvie­
ra confesada en la pobreza de las
“ obras consultadas” , sería evidente

en la superficialidad de las descrip­
ciones y en la aceptación, un tanto
ingenua, de teorías e hipótesis de
escaso fundamento. Y se la advierte
aún en el análisis de las técnicas,
especialmente en las relativas a las
construcciones de tierra cruda: omi­
te la mención de la tapia, muy em­
pleada por los antiguos peruanos,
la más difundida en el espacio y la
más perdurable. Es a ella a la que
corresponde realmente esta observa­
ción del autor: “ Es notable la per­
duración de estas remotísimas y va­
riadas técnicas de construcción pre­
incaica de tierra cruda, pues conti­
nuaron durante la Colonia, y hoy
mismo siguen empleándose y viéndo­
se en cercos y paredes de toda la
costa, como si estuvieran reciente­
mente levantadas por los mismos
Yungas.” En cambio, cuando Velarde arquitecto, ahonda la crítica
e interpreta y estima la obra arqui(Continúa en la pág. 13.)

LLAVE
MAESTRA
D EL

IDIOMA
T odas las voces de todos los verbos castellanos
se hallan anotadas en el D I C C I O N A R I O DE LA
C O N J U G A C I O N . Los 12.000 verbos castellanos
del Doctor Aurelio García Elorrio.
El más completo y eficaz instrumento didáctico
de la conjugación.
Obra indispensable de consulta para estudiantes,
profesionales y para toda persona que aspire
a expresarse correctamente.
E l tomo encuadernado en tela,

15 x 21

cm. con

sobrecubierta en colores, 330 páginas. $ 15.En todas las librerías y en la

EDITORIAL KAPELUSZ &amp; CÍA.
Moreno 372 - Buenos Aires

E L

T I E M P O

Y SU S LIBROS
Cuatro años a bordo de mi mismo (Diario de los cinco sentidos), por Eduardo

Zalamea Borda. Max Nieto, editor. Buenos Aires. 291 págs. a la rústica. $ 7. ni. arg.
N América Hispánica afrontamos aún la circunstancia de que cada obra literaria

Elo significativa
desde el punto de vista de su calidad, promueva una renovación, o por
menos una revisión, de lo que Pedro Henríquez Ureña llamara ‘ ‘ Seis ensayos en
busca de una expresión” . Y sin lugar a dudas, el libro del colombiano Zalamea Borda
promueve la discusión.
Entre los extremos del naturalismo por un lado ,y de los ‘ ‘ ismos ” formales por
el otro, los novelistas americanos han sucumbido infinidad de veces ante el desencuentro con el tema o con la expresión. Faltos aún de una ‘ ‘historia literaria” que
permita la orientación o ubicación de las generaciones de artistas con una precisión
un poco mayor a la que se efectúa actualmente, en América el presente tiene que
cumplir asimismo el rango de tradición. De ahí que nada pueda lograrse bajo la capa
de Faulkner, Joyce, Kafka, Proust, etc., o bajo el mito del tema americano tal
cual lo encaran nuestros rezagados naturalistas o social-folkloristas. Si la novela,
en general, marcha hacia el encuentro con el realismo conceptual —Héctor P. Agosíi
lo explica claramente en su ‘ ‘Defensa del Realismo” —, y marcha por medio de la
evolución tanto do las literaturas como de los pueblos, en América las posibilidades de
ese encuentro existen ya por las características especiales del problema. Y es aquí
donde el significado de Cuatro años a bordo de mí mismo se hace más patente:
una novela que responde a esa exigencia. A esa exigencia de madurez que significa
crear una cultura propia y no, como piensa Albert Camus cuando afirm a que nuestra
niñez ha desaparecido en la medida que somos capaces de comprender sus conferencias
con la misma claridad y conciencia de la actualidad literaria francesa con que lo
hace su público habitual.
Zalamea Borda nos lleva a través de cuatro años de vida en la Guajira, lugar
geográfico colombiano, pero lo hace como si fueran cuatro años de vida sensorial
do un hombro en cualquiera de los lugares donde el hombre habita. 8i América le da
el clima, el ambiente, la forma, la verdad americana en una palabra, el autor dbl
libro lleva esta verdad hasta la totalidad humana. Por eso será que entre el mar
colombiano y el del Cementerio Marino envontramos tantas analogías; y entre la
naturaleza colombiana —con sus negros, indios, mulatos y blancos— y la naturaleza
de las aldeas ancestrales de Jean Giono, encontramos la misma intensidad y anhelo
de peculiares verdades.
Pero donde Zalamea Borda asombra por lo inesperado, es en bu lenguaje. Un
lenguaje completamente nuevo en la novela americana, aunque pueda tener un ligero
antecedente en El Caballero de la Esperanza, de Jorge Amado, y que tiene los poderes
esenciales que encontramos en un Neruda, un Vallejo o un Ramponi. El estudio de
esta obra escapa a las posibilidades de un comentario bibliográfico, pero no queremos
terminar éste sin transcribir un pequeño pasaje de Cuatro años a bordo de mí mismo:
‘ ‘ Bahíahonda está ahora llena de molicie y de amor. Dos seres se aman con furia, ago­
tando los días en minutos y devorando las horas que saltan, escapan do sus manos que
quieren hacerlas eternas. Sus bocas se tienden hacia la vida, hacia el mordisco que hace
carne y sangre del amor. Que lo objetiviza, lo concreta. El ojo, el gusto, la nariz,
el tacto y los oídos, son 5 contactos que la vida coloca sobre el pecho de la muerte.
Saben que cada mirada, cada perfume íntimo, cada uno de esos perfumes que
tienen tantos matices como el día, cada gusto de un beso, hará que su amor se acer­
que al fin: el hijo o la muerte. En todo caso, la muerte. Y so van hacia la muerte,
ciegos, mudos, sordos, sin olfato y sin gusto, porque el amor ha comprendido y com­
pendiado todos los sentidos en el deseo único y dominador de poseerse.
‘ ‘Sobre sus cuerpos jóvenes está el cielo, abierto como sus bocas tenaces. El mar
acompasa su música a sus incomprensibles palabras, y bajo ellos está, eterna y firmo,
como un miembro inmóvil, la tierra seca y larga para que sobre ella se amen todos
los hombres .. ”
Miguel Graco.
R etorno del amante , por Gregorio San­

tos Hernando. Ediciones “ A ngel” , Bue­
nos Aires, 57 págs. a la rústica.
L ig ad a a la o b ra de G regorio S a n to s H e r ­
n a ndo se h a lla "A n g e l” , h o ja de p o esía que
en su s c u a tro nú m ero s in ic ia le s vien e s ig n i­
fic a n d o el sitio de re u n ió n y a ce rc a m ie n to de
u n g ru p o d e n u e stro s m ás jó v e n e s p o e ta s. En
e ste p a ís donde el p ro b le m a m ás u rg e n te del
e s c rito r jo v e n se re d u c e a la d ific u lta d de
d a rse a conocer, ese h u m ild e suceso q u e es
"A n g e l" no p u e d e q u e d a r olvidado al m arg en
d« su a u to r

B e to rn o d el a m a n te h a titu la d o G reg o rio
S a n to s H e rn a n d o su ú ltim o lib ro d e verso s.
E n c o n tra m o s en él m ucho d e su s a n te rio re s
J o v e n m elodía y E leg ía , pero ta m b ié n tr a n s ita
p o r él un m e n sa je p u rific a d o de q u ie n no ha
cesado de b u s c a rs e a sí m ism o leve y p a
c ie n tem e n te . T odo ves que re p a sa m o s u n p o e ­
m a de H e rn a n d o nos ale jam o s con lo c erte z a
de h a b e r p re se n c ia d o la b elleza d e u n v e g etal
c u b ie rto de m acollas, zum os re c ie n te s y tie rn o
c irc u la c ió n . E l tono de ele g ía ta n c a ra c te rís tic o
en el a u to r no de ca e u n a sola vez en el lib ro ,

(Continúa en la pdg. 14.)

�cabalgata

12
•geeié n

apargeido
K. S im o n o v
CUADERNOS
YU G O ESLAV O S
U n a a p a s io n a n te h is to r ia re v e la ­
d o ra de la acció n s e c re ta de los
g u e rrille ro s y u g o eslav o s.
(E n e .) $ 4.50

Exitos de librería:
H e r m a n n H esse

D EM IA N
$ i .—

S ID D A R T H A
S 5.—

LA R U TA
IN T E R IO R
S 7.—

A. G ide
LAS CUEVAS
D E L V A T IC A N O
5 4.50

J. P. J a c o b se n
M A RÍA G R U B B E
(E n e .)

S 10.—

C. F. R a m u z
E L ESP A N T O
EN L A M O N T A Ñ A
S 3.—

R

ic h a r d

A l d in g t o n

TODOS
LO S H O M B R E S
SON EN E M IG O S
(3 to m o s) $ 10.80

J

E r s k in e

ohn

LA SEÑ O R A
DORATT
n 4.50

A. H a l p e r
EL DRAMA
DE LO S H U M IL D E S

UN POETA ALEMAN DE HOY

GUSTAV REGLEH
en México, caminando por la avenida Letrán. Hay que atravesar
una m ultitud bullente. en la que lo humano tiene sólo un- valor deco­
rativo. Para llegar al café fíetis hay que sortear buhoneros que extienden
su mercadería a los id es de los transeúntes, saltabancos, tragadorm de
fuego, músicos ciegos con la más extraña variedad de instrumentos, men­
digos con la más extraña variedad de lacras, vendedores de tortas d&lt; maíz
y de toda clase de bebidas y alimentos. Ahora ya dentro del café, hay que
atravesar el humo espeso de las conversaciones de los “ gachupines” * has­
ta llegar al fondo. Allí, en un rincón, con la mesa cubierta de cuartillas,
está Gustav Regler. Cuando me aproximo, lo encuentro brindando una
sonrisa de sátiro refinado y moderno a la hermosa mesera que le sirve. En
esa sonrisa resume Regler su profundo amor a la vida, amor que parecería
imposible en un hombre que, a pesar de encontrarse en la mitad de su
recorrido vital (tiene aproximadamente la edad de este siglo), se ha mez­
clado a todos los acontecimientos que conmovieron a la Europa actual desde
los albores del siglo y ha vivido apasionadamente sus convulsiones ideoló­
gicas. En Regler el amor a la vida• significa ardiente deseo de creación
desplegado en todos los campos, ansia de una plenitud no coartarles por
trabas. Así, frente a la mujer, vuelca en su amor un contenido cósmico,
un soplo metafísica, una 'Weltanschauung, que no involucra, en modo al­
guno, mengua de la pura y directa acción física, sino la plenitud del amor
que se satura de todos los contenidos humanos posibles. Así concibe también
la revolución social, una revolución en la cual el hombre no perdiera su
carácter humano.
“ Siempre he sido un rebelde” , me decía. Y como tal empezó su carrera
en la vida, rebelándose contra, la religión y abandonando el seminario del
convento de Trenes. Estudió luego filosofía en Heildelberg y Munich, escnbiendo una tesis sobre “ La ironía. de Goethe y de la escuela romántica
alemana”. Estuvo en la guerra del 14, y combatió con el valor y la pasión
con que hacía todo; sufrió un grave envenenamiento por gases en Chemin
des Dames y fué condecorado. Salió de la guerra con su espíritu de rebelde
vigorizado y con profundo asco hacia una organización social que creaba
tales absurdos. Intervino en la revuelta de Munich, donde vió fusilar a sus
camaradas estudiantes y escapó milagrosamente a la misma suerte. De
allí se lanzó de lleno a la experiencia vital, atravesando una m ultitud de
profesiones ■.comerciante, agente viajero, traductor, bailarín, fabricante de
P

stamos

* Nombre que se les da a los españoles en México.

P OE MA
A Alice Paalen.

$ 6.50

En librerías
o contrarreembolso

EDITORIAL

ARÜQNAUTA
Brasil 1766
T. A. 23-7432

Una {pan organización de
librería postal al servicio
de los lectores exigentes.

Cuando tus ojos se abrieron
al nacer
recorriendo los arrecifes distantes llegaron al horizonte
pronto comprendieron que hay una frontera inevitable
el infinito
Tus manos lograron la longitud anhelada
cuando acariciaron el mar
¿Pero no se retiraba siempre el mar de Britania?
Tus pies andan a tientas con la suavidad de la arena
con la ternura de la arena que intenta
hacer que la tierra sea blanda para las olas .
porque la tierra es dura y egoísta.
Y de nuevo los ojos, ahora ya iniciados
y oscuros como esponjas de las profundidades marinas
que sólo quieren absorber luz
También oigo ahora tu voz que habla a la márejada
que habla y habla incesantemente.
Pero en los ojos
las manos
los pies
hay algo que escucha
pues cada día el viento puede traer
lo esperadoel clamor del náufrago
quien finalmente será oído
(
un color con hambre eterna
V un sonido
el de un buho
que suena en los vientos
de un campanario

(de LA nO E A 13.)

Pida cualquier libro

LA G A T A - S I R E N A

de Editorial argen­

Sirena, era como la idea de un sueño
en que tú recordabas tu otra vida
donde estabas al sol largamente
y donde intentabas imaginarte
que no tenías sexo
y podías nadar
en todas las aguas
y no sufrir nunca ante la idea
de que tus ^brazos no daban
lo que querías dar pródigamente
y que tus besos no tomaban
lo que estaba tan cerca de ellos en los labios del otro

tina y se le remitirá
con trarreem bolso,
franco de porte.

Quedan disponibles al­
gunos puestos del in­
terior del país para
agentes activos y de
moral solvente.

m

m

m

LIBRERIA POSTAL

al servicio del buen libro
PERO 973

BUENOS AIRES

Ahora, estás en la orilla
un poco avergonzada
arrastrando tu cola inquieta
—tan obstinadamente unida—
detrás de ti en la amarilla arena
Pero tu piel ya crepita y arde
en el cantante sol del desierto
y cuantos ojos líquidos pueda haber en ti
observan en tu mansión interior
codiciosamente inquisitivos
en tu afelpada cabeza ronronea
el canto satisfecho de la arena caliente
que prepara la eclosión de nuevos abrazos
Y retirada la zarpa
temerosa de que las garras
puedan herir tu sueño
velado por el ámbar de tu rubia piel

pieles, periodista, crítico de arte. En 1928 publica su primera novela. Aban­
donó Alemania en 1933, cuando el hedor totalitario emponzoñaba el aire.
Su entusiasmo de rebelde lo llevó a Rusia en 1934, donde presumía el ideal
de un mundo nuevo. E n 1936 la volvió a visitar, y por incapacidad para
ocultar su desilusión, estuvo a punto ele ser fusilado. ‘‘Huí de esa tristeza
totalitaria”, dice, resumiendo en esa frase el mayor alegato contra un
régimen ¿Acaso podemos creer en un régimen que combate la alegría de
vivir, que destruye la felicidad con el veneno de tan espantosa tristeza? Se
refugió entonces en París, hasta el estallido de la guerra civil en España.
E l poeta, palpitando siempre con el pulso del mundor fué uno de los \mimeros en acudir al llamado de los hombres libres. En España formó y ca­
pitaneó brigadas internacionales, y al lado de los garibaldinos, derrotó a
los italianos de Mussolini. Fué herido gravemente en Huesca. Después de
la derrota republicana logró atravesar los Pirineos.
E n Francia sufrió los horrores del campo de concentración de Vernet
durante 7 meses. A llí estuvo con Koestler y Gkdiani. Cuando los amigos lo­
graron liberarlo, partió para México, en 1940, en plena catástrofe euro­
pea. El último adiós desesperado del viejo continente se lo dió Malraux,
que le dijo al despedirlo: “ Vivimos en un mundo poblado de cadáveres”.
En viaje hacia México jura no mezclarse nunca más cotí esa “ humanidad
enferma”. Pero al encontrarle en México he visto al mismo rebelde de
siempre: “ Es una energía que me viene desde ¡os espacios interestelares”,
me explica. Y, esa energía hace de él, a pesar de todo lo sufrido, un opti­
mista.
He aquí la historia de un poeta moderno, de un poeta que entregó pri­
mero toda su energía a la vida y que ahora vive intensamente en estos poe­
mas de emoción extraña y contenida.
Obras publicadas por G. Regler:
La marcha de los pastores (Novela). Luebeck 1928
El agua y el pan (Novela). Berlín 1930
El hijo pródigo (Novela). Ámsterdam 1934
La siembra (Novela). Amsterdam 1935.
La gran cruzada\(Novela). Nueva York 1940
El pozo sin fondo (Poemas). México 1943
La hora trece (Poemas). México 1944
La cabaña de la jungla (Poema). México 1945
Wolfang Paalen (Biografía crítica). Nueva York, 1946.
Están por aparecer en Alemania, en la zona oeste:
Las estrellas del crepúsculo (Novela). Stuttgart
Tierra volcánica (Diario de México). Saarbruecken
Amimitl (Novela histórica). Saarbruecken
Nuevas Poesías. Saarbruecken
así reposas en la nueva playa
y mientras late suavemente el corazón
—que golpea en el límite
entre lo escamoso del pez
y el terciopelo felino—
contemplas el paisaje enmarañado
mirando en la arena hospitalaria
las pisadas
de los millarefe de amados
(de LA HOLA 1S.)

I C A R O
Hasta que no estuvo cayendo no vió lo que frívolamente había dejado
larga serie de ciudades y pirámides
que semejando diademas
reposan en los Aralles de la noche
Mientras se precipita a través del túnel de los vientos
y la música de la muerte va llenando sus oídos
vuelve de nuevo a engañarse a sí mismo
y a querer tomar la tierra
como un minuto antes el sol
Todavía ilusionado por sus alas de cera semiderretidas
ya comienza a acunarlo la tortura de la furiosa impotencia
¿No es despreciable ese sol?
Amarillo como la envidia
saturado de inconstancia
semeja la perrera del universo
y pese a todo, existe el día.
Las estrellas ofrecen su ayuda
La luna cinco fases
Icaro sacude la cabeza
Tcaro rechaza toda ayuda
Aún ahora desprecia las cosas a medias
Al precipitarse oye el lamento de los alcaudones decapitados
sin aliento se lanza a través de la espesura de relámpagos
El mar le sonríe
se prepara amorosamente a recibirlo
un sol azul entre continentes fríos
Antes que la estrella viviente se sumerja
como un meteoro de carne y sangre
se sumerja y vuelva a flotar como espuma
él ve ahajo en la playa
forma nítida en la niebla de lejanas centurias
el gigantesco animal
listo para volar
traidor a la tierra
alas deslumbrante de acero
agitándose frenéticamente
cuatro corazones de acero palpitando
¡ Icaro!
El mira y sonríe y se estrella
La venganza es más dulce que la muerte. . .
(de LA HOPA 1S.)

EL

N I L O
(Sobre un cuadro de Altee Paalen.)

Sueño de las fuentes en las montañas abisinias
sueno que se precipita hacia el mar como hacia un despertar
escuchando el canto pardo del desierto
atónito ante el verde vigor de las orillas
que se nutren de tu paso impaciente
tu nostalgia tiene velas —tus gritos son grúas—
tus ondas son delfines —los tambores de tus fiestas
despiertan al corazón de las pirámides—
Como un joven faraón tu boca viene a tu encuentro
no existe la muerte mientras hables al desierto
y el sol de la arena permanece atónito
ante la danza de las raíces y los barcos que cantan.
(Inédito.)
(Kola y versiones de Adolfo Este.)

�(Viene de la pág. 9.)

.yiene de ta pág. 11.)
Lávica de l°s I» cas y sus antecesores,
liia una labor justamente admirable,
mejor, ¡W nuestro juicio, que se ha
fizado hasta ahora.
g¡ ei autor se resignara a descender al
0o de la arqueología y retomara el
I b» después de un conocimiento directo
r caijal de los principales monumentos
i: ¿jijonas de su país, realizaría sin duda
. a obra magistral y perdurable; obra
; vendría a satisfacer una necesidad
tensamente sentida por todos los que
•locura» ahondar en el estudio de las re0,.IS culturas de América.
Todo lector no arqueólogo ha de opi„ y con razón, que la parte más enr odiosa de la obra de Yelarde es la que
, refiere a la arquitectura colonial. No
amos destacado la primera por pasión de
rqueólogos sino por lo que representa eoo aporte para el conocimiento de un
,«na. aparentemente trillado y siempre
‘ -iudido.
Dentro de la arquitectura colonial, ve­
ndo está realmente en su campo. El
^cimiento del tema es total. L a desripción de cada edificio, breve y ceñida.
s ¿e una claridad meridiana y parece
mda con una facilidad extrema. Todo
.(Incurre a este feliz resultado: el doánio del asunto, la prosa flilida y el
ocabulario rico y preciso. (Esto último
' aCaS0 lo más sorprendente para nos
jjos porque entre los profesionales que
¡ se afanan por empobrecer y estro¿u el idioma acaso los arquitectos mar■ten a la vanguardia.)
i Yelarde dedica sendos capítulos a los
vatros donde la arquitectura alcanzó
aracteres peculiares durante la Colonia y

Los 50 L IM O S mejor
editados en 1047
L Jurado e n c a rg a d o p o r la C á m a ra A r­
d e l L ib ro de s e le c c io n a r “ L o s
50 libros m ejo r e d ita d o s en 1 9 4 7 ” , comsoesto por los s e ñ o re s F ra n c is c o L u is
■; Bernárdez. J u lio E . P a y ró y A le ja n d ro S i
i ri0 después de p ro c e d e r a l e x a m e n de los
&lt;&gt;67 libros p re s e n ta d o s , c o n sa g ró , p o r u n aulmidad, los U bros de la s s ig u ie n te s E d itoriales:
EDITORIAL A B R IL : A n d e rse n . L a Sirenita: R oberto V a le n ti, F o n c h é , e l M i­
nistro diabólico.
EDITORIAL A T L A N T ID A : C o n sta n c io C.
Yigil, V id a s q u e P a s a n ; C. C ó rd o v a
Iturburu, D ic cio n ario d e la A c tu a lid a d
Mnndial; C o n sta n c io C. V ig il, ¡ U p a ! ;
Baltasar M iró. T re s O b ra s d e S h a k e ­
speare: “ C olección O ro ” .
EDITORIAL C O D E X :
H é c to r S án ch ez
Puyol, Nido d e P á ja r o s : J o s é S a n to s
Gollán. P á ja ro s s u d a m e ric a n o s .
EMECE E D IT O R E S : O. W . de L u b ic z Milosz,Miguel de M a ñ a ra ; C arm en R . L. de
Gándara. L a H a b ita d a : T h o m as M an a ,
El Problem a de la L i b e r ta d : L ia m O’F la hertv, S k e r r e tt: L e ó n B e n a ró s . P á j a ­
ros C riollos: M. M en én d ez y P e la y o ,
La Ciencia E s p a ñ o la : H a m ilto n B ailey ,
Los Signos F ís ic o s ; C olección "S é p tim o
i Círculo” .
LIBRERIA-ED ITO RIAL “ E L A T E N E O " :
Vicpnte N adal M ora, L a A rq u ite c tu ra
Tradicional de B u en o s A ire s : W o o ste r
Bard Field, In tr o d u c c ió n a l D ib u jo A r­
quitectónico: A g u irre y J ó rg , T r a ta d o
de R adiología C lín ica.
ESPASA-CALPE A R G E N T IN A : G re g o rio
ifarafión. A n to n io P é re z .
EDITORIAL F U T U R O : L e o n a rd o E s t a n ­
co. La P in t u r a en I t a l i a : D ic cio n ario
Enciclopédico de la s A m é ric a s: L eón
j Kilechov. T r a ta d o d e la R e a liz a c ió n Ci­
nem atográfica.
EDITORIAL H U A R P E S : G u ille rm o F u rlong S. J ., O ríg en es d e l A rte T ip o g rá ­
fico en A m é ric a ; J a v ie r V illa fa fie , E l
Gallo P in to .
EDITORIAL IS R A E L : I . L . P e re tz . A dán
7 E va: D é b o ra P e s s in . A v e n tu ra s de
Alef, B et y su s c a m a ra d a s .
EDICIONES IM A N : W ilh em S te k e l, E s ­
tados n e rv io so s d e a n g u s tia y su t r a ­
tamiento.
GUILLERMO K R A F T : D a n ie l G ra n a d a ,
Supersticiones d el R ío de la P l a t a : R i­
cardo Sáenz H a y es, R e m in isc e n c ia s.
EDITORIAL L O S A D A : F ra n c is c o A vala,
Tratado de S o c io lo g ía : C olección “ P s ic o ­
logía. P s iq u ia tría y P s ic o a n á lis is ” .
EDITORIAL L A B O R : E d m u n d o V a sc o n ­
celos, M étodo s M o d ern o s de A m p u ta ­
ción.
EDITORIAL N O V A : M an u e l V ille e a s L 6nez. E l C ine F r a n c é s : A n to n io S e rran o .
Dos A b o ríg en es a rg e n tin o s .
EDICIONES P E U S E R : B a ró n J o sé V an
Dsr E lst. E l U ltim o flo re c im ie n to de la
Edad M e d ia : L a R e c o n q u is ta y D e fe n ­
ea de B u en o s A ire s : V íc to r H a g e n y
Qnail H a w k in s, E l M ito d el Q u etzal.
EDITORIAL P L E A M A R : L e ó n F e lip e . A n ­
tología R o ta .
EDITORIAL S T E L L A : J o rg e V id a l, B o ­
tánica.
EDITORIAL S U D A M E R IC A N A : J o sé L ó ­
pez R ev, G oya y el M u n d o a sn a lre d e ­
dor: H . A. L. F isch 'er, H is to r ia de
Europa; V e it V a le n tín , H is to r ia de A le­
mania: F ilis b e rto H e rn á n d e z . N a d ie en ­
cendía la s lá m p a ra s : A ldous H u x le y .
Ciencia. L ib e r ta d y P a z ; J o s e p h W ood
Hnitch, S am uel J o h n s o n : A n th o n y S ta n den. Los in s e c to s in v a s o r e s ; “ C olección

l Lgentina

Horizonte” .
L IC IO N E S T IT O : L u c re c ia S. O. de
Sáenz, S a n ta T e re s ita d e l N iño J e s ú s .
El sefio r p a y r 5 Re a b stu v o de v o ta r el
toro La p in tu r a en I t a l i a p o r p e rte n e c e r
* una colección q u e él d irig e , y la E d ir j 1*! Poseidon no h a p a rtic ip a d o en el
ncurso p o r se r su D ire c to r m iem b ro de
comisión o rg a n iz a d o ra .
libros d is tin g u id o s p o r el acu e rd o
D,. reforido J u ra d o , e stá n e x p u esto s al
tin 1C° 6n
local d e la C ám ara A rger.a **el E ibro. S a rm ie n to 528. h a s ta e
Ule
c o rr*entp E l 27 del p a sa d o
r a i d 6 a^ r ^ tuvo lu g a r el a cto in au g u j0 ® exposición de los “ 50 lib ro s ine«atados en 1 9 4 7 ” , en el cu al hizo
íírí/: *
pa^al)ra pl m iem b ro de la Coiad °
^ H u r a de la e n tid a d p a tro c ic^ a ^el certam en, d o c to r P a b lo T a rn i,
¡e Ua destacó que pese a la c ris is q u e
2b Lu* *en&lt;*° n u e stra in d u s tria e d ito ria l,
del p aís h an re a liz a d o el en!
6
de re u n ir un elevado
cali? a
^ r o s &lt;lue 86 d e sta c *n p o r
!
1 ad y p re sen ta c ió n tip o g rá fic a .

DE LAS MEMORIAS DE MARTIN REPEZ

a oscuras, intentando dormir. Lo
hice gracias a unas píldoras. Cuan­
do desperté, una nueva sensación
me invadía: el costado izquierdo de
mi cuerpo estaba desapareciendo; el
piyama levantado, como si el bulto
persistiese, pero por dentro se me
estaba borrando con lentitud segu­
ra. Inmóvil, boca arriba, sentí pri­
mero la pérdida de la piel, un ves­
tido frío que dejaba de cubrirme;
!-------- --------------------- !-------- --puntualiza, con notable acierto los factores
ecológicos y sociales determ inantes: Cuzco
la ciudad sin par donde la arquitectura
“ simbolizó la victoria de los conquista­
dores sobre el mismo corazón del Imperio
Incaico’’. Lima, ciudad do arquitectura
“ cortesana, fácil y lujosa” . Arequipa
cuya arquitectura “ fué la del maridaje
entre el conquistador y el conquistado, la
de la fusión verdadera, la arquitectura
colonial perfecta, quizá la más completa
de las arquitecturas mestizas americanas” .
Si aumenta el mérito de la primera
parte de este libro la circunstancia de
tra ta r un tema prácticamente virgen, acre­
cienta el de la segunda la de haber logra­
do una admirable síntesis en materia muy
tratada y, a menudo, m altratada. Carece­
mos do autoridad, en este caso, para situar
a nuestro autor, en orden de mérito, entre
los que le lian1 precedido en tarea análoga
pero tenemos el convencimiento de que,
si alguien pudiera hacerlo, la posición que
le correspondería sería harto favorable.
La tercera parte, brevísima, encara pre­
ferentemente el eneomiable esfuerzo de los
arquitectos peruanos de nuestros días para
dotar a su país de una arquitectura pro­
pia, inspirada en su incomparable riqueza
tradicional.
L a Arquitectura peruana es un breve
libro de síntesis, tan apretada que llega
a menudo a lo esquemático. Está, eviden­
temente, escrito a vuela pluma con una
falta absoluta de pulimento. Estamos acos­
tumbrados a gustar la prosa fácil y chis­
peante de Velarde, en la que campea un
desaliño que, por sabroso, parece con
frecuencia intencional. En esta oportuni­
dad el desaliño es fran-camente excesivo
y muy de lamentar, pues si la prosa man­
tiene, a pesar de todo, su alta calidad,
se desmerece la estructura misma del libro.
El descuido es evidente sobre todo en
la parte ilustrativa, complemento de gran
importancia en una obra de este género.
El volumen trae, al final, cerca de cien
láminas de excelentes fotografías que pa­
recen agregadas más o menos al azar.
E ara vez se alude a ellas eiv el texto. El
autor habla como si descontara que el
lector conoce los monumentos de que se
ocupa. Sucede así que la lectura es fácil
(Continúa en la pág. 14.)

después la carne, arrancada en gol­
pes violentos, luego los huesos tor­
pes. Desaparecían, se iban sin san­
gre, sin nervios; lancé un grito y
me desmayé. Volví a ‘dormir, con
pesadillas visitadas por perros os­
curos que me lamían el corazón al
aire, calentándolo, impulsando con
su lengua la sangre. Al despertar, la
pérdida se había completado. No
quería tocar aquello, trataba de res­
pirar lentamente; una inspiración
profunda podía hacer estallar el
músculo a flor de cuerpo. Aquel día
no me levanté; tampoco al siguien­
te; lo hice cuando mi madre habló
de llamar un médico. Lo probé por
la noche, de a poco; me vestí sin
mirarme en el espejo.
Durante cinco días me levantaba
al alba y no iba a la oficina; anduve
por las calles. Me cuidaba más que
antes; tenía miedo de enfermarme
y verme obligado a mostrar esa falta
de mi cuerpo; sin embargo, bajo la
ropa no se notaba. A los veinte días
me había acostumbrado a mi nuevo
volumen, sin atreverme a tocarlo;
por fin lo hice, de noche: introduje
la mano derecha debajo del piyama:
una concavidad lisa, de piel tirante
y fría ; comenzaba en el borde de la
axila; se profundizaba sobre el co­
razón, concluía en el hueso de la
cadera.
No pude sufrir más y se lo dije a
mi hermano mayor, callando lo del
perro; se rió sin hacerme caso.
Empecé a comprender que aque­
lla pérdida tenía que ver con la des­
aparición del perro; dejé de dor­
mir, salía todas las noches: desde
las (Jiez basta casi el alba; lo bus­
qué por los lugares de la primera
noche; a veces, en la oscuridad, to­
paba con perros, que llamaba casta­
ñeteando los dedos; ninguno me si­
guió.
Mi hermano quiso llevarme a otra
ciudad; era imposible. No compren­
día que si me alejaban del pueblo
iba a perder para siempre el cos­
tado izquierdo de mi cuerpo. Dejé

de hablar del asunto, y creí que se
había olvidado. Una madrugada, ya
en la cama, con el cansancio de la
búsqueda nocturna, me ataron los
brazos y los pies; así me llevaron a
la primera ciudad que conocí.
Conozco dos ciudades, mal vistas,
en casas blancas con muros verti­
cales y ventanas estrechas; en la
primera no me dejaron conocer las
calles; en la segunda hay una sola
calle. La primera ciudad estaba po­
blada por hombres que me miraban
largamente. No me dejaron con­
versar con ellos; quizás alguno me
hubiese ayudado a buscar el perro;
después comprendí que yo solo, sin
ayuda de nadie, debo encontrarlo.
Todas las semanas llegaban cartas
de mi casa; aceptaba las imposicio­
nes para que fuesen a buscarme,
para que me dejaran volver al pue­
blo; le escribí a mi hermano, cinco
o seis veces.
Un día encontraba muchos hom­
bres; otros, ninguno, ¿a dónde van
los muertos de esa ciudad? Si yo
lo supiese, habría hallado a mi pe­
rro : estarían sentados junto al muro
en el sol, mi perro echado a sus
pies. De pronto volvería a tener mi
cuerpo. Todas las mañanas escribía
una carta, que dejaba en la sala, an­
tes del comedor. Tampoco me con­
testaron.
Comenzaba a acostumbrarme a esa
ciudad silenciosa; pensaba en el pe­
rro, en los muertos que no sé a
dónde van. Un día, sin saber por­
qué, me llevaron a la segunda ciu­
dad, en la que ahora vivo. Yi sus
alrededores en el viaje: extensión
de arena blanca que no se puede
cruzar sino en tren; los árboles se
secan carcomidos desde la raíz, has­
ta el follaje desaparece en ceniza.
La ciudad, rodeada por un alto mu­
ro blanco, tiene una puerta rectan­
gular, con un círculo en la parte
alta; cerca de la puerta, junto al
muro, había un hombre de traje
verdusco y bastón rojo; lo vi varias
veces.

Las primeras noches, después de
mirar el cielo, me acostaba en la
cama angosta y esperaba sin cansan­
cio. Después, salí a buscarlo: llegaba
basta la puerta de la muralla y no
me atrevía a seguir; hablé al hom­
bre de verde, sin conseguir que me
entendiera. En la ciudad no hay
ningún perro: lo supe pronto.
La casa, la muralla, hay otro lu­
gar en la ciudad: lugar fresco, al
otro extremo de la única calle, lo
más lejos posible del arenal: un ca­
fé. Entre estos tres'lugares la co­
nocí; no sé cómo se llama, tampoco
entendió mi idioma. Fué a la salida
del Ctjfé: capelina azul que le cubría
casi toda la cara, vestido del mismo
color, zapatos y medias blancas, bra­
zos finos y fríos, manos color de
lino nuevo. Caminé con ella basta
una cuadra antes de la casa; allí
me dejó, sin despedirse. Volví a en­
contrarla, otras noches, sin que tu­
viese que ir en su búsqueda, sin que
ella me esperase; en noches interme­
dias, cuando miraba el cielo, sentía
su perfume de almendra amarga. Lo
más hermoso que hay en esta ciu­
dad son moscas azules; una vez le
llevé cuatro, en una caja de fósforos.
El último día que caminamos, me
dejó en el lugar de siempre; seguí
solo hasta la casa, subí la torre y
me asomé al ventanillo. La vi ca­
minar hacia el hombre sentado junto
a la muralla; él se levantó, como
grito de gaviota llenó la noehe; se
tomaron de las manos —uno frente
al otro— y se alejaron por las are­
nas caldeadas, que ni las noches en­
frían.
Comprendí: son hechos que me
ponen para que olvide a mi perro;
por eso lloré, boca abajo, apretán­
dome sobre la almohada.
Tanto hace que no duermo. Mi
cuerpo se enfría; no puedo dormir;
no me van a llevar más al pueblo,
quieren que me quede aquí hasta
que me muera. Noches silenciosas y
solas, esperando a mi perro,
r in

¡El Más Hermoso Museo del Mundo!

HISTORIA GENERAL DEL ARTE
EDICION

1947

TEXTO

CASTELLANO

O FRANCES

Realizada bajo la dirección de GEORGES HUISMAN, director general de Bellas Artes de Francia, ha sido
redactada por los competentes especialistas LUC BENOIST, agregado a los Museos Nacionales; LOUIS BREHIER, miembro del Instituto y profesor de la Univers idad de Clermont-Ferrand; ELIE LAMBERT, director
de la Biblioteca de Arte y Arqueología de la Universidad de París; señora LION-GOLDSCHMIDT, agregada
al Museo del Louvre; ROBERT REY, inspector general de Bellas Artes y de los Museos de Francia, profe­
sor de la Escuela del Louvre de París; CHARLES TERRASSE, conservador adjunto al Museo de Fontainebleau y otros.
L a o b ra com p le ta c o n sta de 4 m a g n ífic o s v o lúm enes g ra n fo rm a to , lu jo s a m e n te e n c u a d e rn a d o s, con
m ás de 1.800 p á g in a s, 30 fa c sím iles, 61 g ra b a d o s en co lo res, 2.329 h e lio g ra b a d o s, 34 m a p a s e x p li­
c ativ o s, 6 c u a d ro s s in ó p tic o s.

TOMO I - Desde los
orígenes hasta la Edad
Media: El arte de los
tiempos prehistóricos
en Occidente. El arte
Antiguo del Cercano
Oriente y del Medite­
rráneo. El arte en Asia
hasta el siglo xiv. Desde
el Arte Antiguo hasta
el Arte Medioeval.

TOMO III - El arte
clásico de los s ig lo s
XVI y XVII: El Arte
del siglo XV en Italia.
EL Renacimiento en la
Europa del siglo XV.
El Arte en la Europa
del siglo XVII. El Arte
en el Extremo Orien­
te desde el siglo XV
basta n u e str o s días.

TOMO II - El Arte
Medioeval: E l A rte
Musulmán. El Arte en
Occidente desde el si­
glo V al XI. El Arte
R om ánico. E l A rte
Gótico. Las Artes de
■la América precolom­
bina, del Africa negra
y Oceanía.

SE ENTREGA LA OBRA COMPLETA. ADQUIERAI A EN COMODAS CUOTAS MENSUALES.
■ ■
■

TOMO IV - S ig lo s
XVIII, X IX y X X : El
Arte en Europa du­
rante el siglo XVIII.
El Arte en Francia en
los siglos X IX y XX.
Impresión general so­
bre la técnica de la
pintura.

RESERVE SU EJEMPLAR CON TIEMPO, PUES
SE RECIBIRA UNA CANTIDAD LIMITADA DE
COLECCIONES.

SOLICITE FOLLETO ILUSTRADO Y CONDICIONES DE PAGO, SIN COMPROMISO, A-.

a r g e n t

I

CORRIENTES 1650

n a

ARISTIDES QUILLET
T. A. 35-6679

BUENOS AIRES

ARGENTINA

S r. G e re n te
E d ito r ia l A rg e n tin a A R IS T ID E S Q U IL L E T
C o rrie n te s 1 6 5 0 - B u e n o s A ire s .
E s tim a ré m e e n v íe n F o lle to I lu s tr a d o de l a H I S T O R I A D H L A R T E .
N o m b re
D om icilio
L o c a lid a d

.

�nj

cabalgata

14

MIRADOR

• E n ol X X V S a ló n A n u al de P in tu ra ,
E s c u ltu ra , D ib u jo y G rabado de S an ta
T e . h a n sido o to rg ad o s los p rim ero s p re ­
m ios de la s secciones del en u n ciad o eh la
fo rm a que sig u e: S ección p in tu ra : prem io
a d q u isició n M a rtin R o d ríg u ez G allsteo , con
3.000 pesos, a “ O b re ra d e sc a n sa n d o " , óleo
de E u g en io D an eri. Sección e sc u ltu ra : p re ­
mio a d q u isició n M a rtín R o d ríg u ez G alle­
teo , con 4.000 pesos, a N icolás A ntonio
de S an L u ís, p o r su b ro n c e “ San J u a n
B a u tis ta " . Sección D ib u jo y G ra b a d o :
prem io a d q u isició n C om isión de B ellas A r­
te s. p o r m ita d , a J u a n C arlos P in to s y
J o rg e G necco. O tro s prem io s, en la s d is­
tin ta s c ateg o rías, fu e ro n o to rg a d o s a Jo sé
P a ría s , E n riq u e P o llc a stro , C. E. U ria rte ,
J o sé A lonso, R. P. V iola, O restes A ssali,
Jo sé P la n a s C asas, S a lv a d o r C aputo, etc.
• T e n d rá lu g a r en B u en o s A ires, en el
cu rso d el p ró x im o m es de o ctu b re, el XV
C ongreso O rd in a rio de la C o n fed eració n
In te rn a c io n a l de S ociedades de A u to res y
C o m positores, p or in ic ia tiv a de A rg e n to re s
y Sadaic. A los efecto s de la o rg a n iz a ció n
h a q u ed ad o c o n stitu id a u n a com isión com ­
p u e s ta en la sig u ie n te fo rm a: P re s id e n te ,
el se c re ta rio de ed u cació n , do cto r O scar
Iv a n is se v ic h ; v ic e p re sid e n te , el subsecre
ta rio de c u ltu ra , señ o r A n to n io P . C as­
t r o ; el p re s id e n te de A rg e n to re s, señ o r
A le ja n d ro E . B e r ru tti, y e l p re s id e n te de
Sad aic, señ o r F ra n c is c o C an aro ; vocales:
los señ o res Ivo P elay , H om ero M anzl, C a­
m ilo P . D a rth é s, C átulo G. C astillo, M arcos
B ro n e n b erg , E n riq u e P . M aro n i. A c tu ará
como s e c re ta rio g e n eral, el señ o r M ario
B én a rd , que d esem p eñ a ig u al cargo en el
C onsejo P a n a m e ric a n o de A u to res.
• E l go b iern o d e V en ezu ela, con muy
b u e n a cierto , p o r m edio de su M in isterio
de H a c ie n d a h a a co rd ad o lib r a r de gabe­
la s a ra n c e la ria s a “ b io g ra fía s , no v elas, n a ­
rra c io n e s y dem ás lib ro s que con c rite rio
am plio d eb en c o n sid e ra rs e como o b ra s de
a rte lite ra rio ” . A sí lo com unica la Cámar a A rg e n tin a del L ib ro , al d a r c u e n ta de
u n a de la s g e stio n es que h a re a liz ad o en
p ro de la d ifu sió n d el lib ro n a cio n al f r e n ­
te a la s tra b a s de todo o rd e n que se le
e s tá n ap lic an d o en d iv e rso s p a íse s del
c o n tin e n te.
e L a s d ific u lta d e s que v ien e su frie n d o el
lib ro a rg e n tin o p a ra su in te rn a c ió n en a l­
g u n o s p a íse s h erm an o s, cu lm in a con la re ­
c ie n te d isp o sic ió n del G obierno del B ra ­
sil. seg ú n la c u a l q u ed a in c lu id o e l lib ro
y la re v is ta e n tre los a rtíc u lo s q u e n e ce ­
s ita n p re v ia lic e n c ia de im p o rtac ió n .
• E n lo s d ia s in ic ia le s del p asad o mes
de a b ril se in a u g u ró a l público en la plaza
A dolfo A lsin a, o rg a n iz a d a p o r la A so cia­
ción G ente de A rte A vellaneda, u n a in ­
te re s a n te m u e stra de tra b a jo s al óleo,
a cu a re la , x ilo g ra fía , etc., la c u al se ofrece
al b a rrio o b re ro de la v ecin a lo calid ad ,
con el m uy elevado p ro p ó sito de p o n e r en
c o n ta cto el a r te con u n p ú b lico que no
d isp o n e d e tiem p o p a r a v is ita r los m useos
y g a le ría s de la c a p ita l. L a ex h ib ició n ,
d ig n a de to d o elogio, h a sido m uy v is ita d a .
• L a A rg e n tin a , p o r m edio de la d eleg a­
ció n que la re p re s e n ta en la C o n feren cia
In te rn a c io n a l p a ra la L ib e rta d de In f o r ­
m ación, la c u a l p re s id e el S u b se creta rio
de In fo rm a cio n es y P re n s a , señ o r E m ilio
D . C ip o lle tti, p re s e n tó la p ro p o sic ió n si­
g u ie n te :
19 In c lu ir en su le g islac ió n disposicion e s e x p líc ita s g a ra n tiz a n d o la lib e rta d de
p re n s a sin re s tric c ió n de n in g u n a índole,
p a ra que la s a ctu a le s p u b licacio n es que
re p re s e n ta n to d a s las id eo lo g ías y co n cep ­
to s políticos, sociales y económ icos sin d is ­
tin c ió n de ra z a n i re lig ió n , p u e d an a p a ­
re c e r y c irc u la r lib rem e n te .
29 A d o p ta r m ed id as le g isla tiv a s p a ra
p re s e rv a r y d e fe n d e r la m isió n esen cial de
lo s ó rg a n o s de p re n sa , la que c o n siste en
re u n ir, tr a n s m itir y d ifu n d ir lib rem e n te
n o tic ia s e in fo rm acio n es, te n ie n d o como
p rin c ip io in v a ria b le r e la ta r so lam en te la
v e rd a d .
39 P o n e r en m a rc h a todos los m edios le ­
g ales e x iste n te s o que p o d rá n s e r cread o s
en to d o s los p a íse s p a r a p re s e rv a r a la
p re n s a de to d a in flu e n c ia b e lico sa y p a ra
e v ita r to d a d efo rm ació n de la v e rd a d , to d a
p u b lic a ció n de n o tic ia s fa ls a s o to d a d ifa­
m ación.
s E l P re s id e n te de la C om isión P r o te c ­
to ra de B ib lio tecas P o p u la re s, d o c to r C ar­
lo s O bligado, p ro sig u ie n d o su la b o r de
p ro p u lsió n de la s b ib lio te c a s d isem in ad a s
p o r to d o el p aís, e x tie n d e su serv icio a
algunos esta b le c im ie n to s h o s p ita la rio s, a
lo s c u ales h a hecho u n a p rim e r d o n ació n
de cien volúm enes a c a d a uno.
• L a Sociedad A rg e n tin a de E s c rito re s h »
hecho e n tre g a de la m ed alla de oro d el
G ran P rem io de H o n o r 1946 al e sc rito r
E d u a rd o M allea.
« P e rs is te la s itu a c ió n q u e c re a a la in ­
d u s tria a rg e n tin a del lib ro la f a lta de d i­
v is a s que s ie n te n p a ise s como C hile, Boliv ia . P e rú y C olom bia, y las tra b a s a r a n ­
c e la ria s o de im p o rta c ió n que en alg u n o s
p a ise s se le ap lic a a l lib ro . H a s ta a h o ra
c u a n ta s g e stio n es h a re a liz ad o el grem io
n a cio n al de e d ito re s, p o r m edio de sus
re s p e c tiv a s so cied ad es, se h a n e stre lla d o
c o n tra la v aga prom esa, la in c o m p re n sió n
o la n e g ativ a. E l lib ro , v eh íc u lo ta n c a ­
c a re a d o de c u ltu ra , de ace rc a m ie n to e n tre
p u e b lo s, e s tá sien d o d ific u lta d o s is te m á ti­
ca y p e rs iste n te m e n te en alg u n o s p a ise s,
en la m a y o ría d e lo s cu ales, n i s iq n ie ra
p o d ría n In v o c a r ra z o n es, acaso a te n d ib le s,
de co m p eten cia in d u s tria l.
e&gt; H a in ic ia d o la p u b lic a ció n de un cua
d e rn o m e n su a l de a rte el p ro fe s o r J o rg e
R om ero B re st. titu la d o “ V e r y E s tim a r" ,
al c u al dam os la b ie n v e n id a.
o E n la so cied ad “ Im p u lso ” de la Boca,
J . B atlle - P la n a s c ele b ra u n a ex h ib ició n
de d ib u jo s a c n a re la d o s in é d ito s, llam ad o s
a te n e r c o n sid e ra b le e in d e fin ib le g ra v i­
ta c ió n en n u e stro m edio a rtís tic o p o r su
o rig in a lid a d . E n la ta rd e del sáb ad o 8, el
d o c to r A ldo P e lle g rin i p ro n u n c ió u n a co n ­
fe re n c ia so b re “E l m e n sa je p lá stico de J.
B aó lle-P Ia n a s” .
o L a s g a le ría s V an R iel, e x h ib e n u n a se ­
le c ció n re tro s p e c tiv a de o b ra s de B u tle r,
B asa ld ú a , B ig a tti, B a tlle -P Ia n a s, C astag n ino. C e n tu rió n . D a n e ri, R aq u e l F o rn o r. V icto
ric a , L arco , D el P r e te , Soldi, B ern i, P e tto ru ti, S ib ellin o . I r u r tla , A lonso, e tc E n el
a cto ln a n g u ra l d is e rtó el p ro fe s o r Jo rg e
R om ero B re st.
• A rn o ld W a lte r L a w re n c e, arq u eó lo g o in ­
glés, p ro fe s o r en la U n iv e rs id a d de C am ­
b rid g e , in v ita d o p o r la re v is ta “ S u r” ha
d ic ta d o tr e s c o n fe re n c ia s en el I n s titu to
F ra n c é s d e E s tu d io s S u p e rio re s , a s a b e r:
“ L a fo rm ac ió n d el a r te e u ro p e o ” , “ L a
cu lm in a ció n y la d e c a d e n c ia d el a r te g rie ­
go , y “ E l a rte d e l Im p e rio R om ano y
su le g a d o ".
• D on J u liá n U rg o iti, g e re n te d e la E d i­
to r i a l S u d a m e ric a n a , in v e stid o con la r e ­
p re s e n ta c ió n de la C o n fe d erac ió n L a tin o ­
a m e ric a n a de C ám aras del L ib ro , em p re n d e
u n v ia je a E s p a ñ a , en el cu rso d e l c u al
y p o r e sp a c io de u n o s dos m eses, se a b o ­
c a r á a l e stu d io d el p ro b le m a que al lib ro
a rg e n tin o le c re a en la p e n ín su la la c e n s u ra
e sp a ñ o la p o r u n la d o y la d is c o n tin u id a d
d e lo s p a g o s q u e h a ce q u e el ré g im e n de re ­
c ip ro c id a d v ig e n te e n tre am b o s p a íse s sea
o b s e rv a d a s e s tr ic ta m e n te sólo p o r la A r
g e n tin a .

T¡ l letrismo no es una escuela poéL j tica sino una actitud solitaria. Y
algo más. En este momento: el le­
fio smo = Isidore Isou. Así escribe
el mismo Isou en el manifiesto de
la poesía letrista que puede consul­
tarse en su Introduction a une nouvelle musique (1947). Las frases no
pueden ser más exactas. A tal pun­
to que desde ya proclamo su in­
superable originalidad y paso direc­
tamente a enjuiciar una actitud que
sólo p u e d e ser comparada —en
cuanto a la notoriedad y a su pre­
tensión— con el incendio del tem­
plo de Diana en Efeso. Porque el
letrismo lia querido ser la tea que
incendiara uno de los templos de
la poesía: la palabra. Pero Isou
no tuvo la fortuna de ver el humo
ni las llamas. Eróstrato, el ansioso
pastor de Efeso, le precedió en más
de dos mil años. La historia, que
es movimiento progresivo, no se re­
pite, aunque Isou crea lo contrario
en aquella novela — ¡, por qué no
vivolat— que intituló L ’agrégation
d ’un nom et un messie (1947).
Pero si Isou lia. sido original en
las frases del exordio, no lo ha sido
en cambio en la argumentación ten­
diente a demostrar que si el letris­
mo no es poesía, que el letrismo pue­
da-crear, por esto mismo, conceptos
poéticos. Ya dije en cierta ocasión,
esbozando muy al pasar mi teoría
dialéctica de la estética, que en la
revolución dadaísta se habían dado
las imágenes que habrían de verte­
brarse, por virtud de un salto cuan­
titativo (acumulación de procesos
inventivos iguales) en una calidad
cuyos rótulos serían el surrealismo
y el letrismo. Para demostrar esto
último ( s a l t o de reacción, hacia
atrás) transcribía un trozo de La
premiére aventure celeste de monsieur Antipyrine (1916) :

Los trópodos, Marga, los trópodos. \
.
.
[rapa punec
Doto numen polonco serona tu ti...
[parada.
■ 'en tl,'ope al conque me tulven s&lt;
.
, ,
[mipas de lecio
, Me tulven las lacias, si artepes atip
su brin?

n

JJLill
Por JUAN JACOBO BAJA RIA A

bil del dadaísmo, llevando su actitud
hacia las últimas consecuencias. Xo
advirtió que el salto cuantitativo
también sé daba hacia atrás objeti­
vándose en una esterilidad que ya
tenía, en sus comienzos, todos ios
gérmenes de la muerte puesto que
no dejaría sucesión como en el caso
del surrealismo y lo que le superó
en la gran poesía de nuestro tiem­
po. Los letristas, usurpadores por
otra parte de M. Iliazd, el creador
del verso zaum u orquestal, fueron
conscientes de este retroceso al de­
clarar en la susodicha Introdnctio n ... que Tzara había mezclado
los vocablos deseando dar “ el úl­
timo paso” . ‘‘El dadaísmo” —agre­
ga— “ ha sido la cualidad y el de­
fecto de Tzara” . . . “ Tzara es la
irradiación de la tradición de los
vocablos en su límite. Si ha tenido
la osadía del Mucho no ha tenido
el coraje del Todo” . Y a renglón
seguido la confesión: Tzara, toda­
vía una curiosidad lírica, será jus­
tificado por los letristas. Isou, la
justificación de Tzara. Esta confe­
sión que he subrayado, la repite,
asimismo, en su Rilan lettriste 1947
(Fontaine N* 62). Luego, pues, no
bav empacho en decir (V. Introductio n ...) que “ no se trata de des­
truir vocablos por otros vocablos...
sino de resucitar lo confuso en un
orden más denso” . Y para esto,
Henri Pichette —otro letrista— da
como solución al hombre-mujer, ya
que es la única manera de “ man­
tenerse en el estado poético desde
oua aah oua aah oua aah
el primer paso lúcido o arterial del
U U t ti i H I t t
padre-madre”. (Lettrc-rouge, loe.
cit.)
al que puedo agregar, del mismo
Desde el punto de vista estricta­
Tzara, este diálogo de La deuxiém-e
aventure celeste de monsieur A n ti­ mente teórico, el letrismo desarrolla
una vieja idea que cree haber des­
pyrine (1917):
cubierto por usar una denominación
M. Saturno:
nueva —aunque teológica— de la
tiene Vd ranas en los zapatos
materia poética en su unión —hiOreja:
póstasis— con lo d e s c r i p t i v o
l&gt;. b. b. b. b. b. b. b. b. b. b. b. b.
— hipostase ampliqv.c— y con lo lí­
El letrismo volcó sus tintas, por rico —hipostase ciselante—, en cu­
consiguiente, sobre la parte más dé- yas categorías coloca la poesía anti­
gua y la poesía moderna. Esto se
corresponde con una frase del ma­
E1 Tiempo y sus Libros nifiesto en la que Isou dice lo si­
guiente : ‘ ‘ Isou creará emociones
(Viene de la pág. 11.)
contra el lenguaje por el placer de
ni cu an do d ic e : " E s ella la d esead a, — la i n ­
d ife re n te que d e sp re c ia y huye — y d eja
la
lengua”. Quien abra el Premier
un g ris y a lg u n a in te n s a b ru m a — donde el
manifesté du surrealismo (1924),
h o m b re e n tris te c e .” O tra s veces hace su e n tra d a
en las p á g in a s d el joven e s c rito r la poesía
se hallará con que el concepto ya fué
p u ra , p ro p ic ia d a p o r e scuelas ya h is tó ric a s
p a ra la lite r a tu r a : "Q ué herm oso e ste tr a n s ­
desarrollado por Bretón. Helo aquí
curso — de las p a la b ra s fie le s — y este
en el sabor del idioma original:
e n c o n tra r de nuevo — tu c o razó n que q u ie re .”
E n la s e rie de poem as “ con á n g ííe s ” ha
“ ecrivez vite san sujet précompi...
lo g rad o el a u to r im p o n e r u n ritm o y u n con­
Le premiére phrase viendra toute
te n id o m ás nuevo, y los m ism os re p re s e n ta n
u n m om ento de esa p u rific a c ió n in te rio r que
s e ' a p re cia en G. S. H . Se d e sta c a n p o r su
ju s te z a E l A ngel con una fech a en o c tu b re
y E l A ngel con la ta r d e olvidada .
H a y u n m om ento en la v id a del e sc rito r
joven en que todo es du d a, in flu en c ia y t a n ­
teo. E n el v e rd a d e ro e sc rito r la solución está
en la b ú sq u ed a de la p ro p ia p e rso n alid ad ,
y es allí donde se salva p a ra sí y p a ra los
d em ás. Si en e ste libro de G. S. II. hay algún
m é rito s o b re sa lie n te , es ése p re c isa m e n te .
Lo q ue im p o rta, tra tá n d o s e de u n a u to r
novel so b re todo, es s e ñ a la r la p re sen c ia de
un v e rd a d e ro p o e ta al que se le p re s e n ta rá n
m ú ltip les cam inos n s e g u ir y al que se le
im pone un poderoso llam ado de belleza, un
poco d ra m á tic o eso sí d ada la hora que es
tam o s a tra v e sa n d o . E s re g o c ija n te poder escri
bu* que en e sto s d ía s el p a ís e stá oyendo
a lg u n a s m uchachas v m uchachos de voz pode
ios:, y clara.
F e rm ín C hávez.

Arquitectura Peruana
( Viene de la pág. 1S.)
y placentera para los que tenemos la suer­
te de conocerlos, mas sospechamos que hn
de resultar difícil y hasta penosa en el
caso contrario. Aun cuando las fotografías
estuvieran colocadas en el lugar corres­
pondiente (dificultad editorial que no se
nos escapa) y fueran1 escrupulosamente
citadas, serían insuficientes. En buen gol­
pe de casos se echa de menos el dibujo
complementario indispensable. Es de no
conformarse que Velarde, cuya pluma en
hebra una bella frase con la misma fa­
cilidad con que traza un buen croquis
los haya ahorrado a puivto tal de utilizar­
los sólo para aclarar dos detalles y éstos
desconectados con el texto. La única fi­
gura que tuvo la precaución de citar —sa­
brosa ironía— ha de haberse traspapelado.
Dios sabe donde, porque no aparece im­
presa.
El público lia sabido apreciar la alta
calidad de esta obra de Velarde. Estamos
seguros de que una segunda edición ha
de hacerse en breve y es por esta cir­
cunstancia que puntualizamos los defectos
que la desmerecen, fácilmente subsanables
rix

seule, tant il est vrai qu‘a chaqué
seeonde il est une phrase étrangere
á notre pensée consciente qui ne de­
mande qu‘á s‘ extérioriser” ,
En cuanto a que el letrismo des­
truye las palabras y crea orquesta­
ciones onomatopéyicas mediante sí­
labas inventadas sin apoyadura se­
mántica, es bien cierto en algunos
casos. Es lo que acontece cuando la
construcción de un concepto sonoro
se objetiva con miras a una descarga
del inconsciente:
Vli zlideline
VH zlideline
Djilee, djilce, djilce, djilce, djilce
Jalee, jalee, jalee, jalee, jalee
dulce; julce; julee
Dolce-Dolce ;
Toase folce. ..
Dolee. . .Dolee
Dolee
(F. Dnfréne)

Pero sucede —y esto le sucedió
a Isou en sus 10 Pnemes graves—
que muchas veces, por remedar cli­
mas sonoros con retruécanos y otras
delicias para reírse de las cosas, in­
curre en el empleo de palabras quo
contradicen su teoría. Yeámoslo, for­
zando la traducción, impedida un
tanto por el calembour:
Yosoycrist
Tesus Christ
Christ
JouaU - chich - baou - jaiva
gall - fovl - hrall!
A y! grolgolal! jarch
gólgota, gólgota... mareh. . . march. ..
vó lvo ta ... vó lvo ta ...
Oi! Ayer, piedra, pa-velle, pablo,
plegarrria, yui gol

O bien este verso entero en he­
breo :
chema israéllc barouh adonai
(oye Israel bendito adonai)

Y también estos, de sus 10 Poémes yoyeux :
Oh, mi Dios la vida está allá
cuicudul galin calá

Xo obstante, sin contradicción o
con ella, el letrismo no plantea nin­
gún problema poético. Las jitanjáforas americanas ya le habían pre­
cedido muchísimos años en la estruc­
turación de poemas a base de soni­
dos. Recordaré algunas sin transcri­
birlas enteramente;
Chucuchúcuchu
chas - chas
Tracatrácata, chuchi
Tracatrácata, chuschú
(M. A. Ferveiro)

ELIA K A Z A N
EL “ HOMBRE DEL AiÑO” EN EL CINE Y EL TEATRO

DE ESTADOS UNIDOS
O ox dos de las mejores películas del año
^ en su haber, el nombre más relevante
en el mundillo del espectáculo estadouni­
dense es Elia Kazan, cuya obra se carac­
teriza por combinarse poderosamente en
ella la imaginación y el buen gusto.
Su planteo científico del teatro ha hecho
de él el único director regularmente uti­
lizado hoy tanto por Broadway como por
Hollywood. No bien había concluido la
película Acuerdo entre Caballeros, cuando
comenzó los ensayos de la obra teatral A
Streetcar Xamed Derive. La infatigable
energía y elasticidad de Kazan son ya
archieonocidas, pese a no contar más de
38 años.
Como director, el estilo de Kazan es
puramente cerebral, pero su objetivo pue­
de llamarse visceral. Arthur Miller, autor
do Todos son mis hijos, dice que el pro­
pósito de aquél es el de “ golpear al audi­
torio en el vientre, pues le consta que
todo el mundo lo tiene igual, no importa
su condición social o su educación ’ ’. AI
hacerlo, Kazan observa un método senci­
llo para juzgar al auditorio. Lo considera
tan capaz como él; lo que él puede com­
prender y sentir, también lo comprenderá
el auditorio; si él no puede hacerlo, tam­
poco lo podrá ningún espectador.
Lo primero, pues, estriba en fijar c¡
espíritu de la obra. Esto resuelto, todo
debe cooperar al realce del tema central.
Todos son mis hijos es un buen ejemplo
de cómo trabaja Kazan en esta fase pre-

(X)

De mis observaciones r e s u l t a . I
pues, que el letrismo es una actitud
antipoética descolocada en el tiem ‘
po. Xo son ellos los continuadores d“
la última etapa en la dialéctica de
los medios específicos relacionado
con la poesía. El último movimiento
de vanguardia, el que sigue inme­
diatamente al surrealismo, se dió en
Buenos Aires. Apareció en 1943 \
se expresó por medio de la revista
Arturo (1944), en cuyo único ejem­
plar se echaban los lincamientos pa­
ra una superación de todas las ar­
tes, basada especialmente en la norepresentación con relación a la in­
vención pura. Algunos de sus com­
ponentes inauguraron luego distin­
tas exposiciones con la denominación
común do A rt Concret - Invention.
Pero a fines de 1945 el grupo quedó
escindido en Asociación de Arte
Concreto - Invención, por un lado, y
Madí, por el otro. La primera pu­
blicó su revista Invención-Arte Con­
creto en 1946. y Madí distintos ma
nifiestos, uno de los cuales fué re
producido en la revista Arte Madí
(1947), perteneciente a un desgajamiento que ahora actúa con la deno­
minación de Madí - Nemsor.
Estos grupos con sus caracterís­
ticas propias, pero unidos en el afán
común del invencionismo, etapa ac­
tual de las artes, constituyen la
avanzada vanguardista. Saben, comí
sabe el Rene Char de Seids demeu
rent (1945), como sabe el Tzara de
las teorías de Le Point, y como sa­
ben otros, que para hacer poesía es
imprescindible crear la imagen poé­
tica como experiencia vivida^ Es de
cir, la vivencia, el hecho inventado:
To nombraré tu boca y tus mano.
tai final
Tu boca eco destruido tus manos
[moneda de ploma
(Paul Eluard)
B e tomado sin ruido et puño del
[equinoccio
(René Char)
Casi a babor del agua, en et umbral
[de un lirio
se me incendiaron los ojos
(Antonio de üiidurraga)
ya puede ver el sentimiento de su forma
el espejo atrae su equilibrio
(Ardén Quin)
Fiene del nudo incoado al silencio
del silencio instantáneo que oxida los
[milagros
(Edgar Bavley)
con el pulmón deshecho en el impulse
[amontonado
y el ojo argonauta surcando latitudes
[de fuego
con cenizas violadas de colores enhiestos
[de plumas hilarantes
de rugidos que ahuecan el deseo y afilan
[la mirada

(J. J. B.)

Inventar un hecho, es crear ur
concepto
poético que no pueda se.
Por M URR AY SCHUMACH
substituido ni circunscripto a una
realidad descriptiva, sino adseript.
liminar. El motivo principal, convenido
u objetivado en el conocimiento
por Miller y él, era el de que el hombre
es responsable de sus actos no solamente
emocional. Tal es lo que dije en cier­
ante su familia, sino también anto la so­
to ensayo y que repito ahora a pro­
ciedad. Después de eso, ambos invirtieron
pósito del letrismo, ya que Isou y
tres agotadoras semanas en los últimos
los suyos no hacen otra cosa que caer
toques de la obra antes de dar principio
a los ensayos. Cada línea de diálogo fué
en el elemento fotográfico y en i
puesta bajo el microscopio. Cada tipo fue
sugerencia de que hablaba Mallar
analizado no sólo en relación con su papel,
mé. Isou describe, imita los objetosino también cor.1 su carácter. De todo esto
y los sucesos de la naturaleza. Incu­
resultó, naturalmente, una serie de prove­
chosas modificaciones. Más recientemente,
rre, inclusive, en la misma descrip­
Tennessee Williams, al preparar A Street­
ción cuando se vale de retruécanos
car Xamed Desire, dijo que en las sesio­
o de sílabas inventadas con relación
nes de pre-ensayo con Kazan había intro­
a ciertos estados del alma que se
ducido muchos cambios en el libreto ori­
ginal.
tratan de objetivar onomatopéyics
En la tarea de fijar quién hace cada
mente. Sigue siendo simbolista, sim
papel, Kazan es impermeable a la fama de
bolista a su modo. Xeosimbolisti
los artistas. Quisiera él no tener en su
para un mejor apellido. Y este es e¡
conjunto “ primeras damas” . Tampoco e«
error que le destruyó en el mism 1
de ios que exige mucho a la belleza per­
sonal, a menos que ello sea importante
día de su nacimiento. Porque el pot
para la representación. Lo que él quiere,
ma debe estructurarse a base d
además del talento, es inteligencia. La es­
vivencias que creen la imagen con
cuela “ instintiva” de representar le in­
eeptual. Fué el sueño que abortó ei
comoda. Un actor o una actriz —piensa
Kazan— debe ser capaz de comprender no
Bandelaire y Mallarmé, que se frus­
sólo su papel, sino también los demás dr­ to en Valéry y que anunció su dia­
ía obra. Está convencido de que si un ac­
léctica en Rinrbaud, en Lautréamont
tor se identifica plenamente con el carác­
y en Apollinaire. Este es el sueno
ter de su papel, no le será posible echar
éste en el olvido. Puede olvidar exactaque ahora se está haciendo realu a
( Continúa en la pág. 15,)
concreta.

�cabalgata

M£dK#&gt;,att’jrxuu
(Viene d « la pág. i i . )

MAX

DI CKMANN

15
precisamente cuando más debía pre­
ocupar a los escritores brasileños.
Max Dickmann puede representar
un modelo admirable para servir de
inspiración en sus líneas más carac­
terísticas, tan necesarias de seguir
en nuestro continente. Exactamen­
te : Madre América, es y debe ser el
modelo insustituible para una con­
cepción novelística dentro de lo que
necesariamente exige América.
Podemos considerar las cuatro no­
velas de Dickmann como unidas por
ol mismo interés del problema hu­
mano. En todas ellas se debate el
grave conflicto del hombre con el
medio que quiere aprisionarlo en un
círculo extraño a su voluntad crea­
dora. Son, como es lógico suponerlo,
novelas sociales, si bien este término
ya no tenga la fuerza que poseía
hace veinticinco años, en tiempos de
Máximo Gorki y de Max Nordau,
que tanta influencia tuvieron en la
generación formada al iniciarse la
primera guerra mundial. Son socia­
les porque penetran hasta lo más ín­
timo de la sociedad contemporánea,
examinándola profundamente y de­
terminando su función orgánica en
las ideas de nuestro tiempo. Dick­
mann no es ni con mucho novelista
de crear simpatía fácil. No lisonjea
vanidades, no tolera falsos conceptos,
no se presta a sustentar en manera
alguna confusos principios, y ni si­
quiera se vale de recetas al uso. Son­
dea, analiza, señala con entera li­
bertad y con la máxima elevación
moral. Moral, según y cómo la moral
se entiende. Es decir, colocando los
puntos sobre las íes, sea donde fuese
que estén colocados los falsos prin­
cipios.
Algunos podrían pensar que este
novelista, por las ideas que contie­
nen sus obras, sea un socializante
o algo más todavía. A las personas
conservadoras les asustan las pala­
bras que definen ideas. Sin embar­
go, no por eso pueden evitarlas,
cuando estas tendencias caen sobre
las civilizaciones con fuerza demole­
dora. Entendemos también que un
hombre de ideas es el que expresa
principios ideológicos. Un novelista
que se precie de hombre de su tiem­
po, no podría —salvo que se enga­
ñara a sí mismo— pasar por alto los
problemas de su tiempo. Esquivar­
los, darlos por no existentes, sería lo
mismo que pretender tapar el cielo
con una mano. Así Dickmann no ha­
ce otra cosa que auscultar su época,
vivir la existencia torturada de su
mundo y captar en él todo eso que
nos presenta en sus obras sutiles y
penetrantes hasta lo más intimo,
donde hay una mirada de verdadero
vidente. Tal como si tuviese ante él,
en su mesa de operaciones, el cora­
zón del mundo al descubierto.
Entre1sus obras, una de ellas, me
refiero a Esta Generación Perdida,
me ha dejado con mucho de confu­
sión y tristeza. Confuso porque en
ella he visto el trágico panorama deí

mente las palabras, pero el eoirocimiento
i, su idiosincrasia le proporcionará las
palabras adecuadas para comunicar y
transmitir lo que significa.
Durante la tarea del ensayo, Kazan delica la primera semana —aproximada­
Por BRAULIO SANCHEZ ■SAES
mente una tercera parte del tiempo que
r,quiere la representación de una obra—
conversar con los actores, sentados alren t r e la nueva generación de novelistas argentinos se destaca desde un
i ¡dor del escenario; lee las partes de unos
tiempo a esta parte la personalidad de Max Dickmann. No precisamente
otros, hace preguntas y responde a las
por la abundancia de su obra, pero sí por la calidad que hay en toda ella.
ie le son hechas. Obligar a un actor a
tar sentado tanto tiempo es casi inhu­
Es un novelista que trató desde su iniciación, de focalizar diversas ideas
mano, porque lo que éste quiere es movi­
y sentimientos que se plasmaban en la civilización ríoplatense con evidente
miento escénico, mímica, gesticulación.
intensidad. Problemas, que, por otra parte, tenían necesidad de ser expues­
A veces Kazan charla sobre un deter­
tos como único medio para no dejar sin respuesta muchos interrogantes
minado papel con él actor correspondiente
mientras descansa del ensayo. Frecuente­
que surgían de la polémica o de las propias inquietudes de la juventud de
mente lleva al actor a un lado para una
nuestro tiempo, no conformadas con palabras únicamente.
conversación íntima. En lugar de ofenderse
La ficha bibliográfica de Max Dickmann es la siguiente: Europa.
por estos cambios privados de impresiones,
cuentos. Madre América, novela. Gente, novela. Los Frutos Amargos, no­
ol actor hace lo que agrada a Kazan, ge
■indo por la humildad del director hacia
vela, y su última producción, Esta Generación Perdida, novela publicada
su arte y por utr calor humano en parte
en 1945.
creado y en parte sincero. Al fin de la
Queriendo sintetizar las opiniones vertidas en torno a este escritor,
semana,'los actores llevan bien infundido
podríamos comprobar cómo las palabras más autorizadas de críticos de
ei deseo de adelantar la obra y el ansia
¿e mostrar a Kazan cuán bien se han iden­
América y Europa están acordes en determinar que Max Dickmann trajo
tificado con sus papeles. Es entonces cuan­
a la novela un tema nuevo, un modo diferente de focalizar los problemas
do se les permite abandonar las sillas. Peque centralizan las ideas actuales tan unidas en su fondo tanto en ésta
r0 va lia quedado claramente establecido
como en cualquier parte del mundo.
pie Kazan es el jefe absoluto, cosa fun,Amental. No es inaccesible a la sugestión,
Ante todo, este novelista no quie­ tos últimos tiempos degenerando la
„,&gt;ro una vez que ha resuelto una cosa, no
jav quien pueda hacerle cambiar.
re ser considerado un escritor de fic­ conciencia del lector, en virtud de
Kazan siempre habla suavemente; cuanción. según el concepto que ha sub­ la supina ignorancia y la mala fe de
&gt; alza la voz m&gt; es porque esté colérico,
sistido por mucho tiempo para con­ los editores sólo interesados en ga­
ero sí un poco excitado. Cuando ensaya
siderar a los novelistas. El novelista
nar dinero. Así llegó la novela a ser,
•ea entre los actores un fuerte sentimieni de cooperación. Se debe esto en parte
actual tiene que enterarse de mu­ tanto en el Brasil como en otras par­
que como antiguo actor que fué con
chos problemas, resumir conceptos,
tes del continente, sencillamente una
diida reputación, impone respeto a todos
definir
posiciones
y
crearse
una
pla­
aventura
de incapaces.
;os que trabajan a sus órdenes, y también
taforma ideológica. Es por esto que­
que comprende sus problemas mucho me­
jor que otros directores carentes de esa
so obra es diferente. Es posible qui­
experiencia. Por ejemplo, Kazan no dirá
la novelística de Dickmann, siga más
i un actor cómo ha de señalar con el dedo
la modalidad europea que la im­
,dií&gt;e o cómo ha de dar un paso. Juzga
plantada en América por la genera­
ue un actor que ha entendido perfectaente su papel, ejecutará esos movimien­
ción anterior a la nuestra. Y hay
tos con naturalidad, y cree que la parte
algo que me sugiere la expresión
ás importante do su labor queda reali­
profunda de Virginia Woolf, esa su­
za antes de que los actores abandonen
perposición de dos planos que se
is sillas.
Dirigiendo pelíéulas, Kazan se ajusta
combaten entre sí, en lucha constan­
, ,si a la misma técnica empleada en el
te. fuerzas de choque que, antagóni­
teatro aunque su autoridad no sea tan
cas, rechazándose, analizándose, ter­
grande a causa de las características del
minan por comprenderse al último;
regocio cinematográfico. Pero sin esta li­
lucha entrañable, que, al fin de
citación él so hace valer. Durante la fil­
iación de una película Kazan dispone cacuentas, conduce a examinar ínti­
i página del libreto en tres columnas. En
mamente las inquietudes que rodean
i primera, anota lo que hace el actor; en
e intimidan al individuo. Lucha no
.segunda, lo que debieraihacer, y en la
solamente de pasiones, sino también
■rcera la posición adoptada en la escena
a ei momento de la acción. Debido a esta
Max Dickmann
de encontrados sentimientos sobre
icción sistemática, no es Kazan un director
los graves problemas sociales de la
.presurado. El promedio de lo que un di­
Si se tradujesen novelas como las
actualidad.
rector puede filmar cada día no^ va más
de
Max Dickmann, y con él otros
Entre las obras de este escritor
allá de tves páginas del libreto. Kazan no
autores de su tipo, podríamos con­
Urna más de dos páginas. Pero los actores
bien vale examinar Madre América.
fiar en una eficaz evolución del gé­
gustan de su ritmo. Gregory Peck, primera
qué no comprendo cómo no está ya
igura de Acuerdo entre Caballeros, por
nero
de ficción, aunque fuese imitraducida a no menos de media do•jemplo, afirma que Kazan crea una com­
lando,
pero imitando buenos mode­
posición de lugar espiritual mejor que I cena de idiomas; especialmente al
los.
Con
esto no se quiere decir que
k
portugués,
porque
con
ella
podrían
ualesquiera de los directores con los que ¡
orientarse muchos novelistas brasi­ el Brasil no haya tenido sus impor­
na trabajado.
Representan una gran molestia para
leños en el arte de “ hacerse a la tantes ciclos novelísticos: el norte
Kazan las personas que le piden especifi­
con José Américo de Almeida y Jo­
mar’’, dejando de una vez la estulta
que las diferencias existentes entre dirigir
sé
Lins do Regó y otros de tendencia
novela,
manida
y
cursi,
de
imitación
ana película y una obra teatral. Sin emOargo, en uno de sus libros de notas se
de unos y otros autores, donde el individual como Jorge Amado, Oc­
ha ocupado de la cuestión y sus conclusio­
factor creador es negativo. Al par, tavio de Faría y Gracilianos Ramos,
nes abarcan considerablemente más que el
la novela cinematográfica fué en es­ para dar algunos ejemplos. Que los
rumiar experiencias con tono grave. En­
hay también en el acervo de un Ma­
tiende que tanto en el teatro como en el
Grupo Teatral, organización con sólo dos
chado de Assis, un Aluizio de Azecine debe ser evitado el diálogo, siempre
años de vida. A las cinco semanas le di­
vedo,
un Lima Barreto, un Julio
qne la acción sirva a ese propósito. 11 En
jeron que no poseía dotes de actor y le
Ribeiro
y un Raúl Pompéia. Los
¡as películas —escribe— mucho mas que
ordenaron abandonar el Grupo. El se ne­
en la escena se manejan no ya palabras \
malos modelos que han servido de
gó. Persistió durante dos años, realizando
acciones, sino lo que bulle en el corazóntareas como la de pintar los decorados y
inspiración han traído las malas
en los sentimientos de los protagonistas.
pegar recortes. Se le miraba con no disi­
concepciones
y, por resultado, la deLa cámara puede fotografiar los p e g a ­
mulado menosprecio por parte de algunos
cadet-.JÁt
del
género, que es ahora
mentos y los sentimientos” . Y hace noactores del Grupo. En un esfuerzo por
ar: “ Primero se ve, luego se oye. En la
conquistar su camaradería y aliviar así si
escena, el sentimiento de emoción no lle­
dolorosa soledad, llegó hasta aprender su
gará al auditorio a menos que se esté alerlenguaje suelto y su vestir descuidado. Y
a con la acción que surge de aquel sentifué lo suficientemente orgulloso para no
niento. En las películas puede fotografiar­
pedir a su padre en ninguna ocasión di­
ía la emoción estática. La esencia del teanero, ropas ni cosa alguna.
ro es concentración y penetración; la de
Harold Clurman que, coir Lee Strasa pantalla; acción, movimiento, ampliburg, dirigió el Grupo Teatral, fué de los
Corrientes 1135. 2? B
T. A. 35-0878 ■Buenos Aires
•ud” .
pocos que mostraron alguna consideración
Contrariamente al pensamiento que preAGENCIA AUTORIZADA
hacia el joven de ojos encendidos. Tam­
iomina en Broadway, Kazan dice que e.
bién entre ¡os que fueron objeto de burla
eatro es ilusión y ei cine realidad. “ La
cabe citar al joven Clifford Odets. Kazan
gente no gusta demostrar sus sentimieny Odets se convirtieron en íntimos ami­
’os. Los actores, sí. Esto es perfecto en el
gos, envueltos en la desgracia y fracaso
'scenario debido a que se tiene allí un mecomunes. Fué merced a las obras de Odets
,lio artificial. Solamente en los films se
— Waiting for L efty, Paradisc Lots, Golíotografía la experiencia real’’.
cien Boy y Xight Music— como Kazan
logró renombre de excelente actor. Su du­
Desde que Kazan llegó de Turquía,
ro semblante, ágiles movimientos y su ac­
uando contaba 4 años de edad, todo io
REVISTA MENSUAL DE LETRAS Y ARTES
titud antisocial hicieron de él el tipo per­
que le ha ocurrido hasta los últimos años
fecto para los papeles de “ gángster’’.
sirvió para robustecer su convicción de
P erú 973 - B uenos A ires
Pero Kazan estaba resuelto a llegar a ser
ue la sociedad le era adversa. Sus padres,
director. Durante los últimos años del Gru­
,uo son griegos, se mudaron desde Nueva
po sus esfuerzos en tal sentido viéronse
Desde el num ero 20;
York al suburbio de New Bochelle. Aquí
l'rustados y juzgó que debía alejarse del
cursó el bachillerato, sin tener amigos. Su
correspondiente
al mes de Ju n io próxim o
mismo.
padre, dueño de un próspero negocio de
Cuando
en
1941
se
disolvió
el
Grupo
venta de alfombras, se quejaba de que
Precio del e jem pla r : UN PESO
presentóseie una oportunidad. Su dirección
Elia gastaba casi todos sus ratos de ocio
de
Café
Corona
llamó
la
atención
de
en leer. Se graduó con altas notas, parti­
Suscripción anual: $ 10.— moneda argentina
Thornton Wilder y de Mayerberg y firmó
cularmente en matemáticas y ciencias.
contrato
para
poner
en
escena
Skin
of
Our
En el Williams Collego, donde ingreso
Teeth. Fué esta la mejor ocasión, en la que
en 1926 sólo tuvo Kazan tres amigos; nlu.
Pedidos Interior y Extranjero :
volcó todo el vigor de su talento.
donde él lavaba platos en una residen­
Lo que Kazan ha hecho hasta ahora es
D istribuidora T riunfo , Rosario 201, Buenos Aires
cia estudiantil, se le desarrolló un -rondo
nada en comparación con lo que se propo­
resentimiento contra la vida social. Se giane hacer. Su escuela de arte dramático fue
4uó cuto laude y, contra los deseos ue su
eclipsada por sus grandiosas ideas de lo
padre, ingresó en el Cuadro Dramático
que proyecta llevar a cabo en el terreno
Yále. Allí se encontró con un teatro con
O
cinematográfico. Sueña con hacer películas
FR A N Q U E O PA G A D O
«
o 2
decorados, bambalinas y luces. Todo es j
R E G IS T R O D E P R O P IE D A D
épicas que retraten a Estados Unidos y a
C oncesión N ? 3205
hh
era una invitación para sus manos cuadra­
IN T E L E C T U A L N ? 2 5 4 4 2 8
*3
su pueblo; películas que serán filmadas no
V«u
das de mecánico. Kazan era un mediano
OO
en estudios, sino en los campos, las minas
a
T
A
R
IF
A
R
E
D
U
C
ID
A
I
M P R E N T A
C H I L E
V cá
actor y motivo do befa. De ahí brotó su
ü
v las fábricas.
C oncesión N9 3799
P e r ú 5 65
B u e n o s A ire s
3
antagonismo al ambiente que ¡c vodca a.
P u b licació n a u to riz a d a por
“The Xew Y o r¿ T im es M ogazine” .
En 1933 se incorporó com í aprendiz a.

UN NOVELISTA DISTINTO

E

Avisos en CABALGATA

OFICINA TECNICA DEL LIBRO

mundo y el triste fruto heredado
por esta pobre generación, perdida
en absoluto, cuya decadencia y cu­
ya destrucción está en la propia ma­
triz familiar. Triste, porque es ver­
dad lo que en esta novela se dice y
se presiente. Fruto trágico de un
mundo equivocado que no supo lu­
char porque nació vencido, comple­
tamente vencido...
Pese a todo, es una obra construc­
tiva y, dentro de su exposición rea­
lista, fuerte y dura, enteramente
verdadera. No hay que hacerse ilu­
siones : es esta una generación per­
dida, absolutamente perdida, porque
no supo mostrar su integridad y,
ya adulta, fué dominada, como si
fuese una indefensa criatura.
Max Dickmann no suele gustar de
eufemismos engañadores, no cubre
las apariencias con sinónimos que
diciendo las mismas cosas pueden
prestarse a suposiciones erróneas. Y
hace muy bien. Inútil sería buscar
subterfugios para cosas tan eviden­
tes y tan claras. Ciertamente, le es
inoficioso cubrirlas con un falso
manto para que no séa tan real su
desnudez. Y lo curioso, es que, así
y todo, esa. verdad nos muestra en
forma consoladora, nuestra propia
miseria para que podamos tener lás­
tima de nuestra propia desnudez de
alma, tan escondida siempre en fal­
sas vestimentas, que poco disimu­
lan la pobreza moral de nuestros
cuerpos.
Magnífica obra Esta Generación
Perdida.
Entre los escritores que estudia­
ron la obra de este novelista, deben
destacarse, a la par de otros, Mau­
ricio Magdaleno, que compara a Ma­
dre América a La Vorágine, de Eus­
tasio Rivera y a Facundo, de Sar­
miento. También el profundo lírico
Gilberto González y Contreras, cali­
fica esta misma obra como: epopeya
burguesa donde se centralizan pro­
blemas de un denso e inconfundible
realismo. Erico Verissimo, el nove­
lista riograndense, dice que Madre
América es uno de los mejores libros
surgidos en la América Latina. Luc
Durtain, el novelista francés, indica
que es un libro que quisiera ver tra­
ducido al francés. Jorge Icaza con­
fiesa que la lectura de Madre A m é­
rica le dejó un recuerdo imborrable.
Alberto Lasplaces, el crítico urugua­
yo, realiza un substancioso estudio
diciendo que esa novela, tiene pági­
nas maestras, por su intención y por
su estilo. Fernando Díaz de Medina,
el escritor boliviano, afirma que
Gente es una obra “ donde se retrata
el choque entre el inmigrante y el
nativo americano, como nunca otro
escritor supo describirlo con tanta
naturalidad y evidencia’’. El crítico
norteamericano Maurice R. Sennett,
elogia diversas obras del autor, de­
teniéndose con preferencia en algu­
nas de sus novelas, proponiéndolas
como verdaderos modelos dignos
de ser imitados y difundidos en los
Estados Unidos. Miguel Alfredo
D ‘Elía, el fino poeta argentino, en
un reciente estudio de la obra total
de Max Dickmann, lo coloca a la ca­
beza de los mayores novelistas de la
hora presente. Lo mismo hace el pu­
blicista Orígenes Lessa, que últim a­
mente, en un artículo publicado en el
suplemento literario de “ 0 ‘ Jornal’’,
califica a Dickmann de novelista
distinto. Muchos otros nombres po­
drían citarse, que destacan el valor
de la obra de este original novelista.
Max Dickmann, escritor conscien­
te, sin complicaciones, realiza su tra­
bajo sin precipitación. Sabe que an­
da sobre buen camino y que su lle­
gada a la meta es segura. Su obra
representa, en la actual generación,
el esfuerzo más serio, más honesto
y mejor realizado de toda la novelís­
tica de nuestro continente america­
no.
Ya su nombre se impone en los
cuatro puntos cardinales de la Amé­
rica española. Sus obras han sido
leídas en diferentes idiomas, porque
su nombre marcha a universalizarse.
Veremos como cuando la Companhia
Editora Nacional — editora de E sta
Generación P erdida— que tiene pro­
gramadas las obras de Max Dick­
mann, las publique en portugués,
conquistarán la atención de los lec­
tores brasileños, que descubrirán en
él al novelista de nuestro tiempo.
( T r a d u c c ió n d e l p o r tu g u é s p o r R a ú l N a v a r r o )

�cabalgata

16

anticipa las realidades que
más tarde. Muchas
Ede selasartedescubren
funciones de la vida tienen
l

límites, pero el arte es ilimitado.
Posee un gran poder de investiga­
ción y renovación, una infinidad
de medios de expresión y una vas­
ta influencia externa. Pero esa’ in­
fluencia ha sido muy a menudo in­
consciente e irresponsable. En lu­
gar de anticiparse a los tiempos y
las realidades, tanto abstractos co­
mo concretos, algunos pintores sólo
saben girar en torno a sí mismos.
Por eso, han pasado a ocupar una
posición secundaria, intelectual y
socialmente, porque, aunque la ex­
presión de nuestro yo interior es
necesaria, no lo es nunca como una
finalidad exclusiva’. Cuando el in ­
terés fundamental de un artista se
sintetiza en su persona, se perderá
fácilmente en divagaciones arbi­
trarias, perderá su intención y re-

J oan J unyer. Proyecto de escenografía, realizado para la Sección de
Arte Dramático del Museo de Arte Moderno de Nueva York, 194&amp;

LA PINTURA
J oan J u n y e r . Hombre y mujer. (Tempera.)

huirá la conciencia y la respon­
sabilidad.
Hoy día, el campo de la’ pintura
se ensancha y el pintor debe salir
de su marco.
Creo que la pintura de caballete

es el centro dinámico, la célula bá­
sica, el punto de partida de la pin­
tura. Como tal, es limitada en sí
misma, pero infinita en sus realiza­
ciones. Por ejemplo, hoy no se pue­
de sacar un cuadro del caballete y

Colección Dr. W. O'D. Pierce, Nueva York.

- I ir
a

danza es una de las primeras

manifestaciones del arte. No es
Ldifícil
imaginarnos que el arte se
expresara con los pies, antes (pie
con las manos o la voz. La verda­
dera esencia de la danza, como ar­
te, se encuentra en la necesidad de
expresar nuestras penas o alegrías
por medio de movimientos ceremo­
niales. Y como tal, la danza crece
y se desarrolla a la par que nues­
tras necesidades. Con excepción de
algunas regresiones, avanza firme­
mente hacia la perfección de sus
leyes y la libertad de su expresión.
El ballet y la pintura son un ejem­
plo notable de la colaboración be­
neficiosa de dos artes. Cada una de
ellas ha hecho mucho por la otra.
Pero, en los actuales momentos, es
necesario poner al día la pintura
de ballet. El arte escénico, conce­
bido como fondo o marco, se en­
cuentra ahora en la última fase de
un período glorioso.
Hubo un tiempo en que los bai­
larines románticos, colocados fren­
te a un fondo romántico, bailaban
a los acordes de una música ro­
mántica y para un público román­
tico. Iloy es raro encontrar esa
unidad. Los casos de antagonismo
entre las tres artes, son frecuentes.
A veces, la pintura es un obstáculo
para la coreografía, y en otras,
ésta la obscurece o suprime por
completo. Mas, sin embargo, un
ballet con un telón negro y trajes
borrosos, es igual que un ballet sin
música.
La integración perfecta de las
tres artes, el que ninguna de ellas

juegue un papel subordinado, au­
menta el valor de la coreografía y,
gracias a ella, el ballet adquiero
una fuerza de universalidad. Claro
está que una colaboración tan ar­
mónica depende de una común uni­
dad de propósitos, de que el co­
reógrafo-compositor-pintor traba­
jen siempre como tales. Pero esa
unidad no debe convertirse nunca
en un cálculo excesivo, que coarte
la sensibilidad y no permita el li­
bre funcionamiento de las emocio­
nes.
La danza, como la escultura, de­
bería verse desde todos los lados y
no desde una sola dirección, como
ocurre ahora. Encuentro más na­
tural que el público se disponga
en un círculo, y no en una fila.
Pero como, por el momento, no se
puede disponer de un teatro redon­
do para el ballet, tenemos que ajus­
tar nuestro trabajo a la visión
frontal. Esto es más restringido y
difícil de lo que parece, ya que en
la “visión frontal”, se hallan in­
cluidos los asientos de los costados
y las localidades de los pisos al­
tos, tanto como las de la octava
fila, al centro.
El centro visual esencial de la
danza es el eje del movimiento.
El pintor debe dar vida, no al
marco ni al fondo, ni siquiera al
centro visual del movimiento co­
reográfico, pero sí asimilar y orga­
nizar la esencia de cada danza.
Gracias al ambiente estético, crea­
do por él, debe producir en el es­
pectador una identificación activa
y absoluta con los bailarines.

í

Joan J unyer. Cossiers, en el baile típico de la Isla
de Mallorca. 1928. Colección Me. Greewv, Dublin.
i
„ f &lt;¡f
1 /’
w r i ¡m r

1

CIARES II
Por R O B E R T ORA VES
T a isla de Mallorca, donde Joan Junyer solía pintar todo los veranos,
-*-1 antes de la guerra civil española, forma parte de España, pero su at­
mósfera difiere totalmente de la atmósfera turbulenta de la península. Los
isleños se enorgullecen de su calma y les gusta el saber que en la isla han
ocurrido pocos hechos de importancia histórica, desde que fu é conquistada
a los moros, en 1229. Los ingleses y franceses no han ocupado jamás Ma­
llorca y, excepción hecha de una rebelión contra los señores feudales, ocu­
rrida en 1521, no ha habido en ella una sola rebelión. J jo s mallorquines no
conocen las “ vendettas”, los crímenes de pasión o violencia, y consideran
la embriaguez una vergüenza.
Este espíritu conservador ha mantenido vivas las danzas populares,
relacionadas con los distintos festivales del año agrícola, festivales ante­
riores a las ocupaciones mora, bizantina, vándala y romana., y que datan
de la edad neolítica. Las danzas pueden compararse con las danzas populares británicas, tan antiguas como ellas, pero que, en su mayor parte, han
desaparecido a finales del siglo pasado. Los cornudos “ Cossiers” de Montuiri recuerdan a los bailarines del Yeovü; los “ Caballets” de Pollensaa los jinetes de Woodstock. E l industrialismo, los alimentos baratos e im­
portados y las capillas, acabaron con las danzas británicas. Esas fuerzas
no pueden operar en Mallorca, cuya principal riqueza la constituyen los
higos, el aceite, las almendras, los cerdos, las frutas cítricas y los cereales,
y donde las danzas están tan estrechamente unidas con la religión que, en
el pueblo de Alará, famoso por sus bailarines, la danza profesional comienza
dentro de la iglesia.
Las danzas populares se bailan con gran energía, pero sin el abandono
y el ardor de las fiestas populares andaluzas o gitanas. En los pueblos de
la montaña, el fondo lo constituyen casas de granito gris y olivares; en la
llanura, casas de piedra caliza, almendros y palmeras. Son danzas rituales,
que se bailaban originariamente en honor de la íbera Diosa Luna, patrono
de las frutas y cereales, que mantuvo su influencia en la isla hasta los
tiempos del cristianismo y cuyo poder matriarcal se siente aún oscuramente
en los pueblos. Los cuernos de toro y los caballitos de madera son reliquias
de los clanes totémicos que dominaban, y en una de las danzas de Valldemosa está representada por dos mujeres que describen círculos en torno a
un solo bailarín, con los brazos curvados sobre la cabeza, imitando la luna.
E l bailarín se arrodilla, deslumbrado, y extiende la mano suplicante, hasta
que una de las mujeres le indica con el gesto que se ponga de pie y baile
con ella. Los vestidos son tradicionales; los colores ricos, pero no chillones.
Los hombres llevan unos chalecos cortos y amplios calzones; las mujeres
faldas acampanadas, ceñidos corpinos negros, adornados en los codos con
botones de oro, y un “ volant”, o especie de halo lunar de encaje, rodeán­
dolas él rostro. Los instrumentos tradicionales son la gaita, el tamboril y
el flaviol.
La sordera de Junyer le ha impedido oírlos; pero, como Goya, sordo
también y con la misma y demoníaca intensidad de espíritu, ha sabido
cultivar un sentido supra-visual de la relación entre el movimiento y el
color, que l i e n s u s cuadros con todo el ruido de la fiesta.

llevarlo directamente al teatro, s'n
detrimento de la acción teatral. Ni
tampoco se puede hacer un mural,
ampliando dicho cuadro e impo­
niéndolo a la arquitectura contem­
poránea, sin detrimento de la in­
tegración visual de toda la cons­
trucción. En otras palabras, no

—

1

¡
POR

J O A N
J U N Y E R *
basta trasplantar un cuadro para
darle un lugar pertinente en la
unidad constructiva.
La organización de la vida ac­
tual crea necesidades y obligacio­
nes nuevas.
Del mismo modo que el edificio
va surgiendo de los planos, la rea
lidad interior de la ima'gen pictó­
rica debe asumir su debido cuerpy
su propia presencia física. Entor­
ces, la independencia y utilidad de
la p i n t u r a alcanzan una .'ealiztción concreta que sobrepasa los li­
mites de la pintura de caballeé.
Tina pintura fija y estática no
es el equivalente apropiado de
nuestra época.
Yo trato de realizar cuadros qu:
tengan no sólo uno, sino mucho;
aspectos: no una sola visión, qa
pueda convertirse en hábito rígid&lt;
y mecánico, sino visiones diversa
que estimulen, por caminos dife
rentes, ese sentido de la receptiv.
dad y esa curiosidad inquisitiv¡
que residen en el fondo de todo
nosotros. '
Un cuadro que sepa hacer us
de accidentes e incidentes tales ce
mo el cambio de las luces (la di
sol tanto como la artificial). 1&lt;
forma plástica y las diversas pos
ciones del ojo del espectador, ins ­
tará a ese proceso de constan! ■
adaptación y transformación qnr‘
constituye la esencia misma de
vida. De ese modo, el cuadro po­
drá ser asimilado libremente, en
vez de imponerse al espectador
con su presión frontal.
Yo lucho por conseguir un luga
constructivo para la pintura, aso­
ciada o, mejor dicho, integrada cM
las otras artes, por la ciencia y
técnica modernas.
La intervención directa del pii
tor, en el mismo nivel que sus d ■
más colaboradores, significaría noa
cooperación consciente y responsa­
ble. No debe juzgarse erróneamej
te como “un retorno al Renac
miento” (ya que el pintor de h&lt;
día tiene que hacer muchas uu
cosas que pintar), ni al colectivo
mo (es decir, al trabajo de un equ
po de artistas para la confección
de una misma pintura mural). Nin
guna de esas soluciones me parec
apropiada para' nuestra época. Creí
que ambas serían tan dañinas, cfmo si se aislara el artista en '■
centro del mundo, o fuera de él.
Joan Junyer, p in to r c atálán naciáo ^
B a rc e lo n a en 1904. re s id e n te en los Estada
U n id o s d e sd e el año 1942. Tiene obras en J
p rin c ip a le s M useos de E uropa. En la Pr,,n
v e ra de 1947, la B a lle t Society presentó
b a lle t d ra m á tic o en dos p a rte s titulado
M in o ta u r” , con m ú sic a de E llio t Cárter. WJ1,
Index, que d irig e n u e s tro conocido -bjn aJ|
K ir s te i» con P a u l M agriel, ha dedicado •
n u m e ro a J o a n J u n y e r , a su arte, a sU
y a los d e c o ra d o s y v estidos creados P°. ^
Do la re fe rid a p u b lic a ció n nos c(-mp
p ro d u c ir la s n o ta s que honran es.a P

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="20">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1539">
                  <text>Cabalgata</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1540">
                  <text>1946 - 1948</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1541">
                  <text>Derecho público</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="44">
              <name>Language</name>
              <description>A language of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1542">
                  <text>Español</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2138">
                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1944">
                <text>Cabalgata</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1945">
                <text>Año 3, no. 19</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1946">
                <text>Buenos Aires, mayo 1948</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1947">
                <text>Derecho público</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1948">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2092">
                <text>Beach, Joseph Warren&#13;
Rojas Paz, Pablo&#13;
Girri, Alberto&#13;
Orozco, Olga&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Westerdhal, Eduardo&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Fernández Suárez, Álvaro&#13;
Freitas, Newton&#13;
Mallea, Eduardo&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Ghiano, Juan Carlos&#13;
Perrota, Pedro&#13;
Rougemont, Denis de&#13;
Aparicio, Francisco de&#13;
Bajarlía, Juan Jacobo&#13;
Schumach, Murray&#13;
Sánchez Saes, Braulio&#13;
Junyer, Joan&#13;
Graves, Robert</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="233" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="559">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/6f6ffc05d406437f2444debff399dbef.jpg</src>
        <authentication>893226892ae9546881174574de826310</authentication>
      </file>
      <file fileId="560">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/97af38390ffc33ffac910215bf10bca1.pdf</src>
        <authentication>ebbff929bfe1d30726de453b6d2e4a34</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="1949">
                    <text>nuinoro

REDACCION

Y

ADMINISTRACION:

Año III
Juni&lt;*

’erú 973 - Buenos Aires - Teléf. 34-2384

O ||
i¡ P

19 4 8
2‘'•Epoca

Precio del número: $ 1. moneda argentina
Suscripción an ual: $ 10. moneda argentina

ü 1\ M O RIIA L

La Nueva
E§@OEL

DEL PERÚ COLONI AL

de Compositores

fr a y PramcSse® dleD ©sisuni®

Norteamericanos

Por ROSA ARCINIEGAS
Por AARON COPLAND
r ray Francisco del Castillo — al parecer, le sobraría el “ fra y ” porque

í sólo llegó a ser lego del convento de la Merced de Lima, pero así le deno­
minaron sus contemporáneos y así le reconoce la historia literaria del Pe­
ni
fue un epigramista y repentista popular a quien nuestro tiempo
actual, no obstante todo eso de “ por el pueblo, del pueblo y para el pueblo”
i que se dice aspirar tanto en política como en arte, negaría el título de
poeta. Le llamaría
sobre todo, sabiendo que era ciego— coplero, roman­
ero, versificador, pay ador, etc.; cualquiera de esas cosas despectivas en el
ondo, que se le suelen llamar al poeta a lo “ Martín Fierro” que canta con
frase pelada lo que le peta cantar, que recita como recita el pueblo — o para
jue el pueblo recite con él , que no usa papel ni pluma v que tiene el don
iel repentismo a flor de labio.
Esto del don del repentismo o de el mote de “ E l Ciego de la Mer­
i improvisación, puede no tener
ced” . Claro que, leyendo atenta­
íingún valor entre los poetas erumente los versos que de él han. lle­
litos y los críticos, pero lo tiene
gado hasta nosotros, cuesta cierto
-extraordinario— ante el. pueblo,
trabajo creer, por determinadas alu­
i tal extremo que, para éste último,
siones a objetos difíciles de imagi­
ao sería en realidad poeta aquel de
nar sin verlos, que aquel epigramis­
juien supiera que, para componer
ta mordaz jamás hubiese gozado del
ana estrofa, tiene que sumergirse
maravilloso sentido de la vista; y
Jurante horas en la soledad de su
aun se nos antoja extraño que, sien­
orre de marfil y corregir y agregnrf
do ciego, fuese admitido en el con­
i pitíai- y quitar, hasta dejarla .aviavento mercedario como lego. ¿ No se
la. El pueblo ha tenido y sigue tería lo más probable que la leyenda
íiendo la creencia de que el poeta
popular, en su admiración por el
‘habla en verso” en cuanto quiere
vate que tanto le divertía, echara a
1esté en trance, y esa virtud mistevolar la especie de que “ el ciego de
'iosa es, cabalmente, la que él admi­ la M erced” lo era de nacimiento a
racon asombro y venera con respeto
( Continúa en la pág. 5.)
■eligioso. Si admira y respeta más
&gt;quien le ofrece largos poemas por
scrito es, generalmente, porque cree
jue éste tiene la facultad de improisar todo aquello con la misma senillez con que el repentista a quien
conoce improvisa sus cantares, deci­
os y epigramas.
Fray Francisco del Castillo fué,
orno se ha comenzado por decir,
no de esos improvisadores o repena b l a r de m e n s a j e en una obra
stas que hacen sus versos a la vista
pictórica debe parecer rebusca­
lisma del pueblo y aun a incitación
miento
metafórico, por eso creo con­
d pueblo — con temas y estribillos

C

J. B á t e l e P l a n a s . L os m e c a n is m o s d e l n ú m e r o . 1945

EL MENSAJE PLASTICO DE
J. B A T L L E
PLANAS

H

Por ADOLFO ESTE
veniente comenzar por aclarar el
título de este trabajo. Siempre he
considerado que la obra de un artis-

«fijados— y por eso parece que su
ima fué inmensa entre la masa po­
dar de la Lima Colonial'del siglo
roí, masa heterogénea y alegre de
láñeos, negros, indios, mestizos,
holos y zambos jaraneros que se
•prendían de memoria y repetían,
lespués, por callejones y plazuelas,
anchas de las atrevidísimas coplas
jue aún hoy sabe todo el mundo en
Urna y las repite “ sotto voce” — la
gazmoñería de nuestro siglo no las
oleraría por escrito— sin saber cuya
s su paternidad.
De Fray Francisco del Castillo es
loco lo que se sabe y este poco gra­
bas a la diligencia del venerable pa­
triarca de las letras peruanas don
Acardo Palma, quien, husmeando
•'orno siempre entre polvorientos pa­
gotes y periódicos de antaño, dió
ion1el número 43 de la “ Gaceta de
hima” , correspondiente al 27 de
enero de 1771 y, en ella, con la úniCa noticia biográfica existente sobre
lego mercedario. Fray Francisco
era limeño, había nacido en 1714,
Egresado como lego en la Orden de
•nestra Señora de las Mercedes y
alleció en diciembre de 1770, a la
'dad de 55 años
Pero lo extraordinario de este
. a Popular es que era -ciego; y
3 ’° a creer en la noticia biográ,lea antes mentada— de nacimien?’ P°r cuya razón, tanto como por
p n°mbre de “ Fray Francisco del
-'astillo ’, se le conocía en Lima por

contaba yo veinte años,
era enorme mi interés por lo que
producían otros compositores jóve­
nes de mi generación. Aun antes de
haberme familiarizado con nombres
como los de Roy, Ilarris, Roger Sessions, W alter P istón y los dos
Thompson, ya me consideraba yo
instintivamente como miembro de
una “ escuela” de compositores. Sin
el esfuerzo conjunto de un grupo de
hombres no hubiera sido posible dar
a los Estados Unidos música propia.
Ahora mis contemporáneos y yo de­
bemos contarnos entre los padres
espirituales de una nueva genera­
ción de compositores. Pero perso­
nalmente yo encuentro que mi inte­
rés por lo que los jóvenes producen
es tan vivo como lo fué antaño. Es
evidente que no se puede lograr la
continuidad tradicional de la mú­
sica creadora en país alguno sin una
constante renovación del material
humano, por lo que cada década
produce una nueva hornada de com­
positores.
A juicio mío, una de las funciones
más importantes de los que se con­
ceptúan a sí mismos guardianes de
la tradición musical, particularmen­
te en nuestro Hemisferio Occiden­
tal, donde el movimiento musical
creador es joven todavía, consiste en
observar y alimentar cuidadosamen­
te las delicadas raíces de la genera­
ción más joven.
En los Estados Unidos los jóve­
nes compositores surgen por todas
partes. Mi impresión es que nos ha­
llamos precisamente en los comien­
zos de la explotación de nuestra
potencialidad creadora. La genera­
ción de 1930 — Marc Blitzstein, W illiam Schuman, Samuel Barber, Da­
vid Diamond y Paul Boxvles— ya
está perfectamente establecida. La
de 1940 — que es de la que me voy
a ocupar en este-artículo— está sien­
do estimulada con premios, encar­
gos, becas, donativos y a veces con la
representación de sus obras.
A l contrario do los compositores
de mi generación, la mayor parte de
estos jóvenes no han estado en Eu­
ropa. Pero Europa ha venido a ellos,
porque muchos han tenido contacto
personal con maestros como Stravinsky, H indem ith, S ch oen berg,
Milhaud y Martinu, todos los cua­
les viven y trabajan en Estados
Unidos. Sería ciertamente extraño
que la presencia de estos maestros
contemporáneos no hubiera ejercido
cierta influencia sobre la más joven
generación de compositores norte­
americanos. Mi propia generación
sentía poco interés por la obra de
sus antecesores: Mac Dowell, Chadwick o L oeffler; su influencia en
nuestra música fué nula. Hoy día
los jóvenes compositores norteameri­
canos están probablemente tan in­
fluidos por Ilarris o Schuman co­
mo por Stravinsky o Hindemith. En
general, la obra de la última gene­
ración representa una amplia varie­
dad de gustos en la composición más
bien que una tendencia unificada.

R a m ó n G ó m ez C ornet.

Niña. (O leo).

(Ver artículo de Romualdo Brughetti en la página 16.)

ta vale por lo que nos dice de su
propia personalidad, por lo que nos
relata y nos predica, por las cosas
desconocidas que nos revela. Todo
verdadero artista lanza en el acto
de la creación una sonda en la pro­
fundidad del misterio y en este sen­
tido su obra es un mensaje! Si toda
obra de arte debe ser concebida co­
mo mensaje, ninguna mejor que la
de Batlle Planas, quien ha elegido la
imagen y el color como los medios
apropiados para confiarnos sus des­
cubrimientos, hechos al incursionar
en ese mundo oscuro del incons­
ciente, el mundo de los misterios que
pese al psicoanálisis, no es territo­
rio apropiado para el hombre de
ciencia, sino para el artista.
Si la obra del artista fuera so­
lamente importante en cuanto nos
revela un mundo ignoto, no mere­
ciera el lugar tan especial y alejado
de lo científico que le ha dedicado
el hombre. La tarea fundamental
del artista es otra: con el material
en bruto obtenido en el campo de lo
desconocido, construye un objeto
nuevo y real, dotado de vida pro­
pia, independiente, nunca antes
ofrecido por la naturaleza en forma
espontánea; ese objeto constituye la
obra de arte. No hablo precisamen­
te de “ obra bella” porque el con­
cepto de lo bello ha sido reducido
por la frecuentación popular a una
connotación muy limitada, que im­
pide señalar la universalidad que
caracteriza a la obra de arte.
Siguiendo con este breve preám( Continúa en la pág. S.)

uando

( Continúa en la pág. G.)

�ca b a lga ta

2

Y a el tambor de los llanos no es su lecho;
los cascos redomones no repican su nombre hacia el
no tiembla ya esta pampa
[coraje;
sobre su pecho universal de las guerrillas;
vedle bajo la luz violada por la múerte
erguido entre las sombras indomables
con su carne que tiembla ante los ritos
que devoraron las constelaciones;
vedle otra vez fugado del retrato
con el tajo de un siglo entre él y la Patria.

N e v e r m o r e
But the silence teas unbrokcn,
and the stillness gave no token.
E

L

dgar

A

llax

F

oe

Palabras surgieron
con su golpe de arañas.

as

Era un
trágica
erguido
girando

El día despeinaba las cabelleras de alabastro,
el día, el d í a ...

sinfín violeta,
luz de crinolina y rayos,
sobre un plano,
entre medusas sobre el sueño del día.

La Dama descendió de su lomo del libro
inclinando hacia el muro fosforado
la cabellera de la ausencia e te rn a ...
Las Palabras, perfumadas arañas invasoras,
(nevermore, nevermore, nevermore,)
ojos de tul y patas de locura,
impelían el plano de la escena variante y tornavientos,
lúcida y espectral,
como un geómetra decantado y de pie
sobre el punto del tiempo.

Segundo l’ nema para mi Abuelo el General

¡ Otra vez, General, llegado en la mirada de los héroes;
el paso está de lanzas y retamos
bajo el clarín paisano de tus h om bres... !

Acaso todo fué olvidado,
saqueado, carcomido.

Galopad, galopad,
entre la brupta sinfonía que cercena batallas;
el viento arroja las cabelleras de los muertos
hacia el Sur infinito.
Alguien ha desmontado los corceles
y los facones danzan ante la túnica escarlata.

El General fugado del retrato
hundió su carne temblorosa
en otra sombra que esperaba
bajo las blancas garras de la lám para...

He ahí el pasadizo hacia el espanto,
aquel que el mar pisara
con su paso de albatros ten eb roso...
Ama en él a la sombra, que abrace tu cintura,
acaso sea el anuncio
que fué decapitado junto a ti,
que ya no eres de amor, N everm ore...
Escucha como el día destruye para siempre
al vidrio deslumbrante de la m u e rte ...

El General ha regresado,
ha enguantado la mano traicionada,
y un anillo de fuegos resurrectos
cierne a su corazón entre fantasm as...

N U E V O S

P a s e o

donde no se habita, frío espacio que no tocamos,
piedras en las que no respiro, opacas avenidas.

O E L

1
i

La estrella de tu suerte se disuelve
como un diamante de agonía
que ha caído en el mar,
y los caranchos surgen
desde la luz gaseada del espanto;
el puma limpia sus sueños amatistas
y mira al cañadón atropellado
por un río de sombras sin aperos,
como un torrente definitivamente trágico.

El General lleva otro rostro,
un rostro solo, como el galope de la muerte;
un rostro como un ámbito
recorrido por rayos y vidalas;
un mapa de llanuras y fogones
bajo la advocación de la esperanza...

Pero el silencio no fué roto
y la quietud era una danza
con su paso de dama
y su mano de plata como un ala.

E l

Si acudí para verle en esta noche,
traigo mi propia luz para besarle,
y mi potro auroral está presente
piafando entre profetas y v ictoria s...
Recorro entre los astros el trayecto funesto
y veo cómo acuden al signo de su mano
las tacuaras del Tala,
y cómo muerde el casco del bagual
sobre la ardiente brújula liberta,
sobre los yelmos n e g ro s...

El General ardió en la noche,
y la mano de insomnio con su guante de fósforo
abrió la primer puerta.

La Dama señaló con su mano de plata
y el ala negra y fina
batió la espuma cruel hacia la a u ro ra ...

P O E T A S

Aguardad, Nevermore,
el día ha prometido,
entre tanto,
abrázame y dancemos como leopardos ciegos;
giremos y giremos
entre las Palabras perfumadas. . .
La Dama ya nos cubre con sus cabellos de lo eterno
y el ala negra; y fina se tornará en silen cios...
Ved el muro de fósforo que crece y no es el día, Nevermore,
no es el d í a ...

Ju a n Carlos A . de La Madrid

P E R U

de un extraño perfume,
entre nosotros,

el alma desusada comienza, la dicha silenciosa penetra,
saluda a las estrellas.

en un desnudo
cíarto.

stros

En el carbón y los diarios inflexibles, como el humo
soy que escapa a la vieja; argamasa del hogar.
La ciudad es una helada cuadrícula, un pensamiento
agudo y persistente que rayara con la pureza de la mañana.
La ciudad es ya un alegre tren, un silbido de oro,
un fuego rápido y deshabitado al pasar los andenes.

El aire se rompe, adelgazado en entusiasmos de paloma,
el pobre aire se escapa — la voz sumergida en el cuerpo— ,
el aire al aire se da, en su mismo deseo y presto aullido,
en su lejano silbo.
La antigua sed que se incorpora, el paso que nos lleva,
la cosa total que nos derrumba- La suma del silencio y la figura
— mar que nadie ha visto— ,
la sola herida que ante tanto abandono se cierra.
¡A y , la grave gravedad que me llevo, el alma que me llevo!
Curios Alfonso Ríos

Una puerta que se abre sobre lo inesperado.
Ja v ie r Snlnguren
%

Librería Enterrada
uÉ libros son estos, Señor, en nuestro abismo, cuyas hojas
Estrelladas, pasan por el cielo y nos alumbran?
Verdes, inmemorables, en el humus se han abierto, quizás
Han acercado una oración a nuestros labios
O han callado tan sólo en sus sombras, cual desconocidos.
Naturaleza que ora aún en ellos, a sus signos
de hierro se arrodilla, con flores en el vientre,
Por el humano que al pasar no los vió en el polvo,
No los vió en el cielo, en la humedad de sus grutas,
Y se vinieron abajo como un bloque de los dioses.
De entonces sólo queda en ellos un verde velo
De armaduras de brazos enjoyados y corceles que volvieron
A su nobleza de esqueleto entre sus hojas.
Y olmos abatidos, tunas de la guerra, gloria y rosa,
Duermen también en ellos, cubiertos de invernal herrumbre
Y sólo hasta sus viejas letras, muy calladamente,
La sutil retama o el lirio de la orina acuden,
Y una mano azul que vuelve sus páginas de sodio
Entre las rocas y avienta sus escamas a la Muerte.
JMe permitiréis, Señor, morir entre estos libros, de cuyo seno
cubierto de aroma mana el negro aceite de la sabiduría?
Jorge Eduardo Elelson

O

P o e m a
el sueño se abandonan los huesos a su propio silencio
Ey hay
un ave muda volando en su tamaño, ¡ ave buscando todavía !
n

El día tremendo en que intensamente te busco
se agita el cuerpo en su misma luz dormida, herida de buscarte,
y te sueño dulcemente escondida entre la sombra y el agua,
abandonada, tendida y quizá muerta.
Llegaremos, tal vez, a lo secreto, ungidos de terneza y vertical
[altura;
al alba la flor se vuelve y mira, se adormita la palabra
en la rosa abierta;

Las

S u e ñ o

-

Cuando los labios
y el cuerpo
han terminado,
ella busca tus manos,
las roza,
y entonces llega el sueño,
sin prodigio,

Al a n o s

y sin ensueños,

M

i mano como enorme plomo esculpido, tu mano
como noble antigüedad
en nuestro beso profundo o en nuestra caída permanente,
podrían parecem os si quisiéramos
algo que^Dios lloraba
bajo las dulces sábanas conyugales
cubiertas serenamente por aquella arena del sueño
que pesa, avanza y se hunde enrojecida.
Mi mano y tú por ella. Mi mano
sobre la infausta cólera en invierno,
hasta ayer envuelta en sus dolores, en su fuego,
atada al corazón lejano se hermoseaba.
Mi mano, la tuya también,
tristes muertas a quienes nadie llama ni comprende.
SrbuHtiún Sala/ar Ilondy

La Afuerte de los Negros

N

o vade decirlo, en el barco no hay cuchillos
y los negros se persignan oscuros en desvelo.
Pues, los vi, los veo en la inmensa nariz,
en la frente chata de Harlem incendiada.
¡ Hoy han linchado á cuatro negros,
cuatro hermosas ^columnas venidas desde el cielo!

Hoy han linchado a cuatro negros.
Y sus mujeres devoran los párpados abiertos.
Y el río ha estado muy bello en su silencio.
Y el río ha preparado el pesado funeral
para estos hijos de Dios atados a sus alas.

cuando los labios
y el cuerpo
han terminado.

H o m b r e
Yo era un niño entonces,
y nada comprendía.

i

Creí que sólo amistad era
un apretón de manos vigoroso.
Creía que el amor con que soñaba
era tener tu cuerpo junto al mío.
Pensaba, ai ver a los borrachos,
que sólo el vino emborrachaba al
[hombre.
Pero yo era entonces sólo un niño,
y nada comprendía
de esas cosas que un niño aprende
[pronto
al convertirse en hombre.

I*
L

anciones

Yo, a su lado, le cantaba,
¡ Hoy han muerto a cuatro negros,
columnas de Israel caídas sobre el tiempo!

canciones en la oscuridad.
Ruúl Deústua

Me dijo,
no comprendo

5

POEMAS
de

LANGSTON HUGHES

U n o
Sólo,
como el viento

Sólo,
como una botella

en las praderas

en una mesa,

de Lincoln.

toda sola.

D e s e o
El deseo fue a nosotros
como una doble muerte,
prontamente agonizando
en el fundido aliento,
exhalación

las palabras.
Le respondí,
yo canto
sin palabras.
Versión castellana de Jubo Gihr-

�ca b a lg a ta

E

N T R E las tantísimas noticias
que nos llegan de la desgarrada
Europa había una, hace poco, anun­
ciando en breves palabras la muer­
te de un artista, ocurrida en Sue­
cia, quien, en su tiempo, representó
un poder político en la Alemania
del Kaiser Guillermo II. Sus cari­
caturas agudas, temidas en el mun­
do oficial y festejadas por la opi­
nión independiente, forman parte
integral de la historia cultural
europea de aquellos años.
Es un deber ineludible realzar
la memoria de este espíritu com­
bativo poco menos que desconocido
por las generaciones recientes.
E.n el mes de diciembre de 1942
escapó de Oslo un anciano busca­
do por la Gestapo alemana: Thomas Theodor Heine, pintor y dibu­
jante, nacido en Leipzig el 28 de
febrero de 1867. Llevando en su
mochila unos pocos utensilios, atraVc- a las montañas nevadas limí­
trofes a Suecia y arribó a Estocolmo donde lo esperaban unos ami­
gos. Fué ésta su tercera fuga de
Hitler y sus sayones; desde el co­
mienzo del “ Reich Milenario” tu­
vo que empezar, por tercera vez,
a r e c o n s t r u ir su vida, y esto a
la edad de 75 años. Había dejado
en Noruega el manuscrito de un
libro, escondido dentro de un mu­
ro, el cual, un año más tarde, iba
a llegar clandestinamente a sus
manos en Estocolmo. Este libro, in­
titulado “ Espero milagros” y pu­
blicado en 1944 en sueco, resultó
el “best seller” de Suecia de aquel
año. Desde entonces aparecieron
versiones en ocho diferentes idio­
mas.
Casi cuarenta años antes, en
círculos gubernamentales de Ber­
lín hubo gran agitación; un diplo­
mático chino, después de haber
vuelto de Alemania a su patria, ha­
bía afirm ado: “ Hay dos poderes en
Alemania, o sean el Kaiser y Thomas Theodor Heine.” No era esto
muy del agrado de la corte de Gui­
llermo II porque no carecía 'de
verdad: Heine o más bien su re­
vista satírica “ Simplicissimus” sig­
nificó una fuerza poderosa en A le­
mania, ampliándose su populari­
dad cada vez más merced a seis
pleitos por crimen de lesa majestad.
Dirigiéronse sus ataques irónicos,
ante todo, contra la rimbombancia
prusiana y el continuo chacolotear
de armas.
Este artista singular cuyo lápiz
era más temido que una docena
de diputados opositores del Reichstag, vivía en el sosegado retiro de
su casita campestre a orillas del
Ammersee cerca de Munich, en
compañía de su fa m ilia y sus

cabalgata
REVISTA MENSUAL DE LETRAS Y ARTES
PERU 973

T. A. 34 -23 84
B uenos A ires

Precio del ejem plar: UN PESO m/n.
Suscripción a n u a l: $ 10.— m/n.

J
I
|
I
I
|

i

I
I

ADVERTENCIAS:
No so mantiene correspondencia acer­
ca de los trabajos, ni se devuelven los
que la Redacción no haya solicitado.
Ruégase a los colaboradores espontá­
neos que al enviar sus trabajos — los
que son estudiados y agradecidos aun
cuando no se publiquen— no formulen
exigencia de ningún orden; serán doble­
mente estimados si saben aguardar con
la complacencia que distingue a los vie­
jos escritores.
Los autores son únicos responsables
de los artículos que se publican firmados.
El Comité de Redacción no siempre
comparte la opinión de los articulistas:
puede, incluso, estar en completo desacuerdo. Tengan esto en cuenta los corresponsales que revelan no haberse percatado de la imparcialidad y eclecticismo
que informa la posición del referido Comité do Redacción, que no es otra que la
do respeto por las ideas noblemente
expresadas.
AVISOS:
OFICINA TECNICA DEL LIBRO

Corrientes 1135, 2&lt;? B
Distribución Interior y Extranjero:
DISTRIBUIDORA TRIUNFO

Rosario 201
O
OS
Pife
«w
O es

&lt;

W

FRANQUEO PAGADO
Concesión N? 3205

c
o

TARIFA REDUCIDA
Concesión N9 3799

REOLSTRO DE PROPIEDAD
INTELECTUAL N&lt;? 254426
IMPRENTA
CHILE
Perú 565
• Bueno* Aires

El

terremoto de

M e ss in a . (1 9 0 9 ).

' ‘ Todo estaba tan bien preparado para una guerra. /Ahora viene este tonto y hace
un terrem oto! Toda la humanidad vuelve a fraternizar y para nosotros no queda nada.”

£ i poder de la Q arieaíu ra

Por HELLMUTH N. BACHMANN

“ Mópse” (perros doguinos enanos,
siendo él y el poeta Karl Wolfskehl los únicos que podían jactar­
se ser dueños de perros de tal raza
casi extinguida). Una vez por se­
mana solía viajar a Munich para
presenciar la reunión de redacto­
res del “ Simplicissimus” con los
que decidía el contenido del núme­
ro siguiente del semanario. Raras
veces participó en manifestaciones
públicas, como en general no an­
heló captarse popularidad; sin em­
bargo era un poder público.
Heine inició su carrera artística
con el estudio de la pintura en las
academias de Dusseldorf y Mu­
nich. No conformándose con los es­
tériles modales académicos y la
“ salsa parda” — como ¡ fué califica­
da burlonamente la orientación
pictórica de aquellos tiempos— se
incorporó al pequeño núcleo de
pintores independientes que traba­
jó en la aldea de Haimhausen cerca
de Munich, conjunto éste al que
ta m b ié n pertenecieron el su e co
Gustaf Ankarcrona, joven de dones
extraordinarios, y el paisajista ale­
mán A lf Bachmann. La pintura
“ Plein air” le brindó impulsos; ade­
más comenzó a dedicarse en mayor
grado al dibujo colaborando en la
r e v is ta h u m o r ís tica “ Fliegende
Blatter” . Era la época en que los
dibujantes, bajo la influencia del
arte del lejano oriente y otros ele­
mentos, se entregaban a la manía
del ornamento (ejemplos caracte­
rísticos: Aubrey Beardsley en In­
glaterra y el “Jugendstil” en A le­
mania) ; Heine, por su parte, supo
rematar tal tendencia peligrosa in­
troduciendo el ornamentalismo en
la caricatura y así, con el correr
de los tiempos, llegó a crearse un
estilo muy individual.
En el año 1896 realizó un pro­
yecto que debió satisfacer sus am­
biciones artísticas y cívicas: Jun­
to con el editor Albert Langen fun­

dó el semanario satírico “ Simpli­
cissimus” con el famoso distintivo
del rojo perro doguino, dibujado
por él, e inició su lucha contra la

prepotencia y altanería del impe­
rialismo alemán y la servil burgue­
sía. Disponía de los mejores ayu­
dantes, entre ellos los dibujantes
Rudolf W ilk e , K a th e Kollwitz,
Bruno Paul y Eduard Thbny y los
escritores Ludwig Thoma, Frank
W edekind y Karl Kraus. En años
posteriores vinieron a colaborar
caricaturistas como Karl Arnold,
el noruego Olaf Gulbransson, el
sueco Blix y muchos otros.
Para el “ Simpl” no hubo nadie y
nada sagrado ya que él mismo se
había consagrado a la lucha por la
libertad humana, la pureza espiri­
tual y sinceridad artística. La ca­
marilla imperial con todo su chi­
rimbolo militarista, los influyentes
círculos burgueses en su hipocresía
y mojigatería eran sus enemigos
más enfurecidos. En el mundo ofi­
cial, en los clubs y escuelas milita­
res pronto quedó proscrito el “ Sim­
plicissimus” — por lo que se lo leyó
clandestinamente con mayor inte­
rés. Como el gobierno clerical de
Baviera se mostró irritadísimo es­
pecialmente a causa de la serie de
sátiras punzantes de Ludwig Tho­
ma denominadas “ Cartas de un
diputado bávaro” , la redacción del
“ Simplicissimus” se vió obligada a
trasladarse a Stuttgart, capital del
más liberal estado vecino de W urtemberg.
Sobrevino la p r im e r a g u e r ra
mundial y con ella terminó el pe­
ríodo más brillante del “ Simplicis­
simus” . Aunque en lo artístico si­
guió siendo la m ejor revista de A le­
mania, el hecho de que durante la
guerra se dejase arrastrar por la
corriente común luchando “hasta la
victoria final” , le quitó mucho de
su influencia — había perdido su
plataforma espiritual.
Durante los años de la República
de Weimar el periódico llevó una
existencia dualística y sólo ante la
amenaza de la tormenta del Tercer
Reich logró recuperar su prestigio.
Su último número (del año 1933)
ostentó en su portada un conductor
de tranvía y un pasajero que le
pregunta tímidamente: “ ¿Dígame,
amigo, adonde nos lleva?” El con­
ductor (o sea “ Führer” en alemán),
en vez de contestar, señala la ins­
cripción en el coch e: “ Es prohibido
hablar con el conductor” . El día
siguiente fué asaltada la redacción
por un comando volante nazi que­
dando en escombros. Su escudo, el
rojo perro doguino, resultó destro­
zado por tiros de revólver.
Empero, no ha sido éste el día
más sombrío; el colmo de la igno­
m in ia fn é c u a n d o Gulbransson,

E n LA ASOCIACION BERLINESA DE NUDISTAS.

El juicio de Parts.

Thóny y otros de los viejos colabo­
radores se presentaron ante Heine
ostentando sus libretas de afilia­
ción a la N. S. D. A. P. las que
tiempo atrás ya habían adquirido
subrepticiamente. Así, documenta­
dos como “ viejos combatientes na­
zis” usurparon la dirección de la
revista, el fundador fué “ destitui­
do” y se le prohibió toda actuación.
El “ Simpl” por un tiempo fué v i­
viendo una triste existencia ficticia
dependiente de los caprichos de
Goebbels.
Por lo pronto Heine permaneció
en su casa campestre; la atención
a su esposa enferma y su hija le
quitaron el libre movimiento. Escu­
chemos lo que él mismo escribe en
una carta dirigida desde Estocolmo,
fines de 1946, a un amigo en A le­
mania:
“ Olaf Gulbransson al igual que
mis otros colegas se ha portado con­
migo de manera cochina. Su última
maniobrita, o más bien la de su
mujer, era la tentativa de desacre­
ditarme en Oslo escribiendo a su
tío B jorn Bjornson que yo, en una
carta a Hitler, había denunciado a
Olaf por manifestaciones antinazis.
B jorn me mostró su carta y nos reí­
mos de e lla . . . En la revista nortea­
mericana “ Heute” (que se publica
en M unich) hubo un artículo mío
un tanto autobiográfico. Tal vez lo ­
gres conseguirlo y conocer a través
de él algo de mis hazañas. En efec­
to no han sido muy penosas. Y o ex ­
perimenté el derrumbe de mi vida
entera como algo muy interesante;
ni siquiera me molestó la falta abso­
luta de bienes. Lo que resultó tris­
te, fué el hecho que mi m ujer siem­
pre enfermiza y mi h ija tuvieran
que quedar allá con sus muebles y
perros. Además, mientras estaban
en vida, no pude hacer dibujos p o ­
líticos. He pintado mucho en P ra­
ga, Brno y Oslo con lo que se gana
más que dibujando. Luego, cuando
ya no estaba reprim ido por el tem or
a la venganza nazi contra mi fam i­
lia, he hecho muchos dibujos — casi
200— para “ Goeteborgs Handelstidning” . Después murió el editor y
con su sucesor no me llevé bien.
Entre tanto había aparecido aquí
mi novela “ Espero m ilagros” te­
niendo buen éxito de m odo que pue­
do vivir de su fruto. .. En Suecia
be pintado pocos cuadros debido a
que mis dos piezas, aunque p ro­
vistas de todo confort, no tienen
suficiente espacio ni luz. En Os­
lo tuve un lindo estudio hasta que
los alemanes me lo quitaron y tu­
ve que huir repentinamente a Sue­
cia dejando atrás todas mis pocas
cosas.
Tres veces, pues, tuve que insta­
larme de nuevo en la em igración.
Por lo demás, pude com probar que
el m ejor m odo de arreglarse con la
Gestapo era no tom arla en serio
sino burlarse de ella; entonces se
sentían desorientados y m uy inse­
guros. De esta manera me salvé
del campo de concentración, la to r­
tura y la cámara de gas.
A Oslo llegué huyendo de Brno
en el año 1938, de allá a aquí en
el 42 en el mes de diciem bre, lo
que no resultó del todo sencillo.
Aquí me encontré con Blix. nos v e ­
mos a menudo. A hora soy ciudada­
no su eco. . . La m ayoría de los am i­
gos de los tiempos de Haimliausen
han muerto, pronto ya no conoceré
más que ca d á v e re s...
En el m es d e a b r i l f u i . p o r
avión, unos quince días a Oslo, ciu­
dad que ofrece un aspecto bastan­
te triste. ¿Cóm o será, pues, A lem a­
nia? — Una vez quisiera visitar­
la. . . ”
Thomas Theodor Heine n o fué
más a Alemania, su antigua patria.
Murió en Suecia, su patria de adop­
ción, la que le supo honrar debida­
mente. En ocasión del 80J aniver­
sario de su nacimiento, el 28 de fe ­
brero de 1947, el Museo N acional
de Estocolm o realizó una gj.an ex ­
posición reuniendo m uchos de los
dibujos de los tiem pos gloriosos del
“ Simplicissimus” , cuadros, retra­
tos e ilustraciones; el catálogo
abarcó 260 números, docum entos
de la habilidad espiritual y caus­
ticidad, la soberanía artística, la
im placabilidad humana y m oral de
su autor frente a los males de aque­
lla época, los que en gran parte,
desgraciadamente, son los males de
nuestro tiempo.

�cabalgata

CARTA

DE

FRANCIA
Por JUAN SAAVEDRA

es la primera obra teatral de Emmanuel Robles, que
hasta ahora sólo había publicado uua novela'. La acción de la pieza
se desarrolla en Venezuela en 1812, durante la lucha contra la domina­
ción española. Miranda, el jefe de los patriotas venezolanos, os detenido;
su jefe, Bolívar, ha podido huir y representa todas las esperanzas de los
patriotas del país. Montserrat sabe donde se oculta Bolívar, pero se niega
a decirlo. Para hacerle hablar, Morales (el general español) recurre a
fusilar los rehenes si Montserrat no habla. Detenidas al azar, seis personas
serán ejecutadas si Montserrat no denuncia el lugar donde Bolívar se
encuentra. Y los tres actos de la obra están construidos a base del silencio
obstinado del protagonista.
“ Montserrat” es la obra que actualmente tiene más éxito en los
teatros de París.

M

ontserrat”

• Y hablando de éxitos escénicos estamos obligados a referirnos al de
Carmen Amava, que ya ha prorrogado varias veces sus Tenresontaeiones
en el Teatro de los Campos Elíseos. Carmen Amava ha ohtmrdo una
crítica entusiasta y unánime, como en muy pocas ocasiones se produce.
Los críticos la han consagrado elogios infinitos. Herrando incluso a decir
que era la mejor artista que se ha visto en París desde fines de la guerra
de 1914-18.
Un público apasionado llena todas las noches el teatro. El público
español e hispanoamericano, bastante abundante todas las noches, acom­
paña con sus manifestaciones de entusiasmo a la artista, arrastrando
también en su arrebato a los espectadores franceses.
• Jenn-Paul Sartre escribe actualmente,
en colaboración con Jacques Laurent Eost,
el escenario de su próxima película. Las
obras cinematográficas de Sartre se reco­
nocen por su título; ésta se titulará Los
malos caminos. La fecha de realización so
ha fijado para el mes de junio, y será
Marcel Pagliero quien la llevará a la pan­
talla.
Los malos caminos será el segundo film
de Sartre y el segundo de Pagliero. Este
ha realizado ya otra película: La noche,
buena consejera. La censura italiana la
prohibió durante algún tiempo. A su lle­
gada a París la película fué secuestrada
por la Aduana. Pagliero organizó en las
oficinas de la Aduana una proyección pri­
vada, a la cual fueron invitados los crí­
ticos. Enos se mostraron indignados, y se
marcharon antes de terminar la proyec­
ción ; otros se entusiasmaron con la obra.
Enterado de ello, Sartre fué también a
ver la película, que estimó excelente y
acordó confiar a Pagliero su próximo esce­
nario.
• Acaban de publicarse en Francia dos
obras de gran interés para todos los aman­
tes del arte del libro. Uno de ellos es
“ Essai sur le livre de qualité” , por V.-P.
Victor-Michel, y el otro “ L ’ecriture et
son dessin” , por R. H. Munsch.
El primero trata en general del libro
de calidad y de los cuidados y exigen­
cias que éste tiene. 1‘ Algunas leyes.. .
ninguna regla. .. ante todo, buen sentido
y buen gusto.’ ’ Que la forma armonice
con el texto es el único problema a resol­
ver, aunque no es fácil. Para la perfec­
ción es necesario el concurso de la tipogra­
fía, del dibujo, del ajuste, de la elección
del papel, de la encuadernación. Como dijo
el poeta, “ es una obra de selección que
exige mucho amor. ’ ’
El libro de Munsch, completado con
centenares de figuras, es la historia de los
signos de la escritura y de su evolución.
Se revela en él, el gusto, la sensibilidad
de cada época.

• Del 21 a! 28 de junio se reúne en Pa­
rís el Primer Gongreso Internacional de
Críticos de Arte. Han sido invitados al
mismo representantes do treinta países. El
objeto de este Congreso es reunir a los
críticos de todos los países para la crea­
ción de una Asociación Internacional de
Críticos de Arte y contribuir a facilitar
la información en materia de arte moderno
mediante la organización de una oficina
permanente de información y de docu­
mentación artísticas.
Del Comité de organización de este Con­
greso forman parte: Paul Fierens (Bél­
g ica ), James Johnson Sweeny (Estados
Unidos), Hebert Read (Inglaterra), Jean
Cassou (Francia), Mojnir Vassek (Che­
coeslovaquia).
• En su última asamblea general anual,
el Comité Nacional de Escritores France­
ses ha ratificado el nombramiento de Louis
Martin-Chauffier como presidente, Louis
Aragón como secretario, y ha designado
vicepresidente a Stanislas Fumet y Char­
les Vildrac.
• El Círculo de la Librería Francesa ha
dado a conocer que actualmente el número
de editoriales existentes en Francia es
da 1.700, lo que explica en cierta parte
la crisis del libro francés.
• La Convención de la Unión de Berna
de 1886 para la protección internacional
de las obras literarias y artísticas ha sido
objeto de varias revisiones periódicas. Se­
rá revisada de nuevo el próximo mes en
una conferencia diplomática que se cele­
brará en Bruselas.
A fin de preparar esta conferencia, en
la que estarán representados los diversos
países firmantes do la Convención de Berha, la Asociación Literaria y Artística In­
ternacional ha reunido a sus miembros en
Lucerna del 5 al 9 de mayo.

• ‘ ‘ Clochemerle’ ’, la célebre novela de
sátira social dp‘ Gabriel Chevallier, ha sido
adaptada al cinematógrafo. Pero esta
adaptación no ha sido del agrado de cier­
tos medios que creen que la película con­
serva ciertas crudezas del original. Prin­
cipalmente M. Abelin. secretario de Estado
en la Presidencia, ha. intervenido para so­
licitar ciertos cortes, a los que se ha visto
obligado a acceder el autor.

i
o En el Teatro Marignv se representa
actualmente un “ ballet” de Paul Olaudel,
“ La mujer v su sombra” , con música de
Alejandro Teherepnine y coreografía do
Janine Charrat.
• El Premio literario Glande Blanchard,
instituido para honrar el mejor reportaje
publicado durante el año, ha sido adjudi­
cado a Serge Groussard por su trabajo
‘ ‘ Solitude espagnole ’ ’ .
« Copiamos do un semanario literario de
París el siguiente “ eco” :
“ En una. serie de artículos de un pesi­
mismo muy negro. Ravmond Dumay pro­
nostica en la. “ Gazette des Lettres” la
oró-ama muerte de la literatura francesa.
Es un poco exagerado, claro está. Es ne­
cesario reconocer sin embargo, oue la
invasión de nuestras librerías por la lite­
ratura anglo-sajona. en lo que nuestro
Casandra ve una de las causas de esta
catástrofe, es un hecho evidente.
“ Hav algo peor. Andró Maurois nos
informaba recientemente que un librero de
Buenos Aires se lamentaba de, no recibir
do París más que . . traducciones de no­
velas americanas.”
• Sobro la misma cuestión, Jacques de
Laprade escribe lo siguiente en el sema­
nario “ Arta” , en- un artículo consagrado
a las “ Memorias” de André Maurois:
“ En Argentina, notamos este hecho sin­
gular: La literatura anglo-sajona, fenó­
meno imprevisible, ha conquistado el mer­
cado gracias a nuestra influencia. Ha sido
primeramente con traducciones francesas
cómo América Latina ha descubierto A ldous Iluxley, Maurice Baring, Virginia
W oolf. Después, los lectores argentinos han
ido a los originales, primero ingleses, des­
pués americanos. La joven generación ar­
gentina aprende menos el francés.”
• “ La Documentation Franqaise” , edi­
tada por la Presidencia del Consejo, aca­
ba do publicar un interesante folleto so­
bre las ediciones literarias en Rusia.
Las obras que han alcanzado una tirada
más elevada han sido las de Leniir y Stalin, con 600 millones de ejemplares en
treinta años; Marx y Engels, 56 millones
en el mismo lapso; Gorki, 44 millones;
Puchkin, 35 millones; Tolstoi, 25 millones;
Cliejov, 18 millones.
De los extranjeros es Jack London el
que ha logrado una tirada más importante,
con 10 millones; Grimin, 5 millones; Andersen, Wells y Mark Twain, 3 millones;
Kipling, Dickens y Upton Sinclair casi la
misma tirada.
De los escritores franceses ya desapare­
cidos: Julio Verne, 4 millones; Jules Va­
lles, 4 millones; Maupassant, 4 millones;
Henri Barbusse, 2 millones. En cuanto a
los escritores franceses actuales, Pierre
Ilamp es el más1conocido y de mayor ti­
rada; después Georges Duhamel y JeanRichard Bloch. De las obras de Paul Bourget se han tirado hasta 100.000 ejemplares.

_____________________ ;________

Ol l a

Podrida

« En una de las ventas de manuscritos .
del Hotel Drouot ha sido adjudicado, por
la suma de 3.600.000 francos, a una gran
PRAGA
librería, un importantísimo documento de
El Congreso Internacional de Composi­
Jean-Jacques Rousseau.
tores y Críticos Musicales, celebrado últi­
So trata dé un manuscrito autógrafo de
mamente se clausuró aprobándose un “ ma­
uu grandísimo interés: “ Rousseau juez de
nifiesto comunista de música’ ’, el cual
Jean-Jaeques” , en el que el escritor, al
termina con estas palabras: “ músicos
final de su vida, analiza sus ideas y sus
progresistas del mundo, unios' ’ . Esa ora­
( bras con respecto a la sociedad. Divide
ción, no tendría, en absoluto, originalidad
él mismo su obra en tres diálogos: del
alguna si no llevara el agregado de ‘ ‘ pro­
sistema de conducta hacia Jean-Jacques
gresistas ’ ’ , ni sería inconsecuente con- los
adoptado por la administración y aproba­
pronunciamientos del expresado Congreso
do por el público; do la naturaleza de
si no llevara ese agregado la conocida di­
Jean-Jacques y de sus costumbres; de sus
visa. Porque lo que se recomienda a los
libros y conclusión.
compositores ‘ ‘ progresistas ’ ’ es el regreso
all antico, es decir, a la música ayer lla­
Estas páginas, impregnadas de una viva
mada burguesa, puesto que, en efecto, abo­
indignación y, frecuentemente, de un gran
ga por el retorno a la melodía fácil, al
dolor, Rousseau las ha dedicado y entre­
“ retorno a los ideales musicales del siglo
gado a la Providencia: “ Preparo este
X I X ” . Un slogan do la declaración del
escrito desde haco varios años sin imagi­
Congreso es este: “ Lo bello debe ser com­
nar ningún medio de garantizarlo de las
prensible y debe tener sentido social’ ’ .
manos do mis perseguidores. Finalmente,
El secretario general de la Unión de
no viendo ningún recurso por parte de los
Compositores del Soviet, Tikson Khrennihombres, resolví confiarle únicamente a la
kow, condenó a Arnold Schocnberg, A rProvidencia, entregándolas en el gran altar
thur Honegger, Paul Hindemith, Benja­
do Notre Dame de París. Yo había elegido
mín Briten, etc., fustigando- duramente a
para esto el sábado 24 de febrero del pre­
Igor Stravinsky, “ el que fuera un gran
sento año 1776. Pero queriendo ejecutar
mi deseo encontré las rejas c e r r a d a s ...”
Do hecho, fué el abate Condillac quien se
PARIS
hizo cargo de él el 1 do julio de 1776.
André Maurois ha declarado, al agrade­
Esto manuscrito lleva en su cubierta al­
cer un agasajo de la Asociación do la pren­
gunas líneas particularmente reveladoras:
sa latinoamericana, que la superioridad de
‘ Protector de los oprimidos, Dios de Jus­
la cultura francesa se llalla amenazada,
ticia y do Verdad, recibe este depósito que
en Sudamérica, por la cultura anglosajona.
aporta a su altar y confía a la Providen­
Algunos editores podrían darlo al ilus­
cia un extranjero desgraciado, solo, sin
tre escritor la razón- del por qué ese hecho
apoyo, sin defensor sobre la tierra, burla­
se evidencia cada vez más. Esa razón la
do, difamado, traicionado por toda una
hallaría el señor Maurois en que los edi­
generación, cargado desde hace quince años
tores franceses están pidiendo por los de­
de un trato peor que la muerte y de in­
rechos de traducción al castellano de cualdignidades inauditas hasta ahora entre los
quior libro de autor francés una suma que
hombres, sin haber podido por lo menos
está por encima de toda posibilidad de
conocer la causa. Se me niega toda expli­
recuperación, más en los momentos ac­
cación, se me impide toda comunicación;
tuales en*los que, corno sólo ignoran los
no aguardo nada de los hombres, amarga­
editores franceses, el mercado americano
dos por su propia injusticia, más que
del libro so ha restringido de manera alar­
afrentas, mentiras y traiciones. ¡ Providen­
mante, al mismo tiempo que la novela an­
c ia eterna, mi sola esperanza eres t ú ! . . . ”
glosajona está conquistando las preferen­

cias del
gentino
ingleses
san los

lector, gracias a que el editor ar
recibe mejor trato de los editore
y americanos que el que le dispen
editores franceses.

WASHINGTON

%
Organizada por la Unión Panamerican;
se ha abierto en ésta una exposición d
plástica argentina, compuesta de 34 aeua
reías, grabados y temperas perteneciente
a 17 artistas, de los cuales el cable sól&lt;
nombra a Badi, Berni, Bonome, Noral
Borges, Raquel Forner, Larco y Soldi. L¡
falta do información local nos impidcitar otros nombres, seguramente de igua
significación. Exposiciones do pintura ar
gentina deberían celebrarse con- mayor fre
cuencia en los principales centros artísti
eos del mundo, con las cuales se contri
buiría, — como lo consiguió el libro d
edición nacional— a poner en valor 1:
gravitación del hecho argentino por si
paisajo y sus costumbres reflejados en 1:
obra de los más destacados artistas.
MEXICO

Diego Rivera nos tiene acostumbrado
al escándalo. Su capacidad conceptiva ex
cede con frecuencia del amplio margei
de sus pinturas murales, a las que desdi
haco años dedica su actividad, creandi
problemas ajenos al concepto de quiene
la confían la realización de sus obras
Ahora acaba de pon-er en un tremendi
apuro a los directores del Hotel Prado
propiedad del Estado, en cuyos muro
Diego Rivera ha pintado sil tema baji
esta oración, estampada en grandes le
tras: “ Dios no existe” . El arzobispo d
México se niega a bendecir la obra, lo
directores del Hotel Prado ruegan, y Die
go Rivera so niega a aceptar que cubra:
la pintura con un lienzo; amenaza, ade
más llevar a la Administración del Hote
ante los tribunales por incumplimiento d
contrato, pues según ha manifestado e
pintor últimamente ha de pintar aún tr»
muros más.

Bmxm

el
P or

LUCIANO

CANAZ

Maugham a su paso por Barcelona lia declarado a un perio­
dista q u e no pensaba escribir más novelas. “ La última —ha dicho__
ha sido Catalina, asunto español durante el reinado de Felipe III. A
partir de ahora escribiré, por placer, ensayos, cosas que a lo mejor no
las publicará nadie.” Después de manifestar su satisfacción por sus pro­
gresos en hablar correctamente el castellano, se ha referido a los escri­
tores españoles que más le entusiasman: Cervantes, Calderón de la Barca
y, sobre todo, San Juan de la Cruz. De los modernos Unamuno, Benavente y Azorín. Contestando a la pregunta de si una buena novela ha de
ser cosa imaginada o cosa vivida: “ Las dos cosas juntas; lo vivido es la
chispa; después viene el trabajo de imaginación” .
Una vez referidos sus primeros éxitos, el periodista le ha preguntado
cual era el mayor error de su vida. “ No sé si debo responder —ha decla­
rado el autor inglés— porque usted sabe que los grandes errores, algunas
veces, resultan bastante bien; de un error vienen consecuencias agrada­
b le s ... El error de mi vida: casarme; pero he aquí las consecuencias
agradables: tengo una hija hermosísima y dos nietos” . Por último esta
pregunta: “ ¿Y no cambiaría usted sus millones y su faina por una ju ­
ventud?” , y esta respuesta: “ N o; cuando se es viejo y se tiene fama, no
se ocupa uno de la opinión de los otros; esto da una gran libertad de
espíritu. Si una persona me quiere o ama, me complace; pero si no me
quiere o no me ama, igual me da. A esta conclusión he llegado” .

S

om erset

• Juan Ramón Jiménez, en una carta
abierta, dirigida a Carmen Laforet, auto­
ra de Nada, al acusar recibo de un ejem­
plar de la novela, escribe: “ . . . L e agra­
dezco la belleza tan humana de su libro,
belleza de su sentimiento en su lib ro;
mucha parte, sin duda, un libro de uno
mismo y más de lo que suele creerse,
sobre todo un libro como el de usted,
que se lo ve nutrirse, hoja tras hoja, de
la sustancia propia de su escritora. . .
Porque usted es una novelista de novela
sin asunto. Y en esto está lo más difícil
de la escritura novelesca o poemática.’ ’
A l pedirle unos ejemplares de Nada para
que sea publicada su traducción en Nor­
teamérica, añade: “ Me parece que gus­
taría de veras, porque Nada, como todo
lo auténtico, es de aquí también, y de
hoy, y será de mañana y do otra parte
cualquiera, como es de ayer y de todos ’ ’.
• La Escuela de Estudios Hispanoame­
ricanos de Sevilla acaba de editar “ Los
viajes de John Hawkins a América, del
catedrático Antonio Rumeu. La obra, eru­
dita y emotiva, ha de suscitar la réplica
do otros historiadores. Así lo esperamos
dado que se refiere a la tan discutida re­
seña de las primeras expediciones de in­
gleses y españoles al Continente ameri­
cano.
• José Ortega y Gasset está escribien­
do su obra más importante desde el pun­
to do vista metafísico, según unas de­
claraciones hechas por Julián Marías.
• Se anuncia la publicación de una nue­
va colección de clásicos titulada Biblió­
filos sevillanos. Entre los primeros títu­
los Los coloquios del docto y magnífico
caballero Pedro Mexías, el Libro de Ce­
trería y Montería, de Joan Valls (siglo
x v i) ; La Asinaria de Rodrigo Fernán­
dez Ribera (inédito, siglo x v u ) ; y Epis­
tolario do Arias Montero.
e Es por su estudio sobre Miguel de
Unamuno que el Premio Fastenrath ha
sido concedido por la Academia Espa­
ñola a Julián Marías. Filósofo y ensa­
yista, Julián Marías es autor, además, de
una Historia de la Filosofía, de una In­
troducción a la Filosofía, de La filoso­
fía del Padre Graty, El tema del hombre
y San Anselmo y el insensato. Actual­
mente está preparando un Diccionario
filosófico y un Diccionario literario.
• En Barcelona se ha inaugurado el “ Se­
minario de la Poesía Juan Boscán” , afec­
to a la Sección universitaria de la Aso­
ciación Cultural Iberoamericana y diri­
gida por Francisco Galí. Se propone fo ­
mentar las relaciones literarias con los
países americanos, publicar cuadernos li­
terarios y organizar cursos de conferen­
cias. En la inauguración J. María Ro­
dríguez Méndez habló de García Lorca,
lírico, y Enrique Navarro Ramos recitó
poesías del malogrado poeta andaluz.
• En el continuo desfile por las salas
de arte de Barcelona destaca hogaño la
exposición celebrada por el escultor ca­
talán Mario Vives. No sólo nos ha dado
noticia de un artista que ha permaneci­
do muchos años alejado do entre nos­
otros, sino que además nos demuestra en
qué forma ha llegado a la plenitud de
su arte. Casi siempre ha vivido en Pa­
rís, donde trabajó siguiendo de cerca a
Arístides Maillol, Manolo Hugué y Modigliani.
Pasó toda clase de dificultades, pero
haciendo frente a la adversidad, fia sa­
bido triunfar. Animándole a proseguir
en la capital de las artes plásticas, Ma­
nolo Iluguó le decía en 1918: “ ¡ Cuán­
to peor te vaya, menos has de pensar en
el regreso! ” Luego so trasladó al Me;
diodía de Franeia, en Céret, en Tuir y
Ferpiñán, donde prosiguió trabajando en
plena posesión de sus posibilidades. Más
tarde, pasó largas temporadas en la isla
do Ibiza. En la reciente exposición se ha
puesto do manifiesto la totalidad do ma­
tices y significados de su obra, la di­
versidad que media entre sus figuras ins­
piradas en tipos indígenas de Ibiza y
Céret, hasta sus desnudos y retratos más
rígidos y sintéticos. Su escultura de pe­
queño tamaño recuerda las antiguas tanagras. En sus retratos existe la suges­
tión magnífica de los grandes escultores
del siglo x v m franceses.
A l venir a presentar sus obras el ar­
tista ha dicho: “ Cuanto más he intenta­
do profundizar y más he estudiado a los
grandes maestros, más considero a Maillol
uno de los mejores escultores do todas las
-maeralme-Tte do concepto, mu-

” vu

o Nacido en el eorazón de la Mancha
castellana, el dibujante Gregorio Prieto,
además del realismo castellano da muestra
desde muy joven de la imaginación tan
común entre sus coterráneos. Después de
sus estudios en Madrid, conquista una be­
ca que le permite trasladarse al extran­
jero: Francia, Inglaterra y Bélgica, le
sirven de cátedra. Expone en París, y
obtiene un éxito. Se relaciona con poetas
como Valéry, Cocteau y Montherlant, quie­
nes le abren nuevos horizontes. Gana el
“ Prix de Rom e” y va a Italia y, luego,
a Grecia, de donde son sus pinturas de un
profundo lirismo. Desde 1935 vive en In­
glaterra y ahora ha expuesto en Barcelona
sus retratos y dibujos destinados a ilustrar
el Paraíso perdido de Milton, los Sonetos
de Shakespeare y otras obras clásicas.
Dibujos en los que la fuerza imaginativa
y el realismo poetizado se armonizan con
un dominio sutil y seguro de la línea y
el equilibrio.
• Se ha hecho público el veredicto del
jurado encargado de fallar el Premio In ­
ternacional de Primera Novela, instituido
por el editor Janes de la ciudad de Bar­
celona. El jurado calificador lo integran
Somerset Maugham, Eugenio d ’Ors, Jo­
sé María Cossío, Walter Starkie y Fer­
nando Gutiérrez. Acordaron por unani­
midad conceder el premio de veinticinco
mil pesetas a la novela Turbis ebúrnia,
i;uvo autor es Rodolfo L. Fonyeca, de
Montevideo. Se conceden además dos pre­
mios de diez mil pesetas cada uno a las
novelas Sombras viejas, de G. González
Ledesme, y a Sis o set sirenes de Marius
Gifreda. Asimismo se acordó recomendar
al editor Janés la adquisición y publica­
ción de cuatro novelas más, que son las
siguientes: Tlvis Other Edén, de Catherine Gaskin; La tierra brava, de Leocadio
A . Zurinaga Uribe; Adorable loca, de
Pedro Voltes, y El pont llevadís de Ra­
món Planes.

REPERCUSION
El libro es un elemento de re­
percusión. Es gracias a esa reper­
cusión c¡ue Buenos Aires, sede ac­
tual de la mayor industria del li­
bro en lengua castellana, ha al­
canzado el máximum de popula­
ridad en Sudamérica en estos úl\ timos años. Lo que el libro de
edición argentina, expuesto per\ manentemenle al público en los
anaqueles y vidrieras de las li­
brerías de la América latina y
i España ha logrado por la gravi­
tación de su calidad y belleza
tipográfica, merece ser destacado
y puesto en valor. Si de ahora en
adelante la Argentina se quedara
impasible ante las d ificu lta d es
que para la internación de libros
en algunos países hermanos se le
oponen, y no tratara de resolver
los inconvenientes que la jaita de
divisas que sufren los mercados de
consumo crea a la industria naj cional del libro, el país perdería,
además de un rubro importantí­
simo entre los de su exportación,
\el más eficaz vocero de una afir­
mación cada vez más cara al sen­
timiento patrio y fraterno de los
argentinos.
C a b a l c a t a vin o a sumar su
voz — voz hecha de acción — a
la gesta cumplida por el libro,
abriendo sus páginas imparciales,
eclécticas, heterogéneas, al escritor
j y al artista, al público argentino
|y al del mundo latino americano,
tratando de cooperar a la conse­
cución de un antiguo anhelo que
resumen estas palabras de un lec­
tor de Sucre ( Bolivia) : “ .. .de
llegar de veras a esa realidad en
que ya no quepan calificaciones
escépticas de nuestro continente
com o el continente absurdo de
despertar lento".

�cabalgata

r

11

i

1A 1

(CRISTIANOS, MOROS Y JUDÍOS)
por Américo Castro

Une, nueva interpretación de la historia de España según una clave dinámica,
do acuerdo con las más modernas concepciones historiográficas y filosóficas,
Américo Castro, con su gran autoridad y saber, desentraña en un estudio tan
erudito como vivaz los rasgos permanentes de España atendiendo a la presencia
permanente y activa de moros y judíos en su multisecular proceso histórico.
Un volumen do gran formato y 708 páginas, con ilustraciones, encuadernado
en tela ............................................................................................................... $ 40 .—

Rafael Alberti: A LA PINTURA.
POEMA DEL COLOR Y LA LÍNEA
Un libro único, maravillosa interpretación y exaltación líricas de los grandes
maestros, los colores y todos los elementos del arte pictórico. Un volumen lujosa­
mente editado e ilustrado con una lámina en cuatro colores y dieciséis bicrcmías .............................................
.................................................... ? 20. —

PREMIOS DE LA CAM ARA ARGEN TIN A DEL LIBRO
Prim er prem io a la me.ior co le cció n :
B IB L IO T E C A DE P S IC O L O G IA , P S IC O A N A L IS IS
Y P S IQ U IA T R IA

Luis Jiménez de Asúa: PSICOANÁLISIS CRIM INAL
íhin.&lt; Vlatschel'. Osito. (Gouache).

C a m t n o y R e a í i z ac i ón
a Hans Platschek como autor de algunos inteligen­
CONOCEMOS
tes estudios sobre pintura moderna; recordamos especialmente
su libro sobre Kokoschka y un ensayo extenso sobre Paul Klee. Si
examinamos estos trabajos de crítica para deducir de ellos una
postura general, hemos de decir que Platschek no se ha hecho fácil
por cierto su labor. No se conformó con comentarios idealistas y
vacíos sino que se abocó a la tarea, más dura, de analizar de modo
profundo las obras y los pintores de su elección. No es el cariz
psicológico lo que le ha atraído, sino principalmente los problemas
típicamente plásticos, el color, la forma, sus consonancias y ten­
siones. Y pese a haber encontrado el joven crítico cierto éxito y
rápida aceptación, abandona ahora esa actividad para dedicarse de
nuevo a los problemas íntimos y prácticos de la pintura que había
tratado de manera teórica y crítica.
Los frutos del tercer año de su arduo trabajo pueden contem­
plarse ahora en la exposición de conjunto que hace en el Ateneo
de Montevideo. En sus escritos Platschek ha puesto de relieve lo
mucho que sabe de pintura y esa misma impresión ofrecen sus
cuadros. En su favor y en su desventaja. En su favor, porque
presenta soluciones de una madurez y de un equilibrio que van
mucho más allá de las experiencias prácticas que pudo haber acu­
mulado en un tiempo relativamente corto. Mas, de otra parte,
hallamos en él trozos y fragmentos calculados fría y secamente,
asimilados como reminiscencias de soluciones ajenas. Platschek
no es. sin embargo, en modo alguno un pintor ecléctico que se
empeña en presentar sus experiencias científicas — es decir, expe­
riencias ajenas— , como creación personal. Esto se patentiza de
modo singular en sus “ gouaches” . Hay en estas obras un “ laisser
aller” , un florecer de su fantasía poblada de faunos, gatos, polichi­
nelas y mitos particularísimos, pintados todos en sonidos agudos
de rojos, amarillos y azules y en contornos caprichosos, resuelta­
mente definidos.
Al comparar precisamente estas obras más sueltas o. al menos,
más fácilmente comprensibles, con sus óleos, surge otra particula­
ridad de Platschek que hoy aun es difícil de juzgar; un cambio
estilístico a través de las técnicas. Toda la frescura y la ausencia
de trabas que tanto nos cautiva en los “ gouaches” , desaparece en
los óleos, lo cual no quiere decir que estos sean inferiores sino en
todo caso, que muestran un estilo diferente y responden a una
postura divergente. ¿Será la técnica lo que le conduce a cambiar
de concepción, o se vale de la técnica porque una realidad interior
le obliga a utilizar otros medios? De hecho, nada cabe decir en
definitiva por lo breve de 1a. elaboración y la aun poco abundante
obra del artista; pero puede ya anticiparse que el mayor peligro
para Platschek radica en su pasado crítico-científico y en su ten­
dencia reflexiva, aunque demás está decir que esto no significa que
el joven pintor debiera pintarrajear al compás de su instinto.
También él se ve ante la necesidad de encontrar la síntesis de su
problemática y, a decir verdad, creemos que se halla ya en el
camino hacia la solución con el retrato que en estas páginas se
reproduce.
Platschek revela un muy sensible y muy bien desarrollado
tacto colorístico. Más aún: diremos que revela un resuelto coraje
hacia el color. Mientras en obras de otras etapas solía contraponer
cautelosamente las tintas hasta neutralizarlas, en el “ Retrato” logra
dar colores francos, evidentes, sin que sus tintas sean chillonas
o desentonadas. La reducción del fuerte efecto de las orejas sono­
ramente rojas por unos grises amarillentos y verdosos es una
pequeña obra maestra que difícilmente puede ser imitada o repe­
tida. La caracterización de este retrato como de otros nuede sus­
citar el recuerdo de los retratos tempranos del joven Kokoschka,
aunque Platschek difiere en un punto esencial: su valor de obser­
var con su sentido de humor heineano que a veces parece que ni
considera el objeto de su cuadro como un santuario ni a sí mismo
como un profeta.
Es usual concluir las críticas de una primera exposición de
un pintor con una frase que exprese la esperanza en el futuro. En
el caso de Platschek no queremos seguir la costumbre. Y no
porque valga menos que otros, sino porque estas exposiciones pri­
meras prometen mucho y comprueban poco. Es Platschek el que
nos ha de comprobar y confirmar que su camino poco común por
la región del arte era algo más que un deseo de satisfacerse a sí
mismo: desde sus aficiones de aprendiz de pintura en su acomodada
existencia prebéhea en Alemania e Italia, pasando por el período
en que se da cuenta del nuevo mundo que le rodea al ejercicio del
análisis impersonal de la creación artística, para retornar hoy,
finalmente, a su propia creación artística.
Pintar significa hoy día meterse conscientemente en el purga­
torio. Veremos si Platschek tendrá el vigor y la firmeza de pasar
por las llamas del trabajo, de la duda, de la desesperación, de la
tentación comercial y la posición social para no pintar solamente
su Yo sino el Todo.

de un

Una de las obras capitales del autor, que ha ido enriqueciéndose y documentán­
dose en sus sucesivas ediciones hasta llegar a esta tercera. Es un estudio acabado
del valor de la psicología profunda en relación con la criminología. Un volumen
de 342 páginas, encuadernado en tela ........................................................
S 25.—

Helene Deutsch: PSICOLOGÍA DE LA MUJER
Lr. psicología de la mujer que, en algunos aspectos, ha sido llamada “ el conti­
nento oscuro” , es estudiada por la discípula de Sigmund Freud como sólo un
perspicaz psiconalista puede hacerlo. Un volumen de 366 páginas, encuader­
nado en tela ............................................................................. .......................
S 20 .—

P rim eros prem ios en sus respectivas seccion es:
SO CIOLO G IA

PI NTOR

J OVEN

Francisco Ayala: T R A T A D O DE SOCIOLOGÍA
Tomo I, Historia de la Sociología. Tom o II, Sis­
tema de la Sociología. Tom o III, Nomenclátor biobibliográfico de la Sociología.
Lr. obra completa, integrada por tres hermosos volúmenes en gran formato con
1.150 páginas en conjunto, encuadernados en tela, vistosas sobrecubiertas y es­
meradísima presentación tipográfica . . . . ................................ .*...............
S 80.—

PLEAMAR

León Felipe: AN TO LO G ÍA R O T A

inir
El
P ili
1
Lnl jI
Por FRIEDRICR BAYL

Los mejores poemas, las páginas más vibrantes y expresivas de este lírico cuya
voz resuena con acento patético y vindicativo. Epílogo de Guillermo de Torre.
Ilustraciones de doce artistas españoles y americanos. Un volumen encuadernado
en tela blanca, de la Colección Mirto ....................................................
$ 12.—

EDITORIAL LOSADAS.a.
ALSINA 1131 Montevideo
Lima

BUENOS AIRES
Santiago de Chile
En cuanto a sus dotes poéticas,
eran extraordinarias si hemos de
creer lo que se afirma en la noticia
biográfica descubierta por don R i­
cardo Palma. “ No improvisaba — se
lee allí— tan sólo sobre cuantos
asuntos le proponían, sino que com­
ponía con igual facundia y despejo
hasta piezas cómicas. Y si las con­
versaciones que sostenía versifican­
do se hubieran escrito, habría que
llenar inmensos volúmenes” .
F ray Francisco se sintió alguna
vez poeta épico y escribió sonoras
octavas reales que se conservan ac­
tualmente en el Museo B ritánico;
pero su Musa fué, en efecto, una
Musa improvisadora, callejera y li­
cenciosa que, sin respeto alguno ha­
cia los hábitos de lego que llevaba,
le dictó cosas que, en aquellos “ si­
glos inquisitoriales” , se tenían por
comunes y corrientes — y para ejem ­
plo. los clásicos— , pero que hoy, des­
de luego, no consiente editar ni
transcribir el siglo que más tinta y
saliva está gastando en hablar de
Libertad.

llana Platschek. Retrato. (O leo).

Un Mordaz Epigramista del Perú colonial:

FRAY FRANCISCO DEL CASTILLO
(n e n e ile la primera página.)

fin de conferirle mayor mérito o
que, en realidad, lo creyera sin que
el hecho se ajustara a la verdad ? Y
aun por otra parte, ese mote de “ el
ciego de la Merced” ¿no parecería
aludir — cuando menos en princi­
pio— a un ciego que, tal vez como
mendigo, tenía su puesto fijo en la
puerta de la iglesia y que, acaso por
razones especiales, fuese admitido

después como lego con opción a te­
cho y mesa 1
Hipótesis son éstas que acaso al­
guien pueda esclarecer andando el
tiempo con el hallazgo de algún in­
esperado documento; mas como sea,
el hecho es que a Fray Francisco se
le reconoce como lego y como ciego
de la Merced y hasta como “ hom­
bre instruido que tocaba con suma
habilidad varios instrumentos” mu­
sicales.

La literatura del Perú, como es
sabido, se caracterizó desde sus orí­
genes por su tono satírico, desenfa­
dado, picaresco; y esto, no tanto, co­
mo nos lo asevera el buen Padre
Fray Antonio de la Calancha en su
“ Crónica Moralizadora del Orden
de San Agustín en el P erú ” , porque
Júpiter y Piscis, “ que presidieron la
fundación de L im a” , hicieran a sus
habitantes “ amigos de burlarse” ,
sino porque, en aquella Lima virrei­
nal, muelle, rica y tan desocupada
como lo eran las cortes de Madrid
o de Yersailles, la gente tomó siem­
pre) a la vida con gusto y elegancia,
sonriéndose de todo y, especialmen­
te, de los atrevimientos de la pluma
con tal de que en ellos hubiera inge­
nio y gracia. Fray Francisco del
Castillo, “ el ciego de la M erced” ,
pudo, pues, dejar su lengua de san­
griento epigramLsta en completa li­
bertad ; y a fe que no se mostró ésta
remisa en su cometido, como se verá
por el siguiente ejem plo de una de
( Continúa en la pág. 6.)

�cab alg ata

6

C OL E C C I ON

(Viene de la pág. 5.)

sus décimas improvisadas con pie
forzado o lo que es igual: con verso
último propuesto por el auditorio:

••

f

i

ñ

M a l ic ia en el país de
LAS M ARA VILLAS, de N iN a p o l e ó n , de Stendhal

$ 3.00
OTROS TITULOS DE INTERES
V e n e n o en b r o m a , d e

Morales: a la verdad
estoy viendo de hito en hito
que hoy has puesto un sambenito
en esta Universidad.
Dios nos mire con piedad,
porque si tu calavera
por más tiempo persevera
en el cargo de Rector
se graduará de Doctor
toda mida calesera.

J. Dickson Carr $ 3.00
D ic c io n a r io de c ie n c ia ,

de E. B. Uvarov $ 5.00
S u persticion es y l e y e n ­
das , de Juan B. Am-

brosetti.......... $ 2.50
m ic r o b io s a l a l c a n ­

de Hugh
Nicol ............ $ 3.00
ce de t o d o s ,

En aquellos tiempos plácidos de
la Lima del 1750, ambulaba por las
calles un vendedor de canela, ape­
llidado Besares, y, a lo que se ve,
muy amigóte de “ el ciego de la Mer­
ced’ ’, con quien solía tener amenas
pláticas acerca de todos los chismes
de la ciudad. Cierto día, Besares le
pidió un elogio poético que termina­
ra con su apellido y fray Francisco
del Castillo, sin acordarse del há­
bito que llevaba, improvisó en un
dos por tres:

de Leonhard Adam . . . $ 3.00

A rte p r im it iv o ,

En venta en todas
las buenas librerías

EDITORIAL

Permita el cielo estrellado
que en tus dares y tomares
a rica canela sepa
la boca que t ú . . . Besares.

J. E. UR1BURU 1225
T. A. 44 - 4114

Ni respetaba siquiera la traviesa
Musa epigramática del lego a los sa­
cerdotes cuyos rezos no se atenían a
la levedad que el carácter del lime­
ño de aquel tiempo demandaba. Un
día, al terminar de decir la misa
cierto padre que tenía fama y hechos
de prolijo, algunos de sus oyentes
pidieron su opinión al lego de la
Merced y éste repentizó lo que
sigue:

F LO R ID A 677 — T. A. 31 - 4366

Sección
LITERATURA MUSICAL
1
¡

R. A LO Y S-M O SER. — Regards
sur la musique contem poraine.
1921-1946. P refacio de A rturo
H onegger .................... $ 18.—

\
;

P. BERTRAND. — Le m onde de
la musique. Souvenirs d ’un
éditeur. P refacio de A dolphe
Boschot ........................ S 12.—

¡;
¡;

W. SCHUH. — Schweizer Musik
Buch. 2 tom os...............S 25.60

•!

Percy A. SCHOLES. — The
m irror o f m usic. 1844-1944. A .
Century o f M usical L ife in
Britain. 2 tom os . . . . $ 63.—

;!
;
;
¡i

G eorge AM BERG.
— A rt in
m od era Ballet. 200 ilustraciones. 8 a c o l o r ............. $ 75.—

¡;
¡!
I;

Ediciones RICORDI
de reciente aparición

;

Ernesto DE L A G U A R D IA . —
Las sinfonías de B eethoven. Su
historia y análisis. 3* Edición
revisada y aumentada. $ 12.—

;

E rnesto DE L A G U A R D IA . —
L as sonatas para piano de B ee­
thoven. H istoria y análisis. 2*
E dición revisada y aum entada. Ed. encuadernada $ 15.—

¡¡
¡;

M adeleine M AN SION . — El estudio d el canto. T écnica de la
voz hablada y cantada $ 10.—

I;
!¡
¡¡

Carlos R A M O S M EJIA. — La dinám ica del violinista . . S 12.—

1;
!¡

I) Principios básicos para los mo- ¡¡
vimientos de la mano izquierda.
II) Psicofisiologia del cansancio.
!¡
III) Conciencia y automatismo.
I V ) B! sonido.
¡¡

Romain R O L L A N D . — V iaje musical al país del pasado $ 10.—

¡¡
;!

c o n t in u a m e n t e recibim os

■!
¡

NOVEDADES DEL EXTRANJERO

VISITE NUESTRA SECCIÓN
LITERATURA MUSICAL

Estilísticamente Shapero parece
sentir el afán de adaptar su música
a la de un gran modelo. Así su ‘ ‘ Se­
renata ’ ’ de cinco movimientos para
orquesta de cuerda está basada so­
bre los principios neoclásicos stravinskianos, sus “ Tres sonatas ama­
teur para piano” , sobre los princi­
pios de Haydn, y su reciente gran
sinfonía, sobre los de Beethoven. A
la sazón parece sufrir el complejo de
adoración de un héroe. Pero cuando
decida acometer directamente los
problemas de la composición, dando
de lado todos los patrones y ponien­
do de manifiesto su propio valer, va­
ticino que el mundo musical habrá
de tomar muy en cuenta su nombre.

Allá a mediados del siglo xvm,
parece que fué elegido Rector de la
Universidad de San Marcos de Li­
ma un tal Doctor Morales, de no
gran reputación como erudito, y
Fray Francisco del Castillo que lo
supo, le dedicó esta saeta improvi­
sada :

cholas tílake . . S 4.00

C. HOW ELER. — Som m ets de
la m usique. Versión francesa
de R. H arteel ........... S 26.—

.

Preñada estaba una niña
y en riesgo de mal parir
y vínolo a conseguir
por antojo de una pina.
En la casa hubo gran riña;
la joven d ijo : — me em p re.. .
La madre le d ijo : — ¿ Q u é * .. .
V tal fué el grito que dió
que la niña malparió
y no pudo decir ñé.

N O V E D A D E S

Los

Examinar sus partituras es algo
fascinante. Pocos músicos de su
tiempo han compuesto con tanta se­
guridad y tanto dominio. Shaperc
sabe lo que hace y lo más notable
consiste en cómo pone su pericia mu­
sical al servicio de ynas dotes mara­
villosamente espontáneas.

::

De un sacerdote prolijo
la misa vengo de oír,
que bien se puede imprimir
en el tiempo que la dijo;
mas no por eso me aflijo
ni digo estuve impaciente
en acto tan reverente,
pues en el tiempo que echó
no sólo a Dios consumió
sino también a la gente.
La Iglesia de San Pedro y con­
vento de los jesuítas de Lima queda
a la espalda de la Merced y no muy
lejos de ella. Las órdenes religiosas
no vivían con gran armonía en la
capital del Perú y tal vez entre los
Padres de la Merced y los de San
Pedro hubiese soterrados celos a la
fecha. Ello es que, cierta tarde, el
reloj de San Pedro dió los tres cuar­
tos para las tres y, respondiendo a
un transeúnte que le preguntaba
por la hora, improvisó Fray Fran­
cisco :
. Tres cuartos para las tres
ha dado el reloj vecino
y lo que me admira es
que, siendo reloj teatino,
dé cuartos sin interés.
Uno de los epigramas más pun­
zantes de Fray Francisco nos permi­
te suponer que, en efecto, era lego y
que, en calidad de tal, servía al Pa­
dre mercedario F e ijo ó ; pero, al pro­
pio tiempo, nos hace dudar, con sus
alusiones al papel de estraza y al
carbón, de que fuese ciego de naci­
miento. Lo sucedido fué que un tal
Padre Soto acababa de predicar un
sermón bastante malo en la Iglesia
de la M erced; y, en la propia sacris­
tía, otros padres o feligreses obliga­
ron al ciego a que emitiera su pa-

La
Aaron Copland

ESCUELA

NUEVA

DE

COMPOSITORES

N O RTEAM ERICAN O S
Por AARON COPLAND

(Viene de

la primera página.)

Y basta de generalidades. Ue es­
cogido siete nombres de entre la
nueva “ escuela” de compositores
norteamericanos: Robert Palmer,
Alexei Ilaieff, Ilarold Shapero, Lukas Foss, Leonard Bernstein, W illiam Bergsma y John Cage. La ma­
yoría de ellos frisa en los 30 años.
(Foss es el benjamín del grupo,
pues ha cumplido recientemente
24). Todos han nacido en los Esta­
dos Unidos, a excepción de H aieff
recer al respecto. Y entonces contes­
tó de esta manera:
Si el lego que sirve fiel
al Padre Feijoó, tuviera
un lego que lego fuera
'
mucho más lego que él;
y este lego, en un papel
de estraza, manchado y roto,
de todas ciencias remoto,
escribiera con carbón
fuera su serm ón ... sermón
mejor que el del Padre Soto.
En la imposibilidad de transcribir
algunas de sus — para nuestro tiem­
po—• intocables im provisaciones
(tan semejantes, por lo demás, a las
de los clásicos españoles y para las
que el no menos travieso don Ricar­
do Palma pide “ perdón en gracia
de la chispa con que están ejecuta­
das” ), copiaremos tan sólo la que el
ciego de la Merced, basándose en un
sencillo juego de palabras para cla­
var su aguijón final, pone en boca
de un patrón cuya criada se en­
cuentra en estado grávido:
Mostrarme severo y vario
con la criada conviene,
porque he notado que tiene
muchas faltas de ordinario.
Yo la he pagado el salario
sin ponerle en ello tasa;
y si mi cólera pasa
a extremo de despedirla
sin querer verla ni oírla,
es porque no para en casa.

w' i t

Y es que por aquellos tiempos en
que le cupo vivir y versificar de
esta manera desenfadada a nuestro
lego de la Merced, gobernaba en el
Perú el amador y donjuanesco vi­
rrey don Manuel de Amat y Junient,
aquel que perdió un tanto la chave­
ta ante los hechizos de la seductora
Perricholi, que tenía un sentido ana­
creóntico de la vida y que, con la
construcción del Paseo de Aguas y
de la Plaza de Toros, así como con
su boato y su afición a las carro­
zas y al teatro, hizo de la capital del
Perú un pequeño Versailles sud­
americano donde imperaron la ele­
gancia, el donaire y la alegría des­
envuelta que tanto suelen odiar las
almas de sangre espesa. . .

Lukas Foss nació en Berlín don­
de se formó su primera cultura mu­
sical; prosiguió los estudios en el
Conservatorio de París durante la
época de Hitler y finalmente llegó
a Nueva York con sus padres a la
edad de 15 años. A los 13 había ya
compuesto piezas para piano (pos­
teriormente editadas por G. Schirmer) en las que campea el influjo
de su último maestro, Hindemith.
El contacto con América fué decisi­
vo para él. En Europa había adqui­
rido un género de absoluta seguri­
dad ; en Estados Unidas, a medida
que fué creciendo, tornóse más hu­
mano y más deseoso de reflejar la
atmósfera del nuevo país de adop­
ción. Su primera obra larga de ins­
piración “ americana” fué un ora­
torio, “ La Pradera” , para solistas,
coro y orquesta, con un texto selec­
cionado de poemas indígenas de Cari
Sandburg, obra extraordinaria por
ser su autor un mozalbete de 19
años. Desde entonces ha compuesto
dos obras largas para voces solas y
orquesta: “ Canción de Protesta” ,
para barítono, y “ E l Cantar de los
Cantares” , para soprano, inspira­
das en textos de la Biblia. No cabe
duda que Foss es un compositor
nato.

y Foss que llegaron al país a los 15
años. Todos ellos son compositores
de obras serias que han sido dadas
a conocer al público e incluso algu­
nas editadas e impresas en discos.
Robert Palmer es acaso el menos
conocido de los siete. Su música ra­
ra vez se oye en los conciertos co­
rrientes, habiéndose hecho conocer
en programas especiales de música
moderna o festivales anuales de mú­
sica norteamericana. Yves y Ilarris
constituyen sus máximas admiracio­
nes. Dos composiciones para cuarte­
tos de cuerda son lo mejor de su pro­
ducción. Se trata de trabajos exten­
sos nada fáciles de ejecutar y tam­
poco fáciles de digerir por quienes
los escuchan. Ambos contienen mo­
vimientos separados de verdadera
originalidad y honda sensibilidad.
En dos recientes composiciones, una
William Bergsma es natural de
de tipo orquestal, “ Elegía para Tilo­
California y procede de la Escuela
mas W o lfe ” , y una sonata para dos
de Música Eastman, de Rochester,
pianos, ha aplicado la disciplina al
Nueva York. Apenas salido de ella,
natural entusiasmo de sus escritos,
es ya uno de los profesores de com­
bien que a veces a expensas de una
posición de la Juillard School. Es
demasiado rígida polirritmia o es­ por temperamento un trabajador
quema melódico. Si él es capaz de
sobrio y serio. Comprendo que no es
resistir y 'desarrollarse puede decir­
esta la verdadera descripción de su
se que tiene un porvenir asegurado.
particular talento, pero es difícil
Alexei H aieff nació en Rusia y
decir más por hoy, ya que la cuali­
fué llevado a China, pero adquirió
dad específica de su carácter no es­
su educación musical bajo la direc­ tá definida. Posee un sentido poé­
ción de Rubin Goldmark, en los Es­
tico y crítico y es evidente, que sus
tados Unidos. Ultimamente estudió
composiciones han sido desarrolla­
en París con Nadia Boulanger. Su
das lentamente, después de madura
preparación y adiestramiento le han reflexión. Hasta ahora ha compues­
dado una fuerte afinidad con la mú­ to música orquestal y de cámara,
sica de Stravinsky del que H aieff
canciones y piezas para piano y
es gran amigo personal. La sombra
ballet. A l presente está trabajando
de Stravinsky está presente en sus
en su primera sinfonía.
primeros trabajos, pero gradualmen­
La obra del compositor de Leo­
te fué definiendo su propia perso­
nard Bernstein está ensombrecida
nalidad. Conjuga una sensibilidad y
por su brillo como director de or­
refinamiento musicales con una
questa y concertista de piano. En
mente alerta que a menudo ofrece
cierto modo sería raro que no com­
rasgos de sarcástico humor.
pusiera, porque su habilidad en tal
Hasta ahora H aieff ha compuesto
sentido es no solamente una de las
pocas obras extensas. Aunque tiene
varias facetas de una extraordinaria­
una “ Primera Sinfonía” , se nos
mente versátil personalidad musical.
muestra más cómodo en composicio­
Para nosotros Bersntein representa
nes breves, tales como el “ Divertiun nuevo tipo de músico, tan apto
mento” para orquesta de cámara,
para la música de jazz como para
“ Sonata” para dos pianos, “ Cinco
la música seria. Aunque su tiempo
piezas para piano” y otros trabajos
para componer está estrictamente
breves para violín y piano o violonrestringido por sus actividades de
eello. Actualmente está trabajando
director, Bernstein tiene en su ha­
en la partitura de un ballet inspira­
ber una sinfonía, “ Jeremiah” ; dos
do en la “ Bella y la Bestia” , que
ballets, “ Fancy F ree” y “ Facsí­
será coreografiado por George Bamile” ; una “ Sonata” para clari­
lanchine para la Sociedad del Ba­
nete y piano, canciones y piezas pa­
llet, de Nueva York.
ra piano.
'
Ilarold Shapero es al mismo tiem­
po el compositor mejor dotado y el
Lo más notable de la música de
más desconcertante de su genera­
Bernstein es su proximidad al sen­
ción. Joven bostoniano de 27 años,
tido emotivo. Melódica y armónica­
posee un “ oído” fenomenal y una
mente posee una espontaneidad y
brillante inteligencia. Uno y otra
calor que comunica al auditorio. Su
fueron sometidos a metódica prepa­ peor música es la música de direc­
ración bajo la dirección de Krenek,
tor, de estilo ecléctico e inspiración
Pistón, Hindemith y Boulanger. Es­
fá c il; la mejor, es música de vibran­
tos maestros dejaron su marca en
te sentido rítmico, de ímpetu irre­
él: Shapero es dueño hoy de una
sistible. Ciertamente, es cosa aven­
técnica absolutam ente perfecta.
turada predecir lá durabilidad de la

�P or
UANDO en las siestas calientes

C el chirriar del coyuyo comenza­
ba a limar el silencio, los montañe­
ses del lugar decían: “ Está madu­
rando la algarroba” . Desde la tie­
rra subía un vaho cadente color de
plata y sombra. Los vapores retor­
ciéndose en el aire, eiran ramas de
gigantescos árboles espectrales con
azules r eñe jos violáceos de nácar y
oscuro resplandor de hierro. Todo
estaba madurando: la montaña y
el bosque, el aire y el canto de los
pájaros, en la vaina de oro de la
algarroba. La tierra hervía y se
maceraba con un calor de horno y
de caldera que subía desde la espe­
sura de las lianas a la copa , más
alta de los árboles. La podredum­
bre de las flores, las hojas, las ra­
mas, las enredaderas, las raíces y
los tallos y los restos de animales,
iban convirtiéndose lentamente en
tierra salvaje y nueva lista para
un futuro renacer de heléchos y del
dulce madurar de la algarroba. El
valle era, así, gigantesco matraz en
que todas las esencias del mundo se
combinaban para que de la anti­
gua muerte surgiese la nueva vida.
Desde el humus vegetal nacía la
savia para ram ificarse en los copo­
sos cedros.
Mil escondidas raíces melódicas
se tejían en la música que necesita
toda resurrección de vida. El ru­
mor del torrente, el silbido de los
chalchaleros rebotando en los pe­
ñascos acústicos, el balido de las
cabras saltando en los breñales, el
cántico dolido e indolente del cam­
pesino, el rumor del agua lejana

música de Bernstein, tan enorme­
mente efectista cuando se escucha
por primera vez .
A propósito he dejado para el fi­
nal a John Cage. En 1920, la música
experimental de percusión de E d­
gar Várese y Henry Cowell hizo un
ruido enorme entre la vanguardia
musical. Cage procede de ahí para
gran sorpresa de muchos de nosotros
que creíamos definitivamente con­
cluido el período de percusión en la
música. Cage comenzó en California
con una música de percusión pro­
pia, bien que derivada de la de sus
maestros. Pero gradualmente puso
él de nuevo en uso el llamado piano
“ preparado” como un medio de
percusión. Se llama piano “ prepa­
rado” a aquel que lleva inserto en­
tre las cuerdas del instrumento ma­
teriales metálicos y no metálicos, lo
que produce un tono de sordina de
fina variedad. Para apreciarlo bien
hay que escucharlo; su sonido es de
poca duración, semejante al del ar­
pa. Fascinante como es, temo que
la música de Cage tenga ,más origi­
nalidad de sonido que de substan­
cia. Por su estilo se asemeja a la
música de Bali y a la de la India,
e incluso a la más reciente de A rnold Schoenberg.
En los Estados Unidos la música
seria está en vías de prosperidad.
Factor frecuentemente no advertido
es el de que del seno de los Conser­
vatorios salen compositores sin pa­
ralelo en el pasado musical del país.
Si podemos apreciar el futuro mu­
sical de una nación por la actividad
de su generación más joven de com­
positores, entonces Estados Unidos
puede afirmarse que progresa. Los
siete compositores de los que me lie
ocupado en este artículo se hallan
próximos a la meta, pero en muchos
aspectos son producto típico de su
generación. Son músicos bien pr&amp;
parados y, lo que es más, prepara­
dos a la norteamericana. No consti­
tuyen una escuela por lo que se re­
fiere al estilo, pero todos componen
música de ritmo vivaz, riqueza meló­
dica y claramente concebida. Y o
creo que tomados en conjunto for­
man un grupo notable capaz de re­
sistir la comparación con la genera­
ción más joven de cualquier otro
país. Lo que es algo nuevo para
los Estados Unidos.
(Publicación autorizada por “ The
New Yorle Times M agazine'’ ).

que es la insinuación de la brisa
en el ramaje, eran parte de aquella
vasta sinfonía que es flor del pai­
saje. Y la algarroba iba madurán­
dose con el vaho caliente de esa lla­
marada que se blandía como espa­
da de fuego. Todo este fervor de
vida parecía aquietarse cuando se
escuchaba lejano el lento percutir
de la caja a veces acompañado de
fúnebre canto:
Siempre te espero, mi vida
por verte llegar.
Tara rá tá tata
Pero nadie mi, vida
me ha visto llorar
Tara rá tá tata.
Un día los caminos se llenaron de
júbilo. Un grito de alegría partió
del valle “ ¡ La algarroba ha madu­
r a d o !” ¡Tenemos que hacer! Desde
lo alto bajaron al arenoso lecho del
río caravanas de campesinos a re­
coger el fruto dorado de la isla.
Cuando la creciente descendía bra­
mando hasta el valle para luego as­
cender amenazando tapar los cerros
con su espumosa furia, quedaba ca­
si siempre libre de las aguas, en
el centro del río, un gran barran­
co poblado de algarrobos. Este era
el lugar codiciado para las fiestas
con que por enero se decoraba la
cosecha. Era la algarroba de la isla
la más rica de esa reg ión : vaina an­
cha, gusto a miel, de una dulzúra
sin igual. “ Ha madurado la algarro­
ba, tenemos que hacer” . Y se iban
convocando de casa en casa. Ya sa­
lían las muchachas con vestidos de
colores agrios, cimba’ en tiara, pa­
ñuelo celeste a los hombros y al­
pargatas nuevas. Y ellos los varo­
nes, con su ancho tirador enmone­
dado, talero de plata, bombacha
comprada en lo del turco y guar­
dada en el arcén. Y así iban lle­
nando con canciones el aire trans­
parente del valle.
Pastor Brandan descolgó su ca­
ja y acarició el acústico cuero.
Una sonrisa suavizó la fiera expre­
sión de su faz. Caja para las pro­
cesiones con cohetes voladores, con
banderas hechas de pañuelos en­
astados en largas cañas huecas, con
el barbotar de las oraciones dichas
en tono litúrgico con el rosario en­
cadenado en ambas manos y la vio­
lencia de los jinetes haciendo rayar
los caballos al grito de ¡ Viva D ios!
Caja de los carnavales; ritmo de
letargo que comienza a sonar en la
madrugada lila. Tara rá tá ta ta
Palo y chalchál
palo y nogal;
pa que me has traído
pa verme llorar
Cáscara de sandía, instrumento
de agasajo destinado a ser arroja­
do a la cabeza del amigo, arrobas
de harina después de baldazos de
agua para que se form e una espe­
cie de engrudo sobre las ropas,
gruesas de cohetes atados a la co­
la de los caballos. Alegría semibár­
bara, bromas dignas de guerreros.
Carnaval brutal e ingenuo de la
montaña, acompasado por la caja
cada vez más lenta en su ritmo
cuando más copas debía agradecer
el cajero. Caja de los entierros,
tristeza guarnecida de silencio sin
llantos, sin lamentos, dolor que g o ­
ta a gota va horadando la piedra
del corazón. Y después la cruz tos­
ca de algarrobo al borde del cami­
no y un tarro para los níqueles que
la viuda irá a recoger de cuando
en cuando. Caja para los velorios
del angelito, música, canciones y
amoríos. Recóndito golpear del cue­
ro en el alba morada y en la noche
verde, con pájaros dormidos en los
árboles altos, con el rezongo del
torrente en la cumbre, y un pro­
testar de mar en la ribera del va­
lle. Caja de bautismos de los d o­
mingos claros y firmes como de
mármol y acero. Cánticos de se­
tiembre con los duraznos fioridos,
claridad de julio con las tiernas
violetas, octubre florecido de la­
pachos rojos y diciembre decorado

PABLO

ROJAS

PAZ

con su algarroba y su estrella fe ­
deral.
Pero, nunca el percutir de la ca­
ja era más alegre que en enero,
cuando la algarroba comenzaba a
madurar arrullada por el coyuyo,
en que el árbol se decoraba de oro.
Cuando el paisano dice “ árbol” ,
sólo se refiere al algarrobo. Una
dicha nueva nacía en los tiernos
heléchos, las dalias silvestres, la
modesta pasionaria y la rosa pequeñita de los San Antonio. El ár­
bol maduraba en el oro de sus vai­
nas. El agua era más clara y más
fácil el vuelo de las aves.
¡Apúrate, que están pasando to­
dos ! — gritó Pastor a Hiedra mien­
tras ésta se calzaba sus alpargatas
bordadas. Cada vez iba siendo más
densa la música del valle en el cie­
lo de miel y acero; el viento iba
jugando entre los mirtos hasta es­
conderse en el monte; los balidoí
volvían confusos los cánticos que
llegaban desde la cima de la mon­
taña y la acústica del valle era
prolífica por su resonancia innu­
merable. Después de llenar las bol­
sas con las vainas de algarroba, se
organizaban las fiestas. La guita­
rra adquiría resonancias nuevas en
aquel valle claro y alto. Y su mú­
sica fortalecida por los cantos, se
alzaba como un mar de ecos para
ir en invisibles olas a chocar con
las empinadas laderas. En lo me­
jo r del baile y de los cantos se es­
cuchaba ese alarido de júbilo con
que los paisanos rubrican su ale­
gría. Apicarados “ gatos” , presun­
tuosos “ cuandos” , cautelosos “ es­
condidos” eran bailados con el in­
dolente roncear de los mozos. Era
la fiesta de la algarroba, el home­
naje al árbol por excelencia que da
su leña, que da su sombra, que da
su fruto. Porque cuando el paisano
de la llanura del noroeste dice “ ár­
bol” , piensa solamente en el alga­
rrobo blanco, que es el amigo, de
la fruta dulce, cuya madera, horcón
del rancho o cruz en los caminos,
acompaña al paisano tanto cuando
duerme una noche como cuando
duerme para siempre.
Pero, se cuenta que cierta vez
acaeció algo catastrófico. Todo era
cantos y alegrías en la isla, cuando
de pronto retumbó el trueno en la
cumbre. Era tal el alborozo que
nadie lo oyó. Y se escuchó ese sub­
terráneo de la corriente que avan­
za, de esa mole de agua que se
abalanza desde los cerros con una
furia desatada, arrancando los ár­
boles de cuajo, llevándose pedazos
de montaña, el ganado, las casas.
Se anunciaba con un mugido ate­
rrador; pero, avanzaba, fulminan­
te, por el valle, sin que nadie pu­
diera escapar de ella. Y aquel día

CUATRO AÑOS EN LAS O RCADAS
DEL SUR
por José Manuel Moneta. (5* edición).
(Obra premiada por la Comisión Nacional de Cultura)
El extraordinario relato de un integrante de cuatro
expediciones argentinas, de las que anualmente son
enviadas a las Oreadas Australes, describiendo, con
pluma ágil, heroicas y vigorosas anécdotas sobre la
dureza de la vida polar que, en el Antártico, debe
afrontar un reducido núcleo de argentinos.
Un volumen de 342 páginas, esmeradamente impreso
e ilustrado con numerosos grabados en negro y dos
mapas fuera de texto .................................... .$ 12 .—

EL FORASTERO
por Rómulo Gallegos
Continuando la publicación de las obras completas del
gran escritor venezolano, se presenta al público lector
esta obra que es, quizá, la más humana de sus crea­
ciones. Bajo las mismas características de edición se
han publicado hasta el presente los siguientes títulos:
“ DOÑA BARBARA” , “ LA TREPADORA” , “ CANAIMA” , “ REINALDO SOLAR” , “ CANTA CLARO” y
“ SOBRE LA MISMA TIERRA” .
Un volumen de 290 páginas, con ilustraciones litográficas de Emilce Saforcada, ricamente encuaderna­
do en tela con sobrecubierta ........................ $ 12 .—
En preparación, dentro de la misma colección la obra
cumbre de Rómulo Gallegos: “ POBRE NEGRO” , ilus­
trada con xilografías de Raúl López Anaya.

LA MADRE GRANDE

norvt-o

GQ»

f

E lfo m o

(Novela)

por Francisco A. Rosito
Una novela argentina, de color local, donde el mo­
mento nuestro se refleja con objetiva imparcialidad.
Humanos sus personajes, con todas sus pasiones, gran­
dezas y miserias, desfilan ante el lector, en forma
amena, al conjuro de un estilo ágil y elegante, que
deleita y alecciona.
Un volumen en rústica, de 238 páginas, esmerada­
mente impreso ..................................................... $ 5 .__

I &lt;' » OM*. *■ S* V » « '*

V*

TRADICIONES SANJUANINAS
por Octavio Gil
En los tres primeros capítulos de este libro, dividido

f en siete, se resumen los pilares básicos de la historia
de San Juan como provincia argentina, desde su fun­
dación hasta la organización constitucional, para lle­
gar, en los cuatro últimos, a presentar todo aquello
que el viejo San Juan ha tenido de más típico y
característico.
Un volumen en rústica, esmeradamente impreso sobre
excelente papel ................................................... $ 7 __

CANTO A LA TIERRA DE CUYO
por Sixto C. Martelli
Un hermoso canto a la legendaria región cuyana, tie­
rra donde mejor se alternan los sueños, el trabajo
y el ocio fértil sobre el vasto cuerpo de la República.
Un volumen de cuidada edición, ilustrado profusa­
mente por Luis Macaya, Víctor L. Rebuffo, José Jor.
ge Fatta, Galeano Relardinelli y otros, de conformidad
a ideogramas del autor ..................................... $ 10 .__

SA N M A R T IN 200
F L O R ID A 750, F L O R ID A 205 y S U C U R SA L E S

de la fiesta de la algarroba suce­
dió eso. Cuando cayeron en la
cuenta del peligro, ya no pudieron
salvarse de él. Y la mayor parte de
los campesinos pereció ahogada. La
isla fué desde ese día lugar de luto
y sombra. Y como no fué posible
encontrar los cadáveres de los aho-

gados, una gran cruz de algarrobo,
en el centro de la isla, los recorda­
ba. Y el árbol amigo, queriendo aso­
ciarse al dolor del hombre, cambió
sus frutos de oro por vainas peque­
ñas y oscuras, sin gracia, pero de
una dulzura extraordinaria. Y así
nació la algarroba negra.

D el E sc r ito r y l a L it e r a t u r a
EN EL MUNDO ACTUAL

Por ALBERTO G1RRI

U

N A hipotética encuesta entre
lectores acerca de la literatura
y el escritor arrojaría resultados
bastantes aleccionadores y curiosos.
Para la generalidad, la literatura
sigue siendo, esencialmente, evasión
y lo que más atrae de ella es que
se trata de un producto de la ima­
ginación, siempre prestigiosa. Pero
cuántos son los lectores que, conc-ientemente, se han planteado esta
cuestión: ¿cuál es mi real interés
por la literatura ?; ¿ es para mí sim­
plemente una distracción confeccio­
nada por inteligentes desocupados,
para desocupados no tan inteligen­
tes, o es algo más serio 1; y el escri­
tor, ¿qué nexo me une a él? Obser­
varíamos que el escritor todavía es
un espectáculo, que aun existen con­
secuentes defensores de una imagen
envuelta en galas novecientistas.
Los ingenuos defensores de la cha­
lina, la melena artística, está visto
que quieren aferrarse cómodamente
a rasgos externos, mejor cuanto más

grotescos, rasgos que suponen seña­
lar inequívocamente la presencia
del ciudadano escritor. Es siempre
atrayente la búsqueda y la consta­
tación de un tipo humano diferente,
cual suele serlo el artista, pero des­
de el punto de vista del escritor,
tanto anacronismo va más allá de
lo pintoresco y le está diciendo que
hay una especie de divorcio entre
él y quien lee. Es significativa la
complacencia que despiertan las bio­
grafías a la manera de Hollywood,
donde Lamartine o Hugo o Balzac
— este último goza de preferencias
a causa de su gordura— se mueven
en actitudes de saltimbanquis de la
posteridad, al compás de frases es­
trictamente geniales. Quizas a mu­
chos agradará más saber que mo­
dales tenía Balzac sentado a la mesa,
o si George Sand siguió usando pan­
talones después de sus amores con
Musset, que las dificultades de Byron peleando por la libertad de Gre­
cia. Sigue pues en circulación una

imagen del escritor que es impos­
tura, y que parecería más bien un
intento de apartarlo del mundo por
una vía bastante eficaz como lo es la
del ridículo. La verdad es otra. Para
el escritor responsable ni este ni
otros fueron tiempos de bromas.
Ahora bien, ¿ que hechos negativos
son los encargados de desfigurar su
misión? Si en el orden particular
del cultivo de cualquier arte el es­
tilo es la efectiva representabilidad
formal de la materia artística, en lo
universal es expresión de la natura­
leza toda, de lo dado. Es unidad e
integración. Esto no se enfrenta
con el primer hecho negativo a con­
siderar : nuestra época carece de es­
tilo, carece de unidad. Hay, además,
una falsa premisa cuya vigencia
quiere mantenerse y que, disociando
al escritor del hombre, lo presenta
alejado, soslayando el mundo que to­
dos vivimos. De ello resulta una
( Continúa en la pág. 10.)

�ca b alg ata
(l'irn r ár la primera página.)

bulo teórico, debo agregar que el
artista moderno tiene en sus manos
un instrumento que constituye a un
tiempo lo grandioso y lo peligroso
de su misión histórica; este instru­
mento es la libertad absoluta de
crear, sin limitaciones ni trabas de
ninguna especie. Este extraordina­
rio movimiento de liberación en ar­
te, iniciado a comienzos del siglo
pasado por el romanticismo, tenía
que llegar en el transcurso de poco
más de un siglo a los resultados sor­
prendentes del arte actual, en que
se refunden todas las experiencias
artísticas desde el hombre primitivo
hasta el Renacimiento, lanzándose
desde allí a explorar nuevos mun­
dos con una audacia temeraria.
De todas las experiencias artísti­
cas de los últimos tiempos pueden
considerarse dos de ellas como fun­
damentales, por constituir la pola­
ridad de manifestaciones en que se
debate el espíritu del hom bre; son
ellas el arte abstracto que repre­
senta la anulación del individuo
en aras de lo universal y cuyo re­
presentante más puro fue Piet Mondrian — ese verdadero asceta de la
plástica— , y en el otro polo el
arte surrealista que significa la afir­
mación de la individual (podríamos
decir: una afirmación existencial),
cuyo representante más neto sería
Max Ernst. La actitud de estos ar­
tistas, su tarea de creadores de ob­
jetos de arte es completamente dis­
tinta : Mondrian buscaba expresar
en su obra los elementos de valor
universal reducidos al más puro es­
quema ; eso hacía que trabajara con­
tinuamente sobre el mismo cuadro
durante afros, depurándolo incesan­
temente de todo lo accesorio; el ar­
tista surrealista utilizando el meca­
nismo automático de la inspiración
pura, se niega al contralor de la ra­
zón, de modo que su obra está ter­
minada de entrada, y lo aparente­
mente accesorio tiene significado y
jerarquía en la totalidad del cuadro.
Doy término a este pequeño pre­
ámbulo — indispensable en el caso es­
pecial de Batlle Planas ya que este
artista se debate personalmente entre
la polaridad formada por el arte abs­
tracto y el arte automático puro—
para entrar ya de lleno al análisis
de la obra del artista, llamándonos
la atención, ante todo, sobre la sin­
ceridad de Batlle Planas consigo
mismo: no ha tratado de solidificar
su obra en una fórmula o receta,
que es frecuente causa de éxito fá­
cil, sino que su lenguaje se ha ido
modificando según se lo imponía la
necesidad interior, los distintos mo­
tivos que buscaban exteriorizarse a
través de las imágenes. Por esta ra­
zón no ha titubeado en abandonar
formas en las que había logrado una
perfección notable y el aplauso de
un público elegido — halago al que
el artista renuncia con dificultad—
porque en ellas encontraba agotadas
las posibilidades de expresar su vida
íntima. Una sinceridad parecida só­
lo puede encontrarse en dos grandes
artistas contemporáneos: Picasso y
W olfgang Paalen.
Quiero comenzar haciendo una
breve reseña de la historia artística
de Batlle Planas. Se inicia a los 20
años en la plástica como autodidac­
ta, ejecutando copias del natural.
Insatisfecho de estos ensayos descu­
bre pronto el método de creación
automático, en el que hace sus pri­
meras armas en el año 1935 con di­
bujos, para ejecutar al temple, en
el año 1936, la serie de “ radiogra­
fías paranoicas’ ’ en las que utiliza
como color además del negro, el ama­
rillo y el gris plomizo. Muy intere­
sante es descubrir que en estas pri­
meras obras de Batlle Planas ya se
encuentran los elementos fundamen­
tales que aparecerán como “ leit
m otiv” en toda su obra posterior,
como ser, por ejemplo, la figura del
hombre barbado y las imágenes de
los puntos guías, elementos que se
desarrollarán plenamente sólo en
época reciente.
A partir del año 1937 y hasta el
1939 el artista descubre las extra­
ordinarias posibilidades automáticas
del color, al mismo tiempo que apa­
recen en sus cuadros una gran va­
riedad de imágenes que abarcan des­

de elementos antropomórficos hasta
los estrictamente abstractos. En este
primer sondeo amplio que el artista
hace en sí mismo, se encuentra con
un mundo caótico e indiferenciado;
múltiples imágenes bullen por bus­
car salida, pero entre ellas se van
definiendo lentamente los elementos
que van a constituir — como ya he­
mos dicho— los motivos conductores
de la temática del artista: aparecen
ya entonces los fantasmas de vesti­
dura poliédrica en colores fríos, azu­
les y grises de sorprendentes mati­
ces, y usando magistralmente la
técnica del degradado. También sur­
ge entonces el personaje barbado,
que atravesará sin interrupción en
distintos momentos, a veces fugaz­
mente, apenas esbozado, la obra de
nuestro artista, hasta llegar a domi­
nar en los períodos más cercanos al
presente la totalidad de la tela, a
convertirse en la imagen de primer
plano exclusiva. Ya veremos más
adelante qué interpretación damos
a esta figura. Desde el año 39 al 42
y parte del 43, el artista crea su
famosa serie de cuadros fantasmales,
constituyendo un período que el pro­
pio artista denomina “ tibetano” , re­
firiéndose al cuadro denominado
“ Tibet’ ’, uno de los más caracte­
rísticos de este período. Domina en
estos cuadros un extraño clima de
desolación. Sumergidos en una at­
mósfera onírica, totalmente opuesta
a la que pudiera permitir la existen­
cia de seres vivos, encontramos fi­
guras fantasmales, que insinúan la
estructura general de seres huma­
nos, pero que nos muestran detalles,
al estar cubiertos de la cabeza a los
pies por vestiduras poliédricas, de
las que no puede asegurarse que
sean realmente vestiduras o consti­
tuyen la esencia material misma del
personaje que representan. A veces
las cabezas están constituidas por
formaciones cúbicas con aberturas
esquemáticas y geométricas, en otros
se esboza someramente un perfil hu­
mano. La tonalidad de estos cuadros
resume las extremas posibilidades
de los más melancólicos ensueños de
desolación. Tonos grises y azules y
sólo de cuando en cuando una man­
cha de bermellón rompe con su gri­
to de alta temperatura, con su deseo
de vida, la desolación escalofriante
de este paisaje de fantasmas. Con­
sidero este período uno de los más
fecundos del artista, aunque reco­
nozco que su exaltación suprah mini­
na lo hace poco apto para que el
pintor soporte su carga agobiante
por mucho tiempo.
Desde el año 43 — esporádicamen­
te desde el 42— al 46, la temática

J. B a t l l e P l a n a s . L os m e c a n is m o s d e l n ú m e r o . 1948.

del artista cambia fundamentalmen­
te. Aparece la figura humana, ba­
rriendo totalmente el mundo de fan­
tasmas. La atmósfera deja de ser la
atmósfera nocturna de lo irreal, pa­
ra saturarse de los cálidos colores
del sol, rojos y amarillos, entremez­
clados en palpitante combinación.
Los elementos humanos que apare­
cen pueden reducirse a dos: un per­
sonaje barbado y una mujer joven,
a veces representada desastradamen­
te vestida en un paisaje en el que
parece estar de tránsito, trotamun­
dos que no vienen de ninguna parte
y no van a ninguna parte, con un
báculo para ayudar al sostén de su
cuerpo cansado. En este período que
podríamos llamar de realismo auto­
mático, la figura humana está re­
presentada con minuciosa fidelidad,
pero se trata siempre de retratos
ideales, de la conformación plástica

de obsesionantes imágenes interio­
res, que se repiten en cuadros suce­
sivos casi como las variaciones de un
tema musical.
Desde el año 46 surge en el espí­
ritu del artista la concepción de los
puntos vectores, o más correctamen­
te: puntos iniciales. Partiendo de
estos puntos iniciales, el espíritu del
artista se lanza en busca de otros
pimíos y así sucesivamente, trazan­
do las líneas vectoras, imágenes re­
veladoras de las más audaces aven­
turas automáticas que van desde una
nueva concepción plástica de la fi ­
gura humana hasta figuraciones ín­
tegramente abstractas.
Aquí es oportuno mencionar que
el elemento abstracto — en su senti­
do de no objetivo— aparece repe­
tidamente durante la evolución ex­
presiva del pintor: se lo ve como
desintegración de la figura humana
en sus elementos abstractos en ' ‘ His­
toria de dos personajes automáti­
cos” , cuadro al temple ejecutado en
1943 y como auténticas y totales abs­
tracciones gráficas en “ Génesis”
del año 1943 y “ Génesis” del año
1946 ejecutados al pastel. Los colo­
res usados son el amarillo violento
y el negro y el abstracto es el de con­
tenido poético como sucede con las
grafías abstractas de Miró, de Klee
y en algunas obras de Kandinsky.
En el momento actual, el pintor
oscila entre distintos requerimientos
interiores: la técnica de los puntos
vectores lo lanza a veces hacia auda­
ces aventuras a través de la figura
humana o en el terreno abstracto;
otras veces, más apaciguado, se en­
trega a la ejecución de melodiosas
variaciones sobre una figura ideal
de mujer. También lo requiere el
grabado, en donde ha dado muestras
de una finura de realización excep­
cional. El dibujo, especialmente en
la ilustración de textos literarios, ha
logrado de su lápiz caligrafías sa­
turadas de extraña sugestión, líneas
que parecen dibujar las tortuosida­
des de un pensamiento torturado.

J. B a t l l e P l a n a s .

El m a e s tr o . 1946.

Después de esta somera descrip­
ción de la trayectoria histórica del
artista, quiero entrar a analizar más
detalladamente la personalidad del
mismo. A l examinar esa vasta pro­
ducción para una vida tan joven
nos encontramos en primer término
en una ausencia total del elemento
denominado realidad: el artista no
sólo no copia la realidad, sino que
ni siquiera se inspira en ella. Lógi­
camente, me refiero a la realidad
empírica, a la realidad aparente,
o dicho en otra forma más llana: a

la í’ealidad cotidiana. Esta fuga.de
la realidad es una cosa común en
muchos artistas contemporáneos y
tendría que decir que, aunque en
forma no tan clara, es común a los
artistas de todos los tiempos. El
motor que impulsa a determinados
hombres a alejarse de la realidad
aparente es justamente la idea de
que es tan sólo aparente, de que de­
trás o más allá tiene que haber una
realidad, podríamos decir, más “ ver­
dadera” , una realidad definitiva.
En busca de ella se han lanzado por
distintos caminos el artista, el hom­
bre de ciencia, el filósofo, el místico.
El elemento básico con el cual el
artista se ha lanzado a la conquista
de lo desconocido es la intuición
poética y el gran mérito del surrea­
lismo es haber introducido el ele­
mento poético en la plástica con la
máxima libertad y desenfado. Este
hecho de la inclusión del elemento
poético en la plástica es un aconte­
cimiento que ya tenía sus preceden­
tes perfectos, aunque aislados, en el
pasado; baste mencionar los&lt; nom­
bres, primero del máximo e inigua­
lado Jerónimo Bosch, luego de al­
gunos italianos, Piero di Cosimo y
Carpaccio entre otros, de William
Blake, de Grünewald, Durero, etc.
La fuga de la realidad, aunque sin
una franca introducción del elemen­
to poético, se encuentra en algunos
representantes del impresionismo:
Monet y Seurat especialmente. Las
complicadas deformaciones de los
elementos plásticos introducidas por
los cubistas y escuelas afines respon­
den al mismo mecanismo. El artista
moderno se lanza en basca de esa
realidad última por dos senderos
opuestos, aunque no incompatibles
(ya que pueden aparecer conjunta­
mente o sucesivamente en el mismo
artista) : el artista abstracto busca
la reducción del cuadro a las leyes
fundamentales, universales, impere­
cederas, que colocan en el número,
como hicieron desde Pitágoras hasta
los logieistas de hoy muchos filóso­
fos; este dominio del número se
presenta bajo forma de una geometrización implacable, reducida en
Mondrian a 1a. línea recta en dos úni­
cas posiciones: la vertical y la hori­
zontal, que son síntesis del sentido
de las dos grandes fuerzas de la na­
turaleza, de las cuales se derivan
todas las otras, secundarias, impu­
ras; los colores utilizados por Mon­
drian son los tres primarios en su
forma original, el resto de los colo­
res, por derivarse1de éstos, pierden,
debido a su impureza, interés para el
artista. El surrealista, en cambio,

�ca b a lga ta

TIC
)E

Planas
ir ADOLFO ESTE
J. B atlle P lanas. L os mecanismos del número. 1948

¡r

.

v.

-

!

cree en la revelación de esa realidad
última, no por un mecanismo racio­
nal como el abstracto, sino por un
mecanismo intuitivo. Esta confianza
en el posible contacto con las reali­
dades ocultas por mecanismos do
captación no racionales, hace que el
artista surrealista se encuentre en
íntimo parentesco con los místicos y
con los ocultistas. Aparece entonces
en el arte un elemento, extraordina­
riamente similar al poético, que eS
el elemento mágico. El extraordina­
rio pintor y teórico del surrealismo,
Kurt Seligmann, acaba de publicar
un hermoso lib r o : E l espejo de lo
mágico * en donde historia las ma­
nifestaciones de esa capacidad con­
creta de ver otra realidad. A ese li­
bro remito a quienes se interesen por
este problema particular. Bretón, la
primera figura del surrealismo, ha
indicado las estrechas relaciones del
artista con la magia en un libro re­
lativamente reciente publicado en
Nueva Y ork: Arcarte 17.
En resumen: el surrealismo tien­
de, por natural gravitación, a aban­
donar su exclusiva posición freudiada, es decir, de intérprete del in­
consciente y de los fenómenos de re­
presión y de frustación, para acer­
carse a un antiquísimo concepto del
artista: el concepto de vate, en que
el artista, vinculado a una realidad
oculta, actuaba como revelador de
ella y su lenguaje tenía el valor de
profecía.
Volviendo al concepto de realidad,
uo hay duda que el hombre se en­
frenta con muchas realidades distin­
tas. El realismo ingenuo entiende
como realidad, lo aparencial; es la
filosofía del hombre de la calle y
nada ni nadie podrá moverlo de esa
posición de seguridad. Cuando algún
motivo angustioso lo hace vacilar
vuelca su inquietud en el cómodo
receptáculo de la religión oficial,
por supuesto, sin conexión con cual­
quier intento de revelación directa
(es decir, lo que se llama fenómeno
místico) que pudiera apartarlo de
esa tranquilizadora realidad feno­
menal. La negación de la realidad
aparencial se refugió en lo antiguo
en la filosofía, pero la ciencia mo­
derna, desde Copérnico y Galileo,
y más aún con los modernos investi­
gadores de la estructura de la ma­
teria, se ha sumado a los enemigos de
dicha realidad ingenua.
Ahora bien ; en el artista, la fuga
de la realidad se debe no sólo a su
deseo de conocer (que comparte con
el filósofo y el hombre de ciencia),
* The Mirror o f 3lagic. (Panthcon Books,
N. Y.. 1948).

9
ellos; esa emoción sólo es comparable
a la que suelen tener frente a imá­
genes de hondo contenido religioso).
Como último contenido de estos re­
tratos ideales vemos en ellos la pro­
yección ideal de la propia persona­
lidad del artista. La autovalorización del artista, que, para usar un
término técnico, denom inarem os
narcisismo, hace que desarrolle en
todo retrato ideal un autoretrato.
El artista es continuamente, en cier­
to modo, una mezcla de Pigmalión
y de Narciso: hace la obra de arte
con parte de sí mismo .y vuelca en
ella su afecto por lo que contiene de
sí mismo.
El otro personaje que cruza obse­
sionante la obra de Batlle Planas en
los últimos años es una figura de
mujer joven, frecuentemente pre­
sentada como vestida de harapos y
apoyándose en un báculo, absoluta­
mente sola. El paisaje en que apa­
rece, aunque solitario, no ofrece ya.
en esta época de la evolución del
artista, el aspecto de desolación que
caracterizaba el período fantasmal;
hay una esperanza de vida vibrando
en una cálida atmósfera de día so­
leado que baña todo el cuadro. La
interpretación de esta figura tam­
bién ha sido varia: los psicoanalis­
tas la. consideran personificación de
la madre; no discutiremos esta in­
terpretación, pero, como creemos que
el artista vuelca en una misma ima­
gen un multitud de contenidos di­
versos, interpretamos esta figura y
su ubicación en el paisaje habitual
en que la coloca Batlle Planas, como
una expresión del enorme desamparo
en que vive el ser humano, de la cru­
da y desalentadora soledad. En otros
momentos la imagen femenina apa­
rece más serena, acercándose real­
mente al gran mito griego de la es­
posa-madre, al' cual el psicoanálisis
ha dado vida moderna. Hay un cua­
dro en el cual podemos observar la
combinación de las dos figuras: el
personaje barbado v la mujer joven
con el aspecto de una verdadera sa­
grada familia, extraordinaria coin­
cidencia entre la mitología personal
del pintor y la iconología religiosa.
Otro aspecto adquiere la figura
humana con la técnica de los pun­
tos vectores o guías utilizada últi­
mamente por el artista. Se obtiene
por este sistema una desintegración
de la forma humana que no se rela­
ciona con el análisis plástico de los
volúmenes que debemos al cubismo
— aunque aparentemente lo parecie­
ra— , sino que responde a una des­
integración de índole angustiosa, a
una verdadera ruptura emocional de
las formas fijas, que producen como
resultado imágenes terroríficas o
angustiosas, en algunas de las cuales
he observado un vago parecido con
las máscaras de los ritos religiosos
indígenas americanos, surgidas in-

sino a que su jerarquía espiritual lo • fundamentales, verdaderos arqueti­
convierte en un solitario, lo aparta
pos, modelos ideales. El personaje
del ambiente cotidiano, lo hace fu­
barbado — que ya dijimos aparece
gar de la realidad de todos los días.
desde el comienzo de la obra de nues­
tro artista—•, va absorbiendo gra­
Este fenómeno de repulsión hacia
dualmente el interés del pintor hasta
lo cotidiano da a la obra del artista
convertirse en la figura central, en
su carácter específico, lo que podría
llamarse su “ constante emocional” , el protagonista indiscutido del cua­
dro. La explicación de este perso­
y la separa, netamente de la obra de
investigación científica o filosófica.
naje es bastante oscura: los psico­
analistas verán en él la figura del
La obra de arte no puede ser, por lo
padre, el pintor mismo la ve como
tanto, desapasionada (no me refiero,
la evocación inconsciente de un an­
por supuesto, al arte abstracto que
constituye un fenómeno muy espe­ tepasado (sus padres dicen que se
cial, ni al arte académico que en asemeja a algún tatarabuelo) ; sin
negar ninguna de estas dos interpre­
general tiene poco que ver con el
taciones, creemos que el artista ha
arte).
volcado en esa figura otra cantidad
Hablamos de que el artista era un
de mecanismos: constituye, por lo
solitario y ahora, después de haber
pronto, un resumen de fuerzas o
dado este rodeo discutiendo el con­
aspiraciones suprahumanas, de ver­
cepto de realidad, la mención de la
daderos arquetipos, o imágenes idea­
palabra solitario nos vuelve repen­
les divinizadas (cosa que ha asom­
tinamente a la obra de Batlle Pla­
brado al pintor es la emoción que
nas. Dijimos que toda la obra de
ha despertado en algunas personas
nuestro artista expresaba una abso­
de condición humilde el espectáculo
luta desconexión con la realidad em­
de estos cuadros, pues los ha visto
pírica, pero ahora agregaremos que
quedarse largo rato en éxtasis ante
más allá de un simple problema de
realidad, la verdadera importancia
de ella estriba en que expresa la
profunda soledad del hombre a tra­
vés de su propia y grave soledad
personal. Hay que aclarar que la
soledad en el artista es un fenómeno
paradojal, ya que se deriva, no de
su desinterés por el hombre, sino del
apartamiento que produce una sen­
sibilidad volcada hacia motivos dis­
tintos de los comunes. Este aparta­
miento del resto de los hombres, no
buscado por el artista, se convierte
entonces en mecanismo de angustia,
la cual se tranquiliza sólo cuando
el artista da salida a su tensión in­
terior por medio de la obra de arte,
la que se constituye, en definitiva,
en un motivo de acercamiento hacia
el resto del género humano. Batlle
Planas expresa en sus obras, pues,
su concepción solitaria del mundo:
así en el período de las pinturas tibetanas o fantasmales, los hombres
aparecen como masas que, aunque
conservan una grosera estructura
humana, carecen de detalles que los
individualicen, teniendo todos, en
cambio, uniformes contornos polié­
dricos. El mundo de los hombres re­
sulta un mundo de fantasmas, de
entes cubiertos, de sombras, total­
mente impenetrables y todos apa­
rentemente iguales. Así los ve colo­
cados, en la más variadas situacio­
nes, en un ambiente desolado, en una
atmósfera angustiosa de pesadilla.
En un período posterior cambia el
clima emocional y se individualizan
J. B atlle P lanas. Noica. 1946.
en su pintura dos figuras humanas

dudablemente de parecidos estados
de angustia anímica.
Ahora pasemos a analizar siquiera
brevemente la técnica utilizada por
el pintor y que se conoce desde la
aparición del surrealismo como mé­
todo automático de creación artísti­
ca. Cuando el artista creador subor­
dina la realización de su obra a este
sistema — en realidad corresponde
al antiguo fenómeno de inspiración
poética— , sucede lo siguiente: en
primer término, si ha aprendido por
adecuado entrenamiento a escuchar
su voz interior -—la antigua musa— ,
•su obra se caracteriza por la rapi­
dez, diríamos fluidez, con que se
produce, al eliminarse todas las tra­
bas racionales que suspenden el pro­
ceso vertiginoso de la inspiración,
el dictado interior. Este es el caso de
Batlle Planas. Su producción revela
una fecundidad y facilidad poco co­
munes, resultado de una feliz cana­
lización de las tensiones interiores.
Bretón ha enunciado en el primer
manifiesto del surrealismo la adop­
ción del método automático, como
técnica del artista surrealista, defi­
niéndolo como “ un automatismo psí­
quico, que rechaza todo control de
la razón” . Este total rechazo del
control racional es la gran origina­
lidad del surrealismo. Bretón, en el
mismo texto, pronosticó la gran fe ­
cundidad del método, cosa que ya
podía preverse por sus utilizadores
en el pasado: en pintura, J. Bosch,
cuya obra tiene las características
de fluidez, de riqueza, de magia, que
caracterizan al método automático.
La utilización del método auto­
mático nos pone, entonces, en con­
tacto directo con el espíritu del ar­
tista, eliminando el censor que sig
nific-a la razón. Una gran conquista
del espíritu moderno es haber des­
cubierto que la gran potencia crea­
dora del hombre, la fuente motora,
de toda actividad positiva se en­
cuentra en las fuerzas irracionales
que posee el hombre, que habitan en
el núcleo mismo de su propia esen­
cia vital. Los más grandes pensa­
dores modernos defienden la jerar­
quía de lo irracional, cualesquiera
que sean después las diferencias que
los separen, llámense Bergson, Klages, Freud o Heidegger. Si la f i ­
losofía se ha lanzado a la defensa
de los factores irracionales de co­
nocimiento y de expresión, es el ar­
te, el que por su propia naturaleza,
debe estar a la cabeza de este movi­
miento de revalorización, un movi­
miento que se podría definir como
la lucha del espíritu contra la ra­
zón, como lo calificara el malogrado
escritor surrealista Eené Crevel. Es­
ta afirmación de la superior jerar­
quía de lo irracional es la, respuesta
que debe darse al hombre de la calle
cuando detenido frente a un cua­
dro moderno pregunte: “ ¿Qué sig­
nifica esto?” . El cuadro moderno
se convierte en un ser independien­
te y con vida propia, que no imita
ni reproduce nada. lía cumplido su
misión si determina en el especta­
dor un estado de ánimo — absoluta­
mente no racional— semejante al
que padeció el artista durante el
proceso de la creación. El espíritu
del espectador se enriquece enton­
ces con elementos de calidad tal que
ningún razonamiento puede darle.
Los valores estéticos son vivencias,
y donde hay incapacidad orgánica
para experimentarlas, no hay ele­
mento racional que pueda suplirla.
Esto no quiere decir que no sea posi­
ble un análisis intelectivo de la obra
de arte, ni una interpretación, pero
son éstas siempre condiciones a posteriori que pueden hacernos inte­
ligible el mensaje de un aiúista, pe­
ro nunca anular su valor.
á aquí volvemos a encontrarnos
frente a los cuadros de Batlle Pla­
nas como espectadores, y como es­
pectadores que saben que un artista
nos envía un mensaje plástico di­
rectamente a nuestra sensibilidad,
que intenta llegar a nuestra com­
prensión por un camino no racio­
nal. Nos habla en sus cuadros de
vagas angustias, de ensueños, de
aspiraciones indefinidas, de entes
ideales a cuya grandeza uno quisie­
ra aproximarse, y todo esto en un
lenguaje de colores nunca siquiera
imaginados, de azules y grises de
una transparencia sólo posibles en
( Continúa en la pág. 15.)

�caba lga ta

10

( Viene de la pág. 7.)

*

Acaba de Aparecer

H. G. W e lls

A PROPOSITO DE DOLORES
üno de los más famosos escritores ingleses de nuestro tiempo nos hace
asistir a la experiencia atroz de trece años de matrimonio convertidos en
“ el caso de Stephen W ilbeck contra Dolores” . Porque la vida es muy
distinta del amor imaginativo, y tiene realidades imperiosas que el autor
analiza valiéndose de las múltiples facetas del matrimonio como dé un
prisma de singular luminosidad y eficacia que va enfocando a lo largo
de éste que él denomina “ un relato sobre la felicidad y la soledad del
espíritu.

De Publicación Inmediata
en la misma Colección

LA ESCUELA DE LAS MUJERES
por Andró Gide

ROBERTO-GENOVEVA
(Continuación del anterior)

por Andró Gide
Publicados en la Colección La Carabela en el Río
El H

E l P avo R e a l B la n c o

8.—

$

E

n

L u c h a I n c ie r t a

P r is io n e r a

por John Steinbeck

por Alian Seager

6. —

$

P an

in o

L a S in f o n í a P a s t o r a l
por André Gide
(Cuarta edición) $ 5.—

por Ignazio Süone
$ 7.—
El

N o v e l is t a

Y o, e l R e y
por Hermann Resten
$ 12.—

por Ramón Gómez de la Serna
6 .—

$

P apá

8 .—

$

V

y

P erd id o

om bre

por Ramón Gómez de la Serna
$ 7.—

por D. H. Lawrence

y

D e s c e n d ie n t e

La P u erta E strech a
por André Gide

G lor io so

por Pardee Lowe
$ 7.—

8 .—

$

Obras Completas de Friedrich Nietzsche
Volúmenes publicados:
Así H a b l ó Z a r a t u s t r a
$ 6.—

La V

P oder

olu n tad de

$ 7.—

L a G a y a C i e n c ia

$ 7.—

Biblioteca de Iniciación A rtística
I n ic ia c ió n

a

I n i c ia c ió n

P in t u r a

la

a

al

E scultura

8. —

$

$ 8.—
I n ic ia c ió n

la

por H enry Arnold

por René-X. Prinet

I n ic ia c ió n

a

la

al

F

r esco

G r ab a d o

por Robert Bonfils

P in t u r a

por Paul Baudoüin

$ 8.—

$

8.—

Colección H istoria A m ericana
H

ist o r ia de

A

m é r ic a

H

L a t in a

por David R. Moore

de

lo s

por James Truslow Adams
(2 vol.) $ 22.—

$ 25.—
C on stru ctores

is t o r ia

E s t a d o s U n id o s

de l a

A

m é r ic a

L a t in a

por W att Stewart y Harold F. Peterson
$ 7.—

Colección A ristarco
I sm os

U n iv e r s a l is m o

por Ramón Gómez de la Serna
$ 33.—

C o n s t r u c t iv o

por J. Torres-García
$ 33.—

P ido estos libros a las buenas librerías

o contrarreembolso a la

EDITORIAL POSEIDON E l £2

fractura y en lo social, el escritor
es visto como antes decíamos. ¿Que
queda entonces de su responsabili­
dad? Para un escritor que sabe que
su misión y su tarea es aclarar y
combatir la confusión de los valores
humanos, se le crean conflictos real­
mente dramáticos. El representa el
cada vez más raro tipo humano li­
bre, o por lo menos liberable. Su
creación es descubrimiento y es tam­
bién dominio de la realidad. Pro­
voca la intensificación de esa reali­
dad, y es fiel a su responsabilidad
en la medida que ayuda al hombre
a reconciliarse consigo mismo y con
los valores que le toca vivir.
En el mundo de hoy, más que
nunca, el hombre corre peligro de
ver definitivamente asesinado su es­
píritu. Hondas y poderosas fuerzas
le sacuden y constriñen a ceder más
y más terreno. La persona es ata­
cada por un desprecio manejado en
nombre de ideas abstractamente le­
gítimas, pero concretamente muchas
veces al servicio del mal. Estado,
nacionalidad, patria, estas ideas his­
tóricamente muy prestigiosas, son
los infatigables anzuelos. De tales
conceptos se hacen mitos. Se los
convierte en forma de idolatría y
entonces un escritor será, por ejem­
plo, un buen patriota y un buen
ciudadano cuando asocia su inteli­
gencia no a una lealtad particular
hacia su patria, con todos los de­
beres morales que al mismo tiempo
se impone para con ella, sino cuan­
do utiliza su espíritu para deificar­
la ciegamente y al amor por su
país, une el orgullo, la vanidad, la
sospecha por otro.
Todas las épocas espiritualmente
bien estructuradas se mueven alre­
dedor de un ideal humano caracte­
rístico. En el Renacimiento ese ideal *
fué llamado “ hombre universal’ 7,
en el barroco el “ cortesano” , la
ilustración francesa “ le bel esprit” ,
la ilustración inglesa el “ gentleman” . Este tipo ideal del hombre
es el guía espiritual de cada época
y la fuerza de sus caracteres es tan
efectiva que es el que da la fiso­
nomía de las generaciones. Es que
entonces hay un estilo de época que
todos sienten, viven y lo represen­
tan en cierta manera. El escritor,
el “ elere” medieval puede moverse
cómodamente entre ideas y formas
que todos comprenden porque for­
man parte de un patrimonio común.
Hoy, esa estructura unitaria no exis­
te, y el escritor tiene que luchar
contra una diabólica demagogia que
explota los bienes del espíritu. Cada
vez que un fuerte movimiento re­
gresivo ataca al hombre, llámese
guerras cruentas o revoluciones ex­
tremas, la disolución se acentúa.
Parecería fatal que una refinada
barbarie anule momentáneamente,
cada tanto, la condición ética labo­
riosamente forjada por el hombre.
Por eso es que su espíritu está cons­
tantemente en peligro, a veces sin
saberlo, y lo que diferencia al ar­
tista de "los demás y lo comprome­
te, es que a pesar de todo, seguirá
teniendo fe en el hombre. El pue­
blo olvida, y de sus muchos olvidos
han surgido las constancias histó­
ricas de locura, y el escepticismo
acerca del valor de la civilización,
para algo más que los alimentos
sintéticos o el “ confort” por men­
sualidades. He aquí pues el gran
deber del escritor, más que adular
ocios o proporcionar espectáculos,
a base de extravagancias sastreriles
o capilares.
Creo que la clave de la crisis
actual nos la da el siglo xix, exac­
tamente su segunda mitad. La crea­
ción de ciertos sistemas filosóficos,
y sus proyecciones en el campo so­
cial y del arte muestran el camino.
E l petulante positivismo con la ne­
gación de toda posibilidad metafísi­
ca, y sobre todo con la. idea, el mito
del progreso indefinido que a todos
embaucó y dejó boquiabiertos. En
lo económico social, asistimos al na­
cimiento del gran capitalismo in­
dustrial, y es el comienzo de una
inimaginada transformación mate­
rial de resultas de la cual todo el
arte es empujado a ser un reflejo
o eco de ese nuevo capitalismo, y
el artista a ser colocado en posición
muy diferente a la que tenía en
épocas anteriores. Se quiso hacer,

M

I
I U LITEBATURA
Jl

en

el

I I I ACTUAL
Por A LB E R TO GIRRI
y en muchos sentidos se lo consiguió*
que el artista cayera en el nuevo
impersonal carácter que empezaban
a tomar las relaciones entre los hom­
bres y con la sociedad. E l mito del
progreso indefinido lanzó el cebo
igualitario que sólo traería, a cam­
bio de un cosmopolitismo anónimo,
la anulación de la individualidad.
Los artistas más lúcidos escaparon
al canto de la sirena, pero tuvieron
que sacrificarlo todo. Asistimos así
a la formación de un hombre cuya
única ambición tendría que ser la
cordura y el equilibrio temeroso y
trivial. E l estado empieza a ser es­
pecialmente deificado y a limitar la
responsabilidad y la individualidad
del ciudadano. Mientras tanto, los
artistas conscientes se dan cuenta
que hay que trabajar para la recu­
peración del hombre. Ven que la
ilusión del progreso no era más que
ilusión y que de nada serviría para
la salvación del espíritu. Los fines
éticos se desconocieron o se quisie­
ron ajustar a una mentalidad ín fi­
mamente burguesa. Hay una baja
política del espíritu que lo convierte
todo en moda. Las modas literarias
que siempre significan momentos de
poca envergadura y, como modas,
cambiantes. Solo se admitió la con­
fianza en el poder de la ciencia y lo
que este garantizara y nunca vió
el mundo una afirmación más escan­
dalosa de un racionalismo prepara­
do para masacrar la existencia de
la persona. Contra esto se levantaron
las protestas de algunos de los es­
píritus más profundos del siglo. Ner­
val, Baudelaire, Rimbaud. Nerval se
ahorca no por una actitud románti­
ca al uso sino para realizar un acto
de fe supremo.
Nerval se ahorca pero su muerte
no es un suicidio sino un asesinato,
el instinto de defensa ante el hom­
bre amenazado. Baudelaire especial­
mente, tuvo el exacto sentido de su
propia época. Reconoció el peligro
cuando todos bailaban de alegría.
Se dió cuenta de lo que había de
espúreo en las nuevas tendencias,
anticipando muchos problemas en
lo estético y en lo moral. Por eso
dice al respecto E lio t: “ En la mitad
del siglo xix, una época de bullicio­
sos programas, plataformas, pro­
gresos científicos, humanitarios y
revoluciones que en nada enmenda­
ron una época de degradación pro­
gresiva, Baudelaire percibió que lo
que en realidad cuenta, es el pecado
y la Redención” .
Baudelaire se dió cuenta que en
ese mezquino igualitarismo, la sal­
vación era más difícil porque el in­
dividuo no tendría el vigor sufi­
ciente como para aceptar la con­
denación que implica toda salvación.
El caso de Rimbaud es igualmen­
te patético. Escribió sus poemas an­
tes de los veinte años y luego calló.
Se han conjeturado alrededor de su
silencio, historias ingeniosas o psicoanalíticas o sentimentales. Se ha­
bló de neurosis y de crisis sexuales,
pero con ello no se ha dado en el
blanco. Rimbaud se aleja de París
y en la tierra del negus comercia con
marfil y esclavos, se sumerje en la
pura barbarie, en la barbarie sim­
ple, natural, donde él quería ser el
dios rubio ambicioso de oro, pero
en busca siempre de la condenación
y la salvación final. En busca de
una redención por haber sido sa­
cudido por las nuevas perversiones
morales del siglo. La salvación en
suma, buscada por las vías que eada
uno eligió es el sacrificio que brin­
daron esos tm . hombres. Esto en
el plano ético. En lo artístico se sa­

crificaron y renunciaron para se­
guir siendo fieles a la gran tradi­
ción de los creadores auténticos. No
obstante corresponde al siglo xix un
mérito bastante importante a raíz
de ese nuevo capitalismo industrial.
Este, destrozando las condiciones de
individualidad que hace posible el
florecimiento de un arte cualquiera,
también creo las condiciones para
el desarrollo de un arte de caracte­
rísticas cosmopolitas. Por primera
vez en la historia sería posible una
literatura mundial, ya que la bur­
guesía mediante la explotación de
mercados mundiales, dió a la pro­
ducción y consumo de cada país un
carácter cosmopolita. Las creaciones
individuales en las naciones llega­
rían a ser propiedad común.
De las numerosas literaturas na­
cionales y locales podría nacer una
literatura mundial. Pero estas con­
diciones sólo se cumplieron en pe­
queña parte; lo que sí se produce es
la tremenda fractura entre los ar­
tistas y la sociedad. Toda la llamada
en Inglaterra época victoriana, es,
desde el punto de vista de sus poe­
tas más representativos, una mues­
tra del desconocimiento de los gran­
des problemas del hombre. En ese
momento de barbarie cuyo eufemis­
mo circunstancial la llamó edad del
progreso, se procuró ocultar celosa­
mente cuanto se refiriera al hom­
bre. Se modifican y empobrecen has­
ta un grado increíble las relaciones
entre hombre y hombre. Gran parte
de la literatura practica la evasión
hacia un pasado menos complicado
políticamente y moralmente más in­
genuo, tal Walter Scott. Se vuelve
a una poesía narrativa, legendaria,
que evocó el pasado a los países le­
janos rodeándolos de misterio. Poe­
sía impersonal donde tanto nos en­
contramos con largos poemas narra­
tivos, como con baladas donde se
cantan episodios nacionales. Fué
“ La Leyenda de los Siglos” de V íc­
tor Hugo, fué Tennvson saludado
como el poeta máximo de la Reina
Victoria, y que narró las leyendas
de los caballeros de la Tabla Re­
donda, fué el famoso Mathew A r­
nold narrando poemas de asuntos
legendarios como “ Empédocles en
el Etna” . Norma de esta época fué
que todo lo material quedara tapado
por una máscara de idealismo. Mu­
chos poetas y no entre los menos
dotados, pusieron su imaginación al
servicio del engaño, de la triviali­
dad y la mera efusión sentimental.
Eso dentro de un marco de pulcri­
tud cortesana y abundante almidón
en los cuellos de los poetas, en la;,
enaguas de sus musas hijas de ban­
queros, y almidón en todos los ce­
rebros. Siguieron deliberadamente
en un mundo alejado de la reali-dad. En un mundo de ninfas y la­
gos y mujeres fantasmales. Y sin
embargo, merced a esta traición ni
siquiera lograron salvar el arte que
tanto invocaron porque no hicieron
más que retórica y hoy sólo huelen
a humedad y musgo.
Afortunadamente, siempre hubo
dos clases de escritores y ante ellos
el pueblo reacciona de manera dis­
tinta. Es típico el caso de Hugo y
Baudelaire. Podría admitirse de un
modo general que el grado de difu­
sión que el poeta gana durante su
vida, está en relación inversa con
la profundidad de su obra. Mien­
tras que Baudelaire fué en su época
escasamente valorado y su obra so­
metida. a un proceso, símbolo de lo
que estaba sucediendo, vió, poéti­
camente hablando y como pensador,
cuanto había de mentido sórdido y
peligroso para la salvación del hom­
bre en la seudo infalibilidad de la
ciencia, y la fatalidad de un mun­
do racionalizado hasta la imbecili­
dad. Víctor Hugo, se erige en el
Júpiter y es condecorado y venera­
do. Y o me pregunto hasta que pun­
to era legítima ante la gran poesía
1a. adoración por Hugo, en el mismo
momento en que “ Las Flores del
M al” era escarnecida ante los tri­
bunales franceses y se veía en Bau­
delaire un empresario de endriagos,
vampiros, magia negra y otras lin­
duras aplicadas a la poesía. La res­
puesta no es dudosa. Hugo es el
responsable, el exponente visible de
la poesía permitida, sonoramente
accesible
( Continúa en la páS- D ' l

�cabalgata

Z M T I lv d lO
EL

“3 T

ARTE

ABSTRACTO
Por JUAN JACOBO BAJARLÍA

osé

Mimó Mena o la voluntad del

color. Así podrían empezar estas
Jlíneas.
O bien : Mimó Mena o el
impulso condicionado a la visión cro­
mática. E l aliento pluralizado en los
colores. Vertebrado en los arcos de
un cielo que es su misma expresión.
Optimista como sus azules. Rígido

dios expresivos. Copiar, por tanto,
un desnudo, o un objeto cualquiera
con su dimensión de profundidad
— o sin ella— ya no plantea ningún
problema de realismo. A l contrario.
Es un asalto contra la verdad, por­
que el pintor ha hecho de fotógrafo,
empleando su mano como instrumen-

i

II

Este juicio es válido para toda la
labor del artista. Sólo cabe una mo­
dificación. Y es la que podría hacer
respecto de su último cuadro. Aquí,
el planismo es más dinámico. Las
tintas, completamente planas. La es­
tructuración, connaturalmente ar­
mónica.
Tales son, a mucha prisa, las ca­
racterísticas de este pintor que un
día resuelve su destino en el cuadro
abstracto sin tener a su lado ningún
artista que le acompañe. Porque él
estaba solo en Venezuela cuando
resolvió abandonar la pintura figu­
rativa para lanzarse a la concreta.
Allí, en un medio hostil, o más bien,
hostilizado por la crítica, esa crítica
que jamás entendió nada, abandonó
sus éxitos para cosechar sonrisitas.
Pero ya sabemos qué cosa absurda
es la crítica y quiénes forman su
legión. Esto jamás le preocupó a
Mimó Mena. No ignora, quizá, que
el crítico, como decía Romain Rolland en uno de los volúmenes del
Juan Cristóbal, sólo debe limitarse
a consignar el triunfo o la derrota
de los autores. Luego, nada más.
Porque algo más sería una extrali­
mitación. Es por ello que aquí, en
Buenos Aires, no halló críticos por­
que éstos debían consignar sus ex­
celencias. Y consignar sus excelen­
cias era un tanto difícil, porque en
la Argentina, a pesar de su gran
movimiento de arte abstracto, no
hay críticos que entiendan esta pin­
tura. Y si los hay están comprome­
tidos con la reacción estética que
ataca todos los días las manifestacio­
nes revolucionarias del arte. O si no
son pintores fracasados que sólo
•pactan con aquellos que han de de­
jar su nombre en la losa enternecida
de algún cementerio. Las lágrimas
se unen, así, en la vida y en ia muer­
te. ¡ Curiosa anagnórlsis!
Mimó Mena es, por tanto, un hom­
bre de su tiempo. Un pintor en el
dominio de sus medios expresivos.
No estará mucho entre nosotros. Pa­
sará pronto a Santiago de Chile y
a otras capitales. Después regresará
a Venezuela, maravillado por nues­
tra pintura. Por nuestra gran pin­
tura. Luego contará. Sí. Contará.
Contará lo que vió aquí. El deslum­
bramiento de los grupos vanguar­
distas donde caben todos los talen­
tos. Todas las inteligencias, vengan
de donde vinieren.

Ayúdese con el magnífico

DICCIONARIO

INGLES - ESPAÑOL
ESPAÑOL - INGLES

de EMILIO M. MARTINEZ AMADOR
Obra basada en los mejores diccionarios es­
pañoles e ingleses existentes; cada parte de
esta obra contiene más de 50.000 artículos con
la pronunciación figurada. Forma un pulcro
tomo, esmeradamente encuadernado, con Sr^~
barios en oro, de 1.032 páginas. Con indico al­
fabético en forma de uñero
Adquiéralo hoy mismo, mediante reducidas cuotas
mensuales, llenando el cupón del pie y. envíelo a:

EDITORIALES REUNIDAS, S. A. ARGENTINA
CUCHABAMBA 1S4|5K

I

—

í.

Sírvanse remitir a

A . 33 A « n i(U

S3 »

—

B&lt;. AIKES

consignación: UN EJEMPLAR DEL DIC­
ser

CIONARIO INGLES-ESPAÑOL, ESPAÑOL-INGLES, para
| PEDIDO abonado
en NUEVE (9) cuotas de CINCO PESOS ($

3.-) c \m.

I

FECHA — ........... - .................................................. -............ ...........

1
I
I

Desde que se acepte mi pedido me comprometo a papar la primera mensua­
lidad al recibo de lal obra, y las sucesivas les primeros días* de cada mee
subsiguientes, a EDITORIALES REUNIDAS S. A. ARGENTINA. Cochabamba 254-15S. Buenos Aires. Una vez recibida; la obra) indicada, me constituyo
en depositario de ésta, no pudlendo disponer de ella ant*s da completar ol
pago total de su Importe. Declaro que soy mayor do edad y me hallo en
pleno goce do todos los derechos civiles.

I
I
I
I

F IR M A ................................................. PROFESION
Nombre y apellidos completos —........................ —
— .................... Nombre y direc­ íNombre
ción de mi em­
[Calle ...... ..............................Localidad
pleo o negocio

H

Dirección

íC alle....... -

Particular I Localidad.
En caso necesa- j
rio pueden pe- I
I
dir referencias

. Donde lian fCalle
de remitirme
Localidad.
..los libros
de

de

—

i

Calle —....

_

i

Localidad

—

i

—

i

Calle ——
Localidad ••

m El libro será remitido, franco de porte, a, cualquier dirección Oí la ciudad |
1 de Buenos Aires. Desde cualquier estación de íerrocarrll o puerto de Bue.
f ios Aires. lc8 fletes son siempre por cuenta del comprador.
Q

Mimó Mena. Composición abstracta.
( Viene de la pág. 10.)

como sus amarillos. Pero exaltado
siempre. Y algo más. Libre de toda
sujeción a la naturaleza. Apocalíp­
tico con todo lo que no signifique
oponer la creación pura a la forma
que integra su esclavitud en el mo­
delo. He aquí, por tanto, la dimen­
sión de este artista hispano-venezolano que visita Buenos Aires.
Ante todo, fué un pintor figura­
tivo y surrealista. Y antes que nada
un dibujante de calidad. Simple co­
mo Picasso. Leve como Matisse. Pe­
ro un día resolvió abatir su propia
ciudadela. Fué en 1944, allá en Ca­
racas, cuando produjo su primera
composición abstracta. Había que
colocarse en los carriles del tiempo
y grabarse una de las máximas de
Van Gogh: o avanzar trabajando o
perecer. Desde entonces trabajó. In­
tegró su dimensión en el arte abs­
tracto. En este arte que todos com­
baten. En este arte que no debe lla­
marse abstracto, sino concreto. “ El
arte abstracto — dice Piet Mondrian
en A new realism— es concreto y,
por su determinado medio de expre­
sión, aun más concreto que el arte
naturalista” . (V . American Abs­
traed Artists, 1946). Es concreto,
agrego yo, porque la pintura em­
pieza a valer por sí misma como tin­
ta plana en una superficie plana.
La naturaleza bidimensional de la
tela exige un contenido bidimensio­
nal. Y esto sólo se cumple en el arte
que debemos llamar concreto. Pre­
tender otra cosa, oponer una figura
o una representación, es estar contra
la realidad. Es reaccionar contra el
realismo de los medios específicos
que caracterizan la dialéctica del
cuadro. Porque el realismo en pin­
tura, digámoslo de una vez, se obje­
tiva en función directa del último
proceso tendiente a mover sus me­

to receptor y olvidando que hay una
máquina que reproduce la realidad
en su color y en su tercera dimen­
sión. Por otra parte, al realismo se
le confunde con el naturalismo. Y
los que están por la reproducción del
objeto olvidaron también que la má­
quina fotográfica acabó con la re­
presentación de la naturaleza por
parte del pintor. Ahora o se es fotó­
grafo o se es pintor. Si se prefiere
ser pintor, nada de copia. Hay una
superficie bidimensional cuya dia­
léctica indica una pintura que tam­
bién debe ser bidimensional. He aquí
el realismo. La nueva realidad.
Mimó Mena está, pues, dentro del
gran arte. Trabaja sobre planos di­
vididos en zonas, e inscribe los co­
lores en una estructura un tanto ex­
presionista, cosa que está reñida con
el planismo. Emplea, asimismo, la
tercera dimensión, acercándose un
tanto a Werner Drewes y Alice T.
Masón, lo que también podría obje­
tarse si se considera el relieve y las
hinchazones del color. Considero que
una pintura planista, concreta, sólo
debe contener tintas planas. O, en
otros términos: la materia debe par­
ticipar de la naturaleza plana de la
superficie. No obstante, la pintura
de Mimó Mena es de calidad. Las
anécdotas — abstractas— se condi­
cionan a una visión de sumo equili­
brio en la composición. El suceso
plástico se articula, por consiguien­
te, en relación con un tema cromá­
tico sin figuración alguna, como no
sea la de ciertas curvas que inter­
fieren la composición para suavizar,
a veces, los colores cálidos, o bien
para darle más dinamismo a los
compuestos. No es nada más que un
recurso estilístico, muy de Mimó
Mena. Le sirve para enriquecer los
hallazgos formales de la obra.

¿Quien resiste hoy los fastidiosos
y petulantes versos de “ La Leyen­
da de los Siglos” , donde desde el
primer hombre hasta el juicio final
los episodios se mueven al son de
trompetas y falsa majestad hasta
llegar a sus honestas visiones del
futuro? Lo que hoy puede leerse de
Hugo es apenas parte de su obra.
Quienes sienten que la poesía, no es
entretenimiento sino conocimiento,
quienes creen que la poesía es la
búsqueda de la esencia del ser, des­
angrándose, sacrificándose, quienes
saben que la poesía no es ni lenguaje
simplemente evoeador, ni falso sen­
timentalismo, ni líneas iguales de
palabras para envoltorios de cara­
melos, ni está al servicio de cancio­
nes subsensuales, pueden ver que la
poesía, la verdadera poesía, le ha
dado la razón a Baudelaire frente a
Hugo. El escritor tiene la obliga­
ción de practicar fuertes virtudes y
en primerísimo lugar ser fiel a su
arte a pesar de cualquier obstáculo
o aparente destierro. Debe ser ade­
más fiel a la tradición. No me de­
tengo por ahora en la cuestión de
si la tradición se hereda o se con­
quista. Lo fundamental es compren­
der que en cierta medida esencial
todos los grandes artistas que hubo
en el mundo, son nuestros contem­
poráneos y a todos hay que conquis-.
tarlos. Además esa familiaridad de
vivir en la tradición así entendida,
es lo que prueba la salud espiritual
del escritor, pues esta tradición im­
plica un sentido histórico, enlace
con el pasado porque lo que le hace
el escritor consciente de su tiempo
y de su obra, es su relación ideal
con los modelos que lo precedieron.
Mejorando el valor de su arte, en­
sancha el escritor su influencia y su

autoridad en lo social. La indiferen­ tener de permanente para el hom­
cia moral, la pérdida de la concien­ bre. Por eso dice Leonardo que la
gran condición del artista es saber
cia de su misión, son sus pecados
capitales. E l no puede permanecer ver. Ahora bien, de ese proceso crea­
indiferente a eso que Berdiaief ha
dor participa el público, la socie­
llamado vocación social, puesto que
dad, pues comprender una obra de
lo social está profundamente liga­ arte es algo más que un esfuerzo
do a lo espiritual. Debe luehar por
pasivo, es repetir y reconstruir el
una situación que facilite el cultivo
proceso creador que le dió vida.
de su arte y no que lo abogue. Por
Ese saber ver de que habla Leonar­
su libertad en suma. Deben servir
do, el escritor lo demuestra en la
a la justicia con su pensamiento
captación de las formas y en el fino
libre. No se trata aquí de una visión
y exacto testimonio que es capaz
teórica de la situación. Demasiado
de dar de su tiempo. Cuando ter­
bien hemos visto en los últimos vein­ minó la primera guerra mundial un
ticinco años que puede esperar el
viento de euforia, de falso optimis­
escritor de sistemas sociales donde mo, y fe en la infalibilidad de la
todo parece moverse con, una ame­ razón del hombre, volvió a engañar
al mundo. Volvió a engañar porque
nazante pistola en la sien. Y su
importancia tan grande como insus­ se insistía aún en la ninguna im­
tituible no se basa tan sólo en razo­ portancia de los elementos irracio­
nales. El hombre — pensaban— se
nes ético sociales sino en otras de
orden estético. Si es función del
repone, su razón vale y domina.
arte trasmitir emociones no podrá
T. S. Eliot, contempla entonces
las ruinas de ese mundo, humeante
el artista cumplir con ese fin entre­
gándose al juego de los sentimien­
todavía de destrucción y meticulosa
tos. Eso será sentimentalismo, no
barbarie. Esboza una leve e irónica
arte. Trasmite la emoción de las sonrisa ante el mito del progreso y
la ciencia, que una vez más prome­
cosas y de la vida del hombre, por
eso no imita sino que descubre la
ten asegurar la bondad del hombre,
realidad y esa realidad la brinda
y escribe luego los versos inolvida­
bles de “ The Waste L and” . La
intensificada. Si el único punto de
tierra desierta, el páramo, eso es lo
partida con que el hombre contara
que del mundo iba quedando:
fuera el científico tendríamos una
visión del mundo incompleta, mu­
¿Que ruido es ese que vibra alto en el aire,
tilada, porque la ciencia es abstrac­
susurro de material lamentación?
ción o sea empobrecimiento de la
¿Que hordas encapuchadas son esas que
realidad. En el arte no existe esa
[hormiguean
por llanuras sin fin, tropezando en tierras
abstracción, es algo muy concreto
[ resquebrajadas
pues toda la materia existente pue­
Sólo anilladas por el raso horizontef
¿Que ciudad es esa sobre la montañas,
de ser tratada artísticamente, por­
Chasquidos y reformas y explosiones en
que la intuición artística es lo que
[el aire violeta
mejor nos revela las formas. Cual­
Torres que se derrumban?
quier hecho, cualquier escena pue­
den en sí no tener^ mayor interés,
Eliot, opone en su significativo
pero en cuanto interviene la intui­
lenguaje, la verdad ética a la mención del artista, la vemos en su pe­
culiar profundidad, en lo que puede
(Continúa en la pág. 12.)

�Una buena organización produce mejor
calidad , y no aumenta los costos por­
que eli?nina los gastos improductivos.

• I M P R E N T A

L O P E Z

al servicio del libro
P E R U

666

•

B U E N O S

AIRES

Habla para C A B A L G A T A

Don JOAQUIN TORRES
U AN DO el je fe de R eda cción nos
de que don Joaquín T o­
rres acababa de regresar de su ex ­
tensa gira p or A m érica, intuim os que
sería m uy interesante para los le c ­
tores de C A B A L G A T A con ocer las
im presiones recogida s p or el acredita­
do lib rero m ayorista.
Porqu e, además de los candentes
problem as que afectan al lib ro ar­
gentino, y de los cuales el v ia jero
nos podía hablar, existía el “ caso”
Joaquín Torres, que es tod o un caso,
o lo era, m ejor dicho, hasta hace p o ­
co. M ás de veinte años vendiendo li­
b ros al por m ayor, más de on ce tra­
bajando con las prin cipales librerías
d el Continente, y, sin em bargo, hasta
hace p oco tiem po T orres no había
efectu ado ni un solo viaje p or A m é­
rica, es decir, p or los países alejad os
d e éste, pues conocía m uy bien las seis
R epúblicas vecinas. La extraordinaria
la bor desarrollada p or él desde Buenos
A ires d ice bien a las claras cóm o, ba ­
sándose sólo en una perfecta orga n i­
zación com ercial, a través de los años
lleg ó a situarse entre los prim eros de
nuestros libreros-ed itores.
— El viaje, p royecta do desde 1940,
tenía para m í doble interés — com ien ­
za dicien do nuestro entrevistado— :
saludar a todos los lib reros de A m érica
y ver de cerca cóm o evolucionan los
graves problem as que afectan al lib ro
argentino. Tam bién tenía deseos de
pasear un p oco y un anhelo fervien te
de con ocer bien todas las repúblicas
herm anas de este continente. Y así lo
h ice em pren dien do viaje directo a
Ecuador, y siguiendo a C olom bia y a
todos los países centro-am ericanos, pa­
ra continuar p or M éjico, Estados U n i­
dos, las islas del Caribe, para term inar
en V enezuela, catorce repúblicas, en
total, con 36 ciudades visitadas. He pa­
sado cuatro m eses recorrien d o catorce
países. Si me hubiese decid id o a alar­
gar la gira, necesitaba el d ob le de tiem ­
po. Para realizar una la bor realm ente
proficu a , se necesita un año ju sto pa­
ra visitar tod o el C ontinente de punta
a punta.
— ¿Q u é im presión global trae de su
v ia je?
— Si m e perm ite com enzar hablando
de Joaquín Torres, lib rero-ed itor, pues
diré que he en con trado en todas pa r­
tes herm anos y am igos más que clien ­
tes reservados. L os prin cip ales lib reros
de los países visitados — unos qu i­
nientos— han ten ido para con m igo
atenciones que nunca olvidaré. Existe
m ucha sim patía p o r nuestra firm a y
en con tré una gran corrección , sin ex ­
cep cion es, in clusive cuando se trató de

C in form ó

resolv er los problem as pendientes, que
no eran pocos.
— Y en cuanto al lib ro argentino,
¿vu elv e usted tan en cantado?
— ¡No, p or cierto! Persiste la in cer­
tidum bre; arrastram os aún las co n ­
secuencias de la paralización p rod u ci­
da hace dos años p or la falta de
bodegas. Las m ontañas de lib ros acu­
m uladas en nuestra Aduana se des­
plazaron a los países de destino; los
lib reros están inundados de paquetes
que con tien en m iles y m iles de tom os,
cantidades su periores a las dem andas
de cada m ercado.

Joaquín Torres
— Este problem a, grave, ¿se com p li­
ca p or la falta de divisas?
— En efecto. Persiste, y aumenta, la
falta de m oneda extran jera en casi
to d o el continente. Cada día se p r o ­
ducen nuevas restriccion es y, al no
p od er liquidar las cuentas antiguas,
los lib reros cada vez ven más lejana
la posible norm alización.
— La casi total supresión de los
servicios de novedades ¿se debe única­
m ente a esos dos factores?
— A ñada usted, que tam bién han
con trib u ido a e llo el abuso en que
in cu rrieron algunos editores al enviar
tal cantidad de lib ros que p rod u jeron
la asfixia de m uchos lib reros; ello p ro.
v o có crecien te antipatía p or el lib ro
argentino en general, y, desgraciada­
m ente, hay quien ha llegado a criti*
carnos con saña p or tal falta de es­
crúpulos. No escapan a la crítica
algunos de los agentes v ia jeros que
re corrieron el C ontinente llevando,

casi siem pre, lib ros de editoriales in­
escrupulosas y hasta alguno de ellos
engañando a no p ocos libreros.
— O sea que el ansia de vender. . .
— El ansia de vender p rovocó la
avidez de m uchos libreros, que se en­
candilaron ante los grandes descuen­
tos y las liberalísim as facilidades de
pago que se les ofrecían. AI estacio­
narse los libros en sus estantes, r e ­
accionaron de ese absurdo, tom aron
represalias y decidieron no pagar; he
aquí el resultado de la inconsciencia.
— D íganos abora, señor Torres, para
hablar de un problem a m enos grave,
¿qu é ha constatado en cuanto a edi­
ciones clandestinas?
— ¿P roblem a m enos grave? No. h om ­
bre; el asunto es muy serio. En el
Continente existen varios fo co s piratas
— com o antaño— ; en materia de li­
bros, M éxico es el principal. A llí se
piratea tranquilam ente edicion es ar­
gentinas y españolas. Por desgracia,
las edicion es clandestinas se en cu en ­
tran en las m ejores librerías, que com ­
pran con grandes descuentos, com o
es lóg ico, lo que representa una com .
petencia ruinosa para el lib ro argen­
tino.
— Según nuestros inform es, se tiende
a legislar contra ello en M éxico, ¿es
cierto?
— L o es. P ero sobre ese asunto creo
que m uy p ocos serán los resultados,
salvo que, a grandes m ales. . . No o l­
vide añadir que en algunos países se
m e han qu eja d o tam bién de “ nuestra”
piratería editorial. “ L os argentinos no |
tienen derech o — dicen — de acusar
a nadie.” En Buenos A ires han ocu rri­
do casos con cretos de edicion es clan ­
destinas que fu eron en cu biertos o si­
lenciados. S ob re ese punto m e perm ito
recordar que propuse solucion es cuan­
do era m iem bro de la Cámara del.
L ib ro; hasta h oy sin resultado, y bien
p oco se escu ch ó la campaña contra la
piratería que h ice en mi revista “ Nue­
va Juventud” .
— Pese al panoram a som brío, ¿cree
usted en el fu tu ro del libro argentino?
— H ilvanando im presiones, llegu é a
B uenos A ires con v en cid o de que n ú es-»
tros envíos al ex terior se reducirían
en un 50 % . P ero ahora, ante los
constantes aum entos de costo, cada
vez va a ser más d ifícil coloca r lib ros
de edición argentina. No podem os o l­
vidar que llegan ya norm alm ente a
todos los m ercados libros españoles,
m exicanos, franceses, suizos, italianos.
Adem ás, en los países del Caribe se
leen m uchos lib ros cien tíficos y té c ­
n icos en idiom a inglés. C laro que el
com p etid or más califica d o, com o siem ­
pre, es España, que intenta recuperar
sus posiciones.
— ¿C ree usted, en suma, que la in ­
dustria editora argentina va a ser des­
plazada de los m ercados continentales?
— No p odem os suponer tal cosa. S e ­
guirá ten ien do un pie en ellos con
firm eza. P ero sólo enviarem os al ex ­
terior un 25 % de lo que rem itíam os
los pasados años. Las com plicacion es
serán m ayores si algún día, orientando
su política de cam bios, España logra
que el dólar se cotice a 20, 25 ó 30
pesetas, en lugar de las 10.95 a que
h oy se paga la m oneda norteam ericana.
— L os p recios del lib ro argentino,
visto su crecien te aum ento, ¿son o b ­
je to de q u eja ?
— Ya lo creo. L os lib reros se asustan
p or el aum ento de p recio de nuestros
lib ros. Una sana p olítica exigía editar
co leccion es económ icas, realm ente e c o ­
nóm icas, pues las grandes masas de
p osibles com pradores de A m érica tie ­
nen p rom edios de vida bien bajos,
com o es sabido; los recien tes aum entos
de la industria gráfica com plicarán
aún más las cosas en un fu tu ro no
lejan o.

Del ESCRITOR...
(Viene de la página anterior)

tira de los paños tibios de la retó­
rica. Los hechos de los hombres no
se complican con la luna. En Eliot
encontramos, al hombre de nuestro
tiempo, el pobrecito animal sobrevi­
viendo casi por milagro en el mun­
do que él se encargó de construir y
que creyó perfecto. Parece una hu­
millación, pero la actitud de Eliot
es la desesperada necesidad de que
el hombre vuelva a su centro aun­
que sea por los caminos más tor­
tuosos. El poeta opone a la miseria
de la ciencia, el camino de una mís­
tica y una santidad nueva. Parece
complacerse en tomar al hombre por
el cuello, hacerlo hincar y restre­
gar luego su cara, su hocico, con­
tra el estiércol que la soberbia ra­
cionalista ha sembrado y hecho ger­
minar para su propia destrucción.
Eso fué después de una primera gue­
rra mundial y sin embargo el ciclo
de la burla sangrienta aun no se
había cumplido. Todavía los altos
intereses del mal necesitaban más.
Primero fué la. tragedia española y
luego la última y más admirable
exhibición de locura sostenida du­
rante cinco años, desde luego que
siempre en nombre de la definitiva
liberación del hombre. El escritor,
el poeta, no podían quedarse en su
casa, ya habían tenido ejemplos
agazapados o evidentes. ; Que había
sido la vida espiritual en Alemania
durante el naeismo? ¿Que sucedió
en España? El término resistencia
no tiene un significado puramente
militar, eso es lo de menas. Es que
para el escritor ya no hubo defini­
tivamente, manera de seguir hablan­
do de flores, como no sea con amar­
ga ironía:
A yer las riñas teológicas en las tabernas
7 la cura milagrosa en la fuente
A yer el aquelarre; pero hoy, la lucha
A yer la instalación de dínamos y turbinas
La construcción de líneas férreas en el
[ desierto colonial
A yer la clásica conferencia
Sobre el origen del hombre. Pero hoy la
[lucha.
A yer la creencia-en el %alor absoluto de
[Grecia
La caída del telón sobre la muerte de un
[h éroe;
A yer la plegaria al sol cuando se pone
Y la adoración del loco. Pero hoy la lucha.
(W . H. Auden “ España” )

Salieron los escritores, los poetas,
a pelear por España y a morir en
la trinchera o manejando un ca­
mión. Muchos gerentes, y golfistas
millonarios, magnates de no impor­
ta que, se sorprendieron del hecho
insólito de los poetas peleando. Se
sorprendieron, si el miedo de que
salpicaran de sangre y barro las
puertas giratorias de sus casinos,
los dejó, al ver al poeta ser el ca­
marada, el hombre de carne y lá­
grimas verdaderas. Porque cumplían
su misión dando su vida como habi­
tantes de este mundo y como re­
F rente a la obturación de los m er.
presentantes de lo mejor que el hom­
cados, a la falta de divisas, a la
bre
es capaz de hacer. Y ese puñado
supresión del servicio de novedades,
de individuos en los que descansa el
a la com peten cia, al aum ento de nues­
porvenir cultural del mundo pelea­
tros precios, en fin , a los graves p r o ­
blem as que in ciden en el norm al des­
ron por un ideal de vida o lo que
a rrollo de la industria d el lib ro ar­
aun quedaba de él. Su resistencia
gentino, el redactor casi no se atreve
fué
defender al hombre de la bar­
a preguntar a don Joaquín T orres si.
razonablem ente, ve algún rem edio p o- i barie que quiso convertirlo todo en
sible para tanto mal. N o obstante, in j masa, simplificando hasta lo absur­
s in u a m o s .. .
do los tipos humanos.
— ¿C ree usted que se vislum bra al­
Y sin embargo, una de las acusa­
guna solución que resuelva los graves
ciones que debieron soportar y aún
problem as planteados?
— ¡Está usted lo c o . . . o me hace adi­
soportan los escritores es la de que
vino! — nos responde rápido— . Por aho­
ellos no se acercan al pueblo. Los
ra no v eo soluciones, com o no las ve
que así piensan, quisieron resolver
nadie para los graves problem as que
la
cuestión mediante una verdadera
ensom brecen el m undo.
traición, cual es la del arte al ser­
— ¿N i recu rrien do al m ercado in­
tern o?
vicio de la propaganda. Se trató de
— El m ercado interno, bien trabaja­
que el arte saliera de lo que tiene
do, puede resolver parcialm ente los
más
característico, o sea de sus for­
problem as. Con dedicación , buena pu ­
mas, para convertirse en el eco de
blicidad, ayuda oficial, y un gran es­
píritu grem ial, tal vez llegarem os a
cosas cuyos intereses no eran artís­
coloca r en el país el 50 % de nuestra
ticos precisamente. Por otra parte,
prod u cción ; con ello, cuanto m enos,
con igual legitimidad puede soste­
salvaríam os los gastos de costo.
nerse la tesis contraria o sea de que
— ¿Una últim a palabra?
— Sí. Para rendir un tributo, desde
lo que se presencia no es el aleja­
las páginas am ables de C A B A L G A T A ;
miento de los escritores ante el pue­
tributo de adm iración y agradecim ien­
blo, sino el fracaso del pueblo ante
to a ese puñado de libreros de A m é­
los escritores. La historia, de la lite­
rica, verdaderos héroes, enam orados
de su oficio, que batallan sin descanso
ratura y de cualquier arte suminis­
p or la causa del buen lib ro argentino,
tra excelentes argumentos para am­
del cual debem os d ecir que pu ede
bas
posiciones. Quiero expresar con
ponerse, orgullosam ente, al lado de
esto que cuando se habla del pro.los m ejores produ cidos en los países
de habla hispana.
blema de la relación entre el escri­
F. A.
tor y el lector, la responsabilidad

en esa relación es recíproca, es com­
partida. Ambos, están implicados.
Xo me parece exagerado creer que
el encuentro en la creación literaria
del escritor y el lector, es un ver­
dadero milagro. La literatura es lu­
gar de reunión de dos almas dijo
alguien. Y ciertamente el escritor
está ante numerosas almas a las
que su obra quiere hacer vivir, de
modo que la pasión por la vida, por
la belleza o la verdad no sean sim­
plemente palabras. Está el escritor,
ante hombres cuya historia invisi­
ble, es la historia de una sed con­
tinúa que no tiene donde satisfa­
cerse y que puede terminar por ma­
tar. ¿No es entonces un milagro,
lograr una fusión, merced a la cual
un hombre puede recrear lo creado
una vez por otro hombre?
Pero si a esto le llamamos mila­
gro es por su relativa frecuencia.
Ciertos medios de civilización que
en sí serían muy útiles, se encargan
de proseguir 1a. tarea de igualar los
espíritus, barbarizándolos. Medios
tan poderosos como la cinematogra­
fía y la radiotelefonía. El cinemató­
grafo en lugar de estimular la ca­
pacidad imaginativa, y enseñar a ver
o adivinar la virtud mágica de las
cosas está orientada para estructu­
rar una mentalidad y un espíritu
“ standard” . Para darle al cinema­
tógrafo, una fórmula de validez co­
mercial se han menospreciado las
posibilidades de la imagen como tal,
y lo que podría haber sido un es­
pectáculo milagroso, un misterio
profano, es apenas otra forma vul­
gar de evasión, una forma de vida
posible, sin má.s valor moral que el
folletín novecientista, ni más eficaz
que cualquier estupefaciente. Con el
lenguaje sucede lo propio, se lo
quiere despojar de sus elementos
propiamente artísticos y creadores.
De esto se ha encargado la radiote­
lefonía. Asistimos a im verdadero
empobrecimiento y anarquía del len­
guaje. Se confundió el estilo fami­
liar con la vulgaridad y se creyó que
la precisión, la economía y la pureza
nada tienen que hacer en la expre­
sión dirigida a los grandes públicos.
Ya vemos los resultados. “ La radio
— dice Denis de Iíougemont— mo­
dificó la función esencial y poderes
del lenguaje, permitiendo que las pa­
labras se separaran del rostro y del
medio en que fueron pronunciadas.
Nuestra civilización está amenazada
por la más grave enfermedad social:
la charlatanería” . De esta supera­
bundancia de palabras surge una
desvalorización. Pues en rigor, no
es superabundancia sino el uso cons­
tante de mil o dos mil palabras que
puedan servir para la intercomuni­
cación más urgente y. nada más. Las
palabras son símbolos de cosas y de
los matices y cambios de las cosas,
pero hoy no parece muy variado el
repertorio de cosas que quieren de­
cirse. ITay en todo individuo un mí­
nimum de apetencia estética que es
imposible anular por completo y la.
radiotelefonía, y el cinematógrafo eti
lugar de desarrollar esa posibilidad,
la entretienen y disminuyen. Si a
estos hechos agregamos otros me­
nores tendremos que la responsabi­
lidad de una buena relación entre
el lector y el escritor no es sólo de
éste. El lector, suele ser perezoso en
el esfuerzo, a menudo no parece com­
prender que lo verdaderamente ar­
tístico no siempre es fácil de captar,
que la comprensión es recreación,
retorno a la intuición que ha hecho
nacer la obra, es decir que también
requiere un esfuerzo. Por eso pre­
fiere lo anecdótico y lo documental,
prefiere lo que se designa con una
palabra hoy de m oda: lo objetivo.
De como se lee podemos deducirlo
ante la manía simplemente infor­
mativa aue nadece la cultura de
hoy, de la difusión increíble de las
antologías y libros de trozos elegi­
dos. Los hay de todas clases, en pro­
sa. en verso, por temas, etc. Y la ma­
nía condensatoria v la pereza llega a
la aberración de libros condensados
en quinientas palabras. Parecería
que hay que llegar a la conclusión
desconsoladora, de que el mundo no
necesita, no quiere necesitar de los
escritores, ni de la poesía, ni de la
literatura. En todo caso, es trivial
querer seguir considerando al escri­
tor como un ser desconectado de lo

�15

£ abaigata

E l C hiquillo
b l a n i; o
Cuento Por LUIS MERIKO REYES
llamaban Leonarda, aunque nadie sabía con precisión si ese nombre
era el suyo. A l mirarla inmóvil, con la faz sonriente y los ojos per­
didos en su propia ensoñación, podía relacionarse su cabeza^ con la de
un león sucio y maltrecho. Cuando reía, sus mandíbulas y sus/ dientes
anchos y amarillos, presagiaban un extraño mordisco. La impresión se
desvanecía al escucharla vocear los diarios, uno generalmente, pues ca­
recía de permiso municipal, con afán infantil lleno de indolencia y
capricho.
Atenida, a lo que sus amistades
cuando los dolores la encarcelaron
laboriosas querían darle, corría de­
en una jaula de crueles rebanadas
y la hicieron gritar: “ ¡No puedo
trás de los transeúntes con un ejem­
más, Mooocho! ¡Mátame, Moooeho!
plar del periódico en la mano iz­
¡Quiero m orirm e!” Ordenes que El
quierda, alargado como una bandeja
Mocho cumplió llevándola a un hos­
y regresaba, sin dejar de sonreír,
pital, donde le extrajeron un chi­
al banco de piedra donde pasaba
quillo rubio, igual a ella, tan dis­
el día.
tinto del padre como un huevo de
Si la pequeña hazaña se frustra­
una castaña.
ba, la repetía con frívola tenacidad
Más dueña que nunca de su son­
hasta que el transeúnte más impre­
risa impávida, volvió con el crío
visto satisfacía su oferta.
envuelto en pañales, obsequio estos
Próximo a ella trabajaba su ma­
últimos, de las señoritas católicas,
rido, E l Mocho. Le venía el apodo
a su cuartucho. La guiaba El Mo­
de que no tenía orejas. Había nacido
cho solícito, dando pasos cortos, co­
con ellas tapadas, carentes de lóbulo
mo si caminara sin avanzar con sus
y de pabellón, recogidas y arruga­
piernas habituadas a la plenitud de
das en su cabeza.
otros esfuerzos.
Pero E l Mocho sabía leer y hasta
Escasa leche brotaba de sus pe­
copiaba con lentitud las actas del
chos, prematuramente flácidos y po­
sindicato de lustradores, al cual él
co berreaba el chiquillo en demanda
tampoco pertenecía, huérfano, como
de su alimento, pero tenía la piel
Leonarda, de permiso municipal.
blanca como nieve, tan blanca que
Leonarda tenía el cabello rubio,
se hacía transparente en la zona
algo oxidado, tan largo que le al­
de las orejas perfectas, libres de la
canzaba los hombros. Sus ojos eran
herencia mocha de su padre, y sobre
de un intenso color añil qne hacía
su cráneo inmenso rebullía una pe­
pensar en un cruzamiento no muy
lusa trigueña que Leonarda acari­
distante de razas nórdicas. Mezcla
ciaba con deleite, como si pasara
que efectuada al revés, gracias a la
los dedos cargados de fluidos sen­
unión de ella con E l Mocho, produjo
sibles por la superficie velluda de
la hinchazón de su vientre y el
un durazno.
hecho molesto de que caminara des­
— Es lindo mi chiquillo — mur­
acompasada pregonando, eso sí, con
muró
risueña sin albergar ningún
acento eufónico, como si llevara va­
otro sentimiento, proyectada con
cías las entrañas.
sencillez hacia el más simple de los
Su labor anárquica, a la caza del
estados de ánimo.
dinero que no querían ganar los
E l Mocho miró ’ al niño rubio,
otros, se t^ornó más pesada. Su vien­
furioso contraste a su rostro more­
tre se extendió hacia adelante como
una proa sudorosa y turgente, has­ no y pálido; a su mechón oscuro
caído sobre la frente y sin anticipar
ta que el trabajo se hizo imposible
caricias ni melindres, salió a la
calle.
El dinero tenía que ganarse
que no sea su mundo personal. A l
con prisa después de tres días sin
menos él supo ver y vió lo que está
trabajar, preocupados del nacimien­
sucediendo. Posee el sentido de la
to del famoso crío que no se le
continuidad de la tradición como
parecía como tampoco se parecía él
antes dije, es guía y busca condu­
a Leonarda.
cirse como tal, pues no puede ne­
Fué un buen día y las monedas
garse que a pesar de todo, su len­
cayeron al 'cajón para lustrar zapa­
guaje privado termina por incorpotos que le prestaba su amigo El
&gt; rarse a todos, ni que los suicidios son
Terrible, con gozosa frecuencia;
actos de fe. Saben muy bien ellos
siempre hermanados un peso con
que el arte es una gran incógnita,
otro peso de acuerdo con la nueva
una gran aventura donde se les irá
tarifa. Además, el buen día estaba
la vida y donde nadie les puede ga­
hermoso, claro, abierto y perforaba
rantizar nada.
la diáfana y fría atmósfera, el sol
Y sin embargo insiste, porque ese
de invierno que inmovilizaba en los
es su privilegio, pues en rigor
bancos de piedra a los transeúntes
¿ cuántas son las cosas por las cuales
como reptiles frente a una flauta.
un hombre estaría dispuesto a mo­
Trabajó sin descanso hasta que
rir? No son muchas pues, para la
los cielos se arrebolaron y los gru­
dignidad de la muerte no todas las
pos de nubecillas detuvieron sus ma­
actitudes o empresas son eficientes.
tices volubles y cálidos, detrás de los
La poesía es una de las pocas ocasio­
ramajes esfumados de los árboles y
nes. Si un hombre se agrega tor­
de los metales de las sombrías es­
mentos como hombre y como artista,
tatuas.
por algo será. La economía vital
Estaba oscuro cuando guardó en
del poeta está regida por un orden
el cajón su frasco de tinta, sus
muy distinto al del hombre vulgar,
trapos y escobillas y su caja de ne­
su peligro, su jugarse a diario con
gra pasta, que él sabía gastar en
la aniquilación está en 'que su crea­
forma imperceptible, dando la im­
ción va más allá del placer estético.
presión de que cubría y recubría la
Es el problema del ser, es esa alta
superficie del zapato, pero sin en­
indagación surgiendo mediante la
señar jamás el brillo dorado del
irremplazable experiencia llamada
fondo. A l fin todos les oficios re­
poesía. ¡Que pueriles parecen las
quieren su inteligencia. . . Alzó des­
acusaciones de orgullo de soledad,
pués la vista, ahita de mirar cueros
de torre de marfil y otros lugares
más o menos iguales y experimentó
comunes de los semicultos que opi­
dentro de sí una sensación agri­
nan ! Escribir no es una actividad
dulce, semejante a la dicha y a la
divertida ni mucho menos, sobre
pena, que podía resolverse en una
todo cuando lo que mueve es una
carcajada, en una palabrota y hasta
convicción. Si el artista es capaz
en un puñete.
de ver más y mejor que los demás,
Determinó volver al cuartucho sin
éstas no pueden ob1igarle a que ado­
pasar por la cantina luminosa don­
re sus dioses v se quede en lo más
de sus amigos so chanceaban sin que
inferior del mundo. Es tonto con­
él lograra, muchas veces, compren­
fundir lucidez con soberbia.
derlos.
Bien o mal el escritor seguirá
Meditaba en que mientras Leo­
siendo un reflejo del mundo que lo
narda
no pudiera trabajar, vocean­
circunda, su creación es descubrir
do
diarios
ajenos y revistas cuyos
y mostrar ese mundo y si los demás
nombres
no
sabía distinguir, nadie
se dejan arrastrar por ilusiones más
más
que
él
debería procurarles el
fáciles, la culpa no será de él.
alimento. Después ella se quedaría
AI.BESTO Q irri .
Mago ate 1948
eon el chiquillo en un banco, mien­
a

L

tras él cazaría pesos en lo que fuera,
tuerto o derecho, limpio o sucio.
De ese modo organizaba sus ocupa­
ciones futuras, pero, entretanto, re­
cordó que Leonarda y el chiquillo
estaban en el cuartucho y que era
preciso apresurarse con el fin de
ganar la delantera a los camaradas
que dormían allí mismo y que lle­
gaban a botarse en sus payasas sa­
turados de fatiga y alcohol.
La noche comenzaba a enfriarse
y el viento helado le raspó la nuca.
“ La lesera de bañarse tan seguido
me está fregando ’ ’, pensó. Ansioso
de obtener dinero se bañaba en lu­
gar de sus amigos notificados por
los inspectores de aseo y les vendía
en seguida el comprobante. Aquello
duraría mientras no lo sorprendie­
ran o hasta el momento 'en que un
delator se vengara de cualquier co­
sa, acusándolo. Aceleró la marcha y
se introdujo en un almacén de co­
mestibles. Un buen día merecía fes­
tejo y compró dos botellas de vino
y una caja de sardinas que, junto
con la harina tostada que Leonarda
atesoraba en el cuarto, completarían
la abundante cena.
Ella lo aguardaba tranquila, son­
riendo de esa manera tan propia
que apenas recortaba las comisuras
de su boca, y caminando pausada
alrededor del fuego donde hervía
la tetera con agua.
— Se lo ha llevado llorando — dijo
Leonarda y mostró a la criatura co­
mo una maquinilla que no supiera
manejar— . Y todavía no me baja
la lech e...
El Mocho observó sus labios y
las miradas se eruzaron sobre la ca­
beza rubia del crío, guiados por una
fresca sencillez que los impulsaba
como niños hacia un nuevo y di­
fícil juguete. Este lloraba en una
esquina del camastro, cubierto has­
ta la barbilla por la frazada sebosa,
de la cual contrastaba como una
luz, con su blusita celeste donada
también por las señoritas católicas.
Un olor denso a cola recalentada
saturaba la atmósfera.
E l hombre depositó en el camas­
tro la caja de sardinas, destapó una
botella y se bebió un trago largo.
— Tenía sed — dijo pronto.
Leonarda se aproximó con la ma­
no estirada y murmuró entre risas:
— Pasa o ’acá, te lo vai a tomar
to o . . .
Ingurgitó el alcohol haciendo so­
nar su garganta y al instante sus
grandes pupilas de añil brillaron
felices.
— El Terrible me trajo un tarro
de leche áeida — habló sin preocu­
parse de que El Mocho tradujera
en sus labios— . Me he llevado dán­
dole como dijo la enfermera, pero
siempre llora. . . ¡E s más mamón!
De nuevo miraron al crío que
ahora dormía con las manos empu­
ñadas fuera de la frazada y con la
nariz brillante de mucosidad.
— Tan lindo mi chiquillo blanco
:—exclamó Leonarda y al momento
preguntó, como ella sabía hacerlo,
al Mocho— : ¿ Vendiste la tarjeta del
baño?
El hombre replicó con un que­
jido y empinó otra vez la botella.
— ¡ Dam e! — insistió con enojo
Leonarda y antes de mascar las
sardinas, descontrapesado su cuer­
po con el alcohol que regaba su
organismo, se tendió en el camastro,
bien pegada al niño blanco, dormi­
do baja la inmunda frazada.
El Mocho empezó a comer en cu­
clillas a la vez que bebía con muda
y rítmica frecuencia. Cuando eruc­
tó y se limpió los dientes con un
palo de fósforo, Leonarda ya estaba
dormida junto al crío.
El Mocho entreabrió la puerta de
la calle, orinó largamente y borra­
cho, de súbito, con el cambio de
temperatura, recorrió balanceándose
la distancia que lo separaba del ca­
mastro y cayó aplomado junto al
cuerpo de su mujer. Nada pudo im­
pedir que ocurriera lo de siempre,
entre las escamas pesadas del sueño,
en la intimidad sudorosa del estre­
cho abrazo. Después el grupo per­
maneció indiferente, seguros tal vez
de que El Terrible y los otros com­
pañeros de cuarto, llegarían al ama­
necer si es que regresaban. El si­
lencio de la noche se replegó sobre
los tres y la luz callejera los en­
volvió en su nimbo.
De improviso Leonarda despertó

APARECIO!..
É 't T O M O

de la TERCERA EDICION 1948

H ISTORIA
DEL ARTE
p o r José Pijoan

' O' .
•;

UN TOMO DE 552 PAGINAS, ILUSTRADO CON
844 FIGURAS. 25 LAM IN AS EN NEGRO Y 18
EN COLOR IN TER CA LA D A S EN EL TEXTO.
-

'

ES UNA EDICIÓN SAIVAT

y miró a su alrededor. El Mocho
magro y sudoroso roncaba con sua­
vidad haciendo un ruido análogo
al hervor de la tetera;- entre los
dos estaba el crío tranquilo, pero
cambiado, sin la blancura rubia que
cimentaba el orgullo de su madre,
negro y feo como el mismo Mocho.
— Me lo han cambiado — pensó
vagamente la mujer, dolorida su ca­
beza con las brumas tóxicas, sacu­
dido de náuseas su estómago des­
provisto.
— ¡ Mooocho! ¡ Mooocho! — gritó

El

pronto con sonriente extravío— .
Está igual a ti el chiquillo. ¡M ocho!
¡ M ocho!
Pero las orejas mochas del hom­
bre se destacaban más nítidas que
nunca, im placablem ente selladas.
Leonarda lo sacudió con todas sus
fuerzas, hasta que renunciando a
despertarlo, murmuró angustiada:
— ¡Está igual a ti, Mocho, el ca­
bro!— y cayó como una mole, con
los ojos nublados por las lágrimas,
sobre el crío asfixiado.

Indigenismo

y la Novela en América
( Viene de la pág. 16.)

sdlpica su oira, Jesús Lava, el
desenlace da por tierra con la no­
vela y el indigenismo literario que
cae por este epílogo. Lo afirma­
mos una vez más, en Bolivia las
diferencias de castas son tan mar­
cadas que, así uno no se imaginare,
no son principios sociales, sino ver­
daderas barreras infranqueables
las que separan una clase de otra.
Una blanca por desprecio que ten­
ga de sí misma, no cometería se­
gún ella este desatino. Esta es la
herencia, más palpable y defini­
tiva con que nos personalizamos
como criollos y seguramente es el
resabio o sello más contundente
con que nos marcó la conquista es­
pañola, definiendo nuestra perso­
nalidad. Y no solamente en BoUvia, Perú, Chile y Ecuador, sino
en todo el Continente donde to­
dos presumen una pretendida no­
bleza y aristocracia de origen.
Pero ello no quiere decir que
la novela en América sea una uto­
pía sino simplemente circunscri­
biéndonos a lo que denominaría­
mos corriente indigenista. Dijimos
que ésta se halla en plena ges­
tación y debemos esperar nuevos
frutos. En cambio, la novela acrio­
llada por el momento es la más
representativa y de la cual son fi­
guras descollantes escritores de
muchos países de la América La­
tina como Hámulo Gallegos, Eus­
tasio Rivera, Giiiraldes, Jorge Amado, Ciro Alegría, Humberto Sal­
vador, Albujar, Latorre y otros
que buscan acuciosamente nuestra
independencia intelectual.
Quiere decir entonces, que la
novela americana incide en dife­
rentes fases artísticas, con influen­
cias extra^continentales, pero siem­
pre con tendencia a personalizarse.
Si cada pueblo o raza, de acuerdo
al principio gassetiano tiene una
f isiognómica peculiar, los indoamericanos también así lo demuestran,
persiguiendo este fin como obje­
tivo primordial para fisonomizar
la novela foránea.
Esta tendencia a la que denomi­
namos “ indigenismo” en libros ac­
tuales como “ Sol de Justicia” de
Max Mendoza López, por ejemplo,

tienden demasiado a lo patético y
hasta la exageración, pero ello ade­
más de recurso literario obedece a
razones de emotividad. Y, no son
producto precisamente de un tiem­
po o de una época socializante; ha­
ce un siglo encontramos esta pecu­
liaridad en libros como “ Juan de
la Rosa” de Nataniel Aguirre, cu­
yo origen nace en la tierra misma,
y en una época de convulsión,
captados con el vigor de libros
rusos, como los de Puskhin o Gogol. Y sin exagerar, haciendo equi­
paración adecuada entre obra y
obra y entre tiempo y tiempo di­
ríase, hay 'más fuerza revolucio­
naria en la obra de Aguirre que
en “ La Madre” de Gorki.
En la actualidad, ha desapare­
cido casi la influencia de la no­
vela francesa, tan patente en obras
como “ El Hombre de H ierro” de
Fombona, libro de que se dijo era
el “ Madame Bovary” de Améri­
ca, para dar paso a la avasallado­
ra e indiscutible influencia de la
literatura rusa, cuyos surcos pal­
pables en nuestro continente, tam­
bién se imponen en Europa, don­
de el máximo novelista de la dé­
cada anterior, Franz Kafka, fué
como la estrella más cercana a la
gloria inmarcesible de Dostoievski.
A pesar de ello, la novela suda­
mericana se peculiariza por su
fuerza descriptiva, tanto en tipos
psicológicos y raciales como en la
descripción de su paisaje. En la
gran novela “ Doña Bárbara” de
Gallegos encontramos este hálito
definitivo de personalidad, así co­
mo un gran enfoque psicológico.
En “ Raza de Bronce” , “ La Vo­
rágine” de Arguedas y Rivera,
respectivamente, también hay ja­
lonamientos indiscutibles. Gallegos
el autor de. “ Canaima” puede ser
el novelista más representativo del
Continente.
En la actualidad Gogol, Puekhin, Korolenko, Tolstoi, Gorhi,
Bunin, Fedeiev, Kladkov, aunque
desordenadamente citados, gravi­
tan inevitablemente en nuestras le­
tras, su humanismo nos catequiza.
Para evidenciarlo baste citar obras
(Continúa en ta pág. 1¿.)

�cabalgata

14

EL RETORNO
Por MARIO PONTI
N O TA: Un inmerecido azar tipográfico me hace autor, en el N? 17
de CABALGATA, de “ El renegado” , relato de Mario Ponti cuya nota
final debía solamente llevar mi firma. Sigue aquí una vieja prosa _que
Ponti no hubiera publicado nunca, ya que data del período que él deno­
minaba “ helenístico” — y que conservo desde los tiempos en que frecuen­
tábamos la Facultad de Filosofía y Letras, hacia 1938. La publico, entre
otras razones — que la creo buena no es la menor de ellas— para dar más
peso a mis palabras y para cortar toda esperanza a las redacciones que
me abruman disputándose mi producción en mi “ dolce stil nuovo” . . . y
ajeno.
i
DANIEL DEVOTO
A Marina Biainquielle, née Rui2
Lagos.
Homero, que fué clérigo mara­
villoso, y cuerdo y sapiente, es­
cribió de la destrucción, del gran
sitio y de la ocasión por la que
Troya fué asolada, tanto que no
pudieron después habitarla. Pero
no dijo verdad en sus libros, no
hubiera podido hacerlo, porque
ya sabemos con certeza cabal que
nació más de cien años después
que se reunió el gran e jé r c ito .. .
Por el contrario, Pares, de quien
oiréis aquí, fué nacido y criado
en T r o y a .. .
Bénoit de Sainte-Maure, Le
román de Troie.
Menipo. Por lo menos, señála­
me a Helena, porque solo no po­
dría distinguirla.
Mercurio. Este cráneo es He­
lena.
Menipo. j Y por esto mil naves
zarparon de toda Grecia, tantos
griegos y tantos bárbaros caye­
ron, y arruinaron tantas ciudades!
Mercurio. ¡Oh, Menipo, tú no
la viste v iv a !. . .
El gallo. ¿Y cómo habría po­
dido Homero saber esas cosas,
él que entonces era camello en
Bactriana! Te digo que entonces
no hubo nada de sobrenatural. . .
ni Helena era tan bella como
se cree. Y o la he visto: era blan­
ca, tenía el cuello muy largo,
tanto que parecía hija de un cis­
ne, pero era madurita, y casi de
la edad de H écu b a.. .
Luciano, Diálogos de los muer­
tos, 18, y El sueño, o el gallo.

El ruido del combate llegaba ca­
da vez más fuerte. Estaba sola. Las
mujeres habían huido: las sirvien­
tas, a los barrios bajos, en busca
de los soldados; las esclavas, con lo
que habían podido alzar, quién sabe
hacia dónde. En la otra ala del pa­
lacio las mujeres lloraban rodeando
al viejo rey. Por suerte no se acor­
daban de ella, aunque nadie hubie­
ra podido decidir si era mejor aca­
bar a sus manos que ahora podían
dar sueltas a la envidia y los ren­
cores de tantos años, o esperar lo
mismo (por lo menos) de un marido
burlado y azuzado por un ejército.
“ Esperar, esperar” — pensó—
“ Esperar siempre” . Por los patios
entraba ya la aurora con el resplan­
dor de los incendios. La mujer fati­
gada se levantó y se miró en su
último espejo (las esclavas se ha­
bían llevado todos los otros, pero
éste era demasiado pesado). Se arre­
gló los cabellos, se miró el cuello casi
liso de hija del cisne, pensó en la es­
pada corta que podía herirlo, por de­
trás, donde comienzan los hombros,
o por delante, donde empieza a na-

Advertencia
En un artículo b a jo mi firm a
“ Rim baud: el ángel y el dem on io”
aparecido en C A B A L G A T A , he in­
cluido un párrafo que no me p er­
ten ece y cuya proceden cia he om i­
tid o sólo por una n egligencia de
m i parte. ” Su perm anente anhelo
de expresar el ser en toda su vi­
vencia y la concien cia de su lim i­
tación en el tiem po y en el espacio
producía en su sensibilidad un ch o­
que d oloroso p or gravitación del
cual v ivió siem pre en ardorosa v i­
gilia. Tres llamas tem pestuosas: la
rebeldía, la pasión y la angustia. El
sentido m oral, com o el sentido esté­
tico y el sentido religioso, sólo p u e­
de m anifestarse con autenticidad y
alcanzar fertilidad y plenitud en el
cam po sin lim itaciones de la lib er­
tad” .
C ú m plem e d ejar establecido que
lo s párrafos no son m íos sino del
escritor César Rosales, cu yo n om ­
b re sólo p or olv id o he d ejad o de
citar en el referid o artículo. R indo
de este m od o h om en aje a su autor,
tratando al m ism o tiem po de repa.
var una falencia.
P ablo R ojas Paz

cer el cuerpo desde la garganta. Su
piel todavía era blanca, de hija del
cisne, y casi tan tersa como antes.
¡ Cómo espiaban las otras las arru­
gas ligeras de los párpados, los cír­
culos que rodean el ojo, la boca y el
mentón vulnerables! ¡ Con qué bon­
dad fingida le aconsejaban leches
y ungüentos, o le reclamaban sus
secretas de belleza, los días en que
el calor o el viento o el amante le
fatigaban los miembros y la p ie l!
La mujer oyó los pasos, el ruido de
las armas, y se adelantó, con los
brazos caídos y las manos contra
los muslos: no las alzaría para de-

tener el golpe. El apartó las colga­
duras y entró violentamente, pero
se detuvo en los escalones que baja­
ban a la sala. ¿Pensó en su propia
entrada, tantos años atrás, a una
cámara donde la misma mujer lo
esperaba, a solas con él por la pri­
mera vez? ¿La vió hilando y tejien­
do, mandando a las esclavas, o sol­
tándose las ropas con el mismo gesto
cuya ausencia iniciaba todas las
ausencias en sus recuerdos? Ya no
sabía si había ido a castigar o a
perdonar, y se- oyó decirle:
— Helena: ¡ qué hermosa eres, He­
lena ! . . .
Y se acercó más. Ella no se movía.
Allí estaba el espejo, que decía la
verdad; y no decía lo mismo que
el hombrq: señalaba el paso del
tiempo, la obra de los días sobre
toda belleza. El le abrazaba las ro­
dillas, y siendo el ofendido, le pedía
el perdón. La mujer fatigada vió
entonces todo lo que vendría: ahora
él, después el ejército, desde la ciu­
dad hasta el mar, mañana los más
jóvenes; nunca la paz, siempre eso
entré el m undo'y su verdadero ros­
tro ya cansado. Y mientras el mari­
do celebraba dentro de sí su pudor
de mujer arrebatada del hogar a
traición, Helena de Troya, sola y
de pie, estaba llorando su propia
muerte que la sobreviviría, tantos
años.

Habla para C A B A L G A T A

Don Daniel Cosío Villegas
D RESID EN TE de la C on federación
*
Latinoam ericana de Cámaras del
L ib ro, director del F ondo de Cultura
E conóm ica de M éxico, D aniel C osío V i­
llegas n o necesita ser presentado. La
extraordinaria labor realizada p or él en
los últim os años — com o editor tanto
com o principal anim ador de los con ­
gresos celebrados en Chile y Buenos
Aires— , es am pliam ente conocida. Q ue­
dan com o testim onio de e llo las p o ­
nencias presentadas p or Cosío a esos
congresos p or un lado y el contenido
sustancial del catálogo de F on do de
Cultura E con óm ica de M éxico, una de
las prim eras e in discutibles editoriales
de Hispanoam érica.
La palabra de Cosío V illegas siem ­
pre es de sum o interés. Cualquier p r o ­
blem a que se relacion a con el lib ro es
en foca do p or este h om bre de excepción
con ju icio s y argum entos de real va­
lor. En sus repetidas visitas a Buenos
Aires, — que él, con agudeza, solicita
que ju stifiquem os con repetidos C on­
gresos del L ibro— , este v ia jero in fa­
tigable siem pre tiene algo que d ecir al
periodism o.
P o r e llo hem os recu rrid o a su p ro­
bada gentileza para que hablara a los
lectores de C A B A L G A T A de alguno de
los problem as relacion ados con el li­
bro. Concretam ente, nos interesaba sa­
ber la opinión de C osío V illegas sobre
la nueva ley de propiedad intelectual
m exicana, sobre el in tercam bio de li­
b ros con España y sobre la falta de
divisas existente en casi tod o el C on ti­
nente, problem as que tanto afectan al
norm al desarrollo de los editores ar­
gentinos.
Y don D aniel C osío V illegas nos r e ­
cibe en las oficin as de la sucursal de
F on do de Cultura con esta noticia, in­
esperada:
— L e presen to a usted a la nueva
directora de nuestra casa en Buenos
A ires, señorita D elia E cheverri — de
con ocida a c t u a c i ó n universitaria en
nuestro país— , la que ocupará el car­
go desem peñado tan acertadam ente du­
rante tres años p or el d octor A rnaldo
O rfila Reynal.

—¿?

— Y le presen to tam bién al nuevo
d irector de F on do de Cultura en M éxi­
co, doctor A rn aldo O rfila Reynal, quien
se trasladará en breve a la capital az­
teca para tom ar posesión de su nuevo
cargo. Y o, p or m i parte, nos aclara
C osío V illegas, seguiré en el C on sejo
D irectivo de nuestra Editorial.
— ¡Nuestra cordial felicita ción a to­
dos! — añadimos.
Y entram os ya en materia.
— ¿Q ué pu ede usted decirnos, señor
C osío Villegas, de la nueva ley de p r o ­
piedad intelectual m exicana?
— En lo que se refiere a ese tem a, al
de la propiedad intelectual en general,
la p rotección de los intereses del e d i­
tor latinoam ericano no pu ede ser lo
justa que todos deseam os a causa de
las distintas legislacion es que al res­
p ecto rigen en cada país. La nueva
le y de propiedad intelectual m exicana
es, sin duda, su perior a la preced en ­
te; pero persisten los prin cipales fa c ­
tores que afectan a ese problem a: v
únicam ente serán solucion ados cuando
jo s editores — com enzando p or los prin ­
cipales— nos convenzam os de que los
derech os de autor sólo son realm ente

nuestros cuando se ámparan en una
probada com pra de lo s m ism os y no en
legislaciones. A sí lo convin im os en el
C on greso de Chile. D esgraciadam ente,
persisten, y persistirán, los casos de
piratería editorial; que, no lo olv ide­
m os, se am para siem pre en leyes v i­
gentes en los países don de se produce;
leyes en su m ayoría anticuadas y p r o ­
m ulgadas en m om entos en que se ten ­
día, realm ente, a in corporar a los pa.
trim onios nacionales obras de interés
general. L os intentos de acuerdo u ni­
versal al respecto (C on ven ción de W áshington, 1946), no han contado con la
adhesión debida de todos los países
afectados p or ese problem a.
— L u ego, la única so lu c ió n . . .
— La única solución, por ahora, con ­
siste en que los grandes editores de
L atinoam érica sean los prim eros en dar
el ejem p lo y en recon ocer lealm ente lo
d ich o más arriba: S ólo existe una au­
téntica e in discu tible posesión de de­
rech os de determ inado lib ro y autor

Daniel Cosío Villegas
cuando se basa en contratos legales y
probatorios, no en leyes que, al fa v o ­
recer a los editores de un país, p e r ju ­
dican a los de otros que han adquiri­
do dichos derech os no sólo con ante
rioridad, sino pagándolos com o es justo.
— Y en lo que se refiere al intercam ­
b io de lib ros con España, ¿cu ál es su
opin ión ?
— Persisten los problem as tantas v e ­
ces repetidos: gran desequ ilibrio entre
im portación y exportación a favor de
España, bloqu eo de fon d os y censura
previa para todos los textos que envia­
m os a la Península. P or su innegable
im portancia com o m ercado consum idor,
los editores de H ispanoam érica n ece­
sitam os del m ercado español; nuestro
acceso a él debe producirse, pues, sin
traba alguna, tal com o los editores es­
pañoles lo tienen en toda A m érica. Los
intentos de solución hasta hoy reali­
zados no han dado resultado práctico.
Y ya va siendo, hora de que lo den.
Cabe esperarlo, tal vez, de las gestio­
nes que actualm ente realiza en Espa.
ña don Julián U rgoiti, quien lleva la
representación de la C on federación La­
tinoam ericana de Cámaras del L ibro.
A sí lo m erecem os los editores de este
Continente.
— El problem a de la crecien te falta
de divisas en m uchos países de A m éri­
ca, ¿cree usted que tiene solución p ró­
xim a?

t u

q u í

C o u sv sU

u u

X om ka Educado
Por O. C. CARMICHAEL
Presidente de la Fundación Carnegie para
el Mejoramiento &lt;le la Enseñanza y primer
canciller de la Universidad Vanderbilt.

educación es la actividad que

ocupa a mayor número de seres
I
humanos en todo el mundo y se ha­
a

lla en un estado de expansión ja ­
más visto. En los Estados Unidos
ocupa la atención completa de un
cuarto de la población en forma
continua. Mientras que el total de
los trabajadores alcanza escasamen­
te a 60 millones, la educación sola
abarca más de 30 millones entre
maestros y alumnos. En tanto que
antes sólo estudiaban los jóvenes,
ahora son adultos los que llenan las
aulas en busca de una mayor pre­
paración. Tal ocurre debido a nues­
tra irresistible fe en eso que llama­
mos “ educación” .
Pero con toda nuestra fe y con
todo el énfasis que ponemos en ella,
no hay dos personas contestes en de­
terminar qué es, para qué es, o có­
mo se adquiere la educación. Quizá
nuestro entendimiento se aclare si
pensamos concretamente, en lugar
de hacerlo en forma abstracta; si
nos dedicamos a bosquejar “ un
hombre educado” en vez de tratar
de definir la educación. Si esto no
ilumina todos los rincones oscuros
de nuestro misterio, debe, por lo me­
nos, develar algo en ese sentido.
El primer requisito del “ hombre
educado” es la adaptación, llamada
también orientación o ajuste a su
mundo. Los instrumentos de estu­
dio, la lectura, escritura, aritméti­
ca; la habilidad para expresar ideas,
el conocimiento del mundo y de sí
mismo, la destreza en la realización
de tareas, todo contribuye a su
adaptación. Ellos son los elementos
esenciales de su equipo. Empero el
“ hombre educado” es algo más que
un “ hombre adaptado” . No puede
constituir meramente una rueda
bien terminada en la maquinaria
social, política y económica de su
sociedad. Debe representar la inte­
ligencia que define los propósitos de
la sociedad, la razón que regula sus
movimientos y la aspiración que
proporciona la potencia conductora
del progreso social. En otras pala­
bras, debe ser no solamente adapta­
do a su universo, con todo lo que
ello implica; sino también inteligen­
te, razonable y ambicioso para el
bien común, v sensible a los valores
ya sean espirituales o sociales. Estas
consideraciones generales trazan a
grandes rasgos el perfil del “ hom­
bre educado” . Si se quiere que el
retrato sea completo y convincente,
ellas deben ser analizadas y amplia­
das.
El saber leer, escribir y calcular
no es más que la llave que da acceso
al tesoro del conocimiento, y consti­
tuye, por consiguiente, el primer
paso en el proceso de educación. Con
esta herramienta el hombre puede
comenzar a conocerse a sí mismo, a
su mundo, a su fisiología e higiene,
a sus necesidades y a- su capacidad;
los aspectos sociales, políticos, eco­
nómicos, históricos y filosóficos de
su sociedad; y los rasgos físicos, bio­
lógicas y astronómicos del mundo
natural. El conocimiento de sí mis­
mo, de los congéneres y del mundo
de la naturaleza es lo esencial en la

— No. El problem a es m uy com p lejo;
y afecta a los editores porqu e hasta
ahora se ha vivido, prin cipalm ente, de
los m ercados exteriores. H oy H ispano­
am érica su fre más necesidades que
nunca. Existen graves problem as e c o ­
nóm ico-sociales, que en unos países
presentan aspectos distintos de otros.
El esfuerzo que realizan algunas r e ­
pú blicas para salvar su econ om ía es
extraordin ario y adm irable. P ero sólo
es posible p rever solucion es a m uy lar­
go plazo.
— El Plan M arshall, ¿sería un r e ­
m ed io?
— Sería una solución tem poral, a pla­
zo fijo , para algunos países. Para otros
el problem a no es de créditos, sino do
profu n da tran sform ación en la ex p lo­
tación de las riquezas, en los m edios
de vida, en m il problem as graves que

adaptación a das complejidades de
la vida. De tal modo, constituye el
fundamento de la educación, el pri­
mer requisito de un “ hombre edu­
cado” .
Pero uno no debe ser “ adaptado”
para cierto momento, debe asimismo
ser “ adaptable” , ya que todo a 1
nuestro alrededor cambia. El “ hom­
bre educado” debe no sólo poseer
realidades si desea conocer lo que le
rodea; debe ser capaz de deducir
nuevos hechos a medida que su me­
dio ambiente varía. Esto requiere
inteligencia, razonamiento e inicia
tiva. Estas facultades solas hacen
posible el ajuste del hombre al cam­
biante panorama de la vida.
Se sabe ciertamente que la escue­
la y los años de colegio no propor­
cionan suficiente tiempo para ad­
quirir todo el conocimiento necesa­
rio para un completo ajuste. Más
aún, los descubrimientos científicos
van develando constantemente he­
chos ignorados hasta ahora. Las
fronteras de la erudición se en­
cuentran en fu g a permanente.
Quien sepa todo lo que puede saber­
se hoy será un ignorante de todo lo
que se descubra mañana, a menos
que continúe la búsqueda de la sa­
biduría, La curiosidad intelectual,
que mueve a uno a profundizar los
conocimientos en busca de más y
más conocimientos, es su ingrediente
necesario para el hombre completa­
mente adaptado.
Aquellos que adquieren el gusto
por la erudición durante los años
de estudios o que después continúan
al día en esta' materia, solamente
aquellos pueden ser llamados “ edu­
cados” . La flexibilidad mental, na­
cida de la continua búsqueda de la
sabiduría, es el signo del completa­
mente educado. Pero correr tras los
conocimientos no es sr¡ficiente; ello
debe complementarse con una per­
manente actividad en pos de los
principios básicos por los cuales vi­
ve el hombre — principios sobre los
cuales están basadas las acciones in­
dividuales, principios de conviven­
cia democrática— . La adquisición
de principios, filosofía de 1a. vida, es
más importante que el acopio de
materialidades. Estas se evaporan,
mientras que los principios quedan.
Los fundamentos básicos, estéticos,
intelectuales, morales y espirituales,
forman la base del juicio y de la
discriminación y proveen de un sen­
tido de estimación sin el cual no se
puede estar bien orientado. Ellos
sirven como ana. guía para el aná­
lisis de declaraciones, de otros prin­
cipios de conducta, de personas y
de acciones. Son básicos para el ca­
rácter, talante, poder e influencia.
Permiten al hombre distinguir en­
tre la pobreza y la grandeza de al­
ma. Son los elementos indispensa­
bles para la efectiva personalidad.
Mas el conocimiento de factores y
principios, la inteligencia y el ra­
zonamiento, y creciente uso de estas
tres facultades, no completan el re­
trato del “ hombre educado” , va que
el hombre no vive sólo del intelecto,
como no lo hace sólo de pan. Es un
ente social, puesto que habita entre

afectan de raíz
adentro.

la

vida

de

Am érica

— A nte esa realidad, y para no r o ­
ba rle a usted más tiem po ¿cu ál debe
ser la m isión del editor en la hora
presen te?
-i
— El editor debe seguir editando, cla ­
r o está, si piensa subsistir. D ebe cuidar
m u cho más sus edicion es; lo cual no
q u iere d ecir que por m ejores se vendan
más, naturalm ente. N o estará demás
que se p reocu p e de lanzar ediciones al
alcance de tod os lo s bolsillos — y que
conste que n o ig n oro lo disparatado de
los p recios de costo del libro— . Y no
olv id e u sted de record a r que, um ver­
salm ente, el o fic io de editor sólo da
satisfacciones m uy alejadas de las es­
trictam ente com erciales.
F. A.

�ca b a lg a ta
hombres; de aquí que el .entendi­
miento social es necesario para su
adaptación. El patán, el individuo
antisocial, el desconsiderado y el
intolerante pertenecen a esa gran
hueste de ignorantes que retardan
el progreso de la raza. Aunque el
censo no agrupe a los socialmente
ignorantes juntos con los otros, su
presencia en la sociedad es, no obs­
tante, real, y su bloqueo del pro­
greso no es menos serio que el de
sus colegas que no saben leer ni es­
cribir. Ser socialmente culto signi­
fica, en primer término, estar adap­
tado a la sociedad, la habilidad de
vivir en armonía con todos los hom­
bres de buena voluntad, cualquiera
sea la raza, el credo o el color. Sig­
nifica, además, el conocimiento de
las fuerzas que actúan en la sociedad
—económicas, sociales, políticas y
religiosas— y una actitud que le
permite vivir y trabajar efectiva­
mente con ellas. Significa creen­
cias, propósitos y convicciones cons­
tructivas. Finalmente, significa, no
sólo mentalidad social, sino un sen­
tido de responsabilidad social. Es
inconcebible que el hombre adecua­
damente ‘ ‘ educado ’ ’ pueda mostrar­
se indiferente a los problemas de su
comunidad o de su sociedad. La lealdad y la fidelidad, consideración e
interés social, y los principios por
los cuales ordena su vida son cua­
lidades esenciales en el “ hombre edueado” .
Para el completamente educado
no puede pasar ignorado uno de los
más profundos instintos de la hu­
manidad, más antiguo que el cien­
tífico y más universal. En esta era
mater’alista se tiende a olvidar que
la ciencia y la educación nacieron
de la marcha a tientas del hombre
tras lo desconocido; que la búsque­
da de la sabiduría no comenzó sinc
cuando el hombre reconoció que ha­
bía en el universo fuerzas que no
podía dominar. Humillado por ese
reconocimiento, comenzó a buscar el
entendimiento por medio de la re­
ligión y de la ciencia.
Oliver Wendell Ifolmes dijo una
vez que los hombres pueden dividir­
se naturalmente en tres clases, a
saber: hombres de un piso, hombres
de dos pisos y hombres de tres pisos
con claraboyas. ‘ ‘ Los que reúnen
hechos, sin intereses más allá de sus
cosas, son los de un piso. Los de dos
pisos son aquellos que razonan, cal­
culan, extraen conclusiones, usando
las cosas de los de un piso como
propias. L o syde tres pisos con cla­
raboyas — consignó—
imaginan,
predicen, tienen sueños, su mejor
iluminación proviene de lo alto a
través de la claraboya” . Los verda­
deramente educados, entonces, de
acuerdo con Mr. Ilolmes, son los
hombres de tres pisos con claraboya,
cuya imaginación es avivada y su
visión aclarada por los rayos invisi­
bles de la Verdad Universal que les
llega desde arriba “ a través de la
claraboya” .
¿ Que más se necesita para contes­
tar la interrogante: “ ¿ En que con­
siste un hombre educado?” ¿Quizá
solamente reunir los hiles de nuestro
argumento y tejer con ellos un mo­
delo en miniatura de un “ hombre
educado” . En primer lugar, debe
ser un hombre de estudio. El cono­
cimiento de sí mismo, de su sociedad
y del mundo de la naturaleza, que
lo hace sentirse cómodo en su medio
ambiente, es el primer elemento de
su equipo. La habilidad en el arte
de la comunicación, que le permite
expresar sus pensamientos, es el se­
gundo requisito. La expresión justa
indica un alto grado de discrimina­
ción en el uso de las palabras, que
es posible solamente cuando el pro­
ceso de pensamiento está aguzado
y refinado. La percepción es tam­
bién necesaria. La imaginación pa­
ra tratar relaciones, la inteligencia
para entender su significado y la
vperspicacia para descubrir nuevos
conocimientos son lo que caracteriza
a un hombre educado. Cuando estas
cualidades están completadas con
una insaciable curiosidad, la pintu­
ra del “ hombre intelectual” está
completa. Pero es sólo una parte del
asunto.
Si los intereses intelectuales cons­
tituyen la meta inmediata de una
educación efectiva, los intereses so­

E l, sentido de la muerte , por José Ferrater Mora. Editorial Sudameri­

cana, Buenos Aires. 1947. Rústica. $ 7.50 m/arg.
os modernos poetas y literatos, en una íntima angustia provocada quizá
por la realidad del mundo en que les ha tocado vivir, sienten la A s­
piración del destino final, de la anulación del ser humano en la muerte.
Pero sólo pasajeramente intentan penetrar su sentido. Esta tarea está
reservada a los filósofos. En realidad, todo filósofo ha sentido su aguijón
como problema; a veces lo han soslayado, otras lo han enfrentado con
mayor o menor franqueza. Sin embargo,, hay momentos en que se impone
la necesidad de que un recio pensador reconsidere el problema, asimile
logros anteriores, los someta a un fino análisis y nos dé un pensamiento
maduro. Ferrater Mora, entre los pensadores de habla hispana, aspira
a desentrañar, teniendo en cuenta no sólo las reflexiones de los filósofos
sino también las conquistas de los científicos, el sentido de la muerte.
En seguida el lector adivina, no al recolector de ideas hilvanadas
con acierto, sino al hombre de pensamiento propio dispuesto a extraer
el íntimo significado de lo que puede indicar el desaparecer de este mundo.
La exposición es sistemática, en un proceso que facilita la comprensión;
la muerte en la naturaleza inorgánica, en la orgánica y, postreramente,
en el hombre. Ascenso necesario, para que podamos darnos cuenta, en
esta especie de anulamiento que es la muerte, lo que indica para el ser
racional y consciente. Si mal no recordamos, un crítico severo le impu­
taba a Ferrater Mora como un defecto una demora excesiva en lo orgánico
y, especialmente, en lo inorgánico. Pero si el concepto de vida, genérica­
mente, es unitario, lo es también el de muerte; y no logramos ver la
exquisitez específica del vivir en el ser racional, si antes no percibimos
sus latidos en los seres considerados inferiores* Algo análogo acontece
con la muerte. Vida y muerte en este libro se reencuentran, pues son con­
ceptas que se presuponen, lo que quizá podría expresarse en esta forma,
una ontología de lo real y una ontología de la muerte podrán ser, en
cierto modo, una y la misma cosa” (p. 63). Llegamos a un pensamiento,
del que está saturado todo el libro, que la muerte no sólo es uno de los
problemas fundamentales de la filosofía, sino acaso el problema capital.
1 ara adoptar esta posición no hace falta declararse existencialista; in­
cluso el vitahsta y el mas decidido optimista tropiezan, quieran o no,
con la muerte como problema. Ferrater Mora nos desarrolla, al buscar
el sentido de la muerte, toda una ontología. No se- trata de explicar el
hecho, evidente, sino el sentido; y éste no se logra, sino en el conocimiento
del ser. Cómo nos dice él mismo cobra verdadero significado una analogía
mortis, yuxtapuesta a la de analogía entis. (p. 70).
En lo orgánico el vocablo muerte adquiere pleno sentido, especial­
mente en el hombre. Es el capítulo dedicado a la muerte humana, nu­
trido, jugoso, el centro del libro. Se desentraña su sentido, alrededor
de lo qué es y significa la “ persona” . “ Por este motivo hemos dicho
que existe un proceso de individualización del humano morir qué alcanza
su culminación cuando la vida misma del individuo se superpone, hasta
coincidir, con la realidad de la persona. La muerte personal, y aun po­
dría decir absolutamente personal, es entonces la perfección misma del
morir y con ello la misma perfección de la vida” (p. 277). Los pro­
pósitos del libro pueden sintetizarse en esta conclusión, cuyo íntimo sig­
nificado sólo puede ver el que haya seguido sus razonamientos: “ El sen­
tido de la muerte sería, por lo tanto, éste: otorgar su humanidad a cada
hombre y, enunciado de un modo más general, hacer que cada casa, por
el hecho de su limitación, cobrara una dimensión y, por lo tanto, la
realidad que le era propia” (p. 285).
El libro de Ferrater Mora está lleno de sugerencias filosóficas y
morales. El hombre, •que ha sido enfocado desde diversos puntos de vista,
aquí es observado, y con acierto, desde su cumbre o final: su humanidad
queda estructurada en la muerte. Que sepamos, el enfoque que realiza
Ferrater Mora del problema de la muerte hasta ahora no ha provocado
polémica; esperamos que así sea, para que ciertas afirmaciones se afirmen,
afinen o aclaren. El libro, precisamente por ser meritorio, es digno de
ser polemizado.
Luis Farré.

L

“ El

m ito , la

leyen da

y

el h o m b r e ”

.

por Félix Molina-Téllez. — Editado
por Claridad. 298 páginas. Cartonó.
$ 10 m|arg.
i-1 ONOCEDOR profundo del alma popular
^ argentina, a la cual ha sondeado a través
de muchos años de viajes y convivencia, Fé­
lix Molina-Téllez ofrece con este libro suyo
el mejor ejemplo para una da sus afirmacio­
nes: que el verdadero folklorista no es el que
entona las canciones o cultiva las leyendas
sino aquel que utilizando su cultura personal
ahonda en esas expresiones para descubrir
su origen, intuir su filosofía y definir los
rasgos psicológicos del pueblo que las creara.
De este modo,, “ El mitot la leyenda y el
hombre” no es una mera demostración lite­
raria sino que por la disciplina utilizada en
su desarrollo constituye una obra fundamental
para quienes deseen iniciarse en este terreno,

cíales le siguen de cerca. La toleran­
cia, la consideración y la conducta
social son las características destacables del hombre educado. La ac­
titud hacia la vida y el razonamien­
to claro representan el aspecto fi­
losófico y social esencial. Su flor
más fina es un sentido de responsa­
bilidad social básica para la aspi­
ración y el progreso humanos, y la
más alta expresión del “ hombre so­
cial” .
Estas son, entonces, las califica­
ciones que configuran al “ hombre
educado” : 1) erudición, inteligen­
cia, razonamiento, imaginación y el
don de la expresión propia; 2) con­
ciencia social y un sentido de res­
ponsabilidad social, y 3) humildad
en presencia de lo Desconocido. V
sobre todo, un profundo deseo no
solamente de descubrir nuevas cosas
sino de encontrar la verdad que
hace a los hombres realmente libres.
(Publicación
“ The American

autorizada

por

M ercury’ ’ , ex­

clusiva para la Argentina.)

pues no sólo explica el instrumental a em­
plearse en la investigación: también sistematiza los conocimientos y descubrimientos
realizados por el autor y traza un panorama
amplio de la tradición popular en el Norte
argentino, donde en su adolescencia 6U cu­
riosidad de incipiente investigador supo hallar
en la anécdota diaria los primeros elementos
para sus futuras deducciones.
El valor del trabajo de Molina-Téllez surge
a poco de iniciada la lectura, y resalta con
especial fuerza porque no obstante la moda­
lidad conservadora del alma popular, que no
olvida nunca las tradiciones, a medida que
pasa el tiempo y nuevos elementos se incor­
poran a la vida nacional, más se diluyen las
expresiones autóctonas haciendo penosa la ta­
rea del estudioso quien debe emplear toda su
sutileza para distinguir lo real de lo falso
o deformado.
Luego de un análisis rápido de las prin-

15
cipales culturas primitivas desarrolladas en
nuestro suelo, pasa a tratar con detenimiento
la evolución del mito en el pueblo, con citas
do casos recogidos en distintos lugares de
“ héroes” , “ santos” y “ familiares” , forjados
por la imaginación del hombre de mente pri­
mitiva, así como las prácticas de hechicería
de seres supuestamente dotados de poderes
sobrenaturales.
También la participación de animales y
vegetales en las expresiones populares mere­
cen el interés de Molina-Téllez, que vuelca
una abundante documentación sobre ese as­
pecto y contribuye con su aporte personal para
interpretarla. Igual tratamiento merecen en
capítulos aparte las coloridas fiestas del car­
naval norteño, con sus diferentes etapas y
modalidades lugareñas, y con mayor profun­
didad el problema do la divinidad en la civi­
lización chacosantiagueña.
“ El mito, la leyenda y el hombre” señala
un jalón en los estudios folklóricos efectuados
en el país porque contribuye a desenterrar las
raíces más profundas de la mentalidad po­
pular: las que corresponden al problema re­
ligioso, cuyas distintas actitudes y formas
permiten reconstruir el alma argentina pri­
mitiva. Esé es el punto de partida para cualquior empresa científica o literaria, porque
en él reside la esencia de la tradición popular
retransmitida hasta hoy. Molina-Téllez cons­
ciente de su responsabilidad, así lo ha en­
tendido.
\
«X. A. BRONENBERG ZUCCARELLI
“ V iaje

m u sical

al

p a ís

del p a sa d o ”

,

por Romain Rolland. — Editado por
Ricordi Americana. 203 páginas. Cartoné. $ 10 m|arg.
La apreciación de la música podría redu­
cirse exclusivamente a un ejercicio de los
sentidos, pero con ello sólo se cumpliría UJ13
de las finalidades de su creación y quizá la
menos elevada. Pero si, en cambio, nos si­
tuamos frente a la música como un producto
cultural, la nuestra será una actitud “ inteli­
gente ’ en el exacto significado del término
porque nos permitirá saborear ese algo que
está más allá de la mera audición y que es
el verdadero contenido de la expresión mu­
sical.
Una cantata, un cuarteto o una ópera no
son meras composiciones aisladas en el tiempo
ni han surgido en forma desordenada o an­
tojadiza. Cada una en sí — y todas las que
se conocen desde que el hombre utilizó el
más rudimentario de los instrumentos para
producir una nota— es producto de una
época y responde a las tendencias espiritua­
les y formales de ese momento.
Quiere decir esto que la historia debe ser
un complemento indispensable para el meló­
mano culto, pues le ayudará a interpretar el
mensaje contenido en las frases armónicas
do cualquier obra.
El “ Viaje musical al país del pasado" de
Romain Rolland llena ese cometido con efi­
cacia; proporciona, en efecto, abundantísimo
material de primera calidad para el mejor
conocimiento de un siglo musical por excelen­
cia : el XVIII, en que se opera la crisis que
habrá de originar la música “ moderna” .
Su retrato de Handel, cuya descripción
literaria refleja con exactitud el vigor espi­
ritual del sujeto; el de Metastasio, revolu­
cionario del drama musical, y el de Telcmann, introductor del estilo francés en la
música alemana, se destacan entre el resto
del material por el brillo de su estilo y la
cantidad de elementos de juicio que suminis­
tra a los devotos de esos maestros.
Junto a estas pinturas trazadas con mano
firmo de conocedor, Romain Rolland agrupa
otros dos artículos que ilustran con justez3
similar sobre el panorama musical en que
actuaron sus retratados y otras figuras tam­
bién importantes, con especial detenimiento
acerca del origen del estilo denominado “ clási­
co” en el siglo mencionado. Y como notas
pintorescas pero no desprovistas de valor, un
comentario sobre una novela cómica escrita
en el siglo XVII por el imisico alemán Kuhnau
para ridiculizar el ambiente musical de su
tiempo, y otro sobre la vida musical inglesa
bajo el reinado de Carlos II, abundante en
pinceladas de fino humorismo.
Sin duda alguna, esta reunión de artículos
de Romain Rolland servirá para robustecer la
cultura musical del aficionado inteligento.
Y nada mejor que utilizarla, como dilecta
compañía, en este viaje musical a una época
que obliga a procurarse un buen cicerone
para no perder detalle de sus estampas.
J. A. B.
vagabundo de l a s is l a s ” , por
Joseph Conrad. — Editado por Emecé.
330 páginas. Rústica. $ 5,75 m|arg.

“ Un

Quien lee un libro de aventuras de seguro
busca en él emociones que le distraigan de
sus pensamientos cotidianos o que exciten
su imaginación frenada por las circunstancias
que no le han permitido desarrollar su ideal
do andariego.
Pero quien tome en sus manos una obra
cualquiera de Joseph Conrad tendrá satisfac­
ciones a granel. Tal sucede con “ Un vaga­
bundo de las islas” . Dentro del especial esce­
nario que le presta el archipiélago malayo,
la acción de su novela gira en torno a un
europeo a quien el destino ha puesto como
un elemento más en el enredado juego de
pasiones, codicias y ambiciones mal reprimi­
das a que da lugar la riqueza de esa parte
del mundo.

LISANDRO
DE LA TORRE
por RAUL LARRA
T ercera ed ición de esta apasionan
te b iografía que trae textos co m .
plem entarios. El e jem p la r $ 6.—

E ditorial F U T U R O
JU JU Y 735

Y aquí volvemos a lo que decíamos antes.
La aventura, con todas sus victorias y reveses,
alcanza por momentos la cima de lo heroico
y también de lo patético; empero no se limita
únicamente a la acción sino que va más allá
y ahonda con prolijidad en el estudio psico­
lógico de cada personaje exhibiendo sus res­
pectivas reacciones.
Las arterías más infames de estos hombres
poseídos por la fiebre del dominio y el dinero
crean un clima que apasiona al lector y io
transporta al borde mismo de la lucha coavirtiéndole, sin desearlo expresamente, en un
inesperado actor. Pero la maestría de Con­
rad no se detiene en lo dinámico: hay en la
novela una extraordinaria pintura de mujer
que absorbe por igual la atención del lector
y llega a desviar su interés por la trama
para fijarlo en los episodios donde su figura
femenina se destaca por encima de todo en
su rara lucha por el amor de un hombre d#
raza distinta, lucha en que ambos mezclan
ios raptos de odio más hondo con las expresia
nes más puras y sublimes de ternura.
“ Un vagabundo de las islas” es un torbe­
llino de violentas pasiones en medio de una
atmósfera que enloquece a los individuos, del
cual surge la estampa de Aíssa, la muchacha
árabe, con contornos tales que muy bien
puede comparársela con alguna de las pro­
tagonistas del teatro clásico. Joseph Conrad
demuestra con ello ser algo más que un sim­
ple narrador de aventuras; el retrato de esta
mujer de fascinantes líneas espirituales bas­
taría para consagrarlo si no lo estuviese ya
con su estilo fuerte y su cautivante inspira­
ción.
J. A. B.

El Indigenismo. . .
( Viene de la pág. 13).

como “ Huaeipungo” de Icaza,
“ Cacao” de Jorge Amado, “ Los
Trabajadores” de Salvador, las
obras de Castelnouvo, Scalabrini
Ortiz, “ Los Siete Locos” de Ro­
berto A rlt, novela que fu é en el año
30, una de las revelaciones más
grandes de la literatura argenti­
na, demostrando así la verdadera
fuerza de la literatura americana.
E l atormentado Fapini, no tuvo
noticias al respecto, pero ello mis­
mo se explica. H ay quienes piensan
como Fapini, desde una torre de
marfil y no se detienen a efectuar
un pequeño análisis, antes de lan­
zar aventuradas declaraciones.
Circunscribiéndonos a Bolivia,
Perú y Ecuador, centro nuclear de
la literatura indigenista, aventura­
remos juicio. La nueva fisonomía
estética para estar asentada en
bases fundamentales debe nutrirse
invariablemente en los jugos ofre­
cidos por esta trilogía de nacio­
nes, cuyos escritores van demos­
trando su calidad en obras de re­
presentación racial y cultural de
su pueblo. Ello es muy promisorio
y halagüeño. De todas maneras, el
indigenismo, como novela y tema
sociológico está latente y ofrece
grandes perspectivas. E s la mo­
derna inquietud, que, se impondrá
en América y llegará a Europa
emergiendo del epicentro andino,
que ya ha demostrado en varios li­
bros, médida literaria, afán de sur­
gir y pasión creadora, totalmente
original y rica en perspectivas.
L a Paz, A bril 1948.

EL MENSAJE PLASTICO DE J. BATLLE PLANAS
( Viene de la pág. 9.)

la atmósfera del sueño. En otros
momentos nos presenta vibrantes
atmósferas doradas y cálidas que
nos hablan de la necesidad de vivir,
de superar la desesperanza en que
está sumido el hombre, o nos mues­
tra líneas torturadas que deshacen
rostros con la marca de terroríficas
angustias que parecen retroceder a
las pesadillas infantiles o a los terro­
res de razas primitivas. El color ad­
quiere una calidad emotiva extraor­
dinaria y con elementos simples, sin
estridencias, crea el clima emocio­
nal adecuado. El dibujo no es me­
nos dócil que el color al deseo de
expresión del artista y así se vuelve
rígido, directo, esquemático donde
domina la angustia, el terror, o la
melancolía y ondula hasta acabar en
la ternura de los arabescos o desa­
parecer en los juegos de luces de
los claroscuros cuando por el con­
trario las emociones cálidas y exaltadoras dominan el cuadro.
Finalmente una gran síntesis de
elementos polares abstractos y su-

rreales parece realizarse en el artis­
ta a raíz de la adopción de la téc­
nica de los puntos guías.- el pintor
busca solucionar el problema de su
soledad integrando en la figura hu­
mana los elementos de organización
cósmica, es decir fusionar en una
unidad los elementos automáticos
humano-intuitivos con los principios
de una matemática suprahumana de
validez universal. En esta aspira­
ción inconsciente el artista coincide
curiosamente con los grandes vi­
dentes del pasado y en especial Paracelso, para quien el hombre era
el microcosmos, imagen y repetición
del macrocosmos, idea esta que a
través de Goethe, ha constituido el
fundamento del humanismo moder­
no en el que todavía vivimos.
lie aquí en definitiva el mensaje
que nos envía «T. Batlle Planas, un
notable pintor contemporáneo, que
ha sabido buscar la fuente de ins­
piración en sí mismo y del cual to­
davía esperamos otros mensajes
plásticos, otras ^estupendas revela­
ciones de ese mundo de lo maravi­
lloso en el cual es explorador.

T. A . 45-7110

Hágase Corresponsal
en su localidad
(le la

LIBRERIA POSTAL

V E N D IE N D O L IB R O S
DE A U T O R A R G E N T IN O
Y L IB R O S DE E D IC IO N
A R G E N T IN A
S e ocupará en una la bor
n otab lem en te lu crativa

y expandirá ios más
altos valores de la cultura
y el saber humano
Escriba ofreciéndose
y solicite informes a

Librería Postal MERCURIUS
P erú 973

B u en os A ire s

�:ahaÍgaía

16

D

F. Kierkegaard son estas pala­
bras: “ La verdad radica en la
subjetividad, en la existencia del
hombre’’. He aquí prefigurada la
expresión de Ramón Gómez Cornet.
La aventura contemporánea de la
forma y del color, en sus infinitos
avatares, integran la conciencia de
este argentino, a quien, al cabo, lo
que sobremanera le importa es su
visión personal e íntima de las cria­
turas que pinta. El gran combate
entre la estética de la forma y la
estética de la esencia, se decide en
él hacia un rigor que le conduce
del objeto de su pintura al sujeto
de su devoción entrañable.
Formado en años de hervor plás­
tico, no le fueron ajenas las expe­
riencias cubistas, futuristas y “fauves” , hasta que de regreso a su tie­
rra y sentidor del drama de sus
criaturas, se repliega en un hacer
expresivo que lo comprende y lo
trasciende. Gómez Cornet es quizá
el único artista de la Argentina que
resiste un discurrir a propósito de
una expresión con raíces en la tie­
rra nacional.
¿Hasta cuándo se habrá de re­
petir la frase, en un momento ál­
gida, de Maurice Denis: “ El cua­
dro, antes de ser una mujer o un
caballo de batalla, es una superfi­
cie plana recubierta de colores re­
unidos ordenadamente” ? Con este
pensamiento desembocamos en un
deccrativismo peligroso del que ur­
ge salir y al cual por cierto le son
extrañas las auténticas virtudes que
dan vida a una obra de arte, esa
facultad de sentir con hondura y
comunicarse con intensidad dentro
de un orden del espíritu.
¿Cómo se alcanza la verdad en
una existencia humana? ¿De qué
modo al ser fiel a sí mismo se res­
ponde al propio sentimiento pro­
fundo, a esa relación en aue uno
es parte de la tierra de un país e
in te g r a el universo se n sib le de
nuestras realidades y al par de
nuestros sueños?
Toda verdad mora en nuestra in­
timidad, y es a esa fuerza que de­
bemos acudir. Hablamos de hechos
imponderables que se agitan en
nuestro interior y se expresan por
conducto de un afinado sentimien­
to que toma de la materia su parte
ideal, su fundamento esclarecedor.
Ya es el volumen que guía a Gómez
Cornet en su primera etapa, o la
línea en su funcionalidad, pero es­
ta creativa lucidez de nada serviría
si el artista no entrara en un orbe
en el que la calidad y la pureza se
alian. Una sensibilidad hecha de
observación y mesura, de sobriedad
y contención, le hacen hallar el hu­
mano espíritu que vive en la pe­
numbra de la existencia: un tono
melancólico, una angustia macera­
da, o la ternura que no ostenta
otras virtudes que su desnudez.
Baste ver las figuras que Gómez
Cornet ha pintado para poder apre­
ciar hasta qué punto se identifican
con su figura física, con su propio
y humano linaje. El es como un
viejo tronco santiagueño, remozado
ahora en obras que datan de los
últimos años.
Analizada su obra a ctu a l1, surge
una coherente dignidad recorrida
por idéntica emoción que invade y
señorea en sus óleos, monocopias y
dibujos. Se trata de la unidad que
lo acerca a realidades que el pintor
siente y transfigura: retratos anó­
nimos o cabezas infantiles a cuyas
fisonomías concede a veces la cla­
ridad de un nombre: “ Muchacho” ,
“ Pocho” , “ T e r e s a ” , “ Mercedes” ,
“Niña” , “ Perfil” , "Cabeza” , "Niña
sentada” . De ese bucear en la tris­
te humanidad de esas criaturas, Gó­
mez Cornet aporta un mensaje que
se nos ofrece amorosamente some­
tido al control del artista. Su pin­
tura es estática, tiende a una se­
renidad sostenida por un arduo o fi­
cio que la vuelve expresiva adhe­
sión a las cosas reales, ajustadas
armonías que se manifiestan en la
transición de los tonos, superando
el puro juego — signo moderno—
de los claroscuros. Aquí, es la vi­
bración del dibujo y su justeza pic­
tórica, o el candor reflexivo, un
rostro, unos ojos penetrantes, un
perfil, unas presencias que cauti­
van en su natural delicadeza y de
las cuales fluye un remansado tor­
mento. Su materia cromática se de­

\

“ Niña” , “Maternidad” , “ Madre” ,
“ Desnudo” , “ Vecinas” o “ Chola” ,—
conducta de creador que ha elabo­
rado estas sinceras presencias que
se convierten en ricas existencias.
Estas obras de plasticidad o fuerza
táctil se hacen evidentes en soste­
nidas variaciones por la calidad.
Cada monocopia es una experien­
cia en donde la materia se torna
hallazgo sensible, cabal compren­
sión por dentro de una humanidad
que se define como substancia poé­
tica. Y en esta voluntad vemos cómo
el artista diversifica su quehacer

fine a sí misma, sin recurrir a con­
tornos, por el instrumento de un
hacer modulado, leal, honradamen­
te, sin preciosismos, siempre equi­
librado en superficies que buscan la
tercera dimensión mediante una
perspectiva que poco pide al ojo
físico y se atiene al concebir psí­
quico, soltándose, por sobre los va­
lores, hasta entonar el inédito can­
to de un sentimiento moral, sínte­
sis de la existencial subjetividad
aludida al comienzo.
Y es en estos años que Gómez Cor­
net, artista sensibilísimo, después

A PROPOSITO DE

R

amón

G óm ez C o r n et
Por

ROMUALDO

R a m ó n G ó m e z C o rnet .

de hallar para sus dibujos una lí­
nea plástica rigurosa y finísima,
habría de recalar en el acierto que
fundamenta la vida artística de sus
estampas o monocopias. Dijimos en
otra circunstancia que un gran ar­
te es ante todo y después de todo
regional: en el grado que penetra
en la tierra de una región alcanza
categoría de universalidad2. Cuan­
do el poeta Cardoza y Aragón se
refiere al arte de México y dice
de él que no debe buscarse en mo­
tivos épicos y grandilocuentes y sí
en un “tono íntimo, mesurado,
grande de la sobriedad, rico en ma­
tices, en pasión contenida” , y que
“ su gusto prefiere los tonos seve­
ros, oscuros y graves. Su sencillez
admira y busca las formas sobrias,
delicadas y desnudas” , parece estar
definiendo el arte de nuestro ar­
tista. Y nada tiene que ver en este
aspecto el color local — en cuya
exactitud veía Van Gogh una mez­
quina precisión— ; estamos en un
plano que supera las sensaciones,
las líneas, las masas, los colores;
entramos subterráneamente en una
zona de nuestro ser desconocido o
recién redescubierto.
Nos enfrentamos de este modo
con las monocopias en negro y en
color de Gómez Cornet. Las prime­
ras emergen después que el pintor
ha dispuesto la capa de color sobre
la cual trabaja, obteniendo de la
oscuridad — con sutiles toques —
nueva vida por la luz. En las se­
gundas el color es expuesto direc­
tamente pintando o, sobre una base
de sepia, viene a iluminarse la fi­
gura o composición de raras trans­
parencias. En estas recientes obras,
Gómez Cornet marca una buida eta­
pa de artista — como puede aquila­
tarse en “ La tinaja” , “ Rosa y azul” ,

BRUGHETTl

Chola. Monocopia. 1944.
formal. Si en los óleos mantiene,
necesariamente, la nobleza de la se­
renidad de sus figuras, las monoco­
pias participan de un vibracionismo que se aparta de efectos y ex­
terioridades para v o lv e r s e p u ro
ejercicio de intimidad y confesión
existencial. Así, esas calidades ex­
tremas precisan y amplifican la
voz de un artista tocado por una
genuina vivencia.
Sí, razón cabe al danés Kierke­
gaard al sostener que “ la verdad
radica en la subjetividad, en la
existencia del hombre” , o en esa
ineludible adquisición de la exis­
tencia verdadera cu a n d o ex iste
“ cierta relación con un ser” , según
aclara en horas recientes Guiller­
mo de Torre. Ese ser, en el artista
argentino, lo constituye su tierra
de Santiago del Estero, Catamarca
o La Rioja y, hoy, años vividos en
Mendoza de los que trae una luz
que invoca acentos cálidos, nuevo
testimonio que orna el rostro del
país, alquitarada ternura hacia f i ­
guras de niños y niñas de su origi­
nal dedicación que hallan el matiz
diferencial representativo de un su­
frido existir y la estructura a un
tiempo sobria y apasionada, ope­
rante en una proyección sentimen­
tal plástico-pictórica, que bien po­
dría definirse como aristocracia de
lo popular. Pero ¡nada de m orfo­
logías folkloristas o pintorescas!
Una tierra íntima en el dramatis­
m o sin desplantes de sus criaturas
elabora la razón estética que nos
hace vislumbrar un arte de incon­
fundible mirar.
1. Exposición auspiciada por la Asocia­
ción Amigos del Libro, Salón K raft.
2. Ver mi monografía: Ramón Gómez Cor­
net, Biblioteca Argentina de Arte. Edi­
torial Poseidon, 1945.

El Indigenismo
y la novela en América
P or

HUGO

BL Y M

arriba. Así, el paisaje circundante
apenas ha sido captado epidérmi­
camente, par dar paso a la imagi­
la novela de fondo universalista
sin sabor local o continental — re­ nación y al romanticismo.
Y en realidad, el indio como
calcamos— - Pero la novela indige­
sujeto noveladle, es el mejor pro­
nista apenas cuenta con reducido
número de simpatizantes. Eviden­ tagonista que pueda ofrecerse en
temente, hay marcada resistencia una obra americana, Su persona­
a esta tendencia quizá por su com­ lidad es tan grande y definitiva
plicada accesibilidad espiritual a que, cuatro siglos de sojuzgamiento no cambiaron su rudo tempe
los extraños y porque se presiente
será algún día el filón mas i ico ramento, ni tampoco entreabrieron
a los occidentales su m undo inter­
en sugerencias y sugestiones in­
no o verdadera personalidad,
novadoras en las viejas escuelas
occidentales, por el momento ex­
Arguedas, no obstante sus “ nehaustas en jugos creativos. Esta es
g adores” consiguió percibir alyo
la razón más valedera para quie­ en este escenario ‘‘ bolla” . Su li­
nes vaticinamos la corriente indi­ bro “ Raza de B r o n c e a s í lo de­
genista.
muestra, pero el tiempo por una
El criollo, indio y su paisaje cir­ parte y la consigna dirigida de
cundante, como motivos pictóricos
hundirlo en el fracaso por otra
o literarios, están cuasi intocados.
enmarañaron un ticmjm, tan emo
Ningún pintor, — ni el mismo Pantivo intento. De todas maneras, su
tigoso, tan acertado en sus retra­
insurgencia está latente y es por
tos bollas—- podría presumir de
el momento el aliciente más gran
haber plasmado perfectamente al
de para 'quienes interpretan el
indio, tanto en lo objetivo, así co­
sentir autóctono y la corriente in­
mo en lo subjetivo. Tampoco no­
digenista. Una revisión consciente
velista alguno, incluyendo a Ciro
del pasado, en el aspecto literario
Alegría pudo captar el verdadero
hará con seguridad que escritores
“ pathos” del autóctono. Quien
jóvenes y sin odios personales, le­
haga su enfoque perfecto, deberá
vanten la antorcha del Maestro
ser un indígena con todas las ca­
para seguir esta tendencia tan ori
racterísticas raciales y psicológicas
ginal, patente en Ibáñez, Alegría,
con las que se distingue el hombre
Icaza y otros indigenistas que es­
del Andes.
capan a la memoria.
Esta no es una afirmación aprioPor lo general, se toma al indio
rística. De ninguna manera. No
en su aspecto denigrante; se espe­
obstante la tendencia natural que
cula con sus miserias morales c
tenemos algunos religiosos de esta
materiales, con más saña que ra­
emoción, hemos llegado a esta fi­
zón. Se tejen a su sombra, las his­
nalidad contundente: El Cosmos
torias más complejas de las que
andino requiere — diremos hablan­
seguramente reiría piadosamente
do f iguradamente— también lentes el indígena, si las conociera en su
andinos. Primero por su grandio­
absurda interpretación. Conservar
sidad y luego por el frío hieratis- dores por naturaleza, parecen ha­
mo do sus hombres, difíciles de
ber nutrido sus principios en las j
auscultar, sobre todo con ojos que
fuentes del pensamiento chino. No
se han abierto a la cultura y al
es exageración afirmar que si fue­
arte occidental, cual la tenemos
ra por ellos se amurallarían, entre
cuasi todos los hijos de la Colonia.
sus montañas, a fin de evitar ex­
Quienes pretendieron interpre­
trañas convivencias cual lo ponti­
tar su paisaje hasta la fecha, fra­ fica Mencio, el conservador más
casaron en el intento. Aparente­
grande de la filosofía asiática, con
mente la pampa carece de matices
quienes no solamente deben existir
pero los tiene en todas sus rugosi­
nexos materiales, sino espirituales.
dades. Es que, para su enfoque■se
No ha mucho leíamos “ Surumi”
requiere esa interpretación telúri­
una novela del poeta Jesús Lara,
ca, planteada por Keyserling. Es
en la que el escritor envuelve a
decir, sentir la tierra en la sangre
los aborígenes en la más sui-geney en el alma. Ya lo dijimos, será
ris de las tramas con que pu-eda
la condición indispensable para to­
obsequiarnos un literato imagina­
da obra americanista del futuro.
tivo. Habla de un autóctono quien
Hace tiempo, una pluma de en­ por méritos propios sigue algunos
jundia como la de Víctor Ibáñez,
cursos de primaria. Dice luego de
pretendió ser de las creadoras o
sus huchas cotidianas, con el medio
mejor dicho precursoras del indi­
feroz que desea aplastarlo. Da a
genismo, can un libro novelado
entender del abismo inf ranqueable,
“ Chachapuma” y otro inspirado
separando a indios de blancos. Pa­
también en la mitología indígena,
ra el caso pinta a la patrono del
en forma de cuentos intitulada
fundo,
como al demonio tortura­
“ Aukakallu” . E l entusiasmo del
dor
de
su existencia. Estos odios
autor hace entrever en ambos li­
son verídicos, pero lo raro es el
bros al indio, en contra a esa teo­
final inconcebible en que concluye.
ría que decanta su inferioridad ra­
cial. ^Empero, y a pesar de su bue­ Es decir, concibe un romance en­
tre el indio sojuzgado, conocedor
na voluntad los citados libros no
exacto de su desnivel racial y la
pasan de ser recopilaciones frías
de
su verdugo, que tiene aún más
de leyendas autóctonas, carentes de
seguridad
y orgullo de su condi­
ese sabor a tierra y esa emotivi­
ción social. Luego desconociendo
dad, tan peculiar en obras localis­
los resquemores y odios ancestra­
tas en las qué, incluso se patentiza
les peculiares en los indígenas, ha­
su gracia en los recovecos delicio­
ce que este romance concluya en
sos del estilo; tal puede saborearse
un matrimonio feliz y normal en­
en plumas como las de Ricardo
tre enemigos. El indígena, como el
Palma y Modesto Omiste, en sus
negro, gusta de la mujer blanca,
“ Tradiciones Peruanas” y “ Cró­
pero no precisamente para el ma­
nicas de Potosí” de tanta perso­
trimonio. No así la- mujer blanca,
nalidad y originalidad en la li­
quien
posee una natural e indis­
teratura de América.
cutible
repulsión al indio. Segura­
Es que, la obra de Ibáñez está
mente,
esta trama obedece a esa
trunca en su doble intención. Di­
influencia
de los “ film s” mexi­
remos: ella corresponde a un tiem­
po en que el romanticismo predo­ canos tan poco reales, cuyo epílo­
go clásico siempre es el matrimo­
minante daba preferencia a libros
nio del peón con la patrono, o
sentimentales tipo “ María” de
Jorge Isaac, donde el romance pri­ viceversa, muy natural quiza en
México, pero alejado de la reali­
ma al color y las sensaciones fo ­
dad en nuestra tierra.
ráneas. El autor de “ Chachapu­
A pesar de las buenas figuras
ma” deriva hacia esta fuente sen
y
escenas de patetismo con que
timcntal respondiendo seguramen­
te a la influencia anotada líneas
(Continúa en la pág. 13•)
novela en America tiene in­
ZAnumerables
cultores. Es decir,

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="20">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1539">
                  <text>Cabalgata</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1540">
                  <text>1946 - 1948</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1541">
                  <text>Derecho público</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="44">
              <name>Language</name>
              <description>A language of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1542">
                  <text>Español</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2138">
                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1950">
                <text>Cabalgata</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1951">
                <text>Año 3, no. 20</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1952">
                <text>Buenos Aires, junio 1948</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1953">
                <text>Derecho público</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1954">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2093">
                <text>Arciniegas, Rosa&#13;
Copland, Aaron&#13;
Este, Adolfo&#13;
Bachmann, Hellmuth N.&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Canaz, Luciano&#13;
Bayl, Friedrich&#13;
Rojas Paz, Pablo&#13;
Girri, Alberto&#13;
Este, Adolfo&#13;
Bajarlía, Juan Jacobo&#13;
Torres, Juaquín&#13;
Merino Reyes, Luis&#13;
Ponti, Mario&#13;
Carmichael, O. C.&#13;
Cosío Villegas, Daniel&#13;
Farré, Luis&#13;
Brughetti, Romualdo</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
  <item itemId="234" public="1" featured="0">
    <fileContainer>
      <file fileId="561">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/b87a4f1d5c8b4aab80f8c834e48d4180.jpg</src>
        <authentication>7e1be0cc6eab7fa1af62d5b9c1225c8f</authentication>
      </file>
      <file fileId="562">
        <src>http://www.revistasdeartelatinoamericano.org/files/original/6450e9e5134f69235be875da5b190d48.pdf</src>
        <authentication>5ae4a386f74dc240f9874d535112e486</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="52">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="1955">
                    <text>número

£ D A C C I O N Y A D M IN IS T R A C IO N :

Año III
.1 u 1 ¡ o

erú 073 - Buenos Aíres - Teléf. 34-2384

6 )1
Jmá 1

104»
2°- Epoca

Precio del número: $ 1. moneda argentina
Suscripción anual: $ 10. moneda argentina

El I (HUI M GROUP,

La
C A D U C i DA D

lie NUEVA YORK

del

Por JIJAIS CARLOS PAZ
El hombre noble desea crear
algo nuevo, a la vez que una nue­
ra virtud. El hombre bueno desea
simplemente lo establecido, y que
lo establecido se perpetúe.
N ie t z s c h e .

os más definidos de toda la dilaJ tada serie de compositores cine
'(instituyen el aporte más reciente,
a la creación musical estadounidene, aparecen prácticamente libera­
os, si por liberación Entendemos,
¡o solamente el aspecto puramente
estético o las tentativas de superaión en base a un nuevo criterio —o
ogma— en la organización estricta­
mente técnica del sonido; sino que
«a liberación puede entenderse, de
hecho y no por meras actitudes es­
trepitosas e iconoclastas, como un
cambio-de frente que origina, auto­
máticamente, el rechazo de cuantos
¡omentos espirituales y sus conse­
ntidas estéticas y técnicas señala
on el desarrollo de io que generai.iente se entiende como música estalounidense. Eso, en cuanto a que
man parte de esa música suponga el
riunfo de lo físico y de lo transito­
rio, limitando su acción esencial a
tna lucha por la conquista de un
ístilo en su aspecto más formalista
v externo: triunfo logrado en detri­
mento de las verdaderas fuerzas ca­
paces de esas renovaciones integra­
les que nunca son el frío y calculado
»so de una determinada manera de
ptoducir, sino justamente al contraIrio: la manera de producir enten­
dida como evidencia o como resul­
tante de una potencialidad interna
—Charles Ives— que 1a. emplea co­
mo recurso necesario para manifes­
tarse; y&gt; además, por cuanto aquella
música, ahora ya estabilizada er. lo
que puede concretarse como un pla­
no de realidad —Pistón, Ilarris, Sessions, Autheil, Copland, Cowell—
ya aprobado, clasificado y con pasa­
porte legal, exhiba en parte, y a
causa de su post romanticismo decla­
matorio, y de cierta debilidad orga­
nizadora —Roy Ilarris—, por al­
guna inestabilidad propia de carac­
teres transitorios —Cowell— por un
exceso de facilidad —AValter Pis­
tón—, continuada insistencia en la
misma gama densa, trascendental y
pesimista —Roger Sessions—, o por
ausencia de un control riguroso y
efectivo —George Autheil— exhiba
demasiada impureza: acusadora de
&gt;ni estado de continuado apoyo o de
préstamo a lo más cercano, evolu­
cionado o eficaz en cuanto a los re­
sultados de un efecto seguro: efecto
en el sentido de efectividad en el
empleo de los recursos del oficio,
tanto como en el del cultivo, orga­
nización y explotación del factor
sorpresa y el sacudimiento físico co­
rrespondiente, cpie es lo más super­
ficial y perecedero, como que se li­
mita a un eco registrado en la zona
de lo puramente sensorial: Aaron
Copland.
r Cumplida esa etapa, caben las de
reconocimiento, asimilación, clasifi­
cación, autodefensa, negación —ne­
gación fecunda, en el sentido de
•Toung—, y, por último, olvido y li­
beración. En esta última faz se en-

cuentran hoy las nuevas y quizá más
legítimas fuerzas espirituales de la
nueva música de los Estados Uni­
dos : la faz del olvido y de la libera­
ción de todo el caudal románticopasionaL naturalista, impresionista,
neo-clásico y nacionalista en que se
basó casi toda la música local que les
precediera' Ahora, el panorama ha
cambiado, y el terreno desconocido
que se nos presenta, invita a la cu­
riosidad, el estudio, el análisis y la
reflexión más intensa. Los nuevos
valores poseen y cultivan ideas pro­
pias, ya se trate del atonalista Ben
Weber —1916—, autodidacto; el
nústica Lou Harrison —r! 917— ; el
teórico de un sistema modal de los
doce tonos, George Perle —1915— ;
el constructor abstracto John Cage
—1912— ; y oti'os valores que nos
son menos conocidos, como Miriam
Gideon, Merton Brovn —1913—, y
Aian Hovaness.
Súgúi vr
T; H-ü
' &gt;
.p
parece ser la exégeta de las tenden­
cias últimas, el ejercicio de su voca­
ción es imposible en nuestros días
para el compositor o para la mayo­
ría de ellos, por esta sencilla razón:
desde que todo nuestro conglomera­
do occidental contemporáneo es la
resultante de una inhumana y embrutecedora herejía* que se remonta
a los últimos siglos, sólo esperamos
que todo ello se derrumbe; que pier­
da el poder de marchitar toda ele­
vada y sólida cultura de tipo tradi­
cional que llegue a rozar, y que re­
troceda hasta l/pgar a una autori­
dad más alta epue la que puede re­
c la m a rla Excelencia el agente de
propagandaAfirmar lo que antecede y cerrar­
se automáticamente a las realidades
más inmediatas del ambiente —pú­
blico fácil, expresión sentimental,
propaganda periodística, música uti-8
lizada con fines prácticos, explota­
ción comercial, deportiva, esnobista,
( Continúo en la página 3)

SONETO
Por A. DE UNDVRRAGA
l

soneto nace a la vida pública

activa de la poesía —y quien
Edicey poesía
expresa creación estéti­

A ugusto T orres. Naturaleza muerta.
(Ver artículo rio Guiño Castillo en la página 12)

Un A Ima Ingenua
i'or A l b e r t o c i r r í
día que pasa se hace más

pos que mi vocación me ha hecho

espero tener la decisión suficiente
para que hoy mismo suceda. Esta
tarde, cuando la llevé a pasear, co­
mo lo hago siempre, para oírla pro­
testar por un sombrero que no le
he comprado o alguna minucia se­
mejante. No es que el homicidio me
atraiga especialmente ni que el es­
píritu diabólico que con frecuencia
me visita, lo haya aconsejado con
sus razones prudente. Por el con­
trario, desde hace tiempo, hallo
mis gestos y los de los demás ex­
tremadamente ridículos, y es por
eso que la compasión es la virtud
que cultivo. Persigo el bien. Todos
quieren ser felices, pero no acep­
tan que se les construya esa feli­
cidad. Ustedes habrán observado
cuánto prestigio tiene esa falacia
de llamarse a sí mismo hijo de sus
obras. Debo a ello los eontratiem-

los que no quieren ser reprendidos
ni enseñados- Les agrada que se les
escuche, pero la vanidad toma el lu­
gar de sus secretos y una vez que
me los confesaban, les acometía ese
fastidio propio de los jactanciosos
de corazón y se marchaban odián­
dome. A fuerza de probar, decidí
que la única manera de acercarme
a lo bueno que tienen era presen­
tarles una realidad donde cada uno
pudiera moverse libremente. Hacer­
los dueños de la imagen heroica que
de sí tienen. En esa imagen, es fun­
damental lo mágico, pues significa
que podrán andar por el mundo a
merced del milagro y de lo que no
exige esfuerzo. Para satisfacerlos,
nada mejor que ese sobrenatural
cultivado por sabios de altísimo can­
dor, descubridores antiguos de la

inevitable la justa muerte de sufrir, pues los hombres tampoco
C Misa.
Ya no puedo postergarla, y saben esperar. Es la impaciencia de
ada

(Continúa en la pág. 12)

A

El tranvía como la vida, por Turno

«

(Ver artículo' de Cotta ea la

página 3)

ca— en el instante cronológico en
que se gestan las lenguas nacionales
en España, Francia, Italia y otros
pueblos, lenguas todas que son hijas
de ese padre común, de ese delta
idiomátieo que es el latín. Nace, en
suma, en función de alba, de prima­
vera, de virtuosismo, de juventud.
Nace con el ímpetu de quien prueba
la elasticidad de sus músculos, la
velocidad de un carruaje o combi­
na colores en una paleta estricta­
mente verbal. Es, de veras, ejercicio,
prueba de idiomas recién nacidos.
Petrarca, su gran cultor, escribe
sonetos a Laura, junto a un bosque
en donde el agua de una cascada
quiebra —en Avignon— su líquida
garganta a perpetuidad. Los temas
breves, amorosos, simples. Pe­
queños y escuetos cómo la ciudad, h;
villa o la aldea en dode se»vive, se
sueña, se goza, se sufre y se escribe.
Pasa el tiempo y los idiomas ad­
quieren una corporeidad maestra,
casi definitiva, hasta donde un idio­
ma —siempre cuerpo vivo y móvil,
sangre o planta que se multiplica—
puede ser definitivo. Pasa el tiempo
y se siguen escribiendo sonetos; ¿ por
juego o ejercicio? Surgen los prime­
ros indicios de cábala verbal, de ma­
gia en torno a las rimas, de rutina
de retóricos, de babilónico ladrillo
prefabricado. El soneto y los pa­
sos de ballet se encuentran. Ambos
aman lo ajustado, lo falso, lo pul­
cro, la economía formal, lo cabalís­
tico y bellamente artificioso. Pero,
pronto, vida y ballet, soneto y vida,
arte y artificio, técnica y arte, arte,
técnica estética y vida, van a hallar­
se en quemante pugna. Con forzados
pasos en la punta exacta de los pies
no pueden expresarse en el área de
la danza muy grandes, ni vitales sen­
timientos. Menos aun problemas dra­
máticos o humanos que requieren
hondura, espacio, pluralidad de
ritmos.
Otro tanto sucede con el soneto.
Su pesado artificio arquitectónico,
no es método, sino traba. Su ritmo
es siempre el mismo. Alma, fatal­
mente, ha de rimar con calma. Y
besos con excesos o embelesos. Se
precisó de un gran poeta como He­
rrera y Reissig, p^ra añadir y en­
samblar, vitalmente, estas voces con
la palabra “ ilesos” . Los retóricos y
los rutinarios, en el transcurso del
tiempo, no han reparado de que
quien introduzca un trozo de vida
en un marco tan pequeño, ha de mu ­
tilar, horriblemente, a la vida, su
profundidad y su destino histórico.
No cabe duda de que el artificio tie­
ne su estética y las formas forzadas
la suya. Pero los más caros anhelos,
pasiones e ideas del hombre en un
instante de su historia, no son arti­
ficio, ni formas forzadas y el gran
poeta ha de interpretar en formas
nuevas, bellas o simplemente impre­
sionantes, su época, sus ideas, sus
deseos más hondos, puros e impuros.
Mas, si bien es cierto que en su
(Continúa en la pág. 10)

�cabalgata

2

Versión directa del inglés por William Shaiul
y Alberto fiirri

sin cuerpo en mudo filo,
Quí:quéventura
labio idiota de mortal enano,
nos ahoga sn alondra en un verano
de ardiente aire y mágico berilo.

A M OK

amor, no me voy, •
Por cansancio de ti,
Ni con la esperanza de que el mundo pueda mostrar
Un amor más adecuado para mí;
Pero puesto que yo
Tendré finalmente que partir, es mejor,
Usarme así para la burla
Muriendo de fingidas muertes.

D

u l c ís im o

Anoche partió el sol,
Y sin embargo hoy está aquí;
El no tiene deseos ni sentidos,
Ni es tan corto su camino;
Entonces no temas por mí
Pero creéme que haré
Viajes más veloces, puesto que llevo
Más alas y espuelas que él.
Oh, es tan débil el poder del hombre,
Que si la buena fortuna llega
No puede agregar ni una hora más,
Ni puede hacer volver una hora perdida^
Más llega la mala fortuna,
Y unimos a ella nuestra fuerza,
Y le enseñamos el arte y la manera.
De avanzar sobre nosotros.
Cuando suspiras, no suspiras viento
Tu suspiro exhala mi alm a;
Cuando lloras, cruelmente cortés
Decae la sangre de mi vida.
No puede ser
Que me ames como dices,
Si en tu vida desgastas mi vida.
Eres de lo mío lo mejor.
No dejes que tu corazón que todo lo adivina
Me presagie alguna desgracia ;
Mi destino podría aliarse contigo,
Y realizar tus temores.
Mas piensa que nosotros
Sólo nos volvemos la espalda para dormir.
Dos que se mantienen entre sí vivos
Nunca estarán separados.
LA

j

Q

u ie n q u ie r a

que venga a amortajarme, no dañe
Ni interrogue tanto

Esa sutil guirnalda de cabello (pie corona mi brazo;
El misterio, el signo que no se debe tocar;
Porque es mi alma exterior
Virrey de aquella (pie habiendo ido ya al cielo,
Dejara ésta para controlar
Y preservar estos miembros —sus provincias— de la disolución.

Ventura de suspiro aun en vilo
y tiniebla encendida por mi mano,
relatadme qué azor va por el llano,
torvo en la Haga de enlutado tilo.
Pero ¡ay! de aquellas plumas, ¡ay! de aquellas
que sordamente crujen en la estatua;
frío horario de gárgolas eternas,

'
'

cobertor de tinieblas, lengua fatua
y pútrida en que mueren las querellas.
¡Oh, infinito anudado en nuestras piernas!

Antonio de llndurrngn
i

Porque si el hilo, cual tendón que mi cerebro deja caer
Por todas partes
Puede atar esas partes, y con ellas hacer de mí uno,
Esos cabellos que crecieron hacia arriba y tienen
Fuerza y arte de un cerebro mejor,
Pueden-hacerlo mejor; a menos que ella pensara c \e yo
De este modo conocería mi pena,
Como prisioneros que son maniatados cuando se los condena a morir.
Sea cual fuere el significado de la guirnalda, entiérrala conmigo
Puesto que soy
M ártir del amor, ella podría engendrar idolatría,
Si estas reliquias llegan a otras manos.
Como era humildad

LI

L A 1) R U N

vi al ladrón por sobre el muro
Y oechar
su ojo de gato entre las sombras,
y vi al ladrón bajar desde aquel muro
suave como una hoja,
y uno tras otro arrebatarle sueños al hombre
[adormilado,
echar sin prisa,
una tras otra,
la semilla del odio en los canteros.
Yo vi al ladrón. Todos le vieron.
El fué quien desnudó las almas buenas,
quien aplastó la mano abie^a con el taco,
quien tornó el sueño feliz en pesadilla
y una cohorte de autómatas en fila
mandó marchar hacia la nada.

Atribuir a la guirnalda todo lo que un alma puede hacer,
Así hay cierto alarde
En que yo entierro una parte de ti, puesto que nada quisiste de mí.

R E L I Q U I A

P uANro. mi íu j:
ser abierta nuevam* ote
i.
■t ibir a un segundo huésped
—Pues las tumbas han aprendido esa condición de la mujer
De ser lecho para más de uno—
Y el que la excave encuentre
Un brazalete de brillante cabello alrededor del hueso
No nos dejará solos,
Y pensará que yace allí una pareja de amantes
Que pensaron que esta pudiera ser una manera
De que sus almas en el último día activo
Se encuentren en esta tumba para quedarse un corto tiempo
Si esto sucediera en una época o tierra
Donde la superstición impera
Entonces el que excave nos llevará
Hasta el obispo o el rey
Para hacer de nosotros reliquias; entonces
Tú serás una María Magdalena y yo
A causa de eso algo semejante
Todas las mujeres nos adorarán y algunos hombres
Y puesto que en tales momentos se ansian milagros
.Me gustaría con este papel enseñar a aquella época
Que milagros hicimos nosotros amantes inofensivos.
Primeramente amábamos bien y fielmente
Sin embargo no sabíamos lo que amábamos ni por qué
Ni sabíamos de diferencias de sexo
Más que los ángeles custodios
Yendo y teniendo nosotros
Tal vez nos podram os besar pero no en los intervelos
Nuestras manos nunca tocaron los sellos
Que la naturaleza injuriada por la ley anterior libera
Estos milagros hicinfos pero ahora ¡ a y !
Yo superaría toda medida y todo lenguaje
Si dijera qué milagro era ella.

A

!

QUE VENTURA SIN CUERPO...

Poemas de JohnD onne (1573-1631)

DULCI S I MO

o

CRISTO

A lí e perdonarás este pecado por donde yo comencé
Y que todavía cometo aunque los deplore?
i Me perdonarás esos pecados por los cuales yo corro
Y que todavía someto aunque los deplore?
Cuando lo hayas hecho, no habrás terminado,
pues tengo más.
/Me perdonarás ese pecado del cual hice una puerta
Para convencer a otros que pecaran?
¿Me perdonarás ese pecado que rechacé
Uno o dos años pero en el cual me revolqué durante veinte?
Cuando lo' hayas hecho no habrás terminado,
pues tengo más.
El pecado es el miedo de perecer sobre la playa
Después de haber hilado mi última hebra :
Júralo por ti que a mi Muerte, tu sol
Brillará como brilla ahora, y en otro tiempo;
Y después de haberlo hecho, habrás terminado,
no tengo más.

L í

S U I C I D A

4 BRIO los ojos al paisaje \ d ;j„ .
—esto es mejor,
la luz o el desconsuelo vendrán después,
pero es lo profundo.
esto es la paz;
con decidida sombra
los huesos dormirán,
y el pensamiento
irá de nada a nada,
sin temblores;
la higuera acogerá las golondrinas
y el cuervo traerá fresco olivo al arca;
los hombres,
los sesudos hombres graves
de moral bendecida y con visagras,
firmarán cheques para mi destino;
los desmayos domésticos, si hubiera,
recibirán su óbolo en tarjetas;
¿ queda algo más?,
los caminos, el mar, las arboledas,
las noches estrelladas de los campos,
las alcobas eon sombras y con sexos
mezclando olores de genealogías;
todas son cosas fijas,
eon destino,
sobremuertas al fin.
¡ Qué integridad que tiene aquel instante
que aún sigue siendo instilóte para siempre!
Mi sangre caminaba por sus túneles
sembrando sales nuevas y recuerdos;
mis nervios vigilantes destruían
en su mismo camino los mensajes;
mis huesos resistían
como heroicas trincheras recuertas
Y mi dolor sufriendo por los hombres,
su muerte,
tan sin luz,
sin pretensiones,
porque mueren de muerte, solamente.
Y sin embargo esos mismos hombres
me robaban mi voz.
mis emociones,
'.edad fué un mapa de fronteras,
..liaron mi paz con sus palabras,
y con manos huesudas destruían
tiernas calcomanías de la infancia...
Por eso abrió los ojos
y se fué hacia el paisaje
en el instante,
en que su cuerpo, ya desposeído,
derrumbaba la silla y se moría.

Alfredo Morosoli

¿Quién sino él robó los panoramas,
los tibios, dulces paisajes de la vida?
Di noche despertaba las hormigas
levándolas ai alma de los hombro,
haciéndolas verter su jugo unánime,
- . .« ..,^ .1
sin ....manas.
Así, por las auroras, todas grises,
se despertaba Juan, tras Pedro, tras Horacio,
y echaban a marchar, duramente en silencio,
muertos ya, más que dormidos.
Como si nadie hubiese visto a nadie
y nadie a nadie conocido
tomaba la cohorte los atajos,
los mares, los aires, los caminos,
y con una febril incandescencia
echaba hierro y pólvora por ellos,
entraba al cuerpo de los hombres enemigos.

'

Yo vi al ladrón. Todos le vieron
cuando en la noche arrebataba
'as palabras de amor del diccionario
y u.ia tras otra despeñaba al llano
fas ilusjgnes y los pensamientos.
Con su temible actividad impura
Juan se despertaba ciego, y mudo Pedro
y Horacio ensordecido,
tomaban sin verse, &lt;in oírse, sin hablarse,
las gráv'das granadas y los fusiles fríos
y echaban a marchar en rectas filas.
He caminado tras ellos por los días
y merodeado su quehacer amargo.
Nada sabían
sobre los tristes frutos de sus manos.
¿Qué horrible cambio encenagó tus ojos,
hombre cargado de alma y de cadenas,
lleno de hijos y de sueños?
/A quién dejaste entrar en tu conciencia,
fiero ladrón, desesperado tránsfuga,
que hablaba en nombre del pariente simio,
de tu fraterno cerdo y de tu amigo el lobo ?
¿Cómo así le entregaste tu garganta
para que ponga en ella su rebuzno?
¿Y el corazón para depósito
del jugo de la hormiga ilota ?
Arrójale, vital, contra la piedra,
sacúdele la muerte de tus sueños,
no le, ablandes el tímpano y la mente.
Vigila, hermano mío, sobre el muro
los ojos felinos, impalpables,
vigila al ladrón enseñoreado
que cambia el rumbo de tus noches
y te entrega en vergüenza, maniatado.
Él no te deja ver a Boris, a Ricardo,
a Chang, a Isaac y a Bembo aunados
gritar tras de las noches ahogadas,
alzar entre las carnes dominadas
su infinito llamado impostergable.

León Het Anuir

�cabalgata
EL FÜBUM GROUP

AMOR, AMOR. . . , por T ulio

de Nueva York
( Viene de la primera página)

t

ete.—, es toda una misma cosa. Sig­
nifica, en última instancia, la reno­
vación del criterio individualista de
Charles Ives, Cari Ruggles o Waálingford Riegger, si bien sea dis­
tinto el enfoque y la proyección : pe­
ro de acuerdo con aquello en todo
cuanto signifique oposición a toda
idea de goce materialista e inmedia­
to. La polifonía total de Cari Ruggles) sacrificando el contrapunto a
una expresión esencial, ha hecho po­
sible una conexión de los nuevos va­
lores con una tradición de la artesa­
nía musical en términos de estilo, de
materiales concretos, claramente de­
finidos e inteligibles.
Es verdad que Schonberg y algu­
nos otros allanaron el camino hacia
una revisión total de la materia mu­
sical heredada; pero Ruggles fue,
entre sus compatriotas, el primero
en lograr un resultado completo al
respecto.
A pesar de la imposibilidad in­
mediata de realizar en su totalidad
el ideal propuesto, varios composi­
tores jóvenes estadounidenses escri­
ben actualmente un música de exce­
lente calidad, profundamente intere­
sados en los problemas de la compo­
sición y en el empleo de la música-,
y demás está decirlo, apartados de
los intereses de público, empresas
teatrales, estudios cinematográficos,
etcétera.
Esto no significa precisamente
que estén manufacturando un nuevo
arte de cenáculo, con iniciación, san­
to y seña, olor a encerrado» etc., sino
que tal apartamiento del público y
de las realidades de la música prác­
tica, de utilidad, industrializada y
demás, nace de la convicción de la
total incompatibilidad con semejan­
tes factores de embrutecimiento co­
lectivo. De manera, pues, que no as­
piran a crear otro arte puramente
bello y aislado, sino a concentrar
energías y a concretar un ideal ele­
vado, que define Lou Harrison co­
mo “ una filosofía para uso diario.”
En este sentido puede retomarse,
a través del individualismo idealis­
ta de los nuevos compositores, una
aspiración al principio de música
colectivista que comienza a arraigar­
se en el país desde el día en que los
Salmos de la iglesia protestante, lle­
gados a bordo del Mayflower, son
entonados en el Nuevo Mundo.
“ El empleo doméstico de las artes
musicales para estínralo de la filo­
sofía y para sazonar y templar el
espíritu o elevar los sentimientos de
bondad, es ahora esencial. Ni hacer
funcionar el piano mecánico ni gi­
rar el dial del aparato de radio son
actos musicales” » afirma Lou H a­
rrison, cuyo sentimiento redentorista podemos rastrear a través de la
tradición protestante, de algunos
compositores y teóricos checos, de
las teorías de Tolstoy, Maguer y
Ruskin, sin olvidar a Goethe, re­
montando la línea genealógica a
través de los músicos y los teóricos
medievales, hasta Boecio.
Totalmente apartado de los gran­
des espectáculos públicos y de esa
redwctio ad absurdum de la finali­
dad de las artes musicales personi­
ficada en el concierto, Ben Weber
escribe una música de cámara de
esencia expresiva y de impresionan­
te potencialidad técnica. Comenzó
actuando en los dominios de la téc­
nica de los doce tonos, pero se ha
ido liberando paulatinamente de ella
en su aspecto estricto, considerando
los principios d o ceto n ale s como
guías y no como finalidad’ Asi, aun­
que sin desarraigarse totalmente,
conserva adheridas las preocupacio­
nes atonalistas de un desenvolvi­
miento armónico y expresivo a base
de una saturación de voces, que le
ha conducido al hallazgo de la ver­
dadera aplicación práctica de su cri­
terio polifónico» o sea, de una armo­
nía en movimiento que se transfor­
ma frecuentemente en decidido con­
trapunto, y que se extiende en am­
plios y dilatados planos, en apoyo de
una melódica consecuente y una rea­
lización instrumental orientadas ha( Continúa en la columna 51)

— ¡Mi gran ciudad! ¡Cómo ha crecido! Antes con un solo beso se llegaba
de la estación a la casa, y ahora, de recién casados, aun no hemos hecho la mitad
del camino y ya me has dado como veinte besos.

SEMBLANZA 'DE UN DIBUJANTE

TULIO

Por COTTA
ara

hablar con cierta autoridad

de un artista, no basta con cono­
P
cer su obra, o parte de ella: es pre­
ciso, también» el detalle biográfico,
a menudo, la anécdota. Vida y obra,
en el artista, están íntimamente li­
gadas : sea ésta reflejo, complemento
o antítesis de aquélla. Planteado el
caso de escribir unas palabras sobre
Tulio, sólo me ha animado a hacerlo
el deseo de colaborar, siquiera en
forma mínima, a la mayor difusión
de sus dibujos., No me hubiera atre­
vido a hilar estas líneas de otro mo­
do. De Tulio, el hombre, y de Tulio,
el dibujante, poco es, en verdad» lo
que sé, y eso por razones explica­
bles : hace muy pocos días he cono­
cido personalmente a Tulio, y sólo
he podido conversar con él unos mimitos (reside en el país desde unos
meses a trá s ); y en cuanto a su obra
artística, aunque viene dibujando
desde años atrás, recién ahora se ha
animado a mostrar sus trabajos.

Llegó desde Italia atraído, en parte,
por esa dorada leyenda que corre en
el mundo sobre nuestra generosidad,
nuestra abundancia, nuestro libera­
lismo . . . hermosa leyenda no siem­
pre confirmada por la realidad; y,
en parte, por la sencilla y vulgar
razón de que aquí residen unos pa­
rientes suyos. En Italia vivió todo
el régimen mussoliniano» toda la
guerra. La hecatombe (¿inútil?;
¿ pero es que hay algo realmente in­
útil?) no ha dejado, superficialmen­
te, rastros en este muchacho joven,
sencillo, y hasta tímido. Pero quizá
deba algo a ella esa tristeza que bro­
ta de muchos de sus dibujos, dibu­
jos, me dice, hechos para sí mismo,
y porque sí. Tristeza, pero no des­
aliento, ni amargura. Poesía, sin du­
da ; poesía que presta equilibrio a la
aparente locura de su línea, donde,
como en una telaraña, Tulio atrapa,
exponiéndolas, las cosas absurdas y
ridiculas de este mundo-

5
El primer dibujo suyo que conocí
(gracias a Oski, que me lo trajo una
tarde), no lo olvidaré. Era una his­
torieta. Escena primera: tres caba­
lleros, nerviosos, se pasean en la an­
tesala de una maternidad. Escena
segunda: continúa la espera. Esce­
na final: la cigüeña ha llegado...
para dos de los caballeros, que acu­
nan en sus brazos, cada uno, un re­
cién nacido; pero el tercero contem­
pla, melancólico, una flor, que es
todo cuanto le ha traído la nurse.
Pocas veces trazos tan desnudos me
parecieron tan revestidos de emo­
ción. Pocas veces he encontrado una
tragedia tan honda sugerida con
tanta dulzura poética, con tanto pu­
dor, en los tres “ cuadritos” de una
historieta. Ese hombrecito que acu­
na su tremenda pena como si fuera
el niño que no nació» posee la gran­
deza de la verdadera tragedia. Y
este lápiz de Tulio, que transforma
en lirio un dolor desgarrante, podrá
ser un lápiz triste, pero es, también,
sin duda, un lápiz innegablemente
lleno de bondad, dulce, esperanzado.
Poético, en suma.
Este sentido de la poesía domina
todos sus dibujos. Pues está, aunque
sea poesía satírica, hasta en el so­
lemne político que se empeña en se­
ñalar la nobleza de la g u e rra :
“ . . . después de las bombas arroja­
mos lirios” . . . En ese tranvía de­
liciosamente raro, lleno de misterio­
sas medicas, poleas, y cartelitos de
propaganda» pone su absurda nota
poética un canario enjaulado; poe­
sía es la del recién casado que mide
por besos la distancia de la estación
a su casa; y hay un aire de égloga
en esas casitas posadas sobre el bor­
de del mar, y hasta en el esperpento
del espejo (la eterna M ujer), y, so­
bre todo, en sus niños.
El trazo de Tulio une a la obser­
vación casi microscópica del detalle,
la espontaneidad que sólo suele en­
contrarse en el dibujo infantil. Ve
con la lucidez del hombre que ra ­
zona; se expresa con esa mezcla de
honradez, simplicidad, y locura, de
los niños. Su línea no cansa por­
que no se repite; va, viene, se do­
bla, se recuesta, se enrosca en el
detalle de un mueble, en el techo de
una casita; y de pronto, inesperada­
mente» con un solo salto nervioso,
sugiere un raseacielo, desnuda en el
rostro el carácter de un hombre, o
inmoviliza en el aire el retozo de un
chicoEsto no parece estudiado, y no lo
es. Tulio nunca “ aprendió” a di­
bujar (¡aprendió, en cambio, Cien­
cias Económicas, en una universidad
italiana!) ; esto es espontaneidad,
sabiduría innata; es expresión au­
téntica, libre. El dibujo de Tulio
posee, a nuestro entender, los ele­
mentos esenciales de ésta, la más
sencilla de las artes» y la más inte­
lectual. Sencilla, porque bastan muy
pocos instrumentos materiales para
practicarla; intelectual, porque es
quintaesencia de lo que el artista
siente, sabe, cree; síntesis diagramática de la civilización a que perte­
nece, de la sociedad en que vive.
Desde el punto de vista formal, la
obra de Tulio, con ser poco abun­
dante, entronca con lo mejor de esa
escuela lineal que supieron imponer
Steinberg en Europa y Estados Uni­
dos, y entre nosotros el impagable
Oski.
Ya se ha dicho que algo se ha pu­

AQUEL DISCURSO, por T ulio

—.Vo, señores. Nosotros no queríamos la guerra, tanto es así que después de echar bombas también tiramos tallos de
lirio, y billetes de feliz augurio para año nuevo. . . algo espiritual.

blicado de Tulio entre nosotros: en
Vea y Lea y Lyra, por ejemplo.
Otras revistas, además, ya le han
hecho el honor de rechazarlo: “ el
público no está capacitado aun para
comprender estas cosas” . . . (Ya lo
estará, decimos nosotros. Ya se im­
pusieron otros: los citados antes, por
ejemplo). No obstante» la observa­
ción no es falsa, y por lo que tiene
de cierta, vale como el mejor elogio.
El quid de la cuestión está, quizá,
en que Tulio dibuja como un niño
que pensara como hombre, en un
mundo donde la mayoría de los hom­
bres aun piensan como niños.
( Viene de la primera columna)

c-ia una expresión introspectiva, a la
vez que a la diferenciación valorizadora de las sutiles armonías que le
son propias.
La tendencia a la microforma, en
Ben Weber, manifestada en bastan­
tes oportunidades —y proveniente
del Expresionismo de la escuela de
Schonberg—, se concreta, más efec­
tivamente quizá que en otras obras,
en las Variations, para conjunto
mixto de piano, violín, clarinete con
sordina y violoncello, o en las Five
Pieces, para cello y piano, de dis­
curso musical tan ceñido» y en la
Suite para piano, op. 8, que ya
muestra la tendencia al cultivo de
la materia musical exquisitamente
elaborada —y confiada infalible­
mente a timbres delicados y expre­
sivos, por excelencia, como cuerdas,
clarinete, piano, voz solista—, y esta­
bilizan las probaturas de las Five Ba(¡atelles L de los tres cantos de la
op- 6, y de la Fantasía para violín
y piano .
En estos tres cantos2, así como
en la l íl Sonata, para violín y pia­
no, comienza a manifestarse una
constante preocupación por la ar­
monía expresiva, si bien sea ésta
demasiado densa y» a veces, un tanto
redundante o sobrecargada. Entre
la Lyríc Piece, para cuarteto de
cuerda, de contenido fuertemente
temático, y la Suite, op. 8, existe un
señalado contraste en cuanto a in­
tenciones y procedimientos que ma*
adelante fructificarán, pero que a
la vez revelan dos aspectos comple­
mentarios en la obra del composi­
tor, a cuyo desenvolvimiento y con­
traste de caracteres contribuirán en
una medida amplia, continuamente
renovada.
La amplitud de líneas de la Lyric
Piece y su inclinación al desarrollo
eontrapuntístico y, por otra parte,
la armonía concentrada y expresiva
de la ya citada Suite, anuncian un
proceso evolutivo del que las Five
Pieces, para cello y piano, la Sonata
n“, para violín y piano» la Ballade,
para cello y piano, el Concertino,
para violín, clarinete y cello, el Trío,
para cuerdas, y la Sinfonía, para
cello solista y orquesta, serán etapas
principales.
El lenguaje armónico del compo­
sitor, ya iniciado en la Fantasía, op.
4, para violín y piano, se concreta
poco a poco en densidad e impul­
sión, facilitándole el dominio de las
formas amplias; sin que esto signi­
fique» ni remotamente, el mlenor
asomo de escolástica; esas formas
son concretadas en base a imperati­
vos del discurso musical, que se des­
envuelve en un clima expresivo y i
que busca y obtiene su lógica fuera
de moldes preconcebidos o impues­
tos por cualquier dogma adquirido,
o circunstancia ajena o externa.
Ben Weber, afiliado a un docetonalismo efectivo, aunque no siempre
riguroso, en las Five Bagatelles, la
Piano Piece (1943), el Concertino
(1941) , la Sonata para cello y piano
(1942) , la Sonata i, para violín y
piano (1939), y la Suite (1941) y el '
Capriccio, para piano (1946), em­
plea un lenguaje más libre, basado
en un criterio atonalista liberado del
orden estricto de las series dodecatónicas» en las Five Piece, para ce­
llo y piano (1941), en las Varia­
tions (1941), en la Ballade, para
cello y piano (1943), en la Sonata ii ,
para violín y piano (1943), o en la
Sinfonía con cello solista (1945),
todas ellas de hondo contenido lí­
rico, logrado a base de un verbo y
un sentido del matiz instrumental
( Continúa en la pág. 10)

�cabalgata

4

Jimum 4 GAMIVET
EN ESTE AÑO DE SU CINCUENTENA!»»
Por RICARDO PASEYRO
i
DE L A B R A Y G ANIVET
elegir epígrafe para la
obra de Ganivet, escogeríamos
unas sencillas palabras de Pío C id:
. . . “ sé que nadie ha de hacerme
caso por ahora. Mis ideas no serán
malas, pero son prematuras, y las
expongo para que vayan sonando
en las distraídas orejas de nuestros
compatriotas” .
Soledad, resignación al oficio de
precursor, y lejana esperanza: Ga­
nivet ha sido retratado en frase
dicha simplemente. Maestro que pol­
la sustantiva virtud de bienamar
a su patria, teorizaba antiguas ideas
prematuras —prematuras de tanto
haber muerto nonata España nue­
va—• parece, Ganivet, mirado desde
afuera, criatura de raro advenimien­
to en su patria y en su época. Pero
Ganivet desde adentro, desde su vi­
da y su obra, es el más lógico, el
más hispánico de los españoles. En
él, la honda, soledad, madre de Quevedo, el ímpetu rebelde y moderno,
culminado con Larra. Quevedo, La­
rra : rebeldía, magisterio, soledad.
Y como en ellos, en Ganivet la vieja
anomalía, singular de España: ape­
nas la propia sombra —mejor, la
propia luz— sigue a sus educado­
res más fecundos.
El epígrafe no disonaría en el
umbral de Fígaro. ¡Extraña y asom­
brosa correspondencia la de Larra
y Ganivet! Semejante breve vivir,
igual destino, gemela actitud crí­
tica racionalista. Y no a beneficio
de fortuito y mágico acaso: se re­
petían las circunstancias españolas
que dieron cuna a Fígaro. España,
buscándose, volvía sobre sí misma,
r- lando Ganivet retomaba de Larra
m olvidada costumbre de entender
a tragedia de España.
Azorín, en el libro “ Rivas y La­
r r a ” —¡citaremos muchas veces su
definitiva exactitud!— afirma y
subraya: “ Larra es el hombre más
moderno, el único hombre moderno
de su tiempo, en España.” Lejos de
antojadizos símiles, creemos que es
Ganivet el hombre más moderno,
el primer hombre moderno de Es­
paña en su tiempo, el segundo hom­
bre moderno de España en la cen­
turia. Bien que hubo larga distancia
entre la inmediata posteridad de
Larra y la de Ganivet: con su pis­
toletazo, Fígaro clausura el fugaz
paréntesis de pensamiento moder­
no que trajo a España; Ganivet
se suicida, y alcanzará su muerte
virtudes movedoras; luego de Larra,
silencio, harto silencio, dos genera­
ciones en silencio; en seguida de
Ganivet, ecos infinitamente resonan­
tes. Larra está solo y finaliza; Ga­
nivet, junto al espíritu de Fígaro
—no sabiéndolo, quizá: juraríamos
que nunca le menciona— dirige y
fecha una revolución: 1898.
Con el talento perceptivo que
aclaró la historia literaria hispáni­
ca, admira Azorín en Fígaro la sín­
tesis genial: “ No somos aún una so­
ciedad siquiera —decía Larra—,
sino un campo de batalla donde se
chocan los elementos opuestos que
han de constituir una sociedad.”
Muerto Larra, el campo de batalla
se aquietó hasta la inercia y la mu­
dez, y la vislumbrada sociedad que­
dóse en cierne, sin formar. Tal la
encuentra Ganivet; pero al morir,
lejano y loco, en la orilla báltica,
echaban ya raíz en el subsuelo espa­
ñol las fuerzas soterrabas que él
ayudó a desentumecerse y desatarse.
Ganivet-Pío Cid, trabajador, con­
quistador, maestro, tenía más fortu­
na que Larra-Fígaro: no fluye me­
dio siglo vanamente, aun para las
orejas y los pueblos distraídos. La
voz de Ganivet, era la voz de España
en nuevo nacimiento.

P

u esto s

a

II
DE PIO CID Y GANIVET
Al escribir: Ganivet, la pluma
suelta el guión y alarga: Pío Cid.
Ganivet-C'id: ¿ es cierta la unidad ?

be ha entendido que salvos los epi­
sodios anejos a la trama novelesca,
vuelca Ganivet su vida y sus idea­
les en Pío Cid. Pero no significa ello
que Ganivet sea Pío Cid.
No busquemos en Ganivet la fan­
tasía de los dramaturgos y novelistas
españoles. Sin suerte, le pesquisaría­
mos miles de caracteres que habitan
en Quevedo, Lope, Pérez Galdós, Baroja, \ alie Inclán. Hombre especu­
lativo, sus novelas tienden a orga­
nizar su pensamiento, a satisfacer
la militancia de su alma. Ya que na­
rra y enuncia preocupaciones anti­
cipadas a su hora colectiva, sólo la­
teralmente retrata Ganivet su época
y su patria. Quien personifique sus
novelas —ideas en acción— ha de
semejarse, por ende, al granadino.
Esta imposibilidad de Ganivet pa­
ra abstraerse, ¿señala un desmérito?
Va de suyo que n o : con poderosa
imaginación, quizá errase Ganivet el
centro de su obra. Austero y franco,
testimonia su forma de escribir:
“ Empleo los viejos recursos, viajo
por todas par-tes y pongo en ejerci­
cio, a la buena de Dios, mis cinco
sentidos: ver, oír, oler, gustar y aun
palpar. Esto es, vivir es mi único
procedimiento; después esas sensa­
ciones se arreglan entre sí ellas so­
las, y de ellas salen las ideas; luego,
con esas ideas compongo un libro
pequeño ” . . . etc. Todo dicho, pues:
nada de imaginerías, ficciones, tra­
bajos fantasiosos; experiencias,
ideas, y luego, ordenamiento de las
ideas y las experiencias: la obra de
Ganivet será autobiográfica, y vivi­
dos o sentidos desde cerca, los hechos
y los caracteres de sus protagonis­
tas. Pío Cid tenía que semejarse a
Ganivet ; sin embargo, Pío Cid no es
Ganivet, Aun mando lleve su figu­
ra, aun •: lis iid&gt; - •-,.uga los pe usa ■■
y los sueños de Ganivet, aun cuando
calque la intimidad de su vida, Pío

Cid no es Ganivet. Pío Cid es un
filósofo que actúa, Pío Cid es un
jornalero infatigable, Pío Cid es el
último conquistador hispánico; Ga­
nivet es el hombre que contempla,
un elocuente enemigo de la acción.
Vitalísimo, Pío Cid, más alia de su
predicada antinomia entre el perfec­
to transcurrir espiritual, cegitabundo, oculto, y la vana vida pública,
no se acuerda su acometedora ener­
gía con la existencia soledosa y mus­
tia de Ganivet. Argüiríamos, al fin :
Pío Cid no es Ganivet, Pío Cid es
quien Ganivet hubiese querido ser.
¿Qué hubiera obrado, hablado, teo­
rizado Pío Cid? La respuesta que
más cuadre a la última verdad de
Ganivet, última en el tiempo y el
espíritu, mejor la hallaremos en Pío
Cid, modelo ejemplar, que en Angel
Ganivet, hombre cuyo pensamiento
se detuvo, a menudo, y contradijo.
III
DE GANIVET,
CONTRADICTORIO
Al margen de sistemas, al margen
de la idea que derive nuevas tesis,
Ganivet toma las cosas sin prejui­
cios, las separa una a una, y al cabo,
teoriza. Si gran einpirista, intelec­
tual puro como nadie en la España
de su tiempo, no elude dato, suceso,
atisbo ningunos: en Ganivet se toca,
se palpa, la lenta textura de su pen­
samiento. Ganivet teje y desteje la
madeja, hasta topar con el hallazgo,
o a las veces, quedarse sin él. Meditador de problemas, sus conclusio­
nes extrañan la limpidez de un mé­
todo : evolucionan, chocan, se atacan
a sí mismas. Lo supo, Ganivet, y fué
inteligente la alabanza de sus lógicas
entradas y salidas. A Miguel de
Unamuno cruzó estas p a la b ra s :
“ Me encuentra usted completamen­
te cambiado, y yo tampoco le hallo a
usted en el mismo punto en que le
dejé. Por algo somos hombres y
lio m ed ras TTaxr rmí&lt;vr&gt; n»-.coi.-cl-lcí &lt; a una ■
virtm!
)
' „

j

-

¡¡••.irse
"

(Continúa en la página 9)

EL CLUB DEL LIBRO DEL MES
EN ESTADOS UNIDOS
Por HENRY SEIDEL CANEY
(E x clu siv o p a ro C A BA LG A TA e n d e l
la A rg e n tin a . P u b lica c ió n a u to riz a d a
p o r “ A tla n tic M o n th ly ” .)

enseñanza, la educación y los
Lalgoestudios
tienden a convertirse en
institucionalizado y estereoti­
a

pado, especialmente la educación de
las masas. Pero esto no cuenta en
la buena lectura, ya que ella es una
experiencia altamente personal, y
cuya calidad depende del gusto, el
intelecto, la imaginación y la sen­
sibilidad del lector individual.
Al pasar revista a mi propia his­
toria de lector, veo que crecí en lo
que, si algún nombre literario pue­
de dársele, debe ser llamada la era
de las revistas. Desde los últimos
años del siglo pasado en adelante
el precio de los libros, que había
sido grandemente rebajado, volvió
a subir, esta vez al doble. En este
mismo período el precio de las re­
vistas experimentó una rebaja. Alia
por el año 1920 existían muchas lo­
calidades importantes en los Esta­
dos Unidos donde los únicos libros
que podían adquirirse eran novelas
“ rosa” románticas e historias poli­
ciales, que se vendían en los ‘*drugstores” , esas boticas norteamerica­
nas que realmente tienen de todo
desde medicinas hasta libros y he­
lados.
„
Tan sólo cuando se contó con pro­
cesos de impresión más eficientes y
sobrevino la primera guerra mun­
dial, en la cual millones de soldados
necesitaban de libros para apartar
de sus mentes él tedio, quedó re­
suelto el problema de los libros ba­
ratos (mas no el de libros baratos
nuevos). La cuestión de cómo editar
libros nuevos fué encarada mucho
antes, y debo declarar con orgullo
rtvt*. -Pi" ” v!'' ric le- £~
vn C'IP
n m:mev.i alguna : descubridor,
de' la solución.
En 1926 fui nombrado presidente

EL PUMA Y El PASTOR
Por PABLO ROJAS PAZ
era una ceniza de luz
E Len alba
el cielo. Como en la eleva­

ción de la misa, el sol de dorada
blancura subía repintando de rojo
iba de puntillas y la luz era una
insinuación morada en el leve re­
lumbre de la escarcha. Un rumor
el perfil de los montes. La noche se
de himno surgía del seno profundo
de las cosas. Con voces de mar le­
jano la brisa del alba venía desper­
tando el paisaje. Los árboles se
limpiaban de sombras y se escucha­
ba el balido de los hatos cercanos.
De pronto, de dentro del rancho
salió una voz amanecida, secretea­
da.
—M’hijo; hay que traer las ca­
bras al corral.
El chango se restregó los ojos, se
calzó sus ojotas, se metió su poncho
cortón, se puso su sombrero y par­
tió. La mañana triunfante se ale­
graba en las flores nuevas de aque­
lla primavera precoz. Lauro extra­
jo de su flauta de caña su son fa­
vorito. Y los altos montes se lo de­
volvieron en mil ecos repetidos. La
luz iba colgando banderolas en la
copa de los árboles más altos. Ha­
bía un penetrante olor a menta, a
poleo, a cedrón, a malva. Los bali­
dos eran cada vez más cercanos. El
desparramado rebaño iba juntán­
dose al amparo de la música al
igual que las nubes empujadas por
el viento. Un pájaro en un molle
cantaba su dicha y la del agua re­
cibiendo su luz. Las abejas eran
pequeños resplandores de oro sobre
las diminutas flores silvestres. Los
torrentes acrecentaban sus rumo­
res con la luz de la mañana.
Lauro se detuvo para observar
los movimientos de una serpiente
que se arrastraba entre las piedras.

Cuando el pastor moduló en su
flauta los cristalinos sones, el ofi­
dio detuvo su andar e irguió su ca­
beza para escuchar mejor. Y fué
así que el paisaje y su vida eran
una música atenta. La brisa corre­
teaba en los pastos. A lo lejos can­
taba la perdiz. Toda la dulzura del
mundo se había hecho matiz en la
flor, zurear en la paloma, frescura
en el pastizal, suavidad en el helé­
cho, canción apenas modulada en
la brisa de las altas copas. Y toda
esa dulzura natural y perfecta pa­
recía anidarse en la flauta del pas­
tor.
Un súbito bramido rasgó la cal­
ma musical del paisaje. Lloró la
paloma y se aquietó el arroyo. En
el azul añil apresuraban su viaje
las nubes de nácar. Las cabras asus­
tadas se dispersaban entre confusos
balidos. Un puma había saltado
desde la espesura hacia el breñal.
Un nuevo bramido fué trueno re­
botando en el collado. El miedo
pánico cristalizó el aire. A Lauro,
el pequeño pastor, le impresiona­
ron por igual el bramido y el ta­
maño de la fiera. “Hoy he visto
un gato grande”, dijo a la madre
la primera vez que había visto un
puma. Y le tiró un hondazo; la fie­
ra se enardeció al recibir la pedra­
da en la frente. Pero, Lauro se
acercó resueltamente y recogiendo
una piedra del suelo se la arrojó
para ahuyentarlo. La fiera descri­
bió un arco en el aire y cayó sobre
Lauro desgarrándole el pecho de
profundas heridas. El pequeño pas­
tor lanzó un grito profundo y des­
esperado que el aire cristalino lle­
vó a la lejanía.
La madre de Lauro que yacía
enferma de chucho, oyó el grito y

presintió todo. La propia desespe­
ración le dió fuerzas inauditas. Se
levantó de la cama ardida de fie­
bre. Tomó unas boleadoras y un
puñal que fueran de su marido. Se
echó un poncho a los hombros y
partió hacia el punto de donde ve­
nían los rumores. Su denuedo se
enardeció más cuando vió que el
puma estaba bebiendo la sangre del
muchacho que lanzaba gemidos estertóreos. Aquella mujer se con­
virtió en un grito penetrante, agu­
do, surgiendo del seno profundo
de la tierra e irguiéndose hasta
el cielo: ¡M’hijo! ¡M’hijo! Y avan­
zando hacia el puma le clavó tres
veces el puñal en el lomo. El ani­
mal se irguió para abalanzarse so­
bre la mujer, y ésta le tiró las bo­
leadoras a la cabeza. El cráneo del
puma resonó con los golpes de la
piedra, pero esto no impidió que
llegara de un manotazo al pecho
de la madre, quien a su vez pudo
clavarle el puñal junto al corazón.
Al son de la flauta y el bombo
los llevaron a enterrar al filo de
la madrugada. Los niños pastores
hicieron unas andas con sus toscos
cayados, y en ella sobre el cuero
del puma, pusieron los despojos
de Lauro. Una estrella federal y
fuego óreció perenne junto a la
cruz. Sobre la tumba de la madre
lloró por siempre la bumbuna.
E.l bramido del puma, el llanto
de la paloma, el- gemir del pastor
y el grito de la madre se disolvie­
ron para siempre en la música
montañosa. Y a la hora en que la
tarde es una niña dormida a los
pies de la luna, un sutil canto de
flauta borbotea como un ojo de
agua en la quietud fragante.

c u erp o

de

j u ra d o s

d(? u n a

presa nueva llamada Club del Libro
del Mes. En tanto que jurado^,
nuestra tarea consistía en seleccio­
nar todos los meses un libro recién
aparecido, para enviarlo luego a los
suseriptores del club, quienes en
un comienzo debían adquirir los do­
ce libros escogidos durante el año.
Este convenio fué después modifi­
cado, y los asociados ahora sólo de­
ben comprar un mínimo de cuatro
libros al año. Por cada par de li­
bros adquiridos reciben un libro
gratis.
El Club del Libro del Mes tuvo
un carácter experimental al comien­
zo y su radio de acción fué pequeño.
No creo que tuviéramos más de
40.000 suscriptores en nuestro pri­
mer año; ahora el total asciende a
cerca de un millón. Los jurados
eran el erudito William Alien White, que tan bien conocía el Medio
Oeste y los libros que debían en­
viarse a esa zona; la chispeante Dorothy Canfield Fisher. destacada.
novelista y honesta crítica literaria;
Ileywood Broun, con mucha expe­
riencia en periodismo y una perso­
nalidad de singular influencia; el
liberal Christopher Morley, fuente
de entusiasmo, y el que esto firmaEn toda mi experiencia como
maestro, escritor, crítico y director
no tuve jamás tan satisfactorio sen­
tido del éxito en lo que nuestros
antecesores habrían llamado promo­
ción de la buena literatura, como
en mis más de veinte años en el
Club del Libro del Mes. Los jura­
dos estábamos a sueldo y no tenía­
mos participación alguna en la em­
presa; tampoco fuimos sometidos a
la mínima presión de parte de la
administración "n lo une concierne
a nuestras decisiones.
En mis veinte y tantos años en el
Club del Libro del Mes aprendí
muchas cosas importantes con res­
pecto a los gustos literarios y a la
capacidad de lectura del norteame­
ricano- Durante todo ese tiempo sólo
han habido siete jurados —las pla­
zas de dos que fallecieron, Heywoocl Broun y William Alien White, fueron ocupadas por John P.
Marquand y Clifton Fadiman—. De
tal como hubo oportunidad de ex­
traer muchas conclusiones y cono­
cimientos. Pudimos comprobar nues­
tros éxitos y nuestros fracasos a
los pocos meses, pero no —y me
apresuro a aclararlo— por las cifras
de venta de los libros que enviamos.
Lo que contaba ante nuestros ojos
para comprobar el éxito era la im­
presión que causaba en críticos y
lectores, el “ impacto” del libro, fá­
cil de registrar, pues significaba,
usualmente una gran venta sosteni­
da. E sto se traducía, en m uchas
ocasiones, en la honda satisfacción
que produce el innovar con éxito.
Tal cosa ocurrió cuando selecciona­
mos un tipo de libro hasta entonces
poco favorecido por el público norte­
americano, como La buena tierra,
de Pearl Buck, Vivir con papá, de
Clarence Day, o la única novela de
George Santayana E l último puri­
tano. Ese tipo de libro lo vimos di­
fundirse por el país entre los me­
jores lectores.
Nos llevó mucho tiempo —dema­
siado tiempo— aprender una verdad
muy simple: que no podíamos elegir
un libro sobre la base de lo que
creíamos gustaba y pedía el público.
No lo sabíamos; los editores, tam­
poco. Al respecto debo hacer una
aclaración: existe un tipo muy co­
mún de novela romántica que siem­
pre tiene aceptación entre el público.
Ocasionalmente una obra maestra
o algo semejante conforma también
los requerimientos del público —La
Isla del Tesoro, por ejemplo— y se
A'ende tan bien como el producto
hecho a medida para despertar las
más simples emociones. Cuando nos
topamos con alguna obra maestra
de tono menor la seleccionamos in­
mediatamente; cosa que no sucede
con los productos adocenados, que
no despiertan nuestra simpatía y

�v

________
no nos tientan a especular con lo
que se conoce por gusto popular. &gt;_ Comenzamos a ver entonces que
había un solo procedimiento seguro;
elegir lo que nos gustaba a nosotros.
Si un libro nos parecía bueno, al
público le resultaba en igual ma­
nera. El único requisito era el sen­
tido común. Había libros sobre los
cuales coincidíamos, como lectores
experimentados, en que eran dema­
siado eruditos, esotéricos o especia­
lizados, o como en mucha poesía mo­
derna, demasiado difíciles para la
inteligencia del lector común.
También llegamos a comprender
I que el interés del público norte­
americano lia sido grandemente sub­
estimado por editores y publicistas.
Se trata de un público mejor, edu­
cado y menos provincial en sus'intereses que lo que creen los educadores
y vendedores de libros, y lee por
cientos de miles los libros que se­
leccionamos y enviamos, y de los
que los editores pensaban vender
sólo algunos millares. Muchos libros,
'&gt; salvo los religiosos y las historias,
han sido publicados más que por un
propósito comercial para satisfacer
un anhelo. Sin embargo han llegado
a figurar en la lista de los más ven­
didos y allí permanecen.
A través de tristes experiencias
•'&gt; llegamos a 1a. conclusión de que era
inútil elegir un libro porque hiciera
“ bien” a los lectores. La tentación,
¡ especialmente durante los años de
la guerra, era muy grande; pero los
hechos nos enseñaron que el lector
prefiere antes que nada un libro in­
teresante. Aparentemente el libro
que goza de mayor aceptación debe
contener algo más que propaganda,
ya sea ésta moral, económica o po­
lítica, Debe ser, ante todo, intere­
sante.
La última lección de importancia
que aprendimos es a no tener temor
de los prejuicios raciales, religio­
sos o políticos si se trata de un buen
libro. Una y otra vez estuvimos a
la espera de un diluvio, de ataques
debido a que una novela, digamos,
nos parecía extremadamente anti o
■ pro católica, judía o protestante, en­
caraba francamente el problema del
hombre de color, o iba más allá del
New Deal en sus deseos y profecías
) sobre el hombre común. Muchas ve­
ces esperamos un diluvio y sola­
mente recibimos alguna llovizna. La
presunción de que los grupos racia­
les, religiosos o políticos de los Es­
tados Unidos disentían mucho más
de lo que parecía era injustificada.
• En realidad, comparten una expe­
riencia diaria en el sistema de vida
norteamericano, y cuando algunos
aspectos de esa experiencia son ho­
nestamente presentados los leen con
tolerancia y simpatía, aun cuando
no eoncuerde con la interpretación
o la soluciónEl nuevo método de distribución
fué parcialmente «responsable del
éxito del Club del Libro del Ales,
aunque éste hubiera fracasado si no
hubiese existido en todo el país una
demanda insatisfecha, Los gráficos
estadísticos de los libros publicados,
alineados por categoría y por los
ejemplares vendidos, han cambiado
grandemente en una década. De esto
ha sido responsable en alto grado
la evolución experimentada por la
cultura nacional- Decir que Estados
Unidos en los años anteriores y pos­
teriores a la primera guerra mun­
dial, había llegado a la mayoría de
edad sería exagerado, lo que no su­
cede si expresamos que millones, en
lugar de centenares de miles, de
lectores nortemericanos han madu­
rado en las dos décadas anteriores
al experimento del Club del Libro
del Ales. La proporción de los gra­
duados en los colegios, que al menos
realizan algunas lecturas sólidas au­
mentó, como ocurrió en grado mu­
cho mayor con los egresados de las
escuelas secundarias. Se sahe que el
número de éstos se duplica cada
diez años. Tampoco debe olvidarse
que terminada la conquista del Oes­
te, la sociología y los asuntos eco­
nómicos se erigieron en temas im­
portantes para el público inteligen­
te; y que la entrada de los Estados
Unidos en la primera guerra mun­
dial trajo la historia a la actualidad
aun paradlos más indiferentes. Nos­
otras, por consiguiente, no creamos

cabalgata

___________ 5

LA ULTIMA NUCHE
Cuento por LUIS DURATSD

A l darse vuelta en su cama, el hombre entreabrió los ojos, advir­
tiendo que ya las sombras comenza­
ban a llenar la habitación. Al revés
de todo el mundo, su destino lo con­
denaba a vivir de noche, y a dormir,
mientras los días transcurrían. Se
estiró bostezando largamente, y sólo
después de un rato pudo incorporar­
se con perezoso esfuerzo.
Por el pequeño tragaluz de la
puerta de madera, apenas lograba
penetrar la vacilante claridad de la
tarde. En la penumbra, borrosa­
mente, fueron destacándose los ob­
jetos que componían el escaso me­
naje de la estancia. Una silla de ma­
dera con los travesaños rotos y el
asiento de paja desgreñado, un ca­
tre de hierro desteñido en un rin­
cón y en el opuesto una mesita con
cubierta de hule floreado, sobre la
cual había una botella, junto a un
pocilio blanco, con un resto de vino
tintoDesganadamente, el hombre tiró
hacia atrás la frazada con que se cu­
bría, para sacar las piernas y po­
nerse los zapatos. Estaba vestido. Só­
lo su lustroso y desflecado paleto
azul colgaba de la silla. A tiempo de
pararse lo sacudió enérgicamente,
poniéndoselo antes de salir al patio
del conventillo, donde arrendaba
aquel cuarto.
Caía ya el crepúsculo cuando cru­
zó el estrecho patiecillo empedrado.
Sus pasos eran vacilantes; tal vez
iba amodorrado aún, o una intensa
debilidad lo doblegaba. A cada rato,
su cabeza se iba enredando en las
ropas tendidas profusamente en los
cordeles, a lo largo de todo el edifi­
cio. Algunos chiquillos jugaban en­
tre los tiestos de flores y las artesas
diseminadas por todas partes. De
una puerta salía la voz fresca de una
m u c h a c h a q u e entonaba l a última
canción en boga. Junto al caldeá-íilo
rojo de fuego donde se caldeaban las
planchas, algunas mujeres estiraban
cuidadosamente la ropa blanca que
extraían de un gran canasto, en
donde cada prenda estaba echa un
ovillo húmedo. Al pasar el hombre
iba dejando como una desgarradura
de sí mismo un “ buenas tardes”
tristón y desganado, que era siem­
pre contestado con afecto.
José Poblete, ya era viejo. Tal vez
estaba próximo a los sesenta años.
Las cejas erizadas y entrecanas, da­
ban a su rostro un aspecto huraño,
que acentuaba su tez pálida y sus
pómulos pronunciados. E ra alto y
delgado, con todo su pelo. Sus ojos
eran negros y una larga arruga le
hendía la frente casi de sien a sien.
Se detuvo junto al pilón de cemento
para abrir la llave y, juntando am­
bas manos, recibió el claro chorro
de agua con el cual se bañó la cara
y la cabeza. Después, como pudo, se
secó con su pañuelo de bolsillo.
No obstante su aspecto huraño y
malhumorado, Poblete era de carác­
ter alegre y bromista. Empero aque-

lq demanda para libros de ficción
profunda y otras clases, pero nos
complace pensar que por ensayo o
por azar encontramos un medio pa­
ra lanzarlos al público.
En muchas ocasiones tuvimos a
nuestro alcance el elevar a algún ta­
lentoso pero desconocido escritor de
entre el montón de autores y colo­
carlo en condiciones de no tener
que realizar tareas agobiantes para
verse libre de la presión de la po­
breza, y asegurarle que no solamen­
te su primer libro de importancia,
sino el siguiente, contaría con una
aceptación pública que habíamos
contribuido a hacer más amplia.
Hervev Alien, Olarence Dav, Stephen Vincent Bénet, Stuart Chase,
AValter Lipmann, Pearl S. Buck,
Majorie Kinan RavTings, Margaret
Mitchell, John Steinbeck y Richard
W right pueden citarse como nom­
bres eminentes en la actualidad.
Nuestra elección y nuestro sistema
fueron tan efectivos en su favor co­
mo los mejores Alecenas en las eras
clásicas de la literatura.

lia tarde sentíase sin ánimos, des­
madejado, vencido. Su vida era una
carga que le pesaba demasiado. Y
aquella tarde, más que nunca, sintió
que en su pensamiento ya no flore­
cía ninguna ilusión. Abstraído, com­
pletamente ajeno a lo que le rodea­
ba, tornó a su cuarto. De entre las
revueltas ropas de la cama, extrajo
el cuello grasiento, y luego de abro­
chárselo, se encajó en él la corbata
de resorte, que le colgó como una
tripa, seca y retorcida. De un clavo,
tras la puerta, tomó su sombrero
que se encasquetó de cualquier ma­
nera, para salir dando un portazo,
sin preocupación mayor por la segu­
ridad de sus bienes.
Era primavera y ya comenzaba a
hacer calor. En las puertas los chi­
cos y los quiltros alternaban jugan­
do. Al borde de ambas veredas, una
hilera de árboles recién verdecidos,
ennoblecía y ponía una nota de fres­
cura y de belleza en la calle de pa­
redes desconchadas y puertas con
marcos torcidos y desclavados. To­
da la miseria del arrabal se asoma­
ba en cada puerta. Alujeres despio­
jando a sus crías, otras remendando,
algunas con el canasto de “ recau­
do” bajo el brazo, comentaban la
carestía y el despotismo del mayor­
domo del conventillo.
—Ni que fuera el dueño, comadre,
sería tan pirata con los arrendata­
rios.
—Domo él no paga arriendo, qué
se le da, pues.
En tanto, vendedores de hojala­
tería y baratijas atronaban el aire,
ofreciendo su mercancía. En una
esquina un organillo dejaba oír sus
notas lloronas, en las que flotaba
toda la poesía triste del arrabal.
Frente a la puerta de un cité, un
charlatán ante un corrillo de des­
ocupados, proclamaba ya enronque­
cido, las excelencias de nna pomada
que curaba todos los males, hasta
los del amor. Al borde de la calzada,
varios suplementeros jugaban al
“ chupe” lanzando gruesas interjec­
ciones de júbilo o protesta, según
fuera como caían las monedas.
Aquel espectáculo ya no interesa­
ba a José Poblete. Una tristeza agu­
da, un vencimiento infinito le llena­
ba de angustia. Hubiera querido no
preocuparse de nada, tal vez hun­
dirse en la inconsciencia para no
sentir aquel cansancio de vivir que
le dominaba. Pero no había medio
de sustraerse a todo aquello. La sola
idea de volver a su cuarto oscuro en
el conventillo, le aterró. Recordó que
no había comido en todo el día, pe­
ro esto no le causó mayor daño. Un
gesto de resignación le desfloró los
labios, al comprobar que no tenía
una sola moneda en sus bolsillos, y
que seguramente no la ganaría aque­
lla noche.

3

Ediciones de Peuser
LAUREADAS

El jurado de la Cámara Argentina del Libro encargado de proclamar
los libros mejor editados en nuestro país en 1947, acordó, por una­
nimidad, TRES PRIMEROS PREMIOS a las
•AAOT.JOWVAXOI*U5T
siguientes ediciones de nuestra casa, que le
i£l Ultimo flormitiirnlo
aconsejamos llevar hoy mismo a su biblioteca:
ir la Oaí illrdia
EL ULTIMO FLORECIMIENTO DE LA
EDAD MEDIA
por José Van der Elst
El autor describe magistralmente la Escue­
la Flamenca que contribuyó a forjar el
dorado esplendor de los últimos días de la
Edad Media. Hermoso volumen de 226 pá­
ginas, lujosamente encuadernado e ilustrado
con 16 láminas en colores y 129 grabados
en negro ............................................... S 40.—

LA RECONQUISTA
DE BUENOS AIRES

EDICIONES PEUSER

Y DEFENSA

Publicación del Instituto de Estudios Histó­
ricos sobre la Reconquista y Defensa de
Buenos Aires. Una joya bibliográfica que
compila lo esencial de aquellas históricas
jornadas. Grabados en colores inéditos, do­
cumentos facsimilares, iconografía y lámi­
nas de incalculable valor ............... $ 70.—

EL MITO DEL QUETZAL
por Hagen y Hawkins
Un hermosísimo relato sobre la vida del
quetzal, el pájaro sagrado de los aztecas,
con magníficas ilustraciones a todo color.

S 6.—

gallardía, las parejas descendían
El ronquido intermitente de un
para pasear lentamente, en tanto auto, lo arrancó de su bello soñar.
arriba los* pájaros derramaban dul­ José Poblete, lo miró con odio, con
cemente la pedrería cristalina de un rencor salvaje que le obscureció
sus trinos. Los árboles se incendia­ las pupilas bajo las cejas erizadas.
ban con la luz del sol poniente, y He ahí al enemigo. El pudo hacerse
allá en el fondo, todo era fantasía chófer y tal vez su situación no se­
de colores: oro y rosa, verde y
ría tan desastrosa- Pero se obstinó.
malva, morado y azu l... El último No podía tolerar aquellos vehículos
destello, convertía el cielo en una que al comienzo eran incómodos,
inmensa turquesa, mientras abajo echaban humo como chimer
y no
sobre la tierra, la ansiedad de las tenían la noble elegancia de un co­
almas, ponía su broche de ilusión che tirado por un arrogante tronco
en un beso, que se apagaba en el de trotones de pura sangre. No, era
rumor de los surtidores que hume­ inútil. El se quedaría a la antigua.
decían el ámbito con un frescor de Y así fué. Vino demasiado tarde a
advertir que el tiempo había roda­
follaje y de tierra humedecida. . .
Los caballos en tanto, piafaban es­ do tan ligero y que él, su coche y
tironeando las riendas y estornu­ sus caballos, eran sólo una triste
caricatura de todo aquel esplendor
Había sido cochero, toda su vida. dando ruidosamente. Era preciso que ya jamás retornaría.
Su padre y su abuelo también lo •hacer oír el chasquido vibrante de
fueron en otros tiempos mejores, las huascas, para hacerlos aquietarse.
( Continúa en la pág. 8)
ciertamente. Al recordar aquellos
de su mocedad un suspiro largo y
hondo, le ensanchó el pecho. ¡ Ca­
De la Colección
ramba qué tiempos aquéllos! Cerró
TIERRA FIRME:
los ojos para recordarlos- Se vió er­
LA F IL O S O F IA E N C U B A ,
guido sobre el pescante de su vic­
d e M . V itie r. $ 5.50 rn /n .
toria flamante, con su levitón azul
LA N O V E L A E C U A T O R IA ­
NA,
d e A. F . R o j a s .
TEORIA GENERAL DEL ESTADO,
obscuro y sus botas charoladas, di­
$ 5 .5 0 m /n .
por
R.
Carré
de
Malberg.
Encua­
rigiendo el soberbio tronco de ala­
L A P IN T U R A E N C O LO M ­
dernado .. , r .......... $ 49.— m /n.
B IA , de G. J a r a m illo .
zanes que sacaban chispas en el as­
$ 8.— m /n .
falto de la Alameda. Su coche de
G E O G R A F IA D E M E J IC O ,
H IS T O R IA DE LA ECO N OM IA
do A. V iv ó $ 8.— m /n .
llantas de goma se deslizaba silen­
S O V IE T IC A , p o r A . B a y k o v .
ciosamente sobre los adoquines. Te­
$ 19.— m /n.
Libros de Economía,
nía una capota grande abrigada, fo­
Sociología, Historia,
HISTORIA DEL PENSAMIENTO
rrada en felpa, acogedora como un
Letras:
ECONOMICO, por E. Whittaker.
nido. El, entonces, era un hombre
A R T E Y SO C IE D A D , de R .
S 22.— m /n.
arrogante con su rostro pálido, sus
B a s t i d c . . . $ 6.50 m /n .
LOS D ER EC H O S R EA LES
largas patillas negras, como su som­
HISTORIA GENERAL DE LA PE­
Y E L S U B S U E L O EN
brero de pelo que brillaba, tal si
M E X IC O , de A. M o rin c a u
D
AG
O
G
IA
,
p
o
r
F.
L
a
rro
yo
.
$ 12 .5 0 m /n .
estuviera barnizado. Por las tardes,
$ 11.— m /n.
TEORIA DEL SEGURO
camino del parque saludaba con le­
S O C IA L , de G. B o n illa .
ve gesto a las mozas de servir, que
$ 7.— m /n .
E L A RTE EN LA PRO SA
le sonreían insinuantes a su paso
D E M O N T A L V O , de E .
En las buenas librerías o en
por Ejército o Dieciocho, mientras
A n d e rso n I m b e rt.
$ 7.— m /n .
adentro del coche una pareja de
G R A T A C O M P A Ñ IA , de A.
enamorados, se decían con férvida
Fondo de Cultura R ey e s . . . . $ 4 .5 0 m /n .
E N T R E L IB R O S ,
do A.
expresión, aquellas dulces palabras
R ey e s . . . . $ 6.— m /n .
que hacen pensar en que la vida es
Económica
LO M E X IC A N O Y O T R O S
eterna.
T E M A S D E A R T E , de
M o ren o V illa $ 1 3 .- m /n .
B uenos A ires
I ndependencia 802
Después, en el parque era el paseo
un torneo de apostura y briosa

Las grandes obras
recientemente aparecidas

�6

cabalgata

HISTORIAS COA ANGEIES
Por JUAN CARLOS GHIANO
La

La

e s q u in a

trampa

Para Alberto M. Salan.

s el único café del pueblo, en la
cuadra de casa- Vamos todas la.s
tardes, todas las noches; son las
únicas reuniones del pueblo.
Se entra, por una puerta de vi­
drios verdes. El piso es de tablas
arfchas, que los días de lluvia se
cubren de aserrín; el color de la
madera se oscurece debajo de las
mesas de hierro, del rectángulo del
billar. Siempre nueve mesas: cinco
a. la izquierda, contra la pared, de­
bajo del espejo; cuatro a la derechadel lado de la puerta. Los parroquia­
nos llegan a la misma hora, beben
lo mismo, conversan de las mismas
cosas. En la cuarta mesa suele dor­
mitar un borracho; a la última, con­
tra el rincón, se sientan hombres con
mujeres vergonzosas, pintadas, con
flores en el pelo.
Bajo la lámpara central, con pan­
talla verde, la mesa del billar, los
tacos, las bolas de marfil; el piza­
rrón ha desaparecido de la pared.
Siempre hay muchos carteles, de
marcas de cigarrillos, salidas de bu­
ques, anuncios de circos. Me los sé
todos de memoria.
Allí lo vi por primera vez, la
tardecita del 7 de abril. Yo estaba
con dos amigos; en otra mesa ju ­
gaban un tute, en la de la esquina
esperaba una rubia.
Entró solo, arrastrando los pasos
sobre el aserrín grueso- Había llo­
viznado toda la ta rd e; cuando abrió
la puerta, vi las hojas secas pegadas
en la vereda y el empedrado brilloso.
Sin sacarse el sombrero, secándose
las manos mojadas, se acercó al mos­
trador; pidió un café y una caña,
los bebió de golpe.
¿De dónde vendría el hombre?
Nuevo en el pueblo, y solo. Se van
y vienen; el pueblo siempre igual.
&gt;. Me acuerdo bien. Miró el reloj,
— »ouro la estantería de las botellas,
a las ocho menos cinco. Se limpió
la boca con el dorso de la mano;
volvió a pedir caña y la bebió con
frío. Eran las ocho; había vuelto
a mirar el reloj.
El mozo le preguntó:
—¿Espera a alguien?
Esos hombres no contestan.
Apenas pasadas las ocho, dejó un
peso sobre el mostrador, y salió.
Desde la puerta había vuelto a mi­
rar el reloj.
-• Ninguno lo conocía. Esc-s hom­
ares solos, por los pueblos, las tar­
des de lluvia- hombres que no se
ven más.
Salimos a las ocho y cuarto, como
siempre, cada uno a su casa.
Estaba en la esquina, caído boca
ahajo, herido de cuchillo en la es­
palda. El farol temblaba sobre el
cielo ceniza que había caído sobre
el pueblo, el empedrado tenía más
aristas que otras noches. Cruzado
en la esquina, el cuerpo sobre la
vereda y la cabeza colgando en la
cuneta. El traje azul se le pegaba
al cuerpo, los zapatos eran negros,
las medias blancas, de las que antes
sólo se ponía a los muertos; el som­
brero al ladito nomás.
Cuando vino la policía, dieron
vuelta el cadáver, dejándolo cara a
la llovizna. Tenía los brazos do­
blados, las manos como para aga­
rrarse en algo. El agua no acababa
de limpiarle la cara, los ojos abier­
tos, la piel tensa que se ponía azu­
lada, el pelo renegrido, cargado de
gomina-

E

En los bolsillos del saco encon­
traron seis billetes de cinco, tres de
nn peso, unas níqueles; ni papeles,
ni pañuelo con inicial, ni tarjetas.
Isadie en el pueblo sabía su nombre,
en ninguna fonda ni pensión.
Me fui a comer, sin olvidarlo,
hombre visto en dos lugares, el café
de todos los días y la esquina de
mi casa.
A las diez volví a la esquina. Un
perro lanudo lamía con insistencia
las manchas de sangre. De pronto,
sí, se marchó. Lo guiaba el roce
de unas plumas mojadas. Sí, el
ángel amarillo de la esquina.
Me santigüé, porque la noche es­
taba conmigo.

Para Daniel J. Devoto.

f

a

rata ha caído en la trampa.

Sólita, sin necesidad de que la
engañaran con el sebo- Ahora tiene
miedo; fatigada de recorrer la jau­
la, se ha achicado a esperar. Aquí
la dejan, para que la muerte se de­
more, pero la rata sabe que puede
terminar antes; por lo menos, no
la verán morir.
Rata, ni siquiera has comido el
queso que tenías cerca, ese queso es
tuyo. Viste la jaula, pero no el sebo;
ahora, a acabar.
Eso me faltaba esta tarde. El
piano que empieza- Claro, son las
cuatro, va a durar más de una hora,
casi dos. Iloy no tendré que escu­
charlo hasta el fin.
Todos haciendo trampas, ratita.
¿No habré armado yo mismo la
mía ? Es fácil: un alambre aquí- otro
allá, de pronto, los otros alambres
se levantan solos y empiezan a entre­
tejerse. Ya está la jaula hecha, y
el hombre adentro. ¿Para quién la
hice? Porque yo la he tocado con
estas manos, muchos días, como la
araña acaricia su tela.
Ese p ian o ... Hace tiempo que lo
escucho, ocho meses, un año, todos
los días en que he ido haciendo mi
jaula. El sonido se mete aquí, en
los rincones, esperando los nuevos
acordes, cubriéndolo todo. Hoy le
será más fácil atraparme.
Lo he escuchado otros días de oto­
ño, cuando la noche llega tempra­
nito- Con ese árbol de la callé, en­
frente- amarillo y liviano.
No vale recordar. Ya he liquida­
do las cuentas que tenía; la otra,
la mía, no está clara. Nunca podre­
mos volver a sumarla. ¿No es así,
ratita? Será mejor roerla, de a poco. í
en la jaula. Así no se te afilan los !
¿Quién se aeuerdlos días de
otoño? No serás tú, ratón, bicho de
albañal, cazado por los hombres, por
ti mismo. Has vivido en acecho, sin
preparar la tram pa; se armó sólita,
de pronto; el bicho ya estaba aden­
tro.
La música no cambia. Es la mis­
ma de siempre, capaz de hacer llo­
ra r a cualquier animal solo. Otra
vez fué lo mismo; para no escu­
charla me puse a cantar una in­
munda canción del puerto; sus pa­
labras, de a poco, se acomodaron
a la música- hasta que me fué im­
posible entenderlas; en ese momento
comenzó a llorar el muchachito de
la vecina. Eran casi las seis.
Todos están solos, cada uno en
su jaula. A veces, las jaulas están
cerca, rozando tus bigotes o tu cola,
ratita, con otras ratas tan solas como
tú. Y creiste que estaban libres, que
se habían encontrado, pobre ratita.
Desde los bigotes se te calentaba
todo el cuerpo, y te pusiste alegre,
completamente alegre.
¿No va a terminar ese piano ? Que
me atonte, para que puedan verme
entrampado, para que alguien me
suelte, y me espere afuera para se­
guir jugando.
Ah, Dios, cazador de campo ancho.
El también se divierte- no hay duda,
por algo nos hizo a su imagen y
sem e ja n z a . ¿Verdad, buen Dios?
¿Serías tan bueno de contestarle a
esta ratita? Te lo pregunto, no te
pido- Estará muerta la rata en su
trampa, y sólo Tú la habrás visto
acabar. Es un lindo espectáculo, ra­
tita; sólo E l podrá verlo.
Y miedo, tengo más miedo ahora.
Ese piano, como todos los días. Co­
mienza y sigue, term ina; al otro
día, a empezar nuevamente. En esa
casa viven unos hdmbres V unas
mujeres, y el sonido del piano por
las tardes. Deben quedarse mucho
tiempo en la jaula, y se han inven­
tado esa música. Tú no, ratita, siem­
pre fuiste más rápida que las otras,
y más silenciosa.
¿Tendré ya el miedo suficiente?
Las cuentas están saldadas, la mía,
roída, la tengo en la barriga. Aho­
ra sí.
No es posible, no sé hacerlo.
¡ Tú, tú me lo impides! Angel
sordo de los pianos de Conservatorio.

TNcut .t u r a

núm ero

L

Una figura de mujer acostada.
cipio, podría rodar como un tomillo, completandoasí sus episodios, apareciendo siempre de frente;,
renovando sus 3 puntos de apoyo pero sin mul­
tiplicarlos jamás. Con este principio fundamental
he comprendido biológicamente la función del huecoen el porvenir de la estatua.

Si 3 puntos d e -poyo son suficientes
;arantizar la estabilidad material de un • ue i.„. y
si una estatua (en su función monumental) es la
lucha con la ley de la gravedad, contra la caída,
contra la muerte, más de 3 puntos de apoyo repre­
sentan en la estatua lo incompleto de la victoria
del escultor. Una estatua, además, con este prin­

DEL ESCULTOR ESPAÑOL

Por EL MISMO
A U N A PERSON A DE M I CONO CIM IEN TO
EN

CABALGATA

Sab rá extrañado a usted que liaec un año, a mi regreso de
Colombia, quedara en enviarle los originales de mi e s t é t i c a o b j e t i v a
y que, desde entonces, no haya vuelto usted a saber de mí. Hasta
este instante en que le escribo para despedirme. H e trabajado en
este tiempo alquilándome para disponer de un pequeño trono de
cada día en el que he ido pasando en limpio mi libro. Pero no
he conseguido terminadlo: me interrumpí para reiniciar unas es­
E sc u ltu r a n ú m e r o 2.
tatuas y ya no puedo detenerme. Ahora vuelvo a España para traba­
Retrato de mi mujer.
jar con el reposo que necesito. Adjunto a usted fotografías de algu­
nas esculturas que hice con demasiada timidez y muy rápidamente,
pero con el buen propósito de que su venta particular me permitiera
tomar un taller y preparar mi exposición aquí en Buenos Aires para
Varias caras en una cara única. ,
fin de año. N i vendí ni hallé taller. N i conseguí una modesta cátedra de escultura, última
Y
paralelamente a una teoría for- :
solución para el escultor que no desea apartarse más de sí mismo. Esta es la razón de mi
mal del retrato, la reducción espi- j
regreso a mi patria, animado además por el anuncio de «» gran concurso para levantar
en Cádiz un monumento en homenaje a la Argentina, entre “ escultores españoles’ ’. Y
ritual de lo simultáneo. Porque una ,
esto tiene gran importancia para quien se ha visto privado de participar como extranjero
cara es la historia de otros hombres ,
en concursos y en exposiciones y ha tenido que caminar este largo tiempo en America
que nos precedieron, pero un re -'
oon las manos profesioncUmente mutiladas. Trabajé aquí conw químico ceramista
trato es la historia del hombre que
y me convertí así en un escultor sin estatuas, es decir en un hombre imiirrsentable.
H e recordado alguna vez estas viejas palabras de M ilton: “ Millones de hombres
tenemos delante de nosotros, de lo
caminan sobre la tierra sin ser vistos.’’ Casi invisible, acierto a saludar ai usted oon
que le está aconteciendo y más to­
toda, mi consideración y afecto.
J org e de O t e iz a .
datos

b io g r a t ic o s

E s c u lto r va sc o — de O rio— n a cid o el 21 de o c tu b re de 19 0 8 . P r im e r
p re m io do e s c u ltu r a en la b ie n a l de S a n S e b a s tiá n , en 1931 y en 1933 E n 193 1
e x p o sic ió n in d iv id u a l en S a n S e b a s tiá n . E n 1935 o tra en B u en o s A ir e s E n
1936 en S a n tia g o de C hile. E n 1942, c o n tra ta d o p o r el G o b ie rn o de C olom bia
p a r a la o rg a n iz a c ió n o fic ia l d e 1» c erám ica . E n 1944, “ C a r ta a los p in to r e s de
A m é ric a — e n sa y o so b re e l a r te n u e v o en la p o s tg u e r r a ” . E n 1 9 4 6 en C o­
lom bia, E c u a d o r y P e rú , 20 c o n fe re n c ia s s o b re el R e n a c im ie n to de la c e rá m ic a
e « i A - rlC a ’ In T e ®t , 6»&lt;D&lt;5n e s té tic a de la e s ta tu a r ia m e g a lític a p re c o lo m b in a
y G én esis e u ro p e a d e u n n u evo a rto m u n d ia l-a m e ric a n o .

davía de lo que le podrá acontecer.
Un retrato es la cara del esfuerzo
y de la virtud y del poder que un
hombre está poniendo, o está de­
jando de poner, en la empresa per­
sonal de la construcción de su pro- •
pió rostro, de un rostro soluble en,
pequeños acontecimientos o de uni¡
rostro definitivo, imborrable y per-

�6

cabalgata

Por SEBASTIAN SALAZAR BONDY
I I arpo Marx iiabla en telarañas.

ta su

brazo de hielo puro y su

boca también de hielo puro. Ha­
A
bla, habla debajo de la alfombra que

E sc u l t u r a n ú m e r o 3. Retrato del pintor Otario.
petuo. Casi todos los hombres caminan con caras
cara, nos están integrando dinámicamente la ver­
prestadas, ajenas, con caras de lotería. Muy rara­
dad. la vida o la muerte, en su realidad inmóvil,
mente con su propia cara aproximada. Una cara
que es el retrato-historia, la cara-estatua. Por esto
borrosa es a veces una cara fuertemente personal,
las verdaderas caras de los hombres nacen después
una cara en el instante dramático de su comienzo,
de sus estatuas. Son las caras que quedan. Las caras
de su recreación. Una cara con apariencia esta­
de los hombres que hicieron en carne viva su propia
tuaria — una herm osa cabeza n a tu ra l— no es
estatua. “Atendedme ahora —dice Esteban en el
generalmente una hermosa especie de hombre, si­
Ulises— : en el vientre de la mujer el verbo se
no la escena final de otros hombres, la especie ar­
hace
carne pero en el espíritu del creador, toda la
queológica o mística de un antiguo esfuerzo. (El
carne
que pasa se convierte en la palabra que no
sentimiento místico en el retrato número 2). En la
pasará”.
Hay que deshacer las cabezas construidas
herramienta facial del retrato N9 3, el hombre se
orgullosamente
por los antepasados. Hay que com­
revela contra sí mismo, se rompe en un sentimiento
pletar las cabezas iniciadas con el dolor personal.
trágico. Al recomponerse los fragmentos de una

en la siesta cubre las manos de los
pollos. Habla de bacín o de barril,
pero habla aunque no te crea yo,
j,tu oyente oculto, tu vecino de res| frío, tu más antiguo amigo en ese
j¡espejo que se sume en la noche y
; cubre los andenes en estío,
j — ¿Cuándo vas de visita a las al­
ocólas o a la oficina, concejal, pru­
rito, egeo como el cielo a medianoche
sohre hospital, correo? — te pre­
gunto{
Harpo, menudo compañero del
platino, ciego.
—Harpo, ¿qué dice la pintura de
caballete, el pato contemporáneo, la
pajarita del espectáculo o las sillas
vacias de mi casa? — te pregunto.
Harpo en milagro hace de su pa­
labra sueño» y de tanto afecto, de
tanta destrucción, de tanto blanco,
de tanto apego al jabón lleno de
enfermos, se finge el que espera
noticia en los roperos, el que se
esconde en buhardillas viejas, sella­
das con periódicos, sábanas, encajes.
¡ Oh, divino remiendo en su maleta!
Harpo, secreto tío, bobo que mira
telarañas.

Tal como he dicho: bobo que mira
telarañas.
¡ No encontrarás pariente más am­
biguo, más trastorno tampoco, más
jarrones de Sevres, más muebles en
adobo, tinas y caballos relinchando;
y arpas» arpas clásicas, geométricas,
púnicas, sonoras como grutas! ¡No
encontrarás aquí otro que mejor te
oiga y con más tino, que te abroche
el chaleco a la rodilla con más tino,
que te cambie timón por lechería
y esa la loza usual de tu sonrisa
por habas, habichuelas, con más
tino!
Harpo blandujo, camiseta, en el
desván del mundo conversemos.
I magen perenne de
Manuel Rodríguez.
ü n claro caballero de rocío,
un pastor, un guerrero de re len te...
H ernández.

beduino de cal enmudecida o
su sombra de hienas, díscola a
veces cuando en el torneo se sobre­
paraba el moribundo arsénico ate­
rrado, dormía en su frente, ebrio,
sobre la cola de aquella salamandra
de los vinos españoles, de aquella
extraña corona que lentamente caía
desde los claros aposentos de la san­
gre. Mas cabía pensar que estaba
envuelto en dioses nunca antes re­
queridos, nunca evocados, apenas
vivos en medio de su fuego y sus
caballos.
Un beduino o&gt; mejor dicho, una
cabeza que pendía cubierta de acero
suave y lágrimas en ojivas, en oji­
vas mojadas durante una tarde acar­
tona da, plúmbea.
Un beduino, una gárgola triste y
delicada, un monje entre cilicios.
Un beduino, un hijo o un padre,
un labrador que abría con sus ar
mas la entraña de los sueños y des­
de dentro de ellos inventaba las
muertes venideras, los alimentos, el
ácido y la pluma.
Un beduino, ángel Manuel, odio
y amor Manuel, que con el toro
en un momento estuvo eterno.

u

n

A salto

E scultura

n u m e r o 4. Figura del h o m b re caído (L aocoonte).
Es un homenaje a los hombres que hoy están 'muriendo, a los que
sobreviven profesionalmente mutilados, a los que no se levan­
tarán más.
He estado viajando muchos años en una isla prohibida, aca­
parada. Todo está lo mismo, pero yo vuelvo cargado de odio. Llevo
el odio en pequeños ladrillos. Es odio para construir. Algunos cree­
rán que el odio no construye, pero sólo el odio —amor implacable—,
el odio infinito, puede crear las nuevas condiciones para la renova­
ción de la fe. Constructor de fe ha sido siempre el escultor. La natu­
raleza de un escultor nuevo es su capacidad para descubrir esa
nueva f e : una especie de pre-fe —un profeta— y su resultado será
la pro-fecía: y él mismo pro-feta, hombre re-hecho, reinventado,
puesto de pie sobre las ruinas de todas las creencias agotadas. El
odio es la mancha, el pie, sobre todas las cosas arruinadas, que deja
al hombre solo, activo, frente a la nada, contra la muerte. Entonces
la fe es simplemente la luz, los primeros días, como el principio de
la construcción del mundo. El hombre reaparecido tendrá luego,
fe y será la fe política del arquitecto, la fe canónica. Pero antes el
arquitecto es escultor, es el arquitecto del arquitecto. Hasta que
la primera sombra sobre la tierra denuncia el cuerpo de la primera
estatua sobre la muerte. Entonces se repartirán las cosas por sus
propios pasos y esta terrible confusión comenzará a desaparecer,
dejando sitio nuevamente para el hombre, para la fe, para que las
estatuas del escultor se cumplan, sean vistas, para que la profecía
se rompa como un gran huevo que ya tiene su figura y la cifra
innumerable de una empresa original asegurada.

E sc u ltu r a

núm ero

5.

Retrato de la Vía Láctea.

C I el hueco en la estatua no sirve para la simplificación de sus
^ apoyos, el hueco no es más que una enfermedad del tejido ma­
terial, del bulto, de las estatuas. Además el hueco se nos revela en
nuestro análisis como el concepto eje de una lógica para la renova­
ción formal. Equivale espiritualmente a la reaparición del senti­
miento trágico al concluirse la herencia de un sistema morfológico
clásico. En la investigación de la estatuaria megalítica americana
he estudiado las etapas correspondientes a este proceso. En la
próxima etapa experimental el hueco ha de ser objeto de un nuevo
razonar plástico. Hasta ahora no va siendo más que la descompo­
sición natural de los factores naturales que integran la estatua.
Y el hueco deberá constituir el tránsito de la estatua-masa tradi­
cional a la estatua-energía del futuro, de la estatua pesada y ce­
rrada a la estatua superliviana y abierta, la Trasestatua.
Aun estas cosas que reproduzco están inscriptas en los anti­
guos armarios áureos. Es para despedirme de los poliedros regula­
res opacos, de estos recintos apretados que creyó divinos Platón,
porque ahora hay que apresurarse a devolver la libertad a las
estatuas, para que cuando el hombre, si otra vez toca la hora de
su libertad, no vuelva a ser des-almado por la traición oficial de
un arte extemporáneo e inútil. En todos los órdenes, hoy la solu­
ción de una cosa está fuera de sí misma. A una concepción del
universo que nos lo muestra en expansión constante, corresponde
una estatua en constante dilatación estética. Cuando las estatuas
no llegan antes que el hombre a las nuevas condiciones de su misma
libertad, el hombre es fácilmente traicionado. Cuando el hombre se
disponga a edificar su nueva casa universal hallará en ese sitio
como señal verdadera a la estatua nueva anticipada. Por esto digo
que antes que el Canon, antes que la regla pública del arquitecto,
se da en el Prefacio, la fe individual del escultor. Ha sucedido así
otras veces.

a la joyería.

rv io s salve al relojero que piensa
Y f sobre las piezas mohosas de su
almuerzo y salve a su mujer, la del
ojo de vidrio, la tonta que vive en
la cocina. Dios salve a sus dos hi­
jos carminados. Dios salve al cana­
rio que pica noche y día los fila
mentos del cucú, los pequeños tor
ni líos, las pulseras, los diamantes,
los oros que trabaja el relojero. Dios
salve, en todo caso, al abuelo dia­
bético que gime, hinchado y sole
junto a sus claveles.
Los diarios lo dicen y lo repite
el cochero al fraile, el fraile al hom­
bre consecuente, al algebraico, al tí­
mido, al cómico que baila en laí
aceras. Todos lo saben y de conti­
nuo lo sospechan los policías sen
satos, mustios, silenciosos. Los ami­
gas del delincuente, también lo juz
gan con aprecio.
Pero quién sabe qué percance, qu&lt;
novedad se encierra en el letrero
qué oculta ocasión los birria y sí
interpone. Caminan con sus hacha!
lentamente los asesinos detrás de lo¡
avisos luminosos. Lentas andan su¡
piernas, lentas sus manos» lentos su¡
pasos no ven nada sangriento ei
el proyecto. Andan los malhechores
sin compás, sin ritmo. Se tropiezan
golpean las paredes, cantan quedi
a veces silban en el entreacto o s
abrazan con gozo.
Dios salve a aquella gente. Pobrej
sus tristes mesas inconclusas, sip
billetes, sus ademanes simples- Dioj
salve al relojero de la muerte qm
acostumbra a espiar la joyería. Dio
salve a la ciudad de tanto miedo

�8

A l G U I ESI v i a
M O RIR
Por DAVID ALMIRON
uan

J

V erde estaba dedicado a efec­

tuar su tocador con más esmero
que otros días porque era jueves y,
los jueves, visitaba a su novia.
Eligió el más presentable de sus
trajes y la más discreta de sus cor­
batas.
Frente al espejo dio los últimos
toques a su peinado, se echó algunas
gotas del perfume preferido y, ale­
gremente, salió a la calle.
Los seres que se movían en la
niebla eran rojos y deshilacliados.
Las voces se deshacían sin llegar
a insinuar nada.
—Ya. estoy cansado de esto.
—Si acabara la hora. Si pudiera
terminar este cigarrillo sin tener
ganas de vomitar.
—Y siempre somos nosotras.
—Nosotros. Yo, sobre todo.
—Busquemos la manera de sa­
lir sin que él nos vea.
—Nos verá. ¡ S í! ¡ Nos verá !
Gritó histéricamente. Y la niebla
se movió apenas.
Compró una hermosa flor blanca
para el ojal de su solapa. Después
se paró frente a las vidrieras de
una bombonería y eligió cuidadosa­
mente una caja de golosinas para
su novia. La empleada era simpá­
tica y a él le costó trabajo recordar
el nombre de su prometida para
escribirlo en la tarjeta.
Al salir lo rozó una bella chica
y Juan se volvió, al oír la disculpa,
con una frase galante. El sol ale­
graba la calle y la gente caminaba
con un gesto alegre en los rostros.
Todo estaba mojado y las caras
se reflejaban al revés, con los ca­
bellos colgando. Los ojos giraban
ir interrumpidamente.
Las piiei tas s'e abrieron y las som­
bras entraron dando feroces ala­
ridos.
Entonces el que estaba sentado

en el sillón se hizo trizas y la mujer
que lo miraba dijo suavemente y
eon desgano:
—Silencio.
Después siguió aplastando migas
de pan contra la mesa.
El humo se pegó al piso y los
que llegaron lo movieron al avanzar.
Ella alzó la cara y, poniendo los
labios al beso, exclamó con hastío:
—Te esperaba. ¿Has traído el ins­
tante que te mandé buscar ?
—No. Me he perdido. No he con­
seguido regresar. Todos los caminos
están vigilados.
—¡Basta ya! Estoy cansada.
Se in c lin ó y llo ró convulsiva­
mente.
Luego el humo subió hasta el
techo.
Juan entró a la moderna casa de
departamentos y se acercó silbando
a la puerta blanca del que ocupaba
Susana. Apenas había tocado el tim­
bre cuando ella abrió. Se veía que
lo había estado esperando ansiosa.
Después de un ligero beso lo hizo
pasar a la salita.
La madre de la chica estaba arre­
glando una cortina y lo saludó ca­
riñosamente cuando él entró.
El padre vino luego, lo palmeó
con ostensible afecto y se sentó a
leer la edición nocturna de los pe­
riódicos.
Ellos miraban desde afuera y gol­
peaban contra los cristales. Babea­
ban y aullaban débilmente. Se des­
lizaban por los vidrios y dejaban
rastros grasicntos. Había una llama
impúdica ardiendo en medio de la
estancia.
La suciedad estaba complaciente
ba' iendo opacos los objetos.
1 soldado se paseaba con pasos
mecánicos y su fusil arrastraba por
el suelo. La empuñadura golpeaba
las tablas del piso y los colores se

CABALGATA deja de publicarse
r
'"'ON el presente número Cabalgata da por terminado su segundo
período. Dicho de otra manera, interrumpe su publicación, porque
los períodos de una revista ni se miden por el tiempo, ni se truncan
como el tallo de una vida. Cabalgata, decimos, interrumpe, sus­
pende su publicación a partir de ahora. ¿Será, esta segunda vez,
última, definitiva? No se usaría el verbo futuro como tema perio­
dístico si no existiera el signo de interrogación.
Cabalgata vino a cumplir una tarea, una tarea a la que alguna
vez hemos llamado misión. Quizá por eso desaparece con prematuridad. Misión, ambición y otros enunciados acabados en sión, ción
y ón con rara frecuencia dejan de cumplirse. Por (pié. . . toda pa­
labra que leída al revés empieza con un negativo, etc., etc. C a b a l g a t a
desaparece antes de realizarse plenamente, vale decir lejos de al­
canzar la inefable esterilidad. Desaparece en medio del tranquilo
tumulto de la más acabada crisis del libro que el país registra.
Es manifiesta la generosidad de esta obra inconclusa. Ca­
balgata haciendo honor a los propósitos de popularización de las
letras y artes que la inspiraron, ha sido el portavoz del libro argen­
tino y se ha hecho eco de sus intereses, fustigando reiteradamente
a los gobiernos que levantan trabas para su libre internación, nie­
gan divisas para su pago e imponen la censura con espíritu regresivo.
Hemos defendido lo que para muchos es un anacronismo; la liber­
tad, la comprensión y el respeto por medio de la lectura culta.
Cabalgata viaja, se la conoce y se vende en los más apartados
rincones de los países de habla castellana. Estas páginas han di­
vulgado la producción bibliográfica argentina. Lectores de todos los
países y de tierras del interior argentino nos han agradecido esta
publicación y, con frecuencia, con clara intuición de. nuestro es­
fuerzo, nos han enviado palabras de aliento. Por estos lectores y
por la fecundia de nuestra obra hemos llegado hasta aquí. La revista
es nuestra, su carne y su espíritu nos pertenece. Una revista perece
pero no pudre; no pudre mientras no se nutra de favor.
Cabalgata ha vendido publicidad y ha sido el más orgulloso,
eficaz y munífico intermediario profesional. Pero la publicidad se
nos ha retaceado. Si se revisan las páginas de los 21 números pu­
blicados, fácil es observar la reiterada ausencia de notables avisa­
dores. La ausencia de avisadores es nuestro fracaso. Eso es todo.
Cabalgata abrió las páginas al escritor novel, al escritor y al
poeta inédito. A nadie se le ha exigido ni edad, ni procedencia, ni
filiación. Nuestro más legítimo orgullo será el haber lanzado algu­
nos nombres que algún día, hoy mismo, contarán en las letras ar­
gentinas. Si hubo algún error, es nuestro. Si queda en nuestras
carpetas de originales impublicado algún trabajo de valor, lo sen­
timos profundamente. Por esos jóvenes escritores, y por los que
poco a poco rompían su timidez y se acercaban a la revista, nos
pesa que nos abandone la voluntad y que decidamos poner término
al presente período de. Cabalgata.

refugiaban en los agujeros del zó­
calo.
Tenía un uniforme pardo y el
casco abollado. Esperaba.
Se abrió la reja y un hombre
pálido, vestido con una ajustada
malla negra, habló con mucho es­
fuerzo.
—El condenado no vendrá.
—¿Por qué? — dijo con angustia
el soldado.
—Ha decidido vivir con sus pro­
pias manos. Se degolló con el filo
de una hoja de papel.
—¡No! ¡No! ¿A quién mato yo
ahora ?
El arma cayó al 'piso con un rui­
do sordo. La ventana quedó vacía.
El cielorraso se agrietó y la luz
entró a empujones, haciendo imper­
ceptible al soldado.
Y el casco era un cráneo de acero
brillando estúpidamente.
La chica se sentó al piano y eje­
cutó un estudio de Chopin. Juan
saboreaba el licor casero dando vuel­
tas en sus dedos la pequeña copa.
Se estaba bien en aquel ambiente,
confortable y tranquilo. Dejó en­
tonces su asiento y no pudo refrenar
el impulso de ir hasta su novia, to­
mándole la mano para acariciársela
dulcemente. La madre sonrió con
un gesto de comprensión y los dejó
solos.
Ella tocaba con una sola mano,
mientras él la besaba.
Sobre el piso estaba la mujer des­
nuda y se revolvía lascivamente.
—Tómame ahora. Antes que ven­
gan. Antes que traigan los ojos des­
orbitados y me recorran, con las
manos enguantadas, los senos y las
piernas.
Las flores de papel se agobiaban
por el polvo acumulado y los cua­
dros habían abandonado los marcos.
Un disco giraba sin dejar oír su
música.
—¡ Tómame!
El mascarón africano estaba im­
pasible colgando de la pared, año­
rando tantanes.
El cuerpo blando y tibio se re­
torcía en el suelo y las manos ara­
ñaban las maderas.
—Quiero ser tuya antes que venga
el alba.
Él vino envuelto en trapos des­
hilacliados y la miró indiferente.
—¿Has venido con el instante?
— dijo la mujer anhelante.
—Es tarde ya.
—Debe ser ahora, antes que se
den cuenta.
Lo atrajo hacia ella y se abraza­
ron, mordiéndose.
Entonces, desde las paredes, avan­
zaron disparando sin intervalos so­
bre los cuerpos acoplados.
La p ó lv o ra lo llen ó todo de
amarillo.
—Nos casaremos el primer sábado
del mes que viene.
Salió a la calle con el último beso
prendido en los labios.
Y lo atropelló un automóvil.

LA

1 IL T IU IA

( Viene ele la pág. 5)

II
Al final de la calle Santa Rosa,
en el fondo de un sitio eriazo, se
alzaba el galpón, donde guardaba su
coche y sus caballos. A tiempo de
entrar, un muchachón de aspecto
extranjero le saludó:
—Buenas noches, don Pepe. Ya
creía que no iba a v en ir...
El hombre con los ojos sin luz,
sus labios contraídos en un gesto
amargo, le miró sin responder.
—Dijo mi papá que si hoy no le
pagaba el pasto, no le iba a entre­
gar más. Son diez fardos los que le
debe. . . Los negocios van mal tam­
bién.
Poblete con la voz opaca y sin
convicción, sólo atinó a decir:
—Estas noches, no he ganado ni
para comer. Si ahora me va bien
mañana le paso a dejar lo que pueda.
El muchacho rezongó unas pala­
bras, .que significaban una amenaza,
que Poblete, por experiencia sabía,
se cumpliría. Poseído de una extra­
ña angustia, levantó uno de los co­
jines para sacar un trapo con el
cual se puso a asear el “ victoria” .
Ya era todo una miseria: la capota
raída, los cojines destripados, los
faroles rotos. Desolado descolgó los
ameses para ponerlos entre los es­
cuálidos jamelgos, que junto a la
canoa vacía, esperaban inmóviles,
con la cabeza gacha, tal si estuvie­
ran obsediados por la misma pena
de su amo.
¡Pobres! A pesar de todo no se
rebelaban. Lo soportaban todo pa­
cientemente. El hambre, el frío de
las crueles noches del invierno hería
sus lastimaduras, que por esta cau­
sa nunca podían sanar. El Mono
y el Mulato, siempre sacaban fuer­
zas para tirar el coche por las pe­
dregosas calles del arrabal, cuando
iba cargado de ebrios que las más
veces se iban sin pagar. El Mono
estaba enfermo. T o sía a m e n u d o con
violencia, y las más veces, Poblete
constataba con dolor que al llevarlo
al bebedero, el animal apenas se mo­
jaba el belfo y luego junto al pasto
—que el Mulato acogía con un re­
lincho de alegría— aquel permane­
cía eon los ojos cerrados y el as­
pecto de un enfermo de tristeza.
En esos momentos Poblete desea­
ba morir. Ellos constituían su úni­
ca familia.: hijos, hermanos, mujer,
todo su cariño estaba condensado
en ellos. Y nada podía hacer en su
favor. Tampoco! venderlos, pues el
sólo pensamiento de que los mal­
trataran lo ponía fuera, de sí.
Lentamente, fue cruzando las ca­
lles, al paso fatigado de sus bestias
cansinas y esqueléticas. Con terror
pensó en lo que haría al día siguien­
te, si en la bodega no le daban pasto.
Por él no se afligía; él podía pedir
un pedazo de pan, ir donde un ami­
go, pero ellos a quienes sólo él com­
prendía ¿qué podían hacer?

DUCTOR

JEAINÍ DELM AS

brairic Aristide Quillet, de París, ha
pasado por Buenos Aires len rápida
visita.
Demasiado breve su estancia entre
nosotros, pues casi ha viajado de in­
cógnito, nos fué más que difícil poder
entrevistarlo. Unos minutos en el Pla­
za Hotel, donde se hospedó, para salu­
darlo; breves instantes en las oficinas
de QuiHet, para admirar algunos de los
maravillosos libros de arte que ha traí­
do de Francia, y, finalmente, la entre­
vista.
Pero la entrevista, debemos aclarar­
lo, sólo fué posible gracias a la compli­

■
Súbitamente un collar de luces
extendió sus cuentas luminosas a
lo largo de la calle. Eran las prime­
ras horas de la noche. Los autos cru­
zaban insolentes y veloces, al pasar
junto a su victoria soñolienta en­
cegueciéndolo con el resplandor de
sus focos que barrían la calzada,
fugazmente. Las bocinas resonaban
unas tras otras, a veces como una
carcajada, otras con burlona estri­
dencia. El centro, donde antes do­
minara arrogante y orgulloso, ahora
le atemorizaba con su tránsito tu­
multuoso y arrollador. Ahora íbase
por las calles apartadas, cerca de
los lenocinios y cantinas donde so­
lían ocuparlo de vez en cuando, más
por vía de diversión, que por ne­
cesidad.
Afortunadamente, la noche era
tibia. Estacionado cerca de una es­
quina, las horas transcurrían inter­
minables. De una. casa de cena, pró­
xima, salían hombres y mujeres que
iban de juerga. A veces parecían
venir derechamente hacia él, que
con un vuelco en el corazón reque­
ría las riendas a tiempo de ofre­
cerse, con voz triste, casi dolorosa:
—Estamos listos, patrón.
Mas, era en vano. Sin oírlo, sin
advertir casi su presencia, pasaban
a su lado. Eran sólo los autos, los
que después de roncar brevemente,
se iban con los pasajeros. Así la
noche se pasaba, matando a cada
rato sus esperanzas, entre gritos, ri­
sotadas y lejanos cantos de mujeres
borrachas. Ya el alba estaba próxi­
ma. Sin saber lo qué hacía levantó
las riendas, animando a sus bestias
con un suave chasquido. Lentamen­
te fué deshaciendo su camino. Era
inútil luchar. Estaba demasiado vie­
jo y sentía todo el cansancio de una
larga vida. Todos los suyos se ha­
bían muerto y su desesperación se
tradujo dolidamente.
—¿Por qué no moriré m ejor... ?
Y somo si en ese instante el hon­
do ruego que formulara su desdicha,
se hiciera realidad y adquiriera la
súbita y arrolladora violencia de
un destino que se rompe, José Po­
blete, recibió casi inmediatamente
una respuesta trágica a su implo­
ración. Los focos de un potente
automóvil lanzado al máximum de
la velocidad, se hundieron junto a
él, deteniéndolo en un encontronazo
feroz, que lo estrelló en la pared
cercana donde el viejo victoria y sus
caballos, fueron un hacinamiento de
fierros, correajes y carne debatién­
dose en el último estertorUn grito lanzado al unísono, por
varias voces, rasgó el aire como una
saeta de espanto, mientras José Po­
blete como un muñeco de goma, era
lanzado sobre la calzada. Y allí, un
reguero de sangre que surgía de
su cabeza deshecha, rubricó como
un signo entre el pasado y el pre­
sente, todo el inútil esfuerzo de
aquella última noche...
Chite.

podido conversar con los editores ar­
gentinos más caracterizados. La labor
realizada por unos y otros en los últitimos años es muy meritoria, tanto, que
han logrado ustedes colocar a esta mag­
nífica República Argentina entre los
países más destacados en producción
editorial. El esfuerzo es tan importante
que aquí podrían realizarse hoy, sin
duda alguna, libros comparables a los
mejor impresos en Europa o Estados
Unidos.

Habla para C A B A L G A T A

NA figura bien conocida entre los
U
editores franceses, e* doctor Jean
Delmas, director técnico de la Li-

M O C H E

cidad cordial de M. Pierre Agnel, ge­
rente general de Editorial Quillet en
Buenos Aires. Lugar de la acción: Club
Francés de Buenos Aires, en el trans­
curso de una recepción ofrecida al doc­
tor Delmas.
— ¿Qué impresión le han producido
nuestros libros, señor Delmas?
— Inmejorable. He quedado grata­
mente sorprendido del desarrollo de la
industria editorial y del valor cualita.
tivo y cuantitativo de las ediciones ar­
gentinas.
— ¿Ha tenido usted ocasión de reali.
zar muchas visitas?
— No he perdido el tiempo. He visi­
tado, con el mayor interés, las princi­
pales imprentas de Buenos Aires y he

Y de las ediciones francesas, ¿qué
puede usted decirnos?
Que siguen siendo excelentes; en
Francia — y el fenómeno es universal—
han nacido en los últimos años infini­
dad de nuevas Editoriales, unas mejor
orientadas que otras; todas, no obstan­
te, cargadas de las mejores intenciones.
La crisis del libro es también univer­
sal, pero estoy seguro de que, paso a
paso, vamos ganando nuevos lectores,
sobre todo para obras de calidad y edi­
tadas por firmas responsables y de
prestigio.
— ¿Ha tenido usted ocasión de mos­
trar alguno de los maravillosos libros
de arte franceses que trae en sus va­
lijas?
— Sí, naturalmente. En el transcurso
de las diferentes entrevistas con los
directores y técnicos de las principales
Editoras e imprentas argentinas, he
podido hacer apreciar, con cierto orgu­
llo el valor de las últimas ediciones de
arte realizadas en Francia, particular­
m ente nuestra H istoria General del
A rte Q uillet, obra monumental en cua­
tro volúmenes, recién aparecida, donde
hem os reunido, con vocación y artesa-

�cabalgata
( Viene de la página 4)

que en la consecuencia del que no
piensa participa mucho la estupi­
dez.” (‘‘El Porvenir de España” ,
tomo 29, página 1072, ‘‘Obras Com­
pletas de Angel Ganivet” , Madrid,
1943, Aguilar.).
Pero distingamos las contradic­
ciones útiles de las falaces, y no
siempre avalemos sus vueltas por­
que sean honradas. Ni filósofo ni
político, Ganivet espiga en todos los
plantíos. A verigüe y clasifique,
quien pudiere, los orígenes y las
fuentes de sus doctrinas y pragmá­
ticas; a nosotros nos basta haber re­
conocido en dos frases la causa y
los afanes de su andanza. Pío Cid
it&amp;blaba a un su discípulo, y en él, a
España: “ Baile usted encima de to­
das nuestras glorias nacionales.”
^ Mal criterio de España tiénese en
España: “ Vosotros llamáis españo­
las a las casas petrificadas y muertas, v yo creo que se puede ser muy
español yendo hacia adelante.”
Por ir hacia adelante, olvidando
tumbas y cadáveres estériles, tan­
teaba Ganivet el camino de España.
Y era, Ganivet, sucesiva y junta­
mente, irreligioso y cristiano, adver­
sario de la democracia y curiosísimo
indagador del socialismo, soberbio
fiscal anarquista y teórico del po­
der fuerte y las cámaras estamenta­
les; español, español, español. Era
Ganivet, único; era Ganivet, el que
llevaba a España, para españolizar­
la, hasta su no vivido siglo xix.

APROXIMACIONES A

GANIVET

manticismo. Pero sepamos, antes,
qué ha de entenderse por romántico
y romanticismo.
Azorín, reconquistando a Feijóo,
define el romanticismo como “ va­
lentía del numen.” Vaguedad, si se
quiere, mas vaguedad asaz indica­
tiva: aceptándola, j quién negaría la
romántica “ valentía del numen” a
la lírica del siglo áureo, y a las mo­
dernas audacias surrealistas? Por
esa ventana abierta en su laberinto,
el romanticismo se nos escapa como
época y forma literarias; desde allí
huye hacia latitudes casi intempo­
rales.
José Bergantín lanzó su ilustre
palabra lejísimo en la visión del
romanticismo. Conferencias montevideanas calificaron “ romántico” a
Quevedo, entroncaron el romanticis­
mo en el barroco, y resumieron bre­
vemente el sentido del romanticis­
mo: no escuela literaria, sino “ ex­
periencia viva y total del hombre.”
(Necesario paréntesis: Martínez
Ruiz y Bergantín, de tan opuestos
linajes ideológicos, de tan disímiles
tendencias ideológicas, hermanan
juicios
en hablando de antecedentes
IV
y edades del romanticismo).
DE GANIVET Y EL
Dijimos que cuidaríamos no per­
der rumbo en los dédalos del roman­
ROMANTICISMO
ticismo, y sin embargo, casi nos ha­
Un tema seductor en el vasto cues­ llamos prisioneros en el ovillo in­
tionario que Ganivet provoca: des­
extricable. Salvando riesgos de un
tilar —admítasenos el voquible— lo discutir impropio, peligrábamos emi­
que haya de romántico en su vida y
tir lo sumario y falso de la simboen su obra. Dispararemos, más de logía romántica, equivocar las se­
prisa que a Belcebú, de la centena­ ñas mentirosas con las verdaderas:
ria polémica abierta, abierta, que no
fueron precisas las aclaraciones ma­
cerrada, acerca de la esencia del ro­ gistrales, para que al sondar en Ga­
nivet las huellas románticas, apren­
ma. todos los perfeccionamientos de la diéramos a. sustraer de las marcas
t é c n i c a .gráfica m o d e r n a , t a n t o
ia
.... “ ¡q&lt;¡ brumas escocesa?.
diagramación de los textos como en
• 1•"
españ i. el ,ropel i i ; ’tá-.
reproducciones de las más c~‘
rias obras de arte Je todo
......úo.
trv(VAwa —-ya. V?. avisaba Bersra
—Doctor jfiS fi Diluías, ¿ q a é imiireuesi:c iicuic—
el sc..do ro­
... usted de Buenos Aires?
manticismo,
en
el
romanticismo
frus­
—Díga que me han emocionado las
tre y académico.
cordiales palabras y las muchas aten­
ciones de los editores e impresores
En su situarse ante el mundo —y
con quienes he convivido brevísimaretornamos— no es Ganivet un ro­
mente. Dé por seguro que nuestras
mántico : cerebralista, apasionado, lo
conversaciones no serán estériles. . .
sentimental
no toma el primer plano
—¿Piensa usted visitarnos con más
calma?
de su perspectiva. Ya que roman­
— ¡Oh, sí! Espero volver muy pronto
ticismo equivale a experiencia, y la
a este país, joven y emprendedor, para
experiencia nace de la acción, Ga­
utilizar la colaboración de nuestros co­
legas argentinos y ampliar la produc­ nivet, abominador de la actividad,
ción, siempre creciente, de la Editorial
teórico de la vida horaciana, no pue­
Argentina Arístides Quillet.
de ser medularmente romántico. Ro­
F. A.
manticismo.- valentía del numen.
Tradúzcase, luego, osado, utópico
salto a la garrocha, del pensamiento.
El romántico no desata el nudo, ¡o
• Cuando se supo que el Director
corta. Y Ganivet quemó su breve
de C a b a l g a t a , nuevamente enfer­
existir en afán de desenredar minu­
mo, había confiado a un amigo su
ciosas ligaduras,
propósito de suspender la publi­
(Nuestros juicios últimos respec­
cación de la revista, alguien ex­
to
de la total experiencia implicada
clamó:
por el romanticismo, y de ahí, la
—¡Otro que también entrará
esencialidad a-romántica de Ganivet,
en la convalecencia será A m ó!
no quitan las tesis de líneas arrib a.
• N o se ha confirmado que al
que era, Ganivet, empírico, que sólo
tener noticia de la suspensión de
experiencias hay en el origen de sus
la revista, Don Pedro haga excla­
obras. En Ganivet, la experiencia
mado, sinceramente compungido:
no se re-crea, no se atavía con ade­
—¡ L á s 11 m a, porqu c para el
rezos imaginativos: la experiencia
otro número les habría prometido
se
trasmite linealmente, literalmen­
un aviso!
te, en ideas, nunca en acciones. E!
• Se ha dicho muchas veces de
romántico, cuando no tiene la expe­
C a b a l g a t a que era la revista
riencia, la inventa; y poseyéndola
“que faltaba”. ¡Deja de publi­
—cierta o soñada—, la engalana, y
carse quizá para que siga fal­
cambia, y trueca, la hace color, me­
tando?
táfora, acción fantástica: todo, me­
nos raciocinio fríe, lógico, real).
Así visto Ganivet, hombre, esen­
O
cialmente
fuera del ser romántico,
FR
A
N
Q
U
EO
PAGADO
M
o 2
alleguémonos a su tarea de escritor.
W Eh
C oncesión N9 3799
r*
tLa poesía fué la clave, el santo y
w
o o
a
T A R IF A R E D U C ID A
O p;
seña
del romanticismo; la luz ro­
o
&lt;
C oncesión N9 3205
mántica fué un destello de poesía
traspasadora. El romanticismo se
R E G IS T R O D E P R O P IE D A D
llama
como sus poetas: Byron, HeiIN T E L E C T U A L N ° 254 4 2 6
ne, Bécquer, no como sus prosistas
I M P R E N T A
C H I L E
porque en cuanto a tales, no los tu ­
P e rú 565
•
B uenos A ires
vo. Romanticismo no es prosa: es
poesía. ¿Es Ganivet poeta? No. En
él, la poesía se guarda oculta ; cuan­
do llega, es, sí, Ganivet, romántico;
Los suscriptores recibirán en
bono postal el im porte corres­
no por intenso sentir poético —que
pondiente a los núm eros que les
le falta—, sino por el alentar román­
faltare recibir para com pletar el
tico de su verso. ¿Diremos román­
período suscripto.
tico al literato Ganivet, ceñido, ve­
raz, exacto prosador, en quien la
--r

Pequeño anecdotario ñe este número

9

Por RICARDO PASEYRO
poesía sube, momentánea, desde los
inquirimientos de la razón?
Ganivet, exacto, ceñido, y más:
realista. Realista que ignora el mo­
delo clásico: caracteres típicos en
circunstancias típicas; realista de
realismo ideal, pues creando carac­
teres extraños en circunstancias anó­
malas, cuenta la verdad ideal ajena
a todo desvarío, con escrupuloso ri­
gor. El romántico que novela tiene
pródiga fábrica de sobrenaturalida­
des: y no hay trama romántica cer­
cana al sencillo discurrir novelístico
de Ganivet; no hay personaje ro­
mántico cercano a este Pío Cid, sa­
bio en economía doméstica, médico
hogareño, jinete de hipopótamos; no
hay “ numen” romántico amigo de
su estilo fiel a sí mismo, disparador
del retrato pintoresco y de la luz
local, únicas veces en que el alma, y
los ojos románticos se nutren de la
realidad.
Y aquí, dos puntos: nuestro ha­
llar a Ganivet, hombre y literato,
esencialmente fuera del romanticis­
mo, no niega las pervivencias ro­
mánticas, claras y muchas. Ganivet,
el que poetiza, sólo romántico es.
Aquella parte barroca de su alma;
aquella parte de su alma velada, en
la prosa y en la vida, por el razona­
miento, la exactitud, la búsqueda
científica; aquella parte de su alma
pesimista y deshecha de angustia,
escápase en sus versos. Muy pocas
obras más dramáticas, más indaga­
doras de las últimas verdades, que
los tres autos de “ El Escultor de
su Alma” . Muy pocas obras tan me­
tafísicas —sí, allende toda física—
como esos tres diálogos, o mejor, mo­
nólogos y T^pjn- v tos. Parécenos
oí; el eco qe • ;■)/] ■iú¡): “ Vida y

E D IC IÓ N

muerte sueño son — y todo en la
vida sueña. — Sueño es la vida del
hombre — sueño es la muerte en la
piedra.” Otra vez el sueño caldero­
niano, y otra vez el amor que, como
en Segismundo, reduce al su eñ o:
“ . . .vivir no es más que correr —
eternamente al redor — de la esfin­
ge del amor.”

De
INMEDIATA
APARICION

Y otra vez la muerte omnipoten­
te: “ .. .Si nada sé — Sólo sé que
moriré. — ¿ Y a qué quieres saber
más — ¿No sabes que morirás?—
¿No es este saber bastante?”
¡Puro juego romántico, barroco,
del sueño, el amor y la m uerte! Y la
fe: que es el primero, “ El Auto de
la F e ” . ¿ En el ilustre granadino, fe?
Rara fe, nacida de la obligación de
bien m orir: ‘‘Sin fe se puede vivir—
mas no se puede morir.”
Su fe se resuelve en un creer en
la muerte, cuando merecemos la luz
que trae la muerte. (Acaso nos acer­
quemos a Rilke, acaso nos acerque­
mos a la “ muerte propia” , en unaquintilla del “ Auto de la F e ” :
‘‘ ¡ Desprecia ese cuerpo inerte — que
es el nido de tu m uerte! — ¡ Ese es
el caos donde yace — la luz que en
tu muerte nace — si has luchado...,
si eres fuerte!” ).
Pero como la luz de la muerte,
¿ qué ha de ser, más que sueño ?, Ga­
nivet —y Darío, tres lustros luego—
“ abre los brazos e invoca al cielo” :
“ ¡ Si vida y muerte son sueño — si
todo en la vida sueña — yo doy mi
vida de hombre — por soñar muerto
en la'p ied ra!”
Y aquel sonambulismo, aquel sen­
tido de lo efímero, de lo fatal, de
“ la fuerza del sino” , llevador de
románticos y barrocos hacia el vivir
en apurado trance, buceando la ex­
periencia total de ia vida, despierta
para Ganivet el ansia eclógica, que
un soneto suyo resume en cuatro
versos: “ Huyamos los estériles ho­
nores — y sea nuestra gloria no
fingida — la rústica beldad, en la
escondida — quietud de un pobre
huerto entre las flores” .
Montéele

OBRAS FILOSÓFICAS

DE

Jean-Paul Sartre

ei si y u un
COLECCION INFINITO
Biblioteca Selecta
del Hombre Culto
PRIMEROS VOLÚMENES:

FILOSOFIA:
Los Enciclopedistas
Le Roy, La Nueva F ilo­
sofía.
CIENCIA Y TECNICA:
Hawley - Leifson, Energía
atómica en la guerra y en
la paz.
FILOSOFIA de la CIENCIA:
Poincaré-Einstein, Funda­
m entos de la Geometría.
HISTORIA de la CIENCIA:
Loria, Historia sucinta de
la Matemática.
ESTUDIOS BIOGRAFICOS:
Macauley, Lord Byron.
SOCIOLOGIA e HISTORIA:
K enent y otros, Valor so.
cial de la Ciencia.
Precio de cada vol.: $ 3.—
Extra $ 4.— y doble $ 5.—

DE GRAN ÉXITO
Thompson: El cálculo in fi­
nitesim al al alcance de
todos.
Ed. 1047. Ene. tela $ 10 !%
O b ra in tu itiv a que
m á s que ru d im e n to s
m á tic a s e le m e n ta le s .
inglés?. 5^ e d ic ió n

n o ex ig e
d e M a te ­
T ra d . del
e sp a ñ o la .

DISTRIBUIDORA

Bmé. Mitre 1254
T. A. 47 - 7705 — Bs. Aires

in te

1948

TEXTO

CA STELLA N O

O FRA N CÉS

Realizada bajo la dirección de GEORGES HUISMAN
D ire c to r G e n eral de B e lla s A rte s d e F r a n c ia

4

M A C N íF 1CO S V O L Ú M E N E S F O R M A T O
24 x 31 - 2 .3 3 0 R E P R O D U C C I O N E S - 61
LÁMINAS F U E R A DE T E X T O , OBRAS
M A E S T R A S D E L A P I N T U R A - 30 F A C ­
SÍM ILES A TO D O COLOR, MAPAS Y
C U A D R O S S I N Ó P T I C O S - M A S D E 1.800 P A G I ­
NAS - L U JO S A E N C U A D E R N A C I O N C O N D O ­
RADOS A FUEGO

LA

OBRA

SE

ENTREGA

COMPLETA

ADQUIÉRALA EX CÓMODAS CUOTAS MENSUALES. RESERVE SU
EJEMPLAR CON TIEMPO, PUES SE HA RECIBIDO UNA CANTIDAD
LIMITADA DE COLECCIONES. SOLICITE FOLLETO ILUSTRADO.
Z O N A S

D I S P O N I B L E S

P A R A

A G E N T E S

E D IT O R IA L A R G E M I N A

ARISTIDES QUILLET
C o r r ie n t e s 1650

B

uenos

Sr. Gerente
Editorial Argentina ARISTIDES
C orrientes 1650 - Buenos A ires.

A

ir e s

QUILLET

Estimaré me envíen F olleto Ilu s­
trado de la HISTORIA GENERAL
DEL ARTE.
Nombre
D om icilio
Localidad

�cabalgata

10
( Viene de la pág. 3)

refinados y hasta exquisitos, plenos
de musicalidad y de fervor conte­
nido, que no suele ser norma entre
los compositores de Norte América,
más atentos, por lo general, a la ex­
presión directa y de contenido fuer­
temente realista y elemental. Su
Sinfonía para cello y orquesta se
aparta ya abiertamente del docetonalismo ortodoxo y su concepción de
las seríes dodecatónicas, yendo en
pos de una libre polifonía que ya
había venido apareciendo» por dosis,
en las composiciones precedentes. El
refugio último de Ben Weber es el
reino de la introspección: actitud en
él a la vez instintiva y consciente, a
cuya plenitud y ejercicio le reafirma
el convencimiento de la bancarrota
actual de los valores sociales, polí­
tico-económicos, éticos, estéticos, a
cuya decadencia atribuye el compo­
sitor la reacción artística que se vie­
ne manifestando en su país y en
otros muchos 3.
George Perle —1915—, es otro de
las compositores jóvenes de los Es­
tados Unidos que se han iniciado en
la técnica de los doce tonos, en cuyo
ámbito ha concretado esfuerzos pre­
cedentes, si bien carentes de una
firme continuidad, de Alban Berg,
Ernst Krenek y algunos otros que
han propiciado una lógica hetero­
doxa dentro del sistema, ya sea esa
lógica encaminada hacia un orden
to n ^ —Berg—, o modal —Krenek.
George Perle se ha ocupado exten­
samente del doble aspecto de la teo­
ría y de la práctica, en desarrollar
principios que le son propios, pro­
piciando una estructuración modal
del sistema de los doce tonos» por
considerar que éste, y pese a la can­
tidad de posibilidades que aún que­
dan por explotar dentro de sus do­
minios, ya sea en el orden técnico
como en el expresivo, ya ha eviden­
ciado la suma de potencialidad evo­
lutiva de que es capaz, imponiéndose
de esta manera la necesidad de un
superdesarrollo a base de principios
más evolucionados.
Procediendo, en general, de dismanera qúc j?efí vUeoer, cuya
concentración de pensamiento apa­
rece siempre estructurada dentro de
un criterio armónico, George Perle
tiende a desenvolverse dentro de una
escritura ampliamente lineal, con
señalada predilección por la mono­
dia, según es visible en sus Tree So­
natas, para violín, solo, las Hebrew
Melodies, para cello solo» o la Sonata
para viola sola. Esa predilección por
lo lineal es evidente, asimismo, en
sus obras de conjunto, como el Trío
para flauta, viola y piano, el Cuar­
teto N9 3, para cuerdas, y la Slow
Piece, para violín y violaEn la totalidad de su producción,
circunscrita a la música de cámara,

EL FORIÍM GROUP
de Nueva York
Por JU A N C A R LO S P A Z

proporción mayor, o en condiciones
diferentes, que los agentes de nego­
cios, quienes siempren exigen al
compositor “ algo para vender” :
se refiere, por supuesto, a los afilia­
dos a la Gebrauchsmusik 6. Ante es­
te orden de cosas, ante esa actitud
ideal y su muy dudosa aplicación
práctica, o mejor dicho, su adapta­
ción a la realidad circundante, sur­
gen dos posibilidades para el moder­
no compositor estadounidense: pro­
ducir en forma elevada» con mii’as
a una organización futura de la hu­
manidad, puliendo celasamente el
propio verbo para que llegue a ren­
dir un máximo de efectividad el día
en que llegue a hacerse viable, según
la admirable línea de conducta y
ejemplo de Charles Ives, Cari Rug­
gles, Richard Donovan, Wallingíord
Riegger o Edgar Acárese, o someterse
a las imposiciones de la realidad
adoptando un credo oportunista y
utilitario, y crear para producir un
efecto inmediato en las masas: la
ética de Beethoven o de Weber fren­
te a la de Rossini o de Meyerbeer: la
de César Frank opuesta a la de Massenet: la de Debussy o Schonberg
frente a la de Richard Strauss. El
problema no es nuevo ni es exclusi­
vo de los Estados Unidos; pero se
ha llegado a agudizar particular­
mente en ese país a causa de la enor­
me cantidad de oyentes de transmi­
siones radiales que reclaman sus de­
rechos a oír lo que más les agrada.
Ante esa demanda de las mayorías
—de las masas—, los programas ra­
diales abusan calamitosamente de la
música superficial o inferior; o, si
se trata de una categoría más ele­
vada, se aferran casi en su totalidad
a idénticos programas, radiados de
un extremo a otro de cada tempora­
da de audiciones. Composiciones de
Sibelius, Tchaikowsky, Rachmaninow, Dvorak y otras semejantes, se
ejecutan y transmiten en propor­
ción enorme comparados con el res­
to de la música culta, con la única
excepción de las más conocidas obras
de Beethoven o de Brahms.
Para ese piiblico escriben actual­
mente lia re R.’ifzfein; Jóbrt P au’
Bowles, A aro n C opland, Henry
Brant, David Diamond, Robert Me.
Bride, William Schuman, Coulou
Nancarrow. Una adhesión semejante
a los principios de la Gebrauchsmu­
sik produce, naturalmente, sus ven­
tajas, si no siempre para el público,

y que aleanza actualmente a la Op. aparecen en Landscaper, o simple­
20, Perle ha empleado diversas mo­ mente unidos al prepared piano, co­
dalidades técnicas y aplicado sus mo en Amores 4. Para el piano pre­
puntos de vista esenciales, procu­ parado, o mejor dicho, acondicio­
rando rehuir, en principio» el doce- nado&gt;&gt;ha escrito The Perílous Night,
tonalismo ortodoxo. De esa manera A Book of Musió; y Tliree Dances,
vemos que el Molto Adagio, para para dos pianos, así como diversas
cuarteto de cuerdas, o las Two Pic- Sonatas e Intermczzi; y aparte de
ces, op- 4, para piano, se expresan numerosas piezas para teatro y pa­
en un atonal libre; la IAttle Suite, ra la danza, combina la voz humana
para piano, Prelude, Invention and con el piano acondicionado en The
Ostinato, para viola y piano, y el Wonderful Widow of 18 Spring y
Cuarteto m, para cuerdas, están en She is Asleep. Diversas músicas
realizados en la técnica de doce to­ para teatro y otras aplicadas a la
nos; la misma técnica, pero emplea­ danza completan su característica y
da con un criterio muy libre» apa­ personalísima producción.
rece en las Hebrew Melodies; en la
Merton Broun, discípulo de Cari
Suite, op. 6, y en la Sonatina, op. 13, Ruggles y de Wallingíord Riegger,
ambas para piano, en Tliree very es autor de dos piezas para orquesta
Short Pieces, para cuarteto de cuer­ de cuerdas —Cantabile, Chórale—,
da, en el Chamber Concert, para vio­ un Trío para flauta, violín y cello,
lín y 15 instrumentas y en Two das Sonatas para piano, Three
Songs, con texto de Rilke, el compo­ Songs, para voz y piano, con texto
sitor nos muestra aplicaciones prác­ de Walt Whitman, y diversas pie­
ticas de su sistema modal de los do­ zas para danza. Trabaja dentro de
ce tonos; y la Sonata para viola so­ los límites de un secundad chromatic
la, op. 12, las Three Sonates, para style 5 y obtiene una luminosa, diá­
violín solo, op. 16» las Two IAttle fana sucesión de líneas bellamente
Pieces, para piano, op. 17, y la Slow ideadas, sensibles en su expresión.
Miriam Gideon es autora de un
Piece, op. 18, para violín y viola,
Poem
para orquesta, una Suite para
hacen continuado uso de los princi­
orquesta
de cámara y una Lyric Piepios integrales de la técnica de los
doce tonos, aunque sin basarse en ce para orquesta de cuerdas; un
Cuarteto de cuerda, Sonata para
series generadoras; procedimiento
que también aplica a su colección de flauta y piano, Incantation, para
Eighteen Preludes, para piano, que viola; W ood-W ind Suite, Hoxtnd
constituye su aporte más reciente, y of Heaven, para barítono, oboe y
una acabada demostración del uso trío de cuerdas; Sonada para piano,
que puede hacerse de su sistema Sonatina, para dos pianos, Dances
for two Pianos Sketches, para piano,
modal de los doce tonos.
Motets y Madrigales, para voces,
El caso de John Case, discípulo Songs, para una voz a sola
de Adolph Weiss, de'Henrv Cowell
Alan Ilovaness escribe en un es­
y de Arnold Schonberg, es excep­ tilo puro y estático, elevado y claro,
cional» pues explora nuevas regio­ que evoca la tradición de la música
nes del sonido con su original proce- jlfíLfflctíió Oriente Demás y§,tá de­
cnmiViVó» Oef prFpai ra pian o, Nomo cir que su orientalismo nada tiene de ~
él denomina a un piano al que apli­ común con el que los compositores
ca diversas sordinas de variados ma­ franceses han cultivado durante va­
teriales, las que coloca entre las rias generaciones, concluyendo por
cuerdas, obteniendo así el amplio, imponerlo al mundo. Hovaness, que
sugestivo y coloreado teclado de una desciende de armenios, compone pa­
orquesta de percusión; y organiza ra los rituales —el único fin apro­
sus trabajos en torno a un fascinan­ piado de la música, según su ética
te germen formal, apto para ser artística— y ofrece su producción a
utilizado en cualquier estilo o en las colectividades armenias de Bos­
cualquier oportunidad. Otra de sus ton y de New York. Su música cum­
modalidades dentro de sus frecuen­ ple de esa manera una función cul­
tes desplazamientos a comarcas des­ tural dentro de normas sentidas,
conocidas o escasamente cultivadas, aplicadas y vividas. Por lo tanto, es­
(Viene de la primera página')
es el empleo de conjuntos de percu­ te compositor encarna en sí mismo
acontecer
más cabal rigen la evolu­
sión, ya sea solos, como en sus Cons- una institución funcional dentro de
tructions o en March , p agregados a su círculo, irradiando de esa mane­ ción estética en poesía leyes socio­
varios instrumentos eléctricos, según ra una potencialidad musical efi­ lógicas y de otra índole, en un pla­
no más reducido la creación artís­
ciente y normal.
Y, por último, Lou Llarrison, qui­ tica precisa de cambios accidenta­
zá el más productivo de los nuevos les, de una variación que es casi
valores, investiga sobre “ el empleo idéntica a la coquetería femenina
en cuanto utiliza atavíos susceptibles
de la música” , empleo en el sentido
de cambios. Pues bien, en el soneto
elevado de uso y justificación del
esta coquetería, este cambio, son
producto musical irradiando como imposibles, pues de un mero accidenfuerza espiritual sobre los miembros
cuenta ya con una red de más de C IE N vendedores
de una colectividad. La producción
de Lou Harrison» que comprende un
diseminados en el IN T E R IO R DEL PAIS.
Alleluia para orquesta, un Motet
for the Da,y of Ascensión, para siete
D e n tr o d e a lg ú n tie m p o n o q u e d a r á e n la A r g e n ­
instrumentos de cuerda, Praises ofor
Michael the Archa,ngel, para órgano
tin a n in g u n a p o b la c ió n g r a n d e o p e q u e ñ a e n la
y cuerdas, un Trio para cuerdas,
q u e n o e x is t a u n r e p r e s e n ta n te a c t iv o , un vendedor
Suites y Sonatas para piano y para
clave, una Passacaglia a cinco voces,
de libros de sello argentino, c o r r e sp o n s a l d e la
para cuerdas, música incidental pa­
ra diversos conjuntos instrumenta­
les, cantos, misas y una nutrida can­
tidad de piezas para danza, responde
en una buena parte a la ideología
Si usted dispone de tiempo v se reconoce capacidad como
artística sustentada por el autor. Ob­
vendedor de libros, abrace esa honrosa y lucrativa labor
sesionado por la idea de una misión
y ofrézcase. Recibirá informes y material para empezar
superior del arte, o sea una incorpo­
inmediatamente su tarea.
ración del objeto artístico a cuanto
de elevado pueda el hombre realizar
C ualquier libro de edición argentina, cualquier libro de
en la tierra, se pregunta cuáles de
autor nacional, todo libro, sea cual sea su precio, puede
sus colegas compositores estadouni­
Antonio de Undurraga
ser adquirido por interm edio de la
denses realizan» o mejor dicho, cuán­
tos están capacitados para llevar a
cabo una labor mesiánica eficaz, a te como es la rima se ha hecho un
semejanza de la que cumple su cole­ algo sustancial, todo un sistema in­
ga Alan Ilovaness; y se lamenta, al mutable y sin evolución posible den­
respecto, de que quienes podrían tro de su insignificancia artificiosa.
ayudar al compositor a seguir su Por ello, soneto y coquetería creado­
impulso voeacional, o sea los pro­ ra se excluyen violentamente.
e r ú 9 7 3
B u e n o s A ir e s
fesos de la autoridad espiritual per­
Mas, vamos a otro acápite. La
sonificada en los sacerdotes de las cultura desde hace siglos se genera
diversas iglesias, no lo hagan en y crece en las grandes ciudades. Y

LA LIBRERIA POSTAL

LIBRERIA POSTAL

LA C A D U C I D A D

casi siempre para el compositor, que
ve recompensado su trabajo en dó­
lares y en popularidad: el único dé­
ficit a anotarse lo es, naturalmente
también, a favor de la cultura. .Ja­
más el término “ mercado” , aplica­
do a la cosa artística, lo ha sido con
más oportunidad que cuando se re­
fiere a la música estadounidense es­
crita expresamente para la radio o
para el cine. La necesidad de servir
sensaciones sonoras a una enorme
cantidad de público habituado a los
tóxicos que suponen la novela ra­
dial, el periodismo sensaeionalista,
el fanatismo deportivo, etc-, hace que
se considere aprovechable todo re­
curso excitante y destinado a pro­
ducir un efecto inmediato: que lira
rápidamente s u s titu id o , por otra
parte, en cuanto sea imitado o su­
perado en eficacia por algunos de
los innumerables rivales que pulu­
lan en el lodazal de tan lucrativo co­
mercio. La digna excepción que su­
pone alguna música para film o pa­
ra la radio, escrita por Virgil Thom­
son, George Antheil, Ernst Toch o
Louis Gruenberg, sirven de punto
de referencia para ubicar el resto de
tan lamentable e intoxicante produc­
ciónTal es la situación con que se en­
frenta el Forum Group, de New
York. En la música estadounidense,
frente a todos los oportunismos y de­
más tendencias utilitarias, proponen
nuevas armas y nuevas tácticas de
lucha. La música es una fuerza es­
piritual, no una técnica de la com­
posición ni un pasatiempo más o
menos divertido, entretenido, trivial,
inofensivo, domesticado por el hábi­
to de oír cualquier cosa y a toda ho­
ra. Al menos, es de aquél modo cómo
los nuevos jóvenes de la música es­
tadounidense la entienden y la prac­
tican : como una “ filosofía para uso
diario” . Y esta es. en definitiva, la
actitud concreta de la vanguardia
de la música contemporánea estado­
unidense. : vale decir, de la vanguar­
dia musical inter-americana.
( 1 ) N ew M usic E d itio n . H ollvw ood.
C2) P o u r M e T h ls L íb ateo n . T bou M y Sac re d SV^litnde. Í R ilk e l. Do Y on K now .
C3) E s ta r e a c c i o n e s la m e n ta b le m e n te aco­
m o d a tic ia y, a la la rg a , e s té ril. S tra v in sk y
c o n tin ú a h a la g an d o , con su s
-neo
clá sic a s, a la p ro fu sa fa u n a del esnobism o
in te rn a c io n a l; H in d e m ith p rovee de fó rm u la s
a los p ro fe s o re s de a rm o n ía : B a rtó k , a los
p s e u d o m o d e rn is ta s ; C opland, a la p ro d u c c ió n
com ercial.
(4 ) N ew M usic E d itio n .
(5 ) N ew M usic E d itio n .
(6 ) M úsica p rá c tic a , o de u tilid a d in m e d ia ta .

DEL

SONETO

el espíritu de la gran ciudad repele
al soneto, suma de las fórmulas y
metros por medio de los cuales se
expresa lo aldeano en una versifi­
cación rezagada que no aleanza a ser
poesía, pues carece de pulpa crea­
dora.
En efecto, Baudelaire, al dedi­
carle a Arsene Houssaye sus poemas
en prosa, le dice: “ ¿Quién de nos­
otros, en sus días de ambición, no
hubo de soñar el milagro de una
prosa poética, musical, sin ritmo y
sin rima, flexible y sacudida lo bas­
tante para ceñirse a los movimien­
tos líricos del alma, a las ondula­
ciones del ensueño, a los sobresaltos
de la conciencia? En la frecuenta­
ción de las ciudades enormes, en el
cruce de sus relaciones innumera­
bles, nace, sobre todo, este ideal obsesionador. ¿No tuvo usted, acaso,
querido amigo, tentaciones de tra­
ducir en una canción eLgrito estri­
dente del vidriero, y de expresar en
prosa lírica las desoladoras suges­
tiones que manda ese pregón hasta
las guardillas, a través de las más
altas nieblas de la calle?” Hasta
aquí el vate y mágico maestro Bau­
delaire. Mas. ¿quién no piensa en
Walt Whitman, expresando la gran­
deza de las ciudades norteamerica­
nas, el genio técnico y antialdeano
del estadounidense, por medio de la
respiración grandiosa de su metro
libre? ¿Y quién no piensa en Fede
rico García Lorca que en su Grana­
da provinciana, rezagada y natal, es­
cribía romances octosílabos y que ai
poner los pies en la gigantesca ciu­
dad de Nueva York, opta por el me­
tro libre, de holgados pulmones y
resonancias y que nos escribe su li­
bro Poeta en Nueva York ? La cul-

/

�cabalgata

HASTA

A I C 1A

i

ni

P or J U A N S A A V E D R A

había tan arriesgado desde el punto de vista cinematográfico co­
mo llevar a la pantalla, en Francia, una obra de Stendhal- Era cosa
(pie no ignoraban tampoco los eseenaristas Pierre Véry y Pierre Jarrv,
juntamente con el realizador Christian-Jaque, cuando acometieron esta
empresa ditícil y, hasta, cierto punto, ingrata.
Stendhal cuenta en Francia con partidarios fanáticos y entusiastas,
algunos de los cuales lian dedicado parte de su vida a leerle, estudiarle
y comentarle. \ entre ellos mismos no existe un acuerdo un poco co­
herente sobre la interpretación de la psicología stendhaliana. Por tanto,
era natural que la interpretación de La Chartreuse de Pamir diera lugar
a opiniones bien diversas, como así ha sucedido.
La crítica se ha mostrado profundamente dividida en cuanto a juzgar
el valor de este nuevo film francés. Es decir, la crítica lia juzgado la
obra con arreglo a dos puntos de vista: si el espíritu de Stendhal estaba
bien recogido en la pantalla y si la adaptación de la novela era de calidad.
Es evidente que si se va a la sala del cine con una lectura muy re­
ciente de La Chartreuse de Parme, se encuentra en la adaptación defec­
tos importantes y, sobre todo, grandes lagunas. Pero lo mismo ocurre
y ocurrirá en toda realización de una novela de carácter universal por
mucho talento y arte que pongan sus realizadores. En cambio, si se va
a presenciar la película sin ningún propósito de cotejar cada escena con
la novela, sino meramente a juzgar la película en .sí, se llegará honrada­
mente a la conclusión de que La Chartreuse de Parme es uno de los me­
jores films que ha producido la industria cinematográfica francesa. Posee
las cualidades esenciales: interés, emoción, movimiento. Y además una
excelente interpretación en la que se distinguen sobre todo esos tres gran­
des artistas que se llaman María Casares, Renée Faure y Gérard Philipe.

\

ada

• En un lapso de una semana so lian re­
unido en París nada menos que tres gran­
des congresos internacionales.
El Congreso Internacional de Críticos
se celebró del 21 al 28 de junio. Be
los veinticuatro países que el Comité or­
ganizador dijo que estarían representa­
dos, de América Latina figuraron sólo
dos: Brasil y Colombia.
El primer Congreso Internacional del
Film Artístico y del Film Experimental
se celebró del 26 al 29 de junio. Los
miembros del Congreso de Críticos de
Arte asistieron a la sesión del día 26.
U Congreso del Consejo Internacional
de Museo» (ICOM) tuvo lugar del 28
de junio al 3 de jliio en la Casa de la
1 NESCO en París. Las reíliíftpes fueron
(le los grupos especializados sg"i&lt;’,'tes:
a) artes, arqueología, historia, snios his'
termos; b) etnografía, artes po, -'mi-e-s •
e) ciencias, técnicas mecánicas- 7) má­
seos infantiles.
* La popularidad ue García Loica en
Frt¡!¡Sin-, lejos de decrecer aumenta cada
día. Extensa es ya la lista de las reedi­
ciones y antologías del gran poeta gra­
nadino que se han publicado en francés
sólo en lo que va de este año.
Este mes se ha estrenado en el Studio
des Champs Elvsées, Termo. La traduc­
ción, hecha por Vitold y la señora Jeannines Guyon, es, en mi concepto excelente,
sobre todo si se tiene en cuenta las di­
ficultades que todo Loica tiene para una
traducción. La música ^intercalada en
Yerma es lo que ofrece más objeciones a
hacer. “ Les Xouvelles Littéraires” han
formulado el siguiente reparo, ecuánime,
pero justificado:
“ Hubiera sido necesario una música de
un acento mucho más intenso, mucho más
estrictamente español; hubiera sido nece­
sario un segundo Falla para crear la at­
mósfera, a. la vez tierna y mágica en- que
esto extraño drama hubiera podido vivir
ante nosotros. La música de Marcelle
Schweizer, justo es confesarlo, se resiente
de mediocre. ”
• El “ Bulletin de la maison internationale des P'en Clubs’’, cjue acaba de apa­
recer, nos facilita una información in­
teresante sobre el P rem io N o b e l de
Literatura 1947.
Andró Gide tuvo dos concurrentes: el
poeta griego Sikilianos y el gran poeta
inglés, T. S. Eliot.

Todo deja suponer, anuncia Rene Lalou.
que Sikilianos y T. S. Eliot serán los
próximos laureados Nobel.

r

■

• . Con motivo del cambio de nombre de
la estación Obligado' del metro de París
por el do Argentina, los periódicos fran­
ceses no han dejado de recordar que
José de Sai? Martín, murió en Boulognesur-Mer, donde redactó sus Memorias.

’M
' 4;

• M. Louis Joxe, director general de
relaciones cultúrales de Francia, lia hecho
aprobar por la Comisión de Relaciones
Extranjeras la creación de una comisión
nacional del libro francés en el extranjero
destinada a superar las dificultades con
las cuales tropieza el libro francés actual­
mente. Esta comisión comprende miembros
del Parlamento, sabios, técnicos del libro y
escritores, y estará presidida por Herriot.
• El doctor Roura, Agregado Económico
de la Embajada Argentina en París, ha
conseguido una medida de gran importan­
cia a favor de las ediciones argentinas en
Francia. Desde hacía tres meses por la
Oficina de Cambios se venían denegando
las autorizaciones de importación y pago
de los libros de -producción argentina, que
últimamente habían adquirido una cierta
difusión aquí.
Las gestiones realizadas por el doctor
Roura han dado por resultado el que en
lo sucesivo serán dadas todas las facili­
dades para la importación del libro ar­
gentino y para efectuar los pagos a Bue­
nos Aires.
• La producción- cinematográfica mexi­
cana sigue alcanzando gran éxito en París.
Ahora hemos tenido ocasión de contemplar
Enamorada, que ha merecido ielogios muy
calurosos de toda la crítica francesa.
• El Gran Premio de Literatura que con­
cedo la Academia Francesa ha sido adju­
dicado este año a Gabriel Maree!, por el
conjunto de su obra.
Esto en lo referente al primer premio;
en cuanto al segundo, la Academia ha
dado a conocer que como ninguno de los
candidatos lia logrado tener la mayoría
de votos, el premio se aplaza hasta el
próximo año.
Gabriel Marcel es un filósofo y un es­
critor. Ha sido el primero que ha .elabo­
rado en Francia una doctrina existencia-

lista original que se separa tanto del
existencialismo alemán como del existen-cialismo sartriano. En las discusiones que
ha suscitado estos últimos años la obra
de Jean-Paul Sartre, tomó resueltamente
posición en favor de lo que ahora se llama
el existencialismo cristiano. Sus principa­
les obras son Etre ct avoir, Journal métaph psique, aparecidos los dos antes de la
guerra, Homo viator, publicado durante
la ocupación alemana de Francia. Es
también autor de un Thé&amp;trc comiquc, cu­
yo primer tomo se publicó .el pasado año.
Además, es crítico teatral.
Además del Gran Premio de Literatura,
la Academia ha concedido los premios si­
guientes: Premio Rroquette-Gonin, a Gaetan Bernoville; Premio Louis Barthou,
a la señora Isabelle Sandy; Premio Max
Barthoua, a Henri Queffelee; Premio Née,
a Albert Mousset; Premio Vitet, a Maurice Bernet; Premio Durclion, a Jean-Marie
Garre y Gabriel Reuillard; Premio Dupau,
a Rachilde, Lucien Fabre, Frédéric Lefe\ re y .Tules Moquet.
• Nos hemos referido en varias ocasiones
a los -acuerdos do principio de la Asamblea
Nacion-al francesa sobre las obras del do­
minio público, que serán imponibles con
una tasa especial destinada a las obras
do solidaridad de la Société des Gens de
Lettres de Frailee. El Consejo de la Re­
pública ha sustituido'dicho impuesto por
una carga sobre la cifra de negocios. Pero
todavía se introducirán n-uevas modifica­
ciones y no se puede decir aún lo que
quedará del proyecto.
• El Consejo de Ministros de Francia
se ha visto obligado a adoptar algunas
medidas contra ciertas publicaciones in­
fantiles y contra las llamadas publicacio­
nes policíacas.
En uno de los recientes consejos de
ministros se lia evocado de nuevo la cues­
tión do la protección de la juventud contra
los “ malos libros’’. Se dice que durante
dicha reunión, el Presidente del Consejo,
Schuman, se expresó así:
‘ ‘ Lo difícil en esta materia se deriva
de que los malos libros algunas veces es­
tán escritos por buenos autores.
• Catorce diplomáticos reunidos, han con­
cedido el Premio de los Embajadores a
Citadelle, de Saint-Exupéry, por 9 votos
contra 4 a Choix de poemes, de Super­
viene y 1 a Hite. Quincy, de Kobert Bourget-Pailleron.
Citadelle es el manuscrito en el cual
trabajaba Saint-Exupéry en el momento
de su muerte. Eo ñama comenzado en
1936; lo había abandonado en 1937 y
vuelto a trabajar en- 1938. Su autor,
en 1944, esperaba consagrar todavía diez
años de su vida a dicha obra y tres o
cuatro a revisarla después de terminada.
• En el Pavillon de Marsan, el Círculo
de Cambios artísticos internacionales ha
organizado los “ Talleres del Gusto’ ’, que
acaban de clausurarse.
Juntamente con testimonios del pasado
que servían para poder seguir la evolu­
ción del gusto, se exhibían las más re­
cientes producciones de verdadero buen
gusto y artísticas.
• En la Galerie C’harpentier se celebra
actualmente una exposición de las obras
de Dunoyer de Segonzac. Esta exposición
es tanto más apreciada porque dicho gran
artista no prodiga mucho sus exposiciones,
y desde una exposición de grabados en
la Nacional en 1937, el público no ha te­
nido más que una visión fragmentaria
de la obra de Dunoyer de Segonzac.
En 1a. actual exposición de Cliarpentier
se agrupa por primera vez el conjunto de
su obra. Primero, 121 pinturas, entre ellas
las primeras obras de los años 1910-14;
después, un conjunto magnífico de des­
nudos, bañistas y remeros, de los años
1920 - 25, paisajes de i ’Ile-de-France;
obras recientes, sobre todo naturalezas
muertas de una fuerza tranquila y segura.
Además de esto, 50 acuarelas, 50 retratos,
en-tre los cuales los de los grandes escri­
tores de nuestro tiempo tales como Gide,
Colette, Fargue, Romains. Finalmente,
aguafuertes de guerra e ilustraciones para
los libros tan prestigiosos como Tablean
de la boxe, La Traille muscale y Lea
Géorgiques.

*

Acaba de Aparecer

H. G. Wel l s

A PROPOSITO OE DOLORES
$ /&gt;.—
Uno de los más famosos escritores ingleses de nuestro tiempo nos hace
asistir a la experiencia atroz de trece años de matrimonio convertidos en
“ el caso de Stephcn Wilbeck contra Dolores’’. Porque la vida es muy
distinta del amor imaginativo, y tiene realidades imperiosas que el autor
analiza valiéndose de las múltiples facetas del matrimonio como de un
* prisma de singular luminosidad y eficacia que va enfocando a to largo
de éste que él denomina “ un relato sobre la felicidad y la soledad del
espíri tu . . . ”

De Publicación Inmediata
en la misma Colección

LA ESCUELA DE LAS MUJERES
por André Gide

ROBERTO

(Continuación del anterior)

por André Gide
Publicados en la Colección La Carabela en el Río

* S a iv o que lo* e s c rib a n p o r m ero e je rc icio
e x p e rim e n ta l «? in tr a s c e n d e n te ,
d e cir, a m o­
do de g im n a sia p o é tic a.

lenguas; porque el soneto es cadu­
cidad poética, mimetización vacía e
inútil con un pasado que no admite
restauraciones, ni históricas, ni ver­
bales- La poesía tiene algo de ser­
piente sublime. En su caminó ascen­
dente siempre va cambiando de piel
y van quedando muchas camisas va­
cías. Ni Rubén Darío fué capaz de
resucitarlas cuando, experimental-,
mente, un día, se colocó dentro de
ellas y se puso a rimar como el A r­
cipreste de Hita, cogiendo como pau­
ta la sonora reja de las cuadernas
vías. La poesía no reconoce —como
las serpientes— pieles ni formas pe­
rennes. Yr es natural que las formas
.y los fondos perezcan, cuando en el
horizonte, cada cielo nos muestra
nuevas y vitales formas de vida.
Que los empecinados y recalci­
trantes sig a n h acien d o g astad a s
acrobacias en los oxidados trapecios,
barrotes y garfios de la rima, que
prosigan su maroma circense o ju ­
glaresca, como quien juega a las
bochas o levanta pesas, que sigan ri­
mando —para ver si les brotan ideas

o imágenes-^- como quien baraja
unos naipes o arma un solitario, pe­
ro que reconozcan que están al mar­
gen de la poesía, que están haciendo
un juego pequeño y desleal a la
grandeza geográfica, cultural y ét­
nica de América, al Río de la Plata
pintado por el cielo y victorioso de
barcos, al Río Amazonas con sus
dos mil quinientas variedades de
peces, a las grandiosas ruinas de
Tiahuanaco, a la cultura de los Ma­
yas, al Partenón tallado en las co­
lumnas de espuma de los mares de
Chile, a los caimanes y a los monos, a
las hormigas blancas y a las garzas
del Orinoco, objetos todos que, día
a día, nos están recordando que aun
rige para nosotros el octavo día de
la Creación y una esperanza funda­
mental, infinita, que precisa una
nueva voz en el delta de muchas vo­
ces, y un nuevo verbo, un nuevo me­
tro, una nueva jerarquía y una au­
dacia creadora que no puede caber
en ese nicho esbelto que es para la
poesía de boj’ el soneto.
A ntonio

de

U ndurraoa

E l H ombre P erdido

E l P avo R eal B lanco

por Ramón Gómez de la Serna

por D. II. Lawrence

$ 7.—

8 .—

$

E n L u c h a I ncierta

P risionera

por John Steinbeck
$ 6.—

por Alian Seager
$ 8.—

P an

y

V ino

L a S in f o n ía P astoral

por Ignazio Silone

por André Gide
(Cuarta edición) $ 5.—

$ 7.—
E l N ovelista

Yo, JSL R ey
por Hermann Resten
$ 12.—

por Ramón Gómez de la Serna
$ 6 .—
P apá y
D esc en d ien te G lorioso

L a P uerta E strecha

por Pardee Lowe
$ 7.—

por André Gide
$ 8.—

Obras Completas de Friedrieh Nietzsche
Volúmenes publicados:
A s í H abló Z aratustra

L a V o lu n ta d

$ 6.—

de

P oder

$ 7.—
L a G a y a C iencia

$ 7.—

Biblioteca de Iniciación Artística
I niciac ión

P in tu r a

a la

I n ic ia c ió n

por René-X. Prínet
$ 8 .—
I niciación

al

a la

E sc u ltu r a

por Henry Arnold
$ 8.—
I n ic ia c ió n a la P in t u r a
a i . F resco

G rabado

por Robert Bonfils
$ 8 .—

por Paul Baudoüin
$ 8 .—

Colección Historia Americana
H istoria

de

A mérica L a t in a

H istoria de los
E stados U n ido s

por David R. Moore
$ 25.—

tu ra poética de la gran ciudad re­
líele el soneto. Sólo los hombres in­
sensibles a su grandeza y enquista­
dos en ella como moscas que dormi­
tan al calor de'la campana de una
locomotora gigantesca, pueden es­
cribir sonetos.
Así se explica que Miguel Hernán­
dez, poeta superior, pero aldeano
formado en el pueblo de Oriliuela,
sin mayor cátedra que su gran talen­
to y los libros de clásicos que le pres­
tara el Cura, en este oasis de luces y
frutos del Levante español, haya es­
crito en la serie continuada El Rayo
que no Cesa, los mejores sonetos con­
temporáneos de que hay memoria.
Pero estos sonetos, estilísticamente,
no añaden nada nuevo, si se los ca­
rea y enjuicia dentro de la evolución
de la gran poesía occidental. Pese
a su cielo y a su pulso, quedan, sim­
plemente, a la vera de ella. Porque
el soneto es retroceso estético hacia
la pubertad y formación de nuestras

GENOVEVA

por James Truslow Adams
(2 vol.j $ 22.—

•

C onstructores

de la

A mérica L a t in a

por W att Stewart r Harold F. Peterson
$' 1.—

Colección Aristarco
ISMOS

por Ramón Gómez de la Serna

U niversalism o C onstructivo

por J. Torres-García

$ 33.—

$ 33.—

Esperada reimpresión en prensa:

Tratado

de l P a i s a j e

por André Litote
De edición próxim a:

P I C A S S O
por Joan Merli
Pida estos libros a las buenas librerías
o contrarreembolso a la

EDITORIAL P0SEID0N E “ S2

�cabalgata

12

UN ALMA
INGENUA
( Viene th ¡a primera página)

P h hombre moderno tiene la pre*-• tensión —yo mismo lo he pre­
tendido en algún artículo— de que
él es el descubridor del arte, el que
ha adquirido conciencia de algo que
antes se hacía inconscientemente. Y
piensa que, así como las manzanas
ya no caen de la misma manera des­
de que Newton les quitó la inocen­
cia revelándoles las leyes de su caí­
da, el arte ya no es el mismo desde
que se lo ha distinguido de la rea­
lidad.
Ao ahora creo que lo que ha suce­
dido es algo muy distinto. Si los an­
tiguos relacionaban el arte con la
realidad, no era porque confundie­
ran lo uno con lo otro, ni porque
pensaran que el arte debía ser un

se expresa, no por la anécdota, sino
por el más concreto oficio de pintor.
Ya el título de este artículo deja
ver que, para mí, el realismo de Au­
gusto Torres tiene un sentido quijo­
tesco. Este juicio tiene todo el as­
pecto de una metáfora literaria. Y
creo que es una buena metáfora, que
sabe dar vida a la verdad por el pro­
cedimiento delicado de la invención.
Considero que el realismo de Au­
gusto Torres es quijotesco porque,
además de ser un realismo del oficio
de la pintura, es un realismo enfren­
tado a esa naturaleza que el artista
moderno ha desterrado de su mundo
y en la que el propio Augusto To­
rres no cree.
Pero, ¿ cómo es posible que un ver­

gente. Y esta es la quijotada más in­
tensa. contradictoria y milagrosa,
pues también Don Quijote, cuando
se acuerda que es Quijano o Quija­
da, se acuerda también que su deli­
cada princesa no es más que una
hombruna campesina. Sin embar­
go, dice: “ .. .por lo que yo quiero
a Dulcinea del Toboso, tanto vale
como la más alta princesa de la
tierra.”
Augusto Torres puede decir a su
vez: “ por lo que yo quiero a la na­
turaleza, tanto vale como la más alta
invención del espíritu” - Es que Au­
gusto Torres es una persona pictóri­
ca, un estilo enfrentado al mundo,
o sea, alguien que por el camino in­
eludible de su manera puede dar con
lo eterno, con lo que está presente y
ausente de toda manera, que es la
especial e individualísima manera de
ser del universo.
Para referirme con claridad a cier­
tas características de este estilo, ten­
go que mencionar primero algo aje­
no a los problemas estéticos: Como
todos saben, el hombre, después que
pasó la primera infancia, no puede
tener sensaciones puras, o sea, que
le es imposible ver puramente un
color, oír puramente un sonido, por­
que, en lugar de sentir, percibe,
uniendo a sus impresiones, razona­
mientos, recuerdos y ásociaciones in­
conscientes. Yo creo que Augusto
Torres tiene la capacidad de recu­
perar primero las sensaciones puras
del color, para después edificarlas,
no según el procedimiento de la
conciencia práctica impersonal, sino
de acuerdo a las leyes del espíritu,
de su temperamento y de su intui­
ción del arte de pintar. Por eso en
sus cuadros hay junto y por la ver­
dad del estilo una verdad casi física.
Esto me recuerda otra frase que

importancia del asombro cotidiano.
Empecé mi tarea con sesiones de
trasmisión de pensamiento, seguidas
de la venta pública de objetos que
ayudan a dominar, tal el libio de
los demonios, o el agua fatal, o la
fórmula para hacer venir a nuestro
cuarto a la persona amada.
Como la búsqueda del milagro es
sed de dominio, triunfé ante millo­
nes de esperanzados. Yo era el desa­
fiador del más allá y llevaba el pe­
ligro de lo desconocido y la espe­
ranza total despojada de las inco­
modidades de la duda o Tftd pecado
que a menudo acechan a los faltos
de audacia. Me sentía fuerte porque
teniendo en mis manos al prójimo,
podía mejorarlo. Repentinamente,
tan benel’actora armonía se rompió.
Yo no sé si fué la soledad, producto
de mi natural orgullo, o que el mal
convirtió ese orgullo en confusión
y locura excesiva. Me sentí descon­
tento. Ya ni mi inteligencia mante­
nía su discreción ni tenía ánimos
para seguir con la obra emprendi­
da. Una rara indolencia me hacía ir
perdiendo la fe en el prójimo. Como
luego se vió, todo era síntoma de un
inquietante plan que se gestaba coli­
n a mi espíritu. Lo que sucedió fué
premonitorio- Durante una de las
pruebas de éxito que ejecutaba ha­
bitualmente —una paloma saliendo
de un bastón hueco—, el animalito
había muerto. La muerte se había
producido por asfixia, pues el diá­
metro del bastón en el que está en­
cerrada es singularmente pequeño,
A ugusto T orres . V isió n d o c iu d a d .
y la paloma sale impulsada por un
resorte. Interpreté la desgracia a sí:
la paloma era yo sacrificándome pa­ documento del ser o aparecer de las
ra mejorar a los demás en el asom­ cosas naturales tales como nosotros
bro. Pero a mi vez había vivido se­ las vemos y pensamos. Lo que suce­
parado de ese mismo prójimo, cuya día era que lo real tenía otro sentido
inocencia y fantasía quería estimu­ para ellos, o mejor, que ellos vivían
lar. Esa muerte señalaba el comienzo realmente en otra realidad. El mun­
—*~-,o
torc'ienúo mi destino, vil*- do de la verdad era
.to'iiiv
cendería de desorden mi corazc . par:'. Hornero ! mundo (le su¡&gt; héroes
Me indicaba que desde ahora el y dioses, y las leyes que lo gober­
prójimo tendría que ser yo. Alguno naban eran las leyes de la Poesía.
tendría que ocuparse de mí.
El griego, el egipcio, el cristiano
primitivo,
vivía en una realidad cer­
Cuando abandoné, perplejo, el
P or G UI D O C A S T I L L O
teatro donde actuaba, caminé dis­ cana, porque las piedras, las aguas,
los árboles y las estrellas y las hor­
traído por las calles céntricas. En
los bares levemente perversos, y muy migas tenían un claro sentido espi­
ritual y un viviente misterio, que
tristes, innúmeras parejas entraban
(como podría decir Torres García)
buscando no sé qué sucedáneos. Al
verlas, recordé a -Misa. ¡Misa! Sin guardaba en sus recintos la imagen
duda, era hermoso su nombre, me del hombre universal, la palabra de
gustaba su elegancia ficticia y su lo humano objetivo.
Nosotros, por el contrario, hemos
aire vulgar. Cuando, durante las
Iranquilas horas de la tarde, la visi­ pesado y medido muy bien a nues­
taba en el prostíbulo de Villa Cres­ tro mundo y, de tanto contarlo, ya
po, yo no suponía que era la más casi se ha convertido en moneda co­
insoportable de las criaturas. Es do­ rriente.
Se comprende que en este tiempo
loroso tener que matarla, pero les
de
economía y maquinaria el hom­
aseguro que lo haré tan sólo para
que no se glorie más de su perver­ bre se sienta vegetal entre árboles de
sidad. También lo lamento porque hierro, que su vida transcurra en
Misa es nombre de 2nujer que usa una triste animalidad enferma, y
flores en el sombrero. Pex-o, ¿qué que su arte exprese una subjetividad
habría yo de hacer si lo que está en deforme o que se refugie en una es­
tética, que de tan fina se ha que­
juego es la salud de mi alma ?
dado escuálidaPero, ¿es posible un arte realista
La miraba pensando en esa re­
en
el mundo de este tiempo? Sin
gión de la oscuridad, que así llama
contar
que para el arte no hay nada
Job al infierno- Después, el mal es­
imposible,
yo diría que aquí en el
taría iicel. Me dormí a su lado y
Uruguay
y
precisamente en la es­
tuve un sueño más claro aun que la
muerte de la paloma. Yo era Adán. cuela de Torres-García, se ha llegado
A ugusto T orres . In te r io r .
Eva, después de haber comido el a un nuevo realismo, que de tan nue­
vo
es
el
mismo
de
siempre
porque
fruto prohibido y haberlo hallado
delicioso, trataba de hacerme parti­ se dirige a lo universal y no a lo apa­ dadero artista haga lo que no cree’ Don Quijote dice de Dulcinea:
cipar de tal conocimiento. Yo no rente, porque mira el mundo de las Yo, cambiando la pregunta, d iría: “ Ella pelea en mí y vence en mí,
quería ni tenía el menor interés por cosas en lo que tiene de mundo y (como podría decir Torres-García) y yo vivo y respiro en ella, y tengo
xnás que Eva apelaba a las caricias, no de cosa, porque es, antes que to­ salga a la defensa de un mundo que vida y ser.” En esta afirmación
atenciones y argucias comunes en do, un realismo de la materia este- él sabe que es todo vulgaridad y maravillosa que sintetiza toda pro­
roda mujer. Me convenció y comí el tica que enlaza perfectamente la mentira ? La respuesta es evidente: funda razón de ser, hay, a primera
fruto fatal. Cosa extraña, en des­ esencia de la obra de arte con el Don Quijote defiende la mentira vista, un grave error gramatical,
acuerdo con la tradición que circu­ procedimiento artístico.
Augusto Torres pertenece a esta porque él tiene la verdad en su al­ pues Don Quijote parece repetir in­
la al respecto, yo no sentía el menor
escuela y es, sin lugar a dudas, un ma de artista, y esa verdad vivifi­ necesariamente la palabra vida. Pe­
arrepentimiento y sí un gran bien­
gran discípulo de un gran maestro, cante saca a Dulcinea de la nada de ro, si nos fijamos bien, veremos que
estar. No obstante, me veía arrodi­
cuando Don Quijote dice que vive
que para ser un verdadero discípu­ Aldonza y la crea para siempre.
llado, disculpándome ante Dios con
De la misma manera el pintor, en y respira, se refiere a lo más vital de
lo
hay
que
tener
una
verdadera
per­
estas palabras: “ Señor: es la com­
sonalidad, de la misma manera que este caso Augusto Torres, mira la una vida física, sugerida por la idea
pañía (Eva) que tú jne has dado
para ser original hay que saber re­ naturaleza con toda la verdad de la de respiración; v que, por lo con­
quien me ha presentado el fruto del
petir lo que siempre se dijo, rehacer pintura, y desde toda una tradición trario, cuando dice que vive y tiene
pecado, y como no podía entriste­
■pstética y metafísica, que quizá toda ser, es como si dijera que vive y tie­
lo
que siempre se hizo.
cerla rehusando, yo eoxní.” Eva (te­
En otra ocasión he señalado que estética se resuelve en metafísica y ne mundo y alma y vida eterna.
nía el rostro de Misa) oyó mis pa­
en esta personalidad de Augusto toda metafísica se integra a la Poe­
De la misma manera, si Augusto
labras y juró vengarse. Lo hizo en­
Torres se destaca un realismo muy sía.
Torres
vive y respira en la naturale­
tregándome a los ángeles apóstatas.
Indudablemente que Augusto To­ za, también en ella tiene su vida y
especial y, por lo mismo, muy uni­
Desgraciadamente, no presté aten­ versal, que tiene la sabiduría o la rres pinta confiándose a lo que ve,
ser que es el valor abstracto de
ción más que a la primera parte del magia de dar la apariencia natural pero él sabe perfectamente que eso su
la pintura.
sueño. Al día siguiente abandoné de las cosas como acabadísimo refi­ que ve cuando pinta no lo ve todos
namiento de una imaginación que los días y menos aun lo ve toda la
Montevideo, Mayo.
( Continúa ti i la columna 5*)

rrn m

mis

L a pintura de
V LL SENTIDO QUIJOTESCO
DEL REALISMO

(F in ir de la primera columna)

para siempre el teatro y me convertí
gracias a una regular herencia, en
un joven de buena familia, y distin­
guido. Volví al prostíbulo, y le ex­
pliqué a Misa que la quería junto
a mí. Me miró fríamente, y contestó
que ella era una criatura rencorosa,
cuya vida siempre estuvo mezclad:
con el drama. “ Es probable —agre
gó— que si te ganas mi confianza en
poco tiempo sabrás a qué atenerte
y te arrepentirás. Además, te ad­
vierto que es norma que los pobres
seres sugestionados por el amor acu­
dan a mí. También te traicionaré” .
“ Ya nada,me importa —respondí—,
no puedo echarme atrás” .
¡Ay de mí! Desde entonces, fue­
ron incontables las torturas que tu ­
ve que soportar. El principal y más
maligno goce, era excitar mis celos
con sus amigos yantiguos clientes:
Misa savoit tout citarmer:
H‘etoit la flcar nouvelle;
A ul nc pouvoit s ’abstenir de fortncr
Tous les dcsirs, tn la voyant si bello..
E t de 1‘aimer
Quizá se aburran ustedes con mis
quejas y hasta las juzgarán tardías.
Pero, realmente, nadie podría reco­
nocer en mi estado actual al hombre
de entonces. Yo era casi hermoso con
mi chaleco de fantasía y mis manos
finas y habilísimas. Tenía, asimismo,
ese aire calmo y dulce que tan poco
se ve actualmente. Iloy no soy el
mismo. Me he afeitado el bigote que
orgullosamente ostentaba, y mis ca­
bellos castaños han emblanquecido.
Cuando empezó a escasear el dinero
de la herencia, Misa me torturaba
aconsejándome cosas terribles, tales
como asesinar viejecitas dueñas de
casas de pensión, asesinar solitarios
caballeros que circulan de noch'
calles apartadas llevando e- -.- j su
dinero. No, no. La «ataré con gus­
to, y aun'",Ven mi familia hubo diez
cosos je alienación mental, sé quesólo
me podrá achacar una res
.sabilidad muy limitada. Pobre
de mí&lt;que tuve la desgracia de caer
en
de una histérica. Cuando
Alisa uot;
..:r podría perderme,
me entregaba a ios -r-aís-v irí Ini­
ciales. Fui eterómano. Era delicioso
estai- así, en los brazos que yo ama­
ba. Se tienen visiones, sensaciones.
Estaba a mi lado y yo la veía y de­
seaba más joven, más bella. Tam­
bién yo era un héroe. Misa me de­
cía: “ Toma, bebe” . Y yo bebía y
pensaba en ella. Una vez quise huir,
pero la sofci presencia de Alisa me
hacía sentir derrotado. La odiaba,
y ella no quería de mí más que el
poco dinero que quedaba. ¿Qué era
yo? Un pobre perro, golpeado, dó­
cil y sumiso que se dejaba arañar
por las uñas de Alisa. Quiero librar. me. lie de hacerlo.
Anoche tuve un nuevo sueño que
continúa el anterior. Volvía a ser
Adán, pero castigado por pecar, pa­
saba muchísimos años en un arroyo
pestilente, cuyas aguas me llegaban
hasta la boca. Cerca mío, Eva (Ali­
sa), con modales de mujer prosti­
tuida, se entregaba a ciertas apa­
riencias obscenas en cuyas caras des­
cubría yo a los antiguos amantes de
Alisa. Si no lo hago hoy mismo, creo
que enloqueceré. Saldré con ella y
nos detendremos ante el café'donde
Alisa suele reunirse con gente de su
calaña- Ella entrará al café, y pues­
to que me domina, me dirá que es­
pere afuera. Yo esperaré, pasax-án
las horas y llegará la noche. Yo se­
guiré esperando, pero no entraré
porque una palabra de Alisa es una
orden, y yo soy su esclavo. Hablará
con sus amigos y aunque me vea
afuera, seguirá riendo. Cuando Aíi
sa salga, yo le compraré un rami
Hete de violetas que ella me arroja­
rá al rostro con injurias cada vez
más bajas y ordinarias. Esto será
el final, lo juro.
Como ustedes han visto, mi con
fesión es avergonzada y tiene el si
no de la humildad. Pero eso no
todo, pues carece de lágrimas. An
bien, mi corazón está lleno de i
lera y puesto que quiere matar, pu«.
to que el que ama la iniquidad od
su alma, esta confesión no es en t
finitiva, más que la defensa de i
propia locura. ¡Alaldito pecado!
At rerto Girri

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="20">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1539">
                  <text>Cabalgata</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="40">
              <name>Date</name>
              <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1540">
                  <text>1946 - 1948</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="47">
              <name>Rights</name>
              <description>Information about rights held in and over the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1541">
                  <text>Derecho público</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="44">
              <name>Language</name>
              <description>A language of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1542">
                  <text>Español</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2138">
                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1956">
                <text>Cabalgata</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1957">
                <text>Año 3, no. 21</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1958">
                <text>Buenos Aires, julio 1948</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="47">
            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1959">
                <text>Derecho público</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1960">
                <text>Español</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2094">
                <text>Paz, Juan Carlos&#13;
Undurraga, Antonio de&#13;
Girri, Alberto&#13;
Morosoli, Alfredo&#13;
Bet Amar, León&#13;
Cotta&#13;
Paseyro, Ricardo&#13;
Seidel Canby, Henry&#13;
Rojas Paz, Pablo&#13;
Durand, Luis&#13;
Ghiano, Juan Carlos&#13;
Oteiza, Jorge de&#13;
Salazar Bondy, Sebastián&#13;
Almiron, David&#13;
Delmas, Jean&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Castillo, Guido</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </item>
</itemContainer>
